abril 04, 2020

La evaluación académica, un proceso crítico para tiempos críticos


 Por: Norma Yaneth Buenaventura Cárdenas 
Coordinadora Especialización en educación para la diversidad
Psicopedagoga y docente Universidad del Tolima – IDEAD-

Hoy en el mundo todo está siendo repensado y la evaluación académica no puede escaparse a dicho escrutinio. Podemos resistirnos o podemos avanzar, igual, la dinámica de la historia tarde o temprano no empujará al cambio.
La evaluación, como proceso, es un asunto que merece no sólo la reflexión permanente sobre los aspectos que han de componerla y caracterizarla, sino de la asunción sensible por quienes la transigen. En este caso, referidos al contexto de la educación superior de los profesionales y de la coyuntura actual que vivimos en el mundo que enmarca la mirada de una sociedad globalizada, se reconoce en ella la injerencia de sus actores desde cada una de las acciones que desarrollamos en el día a día, tanto en los contextos individuales como colectivos.
Los paradigmas tradicionales de la evaluación en el contexto educativo se centran en la enseñanza, en los preceptos que el docente considera como necesarios y suficientes para el aprendizaje y la formación del estudiante. Esta evaluación, como proceso crítico, está demarcada por la jerarquización y satanización del conocimiento que ha de ser dado y que ha de ser recibido de forma puntual, sin derecho a equivocaciones.
Aquí es evidente que se desconocen elementos fundamentales del acto de enseñar y, por supuesto del aprender y de las condiciones en las que se genera y construye el conocimiento. Esta mirada centrada en el docente está direccionada en el creer que la evaluación se supedita al reconocimiento, apropiación de la información y reproducción del conocimiento desde la perspectiva de quienes lo gestan y aprovisionan.
Los defensores de la evaluación como proceso formativo, en primer lugar, la desprenden del contexto meramente de la escuela o del aula. La reconocen como proceso integral que está presente de forma intra e interpsicológica en el individuo, y no meramente desde miradas de agentes externos a su realidad. Reconocen que el individuo es dinámico, construye, reconstruye, interpreta y reinterpreta desde su propia mirada y experiencia de la realidad que ha vivido, que vive y que vivirá en su capacidad y limitación, a su vez individual y colectiva. Esta se considera un constructo colectivo, que parte de la subjetividad de cada individuo, de su aprendizaje que no es otra cosa que la capacidad de ver, entender y asumir las situaciones que le presenta su realidad; es la evaluación la que deberá adaptarse a él y no a quien la agrava.
El paradigma actual de la evaluación en la óptica del Covid-19 deberá replantearse por todos los actores de la comunidad institucional, partiendo de la revisión misma de los procesos normativos que la han regulado, como de los discursos y prácticas, tanto de los docentes que la promueven como de los estudiantes que la asumen aún sin comprenderla. Las determinaciones actuales del devenir educativo en nuestro país, nos enfocan al rescate de las Tecnologías de la Información y la Comunicación -TIC, como algo que estaba allí latente en el contexto de la educación, pero anquilosado, echado a un lado o retomado por breves momentos en el proceso de enseñanza y de aprendizaje.
El Covid-19 ha puesto nuestra casa en la mira de lo público; lo que en este espacio era privado, ya es requerido por todos, y necesita ser visto en su inmediatez por muchos – papel retribuido a las Redes sociales-, asumiendo un interés vital para la humanidad. La pandemia o periodo crítico que incumbe a la humanidad en este siglo XXI ha hecho que se abran nuestras puertas y ventanas al mundo entero, para mostrarnos lo que somos y lo que hacemos.
Por ello, de alguna manera la evaluación ha de transmutarse también al plano de lo público, lo colectivo; lo que es mirado por todos y que responde a su vez a la realidad y capacidad de cada quien. Ha de germinar e incrustarse en el seno del individuo para que éste logre buscarse la forma cómo la enfrenta. Al igual que al Covid-19, nos debemos enfrentar de manera desnuda a ella, para resolver la crisis avante o sucumbir ante su designio. Un virus necesario que confronta la hopalanda de confort que traíamos culturalmente, la misma que hoy nos sacude y que se originó en la prepotencia del hombre, hoy hecha pura cobardía, que sumada a la incertidumbre devela lo que no podemos controlar.
En este nuevo paradigma la evaluación nos obliga a volver la mirada sobre el proceso de aprendizaje que no es más que reconocer lo singular, lo que es personal o propio de cada uno; de su realidad, de su capacidad, de sus ilusiones y limitaciones. Por lo que propone también el reto para que en este periodo crítico los actores de la comunidad académica (y no académica) se reconozcan entre sí desde cada uno de sus escenarios de actuación, sus experiencias, proyecto de vida, miedos e ilusiones.
La evaluación y el Covid-19 se confabulan, junto a otros actores, para obligarnos como educadores a volver la mirada hacia la importancia del pensamiento creativo y creador, de lo imaginable e inimaginable, que se supone es inherente a nuestra condición humana, y que en tiempo de crisis deja manifiesto que sólo encarando con gallardía la realidad se logrará avanzar; es decir, renacer hacia una nueva luz que sólo podremos mirar con otros ojos. Debemos reconstruir la mirada.

abril 02, 2020

UN DÍA DESPUÉS DE GOOGLE MEET


Por: Yenny Alexandra García
Catedrática Universidad del Tolima – IDEAD-

He abandonado mi cascarón y mi viejo escenario de actuación, dispuesta a un nuevo rol, equipada con recuerdos futuros, inspirada en la valentía de mis camaradas pedagogos.
Siento miedo antes de salir a escena, aunque con un clic puedo activar mi máscara y me diluyo en el aula virtual. Me repito la frase musical de Serrat: "se hace camino al andar" y acepto al fin que necesito aprender a leer e interpretar esta nueva partitura, explorar su lenguaje para navegar por sus conexiones invisibles y cambiar mi guión, mis marcas discursivas. Todo eso abruma mis sentidos y me reta.
Retardo un poco este salto al vacío y ya estoy aquí como en un acto de prestidigitación.   Los expertos han abierto muchas rutas de acceso, mutar es inevitable. Soy aprendiz del último truco forjado por mediadores del pasado mundo y aquí estoy, unidos en la distancia, a bordo de la Stultífera Navis medieval, zarpando quizás rumbo a Ítaca o al nuevo orden del biopoder que Foucault deconstruyó bajo un mundo en llamas.
Descubro que en esta Matrix seguimos en busca de contacto y de fuga. Por fortuna, pasamos obstinadamente por el corazón lo que queremos ser. El giro de la acción es dramático y ya no volveremos a bañarnos en el mismo río.  La ilusión global continúa. Se diluye una vieja identidad con un clic sincrónico. ¿Hay alguien ahí? Estamos todos (es). ¡Adiós muros!
Aquí en mi caverna y viendo las sombras que denunció Platón en su mito, asisto al nuevo orden panóptico de un extraño dios que nos puso máscaras a todos. Su biopoder omnipresente nos puso freno, cambió el tiempo y el espacio que conocíamos.
Ahora más que nunca somos experiencia física y parte de un todo que nos puede afectar. Somos cuerpos limpios o enfermos, cuerpos vulnerables sin excepción, en el encierro, en el aislamiento, en la enfermedad y este cuerpo colectivo que somos, se niega a desaparecer.
¿Vendrá Fantomas al rescate o un nuevo caudillo como Neo? los juegos del hambre y las máquinas mortales superan el atlas de la ficción, si eres divergente sabrás cómo salir del sueño y diseñar en red otras rutas de supervivencia, lo demás ocurrirá por efecto mariposa.

