mayo 17, 2024

Universidad Nacional: ¿democracia o caos?

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

Desconocer lo que piensa la comunidad universitaria no es el mejor camino para gobernar una institución educativa. Pero, hacer a rajatabla lo que la comunidad desea, tampoco; sobre todo porque es imposible tener consensos definitivos sobre el rumbo que debe adoptar una institución pública. ¿Qué hacer entonces?

Hay que empezar por entender que las formas de gobernanza están en constante ebullición, mientras que las normas tienden a petrificarse rápidamente, impidiendo que las nuevas tensiones sociales y culturales se incorporen a la vida institucional.

En ese sentido, el problema de la elección de rector en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) refleja el momento de tensión que viven las Instituciones públicas educativas de todo orden en Colombia. Después de muchos años de ser gobernadas bajo unos principios "democráticos" estólidos, se enfrentan a la posibilidad de ahondar en la participación como estrategia de gobierno. Para lograr lo anterior se requieren reglas claras que permitan trazar rutas de participación de sus actores, entender hasta dónde va el campo de acción de cada actor y cuáles son sus límites. Lo anterior se enfrenta a un dique construido con muchos años de burocratización de la vida universitaria, en especial desde que se aprobó la Ley 30.

Otro aspecto clave en esta construcción es la vocación democrática de la comunidad, entendida como la capacidad de concebir el papel individual y colectivo en la solidificación de la gobernanza. Entender el sentido máximo de una Institución Educativa pasa primero por comprender que el bien individual está debajo del bien colectivo y que el bien colectivo jamás debe estar por encima del bien social.

Así, la ecuación resultante es sencilla de enunciar, pero supremamente compleja de llevar a la práctica. ¿Cómo construir mecanismos de cooperación que permitan una participación real y al mismo tiempo preserve lo público como valor máximo? Existe un camino viable, pero es lento y tortuoso, se trata de trabajar con la comunidad y que sea la comunidad quiénes construyan esas rutas, mecanismos y normas, para que luego sean institucionalizadas. Es decir, el camino es educarnos en democracia para construir democracia. La solución hace parte del campo de la pedagogía política.

Ante ese panorama, la realidad actual de las universidades públicas colombianas demanda certezas contundentes y apertura a la construcción colectiva. Muchos años de juegos de poder al interior de las universidades han creado castas dedicadas a configurar formas obtusas de llegar o mantenerse en el poder, como se hace evidente en las últimas líneas de gobierno de la UNAL. A ello ha contribuido una interpretación acomodada, en muchos casos, de la Autonomía Universitaria.

Pero al mismo tiempo, esos juegos de poder han estado amparados por los gobiernos nacionales de turno, quienes desean una universidad al servicio de sus ideologías o intereses políticos del momento. Así se configura el triángulo que asfixia la democracia: la comunidad y sus múltiples intereses, la casta gobernante y los intereses estatales.

Si la casta gobernante se perpetúa a toda costa, termina por sofocar cualquier intento de renovar la democracia al interior de las instituciones, generando un clima de anormalidad normativa. La comunidad tiende a aceptar la derrota en los procesos electorales, lo que al final es una regla implícita en una apuesta democrática. Lo que no acepta una comunidad es que las reglas se acomoden para favorecer los intereses del momento. El continuo desconocimiento de las consultas en la UNAL es claro ejemplo de ello.

Por otro lado, si la comunidad no tiene claros sus límites y roles en esta construcción democrática, confundirá participación con decisión, ya que las instituciones tienen formas de participar, pero al final alguien debe asumir las decisiones y las acciones legales de una comunidad universitaria no pueden ser firmadas por todos los actores, pero sí legitimadas porque pertenecen al orden de la apuesta colectiva. Por decirlo de otra manera: el rumbo de un barco puede ser concertado por la tripulación, pero el timón se le delega a un experto que sepa de navegación.

Por su parte, el gobierno central debe dotar de garantías a la Institución Educativa para que navegue en busca de los intereses sociales máximos: en este caso que la Universidad cumpla su función como estructura de formación social, cultural y económica de una nación. Debe darle rutas claras sin cohesionarla en su andar, algo que ningún gobierno anterior ha entendido a cabalidad y que el actual parece tampoco ha logrado descifrar, puesto que los síntomas de intervención delatan la imposibilidad de un diálogo franco que active la necesaria transformación.

En la UNAL se encuentran, en este momento, las tres tensiones: una comunidad que se siente birlada, una casta que se niega a ceder los escenarios de poder y un gobierno sin rutas claras de acción que se encamina a hacer lo que siempre han hecho los gobiernos de turno, imprimir su sello a toda costa.

Si los roles de los actores no están claros, llegamos a un escenario como el que actualmente se está configurando: democracia o caos.

abril 08, 2024

LA ESCASEZ DE EDUCADORES

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

1.

Hace mucho tiempo que la profesión de educador dejó de ser atractiva para los habitantes del siglo XXI. La imagen nostálgica de otrora en la cual los profesores poseían un alto estatus en la sociedad, es historia. Aunque según G. Steiner, los buenos maestros siempre fueron muy pocos, porque:

Los buenos profesores, los que prenden fuego en las almas nacientes de sus alumnos, son tal vez más escasos que los artistas virtuosos o los sabios. Los maestros de escuela que forman el alma y el cuerpo, que saben lo que está en juego, que son conscientes de la interrelación de confianza y vulnerabilidad, de la fusión orgánica de responsabilidad y respuesta son alarmantemente pocos.

Pero la alarma sigue encendida, porque ni siquiera ahora tenemos entre nosotros a esos pocos. Se han ido porque el tiempo no les fue fructífero, sembraron sobre las piedras y lo poco que germinó se lo está tragando la maleza de un siglo altamente utilitario. Los docentes de profundidad intelectual ya no bogan en los ríos corrientosos de la vida acelerada. Y algunos que aún, tercamente, insisten en formarse para docentes, no están dispuestos a ser los salvadores de unas generaciones cuyo desprecio por el conocimiento es directamente proporcional a la fatuidad en la que sobrevivimos.

2.

Según datos del Foro Económico Mundial, para el 2030 se requerirán 44 millones de nuevos maestros en todo el mundo para dar cobertura a los niños y jóvenes de primaria y secundaria. La escasez de docentes, viéndolo desde la óptica numérica, es alarmante, y deja en entre dicho las políticas que la humanidad ha implementado para garantizar la enseñanza como estrategia civilizatoria.

Al existir menos docentes la proporción de estudiantes por clase aumentan, generando sobrecargos laborales, afectando la escolarización, el fortalecimiento de las habilidades básicas como la comunicación (oralidad y escritura) y las competencias matemáticas. La carencia de estos aspectos genera consecuencias irreparables en la edad adulta, con su respectivo impacto en la sociedad. Luego preguntarán de dónde surge tanto zombi deambulando por el plantea.

