abril 02, 2025

Humanos y muñequitos animados

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 Hace un buen tiempo, muchos teóricos vienen hablando de los grandes impactos (positivos y negativos) que la inteligencia artificial tendrá sobre la cultura humana. Casi todos coinciden en que serán muchos los oficios, actividades y profesiones que se verán intervenidos ante la capacidad de ser ejecutadas de manera más “eficiente” por la IA.

En ese sentido, estos días ha surgido una gran polémica por la generación de imágenes con el formato de los estudios Ghibli que han inundado las redes, causando alarma entre los dibujantes tradicionales de caricaturas y cómics, lo que evidencia de alguna manera el tamaño del debate que debemos asumir como especie.

Viendo lo que está sucediendo, aún no alcanzamos a calcular los desarrollos de la IA en campos como la medicina, la industria armamentística, el derecho, la política, el periodismo, la industria del entretenimiento, la música y el arte en general. Libros escritos por la IA, películas, candidatos diseñados para atraer a los votantes con algoritmos que extraen las tendencias de la ciudadanía, diagnósticos médicos mucho más precisos, valoraciones y asesorías jurídicas con un ilimitado backup de normas, creación de pinturas, retratos, imágenes y un sinfín de artefactos que hasta ahora eran dominio de la mente, creatividad y habilidades humanas, ahora se pueden generar y multiplicar hasta el infinito.

En el campo educativo, el impacto de la IA será también trascendental, aunque la educación dada a permanecer estancada ante los cambios de la cultura aún no reacciona del todo. Lo cierto es que hasta ahora los humanos habíamos creado herramientas que usábamos, en la mayor parte de los casos, para mejorar nuestras condiciones de vida en el planeta, pero durante la segunda mitad del siglo XX emprendimos una carrera desaforada por crear artefactos letales, de los cuales la bomba atómica detonada en Hiroshima era hasta ahora la más representativa. Pero hoy tenemos drones de precisión matando niños en Gaza y sí, son operados por la IA; ese es el nivel de nuestro desafuero.

El reto que nos depara el futuro es enorme, ya que, si el miedo de que la IA logre su total autonomía y se pueda redefinir a sí misma se concreta, traerá consigo el apocalipsis que se pronosticaba en “Terminator” por allá en el distante año de 1985. Pero antes de eso, muchos elementos cotidianos de nuestra cultura mutarán inevitablemente, siguiendo la línea de evolución (o involución en muchos casos) a la que hemos asistido sin darnos cuenta durante las últimas cinco décadas.

Esta es la gran encrucijada que, junto a una posible extinción masiva de la vida, se convierte en uno de los elementos centrales del debate y de los cuales pocos hablan, porque la mayoría están viviendo, sin saberlo, un gran cambio cultural reflejado en una total inmersión que impide apreciar la urgencia central del planeta. Así, la lucha menor es contra los dibujos animados producidos por la IA; es más bien la concepción de quienes promueven la IA, concibiendo la humanidad como simples muñequitos.