mayo 27, 2019

LA MEMORIA UNIVERSITARIA, UN RETO PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA UT


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD - UT

El pasado 21 de mayo la Universidad del Tolima cumplió 74 años de fundada (1945), lo cual es una corta edad para una Institución de Educación Superior, teniendo en cuenta que en Colombia las universidades más antiguas son Santo Tomás (1580), Javeriana (1623), Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (1653) y Nacional (1867). En este panorama, la Universidad del Tolima es, en términos etarios, una adolescente.
No obstante, la memoria sobre el quehacer del Alma mater de los tolimenses es muy escasa, ambigua y sustentada por la tradición oral más que por la tradición escrita. No son muchas las fuentes académicas respecto de su nacimiento y conformación, más allá de algunos textos oficiales, unas reseñas poco documentadas y las deficientes alusiones en los periódicos locales.
Las publicaciones internas, por lo general seriadas, que la Universidad del Tolima ha producido durante estas siete décadas, no están compiladas y se corre el riesgo de perder muchas de sus referencias. Lo anterior quizás se deba a que no ha existido una tradición que las conserve, lo cual es paradójico contando con programas como Historia y Comunicación Social-Periodismo, desde donde se pueden potenciar estos ejercicios de preservación.
Ahora bien, en ese sombrío panorama, el libro de la docente, investigadora y actual decana de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes, la profesora Beatriz Eugenia Jaime Pérez, resulta de una elevada importancia. Titulado Fragmentos de memoria. Luchas, tragedias y vidas que forjaron la Universidad del Tolima, el libro recoge los resultados de un proyecto de investigación cuyo fin central es coadyuvar a la recuperación de la memoria de la única universidad pública de la región. En palabras del renombrado historiador Hernán Clavijo: “(…) estamos ante una cartografía social de la vida académica, intelectual, política, humana y creativa e institucional, debidamente fundamentada con sus respectivos territorios”. (2018, p. 20)
De esa manera, quizás el libro inaugura en la UT una nueva forma de mirarnos a nosotros mismos, desde el saber académico y la rigurosidad investigativa, pero yendo a las diversas fuentes escritas y orales, que es la manera más eficaz de construir una mirada sobre el pasado. Este texto, construido bajo la técnica periodística de la semblanza, se centra en recuperar la vida de ocho personajes, siete de ellos protagonistas de la vida universitaria en sus espacios académicos, culturales y políticos, y el otro, nada menos que la misma Universidad del Tolima. Con ello se pretende: “(…) recordar, rememorar. Al hacerlo traemos  el pasado y lo ponemos en diálogo con los recuerdos de los otros para seguir construyendo futuro, pero sobre todo para explicar y comprender mejor nuestro presente”. (Jaime, 2018, p. 41)
Cada uno de los personajes, revitalizados en el libro, marca un momento y una tendencia de la vida universitaria, explora en sus individualidades y teje espacios colectivos de la comunidad. Los actores son escogidos desde una valoración de la importancia “positiva” que ellos tuvieron en la construcción de una institución que, a pesar de nacer en la mitad del siglo XX, se ha comportado muchas veces de manera premoderna en su visión científica, cultural y política; por ello sus testimonios son vitales para trazar los rumbos de estos agitados tiempos.
Sin intentar agotarlo todo, el libro permite construir una mirada de caleidoscopio muy necesaria para los actores que vivimos el trascurrir actual de la Universidad del Tolima, pero también para la sociedad tolimense que en muchos escenarios desconoce el valor de una institución que le ha permitido a millares de jóvenes del departamento y del país, alcanzar niveles de formación superior.
Más allá de los señalamientos acartonados que se tienen sobre la Universidad, recobrar su pasado permite elaborar una serie de cronologías y sucesos que en gran parte explican el porqué nos comportamos de ciertas maneras y quizás ayude a esclarecer los caminos que debemos trazar para consolidarnos frente a los retos del porvenir.
Los nombres de María Magdalena Echeverry, César Augusto Zambrano, Gustavo Adolfo Vallejo, César Augusto Velandia, Edilberto Calderón, Gonzalo Palomino y Raúl Echeverry, pertenecen al inventario ilustre de la universidad y Beatriz Jaime logra actualizar la memoria con lo mejor de sus vidas, sus luchas y sus legados. No están todos lo que son, faltarán algunos, muchos de ellos aún pernoctan el campus y desde sus aportes mantienen viva la UT. Quizás falta el inventario de los antagonistas, esos que han logrado llevar la Institución a la agonía, esa memoria también debe ser recordada para que los errores no se repitan, pero ese no es el objetivo de este libro.
Beatriz Jaime escogió el camino de la semblanza con tono positivo, con personajes que “hablan bien” de la historia de la Universidad del Tolima, que se forjaron en medio de las carencias y las contradicciones, esa es su apuesta. Hay otras tradiciones por contar, otros sucesos que deben ser desempolvados, otros personajes que habitan el lado oscuro de la historia y muchas más semblanzas que realizar; también por eso este libro es valioso, porque deja esa invitación en el tintero. Todo aquel que se diga miembro de la comunidad de la Universidad del Tolima debería leerlo, los investigadores del campo de la historia tomarlo en serio y ojalá imitar este gran esfuerzo que se hace por recuperar la memoria.
Una vez encontré varias cajas de publicaciones institucionales abandonadas en las escaleras del Instituto de Educación a Distancia, contenía cartillas, memorias, documentos de carácter institucional y otro tipo de publicaciones. Al indagar acerca de este desafuero, me dijeron que el nuevo director del IDEAD había ordenado “sacar esa basura de su oficina”. Pude recuperar varios textos que conservo en mi biblioteca personal, pero muchas publicaciones fueron a parar en manos de los recicladores. Ese comportamiento ha sido recurrente en el actuar de la UT.
Por eso las 372 páginas del libro Fragmentos de memoria. Luchas, tragedias y vidas que forjaron la Universidad del Tolima, merecen el tiempo de su lectura y el disfrute de un lenguaje descriptivo, cuidado y sencillo, sin más pretensiones que contarnos que la UT nació hace 74 años, que durante esas décadas se han tejido mil historias y que estamos en tiempos de su maduración, para lo cual recordar el camino recorrido es vital.

mayo 07, 2019

DEMOCRACIA PARA MÍ ¿Y PARA EL OTRO?


