diciembre 05, 2018

CARTA ABIERTA: CONTEXTO SOCIO ECONÓMICO DEL PROBLEMA DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS

A continuación reproducimos la carta del profesor y amigo Julio Sabogal Tamayo, quien le escribe al mundo desde la Universidad de Nariño.

Nos encontramos ante una antinomia, ante dos derechos encontrados, sancionados y acuñados ambos por la ley que rige el cambio de mercancías. Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza (K. Marx).  

Amigos universitarios:
En esta oportunidad, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el contexto general del mundo y, por lo tanto de Colombia, en el cual se encuentra el actual problema de desfinanciación de la educación superior pública.  La información que ha circulado hasta el momento de parte de los universitarios es verdadera, pero, en primer lugar, es básicamente cuantitativa y, en segundo lugar, no está inmersa en el ámbito neoliberal del mundo.  Por lo tanto, lo que voy a plantear a continuación puede ser de alguna utilidad.
 Después de Los treinta años gloriosos –nombre que suelen darle al crecimiento continuo que disfrutó la economía capitalista después de la Segunda Guerra Mundial, hasta la crisis de los años setenta– al regresar la crisis, como era de esperar, el capital empezó a sufrir la caída de la tasa de ganancia.  El capital –su personificación la burguesía– decidió tomarse aquellos sectores que hasta entonces no había explotado: la educación, la salud, las comunicaciones, etc., a fin de recuperar la tasa de ganancia.  Eso pudo hacerlo fácilmente porque el poder político, más que antes, estaba a su servicio. 
En la era neoliberal se acaba la dicotomía Estado-mercado, predicada por Keynes, y el Estado pasa a ser un sirviente del capital.  Piénsese en el gobierno de Pinochet, presidente de Chile, el primer país neoliberal del mundo, o en los gobiernos de Margaret Tatcher, primera ministra británica,  y Ronald Reagan presidente de Estados Unidos.  La Tatcher solía repetir: La sociedad no existe. Sólo existen hombres y mujeres individuales que compiten libremente en el mercado.  Esto lo había aprendido de su maestro, Friedrich Hayek, el padre del pensamiento neoliberal y, en general, de la economía ortodoxa que enseñan actualmente en todas las universidades del mundo.  El pensamiento crítico fue desterrado de los programas de Economía, desde la década de los años noventa.
A la apropiación de estos nuevos sectores por el capital es lo que el economista marxista David Harvey llama acumulación por desposeción; lo que se está apropiando el capital no es una nueva plusvalía creada en un proceso productivo sino un valor que ya existía y el gobierno se lo entrega a un precio inferior a su valor.
Esto fue lo que sucedió en Colombia desde el gobierno de Virgilio Barco y se intensificó con el gobierno de César Gaviria.  Algunas empresas fueron puestas en venta, como fue el caso de Telecom, pero una universidad pública no puede ser puesta en venta, sino que se privatiza en forma indirecta.  El mecanismo utilizado es la restricción del presupuesto para obligarla a salir parcialmente al mercado.  La universidad se ve obligada a vender posgrados, asesorías e investigaciones y a precarizar el salario de los docentes, a través de la contratación de profesores hora cátedra y OPS.  En el caso de Colombia, se puso en práctica la estrategia de privatización indirecta con la Ley 30 de 1992.  Téngase en cuenta que se acababa de aprobar una Constitución híbrida, medio neoliberal y medio democrática; no se olvide que los líderes de la Constituyente de 1991 eran unos de derecha dura y otros de derecha blanda.
El otro camino consiste en financiar la demanda y no la oferta.  El gobierno no entrega los recursos financieros a las universidades sino a los estudiantes, de esta manera logra que dineros públicos vayan a la universidad privada –es decir al capital– o pone a las familias pobres a pagar créditos a la banca.  Esto no es solo en nuestro país.  Veamos lo que sucede en Estados Unidos: En Harvard, según informa Emmanuel Jaffelin en Le Monde del 28 de mayo de 2012, las relaciones entre profesores y estudiantes parecen fundarse sustancialmente en una suerte de clientelismo: “Dado que paga muy cara la matrícula en Harvard, el estudiante no sólo espera de su profesor que sea docto, competente y eficaz: espera que sea sumiso, porque el clien­te siempre tiene razón”. En otros términos: las deudas con­traídas por los alumnos estadounidenses para financiar sus estudios, cercanas a los mil millardos de dólares, los obligan a ir “más a la búsqueda de ingresos que de saber”.[1]  Por eso aquellas teorías que enseñan a pensar van desapareciendo y su lugar es ocupado por disciplinas “practicas”.
Al negociar con el gobierno nacional no hay que olvidar que este no toma decisiones libres, porque forma parte de un entramado mundial –dirigido por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional– además de que esos funcionarios han interiorizado el pensamiento único neoliberal, hasta estar convencidos de que es la única verdad posible.
Aquí hay dos fuerzas enfrentadas, de un lado la búsqueda de plusvalía que es un derecho económico del sistema imperante, a cuyo servicio están los gobiernos, y, de otro, los universitarios que nos empeñamos en defender la educación como derecho.  Y, Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza.  La fuerza de los universitarios, en este momento, es la organización, la movilización y la solidaridad de la población independiente.
Pero no basta con la sola movilización, debemos fortalecernos con el arma del pensamiento crítico, este pensamiento hay que recuperarlo.  Si los estudiantes y los docentes no nos armamos de la teoría antineoliberal, nos puede pasar lo siguiente:
Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encon­traron por casualidad con un pez más viejo que nadaba en direc­ción contraria; el pez más viejo los saludó con la cabeza y les dijo: “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces jóve­nes siguieron nadando un trecho; por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: “¿Qué demonios es el agua?”[2]
Pasto, 30 de noviembre de 2018
Cordialmente,

Julián Sabogal Tamayo
Profesor Titular de Economía, Universidad de Nariño




[1] ORDINE, Nuccio (2013) La utilidad de lo inútil, Barcelona: Acantilado, pág. 79.
[2] Ibídem, pág. 29.

noviembre 17, 2018

En el bosque de Tuput (Fábula sobre el poder)


