junio 25, 2019

UT HOY: MENTIRAS Y VERDADES


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD –UT

La mentira es una de las áreas de trabajo más explotadas en el mundo actual. Mentir genera buenos réditos políticos en una sociedad inmediatista, incapaz de verificar la información y dispuesta a indignarse desde sus cómodos sofás. Se miente en todos lados y en un espacio como la universidad pública, en donde debiera primar más los hechos que las especulaciones, no es ajeno este actuar.
Por estos días se han vuelto a revivir viejos debates en la Universidad del Tolima, y con asombro podemos comprobar que muchas de las opiniones que circulan y que se vuelven verdades, sin el tamiz de la verificación, son mentiras adobadas; mentiras que muchos levantan como bandera de lucha y que en poco benefician a la construcción de un sujeto universitario que debiera ser ejemplo de rigor en una sociedad cada vez más sumida en mentiras.
Un ejemplo reciente de ello es la interpretación de un informe técnico de la Procuraría que ha circulado, basados en el cual se afirma que en la Universidad del Tolima nunca hubo crisis financiera, que no hay déficit y que la administración actual esconde las cifras y tiene el dinero guardado en las cuentas. Nada más lejano de la verdad. La universidad del Tolima, al ser pública arrastra un déficit histórico, pero además durante los años 2012 a 2016, soportó una pésima administración interna que la condujo casi al cierre.
¿Acaso olvidaron los docentes, los trabajadores y administrativos los años en que duramos sin sueldos al día? ¿Los sindicatos que promueven esta desinformación olvidaron que junto a ellos debimos oponernos a la intervención del Ministerio de Educación Nacional y su letal aplicación de la Ley 550? ¿Olvida la comunidad universitaria y la ciudadanía que en ese entonces se truncaron proyectos como el Hospital Veterinario, la subestación eléctrica y la supuesta construcción de un bloque de aulas? ¿Olvidaron los profesores de planta que se cancelaron los viajes de participaciones académicas, las comisiones académicas, el pago de quinquenios y otros derechos? ¿Olvidamos los derroches en fiestas de egresados, compra de helados y gastos suntuosos que fueron noticia nacional para vergüenza de nuestra Alma mater?
Pertenezco a los que no olvidan. La crisis existió y sus secuelas aún atenazan la Universidad del Tolima. No olvido por comodidad como lo han hecho otros, muchos de los culpables caminan por el campus sin ningún asomo de vergüenza y no contentos con eso promueven las mentiras para desinformar. Muchos de ellos hoy quieren enarbolar banderas hipócritas de lucha contra una administración que sin ser perfecta, si ha logrado sacar a flote nuestra Universidad, pero que si nos descuidamos podemos volver al pasado, por eso debemos ser capaces de mirarnos a la cara y decirnos unas cuantas verdades.
Es verdad que el gobierno de Duque le hace el quite a los acuerdos que se lograron en la movilización del 2018, es verdad que han llegado unos pocos dineros por motivo del 3.5 % de aumento ganando en la movilización y que deben invertirse de acuerdo con las disposiciones nacionales. Cerca de 2.400 millones que sin ser suficientes ingresan para ayudar a aliviar los rotos que dejó la crisis interna y nacional en nuestras finanzas.
Es verdad que estamos en una larga reforma de estatutos, de los cuales el único que ha avanzado de manera real es el Estatuto General, proceso en el cual han tenido participación muchos actores, y quienes dicen lo contrario desconocen hasta su propia participación. Algunos creen y hacen creer a los demás que no hay participación porque desean que las cosas sigan como están, porque esa vieja universidad llena de baches normativos les es benéfica a sus intereses de grupos o a sus apuestas individuales.
Es verdad que el Estatuto Profesoral va en un lento proceso, y ya casi completamos 3 años desde que la Asamblea de Profesores decidió la actualización de esta normatividad, sin que hasta hoy tengamos un documento definitivo. Es que construir conjuntamente es un reto, más en una comunidad fragmentada y mediada por mil mentiras. Es verdad que muchos docentes viven cómodos con sus “gabelas” y no desean modernizar la UT, y es verdad que una mayoría de docentes desean apostarle por una universidad a la altura del siglo XXI, esa es la pugna.
Es verdad que la Universidad del Tolima tiene una de las mayores poblaciones de catedráticos a nivel nacional, y que falta avanzar mucho en el tema de formalización laboral, por ello no se puede caer en la discriminación política de este amplio sector, al contrario se debe sumar a una lucha que se une cuando todos seamos capaces de entender que la prevalencia de la Universidad Pública está por encima de los intereses particulares.
Es verdad que el Estatuto Estudiantil necesita ser reformado, vivimos con disposiciones de los años noventa, algo inaudito más de treinta años después de la versión vigente; las normas están escritas para que podamos tramitar las diferencias institucionales y esto no se logra cuando el papel se quedó estancado en el tiempo.
Es mentira que se esté haciendo un Estatuto Estudiantil a espaldas de los estudiantes, solo hay un ejercicio de introducción a este proceso, que por demás aún carece de la fuerza reformadora que se requiere, porque también hay muchos intereses de por medio. Lo cierto es que la comunidad estudiantil debe encontrar un camino para ese ejercicio propio de su autonomía como el sector más vital de la universidad.
Por eso, en un panorama de posverdades, de verdades a medias, de noticias falsas, es deber de los sujetos universitarios buscar la fuente, constatar lo datos, no comer entero. Hay muchos intereses entre los sectores universitarios, muchos de ellos buscan defender la Universidad como institución vital para la sociedad, otros solo la usan como trampolín.
Es verdad que la dirección de la Universidad del Tolima ha presentado varios informes del estado actual de la Universidad, informes que han obviado quienes desean desinformar. No obstante, le falta dar a conocer, con mayor ahínco sus políticas, sus cifras, los avances y los retrocesos, solo de esa manera se puede combatir la desinformación constante. No estamos en el mejor de los mundos, pero tampoco seguimos atrapados en el cuarto oscuro de la sin salida que hace años padecimos y que hoy intentan negar los mismo creadores de una crisis que supuestamente nunca existió.

