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enero 17, 2021

MATRÍCULA CERO 2021: PANORAMA INICIAL



                                                                                        Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
                                                                                                Docente Universidad del Tolima 

La realidad

La pandemia sigue, sus efectos crecen. Lejos se dibujan los panoramas de solución para el coronavirus en el territorio colombiano, basta con revisar las medidas que se han implementado en los pocos días de este 2021, para observar que se sigue actuando casi a la ciega.

El Sistema Educativo Público ha logrado sobrevivir con mil afugias[1]. El año 2020 puso sobre el tintero nuevos retos educativos que las Instituciones (en todos sus niveles) lograron ir sorteando para garantizar el derecho a la educación. Los docentes asumieron tareas de actualización y apuestas pedagógicas con el fin de responder al reto de educar remotamente. Los estudiantes asumieron la necesidad de continuar en el nuevo modelo. Muchas instituciones ofrecieron planes de bienestar universitario que incluyeron conectividad y herramientas tecnológicas (tabletas, pc). El gobierno hizo algunas apuestas de ayudas que en algo contribuyeron, pero, como siempre fueron escasas frente a las enormes necesidades. Mientras tanto el gasto militar continuó como si nada, igual el derroche en burocracia y en lavado de imagen presidencial.

Llegado el año nuevo sólo hay silencio frente a las necesidades educativas que se aproximan. Desde el Ministerio le apostaron al retorno con alternancia, estrategia que se ha venido derrumbando frente a la dura realidad del crecimiento del número de contagiados y el precario sistema de salud que en poco se ha visto robustecido en un año de pandemia. Los hogares cada vez pierden más poder adquisitivo y la educación no forma parte de la canasta básica de los hogares, por el contrario, es un servicio suntuoso.

El panorama universitario

Ante la ausencia de una política estatal vigorosa que respalde el sistema publico educativo del país, las universidades tuvieron que zozobrar la tormenta. Muchas lograron solventar sus finanzas en una apuesta de corto plazo (semestres A y B de 2020). Realizaron descuentos en matrículas, dieron subsidios, aumentaron impactos de becas, financiaron semestres, entre otras estrategias. Pero el crecimiento de la desfinanciación del sistema que viene en constante aumento desde la expedición de la Ley 30, genera que las universidades no pueden sostener una crisis que se desplaza en el tiempo y crece de manera exponencial.

Si los indicadores de cobertura en educación superior lograron solventarse medianamente durante lo corrido de la pandemia, (desde el 2019 presentaban la mayor caída en 18 años),[2] lo que se avizora para este nuevo año es un descenso alarmante, sobre todo en el nivel de posgrados. Y esa responsabilidad no se le puede dejar solamente a las universidades, ya que ellas están en números negativo ante la ausencia de nuevos ingresos por venta de servicios y otras actividades, esto debido a que el “mercado de servicios educativos” también cayó abruptamente.

Es decir, estamos de cara una realidad contundente, o el gobierno y su Ministerio de Educación asumen la responsabilidad de financiar el sistema para mantener los estudiantes matriculados y recibir los nuevos, o las universidades tendrán que trasladar ese costo a las familias. Como lo último no es una opción, se tendrá que sacrificar la cobertura y con ello el derecho a la educación. Se acaba enero y no se ven propuestas para darle vida al primer semestre y el descontento crece al ritmo de las necesidades.

El caso de la Universidad del Tolima

Gracias al buen manejo de las finanzas internas que se ha venido dando en los últimos años, se inició el año 2020 con un mediano superávit y, a partir de allí, la Universidad del Tolima pudo crear un plan de choque que, conjuntamente con los aportes de la Gobernación y el MEN, permitió soportar inscripciones y matrícula gratuitas durante dos semestres. Esto favoreció a cerca de 20 mil estudiantes de pregrado con matrícula cero. Los más de mil estudiantes de posgrado también obtuvieron descuentos hasta del 40 %.

Es necesario aclarar que, junto al saneamiento financiero que permitió superar un déficit que arrastraba desde el 2015, también hubo austeridad del gasto durante todo el año. Además, se lograron redireccionar algunos dineros que por el nuevo método de trabajo (mediado) no podían ejecutar como gastos por servicio de restaurante, pago de algunas infraestructuras en arriendo, viáticos, salida a prácticas, participación académica nacional e internacional de docentes, entre otros rubros.

Por el otro lado, crecieron los rubros de gastos en bienestar para estudiantes, apoyos a los docentes en capacitación, adquisición de paquetes y soportes tecnológicos, becas y demás ayudas que garantizaran la matrícula cero. Un gran esfuerzo que se convirtió en ejemplo nacional. Siendo justos el gobierno departamental y el MEN concurrieron y de esa manera se pudo cumplir la labor misional de la UT.

La coyuntura del 2021

Hace varios meses el gobernador del Tolima, Ricardo Orozco, anunció que asumiría la matrícula cero hasta el año 2023 de la Universidad del Tolima y el ITFIP,[3] lo que ese titular no dejaba claro era el cómo. Luego se supo en detalle que esa propuesta cobijaría los estudiantes de estratos 1 y 2 solamente en el Tolima y hasta el momento no se sabe exactamente quiénes y cuántos serán los beneficiados. No creo que el problema actual sea de estratos, es un problema integral que necesita soluciones sistémicas, conduciendo a que la matrícula cero se convierta en política de Estado.

La apuesta política del gobernador, pareciendo loable, segmenta la Universidad del Tolima y de tajo genera un problema de inequidad, pues la UT cuenta con presencia de estudiantes en nueve departamentos del país, de los cuales ocho quedan por fuera de su propuesta. Igual el gobernador comete un error a no trabajar en conjunto con el MEN para darle la cobertura en bienestar a toda la población, lo cual genera un tinte populista en su propuesta, más allá del diseño de una solución integral y duradera. A la hora del desembolso veremos de cuánto se trata el nuevo aporte, que debe ser adicional y muy superior al que le corresponde por ley.

En ese sentido, considero que el Gobierno departamental no debe condicionar estos recursos a determinada población porque los estudiantes se matriculan en la Universidad del Tolima, no en la gobernación. En los otros departamentos los aportes han sido escasos, cuando no nulos. Recientemente el gobernador de Risaralda, en donde la UT tiene cerca de 500 estudiantes, anunció el apoyo para apenas el 10 % de ellos (48 cupos). Algunos municipios en donde hacemos presencia empiezan tímidamente a estudiar posibilidades de apoyo a los estudiantes, pero de ahí no avanzan. Se podría alegar que las apuestas en gasto público son prioridad para salud, prevención y ayudas económicas, aunque en muchos casos no se ven tampoco sus verdaderos impactos.