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente universitario

Hace muchos años, en el bosque de Tuput, reinaba el león a sus anchas. Unos pocos animales no compartían su manera de gobernar, pero tenían miedo y callaban. Los demás le aplaudían y con eso ganaban más, el león de vez en cuando compartía con ellos su opulencia.
Durante un largo verano el bosque fue azotado por la canícula y solo abundó la precariedad. Los pocos que sabían las astucias y derroches del león decidieron protestar. Él y sus lacayos se habían comido las reservas en la época de abundancia, ahora el hambre era lo único que se podía repartir.
El oso citó a una asamblea, al principio fueron muy pocos, pero el hambre destroza hasta los más finos lazos de lealtad. Al final llegaron enojados hasta los aduladores, quienes en ausencia de comida y agua, tildaban ahora al rey león de ser un total inepto.
El oso iba generando cada vez más simpatía. La asamblea decidió entonces que el león debía renunciar al trono, era la única manera de salvar el bosque y emprender su recuperación. Todos aplaudían al oso cuando hablaba, quizás porque era el único que no temía las represalias del león.
El león tuvo que abandonar su cargo, sin embargo, le fue permito de vivir en el bosque. Con el trono vacío algunos propusieron que el nuevo rey fuera el oso, había mostrado gallardía y se merecía dirigir tan preciado lugar. La mayoría se opuso, no se veía bien –dijeron- que un oso que había estado en la oposición, ahora gobernara. Al final eligieron como nuevo rey al tigre. En ese bosque siempre habían gobernado los leones y los tigres, no los osos.
Pocos días después el bosque de Tuput parecía estar en total normalidad. Cada quien cumplía su rutina hasta que una mañana el agua empezó a escasear. El gran lago presentaba un nivel muy bajo y todos se alarmaron. Llamaron al oso para preguntarle qué pasaba, a lo que respondió -¿Y por qué no le preguntan al tigre?, al fin y al cabo él es el rey. Todos asintieron. Citaron a una asamblea y le pidieron al oso que la dirigiera, él sabía de esas lides.
El tigre no supo dar razón de la escasez de agua, aunque muchos rumoraban que la estaba vendiendo al bosque vecino. La única solución que encontraron fue traer el líquido desde el lejano río, para lo cual las horas de trabajo se aumentaron. El oso siguió investigando, hasta que descubrió que el tigre y sus secuaces habían construido un canal subterráneo para sacar el agua y venderla, se habían enriquecido con las ganancias.
El oso citó a una asamblea y condujo a los animales del bosque para que vieran con sus propios ojos el engaño del rey tigre. La turba enfureció y obligó al rey a renunciar. No obstante, no lo expulsaron del bosque. Con el trono vacío algunos de nuevo propusieron al oso como rey. La mayoría se opuso, no estaba bien –gritaban enfurecidos- que alguien como el oso que siempre había estado en la oposición hoy se sentara en el trono. Fue así como eligieron como nuevo rey al silencioso león.
La calma volvió al bosque… durante unos días. El león de nuevo en el trono volvió a sus andanzas, malgastando las reservas en grandes fiestas, a las cuales eran constantes invitadas las panteras. Incluso decían que en esas bacanales era común ver el tigre entre los asistentes. Pero todos callaban, en ese bosque siempre habían gobernado los leones y los tigres, eso generaba respeto.
Cuando se aproximaba el invierno el oso llamó a una asamblea, quería verificar los inventarios de alimentos, se había trabajado muy duro esos años y la temporada de lluvias se pronosticaba muy larga. Debían estar preparados. El león se negó a mostrar las cifras, dijo que todo estaba en orden. El tigre caminaba entre los asistentes azuzando y murmurando –algo aquí me huele mal- pero no lo decía en voz alta.
Como siempre fue el oso y su valentía la que convocaron a una marcha de todos los animales con el fin de verificar las existencias de alimentos. Todos iban enfurecidos, sabían que algo andaba mal. Al llegar a las cuevas de almacenamiento lo pudieron entender. El león y sus secuaces se habían gastado la mitad de los ahorros en sus fiestas. Le pidieron la renuncia y la expulsión, era la segunda vez que dejaba en quiebra el bosque. El tigre intercedió – no es para tanto, conque abandoné el trono es suficiente-
De nuevo se citó a la asamblea para elegir otro rey. Quienes acompañaron al oso desde el inicio de sus luchas insistían en que él debía ser el rey del bosque de Tuput. La mayoría los abucheó. Gritaban con furia: -¿cómo es posible que el oso, quien siempre ha liderado la oposición hoy quiera ser rey? Fue así como por amplia mayoría eligieron al tigre como su nuevo monarca.
He de decir que el tigre volvió a llevar el bosque a la quiebra. Los animales buscaron al oso para que se pusiera al frente de la situación. Lo hallaron cansado en su cueva, viejo y resignado. - Luché toda mi vida por tener un bosque mejor, les dijo, pero ustedes siempre eligieron al tigre y al león como sus reyes. Han de saber queridos animales, que el que no lucha para gobernar, siempre será mal gobernado.
Así es como en el bosque de Tuput, toda la vida, han reinado los leones y los tigres, siempre respaldados por la mayoría de los animales porque, según ellos, allí nunca ha sido y nunca será rey un oso opositor.

noviembre 08, 2018

En defensa de la Universidad Pública: la encrucijada del movimiento


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Durante la última semana el movimiento nacional, que pugna por alcanzar mejores niveles de financiación estatal para las universidades públicas, ha entrado en un momento crucial para sus definiciones. Ante el acuerdo entre el gobierno y los rectores, el cual fue un golpe para la estrategia de negociación, el movimiento se reorganizó y logró sentar a la otra parte en la mesa.
Sin embargo, los resultados no fueron los esperados, el gobierno ni siquiera reconoció las cifras de desafinación que presentan los estudiantes y docentes. Se suspendieron los diálogos y ahora esperan que el presidente ponga en la mesa una propuesta decente que permita avanzar en la superación de la crisis, sobre todo para el cierre del año 2018, ya que las universidades presentan delicados estados financieros para finalizar este periodo.
Al mismo tiempo, se convocó a una marcha el día 8 de noviembre, para continuar presionado la negociación. La última movilización, realizada el 31 de octubre, tuvo una gran contundencia, se espera el mismo respaldo en las calles.
 El gobierno sabe de las presiones que el movimiento empieza a sentir. Por una parte el calendario académico de las universidades se estrecha y la culminación adecuada del semestre empieza a ser una variable importante en el diseño. Algunas universidades ya han suspendido semestre, entre ellas Atlántico, Distrital, UPTC y Popular del César. Muchas otras se encuentran en alarma naranja, ya que el tiempo de finalización es motivo de sobresalto para las ya lesionadas finanzas.
Nadie que haya estado al lado de la movilización considera que no sea justa, que estamos atravesando una enorme coyuntura de la cual depende el futuro de la formación superior pública en Colombia.  No obstante, muchos entienden que la pelea no se librará solamente este semestre, se trata casi de la agenda de lucha para un cuatrienio. Por lo tanto, perder un semestre, correr un calendario académico o radicalizar el paro, son decisiones que deben valorarse a la luz de este factor. El gobierno lo sabe, por eso dilata.
El caso de la Universidad del Tolima
Para la más importante universidad pública de la región, el movimiento por la consecución de recursos frescos está más que justificado. Más cuando, desde el 2015, viene atravesando afujías financieras, las cuales fueron causadas por el problema estructural de todo el sistema estatal, pero agravado por la mala administración del anterior rector, José Herman Muñoz, quien dejó la UT con déficit cercano a los 30 mil millones y cuyo grupo político hoy se empeña en retornar al poder, sin que le importe con ello volver a sumir la UT en una larga noche oscura.
Desde entonces, y acorralada por un karma de austeridad, la Universidad del Tolima ha venido mostrando síntomas de mejoría, llegando a reducir el déficit a unos 10 mil millones de pesos aproximadamente. Su crecimiento en la oferta, su recuperación en la imagen y un proceso de reorganización administrativa en camino, les han devuelto parte de tranquilidad a los cerca de 20 mil estudiantes que se forman en sus aulas.
Sin embargo, con el periodo de cese de actividades académicas, ya cercano al mes, y con el riesgo latente de una suspensión del semestre, las finanzas resentidas entran en cuidados intensivos. Según informaciones del Consejo Académico, de continuar en esa línea progresiva, a la segunda semana del mes de noviembre entraríamos en un escenario de no retorno; es decir, habría que aplazar el calendario académico para que culminara en el año 2019.
Este aspecto complica los estados financieros propios debido a que la única estrategia de sobrevivencia que ha tenido la UT, durante los dos últimos años, para ponerse al día en pagos de nómina, es mediante un crédito puente, el cual se paga en un plazo no superior a tres meses. Sin culminar el semestre, difícilmente se haría el empréstito porque no se tendrían los recaudos de matrícula y se quedarían debiendo dineros a los docentes y funcionarios en este cierre de año. Provocando, por supuesto, una regresión en el plan de saneamiento que se venía desarrollando.
Este es un alto costo, dicen las mayorías: “Deberíamos volver a clases y participar en las movilizaciones y actividades del orden nacional que se convoquen para hacerle presión al gobierno”. Con la iniciativa de la comunidad el semestre se “podría salvaguardar y así no afectar los estudiantes, quienes son el alma del movimiento”, dicen un alto porcentaje de los docentes. Algunos llaman a la radicalización del paro, asumiendo que es la única vía para que el gobierno responda al pliego del movimiento. Lo cierto es que el campus cada vez está más vacío y un movimiento sin sujetos no tiene sentido.

