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julio 25, 2025

CUATRO MIRADAS SOBRE LA NUEVA LITERATURA COLOMBIANA

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Durante el siglo XXI, la literatura producida en el contexto colombiano ha continuado generando una multiplicidad de voces en los diferentes géneros. Más allá del Premio Nobel de Gabo, las letras colombianas han consolidado un corpus rico en nuevas temáticas, aunque la violencia sigue presente como leitmotiv en muchas obras. Pero ahora tiene cabida en la narrativa, poesía y teatro temáticas como las angustias de la posmodernidad, la ciudad, las relaciones en un siglo intercomunicado, la mirada feminista, entre muchas otras más. No obstante, falta ahondar más en el estudio y la crítica a dichas producciones, para que de esa manera se consoliden los autores y sus obras y, además, estos estudios sirvan como referentes a los lectores.

En esa línea, recientemente ha sido publicado el libro titulado “Cuatro miradas sobre la nueva literatura colombiana”, el cual se desprende de la investigación “Múltiples miradas críticas a la literatura colombiana del siglo XXI (2000-2015)”, liderado por el Grupo de Investigación Argonautas del Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima. Este nuevo libro se constituye en un compendio de cuatro apartados, los cuales son resultantes de la construcción de textos críticos por parte de los investigadores, ejercicio previsto en la última fase de la investigación señalada. Sobre esa base, cada uno de los textos da cuenta de una problemática específica de la literatura colombiana estudiada, aspecto que justifica la unidad estructural del libro en su diversidad.

Al respecto, se debe considerar que cada texto es autónomo, toda vez que ha surgido de la reflexión y la crítica de sus autores, quienes han contado con la decisión propia para la escogencia de la temática, la estructura textual y la expresión estilística. Cada uno se convierte en un capítulo y estos son:

• Una mirada a la poesía colombiana escrita por mujeres en lo corrido del siglo XXI.

• Reflexiones en torno al devenir literario de la poesía colombiana del siglo XXI.

• El reflejo de la realidad social en la narrativa colombiana del siglo XXI.

• La literatura en la escuela y la escuela en la literatura: un diálogo posible.

El libro que fue ganador de la Convocatoria 09-2023 para publicación promovida por la Vicerrectoría de Investigación-Creación, Innovación, Extensión y Proyección Social, (UT) ya se encuentra disponible en el repositorio en línea del Sello Editorial de la Universidad del Tolima. Los invitamos a su lectura, estudio y uso pedagógico. Pueden acceder a la descarga gratuita en el siguiente link: https://repository.ut.edu.co/entities/publication/3f6d6c3d-ebdb-414a-844b-5cbce383168d

mayo 11, 2025

SANGRE ROJA ESCARLATA

 

Nota:

A propósito de los abusos sexuales en los entramados religiosos, los invito a leer ese cuento incluido en mi libro "Sueño imperfecto", publicado por la Editorial Universidad del Tolima en el año 2009.

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El fondo siempre es gris, pensó mientras hojeaba el libro escueto de verdades escogidas al azar. La tos no cesaba de incomodarlo, y sobre aquella almohada de algodón viejo su cabeza parecía un molino rústico. Un olor a ungüento se esparcía por cada esquina de aquel cuarto efímero. Nada comparado con el lujo de la mansión donde acostumbraba a vacacionar sus engaños. Llevaba aquí más de tres semanas, contadas largamente, desde la aparición de ciertas úlceras en sus brazos. Al principio, cuando invadieron sus testículos, las logró disimular bajo su manta apostólica, pero luego se encaminaron norte arriba. Aunque constantemente padecía de vértigos, no cesaba de predicar el santo oficio. El último sábado se incorporó a las cinco de la mañana, como de costumbre, y al revisar su barba se encontró asediado por cientos de granos rojo-amarillos que desfilaban por sus pómulos. El espejo no mentía.

Entonces escribió una nota a Jhon Eskiner dándole las respectivas instrucciones: “Encárgate del oficio. Di que partí a una misión a la Sierra Nevada de Santa Marta. Después te explico”. La brevedad pausada de su enmienda mostraba su poca preocupación por el asunto. Con algunos baños de ajenjo expirarán estas granujas, se prometió a sí mismo, como para reforzar su tesis. Pero las llagas continuaron anidando en su cara y en pocas horas eran las dueñas de su cuero cabelludo. Para no provocar rumores, pues los sacramentos así lo exigen, contactó a un cómplice amigo dedicado a la medicina; se dedicó a leer los diarios y a planear su próxima incursión nacional para expandir el evangelio. El dictamen fue severo. Reposo total y ciento de exámenes metódicos. “El virus es extraño. Cuídese mucho, reverendo”.

Fue así como apareció a mi puerta, vestido como cualquier mortal que busca desahogo. Su cara surcada por arrugas concéntricas, su cabello ajedrezado y un tufo de santo inconfundible. Llevaba más de dos años sin verlo en persona, puesto que sus milagros eran noticia obligada en los telenoticieros. Recuerdo que la última vez que se atrevió a llegar hasta mi casa fue para indagar sobre el comportamiento de las prostitutas. Según él, yo debía conocer a cabalidad el quehacer. Su inquietud se debía a cierto plan macro religioso para expandir el evangelio en las calles olvidadas por su dios. Accedí sin muchos misterios, como siempre suele suceder ante alguna de sus patrañas.

