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mayo 06, 2025

Silvio y Cobain en las fauces del mercado.

 


Por: Carlos Arturo Gamboa

Docente Universidad del Tolima

Hay una anécdota sobre la moda y Kurt Cobain. El entonces desconocido músico se propuso usar prendas distintas a las tradicionales en el mundo del espectáculo rockero, esto muy ligado a la nueva escena grunge que pululaba por todas partes a inicios de los años noventa.

Kurt vestía con camisas leñeras, playeras sencillas, jeans desgastados, sacos de lana y zapatillas, nada que ver con atuendos de bandas como Guns and Roses y similares que por entonces enarbolaban la bandera del rock. Esa forma de vestir pronto empezó a convertirse en el símbolo de una nueva ola, de una onda musical que de alguna manera se revelaba contra las antiguas estéticas juveniles, algo que Cobain compartía.

Cierto día, cuando después de una larga gira retornó a Seattle, al pasearse por un bulevar encontró que muchas tiendas adornaban sus maniquíes con atuendos similares al suyo; al ver esto sintió una profunda tristeza y se hundió en una depresión que duraría semanas. Kurt y Nirvana ya eran famosos, su álbum Nevermind (1991) había roto récords de ventas y su imagen flotaba por los canales de MTV como el nuevo genio de la cultura del rock.

Esta historia tiene un complemento: es que, por el año de 1992, el diseñador Marc Jacobs realizó un evento para presentar su nueva colección juvenil y estaba toda inspirada en el atuendo de Kurt Cobain. El diseñador envió a Kurt una muestra de dicha colección. Según la compañera del atormentado músico, esto ofendió de nuevo al futuro suicida e incluso, dijo Courtney Love, que prendió fuego y quemó aquella ropa como si estuviese haciendo un rito de expiación.

Estos sucesos evidencian la forma en que el sistema de mercado capitalista se alimenta y se regenera de forma continua, incluso sumando a su portafolio aquellas expresiones contraculturales que surgieron como resistencia a la cultura impuesta. La depresión de Kurt ante tales eventos surge de darse cuenta de ese síntoma; él se había propuesto, de manera iconoclasta, romper con esos símbolos impuestos, y terminó él siendo uno.

Esta anécdota se me vino a la cabeza al ver por estos días la manera en que el mercado del espectáculo ha dispuesto la gira del cantautor cubano Silvio Rodríguez. No más anunció su gira, la euforia de miles de latinoamericanos creció por ver quizás lo que será su última gira, ya que, con cerca de 80 años, se prevé su retiro de este tipo de eventos. Entre septiembre y noviembre de 2025 tiene pensada la gira el cantautor nacido en San Antonio de los Baños (Cuba) y quien formó líricamente a Latinoamérica desde la aparición del álbum Días y flores (1975).

Autor de más de 500 canciones y reconocido internacionalmente por sus acordes y letras profundas, se ha agendado en Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Colombia. El fenómeno y entusiasmo por escuchar de nuevo a esa leyenda llamada Silvio Rodríguez ha desbordado toda expectativa. Lo curioso es que su renombre ha sido secuestrado por el mercado y la boletería para sus presentaciones ha caído en el juego de la especulación. En cada uno de los países en donde han abierto venta de entradas a sus conciertos, los tickets han ido a caer en manos de los revendedores en tan solo unos minutos; luego, un día después, aparecen a la venta con cinco o más veces su valor inicial.

De esa manera, intentar asistir a una de sus funciones en vivo resulta un privilegio mediado por el poder adquisitivo, sin que exista nada ni nadie que pueda regular la tendencia del mercado. Al no ser que se gestase una extraña rebeldía masificada para no comprarles a los revendedores, lo cual es tan utópico como desear que un día le den el Premio Nobel de Literatura al genio de los acordes de la nueva trova cubana, qué bien merecido lo tiene.

