enero 29, 2020

UT: CUATRO AÑOS DESPUÉS (II) -DEMOCRACIA-


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente Universidad del Tolima

Para construir democracia en la universidad pública no es suficiente con trasladar, sin más, modelos de gobernanza del entorno, debido a que la academia es una institución cuyos fines y principios deben ser conservados, incluso por encima de sus formas de gobierno. Debido a que no se realizaron los análisis de impacto a profundidad el modelo de elección de decanos, en la Universidad del Tolima, terminó siendo una copia aberrante de los desaciertos electorales que agobian la región y el país.
Durante uno de los periodos de gobierno del exrector Ramón Rivera Bulla, se pasó de la designación directa de los decanos (la cual se hacía por discrecionalidad del rector), a un modelo de consulta a los miembros de la comunidad: estudiantes, egresado y docentes.   La tesis fundante de tal decisión consistía en que, al darle autonomía a la comunidad para elegir sus decanos, se aumentaba la democracia, se extendía la participación y ello contribuiría al fortalecimiento de la academia.
Este proceso también fue acompañado de una relativa autonomía presupuestal del gasto, lo que le permitiría a los decanos tener un plan de trabajo debidamente financiado; de nuevo pensando en consolidar las unidades académicas, potenciar la producción científica y generar mayores espacios de participación en la toma de las decisiones respecto a la inversión de los recursos públicos.
Como se puede observar, el modelo en sí mismo se proyectaba benéfico. ¿Por qué colapsó? Sabemos que a finales del 2015, la Universidad del Tolima se encontraba en un caos de gobernabilidad no vista en años recientes. Algunos decanos armaron toldo a parte y se declararon en franca oposición al entonces rector Herman Muñoz, otros se dedicaron a fortalecer sus fortines burocráticos y se desligaron del Plan de Desarrollo de la UT y el norte se perdió en la inoperancia, el descontrol del gasto y el aumento de puestos de trabajo, muchos de ellos innecesarios.
No pocas veces encontramos que las Unidades Académicas terminaban gastando el dinero en fiestas y agasajos de fin de año, en compras con sobrecostos, además del ya mencionado crecimiento de la nómina paralela. Esto obviamente aportó grandes impactos a la crisis financiera que por entonces la Asociación Sindical de Profesores Universitarios denunciaba y sobre la cual muchos decían, entre ellos el staff de gobierno de turno, era solo terrorismo financiero para evitar la relección de Herman Muñoz.
Relegido el profesor Herman en el año 2015, la crisis financiera salió a flote. Un mes después de posesionarse le fue imposible seguir ocultando el hueco fiscal que ya arrastraba la UT y que se calculaba, entonces, por el orden de los 18 mil millones.
Sin gobernabilidad, con la mayoría de decanos actuando como islas, cada cual con su propio rubro de gastos, lo peor estaba por venir. El modelo democrático había encarnado el desgobierno. Muchos de los decanos habían sido elegidos con estrategias propias de los peores varones electorales del país, no se avergonzaron en nada poniendo vallas, pancartas llenas de promesas superfluas, trasteando egresados, generando prebendas como cátedras a cambio de apoyos en las urnas y demás triquiñuelas propias de los vicios de la corrupción electoral.
Un caso ejemplar de este descaro ocurrió en la Facultad de Educación, en la cual el candidato y futuro decano programó un diplomado gratis para los egresados, justo el día de las elecciones. Todo se intentaba disfrazar de actividades académicas. Fue así como el whisky, el arroz chino, las chivas fiesteras y las prebendas hicieron agua el ejercicio electoral, sumiendo la UT en un desgobierno sin antecedentes en este siglo.
La fórmula ideada durante el extenso periodo del rector Rivera Bulla, terminó por convertirse en puñal que hería la democracia universitaria, porque la democracia no es solo participación en las urnas de los actores, es también formación política, construcción ética y consolidación de los mecanismos de control y autocontrol.
Hoy, cuando de nuevo reclamamos democracia universitaria, no debemos olvidar estos caminos transitados. Tengo claro que siempre debemos propender porque la participación de los actores sea real, pero en la vida cotidiana muchos sectores solo buscan el beneficio propio y no el del proyecto de universidad pública. La real democracia universitaria es aquella que conserva y potencia el modelo de educación pública, que cuida el patrimonio y que no pone la institución en función de un solo marco ideológico. La democracia debe ser pluriparticipativa. Cuando un solo sector tiene la verdad, siempre se anida un error. Esto aplica para quienes gobierna o para quienes ejercen la oposición.
Por eso hoy el reto consiste en elaborar un marco participativo, desde los Estatutos y desde la vida cotidiana, que permita la reciprocidad de la comunidad, pero que conserve la Institucionalidad, es decir, que cumplamos la misión de ser Universidad Pública en función de lo público, que en este caso es la formación superior, la crítica y autónoma.
El autocontrol, la veeduría y la vigilancia de este proyecto, deben estar por encima de los intereses de partidos, grupos de interés o corrientes ideológicas. Las formas de gobierno no son perennes y en cada nuevo momento la Universidad del Tolima debe enfrentar paradigmas alternativos. Vale la pena revisar cómo estos últimos años han operado las formas de gobierno de la UT, sus aciertos y sus falencias, ello se convierte en insumo para trazar camino que tenemos que debemos recorrer.
Repensar la Universidad significa estar revalidando los mecanismos de participación y las formas de gobierno. No hay fórmulas inamovibles para ello, así algunos insistan en tener la «única verdad» en sus alforjas. El totalitarismo ideológico es el principal enemigo de la democracia universitaria.
Psdt:
Vale la pena cerrar este texto haciendo referencia a un trabajo titulado “El profesorado y la democracia universitaria”, escrito a varias manos, que reflexiona y ponen en debate la democracia universitaria. El debate sigue abierto.


enero 22, 2020

UNIVERSIDAD DEL TOLIMA: CUATRO AÑOS DESPUÉS (I)