3.

Incluso el nivel universitario está resultando poco atractivo para los docentes. El intelectual está en vía de extinción. Ahora están de moda los gestores, los propulsores de indicadores y los amantes de los ránquines. Debe ser porque las universidades, en su mayoría, se convirtieron en eso: Gestión-Indicador-Ranking. En medio de esos imperativos, poco tiempo queda para pensar en la educación como arte, como lo propusiera John Steinbeck al decir: “Creo que un gran maestro es un gran artista y hay tan pocos como hay grandes artistas. La enseñanza puede ser el más grande de los artes, ya que el medio es la mente y espíritu humanos”.

Sumido en el discurso de la sociedad del conocimiento, el docente universitario naufraga sus días luchando contra la apatía, no de sus estudiantes, del sistema. Porque ahora el conocimiento es mera plusvalía económica, ni siquiera social. Y muchos y adoptaron este reto de vida en sus esfuerzos. «Escribir para puntuar, investigar para viajar» parece ser el lema de la vida universitaria de hoy. ¿Qué hace un intelectual en un campus universitario? Esperar su pensión en silencio.

4.

Hace poco se hizo noticia el hecho de que en Colombia están renunciando los docentes que recientemente ganaron el concurso para la carrera de docencia rural. Después de un engorroso concurso se olvidó lo primordial, el proceso de adaptación de los nuevos docentes a un entorno cuyas condiciones distan leguas de la realidad ideal que sueña la escuela. Si en las ciudades las escuelas y colegios públicos suman carencias, en lo rural están estancadas en el siglo XIX, con algunos visos del siglo pasado.

¿Pero acaso dichas condiciones son ajenas a los nuevos docentes? Si, porque se formaron bajos paradigmas descontextualizados, lejos de las realidades sociales, subsumidos en los campus universitarios y en los brebajes de la teoría solitaria. Y si hay algo que actualmente esté lejos de la realidad, son las universidades. En su mayoría ancladas a un pasado arenoso que el viento se llevó, dejando rescoldos de su misión moderna.

5.

Tenía razón C. S. Lewis cuando exclamó: “La tarea del educador moderno no es cortar selvas, sino regar desiertos”.

enero 31, 2024

Humboldt: un puente de diálogo entre Europa y América

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla[1]

 

Ese tejido de montañas y selvas, de flores y pájaros que Humboldt mostraba, era una prueba que la naturaleza tenía cosas nuevas que decir a los humanos, de que la vieja Europa perdida en sus laberintos de sangre y de fuego podían encontrar rostros distintos con quienes dialogar, mentes distintas con las cuales examinar la historia.

 

 William Ospina

William Ospina se ha convertido en uno de los autores colombianos, del siglo XXI, más exitosos. Sus libros abarcan una serie de cuestiones que pasan por la reflexión profunda de este tiempo convulsionado, su mirada retrospectiva que incluye el bucle de la historia del continente americano y un repaso a la realidad de colombiana, sus causas y consecuencias. Su más reciente libro titulado “Pondré mi oído en la piedra hasta que hable”, publicado por Penguin Random House Grupo Editorial, será el objeto de las siguientes líneas.

Lo primero por decir es que me sorprendió la variedad lingüística del libro, esa capacidad para ir a la época del relato y describir con nombres propios los utensilios, labores, modismos y entornos allí narrados. Lo primero que un lector puede intuir es un enorme trabajo archivístico detrás de ese resultado. Al basarse en la vida de Alexander von Humboldt (1769-1859), debe retrotraer su relato y jugarse a la construcción de una narrativa en contexto, de lo contrario se haría poco verosímil, contradiciendo una de las leyes intrínsecas de la literatura de ficción. Se puede inventar lo que se desee, pero el relato debe ser creíble y, para ello, el lenguaje debe ser soporte de la acción.

De seguro haber leído los diarios de Humboldt, sus libros y muchos relatos de la época, -los cuales han estructurado otras de sus apuestas narrativas-, ha ido convirtiendo a Ospina en un experto en los usos lingüísticos de aquellos tiempos, cuestión que en este caso pone en juego con total apropiación. Esto apunta a favor del libro, más aún en este momento de la historia narrativa llamada postmoderna, en la cual la fugacidad se ha entronizado en la realidad y el lenguaje con que se narra este tiempo tiende a ser ligero, carente de esfuerzos y dado a enumerar lo apenas visible.

Ahora bien, “Pondré mi oído en la piedra hasta que hable”, no es un libro clasificable dentro de los géneros canónicos de la literatura, se escapa a los ornamentos de la forma, eso es agradable para el lector. Aunque en su contra carátula se anuncie como una novela, lo cierto es que su estructura es maleable, vas desde la prosa poética a la novela histórica; pasa por la crónica y se bifurca en la ficción; es relato de viajes y testimonio. Su riqueza y variedad, que ponen en función de la construcción de la visión de mundo de una época, de una ideología y de un personaje, se compagina con esa apuesta “desgenerada[2]. Incluso logra emerger la sensación de estar frente a un documento histórico verídico, -si eso es posible de escribirse-, llevando al lector acucioso a verificar las fuentes que soportan el relato. Y es ahí en donde toca aclarar que evidentemente echa mano de los diarios de Humboldt, de Carlos Montúfar, de crónicas de aquellos tiempos y de relatos históricos, pero permitiéndose las licencias propias de quien asume la narrativa desde un juego que busca recrear el pasado, sin limitarlo al pasado.

A la par de la narración del viaje demencial y maravilloso que emprende Alexander von Humboldt en busca de las aventuras que sacien su deseo de saber, Ospina se detiene en algunos episodios propios de la historia de ese nuevo mundo que para entonces (y en parte aún), era un misterio para esa Europa que se debatía entre revoluciones sociales e ideológicas. En ese sentido, el libro articula hechos históricos del viejo continente que tienen pequeñas réplicas en el mundo nuevo y acciones del mundo nuevo que dialogan o ponen en tensión el orden del viejo mundo. La Ilustración, las luchas por las independencias de las naciones de América, la reafirmación de los pueblos ya descubiertos, pero aún ignotos, el inventario de una realidad que emergía con asombro ante los ojos auscultadores de los europeos y la desconfianza de las mitologías y cosmovisiones de ese nuevo continente que reñían con la agonía de una Edad Media que aún se negaba a morir, sobre todo en España.