marzo 31, 2020

DRONES, BIG DATA Y CORONAVIRUS

Por: Armando Moreno Sandoval 
Docente Universidad del Tolima 

Leer al filósofo surcoreano Byung-Chul Han es reconfortante para entender qué pasa en sociedades diferentes a la europea-estadounidense, es decir, lo que se conoce como occidente.
Así occidente triunfe frente al coronavirus ya de antemano parecería que se estuvieran llevando el trofeo de fracasados. Occidente no ha querido entender que la manera como los asiáticos le ganaron la batalla al virus corresponde a una concepción de ver la vida diferente a la de occidente.
Para entender lo dicho es necesario remontarnos a la Revolución Francesa de finales del siglo XVIII que puso al individuo por encima de todas las cosas. Todo el pensamiento que surgió a raíz de la Revolución Francesa, incluyendo el marxismo, tuvo como referente el respeto a la libertad, la igualdad y la fraternidad.
No obstante, en la segunda mitad del siglo XX, la filosofía occidental acentuó el individualismo, el relativismo cultural e incluso el fin de los metarrelatos que le sirvieron a occidente para imponerse y destruir otras culturas (cristianismo, comunismo, fascismo, nazismo, etc).  Estos filósofos, más el surgimiento de las nuevas tecnológicas en el último cuarto del siglo XX, relativizaron y empoderaron al individuo, al punto que hoy la frontera entre lo falso y lo verdadero pareciera evaporarse. El individuo se ha apoderado de su propia verdad. La autoridad académica, científica o el individuo docto tan apreciado está en entredicho. La mejor expresión son los fake news y deepfakes.
Si occidente está en una carrera maratónica para enfrentar al coronavirus utilizando una vía larga como es la vacuna que estaría entre un año y año y medio, países como Hong Kong, Singapur, Japón, China, Taiwán y Corea del Sur lo hicieron dejando a un lado al individuo y recurriendo a la obediencia colectiva.
En contraste con occidente que entró en paranoia decretando cuarentenas, invocando soberanías, cerrando tiendas, restaurantes y fronteras a los extraños cuando en realidad eran ellos los peligrosos por ser portadores del coronavirus, en Taiwán y Corea del Sur la vida cotidiana seguía como si nada.
Ahora los medios y algunos filósofos al estilo de Zizek están propiciando, fiel a la tradición cristiana, una paranoia apocalíptica. Que el capitalismo murió, que la vida ya no será como antes, que todo será distinto y que después del coronavirus otra forma de vida social se instalará en el planeta.
Nada de esto sucederá. El capitalismo, y lo ha demostrado en su corta vida, tiene una capacidad de reinventarse. Lo que si es cierto es que si no es occidente, serán los asiáticos que lo sacará avante y más fortalecido.
Lo que sí está en entredicho son las libertades individuales que se empezaron a moldear desde ese periodo europeo conocido como el Renacimiento y que se acentuó con la Ilustración y cuya defensa ha generado muchos horrores. Basta solo recordar la inquisición en nombre de Dios y las luchas que se libraron contra el totalitarismo comunista, fascista y nazista, al igual que los populismos de derecha e izquierda.
Esta es la verdadera prueba de fuego de occidente.
Presos de las narrativas que occidente nos brindan a través de la tele y de los celus, —vía face, twitter, whatsapp— nos hemos olvidado cómo, en la práctica, los asiáticos le hicieron el ole al coronavirus sin tanto aspavientos.
Desconocer el papel de los trabajadores de la salud en occidente es como ocultar el sol con un dedo. Está claro que los asiáticos para enfrentar el coronavirus lo hicieron confiando en sus matemáticos, programadores, inteligencia artificial, la tecnología de internet 5G pero, sobre todo, en los Big data. Esos robustos centros informáticos que pueden capturar, gestionar, procesar y analizar datos, y que no se puede hacer con herramientas convencionales.
Unos pocos ejemplos nos pueden dar una idea de lo que está pasando en esos países asiáticos.
Ver policías poniendo orden en la calle parecería cosa del pasado. Para eso están los tracker, personal que durante 24 horas mira y analiza los movimientos de la gente las 24 horas del día a partir del material filmado en videos. Estos tracker son los encargados de llevar a cabo la vigilancia social y digital que en occidente sería imposible por invasión a la intimidad o al derecho al desarrollo de la libre personalidad.
El sistema de créditos social por puntos sería impensable en occidente. Cámaras esparcidas por las calles —China tiene 200 millones de ellas— vigilan al individuo y dependiendo de su comportamiento le dan o le quitan puntos. Leer periódicos en internet da o quita puntos dependiendo si, lo que lee, es afín o contrario al gobierno. No ser leal al gobierno con lo que se lee es un lío: el riesgo de ser considerado como un peligro para la sociedad.
No obstante, es en la lucha contra el coronavirus donde mejor se aprecia el uso de la inteligencia artificial con todo su arsenal informático. Las cámaras que están instaladas en las estaciones del metro han ayudado mucho para prevenir el contagio. Detectar una persona con una temperatura alta le permite al gobierno enviarle a quienes están alrededor de la persona sospechosa un mensaje de texto avisando que la persona del lado puede ser portador del virus.
Esa misma labor la hacen los drones en las calles. Los enfermos de coronavirus ya están detectados. Violar la cuarentena podría ser sancionado por el mismo dron o en su defecto, si se rehúsa a aceptar el llamado, a darle aviso a la policía.
Igualmente pasa en los conjuntos residenciales. Una aplicación en tiempo real le informa a los residentes en cuáles apartamentos están los contagiados por coronavirus para prevenir el contacto.
Mientras occidente no sabe qué hacer con el coronavirus, pues se ha quedado en recuentos estadísticos diciéndole al mundo qué país ha superado a China en contagiados, en Corea del Sur crearon una mascarilla utilizando la nanotecnología para aislar el virus filtrando el aire. Las mascarillas les fueron repartidas a todos los habitantes. Lo interesante es que es reutilizable si se lava al cumplirse un mes de su uso.
Los asiáticos ya le ganaron la pelea al coronavirus, y occidente se niega a aceptarlo. El problema está en cómo una cultura construye la realidad con el lenguaje. En occidente existe la tendencia de creer que todo colectivismo es comunismo. Esta falsa idea solo ocurre porque occidente quiere comprender a los asiáticos con sus propias ideas. Se les olvida que la mentalidad autoritaria que, en el caso de China, está ligada a una tradición cultural heredada del confucionismo.
Si en las sociedades asiáticas existe la obediencia colectiva simplemente es, porque allí esa cosa que en occidente llaman privacidad para defender al individuo no existe.
Si, para el caso de occidente, la libertad individual está en riesgo, lo más peligroso es que no se sabe qué poder está detrás del coronavirus. Ya occidente, con EEUU a la cabeza, a través de Netflix y HBO han recreado a través de series para televisión el mundo de la sociedad obediente y controlada por la inteligencia artificial, los matemáticos, los programadores y los Big data.
Solo me resta decir que si quieren entender cómo es eso de la sociedad obediente del futuro controlada por algoritmos con dos ejemplos bastan: Black Mirror en Netflix y Westworld en HBO.
¡Da miedo!