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente Universidad del Tolima

Parece que hace mucho tiempo se vivió una crisis en el Alma Mater de los tolimenses. Eran tiempo de cierres, debates, derechos de peticiones, tutelas, demandas, marchas, arengas y huelgas. Tiempo de cesación de pagos a docentes de planta, catedráticos y trabajadores. Tiempos en los cuales se suspendieron todos los derechos sindicales. Tiempos de persecución y procesos disciplinarios. Tiempos de largos cierres del campus. Tiempos de sobrecontratación de personal, de fiestas y agasajos con dineros públicos. Tiempo de obras frustradas, elefantes blancos dignos del zoológico de lo público.
Parece un tiempo distante, pero en verdad es reciente. Transcurrían los años entre 2015-2016. El gobernador del Tolima, Delgado Peñón, amigo de la administración de turno de la UT (Herman Muñoz), terminó por pasarle una cuenta de cobro por 30 mil millones a la UT. Menos mal era “amigo”. El ciclo se cerró con un déficit que bordeaba los 24 mil millones.  
Fue un tiempo en que vimos el Ministerio de Educación Nacional afilar sus garras para intervenir la UT. Afortunadamente los estamentos se unieron y lo impidieron, aunque la apuesta de los directivos de entonces era la aplicación de la Ley 550. Hoy muchos de esos antiguos directivos se pasean por el campus y se dicen defensores de la Universidad Pública. Las máscaras también son cómplices del olvido.
Oscar Wilde solía decir que: “Si nunca se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido”, por eso quiero volver a recordar. Quiero volver a hablar. No solo los hechos de esos tiempos idos, los cuales muchos relegan por comodidad y complicidad, otros porque ya no están (muchos estudiantes graduados) y otros porque no estaban (estudiantes nuevos).
Quiero hablar de cómo la Universidad del Tolima cruzó el largo túnel de la crisis y hoy se asoma a la luz de nuevos retos. Quiero hablar de esos logros, de esas luchas, de esas apuestas, de los aciertos y los desaciertos, de lo que nos depara el presente, que ya sabe a futuro.
En estos cortos textos que difundiré periódicamente, haré el ejercicio de la memoria. Para inventariar el pasado reciente se necesita la palabra y a eso me dispongo. La Universidad del Tolima está hecha de crisis, desde su parto mismo, como lo recuerda la profesora Beatriz Jaime en su libro: Fragmentos de memoria. Luchas, tragedias y vidas que forjaron la Universidad del Tolima.
Ignorar el pasado es como viajar en una barca a la deriva. En tiempos cuando la información es artefacto de engaño, ocultar la verdad es una estrategia que moviliza la estupidez y el oportunismo. Debemos recordar, alertar la memoria para no caer en los engaños y poder dibujar una ruta para la Universidad del Tolima, que contenga el germen de las luchas pasadas, las luchas presentes y las luchas por venir.

enero 15, 2020

CONVOCATORIA REVISTA ÚSTELEE No 7.


La Revista Ústelee: Hojas para reciclar, es un proyecto editorial encaminado a salvaguardar la palabra que casi siempre desechamos. Esa palabra  borrosa de los trabajos académicos los cuales, después de sopesados por el ojo del docente, terminan, por lo general, en las canecas de la basura. Muchos de esos trabajos poseen el germen de la escritura, y en algunos casos, ya son capaces de consolidar un discurso en busca de lectores.

Durante seis entregas, Ústelee se ha alimentado de esos textos producidos por estudiantes de las diversas Facultades de la Universidad del Tolima y del Instituto de Educación a Distancia. Es significativa la participación de estudiantes de diversas sedes de IDEAD en todo el país.

Hoy damos apertura a convocatoria para la construcción de la séptima entrega. Pueden participar enviando cuentos, poemas, ensayos, textos de opinión y reflexión, crítica literaria y reseñas de cine, y demás textos productos de sus ejercicios académicos de diversas áreas, temas y tópicos. Así mismo, tenemos un espacio para los amantes de la fotografía en donde pueden participar enviando sus capturas.

Los textos e imágenes pueden ser remitidos al siguiente correo: cgamboa@ut.edu.co. El plazo dado para el envío de trabajos es hasta el 29 de febrero de 2020.

Los textos no deben superar las 3 cuartillas, excepto para ensayos que se recibirán hasta 5 cuartillas.

Revise aquí en línea el último número: Revista Ústelee No. 6.


enero 13, 2020

PARÁSITOS: LA ARQUITECTURA DE LA DESIGUALDAD


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Hay un mundo destellante construido sobre la miseria de otro mundo. Debajo del resplandor, del confort y el bienestar de una minoría, se dislocan los subterráneos de los desprotegidos del sistema. Esto lo sabemos hace muchos años, incluso antes de que se formulara la teoría de la lucha de clases, y hoy el director de cine  Joon-ho Bong nos vuelve a poner en el primer plano esa arquitectura de la desigualdad, en su más reciente y aclamada película titulada “Parásitos”.
Utilizando el humor (con la ironía como epicentro), el suspenso y hasta el gore, el director surcoreano logra esbozar una pieza que sin duda dará mucho por interpretar. Me interesa hablar por ahora de la forma en que los espacios y la arquitectura se tornan metáforas para darle trascendencia a un relato en donde se enfrentan dos mundos, de manera que se cruzan el plano de la historia con el plano semiótico, y se van dejando huellas en nuestros sentidos, en este caso haciendo protagonista central el campo visual.
Desde una lujosa mansión diseñada por un arquitecto famoso, se teje la trama que une a los suburbios de la ciudad con los espacios de los ricos, juntando los cuerpos protagonistas: dos familias, una acaudalada, del tipo ejecutivo, y la otra en el borde del sistema, los desposeídos. Paulatinamente, esos espacios se encuentran y van dejando al desnudo la grafía de sus habitantes. Como es de suponerse los pobres están al servicio de los millonarios, quienes pueden darse el lujo de contratar la familia completa para sus servicios domésticos, debido a una serie de engaños de estos últimos; así, el guión nos muestra cómo en los suburbios se debe sobrevivir a costa incluso de la ética.
La mansión contrasta con la cloaca en donde habitan los excluidos, para ir de un lugar a otro los planos ascienden o descienden según el sentido del viaje. En una escena crucial que muestra la forma en que el espacio teje un lugar en el mundo, los protagonistas pobres regresan a su hábitat y descienden por escaleras, luego por callejones que se van oscureciendo hasta, finalmente, llegar al suburbio que encuentran inundando debido a un fuerte aguacero. Ese tránsito dibuja los planos de la existencia, la verdad de las clases sociales con sus arquitecturas.
Al día siguiente de la gran inundación la esposa millonaria le dice al chofer, quien ha pasado la noche en un albergue al perder lo poco que tenía debido a la tormenta: “La lluvia de anoche fue una bendición”. Los dos mundos distantes asumen los fenómenos de manera distinta, lo que para los pobres es una maldición, para los ricos es su base de felicidad.
Otro plano interesante en esta construcción de la arquitectura de la desigualdad se presenta en la mansión. Debajo del lujo extremo y del alto confort subyace un mundo laberíntico en donde sobrevive el esposo del ama de llaves, viviendo de manera parásita a costa de los dueños. Allí en medio de la oscuridad y las carencias, los expulsados del sistema encuentran un lugar para sobrevivir, incluso ese precario espacio es objeto de disputa por las dos familias pobres. Es esa lucha de subclases el detonante para el final del relato.
No es un dato menor que los ricos nunca se enteren de la existencia de aquel subespacio y vivan ajenos a las cotidianidades del mismo. Es el lugar en donde habitan los fantasmas, por eso el hijo de la pareja millonaria presenta un trauma psicológico al ver una aparición, que no es más que un desvalido quien en horas de la noche ha subido hasta la mansión a extraer comida. Así son los pobres para la gran clase social, espectros, amenazas para sus cálidas comodidades.
En “Parásitos” el espacio, el escenario y el lugar siempre actúan como metáforas que recuerdan constantemente que cada quien ocupa su lugar y que si se aspira a ocupar el del otro, vendrán las desgracias y las adversidades. El olor a pobre que tanto desespera al hombre acaudalado dueño de la mansión, es síntoma de que a los ricos los miserables les producen una alergia insoportable.
El desenlace semiótico de la película lo deja claro, el lugar final en donde la lucha de clases se desarrolla es el vistoso patio de la mansión que Joon-ho Bong usa con gran despliegue para juntar a los ricos y los pobres desatando un sangriento final.  ¿Qué más puede esperase de una lucha de clases? ¿Un final armonioso? Imposible.
A los pobres únicamente les queda una salida, la aspiración a ser ricos para tener una mansión en donde la familia se pueda recomponer. Es el único, y fallido plan, que les espera. El espacio de los millonarios seguirá siendo para ellos porque la arquitectura ha sido cuidadosamente diseñada por ellos.
La película, como dije antes, puede tener múltiples lecturas pues estamos ante una obra cinematográfica de gran calado. Por ahora dejo estas líneas sobre el manejo de sus espacios, algo que indudablemente me impactó sobremanera en su construcción. No queda más que verla y degustarla.

