julio 15, 2012

EN TIEMPOS DE PELIGRO


Por: William Ospina

Cierto poeta norteamericano dijo con sabia ironía que él defendía los valores más altos de la especie: los valores del Paleolítico superior.
Tendemos a pensar que los grandes inventos de la humanidad son los de nuestra época; por eso está bien que alguien nos recuerde que las edades de los grandes inventos fueron aquellas en que inventamos el lenguaje, domesticamos el fuego y las semillas, convertimos en compañeros de aventura al caballo y al perro, la vaca y la oveja, inventamos el amor y la amistad, el hogar y la cocción de los alimentos, en que adivinamos o presentimos a los dioses y alzamos nuestros primeros templos, cuando descubrimos el consuelo y la felicidad del arte tallando gruesas venus de piedra, pintando bisontes y toros y nuestras propias manos en las entrañas de las grutas.
Los grandes inventos no son los artefactos, ni las cosas que nos hacen más eficaces, más veloces, más capaces de destrucción y de intimidación, de acumulación y de egoísmo. Los grandes inventos son los que nos hicieron humanos en el sentido más silvestre del término: el que utilizamos para decir que alguien es generoso, compasivo, cordial, capaz de inteligencia serena y de solidaridad. Todos advertimos que hay en el proceso de humanización, no como una conquista plena sino como una tendencia, la búsqueda de la lucidez, de la cordialidad, de la responsabilidad, de la gratitud, de la generosidad, de la celebración de los dones del mundo.
¿En qué consiste hoy la crisis histórica si no en el colapso al que parece llevarnos nuestra propia soberbia? Una doctrina del crecimiento económico que encumbra a unos países en el derroche, el saqueo de recursos y la producción de basuras, y abisma a los otros en la precariedad, mientras precipita crisis cada vez más absurdas sobre las propias naciones opulentas. Un modelo de producción y comercio que convierte el planeta en una vulgar bodega de recursos para la irracionalidad de la industria; cuyo frenesí de velocidad y de consumo altera los ciclos del clima, transforma el planeta en un organismo impredecible, crea un desequilibrio creciente del acceso a los recursos y al conocimiento, y convierte la sociedad en escenario del terror y la arbitrariedad, del tráfico de todo lo prohibido y de corrupción de todo lo permitido. Asistimos al fracaso de los valores históricos que fundamentaron toda moral y toda ética; y vemos desplomarse todo lo que fue respetable y sagrado.
Es inquietante saber que no es tanto la ignorancia sino el conocimiento lo que nos va volviendo tan peligrosos. Los arsenales que fabricó nuestra ciencia pueden hacer saltar este sueño en minutos. Nunca hubo tanto miedo como ahora, cuando estamos en manos de la razón. Y sin embargo no podemos intentar volver a la irracionalidad: una vez que encontramos la razón, encontramos un camino del que difícilmente podemos apartarnos.
Pero si hoy la cultura diseña el colapso, traza indolentemente bocetos de la aniquilación, la cultura tiene el deber de responder, desconfiar de la velocidad y de la opulencia como modelo de existencia, del desperdicio y el envilecimiento del entorno como manera de habitar en el mundo. Se diría que sólo podemos aprobar las innovaciones, las fuerzas transformadoras con la única condición de que no alteren lo que es esencial. Es preciso mantener inalterados los fundamentos de la vida y del mundo, y todos sabemos cuáles son, porque para eso nos han servido veinticinco siglos de conocimiento. El agua, el oxígeno, el equilibrio del clima, la salud de las selvas y de los mares: lo que nosotros no hicimos ni podemos hacer.
Entre el agua y la extracción codiciosa del oro de la tierra, yo prefiero el agua. Entre el aire puro y el arrasamiento de la selva por la economía del lucro, yo prefiero el aire. Entre el equilibrio del clima y el crecimiento industrial yo prefiero el clima. Entre la antigua virtud de las semillas y su modificación impredecible para la fabricación de organismos estériles favoreciendo la codicia de los que privatizan todo lo sagrado, yo no sólo prefiero las semillas, la prodigalidad de la naturaleza, sino que considero un crimen la apropiación privada de los más antiguos bienes colectivos.
Toda transformación tiene que ser justificada. El universo es a la vez tan prodigioso y tan frágil, que no tenemos el derecho de modificarlo abusivamente, de alterar, por intereses privados, los bienes de todos. En lo fundamental ya no pertenecemos a una tribu, a una raza, a una nación, a un credo, pertenecemos a un planeta.
Para eso sirvió la edad de las transformaciones, para conocer los límites de la transformación. Para eso sirvió la globalización: para que se encontraran los intereses del todo con los intereses de cada parte, el sentido del globo con el sentido profundo de cada lugar. Ya cada individuo tiene el deber de ser la conciencia del planeta.
La batalla definitiva será por los glaciares y por los pelícanos, por los helechos y por las medusas, por selvas y océanos, por las artes y por los muchos sentidos de la belleza, por la razón y por el mito. La supervivencia del mundo exige una urgente redefinición de los límites del hombre y de su industria.
“Allí donde crece el peligro crece también la salvación”, dijo Hölderlin. Entonces estos tiempos son los mejores: porque llaman a la renovación de la historia. Y si es en la cultura donde surge el peligro, es allí donde tenemos que buscar la salvación.
 *(Leído en el aula máxima de la Universidad de Antioquia). En la columna opinión de El Espectador.