junio 11, 2019

Soluciones mágicas a problemas reales: la mentira del statu quo


Por: Carlos Arturo Gamboa
Docente Universidad del Tolima

Cuando vi la noticia a la que hará referencia este breve artículo, pensé que, como diría Gabriel García Márquez, nos estaban mamando gallo de lo lindo. El lugar: Buenaventura, Colombia. La acción: monseñor Darío Jaramillo Montoya sobrevolará la ciudad en un helicóptero para rociar agua bendita y con ello devolvernos “… la tranquilidad que ha perdido la ciudad con tantos crímenes, hechos de corrupción con tanta maldad y narcotráfico que invaden nuestro puerto”. [i]
¡Cielos, por qué no se nos había ocurrido antes! La cura de todos los males, el brebaje sagrado, el agua mágica que ya habían narrado los hermanos Grimm en sus cuentos. Un potaje curativo contra la maldad del siglo XXI, traído desde los relatos fantásticos de la edad media, cuando los problemas se le dejaban a Dios, mientras el hombre sufría e imploraba perdón y veía a sus reyes y arzobispos morir de llenura y ebriedad.
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El helicóptero es un aparato construido en el siglo XX, cuyo pionero es el argentino Raúl Pateras (1920) con su idea de palas de rotación, pero se afirma que el primer vuelo real de este tipo de aeronaves se produjo solo hasta 1942. Claro está que Leonardo da Vinci ya lo había soñado hacia el año 1490.
Por su parte el agua bendita es una elaboración mística formulada por el papa San Alejandro VI en el año 106 de nuestra era, pero que ya existía en múltiples relatos propios de la tradición simbólica de las diversas culturas. El agua bendita que se instauró por la iglesia católica, es simple agua a la cual se tenía que agregar sal y bendecir mediante un rezo. Algo así como el agua de mar, esa que abunda en Buenaventura, pero que no es potable. Solo que ningún rezo hará que el puerto más grande de Colombia tenga agua saludable para sus cerca de 450.000 habitantes.
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Buenaventura está ubicada sobre el océano Pacífico y desde allí se mueve más del 50 % del comercio internacional del país, pero su territorio no ha sido beneficiado por el auge comercial. Azotada por cientos de problemas, siendo el narcotráfico el mayor de ellos, la población ve por su puerto pasar la riqueza, sin detenerse en sus plazas.
Ante la desidia gubernamental los bonaverenses han tenido que vivir en el oscurantismo. Ya son famosas mundialmente sus casas de pique, en donde hordas salvajes ajustician a sus enemigos. El paramilitarismo controla el puerto y cientos de bandas criminales imponen sus leyes en un territorio fragmentado y cubierto en su mayor parte de una miseria de tiempos antiguos.
La solución a estos problemas, según el prelado es rociar agua con sal sobre los 6000 kilómetros del puerto, agua bendecida por su mano sagrada (ojalá no pederasta) y con ello espantar el diablo que se ha apoderado de las almas de sus habitantes. Si no le funciona esto, le recomiendo al alcalde de Buenaventura que busque las siete esferas del dragón y pida un deseo.
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Problemas reales como la pobreza y la violencia, artefactos modernos como el helicóptero y discursos medievales como la religión y sus pócimas, hacen de este relato un digno argumento para una parodia. El problema es que mientras el statu quo sigue engañando con sus pócimas mágicas, la gente sufre, la gente muere…
Pueden usar ese y muchos otros helicópteros para llevar agua potable a la población y, si el monseñor del cuento lo permite, hasta logren usar sus enormes ahorros de miles de años de ofrendas y ayudar a curar la pobreza, la mamá de muchos de los males que aquejan la ciudad. Seguro que no lo harán, sale más barato y mediático rociar agua con sal.
No dejo de pensar entonces que mientras el desconocimiento sea la base con la crecen nuestros niños, el engaño será la forma predilecta de su dominación adulta.

mayo 27, 2019

LA MEMORIA UNIVERSITARIA, UN RETO PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA UT