En ese sentido, nos encontramos ante una disyuntiva, debemos avanzar en la consolidación de la matrícula cero si queremos garantizar el derecho a la educación, pero la Universidad del Tolima ya no cuenta con los recursos propios para financiar más allá de las becas, la inscripción cero para pregrado y posgrado y los descuentos en posgrados, así como las políticas de bienestar que siguen creciendo. Si el gobierno nacional no asume la cifra restante nos encontraremos ante un panorama en el cual unos estudiantes no pagarán su matrícula y otros si, esto ocurriría en las dos modalidades; claro que el mayor impacto sería para los estudiantes del IDEAD, sobre todo para aquellos que están en las sedes por fuera del departamento del Tolima. En ese sentido, sería mejor que con los nuevos recursos prometidos por la gobernación se tramitara un descuento similar para todos y no caer en la estrategia inequitativa de unos en la cama y otros en el suelo.

No obstante, la verdadera y definitiva solución está en que, trabajando en conjunto el Gobierno Nacional y el Gobierno Departamental asuman el pago total de la matrícula cero durante el año 2021 y que la Universidad con sus esfuerzos financieros se encargue de suplir otros campos de los gastos. No se trata solamente de tener las posibilidades de ingresar a la universidad, sino que los docentes, estudiantes y personal administrativos deben contar con las herramientas, insumos y escenarios pedagógicos adecuados para desarrollar los procesos con excelencia, y para ello se necesita flujo de caja disponible.

El semestre está ad portas, los estudiantes ya reclaman justamente ayudas equitativas. Esperemos que la pandemia por fin haga entender a los gobiernos que la educación es prioritaria, más aún cuando vemos la gran fractura social y económica que se extiende angustiosamente sobre nuestros territorios.

enero 14, 2021

¿ENCERRAR O GOBERNAR?



Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Gobernar en tiempos de pandemia se está reduciendo a determinar la fecha cuándo se debe encerrar a la población, lo cual en sentido estricto no es gobernar. Vivimos escenarios que requieren de diversas medidas para asumir los retos de dirigir, administrar y controlar los destinos de un territorio, y para ser justos este no es un problema local o nacional, estamos asistiendo a una crisis de gobernanza global.

Como los Estados se encuentran deteriorados y las instituciones públicas totalmente deslegitimizadas, los ciudadanos van sin rumbo, sumidos en la sociedad de la falsa información, carentes de rutas claras y ajenos a las posibilidades de construcción colectiva. Ante esa maraña de sucesos los gobernantes de turno se limitan a copiar o imitar acciones de otros lares, sin información verídica y sometidos a la fluctuación de los hechos.

Por estos días en Colombia asistimos a ese vaivén de toma de decisiones que ante los ojos de la mayoría son la muestra del fracaso de una política real de contingencia. Aunque ha transcurrido un año el gobierno nacional, y casi todos los locales, avanzan al garete y le apuestan casi todo a endurecer las medidas de confinamiento de la población, hecho que demuestra su fracaso.

Hace un año era entendible que tocaba entrar en confinamiento, sobre todo debido a que no se tenía conocimiento exacto del virus, su comportamiento e impacto; además, se hizo evidente que la estructura de salud era incluso más precaria de lo que los críticos de la Ley 100 planteaban. Pero ha pasado un año, no se puede seguir improvisando.

No se dispusieron planes de trabajo organizado para contrarrestar los contagios en tiempos de festividades, la gente salió como si el tal virus no existiera y las normas o protocolos creados y dispuestos fueron en su gran mayoría pantomimas. En muchos lugares la toma de temperatura, el limpiado de calzado y el lavado de manos se asemejaba al oficio de culebreros. Parecía que al virus lo pudieran engañar como engañan a los electores. Nadie supervisó, de manera seria, los protocolos y sólo unos pocos los cumplieron, esos pocos no pudieron detener el crecimiento de infectados, y como suele suceder en Colombia, todos asumimos las consecuencias de los irresponsables.

¿Qué pasó con los planes de subsidio a los más necesitados? Flor de un día. La reactivación económica fue otra parodia, lo cual impidió crear un plan de sostenimiento de largo aliento, sólo remedios esporádicos como abrir una semana, para cerrar después. Este es un modelo cortoplacista muy propio de nuestras obsoletas formas de gobierno. Pensamos en el pan de hoy y no en el hambre de mañana.

Y hay un problema más grave aún, es que la ciudadanía, si eso existe, o la gente en general, no sabe a ciencia cierta a qué se enfrenta. Hablamos del virus como de un relato lejano, algunos creen que no existe, otros que se cura con menjurjes y muchos otros que existe, pero es inofensivo. Al final, cada cual se mueve dentro de esos relatos y por eso abundan los actos irresponsables poniendo en jaque al ya deleznable sistema de salud. Los médicos no sólo luchan contra el virus, también lo hacen contra la ignorancia de la gente y la precariedad del sistema.

Mientras tanto los gobiernos central y local creen que poniendo multas e inmovilizando carros el problema se puede frenar, nada más alejado de la realidad. El problema ya nos desbordó, el contagio seguirá creciendo y si las vacunas son efectivas la pandemia aún tardará un par de años en amainar, si no, como afirman algunos expertos, tendremos que convivir muchos años en este habitad.

Para tiempos difíciles, medidas creativas. Como solía decir Einstein, uno no puede esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Debemos empezar por hacer campañas pedagógicas reales y contextualizadas (en los barrios, comunas, con líderes locales, jóvenes capacitados y enganchados para tal propósito) que trabajen sobre la idea del autocuidado como valor individual y colectivo, reforzar el cumplimiento de los protocolos de tapabocas, lavado de manos y distanciamiento, que están comprobados son eficaces y evitan la dispersión más rápida del virus.

Un caso de eficiencia de tales reforzamientos culturales lo vemos con las gripas tradicionales, la gente ya sabe que debe abrigarse en invierno, reforzar la toma de vitamina C, evitar contactos directos con gente agripada y cuidarse cuando se infecte, eso ya hace parte del ADN cultural. Igual debe pasar frente al coronavirus.

Las multas son inútiles en una población que se empobrece cada día más, hay que explorar otras formas ejemplarizantes como el trabajo social para los infractores. Si alguien viola los protocolos poniendo en riesgo la vida de otros debería, por ejemplo, servir durante un tiempo en los hospitales o albergues, ser capacitado y hacer campañas de prevención, visitar las comunas para hacer publicidad de autocuidado, entender que el problema es de todos. Esto es más efectivo que acumular multas que nadie pagará o que generará mayor descontento social.

Estar encerrados durante más tiempo no cambia en nada las cosas, lo que hacemos es aplazar la solución del problema. Eso ya lo experimentamos con temas como el narcotráfico y la guerra, para darles solución los problemas se deben enfrentar en su real dimensión. Es tiempo de encerrar menos y gobernar más. Educar y trabajar colectivamente se me antojan dos elementos claves para ello.

octubre 25, 2020

POLÍTICA, VIRUS Y SIMULACIONES

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima


Colombia siempre ha sido un país de simulaciones. Hemos simulado ser el segundo país más feliz del mundo, a veces el primero. Creo que esa falacia aceptada por muchos demuestra cuánto nos gusta aparentar.

Somos la supuesta democracia más antigua del continente, cuando lo que hemos padecido son dictaduras edulcoradas que han dejado más miseria y víctimas que las dictaduras de frente que tuvieron, por ejemplo, Argentina y Chile.

