octubre 27, 2012

PROLETARIZACIÓN DOCENTE

Venga-Chite. Catedrático de la UT . Armor Le Bihan (Venga-Chite Luchador)
COMO UN HOMENAJE AL LOS CATEDRÁTICOS DE LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA, QUE HACE UN AÑO FUIMOS "DESPEDIDOS" RETROACTIVAMENTE, Y QUE ADEMÁS SE NOS SUSPENDIÓ LA SEGURIDAD SOCIAL DURANTE MÁS DE TRES MESES, EN UN ACTO ANTI-CONSTITUCIONAL QUE SIGUE IMPUNE ANTE LOS OJOS DE LA COMUNIDAD, LOS ADMINISTRADORES DE TURNO Y EL CONSEJO SUPERIOR. ES QUE ALGUNOS ACEPTAN QUE LES VULNEREN SUS DERECHOS A CAMBIO DE UNA CHAMBITA ACADÉMICA, O POR NO "QUEDAR MAL" CON LOS DUEÑOS DEL PODER, PERO SOMOS CADA VEZ MÁS LOS QUE PELEAMOS POR LA DIGNIDAD DE TODO EL PROFESORADO UNIVERSITARIO. VER EL COMUNICADO QUE NUNCA RESPONDIERON DIGNAMENTE: AQUÍ