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD - UT

El pasado 21 de mayo la Universidad del Tolima cumplió 74 años de fundada (1945), lo cual es una corta edad para una Institución de Educación Superior, teniendo en cuenta que en Colombia las universidades más antiguas son Santo Tomás (1580), Javeriana (1623), Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (1653) y Nacional (1867). En este panorama, la Universidad del Tolima es, en términos etarios, una adolescente.
No obstante, la memoria sobre el quehacer del Alma mater de los tolimenses es muy escasa, ambigua y sustentada por la tradición oral más que por la tradición escrita. No son muchas las fuentes académicas respecto de su nacimiento y conformación, más allá de algunos textos oficiales, unas reseñas poco documentadas y las deficientes alusiones en los periódicos locales.
Las publicaciones internas, por lo general seriadas, que la Universidad del Tolima ha producido durante estas siete décadas, no están compiladas y se corre el riesgo de perder muchas de sus referencias. Lo anterior quizás se deba a que no ha existido una tradición que las conserve, lo cual es paradójico contando con programas como Historia y Comunicación Social-Periodismo, desde donde se pueden potenciar estos ejercicios de preservación.
Ahora bien, en ese sombrío panorama, el libro de la docente, investigadora y actual decana de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes, la profesora Beatriz Eugenia Jaime Pérez, resulta de una elevada importancia. Titulado Fragmentos de memoria. Luchas, tragedias y vidas que forjaron la Universidad del Tolima, el libro recoge los resultados de un proyecto de investigación cuyo fin central es coadyuvar a la recuperación de la memoria de la única universidad pública de la región. En palabras del renombrado historiador Hernán Clavijo: “(…) estamos ante una cartografía social de la vida académica, intelectual, política, humana y creativa e institucional, debidamente fundamentada con sus respectivos territorios”. (2018, p. 20)
De esa manera, quizás el libro inaugura en la UT una nueva forma de mirarnos a nosotros mismos, desde el saber académico y la rigurosidad investigativa, pero yendo a las diversas fuentes escritas y orales, que es la manera más eficaz de construir una mirada sobre el pasado. Este texto, construido bajo la técnica periodística de la semblanza, se centra en recuperar la vida de ocho personajes, siete de ellos protagonistas de la vida universitaria en sus espacios académicos, culturales y políticos, y el otro, nada menos que la misma Universidad del Tolima. Con ello se pretende: “(…) recordar, rememorar. Al hacerlo traemos  el pasado y lo ponemos en diálogo con los recuerdos de los otros para seguir construyendo futuro, pero sobre todo para explicar y comprender mejor nuestro presente”. (Jaime, 2018, p. 41)
Cada uno de los personajes, revitalizados en el libro, marca un momento y una tendencia de la vida universitaria, explora en sus individualidades y teje espacios colectivos de la comunidad. Los actores son escogidos desde una valoración de la importancia “positiva” que ellos tuvieron en la construcción de una institución que, a pesar de nacer en la mitad del siglo XX, se ha comportado muchas veces de manera premoderna en su visión científica, cultural y política; por ello sus testimonios son vitales para trazar los rumbos de estos agitados tiempos.
Sin intentar agotarlo todo, el libro permite construir una mirada de caleidoscopio muy necesaria para los actores que vivimos el trascurrir actual de la Universidad del Tolima, pero también para la sociedad tolimense que en muchos escenarios desconoce el valor de una institución que le ha permitido a millares de jóvenes del departamento y del país, alcanzar niveles de formación superior.
Más allá de los señalamientos acartonados que se tienen sobre la Universidad, recobrar su pasado permite elaborar una serie de cronologías y sucesos que en gran parte explican el porqué nos comportamos de ciertas maneras y quizás ayude a esclarecer los caminos que debemos trazar para consolidarnos frente a los retos del porvenir.
Los nombres de María Magdalena Echeverry, César Augusto Zambrano, Gustavo Adolfo Vallejo, César Augusto Velandia, Edilberto Calderón, Gonzalo Palomino y Raúl Echeverry, pertenecen al inventario ilustre de la universidad y Beatriz Jaime logra actualizar la memoria con lo mejor de sus vidas, sus luchas y sus legados. No están todos lo que son, faltarán algunos, muchos de ellos aún pernoctan el campus y desde sus aportes mantienen viva la UT. Quizás falta el inventario de los antagonistas, esos que han logrado llevar la Institución a la agonía, esa memoria también debe ser recordada para que los errores no se repitan, pero ese no es el objetivo de este libro.
Beatriz Jaime escogió el camino de la semblanza con tono positivo, con personajes que “hablan bien” de la historia de la Universidad del Tolima, que se forjaron en medio de las carencias y las contradicciones, esa es su apuesta. Hay otras tradiciones por contar, otros sucesos que deben ser desempolvados, otros personajes que habitan el lado oscuro de la historia y muchas más semblanzas que realizar; también por eso este libro es valioso, porque deja esa invitación en el tintero. Todo aquel que se diga miembro de la comunidad de la Universidad del Tolima debería leerlo, los investigadores del campo de la historia tomarlo en serio y ojalá imitar este gran esfuerzo que se hace por recuperar la memoria.
Una vez encontré varias cajas de publicaciones institucionales abandonadas en las escaleras del Instituto de Educación a Distancia, contenía cartillas, memorias, documentos de carácter institucional y otro tipo de publicaciones. Al indagar acerca de este desafuero, me dijeron que el nuevo director del IDEAD había ordenado “sacar esa basura de su oficina”. Pude recuperar varios textos que conservo en mi biblioteca personal, pero muchas publicaciones fueron a parar en manos de los recicladores. Ese comportamiento ha sido recurrente en el actuar de la UT.
Por eso las 372 páginas del libro Fragmentos de memoria. Luchas, tragedias y vidas que forjaron la Universidad del Tolima, merecen el tiempo de su lectura y el disfrute de un lenguaje descriptivo, cuidado y sencillo, sin más pretensiones que contarnos que la UT nació hace 74 años, que durante esas décadas se han tejido mil historias y que estamos en tiempos de su maduración, para lo cual recordar el camino recorrido es vital.

mayo 07, 2019

DEMOCRACIA PARA MÍ ¿Y PARA EL OTRO?


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Como docente de la Universidad del Tolima he debatido durante mucho tiempo sobre el gobierno universitario, ahora que soy profesor de planta lo hago, pero siendo catedrático (durante cerca de 12 años) lo hice también. Dentro de las variadas formas de gobierno universitario siempre he apostado por la ampliación de la participación de los actores que intervienen en el devenir diario de la Universidad Pública. Considero que es debatiendo, dialogando, contraponiendo argumentos y sustentando que se construye el conocimiento; por lo tanto, una institución que se dedica a la producción del saber, la cultura y la ciencia, no puede ser ajena a este mecanismo.
En ese sentido, pienso que la Asamblea de Profesores de la Universidad del Tolima, la cual constituye un escenario legítimo de discusión para la vida universitaria, se equivoca cuando, a través del comunicado fechado del 11 de abril de 2019, plantea, -bajo mis consideraciones-, un escenario antidemocrático frente a sus iguales, los profesores catedráticos. Veamos casos puntuales:
Afirma el comunicado que: “Consideramos totalmente inoportuno y contrario a la doctrina constitucional que los catedráticos y ocasionales puedan ser representantes profesorales a Consejos de Facultad, Consejo Académico y Consejo Superior…”, lo cual más bien desconoce la doctrina que la misma Constitución Política de Colombia plantea, cuando en su Artículo 103, afirma que:
El Estado contribuirá a la organización, promoción y capacitación de las asociaciones profesionales, cívicas, sindicales, comunitarias, juveniles, benéficas o de utilidad común no gubernamentales, sin detrimento de su autonomía con el objeto de que constituyan mecanismos democráticos de representación en las diferentes instancias de participación, concertación, control y vigilancia de la gestión pública que se establezcan.
Siendo la Universidad del Tolima de carácter público y los catedráticos constituyéndose como mayoría en una de sus labores misionales de dicha organización (cerca del 80 % de las labores docentes está a cargo de los catedráticos), no se entiende cómo la Asamblea afirma tal imprecisión. Cabe preguntar entonces: ¿Los catedráticos y tutores de la Universidad del Tolima tienen nuestra total confianza para que orienten los procesos de formación superior de los estudiantes, pero están incapacitados para ser elegidos en los escenarios de gobierno universitario? ¿Es más importante representar un gremio que ejercer la labor misional de formar en los diferentes niveles académicos en la universidad?
La misma Asamblea, más adelante, en el ítem No 7 del citado comunicado, afirma que:
Consideramos conveniente que, en las elecciones de Rector y de representaciones profesorales, los catedráticos y ocasionales participen con un 20% del peso ponderado de los votos, y que los profesores de planta cuenten con el 80% del peso restante. Lo anterior busca proteger a los profesores con este tipo de vinculación de la fragilidad que tienen sus vinculaciones ante las potenciales presiones clientelistas que puedan recibir.
Según la lógica democrática (¿?) de la Asamblea, un docente de cátedra está capacitado para votar por un docente de planta, pero no para ser elegido como su representante; y además, su voto vale la cuarta parte de un voto de un profesor de planta. No deja de ser curiosa esta comparación que habla de un velado desprecio por el profesor catedrático y su papel en el mundo universitario.
Más aún, la precisión que sigue en el comunicado es más reprochable aún al afirmar que por este tipo de vinculación los catedráticos son más vulnerables a “presiones clientelistas”, quedamos ante una paradoja del tamaño de un camello que entra por el ojo de una aguja: se pretende proteger a los catedráticos quitándoles sus derechos. Qué generosos resultan acá los profesores de planta. ¡Pamplinas!, ese desconocimiento del otro hace evidente, así se intente ocultar, una prepotencia elitista y no se corresponde a la realidad que viven las universidades públicas y privadas de Colombia en donde la precarización laboral de este amplio sector se profundiza ante la ausencia de una voz que los defienda en todos los escenarios de decisión.
No es negando derechos que se construye democracia, la democracia es un juego de apertura a los distintos, a los excluidos. Así la Universidad Pública sea un centro de poder académico, debe ser también un laboratorio de apuestas que le permitan a la sociedad aprehender nuevas formas de interactuar. La realidad de la labor docente en Colombia está mediada por un desprecio a la condición de profesor y mal hace un profesor de planta que lucha por sus derechos, desconocer los de sus semejantes.
De seguro que el debate nos llevará a buscar fórmulas equilibradas que le permitan a los docentes de planta y catedráticos a debatir y coadyuvar a construir la universidad pública, y en ello la Universidad del Tolima puede ser ejemplo nacional. Ahora que estamos reformulando nuestros Estatutos tenemos una gran oportunidad para avanzar.
En ese sentido, propongo una ruta para ello: planteemos representaciones profesorales mixtas, de esa manera en cada escenario de participación (superior, académico, facultades y demás) se podrían presentar duplas de un profesor de cátedra y uno de planta. Esta opción suena mucho más convincente que tratarlos de menores de edad política. Vale también recordar que en la historia reciente de la Universidad del Tolima, muchas de las acciones que llevaron a la UT a una crisis aguda, fueron pensadas y ejecutadas en su mayoría por profesores de planta.

