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octubre 14, 2026

DESINFORMAR, ACUSAR Y MENTIR ENTRE DIENTES

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Babadilla

Docente Universidad del Tolima

 

Varias personas me escribieron el martes 13 (aclaro que no soy supersticioso) para contarme que en las redes andaba rodando una “noticia” sobre unas “denuncias” por manejos inadecuados en mis funciones públicas cuando fui director del IDEAD. El titular y el texto elaborado con inteligencia artificial se titulaba: ESCÁNDALO EN LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA! DE LA POESÍA A LOS CONTRATOS MILLONARIOS.

El texto empezó a compartirse por Facebook con el morbo recurrente que a menudo acompaña este tipo de escrituras destinadas a conseguir un like a costa de desprestigiar alguna figura pública con algo de reconocimiento social en lo local. Lo leí aprisa, pues andaba en ocupaciones cotidianas, y al pasar el día, y viendo que recibía mensajes de solidaridad e incluso de rabia, decidí leerlo con mayor detenimiento, intentando encontrar el “mensaje oculto” de quien hizo el prompt para darle instrucciones a la IA. Luego de pensarlo un poco, decidí gastar un tiempo de mi agenda en escribir este texto que haré circular por varios espacios, con el fin de generar algún tipo de reflexión (si eso aún es posible en estos tiempos de redes atafagadas de falsedades) y, sobre todo, con el ánimo pedagógico que nunca me abandona. Para ello usaré fragmentos del texto en cuestión.

La falsa denuncia (para ir poniéndole una categoría de entrada) se publica en un espacio digital que se hace llamar “Entre dientes noticias”, lo que, por el contenido de la publicación, debo reconocer que posee un nombre adecuado, ya que, siguiendo el diccionario de la Real Academia Española, viene significando algo así como:

"Articular palabras de modo poco perceptible" (hablar en voz muy baja, murmurar o farfullar).

Solo alguien que sabe que no le asiste la verdad se atreve a hablar entre dientes y disfrazar dichas enunciaciones como ejercicio periodístico. Y es que las personas que se esconden tras esta página han llevado el oficio de mentir a un nivel Pro-Max; quizás por eso escriben sin nombre, solo arropados con una etiqueta que los disfraza de “un medio de comunicación”. Ahora bien, hay que decir que existen muchos medios locales dedicados a este oficio de la difamación y poco le presto atención a sus estrategias; si Martín-Barbero viviera, quizás estaría pensando en publicar un nuevo libro titulado “De los medios a las difamaciones”.

Pero es que el oficio de desinformar ahora tiene más réditos que el periodismo de verdad. De entrada, le usurpan el lugar al periodismo; no pretenden la verdad; es más, les vale hongo la veracidad; buscan likes a cambio de interacciones, lo cual se logra con titulares estrambóticos y mentiras que ya no buscan ocultar el amarillismo; el amarillismo ahora es su reino. Decir “DE LA POESÍA A LOS CONTRATOS MILLONARIOS” vende de entrada, así nunca se muestre una mínima evidencia de dichos contratos, mucho menos de la poesía, porque la IA es más prosaica que quien le ordena escribir este tipo de textos. Y se debe poner así en mayúscula; es la norma del marketing que atrae deditos en señal de like.

Luego se balbucea la información de la siguiente manera:

Lo que comenzó como una trayectoria ligada a la poesía y la academia hoy está en el centro de un debate que promete levantar ampolla en el Tolima.

Si esto no se escribiera con IA, sino que fuera parte de un debate oral, lo único que alcanzaría a levantar sería una ampolla, pero en la boca de quien pronunciase semejante enunciado, como si estuviese hablando del Odebrecht del Tolima. Aquí otro síntoma de este ejercicio banal de seudo-periodismo, agrandar la enunciación, usar la hipérbole desinformativa, generar expectativa entre el público que pasa por las redes buscando cadáveres noticiosos para alimentarse.

La fórmula se debe repetir, un párrafo corto y otro titular en mayúscula, para que el lector no alcance a procesar nada, solo que vaya emocionándose como si estuviese ante un gran hallazgo, porque muchos conocerán el personaje en cuestión y quieren hacer parte de la muchedumbre que atice la hoguera en la cual será quemado, sin saberse por qué. No se debe dar espacio para argumentar porque la argumentación requiere de algo ajeno a estos nuevos arquitectos de la mentira: indagar, profundizar, confrontar fuentes, comparar datos, hacer pesquisas documentales, coleccionar testimonios; en fin, requiere hacer periodismo. Al revisar en su totalidad este tipo de textos, se puede concluir fácilmente que tiene más rigor un chismorreo de esquina. Estos entornos comunicativos se mueven por esa lógica popular del viejo cuento en el cual una vecina se acerca a otra en la tienda y le grita, para que todos se enteren:

¡Doña Matilde, vengo a decirle que usted es una infame, aunque no tenga cómo demostrárselo!

Pero no son ingenuos quienes viven de engatusar con estos ejercicios; saben que deben blindarse ante demandas por calumnias o injurias, para lo cual hábilmente usan expresiones como “presuntas”, y lanzan este tipo de perlas de quien tira la piedra y esconde la mano:

¡Ojo! Estas cifras corresponden a procesos identificados y no significan, por sí solas, que todos hayan sido adjudicados o ejecutados, ni que exista una irregularidad demostrada.

Si el lector es juicioso y no prejuicioso, en este momento se enterará de que está frente a un artificio del engaño, que por allí nada de periodismo ronda. Lamentablemente, pocos leen esos apartes; se van de titular en titular, esperando llegar al reino donde habitan el escándalo y la acusación sin fundamento. A ese tipo de artimañas le llaman con ínfulas epistémicas “cuestionamientos periodísticos”, una rimbombante forma de decir chismes.

Lo que hasta acá he ido mostrando para demostrar, es que este tipo de artimañas han construido una macroestructura idónea, que atrae morbo-lectores y desinformadores. ¿Quién o quiénes estarán detrás de esta “jugadita” que busca enlodar a una persona y una institución? Siempre que haya quien pague por matar, habrá sicarios, y viceversa. La mayoría de estas páginas se disfrazan de medios de comunicación, pero detrás solo existen emprendimientos que saben que en la actualidad la desinformación es el negocio. No sé si este sea el caso de los murmuradores de entre dientes, pero si suena como pato y camina como pato…

Ahora falta el ingrediente final, relacionar el personaje con una situación amorosa, porque las novelas turcas y la Virgen de Guadalupe demostraron que eso atrae mentes livianas, y tras ellas vienen los likes que monetizan y la viralización necesaria para que el negocio crezca (creo que en ese sentido con esa nota difamatoria les está yendo bien). De ahí que la imagen final de este texto sea una foto alterada en la cual, sin el mínimo asomo de ética, ni que decir vergüenza, se acusa, juzga y condena a la pareja del personaje (en este caso, mi esposa). Y final, final, no da más. Ahí tiene el chisme viral del día, sin que acá exista el mínimo juego creativo que proporciona el humor, la ironía del meme o la parodia. Acá todo es banalidad y mentiras, terreno infértil para el periodismo.

