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marzo 24, 2026

Las redes sociales: el pozo de los deseos esquizofrénicos

 


Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universitario

Desde su aparición, las redes sociales se fortalecieron rápidamente como escenarios comunicativos y, en parte, esto se debió a la sensación de libertad que se tejió en ellas. Decir lo que el hablante desea decir, sin grandes restricciones, era el sueño que la «sociedad de opinión» no esperaba cumplir tan pronto. Pero se dio, y este fenómeno desató el delirio colectivo comunicativo que hoy vivimos y padecemos.

Y si el panorama ya era preocupante para la posibilidad de construir relatos veraces, ahora aparece en escena la inteligencia artificial como herramienta propicia para darle forma a los delirios. Si deseas que alguien muera, tienes una herramienta digital y un clic disponibles para que tu deseo se haga noticia falsa con encubrimiento verdadero, porque sabemos que "una imagen vale más que mil palabras". ¿Y si la imagen es falsa? Pues parece que no importa, mientras y cuando el deseo individual o colectivo sea satisfecho.

De esa manera, las denominadas redes sociales se van tornando en antisociales, porque el objetivo de comunicar con veracidad se desplaza para mentir, para satisfacer el oscuro pozo de los deseos. Ya no se trata solo de luchas ideológicas, se trata del sacrificio de la veracidad a cambio de la concretización de los perversos deseos que habitan en la conciencia social.

Por eso abundan (y son consumidas) millones de noticias falsas que en el fondo satisfacen el deseo de quienes las producen y quienes las difunden.   ¿Quieres matar al tirano que odias? ¿Deseas ver prisionera a una mujer que está por fuera de tu gama de valores? ¿Añoras ver un ídolo caer en desgracia? ¿Quieres ver triunfar al político que admiras? Es muy fácil, todos esos deseos están a tu alcance; haces clic y la imagen construye el muerto, la prisionera, el ídolo caído, el político triunfante. Hoy los humanos actuamos de co-creadores de falsedades, como si fuésemos hijos de Loki, el dios mitológico nórdico de la mentira.

Hoy todos nuestros deseos, individuales y colectivos, se pueden escenificar en el teatro virtual; el problema es que ya muy pocos somos conscientes de la ficción y sus implicaciones; ahora todo parece ser real y verdadero. De seguro, con esta manía desbordada, estamos fortaleciendo una sociedad esquizofrénica. 

La verdad yace enterrada y ni siquiera tenemos certeza de dónde está su tumba, para ir a visitarla.

noviembre 18, 2025

BREVES LECCIONES SOBRE LA UNIVERSIDAD

 


 Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

I

En este momento de la historia, el primer deber de la universidad es sobrevivir.

II

Desde el movimiento de Córdoba, -más de cien años después-, se sigue añorando la libertad de cátedra. Nunca estuvo tan ausente; debe ser porque ahora muy pocos docentes la desean.

III

En un mundo repleto de incertidumbres, las universidades siguen emitiendo verdades; sospecho que ese es su grave error. El principal objetivo de un claustro educativo debería ser dudar.

IV

No hay aprendizaje sin desacato a la ignorancia, que casi siempre se refleja en lo establecido. ¿Es factible aprender a volar temiendo las alturas? ¿Será posible cultivar el conocimiento en una universidad sumisa?

V

Pululan tantas teorías pedagógicas y didácticas que la implementación de las mismas puede fácilmente hacer inviable la universidad.

VI

La universidad y los sujetos vivimos tiempos distintos. Las instituciones son del siglo XIX, los docentes enseñan para el siglo XX y los estudiantes están sumergidos en el siglo XXI. La atemporalidad es nuestro drama.

abril 07, 2025

LAS PARADOJAS DE LA PERFECCIÓN

 


                                                                                         

 

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

En el fangoso trascurrir del día a día del siglo XXI, olvidamos con frecuencia lo que contiene la definición de "ser humano", en cuyo centro se encuentra la palabra "contradicción". Lejos de las ficciones propias de las mitologías religiosas, el ser humano está hecho de contradicciones; nada más banal que la pretendida perfección en un mundo agónico en continua transformación, o más bien debemos decir, degradación.

El siglo XXI nos ha inundado de mensajes que parecen ir en contravía de nuestra historia y destino como humanos. Mientras el planeta colapsa, en gran medida por nuestra culpa, seguimos en la búsqueda de un mundo ideal, gobernado por un ser perfecto, espécimen que no existe ni ha existido. Esta paradoja nos hace infelices, porque no hay nada más alejado de la felicidad que tener que aceptar la imperfección humana en un planeta plagado de supervalores de idealización.

Para ser feliz hoy (o al menos aparentarlo), hay que tener el cuerpo perfecto vestido con la ropa perfecta comprada con el salario perfecto del trabajador perfecto. El lenguaje perfecto debe dar cuenta de un ser con valores éticos y morales perfectos que no ofendan la pretendida perfección de la opinión de miles de seres perfectos que expresan opiniones perfectas en medio de miles de redes comunicacionales interconectadas que dan cuenta de todo lo contrario: la imperfección es connatural a la esencia humana.

Y al estar atrapados en la ansiedad colectiva de la perfección y sabiendo que la realidad se mueve sobre una enorme superficie de imperfección, experimentamos el vacío de esa idealización imposible. Las relaciones, de todo tipo, fracasan cuando no se logra entender que estamos construidos de contradicciones. 

Así que el médico se equivocará en el diagnóstico, el futbolista errará el penal en el momento trascendental, el político prometerá más de lo que hará, el líder espiritual de la comunidad cometerá acciones indebidas, el profesor no tendrá la respuesta adecuada… Todos, absolutamente todos, haremos acciones “no correctas” en cualquier instante de nuestra cotidianidad, sólo que es lo primero que olvidamos cuando dicha acción es ejecutada por el "otro". Entonces, como jueces dotados de las leyes inalterables de la perfección, desplegaremos un arsenal de juicios ético-morales contra ese infractor que ha osado vulnerar la perfección. Nuestro dictamen es letal; como Torquemadas de la era digital, nadie estará exento de ser calcinado por el fuego de nuestras opiniones.