***
De ahí que la encrucijada del movimiento está atravesada por variables nacionales y locales. No es fácil la decisión, porque en cada una de ellas algo se pierde y algo se gana. Lo único cierto es que ya se logró inquietar el gobierno, la respuesta en ciertos momentos ha sido masiva y la agenda de luchas crece cada vez más, lo que algunos usan para profetizar un gran paro nacional arrancando el año 2019.
Pero de las decisiones de hoy depende que el movimiento crezca en el tiempo y en sus logros, o se diluya y todo vuelva a la normalidad que tanto le gusta al gobierno. El desgaste político, los tiempos, la cohesión con otras luchas y las necesidades reales de cada universidad, son factores esenciales para que la defensa de la universidad pública sea una constante hasta que el Estado entienda el valor de la educación pública como patrimonio nacional.

noviembre 01, 2018

Religión y política: el reencauche del fascismo en Latinoamérica


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

En la tradición colombiana de la violencia son muchos los relatos de curas que actuaron como sujetos activos de la barbarie. Desde sus púlpitos azuzaron a los asesinos para que mataran liberales y comunistas “come niños”. Esa relación entre religión y crueldad es tan antigua como las huellas de los caballos de los colonizadores de toda procedencia y calaña, no solo en Colombia, sino en Latinoamérica.
Con la terminación del siglo XX surgieron cientos de relatos del “fin del mundo”, lo que generó, en las mentes religiosas, una especie de hibridación paranoica mediante la cual estas narraciones se mezclaron para generar ansiedad en las masas. Las seudo teorías mayas, las profecías de Nostradamus, los neo relatos del anticristo y las teorías apocalípticas-científicas de mega tsunamis, invasiones alienígenas, mega terremotos y otro sinnúmero de relatos, invadieron la mentalidad de los asustadizos sujetos que inauguraban el siglo XXI, sumidos en el pánico.
Este efecto psicológico de masas se convirtió en el terreno fértil de las religiones, un negocio basado en la incertidumbre y el miedo. Y por supuesto los políticos, cuyo mejor oficio es vender falsas esperanzas, vieron en el escenario una oportunidad de oro para contrarrestar la oleada de cambios que se avizoraban en el despertar del pueblo aupado por el desconcierto del modelo imperante en el fin del siglo.
La religión y la política están construidas con símbolos, discursos falsos y seres heterónomos cuyo fanatismo cimienta feligreses y/o seguidores. Caudillos y pastores son rostros de un solo totalitarismo, ambos trabajan con el miedo y la incertidumbre. Por eso, ante una masa que asistía al despertar de un nuevo siglo lleno de múltiples indecisiones, lo mejor era venderles el falso refugio de la religión incrustado en la política.
La alianza entre las grandes cadenas de iglesias de todo tipo y los movimientos políticos conservadores de la región, fueron elaborando un nuevo discurso político que rápidamente caló en la población desesperanzada. Para el año 2000 en Colombia se calculaba que cerca del 60 % de la población se declaraba católica, pero durante los primeros 10 años del siglo XXI, el crecimiento de las filiales y el surgimiento de iglesias de corte protestante, según la encuesta Barómetro de las Américas, fue del 25 %.
No en vano, si antes era requisito de todo político dejarse retratar un domingo en la catedral primada de su pueblo, el político de hoy comparte púlpitos y escenarios con todo tipo de negociantes de almas. Mentir y generar miedo son la base de estos dos artificios, ahora ellos controlan el mercado de las ilusiones.
Si tienes a la gente asustada con abismos de fuego y futuros inciertos, es muy fácil venderles la cura: la creencia absoluta de la política-religiosa en la cual el pecado es culpable de todos los males. Ese pecado está incubado entre los infieles, ateos, gais, comunistas, castro-chavistas, inmigrantes que te roban el empleo, negros que no trabajan, zánganos que quieren todo regalado, indios atrasados y cientos de etcéteras.  A ese ritmo el pueblo termina dándole forma a un gran enemigo, una parte del mismo pueblo.
De esa manera es que se explica por qué cerca de dos millones de colombianos afiliados a las iglesias cristianas, sin contar con los millones de católicos, salieron a votar en contra de los acuerdos de paz. Muchos de ellos dijeron estar alarmados porque ese acuerdo iba a volver maricas a sus hijos, un pecado grave para una religión monoteísta y machista, acrecentada por la visión neoconservadora del planeta. La ignorancia y sus militantes en pleno apogeo.
Recientemente Bolsonaro en Brasil sigue la misma ruta de ese discurso. Apalancado en un trasfondo ideológico de corte evangélico, que cada vez se torna más radical, vuelve a los esquemas del más rancio de los totalitarismos, en el cual, no solo se impone una visión única del mundo, sino que además el otro, el diferente debe ser erradicado.
Latinoamérica y el mundo se enfrentan hoy a una nueva época de oscurantismo. Estamos ante la inquisición 2.0. Ya no serán las brujas las que irán a la hoguera, serán los gais, los inmigrantes, los indígenas, los marihuaneros y los distintos quienes llevarán la marca cainesca sobre sus frentes. Así entonces el pueblo, guiado por lo mercaderes de la religión y la política, alimentará con votos una hoguera en la cual arderá el propio pueblo.
Lo único que alienta es que quizás, como al inicio de siglo XX, el aumento de la represión traiga consigo una nueva r-evolución.

octubre 13, 2018

¿Dónde están los que quebraron la Universidad del Tolima?