Ya quisiera uno que el oficio de estas plataformas mediáticas se encargara de vigilar los recursos públicos, investigar a fondo las actuaciones de los funcionarios, de ahondar en las fuentes y verificar que las instituciones del Estado cumplan su misión… Pero no, se trata de vender información, o alquilar el espacio para vendettas o difamaciones enmascaradas, porque siempre aparecerá una oferta atractiva. Por eso los medios de este tipo terminan sirviendo de caja de resonancia a pobres entramados politiqueros, que los alimentan y los fagocitan.

Podría continuar develando con datos, informaciones y cifras verídicas que casi todo lo puesto en esa falsa nota periodística es mentira; y digo casi todo, porque es verdad que me llamo Carlos Arturo Gamboa, que fui director del IDEAD, que fui ordenador del gasto y que ejecuté recursos. Es decir, que tuve un cargo público al que fui designado por consulta de la comunidad, que el proyecto que lideré, junto con muchas personas que construyen la educación pública del Tolima y el país, tuvo gestiones dignas de ser mostradas, y que los entes de control y los sistemas de verificación que poseen las instituciones han evidenciado resultados totalmente distintos a los que me pretenden indilgar un portal desinformador y una acuciosa IA. En el fondo no se trata solo de atacarme con injurias, se trata de poner en entredicho el proyecto educativo del Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, de lo cual en otro momento pondré cartas sobre la mesa para que la ciudadanía vaya sabiendo lo que se oculta detrás de este ataque.

Posdata 1: La imagen que acompaña el difamador texto y cuya única relación con el falso contenido es acusar a mi esposa de ser mi esposa, será tratada por ella con las normas jurídicas que la protegen. Ella, siendo comunicadora social-periodista de la Universidad del Tolima, conoce bien cuáles fueron los límites acá desbordados. En la defensa de su buen nombre la acompañaré, ya no con propósitos pedagógicos.

Posdata 2: Al final del día otro portal, cuya estructura es casi idéntica a la que describí, replica la falsa noticia, solo que “ellos” quienes ya han sido demandados por falsedad y uso indebido de imágenes, se “cuidan” de hacerlo. En esencia es lo mismo, señalamientos sin fundamentos, tan graves como el siguiente: “Se trata de exigirle a Carlos Arturo Gamboa que revele sus contratos y sus nexos mafiosos”, es decir, el tribunal de la inquisición seudo-informativa de Cambio-in ya me ha condenado a la hoguera de los improperios de la red, sin una prueba, solo por intento de sospecha. ¿Lo de in será de in-nocuos? Creo que el largo y repetitivo texto lleno de preguntas retóricas pudo ser uno de los tantos derechos de petición que respondí en mi época de director del IDEAD. ¿Por qué hacerlas hoy con más de tres años de desfase? ¿Quiénes estarán detrás de esto? Piensa mal y acertarás…!!! Ya iremos develando las intenciones.

Posdata 3: Si usted, lector, llegó hasta estas líneas finales, le felicito; ahora usted puede sentirse más informado y asumir un juicio más cercano a la realidad de lo comentado.

Posdata 4: Agradezco las voces de aliento ante la infamia, ya sabemos en qué país habitamos y de qué son capaces algunos mercenarios digitales con tal de silenciar una voz crítica. Si les parece adecuado replicar el texto, así como se viralizó la falsa noticia, bienvenida la solidaridad y el debate con rostro y argumentos.


julio 28, 2026

EL GAÑÁN

 


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Escritor colombiano

 

Cuento corto e incorrecto, inspirado en cierto personaje que sube videos en calzoncillos mientras lanza billetes al aire para bañarse en popularidad y mal gusto.

 

En el barrio donde vive mi madre habita un gañán, de los clásicos. Ha estado preso varias veces por hurto, lesiones personales y microtráfico.

Debe tener cerca de 50 años y, como suelen decir los ancianos, "aún no sienta cabeza". Lo distingo desde la época de mi juventud, cuando su ímpetu desbocado lideraba la patota de energúmenos del sector que se aglomeraban en una temida pandilla llamada "Los Pelechos".

"El Piojo", como le han llamado desde siempre, vive con su madre, una adorable anciana que sobrevive con los subsidios del Estado y alguna que otra moneda que una hija que migró a México le envía sacramente.

Hoy, cuando pasé a visitar a mi madre, "El Piojo" se acercó y me pidió un cigarrillo. Le dije que hace años dejé de fumar. Entonces me pidió la liga. Busqué en mi cartera y le pasé cinco mil pesos, más por miedo que por caridad.

—Gracias, profe —me dijo—, usted es un bacán.

Antes de irse, me sorprendió con una pregunta que nunca esperé de este gañán curtido en el arte de la vagancia:

- Profe, ¿no sabe de algún trabajito para mí?

— No, nada, mi viejo —le respondí ipso facto, sin abrir más espacio a inútiles explicaciones.

Entonces, sin decir más nada, se fue rumbo a la tienda de la esquina, batiendo al aire el billete de cinco mil.

Mientras tocaba en la puerta de la casa de mi madre, pensé: “Debí decirle que enviara la hoja de vida al nuevo gobierno; con ese prontuario que tiene, de seguro algo de altura le consiguen”.

noviembre 12, 2025

Sede sur de la Universidad del Tolima: tradición y nuevos retos

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

"Hace años se venía gestando un sueño, el de abrir la Universidad del Tolima a las regiones", dijo alguien en medios a propósito de la noticia de la reactivación del plan de apertura de la sede sur. La grata noticia engalana el cumpleaños número ochenta de la Universidad del Tolima.

No obstante, toca recordar que hace más de 40 años la Universidad del Tolima tiene ascendencia en varias de nuestras regiones. Especialmente a través del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD), cuya presencia ha sido histórica en casi todos los municipios del departamento del Tolima, y muchos más de Colombia.

Siendo así, la apertura de la licitación para la construcción de la sede sur de la Universidad del Tolima se instala en una tradición que desde los años setenta, con el plan de extramuros, se ha interiorizado en el ADN del principal claustro académico de educación superior del Tolima: ir a las regiones con propuestas de formación superior. No más basta recordar que el actual plan de gestión del Instituto se titula “IDEAD en los territorios”.