Kurt y Silvio, dos íconos de la contracultura, dos revolucionarios de su tiempo, un día fueron sometidos a los caprichos consumistas del mercado y convertidos en prenda de transacción. Cobain se terminó volando los sesos a una temprana edad, mientras Silvio recorrerá esa Latinoamérica que lo idolatra, pero sin la presencia de la gente humilde que lo cantó en mil amaneceres de bohemia, que lo coreó en cientos de marchas libertarias, que lo grabó en casetes piratas cuando escuchar a Silvio era sinónimo de revolución. Silvio estará en los escenarios acompañado de quienes tuvieron que pagar los caprichos insanos del mercado que se apodera de todo, hasta de los signos que sueñan su derrota.

Por ahora, solo queda conformarnos con ese viejo Silvio Rodríguez Domínguez que canta gratis en su “Gira por los barrios de Cuba”, la cual sobrepasó la envidiable suma de 100 presentaciones. Y quizás con ese recuerdo reunirnos con los nostálgicos y tararear a la distancia que no les compraremos boleta a los mercaderes de los sueños, porque “yo me muero como viví”, y que nos llamen necios.


diciembre 27, 2020

“Rompan todo”: la geografía rockera de un continente de líricas diversas

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Quiero gritar latino soy

desangrándome en mil guerras

rompo cadenas de opresión

un hombre nuevo tienes hoy

escúchame Latinoamérica

Nacimos hijos del sol

brotando sobre nuestra tierra

somos fruto que gime.

 

Kraken (Hijos del sur)

 

Al final de la miniserie “Rompan todo”, Charly García afirma “no se diga más”, pero detrás de esa afirmación queda un eco a manera de exigencia que nos lleva a pensar que aún falta mucho por decir sobre ese gran movimiento y acumulado cultural denominado «rock latinoamericano».

Esta miniserie es un estructurado homenaje a tantos años de buena música, elaborada desde varios rincones de este mundo tan diverso y multifacético llamado Latinoamérica, si algo con ese nombre puede ser caracterizado. Como era de esperarse deja muchos intersticios, pero en apenas seis capítulos era imposible atrapar más. 

Gustavo Santaolalla, como productor, se da a la tarea de evocar casi 70 años de rock en el idioma de Cervantes, como dice Alex Lora (El Tri), y a través de ese recorrido nos deja ver la variedad cultural de esa enorme mixtura latina, los problemas sociales que nos son comunes al continente y unos sonidos que evolucionan para dejar de ser simple imitación de Inglaterra y EE. UU., para convertirse en sonido auténtico, aunque diverso.

Música y sociedad, dos ejes que se van mezclando para dar cuenta de un sinnúmero de resonancias que dejan en evidencia las formas en qué amamos, vivimos, padecemos los males y exploramos los deseos. Con entrevistas de primera mano con los protagonistas vivos y auscultando los archivos sonoros y audiovisuales de los que ya partieron, se logra recrear un tiempo ido, evocado con la nostalgia de quienes tuvimos la fortuna de crecer al ritmo de los “/Hermosos ruidos que salen de las tiendas / Atraviesan a la gente y les mueven los pies / Baterías marchantes, guitarras afiladas / Voces escépticas que cantan de política/”; como vociferaban Los Prisioneros en aquel memorable tema que abrió la transmisión de MTV Latino (1993) y le dio una voz más amplía al continente.

El documental va y viene entre Argentina y México, pasando algunas veces por Chile, Uruguay y una que otra vez por Colombia. He ahí una de sus fallas, porque al pretender dar cuenta de la historia de este género en el continente, olvida más de la mitad del mismo, incluyendo a ese monstruo sonoro llamado Brasil.

Además, parece que hay otro filtro y es que muchas bandas insignes de este gran movimiento no quedan dentro del radar de Santaolalla y otros de gran calibre apenas son enunciadas, como Caifanes, agrupación cuyo álbum “El nervio del Volcán” (1994), generó un cisma en el sonido rocanrolero en español. 