En ese sentido, existe una enorme contradicción cultural en el mundo actual: somos una masa imperfecta que busca desesperadamente seres perfectos que guíen nuestro destino. Los “otros”, para poder ganar nuestra confianza, se rotulan como seres perfectos porque nadie los aceptaría si fueran capaces de aceptar lo contrario, es decir, lo real. Ellos se autoengañan para engañarnos y construir la red universal de la mayor falsedad que ha existido.

Juzgar al "otro" con el estándar de la imposible perfección refleja, entonces, una enorme ignorancia por lo que somos como seres humanos y una falta absoluta de autoconocimiento. Así que cuando vayamos a juzgar al "otro", debemos observarnos un instante en el espejo de nuestro interior y recordar aquella conclusión del psicoanalista Erik Erikson cuando afirmó que: "Cuanto más te conoces a ti mismo, más paciencia tienes por lo que ves en los demás".

Piensa un momento en lo siguiente: si todo lo que has sido y eres fuera expuesto en la pantalla de la existencia de los valores perfectos, ¿qué dirían de ti? ¿saldrías ileso? De seguro ninguno lo haría; por lo tanto, resulta una paradoja vivencial andar por todos lados, sobre todo en las redes sociales, rasgándonos las vestiduras ante la imperfección de los demás.

mayo 13, 2021

MENSAJE A LOS ANGUSTIADOS

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente universitario IDEAD - UT

 

Por estos días de convulsión social las emociones estallan generando angustia en las mentes, sin importar la edad, el género o la condición social. Estamos asistiendo a un momento en que la humanidad pareciera estar en un callejón sin salida, atrapada en un sistema que ha colapsado dejando a la deriva las promesas de prosperidad y felicidad que se vendieron bajo preceptos hoy en decadencia.

Después de un inicio de siglo en el cual la tecnología irrumpió en cada rincón del planeta trayendo una nueva promesa de confort, hoy asistimos, como a través de una enorme pantalla, al desvanecer de los sueños. Pobreza, egoísmo, depredación de la naturaleza, enfermedades, brechas sociales inmensas entre unos pocos que lo tienen todo y una muchedumbre que deambula buscando opciones y mejores condiciones, son los escenarios que moldean la inconformidad.

En Colombia, un país que se erige en la esquina de Suramérica de ese territorio que, como cantaran Los Prisioneros, queda “al sur de EE. UU.”, arde en indignación. Después del frustrado proceso de paz el cual, en vez de unir a los ciudadanos, fue usado como estrategia para ahondar los odios; la desesperanza y la lógica de la barbarie parecen reinstalarse, pero esta vez no sólo en las zonas rurales, ahora la brutalidad de la violencia ha llegado con toda intensidad a las ciudades.

La ola de inconformidad que retuvo algún tiempo el COVID-19 y la estrategia de miedo que construyeron a su alrededor, volvió a salir a flote. Esta vez ni el virus, ni la represión, ni el miedo pudieron detener el descontento. Esta vez las calles se inundaron de personas la mayoría de ellas jóvenes, que se niegan a ver los estertores de un país en manos de la indolencia hecha gobierno. Un país cuyo fortín de las armas ha impedido el cambio, un país cuyas dos últimas décadas ha estado en manos de finqueros millonarios, políticos corruptos y banqueros, mientras los demás asistimos a la parodia del bienestar.

Y en el fondo de ese escenario, la salud mental se diluye ante el alud de sucesos que rompen toda lógica. La avaricia de unos pocos consumiendo el bienestar de todos, la desfachatez de un gobierno que protege las mafias y abandona a los pobres, el manido egocentrismo de un patriarca en decadencia que se niega a soltar el poder a toda costa, un grupo de enceguecidos propietarios que compran armas para defender sus feudos sin ser capaces de entender el drama de los menos favorecidos y la terquedad de un gobierno que le apuesta más a la represión que el diálogo franco, son hechos que hacen crecer la indignación.

Miles de familias están atrapadas en medio de los sucesos, no saben cómo actuar, comprenden que algo anda muy mal, pero los años pesimistas las conducen a la sin salida de siempre y entonces la angustia se anida como un pájaro negro depositando huevos de negativismo en sus cabezas. Ven desde sus ventanas el presente oscuro y no puede imaginar un futuro claro.

A todos los angustiados quienes ven que sus labores se han detenido, que sus estudios están pendientes debido al paro, que sus pequeños negocios aumentan las pérdidas, que sus hijos salen a marchar y no saben si en la noche volverán, que afirman que todo será inútil porque este país no lo cambia nadie; a todos los angustiados va este mensaje: sólo hoy podremos dar cuenta de un futuro distinto, sólo hoy podremos contribuir a desmontar el más aberrante sistema de corrupción, odio y barbarie que conduce este barco llamado Colombia y lo podremos conducir a mejores aguas.