Ahora era distinto; un dejo de pesar cosquilleó en mi mente al observar aquella silueta desproporcionada. Sus brazos rozando el suelo y sus pies semejantes a dos árboles gemelos en edad. Sus ojos, entre negros y azules, ya no poseían el brillo místico que me desnudó aquella tarde frente al púlpito, en donde avasallaba con palabras retumbantes. De eso hace más de veinte años, y mi inocencia en grado subcero; hoy es una sombra. Aquel día tuve el presentimiento de estar frente a un dios personificado, porque de su lengua brotaban versos melodiosos, sustantivos mágicos y látigos verbales. “¡Hermanos!, la carne es la perdición del hombre. En el reino de los cielos el pecado no tiene lugar; por eso la lascivia debe ser combatida con ayunos…”. Los rumores de admiración se esparcían entre las grandes sillas de madera que se organizaban en filas mudas y sombrías. El centro, justo donde se ubicaba el púlpito, estaba iluminado por una extraña luz de colores combinados, y la figura esbelta del predicador daba al recinto un aire de total reverencia. Era como si Dios mismo estuviera allí postrado, increpando y tratando de salvar a los pobres feligreses. Se quedó mirándome con tanta frialdad que me hizo sudar bajo los senos.

Sus ojos penetraron en mis entrañas y llegué a pensar en estar poseída por un espíritu maligno. Su juzgadora voz ahora se escuchaba como un trueno: “Hermanos míos, den la bienvenida a una nueva alma. El reino de los cielos se regocija. Siempre hay un lugar en nuestra casa para las ovejas descarriadas”. Sus grandes ojos azules seguían devorando mi debilidad; aquel sudor de mil poros parecía mojarme. Sola como una autómata, a merced de aquel semidiós del mundo moderno, lo vi acercarse y descargar su gran mano derecha sobre mi frente durante treinta largos segundos, y sin que pudiera hacer nada, su metacarpo izquierdo sujetó mi pecho a la altura de mis senos erectos que no parecían disgustados ante tal provocación. “Hermanos, oremos por el alma de esta joven, y que Dios la reciba en sus omnipotentes brazos”.

Creo que perdí el conocimiento durante siglos, pues al recobrar la realidad estaba siendo atendida por una anciana de mirada diminuta que escondía sus cabellos tras una pañoleta negra. El salón estaba desierto y una música de piano agonizaba en mis oídos. No terminaba de huir mi perplejidad cuando apareció el reverendo Mesarín con un atuendo normal. Le hizo una señal a la anciana, que abandonó el recinto. Se acercó y sujetó levemente mi brazo derecho. Me enseñó algunos cuartos donde se hacía penitencia, un enorme piano Yamaha en donde sus manos parecían aladas al ir de Do a Do; me leyó un salmo de David del cual nada entendí, pues estaba estupefacta ante aquella aparición divina. Después de media hora gastada en discursos, me recostó en un gran sofá rojo, como la sangre del salvador que proclamaba. Con sus dedos lisos y yertos rozó mis labios y, cuando pensé reaccionar, su voz imperativa rompió mis tímpanos: “Hija, mi reino no es de este mundo; a donde yo voy tú puedes ir y encontrarás sosiego para tu abatida alma. No desperdicies tu oportunidad, no todos los días el reino de Dios llama a tu puerta...”. Una pausa recóndita y luego me atrajo bruscamente contra su pecho: “Hija, yo sé que tú sufres por tus pecados, que la lujuria ha socavado tu cuerpo inocente y de noche despiertas con pensamientos abominables. Es tu carne, hija, pero la redención es oportuna”.

Al concluir el sermón, sus manos se abrieron paso entre mis piernas y, con gran velocidad, mis senos quedaron flotando en el aire con olor a incienso. Sus dedos penetraron como agujas en mis calzoncitos de franela y mi sexo parecía una laguna de encantos musicales. Me desvistió con un ritual sagrado, inundando mi cuerpo con una saliva vivificante y erótica. Su boca se amoldó a mis senos en los que la pulcritud asemejaba un nevado en llamas. Me poseyó con una magia tal, que no sentí el momento en que el cántaro estallaba contra su sexo de piedra antigua.