Por citar algunas de las zonas de impacto de esta nueva apuesta, hay que recordar que en Chaparral (1987), Rioblanco (1989) y Planadas (1995) se han ofertado programas de formación superior hace más de tres décadas, lo cual es tierra abonada para esta nueva fase en la que no solamente se podrán llevar programas en la modalidad a distancia, virtuales u oferta de Educación Continuada, como lo ha venido haciendo el IDEAD, sino que además se podrán aperturar programas bajo la modalidad presencial. En esto último es donde está el gran avance de tener una sede propia en el sur (Chaparral), así como se proyecta una sede en el norte (Marquita).

Esta nueva ruta de impacto beneficiará en gran medida la cobertura de educación superior en el Tolima y debe marcar un hito en la transformación de las prácticas de una universidad regional que hace rato dejó de serlo y que, por su presencia en el país, presenta las condiciones e impactos de un claustro del orden nacional. De seguro a esta nueva sede llegarán estudiantes de muchas otras regiones, como ocurre actualmente en los programas ofertados en la sede presencial de Ibagué, porque en este momento la educación y sus múltiples modalidades han borrado las fronteras territoriales y, paradójicamente, es cuando más debemos hacer presencia en las regiones.

Aspectos como la gestión docente y administrativa agrupadas en el campus de Santa Helena o los programas de investigación localizados deberán ser replanteados, rompiendo la lógica centralizada en la ciudad capital, lo cual hasta ahora ha primado en la visión directiva de privilegiar el centro sobre las periferias. Es necesario replantear esa visión para avanzar en la consolidación de un Alma Mater que en su totalidad hable, construya y piense desde las regiones, papel que le había sido delegado, a regañadientes y muchas veces sin los soportes adecuados, al Instituto de Educación a Distancia.

Si tanto la sede sur como la sede norte se consolidan en el corto plazo, deben acompañarse de nuevos programas, enfocados en las líneas de desarrollo de futuro, con formación tecnológica y posgradual de alto impacto. Ampliar el eje de acción implica ensanchar la visión institucional. Vienen muchos desafíos, retos que necesariamente deben oxigenar la octogenaria universidad que se ha visto beneficiada por los impactos de las políticas educativas del gobierno nacional actual y las exigencias de un tiempo cambiante.

Será bebiendo de la tradición y evaluando el presente que las nuevas sedes de la Universidad del Tolima consolidarán el futuro de un Tolima más abierto y presto a la formación superior. Esto se hará con programas pertinentes, calidad en contexto y escenarios de equidad para la construcción del conocimiento y la recuperación de los saberes de nuestros territorios, que deben coadyuvar a la solución de sus múltiples problemáticas.

agosto 30, 2025

Cuando se trata de educar niños, hasta los libertarios se vuelven godos

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Esta reflexión la hago a partir de un hecho noticioso. La noticia que se divulgó por redes el 21 de agosto de 2025 anunciaba lo siguiente: “El Salvador impone nuevo reglamento escolar. Saludo obligatorio, uniforme impecable y corte de cabello adecuado”. La nota parecía extraída de un viejo manual educativo digno del siglo XIX, con una visión bastante retrógrada de lo que debe ser un modelo educativo para el siglo XXI. Desconozco la reglamentación general aprobada que contiene estos elementos, por lo cual no comentaré nada al respecto; lo que sí me causó gran inquietud como educador que soy es ver la cantidad de comentarios favorables en torno a los aspectos mencionados.

Muchos usuarios de la red avalaban, casi con histeria, la acción de imponer el saludo obligatorio, el uniforme y el corte de cabello adecuado, como fundamental para la educación de una generación que, en palabras de ellos, se está perdiendo por falta de valores, lo que está destruyendo la sociedad. Y es ahí donde quiero resaltar algunos aspectos.

Primero toca recordar que “imponer” no es educar, al menos en el diccionario de una pedagogía que busca la construcción de un mejor sujeto, para un mejor mundo. Imponer implica desconocer el deseo del otro, su individualidad, su particularidad. El sujeto, sujetado por unas reglas como imperativo educativo, desconoce el yo para construir una sociedad uniforme en la cual todos piensen lo mismo y actúen igual. Es la arcaica idea de la educación como fábrica, decantada en aquella imagen que hizo famosa la agrupación Pink Floyd en su video “Another brick inthe wall”.

La escuela hace años experimentó esa idea retrógrada que acá se celebra como gran novedad. No más recordemos la advertencia que hacía Hannah Arendt en “La banalidad del mal” sobre cómo se construyeron las personalidades de los administradores de los campos de concentración nazis: Bien educados, bien peluqueados, bien hablados, bien instrumentalizados en función del mal. En el modelo que muchos celebran, se cree que un niño que saluda es mejor que uno que no lo hace, que llevar el pelo distinto al corte impuesto es una falta y que el uniforme determina al sujeto.

Más allá de la discusión pedagógica, que se puede solventar invitando a leer tantas páginas de discusión en torno al verdadero valor de educar; lo que más alerta es ver cómo la democracia sigue siendo asediada por discursos mesiánicos, totalitarios y dictatoriales. La historia nos muestra cómo restringir la educación ha sido el sueño de todo totalitarismo para imponer la “escuela del pensamiento único”, como lo devela George Orwell en su aclamada novela “1984”, en un mundo en el cual el Ministerio de la Verdad y la Policía del Pensamiento velan por ese ideal.

Pero lo que más me sorprendió en el seguimiento que hice en redes de esta noticia es que muchos educadores estaban de acuerdo con las tres sentencias: saludo respetuoso, uniforme limpio y corte adecuado. Es como si esos docentes añoraran el viejo manual de urbanidad que calificaba a los sujetos según el cumplimiento de sus líneas, sin importar su personalidad. Decía los viejos: «Lo importante es la fachada, no ser, sino aparentar». ¿Cuántos asesinos bien vestidos, bien hablados, bien educados ha visto desfilar la historia?

Ahora bien, la noticia se logra entender a profundidad cuando descubrimos que la ministra de Educación de El Salvador es una militar, quien tiene la misión de “fortalecer la disciplina y los valores cívicos”. ¿Para qué privilegiar el conocimiento en las escuelas públicas? Con que los niños se sepan comportar y obedecer, el futuro del régimen está garantizado. A los profesores obnubilados por estas medidas les recomiendo leer algunos textos como “Pedagogía del oprimido” o “La educación como práctica de la libertad” de Paulo Freire, aunque, si no se quieren sentir muy extraños leyendo libros de gente sospechosamente de izquierda, pueden leer “Lecciones de los maestros” de George Steiner, o “Mal de escuela” de Daniel Pennac.  Y si gusta poco de la lectura, al menos vean una película como “La lengua de las mariposas”, “La ola” o “El último vagón del tren”, para que logren entender que educar es todo lo contrario a encasillar en un uniforme, en un corte de cabello o en un saludo.