abril 30, 2019

LOS ADORADORES DE LA GUERRA



Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universitario

El día martes treinta de abril empezó con la noticia de la gestación de un golpe de Estado en Venezuela. Miembros de las fuerzas armadas habían liberado a Leopoldo López y junto a Guaidó encabezaban un llamado al pueblo para que se agolpará y derrocará el gobierno de Nicolás Maduro. Las noticias se daban de esa manera en la mayoría de los medios oficiales colombianos.
Lo primero que pensé se resume en esta pregunta: ¿Qué dirían los medios colombianos si el ejército nuestro liberara un preso, se juntará a alguien de la oposición e invitara a los ciudadanos del país a marchar hacia la Casa de Nariño para derrocar a Iván Duque? Solo imaginen la magnitud del escándalo: “traidores”, “conspiradores”, “terroristas” y por qué no “sicarios”, le gritarían los medios oficiales. “Un atentado contra la democracia”, titularían los principales periódicos y las emisoras abrirían sus espacios con llantos y lamentos colectivos, juzgando a los golpistas de apátridas.
Es que los medios colombianos, y su amplia audiencia, ven de esa manera los problemas del vecino país (y de muchos otros lugares del planeta). Los medios porque hace tiempo (en su mayoría) perdieron la función social que algún día el periodismo les encomendó, y ahora solo son fortines dispuestos para un fin, hacer parte del poder. La audiencia porque en su mayoría es acrítica, cree firmemente lo que dicen esos medios, para muchos la verdad sale de ellos y solo se atreven a ratificar: “palabra de dios, te adoramos señor”.
Estaba sintiendo pena y angustia por estos aspectos cuando de repente un tuit del presidente ponía la vara un poco más alta en la medición de la ignominia, este decía: “Hacemos llamado a militares y al pueblo de #Venezuela para que se ubiquen del lado correcto de la historia, rechazando dictadura y usurpación de Maduro; uniéndose en búsqueda de libertad, democracia y reconstrucción institucional, en cabeza de @AsambleaVE y el Presidente @jguaido”.



No podía dar crédito a lo que leía. Verifiqué si se trataba de un falso perfil. No. Quizás era una falsa noticia, también abundan desde perfiles verdaderos. Tampoco. Era real, el presidente de Colombia estaba invitando a que el golpe de Estado en Venezuela tomara mayor vigor, a que los militares desobedecieran el mandato constitucional del pueblo hermano y, de paso, a que se gestara una guerra civil interna. De esa dimensión era su ignominia.
Luego pensé que a pesar de lo atroz de ese tuit nada nuevo había en ello. Duque, su amo Uribe y la mayoría de los seguidores de esta secta, son adoradores de la guerra. No contentos con emprender miles de triquiñuelas para hacer trizas el proceso de paz que puso fin a más de sesenta años de conflicto armado con las FARC, estos señores y señoras adoran las armas y lo que ellas provocan. Son fervientes fieles del golpe, de la bofetada, de la amenaza, de la tortura, de la vejación, del disparo certero, del desplazamiento… siempre y cuando sea contra el distinto, no contra ellos mismos. Si alguien toca uno de los suyos claman al cielo gritando “terrorista”, “sicario” y de paso activan toda su maquinaria de persecución y exterminio.
Me asusta la complicidad de los medios, quizás porque ingenuamente creo que es una de las profesiones que puede contribuir al equilibrio de poderes. No obstante, hace rato se corrompieron. Me aterran los ciegos seguidores de los “adoradores de la guerra”, porque no han entendido que si algo debe ser sagrado en este tiempo apocalíptico, debe ser la vida mía y la del otro, así el otro sea mi némesis. Pero hay tanta ignorancia campeando.
Le respondí el tuit al señor Duque, ese ser pueril que se sienta en la silla presidencial de un país condenado al odio por él, su mentor y sus seguidores: ¿No le es suficiente con atizar la guerra en Colombia y ahora le arroja gasolina a la guerra de un país hermano? No espero respuesta.
Deseo que Venezuela encuentre un camino, una salida a su tragedia interna, que en nada se parece a la tragedia mediática con la que los medios en Colombia venden pauta y se enriquecen. Ojalá Venezuela halle rápido esa paz que se le está embotando y no tenga que pasar, como Colombia, más de seis décadas gobernada por los adoradores de la guerra. Sería para ellos un porvenir atroz, como nuestro presente.

marzo 26, 2019

Nosotros los encargados de destruirnos a nosotros mismos


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Nada existe allá afuera que nos
 ayude a salvarnos de nosotros mismos.
Carl Sagan