Se levantó como si acabara de ganar un alma para su inventario celestial, acomodó su ropa que nunca terminó de quitarse y me brindó una sonrisa complaciente. Luego se alejó. Mientras me vestía, pensé en las consecuencias religiosas de aquel acto carnal, pero me reconfortaba la idea de haber sido desflorada por un hombre que quizás sería el mismo Dios en persona. Calcé mis sandalias y, al incorporarme del sofá, vi un hilillo de sangre que buscaba la curvatura de la caída. Sangre roja escarlata, como la sangre del salvador que proclamaba.

abril 08, 2020

LA PESTE DEL MIEDO

Por: Elmer Hernández
Docente Universidad del Tolima
Coordinador Maestría en Pedagogía de la Literatura

No temas ni a la prisión, ni a la pobreza,
 ni a la muerte. Teme al miedo.
Giacomo Leopardi
 
Ante un peligro que amenace su integridad como organismo, el animal huye, ataca o se mimetiza. El animal humano hace lo mismo, pero, también, en una dimensión diferente: fantasea, imagina y crea mitos. Ante el peligro, la huida, el ataque y la mimesis, en el animal humano están condicionados a lo que cree. Es decir, el miedo es consubstancial al animal humano, razón por la que nada lo produce. Solo basta que algo aparezca para despertarlo: un poder, una ley, una actitud, un virus. ¿Quién no lo ha sentido?
¿Pero a qué le teme el animal humano? En principio, a la muerte como desintegración, igual que el animal. Sin embargo, en ocasiones, no es esa muerte la causa de su miedo. El animal humano le teme al desbarajuste que un peligro le cause en su interior, su yo, su integridad como sujeto. Acostumbrado a su yo, cómodo en una subjetividad que cree conocer y tranquilo en la convivencia con sus mitos, el animal humano se resiste a que lo molesten, lo conmuevan y le exasperen sus fantasmas, porque ellos, los fantasmas, pueden desordenarle la casa. 
Por lo general, los dos miedos se juntan y el animal humano se paraliza: es un manojo de nervios, un ser atormentado, derrotado, aferrado a un mito que le ofrezca seguridad. En mitad de la ansiedad, si acaso invoca a la razón, lo hace para asegurarse de que ninguno de los dos miedos golpee a su puerta. Pero la razón no le presta ningún auxilio porque ya fue puesta al servicio del miedo. Y es triste.
Por supuesto, hay miedos, cuyas causas son reales, y ante las cuales el animal humano debe cuidarse para conservar su integridad, a menos que quiera parecer un idiota. Pero toda causa tiene sus contornos. Hay causas de muerte y, las más de las veces, hay que evitarlas. Y hay causas que desacomodan al yo, interrogan la subjetividad y ponen en duda la realidad de los fantasmas.
Ambas causas campean hoy por el mundo y se simbolizan en el Covid - 19. Ante esta amenaza, el proceder es cuidarse, ni más ni menos, pero, también, llevar a cabo las transformaciones del ser interior, de modo que sea posible triunfar sobre el miedo paralizador. No hay que olvidar que el miedo, en cuanto sentimiento irreflexivo, pude ser más nefasto que la propia amenaza que lo provoca.
En ese sentido, debe considerarse que el Covid – 19 es una amenaza real que viene del mundo exterior, un mundo que ya no será el mismo mundo conocido y en el que, de una u otra forma, vivíamos los sujetos con nuestras rutinas y nuestras creencias. Ahora se trata de un mundo diferente en todas las esferas (la economía, la política, el tejido social y la educación, entre otras) y que, por ello mismo, se constituye en un mundo que, desde ya, le exige al sujeto que lo habita unas transformaciones necesarias, dirigidas a impedir la aniquilación de su deseo de ser en todas las dimensiones de la existencia.
Sin embargo, dichas transformaciones no son posibles si no son el resultado de la reflexión que antecede a la acción. Esto es, el uso de la razón para examinar y comprender la causa del miedo, la amenaza y sus contornos, y el despliegue, en consecuencia, de la acción dirigida a neutralizarla y superarla. Se trata de sobrevivir mientras se espantan los fantasmas interiores. En ese caso, sin duda, la reflexión y la acción ofrece mayores probabilidades para conservarnos vivos.
Ahora bien, debe considerarse lo siguiente: ¿qué poderes sonríen hoy detrás de la peste y que ya se subieron a la cresta de la ola de la peste para afianzarse como poderes absolutos? Debe recordarse que, desde la invasión europea de 1492, no hemos dejado de sentir miedo. Los poderes sucedáneos han aprovechado nuestro humano miedo para imponerse, puesto que el miedo tiene la facultad de demolernos y arrodillarnos.
Se sabe que todo poder autoritario recurre al miedo para someter y Colombia da cuenta de ello en su historia reciente. El poder omnímodo señala a una etnia, a un demonio, a una enfermedad, a un modo de pensar, como el enemigo a quien hay que temer, y el miedo cunde como la peste. Y los humanos, dueños de sus propios fantasmas, buscan la seguridad, la defensa y la tranquilidad, de modo que le conceden al poder más poder, renunciando a su libertad, dimensión que, quizá, nos caracterice como humanos. El poder se alimenta del miedo de los pueblos, dirían los pensadores del Renacimiento.
Hoy el porvenir aparece envuelto en una nube de incertidumbre y confusión. Y no es para menos, pues están dadas todas las condiciones para que se operen cambios abruptos en los destinos del planeta. Alrededor del planeta, extensas masas humanas, aguardan entre el miedo y la esperanza. Las verdades se desploman, son evidentes las perversiones de los sistemas económicos y se desenmascaran los valores utilitarios de algunas ideologías dominantes. Tal inestabilidad provoca el miedo que termina en desesperación.
En mitad del marasmo, aparecen “salvadores” de distinta calaña, entre los que se destaca el fascismo, que no ha abandonado su risita taimada desde la Segunda Guerra Mundial y que se agazapa hoy en los intestinos del neoliberalismo. Pero también se abre paso la posibilidad de fortalecer aquellos valores que, en todos los órdenes del quehacer humano, se constituyen en los cimientos y los ideales de comunidades más equitativas, más justas, más democráticas, más humanas.
Y por supuesto, en ese panorama de confusión, el papel del sujeto es determinante, toda vez que, para la construcción de una sociedad donde sea posible la vida en toda su complejidad, se requiere un sujeto de reflexión y de acción, firme, empoderado de su propia existencia. Lo demás, es alimento para el caldo de cultivo del fascismo.
Cada quien es dueño de su miedo. Cierto. Pero cada quien es dueño también de su voluntad de transformación.