Por mi parte, lo que noto en esta medida de Bukele es el advenimiento de una dictadura light impuesta por un sujeto cuya melomanía y creencias religiosas ha proyectado la imagen de un país creado a su semejanza. Bukele, más allá de tener contentos a muchos habitantes de El Salvador, ahora se considera un mesías capaz de cambiar la conducta de los niños para crear la sociedad del futuro. Ojalá los adoradores de este sujeto, que por ahora abundan, se puedan ver la serie “El cuento de la criada” antes de que Bukele, mediante otro decreto, empiece a prohibir este tipo de relatos por contradecir su visión de mundo.

No olvidemos que el deseo de un dictador es que todos se parezcan a lo que él cree, empezando por su aspecto físico, de ahí la idea de limpieza del uniforme y del corte de cabello adecuado. El "otro" debe ser una prolongación de sus deseos, una copia. Si no lo logra con modelos educativos llamativos ante el amplio público, lo hará más tarde con la imposición de otras fuerzas más represivas. Y el día lejos no está; ya logró un cambio en la Constitución para perpetuarse en el poder; ahora quiere modelarlo todo a su antojo, contando con el beneplácito de muchos sujetos en cuyo espíritu no hay cabida para la libertad humana. Ver que muchos aplauden esta medida me hizo acordar del adagio que reza: “Cuando se trata de educar niños, hasta los libertarios se vuelven godos”.

mayo 21, 2025

EDUCAR EN TIEMPOS AGOTADOS

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla[i]

Docente Universidad del Tolima

A veces tengo la impresión de que las universidades ya no requieren de líderes académicos, sino de psiquiatras, que el máximo reto de un profesor está en competir contra YouTube, Facebook, Tik Tok o Instagram, que los estudiantes están más preocupados por sus fotos de perfil que por un diploma.

Los curtidos docentes de hoy, los veteranos, nos formamos en un tiempo en el cual el conocimiento era lo más importante, sudábamos gotas de aceite para aprobar una materia y sentíamos el vértigo de la evaluación. Siempre supimos que para que existiese un escenario de aprendizaje real debían confluir, mínimo, tres actores: el conocimiento, los estudiantes y los docentes, en ese orden de importancia. Pero agobiados por los indicadores, los formatos, las reuniones y mil artilugios más, fuimos descuidando el conocimiento y los saberes, sin los cuales ni docentes ni estudiantes tienen un lugar de enunciación en el mundo educativo. Terminamos educando en un tiempo agotado.

Las instituciones que educan se han enfrentado durante décadas a las mismas preguntas, para las cuales las respuestas ya son conocidas, pero las acciones siempre van en contravía de la necesidad. El mundo educativo está sobrediagnosticado, pero como pacientes de una EPS, no recibimos los remedios indicados y seguimos curando los síntomas profundos de la enfermedad educativa a punta de acetaminofén.

En las facultades de educación, en los programas de formación docente, en las licenciaturas, en los eventos académicos y hasta en las cafeterías, citamos a Freire, a Mélich, a Posner, a Montessori, a Bruner, a Vygotsky, a Steiner, a cientos de maestros que hablan con maestría sobre las formas de enseñar, las maneras de educar y las estrategias para transformar las prácticas pedagógicas, pero cuando nos asomamos a las aulas, el paisaje parece ser el mismo y a veces más desalentador que el de hace décadas.

Los chicos no quieren estudiar, dicen los profesores a diario; los niños no quieren ir a la escuela, dicen los padres agobiados; los jóvenes no desean estar en las universidades, dicen las últimas noticias y los indicadores recientes, y todos ellos tienen la razón. ¿Se ha vuelto acaso la institución que educa un lugar poco deseable? ¿Por qué?

Ante este panorama, ser educador parece ser el oficio optimista de un pesimista consumado. ¿Qué hacemos ofreciendo manzanas a un niño que desea colombinas? Somos los testarudos de un tiempo de alertas universales, de mentiras que pululan a la velocidad de la luz, de incomunicaciones y fragilidades.

Ahora el currículo flota en las redes sociales, la lección está sintetizada en un meme y la evaluación es un reality show. En el mundo de la cibercultura, los docentes parecemos un avatar caprichoso flotando en la red infinita de los mensajes cifrados. Como el grito de auxilio atrapado en una botella que ha lanzado un náufrago, seguimos esperando que alguna vez ese mensaje tenga un receptor, y que acuda a salvarnos de ese pesimismo que se ha incrustado en nuestra diaria labor.

¿Sueno demasiado pesimista? ¿O más bien estoy siendo muy realista? La respuesta la dejo flotando por ahí como otra de esas preguntas que no se deben responder sin reflexionar. Lo cierto es que en medio de este panorama hemos decidido ser educadores y esa es nuestra responsabilidad. Los tiempos han cambiado de manera revulsiva y ahora asistimos a la profecía final contra la escuela, el apocalipsis de la educación con su anticristo encarnado en la inteligencia artificial. Terminator se pasea por los pasillos de las universidades; sus pisadas asustan y muchos se esconden detrás de sus viejos pizarrones, resguardando en el pasado sus miedos al futuro. Les alerto desde ya: esconderse no es la solución; hay que enfrentar el presente; solo así es posible construir un futuro o cambiar ese que parece inevitable.

No hay que temerles a los nuevos modelos, a las nuevas didácticas, a las herramientas que a diario se recrean; ellas nunca reemplazarán al docente auténtico, aunque los que corren riesgo son los profesores simuladores; de ellos no será el futuro. ¿En cuál de esos grupos estamos? He ahí el dilema.



[i] Palabras de apertura del Panel “Escenarios y voces del IDEAD: diálogo y reflexión sobre el rol del docente en la educación superior a distancia”, celebrado en el marco del Primer Encuentro Nacional de Profesores IDEAD – UT. (mayo 15-18, de 2025).


enero 25, 2024

Corredor Turístico del Norte de Ibagué, radiografía de un abandono

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

En Ibagué, hace más o menos cinco años, se ha venido desarrollando un nuevo espacio para el turismo, los proyectos productivos con enfoque agroecológico y el emprendimiento en diversos campos autosostenibles. Se trata del denominado Eje Turístico del Norte de Ibagué, que se traza desde los límites del barrio El Salado, específicamente del denominado punto “El país”, que toma dos vertientes, por la derecha hacia San Bernardo con puntos clave como la vereda La Helena y La Flor; y hacia la izquierda hacia la mina y la vereda Carrizales.