También simulamos saber de música y catalogamos nuestro himno, repleto de mensajes anacrónicos, como el segundo mejor del mundo, sólo superado por la Marsellesa, que muy pocos han escuchado pero que fingen saber que es el mejor.

Y entre simulación y simulación engendramos el engaño como forma de vida. De esa manera creemos que es real lo que no es: Que las FARC eran el origen de todos los males, un engaño. Que la paz era un proyecto para entregarle el país a la izquierda, un engaño. Que los campesinos son flojos e incapaces de generar escenarios productivos, un engaño. Que los indígenas quieren todo gratis y son guerrilleros disfrazados, un engaño.

El mismo escudo nacional es la construcción simbólica de otro engaño, lleno de cóndores que se extinguen, canales que hace siglos no son nuestros y abundancia que escasea. En el país de los engaños, el mentiroso mayor es el rey y tiene un presidente, una clase política y un entramado económico bajo sus pies. Todos aman ser parte del gran engaño que favorece a unos pocos, mientras la masa, la mayoría de ella adicta a las simulaciones, creen que ese modelo de engaño de país, es válido… y claro que lo es, ese país es el que perpetúa la comodidad de nuestro engaño histórico y los actores de la treta.

Y mientras el poder con sus dobleces disfraza, engaña, y simula, los problemas afloran dejando ver la verdadera cara de la realidad. El virus letal del país no es el Coronavirus, es la ceguera heredada, anquilosada y muchas veces voluntaria de las mayorías, incluso de los mismos movimientos de oposición que innumerables veces han simulado ser propuestas serias y en miles de ocasiones han caído en la simulación.

Mientras el odio sea el síntoma que marca el derrotero para hacer política entre los que buscan-mos construir plataformas alternativas, estaremos supeditados a ser parte de la gran simulación. Se aproximan las elecciones y las falsedades saltan a la vista, parece que el proyecto no es transformar la realidad, sino ganar elecciones. La democracia se basa en la confianza en un proyecto, en unos líderes y en una masa que apoya ese plan, pero en Colombia rara vez asistimos a un escenario democrático alejado del engaño. Preferimos odiarnos que juntarnos.

El virus anda por todos lados, como los deseos de cambio, pero sólo incuba cuando encuentra el escenario que le permite desarrollarse. El virus invade el sistema, lo pone en jaque, lo lleva a cuidados intensivos, pero el sistema reacciona, ya sea de manera natural o de manera artificial por efectos de los medicamentos y, en la mayoría de los casos, sale victorioso. Eso mismo pasará si los movimientos vuelven, por enésima vez, a ser incapaces de crear alternativas de cambio, articulando un proyecto distanciado de los egos de los gamonales alternativos, que terminan imponiendo su personalidad y deseos particulares sobre la acción transformadora que requiere la realidad.

Para derrotar el engaño hay que invitar a la verdad a la fiesta, sólo así dejaremos de ser el país de las simulaciones de derecha, de izquierda, de centro o de cualquier lugar, para empezar a ser el país de todos, para todos. Un país en el cual el odio no sea el primer ingrediente de la política.

Posdata: Si quieren ver un ejemplo cotidiano de cómo nos gusta simular, observen la manera en que falseamos las reglas de cuidado ante el Covid-19. Toda una parodia de autocuidado… ni siquiera nos angustia engañarnos a nosotros mismos, sabiendo que simulando que nos cuidamos, nos puede sorprender la muerte.

junio 28, 2020

MATRÍCULA CERO: LA LUCHA POR LA GRATUIDAD


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

La educación pública debe ser gratuita. Nadie, quien entienda que un país se construye a la par del conocimiento, duda en defender este derecho. Pero en Colombia hemos carecido de un gobierno que asuma la educación como eje central para la construcción de futuro. Por el contrario, el desfinanciamiento de la educación pública ha sido la política constante.
Desde la promulgación de la Ley 30, las finanzas del Sistema Universitario Estatal han venido en constante deterioro. Hoy tenemos que, en la mayoría de las Universidades, los ingresos por consecución de recursos propios son superiores al 50 %. Las transferencias del orden nacional y departamental, como es el caso de las universidades regionales, apenas alcanzan para soportar las nóminas de funcionarios, docentes y directivos.
La desfinanciación estatal constante, ha llevado a que las universidades, con el fin de cumplir sus rutas misionales, aumenten el número de docentes por hora cátedra, llegando a un escandaloso porcentaje promedio del 80 % de pago de labor docente por este tipo de contratación. Es decir, una figura que era excepcional para la universidad, terminó siendo la norma. 
Los recursos que obtienen las universidades para poder solventar su funcionamiento se limitan, en esencia, al recaudo por matrícula de pregrado y posgrado, manteniendo un bajo costo en la primera y un alto costo en posgrado. Por eso la educación posgradual en Colombia es tan costosa. Otros recursos que obtienen las universidades se dan por la venta de servicios, pero es poco significativo, quizás las grandes universidades, del orden nacional, puedan conseguir recursos relevantes mediante este mecanismo.
Así mismo, existe una marcada desigualdad en las transferencias para las universidades denominadas “grandes”, en comparación con las regionales, inequidad que no se justifica, ya que se sigue posicionando un modelo de desarrollo para un país centralizado, que no les ofrece a los bordes mantener los mismos niveles de investigación, proyección y docencia que las grandes capitales. Seguimos asistiendo, en pleno siglo XXI, al fenómeno de la ciudad letrada.
En ese contexto, la matrícula cero o gratuidad, siempre ha sido una bandera de los movimientos universitarios, pero por mucho empuje que se haya tenido en las movilizaciones, aún no se ha logrado. Un país que privilegia la inversión en armas, tanquetas y aumento de pie de fuerza militar y policial por encima de la educación, es un país que de frente le saca el cuerpo a la paz, para seguir en una ruta de barbarie. Educar a la población es construir paz, la guerra germina más fácilmente en las huertas de la ignorancia.
El desangre de la corrupción, agujero por donde se van millones y millones de pesos de los recursos públicos, es otro ejemplo del diseño de un proyecto de nación inviable. Con el dinero de la guerra y el rescate de los recursos de las manos de los corruptos, Colombia podría fácilmente solventar un Sistema Educativo gratuito en todos sus niveles.
La pandemia puso en evidencia, una vez más, la inequidad tan grande de un país en el cual la mayoría de los jóvenes no puede acceder a la formación universitaria. Pero también puso en la palestra el gran esfuerzo que hacen las universidades por mantenerse a flote, con unas finanzas golpeadas y conscientes de que atienden una población que en su mayoría corresponden a los estratos 1-2, los más afectados por la cuarentena, ya que dependen de un salario mínimo o del empleo informal.
Llegar a la matrícula cero debe ser la gran meta, no sólo en el marco de esta pandemia, si no bajo la perspectiva de diseñar un país para el siglo XXI, con equidad, que le apueste a la educación como baluarte de su construcción cultural y científica.  Un país que deje atrás su historia guerrerista y abra las puertas de la inclusión social para todos y cada uno de sus ciudadanos.
En el caso de la Universidad del Tolima, el gran esfuerzo financiero que ha realizado el semestre A y las apuestas que ha diseñado para el semestre B, hacen parte de una política de cuidado fiscal que se implementó después de la desastrosa experiencia de los años 2014-2016. Asumir la matrícula de un semestre académico está por el orden de los 14.500 mil millones de pesos, sólo en pregrado.
En ese escenario, podemos hacer cuentas simples y entender que, sin la cooperación del gobierno central y el gobierno departamental, esta tarea resulta imposible. Si tenemos en cuenta que ya se están apalancando inscripciones gratuitas de pregrado y posgrado, así como descuentos en matrícula para los cerca de 21.000 estudiantes, se puede decir que el aporte de la UT está a la altura del compromiso social ante esta pandemia y sus efectos.
Ahora bien, de los 97 mil millones que se dispusieron desde el gobierno central, para apoyar el sistema en esta coyuntura, a la UT le transferirán 3.300 millones, por lo cual estamos hablando que aún faltarían alrededor de 6.500 millones para poder asumir la matrícula cero para la totalidad de los estudiantes de pregrado. Es decir, tenemos un faltante de un 45 %.
El Consejo Académico, de la Universidad del Tolima, le ha enviado una carta al Gobierno Departamental solicitando este apoyo, como un esfuerzo adicional a las transferencias de ley. Esperamos contar con que se pueda llevar a cabo dicho aporte, lo cual garantizaría matrícula cero en pregrado y descuentos de hasta el 40 % para posgrados para el semestre entrante.
Aún así, el sueño de la educación gratuita debe seguir siendo parte de nuestras luchas universitarias y de todo el sistema público educativo. No sólo el efecto Covid-19 es culpable de la enorme desigualdad y del incumplimiento del derecho a la educación. Cuando el virus llegó a Colombia este país ya estaba amenazado de muerte por la pandemia guerrerista y corrupta, sólo cambiando esa lógica podremos construir esa nación que millones hemos soñado, y la educación pública gratuita para todos es uno de los caminos. La matrícula cero debe ser una política de Estado.