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Profesor Universidad del Tolima

Por estos días la efervescencia de la movilización por la defensa de las Universidades Públicas crece, la asamblea de estudiantes de la UT volvió a llenar el Coliseo reclamando una mejor universidad y los profesores desde la Asamblea Permanente han venido generando conciencia crítica y cohesionando esfuerzos nacionales que impliquen el aumento del presupuesto en educación. Justo por estos días ha vuelto a aparecer un grupo de “viudos del poder”, que disfrazados de “revolucionarios”, quieren posesionar un discurso falso de la historia reciente de la UT.
Hace tres años (6 semestres), muchos de los jóvenes que hoy se movilizan por la defensa de la Universidad Pública no habían llegado al campus. Quizás por eso ellos no sepan que en la Universidad del Tolima se libró una gran lucha para defenderla de una camarilla que se la había apropiado. Ese grupo contaba con la anuencia del partido liberal y el entonces gobernador Delgado Peñón, algunos conservadores como José “Choco” Hernádez y Samy Merheg, respaldados por varios sectores internos de profesores, funcionarios e incluso estudiantes, cuyo único objetivo era alimentar su botín burocrático.
Los rescoldos de esos viejos grupos de poder, hoy maquillados por el olvido, aparecen congregados en nuevas organizaciones, porque siempre hacen lo mismo, cambian de logo para aparentar ser progresistas, y ayudados por los que hacen pintas y panfletos por encargo, han querido apropiarse de la movilización poniendo dos mentiras a circular: 1. Que la culpa de la crisis de la UT es de la actual administración. 2. Que la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (ASPU) entregó la UT al barretismo. Veamos cómo son las cosas:
La crisis de la UT, la confluencia de tres males
La desfinanciación nacional que es comportamiento histórico de los gobiernos de turno, la ausencia de compromiso real de los gobiernos departamentales y la rectoría de Herman Muñoz Ñungo y su camarilla de áulicos, hicieron que entre 2014 y 2016, la UT pasará de tener un aceptable comportamiento financiero y académico, a la quiebra. El Ministerio de Educación estuvo a punto de intervenir la UT mediante la Ley 550, algo que se evitó gracias a los trabajadores (especialmente Sintraunicol), estudiantes y docentes de ASPU que entonces impidieron la violación de la autonomía universitaria. Muchos de los estudiantes de ese entonces ya se graduaron, por eso los nuevos deben saber el fruto de esas luchas pasadas.
El gobernador de entonces, Delgado Peñón, se negó a prestarle ayuda a la UT, al contrario, mediante un acto mezquino desempolvó un viejo documento que con argucias condenaba a la Universidad del Tolima a pagarle a la gobernación 30 mil millones. Tras de cotudo con paperas. Además, dejaron de pagar salarios y un proyecto como el Hospital veterinario terminó siendo un elefante blanco en el cual andaban perdidos cerca de 6.000 mil millones de pesos, sin contar con múltiples derroches denunciados por ASPU y de los cuales aún se esperan respuesta de los entes de control.
Ante la inviabilidad de la UT y después de marchas, protestas, cierres, plantones, denuncias y cientos de actos más, se hizo necesario hacer una huelga de hambre triestamentaria, que terminó por presionar la renuncia del entonces rector Muñoz Ñungo, quien luego, en un acto de supremo cinismo, demandó a la Universidad por 600 millones de pesos y a quienes protestaban los emplazó por acoso laboral.
La UT estaba casi en ruinas. Debimos empezar a recomponer sus cimientos. La Asamblea Universitaria no avanzó porque el sector en pugna llegó a boicotearla. El Consejo Superior Universitario nombró un rector para un periodo de transición, dispuso unas reglas de austeridad, ya que las decanaturas se habían tornado en ruedas sueltas que ordenaba todo tipo de gastos sin compadecerse de las frágiles finanzas. Y así, después de dos años, tenemos un panorama en donde el déficit se ha reducido a la mitad, se aumentaron las transferencias departamentales, algo que no se hizo nunca desde 1993 y se ha avanzado de gran manera en la recuperación académica. Hoy están de nuevo abiertos los espacios de representación de todos los estamentos y tenemos un rector en propiedad para los próximos cuatro años. La Universidad tiene otro rostro, pero aún los fantasmas siguen vivos.
Esto es lo que no dicen los que llegan disfrazados de progresistas, democráticos y defensores de la UT, eso lo callan porque muchos de ellos fueron protagonistas de la debacle y solo culpando a otros quieren lavar su patética imagen. El hoy es difícil, necesitamos aunar esfuerzos para que un gobierno como el actual le traslade los recursos a las universidades públicas, pero debemos evitar que se cuelen los viejos victimarios de la UT que hoy con su antigua forma de la artimaña quieren aparecer como víctimas.
ASPU, Sindicato líder en la transformación de la UT
En Colombia pertenecer a un sindicato implica cargar un karma y si el sindicato no se conforma con prebendas sino que lucha por los derechos colectivos, peor. ASPU Tolima lleva 45 años de historia y en su inventario de luchas siempre figura como primordial la defensa de la educación pública, la dignificación del trabajo docente y el respeto y defensa de la autonomía universitaria.
Quienes odian a ASPU en la UT, en su mayoría pertenecieron a ASPU, pero al no poder controlar la organización para sus intereses particulares de poder, renunciaron y han armado varias organizaciones fachadas que suelen durar lo que duran los momentos electorales. Dos enemigos de ASPU muy activos son los profesores Miguel Espinosa y Félix Salgado, ambos alfiles de la desastrosa administración de Muñoz Ñungo. El profesor Espinosa no desaprovecha para echarle la culpa a ASPU de todos los males actuales de la UT, pero lo que no dice es que él fue el director de la Oficina de Desarrollo Institucional (ODI), en gran parte responsable de la debacle de planeación financiera y estratégica de ese entonces. Por su parte el profesor Félix Salgado, viejo protegido por el MOIR en la UT, se ha dedicado a demandar la Universidad del Tolima como si esa fuese su tesis doctoral, con resultados hasta hoy nulos.
Por su parte ASPU, con una nueva Junta Directiva y enarbolando los postulados que la hacen la mayor organización de afiliados profesorales del país y la UT, sigue comprometida en la modernización y reforma de la Universidad. Es claro que necesitamos nuevos estatutos, nuevas reglamentaciones de contratación, una planta administrativa más eficiente, mejor manejo de los recursos públicos. Requerimos un adecuado sistema democrático de elección de las personas que gobiernan la UT, entendiendo que estamos en una Universidad, no en un pueblo politiquero como parecía hace años las elecciones de decanos, en donde los buses, el trago y la lechona hacían de las suyas.
El compromiso del Sindicato de profesores es con la Universidad del Tolima, con su futuro y eso no le gusta a quienes han sido “pelechadores” de los dineros públicos y dueños de la burocracia. Por eso de nuevo aparecen, camuflados, trabajando de bajo perfil, tramando y complotando, diciéndoles a los nuevos estudiantes que ellos son la vanguardia, que los malos son los otros.