La angustia no va a desaparecer mientras vivamos en medio de tanta inequidad, mientras veamos millones clamando por una vida digna mientras unos pocos devoran todo, mientras estemos unos pocos conformes con lo que hemos luchado por construir, pero haya miles desabastecidos de los recursos mínimos para vivir con dignidad. La angustia es válida, porque como dijo Jiddu Krishnamurti “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

A todos los angustiados de hoy les invito a pensar en el bienestar del otro, en los más desprotegidos, en los que sufren y hoy ven una luz de esperanza en esta gran movilización de cuerpos y mentes cansadas de padecer la ignominia de la casta gobernante. La angustia estará ahí, pero de seguro se hará más llevadera si nos despojamos del egoísmo y entendemos, como lo dijo Platón, que: “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”.

mayo 22, 2020

Literatura y pandemia: contamos historias para vivir

Por: Nidia Méndez Hidalgo
Docente IDEAD – CAT Kennedy-

¡Oh feliz posteridad que no conocerá tan abismal dolor!
¡Y que considerará nuestro testimonio como fábula!
 Francesco Petrarca

La lectura de literatura es un lugar predilecto para los amantes de las narraciones.  Y es en las narraciones donde encontramos historias sobre diversos acontecimientos, entre otros, sobre el amor, la enfermedad, la vida y la muerte.  Las pandemias han sido el hilo conductor de narraciones, algunas de ellas serán brevemente expuestas aquí, para recordarlas como un homenaje a la literatura por su particular y maravillosa forma de narrarlas y por su papel en el devenir histórico de la humanidad. También nos reconocemos como protagonistas desde diversos lugares, en estos momentos en que el planeta se debate entre sobrevivir o perecer, testigos de la enfermedad Covid-19, que será pretexto para grandes narraciones con polifonías y estilos diversos. Son los escritores de hoy o del futuro quienes tendrán la tarea de contar estas circunstancias en cómo nos correspondió vivir.
Las ficciones narradas con arte literario, como La historia de dos ciudades de Charles Dickens, atrapan al lector por el contenido y belleza de la prosa:
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.
Su lenguaje cautivo al lector, quien se adentra en la descripción de acontecimientos particulares de Inglaterra y de Francia. Hacen parte de una época determinada, fabulada por la mente prodigiosa del escritor, ceñido a datos que él conocía y a otros que imaginaba con la magia de la literatura, así conjuga la poética de la palabra con el mundo de la historia.  
Revisando la literatura griega el dramaturgo Sófocles en su obra Edipo Rey representa una epidemia de peste, y se cree que es un castigo de los dioses. En ese mismo orden, nos encontramos con la belleza de la literatura erótica de El Decamerón, con sus cien cuentos que son narrados por tres hombres y siete mujeres que huyen de Florencia hacia una alejada quinta en el campo, para salvaguardarse de la peste que alcanzó a Italia con la misma fuerza que a los demás países europeos (Ojeda Ortiz, 2010). Narraciones que sumergen al lector en las líneas que descifran la condición humana, con situaciones unas veces ridículas, otras contradictorias, llenas de pasiones y de humanidad propias de la espacie. Cada libro compendia y se inspira en los anteriores relatos. Daniel Defoe publicó, en 1772, Diario del gran año de la peste, el autor tenía cinco años cuando sucedió la peste y en la novela-reportaje hace evocación de ese tiempo.
El libro La peste de Albert Camus, narración que transporta a la historia fabulada de una epidemia, ocurrida en Orán-Argelia, muestra personajes solidarios y otros inmersos en los afanes de la sociedad del momento, descuella la figura del médico Bernard Rieux, como héroe de la novela.  El gran talento de Edgar Allan Poe, evidente siempre en su prosa, con el cuento La máscara roja, narra la cuarentena que mantiene al príncipe Próspero con un grupo de nobles en un palacio para preservarse de la peste, sin embargo, el final es trágico.
En este grupo de literatura clásica la obra de nuestro Nobel, García Márquez, El amor en los tiempos del cólera, es referenciada como literatura de tiempos de confinamiento, aunque no muestra los estragos del Cólera, si permite conocer personajes con enfermedades en el ocaso de sus vidas. Las narraciones abren la atención sobre los sucesos, cada personaje es un relato, y cada relato abre un tiempo con acontecimientos, en los que hombres y mujeres logran sobrevivir o perecer víctimas de los contagios. Estas vicisitudes, nos ponen de cara con la muerte, tan temida- aunque esperada- porque se nace para morir.
Cuando la ciencia ficción es el vector creativo de la imaginación en la literatura, se convierte en puerta de acceso a distopías narrativas, a escenarios inverosímiles y personajes en otra dimensión, para sus lectores esta pandemia no sorprendió a todos por igual. Algunos lectores de los libros de Stephen King o Connie Willis, vislumbraron premonitoriamente las circunstancias actuales como lo concerniente al encasillamiento político, propio de los confinamientos que coinciden con este momento distópico. Aunque la crítica y autores literarios han soslayado la producción de Stephen King, por ser un autor muy comercial, ha sido aceptado entre los lectores de este género. Una de sus obras, escrita hace más de 40 años, narra con lente premonitorio cómo una gripa, denominada el Capitán Trotamundos, consume con su expansión a un alto porcentaje de la humanidad. Se titula Apocalipsis.
En esta línea la escritora Connie Willis, ha seducido a sus lectores con sus narraciones, inverosímiles o no, pero, que no superan la realidad de nuestro presente, en sus relatos retrata personajes de diversas tendencias ideológicas que, como los de hoy eluden la gravedad del asunto y mercantilizan el ser y el hacer de las vidas humanas. El libro del día del juicio final, es una narración que presenta una analogía, según su prologuista, entre La peste negra de la Edad Media con la amenaza del SIDA, que puede ser un referente con cualquier enfermedad letal y en consecuencia con el inmanente miedo a la muerte. Los dos referentes en toda pandemia, enfermedad y muerte, que son atemporales se cruzan con los sentimientos de sus protagonistas, estos sentimientos son atemporales, los sienten y perciben los seres humanos en cualquier etapa de la historia y son narrados desde la ficcionalidad del escritor en tiempos pasados y presentes.
Así, leer literatura de tiempos de pandemia, es una oportunidad para comprender lo sucedido, para conocer a los personajes y sus maneras de comprender y asumir los retos del momento como también para comprendernos hoy, dentro de esta situación de contingencia. Porque el arte y la literatura, desde siempre están presentes, como afirma Daniel Foster Wallace: “En épocas oscuras, el arte aceptable sería aquel que localiza y efectúa una reanimación cardiopulmonar sobre aquellos elementos mágicos y humanos todavía vivos y resplandecientes a pesar de la oscuridad de los tiempos.”
En este sentido, nos preguntamos sobre el rol que la literatura, como arte narrativo y simbólico de la palabra, desempeña en nuestras vidas y en nuestros contextos. La literatura ofrece orientación en tiempos de desconcierto, como la obra de Camus y otras obras que si bien, no son narraciones de historias de confinamientos, sí develan la complejidad del ser humano y nos ayudan, a decir de Kundera “a descifrar el enigma que somos”. Por eso la lectura como refugio, como compañía y como experiencia personal, es esencial para nuestro ser en una relación organística. Como nos refiere la profesora Teresa Colomer, la lectura de literatura, es la experiencia personal del diálogo entre la narrativa del texto y el lector que puede descubrir, redescubrir o interpretar el mundo, a otro ser humano, o a sí mismo, por ser sustancia estética de conocimientos orientada al goce, al placer. 
La lectura literaria personal y colectiva, hace algo en nosotros. Somos habitados por voces ajenas, por voces de narraciones desde cualquier lugar, que nos visitan, posibilitando nuestras propias narraciones o rencontrándonos en ellas. Es importante para el ámbito de las letras literarias y la pedagogía de la literatura, reconfigurar el ineludible papel de la literatura en la vida del lector. En ese sentido, Jorge Larrosa se interroga y nos interroga ¿Qué puede hacer por nosotros la literatura? ¿Con nuestras palabras? ¿con nuestras ideas? ¿con nuestra forma de decir y de pensar?  
Los lectores de literatura, profesores y promotores de lectura, que están participando en Zoom o Meet, para alentar a los estudiantes a la lectura o para recrear sus propias narrativas, siempre con referencias de los grandes narradores de historias, son maestros que nos reconfortan en estas horas de aislamiento y de encuentro consigo mismos, con los otros y con la lectura, y se han convertido en mediadores entre los sentimientos, y lo que traen los libros. Como escribe William Ospina: “Leer es abrir las puertas de la imaginación y es permitir que esos mundos soñados por los escritores nos entreguen sus secretos”.
En este contexto de escenarios virtuales, el Instituto de Educación a Distancia, a partir del equipo de la Maestría Pedagogía de la Literatura, ha entregado literatura a los inscritos, a los estudiantes de pregrado y a la comunidad académica. En esta puesta de virtualidad, se ha estado compartiendo la lectura de fragmentos o relatos literarios, el disfrute de la palabra poética en la voz de maestros y poetas, como también tertulias poético-musicales, con canciones que permiten, además, conocer el ser compositor y el sentido de sus obras. Todo alrededor de la palabra, la palabra literaria que hace historia, que hace historia de universidad.  Joan Didion, sostiene, y tiene razón al decirlo, que nos contamos historias para vivir.

