marzo 13, 2026

¿SUMAR VOTOS O MANTENER LA COHERENCIA POLÍTICA?

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

En el juego político hay quienes optan por mantenerse coherentes a unas ideas aunque tarden en alcanzar los escenarios de poder. Otros, en cambio, mutan constantemente, acción que desde Lampedusa se ha llamado gatopardismo. Las ideas cambian de piel, pero en el fondo siguen siendo lo que son.

Este fenómeno es evidente en acciones como las de Abelardo de la Espriella, quien se volvió ultrarreligioso en un par de meses, solo porque en el toldo de los religiosos hay un buen caudal de votos. Uribe prefirió a Paloma, incluso traicionó a Cabal, Lafaurie y a la extrema extrema, porque él sabe que la única opción que le queda es hacerse pasar por una mansa oveja de la derecha menos radical; en eso es en lo que quiere convertir a Paloma. Pero en el fondo, Cabal, Paloma y Abelardo son papas del mismo costal, con algunos gradientes diferenciales.

Ahora con Oviedo se da el mismo fenómeno. Él pudo optar por tratar de darle vida a un centro que solo existe en el imaginario transitorio porque se compone de fragmentos de izquierda y derecha, más un grupo de indecisos; es decir, es una fuerza que se caracteriza por su ambivalencia, factor que siempre los termina dejando a la deriva; de ahí la metáfora realista en la que siempre terminan “huyendo a ver las ballenas”. Oviedo no se traicionó, decidió reafirmarse en lo que es, un técnico de derecha no radical, que por cuestiones del momento terminó copando un escenario político polarizado en el cual él pareciera ser de centro. Pero no olviden que de esos políticos transitorios hay mil ejemplos; me acuerdo ahora de Lucho el embolador o Angelino Garzón. Como surgen, se olvidan, precisamente por su ambigüedad.

Por el otro lado, está la política que se hace basada en la coherencia de las ideas, y ahí se sitúa la fórmula presidencial de Iván Cepeda, quien pudo optar por un personaje que lo acercara a la derecha moderada, como un empresario de esos que cultivan un enfoque social y que creen que la riqueza se debe redistribuir. Aunque no parezca, de esos también existen varios y buenos. Pero Cepeda prefirió quedarse con la base social; eso es Aida Quilcué, un símbolo de los escenarios de lucha y transformación de base. Cepeda, prefiero sumar coherencia y no solo votos, al menos en esta fase de la contienda.

Veremos cómo el país votante valora cada acción, porque esto no se trata de sumar personas y creer que ellas se vuelven votos de manera utilitaria; la política no es así de simple. Muchos van a las urnas movidos por símbolos sujetos al cambio. Por ejemplo, los votantes que vociferan odio hacia lo que denominan “ideología de género”, los machistas que abundan en la ultraderecha, aquellos que todo lo que ven diferente a lo que son lo convierten en comunismo, quienes creen que el homosexualismo es una aberración excremental, los que piensan que los pobres son pobres porque quieren y mil prejuiciosos más: ¿terminarán votando en contra de su opinión o cambiarán de opinión por la coyuntura política?

Recuerdo que cierta vez sectores alternativos votaron por Juan Manuel Santos por un punto de honor: La paz. En otro momento, muchos votaron en contra de la paz para respaldar a un líder (Uribe) que no creía en la paz, o más bien no le convenía esa paz, porque lo ponía en riesgo ante la justicia, como al final sucedió.

Así es la política, vive en movimiento, está sujeta a los ires y venires y a veces lo olvidamos. Por eso, el 31 de mayo tendremos una radiografía más cercana a la realidad y entonces veremos qué resultados arrojó cada estrategia y qué nuevas estrategias se plantearán camino a la Casa de Nariño, porque aún hay muchos elementos que pueden alterar la percepción ciudadana, que, aunque no parezca, cada vez se cualifica más.