noviembre 24, 2019

UNA HORDA DE SALVAJES… ESTÁ GOBERNANDO


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

El miedo es su estrategia. Llevan años pulimentándola. Uribe construyó su imperio a punto de miedo, se hizo experto en ello, con él, el miedo, llegó a su máxima expresión. Diseñó las Convivir para que unos jóvenes pobres, armados hasta los dientes, defendieran a sus patrones, finqueros que soñaban apoderarse de la hacienda Colombia, y lo consiguieron.
Con miedo les hicieron creer a muchos que el gran problema de Colombia eran las FARC, mientras ellos y sus amigos mataban, desplazaban y se apoderaban de las tierras a punta de motosierras y atrocidades.
Prometieron que ahora podían regresar a sus fincas de recreo y muchos le creyeron, la mayoría de ellos jamás en la vida habían ido a una, pero tenían miedo de que sus patrones no pudieran pasear los fines de semana en sus camperos, alardeando sus sombreros finos y sus esposas operadas.
Miedo usaron para negar el cierre exitoso de un proceso de paz, imperfecto como todo intento de buscar salidas por métodos distintos a las balas. Era mucho más fácil inculcar miedo, armar los corazones y convocar a la barbarie. Dijeron que el Castrochavismo se tomaría el país, que nuestros hijos se volvieran maricas y que Santos le entregaría el trono a Timochenko.
Por eso muchos salieron con miedo a las urnas, emputecidos, delirantes a defender los intereses de unos pocos. Le dijeron no a la paz mientras tanto ellos seguían saqueando el país mediante la mejor estrategia diseñada: la corrupción. Miedo y corrupción, el binomio que tiene desolado el país, la forma predilecta del gobierno de turno.
La manera más sencilla de crear miedo es generar angustia ante algo real o imaginario. Uribe y su séquito lo saben a la perfección. Los paramilitares crearon una leyenda de miedo real en los campos, la barbarie de su proceder está arraigada en los genes sociales. Similares estragos realizaron las distintas guerrillas, por eso somos producto de los miedos, no en vano el negocio de la religión es tan lucrativo en Colombia, un negocio basado en el miedo. ¿Y si el miedo es superado?
Cuando no hay salida el miedo pasa a un segundo plano. El ser humano puesto en situación de abismo pierde el miedo. Cuando no se tiene nada que perder el ropaje de miedo cae y surge la valentía. La conciencia es el motor que activa los genes de la transformación y disipa los miedos.
Por eso ya no es posible decirles a las mayorías la misma mentira, aunque no desistan en hacerlo. Pero hoy las mayorías no tienen la venda en sus ojos, han mirado más allá de los discursos añejos y se han ido a las calles a cumplirle un compromiso a la historia. Ahora los que tienen miedo son otros, ese puñado de privilegiados que se han repartido el país y sus riquezas, dando cabida al festín de la desigualdad.
Seguirán intentando cosechar miedo, por eso envían cadenas de WhatsApp alertando a los ciudadanos, miles de ellos pobres, sobre hordas de salvajes que vendrán a robarse sus empresas y muchos aún lo creen. Seguirán contratando vándalos e infiltrarán mercenarios para que siembren miedo en las ciudades, el mismo miedo que cosecharon con gran éxito en el campo.
Ahora la valentía y la esperanza debe convocarnos. No podemos claudicar ante los generadores de miedo, debemos actuar en responsabilidad con nuestros sueños, porque es verdad que allá afuera hay una horda de salvajes que lo devora todo, pero es la horda que hace muchos años viene gobernando.

noviembre 18, 2019

¿PARODIA O MOVIMIENTO?