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Como docente de la Universidad del Tolima he debatido durante mucho tiempo sobre el gobierno universitario, ahora que soy profesor de planta lo hago, pero siendo catedrático (durante cerca de 12 años) lo hice también. Dentro de las variadas formas de gobierno universitario siempre he apostado por la ampliación de la participación de los actores que intervienen en el devenir diario de la Universidad Pública. Considero que es debatiendo, dialogando, contraponiendo argumentos y sustentando que se construye el conocimiento; por lo tanto, una institución que se dedica a la producción del saber, la cultura y la ciencia, no puede ser ajena a este mecanismo.
En ese sentido, pienso que la Asamblea de Profesores de la Universidad del Tolima, la cual constituye un escenario legítimo de discusión para la vida universitaria, se equivoca cuando, a través del comunicado fechado del 11 de abril de 2019, plantea, -bajo mis consideraciones-, un escenario antidemocrático frente a sus iguales, los profesores catedráticos. Veamos casos puntuales:
Afirma el comunicado que: “Consideramos totalmente inoportuno y contrario a la doctrina constitucional que los catedráticos y ocasionales puedan ser representantes profesorales a Consejos de Facultad, Consejo Académico y Consejo Superior…”, lo cual más bien desconoce la doctrina que la misma Constitución Política de Colombia plantea, cuando en su Artículo 103, afirma que:
El Estado contribuirá a la organización, promoción y capacitación de las asociaciones profesionales, cívicas, sindicales, comunitarias, juveniles, benéficas o de utilidad común no gubernamentales, sin detrimento de su autonomía con el objeto de que constituyan mecanismos democráticos de representación en las diferentes instancias de participación, concertación, control y vigilancia de la gestión pública que se establezcan.
Siendo la Universidad del Tolima de carácter público y los catedráticos constituyéndose como mayoría en una de sus labores misionales de dicha organización (cerca del 80 % de las labores docentes está a cargo de los catedráticos), no se entiende cómo la Asamblea afirma tal imprecisión. Cabe preguntar entonces: ¿Los catedráticos y tutores de la Universidad del Tolima tienen nuestra total confianza para que orienten los procesos de formación superior de los estudiantes, pero están incapacitados para ser elegidos en los escenarios de gobierno universitario? ¿Es más importante representar un gremio que ejercer la labor misional de formar en los diferentes niveles académicos en la universidad?
La misma Asamblea, más adelante, en el ítem No 7 del citado comunicado, afirma que:
Consideramos conveniente que, en las elecciones de Rector y de representaciones profesorales, los catedráticos y ocasionales participen con un 20% del peso ponderado de los votos, y que los profesores de planta cuenten con el 80% del peso restante. Lo anterior busca proteger a los profesores con este tipo de vinculación de la fragilidad que tienen sus vinculaciones ante las potenciales presiones clientelistas que puedan recibir.
Según la lógica democrática (¿?) de la Asamblea, un docente de cátedra está capacitado para votar por un docente de planta, pero no para ser elegido como su representante; y además, su voto vale la cuarta parte de un voto de un profesor de planta. No deja de ser curiosa esta comparación que habla de un velado desprecio por el profesor catedrático y su papel en el mundo universitario.
Más aún, la precisión que sigue en el comunicado es más reprochable aún al afirmar que por este tipo de vinculación los catedráticos son más vulnerables a “presiones clientelistas”, quedamos ante una paradoja del tamaño de un camello que entra por el ojo de una aguja: se pretende proteger a los catedráticos quitándoles sus derechos. Qué generosos resultan acá los profesores de planta. ¡Pamplinas!, ese desconocimiento del otro hace evidente, así se intente ocultar, una prepotencia elitista y no se corresponde a la realidad que viven las universidades públicas y privadas de Colombia en donde la precarización laboral de este amplio sector se profundiza ante la ausencia de una voz que los defienda en todos los escenarios de decisión.
No es negando derechos que se construye democracia, la democracia es un juego de apertura a los distintos, a los excluidos. Así la Universidad Pública sea un centro de poder académico, debe ser también un laboratorio de apuestas que le permitan a la sociedad aprehender nuevas formas de interactuar. La realidad de la labor docente en Colombia está mediada por un desprecio a la condición de profesor y mal hace un profesor de planta que lucha por sus derechos, desconocer los de sus semejantes.
De seguro que el debate nos llevará a buscar fórmulas equilibradas que le permitan a los docentes de planta y catedráticos a debatir y coadyuvar a construir la universidad pública, y en ello la Universidad del Tolima puede ser ejemplo nacional. Ahora que estamos reformulando nuestros Estatutos tenemos una gran oportunidad para avanzar.
En ese sentido, propongo una ruta para ello: planteemos representaciones profesorales mixtas, de esa manera en cada escenario de participación (superior, académico, facultades y demás) se podrían presentar duplas de un profesor de cátedra y uno de planta. Esta opción suena mucho más convincente que tratarlos de menores de edad política. Vale también recordar que en la historia reciente de la Universidad del Tolima, muchas de las acciones que llevaron a la UT a una crisis aguda, fueron pensadas y ejecutadas en su mayoría por profesores de planta.

abril 30, 2019

LOS ADORADORES DE LA GUERRA



Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universitario

El día martes treinta de abril empezó con la noticia de la gestación de un golpe de Estado en Venezuela. Miembros de las fuerzas armadas habían liberado a Leopoldo López y junto a Guaidó encabezaban un llamado al pueblo para que se agolpará y derrocará el gobierno de Nicolás Maduro. Las noticias se daban de esa manera en la mayoría de los medios oficiales colombianos.
Lo primero que pensé se resume en esta pregunta: ¿Qué dirían los medios colombianos si el ejército nuestro liberara un preso, se juntará a alguien de la oposición e invitara a los ciudadanos del país a marchar hacia la Casa de Nariño para derrocar a Iván Duque? Solo imaginen la magnitud del escándalo: “traidores”, “conspiradores”, “terroristas” y por qué no “sicarios”, le gritarían los medios oficiales. “Un atentado contra la democracia”, titularían los principales periódicos y las emisoras abrirían sus espacios con llantos y lamentos colectivos, juzgando a los golpistas de apátridas.
Es que los medios colombianos, y su amplia audiencia, ven de esa manera los problemas del vecino país (y de muchos otros lugares del planeta). Los medios porque hace tiempo (en su mayoría) perdieron la función social que algún día el periodismo les encomendó, y ahora solo son fortines dispuestos para un fin, hacer parte del poder. La audiencia porque en su mayoría es acrítica, cree firmemente lo que dicen esos medios, para muchos la verdad sale de ellos y solo se atreven a ratificar: “palabra de dios, te adoramos señor”.
Estaba sintiendo pena y angustia por estos aspectos cuando de repente un tuit del presidente ponía la vara un poco más alta en la medición de la ignominia, este decía: “Hacemos llamado a militares y al pueblo de #Venezuela para que se ubiquen del lado correcto de la historia, rechazando dictadura y usurpación de Maduro; uniéndose en búsqueda de libertad, democracia y reconstrucción institucional, en cabeza de @AsambleaVE y el Presidente @jguaido”.