junio 25, 2012

HORROROSA ZOOLOGÍA COLOMBIANA



Por: Carlos Arturo Gamboa

Para los pocos que no perdemos la memoria en este país de la peste del olvido, resulta curioso cómo la fauna se ha establecido en el alma social de Colombia. Tropicales, dirían algunos extranjeros, conchudos suelen decir los pocos honestos. Lo cierto es que el zoológico es enorme, empezando por aquella antigua especie de lagartos que pululan alrededor de las oficinas públicas y que medran de los recursos públicos; o las culebras, esas sierpes que cobran sus prebendas a un alto costo. Se suele escuchar seguidamente que no hay político que no llegue “enculebrado” a un puesto de nombramiento de elección popular; esto debido a que los contratistas, muchos de ellos lagartos profesionales, suelen “invertir” en la promoción de sujetos que luego desde sus curules les garantizan la supervivencia.
Es famoso el elefante de Samper, que hace rato venía metido en la política colombiana y que monseñor Rubiano ya conocía y por fin vio metiéndose al Palacio de Nariño (si supiera Nariño cómo han vilipendiado su nombre). Las ratas llevan rato haciendo gala de su supremacía en la sociedad colombiana y harían falta miles de flautistas de Hamelín para censarlos. Abundan, se reproducen como ratas (porque son ratas) y merodean cuanto queso burocrático olfatean.
Los delfines comen donde su padre comió, y no conocen otro oficio que el de gastar su herencia política aumentando su riqueza, ni siquiera aprenden a leer. Los tiburones manejan los bancos y depredan al Estado, también se alimentan de los ahorros de los pobres, quienes apenas se comportan como mansas palomas ante tanta injusticia. Las rémoras inundan los pasillos de las alcaldías y gobernaciones, viven de pequeñas cuotas burocráticas y su oficio consiste en no hacer más que proselitismo barato para que los gamonales lleguen al poder y le hagan conejo al pueblo, votantes que actúan como burros innatos en cuestión de política (con el perdón de los asnos) y no les queda más camino que meterse a mulas.
Por estos días volvieron a hablar de los micos, más bien diríamos orangutanes, animalescos endemoniados que han pervertido la ley y la justicia en Colombia, y mañana quizás aparezcan los cocodrilos del presupuesto, los tigres de la trampa, las abejas para burlar la ley, y otro sinnúmero de especies que habitan esta maldita arca de Noé que mejor debiera hundirse.
Al final, los pocos que recordamos la zoología política del país somos considerados especies en vía de extinción, pero lo cierto es que las millones de marmotas que eligen los políticos también tienes su cuota de culpabilidad; y reelegirán a tanto animal que habita el mundo de lo público, así será, aunque no quiero ser ave de mal agüero.  

junio 18, 2012

NOVELA DE HORROR



Por: Carlos Arturo Gamboa
Somos lectores adaptados al horror, nuestra sociedad es el texto y la mayoría somos actantes secundarios, extras de la escena cotidiana de la barbarie. Durante años hemos contemplado el desarrollo de una historia escrita por un delirante sujeto que no desea llegar a la página final. El ciclo de dolor no se quiere cerrar.
Hemos crecido y moriremos sin entender la complejidad que nos impide buscar una salida. Quizás estemos atrapados en la dimensión desconocida, porque se nos hace normal aquello que haría temblar a Hannibal Lecter, ese oscuro doctor ideado por el novelista Thomas Harris. Vivimos entre seres que se alimentan de cabezas, empaladores, depredadores de lo humano, bebedores de sangre, carroñeros, y sus rostros no logran enervarnos, los sentimos normales, solemos afirmar “es que somos así”, como si estuviésemos enunciando la gran verdad de los siglos.
Estos mismos personajes que aceptan el horror, ese que sirve a cada instante los medios de comunicación, suele tener ataques de “extraña dignidad”. Se enervan cuando alguien no le cede un puesto a un anciano en el transporte público, pero miles de ancianos mueren desprotegidos, sin salud, arrojados al subsuelo de la sociedad y el silencio es avasallante. Somos una especie de actantes cuyo libreto fue escrito por un esquizoide.
Consideramos más peligroso al diferente que al asesino, creemos más en la inocencia de los culpables que en la injusticia que ellos encarnan. Nos rasgamos las vestiduras mientras el telepronter nos condiciona, pero nuestra vida cotidiana parece transcurrir en las islas misteriosas de la insolidaridad.
Quien se considere digno de esta sociedad, quien enarbole la falsedad del patriotismo, quien acumule epítetos contra los diferentes, quien acepte la realidad como algo dado, quien enuncie el progreso como un canto de alabanza, quien entregue su territorio a los despojadores, quien engañe con metáforas de bienestar a futuro; sólo puede ser considerado otro zombi más del relato. La única opción es estar por fuera del reparto, ser el excluido del libreto, el que todos miran con extrañeza porque no encarna el espíritu del tiempo, porque como solía afirmar Krishnamurti: "Solamente el individuo que no se encuentra atrapado en la sociedad puede influir en ella de manera fundamental." Y mientras esos no seamos la mayoría, seguiremos prisioneros de las pinceladas de quienes escriben y dirigen nuestra historia, y algo si es seguro, ellos no quieren cerrar este capítulo.

junio 06, 2012

AL LLAMADO DEL AGUA...