marzo 29, 2020

EL VIRUS DE LA NORMALIDAD

Imagen: El Bosco

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima –IDEAD-

0.0
Mientras me desplazo de link en link, de web en web, de chat en chat, voy intentando procesar esta nueva realidad que a todos nos acometió, como la incertidumbre que te acecha a la vuelta de la esquina.
Los estudiantes, los docentes y los trabajadores de cientos de campos productivos, tratamos de responder a esas nuevas lógicas que la pandemia nos ha hecho redireccionar. Algunos ya están agobiados, otros perplejos y otros entienden que este es el inicio de una cadena de sucesos que conducirá a la aceleración de transformaciones en la educación, el trabajo, la vida.
Muchas de las cosas ya estaban ahí transformándose de manera lenta, como lenta es la evolución, que siempre sufre aceleraciones, como cuando un meteorito impactó la tierra y precipitó el ciclo evolutivo. Hoy el virus impacta desde adentro y eso actuará significativamente en el sistema llamado tierra, porque créanlo o no, estamos interconectados, somos parte de un solo y enorme organismo.
1.0
Mientas en todo el mundo los médicos, las enfermeras, los bacteriólogos y muchos otros profesionales están en este momento salvando vidas o intentando hacerlo, los demás parecemos a la expectativa. Aún bloqueados por el shock, por el resplandor del meteorito que cayó y alteró nuestra cotidianidad.
Ya no nos levantamos como hace un par de meses, a tasar nuestra existencia en el marco de un modelo que hábilmente nos había enseñado a mostrar lo generoso del mundo y tapar lo horroroso. Muchos se sentían seguros de la existencia, sin ver los márgenes, sin observar el deterioro camuflado entre las multitudes. Lo importante era producir, consumir y volver a producir.
Mientras miles de mujeres y hombres de ciencia están en laboratorios buscando una cura contra el virus o diseñando algún medicamento que mitigue su avance ¿qué hacen los profesionales de las ciencias humanas y sociales? Los filósofos, dados a la constante reflexión ya han dicho algunas cosas importantes, hasta Zizek cuya productividad discursiva se asemejaba a la productividad del sistema que critica, ya se atrevió a publicar un libro sobre el Covid-19 y sus consecuencias. ¿Y los demás?
Quienes llaman al pánico de las ideas y a diario hacen circular sus escritos digitalizados, memes, diatribas, audios saturados de miedo y demás artefactos discursivos, en su mayoría pertenecen al mundo de las ciencias sociales. Aún no logramos atrapar en nuestras manos el “objeto de estudio”, por eso vamos de aquí para allá, como bipolares el día del apocalipsis. Un día se piensa en los retos del nuevo estado de las cosas y los fenómenos, otro día lanzamos alaridos de angustia ante la desolación y la catástrofe. Otros días simplemente enmudecemos.
2.0
En el campo de la educación nos enfrentamos, de entrada, a nuevas formas de hacer el oficio, pero acá está cambiando la educación como un todo, de fondo debe mutar el proyecto de formación humana. Quizás desde la gran revolcada que el humanismo le dio al mundo de las ideas, no había existido otro momento de tan profundo debate. ¿Para qué estamos formando? Pregunta iniciática que volverá al estrado de los juicios pedagógicos. ¿En qué estamos formando?, será la pregunta consiguiente, y de ahí se derivarán muchas más.
La primera instancia de miedo y resistencia se ha dado frente a los medios digitales, al menos en nuestro contexto. Y es obvio que así sea, porque a pesar de que el uso y acceso a dispositivos tecnológicos es una categoría que aparece hace más de treinta años en los diseños curriculares, la adaptación había sido muy lenta.
Resistidos por quienes afirmaban que esos “usos” deterioraban la calidad de la educación, solo los programas virtuales y a distancia habían logrado profundizar en los escenarios de las mediaciones pedagógicas de manera amplia y concreta. También en la antigüedad muchos se negaron a abandonar los monasterios en donde eran guiados por monjes, para llegar a las escuelas y sus aulas dirigidas por maestros. Los dibujantes en sus inicios odiaron y temieron la cámara fotográfica, los docentes de tiza y tablero desconfiaron del video beam. Hoy nadie duda de la necesidad de la escuela, la cámara y el video proyector.
Ahora causa gran preocupación que los estudiantes no tengan un computador, un medio digital e interconectividad para asumir los cambios de la mediación pedagógica, y esa preocupación es real, hay datos, discursos y pruebas para constatarlo. Muchos usan esta evidencia para que las clases se suspendan, sobre todo en los modelos de la presencialidad, para quienes el campus aún es (era) un territorio fijo, limitado y físico. Ese campus ya no existe (existía) en esas dimensiones, ahora lo estamos descubriendo.
4.0
Antes del virus y la aceleración del uso de mediaciones pedagógicas para que la educación sobreviva a la cuarentena obligatoria, ya existían males peores que la falta de un PC o un plan de datos.  En Colombia, el índice de deserción académica está por el orden del 45 % y más. Gran parte de esta deserción se da porque el alumno no tiene la manera de mantener los mínimos para estudiar: fotocopias, compra de libros, apoyos para subsistir, un buen almuerzo, el transporte, el arriendo para mantenerse en una ciudad capital siendo de provincia, entre muchos factores más.
No escuché de un movimiento estudiantil y profesoral que planteará que no iniciaría clases hasta que el último estudiante no tuviera estas condiciones mínimas para subsistir durante el semestre. No obstante, hoy en todo el país, vemos cómo crece la idea de que los programas, sobre todo los de presencial, no inicien hasta que haya normalidad. ¿Cuál normalidad? ¿La que acabo de describir?
Tendríamos que incluir en este inventario dos aspectos más, la exclusión del ingreso a la educación superior, sabiendo que de cada cien jóvenes apenas al sistema ingresan entre 20 y 30, de los cuales ya dijimos el 45 % nunca culmina el proceso. Además, la mortandad académica, ese otro monstruo silencioso que expulsa estudiantes de las aulas universitarias y que nadie diagnóstica y corrige.
5.0
El virus nos ha ayudado a quitarnos muchas vendas que cubrían los ojos con los que contemplamos la realidad. Las precariedades con las que muchos estudiantes se mantenían en las carreras universitarias era (es) el pan cotidiano de los campus. Ahora han mutado a otro lugar, el estudiante que está en la provincia ya no tiene que conseguir la plata del transporte o el pago del arriendo en la capital, ahora debe poseer un PC moderno y un plan de datos.
Y es cierto que muchos no podrán acceder a estas nuevas formas de mediación pedagógica como antes otros no pudieron acceder a la educación superior, pero ahí está el reto, en no dejar que todo vuelva a la “normalidad”, sino que el coletazo del asteroide Covid-19 nos permita repensar las garantías de la educación y el porqué y para qué de la misma. Por eso detenernos no puede ser la salida inteligente, el sistema debe seguir activo, porque al parar alimentaríamos el algoritmo de la exclusión. La tarea consiste en incluir y la lucha debe darse en ese campo. ¿Internet gratis para estudiantes y docentes? ¿PC para educar desde el Ministerio de las Tics? El camino debe ser construido y transitado.
El virus nos hizo ver el mundo como era, ahora los muertos se contabilizan bajo la supervisión de elaborados algoritmos de la Big Data. Asistimos al espectáculo mediado de la pandemia con drones en cada rincón del planeta. No obstante, los muertos de antes se contaban por miles, morían por muchas causas y variadas enfermedades, pero no se llevaba una contabilidad planetaria de los mismos.
6.0
La realidad actual tiene mucho de la antigua, solo que ahora es más visible. Esperemos que cuando culmine la nueva jornada de pánico la vida no vuelva a la normalidad, porque esa normalidad fue la que puso en riesgo la vida.