mayo 23, 2020

El fin de la pandemia es la muerte de Dios


Por: Luis Fernando Abello
Egresado Universidad del Tolima - IDEAD

¿Ya tenemos elementos de distancia en esta cuarentena para declarar la muerte de Dios? Antes de Nietzsche, Hegel había tomado el rumbo de esclarecer la idea deicida como un asunto estrictamente de la conciencia. La sustancia planteada en el filósofo de Stuttgart crea una dialéctica como naturaleza eterna e infinita, por lo cual es inalcanzable. La sustancia paralela la hemos cristalizado, desde el confinamiento, como el miedo a la muerte. En otras palabras, la totalidad de la pandemia es una materialización de Dios; su vacuna será dialéctica también.
Tomar conciencia de la muerte se ha constituido en nuestra propia sustancia desventurada. La autorrealización de nuestras potencialidades se ha considerado opacas a representarse bajo el anhelo de extrañar el mundo dejado antes de la pandemia.
Con lo anterior, Hegel considera a nuestro espíritu extrañado, es decir, alejado y alienado, considerando la relación entre el individuo y su naturaleza social. Es entonces donde el acontecimiento nostálgico de nuestro mundo toma fuerza de una melancolía formal y con ella concebir el presente como una conjetura necesariamente intermedia entre la mortalidad y Dios.
Es así que, dispuestos a considerar la muerte de la especie humana antes que la de Dios, los discursos religiosos se han visto obligados a producir otros temores nunca antes vistos: La muerte metafísica. Dicha muerte, tomando las palabras de Schopenhauer, evidencia lo miserable de sus vidas que nada pierden. Dado el valor tomado bajo el estigma divino, quedan huellas imborrables que no dejan asumir la realidad, y, bajo una idea divina, se ha transformado en testimonio de asumir el fallecimiento por pandemia para mostrar lo inalcanzable de Dios.
De ello que la representación religiosa toma medidas mundanas para ver la cara divina. Su culpabilidad se ve reflejada en asumir las consecuencias de la pandemia a través de intuiciones complementarias de la subjetividad. Es decir, asumen lo invisible como visible (virus) para darle estocada a lo invisible (Dios).  En consecuencia, cuando se ha asumido lo absoluto de nuestros miedos, se ha tomado lo absoluto de nuestros pensamientos. Al hacerlo, le robamos la totalidad a Dios.
Por lo tanto, asumir el no-ser como negación lógica griega, reitera, no sólo la negación humana y su toma de conciencia, sino también una preparación para un Dios asumido bajo un carácter utilitario. Lo que lo convierte a Dios en un sustantivo que muere cuando la razón y la imaginación regresen del encierro, pues nada esperamos de su propia inexistencia.

mayo 22, 2020

Literatura y pandemia: contamos historias para vivir

Por: Nidia Méndez Hidalgo
Docente IDEAD – CAT Kennedy-

¡Oh feliz posteridad que no conocerá tan abismal dolor!
¡Y que considerará nuestro testimonio como fábula!
 Francesco Petrarca