No podía dar crédito a lo que leía. Verifiqué si se trataba de un falso perfil. No. Quizás era una falsa noticia, también abundan desde perfiles verdaderos. Tampoco. Era real, el presidente de Colombia estaba invitando a que el golpe de Estado en Venezuela tomara mayor vigor, a que los militares desobedecieran el mandato constitucional del pueblo hermano y, de paso, a que se gestara una guerra civil interna. De esa dimensión era su ignominia.
Luego pensé que a pesar de lo atroz de ese tuit nada nuevo había en ello. Duque, su amo Uribe y la mayoría de los seguidores de esta secta, son adoradores de la guerra. No contentos con emprender miles de triquiñuelas para hacer trizas el proceso de paz que puso fin a más de sesenta años de conflicto armado con las FARC, estos señores y señoras adoran las armas y lo que ellas provocan. Son fervientes fieles del golpe, de la bofetada, de la amenaza, de la tortura, de la vejación, del disparo certero, del desplazamiento… siempre y cuando sea contra el distinto, no contra ellos mismos. Si alguien toca uno de los suyos claman al cielo gritando “terrorista”, “sicario” y de paso activan toda su maquinaria de persecución y exterminio.
Me asusta la complicidad de los medios, quizás porque ingenuamente creo que es una de las profesiones que puede contribuir al equilibrio de poderes. No obstante, hace rato se corrompieron. Me aterran los ciegos seguidores de los “adoradores de la guerra”, porque no han entendido que si algo debe ser sagrado en este tiempo apocalíptico, debe ser la vida mía y la del otro, así el otro sea mi némesis. Pero hay tanta ignorancia campeando.
Le respondí el tuit al señor Duque, ese ser pueril que se sienta en la silla presidencial de un país condenado al odio por él, su mentor y sus seguidores: ¿No le es suficiente con atizar la guerra en Colombia y ahora le arroja gasolina a la guerra de un país hermano? No espero respuesta.
Deseo que Venezuela encuentre un camino, una salida a su tragedia interna, que en nada se parece a la tragedia mediática con la que los medios en Colombia venden pauta y se enriquecen. Ojalá Venezuela halle rápido esa paz que se le está embotando y no tenga que pasar, como Colombia, más de seis décadas gobernada por los adoradores de la guerra. Sería para ellos un porvenir atroz, como nuestro presente.

marzo 26, 2019

Nosotros los encargados de destruirnos a nosotros mismos


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Nada existe allá afuera que nos
 ayude a salvarnos de nosotros mismos.
Carl Sagan


Hay un mundo ahí debajo de nosotros. Está habitado por Nos-Otros, nuestras sombras. Se alimentan de lo que pueden, sobreviven como pueden, no están en capacidad de tomar ninguna decisión sobre sus vidas y van acumulando un odio descomunal por los de arriba. Su único anhelo es subir y cobrar venganza.
Los de arriba, los otros (nosotros), viven ignorando sus sombras. Compran, viajan, consumen sus días a la velocidad que el sistema les dice. Van de aquí a allá, acumulando bienes materiales, depredando el plantea e ignorando que hay otros, parte del Nos, que necesitan incluso lo que desechamos.
Las anteriores líneas componen un resumen del correlato de la última película de Jordan Peele titulada, así no más, “Nosotros”. No me detendré a analizar la historia (guión) que se plantea y se desarrolla teniendo como base una familia negra norteamericana, quienes han logrado alcanzar un nivel de vida cómodo e ignoran (excepto la madre) que hay un mundo allá abajo en donde las cosas no son tan placenteras.
La idea no es nueva, ya muchos relatos han construido su atmósfera con base en la imagen del doble, el doppelgangers o gemelo fantasmagórico. Lo que logra Jordan Peele es involucrar esa idea en la trama de un mundo pre-apocalíptico, al que curiosamente sitúa como inicio en la década de los ochenta.
La pobreza y el suburbio son el caldo de cultivo perfecto para que la desigualdad tome el mando. En la película los dobles son producto de la clonación y fueron abandonados a su destino por los humanos-dioses creadores de vida. La rebeldía futura de los de abajo se construirá con base en el odio que genera ser excluidos. El hombre jugó a ser Dios, creó unas criaturas que ahora saldrán para vengarse. Afirma Mullor al respecto:
 (…) unos tienen que sufrir para que otros puedan vivir cómodamente. Unos tienen que vivir en la sombra para que otros puedan disfrutar de la luz. ¿No es esa la definición perfecta del capitalismo? La revolución de los doppelgangers se siente como una lucha contra unos privilegios de los que han carecido siempre. Son parecidos a los humanos, pero no exactamente iguales. En esta ocasión, Peele va más allá del discurso racial y mete en el saco a todas las comunidades que hacen la vista gorda al sufrimiento ajeno -y a la memoria del sufrimiento histórico- sólo para vivir un poco más tranquilos. (2019)
El correlato de la película narra los días previos a la gran revolución. Los de abajo han decidido, organizados por una antigua humana que fue intercambiada, subir y tomar las riendas de un mundo que los ignoró. Igual que en Batman. El caballero de la noche asciende, desde los subterráneos de la ciudad moderna la furiosa masa de inconformes solo desea ver morir a sus victimarios. No hay tiempo para la piedad.
Un guante en sus manos derechas, unas tijeras y un vestido rojo identifica a la horda que asciende. Estos tres elementos constituyen un backup de símbolos de la rebeldía. La mano unificada que castiga, las tijeras con las que se cortará la historia de la inequidad y el vestido rojo, el cual no requiere mayores explicaciones. Es casi que la traslación de la hoz y el martillo sobre la flamante bandera roja.
Así, el mundo cómodo, con sus calles relucientes, sus vitrinas llenas, sus edificios deslumbrantes, sus yates y sus casas de veraneo, un día amanecen sometidas al riesgo de los diferentes, esa plaga que no habla nuestro idioma, no comprende nuestro modus vivendi y por eso amenaza destruirnos para ocupar este plácido lugar que hemos construido.
Como en el mundo real, la película no ofrece un final único y verdadero, deja al espectador mirando en lontananza esa larga fila de seres unidos en una cadena infra-humana, que se dirige en busca de algo que no aún no sabemos. Lo que si intuimos es que el final no será feliz, porque desde las cloacas las sombras han emergido para recobrar su lugar en el mundo.
Ellos son productos de nosotros, somos nosotros los principales enemigos de la especie, somos nosotros los encargados de destruirnos a nosotros mismos.
Referentes bibliográficos
MULLOR, Mireia. (2019). Guía para entender ‘nosotros’, la nueva película de terror de Jordan Peele. Disponible en: https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a26921100/nosotros-pelicula-jordan-peele-explicacion/
PEELE, Jordán. (2019). Nosotros. Universal Pictures International Spain: EE. UU.
SAGAN, Carl. (2015). Cosmos. Ediciones Gustavo Aguilera: España.
ZORRILA, Mikel. (2019). “Nosotros” es aún mejor que '”Déjame salir”': una gran película de terror donde sobresale Lupita Nyong’o. Disponible en: https://www.espinof.com/criticas/nosotros-mejor-que-dejame-salir-gran-pelicula-terror-donde-sobresale-lupita-nyong

febrero 11, 2019

Abierta la convocatoria para participar en la Revista Ústelee, hojas para reciclar. No .6