Por: Carlos Arturo Gamboa
Bajo el sol de junio los hombres parecen entender lo letal de la resequedad. Estas llanuras no podría ser nada sin sus hermanas montañas, de ellas descienden, entre susurros, las aguas que proveen la vida, que hace florecer los campos, que agitan el rescoldo de la existencia. Los surtidores vegetales que se tejen en las cumbres hoy están amenazados por los nuevos colonizadores del planeta, y los habitantes de la llanura entienden el llamado ancestral del agua, de la flora y de la fauna.
Caminar sobre el asfalto es recordar el tiempo de las futuras resequedades. Ante la ausencia del agua todo rezago de vida desaparecerá. Las flores agonizarán ante el azote de la canícula, las aves se desplomarán, los árboles dejarán sus hojas a las posibilidades del viento contaminado. Ante la ausencia de seres guardianes de la Madre Tierra, ella agonizará bajo las fauces de la codicia.
Por eso ahora es el tiempo de resistir, de acudir al llamado de la montaña, de prestar oídos al lamento del agua, de unirse al susurro de los árboles, de retornar al vegetal que somos, de acudir a la selva de nuestros mitos para defender la vida. Ayer fueron muchos, mañana tendremos que ser todos, hasta que los saqueadores comprendan que deben dejar en paz a la Madre Tierra.!!!


mayo 31, 2012

CANDIDATOS ANOMIMUS ¿Y LA UNIVERSIDAD QUÉ?

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

En estos tiempo electorales,  agobiado por la cantidad de debates universitarios que se gestan al interior de la comunidad universitaria, asediado por los cientos de documentos académicos que circulan como producto de la profunda reflexión que han generado las diversas concepciones de universidad pública en pugna y casi sin tiempo para asistir a los foros de los docentes en la facultades, en los escenarios públicos; tuve que hacer un esfuerzo sobre-humano para tratar de sintetizar la idea de universidad de esa jauría de candidatos que representan todas las fuerzas intelectuales de la Universidad del Tolima, y además de eso realicé una reseña de las propuestas que estos múltiples candidatos han expresado en los escenarios de debate. Mi odisea ha terminado, después de muchas noches de insomnio. Aquí la dejo, espero se parezca un poco a lo que la comunidad ha escuchado en los cientos de debates que la democracia del voto representacional generan:


mayo 25, 2012

LA PARTICIPACIÓN DEMOCRÁTICA Y SU RELACIÓN CON LA EDUCACIÓN

  POR: ESTANISLAO ZULETA

* El presente texto fue publicado inicialmente en el libro Estanislao Zuleta 1935-1990, editado por el Grupo de Estudios Interdisciplinarios de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja en junio de 1990. DISPONIBLE EN LA RED.

LA DEMOCRACIA, aunque tiene una larguísima historia, es difícil de definir. Antes de ofrecer una definición de democracia es importante hablar de sus dificultades, de sus exigencias, y de todo lo que cada uno de nosotros tiene en contra de ella. En estas condiciones un criterio de democracia reclama mucho de nosotros.

DIFICULTADES DE LA DEMOCRACIA

En primer lugar la democracia implica la aceptación de un cierto grado de angustia. Dos ejemplos muy antiguos podrían servir para tratar de explicar esta primera y curiosa exigencia de la democracia. Grecia, a pesar de ser una sociedad esclavista, tenía a su modo una democracia, y desde el punto de vista ideológico era una sociedad pluralista. Se podía ser partidario de un materialista o de un idealista (de Heráclito o de Parrnénides)  sin que por ello pasara algo, aunque había limitaciones.

Sócrates, quien fue demasiado lejos en su dureza racionalista, fue condenado a muerte. El caso de Anaxágoras no fue tan grave; fue expulsado por haber afirmado que el Sol no era más que una piedra ardiente, y como éste estaba ligado a todos sus mitos, la definición resultó demasiada dura para el público griego. Sin embargo la democracia griega, a pesar de ser funcional e importante, era supremamente limitada ya que estaba restringida a una parte minoritaria de la población.

Muy probablemente en la democracia griega se encuentre una de las razones que explican el origen de la ciencia. El hecho de que los griegos no tuvieran un dogma intocable, un gran texto sagrado (el Corán, la Biblia, los sermones de Buda o cualquier otro) con relación al cual pudieran ser tratados, ya no en términos de verdad o falsedad, sino de herejes u ortodoxos, contribuyó a no limitar su pensamiento.

Existían desde luego religiones en Grecia y, sobre todo, la mitología exaltada por los poetas (Homero, Hesíodo, etc.); pero no había dogmas en manos de una casta que tuviera un poder real. Esto es interesante porque es la libertad la que hace posible la lógica y da lugar a la ciencia, y no al revés. La idea expresada en la afirmación "la verdad os hará libres", expuesta en el Evangelio de San Juan, sería mejor invertirla. Es la libertad la que nos obliga a ser verdaderos en los juicios; como no podemos imponer una autoridad intocable,  tenemos que aprender a discutir y a demostrar. La necesidad de discutir genera la lógica que termina por ser la matriz de todas las ciencias. Aprender a demostrar, porque no se puede imponer, es un criterio decisivo para el desarrollo de la ciencia.

Antes de los griegos ya había ciencias; los egipcios tenían una geometría práctica, conocían la manera de reducir áreas de diversas dimensiones a una unidad de medida y manejaban muy bien la geometría plana y la geometría espacial como lo demuestran sus canales y sus pirámides. La practicidad de estas ciencias, no fundadas por los griegos, y la necesidad de la demostración (como ocurre en la geometría euclidiana, que procede sistemáticamente, y resulta accesible para cualquiera que siga el proceso) sirvieron para que el saber no fuera propiedad de una casta ni estuviera escondido en libros herméticos, sino para que, por el contrario, fuera un saber abierto. La idea de "ciencias ocultas" es una contradicción en los términos, como el hielo frito. La ciencia es abierta y accesible y no puede estar en las manos de una casta cerrada.