La lectura de literatura es un lugar predilecto para los amantes de las narraciones.  Y es en las narraciones donde encontramos historias sobre diversos acontecimientos, entre otros, sobre el amor, la enfermedad, la vida y la muerte.  Las pandemias han sido el hilo conductor de narraciones, algunas de ellas serán brevemente expuestas aquí, para recordarlas como un homenaje a la literatura por su particular y maravillosa forma de narrarlas y por su papel en el devenir histórico de la humanidad. También nos reconocemos como protagonistas desde diversos lugares, en estos momentos en que el planeta se debate entre sobrevivir o perecer, testigos de la enfermedad Covid-19, que será pretexto para grandes narraciones con polifonías y estilos diversos. Son los escritores de hoy o del futuro quienes tendrán la tarea de contar estas circunstancias en cómo nos correspondió vivir.
Las ficciones narradas con arte literario, como La historia de dos ciudades de Charles Dickens, atrapan al lector por el contenido y belleza de la prosa:
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.
Su lenguaje cautivo al lector, quien se adentra en la descripción de acontecimientos particulares de Inglaterra y de Francia. Hacen parte de una época determinada, fabulada por la mente prodigiosa del escritor, ceñido a datos que él conocía y a otros que imaginaba con la magia de la literatura, así conjuga la poética de la palabra con el mundo de la historia.  
Revisando la literatura griega el dramaturgo Sófocles en su obra Edipo Rey representa una epidemia de peste, y se cree que es un castigo de los dioses. En ese mismo orden, nos encontramos con la belleza de la literatura erótica de El Decamerón, con sus cien cuentos que son narrados por tres hombres y siete mujeres que huyen de Florencia hacia una alejada quinta en el campo, para salvaguardarse de la peste que alcanzó a Italia con la misma fuerza que a los demás países europeos (Ojeda Ortiz, 2010). Narraciones que sumergen al lector en las líneas que descifran la condición humana, con situaciones unas veces ridículas, otras contradictorias, llenas de pasiones y de humanidad propias de la espacie. Cada libro compendia y se inspira en los anteriores relatos. Daniel Defoe publicó, en 1772, Diario del gran año de la peste, el autor tenía cinco años cuando sucedió la peste y en la novela-reportaje hace evocación de ese tiempo.
El libro La peste de Albert Camus, narración que transporta a la historia fabulada de una epidemia, ocurrida en Orán-Argelia, muestra personajes solidarios y otros inmersos en los afanes de la sociedad del momento, descuella la figura del médico Bernard Rieux, como héroe de la novela.  El gran talento de Edgar Allan Poe, evidente siempre en su prosa, con el cuento La máscara roja, narra la cuarentena que mantiene al príncipe Próspero con un grupo de nobles en un palacio para preservarse de la peste, sin embargo, el final es trágico.
En este grupo de literatura clásica la obra de nuestro Nobel, García Márquez, El amor en los tiempos del cólera, es referenciada como literatura de tiempos de confinamiento, aunque no muestra los estragos del Cólera, si permite conocer personajes con enfermedades en el ocaso de sus vidas. Las narraciones abren la atención sobre los sucesos, cada personaje es un relato, y cada relato abre un tiempo con acontecimientos, en los que hombres y mujeres logran sobrevivir o perecer víctimas de los contagios. Estas vicisitudes, nos ponen de cara con la muerte, tan temida- aunque esperada- porque se nace para morir.
Cuando la ciencia ficción es el vector creativo de la imaginación en la literatura, se convierte en puerta de acceso a distopías narrativas, a escenarios inverosímiles y personajes en otra dimensión, para sus lectores esta pandemia no sorprendió a todos por igual. Algunos lectores de los libros de Stephen King o Connie Willis, vislumbraron premonitoriamente las circunstancias actuales como lo concerniente al encasillamiento político, propio de los confinamientos que coinciden con este momento distópico. Aunque la crítica y autores literarios han soslayado la producción de Stephen King, por ser un autor muy comercial, ha sido aceptado entre los lectores de este género. Una de sus obras, escrita hace más de 40 años, narra con lente premonitorio cómo una gripa, denominada el Capitán Trotamundos, consume con su expansión a un alto porcentaje de la humanidad. Se titula Apocalipsis.
En esta línea la escritora Connie Willis, ha seducido a sus lectores con sus narraciones, inverosímiles o no, pero, que no superan la realidad de nuestro presente, en sus relatos retrata personajes de diversas tendencias ideológicas que, como los de hoy eluden la gravedad del asunto y mercantilizan el ser y el hacer de las vidas humanas. El libro del día del juicio final, es una narración que presenta una analogía, según su prologuista, entre La peste negra de la Edad Media con la amenaza del SIDA, que puede ser un referente con cualquier enfermedad letal y en consecuencia con el inmanente miedo a la muerte. Los dos referentes en toda pandemia, enfermedad y muerte, que son atemporales se cruzan con los sentimientos de sus protagonistas, estos sentimientos son atemporales, los sienten y perciben los seres humanos en cualquier etapa de la historia y son narrados desde la ficcionalidad del escritor en tiempos pasados y presentes.
Así, leer literatura de tiempos de pandemia, es una oportunidad para comprender lo sucedido, para conocer a los personajes y sus maneras de comprender y asumir los retos del momento como también para comprendernos hoy, dentro de esta situación de contingencia. Porque el arte y la literatura, desde siempre están presentes, como afirma Daniel Foster Wallace: “En épocas oscuras, el arte aceptable sería aquel que localiza y efectúa una reanimación cardiopulmonar sobre aquellos elementos mágicos y humanos todavía vivos y resplandecientes a pesar de la oscuridad de los tiempos.”
En este sentido, nos preguntamos sobre el rol que la literatura, como arte narrativo y simbólico de la palabra, desempeña en nuestras vidas y en nuestros contextos. La literatura ofrece orientación en tiempos de desconcierto, como la obra de Camus y otras obras que si bien, no son narraciones de historias de confinamientos, sí develan la complejidad del ser humano y nos ayudan, a decir de Kundera “a descifrar el enigma que somos”. Por eso la lectura como refugio, como compañía y como experiencia personal, es esencial para nuestro ser en una relación organística. Como nos refiere la profesora Teresa Colomer, la lectura de literatura, es la experiencia personal del diálogo entre la narrativa del texto y el lector que puede descubrir, redescubrir o interpretar el mundo, a otro ser humano, o a sí mismo, por ser sustancia estética de conocimientos orientada al goce, al placer. 
La lectura literaria personal y colectiva, hace algo en nosotros. Somos habitados por voces ajenas, por voces de narraciones desde cualquier lugar, que nos visitan, posibilitando nuestras propias narraciones o rencontrándonos en ellas. Es importante para el ámbito de las letras literarias y la pedagogía de la literatura, reconfigurar el ineludible papel de la literatura en la vida del lector. En ese sentido, Jorge Larrosa se interroga y nos interroga ¿Qué puede hacer por nosotros la literatura? ¿Con nuestras palabras? ¿con nuestras ideas? ¿con nuestra forma de decir y de pensar?  
Los lectores de literatura, profesores y promotores de lectura, que están participando en Zoom o Meet, para alentar a los estudiantes a la lectura o para recrear sus propias narrativas, siempre con referencias de los grandes narradores de historias, son maestros que nos reconfortan en estas horas de aislamiento y de encuentro consigo mismos, con los otros y con la lectura, y se han convertido en mediadores entre los sentimientos, y lo que traen los libros. Como escribe William Ospina: “Leer es abrir las puertas de la imaginación y es permitir que esos mundos soñados por los escritores nos entreguen sus secretos”.
En este contexto de escenarios virtuales, el Instituto de Educación a Distancia, a partir del equipo de la Maestría Pedagogía de la Literatura, ha entregado literatura a los inscritos, a los estudiantes de pregrado y a la comunidad académica. En esta puesta de virtualidad, se ha estado compartiendo la lectura de fragmentos o relatos literarios, el disfrute de la palabra poética en la voz de maestros y poetas, como también tertulias poético-musicales, con canciones que permiten, además, conocer el ser compositor y el sentido de sus obras. Todo alrededor de la palabra, la palabra literaria que hace historia, que hace historia de universidad.  Joan Didion, sostiene, y tiene razón al decirlo, que nos contamos historias para vivir.

mayo 19, 2020

Prácticas inclusivas en lengua de señas: una experiencia en tiempos de Covid-19


Por: Camila Andrea Hernández Castillo
                   Docente Universidad del Tolima IDEAD - CAT KENNEDY

Quienes creemos que la escuela sigue siendo un espacio imprescindible para la formación de las nuevas generaciones, estamos preocupados porque la sociedad no está preparada para administrar procesos pedagógicos masivos por fuera de ella.
Alejandro Álvarez Gallego