***
Hoy estamos llamados de nuevo a luchar contra un gobierno cuya prioridad es la guerra y para quienes la educación es plato de segunda mesa. Debemos juntarnos porque juntos es que somos fuerza de cambio, de transformación. Pero que esa euforia no nos haga olvidar el pasado reciente de nuestra Universidad, que no vengan los responsables a pontificar y a vendernos espejitos de colores, sabemos quiénes fueron, siguen por ahí, y para quienes se preguntan ¿en dónde están los que quebraron la Universidad del Tolima?, ahí les dejo una pista.

octubre 09, 2018

1, 2, 3… LA EDUCACIÓN PÚBLICA OTRA VEZ


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Desde que tengo memoria en Colombia se ha marchado por defender la Educación Pública. No transcurre un año en el cual no tengamos registro de una movilización cuyo eje central sea el reclamo de solución a un problema educativo.
Los llamados “Comuneros de la UIS” en 1968, el gran movimiento estudiantil de 1971, el Movimiento de la Constituyente de 1990 y la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) de 2011, solo son cuatro hitos para corroborar que en Colombia la construcción de un sistema estatal de educación sigue siendo una tarea pendiente.
El 2018 viene a ser otro momento de eclosión. Después de un periodo tratando de consolidar un proyecto de paz, hoy amenazado por la ansiedad guerrerista de los latifundistas de Colombia, abrimos los ojos ante la cruel realidad: el dinero que se irá para guerra podría ser invertido para un bien nacional que lo requiere: la universidad pública.
Las Universidades Públicas se caen y no es una metáfora. La demanda de formación de los ciudadanos colombianos cada vez es mayor, darle respuesta es una angustia. Los indicadores para evaluar la gestión universitaria en sus ejes misionales se hacen más exigentes, porque no solo debemos cumplirle a nuestra realidad, sino también a la OCDE.
La inversión en las Universidades es tan exigua que resulta una proeza cumplir los retos de los Planes de Desarrollo. Investigar sin los recursos necesarios es como escalar sin arnés. Educar sin los recursos didácticos adecuados resulta un remedo del acto pedagógico. Hacer proyección social termina siendo una conversación con el entorno sin poder intervenir en sus problemáticas, nada más.
Las infraestructuras requieren inversiones altas. La dotación de recursos tecnológicos que necesitan las universidades para estar a tono con las nuevas formas de enseñar, es descomunal. Educamos para el siglo XXI con los recursos del siglo anterior.
Por eso volvemos a las calles a reclamar nuestro derecho a una educación pública, de calidad y gratuita. Tres sueños por los que miles de banderas, cantos, pancartas, manos, voces, pies y cuerpos hemos caminado durante décadas y seguiremos caminando, porque estamos convencidos que, como dijo Everett: “La educación es una mejor salvaguardia de la libertad que un ejército permanente”.

septiembre 28, 2018

Colombia necesita una emancipación simbólica


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD - UT

Es a Borges a quien se le atribuye la frase: “ser colombiano es un acto de fe”; y hay que recordar que según la tradición judeocristiana -impuesta en estos territorios a punta de arcabuces-, fe es: “la certeza de lo que se espera, la convicción de los que no se ve". Es decir, ser colombiano viene siendo algo que está por acontecer, un suceso que aún no podemos advertir pero que esperamos ansiosamente.
Ahora bien, el mundo de lo simbólico es una construcción de sentido que permite dar cuenta de lo inexplicable, “eso” que está más allá de lo cotidiano. La cultura es el constructo simbólico más importante de los seres humanos, es el crisol en donde se decantan nuestros sueños, miedos, deseos, temores, frustraciones y traumas.
Aunque lo simbólico proporciona forma y contenido a los relatos míticos, la religión, la ciencia, el arte y la historia, es el lenguaje su principal mediación que le permite expresar “lo oculto”, lo no dicho. Al develar ese mundo de significados, el ser humano empieza a dar cuenta de sí mismo.
Jung, uno de los estudiosos del mundo simbólico, acuñó el término “inconsciente colectivo”, para caracterizar esas huellas de lo eternamente humano que siguen presente en cada ser, sin importar el paso inexorable del tiempo. Jung se hizo preguntas como: ¿Por qué siempre nos ocupamos de los mismos temas? ¿Por qué los seres vivimos en un mundo circular lleno de los mismos temores y los mismos deseos? Entonces pudo connotar que esas trazas de lo humano eran “arquetipos” o sedimentos de los tiempos pasados, formas de la experiencia antigua del hombre.
Al observar, desde las ópticas planteadas hasta acá, a la sociedad colombiana (esos millones de seres habitantes de un territorio llamado Colombia), le podemos formular preguntas como las siguientes: ¿Por qué seguimos sumidos en un relato de violencia? ¿Es posible derribar el miedo a lo diverso que habita en nuestra cultura? ¿Por qué seguimos girando alrededor de una cultura tan precaria en la solidaridad y tan dada al facilismo? Se me ocurren dos arquetipos jungianos para analizar tal situación: La madre y el padre.
La Madre, la patria, el lugar del regazo o el sitio de acogida están casi ausentes de nuestro mundo afectivo. Llamamos “madre patria” a España, pero sabemos que ella no nos fecundó, por el contrario nos martirizó, destrozó nuestro entorno, laceró nuestra cosmogonía y ese no es el papel de una madre.
Por eso, quizás, nos refugiamos en un patriotismo lúdico-patético, un juego de contrarios, buscando mediante la construcción de ese lenguaje salir del destierro, aliviarnos del desamor materno que como sociedad padecemos. En términos simbólicos-literarios nuestra madre fue raptada y crecimos con la madrastra, ella nos impuso unas reglas distintas a las de ese mundo primigenio en el que surgimos como sociedad.
Por su parte El Padre, la figura de protección que debe proveer seguridad frente al mundo exterior (siguiendo a Jung), también es un símbolo lacerado en nuestra cultura. El padre fue asesinado, desplazado, obligado a cambiar de relato. El pueblo (padre), la patria (madre) son construcciones simbólicas desdibujadas en nuestra sociedad.
Somos huérfanos, vivimos a la deriva cultural sometidos a las costumbres de nuestros “insólitos protectores”. No es de extrañar entonces esa arraigada fijación de los colombianos frente a figuras de autoridad patriarcal, pequeños tiranos que de alguna manera nos hacen sentir que tenemos quién nos proteja, cuando en realidad están usando nuestra energía vital para acrecentar sus deseos megalómanos.
En ese sentido, la sociedad colombiana necesita la recuperación de sus símbolos, no como una idea romántica de volver a un pretérito irrecuperable, pero sí como la posibilidad de mirarse en ese pasado lacerado para potenciar el presente. Entender sus carencias, sus traumas, le permiten a una sociedad recomponer sus rumbos, mirar de manera crítica sus comportamientos culturales y emprender una nueva ruta.
Quizás podamos darle respuestas a nuestras antiguas preguntas pasando al diván y así empezar la tan necesaria emancipación simbólica de nuestra sociedad.