Durante los últimos años, y en especial en pandemia y postpandemia, han aumentado considerablemente los negocios y emprendimientos de corte turístico en dicho corredor. Fincas agroturísticas, miradores, restaurantes, balnearios naturales, glampings entre muchas otras apuestas productivas han venido impactado positivamente en este sector. Este tipo de apuestas de desarrollo traen consigo muchos dividendos para los sectores involucrados, cualificación de los empleos, mejora de los ingresos de las comunidades, apuestas de sostenibilidad ecológica, redes de economía solidaria, por mencionar sólo algunos.

Además, y viendo la saturación de ejes turísticos como el Cañón del Combeima, el Corredor Norte se presenta como una opción nueva y con gran variedad de puntos de entretenimiento y turismo para los habitantes de Ibagué y visitantes de otras regiones del país que llegan día a día buscando alternativas de esparcimiento.


No obstante, el empuje de la zona sufre de un estancamiento debido a factores deficitarios que deben hacer parte de las políticas municipales y departamentales quienes necesitan promover y coadyuvar al sostenimiento de estos proyectos. Todos sabemos que, con la llegada de turistas y visitantes, se deben fortalecer aspectos de infraestructura, de seguridad y de cuidado del ambiente para que se pueda ejercer un turismo responsable y que garantice la supervivencia en el tiempo. 

Es así que a finales de 2023 y en lo corrido del presente año, la comunidad se ha venido quejando constantemente del abandono en temas como el mantenimiento preventivo de las redes eléctricas, lo cual genera cortes constantes en la energía sin respuesta adecuada por parte de Celsia. Así mismo, factores de inseguridad que alejan los visitantes y afectan los residentes de la zona, sin contar con el apoyo decidido de la policía metropolitana, quienes informan que ellos no cubren el sector verdal, en especial del Salado a San Bernardo. Esta zona no cuenta con gas domiciliario, sin que hasta ahora las promesas de instalación que se hicieron en la alcaldía anterior hayan tomando un curso eficiente.

Del mismo modo, el manejo de basuras es altamente deficiente, ya que la recolección de residuos a tiempo es clave para el equilibrio ecológico y el manejo de alimentos. El mantenimiento de la red vial no existe, son los pobladores quienes periódicamente hacen mingas para podar, limpiar y cubrir la ausencia del municipio en estas labores. Incluso existen tramos de la carretera que están a punto de colapsar sin que los clamores de los usuarios sean escuchados. Así mismo, la señal de internet y el servicio de telefonía es precario, factores claves para el turismo del siglo XXI. El transporte público, aunque existe una ruta de buses, no es constante y esto limita la visita de personas que no poseen vehículos.



En fin, son muchos los aspectos que dependen de la gestión municipal y departamental para que este corredor rico en flora, fauna, paisajes, apuestas sostenibles y gente emprendedora logre consolidarse. Sería muy lamentable que muchos terminen, por falta de apoyo gubernamental, abandonando el sueño de consolidar el Corredor Turístico del Norte de Ibagué en un bastión del desarrollo y en una ventana para mostrar la ciudad, la cultura, su gastronomía y sus paisajes.

Esperamos que el clamor sea escuchado y los nuevos funcionarios municipales y departamentales entiendan que invirtiendo y apoyando proyectos de la franja turística se contribuye a generar una dinámica de desarrollo vital para aumentar los alarmantes índices de desempleo y las opciones comunitarias de trabajo en el marco de una región que clama por mejorar sus condiciones de vida.



octubre 14, 2022

AL FONDO DE LA OSCURIDAD, SIEMPRE LA LUZ

 

Afiche promocional

Por Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Vamos heredando violencias, construyendo círculos de sombras que nos atenazan a un destino. ¿Cómo huir? ¿Es posible deshacer los nudos y romper el ciclo? Estas dos preguntas permiten adentrarnos en la reflexión de la Ópera Prima de Andrés Ramírez Pulido: La jauría.

En el cine latinoamericano, y por supuesto el colombiano, la violencia es leitmotiv, eje narrativo recurrente. No obstante, en La jauría importa más la construcción de una atmósfera agreste que nos cuestiona como espectadores, que nos sumerge en esa piscina oscura de la naturaleza humana. Más allá de los cuerpos violentados, a los que no rehúye, la cámara se afina en mostrarnos el drama mental, la psiquis agónica de la víctima y el victimario, quienes al final comparten el mismo drama: padecer los efectos de la violencia.

Siete jóvenes, quizás siete marionetas atadas a un pasado inevitable, intentan ser reeducados por un extraño sistema carcelario que nada tiene que ofrecerles, más allá de una leve gota de esperanza en la boca de un proscrito que funge como maestro desesperado en busca de algo que él nunca encontró.

Por eso la culpa se pasea como anfitriona en la narrativa de la película. Es invisible, pero está ahí, se asoma en los intersticios de las sombras y los colores, camina entre los arbustos agobiantes e inunda los cuerpos juveniles condenados a sufrir el antiguo rito humano: sobrevivir a toda costa en un mundo agreste.

Con una apuesta técnica bien lograda, un sonido que captura el mundo natural, sus ruidos, sus sinfonías tropicales y sus murmullos agonísticos, La Jauría conmueve pausadamente, hasta elevarnos en un clímax, por un momento agotador, por lo cual trasmite con eficacia el mundo ficcional que el director nos propone. El guion plantea una línea cuyo desenlace intuimos, pero que igual nos sorprende, eso también es virtud.

Actores naturales, paisaje tolimense, tonalidades suburbanas y deseo honesto de narrar hacen de esta película un buen metraje para recordar que el cine de verdad es arte, y el arte siempre esconde una profunda reflexión.

Se estrena en la cartelera colombiana (Cine Colombia) el cercano 20 de octubre. Tuve la oportunidad de asistir al preestreno en Ibagué y sorprenderme, así que los invito a que llenen las salas y se zambullan en esa piscina de emociones.













Andrés Ramírez entrevistado para la Radio UT 

Presentación de actores

septiembre 16, 2022

¿Qué nos enseña la tristeza?

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

La muerte o su alusión

convierte en preciosos y patéticos

a los hombres. J. L. Borges

 

A veces olvidamos lo efímero que somos. Nos dedicamos de lleno a vivir de la manera que el tiempo nos obliga a vivir y entonces relegamos a la vida misma. Olvidamos que somos finitos, que el tiempo que nos ha sido otorgado es apenas una bocanada de aire.

Por estos días, en nuestro pequeño y gran mundo llamado Universidad del Tolima, hemos sido estremecidos por el dolor. Una compañera ha decidido darle fin a su existencia en un acto misterioso y sublime. Un acto que hace parte de la historia misma de lo humano, un acto consumado que nos recuerda lo frágiles que somos.

