abril 07, 2020

Todo lo que los microbios saben de nosotros



Por: Nelson Romero Guzmán
Profesor Universidad del Tolima –IDEAD-

Super-ciencia
Por medio de los microscopios
los microbios
observan a los sabios.

Luis Vidales

Este poema-flash, titulado Super-ciencia y escrito por el poeta colombiano Luis Vidales (los microbios mirando por la lente del microscopio a los sabios), contiene una imagen impactante, más que suficiente en estos días de pandemia, bastante sugerente, sarcástica, irónica y risible, que a su vez nos proyecta a la imagen de un mundo al revés. Quizá los microbios hayan necesitado de un microscopio provisto de una lente superpotente para podernos ver. Puede ser que, a los ojos de los microbios, el tamaño de un sabio quede reducido casi a la nada. Y como esta vez los microorganismos logran vernos, decidieron experimentar con nosotros, poniendo a toda prueba el poder de su sabiduría y toda la fuerza posible de su frágil membrana para remover los cimientos de esta “frágil maquinaria del mundo”, como escribió Shakespeare.
Curiosamente, los microbios descubrieron que somos millones de veces más pequeños que ellos (pues manejan otras escalas de proporciones del tamaño de las cosas) y esto es muy peligroso, nos pone a temblar, nunca nada nos había hecho temblar tanto. En el mundo de los humanos, es normal y ventajoso que existan hombres más pequeños que otros, lo cual trae consigo muchos progresos y ventajas políticas y económicas. En una de las novelas de viajes del siglo XVIII, Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, el personaje Gulliver se pierde en una isla donde sus habitantes, con relación a su tamaño, resultan pareciendo muy pequeños; luego el personaje se ve perdido en otra isla donde ahora es visto como un grano de nuez frente al exagerado gigantismo de estos nuevos habitantes; Gulliver, fácilmente, podría vivir con holgura en la punta de la nariz de un monarca. Esta novela nos proporciona –a manera de lentes de un microscopio del mayor sarcasmo contra el hombre de la Ilustración- estas imágenes monstruosamente invertidas de lo pequeño aumentado a lo más grandes, y a su turno lo grande reducido a lo más pequeño, tal como ha ocurrido con los imperios o con algunas acciones humanas.
Por estos días no solo los sabios de este planeta, sino todos los hombres, estamos siendo observados por los microbios para quienes somos puntos casi invisibles. Ven solas las calles de las ciudades, como si de repente hubiéramos desocupado el asfalto a causa de un error macabro; ven cerradas las empresas, las industrias, los centros comerciales, los aeropuertos, los bancos… como si todos estos talleres y vertederos de la humanidad se hubieran convertido en cementerios del progreso; por el microscopio ven nuestros hogares adaptados a celdas de confinamiento, huyendo de un enemigo invisible al que no podemos dispersar ni atacar con bombas lacrimógenas, ejércitos terribles, misiles de alta destrucción, bombas nucleares o biológicas.
El poder, entonces, quedó convertido en una tela de aire que puede ser atravesada y rota por un simple corpúsculo. Los microbios están observando todo esto, y ellos no se arrepienten, es más, creo que se burlan. Dirán estas frases: “Les hicimos cerrar sus bancos, sus iglesias, sus tabernas, sus prostíbulos, sus casas de Ley, sus agendas, sus escuelas, sus campus universitarios”. Se ríen al considerarnos lo absurdo del universo.
Ser observados por los microbios a través de un microscopio nos proporciona muchos motivos de reflexión. Una reflexión desde otro lugar, pues ellos nos han hecho pensar ahora con otro cerebro. Un cerebro que los hombres no habíamos estrenado aun, pero que ha estado siempre ahí, esperando estos momentos.
Debo decir que los microbios no son crueles ni vengativos. Y creo, más bien, que nos quieren proteger. La muerte, para ellos, no es un asunto de egoísmo, como la pensamos nosotros; pueden morir en un instante y en otro multiplicarse; los microbios no necesitan leer las Cartas a Lucilo de Séneca para buscar consuelo en la filosofía, porque aceptan la vida como es. La muerte es un asunto de risa para los microbios.
La risa es una de sus mayores facultades y su única posibilidad de pensamiento. La sola razón no debiera serlo todo para los humanos, según piensan los microbios, que igual son seres pensantes, pero con un cerebro nada cruel. Yo me pasaría con todo gusto y agradecimiento a ese mundo, pero estar allá no es fácil y es todo un privilegio: se requiere una virtud especial, una bondad especial, una justicia especial, en fin, facultades especiales que nosotros solo creemos poseer y que no hemos podido pasar del papel a la realidad.
Los microbios que por esta época nos observan a todos a través de sus microscopios, le están haciendo un chip a nuestros cerebros dormidos, el que casi nunca usamos, lo despierta y se ríen mirándonos actuar, mirándome escribir estas líneas. Ese cerebro que no usamos es todo lo contrario al que ponemos a funcionar a diario, con el que hemos fabricado tanta cosa inútil y tantas parejas monstruosas: David y Goliat, el rey y el esclavo, el Demonio y el Ángel, la mejilla y la bofetada.
Este es el cerebro que los microbios me han permitido usar para hacer estos cuestionamientos: “¡caramba!, ¿por qué antes no habíamos pensado todos en protegernos a todos y se hubieran evitado guerras y hambrunas, discriminaciones, vejámenes, humillaciones e insomnios?, ¿por qué ante una posible amenaza de guerra, de invasión, de explotación, no entramos en cuarentena, no nos encerremos a conjurar esos peligros, por qué no nos rebelamos frente a lo que todos los días nos destruye como individuos y como comunidad?, ¿por qué entendemos hasta ahora que el otro vale tanto como yo, que un pueblo vale tanto como el otro, que no somos diferentes, o todo esto no es más que una máscara terrible en el escenario de la tragedia de Eurípides donde la madre descuartiza al hijo y después trata de recomponer inútilmente sus pedazos?, ¿será que en esta tragedia que protagonizamos a diario nos comportamos como actores de teatro donde el estadista se pone la máscara del Estado, el cura la máscara de la Religión, el juez la máscara de la Justicia, el pedagogo la máscara de la Educación, el amante la máscara del Amor y así sucesivamente actuamos en un macabro juego de máscaras? ¿por qué ahora nos estamos protegiendo unos a otros?,¿es que el otro no valía antes de que los microbios nos observaran?, ¿y de dónde vino a aparecer tanto respeto por la vida en todos los lugares de este planeta?, ¿será que un microbio tiene el poder de rompernos la máscara y mostrarnos ahora tan frágiles y tan desnudos en este escenario del mundo?
Y nosotros, legión de microbios, sin tanto alboroto, por un momento hemos atravesado un palo a la rueda, para que la humanidad se detenga un poco, y en ese detenerse pueda desarmar su carro y cambiar piezas, moverlas o detectar sus fallas, pues los habitantes de la tierra parecen no saber de abismos. ¡Caramba! ¿Y por qué todos se protegen como si fueran a desaparecer del planeta en un mismo instante?, ¿cuál es el miedo si se han venido matando sin tregua unos a otros? Según estamos viendo por el microscopio moverse a los hombres, hemos podido entender que para ellos la muerte es un lujo, un logro perfecto, celebran el matar, se ríen del matar cuando lo hacen ellos mismos contra ellos mismos, la muerte enriquece según parece, qué raros sus comportamientos. ¡Cobardes son los hombres! Tienen purificadores para la crueldad, vino con sangre, copas… Pero ahora todos buscan salvarse. ¿Y será que una vez dejemos de observarlos dejarán de protegerse y volverán a sus andanzas?”. Los virus callan su risa, pero no dejan de observar a los sabios y a los demás hombres por el microscopio.
De la manera que sigue nos piensa un microbio, que en pocos días han estudiado nuestra estructura cerebral: En esta cuarentena han descubierto que realmente los humanos tenemos dos cerebros: uno con el que funcionamos a diario y a lo largo de toda la historia, y otro dormido, que no activamos, más pequeño que el primero, pero más poderoso y efectivo. Nos están dando la oportunidad de que con la pandemia nos pasemos a ese otro cerebro, con el que muchos están pensando y actuando en estos momentos, que es el verdadero cerebro humano. Este otro cerebro es como una luz al final del túnel.
Desgraciadamente, será desconectado de nuestras vidas una vez pase la pandemia, porque tenemos asuntos serios que resolver con el cerebro verdadero. Ese cerebro maravilloso, que funciona perfectamente en comunidad, nos protege ante cualquier peligro, funciona como una red a la que todos los individuos estamos conectados, y lo que pueda pasar aquí, pasa allá. Este cerebro está enlazado directamente con el corazón y uno no puede funcionar sin el otro. Es con ese cerebro que actúan los microbios que están experimentando con la humanidad, quieren saber si realmente somos capaces de pasarnos al otro cerebro.
¡Ojalá así fuera! No creo.
-Otra fábula, dirán los Graciosos, que ya empiezan a abandonar sus confinamientos y se dirigen a sus cómodas oficinas a retomar las lógicas de sus manuales, mientras ordenan cruzar fronteras, se apoderan, humillan y destruyen, dejando a su paso más muertes que las causadas por el coronavirus.
Les dejo a manera de Pos escríptum, este cuento de Franz Kafka.


