junio 02, 2015

COMBATE POR LA VIDA: EL LEÓN DORMIDO CONTRA EL LEÓN BANDIDO




Por: Carlos Arturo Gamboa B.

De niño escuché unas coplas populares que los radios trasmitieron durante mucho tiempo y que se quedaron incrustadas en mi memoria. Eran las sonoras notas de un personaje mítico en el campo: el profesor Yarumo. Algunos apartes de esa melodía siguen rondando las montañas:
Allá arriba en aquel alto
Donde nace la quebrada
Había un monte muy bonito
Y el agua nunca faltaba.
Vino un hombre irresponsable
Tumbó el monte y lo quemó
No había pájaros ni leña
La quebrada se secó.

En aquel tiempo de mi infancia la fiebre del oro era cosa del pasado y los abuelos narraban historias heredadas de la tradición oral. Nos decían que hubo una época de tranquilidad, la cual fue interrumpida por los colonizadores que atraídos por el oro llegaron a Colombia y depredaron el territorio. En el Tolima, la fiebre del oro arrasó con miles de vidas indígenas, muchos de ellos fueron torturados para que confesaran en dónde quedaba El Dorado. Ellos nunca dijeron que el oro era la sangre dorada de la tierra y que las cordilleras era su escondite; aunque de nada les hubiese servido a los hampones barbudos saberlo, pues en ese entonces no tenían forma de extraerlo. El Nevado del Tolima, el gran León Dormido, siempre fue testigo de estos sucesos, y en sus cumbres duerme el secreto.

Ahora han transcurrido algunos años. Los viejos que contaban estas historias son parte de la tierra a donde fueron a descomponerse sus restos, pero una nueva fiebre del oro se ha desatado sobre estas cordilleras. El León Dormido, quien presenta grietas en su rostro, desde lejos observa el avance de esa nueva forma de depredación que algunos incautos llaman desarrollo. Sobre las cordilleras se escucha el rumor de que los depredadores amparados en un eslogan bursátil han desembarcado de nuevo en estas tierras, ellos son los herederos del León Bandido. La batalla debe empezar, sobre las tierras antiguas en donde ardieron nuestros antepasados debido a la avaricia de los españoles, hoy se debe librar otra batalla: Los hijos del León Dormido deben enfrentar los depredadores del León Bandido.

Si el León Bandido vence, en un tiempo futuro se escucharán estos versos sobre la desolada montaña, notas de sedientas gargantas:
En tierras de Cajamarca
En donde el agua abundaba
Llegaron depredadores
Y secaron la cañada,
Se llevaron todo el oro
Dejándonos un desierto
Y donde nacía la vida
Ahora todo está muerto.

Pero si los hijos del León Dormido, los herederos del gran Caupolicán, los hijos de Yulima y los nietos del Cacique Ibagué defienden su territorio, la historia nos premiará con este canto:
Allá en las altas montañas
Donde florece la vida
El agua entona su canto
De abundancia de comida.
Al fondo, el Gran Nevado
Del territorio Tolima,
Celebra que el aire canta
Y la vida se respira.


Hoy es el tiempo del nuevo despertar de los herederos del León Dormido, para defender la vida. ¡Despierta tú también!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente profesor Carlos, lo felicito. Cuando ud se dedica a realizar propuestas definitivamente su discurso es diferente y altamente impactante. Una causa por más hermosa la de defender nuestros recursos y particularmente la vida.
Multipliquemos y unamos esfuerzos con el fin de proteger nuestros ecosistemas.

Alberto Delgado Cortés

Luz Aydeen Rayo Nagles dijo...

Aplausos mil y felicitaciones por la alta sensibilidad frente al impacto ambiental, el hombre en su ignorancia es un depredador y los defensores de la naturaleza son una especie sensata , valiosa , pulmón en medio de la contaminación, en nuestra Colombia llegan los extranjeros a destruir territorios y nos seguimos pasivos , acaso podemos ir a Inglaterra, Canadá y muchos países a destruir su flora y fauna, sencillamente es imposible porque existe algo que es conciencia, identidad y de eso distan muchos, somos los depredadores más grandes del planeta,el cual yace lentamente por nuestra ignorancia, fomentar conciencia; toquemos puertas, urge seres íntegros desde el hogar, colegios, trabajos , que iluminen la oscuridad en la que estamos.