febrero 20, 2012

PALABRAS EN EL LANZAMIENTO DE LA REVISTA AQUELARRE No 21.

Para Julio César Carrión -el amigo e intelectual tábano-

Por: Carlos Arturo Gamboa
Nada mejor que empezar mi saludo a este nuevo número de Aquelarre con aquellas palabras de Aldo Pellegrini  quien nos recuerda que “al hombre despojado, hostilizado, acosado y que nada tiene que perder, le queda la riqueza incalculable de la palabra”, y la revista Aquelarre, como escenario intelectual cuyo sentido crítico atormenta a los hombres guardianes de la comodidad,  sigue avante, tomando como bastión la palabra.
Ahora estamos aquí para recibir el número 21 de la revista, número agorero, relacionado con los escépticos, los ateos, relacionado con aquellos que en la edad media se oponían a los designios de la totalidad en su figura más total, el Dios de los que reinan. Y claro, quienes anteponemos las ideas ante la totalidad de los relatos, no podemos más que ser tildados de locos, desadaptados, ilusos, energúmenos del sistema, soñadores. Pero cabría preguntar: ¿acaso existe otro camino?
Aquelarre ha construido su ruta, se ha negado a aceptar calladamente ante quienes amparados por el mal del siglo: el sospechoso silencio de la comodidad, desean imponer sus designios. Más de 10 años de un ya no tan nuevo siglo lleva esta revista, llena de incertidumbres, de debates, de contradicciones, de gritos y sueños, de locuras, de enfrentamientos contra lo establecido. Más de diez años de lectores y de escribientes, como diría Roland Barthes, porque cada vez hay más escritores de esos que acomodan sus discursos para ofrecérselos a los indicadores bursátiles del pensamiento. Una década de ese fugaz tiempo que todo condena al olvido, pero que también permite pulir las delicadas obras que le perdurarán. Ya Aquelarre tiene un lugar en la comunidad de la Universidad del Tolima, y es un hito en un escenario en donde mueren por falta de oxigeno los salmones, los ideales, las multitudes invisibles, y tantas otras voces que se niegan a reproducir la única voz, esa de los indicadores, esa de lo eficaz y lo eficiente, esa de la simulación contemporánea del conocimiento que cada vez está más lejos del saber y cada vez más cerca a lo que la palabra enuncia: Conocí-miento.
Por eso debemos celebrar otro Aquelarre, la fiesta es grito contra el olvido, debemos abrazar a los amigos que le apuestan desde la palabra a la construcción de una narración de su tiempo, de una expresión de las ideas que no cabalgan en el corcel majestuoso del consumo y la farsa, sino que prefiere continuar el camino bajo el golpe cansado pero firme de Rocinante.
Desde la Universidad del Tolima, desde la Universidad en crisis, desde allí, desde aquí, porque los grandes proyectos de la humanidad no sólo se miden desde las alturas de los rascacielos, abajo, en los no-lugares se construyen las utopías, y como lo enuncia Gutiérrez Girardot, en ese texto titulado La encrucijada universitaria, escrito en 1978 pero cuya vigencia está latente: “Todo modelo crítico surge de un estrecho contacto con la realidad, y el elemento utópico que está implícito en él, debe ser flexible y mantener sus lazos con la realidad que quiere transformar”, y Aquelarre como apuesta crítica ha seguido esa ruta, por eso en este nuevo número podemos hallar la visión no conforme de la comunidad académica, la crítica al mundo elaborado de la parafernalia del mercado en donde es más importante la depredación que el equilibrio de lo humano, el grito de los pueblos latinoamericanos por su inacabada independencia y un dossier mágico que nos muestra los recovecos de la ciudad, con sus dramas, sus señales y sus posibilidades.
Hoy estamos de cara a los retos de la re-construcción de la idea de Universidad Pública, la cual ha sido sometida por el empuje de los bárbaros arropados con cartones, por cada rincón del mundo universitario pululan los hábiles escaladores de las cumbres del seudo-saber y es muy fácil caer en el engaño del tráfico de las ideas. De la España iletrada heredamos el dogma de la simulación y la verborrea, mal que por siglos ha inundado páginas, hoy avaladas por el próspero mercado educativo. Por eso necesitamos de locos, soñadores, atrevidos con palabras, derruidores de templos, anatemas, socavadores del sistema, forjadores de martillos, eso es lo que reclama nuestro tiempo, de esos seres se deben poblar las universidades, de esos seres se alimenta Aquelarre, gracias a ellos por estar cerca, por sus grafías, por sus apuestas, porque por ellos que enfrentan los nuevos molinos de viento es factible seguir celebrando un Aquelarre, distante forma del recuerdo que evitará el olvido.
Ibagué. Febrero 9-2012.

febrero 15, 2012

HÁBLAME Y TE CONOCERÉ

Por: Carlos Arturo Gamboa
Si hacemos caso a la sentencia de André Bretón, quien dijo que “pensamiento y palabra son sinónimos”, debemos alarmarnos con el pensamiento que cotidianamente difundimos los colombianos, y que permanece como marca inevitable en nuestros discursos. ¿Hablamos como pensamos o no pensamos para hablar?, suelen preguntar los adultos de avanzada edad y casi siempre avanzada sabiduría.
Y en esa difusión de discursos los medios de comunicación, diletantes formas de la vaguedad, potencial herramienta del sistema que se preocupa más por cautivar audiencia (y ganar dinero), olvida que sus mensajes ayudan a construir cultura, o más bien, a imponer un discurso que casi siempre es superfluo y evita que los receptores penetren las capas subyacentes de la realidad; y una sociedad que no se piensa, no se interpela y no se interpreta, es apenas remedo de sí misma.
Por eso es necesario repensar por qué ante la avalancha de «adobadas estupideces» los consumidores de información apenas sonríen y no re-significan. Por qué una sociedad acepta y avala expresiones como la de Miguel Nule: “La corrupción es inherente a la naturaleza humana”, como si acabase de escuchar a Platón en diálogo con Aristóteles. Esa sentencia, totalizante mensaje para el receptor, invita a la corrupción y a la humanización de ella, para terminar por hacernos creer que por esa vía seremos el país más humano. La sentencia quizás debió ser: La corrupción es inherente a los Nule.
Otros personajes, cuya mano detrás de las decisiones atroces apenas se logra dilucidar, de vez en cuando hablan, como el señor José Obdulio Gaviria, para decir que: “En política el engaño es una virtud”, y con esa simple sentencia derrumba la construcción ética de la humanidad ante el impávido silencio metafísico de Baruch Spinoza. En realidad lo que el poco conspicuo JOG quería decir es que él y todo el gabinete de Uribe eran unos virtuosos del engaño, y el verbo está bien conjugado: eran.
En la misma línea el discurso futbolístico produce enunciados dignos de las antologías de las grandes estupideces humanas, como aquella sentencia maturaniana de “perder es ganar un poco”, y que se hizo ley, porque a ese ritmo el pueblo colombiano se convirtió en un ganador nato, así sus ganancias sean pérdidas. Su alumno favorito, el Bolillo Gómez aprehendió la lección con tal maestría que ya no puede “echar reversa pa tras”, y recientemente el presidente de la Difútbol, el aventajado Álvaro González, se dejó venir con una disertación que facilonamente pudo haber sido pronunciada por el medieval papa Sergio II: “Yo puedo decir que no hay nada con más posibilidades de contagiarse, no hay peor enfermedad, si se puede llamar así, con el respeto del que la sufra, que el homosexualismo
La lista, si de manera juiciosa rastreáramos prensa, radio y televisión, sería inagotable. Construiríamos el libro infinito de la sandez hecha palabra. Pero como no se dispone de tanto tiempo, sólo podemos recordar a Séneca diciendo: “Háblame y te conoceré