Su partida nos conmueve, su decisión estremece las bases de las creencias individuales y colectivas. Algunos la conocieron muy de cerca, quizás lo suficiente para entender sus miedos, sus sueños, sus deseos. Otros quizás apenas cruzamos con ella una mirada, un saludo, una actividad cotidiana de muchas realizadas en esos trece años que habitó sus días laborales junto a nosotros.

Otros quizás llegaron a enterarse que existía, justo ahora. Pero de muy cerca o de lejos todos fuimos tocados por su decisión. Y en nuestras cabezas las preguntas rondan. Somos el resultado de la relación con los otros, somos nos-otros, y como institución que enseña, su principal objetivo es aprender de las experiencias, por dolorosas que estas sean.

Escuchar lo que se dice en momentos como éste puede ser esclarecedor para la comunidad, porque el lenguaje siempre deja una huella. Pero también debemos ser capaces de preguntarnos a nosotros mismos sobre el territorio de lo profundamente humano: ¿lo estamos transitando?

Padecemos un tiempo, somos sobrevivientes pasajeros de una pandemia que aún no termina, pues sus efectos seguirán dando cuenta de ella. Como sociedad fuimos escindidos, encerrados, removidos de nuestras cotidianidades durante dos eternos años y ahora no podemos retornar a ese viejo lugar confortable que habitábamos antes, ¡cómo si nada hubiese sucedido! Hemos mutado. Nuestras emociones fueron puestas a prueba y los resultados están por verse.

Cuando se sobrevive quedan huellas profundas de la experiencia transitada, y como estábamos encerrados debemos readaptarnos, reaprender a vivir juntos. Son estos los tiempos de volver a pensarnos en colectivo, con nuestras diferencias a cuestas, pero juntos.

Hay algo inevitable y bello en la existencia, es la certeza que todos tenemos de que un día la muerte saltará sobre nosotros o nosotros saltaremos a ella. Por eso cada minuto, cada día, cada mes o año que tengamos a favor debemos apreciarlos y dotarlos de las maravillas de la existencia. 

Debemos vivir asombrados de la vida. Es lo que nos debe enseñar, o recordar, esta tristeza.

In memoriam de Claudia Sánchez

Ibagué septiembre 16-2022

agosto 09, 2022

CEGUERAS

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Que alguien le diga al alcalde de Ibagué, Andrés Fabián Hurtado Barrera, que la Universidad del Tolima existe. Que su sede principal está en la ciudad que regenta, pero que además hace presencia en 25 sedes más, dando cobertura a 9 departamentos de Colombia y acogiendo cerca de 25 mil estudiantes en programas de pregrado y posgrado, en sus modalidades de presencialidad y distancia.

Que alguien también le diga que durante su gobierno (o deberíamos decir desgobierno) la comunidad, desde varios frentes, ha estado reclamándole mayor articulación con la Universidad Pública de la región. Que le informen que en la sede Central de Santa Helena y en cerca de seis sedes que operan en instituciones educativas de la ciudad, se educan miles de ibaguereños, es decir, ciudadanos que reclaman su gestión de gobierno.

 Hay que recordarle también que durante lo más crudo de la pandemia vimos actuar la gobernación en línea de responder a los retos de la comunidad educativa, mientras que por su parte Hurtado fue incapaz de responder adecuadamente ante éste y muchos otros retos.

Ahora, ante la propuesta del gobierno de Petro, en términos educativos, es factible entender que se busca loablemente mayor cobertura para ofrecerles formación superior a miles de jóvenes y adultos, sobre todo en zonas rurales. Lo cierto es que esto no se logra solamente creando nuevas universidades, si no, sobre todo apoyando los proyectos regionales educativos de las universidades públicas existentes y, como en el caso de la Universidad del Tolima, apuntalando sus ejercicios en la región Tolima y en todo el país a través del Instituto de Educación a Distancia que lleva haciendo esta labor durante 40 años.

Por lo tanto, considero que el anuncio del alcalde, en el cual afirma su disponibilidad para construir “la universidad pública más grande de Colombia en un lote de 70 hectáreas que tenemos en zona de expansión”[1], es otro de sus alardes de populismo, alejado de la realidad y más bien evidenciando el desconocimiento de los esfuerzos educativos para la formación superior que se hace en la ciudad, el departamento y la nación.

Lo que si queda claro es que Hurtado siempre tuvo un tesoro frente a sus ojos, pero, como en el cuento de hadas, por su ceguera lo ignoró.

Que alguien le hable al alcalde Andrés Hurtado de la realidad a ver si de algo se entera; y a la población  ibaguereña que se prepare adecuadamente para elegir un nuevo alcalde, que de verdad conozca la ciudad y sus necesidades, que se ponga a tono con el proyecto de país que hoy nos llena de optimismo a los colombianos y que recupere la gobernabilidad en una ciudad que padece las consecuencias de sus malas decisiones. ¡Ya estuvo bien de cegueras!



[1] Noticia en :https://www.elolfato.com/ibague/una-nueva-universidad-publica-para-ibague-y-el-centro-del-pais-la-peticion-de-hurtado-en-la?fbclid=IwAR316P3UB63XAZXUBsrqXGGANaFaoUkZwLmqa12ziqk6SyhwQYvn4ypSk9U&fs=e&s=cl

febrero 14, 2022

De regreso al carnaval pictórico-poético

 


Por: Carlos Arturo Gamboa[1]

 

Nelson Romero nos tiene acostumbrados a sus dardos punzantes cada vez que publica un nuevo poemario. Con Proverbios & Carnavales, no podía ser distinto.

Su voz se hace inagotable y, sobre todo, asombra. Nelson no es un escritor que se repita así mismo, aunque aborde puntos de partida similares en algunas obras.  “De vez en cuando el arte sirve para atar de pies y manos al diablo, pero sin alejarlo tanto de nuestra juerga”[2] nos recuerda el poeta de Ataco cuya voz cada vez se hace más universal.

De nuevo, usando la pintura como enclave poético, el autor nos llama la atención al decirnos que “Mi arte no es más que un cielo invertido. Donde los cerdos se volvieron serafines y los ángeles se revuelcan en el lodo”. Así se hace presente ese empuje desacralizador siempre retumbando en su obra.

Esta vez se adentra en la reconstrucción simbólica de la obra de Brueghel el Viejo, un pintor desconocido para casi todos nosotros. De seguro, en algún momento cuando se cuece la génesis de una obra, el pintor le habló desde la distancia de los años a Nelson, para provocarlo, para sumirlo en los insomnios de la creación. Quizás le haya dicho “Es maravilloso ver como tu arte ensancha el mundo”.