LA DEMOCRACIA ES FRÁGIL

La libertad no solamente hizo posible la aparición de la ciencia en Grecia sino también de la tragedia. La carencia de un texto sagrado que haga las veces de referente absoluto o de dogma produce angustia, porque cada cual tiene que buscar en qué creer, una guía para su acción o para decidir su vida. Es muy fácil elogiar la democracia, pero es muy difícil aceptarla en el fondo, porque la democracia es aceptación de la angustia de tener que decidir por sí mismo.

La tragedia no consiste en que ocurra una cosa triste, horrible o espantosa: la muerte de un niño amado es algo dolorosísimo, pero no es una tragedia. La tragedia ocurre cuando se
enfrentan dos alternativas igualmente válidas, pero que resultan contradictorias e incompatibles y entre las cuales hay que decidir. Si la situación de Antígona resultó trágica fue precisamente porque tuvo que enfrentarse a dos alternativas incompatibles: su creencia en las leyes de la ciudad, y la situación del entierro de su hermano (y padre) Edipo. Las leyes de la ciudad prescribían que Edipo no podía ser enterrado, y tenía que ser abandonado a las aves en el campo; ella, movida por su amor, quería hacerle los honores del entierro, llorarlo y ejercer su derecho a hacerlo. Los griegos tenían un aprecio inmenso por la ciudad; ésta era parte del propio ser. La ciudad era un referente de definición de la identidad más hondo y más íntimo que la familia, como nosotros hoy difícilmente podríamos imaginar.

Entonces, Antígona se enfrentó al rey de Tebas, con palabras inolvidables, a sabiendas de que su enfrentamiento podía costarle la vida: "Sé que está prohibido hacer lo que hice, pero las leyes que seguí no son las leyes de la ciudad; también sé que no son las leyes que tú dictas, porque no son ni de hoy ni de ayer sino de siempre, porque están escritas en el corazón humano".

Abraham, por el contrario, vive en un contexto diferente. El judaismo antiguo es un mundo donde existe la tranquilidad y la seguridad de una autoridad indiscutible, garantizada y definida. Allí no hay tragedia. Abraham tiene una guía absoluta: la voluntad de Dios, de quien se siente acompañado y elegido para ser guía de su pueblo. Cuando llega a Egipto, ocurre un hecho sobre el cual los griegos habrían producido quién sabe cuántas tragedias. Al faraón le gusta Sara, su esposa. Frente a este hecho, la hace pasar por su hermana y la entrega al harén del faraón, porque su deber era llevar a su pueblo a Egipto para que allí pastaran sus ganados y no perecieran en la sequía. Su deber era muy claro porque era una orden divina. Abraham no tenía dudas y no tenía tampoco que inventar su conducta ni decidir entre dos alternativas -ambas amadas- porque estaba guiado por una palabra sagrada, que decidía por él. Pensar por sí mismo es más angustioso que creer ciegamente en alguien. Nombrar algún líder, algún guía, cualquiera que sea el nombre que le demos (Hitler, Mao Tse-Tung, Khomeini, etc.), genera un entusiasmo enorme porque libera de la angustia, de la responsabilidad, de la duda sobre si lo que estoy haciendo realmente está bien hecho o no. La palabra del líder nos economiza todos esos problemas.

El hecho de que un pueblo tan evolucionado como el alemán, salga como un solo hombre detrás de Hitler, después de haber producido la mejor cultura -Goethe, Marx, Beethoven y Kant entre muchos otros- nos permite ver que la democracia es frágil. Su fragilidad procede de que es difícil aceptar el grado de angustia que significa pensar por sí mismo, decidir por sí mismo y reconocer el conflicto.

DEMOCRACIA ES MODESTIA

En segundo lugar la democracia implica igualmente la modestia de reconocer que la pluralidad de pensamientos, opiniones, convicciones y visiones del mundo es enriquecedora; que la propia visión del mundo no es definitiva ni segura porque la confrontación con otras podría obligarme a cambiarla o a enriquecerla; que la verdad no es la que yo propongo sino la que resulta del debate, del conflicto; que el pluralismo no hay que aceptarlo resignadamente sino como resultado de reconocer el hecho de que los hombres, para mi desgracia, no marchan al unísono como los relojes; que la existencia de diferentes puntos de vista, partidos o convicciones, debe llevar a la aceptación del pluralismo con alegría, con la esperanza de que la confrontación de opiniones mejorará nuestros puntos de vista. En este sentido la democracia es modestia, disposición a cambiar, disposición a la reflexión auto-crítica, disposición a oír al otro seriamente.

En realidad, no hay ninguna teoría, de cualquier clase que sea, que pueda pretender un enfoque total, ni mirada alguna que globalice el paisaje humano en su complejidad. Los enfoques sobre un mismo objeto, cuando provienen de un pensamiento propio, se completan y se combaten a la vez.