marzo 23, 2020

LAS BONDADES DEL CORONAVIRUS O LOS PODERES DE LO INVISIBLE


Nelson Romero Guzmán
Profesor Universidad del Tolima –IDEAD-

Lo que ya todos sabemos del coronavirus es que, en efecto, “mata”. Y en el mundo ya hay pruebas contundentes. La muerte, el temor a que el Coronavirus venga por nosotros y nos lleve como en los cuentos maravillosos, es algo que nos atemoriza más como individuos, que como especie. El cercano, el prójimo, el próximo a nosotros, al que debemos saludar a dos metros de distancia y con la ceremonia del codo, se ha convertido en una amenaza de muerte. Sin embargo, lo que no hemos querido entender, es que la sociedad no ha desaparecido por causas de pandemias, pero las pandemias sí deben servirnos de purgación o limpieza como en la tragedia clásica, donde el personaje del drama se ubica en el punto medio de los extremos entre lo tremebundo (el temor a las fuerzas superiores) y la conmiseración (el espíritu de lástima por el sufrimiento ajeno). En la época clásica, los hombres echaban la culpa de todas las ruinas al Destino; en la Edad Media, el culpable de los males era el Demonio; en la contemporaneidad, el Capitalismo, que algunos adjetivan como salvaje. El Destino, el Demonio y el Capitalismo, sin duda, han sido superiores a los poderes de muerte del Coronavirus y todas las pandemias registradas a lo largo de la historia. Entre todos estos males, resulta siendo el más noble.  No hay registros en la historia de que le hayamos hecho cuarentena a ninguno de esos tres males (el Destino, el Demonio y el Capitalismo), pero son los que más muerte han causado en la historia de la humanidad, pues han originado las Guerras desde las edades más antiguas hasta hoy, con cifras alarmantes de víctimas. En la Edad Media la Cruzada de los Niños fue letal en toda Europa y en Oriente. Así que, entre los males peores, el Coronavirus es el que menos debe alarmarnos.
En el contexto de la historia colombiana, nos damos el lujo de elegir los mecanismos más crueles de matar o desaparecer al otro y, sin embargo, no nos causa mayor pánico, y se convierten más bien en un hecho que asumimos como normal, que produce a las empresas publicitarias y demás, un capital enorme en términos de publicidad televisiva, literaria, cinematográfica, teatral… Para esos eventos de muerte y destrucción, tenemos ya establecido un fármaco efectivo: el silenciamiento, el sistema judicial, la máscara, el espectáculo, la cultura del entretenimiento, el reality, la caída, el evento efímero, lo pasajero, el montaje…Mostramos en el espectáculo televisivo al mutilado por la mina quiebratas representado por el actor para que la serie genere consumo, y el consumo, capital. La muerte y la cultura del espectáculo van de la mano como una industria que genera grandes dividendos económicos, a lo que se enlaza la pauta comercial de las grandes empresas.
En estos momentos, el Coronavirus es más digno que el capitalismo y su control territorial. Y también es más digno que las políticas sociales del Estado en Leyes y Decretos. Por lo menos, el Coronavirus es más selectivo: no mata a los niños, los respeta porque atiende a lo biológico y a la prolongación de la especie humana, por lo que no los convierte en medios para la corrupción Estatal ni en capital humano de los grupos violentos. Como es selectivo, se lleva con pesar a los viejos, y es poco agresivo con los menos de 60, aunque en esa escala algunos nos digan adiós. Quiero decir que da un margen amplio de posibilidades de vida a la mayoría de los individuos de una sociedad. No ocurre así con la guerra política, económica y armada, que no respeta edades, pues sus mecanismos son de destrucción masiva, tanto así que una bomba puede acabar en instantes hasta con cien mil vidas o más. El Coronavirus ataca no a los más débiles por su condición económica, ni por creencias religiosas o políticas, ni por cuestiones de género, sino que obedece a un reclamo muy natural: Las defensas de tu organismo responden, justamente, a la manera como esas posibilidades de existencia económicas, religiosas o políticas, se han administrado y distribuido entre todos.
Si el Coronavirus fuera cínico como en políticas estatales y atacara sólo a las clases más desfavorecidas, a los que no tienen posibilidades de educarse, a los de izquierda, a las familias pobres, a los relegados a la periferia por su condición sexual, racial o de creencias, el Estado no lanzaría medidas de emergencia con fines de protección ni de acuartelamiento en casa, sino que ocultaría sus atrocidades y presentaría a la Pandemia en los discursos presidenciales y ministeriales, como un fenómeno normal y, en el fondo, hablaría de un virus más bien benevolente y controlado (“todo en control, se pide a las familias no alarmarse”). Pero como el Coronavirus no es político, puede llevarse sin discriminación a cualquier individuo de cualquier clase social, sin estratos, tanto al hombre de la calle como al de alta alcurnia. De ahí la política de aislar a los otros para no contaminarnos nosotros. El aislamiento, por tanto, no responde a una política pública de protección social en salud, sino a una lógica absurda de protección política ante lo inerme en que se encuentra el control de poderes.
Es así como se entiende que el virus no sabe de política y solo atiende a su ley natural, y entonces cunde alarma Estatal y el otro, cualquiera que sea, se convierte en un agente contaminante, porque el Corona no es de reyes, nos somete a la igualdad en condiciones de salud. El Estado carece de fármacos para atacarlo y en esa medida todos somos vulnerables. Por eso, la pandemia desenmascara nuestro cinismo histórico como seres sociales del simulacro capitalista en el mundo contemporáneo.
Todo lo anterior lleva a pensar que si Cuba en estos momentos produjera la vacuna contra el Coronavirus, creo que nadie dejaría de aplicársela y, después de salvados, nuestra manera de ver a los cubanos seguiría siendo igual: los enemigos de la humanidad, los fachos, los de izquierda; incluso, le inventaríamos cualquier fábula para no reconocerlos y borrarlos de la Historia.
El Coronavirus nos hace entender lo débiles que somos frente a la muerte y lo fuertes que somos frente al Poder. Nos enseña la necesidad no de unirnos, sino de separarnos como una forma de defendernos ante la amenaza de nosotros mismos. El Corona no anda en campañas buscando adeptos, ni los adeptos son sus enemigos: nos dice que todos debemos unirnos en familia y que somos, realmente, una familia universal. Pero nunca haremos caso a su moraleja, a su narrativa, a su fábula. Una vez termine la amenaza, la vida seguirá normal.
–Y nos cobrarán caro esta pérdida de tiempo.

marzo 09, 2020

LA UNIVERSIDAD ASEDIADA



Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente Universidad del Tolima -IDEAD-

1.
En un país como el nuestro los sucesos del día a día parecen estar ajenos al devenir del mundo del siglo XXI. Mientras en la mayoría de los países, que se hacen llamar o clasifican como desarrollados, los planes de gobierno incluyen un alto componente de inversión en educación, cultura e investigación, en el nuestro, desde el mismo Estado se consideran las universidades públicas territorios peligrosos y los estudiantes y docentes, como sujetos que hay que vigilar porque hacen parte del grupo catalogado como “terroristas”.
No se puede, ni debe, ocultar que en los campus universitarios han existido brotes esporádicos de acciones violentas, muchas de ellas activadas por grupos ajenos a la misma universidad, incitadas por actores al margen de la ley o por encima de la ley. Sin embargo, estas rarezas del panorama universitario no dan pie para juzgar a todos con el mismo rasero, al contrario, evidencian la necesidad de fortalecer las instituciones de formación superior para que se blinden de la violencia como acción y discurso.