A propósito de la situación de salud pública por la que está atravesando nuestro país y el mundo entero, es posible identificar cambios y transformaciones en los diferentes contextos, no sólo desde sus dinámicas, sino también en la manera en que se relacionan los sujetos y cómo se dan las prácticas en su interior. Este tema no es ajeno a la educación, ni a sus diferentes modalidades, que sin lugar a dudas hoy le están apostando a un cambio.
En ese sentido, desde la Universidad del Tolima, el Instituto de Educación a Distancia y sus respectivos Centros de Atención Tutorial, estamos asumiendo unos nuevos retos. Lo anterior implica, no sólo la búsqueda de diversas estrategias para cumplir con los objetivos trazados, sino también, nuevos roles, modos de ser y reconstrucción de subjetividades que hoy emergen a partir de esta situación. Así las cosas, tensiones como esta se han convertido en el detonante creativo para el diseño, virtualización y flexibilización de dicho ejercicio. En ese escenario se repiensan las prácticas inclusivas, específicamente aquellas propias de la comunidad de sordos del Centro de Atención Tutorial de Kennedy. El momento logra que se generen una serie de reflexiones para la puesta en marcha de propuestas, desde los diferentes cursos, que faciliten la comprensión, participación y la igualdad, respondiendo al propósito pedagógico de los mismos.
Ante este panorama, el papel del maestro sugiere transformar sus discursos y prácticas desde su saber hacia un ejercicio mediador entre el estudiante, el proceso de enseñanza y las barreras para el aprendizaje, entenadas como “los obstáculos que dificultan o limitan el aprendizaje, la participación y la convivencia en condiciones de equidad” (López, 2011, p. 42). Es por ello por lo que, son los maestros de las licenciaturas en Pedagogía Infantil, así como Educación Artística, quienes, desde los cursos relacionados con investigación formativa, retoman aspectos que en la contingencia emergen como puntos de partida para la creación de estrategias que refuerzan lo desarrollado en los encuentros tutoriales.
Una de estas es el primer taller de Lengua de Señas Colombiana (LSC), orientado para dicho fin a estudiantes de noveno semestre matriculadas al curso Investigación y práctica IX Necesidades Educativas Especiales. En dicho curso participa la estudiante sorda Katherine Fernández y después de varios diálogos, surgió el interés por el aprendizaje de la lengua de señas. Este espacio fue asumido como la materialización de un espacio (diferente al de la tutoría) para desarrollar un taller de L.S.C. Al taller asistieron todas las estudiantes, reafirmando el compromiso de IDEAD y la Universidad del Tolima con la Educación Inclusiva en un espacio que propicia, no sólo el acercamiento de la comunidad universitaria a las prácticas inclusivas, sino también una oportunidad para que los estudiantes sordos se involucren en ejercicios reales de enseñanza a través de las TIC.
De otro lado, la Licenciatura en Educación Artística ha venido desarrollando el ejercicio de investigación formativa con los estudiantes sordos junto con el equipo de intérpretes, esto articulado con las prácticas pedagógicas y la virtualidad. Esto se logra promoviendo acciones tendientes a la proyección de la intervención en los sitios de práctica y la preparación de todo lo que este ejercicio implica, tema que se desarrolla en espacios de asesoría personalizada, propiciando ejercicios que vinculan la lengua de señas y la escritura en castellano con los ajustes pertinentes que así se requieran, dando prioridad al proceso argumentativo en su lengua.
 De esta manera, la apuesta por la inclusión desde el IDEAD, se convierte en una oportunidad de formación y constitución de ciudadanos tendientes a transformar la sociedad, reflejado esto en docentes, estudiantes y demás miembros de la comunidad universitaria, asumiendo la inclusión como proceso permanente, con acciones que promueven la construcción de prácticas, culturas y políticas, tal como lo aseguran Booth & Ainscow (2011), que garanticen el convivir con la diferencia y la eliminación de todos aquellos obstáculos que impiden el poder aprender y participar de manera equitativa en las aulas en igualdad de condiciones.
Para finalizar, acciones como estas continúan consolidando la idea de universidad en el territorio, su compromiso con el cambio y la transformación, enfocados en seguir haciendo realidad un lema de trabajo que ya es parte del quehacer de la comunidad del IDEAD: la Cobertura con responsabilidad.

Referentes bibliográficos

Álvarez, A. (23 de abril - mayo de 2020). La Emergencia Pedagógica. El Solidario.

López, M. (2011). Barreras que impiden la Escuela Inclusiva y algunas estrategias para construir una Escuela sin Exclusiones. Innovación Educativa.

Tony Booth y Mel Ainscow. (2011). Guía para la Educación Inclusiva. Desarrollando el aprendizaje y la participación en los centros escolares. España: OEI- FUHEM.

mayo 16, 2020

Consecuencias de la captura corporativa y sus efectos durante la pandemia


Por: Martha Devia Grisales
Catedrática Universidad del Tolima

Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo nuestro entusiasmo, organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.
Antonio Gramsci.