Hay un mundo ahí debajo de nosotros. Está habitado por Nos-Otros, nuestras sombras. Se alimentan de lo que pueden, sobreviven como pueden, no están en capacidad de tomar ninguna decisión sobre sus vidas y van acumulando un odio descomunal por los de arriba. Su único anhelo es subir y cobrar venganza.
Los de arriba, los otros (nosotros), viven ignorando sus sombras. Compran, viajan, consumen sus días a la velocidad que el sistema les dice. Van de aquí a allá, acumulando bienes materiales, depredando el plantea e ignorando que hay otros, parte del Nos, que necesitan incluso lo que desechamos.
Las anteriores líneas componen un resumen del correlato de la última película de Jordan Peele titulada, así no más, “Nosotros”. No me detendré a analizar la historia (guión) que se plantea y se desarrolla teniendo como base una familia negra norteamericana, quienes han logrado alcanzar un nivel de vida cómodo e ignoran (excepto la madre) que hay un mundo allá abajo en donde las cosas no son tan placenteras.
La idea no es nueva, ya muchos relatos han construido su atmósfera con base en la imagen del doble, el doppelgangers o gemelo fantasmagórico. Lo que logra Jordan Peele es involucrar esa idea en la trama de un mundo pre-apocalíptico, al que curiosamente sitúa como inicio en la década de los ochenta.
La pobreza y el suburbio son el caldo de cultivo perfecto para que la desigualdad tome el mando. En la película los dobles son producto de la clonación y fueron abandonados a su destino por los humanos-dioses creadores de vida. La rebeldía futura de los de abajo se construirá con base en el odio que genera ser excluidos. El hombre jugó a ser Dios, creó unas criaturas que ahora saldrán para vengarse. Afirma Mullor al respecto:
 (…) unos tienen que sufrir para que otros puedan vivir cómodamente. Unos tienen que vivir en la sombra para que otros puedan disfrutar de la luz. ¿No es esa la definición perfecta del capitalismo? La revolución de los doppelgangers se siente como una lucha contra unos privilegios de los que han carecido siempre. Son parecidos a los humanos, pero no exactamente iguales. En esta ocasión, Peele va más allá del discurso racial y mete en el saco a todas las comunidades que hacen la vista gorda al sufrimiento ajeno -y a la memoria del sufrimiento histórico- sólo para vivir un poco más tranquilos. (2019)
El correlato de la película narra los días previos a la gran revolución. Los de abajo han decidido, organizados por una antigua humana que fue intercambiada, subir y tomar las riendas de un mundo que los ignoró. Igual que en Batman. El caballero de la noche asciende, desde los subterráneos de la ciudad moderna la furiosa masa de inconformes solo desea ver morir a sus victimarios. No hay tiempo para la piedad.
Un guante en sus manos derechas, unas tijeras y un vestido rojo identifica a la horda que asciende. Estos tres elementos constituyen un backup de símbolos de la rebeldía. La mano unificada que castiga, las tijeras con las que se cortará la historia de la inequidad y el vestido rojo, el cual no requiere mayores explicaciones. Es casi que la traslación de la hoz y el martillo sobre la flamante bandera roja.
Así, el mundo cómodo, con sus calles relucientes, sus vitrinas llenas, sus edificios deslumbrantes, sus yates y sus casas de veraneo, un día amanecen sometidas al riesgo de los diferentes, esa plaga que no habla nuestro idioma, no comprende nuestro modus vivendi y por eso amenaza destruirnos para ocupar este plácido lugar que hemos construido.
Como en el mundo real, la película no ofrece un final único y verdadero, deja al espectador mirando en lontananza esa larga fila de seres unidos en una cadena infra-humana, que se dirige en busca de algo que no aún no sabemos. Lo que si intuimos es que el final no será feliz, porque desde las cloacas las sombras han emergido para recobrar su lugar en el mundo.
Ellos son productos de nosotros, somos nosotros los principales enemigos de la especie, somos nosotros los encargados de destruirnos a nosotros mismos.
Referentes bibliográficos
MULLOR, Mireia. (2019). Guía para entender ‘nosotros’, la nueva película de terror de Jordan Peele. Disponible en: https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a26921100/nosotros-pelicula-jordan-peele-explicacion/
PEELE, Jordán. (2019). Nosotros. Universal Pictures International Spain: EE. UU.
SAGAN, Carl. (2015). Cosmos. Ediciones Gustavo Aguilera: España.
ZORRILA, Mikel. (2019). “Nosotros” es aún mejor que '”Déjame salir”': una gran película de terror donde sobresale Lupita Nyong’o. Disponible en: https://www.espinof.com/criticas/nosotros-mejor-que-dejame-salir-gran-pelicula-terror-donde-sobresale-lupita-nyong

febrero 11, 2019

Abierta la convocatoria para participar en la Revista Ústelee, hojas para reciclar. No .6

Introducción
La Revista Ústelee, Hojas para reciclar, es un proyecto editorial encaminado a salvaguardar la palabra agonizante. Esa palabra  borrosa de los trabajos académicos los cuales, después de sopesados por el ojo del docente, terminan en las canecas de la basura. Muchos de esos trabajos fueron intentos por decir algo y no hay que olvidar que toda obra nace con esa misma pulsación.
Durante cinco entregas, Ústelee se ha alimentado de esos textos producidos en los cursos del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes; así como del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana del Instituto de Educación a Distancia, con algunas participaciones externas a la Universidad del Tolima. Poco a poco se ha ampliado el rango de participación, con aportes de diversos Centros de Atención Tutorial del IDEAD y de otras Facultades y Programas de la UT. Esperamos que esta lógica siga creciendo.
Convocatoria
Hoy empezamos la construcción de la sexta entrega. Los textos e imágenes pueden ser remitidos al siguiente correo: cgamboa@ut.edu.co. El plazo dado para el envío de trabajos es hasta el 15 de abril de 2019. Para revisar cada una de la sesiones y sus respectivos tipos de textos, dejamos los links en donde encontrarán los cinco número anteriores. Contamos con su participación porque estamos convencidos de que Ústelee…