Y en ese camino de exploraciones nos muestra la grandeza de Mutis, el acartonamiento de Caldas, las ilusiones de Bolívar y las tiranías del régimen colonizador manteniendo la esclavitud de negros e indígenas, negando el protagonismo de esa América mestiza que empezaba con fuerza a reclamar su lugar en el mundo. Pero, sobre todo, lo que más estremece es el relato de ese encuentro mágico con Carlos Montúfar, ese prócer criollo sin gran protagonismo en la historia de las valentías latinoamericanas, pero cuyo encuentro con el sabio alemán generó una serie de sucesos que demarcaron la historia de la lucha de independencia como si fuera un capítulo digno del realismo mágico. Ese encuentro extasiado de dos genios, de dos mundos, de dos cosmologías, resumen la intención de Ospina por hacer dialogar a Europa con América, cada uno con un destino, pero abocados al abrazo que provocó la historia.

Ahora bien, la descripción constante con un detalle minucioso, -como si Ospina estuviese reescribiendo un diario y las imágenes poéticas que usa constantemente-, convierten la lectura en un viaje de ensoñación. Como lectores vamos de la mano del narrador, prestos a dejarnos sorprender por vistosidad de una Guacamaya o la certeza de una metáfora colgando de los riscos inmensos de la geografía americana. Para oídos finos, imágenes bien talladas.

Aun así, debo resaltar algunos factores disonantes del libro, entre ellos que me sorprende que tomando como base ese viaje demencial y telúrico de Alexander von Humboldt, no se narren con mayor ahínco sus angustias humanas, esos tropiezos enormes que debió tener al enfrentar una empresa de tal magnitud. Ese descuido -u omisión voluntaria- da la idea de que estamos ante un ser semidiós, casi un híbrido griego hijo de la ciencia y la aventura, una progenie de Atenea y Apolo. Esto le da un aire mítico al libro, pero sacrifica el relato de las penurias de andar en un continente agreste, en un tiempo de muchas limitaciones para los viajeros, para los exploradores y, sobre todo, para una mente tan abierta y arriesgada como la de Alexander.

El cierre también me parece apresurado, quizás ya se habían escrito muchas páginas y las editoriales modernas también prefieren obras no tan extensas para estos tiempos. Pero Ospina no se detiene mucho en narrar con más aliento ese retorno a Europa y el impacto de la monumental obra que Humboldt presentaba a la humanidad. Apenas le dedica unas breves descripciones de ese otro periplo de quien retorna después de muchos años a su terruño y debe readaptarse. Un hombre con tantas experiencias vividas debió resultar fascinante para la sociedad europea y las historias surgidas de esos momentos pudieron ser múltiples. Empero, me agradó sobremanera descubrir la relación entre Humboldt y Edgar Allan Poe, Ospina me provocó la lectura de Eureka, ese extraño ensayo del genio del terror (aunque qué no era extraño en Poe); y esa ganancia de lectura es propia de los libros que quedan resonando en el lector una vez agotada su página final.

A manera de cierre, debo decir que William Ospina nos deja un nuevo libro que enriquece la biblioteca colombiana y americana, de paso les brinda a otros entornos la posibilidad de asistir a la narración de esa América que tanto desearon narrar Andrés Bello, Simón Rodríguez, Mutis, Bolívar, Yupanqui, y cientos de miles de pobladores de este continente cuyas vidas aún tienen muchas mitologías por recuperar.

Referencias bibliográficas

Lopera, Jaime. (2023). Humboldt en Herveo. (sobre Pondré mi oído en la piedra hasta que hable, de William Ospina). Disponible en: https://letralia.com/lecturas/2023/07/28/pondre-mi-oido-en-la-piedra-hasta-que-hable-de-william-ospina/

 

Ospina, William. (2023). Pondré mi oído en la piedra hasta que hable. Penguin Random House Grupo Editorial. Bogotá: Colombia.



[1] Docente de planta de la Universidad del Tolima, adscrito al departamento de Estudios Interdisciplinarios del Instituto de Educación a Distancia. Magister en Literatura Universidad Tecnológica de Pereira. Director del Grupo de Investigación Argonautas. Sus libros más recientes como coautor son: Memorias pedagógicas del IDEAD (2023) y El ensayo: cuatro modelos para su composición (2023).

[2] Expresión usada para caracterizar un texto cuya construcción formal desborda los límites clásicos impuesto para los géneros literarios.

enero 25, 2024

Corredor Turístico del Norte de Ibagué, radiografía de un abandono

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

En Ibagué, hace más o menos cinco años, se ha venido desarrollando un nuevo espacio para el turismo, los proyectos productivos con enfoque agroecológico y el emprendimiento en diversos campos autosostenibles. Se trata del denominado Eje Turístico del Norte de Ibagué, que se traza desde los límites del barrio El Salado, específicamente del denominado punto “El país”, que toma dos vertientes, por la derecha hacia San Bernardo con puntos clave como la vereda La Helena y La Flor; y hacia la izquierda hacia la mina y la vereda Carrizales.

Durante los últimos años, y en especial en pandemia y postpandemia, han aumentado considerablemente los negocios y emprendimientos de corte turístico en dicho corredor. Fincas agroturísticas, miradores, restaurantes, balnearios naturales, glampings entre muchas otras apuestas productivas han venido impactado positivamente en este sector. Este tipo de apuestas de desarrollo traen consigo muchos dividendos para los sectores involucrados, cualificación de los empleos, mejora de los ingresos de las comunidades, apuestas de sostenibilidad ecológica, redes de economía solidaria, por mencionar sólo algunos.

Además, y viendo la saturación de ejes turísticos como el Cañón del Combeima, el Corredor Norte se presenta como una opción nueva y con gran variedad de puntos de entretenimiento y turismo para los habitantes de Ibagué y visitantes de otras regiones del país que llegan día a día buscando alternativas de esparcimiento.


No obstante, el empuje de la zona sufre de un estancamiento debido a factores deficitarios que deben hacer parte de las políticas municipales y departamentales quienes necesitan promover y coadyuvar al sostenimiento de estos proyectos. Todos sabemos que, con la llegada de turistas y visitantes, se deben fortalecer aspectos de infraestructura, de seguridad y de cuidado del ambiente para que se pueda ejercer un turismo responsable y que garantice la supervivencia en el tiempo. 

Es así que a finales de 2023 y en lo corrido del presente año, la comunidad se ha venido quejando constantemente del abandono en temas como el mantenimiento preventivo de las redes eléctricas, lo cual genera cortes constantes en la energía sin respuesta adecuada por parte de Celsia. Así mismo, factores de inseguridad que alejan los visitantes y afectan los residentes de la zona, sin contar con el apoyo decidido de la policía metropolitana, quienes informan que ellos no cubren el sector verdal, en especial del Salado a San Bernardo. Esta zona no cuenta con gas domiciliario, sin que hasta ahora las promesas de instalación que se hicieron en la alcaldía anterior hayan tomando un curso eficiente.