Personalmente me pareció desacertado no encontrar en entre esos referentes a bandas y artistas como Los bunkers (Chile), Alcohol Etílico, La Sonora de Bruno Alberto, Rata Blanca y G.I.T (Argentina); Carlos Santana, Panteón Rococó, Elefante e Inspector (México); Kraken, Estados Alterados, Masacre y Doctor Krápula (Colombia); y mucho más no hallar indicios del rock peruano más allá de Los Saicos, cuando de tradición sabemos de los aportes de cantautores como Pedro Suárez-Vertiz y bandas como Autocontrol y Libido, por reducir la lista. Hablo acá desde gustos y líricas que hicieron parte de mi formación sonora, pero también de muchos rocanroleros de este continente.

Igual suerte corre Venezuela, la cual es olvidada en su riqueza musical tan conocida por toda Latinoamérica y que constituyó un aporte al género con agrupaciones como Sentimiento Muerto (punk), HAZ, Caramelos de Cianuro y Los Amigos Invisibles entre muchas más, y en cuya lista no dudaría en incluir a cantautores como Yordano y el mismo Franco de Vita, cuyos trabajos cercanos al rock generaron todo un ambiente armónico de nuevas exploraciones.

Igual pasa con Ecuador y Bolivia, países en donde también se engendraron y siguen creciendo semillas de este género que rápidamente se mixturó forjando esa hibridación tan propia de nuestros territorios. Semejante suerte corre varios países de Centroamérica en ese inventario de ausencias.

Al final, creo, no se trata de olvidos malintencionados, si no de apuestas y cada vez que se selecciona se excluye. Una de esas omisiones imperdonables me parece Robi “Draco” Rosa, cuyo álbum “Vagabundo” (1996) le dio un nuevo sonido y una nueva atmósfera al rock del continente, pero de nuevo insisto, son apuestas respetables y criticables.

Lo cierto es que “Rompan todo” es un trabajo bien elaborado, con una intención clara que al final se logra: rescatar del olvido entre la multiplicidad de los sonidos y las letras actuales, un género que marcó por lo menos cinco generaciones y cuyas líricas nos hicieron volcar la mirada sobre nosotros mismos, ingresando así a la modernidad musical, con todos sus bemoles. Algunos lo dan por muerto, yo creo que se sigue transformando y aparece cada vez con mayores mutaciones.

Quedan muchos espacios vacíos para llenar con nuevas apuestas, ojalá sirva este ejemplo para otros proyectos que deseen ahondar en esos bucles sonoros que contiene nuestras raíces. Recordando reconstruimos las hélices del aeroplano que nos permitirá elevarnos hacia el futuro, no sólo musical, porque contradiciendo a Miguel Mateos, no estamos solos en América, nos acompañan miles de voces que aun reclaman un lugar en el mundo y el «rock en nuestro idioma» es una de esas partituras que nos congregan a ser el gran continente unido en la diversidad.