Publicado en: https://lapipa.co/colombia-necesita-una-emancipacion-simbolica/

agosto 26, 2018

Nuestro día llegará, ellos no son eternos


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

No tenía esperanzas de que hoy los colombianos salieran en masa a votar en la Consulta Anti-corrupción, y no es porque sea pesimista, es más bien porque soy muy realista. Sumidos en un letargo de décadas, los colombianos han sido sometidos a una especie de reality show politiquero, en el cual la mentira es la protagonista principal.  Muchos de los que se hacen llamar varones electorales han construido su imperio a punta de engaños, pero sobre todo con base en la pobreza mental de sus votantes, quienes como veletas van de aquí a allá, pregonando eslóganes de campaña que ni siquiera entienden.
El campeón de los mentirosos, como si se tratará de un concurso de trova paisa, ha sido Álvaro Uribe, amo y señor de los truhanes. Alguna vez nos preguntamos con un grupo de estudiantes, ¿qué hubiera sido del país si este señor hubiese sido un líder positivo para Colombia?, pero eso solo fue un juego de la imaginación, porque cada día la realidad ha ido, e irá, mostrando su verdadera calaña. Así sus feligreses no lo crean, Uribe un día no estará, su legado será de escombros y sombras, los buitres que lo acompañan se encargarán de devorar sus restos ideológicos y entonces la historia les dará a conocer a todos el rostro maligno de estas tres décadas bajo su manto. Qué alegría para los seres humanos que seamos mortales, es el premio de los débiles, no imagino la eternidad y la tiranía en un solo reinado.
Lo cierto es que la tendencia de cambio crece y los cambios son lentos. Requerimos conciencia, somos un país de analfabetas políticos, de desencantados y de crédulos. Es fácil de verificar como en pleno siglo XXI un pueblo puede creer que si  vota por unas ideas a sus hijos los van a volver maricas, eso es digno de un relato de la edad del oscurantismo. O estar tan alienado, al nivel de la señora que estaban vendiendo dulces cerca del puesto de votación, a la cual le pregunté si había votado y me respondió:
-          No señor, eso es de los guerrilleros y las lesbianas…
-          ¿Quién le dijo eso? –le pregunté-
-          Mi hija, ella dice que esas son cosas del demonio.
Nunca presencié mayor engaño de un hijo hacia su madre. Bajo esa lógica la representación de Alejandro Ordóñez ante la OEA es el mejor símbolo del mayoritario país que tenemos. Lleno de prejuicios, con ínfulas de ser más de lo que es, carente de pensamiento crítico, rezandero y mojigato, supersticioso, banal, pero sobre todo heterónomo. No olvidemos que esta última característica, la heteronomía, es propia de los pueblos que terminan padeciendo el gobierno de los tiranos, ya Hannah Arendt lo advirtió cuando estudió la mentalidad de los alemanes en pleno dominio nazi.
Me atrevo a decir que el remedio está en dos variables: Los jóvenes y la educación. Los primeros han venido mostrando un cambio, poco a poco abandonan la apatía y el desencanto y si eso sucede serán ellos quienes construyan la Nueva Política. Una política alejada de las armas, pero combatiente por la justicia social, la igualdad y el respeto por la vida y por los otros. La segunda variable es una enorme tarea, que ante la ausencia de un sistema educativo con proyecto nacional, nos toca seguir construyendo los docentes, desde nuestras aulas, desde la pedagogía de lo cotidiano, mano a mano con esos interlocutores que a diario la sociedad nos encomienda. No en vano el gran gamonal nos odia.
Esta quizás sea recordada como la generación del NO. Le dijeron no a la paz. Le dijeron no a la batalla contra la corrupción. Le dijeron no al cambio. Le dicen no a los gays, a la posibilidad de eliminar la barbarie taurina, a todo aquello que les suena a diferencia, porque es una generación estancada en las brumas de un pasado violento.
No obstante, a pesar de ese sombrío panorama, el número de los que van tomando conciencia crece, y un día seremos la mayoría y podremos construir ese país que tanto nos ha costado. No se puede perder la esperanza, nuestro día llegará, ellos no son eternos.

agosto 14, 2018

LO QUE EL GOBERNADOR HACE CON LAS MANOS, LO BORRA CON LOS PIES

Imagen libre tomada de Google

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Ya son varios los actos públicos en los cuales el gobernador del Tolima Óscar Barreto, sale a cobrar su papel como adalid de las soluciones para la Universidad del Tolima, llegando, en el colmo de su ansiedad, a olvidar que la Alma mater de los tolimenses ha existido y existirá después de él.
Sería mezquino desconocer que el actual gobernador ha desempeñado un papel importante en la recuperación fiscal de la UT, advirtiendo que la situación financiera no está superada del todo. Aún existe un déficit cercano a los 10 mil millones y, por lo tanto, se debe continuar vigilante ante las medidas que se tomen. El aumento de las transferencias del orden departamental son vitales para el futuro del proyecto de la más importante institución de educación superior de la región, y en eso el gobernador ha sido protagonista de primer orden.
No obstante, como decía Mark Twain, no hay paraíso sin serpiente. En los eventos públicos el gobernador se ha dedicado a hacer énfasis en que mientras otros protestan y hacen marchas que no sirven para nada, él muestra resultados concretos. La emprende contra la ideología, o con lo que él considera ideología, y va cayendo en un discurso soso, revanchista, que lo aleja de la esencia del ser de la universidad pública.
Hay que recordar que el Óscar Barreto que hoy se ufana de su trabajo por la Universidad del Tolima, es el mismo que en su periodo de gobierno anterior (2008-2011) le dio la espalda, todo por un asunto de ideología, esa misma que hoy afirma no existe. En ese entonces no tenía los amigos y cercanos que hoy tiene en la administración de la UT, eso es concluyente.
También es necesario recalcar que como presidente del Consejo Superior Universitario, su deber es hacer lo que hoy hace bien, ayudar a cuidar la UT. Pero eso no le da derecho a irse en lanza en ristre contras las expresiones legítimas de una comunidad que durante los 70 años de existencia, ha luchado permanentemente por mantener vivo el proyecto de formación superior más incluyente de la región, que hoy por hoy se consolida como una Universidad de índole regional, pero con gran impacto nacional.
De esa manera, el gobernador buscando ser reconocido por su trabajo en pro de la universidad, termina ampliando la brecha que siempre ha separado la UT de la élite política regional. Desconocer la lucha, la autonomía y la construcción de un pensamiento crítico que reivindica la razón de ser de la universidad pública, lo pone al lado de quienes mezquinamente han creído que lo público es un fortín de lo politiquero, como el anterior gobernador, Delgado Peñón, quien terminó por pasarle cuenta de cobro a la UT y sus amigos que allí gobernaban.
Señor gobernador Barreto, la comunidad reconoce su gesto actual por contribuir a las soluciones estructurales de la UT. Ojalá el Ministerio de Educación hiciera lo mismo y aumentará las trasferencias del orden nacional. Pero hasta ahí va su labor, no insista en desvirtuar el papel de docentes, trabajadores y estudiantes que han resistido esta y muchas crisis más, sin dar su brazo a torcer, peleando contra gobiernos departamentales y nacionales que desde su ignorancia han querido cercar las Instituciones Públicas de Educación Superior. Mejor dicho señor gobernador, lo que hace con las manos, no lo borre con los pies.