octubre 16, 2019

HERRAMIENTAS PARA UN MODELO


Guía para interactuar en la modalidad de educación a distancia de la Universidad del Tolima

Conocerse y repensarse es parte de la cotidianidad de una institución educativa y esa es la dinámica de trabajo del Instituto de Educación a Distancia. Con 36 años de experiencia como Unidad Académica encargada de potenciar el modelo de formación superior, a través de la educación a distancia, pero con un cordón umbilical que data de finales de los 70, es un proyecto que hace parte de la gran memoria de educación del departamento del Tolima y de muchos otros lugares de la inmensa geografía colombiana.

El modelo exitoso de formación del IDEAD de la  Universidad del Tolima, tiene en sus particularidades unas fortalezas que han sido reconocidas por todos los actores, que, durante estos años, han contribuido a robustecerlo. El IDEAD aprehende constantemente, es una organización de inteligencia colectiva, que no solo promulga principios y valores para sus estudiantes, sino que su equipo administrativo y sus docentes se movilizan dentro de ellos.

La presente publicación, es un compendio de esas formas de estar y habitar el modelo pedagógico del IDEAD, escrito a múltiples manos y bajo variadas experiencias. Los temas acá presentados, condensan muchos años de reflexión y transformación continua y se presentan como una bitácora que busca ayudar a navegar por el mundo del IDEAD, a los nuevos integrantes (estudiantes y docentes).

Fiel a su principio de autoformación, el Instituto de Educación a Distancia, seguirá articulando el saber, el conocimiento y los contextos y en esa continua disposición articulada, encontrará nuevos saberes que le impriman la dinámica del cambio constante. El presente módulo, da cuenta de las reflexiones y líneas de trabajo propuestas en este momento, pero están sujetas a la retroalimentación continua.
Carlos Arturo Gamboa B.

febrero 11, 2019

Abierta la convocatoria para participar en la Revista Ústelee, hojas para reciclar. No .6

Introducción
La Revista Ústelee, Hojas para reciclar, es un proyecto editorial encaminado a salvaguardar la palabra agonizante. Esa palabra  borrosa de los trabajos académicos los cuales, después de sopesados por el ojo del docente, terminan en las canecas de la basura. Muchos de esos trabajos fueron intentos por decir algo y no hay que olvidar que toda obra nace con esa misma pulsación.
Durante cinco entregas, Ústelee se ha alimentado de esos textos producidos en los cursos del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes; así como del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana del Instituto de Educación a Distancia, con algunas participaciones externas a la Universidad del Tolima. Poco a poco se ha ampliado el rango de participación, con aportes de diversos Centros de Atención Tutorial del IDEAD y de otras Facultades y Programas de la UT. Esperamos que esta lógica siga creciendo.
Convocatoria
Hoy empezamos la construcción de la sexta entrega. Los textos e imágenes pueden ser remitidos al siguiente correo: cgamboa@ut.edu.co. El plazo dado para el envío de trabajos es hasta el 15 de abril de 2019. Para revisar cada una de la sesiones y sus respectivos tipos de textos, dejamos los links en donde encontrarán los cinco número anteriores. Contamos con su participación porque estamos convencidos de que Ústelee…