La sociedad, como ha sido concebida y configurada, ha naturalizado una serie de regímenes que nos obligan y conducen a comportarnos, pensar y aceptar sus dinámicas en beneficio de un sistema que se ha adueñado de todo y ha mercantilizado la vida misma de los seres humanos. Ese orden biopolítico de la sociedad no corresponde a las demandas justas por las que todo un planeta, en especial desde las periferias, hoy apela. Debemos ser beligerantes en la búsqueda colectiva de nuevas formas de vida, que se desarrollen bajo una “estructura” distinta, en la cual la equidad, los derechos humanos, el respeto por los territorios y por la naturaleza, sean una prioridad.
En ese sentido, este texto pretende evidenciar cómo la captura corporativa es uno de los aparatos neoliberales más nocivos que atentan contra la soberanía y la democracia de los pueblos. El mecanismo de captura corporativa se ha convertido en el ave de rapiña que devora a los pueblos sin compasión, con déspotas y enraizadas convicciones de acaparar y adueñarse de la desprevenida e incauta vida del hombre de la modernidad. El letargo social resulta abrumador y nos ha sumergido en una mecanicidad humana que vela la mirada crítica y real del orden mundial, en el cual no caben las subjetividades, sino que por el contrario se socavan sus derechos por doquier.
¿Qué es la captura corporativa?
Mónica Vargas (TNI – España) lo denomina también «acaparamiento empresarial» o interferencia corporativa. Por su parte, el ambientalista Renzo García presenta la captura corporativa como “Las acciones e influencias indebidas que implementan empresas nacionales o extranjeras sobre las instituciones y funcionarios que conforman los Estados Nación para beneficio propio, en detrimento de la realización de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las comunidades.”
Me parece fundamental mencionar que la situación de los países cooptados está fuertemente ligada a la actitud política de sus habitantes. En Colombia, por ejemplo, hemos dejado en manos de tiranías la gobernanza de nuestros pueblos, quienes se ubican a disposición de las transnacionales poniendo en riesgo la soberanía propia, la estabilidad y equilibrio de los territorios.
En este contexto, se entienden mejor las demandas de Gramsci, de instruirnos para comprender lo que sucede, de agitarnos para movilizar, contagiar o arrastrar, si es necesario, a los otros. De organizarnos colectivamente para hacer oposición a esas medidas en detrimento de la justicia social en las que, eficientemente los gobernantes, han maquinado y envuelto el país.
¿Cómo contrarrestar esta situación? Para muchos analíticos, la captura corporativa, al igual que muchas otras determinaciones que atentan contra la estabilidad social, tienen que ver con la apatía política. La actitud negligente, indiferente, analfabeta y descuidada ha sido nefasta para la edificación de una estructura social equilibrada y justa, condenándonos por décadas a esta detestable cotidianidad corrupta de todo el sistema. Es hora trasnochada de asumir la corresponsabilidad de defensa territorial porque, muy a pesar del asedio y de las distintas amenazas de corrupción que nos vuelve escépticos, el sistema democrático de abajo hacia arriba puede funcionar.
La captura corporativa es tan delicada para los países que muchos defensores, organizaciones nacionales e internacionales, están buscando diferentes alternativas que nos permitan, uno comprender esta situación y, dos, buscar estrategias para empezar a bloquear y / o debilitar este contexto.
En esa dinámica, en Bogotá durante el 20 y 21 de febrero de 2020, se llevó a cabo el Seminario Internacional ¿Qué es la captura corporativa del Estado? organizado por el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (CAJAR). Contó con la participación de diversas delegaciones de comunidades afectadas por proyectos extractivos, organizaciones sindicales y populares, así como miembros de ONGs y asistentes internacionales, entre ellos Mónica Vargas (TNI - España), Daniela Gómez Rivas (Fundación Paz y Reconciliación) y Gonzalo Berrón (TNI - Argentina).
Un plan para tomarse el Estado
Por tanto, es necesario recordar que después de la guerra fría el sistema internacional empieza a transformarse para la liberación de las economías de Estado, esta circunstancia histórica convierte a los Estados Unidos en la potencia económica hegemónica, su poder ha logrado flanquear otros comercios, ejemplo de ello, los tratados de libre comercio internacional en detrimento de los derechos humanos. Los Estados capturados son financiados por diferentes organizaciones que regulan sus políticas públicas, ejercen presión para que se aprueben normas nacionales hechas en beneficio de los grandes inversionistas y envuelven a los pueblos en un proceso de decadencia moral. Esta problemática va fuertemente ligada al genocidio ambiental, al grado de destrucción del tejido social, del medioambiente, de la salud de la población, el aumento de la desigualdad, el desplazamiento y la pobreza en general.
Desde otra óptica, Daniela Gómez Rivas (Fundación Paz y Reconciliación), afirma que en Colombia se viene dando una coaptación del Estado y de la democracia desde finales de los años setenta.  Dese entonces las mafias colombianas trascienden de unas élites económicas que luego de la legalización de dineros producto de narcotráfico y del financiamiento de campañas políticas, migran hasta la formación de clases políticas y de autoritarismos competitivos constituidos por clanes que se aseguran en las regiones. El panorama nacional nos muestra, actualmente, este mapa con sus actores.
Es así que, se ha generado una suerte de arquitectura de la impunidad a través de cooptación de los reguladores y /o generadores de normas y leyes. En otras palabras, ha sido inevitable la captura mafiosa de los recursos públicos del Estado colombiano en beneficio de unas élites y de unos organismos privados, auspiciados por la impunidad con la que se movilizan las actividades corporativas o empresariales. Lo anterior, no sólo conspira contra el desarrollo sustentable, sino que atenta contra la legitimación de las democracias que tiene la apariencia de gobernar desde los pueblos, pero que en realidad está gobernada por élites políticas.
Cooptación y pandemia en Colombia
Ahora bien, la cooptación del Estado colombiano en estas circunstancias de pandemia ha evidenciado la realidad de distintas comunidades; un ejemplo de este panorama, lo viven los indígenas Wayúu, quienes se han visto fuertemente afectados por la Minería de carbón en el Cerrejón de la Guajira. Neris López Pushaina, miembro del Resguardo 4 de noviembre del Municipio de Albania, e integrante del Movimiento de Mujeres Wayúu, afirma que:
El Cerrejón se ha adueñado de gran parte de su territorio, privatizando y desapareciendo las fuentes hídricas primordiales para la subsistencia de su pueblo. Acabaron con 19 fuentes hídricas; entre arroyos, ríos y ojos de agua. Esta pérdida no sólo los ha puesto en alto riesgo por las exigencias de higiene que no pueden asumir en estos tiempos de pandemia, sino también porque les han imposibilitado el desarrollo de sus costumbres y rituales espirituales generados por el impacto ambiental. Para la comunidad Wayúu el territorio es sagrado y la tierra es la madre de la cual todos se benefician. En la actualidad el pueblo Wayuu sigue en la lucha de defensa del arroyo Bruno que es el único que les ha quedado en la región.
Por otra parte, el Covid-19 ha permitido que el gobierno intente aprobar regulaciones que debilitan los derechos de participación ciudadana. A través de la Directiva Presidencial No. 02 del 12 de marzo de 2020, se establecieron las medidas para atender la contingencia generada por el Covid -19 y se suspendieron las visitas de verificación y reunión de consulta previa, así como la agenda de reuniones de instalación de consulta previa desarrolladas por la Dirección de la autoridad Nacional de Consulta.
Esta acción gubernamental dio lugar a que el pasado 27 de marzo, el Ministerio del Interior publicara una circular en la que se determinaba que los procesos de consulta previa, durante la emergencia del Covid-19, se realizarían virtualmente. La determinación fue rechazada por los indígenas porque se considera un atentado contra las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. Como se puede observar, nuestras comunidades no sólo son atacadas por la pandemia si no, también por el propio Estado. La situación tiende a empeorar con la visión del gobierno nacional de potenciar la inversión extranjera directa en el país y con el constreñimiento legal de los derechos participativos de las comunidades y de los pueblos ancestrales.
Finalmente, exhorto, no desde una voz de autoridad letrada en el asunto, si no desde la voz de alguien que se detuvo un poco a pensar, a que transformemos la actitud hacia una más instruida, para organizarnos y luchar, desde y con democracia, contra este sistema de corrupción y de dominio de lo que no le pertenece. Es decir, desde una posición gramsciana.