diciembre 19, 2018

Roma, en busca del México perdido


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universitario

La sensación que tuve al terminar de ver Roma, la última película de Alfonso Cuarón, fue que estuve durante dos horas y quince minutos releyendo, en la pantalla, a un Marcel Proust mexicano.
Para regresar a los años setenta había que hacerlo en blanco y negro, con la delicadeza del tiempo ido que debe ser rescatado por la frágil memoria. Había que traer las baladas de Leo Dan y un joven Juan Gabriel, el bullicio del barrio con sus pájaros enjaulados y sus perros ladrando. Había que redimir la plaza de mercado, las calles y sus bocinas, el deseo de cambio y la siempre presente represión. Tenía que estar en primer plano el radio transistor, el televisor a blanco y negro, la casona de la clase media y su contraste del tugurio. Todos esos elementos, y más, nos los presenta el director acertadamente.
No obstante, Cuarón usa un correlato para recordar ese México perdido en la memoria, un país que por entonces era la avanzada latinoamericana en el mundo. Y para activar la lenta narración, con el detalle pulido hasta el cansancio, usa los ojos y la vida de Cleo, una empleada (nana) del servicio doméstico, cuya humildad y humanidad estremece al espectador sensible.
El cuadro que enmarca esta evocación es una familia, cuatro niños, una abuela, una madre encargada del cuidado del hogar y un padre proveedor. En la otra orilla, casi al margen de la existencia, dos sirvientas, de esas internas que tantas familias latinoamericanas acostumbraban. Y una de ellas es Cleo, joven de origen indígena, humilde y servicial, cuyo amor por la familia hace que su vida esté al margen porque su objetivo es la felicidad de los demás.
Desde esos pequeños ojos aindiados Cuarón nos pasea por los males y desgracias sociales, por la cotidianidad del hogar y sus pequeñas cosas, por la ciudad y sus hechos trágicos, por el mundo que recobra desde el lente de la cámara que tiene como extensión las pupilas de la empleada.
En Roma lo sencillo se hace profundo, lo elemental cobra vida para hacerse trascendental en la mente del espectador. Ese es el verdadero Cine, el que se escribe con C mayúscula. Cuarón es un cineasta de los elementos, ya lo dejó claro en Gravedad, en donde no solo nos pasea por los cuatro elementos griegos, sino que además nos propone uno nuevo, el vacío.
En Roma la tierra y el agua son vitales, son los que le dan forma al recuerdo, al pasado y sus artilugios, al sueño y a la represión, a la maternidad frustrada pero también a la catarsis. La escena en la playa, en donde Cleo rescata los niños del voraz mar, quedará tatuada en la pupila de muchos, no en vano parte de ella es usada en el afiche promocional.
De las actuaciones, la fotografía y demás elementos técnicos de la película, ya tendremos noticias en las distintas nominaciones a los premios Óscar. Como dato a destacar, Yalitza Aparicio Martínez, quien encarna a Cleo, ya está reconocida entre las mejores diez actuaciones del cine en el 2018.
El realismo depurado de Cuarón ha producido otra gran película, ojalá los asiduos devoradores de Netflix aprovechen para deleitarse, ya que esta plataforma virtual ha comprado sus derechos de distribución. Aunque siendo sinceros, hace falta una gran pantalla, el silencio de la enorme sala y la oscuridad del cine para acompañar al director en busca de ese México perdido que logra recobrar.

diciembre 05, 2018

CARTA ABIERTA: CONTEXTO SOCIO ECONÓMICO DEL PROBLEMA DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS

A continuación reproducimos la carta del profesor y amigo Julio Sabogal Tamayo, quien le escribe al mundo desde la Universidad de Nariño.

Nos encontramos ante una antinomia, ante dos derechos encontrados, sancionados y acuñados ambos por la ley que rige el cambio de mercancías. Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza (K. Marx).  

Amigos universitarios:
En esta oportunidad, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el contexto general del mundo y, por lo tanto de Colombia, en el cual se encuentra el actual problema de desfinanciación de la educación superior pública.  La información que ha circulado hasta el momento de parte de los universitarios es verdadera, pero, en primer lugar, es básicamente cuantitativa y, en segundo lugar, no está inmersa en el ámbito neoliberal del mundo.  Por lo tanto, lo que voy a plantear a continuación puede ser de alguna utilidad.
 Después de Los treinta años gloriosos –nombre que suelen darle al crecimiento continuo que disfrutó la economía capitalista después de la Segunda Guerra Mundial, hasta la crisis de los años setenta– al regresar la crisis, como era de esperar, el capital empezó a sufrir la caída de la tasa de ganancia.  El capital –su personificación la burguesía– decidió tomarse aquellos sectores que hasta entonces no había explotado: la educación, la salud, las comunicaciones, etc., a fin de recuperar la tasa de ganancia.  Eso pudo hacerlo fácilmente porque el poder político, más que antes, estaba a su servicio. 
En la era neoliberal se acaba la dicotomía Estado-mercado, predicada por Keynes, y el Estado pasa a ser un sirviente del capital.  Piénsese en el gobierno de Pinochet, presidente de Chile, el primer país neoliberal del mundo, o en los gobiernos de Margaret Tatcher, primera ministra británica,  y Ronald Reagan presidente de Estados Unidos.  La Tatcher solía repetir: La sociedad no existe. Sólo existen hombres y mujeres individuales que compiten libremente en el mercado.  Esto lo había aprendido de su maestro, Friedrich Hayek, el padre del pensamiento neoliberal y, en general, de la economía ortodoxa que enseñan actualmente en todas las universidades del mundo.  El pensamiento crítico fue desterrado de los programas de Economía, desde la década de los años noventa.
A la apropiación de estos nuevos sectores por el capital es lo que el economista marxista David Harvey llama acumulación por desposeción; lo que se está apropiando el capital no es una nueva plusvalía creada en un proceso productivo sino un valor que ya existía y el gobierno se lo entrega a un precio inferior a su valor.
Esto fue lo que sucedió en Colombia desde el gobierno de Virgilio Barco y se intensificó con el gobierno de César Gaviria.  Algunas empresas fueron puestas en venta, como fue el caso de Telecom, pero una universidad pública no puede ser puesta en venta, sino que se privatiza en forma indirecta.  El mecanismo utilizado es la restricción del presupuesto para obligarla a salir parcialmente al mercado.  La universidad se ve obligada a vender posgrados, asesorías e investigaciones y a precarizar el salario de los docentes, a través de la contratación de profesores hora cátedra y OPS.  En el caso de Colombia, se puso en práctica la estrategia de privatización indirecta con la Ley 30 de 1992.  Téngase en cuenta que se acababa de aprobar una Constitución híbrida, medio neoliberal y medio democrática; no se olvide que los líderes de la Constituyente de 1991 eran unos de derecha dura y otros de derecha blanda.
El otro camino consiste en financiar la demanda y no la oferta.  El gobierno no entrega los recursos financieros a las universidades sino a los estudiantes, de esta manera logra que dineros públicos vayan a la universidad privada –es decir al capital– o pone a las familias pobres a pagar créditos a la banca.  Esto no es solo en nuestro país.  Veamos lo que sucede en Estados Unidos: En Harvard, según informa Emmanuel Jaffelin en Le Monde del 28 de mayo de 2012, las relaciones entre profesores y estudiantes parecen fundarse sustancialmente en una suerte de clientelismo: “Dado que paga muy cara la matrícula en Harvard, el estudiante no sólo espera de su profesor que sea docto, competente y eficaz: espera que sea sumiso, porque el clien­te siempre tiene razón”. En otros términos: las deudas con­traídas por los alumnos estadounidenses para financiar sus estudios, cercanas a los mil millardos de dólares, los obligan a ir “más a la búsqueda de ingresos que de saber”.[1]  Por eso aquellas teorías que enseñan a pensar van desapareciendo y su lugar es ocupado por disciplinas “practicas”.
Al negociar con el gobierno nacional no hay que olvidar que este no toma decisiones libres, porque forma parte de un entramado mundial –dirigido por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional– además de que esos funcionarios han interiorizado el pensamiento único neoliberal, hasta estar convencidos de que es la única verdad posible.
Aquí hay dos fuerzas enfrentadas, de un lado la búsqueda de plusvalía que es un derecho económico del sistema imperante, a cuyo servicio están los gobiernos, y, de otro, los universitarios que nos empeñamos en defender la educación como derecho.  Y, Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza.  La fuerza de los universitarios, en este momento, es la organización, la movilización y la solidaridad de la población independiente.
Pero no basta con la sola movilización, debemos fortalecernos con el arma del pensamiento crítico, este pensamiento hay que recuperarlo.  Si los estudiantes y los docentes no nos armamos de la teoría antineoliberal, nos puede pasar lo siguiente:
Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encon­traron por casualidad con un pez más viejo que nadaba en direc­ción contraria; el pez más viejo los saludó con la cabeza y les dijo: “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces jóve­nes siguieron nadando un trecho; por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: “¿Qué demonios es el agua?”[2]
Pasto, 30 de noviembre de 2018
Cordialmente,