Kant, que para su época y para la nuestra fue un gran maestro de la democracia, no amaba en absoluto el concepto de tolerancia; le parecía que era muy pretensioso porque parecía implicar la idea de que era inevitable tolerar las opiniones de otros, pero sobre la base de la convicción inmodificable de que "yo sé que tengo la razón". El concepto de tolerancia no le parecía especialmente fuerte ni adecuado para hablar de democracia; ésta, por el contrario, consiste en sentir alegría por las diferencias que puedan existir entre nosotros, en la certeza de que los conflictos son inevitables, y de que, a pesar de que no nos van a conducir a unanimidad alguna, nos van a enriquecer. En tercer lugar la democracia implica igualmente la exigencia del respeto. Respeto no quiere decir lo que cierta ideología liberal imagina: dejar que todo el mundo piense lo que le venga en gana y hacer uno lo propio. Este tipo de respeto con-duce a un mosaico de microdogmatismos, en el que cada cual tiene su punto de vista y respeta el ajeno con tal de que no se metan con el suyo. Así ocurre en ciertas fastidiosas conversaciones de café en que hay tres personas con ideas distintas y fijas y toleran que uno hable de su manía, cualquiera que sea, con tal de que después se calle y deje hablar al otro de la suya, y después al otro, que oye bostezando. Allí, por consiguiente, no hay ningún diálogo: hay tres monólogos.

Respeto significa, en cambio, tomar en serio el pensamiento del otro: discutir, debatir con él sin agredirlo, sin violentarlo, sin ofenderlo, sin intimidarlo, sin desacreditar su punto de vista, sin aprovechar los errores que cometa o los malos ejemplos que presente, tratando de saber qué grado de verdad tiene; pero al mismo tiempo significa defender el pensamiento propio sin caer en el pequeño pacto de respeto de nuestras diferencias. Muy a menudo creemos que discutir no es respeto; muy por el contrario, el verdadero respeto exige que nuestro punto de vista, sea equivocado total o parcialmente, sea puesto en relación con elpunto de vista del otro a través de la discusión. Esta idea es tan antigua que ya está enunciada por Platón en la Carta séptima a los amigos de Dión de Siracusa.19

En un debate seriamente llevado no hay perdedores: quien pierde gana, sostenía un error y salió de él; quien gana no pierde nada, sostenía una teoría que resultó corroborada. Esta es una disputa muy distinta a la que se presenta en las guerras, en las que el que pierde nunca gana.

En cuarto lugar debemos reconocer que en el hombre existen profundas tendencias arcaicas, contra la democracia y, si queremos defenderla realmente, comencemos por reconocer una de sus mayores dificultades: nuestros orígenes no fueron democráticos. 20 En este sentido la democracia es maduración, superación de nuestros orígenes y afirmación contra nuestras tendencias a regresar a lo arcaico, que están siempre presentes. Los psicoanalistas sostienen que el dogmatismo está inscrito en nuestro origen, porque los padres -seres que para nosotros son esenciales- nos inscribieron en un mundo que ya estaba fijado de antemano. El lenguaje, por ejemplo, no es neutro. Nunca es simplemente denotativo. No se reduce a nombrar las cosas. Está cargado de interpretación. Nos ofrece un mapa del mundo completamente valorado. El lenguaje es, pues, nuestro dogma inicial.

Tal vez siempre conservaremos la añoranza de una palabra inobjetable a la que podamos atenernos como alguna vez lo hicimos, al aprender a hablar, a la palabra de la madre. En algún momento todos pasamos por una crisis que Piera Aulagnier llama "la prueba de la duda": el descubrimiento progresivo y doloroso de que los padres, aquellos "monstruos sagrados" de nuestra infancia, eran personas comunes y corrientes, que podían equivocarse y que muchas de sus opiniones eran dudosas o sencillamente erradas.21 Este descubrimiento nos puede provocar resentimiento, rebelión, dolor, o llevarnos simplemente a buscar un reemplazo en el líder que elijamos. Por esto afirmamos que el dogmatismo es lo arcaico y la democracia no nos viene espontáneamente, sino como resultado de una conquista, como aceptación de la angustia, de la duda, de la duda sobre sí mismo y de pasar por "la prueba de la duda". Se han hecho descripciones muy notables sobre este punto. No pienso extenderme en él porque amerita una larga disertación. Quiero indicar solamente que nuestro origen mismo es el dogma, independientemente de dónde nacimos y del trato que nos dieron, por bondadoso y libertario que haya sido.

En el desarrollo progresivo de la democracia, es necesaria una afirmación positiva, no una afirmación resignada. La unanimidad nunca se consigue, se impone, y en realidad ni siquiera se impone, porque hay cosas que no se pueden imponer. Alguna pequeña reserva de libertad tiene el hombre en las peores circunstancias, bajo la dictadura más atroz o bajo la tortura. Un tirano puede, en esas condiciones, obligarnos a decir o a hacer cualquier cosa: arrodillarnos, llorar. Pero hay dos cosas a las que nadie puede obligarnos: a pensar y a amar. Todo  tirano fracasa en esta empresa cualesquiera que sean los métodos que emplee. Puede obligarnos a pensar como él, pero no lo logrará si no lo deseamos; si por temor a la angustia que significa pensar por nosotros mismos, llegamos a pensar como el tirano, lo convertiremos en un nuevo ídolo. Fue Dostoievski quien dijo que los hombres no habrían padecido tanto la esclavitud si no amaran tanto sus cadenas.22

Hay que comenzar por reconocer que la adhesión a la democracia sólo la lograremos en lucha contra nosotros mismos: contra nuestra formación arcaica, contra nuestros anhelos de seguridad o de dogma, contra el afán de idealizar a alguien de tal manera que no nos quepan más dudas, contra nuestra tendencia a despojarnos de la responsabilidad de la decisión y de la dificultad que implica el pensar por nosotros mismos.