Comunidad

Somos cinco amigos, hemos salido uno detrás del otro de una casa; el primero salió y se colocó junto a la puerta; luego salió el segundo, o mejor se deslizó tan ligero como una bolita de mercurio, y se situó fuera de la puerta y no muy lejos del primero; luego salió el tercero, el cuarto y, por último, el quinto. Al final formábamos una fila. La gente se fijó en nosotros, nos señalaron y dijeron: «Los cinco acaban de salir de esa casa». Desde aquella vez vivimos juntos. Sería una vida pacífica, si no se injiriera continuamente un sexto. No nos hace nada, pero nos molesta, lo que es suficiente. ¿Por qué quiere meterse donde nadie lo quiere? No lo conocemos y tampoco queremos acogerlo entre nosotros. Si bien es cierto que nosotros cinco tampoco nos conocíamos con anterioridad y, si se quiere, tampoco ahora, lo que es posible y tolerado entre cinco, no es posible ni tolerado en relación con un sexto. Además, somos cinco y no queremos ser seis. Y qué sentido tendría ese continuo estar juntos. Tampoco entre nosotros cinco tiene sentido, pero, bien, ya estamos juntos y así permanecemos, pero no queremos una nueva unión, y precisamente a causa de nuestras experiencias. ¿Cómo se le podría enseñar todo al sexto? Largas explicaciones significarían ya casi un a acogida tácita en el grupo. Así, preferimos no aclarar nada y no le acogemos. Si quiere abrir el pico, lo echarnos a codazos, pero si insistimos en echarlo, regresa.
                                                                 Franz Kafka, 1.920

abril 06, 2020

EL IDEAD EN TIEMPOS DE VIRUS

                                                                                        Por: Stefany Paz
Estudiante de Licenciatura en Lengua Castellana – IDEAD
Centro de Atención Tutorial KENNEDY

En tiempos difíciles la palabra es el arma mágica más poderosa que existe. Transitamos en períodos y espacios de crisis donde se atraviesan situaciones que pueden incluso acabar con nuestra vida y/o la vida de nuestros seres queridos, llámense familia, amigos, conocidos o desconocidos que forman parte de nuestro mismo suelo. Lo que nos queda como opción es lo mismo que la naturaleza obliga a los animales cuando se da un respiro, hibernar como un mecanismo de defensa utilizado para la protección que nos resguarda de condiciones adversas. Hay formas extrañas de devolver el equilibrio al planeta.
Sin embargo, buscando nuestra protección el tiempo no se detiene y las obligaciones económicas, familiares y sociales no cesan ni quedan pasmadas, enfrentamos un bárbaro dios apoyado por cronos. Urge flexibilidad social, entendimiento, alteridad y responsabilidad.
Entonces, se nos obliga a ser más conscientes de nuestros actos, a entender que debemos cuidar nuestro entorno, a valorar a las personas que nos rodean e incluso aprovechar para abrazar, mimar y sentir, disfrutar de un buen café en la mañana, de una interesante película, de una compañía inigualable. Y aún más, de recordar el verdadero significado de los momentos, pues todo lo material pierde su valor y lo único que importa es la familia, significado que hemos olvidado por el afán que nos trae el día a día, los excesos de trabajo y un sin número de elementos que le roban atención a lo más importante.
Soy estudiante de la Universidad del Tolima en el Instituto de Educación a Distancia, nuestro modelo de educación permite la flexibilidad para la adquisición de conocimientos y es por eso que el IDEAD debe estar armado de una planta de docentes que entiendan las situaciones en los diferentes contextos. Muchos de los estudiantes que hacemos parte de este proyecto, que por cierto ha impactado a nivel nacional y que busca innovar la educación llevando la formación superior a todos los rincones del país en donde más se necesita, no contamos con todas las herramientas que en este arduo momento se nos exige. Aunque no deja de ser importante la academia, prima nuestra salud y la responsabilidad social que tenemos como nación.
Alguna vez durante clase un profesor dijo ´´los docentes somos un ejército´´ y eso siempre lo tengo en mi pensamiento, marcó mi manera de pensar. He estado en esos encuentros mediados con algunos docentes y quiero públicamente hacer un reconocimiento y entregarles mi admiración total, porque sé que están trabajando mucho más, horas que me imagino no se ven reflejadas en sus cuentas. Incluso duermen pocas horas, dejan de lado sus obligaciones para atender estudiantes y, sin embargo, lo hacen con la mayor de la disposición porque poseen algo importante para superar esta crisis, compromiso.
Sé también que no ha sido fácil para ellos, la mayoría, que llevan años en unas aulas de clase tratando de cambiar pensamientos con charlas catedráticas y pasar a estar detrás de una pantalla requiere de repensarse una y mil veces, sentarse a estudiar las tecnologías que nosotros como estudiantes millennials conocemos y manejamos a la perfección.
También es cierto que tengo prohibido generalizar, soy estudiante y a la vez docente, puedo opinar desde las dos posiciones que, aunque diferentes, se alcanzan a parecer un tanto. Desde la mirada estudiante quiero, queridos docentes decirles que no ha sido nada fácil porque, aunque manejamos la virtualidad un poco mejor algunos o cuentan con las herramientas ideales de trabajo, con datos o internet o simplemente hay compañeros que residen donde si no se asoma el agua, imagínese la red de internet. Hay estudiantes que están desistiendo de estudiar por el hecho de que se sienten entre la espada y la pared pues la respuesta es lógica cuando en la casa se dice: o se come o se estudia y entre la papita y una factura de internet, no nos vamos a dejar morir de hambre.
En este orden de ideas, apuran docentes espontáneos, capaces de reaccionar con confianza ante cualquier acontecimiento, tanto o más creativos que la naturaleza misma del aprendizaje, enfocados en motivar a sus estudiantes a ser más humanos cada día, con su ejemplo, para que conozcan la importancia de la curiosidad, de sorprenderse con lo más simple y desde allí enseñar en y para la vida, que resuelvan dificultades con lo mucho o poco que tienen a su alrededor o que simplemente se ingenien alternativas.
Es hora de repensarse, hora de dejar de enseñar bajo la virtud de ´´la autoridad´´ y no aplicar la función homologativa de la evaluación que parte de primicia de que todos y todas están bajo las mismas capacidades de responder porque son conocedores de las mismas experiencias. Y si usted es uno de los docentes que viven quejándose de los estudiantes y sus bajos niveles, déjeme expresarle que yo me quejo de docentes que no están preparados para crear alternativas educativas en escenarios de alta transformación como el actual.
Hago un llamado a la sensibilidad y a la innovación de los formadores, docentes de docentes, que enseñan con sentido y vocación, para que apunten a la búsqueda de estrategias que nos permitan acceder a muchos de los conocimientos que ustedes ya poseen, es importante que sigamos nuestra preparación. Ilícito es olvidar las aulas, virtuales o no, como sinónimos de trasformación social y ustedes docentes como gestores de cambio.
El poder lleva años formando los ejércitos equivocados, creando armas y levantando muros, los doctores y los docentes hoy son “los soldados” y con valentía están enfrentando nuevos retos. El grito a la conciencia lo inician ustedes con responsabilidad, amor y compromiso. La victoria se verá reflejada cuando salgamos de esta pandemia siendo más humanos.