febrero 09, 2012

RESPUESTA A LOS CUENTOS DE UN CUENTERO


Por: Carlos Arturo Gamboa.

Señor hacedor de agracejos, después de leer su columna y de enterarme que usted es catedrático de la Universidad del Tolima, de un programa cuyo ejercicio consiste en formar “profesionales  con una sólida fundamentación”, no puedo evitar algunas conjeturas acerca de los sucesos que intentó describir. Amigo cuenta-cuentos empecemos con lo más sencillo, los hechos: ¿cuántos pupitres y escritorios ardieron bajo su mirada indignada?  ¿Qué es un “lenguaje tono ñeril? La verdad no vi arder nada más allá que su pluma, que arde de falta de objetividad, y el tono ñeril debe ser un modelo de escritura periodística que usas frecuentemente. Sigamos en los hechos. Vi estudiantes encapuchados y sin capucha, vi muchos mirones (me imagino que por ahí andaba su fuente) y vi funcionarios que confrontaron a los estudiantes encapuchados ante un acto que no compartían. Vi a muchos enojados y enojarse es un acto humano, no un acto terrorista.

Pasando a los juicios debo preguntar: ¿tiene usted certeza de la “falla testicular de más de 5.000 estudiantes, docentes y administrativos”’, porque a mí no me hiciste la prueba de fortaleza testicular; además creo que es un poco exagerado comparar estudiantes que protestan con árabes secuestradores de aviones, le repito, me parece una comparación un poco exagerada, algo así como compararlo a usted con Kapuscinski, ¿sabes quién es?, si el mismo, ese gran periodista que escribió Los cínicos no sirven para este oficio.

Continuemos con las opiniones. No creo que la Universidad del Tolima esté secuestrada, más bien creo que está algo acorralada por acciones y sujetos que ignoran qué es la academia, pero está viva, hoy más que nunca, respira, lucha, se enfrenta a las lógicas del capital, se resiste; aunque creo que para usted eso debe ser cuestión de tipos con nombres como Trotsky y Lenin, pero no se equivoque, también nos interesa a los Carlos, Marianas, Beatrices, Josés… En lo que si estoy de acuerdo con usted es en aquello de que «los “procesos universitarios” se han vuelto tan laxos», porque ahora se puede ser docente sin poseer el saber, acaso los títulos, se puede ser administrativo sólo si cuentas con espacio burocrático o palancas políticas y muchos estudiantes parecen teletubbies adormecidos bajo el influjo de este tiempo que adormece. Sí, la universidad pública se ha vuelto laxa, ahora se parece más a la privada.

Ahora bien, sobre jíbaros, distribución legal, protección financiada y precios de alucinógenos, su discurso parece de alguien que considera que la universidad debe preocuparse sólo por “asuntillos de disciplina”, no por problemas sociales reales; por lo tanto no tenemos mucho que discutir; y el ambiente que describe parece más extraído de sus ganas de ficcionar que de la realidad, le recomiendo deje de ver por un tiempo Los Soprano, puede aprovechar ese lapso para que lea el alucinante libro Plantas de los Dioses. Orígenes del uso de los alucinógenos de Albert Hofmann y Richard Evans Schultes.

Finalmente, como usted lo repite la historia es tragedia y es comedia, y se repite, como su discurso de ministro de defensa, porque algunas veces me ha hecho carcajear con sus agracejos, pero después de leer su columna me dieron ganas de llorar, y no precisamente de la risa.

febrero 07, 2012

¡ CÓMO ME ENCANTA GRITAR A LOS DEMÁS!

Por: Carlos Arturo Gamboa
¡Cómo me encanta gritar  a los demás! Hacerlos ver ridículos en medio del gentío, sentir esa superioridad que ofrece el sonido penetrando los oídos de la gente. Me gusta hacerles saber que soy YO quien manda aquí, y si puedo, en todas partes. Mi ego expande sus enormes alas pavorreales cuando tengo al frente una mirada humilde, pues sé de antemano que son ellos mis platos favoritos. Me desayuno con mis subalternos y me almuerzo a mis coterráneos. Me encanta el excelente manejo de mis palabras. Certeras balas son mis gritos pues todos corren a cumplir mis ordenanzas.
¡Cómo me encanta gritar a los demás! Muchas veces he disfrazado mis errores tras una cortina bulliciosa y entre más alta sea la respuesta, mayor será mi grito, porque nadie me supera en el arte de gritar. Sé que todos respetan ese fuerte carácter que fui adquiriendo con la experiencia de la vida, como si una voz interior me dijera grita, grita, grita y triunfarás. Sólo algunos humanistas hablan mal de mis exclamaciones y  gestos, y cuando el caso lo amerita, insultos y ofensas merecidas. Los demás saben que esas son las armas con las que administro mi existencia; el grito es y será mi causa preferida.
¡Cómo me encanta gritar  a los demás! Sólo que hoy estoy entristecido porque nadie hace caso a mis alaridos. Mis imprecaciones nadie las escucha. Todos continúan haciendo sus oficios, ríen, cantan y YO sigo gritando y gritando hasta agotar el aire en los pulmones. ¡Qué mutismo!
¡Cómo me encanta gritar a los demás! Pero, ¿será que he perdido la capacidad de la audición de tanto grito? ¿Será verdad eso de que el grito fácilmente se hace olvido?                                            

enero 26, 2012

UT 20.12: ¿TRANSICIÓN O CONTINUISMO?

