septiembre 07, 2012

LA PAZ: ESCENARIO DE LA RECONFIGURACIÓN DE LA IZQUIERDA


Daniel Libreros Caicedo.
Profesor Ciencia Política Universidad Nacional de Colombia

Jorge Gantiva silva.
 Profesor de la Universidad del Tolima

Tomado de: Revista Izquierda. Septiembre 2012.

Diálogos de paz y transformación democrática
El anuncio del inicio de negociaciones entre las FARC y el gobierno nacional constituye un acontecimiento histórico que el pueblo colombiano saluda con esperanza. Terminar con la prolongada guerra que ha vivido el país durante décadas y que llevó al mayor desangre, pobreza, atraso, injusticia y terror, representa un punto de inflexión de la historia colombiana. Nunca como ahora se ha sentido la fuerza arrolladora de la paz. Sería el inicio y fundamento del proceso de transformaciones democráticas que requiere Colombia. Sería el camino para detener el terror de Estado, las persecuciones, las desapariciones y la criminalización a los cuales han recurrido los grupos dominantes para ilegalizar las resistencias sociales y marginar las alternativas democráticas y populares. Sería también la vía para que la izquierda se libere de la tentación de las armas, recupere la consistencia estratégica y, en “campo abierto”, pueda librar la batalla de la democracia radical, civilista y popular, sobre la base de la figura potente de un sujeto político, plural y alternativo.
La expectativa nacional e internacional es enorme por el inicio de este proceso de paz que compromete el porvenir de la región y los anhelos de democracia y soberanía. Los puntos acordados en la agenda temática abren la posibilidad para las FARC de conformar una organización política con las garantías y condiciones para su participación pública en el futuro inmediato. Para el conjunto de la izquierda, el movimiento democrático y las organizaciones sociales, el inicio de este proceso de diálogo y negociación coincide con un resurgir de las resistencias urbanas y territoriales y con replanteamientos de fondo en el seno de la izquierda sobre el qué hacer político, lo que abre la posibilidad de construir un Bloque Histórico de Transformación Democrática, cuyo horizonte programático plantee las soluciones estructurales a los grandes problemas nacionales; y su éxito inauguraría un ciclo histórico de cambios y realizaciones sociales y políticas. Para el logro de este propósito, la “sociedad civil” tiene una importante oportunidad en el potenciamiento de las propuestas que históricamente han acompañado el movimiento por la paz; y para el conjunto de expresiones sociales y populares sería la ocasión para incorporar las reivindicaciones de las organizaciones y redes que han demandado desde hace varios años la finalización del conflicto armado y han contribuido con iniciativas y experiencias comunitarias, sociales y populares, las cuales tienen una relevancia histórica. He ahí el sentido y la pertinencia de la convocatoria del Congreso Nacional de Paz.
La idea de una Plataforma integral de paz
La agenda acordada entre las partes para el inicio de la negociación política, contempla objetivos que merecen acompañarse en la perspectiva de una propuesta integral de paz, con el fin de garantizar el éxito de las conversaciones y negociaciones. Si bien la agenda pactada es la base de las conversaciones entre los dos actores principales del conflicto, será necesario repensar el valor de iniciativas desde distintos ángulos para el éxito de la apuesta pacificadora. Entre ellos –y entendiendo las urgencias de la coyuntura– cabe mencionar los siguientes:
1. El cese bilateral del fuego como garantía para que el proceso pueda continuar sin provocaciones, ni chantajes. Se requiere un clima de paz, un ambiente de confianza y respeto mutuo para consolidar esta propuesta. Lo peor sería que el calor de la confrontación, desestimule y desaliente a la sociedad en medio de las dificultades que abre este loable propósito. La buena voluntad de las partes se condensaría en esta iniciativa que los movimientos por la paz y la opinión pública premiarían con la legitimación y el respaldo ciudadano.
2. Respeto a los Derechos Humanos, esto significaría la conformación de la Comisión de la Verdad y el final de la impunidad, particularmente, en lo que se refiere a los crímenes de lesa humanidad. Este punto es muy sensible para la credibilidad del proceso. Se requiere la expresa voluntad para la terminación de los asesinatos, la desaparición y persecución de dirigentes sociales, sindicales y populares.