2.
En el marco de un proceso de paz histórico, que hoy las fuerzas que gobiernan quieren llevar al traste, el ambiente universitario había entrado en un periodo de mayor debate académico y menos acciones de protestas. Pero, con la llegada de Iván Duque a la presidencia y la puesta en marcha de sus planes de gobierno que atentan contra los menos favorecidos, el movimiento social, y por supuesto el sujeto universitario, volvió a la acción de la legítima protesta como mecanismo de acción.
Curiosamente los grupos denominados autodefensas o paramilitares, volvieron con mayor repercusión a su accionar. Masacres, desplazamientos, asesinatos selectivos de líderes sociales y amenazas, se tornaron en el caldo de cultivo para la cotidianidad colombiana, que como se dijo al inicio, se niega a ingresar a la modernidad y continúa en lógica retrógrada de los amos de la guerra: solucionar todo a punta de plomo, incluso la desigualdad.
Y si desde el mismo Estado los docentes y los estudiantes son considerados peligrosos, legitiman que los grupos armados proestatales, paraestatales y contraestatales pongan sus ojos (y sus balas) en ellos. Hemos quedado en medio de su guerra, somos víctimas del fuego cruzado, como siempre ha sucedido en este país. Unos decretan la guerra, otros ponemos los muertos.
3.
Y los líderes sociales siguen sumando muertos, mientras el presidente y su séquito de desalmados niegan estas muertes acomodando cifras, acudiendo a las estadísticas y lanzando enunciados que aterrarían un dictador. Los medios oficialistas encubren con cortinas de humo una verdad cada vez más latente, un hecho inobjetable, el terror ha vuelto a los campos y las ciudades de Colombia, es por eso por lo que pretenden acallar los informes de la ONU.
Algunos gobernantes locales (alcaldes y gobernadores), movidos por la seducción de la fuerza y el discurso amañado del control, han revivido la necesidad de que a las Universidades Públicas ingrese el ESMAD, la Policía y hasta el ejército. Para que esto suceda ya existe un protocolo, pero parece que la ansiedad busca hacer más flexible el mismo, provocando con ello que paguen justos por pecadores, y que a la par de ellos ingresen las fuerzas paraestatales y contraestatales, para convertir las universidades en campo combate armado.
4.
Al campus de la Universidad de Antioquia ingresó el ESMAD y curiosamente a los pocos días aparecieron panfletos de las “Autodefensas Gaitanistas de Colombia”, nombre elaborado para un grupo de matones de corte paramilitar. En dicho panfleto amenazaban a estudiantes, trabajadores, docentes, organizaciones sociales y sindicales y personas con nombre propio.
Apenas un par de días después, la profesora Sara Fernández, secretaria de la Asociación de Profesores Universitarios de la Universidad de Antioquia (Asoproudea), fue atacada en la madrugada y herida con arma cortopunzante, atentado que se intenta hacer pasar como hecho aislado, cuando sabemos que esa es la forma o móvil con que se han realizado muchos atentados en estos últimos meses. La profesora está fuera de peligro, pero el manto oscuro que acecha a la Universidad se tornó un poco más lóbrego.
5.
En la Universidad del Tolima, el día 5 de marzo, empezó a circular un panfleto que mediante la seudo-estrategia de la denuncia, pone en la picota a varios actores de la vida del Alma mater. La intención no es otra que la de señalar y amenazar a dichos actores, profesores, estudiantes y trabajadores, para que sobre ellos, ya juzgados, caiga la sentencia.
Tildar a alguien de guerrillero, miliciano, paramilitar, capucho o revoltoso, no es más que etiquetarlo para que le disparen. Por eso resulta inaceptable que el discurso de la violencia, la amenaza y el encubrimiento sea el camino escogido para tramitar la vida universitaria.
Detrás de este tipo de amenazas dormita la sinrazón, la violencia, el desconocimiento del otro como sujeto y por supuesto, el miedo como estrategia para impedir la diversidad. Es inamisible que estas fuerzas oscuras operen en el mundo de la vida de la Universidad del Tolima.
En la Universidad del Tolima hemos recuperado un nuevo aliento, estamos en la idea de posicionar el pensamiento universitario como eje estratégico para la reconstrucción de la región y el país. No podemos sucumbir ante el señalamiento, ante la amenaza, ni ante cualquier discurso de violencia. Si hay debates pendientes, deben saldarse a la luz de los argumentos, no a través de panfletos que ponen en riesgo la vida de los protagonistas. Las denuncias se hacen de frente y con argumentos, no parapetados en grafitis, panfletos y anónimos.
Levanto mi voz de protesta ante estos hechos e invito a la comunidad universitaria a que nos sumemos en contra del chantaje, la amenaza y el ocultamiento. La Universidad del Tolima es, y deberá seguir siendo, territorio de vida, erradiquemos de ella las posibilidades de la muerte y su hija bastarda, la violencia. No permitamos que la Universidad sea de nuevo asediada.


febrero 11, 2020

UT: CUATRO AÑOS DESPUÉS (III) (REFORMA ESTATUTARIA)