Renán Vega Cantor

La flexibilización laboral ha llegado al sector docente, donde los trabajadores soportan la reducción de salarios, el aumento de las horas de trabajo, junto con la imposición del neotaylorismo. La precarización laboral en el mundo educativo tiene la misma finalidad que la flexibilización en cualquier sector productivo, esto es, aumentar las ganancias vía el incremento de la productividad de los trabajadores. Aunque resulta extraño usar la noción de productividad para referirse a los profesores, no lo es tanto, porque en la nueva jerga empresarial el Banco Mundial concibe la educación como un negocio en el que se “fabrica capital humano”. Paralelamente, se aplican en las instituciones educativas programas de productividad y calidad de estilo empresarial para determinar los niveles salariales a partir del rendimiento individual de los trabajadores, así como rendición de cuentas y estímulos personales. Por su parte, la imposición del neotaylorismo pretende que los profesores asuman una demanda creciente de estudiantes, y para hacerlo posible se fragmenta el acto educativo, que ya no será impartido de manera prioritaria en las aulas sino a distancia, a través de Internet.
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En las escuelas públicas han ido penetrando las ideologías instrumentales de tipo tecnocrático tanto en lo que se refiere a la formación de los profesores como a la pedagogía en el aula. El énfasis en los factores instrumentales y pragmáticos de la vida escolar se sustenta en postulados diversos de clara índole tayloriana: proclamar la separación entre la concepción y la ejecución; propender por la estandarización del conocimiento escolar para gestionarlo y controlarlo en concordancia con los intereses empresariales; devaluar el trabajo crítico y reflexivo de los profesores y estudiantes, con el imperativo de adecuarse a las exigencias del mercado. Mirado desde la óptica capitalista, las innovaciones tecnológicas, y la informática no es la excepción, buscan parcelar los trabajos para simplificarlos, facilitar su control y poder prescindir de los trabajadores en cualquier momento.
Dichas innovaciones generan un proceso paralelo y complementario, en el que se combina una descualificación masiva con la sobrecualificación de una minoría insignificante, la cual puede acaparar los saberes que han sido arrancados a la mayoría de la población. En el caso de la educación que privilegia a las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) se aplica aquella característica del capitalismo que en los procesos productivos busca, de manera permanente, disociar la concepción de la ejecución. Unos son los que conciben, planean, proponen y disponen y otros son los que aplican. Con las NTIC se pretende separar el “contenido” informativo del “proceso”, de tal forma que unos cuantos expertos se dedicarían al contenido, recibiendo buenos salarios, mientras que en las labores que no requieren preparación un ejército de instructores poco cualificados cumpliría la función de interactuar con los alumnos. En estas condiciones, se propone terminar con las escuelas y los campus de las universidades, para que los estudiantes escojan sus cursos virtuales, desarrollen sus actividades en la casa y nunca se encuentren con un profesor o un compañero de carne y hueso.
Aquí no hay nada nuevo, aunque la introducción de la tecnología informática en el aula se muestre como algo muy sofisticado, si se recuerda que la automatización en el capitalismo busca prescindir del trabajador cualificado y reducir costos. Eso se viene haciendo desde finales del siglo XVIII, cuando en Inglaterra los empresarios del sector textil descubrieron que podían sustituir a los tejedores cualificados y organizados usando las maquinar para expropiarlos de sus saberes y sustituirlos por mujeres y niños sin cualificación y con peores salarios.