mayo 03, 2020

Alguien se comió un murciélago y no fue Ozzy Osbourne: la educación virulenta

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Desde que ingresé a mi pregrado en licenciatura escuché decir a mis profesores que la educación requería un cambio profundo, que la escuela necesitaba repensarse, reconstruirse. Eran los años noventa y Kurt Cobain vociferaba que “era mejor explotar que desvanecerse”, como para llevarle la contraria a mis docentes. A mí me seguía sonando más Pink Floyd y su reclamo: Hey, teachers leave them kids alone.
En Colombia, con la Ley General de Educación (Ley 115) aprobada en febrero de 1994, se abrieron múltiples posibilidades de una transformación estructural de la escuela, el nuevo aire de la Constitución del 91 le daba alas a la idea. En las calles soplaban Wind of change, como si la onda explosiva de Scorpions y la caída del muro de Berlín llegara por fin a nuestros barrios. Al final Cobain explotó el 5 de abril de ese mismo año y la escuela siguió acumulando desaciertos.
El anhelado cambio que esperaba la escuela se tradujo en indicadores, logros, estándares y formatización del sistema. Exámenes para medir los deseos, no las realidades. De tanto medir deseos se crearon los paradigmas de “calidad”, y la calidad, que excluye, se convirtió en la palabra que invitaba a los nuevos campos de batalla. Estábamos llamados, por Guns and Roses y las voces del modelo, a una nueva Civil war, teníamos secuelas en la piel y muchos fueron enviados, por culpa de la violencia de los carteles, a tocar las puertas del cielo: Don't you cry tonight / I still love you, baby.
Me gradué, y como había decidido ser pedagogo, debía enarbolar la bandera de la transformación. No lo hice por ley, lo hice por convencimiento. Inaugurado el siglo XXI, y superado el marasmo de la nueva era, que no era nueva sino prolongación del siglo XX, tuvimos que enfrentar la muerte del rock, de los metarrelatos, de la ideología, de la historia y el arte, entre mil muertes más decretadas por los yupis neo-pensadores-ilustrados. Nada nuevo en el mundo, cada siglo inicia con el deseo de matarlo todo.  It's my life, diría Jon Bon Jovi, déjame vivirla, así sin más. Que la escuela se joda y que cada año siga recibiendo niños. Aún Floyd seguía en mi cabeza: Hey, teachers leave them kids alone.
De estudiante a docente. Releer de nuevo a Freire, Vygotsky, Freinet, Zuleta, Giroux, Mélich. Ver la realidad, palparla, sentirse impotente frente a la carencia. Ver a los indicadores tomándose el aula, los PEI, los Manuales de convivencia, los discursos escolares. Un Green Day observamos, frente a nuestros ojos, el Boulevard of broken dreams.
A la pedagogía la habían saqueado, la redujeron a un formato. Freinet y Freire eran citas bien acomodadas bajo las normas APA. Doctores en pedagogía producían miles de páginas, papers, relatos, investigaciones discursando sobre las nuevas pedagogías del siglo XXI, pero al nacer ya olían a añejo. Ellos lograban reconocimiento, pero la escuela seguía igual. Ellos viajaban por el mundo impartiendo conferencias, escribiendo ponencias, pero la escuela agonizaba bajo el olvido estatal y la indiferencia de sus actores.
Era profesor o docente o pedagogo o maestro, debía asumirme en ese lugar. Hice una especialización para confrontarme. Volví a leer Lecciones de los maestros, de George Steiner. Si con ese libro no nace o aumenta el deseo de transformar la escuela, -me dije- renuncio, monto un café internet. En ese entonces eran rentables. Ratifiqué entonces que para transformar la educación hay que transformar los docentes, ardua tarea del officium mismo. Continué mi ruta buscando el acorde deseado.
El siglo avanzaba. La escuela seguía sumida en su letargo. El sonido del rock parecía agonizar bajo pastosos ruidos y para evitarlo los jóvenes se distraían viendo las caderas de Fergie mientras invitaba a Don't stop the party. Años después se lanzó de solista y dejó sin magia a The Black Eyed Peas, como sin magia seguían las sosas clases en los colegios y universidades.
El uso de la tecnología llegó a las aulas pero ingresó minimizada en video beams y adecuaciones pedagógicas de diversa índole. Las TIC supuestamente servían para todo, pero nadie las entendía en su real dimensión. Los profesores, en su mayoría, enseñados a mantenerse en su inamovible baldosa, se negaron a creer que las mediaciones tecnológicas servían para enseñar.
Por su parte el rock se dejaba seducir por la tecnología e imprimía nuevos tañidos digitalizados al mundo sonoro, dando paso al electro rock. Claro que los puristas creen que eso va en detrimento del género, igual que muchos docentes creen que la tecnología embrutece. Y eso que habían anunciado la muerte de los metarrelatos. Quizás por eso Linkin Park gritaba Time is a valuable thing / Watch it fly by as the pendulum swings / Watch it count down to the end of the day.
Nuevos libros, nuevos ensayos, viejos diagnósticos. La escuela debía cambiar. Los niños se aburrían en sus aulas, los jóvenes que iba a la universidad salían a enfrentar la realidad de un mercado al que poco o nada le interesaba los saberes adquiridos. Muchos se refugiaron en el pasado, volvieron a Queen, a Pink Floyd, a AC/DC, a Led Zeppelin, a Black Sabbath, a The Rolling Stones , a Metallica y demás gurús de un tiempo distinto, un tiempo de revoluciones que terminó en adecuaciones. Algunos más osados llegaron hasta The Beatles, luego bebieron y se drogaron para contemplar a Lucy in the sky with diamonds.
Y la escuela… Ahí, cada vez con más niños, cada vez con menos cosas atractivas. Esperando The final countdown. Hasta que lo más interesante que podía pasarle al sistema educativo pasó. Dicen que alguien se comió un murciélago y no fue Ozzy Osbourne. Dicen que despertó un virus con nombre sonoro -Covid-19-, como si fuese una banda de light metal. Y entonces la escuela corrió a mirarse al espejo de los días y se vio en su real dimensión. Desigual, atrasada, vieja, opaca e inepta frente al siglo XXI y sus problemas. Llena de actividades, indicadores, formatos y tareas. Carente de dinámica, interacción y respuesta.
No es extraño que lo primero que pensaron, las instituciones educativas y sus actores, fue esperar a que todo volviera a ser como antes. ¿Para qué? Pregunto. ¿Quieren acaso seguir siendo another brick in the wall? El virus nos despertó, pero le tengo miedo al letargo humano, sobre todo cuando escucho esa neurótica nostalgia por lo que teníamos, porque supuestamente era mejor. Sólo queda preguntarnos: ¿Is there anybody out there? Ahora lo entiendo, nunca superamos a Pink Floyd.