Introducción
La Revista Ústelee, Hojas para reciclar, es un proyecto editorial encaminado a salvaguardar la palabra agonizante. Esa palabra  borrosa de los trabajos académicos los cuales, después de sopesados por el ojo del docente, terminan en las canecas de la basura. Muchos de esos trabajos fueron intentos por decir algo y no hay que olvidar que toda obra nace con esa misma pulsación.
Durante cinco entregas, Ústelee se ha alimentado de esos textos producidos en los cursos del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes; así como del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana del Instituto de Educación a Distancia, con algunas participaciones externas a la Universidad del Tolima. Poco a poco se ha ampliado el rango de participación, con aportes de diversos Centros de Atención Tutorial del IDEAD y de otras Facultades y Programas de la UT. Esperamos que esta lógica siga creciendo.
Convocatoria
Hoy empezamos la construcción de la sexta entrega. Los textos e imágenes pueden ser remitidos al siguiente correo: cgamboa@ut.edu.co. El plazo dado para el envío de trabajos es hasta el 15 de abril de 2019. Para revisar cada una de la sesiones y sus respectivos tipos de textos, dejamos los links en donde encontrarán los cinco número anteriores. Contamos con su participación porque estamos convencidos de que Ústelee…

diciembre 19, 2018

Roma, en busca del México perdido


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universitario

La sensación que tuve al terminar de ver Roma, la última película de Alfonso Cuarón, fue que estuve durante dos horas y quince minutos releyendo, en la pantalla, a un Marcel Proust mexicano.
Para regresar a los años setenta había que hacerlo en blanco y negro, con la delicadeza del tiempo ido que debe ser rescatado por la frágil memoria. Había que traer las baladas de Leo Dan y un joven Juan Gabriel, el bullicio del barrio con sus pájaros enjaulados y sus perros ladrando. Había que redimir la plaza de mercado, las calles y sus bocinas, el deseo de cambio y la siempre presente represión. Tenía que estar en primer plano el radio transistor, el televisor a blanco y negro, la casona de la clase media y su contraste del tugurio. Todos esos elementos, y más, nos los presenta el director acertadamente.
No obstante, Cuarón usa un correlato para recordar ese México perdido en la memoria, un país que por entonces era la avanzada latinoamericana en el mundo. Y para activar la lenta narración, con el detalle pulido hasta el cansancio, usa los ojos y la vida de Cleo, una empleada (nana) del servicio doméstico, cuya humildad y humanidad estremece al espectador sensible.
El cuadro que enmarca esta evocación es una familia, cuatro niños, una abuela, una madre encargada del cuidado del hogar y un padre proveedor. En la otra orilla, casi al margen de la existencia, dos sirvientas, de esas internas que tantas familias latinoamericanas acostumbraban. Y una de ellas es Cleo, joven de origen indígena, humilde y servicial, cuyo amor por la familia hace que su vida esté al margen porque su objetivo es la felicidad de los demás.
Desde esos pequeños ojos aindiados Cuarón nos pasea por los males y desgracias sociales, por la cotidianidad del hogar y sus pequeñas cosas, por la ciudad y sus hechos trágicos, por el mundo que recobra desde el lente de la cámara que tiene como extensión las pupilas de la empleada.
En Roma lo sencillo se hace profundo, lo elemental cobra vida para hacerse trascendental en la mente del espectador. Ese es el verdadero Cine, el que se escribe con C mayúscula. Cuarón es un cineasta de los elementos, ya lo dejó claro en Gravedad, en donde no solo nos pasea por los cuatro elementos griegos, sino que además nos propone uno nuevo, el vacío.
En Roma la tierra y el agua son vitales, son los que le dan forma al recuerdo, al pasado y sus artilugios, al sueño y a la represión, a la maternidad frustrada pero también a la catarsis. La escena en la playa, en donde Cleo rescata los niños del voraz mar, quedará tatuada en la pupila de muchos, no en vano parte de ella es usada en el afiche promocional.
De las actuaciones, la fotografía y demás elementos técnicos de la película, ya tendremos noticias en las distintas nominaciones a los premios Óscar. Como dato a destacar, Yalitza Aparicio Martínez, quien encarna a Cleo, ya está reconocida entre las mejores diez actuaciones del cine en el 2018.
El realismo depurado de Cuarón ha producido otra gran película, ojalá los asiduos devoradores de Netflix aprovechen para deleitarse, ya que esta plataforma virtual ha comprado sus derechos de distribución. Aunque siendo sinceros, hace falta una gran pantalla, el silencio de la enorme sala y la oscuridad del cine para acompañar al director en busca de ese México perdido que logra recobrar.

diciembre 05, 2018

CARTA ABIERTA: CONTEXTO SOCIO ECONÓMICO DEL PROBLEMA DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS

A continuación reproducimos la carta del profesor y amigo Julio Sabogal Tamayo, quien le escribe al mundo desde la Universidad de Nariño.

Nos encontramos ante una antinomia, ante dos derechos encontrados, sancionados y acuñados ambos por la ley que rige el cambio de mercancías. Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza (K. Marx).  

