Por:
Carlos Arturo Gamboa B.
Escritor colombiano / Docente Universidad del Tolima.
A
veces en los anaqueles duermen los mejores libros sin ser abiertos; igual pasa
con ciertas películas o series televisivas que no alcanzan un gran rating en el
momento de su estreno, pero quedan alojadas en las plataformas y de vez en
cuando algún curioso espectador da cuenta de ellas. Es lo que sucedió en este
caso cuando encontré, en Netflix, la serie de dos temporadas y 16 capítulos
titulada “The End of the F***ing World”, que data de los años 2017-2019.
La
serie presenta la historia de dos adolescentes (James y Alyssa), quienes se
encuentran palpitando en esa edad en la cual el mundo parece no contener los
elementos mínimos para albergar la inquietud de esa esplendorosa y terrible
etapa de la vida. Se encuentran para atraerse y rechazarse, pero no es simple
encuentro hormonal; es la coincidencia de dos temperamentos guiados por la
autodestrucción, el nihilismo y la búsqueda de un lugar fijo en el mundo. Lo
que viene después de ese encuentro es cine puro, aunque sea una serie.
Huidas,
preguntas, crímenes, dudas, fugas y todos esos elementos dramáticos de la
historia convierten a los despabilados jóvenes en una reencarnación más letrada
de Bonnie y Clyde, con un lenguaje más obsceno pero, por lo mismo, más sincero;
con una búsqueda más desesperada y con la esperanza de hallar algo que aún no
se sabe qué es. “The End of the F***ing World” nos muestra ese mundo actual en
el cual los sueños juveniles poseen un destino claro y prefijado, pero cuya
ruta no configura los deseos de los jóvenes. Las familias colapsadas son el
síntoma de un tiempo en el cual se sobrevive, pero no se vive, atados a las
demandas de una sociedad que pareciera estar dispuesta a que nadie sea feliz y que,
en una especie de venganza colectiva, nos quiere conducir a todos al mismo
pantano de la cotidianidad.
El
humor negro y la ironía son los escenarios predilectos para contar la historia,
acompañada de una banda sonora pulcra a cargo de Graham Coxon, quien fuera guitarrista
de Blur. La fotografía también destaca, aportando unos tonos secos que van con
la sensación de tristeza y pérdida constante que transmite la trama. Todo esto
dirigido por Jonathan Entwistle y Lucy Tcherniak, quienes aciertan ordenando
cada uno de los elementos.
La
serie da vida a la novela gráfica del mismo nombre, de la autoría de Charles
Forsman (1982), un dibujante estadounidense, quien es autor de otros trabajos
llevados a la pantalla como “Esta mierda me supera”. Los actores principales
que dan vida a los dos adolescentes hacen un trabajo superlativo y, en parte, gracias
a ellos logramos conectarnos con ese mundo que nos proponen los directores y el
autor; se trata de Jessica Barden y Alex Lawther.
En
definitiva, “The End of the F***ing World” es una joya que da vueltas por ahí
en el mundo algorítmico de las plataformas actuales en espera de que
espectadores ansiosos de buenas historias y buenos montajes la saquen de su
famoso anonimato.


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