febrero 16, 2018

SE AMPLÍA PLAZO PARA ENVIAR TEXTOS A LA REVISTA ÚSTELEE No 5

La Revista Ústelee, Hojas para reciclar, nació como un proyecto encaminado a no dejar morir la palabra agonizante. Esa palabra  borrosa de los trabajos académicos los cuales, después de sopesados por el ojo del docente, terminan en las canecas de la basura. Muchos de esos trabajos fueron intentos por decir algo y no hay que olvidar que toda obra nace con esa misma pulsión.
Durante cuatro entregas, Ústelee se ha alimentado de esos textos producidos en los cursos, inicialmente del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes; luego se amplió su rango y entraron a participar estudiantes del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana del Instituto de Educación a Distancia y en el último número participaron estudiantes de varias facultades, incluso de Centros de Atención Tutoriales de distintos territorios en donde la Universidad del Tolima hace presencia con su modalidad a distancia.
Hoy abrimos la apuesta para la construcción de la quinta entrega. Los textos e imágenes pueden ser remitidos al siguiente correo: cgamboa@ut.edu.co. El plazo dado para el envío de trabajos es hasta el 15 de abril de 2018. Para revisar cada una de la sesiones y sus respectivos tipos de textos, dejamos los links en donde encontrarán los cuatro número anteriores. Contamos con su participación porque estamos convencidos de que Ústelee…