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Mientras que en cientos de lugares de Colombia se siguen articulando los movimientos sociales, los sindicatos, los colectivos independientes, los estudiantes, los campesinos, los indígenas y la ciudadanía en general, con el fin de construir el paro del 21 de noviembre como un escenario nacional de legítima protesta; al interior de la Universidad del Tolima se asiste a la puesta en escena de una parodia de movimiento.
Después de más de cinco semanas de acciones fallidas, el estudiantado se encuentra disperso, quizás debido a que se decretó la figura de “Asamblea permanente”, sin un rumbo fijo, logrando de entrada que los dos siguientes puentes festivos la mayoría de estudiantes de la modalidad presencial se fuera de minivacaciones.
Luego de asambleas diversas en las Facultades, en donde participaron los docentes, y que en su mayoría plantearon la figura de “Asamblea escalonada”, con el fin de recuperar clases y preparar la movilización, la asamblea general de estudiantes, sin mediar espacios de diálogo y debate con los demás estamentos, decretó seguir en su lógica, lo cual va dejando cada día más sola la Universidad.
¿Quiénes asumirán los costos políticos, académicos y financieros de tales decisiones? ¿Qué hay detrás de una apuesta que desmoviliza y desinforma? Debo decir que cerca del 70 % de los estudiantes culminarán el semestre académico B de 2019, estos son los estudiantes de maestría y del Instituto de Educación a Distancia. El restante 30 % tendrá que volver a jugar en el 2020 a culminar tres semestres en un año.
De lo anterior, se derivan costos de manutención de los estudiantes por parte de sus familias, atraso en graduaciones, aumento de costos por temas de bienestar universitario, vulneración de los derechos de los catedráticos, aumento de las jornadas laborales de los docentes de planta, entre muchos más. Y claro, toca entender que cuando hay movilización se tienen que asumir unos costos, pero en este caso ¿Quiénes los asumen? ¿Los que decidieron la estrategia o los que la padecieron?
La desinformación es otro aspecto característico de este movimiento, en un video que circula en YouTube, este pequeño grupo de estudiantes afirma que están contra la reforma del Estatuto estudiantil, el Estatuto profesoral y el Estatuto general, por parte del Consejo Superior.
Al respecto toca aclarar que el Estatuto estudiantil no se ha reformado precisamente porque durante los tres últimos años ha carecido de un liderazgo de su estamento para la construcción; el Estatuto profesoral que está en construcción por parte del profesorado aún no ha remitido su documento final al Consejo Académico y el Estatuto General está en Consejo Superior para su aprobación después de tres largos años de discusiones, convirtiéndose en uno de los documentos institucionales que mayor aporte colectivo ha tenido. Incluso organizaciones estudiantiles hicieron llegar aportes y propuestas al mismo.
¿Es la desinformación una carencia o una estrategia? Sabemos que por los pasillos de la Universidad del Tolima aún rondan los viejos fantasmas que la condujeron a la quiebra y ahora que la ven saliendo del atolladero, la querrán recuperar para sus proyectos personales. Algo parecido pasa con el Hospital Veterinario, ahora que por fin se demostró eficiencia en su culminación, aparecen algunos con “ganas de administrarlo”.
Y mientras se empecinan en una estrategia que conduce hacia el abismo, los hechos siguen demostrando su erróneo actuar. El sábado pasado los estudiantes del IDEAD, muchos que vienen de municipios y veredas, no pudieron ingresar al campus de Santa Helena, aun cuando ellos autónomamente decidieron culminar el semestre. En un comunicado, de nuevo dieron a conocer su posición: “… desconocemos a este reducido número de estudiantes que no representan nuestros intereses académicos y asumimos de manera autónoma culminar nuestro semestre”.
De igual manera, se conocen amenazas a dos docentes catedráticos, quienes al parecer están siendo coaccionados debido a que decidieron continuar con el ejercicio académico. “Asuma las consecuencias de no apoyar las (sic) justa causa estudiantil”, dice el panfleto que recibieron. Nada más inaceptable en una comunidad universitaria que este tipo de acciones, provengan del lugar donde provengan.
Todo este panorama genera rechazo y desdibuja el fin mismo de la movilización que consiste en la lucha por cambiar los problemas estructurales del país. Crean desconfianza entre los estudiantes, divide los estamentos, hace que la justa lucha por la educación pierda adeptos y reduce los problemas universitarios a vendettas y odios internos. Así lo que debe ser un gran movimiento, termina en una parodia de pocos protagonistas.
Posdata: En medio de todas estas contradicciones debemos movilizarnos como estamentos el próximo 21 de noviembre. Estudiantes, docentes y trabajadores saldremos a exigir un mejor país, uno en el que tengan lugar nuestros sueños.

octubre 29, 2019

EL BESO DE LLORENTE


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima.

Un beso puede romper la historia estancada que no ha logrado otros intentos de transformación.
Colombia en el siglo XXI sigue instalada en el relato de siglos anteriores. La iglesia católica aún ejerce un poder enorme sobre las masas y, en complicidad con la clase dirigente, maneja las cuestiones de la vida cotidiana con la profilaxis de la edad media.
Mientras en la mayor parte del mundo temas como la diversidad sexual, el aborto, la eutanasia y otros de ese corte, han dejado de ser tabú para involucrarse en la agenda del modus vivendi de los ciudadanos, en este extenso territorio seguimos regidos por las moralidades del único libro sagrado-ideológico aceptado.
A este retraso social se suma la proliferación de diversas sectas de cristianos, protestantes, evangélicos y cientos de miles de negociantes de la fe, cuyo fin de lucro y poder moldean el país como si estuviésemos en tiempos de Martín Lutero o de las Bulas papales.
En este país de mil tensiones, el beso entre Claudia López y su pareja Angélica Lozano, en el momento exacto de la celebración histórica cuando por vez primera una mujer llegaba a la alcaldía más importante del país por voto popular, ha roto el espejo en el que se miraban los antiguos inquisidores. Parece que el país se asomó en ese instante al siglo XXI.
En 1907 se filmó en Argentina la película titulada “El sartorio”, según expertos es el origen del cine porno. Muchos de los mojigatos que hoy condenan el beso de dos mujeres, han degustado durante finales del siglo XX y este XXI, escenas de mujeres en actos lésbicos. En sus mentes pacatas han soñado hacer tríos en donde ellos se divierten con dos féminas. Se acepta en privado lo que se condena en público.
Porno y poder son un binomio que se articula al mundo moderno, pero se oculta porque los pobres no pueden gozar de los placeres de los reyes, a no ser en el tiempo del corto carnaval.
El beso que rompe la hegemonía simbólica, rompe también la tradición del poder. Fractura la historia de las formas de gobierno e instala una nueva lógica en la cual los “otros” también pueden gobernar.
Las voces de los religiosos, amanuenses del poder, se rasgarán en este nuevo amanecer de la historia colombiana. Ya no podrán salir con sus hordas fanáticas a linchar con piedras a la nueva alcaldesa, pero harán todo desde sus entramados para impedir que gobierne bien, que gobierne para todos. Ante el más mínimo error saldrán a enarbolar sus banderas morales para instaurar el viejo orden.
Los medios católicos, porque sus dueños son rezanderos de fines de semana y pecadores el resto de los días, atacarán con furia las acciones que desde la alcaldía se emprendan para tratar de posicionar un nuevo discurso en los cuales los excluidos, moral y económicamente, sean autogestores de sus vidas.
Tengan cuidado, nada más peligroso que los mojigatos y los políticamente correctos, son de la misma estirpe y harán lo posible por detener una vez más la rueda de la historia. Ya lo hicieron con Gaitán.
Un beso, quien lo dijera, un beso ha sido el nuevo florero de Llorente.