Por todo ello la lucha por la democracia es frágil, ya que se trata de algo difícil de alcanzar. Es mejor comenzar por reconocer que es así. Muy probablemente conocer la vulnerabilidad y la fragilidad de la democracia, que la historia nos muestra de manera tan dramática, nos prepara para amarla. Cuántas bellas causas han terminado en la idolatría por un caudillo. Formuladas las exigencias de la democracia es posible preguntarse entonces cómo la educación podría ser democrática.

Comencemos por observar que en nosotros no sólo hay un anhelo de dogma, como ya lo hemos observado, sino también un principio de pensamiento y un principio de lógica inscrito en el lenguaje y en el diálogo. Las formas que desarrolla ahora la ética política más elevada, en los últimos libros de Agnes Heller o de Habermas por ejemplo 23 también están en nosotros. Hay muchas cosas que se imponen a los niños, que también nos impusieron a nosotros y que, aunque son perfectamente arbitrarias, son necesarias. Hay normas que son comunes a todos porque son prerrequisitos para podernos entender. Con respecto a ellas no podemos tomarnos la libertad de aceptarlas o no, como ocurre por ejemplo con la sintaxis. Si digo "ayer iré aquí", aunque hablé muy libremente, no dije nada, porque la sintaxis me obliga a usar la coherencia; puedo decir: "mañana vendré aquí" o "ayer fui allá", pero debo escoger una coherencia normativa.

El léxico es impuesto y arbitrario. El niño preguntará, "¿por qué se llama a un vaso así?", y uno puede explicarle que puede llamarse de otras mil formas, pero es necesario que se llame de algún modo si queremos entendernos. Nos imponen un nombre, pero sería peor que no nos pusieran ninguno y nos permitieran su escogencia en la juventud. Prescindir del nombre sería la prepararación de un esquizofrénico, porque la construcción de la identidad misma nos lo impone por identificación y por oposición con los demás.

Platón encontró que había cosas efectivamente indiscutibles, como por ejemplo, la teoría de la contradicción, piedra angular de la lógica. Al final de El Sofista, dice así: “Dos proposiciones contradictorias sobre el mismo objeto, al mismo tiempo, desde el mismo punto de vista y en las mismas relaciones, no pueden ser ambas verdaderas”.24 Esa es la primera proposición que Platón consideró innegable. Al hablar de objetos distintos, podemos decir cosas contradictorias, verdaderas ambas, porque estamos hablando de cosas distintas. En casos simples, esto es evidente. En casos complejos no lo es tanto, y hay que saber si se trata realmente del mismo objeto. En una polémica entre un marxista y un liberal, por ejemplo, ambos son partidarios de la libertad. Sin embargo continuamente formulan proposiciones contradictorias porque no están hablando del mismo objeto y le dan el mismo nombre a concepciones distintas. El marxista llama libertad a un desarrollo de las posibilidades humanas basado en una determinada organización económica que permitiría a todos cierta igualdad y ciertas condiciones de vida. El liberal llama libertad a la libertad de expresión, a la libertad de prensa.

Este tipo de diferencias es posible que resulten, al final, menos incompatibles de lo que hoy se cree. Cuando Platón dice "el mismo objeto", es necesario definirlo bien. Podemos decir de un ser que es muy pequeño o que es muy grande porque pudo haber crecido; pero no podemos decirlo al mismo tiempo y desde el mismo punto de vista, porque las cosas pueden resultar completamente diferentes si están vistas desde distintos ángulos. Para ilustrar esto, me gusta contar la siguiente anécdota: "Animales inofensivos: el tigre, el león y la pantera; animales altamente peligrosos: la gallina, el ganso y el pato", decía una lombriz a sus hijitos. Se puede decir que un hombre es muy pequeño o que es muy grande: si lo relacionamos con un elefante, es muy pequeño; si lo hacemos con una hormiga, es muy grande; pero, estableciendo relaciones de ese hombre con un mismo objeto, no podemos decir ambas cosas.

La lógica, como la gramática, es una ciencia reflexiva, porque nos hace conscientes de algo que todos implícitamente sabemos. En este sentido es muy interesante hacer la práctica (Alguna vez lo intenté) de enseñar lógica a los niños. No les estamos enseñando lógica propiamente, sino haciéndolos conscientes de algo que saben. Hay varios juegos y muchas preguntas posibles para realizar esta práctica. Es importante hacerlo con niños del mismo nivel lingüístico, que generalmente son de la misma edad o de edades muy parecidas, para mantener vivo su interés en los problemas que les planteamos.

Los niños conocen las 16 proposiciones de Aristóteles, maravillosa conquista del genio griego, matriz de toda ciencia, tan importante como para que, según Bertrand Russell, toda la matemática moderna siga funcionando con ellas. El problema planteado es hacer al niño consciente de que sabe lógica en concreto. Por ejemplo, a un niño de cuatro años, que está sentado al lado de su madre, si llaman por teléfono, le decimos: ¿Por qué no vas a contestar, que debe ser tu mamá? El niño se ríe y dice que la madre no puede ser porque ella está allí. Él conoce la no ubicuidad, no la conoce con ese término, pero sabe que la misma persona no puede estar en dos lugares al mismo tiempo. La compleja teoría de la causalidad, que Aristóteles plantea en su física, la saben los niños y, si se les expone de una manera suficientemente sencilla, pueden generalizar y comenzar a hacer el juego de clasificar el mundo por las causas. En una forma muy sencilla podría formularse así: hay cosas que nacen: los pollitos, los niñitos, los arbolitos; hay que cosas que se hacen: los pocillos, las sillas, las mesas, los vasos; y hay cosas que se forman: las piedras, los ríos. Sólo hay tres tipos de cosas: las que nacen, las que se hacen y las que se forman. En el bachillerato presentan la lógica de Aristóteles como algo muy complicado cuando en realidad no lo es. Cualquier niño la sabe y puede estar a su alcance generalizando a partir de lo que ya está en él. Un problema de primera importancia es la racionalidad en la educación. El discurso del maestro no debe ser dogmático. Cualquier discurso puede serlo independientemente del tema. No es necesario que sea la religión. Si al enseñar las leyes de la multiplicación y exponer que menos por más da menos, el alumno pregunta, “¿por qué?”, y no sabemos responderle, estamos haciendo una enseñanza dogmática.