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Los periodos extensos de gobierno siempre fenecen con los mismos síntomas: menoscabo de las participaciones democráticas, construcciones de meta-relatos excluyentes y asfixia institucional. Esos son los síntomas presentes en la Universidad del Tolima tras más de una década de una administración que cayó en la principal trampa del poder, su obnubilación.
A falta de unos claros lineamientos académicos, la Universidad del Tolima ha venido soportando una serie de fenómenos que evidencian su crisis: direccionamiento administrativista por encima de su misión académica, afán por cumplir los indicadores del mercado educativo y apuesta a los simulacros universitarios en boga, -hoy llevados a la guillotina por el movimiento estudiantil-, que han extendido un negro manto de dudas sobre la razón de ser de la única universidad pública en 24 mil kilómetros a la redonda.
El desafío ahora es romper con esa lógica, es devolverle a la Universidad su dignidad de Alma Mater, es desatar el nudo gordiano de la politiquería que permeó su esencia, es levantar el rostro y divisar la ruta de su razón de ser. El problema central consiste en cómo desenterrar las raíces, porque es simbólico que la cabeza de la administración ya no esté, pero las malezas plantadas durante años siguen vigentes, están enraizadas en los estamentos profesorales amañados con el “nada cambia”, en los funcionarios adormilados por la prebenda, en los estudiantes cooptados con pequeñas dádivas, en los escépticos del “importaculismo” del siglo.

Pero también están muchos a la expectativa: los docentes comprometidos con el saber, los que hacen de la cultura resistencia, los funcionarios honestos que cada día ejercen su labor con dignidad, los estudiantes inquietos que no se acomodan al vaivén de las olas burocráticas, aquellos que no son indiferentes porque piensan, discuten, sueñan… Con ellos toca unir voluntades para devolverle a la Universidad del Tolima un espacio en el escenario de los sueños de transformación social. No será fácil, romper el ciclo de acomodamiento y mezquindad es necesario, y son muchos que anquilosados al poder clamarán porque la sombra de su pastor no los desampare. El reto está en poder tejer el hilo de la transición de una institución mercantilizada y tecnocrática hacia esa Universidad Pública que deseamos, si estas rupturas no se gestan estaremos entonces condenados a la extensa noche del continuismo.

enero 22, 2012

SISTEMA EDUCATIVO: ¿CRISIS O INVIABILIDAD?

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
I
No es que el sistema educativo esté en crisis, es que no es viable, sólo elucubrando de esa manera podemos empezar a debatir los múltiples escenarios de la educación en Colombia, incluso la privada. El Ministerio de Educación, tan aparentemente preocupado por el sector de lo público debería “inspeccionar” aquello que sucede en la cotidianidad. Cada vez la carrera docente es más parecida al teatro de lo absurdo, los nuevos profesores se enfrentan a un mundo de la vida en donde su saber es burla del mercado. Colegios que pagan miserables salarios a los recién egresados hacen que comparativamente gane más un limpiador de parabrisas. Lavar los parabrisas en los semáforos es un sub-oficio más de la clase desprotegida y su labor es vital. Un joven sin más oportunidades puede llegar a ganarse entre 15 y 20 mil pesos en el día. Un docente recién egresado de un pregrado debe trabajar medio tiempo por la irrisoria suma de 250.000 pesos mensuales.  Por cada jornada suya obtiene 8.300 pesos, de ahí paga su transporte y no sigamos calculando. Además debe orientar todas las áreas, porque por obra del mercado en las escuelas si existe la transdiciplinariedad.  Y ante el arrodillamiento del Estado, ¿quién controla el mercado? Lavar parabrisas es importante, evita que la gente se estrelle, pero educar lo es mucho más, evita el atraso y la ignorancia, pero es más benéfico para el mercado tener panorámicos limpios que seres humanos menos ignorantes. Eso garantiza su reinado.
Frente a esa tangible realidad, fácil de verificar con un simple sondeo de los docentes subsumidos a las voluntades de los colegios de garaje y no pocos colegios de tradición, uno termina por creer que el modelo educativo colombiano no necesita una reforma, si no su destrucción. El arte y oficio de la docencia debe estar a tono con la posibilidad de un cambio social, pero dentro del modelo actual es imposible.
II
Ante la arremetida del Ministerio de Educación Nacional contra lo poco que queda de lo público en el sistema educativo superior, la opción de reformar es la menos adecuada. Maquillaje de saltimbanqui son las reformas pasajeras, se requieren cambios estructurales. Atrevamos una propuesta de nueva ley  de educación concreta, como nuestras necesidades:
EXPOSICIÓN DE MOTIVOS
1.       1.La educación es un derecho constitucional, no un bien.
2.       2.Todo colombiano tiene el derecho a educarse hasta el nivel que él autónomamente lo elija.
3.       3.La educación es la base de la construcción de un pacto social por la equidad, la justicia y la dignidad del pueblo.
ARTICULADO
ARTÍCULO 1. La educación es gratuita en los niveles de pregrado y posgrado para todos los colombianos.
ARTÍCULO 2. La Universidades Públicas son autónomas para determinar la naturaleza de los saberes que puedan repercutir en el desarrollo de la población colombiana, es decir de la construcción de sus propios currículos.
ARTÍCULO 3.  El Estado colombiano destinará el 10% de PBI para transferencia a la educación pública universitaria, sin más condicionamientos de que la veeduría ciudadana garantice que dichos dineros no sean repartidos entre la corrupción. Dichas transferencias serán equitativas sin privilegiar las grandes universidades.
ARTÍCULO 4. Las Universidades serán autónomas en la construcción de su gobiernos universitarios, el cual debe estar conformado por miembros de la comunidad universitaria. Habrá un representante del gobierno y del Ministerio, pero sólo tendrán voz, no voto.
Ahora veamos que gobierno y que ministra se le apunta a discutir esta propuesta. Con ellos me siento a debatir. Lo demás es reformismo.

enero 17, 2012

UNIVERSIDAD: LA PIEDRA EN EL ZAPATO DEL SISTEMA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

 Publicado en Boletín Universitario No. 057.