octubre 16, 2019

HERRAMIENTAS PARA UN MODELO


Guía para interactuar en la modalidad de educación a distancia de la Universidad del Tolima

Conocerse y repensarse es parte de la cotidianidad de una institución educativa y esa es la dinámica de trabajo del Instituto de Educación a Distancia. Con 36 años de experiencia como Unidad Académica encargada de potenciar el modelo de formación superior, a través de la educación a distancia, pero con un cordón umbilical que data de finales de los 70, es un proyecto que hace parte de la gran memoria de educación del departamento del Tolima y de muchos otros lugares de la inmensa geografía colombiana.

El modelo exitoso de formación del IDEAD de la  Universidad del Tolima, tiene en sus particularidades unas fortalezas que han sido reconocidas por todos los actores, que, durante estos años, han contribuido a robustecerlo. El IDEAD aprehende constantemente, es una organización de inteligencia colectiva, que no solo promulga principios y valores para sus estudiantes, sino que su equipo administrativo y sus docentes se movilizan dentro de ellos.

La presente publicación, es un compendio de esas formas de estar y habitar el modelo pedagógico del IDEAD, escrito a múltiples manos y bajo variadas experiencias. Los temas acá presentados, condensan muchos años de reflexión y transformación continua y se presentan como una bitácora que busca ayudar a navegar por el mundo del IDEAD, a los nuevos integrantes (estudiantes y docentes).

Fiel a su principio de autoformación, el Instituto de Educación a Distancia, seguirá articulando el saber, el conocimiento y los contextos y en esa continua disposición articulada, encontrará nuevos saberes que le impriman la dinámica del cambio constante. El presente módulo, da cuenta de las reflexiones y líneas de trabajo propuestas en este momento, pero están sujetas a la retroalimentación continua.
Carlos Arturo Gamboa B.

julio 29, 2019

El buen ejemplo de la Universidad del Tolima frente a la crisis de cobertura


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD – UT

El cambio de paradigma en cobertura
Hace algunas décadas las universidades públicas no necesitaban preocuparse por el ingreso de nuevos estudiantes, el mercado estaba garantizado; por el contrario, podían darse el lujo de filtrar o segmentar con altos estándares la población que accedía a sus programas, tanto de pregrado como de posgrado.
Este comportamiento ha ido cambiando radicalmente, hoy las Instituciones de Educación Superior (IES) se disputan los estudiantes y esto ha desatado una dinámica de competencia por el “mercado estudiantil”; sin embargo, las cifras recientes indican que no hay crecimiento en cobertura. Hoy se puede afirmar que hay mayor oferta de formación superior en Colombia, pero tenemos menos estudiantes en el sistema.
Hay varios aspectos que pueden estar afectando el crecimiento de la cobertura, como lo expone El observatorio de la educación colombiana, en un artículo de julio de este año. Allí se plantean la pregunta ¿por qué no crece la cobertura? y se atreven estas hipótesis:
§  Porque los programas de larga duración dejan de ser atractivos para los estudiantes
§  Porque titulaciones intermedias (p.e. de ciclos propedéuticos), se hacen llamativas.
§  Porque en la última década se han creado y vienen apareciendo más de 20 IES.
§  Porque no hay un proyecto de país o de diseño estratégico técnico que indique hacia dónde debe crecer, desde la educación superior, la matrícula y qué áreas del conocimiento se necesitan.
§  Porque los directivos desconocen las proyecciones reales del propio sector y es sólo a través de los avisos de prensa como se enteran de que X o Y IES abre el mismo programa que ya existe en otras.
§  Porque a multinacionales de la tecnología, como IBM, Apple o Google, explícitamente indican que no les importa si sus empleados fueron o no a las universidades
§  Porque muchas de esas multinacionales ya han creado sus propias universidades corporativas.
§  Porque las IES se han enfocado en buscar estudiantes para primer semestre y los han dejado ir en cerca del 50 % durante la carrera
§  Porque las políticas de aseguramiento de calidad se han diseñado para que las grandes IES, acreditadas, puedan extenderse libremente por todo el país, metiéndosele en el terreno mercantil de las otras IES, impulsando una salvaje competencia de mercado.

En general tenemos como elementos comunes el crecimiento desordenado de la oferta, la falta de innovación con nuevos programas para nuevas necesidades sociales, culturales, económicas y profesionales, la carencia de planes contundentes para evitar la deserción y los engorrosos procesos del sistema para la apertura y acreditación de los programas. A nivel internacional se da cuenta del fenómeno de la educación virtual que gana terreno debido a la flexibilidad de trabajo académico y bajos precios.
Frente a estos retos, las universidades de corte nacional y regional no pueden estar desatentas. La función como IES es la de formación de estudiantes y si la cobertura decae, la misión se torna imposible de cumplir.
Por su parte, el Ministerio de Educación Nacional da muchos tumbos en cuanto a la consolidación de procesos expeditos para refrescar la oferta, los tiempos de respuesta son largos y cada vez exige mayores indicadores, muchos de los cuales riñen con la realidad del país, sobre todo con la posibilidad de llevar educación a las zonas marginales, a las zonas rurales y deprimidas en donde hay un número alto de población que no puede acceder a este tipo de formación.
El problema es que si vemos la educación como un servicio (no como un derecho) se transa la cobertura a manera de mercado, cuestión distinta si el plan del Gobierno fuera educación gratuita y de calidad para todos. Aun así, con las condiciones reales de nuestro sistema educativo, si se quiere cobertura hay que ir donde están los prospectos fuera del sistema y para ello debemos flexibilizar y dinamizar la oferta.
El buen ejemplo de la Universidad del Tolima
Después de venir de una aguda crisis (2014-2017), la universidad pública del departamento del Tolima ha emprendido varios ejercicios estratégicos que la tienen muy cerca de la Acreditación Institucional. Un ejemplo de los impactos de estos planes de trabajo se dio en la sesión del Consejo Superior Universitario del día 23 de julio. En un hecho que debe resaltarse como estratégico para el futuro de la sostenibilidad del Alma mater de los tolimenses, durante esta sesión se aprobó la creación de seis nuevos programas en sus diversos niveles de formación superior, estos son:
Maestría en Urbanismo.
Maestría en Derechos Humanos y Ciudadanía.
Maestría en Pedagogía de la Literatura. En la modalidad a distancia.
Especialización en Ecología Política. En la modalidad a distancia.
Especialización en Medicina Crítica y Cuidado Intensivo.
Pregrado en Química