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente Universidad del Tolima

Por allá en el año 2012, durante una visita que realizó el Consejo Nacional de Acreditación a la Universidad del Tolima, diagnosticó que si pretendía la Acreditación Institucional, debía entre otras cosas, actualizar sus Estatutos.
El tema se tornó prioridad. Desde entonces se intentó, mediante varios mecanismos, actualizar los Estatutos General, Profesoral y Estudiantil. Esta tarea universitaria no se tornaba necesaria solo para el proyecto de Acreditación, sino que en la práctica diaria la comunidad se veía (y se ve) envuelta en galimatías procedimentales debido a normas desactualizadas, incluso muchas de ellas elaboradas antes de la Constitución Política de 1991.
Las normas no son dictámenes divinos, son derroteros o bitácoras institucionales que permiten poner en marcha una idea, política o plan de trabajo de una comunidad. No obstante, en la Universidad del Tolima cambiar un Estatuto o modificarlo en parte parece ser un ejercicio místico, sin que ello haya impedido que abunden tentáculos normativos que incluso se contradicen entre sí.
Esa proliferación de normas hace que no existan rutas claras y expeditas para muchos procesos, haciendo monumentalmente engorrosas actividades tan simples como el diseño de la jornada laboral de un docente de planta o la solución de un caso estudiantil. Muchas veces estas indefiniciones saltan de dependencia en dependencia, de comité en comité, llegando incluso a instancias como el Consejo Superior, lo cual convierte la Institución en un laberinto, paquidérmica y ajena a la dinámica de la velocidad del cambio del siglo XXI.
Hay una pregunta básica en todo este asunto que ya completa ocho años sin que a la fecha haya sido posible la modificación o actualización de estos estatutos: ¿Por qué somos tan reactivos al cambio? Y aquí nos incluimos todos los sectores: trabajadores, profesores, estudiantes, egresados y directivos. Cada vez que surge una iniciativa de cambio el demonio se resume en dos frases: 1. “Pero si todo está bien”. 2. “Siempre lo hemos hecho así”. Y entonces la posibilidad de transformación se vuelve neurosis institucional.
Algunos tildaron la necesaria reforma como “masacre laboral”, un buen pretexto para no transformarse, pues nadie quiere cambiar una institución, por inoperante que sea, por una masacre. La hubieran llamado “modernización necesaria” quizás ya la hubiésemos logrado. Lo que si es cierto, es que una institución sin claridad en los procesos, obtusa y lenta le conviene a ciertos personajes que medran y actúan como parásitos de la misma. Si la maleza gritara, diría no arreglen el césped.
Otro aspecto que imposibilita el cambio es la proliferación de paradigmas que se erigen como verdades. Si todos tenemos que decidir sobre todo, caemos en un efecto de “corcho en un remolino”, ni nos hundimos, ni salimos. Cada grupo de poder quiere que el Estatuto esté diseñado a sus intereses y no se abandona el lugar de enunciación individual por la idea de Universidad que beneficie a la sociedad en su conjunto.
En la Universidad, por ser una institución basada en el conocimiento, proliferan las verdades, muchas de ellas inoperantes o simples mentiras disfrazadas de rigor científico. Si cada cual cree tener la razón, es imposible llegar a un consenso. Para que exista la construcción dialógica debe partirse de la posibilidad de construir con el otro, por diferente que este sea. Lo que debe importar es el proyecto universal, no la diferencia particular.
No es raro comprobar que el único Estatuto nuevo aprobado por la Universidad del Tolima, en este tiempo, sea el Presupuestal, el cual ha sido el menos consultado entre la comunidad y el cual se elaboró entre técnicos. Algo nos debe decir esto sobre la imposibilidad de llegar a acuerdos cuando ampliamos la participación.
Alguna vez soñamos que los Estatutos los reformaríamos mediante el ejercicio de la Asamblea Universitaria. Esta se instaló y al intentar operar nos quedamos en la discusión sectorial, en las broncas personalizadas, en la lucha por los pequeños intereses y al final no fuimos capaces de construir ni siquiera el reglamento interno de la misma. La lección es clara, las mayorías hemos sido incapaces de encontrarnos para pensar la Universidad sin que prime en cada quien sus verdades.
Por eso necesitamos avanzar en la construcción de escenarios de verdadera participación, para lo cual deben existir reglas claras, porque muchos solo desean destruir y para eso no se requiere mayor esfuerzo. Deja una manzana al aire libre y el ambiente la deteriorará, trata de cosechar una manzana y tendrás que articular muchos y diversos procesos.
Hoy, iniciando el año 2020, aún seguimos subsumidos en las necesidades de cambio de muchas normas y reglamentaciones. Ojalá entendamos que es hora de repensarnos, sin las talanqueras de los egoísmos sectoriales y las pretensiones de verdades absolutas. Quizás así podamos reforzar esa una nueva cara que hoy tiene la Universidad del Tolima y ubicarla de lleno en el siglo XXI.

enero 29, 2020

UT: CUATRO AÑOS DESPUÉS (II) -DEMOCRACIA-


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente Universidad del Tolima

Para construir democracia en la universidad pública no es suficiente con trasladar, sin más, modelos de gobernanza del entorno, debido a que la academia es una institución cuyos fines y principios deben ser conservados, incluso por encima de sus formas de gobierno. Debido a que no se realizaron los análisis de impacto a profundidad el modelo de elección de decanos, en la Universidad del Tolima, terminó siendo una copia aberrante de los desaciertos electorales que agobian la región y el país.
Durante uno de los periodos de gobierno del exrector Ramón Rivera Bulla, se pasó de la designación directa de los decanos (la cual se hacía por discrecionalidad del rector), a un modelo de consulta a los miembros de la comunidad: estudiantes, egresado y docentes.   La tesis fundante de tal decisión consistía en que, al darle autonomía a la comunidad para elegir sus decanos, se aumentaba la democracia, se extendía la participación y ello contribuiría al fortalecimiento de la academia.
Este proceso también fue acompañado de una relativa autonomía presupuestal del gasto, lo que le permitiría a los decanos tener un plan de trabajo debidamente financiado; de nuevo pensando en consolidar las unidades académicas, potenciar la producción científica y generar mayores espacios de participación en la toma de las decisiones respecto a la inversión de los recursos públicos.
Como se puede observar, el modelo en sí mismo se proyectaba benéfico. ¿Por qué colapsó? Sabemos que a finales del 2015, la Universidad del Tolima se encontraba en un caos de gobernabilidad no vista en años recientes. Algunos decanos armaron toldo a parte y se declararon en franca oposición al entonces rector Herman Muñoz, otros se dedicaron a fortalecer sus fortines burocráticos y se desligaron del Plan de Desarrollo de la UT y el norte se perdió en la inoperancia, el descontrol del gasto y el aumento de puestos de trabajo, muchos de ellos innecesarios.
No pocas veces encontramos que las Unidades Académicas terminaban gastando el dinero en fiestas y agasajos de fin de año, en compras con sobrecostos, además del ya mencionado crecimiento de la nómina paralela. Esto obviamente aportó grandes impactos a la crisis financiera que por entonces la Asociación Sindical de Profesores Universitarios denunciaba y sobre la cual muchos decían, entre ellos el staff de gobierno de turno, era solo terrorismo financiero para evitar la relección de Herman Muñoz.
Relegido el profesor Herman en el año 2015, la crisis financiera salió a flote. Un mes después de posesionarse le fue imposible seguir ocultando el hueco fiscal que ya arrastraba la UT y que se calculaba, entonces, por el orden de los 18 mil millones.
Sin gobernabilidad, con la mayoría de decanos actuando como islas, cada cual con su propio rubro de gastos, lo peor estaba por venir. El modelo democrático había encarnado el desgobierno. Muchos de los decanos habían sido elegidos con estrategias propias de los peores varones electorales del país, no se avergonzaron en nada poniendo vallas, pancartas llenas de promesas superfluas, trasteando egresados, generando prebendas como cátedras a cambio de apoyos en las urnas y demás triquiñuelas propias de los vicios de la corrupción electoral.
Un caso ejemplar de este descaro ocurrió en la Facultad de Educación, en la cual el candidato y futuro decano programó un diplomado gratis para los egresados, justo el día de las elecciones. Todo se intentaba disfrazar de actividades académicas. Fue así como el whisky, el arroz chino, las chivas fiesteras y las prebendas hicieron agua el ejercicio electoral, sumiendo la UT en un desgobierno sin antecedentes en este siglo.
La fórmula ideada durante el extenso periodo del rector Rivera Bulla, terminó por convertirse en puñal que hería la democracia universitaria, porque la democracia no es solo participación en las urnas de los actores, es también formación política, construcción ética y consolidación de los mecanismos de control y autocontrol.
Hoy, cuando de nuevo reclamamos democracia universitaria, no debemos olvidar estos caminos transitados. Tengo claro que siempre debemos propender porque la participación de los actores sea real, pero en la vida cotidiana muchos sectores solo buscan el beneficio propio y no el del proyecto de universidad pública. La real democracia universitaria es aquella que conserva y potencia el modelo de educación pública, que cuida el patrimonio y que no pone la institución en función de un solo marco ideológico. La democracia debe ser pluriparticipativa. Cuando un solo sector tiene la verdad, siempre se anida un error. Esto aplica para quienes gobierna o para quienes ejercen la oposición.
Por eso hoy el reto consiste en elaborar un marco participativo, desde los Estatutos y desde la vida cotidiana, que permita la reciprocidad de la comunidad, pero que conserve la Institucionalidad, es decir, que cumplamos la misión de ser Universidad Pública en función de lo público, que en este caso es la formación superior, la crítica y autónoma.
El autocontrol, la veeduría y la vigilancia de este proyecto, deben estar por encima de los intereses de partidos, grupos de interés o corrientes ideológicas. Las formas de gobierno no son perennes y en cada nuevo momento la Universidad del Tolima debe enfrentar paradigmas alternativos. Vale la pena revisar cómo estos últimos años han operado las formas de gobierno de la UT, sus aciertos y sus falencias, ello se convierte en insumo para trazar camino que tenemos que debemos recorrer.
Repensar la Universidad significa estar revalidando los mecanismos de participación y las formas de gobierno. No hay fórmulas inamovibles para ello, así algunos insistan en tener la «única verdad» en sus alforjas. El totalitarismo ideológico es el principal enemigo de la democracia universitaria.
Psdt:
Vale la pena cerrar este texto haciendo referencia a un trabajo titulado “El profesorado y la democracia universitaria”, escrito a varias manos, que reflexiona y ponen en debate la democracia universitaria. El debate sigue abierto.


