Por: Carlos Arturo Gamboa
Babadilla
Docente Universidad del Tolima
Varias personas me
escribieron el martes 13 (aclaro que no soy supersticioso) para contarme que en
las redes andaba rodando una “noticia” sobre unas “denuncias” por manejos
inadecuados en mis funciones públicas cuando fui director del IDEAD. El titular
y el texto elaborado con inteligencia artificial se titulaba: ESCÁNDALO EN LA
UNIVERSIDAD DEL TOLIMA! DE LA POESÍA A LOS CONTRATOS MILLONARIOS.
El texto empezó a
compartirse por Facebook con el morbo recurrente que a menudo acompaña este
tipo de escrituras destinadas a conseguir un like a costa de desprestigiar
alguna figura pública con algo de reconocimiento social en lo local. Lo leí
aprisa, pues andaba en ocupaciones cotidianas, y al pasar el día, y viendo que
recibía mensajes de solidaridad e incluso de rabia, decidí leerlo con mayor
detenimiento, intentando encontrar el “mensaje oculto” de quien hizo el prompt
para darle instrucciones a la IA. Luego de pensarlo un poco, decidí gastar un
tiempo de mi agenda en escribir este texto que haré circular por varios
espacios, con el fin de generar algún tipo de reflexión (si eso aún es posible
en estos tiempos de redes atafagadas de falsedades) y, sobre todo, con el ánimo
pedagógico que nunca me abandona. Para ello usaré fragmentos del texto en
cuestión.
La falsa denuncia
(para ir poniéndole una categoría de entrada) se publica en un espacio digital
que se hace llamar “Entre dientes noticias”, lo que, por el contenido de la
publicación, debo reconocer que posee un nombre adecuado, ya que, siguiendo el
diccionario de la Real Academia Española, viene significando algo así como:
"Articular
palabras de modo poco perceptible" (hablar en voz muy baja, murmurar o
farfullar).
Solo alguien que
sabe que no le asiste la verdad se atreve a hablar entre dientes y disfrazar
dichas enunciaciones como ejercicio periodístico. Y es que las personas que se
esconden tras esta página han llevado el oficio de mentir a un nivel Pro-Max;
quizás por eso escriben sin nombre, solo arropados con una etiqueta que los
disfraza de “un medio de comunicación”. Ahora bien, hay que decir que existen muchos
medios locales dedicados a este oficio de la difamación y poco le presto
atención a sus estrategias; si Martín-Barbero viviera, quizás estaría pensando
en publicar un nuevo libro titulado “De los medios a las difamaciones”.
Pero es que el
oficio de desinformar ahora tiene más réditos que el periodismo de verdad. De
entrada, le usurpan el lugar al periodismo; no pretenden la verdad; es más, les
vale hongo la veracidad; buscan likes a cambio de interacciones, lo cual se
logra con titulares estrambóticos y mentiras que ya no buscan ocultar el
amarillismo; el amarillismo ahora es su reino. Decir “DE LA POESÍA A LOS CONTRATOS
MILLONARIOS” vende de entrada, así nunca se muestre una mínima evidencia de
dichos contratos, mucho menos de la poesía, porque la IA es más prosaica que
quien le ordena escribir este tipo de textos. Y se debe poner así en mayúscula;
es la norma del marketing que atrae deditos en señal de like.
Luego se balbucea la
información de la siguiente manera:
Lo
que comenzó como una trayectoria ligada a la poesía y la academia hoy está en
el centro de un debate que promete levantar ampolla en el Tolima.
Si esto no se
escribiera con IA, sino que fuera parte de un debate oral, lo único que
alcanzaría a levantar sería una ampolla, pero en la boca de quien pronunciase
semejante enunciado, como si estuviese hablando del Odebrecht del Tolima. Aquí
otro síntoma de este ejercicio banal de seudo-periodismo, agrandar la
enunciación, usar la hipérbole desinformativa, generar expectativa entre el
público que pasa por las redes buscando cadáveres noticiosos para alimentarse.
La fórmula se debe
repetir, un párrafo corto y otro titular en mayúscula, para que el lector no
alcance a procesar nada, solo que vaya emocionándose como si estuviese ante un
gran hallazgo, porque muchos conocerán el personaje en cuestión y quieren hacer
parte de la muchedumbre que atice la hoguera en la cual será quemado, sin
saberse por qué. No se debe dar espacio para argumentar porque la argumentación
requiere de algo ajeno a estos nuevos arquitectos de la mentira: indagar,
profundizar, confrontar fuentes, comparar datos, hacer pesquisas documentales,
coleccionar testimonios; en fin, requiere hacer periodismo. Al revisar en su
totalidad este tipo de textos, se puede concluir fácilmente que tiene más rigor
un chismorreo de esquina. Estos entornos comunicativos se mueven por esa lógica
popular del viejo cuento en el cual una vecina se acerca a otra en la tienda y
le grita, para que todos se enteren:
¡Doña
Matilde, vengo a decirle que usted es una infame, aunque no tenga cómo
demostrárselo!
Pero no son ingenuos
quienes viven de engatusar con estos ejercicios; saben que deben blindarse ante
demandas por calumnias o injurias, para lo cual hábilmente usan expresiones
como “presuntas”, y lanzan este tipo de perlas de quien tira la piedra y
esconde la mano:
¡Ojo!
Estas cifras corresponden a procesos identificados y no significan, por sí
solas, que todos hayan sido adjudicados o ejecutados, ni que exista una
irregularidad demostrada.