Esta renovada oferta se suma a otros programas que fueron aprobados recientemente y que constituyen un baluarte para el futuro de la UniTolima, una IES de corte regional con impacto nacional, que a través de sus dos modalidades (presencial y distancia) logra aportar altos indicadores de cobertura al sistema nacional de educación superior. Estos tres programas, para un total de nueve, son:
Especialización en derecho administrativo
Especialización en extensión rural
Especialización en educación para la diversidad en la niñez. En la modalidad a distancia

No obstante, se requiere de mayor celeridad en los procesos para renovar sus registros, ampliar cobertura a nuevas sedes (caso de distancia) y fortalecer la educación continuada, una franja de formación que cada vez tiene más demanda. Este reto, sumado a una política de retención de estudiantes es clave para evitar que los esfuerzos por incluir nuevos graduandos, se vea minimizado por la pérdida de estudiantes que en términos generales ocurre en los primeros cuatro semestres.

Por medio de becas (en este semestre se otorgaron 336 becas académicas solo para la modalidad a distancia), subsidios, programas de bienestar y ayuda académica y de apoyo emocional, la Universidad del Tolima contrarresta la deserción estudiantil; sin embargo, esta política interna debe contar con mayor apoyo en las políticas nacionales y planes como la Generación E no terminan de despegar. No solo se trata de subsidiar la oferta, sino también la demanda.

Coda
El siglo XXI apenas ha despuntado y la educación superior asume nuevos retos globales. Hay cambios de paradigmas en todos los ámbitos de formación, lo cual hace que la universidad deba replantar su misión. En el caso de Colombia, los índices de personas que no hacen parte del sistema formación superior siguen siendo altos, y las necesidades de formación en diversos campos de la ciencia, la innovación y la cultura deben estar en la agenda, de lo contrario los jóvenes de la llamada Generación Z, van a ver poco atractiva la opción de asistir a los campus universitarios. 

Innovar sus ofertas educativas, replantear los modelos de formación (dándole mayor cabida a las tecnologías de información), crear programas que respondan a problemas específicos, con impacto directos en los contextos, trabajar fuerte en la retención estudiantil y ofrecer un valor agregado a la obtención de las titulaciones, son algunas de las estrategias que le permitirán a las universidades públicas crecer con sentido y con responsabilidad.

junio 25, 2019

UT HOY: MENTIRAS Y VERDADES


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD –UT

La mentira es una de las áreas de trabajo más explotadas en el mundo actual. Mentir genera buenos réditos políticos en una sociedad inmediatista, incapaz de verificar la información y dispuesta a indignarse desde sus cómodos sofás. Se miente en todos lados y en un espacio como la universidad pública, en donde debiera primar más los hechos que las especulaciones, no es ajeno este actuar.
Por estos días se han vuelto a revivir viejos debates en la Universidad del Tolima, y con asombro podemos comprobar que muchas de las opiniones que circulan y que se vuelven verdades, sin el tamiz de la verificación, son mentiras adobadas; mentiras que muchos levantan como bandera de lucha y que en poco benefician a la construcción de un sujeto universitario que debiera ser ejemplo de rigor en una sociedad cada vez más sumida en mentiras.
Un ejemplo reciente de ello es la interpretación de un informe técnico de la Procuraría que ha circulado, basados en el cual se afirma que en la Universidad del Tolima nunca hubo crisis financiera, que no hay déficit y que la administración actual esconde las cifras y tiene el dinero guardado en las cuentas. Nada más lejano de la verdad. La universidad del Tolima, al ser pública arrastra un déficit histórico, pero además durante los años 2012 a 2016, soportó una pésima administración interna que la condujo casi al cierre.
¿Acaso olvidaron los docentes, los trabajadores y administrativos los años en que duramos sin sueldos al día? ¿Los sindicatos que promueven esta desinformación olvidaron que junto a ellos debimos oponernos a la intervención del Ministerio de Educación Nacional y su letal aplicación de la Ley 550? ¿Olvida la comunidad universitaria y la ciudadanía que en ese entonces se truncaron proyectos como el Hospital Veterinario, la subestación eléctrica y la supuesta construcción de un bloque de aulas? ¿Olvidaron los profesores de planta que se cancelaron los viajes de participaciones académicas, las comisiones académicas, el pago de quinquenios y otros derechos? ¿Olvidamos los derroches en fiestas de egresados, compra de helados y gastos suntuosos que fueron noticia nacional para vergüenza de nuestra Alma mater?
Pertenezco a los que no olvidan. La crisis existió y sus secuelas aún atenazan la Universidad del Tolima. No olvido por comodidad como lo han hecho otros, muchos de los culpables caminan por el campus sin ningún asomo de vergüenza y no contentos con eso promueven las mentiras para desinformar. Muchos de ellos hoy quieren enarbolar banderas hipócritas de lucha contra una administración que sin ser perfecta, si ha logrado sacar a flote nuestra Universidad, pero que si nos descuidamos podemos volver al pasado, por eso debemos ser capaces de mirarnos a la cara y decirnos unas cuantas verdades.
Es verdad que el gobierno de Duque le hace el quite a los acuerdos que se lograron en la movilización del 2018, es verdad que han llegado unos pocos dineros por motivo del 3.5 % de aumento ganando en la movilización y que deben invertirse de acuerdo con las disposiciones nacionales. Cerca de 2.400 millones que sin ser suficientes ingresan para ayudar a aliviar los rotos que dejó la crisis interna y nacional en nuestras finanzas.
Es verdad que estamos en una larga reforma de estatutos, de los cuales el único que ha avanzado de manera real es el Estatuto General, proceso en el cual han tenido participación muchos actores, y quienes dicen lo contrario desconocen hasta su propia participación. Algunos creen y hacen creer a los demás que no hay participación porque desean que las cosas sigan como están, porque esa vieja universidad llena de baches normativos les es benéfica a sus intereses de grupos o a sus apuestas individuales.
Es verdad que el Estatuto Profesoral va en un lento proceso, y ya casi completamos 3 años desde que la Asamblea de Profesores decidió la actualización de esta normatividad, sin que hasta hoy tengamos un documento definitivo. Es que construir conjuntamente es un reto, más en una comunidad fragmentada y mediada por mil mentiras. Es verdad que muchos docentes viven cómodos con sus “gabelas” y no desean modernizar la UT, y es verdad que una mayoría de docentes desean apostarle por una universidad a la altura del siglo XXI, esa es la pugna.
Es verdad que la Universidad del Tolima tiene una de las mayores poblaciones de catedráticos a nivel nacional, y que falta avanzar mucho en el tema de formalización laboral, por ello no se puede caer en la discriminación política de este amplio sector, al contrario se debe sumar a una lucha que se une cuando todos seamos capaces de entender que la prevalencia de la Universidad Pública está por encima de los intereses particulares.
Es verdad que el Estatuto Estudiantil necesita ser reformado, vivimos con disposiciones de los años noventa, algo inaudito más de treinta años después de la versión vigente; las normas están escritas para que podamos tramitar las diferencias institucionales y esto no se logra cuando el papel se quedó estancado en el tiempo.
Es mentira que se esté haciendo un Estatuto Estudiantil a espaldas de los estudiantes, solo hay un ejercicio de introducción a este proceso, que por demás aún carece de la fuerza reformadora que se requiere, porque también hay muchos intereses de por medio. Lo cierto es que la comunidad estudiantil debe encontrar un camino para ese ejercicio propio de su autonomía como el sector más vital de la universidad.
Por eso, en un panorama de posverdades, de verdades a medias, de noticias falsas, es deber de los sujetos universitarios buscar la fuente, constatar lo datos, no comer entero. Hay muchos intereses entre los sectores universitarios, muchos de ellos buscan defender la Universidad como institución vital para la sociedad, otros solo la usan como trampolín.
Es verdad que la dirección de la Universidad del Tolima ha presentado varios informes del estado actual de la Universidad, informes que han obviado quienes desean desinformar. No obstante, le falta dar a conocer, con mayor ahínco sus políticas, sus cifras, los avances y los retrocesos, solo de esa manera se puede combatir la desinformación constante. No estamos en el mejor de los mundos, pero tampoco seguimos atrapados en el cuarto oscuro de la sin salida que hace años padecimos y que hoy intentan negar los mismo creadores de una crisis que supuestamente nunca existió.