Del mismo modo, el manejo de basuras es altamente deficiente, ya que la recolección de residuos a tiempo es clave para el equilibrio ecológico y el manejo de alimentos. El mantenimiento de la red vial no existe, son los pobladores quienes periódicamente hacen mingas para podar, limpiar y cubrir la ausencia del municipio en estas labores. Incluso existen tramos de la carretera que están a punto de colapsar sin que los clamores de los usuarios sean escuchados. Así mismo, la señal de internet y el servicio de telefonía es precario, factores claves para el turismo del siglo XXI. El transporte público, aunque existe una ruta de buses, no es constante y esto limita la visita de personas que no poseen vehículos.



En fin, son muchos los aspectos que dependen de la gestión municipal y departamental para que este corredor rico en flora, fauna, paisajes, apuestas sostenibles y gente emprendedora logre consolidarse. Sería muy lamentable que muchos terminen, por falta de apoyo gubernamental, abandonando el sueño de consolidar el Corredor Turístico del Norte de Ibagué en un bastión del desarrollo y en una ventana para mostrar la ciudad, la cultura, su gastronomía y sus paisajes.

Esperamos que el clamor sea escuchado y los nuevos funcionarios municipales y departamentales entiendan que invirtiendo y apoyando proyectos de la franja turística se contribuye a generar una dinámica de desarrollo vital para aumentar los alarmantes índices de desempleo y las opciones comunitarias de trabajo en el marco de una región que clama por mejorar sus condiciones de vida.



enero 22, 2024

Elogio a la palabra escrita: 30 años en la UT

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universitario

 

En enero de 1994 ingresé a trabajar en la Universidad del Tolima. Lo hice apoyando la revisión de material editorial que se producía para los procesos de formación de los programas del Instituto de Educación a Distancia. El corto contrato (tres meses) estaba direccionando por Martha Faride Stefan Upegui a quien había conocido como docente de escritura mientras estudiaba Mercadotecnia en la Cooruniversitaria, hoy Universidad de Ibagué.

El trabajo consistía en recepcionar el material impreso (módulos, cartillas, guías), proceder a realizarle control de calidad, empaquetar y entregar a los estudiantes de los diversos programas del IDEAD, que entonces estaba dirigido por Luis Alberto Malagón. Éramos unos cinco “muchachos” los que nos encargábamos de este proceso. Para entonces mis aspiraciones académicas pasaban por estudiar literatura, por lo cual pensaba en migrar a Bogotá o Manizales, lejos estaba de imaginar que ya había pisado el territorio en el cual mis sueños empezaban a tomar forma.

En junio de 1994 el IDEAD abrió el programa de Español y Literatura, el cual operaba en convenio con la Universidad de Quindío, y para entonces, ya como supernumerario en las funciones de auxiliar de bodega del Fondo Rotatorio, decidí inscribirme al programa, el cual culminaría sin contratiempos. Durante esos años tuve la oportunidad de ver surgir algunos espacios comunicativos en los cuales me fui articulando como la Revistas Tertulia Circular, Universidad Abierta, El Salmón, y muchas más expresiones que se convirtieron en parte de mi pasión como universitario y en donde publiqué mis primeros textos.

En el año de 1996 gané un concurso de cuento y otro de poesía, los cuales fueron convocados por el Centro Cultural de la Universidad del Tolima en el marco de la celebración del día del idioma. El cuento ganador se titulaba “El teorema de Jorge” y los poemas llevaban por título “La rendija de los tiempos”, el cual terminó siendo mi primer libro de creación (poesía) publicado con el dinero obtenido en los premios y editado por Grafilasser Impresores. En 1998, siendo aún estudiante de la licenciatura, obtuve el Premio nacional de poesía para talentos menos de 30 años, convocado por Ministerio Nacional de Cultura, en representación del departamento del Tolima. Todos estos avances en mi formación literaria se iban moldeando desde los espacios académicos y extracurriculares que siempre ha tenido la Universidad del Tolima y que en cada época ha contado con adalides, talleristas, publicaciones y demás entramados formativos. La cultura, con sus agonías presupuestales, sus luchas colectivas e individuales, sus confrontaciones y logros, se ha erigido a lo largo de la vida universitaria en un bastión y un paradigma. Los ejemplos son muchos y valdría la pena un día hacer el esfuerzo de documentarlos de manera más sistematizada.

Hacia el año 2001, tuve la oportunidad de ingresar como docente catedrático (tutor) en el Instituto. Empecé con cursos de extensión, de los cuales recuerdo la experiencia de enseñar escritura creativa con un grupo de presos en la cárcel de Picaleña, labor de proyección social que generaba un impacto importante en términos sociales, abarcando poblaciones excluidas. Allí, desde el IDEAD, la Universidad del Tolima cumplía, como siempre lo ha hecho, -algunas veces con más ahínco y otras con timidez-, la función de entablar diálogos sociales con las realidades. Luego gané una convocatoria para orientar cursos en el Nivel Introductorio, un semestre que obligatoriamente cursaban todos los estudiantes que ingresaban a los programas de la modalidad a distancia. A la par seguía laborando en el Fondo Rotatorio, ya como Técnico Administrativo-Almacenista. Mi relación con los libros crecía, y desde allí veía fortalecerse la producción académica de los docentes quienes elaboraban material didáctico, guías de clase, compilaciones y módulos tanto para distancia como para presencial.

En el año 2005, ingresé a la Especialización en Gerencia de Instituciones Educativas, el primer posgrado en modalidad a distancia que ofertó la Universidad del Tolima. Por entonces el IDEAD había crecido de manera consistente y hacía presencia en múltiples territorios, incluso más allá de las fronteras del departamento del Tolima. La vocación de ofrecer formación contextuada, en las regiones y con programas que coadyuvan al desarrollo local y nacional, siempre ha estado en el ADN de la Universidad del Tolima, incluso desde 1969 cuando a través del programa Extramuros decidió romper los diques de Santa Helena e ir a los municipios del departamento. Hoy cuando se habla de educación con pertinencia regional, con enfoque rural y territorial, bueno es recordar este valor agregado, en especial con los programas de modalidad a distancia, las granjas, el Bajo Calima y tantos esfuerzos que constituyen un legado y un sello particular del Alma mater de los tolimenses.

En el año 2012, tuve la posibilidad de estar a cargo de la dirección del Centro Cultural de la Universidad del Tolima, en reemplazo de Julio César Carrión, quien estaba en licencia por enfermedad, allí hice parte del Comité Editorial de la Revista Aquelarre, en cuyos números también aparecen varios artículos de mi autoría. El entonces rector Héctor Villarraga (q.e.p.d) me nombró en ese cargo directivo, una vez retornó el titular y en el marco de la reorganización de la planta dada ese mismo año, pude volver al IDEAD como profesional a cargo de las publicaciones. Por entonces la directora Dra. Liliana del Basto me encomendó el reto de fortalecer dicho proceso. Ya había publicado mi primer libro de cuentos “Sueño Imperfecto”, en una convocatoria que realizó en 2009 el naciente sello Editorial de la Universidad del Tolima, el cual es hoy símbolo de producción académica, científica y cultural de la comunidad universitaria. También había participado en la creación de la Revista “Ideales, otra forma de pensar”, durante la dirección de Gerardo Montoya, la cual se editó para la celebración de los 25 años del IDEAD. Esta revista aún se edita, a finales de 2023 presentamos el número 16.