julio 18, 2018

RETOS EN EDUCACIÓN A DISTANCIA Y VIRTUAL PARA EL NUEVO CUATRIENIO

Carlos Arturo Gamboa B.
Director IDEAD - UT

Entre los múltiples retos que tiene María Victoria Ángulo, la designada como Ministra de Educación del próximo periodo de gobierno, está el de consolidar un modelo de aseguramiento de la calidad más acorde a la realidad, lo cual no posee el que tenemos actualmente, este privilegia las universidades de élite, siguiendo la lógica del centralismo y dejando a la deriva a las universidades de corte regional.
Sometidas al régimen de la medición de los factores de calidad, las universidades públicas luchan por cumplir unos indicadores casi siempre alejados de sus presupuestos y de sus diarios apuros por darle respuesta a las demandas de formación de los colombianos. Un ejemplo de ello se puede observar cuando los pares académicos solicitan indicadores de profesores de planta para soportar procesos de investigación y docencia en los programas, sin que el gobierno central disponga de recursos para este fin. Cada vez más las universidades públicas utilizan la figura de catedráticos para desarrollar sus labores misionales, pero en los indicadores piden (miden) lo contrario.
En esa misma línea, los programas de las modalidades a distancia, semipresencial y virtual, quedan sometidos a unos factores de evaluación que desconocen en gran parte sus realidades y potencialidades. Hay que recordar que este tipo de modelos nacen como necesidad del contexto para darle posibilidades de formación superior a una población sin garantías de acceso. Fue durante el gobierno de Belisario Betancur que se instaló como política nacional y surgieron las múltiples opciones que hoy ayudan a sustentar el sistema educativo nacional, sin las cuales los indicadores de cobertura en educación superior estarían aún más deteriorados.
Sometidos a la crítica desde varios sectores tradicionales de la formación universitaria, los modelos de educación a distancia y virtual han ido ganando terreno, no solo en expansión de oferta, sino en consolidación de calidad académica, reflejada en programas con alta tradición, indicadores de investigación soportados en productos y desarrollos, inclusión de poblaciones vulnerables, contenidos curriculares pensados para potenciar los contextos, buen posicionamiento laboral de sus egresados y, en los últimos años, con acreditaciones de Alta calidad.
No obstante, con las nuevas exigencias del Sistema Nacional de Acreditación de Colombia, los programas y unidades académicas (adscritas a universidades de tradición), entraron en un peligroso efecto de recesión. Al exigirles los mismos indicadores que se solicitan para ofrecer programas de la modalidad presencial, se les está poniendo una muralla a sus desarrollos e impactos y, además, se están desconociendo sus particularidades y potencias, ya que esos indicadores no dan cuenta de estas últimas.
En ese sentido, el CNA ha venido liderando una serie de talleres con el objetivo de que el nuevo documento de lineamientos para el aseguramiento de la calidad, contenga los elementos propios de los programas en estas modalidades y en vez de frenar su desarrollo, potencien su expansión y fortalezcan su calidad. Los datos al respecto son claros: de 292 Instituciones de Educación Superior en Colombia el 32.8 % ofrecen programas en modalidades a distancia o virtuales, y de estas 96, pertenecen al sistema público un total de 21, lo cual es una cifra considerable entendiendo que en más de mil programas a distancia se están formando un buen número de colombianos. ¿Cómo entonces potenciar la modalidad sin que se cree un escenario de titulación indiscriminada y de baja calidad?
Para los conocedores de la tradición de formación a distancia, está claro que no pedimos nivelar el modelo por lo bajo; por el contrario, las exigencias son válidas cuando se corresponden a las realidades, los contextos y los desarrollos. Reconocer las especificidades de los modelos y anclar sus desarrollos dándole vía libre a esas particularidades, hace que el sistema gane, ya que puede coadyuvar a fortalecer una oferta necesaria, no solo brindando soporte a dichos programas, sino cualificando a los pares que se convocan al ejercicio de los procesos de acreditación. Requiere el sistema, además, una fuerte inversión en tecnología, infraestructura y cualificación docente, ya que con la evolución de los modelos de enseñanza/aprendizaje, estos escenarios de formación atraen cada vez más estudiantes, debido a sus principios de flexibilidad, autonomía en el aprendizaje y al uso las mediaciones, las cuales, indudablemente, se tornan en dinamizadores de la formación superior.
Esperemos que el nuevo gabinete ministerial continúe recogiendo insumos para la elaboración final de la política de aseguramiento de la calidad, y no llegue a aplicar a rajatabla los indicadores de la OCDE y demás organismos internacionales de regulación, porque esa historia ya la hemos vivido y los resultados no han sido los mejores para un país que necesita consolidar su proyecto de educación superior, pero de acuerdo a sus realidades y necesidades.

junio 17, 2018

A LA VUELTA DE LA ESQUINA VIENE EL CAMBIO


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Pueda que hasta den ganas de estar triste, pero un instante nada más. Cambiar sociedades es un trabajo lento y en Colombia llevamos muchas décadas sumidos en unos patrones que son difíciles de alterar, de transformar.
Con una votación tan alta, sin las tramoyas de siempre, sin los acuerdos debajo de la mesa que suman votos amarrados, sin las mafias electorales y sin esos lamentables medios de comunicación que tienen atados sus porta comidas a las burocracias politiqueras, ocho millones de votos son una gran victoria.
Estamos ante el retorno de la política, otra enorme ganancia. Miles de jóvenes se volvieron a conectar con los problemas de la cuadra, del barrio, da la ciudad, del país y del mundo. Mala noticia para quienes siguen decretando la muerte de las ideologías y se quieren difuminar en la delgada línea de la neutralidad, que al final dejó al descubierto un cuerpo desnudo, despojado y con frío.
Esta Colombia de ocho millones de nuevas voces es el resultado de varios fenómenos sociales, políticos y económicos. Las vendas con que tapaban los ojos de las mayorías empiezan a caer. El proceso de paz despejó un camino, su incalculable valor aún no ha sido sopesado. El cansancio ante tanta injustica, ante la persecución de las ideas progresistas, ante la inequidad latente en el sistema de salud y el sistema educativo, rompen un velo y las imágenes dan nuevos mensajes.
Una lucha social se viene gestando en cada rincón de este país, la lucha por la transformación. Aún hay mucho miedo y por eso siguen funcionando las mentiras de los dueños del poder, pero ellos saben que les queda poco aliento. Hay una batalla entre los viejos de ideas viejas y los jóvenes de ideas nuevas, aunque también hay jóvenes envejecidos y viejos que nunca dejarán de ser jóvenes soñadores. Entre esos ocho millones abunda la esperanza y se vislumbra el futuro.
No se trata de un nombre, los seres somos circunstanciales ante los hechos; se trata de un acontecimiento, de un despertar que moviliza los caminos y modifica las pisadas. Son los heridos ríos los que llaman, la tierra que gime, los desposeídos, los desamparados en los hospitales, los campesinos abandonados, los desplazados, los huérfanos de tierra, el oficinista asalariado que paga con su vida un salario en cómodas cuotas de miseria.
No podrán detener su marcha hacia la justicia, así en sus senderos se atraviesen los señores del miedo y de la guerra, los que se repartieron la tierra que abonaron con sangre, los que llenaron las cordilleras de dragas, los que alimentaron las fauces de la droga para hacernos enemigos entre nosotros mismos. A pesar de todo ello, nadie detendrá el cambio.
Pueda que hoy 17 de junio de 2018 den ganas de estar tristes, pero solo por un instante. A la vuelta de la esquina viene el cambio y ese cambio solo es posible con ustedes. No olviden que es irreversible y debe encontrarnos preparados, por eso solo queda continuar empuñando esa bandera, hasta que la zozobra de esta noche se torne en cálida sonrisa.