junio 11, 2019

Soluciones mágicas a problemas reales: la mentira del statu quo


Por: Carlos Arturo Gamboa
Docente Universidad del Tolima

Cuando vi la noticia a la que hará referencia este breve artículo, pensé que, como diría Gabriel García Márquez, nos estaban mamando gallo de lo lindo. El lugar: Buenaventura, Colombia. La acción: monseñor Darío Jaramillo Montoya sobrevolará la ciudad en un helicóptero para rociar agua bendita y con ello devolvernos “… la tranquilidad que ha perdido la ciudad con tantos crímenes, hechos de corrupción con tanta maldad y narcotráfico que invaden nuestro puerto”. [i]
¡Cielos, por qué no se nos había ocurrido antes! La cura de todos los males, el brebaje sagrado, el agua mágica que ya habían narrado los hermanos Grimm en sus cuentos. Un potaje curativo contra la maldad del siglo XXI, traído desde los relatos fantásticos de la edad media, cuando los problemas se le dejaban a Dios, mientras el hombre sufría e imploraba perdón y veía a sus reyes y arzobispos morir de llenura y ebriedad.
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El helicóptero es un aparato construido en el siglo XX, cuyo pionero es el argentino Raúl Pateras (1920) con su idea de palas de rotación, pero se afirma que el primer vuelo real de este tipo de aeronaves se produjo solo hasta 1942. Claro está que Leonardo da Vinci ya lo había soñado hacia el año 1490.
Por su parte el agua bendita es una elaboración mística formulada por el papa San Alejandro VI en el año 106 de nuestra era, pero que ya existía en múltiples relatos propios de la tradición simbólica de las diversas culturas. El agua bendita que se instauró por la iglesia católica, es simple agua a la cual se tenía que agregar sal y bendecir mediante un rezo. Algo así como el agua de mar, esa que abunda en Buenaventura, pero que no es potable. Solo que ningún rezo hará que el puerto más grande de Colombia tenga agua saludable para sus cerca de 450.000 habitantes.
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Buenaventura está ubicada sobre el océano Pacífico y desde allí se mueve más del 50 % del comercio internacional del país, pero su territorio no ha sido beneficiado por el auge comercial. Azotada por cientos de problemas, siendo el narcotráfico el mayor de ellos, la población ve por su puerto pasar la riqueza, sin detenerse en sus plazas.
Ante la desidia gubernamental los bonaverenses han tenido que vivir en el oscurantismo. Ya son famosas mundialmente sus casas de pique, en donde hordas salvajes ajustician a sus enemigos. El paramilitarismo controla el puerto y cientos de bandas criminales imponen sus leyes en un territorio fragmentado y cubierto en su mayor parte de una miseria de tiempos antiguos.
La solución a estos problemas, según el prelado es rociar agua con sal sobre los 6000 kilómetros del puerto, agua bendecida por su mano sagrada (ojalá no pederasta) y con ello espantar el diablo que se ha apoderado de las almas de sus habitantes. Si no le funciona esto, le recomiendo al alcalde de Buenaventura que busque las siete esferas del dragón y pida un deseo.
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Problemas reales como la pobreza y la violencia, artefactos modernos como el helicóptero y discursos medievales como la religión y sus pócimas, hacen de este relato un digno argumento para una parodia. El problema es que mientras el statu quo sigue engañando con sus pócimas mágicas, la gente sufre, la gente muere…
Pueden usar ese y muchos otros helicópteros para llevar agua potable a la población y, si el monseñor del cuento lo permite, hasta logren usar sus enormes ahorros de miles de años de ofrendas y ayudar a curar la pobreza, la mamá de muchos de los males que aquejan la ciudad. Seguro que no lo harán, sale más barato y mediático rociar agua con sal.
No dejo de pensar entonces que mientras el desconocimiento sea la base con la crecen nuestros niños, el engaño será la forma predilecta de su dominación adulta.