diciembre 11, 2017

INCENDIES, CUANDO EL PASADO ARDE

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD -UT

En el año 2003, Wajdi Mouawad, autor dramático canadiense de origen libanés, estrenó Incendies y como sucede en el mundo del arte, su impacto se limitó a un pequeño grupo de expertos que la calificó como una obra maestra contemporánea. En algunas partes se conoció la misma con el título La mujer que cantaba. Años más tarde (2010) el director de cine canadiense Denis Villeneuve, la presentó en el celuloide logrando un impacto mayor; tanto así que fue nominada a los Premios Óscar en la categoría de mejor película extranjera, el cual no ganó, pero sí dejó una huella imborrable en el público que cada vez es mayor.
La historia, viniendo del teatro, tiene una clara estructura narratológica de tragedia. Lo primero que impacta es la banda sonora de Radiohead, esa agrupación que supo llevar la tristeza del nuevo siglo a sus más altos acordes. El tema melódico central es You and whose army, y desde allí el espectador sabe que, al ver las primeras escenas de la película, estará sometido a un relato sobre la atrocidad de la guerra. La sinopsis de la película la refleja muy bien el sitio filmaffinity:
Jeanne y Simón Marwan son dos gemelos que viven en Canadá cuya madre Nawal, tras pasar sus últimos días sin hablar, acaba de fallecer. En el acto de apertura del testamento, el notario les da dos cartas que deben ser entregadas a un padre al que creían muerto y a un hermano cuya existencia desconocían. Jeanne decide entonces emprender un viaje al Líbano para intentar localizarlos y encontrar respuestas a su existencia, pero Simón no quiere saber nada del tema.
Y en esa búsqueda ese par de adolescentes van a descubrir, junto con el espectador, los más grandes horrores y misterios de la guerra. El pasado viene como oleadas de asombro y dolor para recrear los tiempos de la confrontación religiosa del Líbano que se dio entre grupos cristianos y musulmanes, iniciado una cruel desolación en 1975, la cual se extendería hasta 1990.
La huella imborrable de las atrocidades que genera la guerra logra que las creencias se vuelven dogmas y los dogmas muten en barbarie. De esa manera, las imágenes van cruzando vertiginosamente ante los ojos del espectador, bien ambientadas en un paisaje desolado, hambriento, sofocante y lleno de retratos dolorosos que nos recuerdan la idiotez de los conflictos bélicos. Nawal Marwan, la protagonista, cruza los senderos del sufrimiento, de la intolerancia racial y religiosa, padece el horror y se convierte en horror para llevar a cabo la venganza que, en cada giro, genera más violencia, hasta cercarla en una vida construida con cimientos de ira. Por eso antes de morir enmudece, porque descubre que la atrocidad siempre puede ser mayor y el legado que le deja a sus hijos, nacidos del horror, es la posibilidad de que en esa búsqueda de su pasado curen sus almas y superen el eslabón de la ira.
Al final, como un compungido asistente, uno no sabe ni puede diferenciar entre buenos y malos, porque todos los personajes están cruzados por el dolor, por la venganza, por el odio inadmisible que generan las creencias. La luz de esperanza surge cuando esa nueva generación sea capaz de recorrer los viejos caminos y superar las delgadas líneas que hacen de una creencia el parto de la barbarie.
Incendies, es una película necesaria para volver la mirada al pasado de la guerra y sus estragos y, mediante la elaboración de evocaciones, entender los absurdos de lo humano que sacrifican su esencia por relatos banales. Qué bueno verla en estos tiempos colombianos cuando algunos persisten en anclarse al pasado de las armas y sus sandeces. Tiempo cuando el pasado arde.
Referencias bibliográficas
FILMAFFINITY. (2011). Qué dice la crítica. Disponible en: https://www.filmaffinity.com/co/film551964.html
MOUAWAD, Wajdi. (2003). Incendies. Coedición Leméac/Actes Sud-Papiers. Edición española de Eladio de Pablo publicada por KRK.
RADIOHEAD. (2001). You and whose army. En: Amnesiac. EE.UU: XL Recordings

VILLENEUVE, Denis. (2010). Incendies. Canadá: TS Productions.