abril 27, 2020

Hacia el reencuentro de la cultura con la naturaleza, la humanidad y el cosmos


Por: Jairo Rivera Morales
Catedrático universitario
Ex -Senador de la República

No existe una "normalidad" a la cual debamos regresar. Lo que hay es un antes y un después. El antes es causante, el después es consecuencia. Pero nada es inamovible en el presente infinito, compendio y substrato del antes y el después; por el contrario, su elemento esencial es el cumplimiento inexorable de la ley universal del movimiento. El movimiento se manifiesta a través de evoluciones e involuciones, avances y retrocesos, retrasos y aceleraciones, quietudes que confirman el cambio y sobresaltos que lo precipitan.
En la sucesión de los hechos no siempre es visible la frontera entre causalidad y casualidad. La historia no obedece a una programación, no es determinada por ganas o voluntarismos ni está escrita de antemano. Pero los seres humanos todos los días hacemos nuestra historia y el mayor catalizador de los cambios que la necesidad histórica reclama es la conciencia esclarecida; aquella que sabe y refleja una gran verdad: no nos conservamos sino transformándonos, no nos transformamos sino conservándonos.
La inconsciencia y el irracionalismo consumista, extractivista y depredador, nos han llevado a asumir la destrucción como destino. Lo deseable es que la parada en seco ocasionada por la pandemia sea el preludio del nacimiento de una nueva consciencia. Una consciencia que genere actitudes, actuaciones y conductas que posibiliten el reencuentro de la cultura con la naturaleza y la reconciliación entre la humanidad y el cosmos. Sinceramente siento y pienso que esperar más que eso sería un exceso de optimismo.
Sin libertad y sin equidad el futuro humano será inviable. Pero solamente la solidaridad hace compatibles la libertad y la equidad. Estamos en la hora del despertar; la hora de justificar nuestros sueños. No obstante, esa justificación necesaria e inaplazable, no será posible sin los informes de la ciencia, sin los recursos del arte y sin la presencia de la poesía.
Al margen de dichos supuestos, no habrá lugar para la esperanza. A partir de ahora, los proyectos políticos deberán ser proyectos culturales, vitalistas, ambientalistas, en los que la justicia redistributiva no sea un simple enunciado sino un inaplazable imperativo categórico. Todo esto no podrá lograrse sino a partir de la superación de la codicia, y del estulto narcisismo de los humanos, y del afán acumulador, y de las demás lógicas perversas del capital. Recordemos lo dicho hace dos milenios por el hijo de un humilde carpintero de Galilea: "¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?"
Cuántas razones de las sinrazones no proclamadas, cuántas reacciones de la vida contra la razón instrumental, cuánto humanismo contra las monstruosidades cometidas en nombre de las causas más laudables, imaginadas por el "rey de la creación", cuánto naturalismo contra el antropocentrismo hirsuto y ramplón. El poeta español León Felipe lo explicaba desde el recurso de la poesía:
"Pero el hombre es un niño laborioso y estúpido
que ha hecho del juego una sudorosa jornada.
Ha convertido el palo del tambor en una azada,
y en vez de tocar sobre la tierra una canción de júbilo
se ha puesto a cavarla.
¡Si supiésemos caminar bajo el aplauso de los astros
y hacer un símbolo poético de cada jornada!
Quiero decir que nadie sabe cavar al ritmo del sol
y que nadie ha cortado todavía una espiga
con amor y con gracia.
Ese panadero, por ejemplo, ¿por qué ese panadero
no le pone una rosa de pan blanco a ese mendigo hambriento
en la solapa?".