En el Sindicato de profesores universitarios (Aspu – Tolima), del cual hago parte desde el año 2008, como afiliado, secretario y luego presidente de la Junta Directiva de la Seccional Tolima, siempre lideré la construcción de pensamiento a través de publicaciones, como el blog y el Boletín Aspu Presente, en los cuales aporté como editor y muchas veces autor. En el año 2013 gané el concurso nacional de cuento RCN modalidad docente con el texto titulado “Díganle a Julio que la guerra terminó” y al año siguiente gané la convocatoria de docente de planta. Mi producción escritural académica y de creación ha estado ligada en gran parte a la Universidad del Tolima, más de diez libros publicados en su Sello Editorial dan cuenta de ello. Muchos escritos en compañía de otros docentes, productos de proyectos de investigación, ensayos, artículos y, por supuesto, poesía y cuentos.

Desde el año 2018, cuando fui nombrado en el cargo de Director del IDEAD, he procurado contribuir al fortalecimiento de la línea editorial de la Universidad y en particular del IDEAD. Por ello hemos abierto convocatorias de libros para docentes catedráticos, avanzamos en el fortalecimiento de 5 publicaciones seriadas (revistas de divulgación) de diferentes áreas del conocimiento en las cuales publican estudiantes, docentes, egresados y autores del orden nacional e internacional, y hemos apostado por la consolidación del proyecto IDEAD a través de la palabra escrita en boletines, separatas, libros institucionales, entre otros.

Ahora que hago balance de mi estadía en la Universidad del Tolima, y que celebro 3 décadas habitando sus sueños, viene a mi memoria la importancia de la palabra escrita en este largo y fructífero periplo. Quizás en este escrito olvide algunos proyectos en los que participé durante estos años, lo que sí es seguro es que las palabras hacen parte de la historia de la universidad y a través de ellas yo he podido cumplir mis sueños. Podría decir que en la Universidad del Tolima he escrito mi vida y ella, en gran parte, me ha dotado de las palabras.

septiembre 25, 2023

La protesta es un derecho constitucional, aunque en CORHUILA se desconozca

                                Por: Carlos Arturo Gamboa B.

                Docente Universidad del Tolima


Las Universidades deben ser los lugares primigenios en donde los derechos sean el portento de las decisiones. Le compete a las Instituciones del saber dar la pauta social de comportamientos éticos y ser ejemplo del respeto de las normas superiores, sobre todo de aquellas que han trazado una línea constitucional.

No obstante, son múltiples los casos en los cuales las Universidades se tornan en territorios propicios para la vulneración de los derechos, lo cual conlleva al recrudecimiento de conflictos que pudieron solucionarse usando el sentido común y las normas superiores estatuidas.

Este parece ser el ámbito del caso de Brenda Yurani, estudiante de Medicina Veterinaria y Zootecnia en la CORHUILA. A simple vista se nota que la ausencia de mediación institucional ha convertido una justa protesta en un hecho de posible persecución y violación de varios derechos a la estudiante, entre ellos el derecho a la justa y pacífica protesta, como lo reza el Artículo 37 de nuestra Constitución Política: 


Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente. Sólo la ley podrá establecer de manera expresa los casos en los cuales se podrá limitar el ejercicio de este derecho.

Ante este caso, del cual se tuvo noticias hace más de seis (6) meses y sobre el cual recientemente ha circulado un video de Tik-Tok en el cual la estudiante anuncia que CORHUILA se niega a reconocer sus derechos y sigue insistiendo en una sanción de dos semestres (imagínense la dimensión de tal injusticia, dos semestres por protestar de manera pacífica como lo ampara la Ley), hemos decidido contactar a la estudiante desde Vórtice Virtual, con el ánimo de conocer más de cerca su drama y convocar a la solidaridad nacional y la intervención de los entes reguladores del Estado. Acá les dejamos la entrevista:

¿Quién es Brenda Yurani Calderón?

 


Soy hija de una familia campesina. Nací en la vereda La Cañada, perteneciente al municipio de Garzón (Huila). Graduada de una escuela rural. Vine a Neiva para estudiar Medicina Veterinaria y Zootecnia en la CORHUILA. Para mantenerme estudiando, adquirí un crédito con el ICETEX, además de que he trabajado como empleada de servicio doméstico, de niñera y también en mi finca en La Cañada.

He liderado un Semillero de Investigación en Fauna Silvestre que se llama “KINKAJOU”; mi proyecto de investigación fue elegido como uno de los mejores del departamento del Huila y gracias a eso me seleccionaron para asistir al Encuentro Nacional de Semilleros de Investigación que se va a realizar en Cartagena.

Hace meses sabemos de su protesta ¿a qué se debe?

El 17 de marzo del 2023 hubo una protesta pacífica en las instalaciones de la CORHUILA. Yo participé en ella cuando había un plantón en las dependencias administrativas; allí, expresé mis inconformidades a través del micrófono y posteriormente en una reunión que se tuvo con el Rector Óscar Chávarro.

Mi principal inconformidad siempre ha sido por una serie de vacíos académicos que a mi consideración existe en mi carrera: por ejemplo, muchos tenemos vacíos en materias tan importantes como morfofisiología, fisiología o farmacología; siempre he pedido que tengamos más tiempo para ver esas materias, ya que solamente las vemos un semestre, lo cual no alcanza para aprehender todos los conocimientos necesarios para hacer un ejercicio óptimo de la profesión de médico veterinario y zootecnista.

A raíz de esos hechos, la CORHUILA me abrió, a mí y a otros siete compañeros, un proceso disciplinario, donde nos acusaban de faltas gravísimas contra el Reglamento Estudiantil. Presentaron como pruebas los videos de las cámaras de seguridad; y, sin embargo, lo que se ve allí es que la protesta fue pacífica y que la acusación que me hacen de que yo obstruí las entradas de la universidad es falsa.

Aun así, tanto el Consejo de Facultad como el Consejo Académico decidieron expulsarme, lo cual es una decisión injusta y arbitraria, y que muestra que el objetivo de las Directivas de CORHUILA es acallar a las voces críticas que existen en la comunidad universitaria.

¿Qué derechos se te están vulnerando?

El derecho a la igualdad, porque a pesar de que hubo alrededor de 50 participantes en la protesta, solamente procesaron y sancionaron a 8. Es decir: por unos mismos hechos, se aplicó sanciones diferentes.