septiembre 01, 2017

EL PROFESORADO Y LA DEMOCRACIA UNIVERSITARIA


NOTA:
El siguiente texto corresponde a la introducción del documento titulado “El profesorado y la democracia universitaria”, el cual ha sido elaborado por un grupo de profesores activos y retirados, así como algunos egresados de la Universidad del Tolima, quienes a través de un juicioso ejercicio argumentativo, plasman sus ideas acerca de cómo debe ser concebido el concepto “Democracia” en el contexto de una comunidad académica, como es el caso de las Instituciones Públicas de Educación Superior.
Por la importancia de estas reflexiones, en el momento que vive la Universidad del Tolima, publico esta introducción como una provocación a la lectura completa del documento que se encuentra en la red y dejo un link para su fácil ubicación.
Introducción
Durante un prolongado periodo la Universidad del Tolima ha tenido una orientación en su dirección que produce condiciones de calidad y eficiencia académicas y administrativas claramente inferiores a sus posibilidades. El nocivo estilo de gobierno institucional que imperó, y el despilfarro de los escasos recursos, llegaron en años recientes a extremos que produjeron una aguda crisis financiera. De esa final situación es inevitable responsabilizar en primer término al rector de turno y al equipo directivo que lo acompañó en su administración. Por otra parte, no puede exonerarse de culpa a los gobiernos nacional y departamental cuyos representantes en el CSU actuaron en forma negligente y connivente respecto del errado manejo que se dio a la institución.
Sin embargo, hay que insistir en que el rumbo equivocado se fue consolidando desde largo tiempo atrás, con el asentimiento –activo o pasivo– de la mayoría o gran parte de los universitarios, y tampoco puede olvidarse que el rector obtuvo la más alta favorabilidad del profesorado en las consultas que se hicieron en desarrollo de los trámites conducentes a su designación y a su reelección. Y debe resaltarse, además, que durante el largo periodo que ejerció el cargo, un importante sector del cuerpo docente le brindó respaldo a su estilo de gestión, no obstante que ASPU y otros profesores, temprana y repetidamente formularon críticas y alertaron sobre los riesgos de los yerros y las desviaciones en que irresponsablemente se estaba incurriendo; al respecto es necesario seguir haciendo una serena pero aguda y profunda reflexión autocrítica.
Adicionalmente, hay que anotar, que la negativa situación comentada es propiciada por un estado de cosas al que en formas y grados variables han estado expuestas las IES públicas, el cual ha tenido máxima incidencia en la Universidad del Tolima.
El presente texto es un ensayo informal, que centra su atención en las condiciones que predisponen a situaciones como las que ha padecido la Universidad del Tolima y explora ideas acerca de la forma en que el profesorado podría contribuir, en el ejercicio de una democracia deliberativa, para impedir que se produzcan esos extravíos en la marcha institucional. En su mayor parte este escrito consiste en una colección hilvanada de citas pertinentes de publicaciones de estudiosos de los temas tratados. Aunque algunos de esos autores tienen gran renombre en el mundo académico, sus posiciones se proponen para la discusión, pues son susceptibles de controversia y de cuestionamientos desde puntos de vista alternativos.
“La discusión en la academia, por lo menos la discusión que trasciende, que hace historia en la academia, es casi siempre una discusión por escrito” (Mockus, 1987a, p.63). Esta idea2 y la intención de hacer un aporte preliminar al desarrollo de un análisis crítico y una discusión razonada al respecto, han animado este ejercicio de escritura. Aunque los textos consultados son relativamente numerosos, es pertinente destacar tres: el primero es una publicación de la Universidad Nacional, resultado de un estudio sobre gobierno y gobernabilidad en las universidades públicas, realizado por el profesor Víctor Manuel Gómez; este trabajo tiene la importante característica de haber sido realizado por un profesor de la más importante universidad pública de Colombia, por lo que sus agudas anotaciones tienen un plausible sentido autocrítico. El segundo se titula “Ética aplicada y democracia radical”, escrito por la conocida filósofa española Adela Cortina, profesora de ética y filosofía política de la Universidad de Valencia, y autora de una larga lista de publicaciones. El tercero es un interesante artículo (transcripción de una conferencia) de Antanas Mockus sobre la misión de la universidad.

Continuar leyendo el documento acá.

agosto 08, 2017

El arte del desgenero

Por: Luis Fernando Abello
Lic. Lengua Castellana IDEAD-UT.
Publicado en el Suplemento Facetas de El Nuevo Día

Julio Cortázar, en su polémico libro Rayuela, instaura una advertencia sin la cual no podemos pasar desapercibidos en su lectura:

“A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El primero se deja leer en la forma corriente, y termina en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin… El segundo se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo. En caso de confusión u olvido, bastará consultar la lista siguiente.”

Así mismo, nos da un “orden” de manera cronológicamente virtuosa y desentendida para continuar con dicha lectura del escritor argentino. De esta misma manera, el escritor ibaguereño Carlos Arturo Gamboa, nos advierte, de manera distinta y diversa a la de Cortázar, que su libro no tiene un género definido, o así lo hace parecer su lectura, y directamente en su nombramiento cuando de él se lee “Un juego desgenerado”.
Adentrarnos a él, significa que estamos expuestos a una “tomadera del pelo” en toda su sincronía musical y lírica, puesto que hacemos una interacción con un lector no desprevenido, sino lleno de simbolismo que Gamboa, al igual que Dédalo, generan una aparente confusión, pero que nuestra risa puede ser una simulación acordada con el autor para interpretar los textos que de allí subyacen.

El juego de palabras que Gamboa nos suscita en la intervención literaria, no deja de pensarse como una sátira en gran magnitud de todo su libro, cuando menciona que “los ángeles conspiraron… / Y todos vagarán por la eternidad”. De aquí se desprende el primer poema del libro, y nos hace partícipes de los cuestionamientos diversos y sátiros que continuarán en dicha lectura. Paralelamente podemos decir, que el libro se revela como Lucifer en la revelación de los ángeles, o en John Milton, cuando menciona, siendo vocero de lucifer “Es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”.