Somos dogmáticos cuando no hacemos el esfuerzo por demostrar. La demostración es una gran exigencia de la democracia porque implica la igualdad: se le demuestra a un igual; a un inferior se le intimida, se le ordena, se le impone; a un superior se le suplica, se le deduce o se le obedece. La demostración es una lección práctica de tratar a los hombres como nuestros iguales desde la infancia. El niño necesita, por una parte, que su  espontaneidad se exprese sin temor y, por otra, que le pongan tareas en las cuales pueda fallar. Cierta educación libertaria puede tender a convertir la educación en un "dejar hacer", por ejemplo cuando se propone a los niños "que pinten lo que quieran y como lo quieran".Eso está bien en un primer momento. Pero no insistamos en que todo lo que hacen es sensacional, muy expresivo y muy bello.

Aprender a fracasar es algo importantísimo en la vida. Una enseñanza que no enseña a fracasar -dice Freud- es cómo "mandar a alguien en una expedición al polo norte con un mapa de los lagos italianos". Si no se tiene la oportunidad de fracasar, tampoco se tendrá la oportunidad de triunfar, de vencer una dificultad y sentir satisfacción por ello. Es importante que dejemos actuar a los niños con espontaneidad, pero debemos decirles también, con toda franqueza, si lo que han hecho les quedó bien o no, para que puedan tener la alegría de que triunfaron sobre sus dificultades. En la educación es importante adquirir el amor a vencer las dificultades reales. Aquel que lo logra está más lejos que nadie de la tentación de la droga, porque no hay píldora alguna de la victoria que sustituya la felicidad de haber vencido con esfuerzo, con trabajo, una dificultad. Quien ama ese tipo de felicidad no la buscará en el consumo ni en el dinero como en un dios que lo permite.

19 PLATON, Carta Séptima en Obras Completas, Madrid, Editorial Aguilar, 1977, pág. 1569. (N. del E.).
20El lector puede consultar sobre el tema el ensayo del mismo autor Tribulación y felicidad del pensamiento, publicado en Elogio de la dificultad y otros ensayos, FEZ, págs. 17-43. (N. del E.).
21 AULANGIER, Pierü: Les destins du plaisir aliénation-amour-pasion, PUF, Paris, 1979. (N. del E.).
22 DOSTOIEVSKI, Fedor. Los hermanos Kurumazov. Existen múltiples ediciones. (N. del E.).
23 HELLER, Agnes, La revolución de la vida cotidiana, Editorial Materiales, Barcelona. 1979. HABERMAS, Jurgen, Teoría de la acción comunicativa, Taurus Humanidades. (N. del E.).
24 PLATON, El Sofista. o del ser, en Obras Completas, Madrid, Editorial Aguilar, 1977, pág. 1011. (N. del E.).