Julián Sabogal Tamayo
Profesor Titular de Economía, Universidad de Nariño




[1] ORDINE, Nuccio (2013) La utilidad de lo inútil, Barcelona: Acantilado, pág. 79.
[2] Ibídem, pág. 29.

noviembre 17, 2018

En el bosque de Tuput (Fábula sobre el poder)


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente universitario

Hace muchos años, en el bosque de Tuput, reinaba el león a sus anchas. Unos pocos animales no compartían su manera de gobernar, pero tenían miedo y callaban. Los demás le aplaudían y con eso ganaban más, el león de vez en cuando compartía con ellos su opulencia.
Durante un largo verano el bosque fue azotado por la canícula y solo abundó la precariedad. Los pocos que sabían las astucias y derroches del león decidieron protestar. Él y sus lacayos se habían comido las reservas en la época de abundancia, ahora el hambre era lo único que se podía repartir.
El oso citó a una asamblea, al principio fueron muy pocos, pero el hambre destroza hasta los más finos lazos de lealtad. Al final llegaron enojados hasta los aduladores, quienes en ausencia de comida y agua, tildaban ahora al rey león de ser un total inepto.
El oso iba generando cada vez más simpatía. La asamblea decidió entonces que el león debía renunciar al trono, era la única manera de salvar el bosque y emprender su recuperación. Todos aplaudían al oso cuando hablaba, quizás porque era el único que no temía las represalias del león.
El león tuvo que abandonar su cargo, sin embargo, le fue permito de vivir en el bosque. Con el trono vacío algunos propusieron que el nuevo rey fuera el oso, había mostrado gallardía y se merecía dirigir tan preciado lugar. La mayoría se opuso, no se veía bien –dijeron- que un oso que había estado en la oposición, ahora gobernara. Al final eligieron como nuevo rey al tigre. En ese bosque siempre habían gobernado los leones y los tigres, no los osos.
Pocos días después el bosque de Tuput parecía estar en total normalidad. Cada quien cumplía su rutina hasta que una mañana el agua empezó a escasear. El gran lago presentaba un nivel muy bajo y todos se alarmaron. Llamaron al oso para preguntarle qué pasaba, a lo que respondió -¿Y por qué no le preguntan al tigre?, al fin y al cabo él es el rey. Todos asintieron. Citaron a una asamblea y le pidieron al oso que la dirigiera, él sabía de esas lides.
El tigre no supo dar razón de la escasez de agua, aunque muchos rumoraban que la estaba vendiendo al bosque vecino. La única solución que encontraron fue traer el líquido desde el lejano río, para lo cual las horas de trabajo se aumentaron. El oso siguió investigando, hasta que descubrió que el tigre y sus secuaces habían construido un canal subterráneo para sacar el agua y venderla, se habían enriquecido con las ganancias.
El oso citó a una asamblea y condujo a los animales del bosque para que vieran con sus propios ojos el engaño del rey tigre. La turba enfureció y obligó al rey a renunciar. No obstante, no lo expulsaron del bosque. Con el trono vacío algunos de nuevo propusieron al oso como rey. La mayoría se opuso, no estaba bien –gritaban enfurecidos- que alguien como el oso que siempre había estado en la oposición hoy se sentara en el trono. Fue así como eligieron como nuevo rey al silencioso león.
La calma volvió al bosque… durante unos días. El león de nuevo en el trono volvió a sus andanzas, malgastando las reservas en grandes fiestas, a las cuales eran constantes invitadas las panteras. Incluso decían que en esas bacanales era común ver el tigre entre los asistentes. Pero todos callaban, en ese bosque siempre habían gobernado los leones y los tigres, eso generaba respeto.
Cuando se aproximaba el invierno el oso llamó a una asamblea, quería verificar los inventarios de alimentos, se había trabajado muy duro esos años y la temporada de lluvias se pronosticaba muy larga. Debían estar preparados. El león se negó a mostrar las cifras, dijo que todo estaba en orden. El tigre caminaba entre los asistentes azuzando y murmurando –algo aquí me huele mal- pero no lo decía en voz alta.
Como siempre fue el oso y su valentía la que convocaron a una marcha de todos los animales con el fin de verificar las existencias de alimentos. Todos iban enfurecidos, sabían que algo andaba mal. Al llegar a las cuevas de almacenamiento lo pudieron entender. El león y sus secuaces se habían gastado la mitad de los ahorros en sus fiestas. Le pidieron la renuncia y la expulsión, era la segunda vez que dejaba en quiebra el bosque. El tigre intercedió – no es para tanto, conque abandoné el trono es suficiente-
De nuevo se citó a la asamblea para elegir otro rey. Quienes acompañaron al oso desde el inicio de sus luchas insistían en que él debía ser el rey del bosque de Tuput. La mayoría los abucheó. Gritaban con furia: -¿cómo es posible que el oso, quien siempre ha liderado la oposición hoy quiera ser rey? Fue así como por amplia mayoría eligieron al tigre como su nuevo monarca.
He de decir que el tigre volvió a llevar el bosque a la quiebra. Los animales buscaron al oso para que se pusiera al frente de la situación. Lo hallaron cansado en su cueva, viejo y resignado. - Luché toda mi vida por tener un bosque mejor, les dijo, pero ustedes siempre eligieron al tigre y al león como sus reyes. Han de saber queridos animales, que el que no lucha para gobernar, siempre será mal gobernado.
Así es como en el bosque de Tuput, toda la vida, han reinado los leones y los tigres, siempre respaldados por la mayoría de los animales porque, según ellos, allí nunca ha sido y nunca será rey un oso opositor.