El derecho a la protesta pacífica, porque la protesta en ningún momento vulneró ninguna ley.

El derecho a la libertad de expresión, porque lo único que hice fue expresar públicamente mis inconformidades.

El derecho al debido proceso, porque en el proceso se utilizaron pruebas amañadas, porque jamás hubo presunción de inocencia, porque se desconoció el principio de in dubio pro reo, porque la sanción carecía de fundamentación fáctica y jurídica y porque, además, es una sanción absolutamente desproporcionada e inconstitucional.

Y, por último, me están vulnerando el derecho a la educación, pues me están sancionando injustamente, al no haber habido garantías procesales en esa actuación administrativa.

¿A qué instancias has acudido y cuál ha sido la respuesta?

El 27 de julio de este año recibí la notificación de la sanción. Ese mismo día, radiqué ante la Subdirección de Inspección y Vigilancia del Ministerio de Educación Nacional una queja donde ponía en conocimiento este caso.

Asimismo, el 1 de agosto radiqué una tutela contra al CORHUILA donde, además, vinculé al Ministerio de Educación. El resultado de la tutela fue agridulce: declararon la nulidad de los fallos sancionatorios en mi contra en primera y segunda instancia por parte de la CORHUILA; por lo tanto, ordenaron que la universidad volviera a emitir un fallo en primera instancia donde se acogieran a criterios de motivación, fundamentación, razonabilidad y proporcionalidad.

Es decir, sólo tutelaron mis derechos a la educación y al debido proceso; pero el Juzgado negó el derecho a la igualdad y, además, no se pronunció en la resolución del Fallo acerca del derecho a la protesta pacífica y a la libertad de expresión, a pesar de que en las consideraciones expresó argumentos tendientes a ampararlos.

Ante esto, la CORHUILA volvió a emitir un fallo en primera instancia, donde me sancionaban con una suspensión por dos semestres. Yo respondí con el recurso de reposición y en subsidio apelación, donde respondí con lujo de detalles las inconsistencias probatorias de la universidad y los vacíos argumentativos a nivel fáctico y jurídico que habían usado para sancionarme.

Sin embargo, la respuesta del Consejo de Facultad no pudo ser más lamentable: rechazaron mis argumentos supuestamente porque la etapa procesal para presentarlos ya había pasado; sin embargo, la reposición y apelación es esa etapa procesal, si no, ¿entonces para qué existe?

Actualmente, estoy a la espera del fallo en segunda instancia que, con toda seguridad, va a mantener la misma suspensión por dos semestres, a pesar de que no tengan argumentos para hacerlo.

¿El Ministerio de Educación tiene conocimiento de este caso? ¿Qué ha actuado?

Como dije anteriormente, yo radiqué una queja ante el Ministerio el mismo día que me sancionaron. No recibí ninguna respuesta. Pero mi mayor decepción fue la respuesta de la Oficina Jurídica del Ministerio ante la tutela: le mintieron al Juzgado para que los desvincularan del proceso, pues afirmaron que yo no presenté queja alguna y que ellos no tenían conocimiento de ese caso.

Esta es la hora, y ellos no han hecho absolutamente nada; hablé con un funcionario, y me dijo que iban a emitir un pronunciamiento el vienes 15 de septiembre, pero lamentablemente tal pronunciamiento nunca llegó. Fíjese que no le estoy pidiendo al Ministerio algo imposible: le pido que sean guardianes de los derechos constitucionales que me asisten; y más en este gobierno, que se hizo elegir con votos de la juventud y especialmente de los estudiantes, con una promesa de cambio.


Si esto hubiera pasado en el gobierno anterior, no me habría sorprendido; pero que pase en éste, ha sido toda una decepción.

agosto 10, 2023

La infancia evocada en los poemas de Alex Silgado

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Hace apenas unos días llegó a mis manos, de las mismas manos del autor Alex Silgado Ramos, el libro titulado “Antología Inacabada”. Sé que es costumbre colombiana no leer todos los libros que se compran, mucho menos los que se obsequian, pero en mi caso me ha gustado siempre contradecir las costumbres. Aunque muchos de los libros que se obsequian, y no pocos de los que se compran, no trascienden en el lector más allá de las primeras páginas, debo decir que la “Antología Inconclusa”, -que ni es antología ni está inconclusa-, logró sentarme a leer.

Debo decir también que la poesía posee una estrategia oculta que facilita su lectura y son la brevedad y el impacto de sus imágenes los ejes que guían esa provocación. Los dos artificios los encontré de plano en el poemario en cuestión, que tampoco es sólo poemario, es también bitácora de palabras narradas para viajar al pasado en donde la evocación es la trampa, porque “Un recuerdo es la piel de la infancia[1]

Aunque el libro se divide en dos grandes capítulos (El patio y Retorno), creo que la división es sólo un pretexto para tomar aire y seguir mirando el pasado a través de la ventana del lenguaje. El libro todo es una evocación, porque quizás toda obra literaria no sea más que eso, un recuerdo que va tomando forma en un presente que lo convoca, como el médium hace con los fantasmas que habitan las habitaciones de la existencia.

Para Silgado esos fantasmas perviven en la “ancha tierra / que es mi infancia”. Es un mundo intemporal, que conecta el presente y va y viene trayendo esquirlas de la felicidad que la vida desgastó. La voz poética es consciente de ello al expresar: “El tiempo ha causado estragos en la piel que ahora visto

Recordar, volver al patio de la infancia, escuchar de nuevo la voz de los abuelos, contemplar el mundo joven a través de los ojos asombrados de aquel niño que era capaz de ver que, “/el árbol de mangos / está cargados de canarios /o / que el canto de los canarios / tiene el sabor del mango maduro/”. Ese mundo distante es un mundo sinestésico, lejano pero vivo en la memoria de los sentidos. Traer de nuevo ese espacio es el clamor porque “ese patio era nuestra infancia” y lo recalca al recordar: “Habité ese patio como mi propia piel”.

El presente, el lugar desde donde se evoca, está construido de otros materiales porque la misma vida ha trastocado los paisajes, los entornos y por eso ahora se siente:

Un silencio entre tanto ruido

Una soledad entre tanta compañía

Un aroma entre tantos olores

 

De esa manera, el pasado es materia perfecta para darle forma a la nostalgia, podemos evocar para intentar sobrevivir, pero al final nos sentiremos lejanos de ese camino transitado, todo se ha transformado, los elementos han mutado y hasta:

La lluvia que

apenas ayer cantábamos

Hoy inunda todas las cosas.

 

Por eso la única redención está en recordar los rostros idos, los olores mixturados, los espacios diluidos en el tiempo; el presente sólo es posible si volvemos la mirada a lo evocado, por eso: “Ahora / es como caminar de espaldas”.