3. Respeto de los derechos sociales: implica el reconocimiento de las garantías al derecho a la organización, movilización, oposición, protesta y al pensamiento crítico. El proceso de paz contribuirá a la erradicación de la criminalización de la protesta social. En el contexto de las conversaciones, se requiere un espíritu de convivencia y garantías para la participación ciudadana y popular.
4. Sobre el paramilitarismo: el proceso de paz necesita manifestar una orientación acerca del desmonte de las estructuras armadas del paramilitarismo. Así mismo, se requiere un proyecto de nuevo ordenamiento territorial que democratice el poder de decisión sobre la utilización de la tierra y los recursos territoriales en favor de las comunidades locales organizadas y la población.
5. Sobre el sistema de representación política, es fundamental plantear la erradicación de las mafias y la garantía por parte del Estado para la expresión de todas las organizaciones políticas en condiciones de igualdad. En la paz, se necesita la máxima democracia posible, y la máxima participación.
Ahora bien, paralelo a estas consideraciones, lo más importante es lograr la conformación de un gran movimiento social y político, de carácter plural que potencie la lucha en pro de las transformaciones democráticas y, por ende, posibilite la coordinación de un proyecto histórico que incorpore las distintas expresiones de las resistencias sociales, urbanas y territoriales. Esto significaría la conformación de un sujeto plural que asuma la disputa por la democracia social y política y por la soberanía popular en perspectiva de superar el modelo neoliberal, la injusticia social y el dominio autoritario de las élites dominantes. La paz de los actores armados no puede asimilarse a conciliación de clases como plantean las corrientes reformistas. Este Bloque Histórico tiene la tarea de desarrollar la lucha por conquistar las transformaciones, las cuales no pueden conseguirse en la mesa de negociaciones, sino con grandes movilizaciones populares y con coordinaciones políticas y sociales. El programa de este movimiento debe orientarse hacia la conformación de un gobierno democrático alternativo. La consolidación de este bloque político y de masas obliga a un debate de carácter estratégico.
La izquierda en trance de su reconfiguración
En el último período, el Polo ha pasado de su larga crisis interna a la cancelación de su proyecto histórico. Totalmente desfasada, la dirección actual del Polo se aferró al control del aparato y terminó aislándose de los acontecimientos más importantes de la vida política nacional y de las resistencias sociales. Lo más grave es que se alejó de lo que hoy concita la atención de los colombianos: la negociación política del conflicto, propuesta que había incorporado en el Ideario de Unidad, y que, hoy, en los hechos ha abandonado. Igualmente se alejó de la posibilidad histórica de concitar al conjunto de las fuerzas sociales y políticas a la unidad de la izquierda y a la conformación de un “bloque histórico” por la transformación del país.
En este contexto, amplios sectores críticos e independientes del Polo han rechazado los métodos arbitrarios de las expulsiones y los señalamientos, en particular en lo que se refiere al caso del Partido Comunista, así como han manifestado su rechazo al modelo de convocatoria cerrado y excluyente del III Congreso, y vienen exigiendo garantías y condiciones para el desarrollo de la participación política. Pese a ello ha tomado fuerza por parte de las corrientes políticas opositoras la idea de participar en este Congreso para impedir que –a la manera de cónclave– la dirección continúe oficializando su política equivocada, aunque esta opción aún está en discusión.
Cualesquiera que sea el camino a seguir, en lo que si existe consenso es en la convicción de que el Polo ha ido agotando la energía y sus posibilidades y se ha ido convirtiendo en un obstáculo para entender los cambios del momento histórico. Por ello se requiere la convocatoria a un gran Encuentro Nacional de los desobedientes del P.D.A. con las resistencias urbanas, con indígenas, con las resistencias territoriales, la intelectualidad que no ha sido cooptada por el establecimiento, en la idea de avanzar hacia el bloque político de masas. El momento político es crucial para la reconfiguración de la izquierda y de su proyecto estratégico. Son varios los desafíos y grandes las definiciones en un escenario en el cual “ni se pueden repetir los errores”, ni la subjetividad colectiva mantenerse impávida e indolente. El dilema es claro: o la paz será el campo del posicionamiento de la izquierda como sujeto plural hacia un “Bloque Histórico”, o simplemente expresará nuevamente.

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