noviembre 08, 2018

En defensa de la Universidad Pública: la encrucijada del movimiento


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Durante la última semana el movimiento nacional, que pugna por alcanzar mejores niveles de financiación estatal para las universidades públicas, ha entrado en un momento crucial para sus definiciones. Ante el acuerdo entre el gobierno y los rectores, el cual fue un golpe para la estrategia de negociación, el movimiento se reorganizó y logró sentar a la otra parte en la mesa.
Sin embargo, los resultados no fueron los esperados, el gobierno ni siquiera reconoció las cifras de desafinación que presentan los estudiantes y docentes. Se suspendieron los diálogos y ahora esperan que el presidente ponga en la mesa una propuesta decente que permita avanzar en la superación de la crisis, sobre todo para el cierre del año 2018, ya que las universidades presentan delicados estados financieros para finalizar este periodo.
Al mismo tiempo, se convocó a una marcha el día 8 de noviembre, para continuar presionado la negociación. La última movilización, realizada el 31 de octubre, tuvo una gran contundencia, se espera el mismo respaldo en las calles.
 El gobierno sabe de las presiones que el movimiento empieza a sentir. Por una parte el calendario académico de las universidades se estrecha y la culminación adecuada del semestre empieza a ser una variable importante en el diseño. Algunas universidades ya han suspendido semestre, entre ellas Atlántico, Distrital, UPTC y Popular del César. Muchas otras se encuentran en alarma naranja, ya que el tiempo de finalización es motivo de sobresalto para las ya lesionadas finanzas.
Nadie que haya estado al lado de la movilización considera que no sea justa, que estamos atravesando una enorme coyuntura de la cual depende el futuro de la formación superior pública en Colombia.  No obstante, muchos entienden que la pelea no se librará solamente este semestre, se trata casi de la agenda de lucha para un cuatrienio. Por lo tanto, perder un semestre, correr un calendario académico o radicalizar el paro, son decisiones que deben valorarse a la luz de este factor. El gobierno lo sabe, por eso dilata.
El caso de la Universidad del Tolima
Para la más importante universidad pública de la región, el movimiento por la consecución de recursos frescos está más que justificado. Más cuando, desde el 2015, viene atravesando afujías financieras, las cuales fueron causadas por el problema estructural de todo el sistema estatal, pero agravado por la mala administración del anterior rector, José Herman Muñoz, quien dejó la UT con déficit cercano a los 30 mil millones y cuyo grupo político hoy se empeña en retornar al poder, sin que le importe con ello volver a sumir la UT en una larga noche oscura.
Desde entonces, y acorralada por un karma de austeridad, la Universidad del Tolima ha venido mostrando síntomas de mejoría, llegando a reducir el déficit a unos 10 mil millones de pesos aproximadamente. Su crecimiento en la oferta, su recuperación en la imagen y un proceso de reorganización administrativa en camino, les han devuelto parte de tranquilidad a los cerca de 20 mil estudiantes que se forman en sus aulas.
Sin embargo, con el periodo de cese de actividades académicas, ya cercano al mes, y con el riesgo latente de una suspensión del semestre, las finanzas resentidas entran en cuidados intensivos. Según informaciones del Consejo Académico, de continuar en esa línea progresiva, a la segunda semana del mes de noviembre entraríamos en un escenario de no retorno; es decir, habría que aplazar el calendario académico para que culminara en el año 2019.
Este aspecto complica los estados financieros propios debido a que la única estrategia de sobrevivencia que ha tenido la UT, durante los dos últimos años, para ponerse al día en pagos de nómina, es mediante un crédito puente, el cual se paga en un plazo no superior a tres meses. Sin culminar el semestre, difícilmente se haría el empréstito porque no se tendrían los recaudos de matrícula y se quedarían debiendo dineros a los docentes y funcionarios en este cierre de año. Provocando, por supuesto, una regresión en el plan de saneamiento que se venía desarrollando.
Este es un alto costo, dicen las mayorías: “Deberíamos volver a clases y participar en las movilizaciones y actividades del orden nacional que se convoquen para hacerle presión al gobierno”. Con la iniciativa de la comunidad el semestre se “podría salvaguardar y así no afectar los estudiantes, quienes son el alma del movimiento”, dicen un alto porcentaje de los docentes. Algunos llaman a la radicalización del paro, asumiendo que es la única vía para que el gobierno responda al pliego del movimiento. Lo cierto es que el campus cada vez está más vacío y un movimiento sin sujetos no tiene sentido.

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De ahí que la encrucijada del movimiento está atravesada por variables nacionales y locales. No es fácil la decisión, porque en cada una de ellas algo se pierde y algo se gana. Lo único cierto es que ya se logró inquietar el gobierno, la respuesta en ciertos momentos ha sido masiva y la agenda de luchas crece cada vez más, lo que algunos usan para profetizar un gran paro nacional arrancando el año 2019.
Pero de las decisiones de hoy depende que el movimiento crezca en el tiempo y en sus logros, o se diluya y todo vuelva a la normalidad que tanto le gusta al gobierno. El desgaste político, los tiempos, la cohesión con otras luchas y las necesidades reales de cada universidad, son factores esenciales para que la defensa de la universidad pública sea una constante hasta que el Estado entienda el valor de la educación pública como patrimonio nacional.