abril 06, 2020

EL IDEAD EN TIEMPOS DE VIRUS

                                                                                        Por: Stefany Paz
Estudiante de Licenciatura en Lengua Castellana – IDEAD
Centro de Atención Tutorial KENNEDY

En tiempos difíciles la palabra es el arma mágica más poderosa que existe. Transitamos en períodos y espacios de crisis donde se atraviesan situaciones que pueden incluso acabar con nuestra vida y/o la vida de nuestros seres queridos, llámense familia, amigos, conocidos o desconocidos que forman parte de nuestro mismo suelo. Lo que nos queda como opción es lo mismo que la naturaleza obliga a los animales cuando se da un respiro, hibernar como un mecanismo de defensa utilizado para la protección que nos resguarda de condiciones adversas. Hay formas extrañas de devolver el equilibrio al planeta.
Sin embargo, buscando nuestra protección el tiempo no se detiene y las obligaciones económicas, familiares y sociales no cesan ni quedan pasmadas, enfrentamos un bárbaro dios apoyado por cronos. Urge flexibilidad social, entendimiento, alteridad y responsabilidad.
Entonces, se nos obliga a ser más conscientes de nuestros actos, a entender que debemos cuidar nuestro entorno, a valorar a las personas que nos rodean e incluso aprovechar para abrazar, mimar y sentir, disfrutar de un buen café en la mañana, de una interesante película, de una compañía inigualable. Y aún más, de recordar el verdadero significado de los momentos, pues todo lo material pierde su valor y lo único que importa es la familia, significado que hemos olvidado por el afán que nos trae el día a día, los excesos de trabajo y un sin número de elementos que le roban atención a lo más importante.
Soy estudiante de la Universidad del Tolima en el Instituto de Educación a Distancia, nuestro modelo de educación permite la flexibilidad para la adquisición de conocimientos y es por eso que el IDEAD debe estar armado de una planta de docentes que entiendan las situaciones en los diferentes contextos. Muchos de los estudiantes que hacemos parte de este proyecto, que por cierto ha impactado a nivel nacional y que busca innovar la educación llevando la formación superior a todos los rincones del país en donde más se necesita, no contamos con todas las herramientas que en este arduo momento se nos exige. Aunque no deja de ser importante la academia, prima nuestra salud y la responsabilidad social que tenemos como nación.
Alguna vez durante clase un profesor dijo ´´los docentes somos un ejército´´ y eso siempre lo tengo en mi pensamiento, marcó mi manera de pensar. He estado en esos encuentros mediados con algunos docentes y quiero públicamente hacer un reconocimiento y entregarles mi admiración total, porque sé que están trabajando mucho más, horas que me imagino no se ven reflejadas en sus cuentas. Incluso duermen pocas horas, dejan de lado sus obligaciones para atender estudiantes y, sin embargo, lo hacen con la mayor de la disposición porque poseen algo importante para superar esta crisis, compromiso.
Sé también que no ha sido fácil para ellos, la mayoría, que llevan años en unas aulas de clase tratando de cambiar pensamientos con charlas catedráticas y pasar a estar detrás de una pantalla requiere de repensarse una y mil veces, sentarse a estudiar las tecnologías que nosotros como estudiantes millennials conocemos y manejamos a la perfección.
También es cierto que tengo prohibido generalizar, soy estudiante y a la vez docente, puedo opinar desde las dos posiciones que, aunque diferentes, se alcanzan a parecer un tanto. Desde la mirada estudiante quiero, queridos docentes decirles que no ha sido nada fácil porque, aunque manejamos la virtualidad un poco mejor algunos o cuentan con las herramientas ideales de trabajo, con datos o internet o simplemente hay compañeros que residen donde si no se asoma el agua, imagínese la red de internet. Hay estudiantes que están desistiendo de estudiar por el hecho de que se sienten entre la espada y la pared pues la respuesta es lógica cuando en la casa se dice: o se come o se estudia y entre la papita y una factura de internet, no nos vamos a dejar morir de hambre.
En este orden de ideas, apuran docentes espontáneos, capaces de reaccionar con confianza ante cualquier acontecimiento, tanto o más creativos que la naturaleza misma del aprendizaje, enfocados en motivar a sus estudiantes a ser más humanos cada día, con su ejemplo, para que conozcan la importancia de la curiosidad, de sorprenderse con lo más simple y desde allí enseñar en y para la vida, que resuelvan dificultades con lo mucho o poco que tienen a su alrededor o que simplemente se ingenien alternativas.
Es hora de repensarse, hora de dejar de enseñar bajo la virtud de ´´la autoridad´´ y no aplicar la función homologativa de la evaluación que parte de primicia de que todos y todas están bajo las mismas capacidades de responder porque son conocedores de las mismas experiencias. Y si usted es uno de los docentes que viven quejándose de los estudiantes y sus bajos niveles, déjeme expresarle que yo me quejo de docentes que no están preparados para crear alternativas educativas en escenarios de alta transformación como el actual.
Hago un llamado a la sensibilidad y a la innovación de los formadores, docentes de docentes, que enseñan con sentido y vocación, para que apunten a la búsqueda de estrategias que nos permitan acceder a muchos de los conocimientos que ustedes ya poseen, es importante que sigamos nuestra preparación. Ilícito es olvidar las aulas, virtuales o no, como sinónimos de trasformación social y ustedes docentes como gestores de cambio.
El poder lleva años formando los ejércitos equivocados, creando armas y levantando muros, los doctores y los docentes hoy son “los soldados” y con valentía están enfrentando nuevos retos. El grito a la conciencia lo inician ustedes con responsabilidad, amor y compromiso. La victoria se verá reflejada cuando salgamos de esta pandemia siendo más humanos.