¿Cuál es el destino de la Universidad Pública en Colombia? Esa es la pregunta sobre la cual deberían girar todas las discusiones actuales de la academia, pero que desafortunadamente está ausente de la gran mayoría, sin restar importancia por supuesto al gran debate que han generado los estudiantes universitarios desde múltiples lugares, como la MANE y la Constituyente Universitaria, entre otros.
El sentido de la educación radica en la potencialización de una comunidad hacia el sentir crítico, la generación de saber y la idea colectiva de nación a la que aspira una sociedad; y en un planeta cuya dimensión de gobernanza está supeditada a los rizomáticos movimientos de la sociedad del consumo y las intrincadas secuelas del poder monetario, pensar en nación, en comunidad y sentido crítico, pareciera ser distópico. Pero es precisamente la imposibilidad de esa posibilidad la que debe erigirse como el vórtice de la tensión. O nos asumimos de lleno al mundo del mercado, con sus fugaces esperanzas de bienestar, con sus seudo-concepciones al deseo humano, o radicalizamos nuestra postura como “entes pensantes” que conforman la común-unidad universitaria y desde allí apostamos a la fuerza de las ideas y al engranaje de la acción. Otra universidad debe ser posible, he ahí el imperativo. No se trata de pequeñas transformaciones, de acomodamientos a los cauces del mercado, de aceptación a aguas-tibias de las políticas que no son nuestras, sino que se gestan en las entrañas de las bolsas de valores y los enunciados de bien(mal)estar económico.
Por lo tanto, la radicalización del pensamiento no debe ser tomado como un síntoma de “avance hacia atrás”, sino como un sentir colectivo humano que reclama otra sociedad, otro des-orden. Jugar al puzzle que nos proponen el espíritu reformista de la época, no es sino adaptarnos a las reglas del juego. Des-adaptarse es la salida, de lo contrario seremos el bufón de la corte que por unas horas le está permitido burlarse del séquito y luego retornar a su caverna de silencio. Des-intelectualizarse es urgente para el sujeto universitario, abandonar su pedestal de acomodamiento en donde reposan sus migajas de un antiguo sueño. Cerrar el juego de tecnócratas y abrirle espacio al retorno de las ideas, del pensamiento en su más radical accionar, de-construir el entramado universitario y devolverle el saber al sujeto para que él sea sujeto de saber.
¿Para quién es el reto? Para todos aquellos cuya dimensión antropo-social le sea dado llamarse universitario. Difícil desafío para una comunidad adherida a la tranquilidad de no pensarse, de permitir que otros (no el Otro) decidan sus derroteros. El resultado de la no acción está a la vista, esa es la Universidad que hemos venido construyendo, la cual ostenta paredes, diplomas, conglomerado de silencios e indicadores, pero que cada vez está más lejos de ser una institución que dialogue con su entorno y con su tiempo. La otra universidad, la que nos impele el tiempo-histórico a construir, debe ser la piedra en el zapato de sistema. ¿Tendremos hombres y mujeres dispuestos a este reto? Esa es la otra gran pregunta.

enero 05, 2012

LOS DISFRACES DE LA CORRUPCIÓN


Por: Carlos Arturo Gamboa
Por estos días en toda Colombia se acciona la más soterrada de las formas de corrupción, auspiciada por ese marcado cinismo ético tan promovido por el mundo bajo el eslogan de la democracia: la politiquería. Aunque la politiquería, la influencia descarada, el amiguismo trásfuga y  la repartición del bien público es el continuo devenir de nuestros entramados de poder, por estos días, con el posicionamiento de nuevos alcaldes y gobernadores, es el festín predilecto.
Mientras la mayoría retorna a sus mundos cotidianos, otros cientos se aprestan a disputarse las pocas tajadas que quedan del gran pastel de lo público: el erario. Los viejos y nuevos caciques, dueños del país, alimentados por la ignorancia electoral de los millones de colombianos que votan, manipulados o esperanzados, ponen y quitan fichas en los puestos públicos, como si se tratase de un juego. Sin el menor descaro, sin el más mínimo asomo de vergüenza, sin sonrojarse ante la ética, los puestos públicos son entregados a esa minoría que se quedará con los recursos de la mayoría.
Lo que no existe en verdad es la política. El sentido de lo público para lo púbico es la sonrisa de Judas mientras parte el pan, todo debe ser depredado. La anormalidad es la norma, sin reparos se dice que X o Y es cuota de A o de B, desde las cárceles se nombran funcionarios, en las casa-fincas se pactan los destinos del dinero público. Todos miran y a todos les parece normal. Robar lo público entre amigos parece ser el pasatiempo de los colombianos que aspiran y llegan al poder. En medio de ellos algún personaje ético refundido apenas sentirá náuseas ante tanto descaro, ante tanto discurso inane sobre la corrupción, ante tanta seudo-ideología que no diferencia a ningún partido de ningún partido, porque todos quieren llegar a lo mismo, a depredar el país.
Por eso no sorprende que si observamos con detenimiento el listado de los nuevos asesores y funcionarios de los gabinetes de las gobernaciones y alcaldías de Colombia, encontremos la casi total ausencia de hombres y mujeres pulcros, más bien hallaremos los mismos nombres tradicionales, que han saltado de puesto en puesto, influenciados por la politiquería, aumentando sus pensiones al tope, construyendo sus futuros avaros a costa de las necesidades de la población vulnerable. En lo público (y en lo privado) está casi ausente la ética, el trabajo honrado y el esfuerzo intelectual; en lo público lo que prevalece es el renombre que te da pertenecer a alguna de las sectas depredadoras, no importa cuál, al fin y al cabo si miras con detenimiento verás que entre ellos no hay diferencias, cuando se trata de repartir el botín olvidan sus discrepancias. Como bien dijera Frank Herbet, “la corrupción lleva infinitos disfraces”, por eso muchos esperan con paciencia su turno; el perverso sistema de la democracia del consumo así lo garantiza. 

Sólo hay un imperativo y es que, como lo dijo la cantante Joan Baez: “Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”.

enero 04, 2012

CULTURA

Los nuevos años sólo podrán ser nuevos, si derrotamos las viejas formas de la mezquindad humana. Este texto del ensayista William Ospina deja para el lector un sabor amargo de realidad, pero el espíritu abierto a los principios de esperanza y de resistencia.