abril 05, 2020

DE LO HUMANO EN LOS TIEMPOS DEL COVID


Por: William Alexander Medina Méndez
Catedrático Universidad del Tolima

El abismo entre individuo y sociedad que se abre una y otra vez ante nuestro pensamiento guarda, una estrecha relación con las contradicciones entre requerimientos sociales y necesidades particulares que forman parte permanente de nuestra vida.
La sociedad de los individuos. Norbert Elías

Un fantasma recorre a Europa, así iniciaba Marx uno de sus textos más célebres y con esto abría el espacio para comprender los cambios que se suscitaban en una sociedad que nunca volvería a ser igual. Quizá las súbitas y extraordinarias remociones sociales nunca logren tomar al individuo preparado (creo nunca ha estado preparado), pero ha logrado empujar la piedra colina arriba y sostenerla, así cada tiempo se devuelva y en el proceso triture una que otra vida. ¿Será solo tiempo de tomar fuerzas y continuar empujando?
Ahora un virus recorre el planeta, se llama Covid-19 y después de su paso el mundo no volverá a ser el mismo. Y no es solo por el confinamiento, las horas maratónicas de Netflix o el zumbido del celular con un nuevo mensaje de los infinitos grupos (espacios de des-encuentro, ágora virtual de las penurias de la cuarentena), el paseo sin descanso por la casa, como animal de zoológico (recuerdan a Júpiter), limitado, reducido a una zona de “confort”. Las acciones que en suma eran necesarias, terminan siendo mecánicas con el trasegar de los días y el sueño se convierte en la válvula de escape de esta pesadilla, pero abrimos los ojos en nuestra encerrada realidad.
Anhelante se espera por el dígito que indique el día de salida, y afuera, todo parece tener una luz de inmovilidad, de socarrona tranquilidad y los rostros tras las máscaras no pueden ocultar el miedo que se escapa por los ojos, y no es de uno pocos, es de todos. Así retumban las palabras de Barba Jacob:
 “Y hay días que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar”.
Pero el Covid-19 no es un acróstico bíblico, una condena del mundo o entre las muchas medias verdades, un ataque planificado; es un virus mortal que a diferencia de las películas no pone el contador de manera regresiva, por el contrario, va en aumento el conteo de la muerte en tiempos de globalización. ¿Será solo consuelo lo que necesitamos?
Y el sistema-mundo como paciente espasmódico intenta reaccionar -se le va el aire, uno de los tantos síntomas del virus-, pero a bocanadas aguanta la convulsión, un respirador tecnológico es el antídoto temporal. Y lo encuentra en Internet, ese vasto espacio en el cual fluctúan las vidas y deseos del mundo en un entramado infinito de conexiones, aparecen la virtualidad, el teletrabajo y toda una gama de extensiones y probabilidades para abastecer de oxígeno al convaleciente. Para quienes siempre han alimentado al enfermo sistema-mundo, la cuarentena es sobrevivencia, decía el letrero de un vendedor de dulces ¡Solo vivo de esto! y al lado su número telefónico, como quien tiende la mano o da una señal de alarma de su eminente deceso.
Así la “vida” en tiempos de pandemia, no se detiene y es para algunos una oportunidad para re-inventarse, aunque esto requiere de un ejercicio crítico-reflexivo y de un proceso que permita una re-invención, no una simulación, porque en gran medida lo que se intenta es re-insertarse a las dinámicas para continuar con la “normalidad”. Y en ello no estriba nada malo o reprochable, debemos seguir con la “vida” ahora pixelada y con la conexión a internet, como quien vuelve al cordón umbilical, en el seno virtual de la Matrix.
Y el mundo y los humanos no son los mismos; el primero lo demuestra en su aire más limpio, sus aguas venecianas traslucidas y playas fulgurantes pareciera que el proceso real lo vive él, en una constante resiliencia planetaria. Por su parte, los segundos se encuentran farragosos, sinuosos en sus actuar, no sólo es por el papel higiénico (lo cual demostró que la gente caga más en la calle que en la casa) sino por ese abismo infranqueable entre lo individual y lo colectivo. Aunque el virus ataque por igual ancianos y príncipes, trabajadores y primeros ministros, se piensa en cual vida debe priorizarse y no se vacila mucho en la respuesta, dejando en la superficie aquello que tan arraigadamente se oculta en las zonas oscuras del hombre, el egoísmo.
Pero no todo es lúgubre, hay quienes pierden la vida por salvar las de otros, acto más noble y de inigualable valor da aire para creer en el hombre, quizás sobrevivamos y mientras eso sucede, ensayo los abrazos, besos, saludos, que espero dar y recibir, porque esas manifestaciones de la cercanía entre los individuos hoy viven en vilo a dos metros de distancia.
Para sobreponernos al virus, nos quedan las palabras de Carlos Fuentes “Sólo necesitándonos entre nosotros, el mundo nos necesitará también. Sólo imaginándonos los unos a los otros, el mundo nos imaginará”.