noviembre 07, 2017

CUANDO LA UNIVERSIDAD SUCEDE

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD-UT

Atrás quedaron las épocas irresponsables, (que muchos ya olvidaron) cuando la Universidad del Tolima se daba el lujo de organizar eventos a diestra y siniestra, traer egresados a festines con conjunto vallenato a bordo, entregar lapiceros y agendas por miles y gastar la plática en helados. Ahora toca, como decía un antiguo Vicerrector Administrativo: “raspar la olla”.
Aun así, por estos días, la Universidad del Tolima ha vuelto a suceder, ha vuelto a acontecer. En medio de la espera a que se tomen las medidas definitivas para que su estabilidad financiera sea una certeza, se han convocado una serie de eventos académicos liderados por diversas Unidades Académicas, Facultades y colectivos, que sin duda alguna han realizado un esfuerzo extraordinario por dar cuenta de ese mundo que genera miradas de optimismo en la comunidad. Estos son algunos de esos sucesos:
La Facultad de Ciencias Humanas y Artes organizó la celebración de su noveno aniversario, con una serie de actividades que incluso iniciaron el 18 de octubre, pero que tuvo su fuerte en la semana del 30 octubre al 3 de noviembre. Paz, posconflicto y artes fueron los ejes centrales, que igual agrupó conferencistas, lanzamiento de libros, muestras documentales, entre muchas actividades más.
El día 31 de octubre, se dio apertura a la celebración de la XVIII Semana de la Facultad de Ciencias y la conmemoración de sus 20 años de existencia. El evento contó con muestras artísticas y conferencias centrales, las cuales se extendieron hasta el viernes 3 de noviembre.
El jueves 2 de noviembre se dio apertura al Primer Simposio de Estudios Literarios, evento coordinado por el Semillero de Investigación Epelila y el grupo de Investigación Argonautas, los cuales unieron esfuerzos de la Facultad de Educación y El Instituto de Educación a Distancia. El evento se extendió hasta el sábado 4 de noviembre, cerrando con el IV Foro de Investigación Formativa del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana; contó con cerca de 65 ponentes, entre los cuales la mayoría fueron estudiantes de  los programas de las Licenciaturas en Lengua castellana y Literatura y Lengua Castellana, así como invitados nacionales. Hubo stand de libros de autores universitarios y  se realizó el lanzamiento de las Revistas Ergoletrías No.4 y Entre Líneas No.5.
El viernes 3 de noviembre, arribaron delegaciones nacionales que asistieron al X Foro de Investigación Formativa el I Internacional del programa Licenciatura en Educación Artística, el cual reunió varias delegaciones de los Centros de Atención Tutoriales (CAT) del Instituto de Educación a Distancia, quienes trajeron muestras de danza, teatro, títeres, música, sala de exposiciones, resultados de proyectos de investigación, stands,  entre muchas más. El evento continuó durante el día sábado 4 de noviembre con variadas muestras culturales e investigativas, al final del día se despidieron las delegaciones.
Ya terminado el puente festivo, la Universidad del Tolima continúa con eventos académicos como la semana de la Agro innovación y el emprendimiento, a realizarse entre el 7 y el 10 de noviembre, la cual está organizado por la Facultad de Ingeniería Agronómica. Así mismo, se llevará a cabo la XIV semana de la Facultad de Tecnologías, entre 8 y 10 de noviembre, con la participación de conferencistas, desarrollo de talleres, trabajos de Semilleros de Investigación y presentación de trabajos de tesis de grado.
Del mismo modo, el día 8 de noviembre se llevará a cabo la Tercera Feria Agroecológica de la Universidad del Tolima, evento convocado por el programa de Ingeniería Agronómica, el Semillero de Investigación Bisagras y estudiantes de Agroecología.
Finalmente, con la celebración de los 50 años de existencia del Museo Antropológico de la Universidad del Tolima, se ofrecerá el Seminario museos, colecciones científicas y patrimonio cultural, los días miércoles y jueves 8 y 9 de noviembre.
Como se puede inventariar, son muchos los eventos (quizás algunos se me queden sin referenciar), los saberes, muestras culturales y científicas que la Universidad del Tolima ha venido, y viene, ofreciendo en este noviembre fructuoso; eso pasa cuando la universidad sucede, cuando la comunidad es consciente que más allá de las diferencias, los conflictos y las crisis, la universidad pública tiene un sentido concreto: EXISTIR.