Por: William Ospina
Hay personas aparentemente ociosas que se fijan en cuánta agua de una bañera es desplazada por un cuerpo sólido que entra en ella.
Hubo quien frotando ramas por azar descubrió que era posible producir fuego. Hubo quien a partir de los diez dedos de sus manos concibió el sistema decimal. Y allí donde todo el mundo está habituado a ver que las manzanas caen de los árboles, algún día apareció alguien que se preguntó por qué caían.
Quizá no hay nada más provechoso en el mundo que la ociosa creatividad que no busca ser rentable, la libre meditación, el “conectar los puntos” como lo llamaba Steve Jobs, “la imaginación irresponsable” como la llamaba Jorge Luis Borges, la curiosidad, la percepción de los detalles y de los matices, las artes combinatorias, la sensibilidad que se deja herir por las formas del mundo y que produce de repente el lampo di genio de alguna síntesis benéfica.
Por ese camino la humanidad consiguió su poder sobre el fuego, descubrió la rueda y la palanca, halló los números y los alfabetos, inventó la medicina, dibujó las constelaciones, midió la Tierra, alcanzó la geometría y a través de ella obtuvo el estatuto básico de las ciencias. Por ese camino la humanidad pasó de los conjuros a los poemas, de las anécdotas a los relatos y a las novelas, del silbo del viento en las cañas a las sinfonías de Mahler, de la superstición a las religiones, de los cálculos al cálculo y de las explicaciones rudimentarias a los vastos sistemas filosóficos: de las discusiones en las esquinas de Atenas al “palacio de precisos cristales” de Kant, a la catedral espiritual de Hegel, al cosmos divino de Spinoza y a las exquisitas arquitecturas de Schopenhauer, donde todo está sostenido por todo.
Inventar la silla, la mesa, la almohada, la puerta, la ventana, la utilización del frío para conservar los alimentos o los diez pasos inauditos que llevan desde la siembra del café hasta la densa infusión del color de la noche; fingir el mundo en colores de aceite sobre un lienzo o con tinta sobre un papel, inventar el lienzo y el papel, llegar a los mapas y a los libros, a las oraciones y a los funerales, pasar de la balsa al trasatlántico, del dragón de papel a los transbordadores espaciales, de las danzas guerreras a los carnavales planetarios, es lo que llamamos la cultura. Y también es la cultura la conciencia lúcida que critica, el ciudadano indignado que reclama, el individuo que se sabe digno de heredar todas las conquistas de la civilización.
Ella nos ha traído desde esas incómodas cavernas hasta los salones iluminados de lámparas, con diálogo apacible, con licores y cenas, mirando la medida del tiempo en la muñeca, arrancando las hojas últimas de los calendarios y hablando de esas cosas impalpables y refinadas que son la felicidad y el futuro, con todos los verbos y las figuras gramaticales en regla, y con la certeza casi absoluta de que los proyectos bien concebidos se realizarán en esos tiempos hipotéticos.
Fue Paul Valery quien dijo que “el hombre es absurdo por lo que busca y es grande por lo que encuentra”. Fue Auden quien dijo que “el artesano sabe siempre qué tipo de objeto piensa elaborar y reproducir, en tanto que el artista sólo sabe lo que busca cuando lo encuentra”. Ello significa que para encontrar las cosas a menudo hay que avanzar a ciegas, presintiendo, intuyendo, equivocándose, recibiendo la memoria de las edades, dando pasos sobre las huellas de otros. Ello significa también que la primera vez, cuando el artesano hizo su invento, descubrió su diseño, era también un artista creador. Y que el artista, obedeciendo a leyes secretas, oye voces, sigue pálpitos, conecta puntos, y de viejos inventos obtiene nuevas conclusiones.
Tal vez por eso suena tan mal cuando los políticos llegan con el cuento de que la cultura debe ser rentable y autosostenible, y que todo invento es propiedad privada. Con los inventos de la cultura trabaja y es rentable toda la civilización. Nadie nos cobra por usar las cifras, las letras, las palabras, todavía no nos pasan la cuenta mensual los propietarios de la gramática por utilizar los verbos y los adjetivos, aunque, como van las cosas, eso ya llegará. Alguna multinacional ingeniosa aliada con algún gobierno corto de espíritu privatizará los grandes bienes universales de la cultura, como han privatizado las obras de Van Gogh, con las que él pagaba a duras penas su plato de sopa, para que sean ahora la imagen de las tarjetas de crédito; como quieren privatizar el agua, los secretos del cuerpo, el viento y las semillas.
Oscuros banqueros especulan, tortuosas corporaciones trafican, los Estados son saqueados sin escrúpulos, la tierra es objeto de valorizaciones y destinaciones ocultas, las burbujas financieras estallan, malos manejos y malos gobiernos precipitan a las sociedades en la recesión y en la crisis, el tesoro público se convierte en la tabla de salvación de los capitales privados, y llega por fin el infierno tan temido de las vacas flacas y ya no del recorte, sino de la mutilación de los presupuestos.
¿Recortarán por fin donde hace falta? ¿Controlarán la corrupción? ¿Mejorarán el recaudo fiscal? ¿Vigilarán las contrataciones, se abstendrán de guerras infames, de espionajes onerosos, de operaciones fraudulentas, harán que paguen por fin los responsables? Claro que no. Una vez más recortarán donde se recorta siempre, en la cultura, en la educación, en la justicia, el estímulo a la creatividad será el gasto inoficioso que hay que controlar.
Los mandatarios sólo deberían hacer lo que les mandemos. Pero ellos saben bien que, para ponerlos en su sitio, nada nos hace tanta falta como la cultura que nos recortan.

diciembre 14, 2011

NUESTRA METAMORFOSIS

Por: Carlos Arturo Gamboa

Publicado en: Separata Aquelarre No 13.
El pensamiento de Nuestra América
Flexibilización laboral y crisis de la educación