abril 04, 2020

La evaluación académica, un proceso crítico para tiempos críticos


 Por: Norma Yaneth Buenaventura Cárdenas 
Coordinadora Especialización en educación para la diversidad
Psicopedagoga y docente Universidad del Tolima – IDEAD-

Hoy en el mundo todo está siendo repensado y la evaluación académica no puede escaparse a dicho escrutinio. Podemos resistirnos o podemos avanzar, igual, la dinámica de la historia tarde o temprano no empujará al cambio.
La evaluación, como proceso, es un asunto que merece no sólo la reflexión permanente sobre los aspectos que han de componerla y caracterizarla, sino de la asunción sensible por quienes la transigen. En este caso, referidos al contexto de la educación superior de los profesionales y de la coyuntura actual que vivimos en el mundo que enmarca la mirada de una sociedad globalizada, se reconoce en ella la injerencia de sus actores desde cada una de las acciones que desarrollamos en el día a día, tanto en los contextos individuales como colectivos.
Los paradigmas tradicionales de la evaluación en el contexto educativo se centran en la enseñanza, en los preceptos que el docente considera como necesarios y suficientes para el aprendizaje y la formación del estudiante. Esta evaluación, como proceso crítico, está demarcada por la jerarquización y satanización del conocimiento que ha de ser dado y que ha de ser recibido de forma puntual, sin derecho a equivocaciones.
Aquí es evidente que se desconocen elementos fundamentales del acto de enseñar y, por supuesto del aprender y de las condiciones en las que se genera y construye el conocimiento. Esta mirada centrada en el docente está direccionada en el creer que la evaluación se supedita al reconocimiento, apropiación de la información y reproducción del conocimiento desde la perspectiva de quienes lo gestan y aprovisionan.
Los defensores de la evaluación como proceso formativo, en primer lugar, la desprenden del contexto meramente de la escuela o del aula. La reconocen como proceso integral que está presente de forma intra e interpsicológica en el individuo, y no meramente desde miradas de agentes externos a su realidad. Reconocen que el individuo es dinámico, construye, reconstruye, interpreta y reinterpreta desde su propia mirada y experiencia de la realidad que ha vivido, que vive y que vivirá en su capacidad y limitación, a su vez individual y colectiva. Esta se considera un constructo colectivo, que parte de la subjetividad de cada individuo, de su aprendizaje que no es otra cosa que la capacidad de ver, entender y asumir las situaciones que le presenta su realidad; es la evaluación la que deberá adaptarse a él y no a quien la agrava.
El paradigma actual de la evaluación en la óptica del Covid-19 deberá replantearse por todos los actores de la comunidad institucional, partiendo de la revisión misma de los procesos normativos que la han regulado, como de los discursos y prácticas, tanto de los docentes que la promueven como de los estudiantes que la asumen aún sin comprenderla. Las determinaciones actuales del devenir educativo en nuestro país, nos enfocan al rescate de las Tecnologías de la Información y la Comunicación -TIC, como algo que estaba allí latente en el contexto de la educación, pero anquilosado, echado a un lado o retomado por breves momentos en el proceso de enseñanza y de aprendizaje.
El Covid-19 ha puesto nuestra casa en la mira de lo público; lo que en este espacio era privado, ya es requerido por todos, y necesita ser visto en su inmediatez por muchos – papel retribuido a las Redes sociales-, asumiendo un interés vital para la humanidad. La pandemia o periodo crítico que incumbe a la humanidad en este siglo XXI ha hecho que se abran nuestras puertas y ventanas al mundo entero, para mostrarnos lo que somos y lo que hacemos.
Por ello, de alguna manera la evaluación ha de transmutarse también al plano de lo público, lo colectivo; lo que es mirado por todos y que responde a su vez a la realidad y capacidad de cada quien. Ha de germinar e incrustarse en el seno del individuo para que éste logre buscarse la forma cómo la enfrenta. Al igual que al Covid-19, nos debemos enfrentar de manera desnuda a ella, para resolver la crisis avante o sucumbir ante su designio. Un virus necesario que confronta la hopalanda de confort que traíamos culturalmente, la misma que hoy nos sacude y que se originó en la prepotencia del hombre, hoy hecha pura cobardía, que sumada a la incertidumbre devela lo que no podemos controlar.
En este nuevo paradigma la evaluación nos obliga a volver la mirada sobre el proceso de aprendizaje que no es más que reconocer lo singular, lo que es personal o propio de cada uno; de su realidad, de su capacidad, de sus ilusiones y limitaciones. Por lo que propone también el reto para que en este periodo crítico los actores de la comunidad académica (y no académica) se reconozcan entre sí desde cada uno de sus escenarios de actuación, sus experiencias, proyecto de vida, miedos e ilusiones.
La evaluación y el Covid-19 se confabulan, junto a otros actores, para obligarnos como educadores a volver la mirada hacia la importancia del pensamiento creativo y creador, de lo imaginable e inimaginable, que se supone es inherente a nuestra condición humana, y que en tiempo de crisis deja manifiesto que sólo encarando con gallardía la realidad se logrará avanzar; es decir, renacer hacia una nueva luz que sólo podremos mirar con otros ojos. Debemos reconstruir la mirada.

abril 02, 2020

UN DÍA DESPUÉS DE GOOGLE MEET


Por: Yenny Alexandra García
Catedrática Universidad del Tolima – IDEAD-

He abandonado mi cascarón y mi viejo escenario de actuación, dispuesta a un nuevo rol, equipada con recuerdos futuros, inspirada en la valentía de mis camaradas pedagogos.
Siento miedo antes de salir a escena, aunque con un clic puedo activar mi máscara y me diluyo en el aula virtual. Me repito la frase musical de Serrat: "se hace camino al andar" y acepto al fin que necesito aprender a leer e interpretar esta nueva partitura, explorar su lenguaje para navegar por sus conexiones invisibles y cambiar mi guión, mis marcas discursivas. Todo eso abruma mis sentidos y me reta.
Retardo un poco este salto al vacío y ya estoy aquí como en un acto de prestidigitación.   Los expertos han abierto muchas rutas de acceso, mutar es inevitable. Soy aprendiz del último truco forjado por mediadores del pasado mundo y aquí estoy, unidos en la distancia, a bordo de la Stultífera Navis medieval, zarpando quizás rumbo a Ítaca o al nuevo orden del biopoder que Foucault deconstruyó bajo un mundo en llamas.
Descubro que en esta Matrix seguimos en busca de contacto y de fuga. Por fortuna, pasamos obstinadamente por el corazón lo que queremos ser. El giro de la acción es dramático y ya no volveremos a bañarnos en el mismo río.  La ilusión global continúa. Se diluye una vieja identidad con un clic sincrónico. ¿Hay alguien ahí? Estamos todos (es). ¡Adiós muros!
Aquí en mi caverna y viendo las sombras que denunció Platón en su mito, asisto al nuevo orden panóptico de un extraño dios que nos puso máscaras a todos. Su biopoder omnipresente nos puso freno, cambió el tiempo y el espacio que conocíamos.
Ahora más que nunca somos experiencia física y parte de un todo que nos puede afectar. Somos cuerpos limpios o enfermos, cuerpos vulnerables sin excepción, en el encierro, en el aislamiento, en la enfermedad y este cuerpo colectivo que somos, se niega a desaparecer.
¿Vendrá Fantomas al rescate o un nuevo caudillo como Neo? los juegos del hambre y las máquinas mortales superan el atlas de la ficción, si eres divergente sabrás cómo salir del sueño y diseñar en red otras rutas de supervivencia, lo demás ocurrirá por efecto mariposa.