Amigos universitarios:
En esta oportunidad, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el contexto general del mundo y, por lo tanto de Colombia, en el cual se encuentra el actual problema de desfinanciación de la educación superior pública.  La información que ha circulado hasta el momento de parte de los universitarios es verdadera, pero, en primer lugar, es básicamente cuantitativa y, en segundo lugar, no está inmersa en el ámbito neoliberal del mundo.  Por lo tanto, lo que voy a plantear a continuación puede ser de alguna utilidad.
 Después de Los treinta años gloriosos –nombre que suelen darle al crecimiento continuo que disfrutó la economía capitalista después de la Segunda Guerra Mundial, hasta la crisis de los años setenta– al regresar la crisis, como era de esperar, el capital empezó a sufrir la caída de la tasa de ganancia.  El capital –su personificación la burguesía– decidió tomarse aquellos sectores que hasta entonces no había explotado: la educación, la salud, las comunicaciones, etc., a fin de recuperar la tasa de ganancia.  Eso pudo hacerlo fácilmente porque el poder político, más que antes, estaba a su servicio. 
En la era neoliberal se acaba la dicotomía Estado-mercado, predicada por Keynes, y el Estado pasa a ser un sirviente del capital.  Piénsese en el gobierno de Pinochet, presidente de Chile, el primer país neoliberal del mundo, o en los gobiernos de Margaret Tatcher, primera ministra británica,  y Ronald Reagan presidente de Estados Unidos.  La Tatcher solía repetir: La sociedad no existe. Sólo existen hombres y mujeres individuales que compiten libremente en el mercado.  Esto lo había aprendido de su maestro, Friedrich Hayek, el padre del pensamiento neoliberal y, en general, de la economía ortodoxa que enseñan actualmente en todas las universidades del mundo.  El pensamiento crítico fue desterrado de los programas de Economía, desde la década de los años noventa.
A la apropiación de estos nuevos sectores por el capital es lo que el economista marxista David Harvey llama acumulación por desposeción; lo que se está apropiando el capital no es una nueva plusvalía creada en un proceso productivo sino un valor que ya existía y el gobierno se lo entrega a un precio inferior a su valor.
Esto fue lo que sucedió en Colombia desde el gobierno de Virgilio Barco y se intensificó con el gobierno de César Gaviria.  Algunas empresas fueron puestas en venta, como fue el caso de Telecom, pero una universidad pública no puede ser puesta en venta, sino que se privatiza en forma indirecta.  El mecanismo utilizado es la restricción del presupuesto para obligarla a salir parcialmente al mercado.  La universidad se ve obligada a vender posgrados, asesorías e investigaciones y a precarizar el salario de los docentes, a través de la contratación de profesores hora cátedra y OPS.  En el caso de Colombia, se puso en práctica la estrategia de privatización indirecta con la Ley 30 de 1992.  Téngase en cuenta que se acababa de aprobar una Constitución híbrida, medio neoliberal y medio democrática; no se olvide que los líderes de la Constituyente de 1991 eran unos de derecha dura y otros de derecha blanda.
El otro camino consiste en financiar la demanda y no la oferta.  El gobierno no entrega los recursos financieros a las universidades sino a los estudiantes, de esta manera logra que dineros públicos vayan a la universidad privada –es decir al capital– o pone a las familias pobres a pagar créditos a la banca.  Esto no es solo en nuestro país.  Veamos lo que sucede en Estados Unidos: En Harvard, según informa Emmanuel Jaffelin en Le Monde del 28 de mayo de 2012, las relaciones entre profesores y estudiantes parecen fundarse sustancialmente en una suerte de clientelismo: “Dado que paga muy cara la matrícula en Harvard, el estudiante no sólo espera de su profesor que sea docto, competente y eficaz: espera que sea sumiso, porque el clien­te siempre tiene razón”. En otros términos: las deudas con­traídas por los alumnos estadounidenses para financiar sus estudios, cercanas a los mil millardos de dólares, los obligan a ir “más a la búsqueda de ingresos que de saber”.[1]  Por eso aquellas teorías que enseñan a pensar van desapareciendo y su lugar es ocupado por disciplinas “practicas”.
Al negociar con el gobierno nacional no hay que olvidar que este no toma decisiones libres, porque forma parte de un entramado mundial –dirigido por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional– además de que esos funcionarios han interiorizado el pensamiento único neoliberal, hasta estar convencidos de que es la única verdad posible.
Aquí hay dos fuerzas enfrentadas, de un lado la búsqueda de plusvalía que es un derecho económico del sistema imperante, a cuyo servicio están los gobiernos, y, de otro, los universitarios que nos empeñamos en defender la educación como derecho.  Y, Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza.  La fuerza de los universitarios, en este momento, es la organización, la movilización y la solidaridad de la población independiente.
Pero no basta con la sola movilización, debemos fortalecernos con el arma del pensamiento crítico, este pensamiento hay que recuperarlo.  Si los estudiantes y los docentes no nos armamos de la teoría antineoliberal, nos puede pasar lo siguiente:
Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encon­traron por casualidad con un pez más viejo que nadaba en direc­ción contraria; el pez más viejo los saludó con la cabeza y les dijo: “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces jóve­nes siguieron nadando un trecho; por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: “¿Qué demonios es el agua?”[2]
Pasto, 30 de noviembre de 2018
Cordialmente,

Julián Sabogal Tamayo
Profesor Titular de Economía, Universidad de Nariño




[1] ORDINE, Nuccio (2013) La utilidad de lo inútil, Barcelona: Acantilado, pág. 79.
[2] Ibídem, pág. 29.

noviembre 17, 2018

En el bosque de Tuput (Fábula sobre el poder)