 

Y es la angustia que se pregunta Carlos Gamboa por la modernización que ha dejado de sacralizar la tierra y el propio cosmos y su escenografía literaria, que se anuncia en los escritos de “La ira del hombre”.

 

Dicho sacrificio de lo sagrado por lo tecnológico, lo podemos, también ver, en el poema de William Ospina, llamado “Canción de los dos mundos”, donde los autores tolimenses, hacen alusión a la importancia del sur como epicentro de los acontecimientos histórico como urgentes y necesarios para el sostenimiento de la sensibilidad humana.

 

Pero si por un lado el autor nos somete a esa angustia kierkeggiana, por el otro acude a tomar lo local como universal, en su segunda parte llamada “Barrio Paraíso”.  En esta parte, ya el hombre debe haberse despojado de lo apolíneo en lo cual hace parte del primer capítulo y convocar a las solemnidades de lo dionisiaco y su fiesta desgenerada.

 

Como hemos mencionado con anterioridad, el libro toma rumbo aparte para clasificarse en un género literario, puesto que si está dividido por secciones, se lee como una totalidad de sus desesperanzas, parecido a una novela en su lectura lineal, pero también encontramos la inclusión del género literario como el minicuento, en la medida en que se construye con ironía y sátira, un humor fino para deleitarse sobre su simbolismo.

 

El texto no busca definirse entre lo prosaico o versátil, sino en jugar con esos escombros de vivencia y palabras; desde esa mirada, no podemos dejar de pensar en otro Borges, cuando escribe el “verdadero” autor del Quijote, Pierre Menard, de la misma manera, Gamboa resignifica los simbolismos de ese vecindario, puesto que Noé es un bohemio, verbo carne, se convierte en vegetariano, Dios mismo, creador de las leyes, es licitador de organismos de control como la policía, o es una “administrador” que derriba casas con relámpagos. Se puede decir que ubica en el centro a un Dios más humano, que tiene erecciones a través de los matorrales, ya que es un “Voyerista de tiempo completo”. 

 

Es así que la intención nitzscheana se convierte en palabra con Artefacto Ludens, puesto que está en otro plano escritural, donde se debe jugar con la seriedad con que jugaba el niño, nuestro niño.

 

Finalmente, la comunidad de este libro, del Barrio, tiene un tinte bíblico-urbano en todo su contexto, mira definitivamente a la escenografía del sur, y crea nuevos símbolos creados de realidades amplias para la memoria, que se hace difícil olvidar con una simple lectura, y una pérdida de memoria.

 

El juego no solamente está en la lectura, sino en apropiar la palabra como un juego sin ubicación concreta, pero sincera de toda la amalgama de insinuaciones literarias que surgen al cobrar nuevamente una lectura instaurada en el placer de una palabra que huye de la seriedad. 


enero 17, 2017

Salir de las aulas, leer el territorio e intervenir los problemas


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Director Grupo Argonautas
Apartes del Prólogo al libro: 
Memorias Proyecto Aula Viva: Naturaleza, saber y aulas.

Vendrá quizás un tiempo en que los hombres,
Al contemplar sus manos,
Descubran que no todo está perdido.
José Manuel Díez


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El Instituto de Educación a Distancia (IDEAD) de la Universidad del Tolima, tiene una ya extensa tradición como universidad formadora de sujetos, cuya relación con el contexto es fundamental en la construcción del diálogo de saberes, requeridos para que el modelo de la autonomía para la autoformación sea un concepto viable. Hacer presencia en múltiples espacios es una fortaleza para los programas de pregrado y posgrado que oferta e IDEAD, porque esa relación currículo Vs. contexto se retroalimenta desde las preguntas que el entorno genera y las respuestas que sobre los problemas le pueden ofrecer la realidad educativa, cuestionada por la cotidianidad.
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El programa de investigación formativa ha sido inherente al modelo pedagógico del IDEAD, un valor agregado cognitivo, suelen afirmar los pares visitantes cuando se enteran de la trayectoria del sistema. Pensada como una estrategia pedagógica le permite a la comunidad (estudiantes, sector externo y docentes) establecer diálogos y aprovechar los saberes culturales (tradición) y los saberes oficiales (academia) para proyectar soluciones a los múltiples problemas del laboratorio de la realidad.
☼☼☼
Los imperativos, globales y nacionales, condicionan la investigación de las universidades públicas a dar respuestas a los postulados de la innovación, la ciencia y la tecnología, descartando u otorgándole un ínfimo valor a los esfuerzos por solucionar problemas en contexto. Por tal razón, los grupos de investigación, los semilleros y los colectivos investigadores en general, han emprendido una carrera de ránquines, de mediciones y estandarizaciones, es decir se jugaron (o fueron seducidos u obligados) por el mundo discursivo de las competencias. En esa loca carrera por alcanzar reconocimientos, indexaciones y demás artilugios del momento imperante, la sociedad queda al margen de los intereses universitarios y los estudiosos vivimos atrapados en los muros de la fantasía académica, sin ver que fuera de los muros existe un mundo que podríamos ayudar a transformar.
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Para la investigación formativa, entonces, es casi una necesidad salir de las aulas, leer el territorio e intervenir los problemas. Y ese salir no solo es físico, es ante todo mental, es la construcción de una nueva actitud de dialogar con el vulgo, alejados de los dramas grotescos que la Ilustración engendró en los dogmas educativos. Es volcarse a la realidad y hacerse sensible ante las problemáticas cotidianas, para ayudar a pensar las salidas. No es avanzar como profetas, repletos de verdades, es más bien erigirse explorador y caminar junto a los sujetos, las comunidades y las instituciones que padecen las vicisitudes; es ayudar a construir sueños comunes para transformar las pequeñas cosas.
☼☼☼☼☼
A pesar de los negros panoramas que se ciernen sobre la educación, sobre todo la pública, debemos seguir intentándolo, ese es el oficio del verdadero pedagogo, porque como lo anuncia el poeta Manuel Díez, al iniciar este texto:
Vendrá quizás un tiempo en que los hombres,
Al contemplar sus manos,
Descubran que no todo está perdido.