Tratar de explicar el tiempo ido es inútil, las palabras sólo sirven para construir un dique que ayude a soportar el presente. No es función de la poesía construir respuestas a esas antiguas conjeturas porque: “Los poetas no tenemos respuestas claras, sino que poetizamos para encontrar la oscuridad en la claridad y oscurecerla aún más”.

Los poemas compilados en “Antología Inacabada” de Silgado, son un pretexto completo para caminar el tiempo actual con el bordón del pasado, porque como afirma Jorge Gallarza: “El arte siempre ha sido un espejo, un medio de catarsis: da consuelo a aquel que se siente abrumado y abruma a aquel que tiene paz, no podría ser de otra manera, por eso es fascinante.”



[1] SILGADO RAMOS, Alex (2023). Antología Inacabada. Poemas. Editorial Caza de Libros. Colombia. En adelante todas las citas corresponden a esta edición.

julio 15, 2023

La reforma de la educación en Colombia no es asunto de un solo Ministerio

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

El Gobierno anunció, en cabeza de la ministra de Educación Aurora Vergara Figueroa, que el próximo 20 de julio radicará el proyecto que busca reformar la Ley 30. La noticia puede dejar un sabor agridulce para quienes hemos asistido a cientos de movilizaciones en contra del modelo educativo que encarnó dicha Ley y que llevó al estancamiento de la educación pública durante tres décadas. Y el sabor se debe a los pros y los contras de la metodología empleada y que se está obviando sin argumentos de peso.

Formar en un país en donde se anuncia la educación como un derecho, pero se trata como un servicio, ha sido un propósito a contracorriente. Las universidades públicas siguen aportando desde los bordes en la consolidación de la ciencia, la cultura y las artes, aún en medio de tormentas desatadas por gobiernos cuyo valor para el eje de educación, en sus planes estratégicos, fueron marginales.

El momento actual nos invita a caminar bajo otras lógicas y eso es ya un gran cambio. No obstante, durante el primer año de gobierno se han dado muchos palos de ciego frente a la dinamización y discusión de un proyecto fundante para el propósito de cambio de país. Muchos siguen instalados en la tendencia de que la construcción de las reformas es asunto de equipos técnicos y expertos, descuidando los aportes que la sociedad civil, el ciudadano de a pie y, en este caso, los actores educativos, puedan realizar.

Es por tal motivo, que se nos antoja apresurado el trámite de radicar la discusión en el Congreso, de un proyecto de Ley cuyo articulado no es conocido por las universidades, los estudiantes, directivos y profesores. Aún así, se convoca a participar en un ejercicio desdibujado en el marco de la reconstrucción de un entramado democrático que es vital para la supervivencia de la nueva reforma. Los actores universitarios no pueden ser convidados de piedra, ni conformar un séquito de aplausos o, aún más, constituirse en un bloque de defensa de algo que pueden compartir, pero que no conocen.

Sabemos que existen unos ejes centrales de la discusión como la construcción de un nuevo modelo de financiación, actualización de normatividades obtusas y añejas que ahogan el sistema, reorganización de un modelo de gobernanza externa e interna de las universidades y modificación de los parámetros de la carrera docente (Decreto 1279). Así mismo, un plan estratégico de cobertura que implique una decisión estatal de abandonar los centros y copar las periferias sociales, articulación entre los diferentes componentes del sistema educativo, entre muchos aspectos más. ¿Cómo lograr una Reforma mayúscula que responda a tantos aspectos atrasados?

Instalados en la política real debemos entender que no todos lo problemas se podrán solucionar con esta reforma, por lo tanto, se debe gestar un consenso sobre los aspectos más urgentes que requieren el sistema. Muchos dirán al unísono que es la financiación, pero recibir más soporte financiero no es la única solución, de fondo existen aspectos que convierten el sistema en un gran entramado burocrático ineficiente e ineficaz. Por eso el consenso es vital, pero ¿Cómo construir el consenso sin acción política, sin diálogos, sin trabajo mancomunado con las bases?

Muchos de los problemas que enfrenta el sistema educativo colombiano desbordan su mismo campo de acción. Miremos esto con un ejemplo: el acceso al soporte tecnológico se articula en dos campos a saber, la adquisición de software/hardware y la conectividad, estos no son sólo asunto del Ministerio de Educación, inevitablemente convoca al ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, por citar sólo un caso. Un plan necesario de modernización de la educación pasa por garantizar acceso tecnológico, información y soporte en los lugares más apartados, para romper la lógica de la ciudad letrada en donde las capitales cuentan con los medios adecuados de formación y las demás regionales agonizan en el atraso.

Un proyecto ambicioso en tecnología puede generar una política estatal de conectividad para educar y se puede hacer con operadores satelitales que garanticen la señal en cualquier parte del territorio, quitándole a las instituciones la carga de contratación de operadores con baja cobertura y eliminado engorrosos procesos de contratación. He aquí un ejemplo de un modelo articulado en donde se apueste desde diferentes escenarios a la consolidación de un proyecto educativo que rompa la historia del país en dos.

Así mismo, bajo esta lógica de cooperación estratégica, se pueden gestar varios proyectos que suplan deficiencias en infraestructura, dotación de elementos para la vida cotidiana del entorno educativo, construcción de edificaciones con el apoyo del ministerio de Vivienda Ciudad y Territorio, incluso proyectos transversales de formación docente como la creación de programas de posgrado de alto impacto en los cuales los educadores del sector público se puedan cualificar de manera gratuita y bajo parámetros de innovación pedagógica para el cambio. En definitiva, la reforma educativa no es cuestión de un sólo ministerio.

La reforma debe ser un hecho concreto, también entendemos que no se debe convertir en un proceso de debate infinito, los tiempos del gobierno son calculados y la retrógrada oposición empleará todas las herramientas a su alcance para evitar que el sistema se transforme, ya que el modelo actual es una réplica de ese país de excluidos y sin derecho a la educación que tanto les conviene. 

La apuesta de convocar las múltiples experiencias territoriales, los alcances y debates de grandes movimientos universitarios y dando la voz a otros actores,  distintos a los gubernamentales, puede generar la armonía necesaria que empuje la Reforma hacia los territorios del verdadero cambio. Hay experiencias como la MANE y La Constituyente Universitaria que poseen una memoria de este proceso, excluirlos sería es un camino erróneo, al fin y al cabo, la educación es un campo, como diría el maestro Estanislao Zuleta, de combate y desde estos espacios se llevan años combatiendo por una educación diferente para Colombia.

julio 09, 2023

EL APRENDIZAJE DE LAS DESGRACIAS

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

La culpa y la salvación son abstracciones.