mayo 11, 2018

SUR DEL TOLIMA, VÍAS PARA EL SUBDESARROLLO


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD – UT

Hace un par de semanas tuve la fortuna y el suplicio de transitar algunas de las carreteras principales del sur del departamento del Tolima. Fortuna porque pude volver a respirar el aíre límpido de muchas de sus montañas y disfrutar la variedad de verdes en sus cañones. Suplicio porque las vías están tan deterioradas que por momentos uno se siente transportado a la época colonial y desea tener una recua para poder transitar esos caminos de herraduras, por los cuales los distintos vehículos padecen hasta el estertor.
Hay que recordar que estamos a punto de concluir la segunda década del siglo XXI y vivimos saturados de imágenes televisivas en las cuales el gobierno de turno repite que está construyendo vías para el desarrollo y posicionando una extraña marca con el nombre de 4G. Esos recuerdos hablan entonces de otro país, uno que a estas rutas es ajeno.
En medio de la verdura vegetal se trazan unas vías que agonizan mirando los abismos. Tramos destapados, empedrados, barrizales, grietas, carreteras anegadas; todo ello trasmite olvido estatal, desidia, mal gobierno, derroche de dineros, corrupción, atraso, angustia.
Viajar, por ejemplo, entre Chaparral y Planadas, por la vía que se traza entre Tuluní y Señoritas, termina siendo una experiencia que habla de la desigualdad que los territorios y sus pobladores han padecido por años. En un instante de apenas metros, la cinta asfáltica inconclusa se convierte en una mancha grisácea de rocas, como si los viajeros atravesaran una puerta del tiempo entre la modernización y un pasado precario. Igual sucede en la ruta entre Chaparral y Rioblanco, o entre Ataco y Coyaima.
La Provincia del Sur del Tolima está conformada por nueve municipios. Ataco, Chaparral, Coyaima, Natagaima, Ortega, Planadas, Rioblanco, Roncesvalles y San Antonio. Territorios ricos en agricultura y ganadería, verdaderas fuentes de sostenibilidad alimenticia, pero castigados por la desidia que durante años ha cosechado injusticia en sus regiones.
¿Cómo se puede construir un plan que potencie los enclaves de desarrollo cultural, económico y social de esta gran provincia si se encuentra casi aislada de los centros? Esa interconexión es fundamental y las rutas para que transite el intercambio, son esenciales. Por eso me asombra que en estas épocas, cada vez que las lluvias arrecian, la mayoría de estas zonas queden a la merced de los caminos de herradura. Los pobladores sufren para sacar sus productos muchos de los cuales ya arrojan pérdidas por la ausencia de planes de sostenimiento al trabajo agrícola, mientras los productos y mercancías que ingresan a la región se encarecen.
Parece increíble que no haya sido posible construir un plan de infraestructura que solucione de manera definitiva el acceso y la salida de estos territorios. Todo consiste en disponer de dinero (que siempre ha habido) para que se levante muros de contención, puentes, drenajes adecuados, capas de asfalto resistentes y demás requerimientos técnicos, así como materiales para que las vías soporten las inclemencias del tiempo. Pero se nota que en las obras ha primado la improvisación, el ahorro en los materiales y los típicos arreglos temporales que garantizan que cada vez que el clima y el deterioro cumplen su función, los contratistas tengan trabajo.
Es urgente que el gobierno nacional, la dirección departamental y los gobiernos municipales se tracen como eje estratégico de desarrollo la adecuación definitiva de las vías del sur del Tolima, por no hablar de otros aspectos vitales que se hacen urgentes; solo así dejaremos atrás la desigualdad social, la falta de oportunidades y el olvido estatal, factores que engendran violencia en todas sus formas. La verdadera paz pasa por ese camino.
Adenda: Para el fin de semana del 12 y 13 de mayo, el Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, ha decidido suspender las actividades educativas que tiene en el municipio de Planadas, debido a que las zonas de acceso se encuentra de nuevo colapsadas y es imposible la concentración de los estudiantes y docentes universitaritos en sus respectivos centros para asistir a los cursos programados. Una muestra más del impacto que genera no tener vías adecuadas.




marzo 20, 2018

LABERINTOS DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA PARA EL 2018


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima
1.
A 100 años de la reforma de Córdoba, el movimiento estudiantil se convoca de nuevo con muchas de las banderas intactas. Autonomía Universitaria es una consigna que continúa vigente, más aún cuando en Colombia el Sistema Estatal de Educación Pública ostenta una deuda antigua con el sector y seguimos sin consolidar una Ley de Educación acorde a las demandas que tiene un país que espera cimentar la paz, la equidad y la justicia social. Otro aspecto fundamental es la financiación estatal, cada vez menor y que privilegia la inversión privada por encima de lo público. Programas como “Ser Pilo Paga”, demuestran que al Estado poco le importa consolidar reformas estructurales, continúa en su lógica de recetar aspirinas para enfermedades terminales.
Esperando decantar los aprendizajes (aciertos y errores) de la MANE, hoy los estudiantes universitarios tienen el reto de enfrentar políticas cada vez más regresivas y proponer “otras formas de lucha” que vayan a tono con el país que se proponen ayudar a construir. Estos y otros son los retos que los educandos asumen desde el Encuentro Nacional de Estudiantes de Educación Superior –ENEES-, bajo el rótulo de la generación del Centenario.
2.
El Ministerio de Educación Nacional, de manera inconsulta con las Universidades Públicas, busca reformar el Decreto 1279 de 2002 mediante el cual se establece el régimen salarial de los profesores universitarios.  La vieja tesis que vienen implementando los asesores económicos del MEN, consiste en trasladar la crisis financiera de las universidades al rubro de gastos profesorales. Mientras todos los estudios y análisis serios de las universidades demuestran que el sistema carece de un buen número de profesores de planta y existe ausencia de retribuciones justas a la labor docentes, el MEN y sus “yupi” asesores consideran que los docentes demandan mucho por la vía de la productividad académica.
En este escenario, los docentes universitarios deben estar dispuestos a la movilización con el fin de promover la construcción de un modelo digno que asegure sus derechos, que fortalezca la labor docente y garantice los mínimos necesarios para el proyecto educativo nacional. El MEN y el Gobierno deben entender, de una vez por siempre, que sin garantías e inversión el discurso de calidad es una pantomima.
3.
Las malas decisiones, en cuanto a la financiación de la educación pública en Colombia, tienen en el ICETEX otro ejemplo de lo que no se debe hacer. Re-direccionar los créditos para estudio solo para universidades y programas acreditados de Alta Calidad, de entrada provoca una ampliación de la brecha de desigualdad que el mismo sistema viene promoviendo desde la creación de la Ley 30. No es expulsando los estudiantes que lograremos mejorar los indicadores propuestos para la medición. Esto solo acarrea nuevos problemas, mayores deserciones y asfixia las instituciones quienes, desde las regiones, hacen esfuerzos enormes por cumplir las metas que desde el centro se le imponen, desconociendo las profundas desigualdades que históricamente padecen.
La improvisación de esta norma evidencia la falta de seriedad de las políticas educativas y  la ausencia de un conocimiento integral de un país que no puede seguir siendo pensado únicamente desde la capital. Para incentivar la acreditación de las universidades no se puede apelar a la estigmatización y la exclusión de sus estudiantes, eso lo sabe todo el mundo, menos en el ICETEX.