A su vez, los trabajadores han resistido históricamente de múltiples maneras ese proceso de expropiación, mientras que el capitalismo no puede prescindir por completo de los trabajadores, como está claramente demostrado en la actualidad si miramos la situación de los Nuevos Países Industrializados, encabezados por China, junto con toda la realidad laboral del capitalismo maquilero. No parece que en el caso del trabajo docente la situación vaya a ser distinta, en términos de resistencia y de la imposibilidad práctica de prescindir de los incómodos educadores de carne y hueso, aunque con la tecnología en el mundo escolar se generalice la descualificación del profesorado.
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La actuales reformas educativas impulsadas por el neoliberalismo que han modificado todo a la vez, la estructura educativa, las formas de administración, y los contenidos han hecho ver a los profesores como obsoletos. En el caso de los enseñantes asistimos a una clara proletarización ideológica, que no es otra cosa que un deterioro en sus condiciones laborales y de vida, y una descualificación en su trabajo diaria, que puede denominarse como una “proletarización técnica”.
El proceso de proletarización del profesorado se expresa en el desmejoramiento en sus condiciones laborales y vitales, lo cual conspira contra sus esperanzas de alcanzar un reconocimiento profesional. En cuanto al trabajo se presenta un fenómeno de racionalización que se expresa en dos aspectos: la separación entre concepción y ejecución en el proceso de trabajo, que tiene como consecuencia que el trabajador sea un ejecutor de tareas sobre las que él no decide sino que otros se las imponen; la descualificación, entendida como perdida de conocimientos y perdida del control sobre su propio trabajo, somete a los docentes al control externo por parte del capital.
Existen algunos puntos de similitud entre los profesores y los obreros. Los dos son trabajadores asalariados, tienen vínculos con el Estado o con la empresa privada, y entre los primeros tienen una gran presencia las mujeres. En el seno del magisterio también existen, como en el mundo obrero, jerarquías y divisiones, puesto que se encuentran desde los expertos, especialistas y tecnócratas hasta los profesores, que han quedado reducidos a ser puros ejecutores de los lineamientos políticos pensados por otros. En ese sentido, existe una perdida de cualificación del trabajo educativo, una clara separación entre concepción y ejecución y una evidente pérdida de control por parte de los docentes sobre su propia actividad. En consecuencia, los profesores forman parte de la nueva clase universal de trabajadores, que podemos denominar como el pobretariado, esto es, pobres y proletarios.
La labor docente se define no sólo por la labor práctica y cotidiana de los profesores, sino también por las aspiraciones inmersas en esa labor, pero esas aspiraciones se han visto reducidas en la medida en que el ataque a las escuelas por todos los flancos aproxima más a los profesores a la clase obrera, más de lo que muchos analistas hubieran imaginado hace algunas décadas. Lo mismo que soportaron las primeras generaciones de obreros, la expropiación de sus saberes, es hoy vivido por los profesores que están soportando una arremetida que ha implicado la perdida de sus cualidades específicas, lo cual ha generado una perdida de control y sentido sobre su propio trabajo, lo que no es otra cosa que la perdida de autonomía, y en ese proceso de expropiación las NTIC desempeñan un papel de primer orden, de acuerdo a la lógica capitalista que ha penetrado en los espacios educativos.