marzo 31, 2020

DRONES, BIG DATA Y CORONAVIRUS

Por: Armando Moreno Sandoval 
Docente Universidad del Tolima 

Leer al filósofo surcoreano Byung-Chul Han es reconfortante para entender qué pasa en sociedades diferentes a la europea-estadounidense, es decir, lo que se conoce como occidente.
Así occidente triunfe frente al coronavirus ya de antemano parecería que se estuvieran llevando el trofeo de fracasados. Occidente no ha querido entender que la manera como los asiáticos le ganaron la batalla al virus corresponde a una concepción de ver la vida diferente a la de occidente.
Para entender lo dicho es necesario remontarnos a la Revolución Francesa de finales del siglo XVIII que puso al individuo por encima de todas las cosas. Todo el pensamiento que surgió a raíz de la Revolución Francesa, incluyendo el marxismo, tuvo como referente el respeto a la libertad, la igualdad y la fraternidad.
No obstante, en la segunda mitad del siglo XX, la filosofía occidental acentuó el individualismo, el relativismo cultural e incluso el fin de los metarrelatos que le sirvieron a occidente para imponerse y destruir otras culturas (cristianismo, comunismo, fascismo, nazismo, etc).  Estos filósofos, más el surgimiento de las nuevas tecnológicas en el último cuarto del siglo XX, relativizaron y empoderaron al individuo, al punto que hoy la frontera entre lo falso y lo verdadero pareciera evaporarse. El individuo se ha apoderado de su propia verdad. La autoridad académica, científica o el individuo docto tan apreciado está en entredicho. La mejor expresión son los fake news y deepfakes.
Si occidente está en una carrera maratónica para enfrentar al coronavirus utilizando una vía larga como es la vacuna que estaría entre un año y año y medio, países como Hong Kong, Singapur, Japón, China, Taiwán y Corea del Sur lo hicieron dejando a un lado al individuo y recurriendo a la obediencia colectiva.
En contraste con occidente que entró en paranoia decretando cuarentenas, invocando soberanías, cerrando tiendas, restaurantes y fronteras a los extraños cuando en realidad eran ellos los peligrosos por ser portadores del coronavirus, en Taiwán y Corea del Sur la vida cotidiana seguía como si nada.
Ahora los medios y algunos filósofos al estilo de Zizek están propiciando, fiel a la tradición cristiana, una paranoia apocalíptica. Que el capitalismo murió, que la vida ya no será como antes, que todo será distinto y que después del coronavirus otra forma de vida social se instalará en el planeta.
Nada de esto sucederá. El capitalismo, y lo ha demostrado en su corta vida, tiene una capacidad de reinventarse. Lo que si es cierto es que si no es occidente, serán los asiáticos que lo sacará avante y más fortalecido.
Lo que sí está en entredicho son las libertades individuales que se empezaron a moldear desde ese periodo europeo conocido como el Renacimiento y que se acentuó con la Ilustración y cuya defensa ha generado muchos horrores. Basta solo recordar la inquisición en nombre de Dios y las luchas que se libraron contra el totalitarismo comunista, fascista y nazista, al igual que los populismos de derecha e izquierda.
Esta es la verdadera prueba de fuego de occidente.
Presos de las narrativas que occidente nos brindan a través de la tele y de los celus, —vía face, twitter, whatsapp— nos hemos olvidado cómo, en la práctica, los asiáticos le hicieron el ole al coronavirus sin tanto aspavientos.
Desconocer el papel de los trabajadores de la salud en occidente es como ocultar el sol con un dedo. Está claro que los asiáticos para enfrentar el coronavirus lo hicieron confiando en sus matemáticos, programadores, inteligencia artificial, la tecnología de internet 5G pero, sobre todo, en los Big data. Esos robustos centros informáticos que pueden capturar, gestionar, procesar y analizar datos, y que no se puede hacer con herramientas convencionales.
Unos pocos ejemplos nos pueden dar una idea de lo que está pasando en esos países asiáticos.
Ver policías poniendo orden en la calle parecería cosa del pasado. Para eso están los tracker, personal que durante 24 horas mira y analiza los movimientos de la gente las 24 horas del día a partir del material filmado en videos. Estos tracker son los encargados de llevar a cabo la vigilancia social y digital que en occidente sería imposible por invasión a la intimidad o al derecho al desarrollo de la libre personalidad.
El sistema de créditos social por puntos sería impensable en occidente. Cámaras esparcidas por las calles —China tiene 200 millones de ellas— vigilan al individuo y dependiendo de su comportamiento le dan o le quitan puntos. Leer periódicos en internet da o quita puntos dependiendo si, lo que lee, es afín o contrario al gobierno. No ser leal al gobierno con lo que se lee es un lío: el riesgo de ser considerado como un peligro para la sociedad.
No obstante, es en la lucha contra el coronavirus donde mejor se aprecia el uso de la inteligencia artificial con todo su arsenal informático. Las cámaras que están instaladas en las estaciones del metro han ayudado mucho para prevenir el contagio. Detectar una persona con una temperatura alta le permite al gobierno enviarle a quienes están alrededor de la persona sospechosa un mensaje de texto avisando que la persona del lado puede ser portador del virus.
Esa misma labor la hacen los drones en las calles. Los enfermos de coronavirus ya están detectados. Violar la cuarentena podría ser sancionado por el mismo dron o en su defecto, si se rehúsa a aceptar el llamado, a darle aviso a la policía.
Igualmente pasa en los conjuntos residenciales. Una aplicación en tiempo real le informa a los residentes en cuáles apartamentos están los contagiados por coronavirus para prevenir el contacto.
Mientras occidente no sabe qué hacer con el coronavirus, pues se ha quedado en recuentos estadísticos diciéndole al mundo qué país ha superado a China en contagiados, en Corea del Sur crearon una mascarilla utilizando la nanotecnología para aislar el virus filtrando el aire. Las mascarillas les fueron repartidas a todos los habitantes. Lo interesante es que es reutilizable si se lava al cumplirse un mes de su uso.
Los asiáticos ya le ganaron la pelea al coronavirus, y occidente se niega a aceptarlo. El problema está en cómo una cultura construye la realidad con el lenguaje. En occidente existe la tendencia de creer que todo colectivismo es comunismo. Esta falsa idea solo ocurre porque occidente quiere comprender a los asiáticos con sus propias ideas. Se les olvida que la mentalidad autoritaria que, en el caso de China, está ligada a una tradición cultural heredada del confucionismo.
Si en las sociedades asiáticas existe la obediencia colectiva simplemente es, porque allí esa cosa que en occidente llaman privacidad para defender al individuo no existe.
Si, para el caso de occidente, la libertad individual está en riesgo, lo más peligroso es que no se sabe qué poder está detrás del coronavirus. Ya occidente, con EEUU a la cabeza, a través de Netflix y HBO han recreado a través de series para televisión el mundo de la sociedad obediente y controlada por la inteligencia artificial, los matemáticos, los programadores y los Big data.
Solo me resta decir que si quieren entender cómo es eso de la sociedad obediente del futuro controlada por algoritmos con dos ejemplos bastan: Black Mirror en Netflix y Westworld en HBO.
¡Da miedo!