mayo 21, 2012

PAVOR A LA DEMOCRACIA: SÍNDROME DE LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
A menudo no se aprecia cuán profunda y fuertemente arraigado está el descontento por la democracia en la cultura de élite, y el miedo que genera.
Noam Chomsky. El miedo a la democracia.
I                                                               
Las palabras terminan por agotar el significado de lo cotidiano.  Las multitudes acaban hablando con mucha propiedad de lo que ignoran y convencidas de que sus sentencias posee dimensiones de certezas. De ese modo se evita el esfuerzo mental que requiere “pensar la cosa en sí”, se evade la agonía de confrontar el mundo y sus consecuencias, se fragua la verdad en la mentira y se tranquiliza la imposibilidad de construir. Este es el escenario propio de lo que podríamos llamar “el debate sin debate”, que surgió a la posterior caída de la reforma a la Ley 30, y que otorgó  al gobierno nacional una nueva estrategia para retomar el espacio universitario, ya demostrado con su proceder en diferentes universidades en donde ha im-puesto rectores que le garantizan maniobrar desde adentro mismo de la universidad pública, en contra de la Universidad Pública. El Caballo de Troya de la educación superior colombiana.
Para evitar que la Universidad se autogobierne y empiece a pensar el por qué la presencia de un Consejo Superior Universitario tan anti-universitario, el Estado, ante la amenaza de la consolidación de un movimiento estudiantil de dimensiones históricas, sabe que debe jugar en dos escenarios: ofrecer (seudo) garantías al movimiento para que elabore y presente un propuesta de ley y, por medio de su poder burocrático, evitar que esto suceda instaurando una lógica de imposibilidades de acción. Si el Estado le cede sus deberes al movimiento, garantiza el fracaso del mismo y justifica su accionar reformistas a futuro. El tema por supuesto se centra en la Autonomía, lo demás es concomitante. Si se sigue teniendo el control de los Consejos Superiores en las Universidades, y además, los rectores responden al interés reformista, a la vuelta de dos años se habrá evitado que el movimiento estudiantil se convierta en provocador de cambios profundos, aunque los cambios profundos se habrán logrado, pero dentro de la lógica estatal. Veamos estos movimientos en clave local.
II
El caso de la Universidad del Tolima es un prototipo para entender la importancia de las limitaciones a la Autonomía que generan los procesos de supuesta democracia universitaria, como se recoge en la siguiente tabla:
FORMAS DE PARTICIPACIÓN EN LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA
Órganos de Gobierno
Formas de elección
Problemas
Representantes del Gobierno y el MEN al Consejo Superior
Discrecional del gobierno
No se posee ninguna forma de control que le permita garantizar la presencia de sujetos defensores de la universidad.
Representante del sector productivo al Consejo Superior
Designación por pactos entre sectores privados
Los intereses del sector productivo se mueven en la lógica de lo privado, no de lo público.
Representante de los ex-rectores
Concertación entre reducidas fuerzas de poder.
La presencia de este sector garantiza estructuras de poder e impide la renovación.
Presidencia del Consejo Superior
El gobernador de turno
Sus políticas macros determinan su accionar en la Universidad, y por lo general consideran la Universidad más como un problema, que como una potencia.
Representante Egresados al Consejo Superior
Votan los representantes de las asociaciones.
Se viola la participación de miles de egresados y se privilegia la creación de asociaciones electoreras que no dinamizan la cohesión real con los egresados.
Representante Directivas al Consejo Superior
Se eligen entre los miembros de la comunidad académica, pero su proceso no es abierto.
No existe la garantía de que un académico que no esté en el entramado del poder de turno, pueda acceder a dicha representación.
Representante Profesoral al Consejo Superior
Lo eligen los profesores de planta, mediante votación.
No participan en las votaciones el profesorado ocasional y de cátedra que representa cerca del 80%. Pueden votar los docentes en comisión administrativa, lo que crea conflictos de intereses.
Representante Estudiantil al Consejo Superior
Los eligen los estudiantes mediante votación.
Se elige un sólo representante para cerca de 50 mil estudiantes. La presencia de la universidad de diferentes partes del país, recrea un modelo de politiquería tradicional en su accionar.
Decanos a Facultades
Se elige mediante votaciones de estudiantes, egresados y profesores.
Los perfiles privilegian lo administrativo en detrimento de lo académico. Se niega la participación de los profesores de cátedra.

En este modelo lo que se puede observar, sin necesidad de análisis profundos, es que la Universidad del Tolima posee un sistema obsoleto para la construcción de una democracia real, primero porque se mueve en la idea de una democracia construida en formas simples de representación que no garantizan las voluntades de la comunidad académica en su mayoría, sino que privilegia el interés  particular o de pequeños grupos de poder; y segundo, porque no hace uso de la autonomía para debatir y concertar formas de democracia deliberativa, que consoliden el proyecto de la construcción y la defensa de lo público. Veamos ejemplos de las paradojas que este modelo provoca:
EJEMPLOS
FACTOR DE CRISIS
Cerca de 220 profesores de planta deciden su representante sin consultar a los cerca de 1500 docentes de cátedra
Ilegitimidad
10 egresados eligen el representante de los egresados, sin tener en cuentas la mayor población universitaria existente
Ilegitimidad
Se crean asociaciones de egresados que operan en el papel, mientras se vota.
Desinstitucionalización
Se elije un representante para cerca de 10 mil estudiantes de presencial y 38 mil de distancia, pero se centralizan las decisiones en la Sede Central.
Crisis de representatividad
Los Centros Regionales de Educación a Distancia se vuelven importantes para capturar votos en época electoreras.
Politiquería y clientelismo
Para ser decano se debe tener ostentar un “mejor” perfil que para ser rector.
Ingobernabilidad
La experiencia administrativa tiene mayor peso en la hoja de vida de un aspirante a decano, cuando su mundo de acción es la academia.
Menoscabo de la Misión Pública.
Los sectores externos del Consejo Superior Universitario terminan condicionando el destino de la Universidad.
Pérdida de Autonomía
La unidad académica más grande la universidad, el IDEAD, no elige director por medio de consulta a su comunidad.
Ilegitimidad
Un docente catedrático no puede elegir ni ser elegido como representante profesoral.
Violación a un Derecho Constitucional.

En este escenario de aguda crisis, la comunidad debe pensar en su responsabilidad como sujeto universitario y replantear el esquema para avanzar hacia una democracia real; el problema consiste en que ese mismo ejercicio implicaría una consolidación ética de lo colectivo, por lo cual se hace casi imposible en una comunidad en donde ha hecho carrera el privilegio individual, y en donde se escudan estos intereses en falsa enunciaciones como: “es que la norma así lo estipula”, como si las normas fueran imposiciones divinas y no construcciones de burócratas de turno que acomodan la ley a su antojo.
Entonces sólo queda esperar que las mayorías hagan realidad su clamor y se activen la transformación radical de la democracia universitaria, que es política vertebral de la MANE, La Constituyente Universitaria y la Asociación Sindical de Profesores (ASPU); o de lo contrario se limite a ver como los intereses particulares y privados delinean el mundo universitario, cayendo en la sin salida, a manera de un grupo de profesores que por proteger sus intereses particulares, o sus deseos de poder, han avalado un candidato a representante profesoral que promueve los convenios con las multinacionales que destruyen la vida y creen ciegamente en la empresarización de la Universidad del Tolima. Una cosa es negarse a construir democracia por miedo a la democracia profunda y sus consecuencias, y otra es la ausencia de un sentido real del mundo universitario; y el ritual de las votaciones, más que hacernos demócratas, nos recuerda, cada cierto tiempo, nuestra constante estupidez.