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En estos momentos se renuevan los viejos programas, nunca realizados hasta ahora, de sustituir a los profesores por máquinas de enseñar, sosteniendo que esto es posible porque ya se cuenta con la tecnología que antes no existía, e inmediatamente se menciona el caso de Internet, si se tiene en cuenta que a través de la red es posible transmitir materiales llamativos, con gráficos, esquemas, uso de voz, e incluso se puede efectuar comunicaciones en tiempo real mediante el Chat, o la videoconferencias. En estos dos últimos casos se subraya la importancia que en Internet se puedan responder, aunque de manera primitiva, preguntas determinadas, con lo que se quiere enfatizar la importancia que tendrían estas formas de comunicación como canales de interactividad.
Con la introducción de las NTIC, el capitalismo puede acudir a otro ardid clásico, culpabilizar a las propias victimas. Si hay desempleo, trabajo precario, bajos salarios, miseria, no se debe al funcionamiento irracional del propio sistema capitalista, sino a que la gente es incapaz de cualificar adecuadamente su propio “capital humano”, para poder ser competitivos y “útiles” al mercado. Por supuesto, en el caso de la educación esta responsabilidad recae sobre los hombros de los profesores por no haber sido capaces de preparar idóneamente a la fuerza de trabajo con el fin de que sea competitiva y eficiente, en concordancia con las exigencias de la globalización. En consecuencia, se maldice ese sistema educativo tradicional y se promueve el nuevo sistema de educación basado en las tecnologías más sofisticadas.
Los tecnócratas de la educación, portavoces de los grandes intereses corporativos a nivel transnacional, impulsan el uso de las NTIC en los procesos educativos con la falacia, de clara estirpe conductista, de consolidar una enseñanza sin profesor, y de lograr la plena automatización del proceso de enseñanza-aprendizaje. Detrás se esconde una razón poco grandiosa, como es la de reducir costos. Por supuesto que se argumenta que la educación a través de las NTIC está en sintonía con la pretendida sociedad posindustrial con la flexibilidad, la producción de mercancías individualizadas y el aprendizaje a lo largo de toda la vida.
La promoción de las NTIC sirve para desprestigiar a los profesores, y justificar las contrarreformas laborales que contra ellos se adelantan, con el estúpido argumento tecnocrático que los desarrollos tecnológicos de la globalización han destronado a los profesores como figuras en la transmisión del saber, porque los aspectos pedagógicos y éticos que comporta todo proceso de enseñanza-aprendizaje ni siquiera son considerados. Y no puede ser de otra forma, porque en la lógica del capitalismo actual se confunde conocimiento con información, en razón de lo cual se exalta la velocidad y capacidad de almacenamiento y procesamiento de datos. En esta perspectiva, los profesores son un estorbo porque se encuentran atados a sus saberes especializados, siguen enseñando “cosas inútiles” e innecesarias en la lógica pragmática y utilitaria del capitalismo cognitivo (como ciencias sociales, arte o humanidades), y se mantienen apegados a hábitos que no afectan a las nuevas generaciones que desde su nacimiento viven en medio de televisores, pantallas, ordenadores y teléfonos celulares.
La escuela, y por lo tanto los trabajadores docentes, se encuentran enfrentados a dos velocidades y temporalidades completamente diferentes: una de transmisión oral, lenta, pausada, llena de vida, que se expresa en lo cotidiano y lo local, que es profundamente subjetiva; otra vertiginosa, veloz, instantánea, tecnológica, cuyo imperativo es la productividad medida en dinero. Ante estas dos temporalidades el asunto estriba en cómo construir otro tipo de educación no mercantil que preserve el acerbo cultural de una nación. Al mismo tiempo, cómo defender el trabajo docente como una actividad digna, que forja y produce conocimiento, y debe contribuir a formar seres humanos para la vida y no para reproducir el capital. 
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Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia.  Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008.