Después de una eterna noche de sueño intranquilo los seres humanos amanecimos convertidos en escarabajos. Sin poder reconocer nuestras peludas formas de desplazamiento, ahora sólo atinamos a decir, al unísono de Samsa: “¿qué nos ha ocurrido?”
Sujetos al artefacto de la producción, años atrás los seres humanos soñaban con llegar al tope del bienestar productivo, laceraban sus días y sus noches golpeado el mundo para extraer de sus entrañas la plusvalía, pero poco a poco se fueron dando cuenta que el bienestar sólo aumentaban en las cuentas bancarias de unos pocos, mientras la mayoría, la masa uniforme de obreros, sólo heredaban del capital sus miserias y apenas lograban subsistir en los cordones suburbanos de la pobreza. Para entonces la exuberante factoría era el lugar ideal para la producción de bienes de consumo y las ciudades, sitiadas de humo y hollín, se fueron agrandando en contracciones del poder central, mientras los suburbios recibían los desechos de la ciudad y la riqueza.
Fue cuando el hombre vestido de grasa levantó su voz para que los cyborgs de la producción respetaran sus derechos y la satanización de sus gritos hizo que el imaginario cultural los culpara de la falta de productividad. El capital, que se alimenta de la sangre de los desposeídos, seguía creciendo y un día la fábrica ya no fue el lugar de la producción, había nacido la hija bastarda de la mercantilización, la producción de servicios; y con ella los nuevos regímenes laborales mutaron a extrañas formas disfrazadas en los seudo-discurso de la productividad. Conceptos como círculos de calidad empezaron a flotar en las nuevas empresas centradas en la competitividad para el mercado y entonces los derechos eran apenas enunciaciones de hombres delirantes de libertad. Los sindicatos se desmontaron mediante chantajes propios de las dinámicas del sistema: compra de los líderes, contrato de trabajo en donde de entrada los empleados debían renunciar a cualquier posibilidad de asociación y, aquellos quienes se resistieron convencidos que primero es el ser humano que el capital, terminaron por ser devorados por la gran máquina productiva. El capital se alimenta de sangre.
Pasados algunos años, en la mayoría de los centros productivos los sindicatos eran relatos míticos de un pasado recóndito, a través de las tonadas de una historia inmemorial escuchamos decir que ellos eran una especie de vampiros de la producción, que las empresas se habían diluido por su culpa y no pocos discursos economicistas culparon al obrero del atraso de nuestras naciones. Los pocos sindicatos que resistieron se convirtieron en amorfas formas de asociación cuyos objetivos ya no era resistir al embate del capital devastador, sino que se limitaban a recibir las migajas del festín de la producción. Muchos de los sindicalistas que otrora entendían la perversidad del sistema, terminaron siendo absorbidos por las fórmulas del éxito empresarial, ahora convertidas en paradigmas culturales: Tener, comprar, viajar.
Y cómo el capital muta desaforadamente, pronto entendió que debía no sólo hacer del ser humano un esclavo de la producción, porque los esclavos terminan por romper el ciclo del consumo, entonces hizo del trabajador una marioneta que produce bienes superfluos y compra falacias. Los adoradores de la imagen icónica de los grandes triunfadores anunciaron el nuevo aforismo: tener o no tener, he ahí el dilema… Y todos en la carrera loca por la obtención de la seudo-felicidad de nuestro tiempo, nos dispusimos a seguir alimentando el capital con nuestra sangre. Trabajadores esclavizados en las oficinas, esas fábricas de los nuevos servicios, gastamos horas, días, años y vidas alimentando un sistema que se queda con casi todo, mientras los demás creemos erróneamente que un auto, un apartamento y una familia consumidora que viaja cada año a las playas, es símbolo de éxito y prosperidad.
El tiempo es aciago, porque no sólo nos han robado la libertad, sino que además no hacen sentir culpables del fracaso del mundo que tenemos. La mentira se hace una verdad: somos las mayorías quienes por ineficiencia tenemos el mundo patas-arriba, la pobreza es culpa de los pobres porque el planeta ha abierto sus fronteras al mercado y los pobres no son competitivos. Debemos pagar con sangre nuestros errores, debemos renunciar a todo, nuestra vida debe estar dispuesta al justo a tiempo de la maquinaria especulativa.
Desaparecida la idea del obrero sudoroso que reclamaban con ahínco sus derechos, ahora sólo tenemos imágenes de ejecutivos light, uniformados por la cotidianidad, encerrados en sus poco metros cuadrados de oficina, de frente a un computador que te evita el desplazamiento, ahora, te dicen: el mundo es tuyo, ve y conquístalo, y en medio de la modorra de un sueño que es brutal pesadilla, los seres adormilados entregamos el Ser y el Estar a un tiempo despiadado, a una empresa, a un puesto de trabajo que se debe conservar aún a costa de nuestros verdaderos sueños. La libertad ha sido arrebatada y ahora la compramos en productos bajo el slogan de un silencio: la amistad es un banco, la alegría una gaseosa, el amor un jabón de baño, el deseo una mentira.
Cuando Gregorio Samsa despertó y observó su condición de monstruo, porque ya no era productivo para el mundo laboral, entendió su drama y susurrando en el idioma de los insectos, nos afirma el narrador, se dijo así mismo:
¡Qué cansada es la profesión que he elegido! –se dijo–. Siempre de viaje. Las preocupaciones son mucho mayores cuando se trabaja fuera, por no hablar de las molestias propias de los viajes: estar pendiente de los enlaces de los trenes; la comida mala, irregular; relaciones que cambian constantemente, que nunca llegan a ser verdaderamente cordiales, y en las que no tienen cabida los sentimientos. ¡Al diablo con todo!

Quizás sea ese final el necesario, al diablo con todo ese mundo artificial de los sueños de oficina, al diablo con las esclavitudes modernas disfrazadas de bienestar, al diablo con las nuevas formas de opresión en donde el yo-sujeto ya no existe, sino que se convierte en la letra menuda de un contrato con el que te garantizan las cadenas y la pérdida de tu libertad, mientras sueñas que un días serás el empleado del mes, el más prospectivo, el más eficiente, que no es otra cosa que decir que eres el hombre que más alimenta la sed del vampiro del avaro sistema, que como enunciara Erich Fromm, “es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable por satisfacer sus necesidades, sin llegar nunca a conseguirlo”.