enero 22, 2020

UNIVERSIDAD DEL TOLIMA: CUATRO AÑOS DESPUÉS (I)


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente Universidad del Tolima

Parece que hace mucho tiempo se vivió una crisis en el Alma Mater de los tolimenses. Eran tiempo de cierres, debates, derechos de peticiones, tutelas, demandas, marchas, arengas y huelgas. Tiempo de cesación de pagos a docentes de planta, catedráticos y trabajadores. Tiempos en los cuales se suspendieron todos los derechos sindicales. Tiempos de persecución y procesos disciplinarios. Tiempos de largos cierres del campus. Tiempos de sobrecontratación de personal, de fiestas y agasajos con dineros públicos. Tiempo de obras frustradas, elefantes blancos dignos del zoológico de lo público.
Parece un tiempo distante, pero en verdad es reciente. Transcurrían los años entre 2015-2016. El gobernador del Tolima, Delgado Peñón, amigo de la administración de turno de la UT (Herman Muñoz), terminó por pasarle una cuenta de cobro por 30 mil millones a la UT. Menos mal era “amigo”. El ciclo se cerró con un déficit que bordeaba los 24 mil millones.  
Fue un tiempo en que vimos el Ministerio de Educación Nacional afilar sus garras para intervenir la UT. Afortunadamente los estamentos se unieron y lo impidieron, aunque la apuesta de los directivos de entonces era la aplicación de la Ley 550. Hoy muchos de esos antiguos directivos se pasean por el campus y se dicen defensores de la Universidad Pública. Las máscaras también son cómplices del olvido.
Oscar Wilde solía decir que: “Si nunca se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido”, por eso quiero volver a recordar. Quiero volver a hablar. No solo los hechos de esos tiempos idos, los cuales muchos relegan por comodidad y complicidad, otros porque ya no están (muchos estudiantes graduados) y otros porque no estaban (estudiantes nuevos).
Quiero hablar de cómo la Universidad del Tolima cruzó el largo túnel de la crisis y hoy se asoma a la luz de nuevos retos. Quiero hablar de esos logros, de esas luchas, de esas apuestas, de los aciertos y los desaciertos, de lo que nos depara el presente, que ya sabe a futuro.
En estos cortos textos que difundiré periódicamente, haré el ejercicio de la memoria. Para inventariar el pasado reciente se necesita la palabra y a eso me dispongo. La Universidad del Tolima está hecha de crisis, desde su parto mismo, como lo recuerda la profesora Beatriz Jaime en su libro: Fragmentos de memoria. Luchas, tragedias y vidas que forjaron la Universidad del Tolima.
Ignorar el pasado es como viajar en una barca a la deriva. En tiempos cuando la información es artefacto de engaño, ocultar la verdad es una estrategia que moviliza la estupidez y el oportunismo. Debemos recordar, alertar la memoria para no caer en los engaños y poder dibujar una ruta para la Universidad del Tolima, que contenga el germen de las luchas pasadas, las luchas presentes y las luchas por venir.

enero 15, 2020

CONVOCATORIA REVISTA ÚSTELEE No 7.


La Revista Ústelee: Hojas para reciclar, es un proyecto editorial encaminado a salvaguardar la palabra que casi siempre desechamos. Esa palabra  borrosa de los trabajos académicos los cuales, después de sopesados por el ojo del docente, terminan, por lo general, en las canecas de la basura. Muchos de esos trabajos poseen el germen de la escritura, y en algunos casos, ya son capaces de consolidar un discurso en busca de lectores.

Durante seis entregas, Ústelee se ha alimentado de esos textos producidos por estudiantes de las diversas Facultades de la Universidad del Tolima y del Instituto de Educación a Distancia. Es significativa la participación de estudiantes de diversas sedes de IDEAD en todo el país.

Hoy damos apertura a convocatoria para la construcción de la séptima entrega. Pueden participar enviando cuentos, poemas, ensayos, textos de opinión y reflexión, crítica literaria y reseñas de cine, y demás textos productos de sus ejercicios académicos de diversas áreas, temas y tópicos. Así mismo, tenemos un espacio para los amantes de la fotografía en donde pueden participar enviando sus capturas.

Los textos e imágenes pueden ser remitidos al siguiente correo: cgamboa@ut.edu.co. El plazo dado para el envío de trabajos es hasta el 29 de febrero de 2020.

Los textos no deben superar las 3 cuartillas, excepto para ensayos que se recibirán hasta 5 cuartillas.