mayo 27, 2019

LA MEMORIA UNIVERSITARIA, UN RETO PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA UT


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD - UT

El pasado 21 de mayo la Universidad del Tolima cumplió 74 años de fundada (1945), lo cual es una corta edad para una Institución de Educación Superior, teniendo en cuenta que en Colombia las universidades más antiguas son Santo Tomás (1580), Javeriana (1623), Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (1653) y Nacional (1867). En este panorama, la Universidad del Tolima es, en términos etarios, una adolescente.
No obstante, la memoria sobre el quehacer del Alma mater de los tolimenses es muy escasa, ambigua y sustentada por la tradición oral más que por la tradición escrita. No son muchas las fuentes académicas respecto de su nacimiento y conformación, más allá de algunos textos oficiales, unas reseñas poco documentadas y las deficientes alusiones en los periódicos locales.
Las publicaciones internas, por lo general seriadas, que la Universidad del Tolima ha producido durante estas siete décadas, no están compiladas y se corre el riesgo de perder muchas de sus referencias. Lo anterior quizás se deba a que no ha existido una tradición que las conserve, lo cual es paradójico contando con programas como Historia y Comunicación Social-Periodismo, desde donde se pueden potenciar estos ejercicios de preservación.
Ahora bien, en ese sombrío panorama, el libro de la docente, investigadora y actual decana de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes, la profesora Beatriz Eugenia Jaime Pérez, resulta de una elevada importancia. Titulado Fragmentos de memoria. Luchas, tragedias y vidas que forjaron la Universidad del Tolima, el libro recoge los resultados de un proyecto de investigación cuyo fin central es coadyuvar a la recuperación de la memoria de la única universidad pública de la región. En palabras del renombrado historiador Hernán Clavijo: “(…) estamos ante una cartografía social de la vida académica, intelectual, política, humana y creativa e institucional, debidamente fundamentada con sus respectivos territorios”. (2018, p. 20)
De esa manera, quizás el libro inaugura en la UT una nueva forma de mirarnos a nosotros mismos, desde el saber académico y la rigurosidad investigativa, pero yendo a las diversas fuentes escritas y orales, que es la manera más eficaz de construir una mirada sobre el pasado. Este texto, construido bajo la técnica periodística de la semblanza, se centra en recuperar la vida de ocho personajes, siete de ellos protagonistas de la vida universitaria en sus espacios académicos, culturales y políticos, y el otro, nada menos que la misma Universidad del Tolima. Con ello se pretende: “(…) recordar, rememorar. Al hacerlo traemos  el pasado y lo ponemos en diálogo con los recuerdos de los otros para seguir construyendo futuro, pero sobre todo para explicar y comprender mejor nuestro presente”. (Jaime, 2018, p. 41)
Cada uno de los personajes, revitalizados en el libro, marca un momento y una tendencia de la vida universitaria, explora en sus individualidades y teje espacios colectivos de la comunidad. Los actores son escogidos desde una valoración de la importancia “positiva” que ellos tuvieron en la construcción de una institución que, a pesar de nacer en la mitad del siglo XX, se ha comportado muchas veces de manera premoderna en su visión científica, cultural y política; por ello sus testimonios son vitales para trazar los rumbos de estos agitados tiempos.
Sin intentar agotarlo todo, el libro permite construir una mirada de caleidoscopio muy necesaria para los actores que vivimos el trascurrir actual de la Universidad del Tolima, pero también para la sociedad tolimense que en muchos escenarios desconoce el valor de una institución que le ha permitido a millares de jóvenes del departamento y del país, alcanzar niveles de formación superior.
Más allá de los señalamientos acartonados que se tienen sobre la Universidad, recobrar su pasado permite elaborar una serie de cronologías y sucesos que en gran parte explican el porqué nos comportamos de ciertas maneras y quizás ayude a esclarecer los caminos que debemos trazar para consolidarnos frente a los retos del porvenir.
Los nombres de María Magdalena Echeverry, César Augusto Zambrano, Gustavo Adolfo Vallejo, César Augusto Velandia, Edilberto Calderón, Gonzalo Palomino y Raúl Echeverry, pertenecen al inventario ilustre de la universidad y Beatriz Jaime logra actualizar la memoria con lo mejor de sus vidas, sus luchas y sus legados. No están todos lo que son, faltarán algunos, muchos de ellos aún pernoctan el campus y desde sus aportes mantienen viva la UT. Quizás falta el inventario de los antagonistas, esos que han logrado llevar la Institución a la agonía, esa memoria también debe ser recordada para que los errores no se repitan, pero ese no es el objetivo de este libro.
Beatriz Jaime escogió el camino de la semblanza con tono positivo, con personajes que “hablan bien” de la historia de la Universidad del Tolima, que se forjaron en medio de las carencias y las contradicciones, esa es su apuesta. Hay otras tradiciones por contar, otros sucesos que deben ser desempolvados, otros personajes que habitan el lado oscuro de la historia y muchas más semblanzas que realizar; también por eso este libro es valioso, porque deja esa invitación en el tintero. Todo aquel que se diga miembro de la comunidad de la Universidad del Tolima debería leerlo, los investigadores del campo de la historia tomarlo en serio y ojalá imitar este gran esfuerzo que se hace por recuperar la memoria.
Una vez encontré varias cajas de publicaciones institucionales abandonadas en las escaleras del Instituto de Educación a Distancia, contenía cartillas, memorias, documentos de carácter institucional y otro tipo de publicaciones. Al indagar acerca de este desafuero, me dijeron que el nuevo director del IDEAD había ordenado “sacar esa basura de su oficina”. Pude recuperar varios textos que conservo en mi biblioteca personal, pero muchas publicaciones fueron a parar en manos de los recicladores. Ese comportamiento ha sido recurrente en el actuar de la UT.
Por eso las 372 páginas del libro Fragmentos de memoria. Luchas, tragedias y vidas que forjaron la Universidad del Tolima, merecen el tiempo de su lectura y el disfrute de un lenguaje descriptivo, cuidado y sencillo, sin más pretensiones que contarnos que la UT nació hace 74 años, que durante esas décadas se han tejido mil historias y que estamos en tiempos de su maduración, para lo cual recordar el camino recorrido es vital.