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente universitario

Hace muchos años, en el bosque de Tuput, reinaba el león a sus anchas. Unos pocos animales no compartían su manera de gobernar, pero tenían miedo y callaban. Los demás le aplaudían y con eso ganaban más, el león de vez en cuando compartía con ellos su opulencia.
Durante un largo verano el bosque fue azotado por la canícula y solo abundó la precariedad. Los pocos que sabían las astucias y derroches del león decidieron protestar. Él y sus lacayos se habían comido las reservas en la época de abundancia, ahora el hambre era lo único que se podía repartir.
El oso citó a una asamblea, al principio fueron muy pocos, pero el hambre destroza hasta los más finos lazos de lealtad. Al final llegaron enojados hasta los aduladores, quienes en ausencia de comida y agua, tildaban ahora al rey león de ser un total inepto.
El oso iba generando cada vez más simpatía. La asamblea decidió entonces que el león debía renunciar al trono, era la única manera de salvar el bosque y emprender su recuperación. Todos aplaudían al oso cuando hablaba, quizás porque era el único que no temía las represalias del león.
El león tuvo que abandonar su cargo, sin embargo, le fue permito de vivir en el bosque. Con el trono vacío algunos propusieron que el nuevo rey fuera el oso, había mostrado gallardía y se merecía dirigir tan preciado lugar. La mayoría se opuso, no se veía bien –dijeron- que un oso que había estado en la oposición, ahora gobernara. Al final eligieron como nuevo rey al tigre. En ese bosque siempre habían gobernado los leones y los tigres, no los osos.
Pocos días después el bosque de Tuput parecía estar en total normalidad. Cada quien cumplía su rutina hasta que una mañana el agua empezó a escasear. El gran lago presentaba un nivel muy bajo y todos se alarmaron. Llamaron al oso para preguntarle qué pasaba, a lo que respondió -¿Y por qué no le preguntan al tigre?, al fin y al cabo él es el rey. Todos asintieron. Citaron a una asamblea y le pidieron al oso que la dirigiera, él sabía de esas lides.
El tigre no supo dar razón de la escasez de agua, aunque muchos rumoraban que la estaba vendiendo al bosque vecino. La única solución que encontraron fue traer el líquido desde el lejano río, para lo cual las horas de trabajo se aumentaron. El oso siguió investigando, hasta que descubrió que el tigre y sus secuaces habían construido un canal subterráneo para sacar el agua y venderla, se habían enriquecido con las ganancias.
El oso citó a una asamblea y condujo a los animales del bosque para que vieran con sus propios ojos el engaño del rey tigre. La turba enfureció y obligó al rey a renunciar. No obstante, no lo expulsaron del bosque. Con el trono vacío algunos de nuevo propusieron al oso como rey. La mayoría se opuso, no estaba bien –gritaban enfurecidos- que alguien como el oso que siempre había estado en la oposición hoy se sentara en el trono. Fue así como eligieron como nuevo rey al silencioso león.
La calma volvió al bosque… durante unos días. El león de nuevo en el trono volvió a sus andanzas, malgastando las reservas en grandes fiestas, a las cuales eran constantes invitadas las panteras. Incluso decían que en esas bacanales era común ver el tigre entre los asistentes. Pero todos callaban, en ese bosque siempre habían gobernado los leones y los tigres, eso generaba respeto.
Cuando se aproximaba el invierno el oso llamó a una asamblea, quería verificar los inventarios de alimentos, se había trabajado muy duro esos años y la temporada de lluvias se pronosticaba muy larga. Debían estar preparados. El león se negó a mostrar las cifras, dijo que todo estaba en orden. El tigre caminaba entre los asistentes azuzando y murmurando –algo aquí me huele mal- pero no lo decía en voz alta.
Como siempre fue el oso y su valentía la que convocaron a una marcha de todos los animales con el fin de verificar las existencias de alimentos. Todos iban enfurecidos, sabían que algo andaba mal. Al llegar a las cuevas de almacenamiento lo pudieron entender. El león y sus secuaces se habían gastado la mitad de los ahorros en sus fiestas. Le pidieron la renuncia y la expulsión, era la segunda vez que dejaba en quiebra el bosque. El tigre intercedió – no es para tanto, conque abandoné el trono es suficiente-
De nuevo se citó a la asamblea para elegir otro rey. Quienes acompañaron al oso desde el inicio de sus luchas insistían en que él debía ser el rey del bosque de Tuput. La mayoría los abucheó. Gritaban con furia: -¿cómo es posible que el oso, quien siempre ha liderado la oposición hoy quiera ser rey? Fue así como por amplia mayoría eligieron al tigre como su nuevo monarca.
He de decir que el tigre volvió a llevar el bosque a la quiebra. Los animales buscaron al oso para que se pusiera al frente de la situación. Lo hallaron cansado en su cueva, viejo y resignado. - Luché toda mi vida por tener un bosque mejor, les dijo, pero ustedes siempre eligieron al tigre y al león como sus reyes. Han de saber queridos animales, que el que no lucha para gobernar, siempre será mal gobernado.
Así es como en el bosque de Tuput, toda la vida, han reinado los leones y los tigres, siempre respaldados por la mayoría de los animales porque, según ellos, allí nunca ha sido y nunca será rey un oso opositor.

noviembre 08, 2018

En defensa de la Universidad Pública: la encrucijada del movimiento


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Durante la última semana el movimiento nacional, que pugna por alcanzar mejores niveles de financiación estatal para las universidades públicas, ha entrado en un momento crucial para sus definiciones. Ante el acuerdo entre el gobierno y los rectores, el cual fue un golpe para la estrategia de negociación, el movimiento se reorganizó y logró sentar a la otra parte en la mesa.
Sin embargo, los resultados no fueron los esperados, el gobierno ni siquiera reconoció las cifras de desafinación que presentan los estudiantes y docentes. Se suspendieron los diálogos y ahora esperan que el presidente ponga en la mesa una propuesta decente que permita avanzar en la superación de la crisis, sobre todo para el cierre del año 2018, ya que las universidades presentan delicados estados financieros para finalizar este periodo.
Al mismo tiempo, se convocó a una marcha el día 8 de noviembre, para continuar presionado la negociación. La última movilización, realizada el 31 de octubre, tuvo una gran contundencia, se espera el mismo respaldo en las calles.
 El gobierno sabe de las presiones que el movimiento empieza a sentir. Por una parte el calendario académico de las universidades se estrecha y la culminación adecuada del semestre empieza a ser una variable importante en el diseño. Algunas universidades ya han suspendido semestre, entre ellas Atlántico, Distrital, UPTC y Popular del César. Muchas otras se encuentran en alarma naranja, ya que el tiempo de finalización es motivo de sobresalto para las ya lesionadas finanzas.
Nadie que haya estado al lado de la movilización considera que no sea justa, que estamos atravesando una enorme coyuntura de la cual depende el futuro de la formación superior pública en Colombia.  No obstante, muchos entienden que la pelea no se librará solamente este semestre, se trata casi de la agenda de lucha para un cuatrienio. Por lo tanto, perder un semestre, correr un calendario académico o radicalizar el paro, son decisiones que deben valorarse a la luz de este factor. El gobierno lo sabe, por eso dilata.
El caso de la Universidad del Tolima
Para la más importante universidad pública de la región, el movimiento por la consecución de recursos frescos está más que justificado. Más cuando, desde el 2015, viene atravesando afujías financieras, las cuales fueron causadas por el problema estructural de todo el sistema estatal, pero agravado por la mala administración del anterior rector, José Herman Muñoz, quien dejó la UT con déficit cercano a los 30 mil millones y cuyo grupo político hoy se empeña en retornar al poder, sin que le importe con ello volver a sumir la UT en una larga noche oscura.
Desde entonces, y acorralada por un karma de austeridad, la Universidad del Tolima ha venido mostrando síntomas de mejoría, llegando a reducir el déficit a unos 10 mil millones de pesos aproximadamente. Su crecimiento en la oferta, su recuperación en la imagen y un proceso de reorganización administrativa en camino, les han devuelto parte de tranquilidad a los cerca de 20 mil estudiantes que se forman en sus aulas.
Sin embargo, con el periodo de cese de actividades académicas, ya cercano al mes, y con el riesgo latente de una suspensión del semestre, las finanzas resentidas entran en cuidados intensivos. Según informaciones del Consejo Académico, de continuar en esa línea progresiva, a la segunda semana del mes de noviembre entraríamos en un escenario de no retorno; es decir, habría que aplazar el calendario académico para que culminara en el año 2019.
Este aspecto complica los estados financieros propios debido a que la única estrategia de sobrevivencia que ha tenido la UT, durante los dos últimos años, para ponerse al día en pagos de nómina, es mediante un crédito puente, el cual se paga en un plazo no superior a tres meses. Sin culminar el semestre, difícilmente se haría el empréstito porque no se tendrían los recaudos de matrícula y se quedarían debiendo dineros a los docentes y funcionarios en este cierre de año. Provocando, por supuesto, una regresión en el plan de saneamiento que se venía desarrollando.
Este es un alto costo, dicen las mayorías: “Deberíamos volver a clases y participar en las movilizaciones y actividades del orden nacional que se convoquen para hacerle presión al gobierno”. Con la iniciativa de la comunidad el semestre se “podría salvaguardar y así no afectar los estudiantes, quienes son el alma del movimiento”, dicen un alto porcentaje de los docentes. Algunos llaman a la radicalización del paro, asumiendo que es la única vía para que el gobierno responda al pliego del movimiento. Lo cierto es que el campus cada vez está más vacío y un movimiento sin sujetos no tiene sentido.