septiembre 16, 2013

LAS TIC, EL ACETAMINOFÉN DE LA PEDAGOGÍA



Por: Carlos Arturo Gamboa B.

El que no quiera responsabilizarse

 del mundo que no eduque


Joan-Carles Mèlich.


Cada cierto tiempo aparecen las fórmulas mágicas que habrán de salvar la educación. La tiza y el tablero, la transmisión bancaria, el estímulo-respuesta, la tecnología educativa, el cognitivismo, etc. Hoy la moda son las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). No hay discurso pedagógico actual, que se considere de vanguardia, que no siente en el trono de la teoría a la sigla salvadora. A mi parecer sus beneficios y su trascendencia se han sobredimensionado.


Si bien las herramientas han aportado a la expansión de los sentidos no todas ellas han ayudado a humanizar el ser humano. Conocemos el fin inicial del “machete” en la tradición de los arrieros y fundadores, con él abrimos caminos, pero con él también abrimos gargantas y construimos ese aberrante referente universal del corte franela. La herramienta entonces no es el problema, el problema es su uso. Esa es la cuestión frente a las TIC, ellas construyen mundo, pero no lo reemplazan; ellas son dispositivos creados por el ser humano, pero no pueden reemplazar lo humano como algunos teóricos y muchos despreciadores de la teoría nos quieren hacer creer.


El primer inconveniente de las TIC es que se erigen como la nueva hegemonía pedagógica, dejando en sus bordes todo aquello que la educación propicia como la interacción humana, el contexto real, la confrontación del mundo; en otras palabras “el mundo de la vida” se reduce al “mundo de la virtualidad”, escenario en donde el aprendizaje emula al sistema y la emoción (sentir) se reduce a la simulación de un avatar que aprende en una sola dirección. En la pedagogía dialéctica al conocimiento se accede mediante una búsqueda compartida entre maestro-estudiante, en la pedagogía mediada por TIC esta relación decae y con ella se sacrifica la potencia de la pregunta, principio fundante de todo aprendizaje. ¿Cómo puede una herramienta virtual potenciar la pregunta si lo que busca es que el sujeto pasivo, sentado al otro lado de la pantalla, solo responda? La confusión en está en creer que la simulación es la realidad.


Pero más allá de estos debates epistémicos que deben ser profundizados, el segundo y gran inconveniente radica en que los formadores actuales han asimilado una serie de teorías a priori, a las cuales dotan de una categoría de verdad, las cuales tratan de llevar a la práctica sin sopesar el otro lado de la moneda: la praxis. Es por eso que en cualquier evento, que se haga llamar académico, aparecen múltiples disertaciones sobre las bondades de las TIC en los distintos procesos formativos sin importar la disciplina, como si ellas de la noche a la mañana fuesen portadoras de un espíritu de totalidad pedagógica, en una especie neo-piedra filosofal. La mayoría de esos discursos se mueven en dirección de la moda, pero desconocen los trasfondos de esta apuesta pedagógica, y se hace sospechoso que todos concluyen a favor de la TIC sin importar si se trata de enseñanza en una metrópoli o en una vereda con vestigios medievales.