marzo 29, 2020

EL VIRUS DE LA NORMALIDAD

Imagen: El Bosco

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima –IDEAD-

0.0
Mientras me desplazo de link en link, de web en web, de chat en chat, voy intentando procesar esta nueva realidad que a todos nos acometió, como la incertidumbre que te acecha a la vuelta de la esquina.
Los estudiantes, los docentes y los trabajadores de cientos de campos productivos, tratamos de responder a esas nuevas lógicas que la pandemia nos ha hecho redireccionar. Algunos ya están agobiados, otros perplejos y otros entienden que este es el inicio de una cadena de sucesos que conducirá a la aceleración de transformaciones en la educación, el trabajo, la vida.
Muchas de las cosas ya estaban ahí transformándose de manera lenta, como lenta es la evolución, que siempre sufre aceleraciones, como cuando un meteorito impactó la tierra y precipitó el ciclo evolutivo. Hoy el virus impacta desde adentro y eso actuará significativamente en el sistema llamado tierra, porque créanlo o no, estamos interconectados, somos parte de un solo y enorme organismo.
1.0
Mientas en todo el mundo los médicos, las enfermeras, los bacteriólogos y muchos otros profesionales están en este momento salvando vidas o intentando hacerlo, los demás parecemos a la expectativa. Aún bloqueados por el shock, por el resplandor del meteorito que cayó y alteró nuestra cotidianidad.
Ya no nos levantamos como hace un par de meses, a tasar nuestra existencia en el marco de un modelo que hábilmente nos había enseñado a mostrar lo generoso del mundo y tapar lo horroroso. Muchos se sentían seguros de la existencia, sin ver los márgenes, sin observar el deterioro camuflado entre las multitudes. Lo importante era producir, consumir y volver a producir.
Mientras miles de mujeres y hombres de ciencia están en laboratorios buscando una cura contra el virus o diseñando algún medicamento que mitigue su avance ¿qué hacen los profesionales de las ciencias humanas y sociales? Los filósofos, dados a la constante reflexión ya han dicho algunas cosas importantes, hasta Zizek cuya productividad discursiva se asemejaba a la productividad del sistema que critica, ya se atrevió a publicar un libro sobre el Covid-19 y sus consecuencias. ¿Y los demás?
Quienes llaman al pánico de las ideas y a diario hacen circular sus escritos digitalizados, memes, diatribas, audios saturados de miedo y demás artefactos discursivos, en su mayoría pertenecen al mundo de las ciencias sociales. Aún no logramos atrapar en nuestras manos el “objeto de estudio”, por eso vamos de aquí para allá, como bipolares el día del apocalipsis. Un día se piensa en los retos del nuevo estado de las cosas y los fenómenos, otro día lanzamos alaridos de angustia ante la desolación y la catástrofe. Otros días simplemente enmudecemos.
2.0
En el campo de la educación nos enfrentamos, de entrada, a nuevas formas de hacer el oficio, pero acá está cambiando la educación como un todo, de fondo debe mutar el proyecto de formación humana. Quizás desde la gran revolcada que el humanismo le dio al mundo de las ideas, no había existido otro momento de tan profundo debate. ¿Para qué estamos formando? Pregunta iniciática que volverá al estrado de los juicios pedagógicos. ¿En qué estamos formando?, será la pregunta consiguiente, y de ahí se derivarán muchas más.
La primera instancia de miedo y resistencia se ha dado frente a los medios digitales, al menos en nuestro contexto. Y es obvio que así sea, porque a pesar de que el uso y acceso a dispositivos tecnológicos es una categoría que aparece hace más de treinta años en los diseños curriculares, la adaptación había sido muy lenta.
Resistidos por quienes afirmaban que esos “usos” deterioraban la calidad de la educación, solo los programas virtuales y a distancia habían logrado profundizar en los escenarios de las mediaciones pedagógicas de manera amplia y concreta. También en la antigüedad muchos se negaron a abandonar los monasterios en donde eran guiados por monjes, para llegar a las escuelas y sus aulas dirigidas por maestros. Los dibujantes en sus inicios odiaron y temieron la cámara fotográfica, los docentes de tiza y tablero desconfiaron del video beam. Hoy nadie duda de la necesidad de la escuela, la cámara y el video proyector.
Ahora causa gran preocupación que los estudiantes no tengan un computador, un medio digital e interconectividad para asumir los cambios de la mediación pedagógica, y esa preocupación es real, hay datos, discursos y pruebas para constatarlo. Muchos usan esta evidencia para que las clases se suspendan, sobre todo en los modelos de la presencialidad, para quienes el campus aún es (era) un territorio fijo, limitado y físico. Ese campus ya no existe (existía) en esas dimensiones, ahora lo estamos descubriendo.
4.0
Antes del virus y la aceleración del uso de mediaciones pedagógicas para que la educación sobreviva a la cuarentena obligatoria, ya existían males peores que la falta de un PC o un plan de datos.  En Colombia, el índice de deserción académica está por el orden del 45 % y más. Gran parte de esta deserción se da porque el alumno no tiene la manera de mantener los mínimos para estudiar: fotocopias, compra de libros, apoyos para subsistir, un buen almuerzo, el transporte, el arriendo para mantenerse en una ciudad capital siendo de provincia, entre muchos factores más.
No escuché de un movimiento estudiantil y profesoral que planteará que no iniciaría clases hasta que el último estudiante no tuviera estas condiciones mínimas para subsistir durante el semestre. No obstante, hoy en todo el país, vemos cómo crece la idea de que los programas, sobre todo los de presencial, no inicien hasta que haya normalidad. ¿Cuál normalidad? ¿La que acabo de describir?
Tendríamos que incluir en este inventario dos aspectos más, la exclusión del ingreso a la educación superior, sabiendo que de cada cien jóvenes apenas al sistema ingresan entre 20 y 30, de los cuales ya dijimos el 45 % nunca culmina el proceso. Además, la mortandad académica, ese otro monstruo silencioso que expulsa estudiantes de las aulas universitarias y que nadie diagnóstica y corrige.
5.0
El virus nos ha ayudado a quitarnos muchas vendas que cubrían los ojos con los que contemplamos la realidad. Las precariedades con las que muchos estudiantes se mantenían en las carreras universitarias era (es) el pan cotidiano de los campus. Ahora han mutado a otro lugar, el estudiante que está en la provincia ya no tiene que conseguir la plata del transporte o el pago del arriendo en la capital, ahora debe poseer un PC moderno y un plan de datos.
Y es cierto que muchos no podrán acceder a estas nuevas formas de mediación pedagógica como antes otros no pudieron acceder a la educación superior, pero ahí está el reto, en no dejar que todo vuelva a la “normalidad”, sino que el coletazo del asteroide Covid-19 nos permita repensar las garantías de la educación y el porqué y para qué de la misma. Por eso detenernos no puede ser la salida inteligente, el sistema debe seguir activo, porque al parar alimentaríamos el algoritmo de la exclusión. La tarea consiste en incluir y la lucha debe darse en ese campo. ¿Internet gratis para estudiantes y docentes? ¿PC para educar desde el Ministerio de las Tics? El camino debe ser construido y transitado.
El virus nos hizo ver el mundo como era, ahora los muertos se contabilizan bajo la supervisión de elaborados algoritmos de la Big Data. Asistimos al espectáculo mediado de la pandemia con drones en cada rincón del planeta. No obstante, los muertos de antes se contaban por miles, morían por muchas causas y variadas enfermedades, pero no se llevaba una contabilidad planetaria de los mismos.
6.0
La realidad actual tiene mucho de la antigua, solo que ahora es más visible. Esperemos que cuando culmine la nueva jornada de pánico la vida no vuelva a la normalidad, porque esa normalidad fue la que puso en riesgo la vida.