***
De ahí que la encrucijada del movimiento está atravesada por variables nacionales y locales. No es fácil la decisión, porque en cada una de ellas algo se pierde y algo se gana. Lo único cierto es que ya se logró inquietar el gobierno, la respuesta en ciertos momentos ha sido masiva y la agenda de luchas crece cada vez más, lo que algunos usan para profetizar un gran paro nacional arrancando el año 2019.
Pero de las decisiones de hoy depende que el movimiento crezca en el tiempo y en sus logros, o se diluya y todo vuelva a la normalidad que tanto le gusta al gobierno. El desgaste político, los tiempos, la cohesión con otras luchas y las necesidades reales de cada universidad, son factores esenciales para que la defensa de la universidad pública sea una constante hasta que el Estado entienda el valor de la educación pública como patrimonio nacional.

noviembre 01, 2018

Religión y política: el reencauche del fascismo en Latinoamérica


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

En la tradición colombiana de la violencia son muchos los relatos de curas que actuaron como sujetos activos de la barbarie. Desde sus púlpitos azuzaron a los asesinos para que mataran liberales y comunistas “come niños”. Esa relación entre religión y crueldad es tan antigua como las huellas de los caballos de los colonizadores de toda procedencia y calaña, no solo en Colombia, sino en Latinoamérica.
Con la terminación del siglo XX surgieron cientos de relatos del “fin del mundo”, lo que generó, en las mentes religiosas, una especie de hibridación paranoica mediante la cual estas narraciones se mezclaron para generar ansiedad en las masas. Las seudo teorías mayas, las profecías de Nostradamus, los neo relatos del anticristo y las teorías apocalípticas-científicas de mega tsunamis, invasiones alienígenas, mega terremotos y otro sinnúmero de relatos, invadieron la mentalidad de los asustadizos sujetos que inauguraban el siglo XXI, sumidos en el pánico.
Este efecto psicológico de masas se convirtió en el terreno fértil de las religiones, un negocio basado en la incertidumbre y el miedo. Y por supuesto los políticos, cuyo mejor oficio es vender falsas esperanzas, vieron en el escenario una oportunidad de oro para contrarrestar la oleada de cambios que se avizoraban en el despertar del pueblo aupado por el desconcierto del modelo imperante en el fin del siglo.
La religión y la política están construidas con símbolos, discursos falsos y seres heterónomos cuyo fanatismo cimienta feligreses y/o seguidores. Caudillos y pastores son rostros de un solo totalitarismo, ambos trabajan con el miedo y la incertidumbre. Por eso, ante una masa que asistía al despertar de un nuevo siglo lleno de múltiples indecisiones, lo mejor era venderles el falso refugio de la religión incrustado en la política.
La alianza entre las grandes cadenas de iglesias de todo tipo y los movimientos políticos conservadores de la región, fueron elaborando un nuevo discurso político que rápidamente caló en la población desesperanzada. Para el año 2000 en Colombia se calculaba que cerca del 60 % de la población se declaraba católica, pero durante los primeros 10 años del siglo XXI, el crecimiento de las filiales y el surgimiento de iglesias de corte protestante, según la encuesta Barómetro de las Américas, fue del 25 %.
No en vano, si antes era requisito de todo político dejarse retratar un domingo en la catedral primada de su pueblo, el político de hoy comparte púlpitos y escenarios con todo tipo de negociantes de almas. Mentir y generar miedo son la base de estos dos artificios, ahora ellos controlan el mercado de las ilusiones.
Si tienes a la gente asustada con abismos de fuego y futuros inciertos, es muy fácil venderles la cura: la creencia absoluta de la política-religiosa en la cual el pecado es culpable de todos los males. Ese pecado está incubado entre los infieles, ateos, gais, comunistas, castro-chavistas, inmigrantes que te roban el empleo, negros que no trabajan, zánganos que quieren todo regalado, indios atrasados y cientos de etcéteras.  A ese ritmo el pueblo termina dándole forma a un gran enemigo, una parte del mismo pueblo.
De esa manera es que se explica por qué cerca de dos millones de colombianos afiliados a las iglesias cristianas, sin contar con los millones de católicos, salieron a votar en contra de los acuerdos de paz. Muchos de ellos dijeron estar alarmados porque ese acuerdo iba a volver maricas a sus hijos, un pecado grave para una religión monoteísta y machista, acrecentada por la visión neoconservadora del planeta. La ignorancia y sus militantes en pleno apogeo.
Recientemente Bolsonaro en Brasil sigue la misma ruta de ese discurso. Apalancado en un trasfondo ideológico de corte evangélico, que cada vez se torna más radical, vuelve a los esquemas del más rancio de los totalitarismos, en el cual, no solo se impone una visión única del mundo, sino que además el otro, el diferente debe ser erradicado.
Latinoamérica y el mundo se enfrentan hoy a una nueva época de oscurantismo. Estamos ante la inquisición 2.0. Ya no serán las brujas las que irán a la hoguera, serán los gais, los inmigrantes, los indígenas, los marihuaneros y los distintos quienes llevarán la marca cainesca sobre sus frentes. Así entonces el pueblo, guiado por lo mercaderes de la religión y la política, alimentará con votos una hoguera en la cual arderá el propio pueblo.
Lo único que alienta es que quizás, como al inicio de siglo XX, el aumento de la represión traiga consigo una nueva r-evolución.

octubre 13, 2018

¿Dónde están los que quebraron la Universidad del Tolima?