J. M. Coetzee

 

Perder el centro es al mismo tiempo: despertar en un escenario sin bases sólidas de lo vivido y adentrarse en una oportunidad para redescubrir otros rostros del mundo. Pocos están preparados para ello. La vida se trata de ser expulsados del vientre de la madre y buscar, desesperadamente, un espacio confortable en donde anidar la existencia. Para el ser humano común, que somos el 99.9% de quienes respiramos oxígeno, la tranquilidad es el camino, así no lo sepamos con claridad. Retornar al vientre de la madre, alimentarse sin angustias y esperar el fin del ciclo natural de la existencia es la ruta. ¿Qué pasa cuando esa confortabilidad construida durante años se rompe? De eso trata la novela “Desgracia” del escritor sudafricano J. M. Coetzee, Premio Nobel de Literatura del año 2003.

Durante toda su existencia David Lurie ha construido un mundo en donde él es el protagonista de sus decisiones, aciertos y errores. Como profesor de la Universidad Técnica de Ciudad del Cabo ha labrado un nombre promedio, como se suele desear en el mundo moderno. Con aires de intelectual añejo logra vivir cómodamente fajado a ese estilo que considera cómodo. Dos divorcios, una hija, un confortable apartamento, una calculada soledad que distrae con disertaciones de su próxima obra sobre Byron y sus encuentros sexuales comprados para mitigar una sed de dandi y mujeriego que, a sus 52 años, se niega a dejar de buscar.

En ese mundo elaborado a su medida todo parece estar puesto en su lugar, nada riñe. Es docente en un espacio-  tiempo en donde enseñar es una de las actividades más insulsas, porque “Nunca ha sido ni se ha sentido muy profesor; en esta institución del saber tan cambiada y, a su juicio emasculada, está más fuera de lugar que nunca[1]. Y es allí en esa baldosa existencial previamente delimitada en donde su vida empieza a descentrarse, las vivencias empiezan a tomar un giro inesperado y la novela dibuja una trama cuya ruta nos llevará a entender que en la vida todo está en situación de abismo.

Un encuentro sexual con una de sus jóvenes estudiantes de poesía romántica inglesa desata la cuerda y, como en la tragedia griega, da lugar a lo inevitable. Lurie ha sido un hombre de aventuras amorosas, se sabe experto en la conquista y es conocedor de los límites de las mismas, no obstante: “Pasada cierta edad, todas las aventuras van en serio. Igual que los ataques cardiacos”. La joven Melanie Isaacs se convierte entonces en su punto de quiebre, la seduce con viejas artimañas estudiadas y practicadas durante muchos años y va siendo, él mismo, presa de su instinto.

Como es de esperarse aquel pasional encuentro se vuelve público y el profesor debe ser juzgado, condenado, arrojado del paraíso de su comodidad, ha perpetuado un disloque moral, debe asumir el precio. Pero, nuestro protagonista se aferra a su molde intelectual, aunque en decadencia. No acepta que su actuar sea un error, es parte de la existencia humana, el deseo es un derecho y aunque sea ya considerado un anciano, Melanie no fue obligada a ese pasajero encuentro, ella aceptó, quizás supeditada a una tradición en donde el hombre opera como macho, pero aceptó. Por eso la reflexión del profesor es contundente:

Vivimos en una época puritana. La vida privada de las personas es un asunto público. La lascivia es algo respetable; la lascivia y el sentimiento. Lo que ellos querían era un espectáculo público: remordimiento, golpes en el pecho. Llanto y crujir de dientes a ser posible. Un espectáculo televisivo, la verdad. Y yo a eso no me presto.

Y ante la negativa de asumir la culpa desde la dimensión del espectáculo, el profesor David Lurie es expulsado de la universidad y alejado de su mundo cotidiano. Él lo acepta con resignación, es el pago de debe asumir por romper las normas sociales establecidas. Estamos en Sudáfrica, asistimos al periodo de transición entre el final del Apartheid y el establecimiento de un nuevo orden, esas conductas propias de los comportamientos coloniales y esclavistas deben ser abolidas.

No le queda más que la huida. Abandonar el confort, descentrarse, caminar hacia el abismo de la incertidumbre. Y de esa manera decide emprender el camino de la búsqueda hacia un paraje aislado, una hacienda en donde vive hace años su hija Lucy. En este cambio de espacio, Coetzee nos provee una trama ideal para que como lectores podamos configurar la imagen de dos mundos opuestos: la ciudad, la universidad, la modernidad y el campo, la tosquedad y los valores de un mundo premoderno. Un gran acierto de espacios que permiten configurar la reflexión de la forma en que seguimos siendo parte de un devenir histórico; las grandes tensiones humanas que nos preceden siempre estarán presentes.

Aunque el proscrito profesor sabe que “Los padres y los hijos no están hechos para vivir juntos”, decide pasar una temporada junto a su hija y redescubre otras formas de la sexualidad, otras violencias, otros dramas, otras angustias existenciales y, por ende, otra pulsión vital de natura. Así entendemos, a través de esa nueva tensión, que la vida tiene miles de rostros y que, en cada intersección de los caminos de los años, un nuevo asalto a los sentidos nos puede acechar. El protagonista en medio de esa nueva forma de modus vivendi descubre que “Yo más bien era lo que antes se llamaba un erudito. Escribía libros sobre personas que ya han muerto”. ¿Existe acaso una forma más inocua y prepotente de gastar nuestros días que en esas labores? Quizás al dejar de habitar la realidad, el intelectual no tiene otra opción más allá que de la de hablar con los muertos y de los muertos. 

Allá en esa aldea el viejo profesor debe reconstruir sus principios, no sin antes atravesar el duro desierto del cambio. ¿Para qué un viejo debe replantearse cosas?  Ya no hay tiempo, los designios de la vida han demarcado un derrotero, para qué virar. Pero todo cambia inevitablemente, las sociedades, los modelos de vida, los gobiernos, todo, aunque: “Cuanto más cambian las cosas, más idénticas permanecen. La historia se repite, aunque con modestia. Tal vez la historia haya aprendido una lección”. Esa es la ironía, todo cambiará en la vida del exprofesor David, pero él seguirá atrapado en un espiral en donde sus creencias y el pasado actúan como bloqueo constante.

La novela “Desgracia” es un excelente retrato de ese mundo en permanente combustión, nos permite una reflexión profunda acerca de los eventos que transforman la ruta de nuestra vida y, sobre todo, como el arte, nos conduce a redescubrir el placer de intentar llenar nuestros espacios vacíos, que siempre tendrán un lugar dispuesto para esa degustación. Buscando información para esta nota descubrí que existe una versión fílmica de la novela, dirigida por Steve Jacobs y quien da vida al profesor Lurie es, nada más y nada menos, que John Malkovich. Espero tener el placer de ver esa adaptación y ensanchar un poco más el placer del buen arte.



[1] Todas las citas en: Coetzee, J. M. (2021). Desgracia. Penguin Random House Grupo Editorial. Octava reimpresión. Traducción de Miguel Martínez-Lage.