octubre 19, 2012

EL EFECTO DE DALILA EN SANSÓN O LA COOPTACIÓN POLÍTICA



Por: Carlos Arturo Gamboa
Cuenta una de las narraciones ficcionales de La Biblia, que Sansón se enamoró de Dalila, una mujer del pueblo filisteo, enemigos de los judíos; y ella, gracias a sus encantos seductores, fue delegada para descubrir el secreto de su fuerza y así “atarlo y atormentarlo”. Al principio Sansón pretendió jugar a construir pequeñas mentiras y así conservar a su amada y su fuerza, ignorando las verdaderas intenciones de Dalila. Hasta que un día su amada pronunció la sentencia: “¿Cómo, pues, dices: “Yo te amo,” siendo que tu corazón no está conmigo?”, y sin poder ocultar más su mentira, decidió revelar el secreto y de esa manera terminó maniatado y la merced de sus enemigos.
En el mundo de la política miles de Dalilas acechan a los incautos Sansones, quienes aletargados por los encantos del poder, la figuración burocrática o la prebenda económica, terminan entregando la fuerza de sus ideales y al final ya no se pueden desatar del nudo de la corrupción, traicionado todo aquello que un día pregonaron. La vieja clase política, que nunca entendió el verdadero significado de la palabra “política”, sabe muy bien de las debilidades de los seudo-líderes, por eso despliegan sus Dalilas por cada rincón de las resistencias sociales, saben ubicar con certeza a los Sansones de las causas justas y bajo los embrujos del capital y las falsas democracias los cooptan, hasta hacer diluir los ideales en los entramados de la burocracia.
Por eso es que solemos ver los viejos Sansones de izquierda, deambulando por los pasillos de sus enemigos, ciegos, encorvados, soportando la risotada de los dueños del poder, recogiendo las migajas de sus amos y señalados por el dedo acusador de las ideas que algún día traicionaron. La diferencia es que a Sansón le fue permitido morir con dignidad, pero a esos “saltimbanquis de la política”, sólo les queda asumir que siempre fueron pequeños filisteos.

octubre 16, 2012

LOS TRES SOBRES: LA ESTRATEGIA DE LOS RECTORES UNIVERSITARIOS



Relato de la tradición popular
Por: Carlos Arturo Gamboa
Cuentan las lenguas viperinas de los pasillos universitarios que un rector recién posicionado encontró en el escritorio del saliente tres sobres marcados así: para abrir a los seis meses, para abrir al año y medio y para abrir a los dos años… El nuevo rector decidió guardarlos, sus conocimientos adquiridos en la facultad de ciencias ocultas le hacían sospechar que los necesitaría.
Pasado unos meses el rector se enfrentó a una serie de problemas que nunca tuvo previstos, ya que su plan de gobierno estaba diseñado bajo los estándares de la irrealidad. Entonces decidió abrir el primer sobre y encontró la siguiente frase:
  • -          ¡Échele la culpa al rector anterior ¡
Y entonces emprendió una campaña para culpar al rector saliente de todos los males de la universidad, incluso de aquello que él había creado. La reacción no se hizo esperar y en pocos meses la gente estaba de nuevo feliz con él. Pero pasaron los meses y a la vuelta de un año todo comenzó de nuevo a funcionar mal. Los profesores entraron a paro por las pésimas condiciones académicas, los estudiantes protestaban cada día por la falta de aulas, de espacios culturales, de laboratorios… Entonces decidió abrir el segundo sobre y encontró la siguiente sentencia:
  • -          ¡Es hora de reestructurar!
Obediente a las políticas del mundo moderno de la administración, emprendió una serie de cambios, que aunque banales, ayudaron a distraer la atención de los verdaderos problemas. Fue tal la magnitud de su restructuración que un vigilante terminó orientando la cátedra de democracia y un eminente profesor era quien repartía la correspondencia. Pero todo se normalizó.
Pasado un poco más de dos años de su mandato, aparecieron de nuevo los problemas. La comunidad entera estaba a punto de colapsar, nadie se preocupaba por la academia y la universidad parecía un campo de batalla. Mucho más preocupado que antes, el rector decidió acudir a la estrategia de los sobres, era lo único que podría ayudarle. Entonces abrió la gaveta, extrajo el tercer sobre y encontró la siguiente sentencia:
  • -          Todo debió salirle mal por no tener idea de lo que es una Universidad Pública. A mí me pasó lo mismo.  ¡Sólo le queda una opción, ir preparando sus tres sobres!