abril 05, 2020

DE LO HUMANO EN LOS TIEMPOS DEL COVID


Por: William Alexander Medina Méndez
Catedrático Universidad del Tolima

El abismo entre individuo y sociedad que se abre una y otra vez ante nuestro pensamiento guarda, una estrecha relación con las contradicciones entre requerimientos sociales y necesidades particulares que forman parte permanente de nuestra vida.
La sociedad de los individuos. Norbert Elías

Un fantasma recorre a Europa, así iniciaba Marx uno de sus textos más célebres y con esto abría el espacio para comprender los cambios que se suscitaban en una sociedad que nunca volvería a ser igual. Quizá las súbitas y extraordinarias remociones sociales nunca logren tomar al individuo preparado (creo nunca ha estado preparado), pero ha logrado empujar la piedra colina arriba y sostenerla, así cada tiempo se devuelva y en el proceso triture una que otra vida. ¿Será solo tiempo de tomar fuerzas y continuar empujando?
Ahora un virus recorre el planeta, se llama Covid-19 y después de su paso el mundo no volverá a ser el mismo. Y no es solo por el confinamiento, las horas maratónicas de Netflix o el zumbido del celular con un nuevo mensaje de los infinitos grupos (espacios de des-encuentro, ágora virtual de las penurias de la cuarentena), el paseo sin descanso por la casa, como animal de zoológico (recuerdan a Júpiter), limitado, reducido a una zona de “confort”. Las acciones que en suma eran necesarias, terminan siendo mecánicas con el trasegar de los días y el sueño se convierte en la válvula de escape de esta pesadilla, pero abrimos los ojos en nuestra encerrada realidad.
Anhelante se espera por el dígito que indique el día de salida, y afuera, todo parece tener una luz de inmovilidad, de socarrona tranquilidad y los rostros tras las máscaras no pueden ocultar el miedo que se escapa por los ojos, y no es de uno pocos, es de todos. Así retumban las palabras de Barba Jacob:
 “Y hay días que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar”.
Pero el Covid-19 no es un acróstico bíblico, una condena del mundo o entre las muchas medias verdades, un ataque planificado; es un virus mortal que a diferencia de las películas no pone el contador de manera regresiva, por el contrario, va en aumento el conteo de la muerte en tiempos de globalización. ¿Será solo consuelo lo que necesitamos?
Y el sistema-mundo como paciente espasmódico intenta reaccionar -se le va el aire, uno de los tantos síntomas del virus-, pero a bocanadas aguanta la convulsión, un respirador tecnológico es el antídoto temporal. Y lo encuentra en Internet, ese vasto espacio en el cual fluctúan las vidas y deseos del mundo en un entramado infinito de conexiones, aparecen la virtualidad, el teletrabajo y toda una gama de extensiones y probabilidades para abastecer de oxígeno al convaleciente. Para quienes siempre han alimentado al enfermo sistema-mundo, la cuarentena es sobrevivencia, decía el letrero de un vendedor de dulces ¡Solo vivo de esto! y al lado su número telefónico, como quien tiende la mano o da una señal de alarma de su eminente deceso.
Así la “vida” en tiempos de pandemia, no se detiene y es para algunos una oportunidad para re-inventarse, aunque esto requiere de un ejercicio crítico-reflexivo y de un proceso que permita una re-invención, no una simulación, porque en gran medida lo que se intenta es re-insertarse a las dinámicas para continuar con la “normalidad”. Y en ello no estriba nada malo o reprochable, debemos seguir con la “vida” ahora pixelada y con la conexión a internet, como quien vuelve al cordón umbilical, en el seno virtual de la Matrix.
Y el mundo y los humanos no son los mismos; el primero lo demuestra en su aire más limpio, sus aguas venecianas traslucidas y playas fulgurantes pareciera que el proceso real lo vive él, en una constante resiliencia planetaria. Por su parte, los segundos se encuentran farragosos, sinuosos en sus actuar, no sólo es por el papel higiénico (lo cual demostró que la gente caga más en la calle que en la casa) sino por ese abismo infranqueable entre lo individual y lo colectivo. Aunque el virus ataque por igual ancianos y príncipes, trabajadores y primeros ministros, se piensa en cual vida debe priorizarse y no se vacila mucho en la respuesta, dejando en la superficie aquello que tan arraigadamente se oculta en las zonas oscuras del hombre, el egoísmo.
Pero no todo es lúgubre, hay quienes pierden la vida por salvar las de otros, acto más noble y de inigualable valor da aire para creer en el hombre, quizás sobrevivamos y mientras eso sucede, ensayo los abrazos, besos, saludos, que espero dar y recibir, porque esas manifestaciones de la cercanía entre los individuos hoy viven en vilo a dos metros de distancia.
Para sobreponernos al virus, nos quedan las palabras de Carlos Fuentes “Sólo necesitándonos entre nosotros, el mundo nos necesitará también. Sólo imaginándonos los unos a los otros, el mundo nos imaginará”.

julio 23, 2017

EL CICLISMO OTRA VEZ

Nairo, Urán, Pantano, Atapuma, Chaves, Henao y Betancur finalizando el Tour de Francia 2017