marzo 23, 2020

LAS BONDADES DEL CORONAVIRUS O LOS PODERES DE LO INVISIBLE


Nelson Romero Guzmán
Profesor Universidad del Tolima –IDEAD-

Lo que ya todos sabemos del coronavirus es que, en efecto, “mata”. Y en el mundo ya hay pruebas contundentes. La muerte, el temor a que el Coronavirus venga por nosotros y nos lleve como en los cuentos maravillosos, es algo que nos atemoriza más como individuos, que como especie. El cercano, el prójimo, el próximo a nosotros, al que debemos saludar a dos metros de distancia y con la ceremonia del codo, se ha convertido en una amenaza de muerte. Sin embargo, lo que no hemos querido entender, es que la sociedad no ha desaparecido por causas de pandemias, pero las pandemias sí deben servirnos de purgación o limpieza como en la tragedia clásica, donde el personaje del drama se ubica en el punto medio de los extremos entre lo tremebundo (el temor a las fuerzas superiores) y la conmiseración (el espíritu de lástima por el sufrimiento ajeno). En la época clásica, los hombres echaban la culpa de todas las ruinas al Destino; en la Edad Media, el culpable de los males era el Demonio; en la contemporaneidad, el Capitalismo, que algunos adjetivan como salvaje. El Destino, el Demonio y el Capitalismo, sin duda, han sido superiores a los poderes de muerte del Coronavirus y todas las pandemias registradas a lo largo de la historia. Entre todos estos males, resulta siendo el más noble.  No hay registros en la historia de que le hayamos hecho cuarentena a ninguno de esos tres males (el Destino, el Demonio y el Capitalismo), pero son los que más muerte han causado en la historia de la humanidad, pues han originado las Guerras desde las edades más antiguas hasta hoy, con cifras alarmantes de víctimas. En la Edad Media la Cruzada de los Niños fue letal en toda Europa y en Oriente. Así que, entre los males peores, el Coronavirus es el que menos debe alarmarnos.
En el contexto de la historia colombiana, nos damos el lujo de elegir los mecanismos más crueles de matar o desaparecer al otro y, sin embargo, no nos causa mayor pánico, y se convierten más bien en un hecho que asumimos como normal, que produce a las empresas publicitarias y demás, un capital enorme en términos de publicidad televisiva, literaria, cinematográfica, teatral… Para esos eventos de muerte y destrucción, tenemos ya establecido un fármaco efectivo: el silenciamiento, el sistema judicial, la máscara, el espectáculo, la cultura del entretenimiento, el reality, la caída, el evento efímero, lo pasajero, el montaje…Mostramos en el espectáculo televisivo al mutilado por la mina quiebratas representado por el actor para que la serie genere consumo, y el consumo, capital. La muerte y la cultura del espectáculo van de la mano como una industria que genera grandes dividendos económicos, a lo que se enlaza la pauta comercial de las grandes empresas.
En estos momentos, el Coronavirus es más digno que el capitalismo y su control territorial. Y también es más digno que las políticas sociales del Estado en Leyes y Decretos. Por lo menos, el Coronavirus es más selectivo: no mata a los niños, los respeta porque atiende a lo biológico y a la prolongación de la especie humana, por lo que no los convierte en medios para la corrupción Estatal ni en capital humano de los grupos violentos. Como es selectivo, se lleva con pesar a los viejos, y es poco agresivo con los menos de 60, aunque en esa escala algunos nos digan adiós. Quiero decir que da un margen amplio de posibilidades de vida a la mayoría de los individuos de una sociedad. No ocurre así con la guerra política, económica y armada, que no respeta edades, pues sus mecanismos son de destrucción masiva, tanto así que una bomba puede acabar en instantes hasta con cien mil vidas o más. El Coronavirus ataca no a los más débiles por su condición económica, ni por creencias religiosas o políticas, ni por cuestiones de género, sino que obedece a un reclamo muy natural: Las defensas de tu organismo responden, justamente, a la manera como esas posibilidades de existencia económicas, religiosas o políticas, se han administrado y distribuido entre todos.
Si el Coronavirus fuera cínico como en políticas estatales y atacara sólo a las clases más desfavorecidas, a los que no tienen posibilidades de educarse, a los de izquierda, a las familias pobres, a los relegados a la periferia por su condición sexual, racial o de creencias, el Estado no lanzaría medidas de emergencia con fines de protección ni de acuartelamiento en casa, sino que ocultaría sus atrocidades y presentaría a la Pandemia en los discursos presidenciales y ministeriales, como un fenómeno normal y, en el fondo, hablaría de un virus más bien benevolente y controlado (“todo en control, se pide a las familias no alarmarse”). Pero como el Coronavirus no es político, puede llevarse sin discriminación a cualquier individuo de cualquier clase social, sin estratos, tanto al hombre de la calle como al de alta alcurnia. De ahí la política de aislar a los otros para no contaminarnos nosotros. El aislamiento, por tanto, no responde a una política pública de protección social en salud, sino a una lógica absurda de protección política ante lo inerme en que se encuentra el control de poderes.
Es así como se entiende que el virus no sabe de política y solo atiende a su ley natural, y entonces cunde alarma Estatal y el otro, cualquiera que sea, se convierte en un agente contaminante, porque el Corona no es de reyes, nos somete a la igualdad en condiciones de salud. El Estado carece de fármacos para atacarlo y en esa medida todos somos vulnerables. Por eso, la pandemia desenmascara nuestro cinismo histórico como seres sociales del simulacro capitalista en el mundo contemporáneo.
Todo lo anterior lleva a pensar que si Cuba en estos momentos produjera la vacuna contra el Coronavirus, creo que nadie dejaría de aplicársela y, después de salvados, nuestra manera de ver a los cubanos seguiría siendo igual: los enemigos de la humanidad, los fachos, los de izquierda; incluso, le inventaríamos cualquier fábula para no reconocerlos y borrarlos de la Historia.
El Coronavirus nos hace entender lo débiles que somos frente a la muerte y lo fuertes que somos frente al Poder. Nos enseña la necesidad no de unirnos, sino de separarnos como una forma de defendernos ante la amenaza de nosotros mismos. El Corona no anda en campañas buscando adeptos, ni los adeptos son sus enemigos: nos dice que todos debemos unirnos en familia y que somos, realmente, una familia universal. Pero nunca haremos caso a su moraleja, a su narrativa, a su fábula. Una vez termine la amenaza, la vida seguirá normal.
–Y nos cobrarán caro esta pérdida de tiempo.