Por tal motivo, no es suficiente con enunciar las supuestas fortalezas de las TIC en los procesos pedagógicos, sino que se debe reclamar la re-contextualización del discurso y la crítica respectiva a que ello conlleva; de lo contrario quedaremos como los médicos de la EPS, recetando el mismo medicamento sin importar la enfermedad y las TIC serán entonces, como vienen ocurriendo hoy en día, el acetaminofén de la pedagogía.

enero 15, 2013

LA DIGNIDAD DE CUBA EN LA MEMORIA LATINOAMÉRICANA


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Cada vez me sorprendo más ante la capacidad de olvido que tenemos los latinoamericanos. Quizás nuestra obra cumbre debería llamarse Cien años de  indiferencia y soledad, porque la historia en estos territorios empieza cada día, dejando al garete nuestro pasado. Esto me viene a la cabeza mientras termino leer el libro Cien horas con Fidel, un documento histórico como pocos que dan cuenta de muchos sucesos trascendentales para Latinoamérica, los cuales están recreados desde el verbo de uno los líderes más connotados del siglo XX, Fidel Castro, y que además cuenta con la sagacidad de un entrevistador como Ignacio Ramonet. En las más de 800 páginas se puede asistir a un recorrido de la memoria de un pueblo, que a pesar de las afujías, es quizás el único que en estos lares se puede dar el lujo de haber alcanzado la verdadera independencia, claro, con los riesgos que ello acarrea.
Mi objetivo en estas líneas no es defender a Fidel Castro a quien la historia ya absolvió, sino más bien comparar un poco los hechos históricos de Cuba con lo que sucede en el resto del continente. Al desentrañar la historia de Cuba, sus luchas, los bloqueos, sus alcances y sus equivocaciones, uno siempre obtendrá un balance a favor de la revolución, eso si abandonando las fuentes mediáticas que siempre han dicho lo contrario sin sólidos argumentos. Cuba sigue siendo el país con mayor dignidad en Latinoamérica, sus índices de educación, salud y bienestar social lo confirman. Aquellos quienes predican los mandamientos del capitalismo y el consumo no leerán más, para ellos es imposible bienestar sin grandes supermercados, autos lujosos y derroche de dinero.  El problema está ahí, en que hace rato confundimos el significado de la palabra libertad. Llamamos libertad a nuestra esclavitud disfrazada, por algo de Colombia se suele decir que es el país con la democracia más antigua y uno de los más felices, con esa falacia soportamos la injusticia, la miseria, la violencia y la inequidad reinante desde tiempos inmemoriales.
Cuba significa para mi la dignidad en un siglo de arrodillados. Un país bloqueado por la mayor potencia económica, sin la ayuda “condicionada” de la antigua Rusia y sometida a una de las más grandes expediciones mediática de desprestigio, sigue siendo hoy, entrado el siglo XXI, un ejemplo de que es posible construir otra forma de «estar» en el mundo. La historia de Cuba no se puede archivar en los anaqueles del olvido, debe ser relatada, debe redificarse como suceso trascendental, para valorarla con sus grandes aciertos y sus equivocaciones, debe ser narración que construya futuro. Esto es más vital hoy cuando en el continente se gestan intentos y realidades de cambio, como en Bolivia, Venezuela y Ecuador, y con menor gado en Brasil y Argentina. Esos sucesos deben servir de aprendizaje, pero lamentablemente no recurrimos a ellos, porque de alguna manera el discurso dominante nos ha impedido verlos decantados. En ninguna escuela, al menos en las colombianas, se estudia la revolución cubana como paradigma, sino apenas como simple dato deformado por el currículo dominante, es decir, el currículo del capitalismo.
Coincide esta lectura con los sucesos en Venezuela, cuyo debate sospechosamente ha sido bastión de los medios dominantes, y es que la estrategia mediática sigue vigente, descalificar cualquier proceso que atente contra el modelo de capitalismo y consumo; porque atacar ese sistema es atacar los dueños del poder y el poder también es el dueño de los grandes medios. Por eso cuando alguien tiene el carácter de enunciar, como lo hizo William Ospina (2013), que: “Venezuela es el único país de América Latina en donde los pobres están contentos y los ricos están molestos. Eso debería significar algo”, muchos se escandalizan y desatan sus sogas buscando a quién ahorcar, pero otros valoramos ese papel de intelectual; porque sólo develando las grandes falacias, podremos recuperar fragmentos del pasado. La Venezuela de hoy no es la Cuba de los años 60, pero es un proyecto que intenta dignificar lo humano, por eso entra en el umbral de las sospechas, como Bolivia y Ecuador; y como no será vista Colombia, en donde aún sometemos nuestra dignidad a las disposiciones del mercado encabezado por EEUU.
En Cien horas con Fidel, se recrean los hechos históricos de más de medio siglo de un proyecto de emancipación que aún está inconcluso, pero que sirve de espejo retrovisor a esa idea de libertad que aún hierve en nuestras venas latinoamericanas. Hoy cuando el mundo pierde su cauce, el imperio se tambalea, los recursos que sostuvieron el capitalismo se agotan y en muchos rincones del planeta la muchedumbre se pregunta ¿y ahora qué?, volver los ojos sobre la historia de Cuba es ampliar el panorama de posibilidades, es rescatar la dignidad humana que hace rato fue subastada en el mercado de las ignominias. Ahora es cuando menos debemos resignarnos, ahora es cuando debemos hacer nuestras esas palabras de Fidel (2006) “…los que no luchan, los que no combaten, ésos están perdidos de antemano, y en nosotros nunca encontrarán ese tipo de gente” (p, 497), invaluable lección para la memoria y la sed de cambios que requiere Latinoamérica.