mayo 11, 2020

EL BARCO INCOMUNICADO


Por:  Yenny Fernanda Urrego Pereira
Profesora Universidad del Tolima

Por estos días, posiblemente, todos estamos experimentando diversos sentimientos desde que amanece y anoche sin salir de nuestras casas y seguramente, nuestras comidas diarias se acompañan con las noticias que giran en torno a la pandemia del COVID-19 y sus efectos directos sobre la salud física y psicológica de las personas. De esta manera, nuestras pantallas están constantemente representándonos los estragos del COVI-19 sobre la economía y todas las posibles dinámicas sociales a escala global. En medio de ese mar de emociones, en esas pantallas, desarrollamos el teletrabajo, que muchas veces se solapa con las tareas del hogar y las actividades personales que antes eran tan diferenciadas y que ahora se tornan difusas en medio del trascurrir del tiempo.
Toda esa presión, probablemente se aliviana cuando recodamos que aún no hemos contraído el virus, o que posiblemente seremos asintomáticos o que presentaremos síntomas leves, o que nuestras familias están y estarán bien, o que tenemos trabajo y un sustento para nuestros hogares y también, por momentos, vuelve la luz de esperanza y comenzamos a hacer planes sobre qué hacer cuando nos volvamos a ver o cuando todo esto pase. Pero luego, vuelve a extenderse la cuarentena y vuelven las noticias de víctimas fatales y sigue apareciendo el teletrabajo y el trabajo de hogar y esto se repite de manera cíclica como si estuviéramos dominados por un virus, también informático que está generando este tipo de bucles en nuestras vidas.
Después de hacernos una radiografía de la situación generada por la pandemia, se pierden las escalas jerárquicas territoriales que usamos al hablar de lo local, lo regional, lo nacional, lo internacional; ya que la mayoría de personas en el planeta están confinadas en sus hogares y paralelamente, se enferman personas de todas las clases sociales, edades y condiciones físicas. Esa igualdad con la que nos trata esta pandemia, nos podría estar diciendo que siempre hemos estado conectados, pero por grupos pequeños, o en otras palabras, tal vez nos afectábamos de manera significativa si le ocurría algo malo a uno de “los nuestros pero, ahora, esa relación de grupos pequeños ha cambiado, ya que el uso de las mismas mediaciones tecnológicas para podernos comunicar, nos convierten en usuarios que están conectados en serie y a pesar de estar encerrados físicamente, mantenemos navegando libremente en internet y fácilmente podemos convertirnos en parte de un todo virtual, generando así una transformación de ese “los nuestros” en nosotros”.
En ese contraste entre encierro físico y libertad virtual, vuelve a surgir la necesidad de organizarnos socialmente y aparecen nuevos protocolos para atender el estudio, el trabajo, la alimentación, el descanso, la diversión, etc. Por lo tanto, antes, durante y después de implementar esos protocolos, se genera información constante de cada persona ahora vista como un objeto virtual, que puede ser categorizada en cualquiera de los tipos de poblaciones de un sistema virtual, el cual estaría determinando las medidas a implementar para conseguir la reactivación de la economía y las diferentes actividades antrópicas. Por ejemplo, hoy en día, cada vez que realizamos una llamada, nuestro celular nos recomienda instalar la aplicación CoronApp, la cual, si se instala, permitirá que el gobierno conozca su ubicación y si está o ha estado enfermo o su familia, con el fin de localizar focos de contagio. También, el CoronApp le haría una consulta médica de diagnosis inicial de manera virtual o le diría cuales son los centros de atención cercano y le haría más recomendaciones de prevención y manejo de la enfermedad.
Como se puede inferir, CoronApp ha despertado un debate o más bien un dilema, entre la privacidad y la seguridad nacional, ya que la finalidad -según lo anunciado por la misma web- es la detección de núcleos de contagio para prevenir la expansión de la enfermedad, sin embargo, el medio de la estrategia responde al panóptico “foucaultiano”. A consecuencia, muchas personas han descartado instalar la aplicación, lo cual dificulta la detección rápida de focos de contagio y esto, sumado a las falencias en la cobertura de aplicación de pruebas de contagio del virus y la lenta respuesta de resultados a nivel nacional, genera incertidumbre sobre los mismos reportes oficiales del avance de la infección.
Esta dicotomía entre el orden y la libertad genera múltiples interpretaciones al momento de implementar estrategias de evaluación. Por esta razón, es fundamental que se fortalezca el canal de comunicación entre la tripulación y los pasajeros, que de manera análoga sería entre el gobierno y el pueblo y llevado a nuestra escala universitaria, sería la información entre los profesores que ocupamos cargos directivos y los otros profesores, funcionarios y estudiantes. Debemos reflexionar que ambos grupos, somos usuarios del mismo barco La Universidad del Tolima− y que de manera rotativa seremos tripulación o pasajeros, por tal motivo, es fundamental el reconocimiento de cada labor y la renovación constante de roles profesorales.
Fortalecer la comunicación entre nosotros no es una utopía, pero es una tarea difícil debido al encierro, que ahora es físico y que antes era de tipo académico, de cada quien trabajando e investigando en su propia “parcela” de conocimiento, mientras que otro grupo de profesores quedaba absorto por la carga del trabajo administrativo. En el presente, ambos grupos de profesores y profesoras, los que ocupan cargos administrativos y los que se dedican más a la docencia y la investigación, estamos sometidos a la misma presión y tenemos las mismas necesidades, por lo tanto, ese reconocimiento de la labor ajena sería un bálsamo para todos, en especial, a los que están en la tripulación a cargo de un viaje que nunca habíamos emprendido. A fin de cuentas, vamos en el mismo barco y ese viaje puede ser corto para algunos o tan largo como el proyecto de vida de la mayoría del resto.
En mi caso, como miembro de una tripulación, seguiré dirigiendo un departamento en el cual soy la única mujer, y sí pediré información y me piden más información y entre todo ese trabajo, de alguna manera, con el aporte de cada persona, hemos podido iniciar este atípico semestre 2020A. Afortunadamente, en medio de tantos datos, vamos tejiendo lazos académicos, de respeto y reconocimiento de cada talento y conocimiento. Si esto se repite, en serie, como un antivirus, esta comunidad universitaria podrá transformar la idea represiva que tiene el dar cuentas, en informar para ejercer la solidaridad y así, darle el toque humano a lo virtual.
Desde antes de la pandemia A.P., la finalidad del reporte continuo de la información, por ejemplo, el informe sistemático de la jornada laboral docente, entre otros documentos que informan qué hacemos, ha sido alimentar sistemas de decisión que también son vigilados por nuestros estudiantes, egresados y por los órganos de control gubernamental. Este estado de información virtual parece otro estado de la materia que alimenta un sistema, y no estaremos ajenos a ello, ni viviendo en la luna. Por esta razón, estamos usando mucha información virtual y como sociedad, cada vez que usamos algo todos/as y al mismo tiempo, se genera sobrecarga del sistema. Esta sobrecarga es percibida por sus mismos usuarios y de manera colectiva, se empieza a reclamar el uso racional de la información, así como clamamos por el uso racional de los recursos naturales, una vez los vemos degradados.
Al percibir los efectos de la sobrecarga de información, es muy probable que estemos pensando en la cura a esa saturación. La solución podría ser humana y podría radicar en ponerse en los zapatos de los demás, en cambiar el “no me gusta” por “pensemos cuál sería la mejor manera” y en un acto de solidaridad con los colegas, levantar la mano virtualmente, para proponer, conversar, crear, debatir y construir. Una vez pensemos bien entre todos, el sistema ejecutará el resto.
Es tiempo de mejorar la comunicación antes que el mismo sistema virtual nos organice y es hora de construir universidad más allá del crecimiento de la parcela presencial de conocimiento. Este tipo de reflexiones han sido suscitadas desde tiempo atrás trabajando en la tripulación de la UT, y ahora tal vez como muchas personas, me pregunto desde la proa ¿Cuándo íbamos a imaginar que los delfines bailarían por las costas y bahías, como si celebraran nuestro encierro a escala global?