marzo 09, 2020

LA UNIVERSIDAD ASEDIADA



Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente Universidad del Tolima -IDEAD-

1.
En un país como el nuestro los sucesos del día a día parecen estar ajenos al devenir del mundo del siglo XXI. Mientras en la mayoría de los países, que se hacen llamar o clasifican como desarrollados, los planes de gobierno incluyen un alto componente de inversión en educación, cultura e investigación, en el nuestro, desde el mismo Estado se consideran las universidades públicas territorios peligrosos y los estudiantes y docentes, como sujetos que hay que vigilar porque hacen parte del grupo catalogado como “terroristas”.
No se puede, ni debe, ocultar que en los campus universitarios han existido brotes esporádicos de acciones violentas, muchas de ellas activadas por grupos ajenos a la misma universidad, incitadas por actores al margen de la ley o por encima de la ley. Sin embargo, estas rarezas del panorama universitario no dan pie para juzgar a todos con el mismo rasero, al contrario, evidencian la necesidad de fortalecer las instituciones de formación superior para que se blinden de la violencia como acción y discurso.

2.
En el marco de un proceso de paz histórico, que hoy las fuerzas que gobiernan quieren llevar al traste, el ambiente universitario había entrado en un periodo de mayor debate académico y menos acciones de protestas. Pero, con la llegada de Iván Duque a la presidencia y la puesta en marcha de sus planes de gobierno que atentan contra los menos favorecidos, el movimiento social, y por supuesto el sujeto universitario, volvió a la acción de la legítima protesta como mecanismo de acción.
Curiosamente los grupos denominados autodefensas o paramilitares, volvieron con mayor repercusión a su accionar. Masacres, desplazamientos, asesinatos selectivos de líderes sociales y amenazas, se tornaron en el caldo de cultivo para la cotidianidad colombiana, que como se dijo al inicio, se niega a ingresar a la modernidad y continúa en lógica retrógrada de los amos de la guerra: solucionar todo a punta de plomo, incluso la desigualdad.
Y si desde el mismo Estado los docentes y los estudiantes son considerados peligrosos, legitiman que los grupos armados proestatales, paraestatales y contraestatales pongan sus ojos (y sus balas) en ellos. Hemos quedado en medio de su guerra, somos víctimas del fuego cruzado, como siempre ha sucedido en este país. Unos decretan la guerra, otros ponemos los muertos.
3.
Y los líderes sociales siguen sumando muertos, mientras el presidente y su séquito de desalmados niegan estas muertes acomodando cifras, acudiendo a las estadísticas y lanzando enunciados que aterrarían un dictador. Los medios oficialistas encubren con cortinas de humo una verdad cada vez más latente, un hecho inobjetable, el terror ha vuelto a los campos y las ciudades de Colombia, es por eso por lo que pretenden acallar los informes de la ONU.
Algunos gobernantes locales (alcaldes y gobernadores), movidos por la seducción de la fuerza y el discurso amañado del control, han revivido la necesidad de que a las Universidades Públicas ingrese el ESMAD, la Policía y hasta el ejército. Para que esto suceda ya existe un protocolo, pero parece que la ansiedad busca hacer más flexible el mismo, provocando con ello que paguen justos por pecadores, y que a la par de ellos ingresen las fuerzas paraestatales y contraestatales, para convertir las universidades en campo combate armado.
4.
Al campus de la Universidad de Antioquia ingresó el ESMAD y curiosamente a los pocos días aparecieron panfletos de las “Autodefensas Gaitanistas de Colombia”, nombre elaborado para un grupo de matones de corte paramilitar. En dicho panfleto amenazaban a estudiantes, trabajadores, docentes, organizaciones sociales y sindicales y personas con nombre propio.
Apenas un par de días después, la profesora Sara Fernández, secretaria de la Asociación de Profesores Universitarios de la Universidad de Antioquia (Asoproudea), fue atacada en la madrugada y herida con arma cortopunzante, atentado que se intenta hacer pasar como hecho aislado, cuando sabemos que esa es la forma o móvil con que se han realizado muchos atentados en estos últimos meses. La profesora está fuera de peligro, pero el manto oscuro que acecha a la Universidad se tornó un poco más lóbrego.
5.
En la Universidad del Tolima, el día 5 de marzo, empezó a circular un panfleto que mediante la seudo-estrategia de la denuncia, pone en la picota a varios actores de la vida del Alma mater. La intención no es otra que la de señalar y amenazar a dichos actores, profesores, estudiantes y trabajadores, para que sobre ellos, ya juzgados, caiga la sentencia.
Tildar a alguien de guerrillero, miliciano, paramilitar, capucho o revoltoso, no es más que etiquetarlo para que le disparen. Por eso resulta inaceptable que el discurso de la violencia, la amenaza y el encubrimiento sea el camino escogido para tramitar la vida universitaria.
Detrás de este tipo de amenazas dormita la sinrazón, la violencia, el desconocimiento del otro como sujeto y por supuesto, el miedo como estrategia para impedir la diversidad. Es inamisible que estas fuerzas oscuras operen en el mundo de la vida de la Universidad del Tolima.
En la Universidad del Tolima hemos recuperado un nuevo aliento, estamos en la idea de posicionar el pensamiento universitario como eje estratégico para la reconstrucción de la región y el país. No podemos sucumbir ante el señalamiento, ante la amenaza, ni ante cualquier discurso de violencia. Si hay debates pendientes, deben saldarse a la luz de los argumentos, no a través de panfletos que ponen en riesgo la vida de los protagonistas. Las denuncias se hacen de frente y con argumentos, no parapetados en grafitis, panfletos y anónimos.
Levanto mi voz de protesta ante estos hechos e invito a la comunidad universitaria a que nos sumemos en contra del chantaje, la amenaza y el ocultamiento. La Universidad del Tolima es, y deberá seguir siendo, territorio de vida, erradiquemos de ella las posibilidades de la muerte y su hija bastarda, la violencia. No permitamos que la Universidad sea de nuevo asediada.