Y así, en ese diálogo cultural separado por miles de kilómetros y años, Nelson vuelve a repasar ese juego visual carnavalesco que propone el pintor, para darle una nueva reencarnación a su propuesta. Hace arder sus cuadros y bocetos, pero no importa porque la voz retumba: “No te preocupes por la casa que se quema mientras puedas calentarte en sus llamas”.

Y es que así uno se puede imaginar el arte, como un oficio que destruye y reconstruye para al final exclamar al unísono, pintor y poeta: “Gasté la fortuna de mi alma, pintando este infortunio”. Y ni siquiera nos debe una respuesta de sus juegos paralelos entre mundos artísticos, porque: “… el arte no es una explicación, no tiene por qué vivir de explicaciones”.

Los trazos de Nelson siempre son voces que indagan, preguntan, que usa pre-textos y post-textos para dejarnos provocados más allá de la lectura. Es ambivalente, por eso nos dice con la misma claridad que Brueghel elaboraba trazos: “No me arrepiento de haber pintado, al mismo tiempo al lobo y al cordero”.

Darle forma a la poesía es oficio propio de los seres pacientes, de esos que pueden tomarse el tiempo necesario para encontrar la palabra correcta, el adjetivo preciso. El arte poético es casi hechicería, porque “el diablo es mañoso, no se deja pintar por fuera”. No obstante, pintor y poeta, en distintos mundos y distintos tiempos, logran la conexión.

Así es, son tiempos distintos los de la pintura y los del poema, sin embargo, ambos sentencian esa memoria antigua que sigue vigente, por eso ambos exclaman: “Es fácil cagarse en el mundo. Lo difícil es limpiarlo”. Siglos y siglos han transcurrido en esa penosa labor y cada día, durante un sin-tiempo ambos exclaman: “Esta mañana me asomé al mundo. Sólo vi espinas y cardos y todo estaba sucio y desordenado y vacío”.

Este es el balance del carnaval, es la sentencia de los proverbios. Ahora debemos celebrar, darle forma al festín de la existencia, porque somos inocentes: “Que el amor sea el culpable del cerdo desollado entre el blanco rebaño de ovejas”.

Por eso estamos acá, en este otro tiempo y en este otro espacio, para celebrar, porque “el sombrero es un mundo encantado cuando está puesto sobre tu cabeza”. Así es la vida y el arte. Es el descubrimiento de las pequeñas grandes cosas. Es la lección que me dejan Nelson Romero y Brueghel, desde los trazos sobre el lienzo y sobre el papel.

Esta edición de Proverbios & Carnavales, publicada por Frailejón Editores es en sí de una redondez estética muy extraña en estos tiempos de prisas y fugacidades. Los invito a degustarla, y sólo tendría como cierre repetir unos versos del poeta: “Llegó el momento de brindar a tu salud y a la salud del Reino de este mundo”. SALUD POETA.



[1] Texto leído en el lanzamiento del libro. Febrero 12 de 2022

[2] Todas las citas (entrecomillados) corresponden a: Romero, Nelson. (2021) Proverbio & Carnavales. Frailejón Editores.

noviembre 14, 2021

TODOS PERDIERON LA CABEZA

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

La Corona de Castilla fue la primera en perder la cabeza, quizás enloquecida por la fiebre del oro que ya había inundado toda Europa. Por eso nombró a Andrés López de Galarza como tesorero de la Real Hacienda en el nuevo continente. Muy de buenas don Andrés quien a duras penas había hecho unos cursitos de economía, y no precisamente en la San Marino, pero quien además de conquistador terminó haciendo una nutrida carrera burocrática.

Sin necesidad de llevar el cartón bajo el brazo, López de Galarza llegó a las nuevas tierras conquistadas y le fue encomendado abrir camino por la cordillera, topándose en esta lid con los Pijaos. Con su aguerrida resistencia los indígenas de estas tierras estuvieron a punto de hacerle perder, y rodar, la cabeza. No obstante se dio mañana para fundar Ibagué, eran esos los años de 1550.

Muchos años después, aunque no frente a un pelotón de fusilamiento, pero si ante una turba enfurecida, Andrés López de Galarza, por fin perdería su cabeza. Aunque entonces era lo único que poseía, porque sus restos seguían guardados en la Catedral Basílica Metropolitana Santiago de Tunja, libre de los manifestantes y glorificado por los adoradores de conquistadores en nombre de una fe antigua, por la cual muchos también han perdido la cabeza.

La turba de manifestantes, en su mayoría jóvenes, arrastró la cabeza de López de Galarza por las calles de Ibagué. (Arrastrar cadáveres es una tradición heredada de los conquistadores, aunque en este caso se trataba más de un simbolismo que de un acto de sevicia). Fue así que la cabeza perdida del conquistador terminó en el campus de la Universidad del Tolima y fue sometida a un “juicio histórico”. Un transeúnte que observaba a través de las rejas exclamó: “dizque juzgando un montón de chatarra, estos jóvenes perdieron la cabeza”.

Después de muchas horas de juzgamiento, la cabeza fue condenada a permanecer encerrada en el campus universitario, acto bastante atroz para un conquistador que odiaba la academia, recordemos que apenas hizo unos cursitos de economía.  Cerrado el juicio sólo quedaba por determinar ¿quién vigilaría la cabeza de Galarza?, cuestión que aún ignoramos.

Los restos de la cabeza de Galarza terminaron rondando por el vacío campus azotado por la pandemia y de vez en cuando hacía apariciones para asustar a los viejos historiadores que se negaban a aceptar la caída de sus antiguos monumentos. A ese ritmo, decían, todos perderemos la cabeza. Ante estas afirmaciones, otros docentes formados en otros ritmos de la historia, querían tumbar las cabezas añejas de sus antecesores, pero en la academia el parricidio es mal visto, mucho más que la negligencia.

Los días pasaron, las vacunas contra el Covid-19 llegaron, el campus empezó a recobrar un poco de vida y desde la Alcaldía de la ciudad llegó la notificación para que la cabeza del antiguo colonizador fuera devuelta. Quizás por falta de recursos, la Secretaría de Hacienda quería chatarrizar la historia y obtener algunos dividendos. Se supo que en el antiguo lugar en donde estaba la cabeza del susodicho, ahora habían erigido otra cabeza, una que, según los promotores, si poseía un símbolo respetuoso con los antepasados. Aunque a ojo de buen cubero, parecía que los creadores de la nueva cabeza habían sometido la estética a otro juicio histórico, declarándola inexistente.