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Difícil buscar entre los anaqueles de la historia de las alegrías colombianas y no encontrar allí el ciclismo. Aunque ha estado supeditado a los vaivenes bipolares de muchos aficionados, siempre cuenta con una base sólida de verdaderos mecenas de provincia, por eso el ciclismo en Colombia es, sin lugar a dudas, el deporte nacional, el del pueblo.
Ser ciclista en Colombia no es nada fácil, las academias no abundan, las escuelas de formación son más bien agrupaciones de padres testarudos y ciclistas retirados que ponen todo su empeño en construir un espacio para los cientos de niños y jóvenes que sueñan cabalgar en las montañas del mundo. Los patrocinadores van y vienen, sobre todo se van cuando los resultados no son los esperados, como se van los medios escritos, radiales y televisivos; excepto, en este caso también, ese grupo de verdaderos amantes del ciclismo que de manera casi estoica han permanecido trayendo noticias de los sufrimientos de estos corajudos colombianos desde cualquier carretera del mundo en donde se inscriban.
Una muestra de la escasa importancia que se le otorga al ciclismo se evidencia en la Vuelta a Colombia, la cual es apenas un remedo de la calidad del ciclismo que exponen los nuestros por el planeta. Carreras con menos años de tradición como el Tour de San Luis, en Argentina, está mejor posicionada que nuestra Vuelta cuya primera edición se corrió en 1951. Además, muchos solo esperan que los ciclistas desfallezcan para catalogarlos de cobardes, acomodados o poco profesionales. El ejemplo más reciente son los desacomedidos adjetivos en contra de Nairo, aun siendo subcampeón en Giro de Italia.
Por eso en estos días, cuando al calor fulgurante de la mejor carrera del mundo, las noticias del coraje, la lucha y los triunfos de nuestros corredores se vuelven a tomar las pantallas, los periódicos y, ahora, las redes sociales; vale la pena recordar que es urgente corresponder a esas alegrías desde los patrocinios, el fortalecimiento de las ligas de ciclismo y la inversión. Y si se necesitan cifras para atraer financiadores, las siguientes pueden ser bien reveladoras: En las últimas cinco grandes vueltas de ciclismo en carretera, Colombia ha obtenido seis escalones en el podio (efectividad del 40%, el mejor por países en los últimos años), eso sin contar otras de las modalidades ciclísticas como el bicicrós y el ciclo montañismo, que aportan triunfos en todos sus niveles.
Pensando en esto celebremos una vez más, hoy domingo 23 de julio de 2017, porque otro ciclista colombiano se paró en el podio del Tour de Francia. Otro ciclista que tuvo que salir del país en busca de oportunidades, otro ciclista que a pesar de vivir muchos años en Europa sigue aferrado a esta tierra de tantas contradicciones y alegrías. Hoy fue Rigoberto Urán, antes fue Nairo y Esteban y cientos de corajudos que, como dice Carlos Vives, en su tema “El orgullo de mi patria”:
No se queda en su cama se le notan las ganas
y aunque no ha amanecido muy tempranita sale a entrenar
es un noble guerrero, un halcón montañero
que sube ligero y en las montañas suele reinar.

octubre 29, 2015

LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA: UNA PELÍCULA DE SUSPENSO