Si el lector es
juicioso y no prejuicioso, en este momento se enterará de que está frente a un
artificio del engaño, que por allí nada de periodismo ronda. Lamentablemente,
pocos leen esos apartes; se van de titular en titular, esperando llegar al
reino donde habitan el escándalo y la acusación sin fundamento. A ese tipo de
artimañas le llaman con ínfulas epistémicas “cuestionamientos periodísticos”,
una rimbombante forma de decir chismes.
Lo que hasta acá he
ido mostrando para demostrar, es que este tipo de artimañas han construido una
macroestructura idónea, que atrae morbo-lectores y desinformadores. ¿Quién o
quiénes estarán detrás de esta “jugadita” que busca enlodar a una persona y una
institución? Siempre que haya quien pague por matar, habrá sicarios, y
viceversa. La mayoría de estas páginas se disfrazan de medios de comunicación,
pero detrás solo existen emprendimientos que saben que en la actualidad la
desinformación es el negocio. No sé si este sea el caso de los murmuradores de
entre dientes, pero si suena como pato y camina como pato…
Ahora falta el
ingrediente final, relacionar el personaje con una situación amorosa, porque
las novelas turcas y la Virgen de Guadalupe demostraron que eso atrae mentes
livianas, y tras ellas vienen los likes que monetizan y la viralización
necesaria para que el negocio crezca (creo que en ese sentido con esa nota
difamatoria les está yendo bien). De ahí que la imagen final de este texto sea
una foto alterada en la cual, sin el mínimo asomo de ética, ni que decir
vergüenza, se acusa, juzga y condena a la pareja del personaje (en este caso,
mi esposa). Y final, final, no da más. Ahí tiene el chisme viral del día, sin
que acá exista el mínimo juego creativo que proporciona el humor, la ironía del
meme o la parodia. Acá todo es banalidad y mentiras, terreno infértil para el
periodismo.
Ya quisiera uno que
el oficio de estas plataformas mediáticas se encargara de vigilar los recursos
públicos, investigar a fondo las actuaciones de los funcionarios, de ahondar en
las fuentes y verificar que las instituciones del Estado cumplan su misión… Pero
no, se trata de vender información, o alquilar el espacio para vendettas o difamaciones
enmascaradas, porque siempre aparecerá una oferta atractiva. Por eso los medios
de este tipo terminan sirviendo de caja de resonancia a pobres entramados
politiqueros, que los alimentan y los fagocitan.
Podría continuar
develando con datos, informaciones y cifras verídicas que casi todo lo puesto
en esa falsa nota periodística es mentira; y digo casi todo, porque es verdad
que me llamo Carlos Arturo Gamboa, que fui director del IDEAD, que fui
ordenador del gasto y que ejecuté recursos. Es decir, que tuve un cargo público
al que fui designado por consulta de la comunidad, que el proyecto que lideré,
junto con muchas personas que construyen la educación pública del Tolima y el
país, tuvo gestiones dignas de ser mostradas, y que los entes de control y los
sistemas de verificación que poseen las instituciones han evidenciado resultados
totalmente distintos a los que me pretenden indilgar un portal desinformador y
una acuciosa IA. En el fondo no se trata solo de atacarme con injurias, se
trata de poner en entredicho el proyecto educativo del Instituto de Educación a
Distancia de la Universidad del Tolima, de lo cual en otro momento pondré
cartas sobre la mesa para que la ciudadanía vaya sabiendo lo que se oculta
detrás de este ataque.
Posdata 1: La imagen
que acompaña el difamador texto y cuya única relación con el falso contenido es
acusar a mi esposa de ser mi esposa, será tratada por ella con las normas
jurídicas que la protegen. Ella, siendo comunicadora social-periodista de la
Universidad del Tolima, conoce bien cuáles fueron los límites acá desbordados.
En la defensa de su buen nombre la acompañaré, ya no con propósitos pedagógicos.
Posdata 2: Al final
del día otro portal, cuya estructura es casi idéntica a la que describí,
replica la falsa noticia, solo que “ellos” quienes ya han sido demandados por
falsedad y uso indebido de imágenes, se “cuidan” de hacerlo. En esencia es lo
mismo, señalamientos sin fundamentos, tan graves como el siguiente: “Se
trata de exigirle a Carlos Arturo Gamboa que revele sus contratos y sus nexos
mafiosos”, es decir, el tribunal de la inquisición seudo-informativa de Cambio-in
ya me ha condenado a la hoguera de los improperios de la red, sin una prueba,
solo por intento de sospecha. ¿Lo de in será de in-nocuos? Creo que el largo y
repetitivo texto lleno de preguntas retóricas pudo ser uno de los tantos
derechos de petición que respondí en mi época de director del IDEAD. ¿Por qué
hacerlas hoy con más de tres años de desfase? ¿Quiénes estarán detrás de esto?
Piensa mal y acertarás…!!! Ya iremos develando las intenciones.
Posdata 3: Si usted,
lector, llegó hasta estas líneas finales, le felicito; ahora usted puede
sentirse más informado y asumir un juicio más cercano a la realidad de lo
comentado.
Posdata 4: Agradezco
las voces de aliento ante la infamia, ya sabemos en qué país habitamos y de qué
son capaces algunos mercenarios digitales con tal de silenciar una voz crítica.
Si les parece adecuado replicar el texto, así como se viralizó la falsa
noticia, bienvenida la solidaridad y el debate con rostro y argumentos.