noviembre 29, 2011

PATRIOTISMO Y TERRORISMO

Por: Julio César Carrión

Estamos acorralados, compelidos a escoger: o nos definimos decididamente demócratas y patriotas, o seremos señalados abiertamente como apátridas y terroristas.
Los politiqueros en permanente campaña electoral, los funcionarios de gobierno -también en campaña-, los siempre gananciosos empresarios, los inefables miembros del clero, los plumíferos a sueldo de la gran prensa -de la mediana y de la minúscula prensa provinciana-, los “ilustrados” profesores de nuestras colonizadas universidades, todos ellos acomodados defensores del statu quo, se empeñan desde las fatuas trincheras de la llamada “sociedad civil”, en exigirle a la izquierda democrática que defina claramente su postura anti-guerrillera, su posición frente a las FARC, so pena de que les acontezca algo similar a lo ocurrido con la Unión Patriótica, cuyos miembros fueron sistemáticamente diezmados por “fuerzas oscuras”, supuestamente por su indefinición o por asumir, según explican, manifiesta proclividad a la teoría política de la “combinación de todas las formas de lucha”.
Ese genocidio consentido y hasta estimulado por el gobierno y por la benemérita “sociedad civil”, pervive no sólo por la manifiesta impunidad que nos avergüenza ante los ojos del mundo, sino, por su actual utilización como mecanismo de chantaje e intimidación; algo así como la razón justificatoria del actual y del próximo exterminio.
Estos aventajados predicadores de la “no violencia”, a la vez que se empecinan contra quienes no “marcamos fronteras”, o no expresamos a viva voz repudio a la insurrección armada, sin ambages ni tapujos proclaman su ferviente deseo de “fortalecer y modernizar” las fuerzas armadas, piden la intervención militar norteamericana en nuestro territorio y, paralelamente, señalan como subversivos a quienes exigimos disminuir los gastos militares en favor de la inversión social.
Se trata de un nuevo tipo de “demócratas”, aquellos que claman por la imposición de los “estados de excepción”, por el incremento de las penas y castigos, más allá de lo que establece el ordenamiento jurídico y legal. Esos conspicuos personajes que ayer apoyaron las argucias de la “seguridad democrática” que impulsara Uribe, y que hoy, bajo la dirección espiritual del promotor de los “falsos positivos”, se extasían con el embuste de un orwelliano “Departamento Administrativo para la Prosperidad Social” que les permite simular que dan respuestas a las exigencias populares y distraer la crítica de su ilegitimidad, mientras insisten en fortalecer unas fuerzas militares y represivas cada vez más descompuestas, que persiguen y golpean -sin importar cómo- a los “terroristas” y “bandidos”, hasta eliminarlos. Funcionarios, tecnócratas, politiqueros, comunicólogos y hasta “ingenuas” amas de casa, para quienes nada importa la violación de los derechos humanos, la tortura, el maltrato ni las desapariciones forzadas, si al final se alcanza el bien supremo de la justicia y de la democracia. En fin, personajes muy comunes y corrientes, que entienden, como lo expresara Walter Benjamin, que “ningún sacrificio es demasiado grande para nuestra democracia, y menos que nunca el sacrificio temporal de la democracia misma”, es decir, individuos que -sin entender la paradoja- están de acuerdo con la supresión de la democracia, porque les enseñaron que ello beneficia a la democracia.
Vemos cómo estos mismos funcionarios del Estado, “ciudadanos de bien” y “mayorías silenciosas”, torpe y desvergonzadamente esgrimen cifras y estadísticas que, hábilmente manipuladas, les permite mostrar falsos resultados de disminución de la pobreza y la miseria, mientras persiste la silenciosa violencia institucional; el cotidiano genocidio social, del que poco hablan y poco les importa, inmersos como están en contrarrestar patrióticamente el terrorismo y “todas las demás formas de violencia”.
Toda esta fiesta democratera se complementa con esas rituales marchas de supuesta unidad nacional y de amor patrio que promueve el gobierno, los medios de comunicación, los aparatos ideológicos, las organizaciones políticas, gremiales, clericales, represivas, etc. y que alegremente secundan muchos despistados de izquierda.
Quienes han hecho de la obediencia y de la sumisión un ideal de realización humana, quienes de manera acrítica acatan las disposiciones del poder -y que para mayor infortunio constituyen esas “mayorías silenciosas” de nuestra sociedad- suelen reclamar airadamente por la “indiferencia” de aquellos que nos negamos a participar en estas algarabías manipuladas, que se organizan supuestamente como repudio a los crímenes de la guerrilla, olvidan, convenientemente, las críticas al Estado, soslayando -con indiferencia- el cotidiano genocidio social que impone la estructura misma del modo burgués de producción.
La promoción -desde la familia y la escuela- de una pedagogía para la subalternidad y la docilidad, ha logrado todo ese desmedido respeto hacia la autoridad que termina siendo el ambiente propicio para que se desarrolle el fascismo -el “demofascismo” o fascismo “democrático” que hoy soportamos- con toda su cantinela de “patriotismo” y la exaltación de símbolos e imágenes de una pretendida “unidad nacional contra los violentos”.

Creo que tiene entera validez repudiar la violencia, pero desde la ética, no desde las posturas acomodaticias de conveniencia personal, política o publicitaria. No podemos, para confrontar “la violencia” en abstracto, pedir más “seguridad”, más “mano dura”, más represión militar. Eso es una paradoja, es un total absurdo, que pone en evidencia a los pretendidos confrontadores de “la violencia”, ya que sólo se oponen a un tipo de violencia -a la violencia revolucionaria, a la radical, o si acaso a la delincuencial- no a la violencia reaccionaria que está ahí establecida en los aparatos represivos del Estado, en la defensa mediática de las estructuras de poder, en las costumbres, en la maquinaria de la cotidianidad, en el statu quo; no se oponen a esa violencia simbólica generalizada en que vivimos y que, según Pierre Bordieu, es la forma dulce y oculta que toma la violencia, cuando su aplicación abierta y brutal no es posible.
Me queda claro, desde la ética, que muchas veces es necesario, responder a la violencia con la violencia, ya que si todo poder político se funda en la violencia, si el derecho mismo no es más que la violencia codificada y estructurada en normas impuestas por quienes ejercen la hegemonía y el dominio, por ello mismo existe el sagrado derecho de la resistencia, de la rebelión -hay que volver a repasar, en todo caso, los estudios de la Teoría de la violencia, y no olvidar que Marx, siguiendo a Hegel, nos recuerda que la violencia es la partera de la historia o que todos las luchas políticas y de liberación nacional que ayer desarrollaron nuestros pueblos probaron fehacientemente que es factible, como acto de rebelión y de protesta, que los pueblos se enfrenten a los invasores imperialistas, más allá de la simple “indignación” que hoy se difunde, y que siguen teniendo sentido asertos como el de la “legítima defensa”, o el de la “guerra justa”.
Aunque bien sabemos que la utopía ética y política es, en todo caso, la eliminación de la violencia. Se debe enfrentar la violencia desde los medios que nos permita la cultura, sin incurrir en falsos absolutos, ni en mesianismos y mucho menos en esa especie de “calor de establo” que se promueve desde los medios de comunicación interesados en alcanzar consensos coactivos, para mantener el supuesto “orden” establecidos por los grupos hegemónicos.