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
El segundo semestre del 2015 terminará dejando la región Tolima con muchas expectativas. Con tantas elecciones de por medio y con el sistema democrático devastado por las anomalías que ya se hicieron costumbre, y en muchos casos ley, el panorama no es apto para aprendices de brujos, menos para analistas políticos. Y en medio de ese turbulento panorama, la única universidad pública en muchos kilómetros a la redonda, naufraga en la incertidumbre. Veamos algunos factores de dicha inseguridad.
Reelegido rector en medio de la crisis. La terquedad del sistema consiste en seguir avante por encima de las crisis. Se alimenta de ellas. Vive con ellas y las genera para subsistir. La idea de que nada se puede cambiar ya se interiorizó en casi todos los sujetos adormecidos del siglo XXI. Ahora se tiende a elegir el mal menor, al menos eso nos hacen creer los que vociferan en pro o en contra de los “candidatos”. Esa lógica imperó en la reelección de Herman Muñoz Ñungo como rector del Alma Mater de los tolimenses. Ahora el profesor Herman llega con una crisis innegable a sus espaldas, la cual posee varios ribetes. Es financiera, es académica y, sobre todo, es de legitimidad ante grandes sectores de la comunidad universitaria y la región. Ya no es la figura insigne que se nos presentó en su primer periodo, ahora está precedido de sus actos, y según el sentir colectivo, está en deuda. ¿Dará un viraje a su fatal política de acreditación por encima de la realidad? ¿Dará espacio a los sectores que quieren construir universidad desde un pensamiento crítico, diverso y plural? ¿Seguirá rodeado de su pequeño séquito de aduladores y burócratas leguleyos negándose a colectivizar lo público? ¿Seguirá obedeciendo ciegamente a las políticas del MEN, de Conaces, de Colciencias y demás órganos que petrifican la posibilidad de un proyecto educativo público para la construcción de una nueva región? Difícil creer en un cambio, hasta ahora sus actos han demostrado responder a un cerrado círculo de poder, obediente a las políticas gobiernistas, alejados de la posibilidad de activar la comunidad hacia una reinvención de la Universidad del Tolima. En ese sentido, el panorama es oscuro.
El próximo gobernador es Barreto, un burócrata depredador quien fungirá como presidente del Consejo Superior Universitario. Recordado por negarle las transferencias de ley a la Universidad del Tolima, devorador de lo público y con ocho casos de investigación a cuestas, este personaje gana unas elecciones de manera apretada, para fungir de nuevo como máximo gobernante de un departamento ad portas de un cierre de proceso de paz. Con su prontuario no debería presidir el Consejo Superior, debería declararse impedido éticamente para ello. De su gobernación anterior solo se recuerdan hechos negativos para con la Universidad del Tolima; su alfil burocrático, Mauricio Pinto, apenas se ocupó de entablar relaciones clientelares, incluso con algunos sectores hoy cercanos a la administración de Herman Muñoz. Eso es lo bueno de tener memoria. ¿Qué puede esperar la Universidad del Tolima de este gobernador? Nada positivo, quizás quiera enviar su séquito de busca-puestos para darle trabajo temporal a su larga lista de lagartos, algunos de los cuales ya pululan por los pasillos de lo público inventariando oficinas. Enemigo declarado del proceso de paz, cercano a los señores de la guerra, el gobernador solo querrá poner contra las cuerdas a la Universidad y sus proyectos; a quien no le interesa la paz, ¿qué le puede interesar la educación pública del futuro? En ese sentido, el panorama es oscuro.
Guillermo Alfonso Jaramillo, un alcalde de corte progresista. Cuando el próximo alcalde de Ibagué fue gobernador, no le aportó mucho a la Universidad del Tolima. Unas pequeñas transacciones de ley, que se hicieron condicionadas, fue el gesto para con el Alma Mater. Ahora llega con muchas expectativas, al menos para la villa de los Ocobos y sus votantes, y promete cambios radicales, que sin lugar a dudas son necesarios para empezar a curar el cáncer politiquero que se tragó la ciudad.  En ese escenario, la capital musical de Colombia le debe mucho a la Universidad del Tolima, es allí en donde miles de jóvenes se han formado y se seguirán formando, sin que el gobierno municipal hubiese tendido una mano a su frágil existencia. Es el momento para que la ciudad y sus dirigentes piensen en la universidad pública y así tejer esfuerzos en beneficio de la recomposición económica, social y política de la capital de los tolimenses. Es posible entrelazar esos lazos, aportarle recursos a la Universidad del Tolima, y en contraposición pedir que esos saberes que dormitan en las aulas se vuelquen hacia la ciudad, con proyectos de investigación en formación política, apoyo cultural, estudios de impacto, y demás aspectos que permitan al claustro ser protagonista de los destinos de la región-ciudad. En ese sentido, el panorama no es claro, pero si los intereses progresistas de Guillermo Alfonso son reales, ahí tiene un camino despejado para encontrar apoyos y, de paso, retribuirle a la Universidad muchos de sus esfuerzos.
¿Y la comunidad qué? Cuesta reconocerlo, pero si algo inmoviliza la Universidad del Tolima es la apatía y el acomodamiento del conjunto de sus integrantes. Un profesorado, en su mayoría, dedicado a transferir saber cómo si estuviese anclado a la ley del mínimo esfuerzo, alejado de las discusiones políticas, pendientes de las prebendas del gobernante de turno y sumiso a las políticas del Estado. Un estudiantado adormilado, encerrado en las aulas o en las redes sociales, desconfiado e inactivo frente a la política, pasajero de la universidad y sin conciencia de futuro. Un funcionariado preocupado por sus cotidianidades personales, carente de una visión de lo público y esperando acomodarse en la escala burocrática. No son-mos todos, pero es lamentable que sí sean las mayorías. En ese sentido, el panorama es oscuro.
Alfred Hitchcock solía definir el suspenso como un hombre sentado tranquilo en su casa, mientras debajo de su sofá tenía una bomba a punto de estallar; el público lo sabía, él no. Pues en el caso de la Universidad del Tolima la mayoría sabe la existencia de la bomba, aunque es cierto que algunos dormitan en las aulas y en las oficinas, pero es innegable que debemos movilizarnos antes de que los espectadores vean volar por el aire los pedazos del Alma Mater, y con ellos la promesa de formación para millones de jóvenes.
¡Corten!

noviembre 06, 2013

LA CIUDAD PUJANTE



Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Apenas te vas aproximando desde el aire te sorprende a lo lejos el hermoso perfil de su paisaje. Luego empiezas a descender sobre una corta pista en donde un gran avión no podría meter sus narices. El pequeño aeroplano aparca mientras una despistada ayudante de vuelo (azafata en aviones más grandes) te traduce la felicidad del aterrizaje, felicidad que todos compartimos porque en esta pista con nombre de aeropuerto todo podría ser posible.

Desciendes y mientras caminas entre conos rojos ves a tres o cuatro despistados esperando tras las rejas a que algún conocido descienda. Deben llevar horas esperando. Vas al estrecho cuarto en donde la banda ruidosa te entrega las maletas y sales sin que nadie verifique tu propiedad. Solo un anciano dormita en la puerta y mira pasar brazos y maletas, el problema de este viejo vigilante es que ya debería estar jubilado, pues sus manos contienen la huella de muchas horas laborales.

Las ciudades empiezan a hablarte desde sus puertas. El aeropuerto es una de ellas, la preferida en tiempos de aires, conexiones y vidas aglutinadas por el ir venir de los horarios. Este aeropuerto parece un barco lacerado. Sus baños, cuando no están cerrados, están sin agua y sin papel. Los taxistas merodean sus risas en los bordes y los operadores dormitan en los pasillos. Si llegas unos minutos tarde te regañan, pero te piden paciencia ante una espera de tres horas en las mañanas, porque casi siempre se presentan problemas de bruma, tráfico aéreo o cosas de esas…

Si abres la puerta y recorres los primeros pasillos de esta ciudad, encontrarás un taxista malgeniado que ni te saluda; una carretera repleta de las cicatrices por la desidia estatal y un taxímetro que no corre, sino que corroe. Entonces a la altura de Mirolindo, descubres que has regresado a Ibagué, la ciudad pujante, llamada así porque aquí todos pujamos ante la escasez de agua, ante la malversación de lo público, ante el descuido de las calles. Ciudad en la cual desde que estás descendiendo sobre el aeropuertico pujas para que un chulo no se pose en tu ventanilla y recuerdas que ser ibaguereño es tener la capacidad de aceptarlo todo y de vez en cuando pujar.