octubre 12, 2012

OBITUARIO


Reproduzco la columna de Ricardo Silva Romero, en donde nos plantea una crítica profunda a ese “político” tradicional colombiano, que en el Tolima ha tenido un ejemplo calcado de su alejada concepción de la política de verdad.  Quisiéramos que su estirpe hubiese fallecido, pero al contrario vemos sus herederos caminando orondos por cada esquina, ahora con nuevas ropas pero con los mismos viejos comportamientos, discursos y acciones que ni siquiera los sonroja. Ellos siguen forjando la seudo-democracia del tamal, la camiseta, la buseta para trastear votos y los discursos esotéricos en donde prometen de todo y se acomdoan a la línea del pensamiento imperante. Están en todos las instituciones, gobernaciones, alcaldías, juntas de acción comunal y hasta en las Universidades Públicas. (CAGB)


Falleció anoche, en la ciudad de Bogotá, el típico político colombiano: nómbrelo usted como quiera. En la madrugada del domingo, consciente de que estaba a punto de vivir una gloriosa muerte de viejo, pero perdido en la liberadora fiebre del final, escribió en su cuenta de Twitter sus últimos 107 caracteres: "Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión", tecleó, "yo bajaré tranquilo al sepulcro". Horas más tarde, rodeado por una pequeña corte en su lecho de enfermo, como un prócer en un óleo moribundo, tosió una por una sus últimas palabras: "Colombianos, las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad, y no podréis probarme nada". El Presidente de la República le dio el pésame a toda Colombia en una breve pero sentida declaración. Las páginas de EL TIEMPO se llenaron de avisos de condolencias. Pero al día siguiente, como si ya no hubiera hombres extraordinarios en el mundo, la vida siguió su marcha fúnebre en todos los rincones del país.
Apoyó la paz, apoyó la guerra. Mató un diablo cada vez que dijo "mi generación no ha visto un solo día sin violencia". Fue Bolívar en la teoría pero Santander en la práctica. Soñó un Estado tan firme como pequeño que dejara "hacer empresa". Se tomó una foto con Gabo. Se tomó una foto con Bush.
El pueblo le dijo "doctor" desde chiquito. Fue exembajador, exconsejero, exfuncionario de estos últimos cinco gobiernos que en verdad pudieron ser los últimos. Fue el típico exministro de Educación: algo tenían que darle. Pasó, encogiéndose de hombros, por las tres ramas del poder. Pasó por los partidos liberales más conservadores de la historia de la humanidad. Consiguió ser candidato a todo. Consiguió ser elegido -cómo no- a alguna cosa de esas: alguna superintendencia, alguna corte, algún concejo. Envejeció perdiendo el alma, foto a foto, en las teatrales páginas sociales. Invirtió sabiamente su apellido de hombre que una vez gobernó a Colombia. Hizo un poquito de periodismo. Algo estudió afuera. Tuvo el preciado don de sentirse decente a pesar de las evidencias. Ni siquiera fue malo. Simplemente, fue un lugar común. Simplemente, hizo parte de un pequeño grupo de familias que nació viendo el país desde lo alto: como su deporte extremo, como su juego de mesa.
Y fue caritativo. Y bailó con los buenos anfitriones que tuvo en los cuatro puntos cardinales de Colombia, porque, según dijo, "la gente aquí es muy buena". Y lamentó, en los largos almuerzos de los viernes, que la barbarie -la sangre que derramaron los envidiosos, los secuestradores, los idiotas útiles- hubiera rasgado el horizonte de un país tan bello y tan pobre.
Se dijo de él que transó con la mafia cuando aún no era mal visto. Se dice que por ahí, en no sé qué cajones de no sé qué servicio de inteligencia, quedan un par de fotografías comprometedoras. Se narra en algún libro de Oveja Negra que se emborrachó con la guerrilla en los procesos de paz de estos últimos treinta años que en verdad pudieron ser los últimos. Se cuenta que un comandante paramilitar que conoció en el lejano oeste colombiano -un bosque de cabezas taladas- le regaló un caballo purasangre. Y que se regodeaba en las derrotas diarias de Colombia porque probaban que "las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra".
Deja a su adorada familia una fortuna por dilapidar. Deja a sus nietos su retrato de abuelito sonrosado: la vejez es una máscara. Deja en paz, por fin, a un país que no sabe que ha estado cambiando, pero que sin su malsano liderazgo, que supo acostumbrarlo a la derrota, quizás deje de ver el futuro como un muro. En el caso remoto, claro, de que en verdad esté muerto el típico político de acá.