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Profesor Universidad del Tolima

Por estos días la efervescencia de la movilización por la defensa de las Universidades Públicas crece, la asamblea de estudiantes de la UT volvió a llenar el Coliseo reclamando una mejor universidad y los profesores desde la Asamblea Permanente han venido generando conciencia crítica y cohesionando esfuerzos nacionales que impliquen el aumento del presupuesto en educación. Justo por estos días ha vuelto a aparecer un grupo de “viudos del poder”, que disfrazados de “revolucionarios”, quieren posesionar un discurso falso de la historia reciente de la UT.
Hace tres años (6 semestres), muchos de los jóvenes que hoy se movilizan por la defensa de la Universidad Pública no habían llegado al campus. Quizás por eso ellos no sepan que en la Universidad del Tolima se libró una gran lucha para defenderla de una camarilla que se la había apropiado. Ese grupo contaba con la anuencia del partido liberal y el entonces gobernador Delgado Peñón, algunos conservadores como José “Choco” Hernádez y Samy Merheg, respaldados por varios sectores internos de profesores, funcionarios e incluso estudiantes, cuyo único objetivo era alimentar su botín burocrático.
Los rescoldos de esos viejos grupos de poder, hoy maquillados por el olvido, aparecen congregados en nuevas organizaciones, porque siempre hacen lo mismo, cambian de logo para aparentar ser progresistas, y ayudados por los que hacen pintas y panfletos por encargo, han querido apropiarse de la movilización poniendo dos mentiras a circular: 1. Que la culpa de la crisis de la UT es de la actual administración. 2. Que la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (ASPU) entregó la UT al barretismo. Veamos cómo son las cosas:
La crisis de la UT, la confluencia de tres males
La desfinanciación nacional que es comportamiento histórico de los gobiernos de turno, la ausencia de compromiso real de los gobiernos departamentales y la rectoría de Herman Muñoz Ñungo y su camarilla de áulicos, hicieron que entre 2014 y 2016, la UT pasará de tener un aceptable comportamiento financiero y académico, a la quiebra. El Ministerio de Educación estuvo a punto de intervenir la UT mediante la Ley 550, algo que se evitó gracias a los trabajadores (especialmente Sintraunicol), estudiantes y docentes de ASPU que entonces impidieron la violación de la autonomía universitaria. Muchos de los estudiantes de ese entonces ya se graduaron, por eso los nuevos deben saber el fruto de esas luchas pasadas.
El gobernador de entonces, Delgado Peñón, se negó a prestarle ayuda a la UT, al contrario, mediante un acto mezquino desempolvó un viejo documento que con argucias condenaba a la Universidad del Tolima a pagarle a la gobernación 30 mil millones. Tras de cotudo con paperas. Además, dejaron de pagar salarios y un proyecto como el Hospital veterinario terminó siendo un elefante blanco en el cual andaban perdidos cerca de 6.000 mil millones de pesos, sin contar con múltiples derroches denunciados por ASPU y de los cuales aún se esperan respuesta de los entes de control.
Ante la inviabilidad de la UT y después de marchas, protestas, cierres, plantones, denuncias y cientos de actos más, se hizo necesario hacer una huelga de hambre triestamentaria, que terminó por presionar la renuncia del entonces rector Muñoz Ñungo, quien luego, en un acto de supremo cinismo, demandó a la Universidad por 600 millones de pesos y a quienes protestaban los emplazó por acoso laboral.
La UT estaba casi en ruinas. Debimos empezar a recomponer sus cimientos. La Asamblea Universitaria no avanzó porque el sector en pugna llegó a boicotearla. El Consejo Superior Universitario nombró un rector para un periodo de transición, dispuso unas reglas de austeridad, ya que las decanaturas se habían tornado en ruedas sueltas que ordenaba todo tipo de gastos sin compadecerse de las frágiles finanzas. Y así, después de dos años, tenemos un panorama en donde el déficit se ha reducido a la mitad, se aumentaron las transferencias departamentales, algo que no se hizo nunca desde 1993 y se ha avanzado de gran manera en la recuperación académica. Hoy están de nuevo abiertos los espacios de representación de todos los estamentos y tenemos un rector en propiedad para los próximos cuatro años. La Universidad tiene otro rostro, pero aún los fantasmas siguen vivos.
Esto es lo que no dicen los que llegan disfrazados de progresistas, democráticos y defensores de la UT, eso lo callan porque muchos de ellos fueron protagonistas de la debacle y solo culpando a otros quieren lavar su patética imagen. El hoy es difícil, necesitamos aunar esfuerzos para que un gobierno como el actual le traslade los recursos a las universidades públicas, pero debemos evitar que se cuelen los viejos victimarios de la UT que hoy con su antigua forma de la artimaña quieren aparecer como víctimas.
ASPU, Sindicato líder en la transformación de la UT
En Colombia pertenecer a un sindicato implica cargar un karma y si el sindicato no se conforma con prebendas sino que lucha por los derechos colectivos, peor. ASPU Tolima lleva 45 años de historia y en su inventario de luchas siempre figura como primordial la defensa de la educación pública, la dignificación del trabajo docente y el respeto y defensa de la autonomía universitaria.
Quienes odian a ASPU en la UT, en su mayoría pertenecieron a ASPU, pero al no poder controlar la organización para sus intereses particulares de poder, renunciaron y han armado varias organizaciones fachadas que suelen durar lo que duran los momentos electorales. Dos enemigos de ASPU muy activos son los profesores Miguel Espinosa y Félix Salgado, ambos alfiles de la desastrosa administración de Muñoz Ñungo. El profesor Espinosa no desaprovecha para echarle la culpa a ASPU de todos los males actuales de la UT, pero lo que no dice es que él fue el director de la Oficina de Desarrollo Institucional (ODI), en gran parte responsable de la debacle de planeación financiera y estratégica de ese entonces. Por su parte el profesor Félix Salgado, viejo protegido por el MOIR en la UT, se ha dedicado a demandar la Universidad del Tolima como si esa fuese su tesis doctoral, con resultados hasta hoy nulos.
Por su parte ASPU, con una nueva Junta Directiva y enarbolando los postulados que la hacen la mayor organización de afiliados profesorales del país y la UT, sigue comprometida en la modernización y reforma de la Universidad. Es claro que necesitamos nuevos estatutos, nuevas reglamentaciones de contratación, una planta administrativa más eficiente, mejor manejo de los recursos públicos. Requerimos un adecuado sistema democrático de elección de las personas que gobiernan la UT, entendiendo que estamos en una Universidad, no en un pueblo politiquero como parecía hace años las elecciones de decanos, en donde los buses, el trago y la lechona hacían de las suyas.
El compromiso del Sindicato de profesores es con la Universidad del Tolima, con su futuro y eso no le gusta a quienes han sido “pelechadores” de los dineros públicos y dueños de la burocracia. Por eso de nuevo aparecen, camuflados, trabajando de bajo perfil, tramando y complotando, diciéndoles a los nuevos estudiantes que ellos son la vanguardia, que los malos son los otros.

***
Hoy estamos llamados de nuevo a luchar contra un gobierno cuya prioridad es la guerra y para quienes la educación es plato de segunda mesa. Debemos juntarnos porque juntos es que somos fuerza de cambio, de transformación. Pero que esa euforia no nos haga olvidar el pasado reciente de nuestra Universidad, que no vengan los responsables a pontificar y a vendernos espejitos de colores, sabemos quiénes fueron, siguen por ahí, y para quienes se preguntan ¿en dónde están los que quebraron la Universidad del Tolima?, ahí les dejo una pista.