enero 29, 2017

LA MUERTE DEL TITÁN

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Tuvo que ser en 1988, año en que Kraken emprendió su primera gran gira nacional, cuando disfruté el derroche de su energía en el Coliseo Cubierto de las hoy difuntas Piscinas Olímpica. No sé quién hizo el contacto para traerlo, pero recuerdo bien la ansiedad de días completando el dinero para la boleta. Ingresamos al Coliseo repleto de energía, oliendo a cigarrillos President y Tapa Roja. Luego la voz de Elkin completó la magia. Entonces entendí que Colombia tenía una frecuencia privilegiada para el rock. Eran los días del casete, del parche en la esquina para intercambiar melodías que llegaban de todos los rincones de Latinoamérica y su apogeo rocanrolero en español. Eran los días de la consolidación de Kraken I y el tema “Muere libre” ya empezaba a dejar huella en las generaciones de jóvenes colombianos nacidos en medio de la sujeción del pensamiento oficial.
Desde entonces el Titán se encariñó con Ibagué, por acá transitó con cada uno de sus majestuosos trabajos. La última vez que lo vi en vivo fue precisamente en el Teatro Tolima en el 2014, cuando celebraba 30 años de vida artística. Elkin fue una estrella de rock sin las ínfulas de las estrellas de rock. En algunas de sus asiduas visitas a Ibagué uno podía encontrarlo en un bar de rock local, tranquilo, dialogante, como si el peso de ser leyenda no lo doblegara.
Sus canciones rápidamente se pegaron en los cuerpos sudorosos, cubiertos de esas camisetas negras que marcan en la juventud el gusto musical. Particularmente el álbum Kraken III me parece uno de los más completos del rock colombiano. Sus letras denuncian, gritan, claman, dejan evidencias intactas de los sueños, miedos y frustraciones de los jóvenes de aquellos tiempos, que por calamitoso que parezca, siguen siendo los mismos miedos y sueños de los jóvenes de estos tiempos. Temas como “Hijos del sur”, un canto universal a Latinoamérica, a su deseo de liberación; “Seres de barro y miedo”, un grito de los sin voz, de los desposeídos que inundan nuestras ciudades, que vagan en las noches solitarias de la miseria, tema que amplía en “Residuo social”. “Imperios de soledad”, “Lágrimas de fuego” y “Eres profecía”, entre otros temas, completan este álbum en donde Kraken adquiere la madurez como banda y Elkin Ramírez despliega toda la potencia de voz.
Los Kraken Siguieron recorriendo ciudades, tornándose en leyendas que desempacaban sus guitarras y teclados para cantar en medio de un país que con el ruido de sus bombas hizo perder lo mejor de nuestros sueños juveniles. Pero el Titán resistió, no se acomodó al influjo de las ventas, como si lo hizo Juanes, quien también estuvo por estas tierras con su “Niño gigante”, cuando Ekhymosis olía a futuro. Pero Kraken siguió, entonces vino “Piel de cobre” y “El símbolo de la huella”; muchos conciertos y su voz se coló en Suramérica, en los festivales de rock que sobreviven gracias a cientos de otros titanes, en las tabernas, en las nuevas caras del rock quienes nacidos en el nuevo siglo ya tararean el legado de sus sonidos. En el 2006 el trabajo “Kraken filarmónico” demostró una vez más la calidad musical de la banda, la sonoridad limpia de sus riffs, la búsqueda de letras elaboradas más allá de lo que pide la precariedad comercial y la lírica de la garganta de Elkin que se acompasaba a los violines. Todo un monumento para la posteridad.
Hoy 29 de enero de 2017, la noticia de la muerte de Elkin Ramírez conmueve, al menos a quienes entendemos que desde muchos lugares se hace cultura y que desde las cuerdas vibrantes de una guitarra y desde el grito desaforado de una lírica garganta, se dejan profundas huellas sociales para la cultura.
Nos queda volver a sus sonidos, a su legado. Ya es otro tiempo, los casetes son historia, el humo de cigarro apenas un recuerdo, pero la energía para gritar con el Titán sigue intacta, por eso hoy para recordarlo y despedirlo solo hace falta agradecerle por permitimos crecer con su voz, con su sonido y por poder gritar igual que en 1988:
Rompe el silencio de un grito,
que el mundo te escuche, no temas actuar.
No seas el sueño vencido
que teme y vence a quien teme soñar.
No seas la copia de un falso bufón,
sé uno, sé tú y nada más.
Se es libre al momento de actuar con razón.

No vivas para ser, por temor,
la presa de otros sueños.
Se vive una vez para ser
eternamente ¡libre!, ¡libre!