Carlos
Arturo Gamboa Bobadilla
Escritor
colombiano
Cuento corto e incorrecto, inspirado
en cierto personaje que sube videos en calzoncillos mientras lanza billetes al
aire para bañarse en popularidad y mal gusto.
En el barrio donde
vive mi madre habita un gañán, de los clásicos. Ha estado preso varias veces
por hurto, lesiones personales y microtráfico.
Debe
tener cerca de 50 años y, como suelen decir los ancianos, "aún no sienta
cabeza". Lo distingo desde la época de mi juventud, cuando su ímpetu
desbocado lideraba la patota de energúmenos del sector que se aglomeraban en
una temida pandilla llamada "Los Pelechos".
"El
Piojo", como le han llamado desde siempre, vive con su madre, una adorable
anciana que sobrevive con los subsidios del Estado y alguna que otra moneda que
una hija que migró a México le envía sacramente.
Hoy,
cuando pasé a visitar a mi madre, "El Piojo" se acercó y me pidió un
cigarrillo. Le dije que hace años dejé de fumar. Entonces me pidió la liga.
Busqué en mi cartera y le pasé cinco mil pesos, más por miedo que por caridad.
—Gracias,
profe —me dijo—, usted es un bacán.
Antes
de irse, me sorprendió con una pregunta que nunca esperé de este gañán curtido
en el arte de la vagancia:
-
Profe, ¿no sabe de algún trabajito para mí?
—
No, nada, mi viejo —le respondí ipso facto, sin abrir más espacio a
inútiles explicaciones.
Entonces,
sin decir más nada, se fue rumbo a la tienda de la esquina, batiendo al aire el
billete de cinco mil.
Mientras
tocaba en la puerta de la casa de mi madre, pensé: “Debí decirle que enviara la
hoja de vida al nuevo gobierno; con ese prontuario que tiene, de seguro algo de
altura le consiguen”.

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