noviembre 15, 2011

EN DÓNDE TERMINAN LAS MOVILIZACIONES SOCIALES

Por: Carlos Arturo Gamboa
Cuando se ha tenido la edad suficiente para ver los sueños extendidos en el asfalto, se hace necesario preguntar: ¿por qué se desbaratan los movimientos sociales? Como no vivimos en una democracia, sino en la falacia de los discursos de igualdad, Colombia no ha podido consolidar un movimiento que le exija a la burguesía las transformaciones sociales tan caras para nuestro proyecto de país. 
Somos sucesiones de fracasos y escasas reivindicaciones y sin embargo muchos creen que esos nimios logros son avances significativos en la lucha. Pero los fracasos de la movilización social no son producto de una variable, sino de muchas acciones que aún no desbordan el escenario del aprendizaje colectivo, sino que por el contrario, impiden colectivizar la lucha por las reclamaciones. Traiciones de líderes acomodaticios, privilegios de partidos, negociaciones a espaldas de las necesidades, ausencia de claridad en los objetivos o amañamiento, sacrificio de lo necesario por lo estratégico y burocratización de los movimientos, en fin, son muchas las causas por las que el movimiento popular termina desgastado, sin concreciones reales y por supuesto, a merced de los mecanismos de poder y de las represiones de Estado.
Es necesario tocar este tema, de frente y sin ruborizarse, porque hoy cuando el movimiento social en Colombia está en auge no se pueden repetir los errores históricos. Ya difícil fue levantar un movimiento social después de una década de adormilamiento por parte de los discursos mesiánicos de un uribismo corrupto, que mientras dormía el pueblo saqueaba sus despensas, y más aún cuando los pocos que se atrevieron a enfrentar al señor latifundista como mínimo quedaba en los registros de la adjetivación terrorista, cuando no en las fosas comunes de los falsos nunca positivos.
Pero como los problemas engendran necesidades y la necesidad se hace rabia, los pueblos se mueven, se levantan, reclaman. Por eso vemos a los campesinos en sus luchas continuas, a los indígenas, a los afro-descendientes, pero ahora acompañados de los ciudadanos de a pie quienes observaron cómo les vendieron el derecho a la salud pública, bajo un discurso de tecnócratas de la salud que prometían mejor servicio y sólo nos dieron altos costos; pero también los médicos, quienes terminaron de “vendedores ambulantes” de la salud. Igual sucede de aquella población que desde los diversos rincones del país se levantan contra los megaproyectos de la perversa locomotora burguesa del santísimo y su unidad nacional; y por supuesto de la gran movilización educativa alrededor de una reforma lesiva y una ley cuya perversión se evidencia en la cotidianidad de las universidades públicas.
¿Estamos ante un fervor de movilización social? Sí, pero debemos evitar las trampas de una lógica impuesta sobe la cual los mecanismo leguleyos del Estado viven preparados, y sobre todo entender, que en este país lo que no se soluciona con trampa, se hace con la fuerza de Estado. El principal estigma de la movilización social es su correlación con grupos ilegales, discurso que le fascina al Estado porque con ello mata dos pájaros de un solo tiro (el verbo matar es usado literalmente). Pero también el movimiento social asume otros riesgos, el de la burocratización y la traición, ya lo demostraron históricamente proyectos como el Polo Democrático, el Partido Verde y el mismo petrismo, que no son más que ilusas representaciones de las necesidades, que luego muestran su verdadero rostro, es decir, su vocación de poder individualizado, desconociendo el poder popular, el poder de la movilización social, las necesidades de transformación.
Por eso ahora cuando las necesidades obligan a los cuerpos a moverse, empiezan a aparecer mesías de vieja y nueva data, líderes reencauchados, viejas formas obsoletas de acomodamiento, disfraces burgueses, aparatos herrumbrosos, todos al mismo son de una sinfonía. No se trata desde luego de desconocer el aporte histórico de la resistencia, pero sí de invitar a la reflexión, para que cuando pase el oleaje y alguien haga el balance de la movilización social del 2011 y el 2012, no digamos que lo único que nos quedan son tres o cuatro parlamentarios, que desde la “ciudad letrada” se asumen como los adalides de la resistencia. Ojalá mejor podamos decir que echamos abajo la Ley 100, que transformamos la educación pública, que logramos una verdadera reforma de tierras, que hicimos respetar los resguardos indígenas, que no permitimos saquear nuestras cordilleras por los nuevos colonos trasnacionales, que pudimos al menos hacerle un agujero al costal de los burgueses en donde guardan lo que al pueblo le pertenece por herencia.

noviembre 10, 2011

CRUCIGRAMA CONTRA LA REFORMA EDUCATIVA

CRUCI-RESISTENCIA EDUCATIVA

Por: Carlos Arturo Gamboa


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HORIZONTALES

A.      A. Nombre del presidente que quiere acabar la Universidad Pública.
B.      B. Lo es el TLC, que ya entregó el país a la economía gringa.
C.      C. Un virus enorme, como el de la privatización. Presos de la economía del mercado.
D.      D. Nombre de presidente suramericano que no le come cuento a las trasnacionales. Huye del ESMAD.
E.       E. Nación Revolucionaria Popular. Ojo sin nariz, como el de la ministra.
F.       F. Nombre de poeta inglés que habló de esta “Tierra baldía”. Respondieron los estudiantes cuando preguntaron: ¿Paro?
G.     G. Huir en chino, ante tanto bárbaro. Lo hacen multinacionales con nuestros recursos (INV).
H.      H. Daniel Demetrio Luna, un estudiante cualquiera que se quedará sin educación. Orden que le dan los generales a sus perros de guerra (INV).
I.        I. Gritan los estudiantes. Le mandarán uno al proyecto de reforma cuando muera (INV)
J.        J. Sudar sin vocales, como un niño analfabeto por culpa del gobierno. Nado y nado contra la corriente del mercado (INV)

VERTICALES

1.       1. Ellas son las que más claman por sus derechos en este tiempo aciago.
2.       2. De lo que se quiere apropiar la Ministra para volverla lucrativa.
3.       3. Verbo preferido de las cuadrillas del ESMAD.
4.       4. Narciso Rodríguez Ortiz, otro estudiante por fuera de la universidad. Un gol sin inicio, como el que nos quiere meter la burguesía educativa. 
1.       5. La mesa coordinadora de los estudiantes. Un aborigen, sin tierra por culpa de los terratenientes.
2.       6. Grita el profesor Jirafales indignado por tanta mediocridad (INV). Onomatopeya para frenar mulas como las que nos gobiernan.
3.       7. Calificativo para los discursos que los politiqueros le echan al pueblo para drogarlo.
4.       8. Universidad militarizada. Ni para eso sirve la Ministra.
5.       9. Emilio Ocampo Ocampo Palacios, uno más sin educación. Inundan el congreso (INV)
6.       10. Se ponen así “las ministras” cuando los estudiantes no se comen el cuento (INV)