¿Y la cabeza? No aparecía. En el campus de la Universidad del Tolima nadie daba razón de sus restos. Los posmodernos, quienes aseguran que la historia ha llegado a su fin, decidieron dar por inexistente la susodicha cabeza. Los señalamientos empezaron a ir de aquí a allá, algunos culparon a los jóvenes que protestaban, otros a los profesores que lideraron el juicio, incluso algunos culparon a la administración por ocultar la cabeza, entre otras cosas. A tal deliro llegó el asunto, que se supo que una de las tantas abogadas contratadas para vigilar, enredar y castigar el mundo de la vida universitaria, terminó poniendo una demanda en la Fiscalía por la pérdida de una cabeza.

Ahora todos deambulamos sin saber por qué perdimos la cabeza. Los jóvenes de vez en cuando gritan que irán detrás de más cabezas. Los viejos profesores, al parecer, hace mucho les importan poco lo que pase por las cabezas. Los nuevos docentes están construyendo una categoría de análisis para estudiar el fenómeno y publicar un artículo en algunas de esas revistas indexadas que nos hacen perder la paciencia y la cabeza. La abogada espera la respuesta de la Fiscalía mientras impaciente se rasca su atribulada cabeza. La Alcaldía espera que le devuelvan la cabeza que anda embolata, tan embolatada como la pobre gestión del mismo alcalde.

Y mientras tanto, de noche, en el campus de la Universidad del Tolima algunos dicen ver rodando una cabeza. Va pregonando una vieja letanía que aún estremece el Valle de las Lanzas. Nadie puede traducir de manera exacta lo que murmura, pero de seguro que, si te detienes a escuchar sus lamentos, también perderías tu cabeza.

septiembre 18, 2021

De la “izquierda barretista” y otros embustes

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

Si quieres descalificar el trabajo de alguien es muy fácil, habla mal de él masivamente. La gente no entrará a verificar si lo dicho es cierto, somos una sociedad del rumor. En la política el chisme, la habladuría y el rumor han sido trasmisores ideales para potenciar o desmeritar una figura pública. En el siglo XXI el coctel ideal se fortalece al agregarle el combustible de las redes sociales, lugar donde la opinión se confunde con la ignorancia.

Tendríamos miles de ejemplos extraídos de la cotidianidad colombiana de cómo mentiras o verdades a medias se han constituido en dogmas que la gente repite y dan por sentado como verdades absolutas. Acá no importa la tendencia política o ideológica del sujeto de la mentira, ni tampoco del enunciante de la misma. Cómo no recordar ese verso popular: “Miente el rico, miente el pobre, el de izquierda y el derecho, el de arriba y el de abajo, mienten todos, porque mentir es un decreto”.

Por esta razón, cada cuánto aparecen sentencias que se posicionan como verdades y la gente las va aceptando, muchos porque no tienen mirada crítica de los sucesos y otros porque esa mentira, vuelta verdad, es favorable a sus intereses. ¿Se acuerdan de ese majestuoso dogma de que nos íbamos a volver como Venezuela? Mejor ejemplo no hay.

Fue así como alguien dijo que, en el Tolima, y en particular en la Universidad del Tolima, había una corriente de “izquierda barretista” y desde entonces militantes, periodistas, replicadores de opinión y chismosos, repiten la frasecita dando por sentado su contenido. La adjetivación de por si es una antítesis, igual que el enunciado de “seguridad democrática”, porque sus dos partículas se anteponen, y forman parte de esa extensa lista de jeringonzas que construyen la seudocultura política de la región.

Recordemos las historias del Tolima con sus famosos santofimismo, gomezgallismo, jaramillismo y en estos últimos años el barretismo, descripciones arbitrarias que toman como punto de partida la figura del gamonal del momento, no hay que olvidar que los electores son adictos a las figuras gamonalescas. Acá tampoco importa el partido o ideología, gamonal es gamonal.

Decir “izquierda barretista” es sonoro para esos oídos de pasillos y redes, sobre todo para un grupo de fanáticos del odio que lo pregonan en bares, muros de Facebook y publicaciones de dudosa rigurosidad. Tal grupo sólo existe en esas pequeñas mentes delirantes, porque en la real realidad, el exgobernador Barreto no sostiene ninguna relación política con las personas que agrupan arbitrariamente en ese coloide paranoide.

¿Por qué lo hacen? Fácil, para intentar desprestigiar a un grupo de personas que hemos sido actores de transformación durante los últimos años en la Universidad del Tolima, sobre todo por aquello que perdieron sus prebendas y llevaron a la Alma Mater a tener un déficit de 24 mil millones y estar ad portas de ser intervenida por el Ministerio de Educación.

Los estudiantes y docentes nuevos poco conocen de las afujías de la UT en el año 2015, crisis profunda que llevó a una huelga de hambre de estudiantes, trabajadores y docentes y que desencadenó la salida del entonces rector Herman Muñoz y su grupo de poder. Muchos de ellos hoy son quienes pregonan el eslogan de “izquierda barretista”, eslogan que les sirve para tapar su pasado funesto frente a los destinos de la universidad de los tolimenses y, de paso, soñar con volver al poder.

Adenda 1:

El exgobernador Oscar Barreto, durante su primer periodo, gestionó de manera fatal la relación entre la gobernación y la Universidad del Tolima, en su segundo periodo cumplió con las funciones de presidente del Consejo Superior y generó mejores transferencias que coadyuvó a superar la crisis. Es la verdad innegable, alejado de las pasiones militantes, pero de ahí a decir que se ha aliado con la izquierda, hay mucho camino y mucho delirio. El exgobernador tendrá sus amigos en la UT, como los tienen los liberales, el Centro Democrático, la izquierda y los alternativos, todos ellos actores políticos de la región, lo demás son estrategias de desinformación y ocultamiento.

Adenda 2:

En el portal virtual El Cronista, apareció una nota en donde se afirma lo siguiente: “De otro lado, a la denominada 'izquierda barretista' sí le fue como se esperaba en las elecciones del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD). El director de los últimos años, Carlos Arturo Gamboa, fue el más votado, con una arrolladora mayoría de 3.184”.

Debido al fatal grado de desinformación allí planteado, es que decidí escribir esta columna, porque afirmar que un proyecto educativo como el IDEAD, que tiene presencia en 9 departamentos y 24 sedes, cerca de 20 mil estudiantes y 1.200 profesores, es liderado por un aliado del llamado barretismo, resulta más que insultante para su comunidad, cuyo despliegue académico, investigativo y cultural va más allá de las mezquindades de quienes lo afirman. En otros lares deben saber la verdad del asunto y, es mi deber como docente ayudar a superar la ignorancia, porque poco se puede hacer con la tozudez de los ignorantes.

Adenda 3:

En mi defensa, y como dato curioso, debo decir que tengo más amigos entre los que me acusan de ser parte de la “izquierda barretista”, que en el barretismo.