Revise aquí en línea el último número: Revista Ústelee No. 6.


enero 13, 2020

PARÁSITOS: LA ARQUITECTURA DE LA DESIGUALDAD


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Hay un mundo destellante construido sobre la miseria de otro mundo. Debajo del resplandor, del confort y el bienestar de una minoría, se dislocan los subterráneos de los desprotegidos del sistema. Esto lo sabemos hace muchos años, incluso antes de que se formulara la teoría de la lucha de clases, y hoy el director de cine  Joon-ho Bong nos vuelve a poner en el primer plano esa arquitectura de la desigualdad, en su más reciente y aclamada película titulada “Parásitos”.
Utilizando el humor (con la ironía como epicentro), el suspenso y hasta el gore, el director surcoreano logra esbozar una pieza que sin duda dará mucho por interpretar. Me interesa hablar por ahora de la forma en que los espacios y la arquitectura se tornan metáforas para darle trascendencia a un relato en donde se enfrentan dos mundos, de manera que se cruzan el plano de la historia con el plano semiótico, y se van dejando huellas en nuestros sentidos, en este caso haciendo protagonista central el campo visual.
Desde una lujosa mansión diseñada por un arquitecto famoso, se teje la trama que une a los suburbios de la ciudad con los espacios de los ricos, juntando los cuerpos protagonistas: dos familias, una acaudalada, del tipo ejecutivo, y la otra en el borde del sistema, los desposeídos. Paulatinamente, esos espacios se encuentran y van dejando al desnudo la grafía de sus habitantes. Como es de suponerse los pobres están al servicio de los millonarios, quienes pueden darse el lujo de contratar la familia completa para sus servicios domésticos, debido a una serie de engaños de estos últimos; así, el guión nos muestra cómo en los suburbios se debe sobrevivir a costa incluso de la ética.
La mansión contrasta con la cloaca en donde habitan los excluidos, para ir de un lugar a otro los planos ascienden o descienden según el sentido del viaje. En una escena crucial que muestra la forma en que el espacio teje un lugar en el mundo, los protagonistas pobres regresan a su hábitat y descienden por escaleras, luego por callejones que se van oscureciendo hasta, finalmente, llegar al suburbio que encuentran inundando debido a un fuerte aguacero. Ese tránsito dibuja los planos de la existencia, la verdad de las clases sociales con sus arquitecturas.
Al día siguiente de la gran inundación la esposa millonaria le dice al chofer, quien ha pasado la noche en un albergue al perder lo poco que tenía debido a la tormenta: “La lluvia de anoche fue una bendición”. Los dos mundos distantes asumen los fenómenos de manera distinta, lo que para los pobres es una maldición, para los ricos es su base de felicidad.
Otro plano interesante en esta construcción de la arquitectura de la desigualdad se presenta en la mansión. Debajo del lujo extremo y del alto confort subyace un mundo laberíntico en donde sobrevive el esposo del ama de llaves, viviendo de manera parásita a costa de los dueños. Allí en medio de la oscuridad y las carencias, los expulsados del sistema encuentran un lugar para sobrevivir, incluso ese precario espacio es objeto de disputa por las dos familias pobres. Es esa lucha de subclases el detonante para el final del relato.
No es un dato menor que los ricos nunca se enteren de la existencia de aquel subespacio y vivan ajenos a las cotidianidades del mismo. Es el lugar en donde habitan los fantasmas, por eso el hijo de la pareja millonaria presenta un trauma psicológico al ver una aparición, que no es más que un desvalido quien en horas de la noche ha subido hasta la mansión a extraer comida. Así son los pobres para la gran clase social, espectros, amenazas para sus cálidas comodidades.
En “Parásitos” el espacio, el escenario y el lugar siempre actúan como metáforas que recuerdan constantemente que cada quien ocupa su lugar y que si se aspira a ocupar el del otro, vendrán las desgracias y las adversidades. El olor a pobre que tanto desespera al hombre acaudalado dueño de la mansión, es síntoma de que a los ricos los miserables les producen una alergia insoportable.
El desenlace semiótico de la película lo deja claro, el lugar final en donde la lucha de clases se desarrolla es el vistoso patio de la mansión que Joon-ho Bong usa con gran despliegue para juntar a los ricos y los pobres desatando un sangriento final.  ¿Qué más puede esperase de una lucha de clases? ¿Un final armonioso? Imposible.
A los pobres únicamente les queda una salida, la aspiración a ser ricos para tener una mansión en donde la familia se pueda recomponer. Es el único, y fallido plan, que les espera. El espacio de los millonarios seguirá siendo para ellos porque la arquitectura ha sido cuidadosamente diseñada por ellos.
La película, como dije antes, puede tener múltiples lecturas pues estamos ante una obra cinematográfica de gran calado. Por ahora dejo estas líneas sobre el manejo de sus espacios, algo que indudablemente me impactó sobremanera en su construcción. No queda más que verla y degustarla.

noviembre 24, 2019

UNA HORDA DE SALVAJES… ESTÁ GOBERNANDO


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

El miedo es su estrategia. Llevan años pulimentándola. Uribe construyó su imperio a punto de miedo, se hizo experto en ello, con él, el miedo, llegó a su máxima expresión. Diseñó las Convivir para que unos jóvenes pobres, armados hasta los dientes, defendieran a sus patrones, finqueros que soñaban apoderarse de la hacienda Colombia, y lo consiguieron.
Con miedo les hicieron creer a muchos que el gran problema de Colombia eran las FARC, mientras ellos y sus amigos mataban, desplazaban y se apoderaban de las tierras a punta de motosierras y atrocidades.
Prometieron que ahora podían regresar a sus fincas de recreo y muchos le creyeron, la mayoría de ellos jamás en la vida habían ido a una, pero tenían miedo de que sus patrones no pudieran pasear los fines de semana en sus camperos, alardeando sus sombreros finos y sus esposas operadas.
Miedo usaron para negar el cierre exitoso de un proceso de paz, imperfecto como todo intento de buscar salidas por métodos distintos a las balas. Era mucho más fácil inculcar miedo, armar los corazones y convocar a la barbarie. Dijeron que el Castrochavismo se tomaría el país, que nuestros hijos se volvieran maricas y que Santos le entregaría el trono a Timochenko.
Por eso muchos salieron con miedo a las urnas, emputecidos, delirantes a defender los intereses de unos pocos. Le dijeron no a la paz mientras tanto ellos seguían saqueando el país mediante la mejor estrategia diseñada: la corrupción. Miedo y corrupción, el binomio que tiene desolado el país, la forma predilecta del gobierno de turno.
La manera más sencilla de crear miedo es generar angustia ante algo real o imaginario. Uribe y su séquito lo saben a la perfección. Los paramilitares crearon una leyenda de miedo real en los campos, la barbarie de su proceder está arraigada en los genes sociales. Similares estragos realizaron las distintas guerrillas, por eso somos producto de los miedos, no en vano el negocio de la religión es tan lucrativo en Colombia, un negocio basado en el miedo. ¿Y si el miedo es superado?
Cuando no hay salida el miedo pasa a un segundo plano. El ser humano puesto en situación de abismo pierde el miedo. Cuando no se tiene nada que perder el ropaje de miedo cae y surge la valentía. La conciencia es el motor que activa los genes de la transformación y disipa los miedos.
Por eso ya no es posible decirles a las mayorías la misma mentira, aunque no desistan en hacerlo. Pero hoy las mayorías no tienen la venda en sus ojos, han mirado más allá de los discursos añejos y se han ido a las calles a cumplirle un compromiso a la historia. Ahora los que tienen miedo son otros, ese puñado de privilegiados que se han repartido el país y sus riquezas, dando cabida al festín de la desigualdad.
Seguirán intentando cosechar miedo, por eso envían cadenas de WhatsApp alertando a los ciudadanos, miles de ellos pobres, sobre hordas de salvajes que vendrán a robarse sus empresas y muchos aún lo creen. Seguirán contratando vándalos e infiltrarán mercenarios para que siembren miedo en las ciudades, el mismo miedo que cosecharon con gran éxito en el campo.
Ahora la valentía y la esperanza debe convocarnos. No podemos claudicar ante los generadores de miedo, debemos actuar en responsabilidad con nuestros sueños, porque es verdad que allá afuera hay una horda de salvajes que lo devora todo, pero es la horda que hace muchos años viene gobernando.