septiembre 27, 2012

EL PROFESOR CAICEDO, EL DIABLO Y LA UNIVERSIDAD


Adaptación de una historia de la tradición oral.
Por: Carlos Arturo Gamboa
Como todo mortal un día el profesor Caicedo murió. Al llegar a las puertas de San Pedro el guardián de barba negra le comunicó:
-          - Profesor Caicedo, por haber soportado a la Ministra de Educación de Colombia y los malos salarios, te está permitido escoger entre el cielo y el infierno.
-          - El cielo, respondió de inmediato el creyente profesor.
-         - Deberías pensarlo mejor, dijo San Pedro. ¿Por qué no te das una vuelta por cada uno de ellos?, considera que allí habitarás durante la eternidad.
-          - Bueno, respondió el profesor Caicedo, acostumbrado a la resignación del oficio.
Fue así como le fue concedido un día de visita al infierno y otro al cielo.
El primer día el profesor Caicedo descendió hasta el piso 182; cuando el ascensor abrió la puerta encontró un letrero que decía: Bienvenido al infierno; al fondo, en un campus verde se erigía una Universidad. Los ojos del profesor Caicedo no podían dar crédito al panorama. Aún timorato se dirigió a la portería en donde un vigilante le saludó amablemente:
-         - Bienvenido profesor Caicedo, lo estábamos esperando. Esta es su Universidad, al fondo encontrará un guía que lo llevará por las instalaciones.
El visitante tomó el sendero central y en medio del asombro vio que muchos jóvenes departían en el campus, otros hacían teatro, unas niñas leían a Nietzsche, un grupo de muchachos de batas blancas conversaban sobre lo bien dotados que estaban los laboratorios. Al costado izquierdo encontró un gran restaurante en donde docentes y estudiantes tertuliaban, más adelante divisó una enorme biblioteca cuya puertas permanecían abiertas de par en par mientras los visitantes iban y venía con enormes tomos de variados temas. Y entre asombros y asombros, fue llegando a la rectoría:
-         - Buenas tardes, le anunció una mujer que sobre su escritorio tenía un libro cuyo título el profesor Caicedo alcanzó a leer: “La Universidad soñada”. Ya lo atiende el señor rector, espérame cinco minutos, mientras tanto puedes leer algo en esos sillones y tomarte un café.
Cinco exactos minutos después la voz melodiosa de la recepcionista le indicó que el rector lo atendería.
-          - Buenas tardes profesor Caicedo –exclamó el hombre de puntiagudos cachos.
-          - Buenas tardes señor rector –respondió Caicedo
-          - Puede llamarme Diablo, dijo sonriendo el rector y empezó a disertar: Como puede ver estimado profesor, en esta Universidad realizamos los sueños, tenemos investigación de punta, la educación es gratuita,  la producción de conocimiento alcanza los límites, el arte pulula por nuestro campus, la sociedad recurre a nosotros para solucionar sus problemas, nuestros profesores son los mejores, los estudiantes quisieran no irse cuando se gradúan, tenemos programas deportivos de alto rendimiento y como ya habrá podido observar, nuestras instalaciones poseen espacio para cada expresión de la comunidad. Profesor Caicedo, si usted lo decide, esta será su casa.
-          - La verdad señor Diablo no imaginé un infierno de tal magnitud, esta es la Universidad soñada.
Después de despedirse el profesor Caicedo pudo constatar que el Diablo no mentía, todo estaba en orden, y entre meditaciones  y sonrisas su día en el infierno terminó y regresó donde San Pedro. Ahora te toca visitar el cielo, le dijo, descansa un poco.
Al día siguiente el profesor Caicedo ascendió hasta el piso 182 y cuando la puerta del ascensor se abrió encontró el letrero que decía: Bienvenido al cielo. Paseó un poco y se encontró flotando entre nubes y ángeles semidesnudos que entonaban plegarias, un grupo de hombres leían un extraño libro sin letras y la tranquilidad era tan grande que al cabo de unas horas le exasperó. Vencido el día regresó a donde San Pedro.
-          - Bueno profesor, es hora de tomar decisiones.
-        -  Creí que nunca diría esto, respondió Caicedo, pero después de analizar todo, prefiero el infierno.
-          - Bueno profesor, le deseo una buena eternidad, le dijo San Pedro y lo condujo al ascensor.
182 pisos abajo el ascensor abrió su puerta y el profesor Caicedo se dirigió a la portería en donde un robusto celador le imprecó por no hacer la fila para entrar, sólo después de dos horas y de múltiples llamadas le fue permitido ingresar, decía que nadie podía acceder a la universidad sin carnet. El campus estaba marchito, grandes moles de cemento se levantaban en donde antes florecían los prados, algunos estudiantes protestaban frente a la cafetería y un profesor de enormes gafas maldecía por el bajo salario. A la izquierda una biblioteca desvencijada era custodiada por un detector de metales y dos o tres muchachos leían una revista de Playboy en las escalinatas. Las paredes estaban totalmente llenas de grafitis reclamando “no más aumento en las matrículas” y una vieja cancha de microfútbol congregaba a unos jóvenes que silenciosos elaboraban una pancarta.
Se dirigió a la rectoría y un mujer de enormes senos, que pintaba sus uñas, apenas lo determinó.
-          - Buenas tardes, soy el profesor Caicedo, quiero una cita con el rector.
-         -  El Diablo está muy ocupado ahora señor, respondió la mujer sin mirarlo, si quiere espere, o saque una cita para próxima semana.
Con la resignación que vivió el profesor Caicedo esperó durante 4 horas hasta que la puerta se entreabrió y, sacando esa migaja de valentía que aún carcomía sus huesos, se levantó e ingresó a la oficina del Diablo.
-        -   Señor Diablo, ¿qué pasa? ¿Qué tipo de engaño ha sido elaborado aquí?
-          - Perdón usted quién es, dijo la voz ronca del encorbatado demonio.
-       -  El profesor Caicedo, ayer estuve aquí visitando el infierno y hoy al retornar no encuentro esa Universidad soñada. ¿Qué pasó?
-      -   Ahhh, profesor Caicedo, ya lo recuerdo, pero lamento decirle que esta es la Universidad de verdad, la que vio usted ayer era la del simulacro. Es que teníamos visita de pares académicos.