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julio 28, 2026

EL GAÑÁN

 


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Escritor colombiano

 

Cuento corto e incorrecto, inspirado en cierto personaje que sube videos en calzoncillos mientras lanza billetes al aire para bañarse en popularidad y mal gusto.

 

En el barrio donde vive mi madre habita un gañán, de los clásicos. Ha estado preso varias veces por hurto, lesiones personales y microtráfico.

Debe tener cerca de 50 años y, como suelen decir los ancianos, "aún no sienta cabeza". Lo distingo desde la época de mi juventud, cuando su ímpetu desbocado lideraba la patota de energúmenos del sector que se aglomeraban en una temida pandilla llamada "Los Pelechos".

"El Piojo", como le han llamado desde siempre, vive con su madre, una adorable anciana que sobrevive con los subsidios del Estado y alguna que otra moneda que una hija que migró a México le envía sacramente.

Hoy, cuando pasé a visitar a mi madre, "El Piojo" se acercó y me pidió un cigarrillo. Le dije que hace años dejé de fumar. Entonces me pidió la liga. Busqué en mi cartera y le pasé cinco mil pesos, más por miedo que por caridad.

—Gracias, profe —me dijo—, usted es un bacán.

Antes de irse, me sorprendió con una pregunta que nunca esperé de este gañán curtido en el arte de la vagancia:

- Profe, ¿no sabe de algún trabajito para mí?

— No, nada, mi viejo —le respondí ipso facto, sin abrir más espacio a inútiles explicaciones.

Entonces, sin decir más nada, se fue rumbo a la tienda de la esquina, batiendo al aire el billete de cinco mil.

Mientras tocaba en la puerta de la casa de mi madre, pensé: “Debí decirle que enviara la hoja de vida al nuevo gobierno; con ese prontuario que tiene, de seguro algo de altura le consiguen”.

abril 27, 2026

VICKY DÁVILA: UNA LECCIÓN PARA EL PERIODISMO

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

Uno escucha a la actual Vicky Dávila y ya no sabe cuál voz escucha.

Ella empezó siendo una periodista referente en Colombia, admirada por un sector que la consideró como la imagen de una mujer independiente y exitosa en su campo.

Luego, con el pasar (y el pesar) de los años, terminó en Revista Semana siendo una voz panfletaria contra el gobierno de Petro. Hay quienes afirman que se debió a que ya la periodista había desaparecido y estaba incubándose la candidata del Grupo Gilinski, y claro, su periodismo ya no buscaba la imparcialidad, sino la construcción de su plataforma política.

Después, como se evidenciaba a pesar de sus negacionismos, se lanzó de lleno como candidata presidencial, con un prometedor inicio en su popularidad, pero sin la experiencia mínima en el sector público, ni en la política del mundo real, en donde no se perdona nada.

Con el tiempo se fue desinflando, hasta caer en esa amplia coalición que no era más que la plataforma que Álvaro Uribe diseñó para poder tener un protagonismo que de entrada no poseía. Por eso traicionó a Cabal y su esposo; debía imponer una candidata que pareciera de centro, así actuara en la rancia derecha, es decir, Paloma. Así Vicky Dávila terminó siendo la reina del “me divierte”, el único premio que cosechó de todo ese tiempo de embrujo.

Al perder estrepitosamente en aquella consulta, quedando con un déficit económico, político y profesional muy alto, le tocó reversar e intentar volver al periodismo, solo que la reversa no funciona como ella cree. Ahora carga el estigma de una voz demasiado parcializada, con deudas políticas, sin un lugar en el periodismo medio serio de este país y jugando a ser política, periodista y oposición, todo al mismo tiempo.

Por eso al escuchar a Vicky Dávila hoy, uno siente que está de frente a Gerión, aquel monstruo mitológico griego de tres cabezas y un solo cuerpo, el cual se desplaza penosamente, pues todo el tiempo recibe órdenes sensoriales contrarias e incoherentes. Sirva este trasegar de Vicky Dávila para entender cómo alguien se puede perder en los laberintos en los cuales se confunden fama, liderazgo, política y ambigüedad. Sirva también de ejemplo para quienes desean ejercer un periodismo ético; mejor espejo de lo que no se debe hacer no van a encontrar.

 


abril 10, 2026

SERVICIO MILITAR EN COLOMBIA, UNA RADIOGRAFÍA DEL CAMBIO

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

En Colombia, durante la guerra de los mil días, se hizo cotidiano el reclutamiento forzoso de jóvenes para su incorporación al ejército. Esta práctica se mantuvo vigente hasta la actualidad, con algunas flexibilizaciones parciales en diversos momentos de la historia. Lo cierto es que siempre fueron los pobres quienes engrosaron las filas del ejército legal, así como los grupos ilegales en Colombia.

Los más privilegiados, que en Colombia han sido los ricos y la gente del común con amigos influyentes, siempre evadieron el servicio militar; por lo tanto, nunca fue "obligatorio", como se predicaba comúnmente, aunque para los pobres sí. Al contrario, la objeción de conciencia rara vez era respetada, y miles de casos de maltratos, acoso, suicidio y evasiones se daban en el ejército, con una silenciosa aceptación social, porque siempre se promulgó el valor y la importancia de “servir a la patria”.

Incluso la Constitución Política de 1991 continuó asumiendo el servicio militar como un deber sagrado del ciudadano colombiano, eso sí, del ciudadano de a pie, porque nunca vimos a los hijos de los millonarios en Tolemaida, a no ser para dar un paseo en los helicópteros, acompañados del general amigo de turno.

Hoy las fuerzas militares parecen modernizarse (por fin) en este aspecto. Desde 2017, con la Ley 1861, se empezaron a flexibilizar las incorporaciones al servicio militar, se abrió paso al respeto (aunque no del todo) de la objeción de conciencia, y se empezó a generar una actitud diferente a la figura de "remiso", esa marca cainezca de quien por alguna circunstancia evadía el servicio militar. En el año 2025, mediante el Decreto 1075, se ahondó en esta flexibilización, avanzando también en el mejoramiento de las condiciones generales de la prestación del servicio, así como el aumento del salario para el soldado raso.

No obstante, es hasta ahora, (la noticia se emitió en marzo de 2026), que se anuncia que el servicio militar deja de ser obligatorio, se tornará 100% voluntario, tendrá una remuneración digna y los jóvenes ya no serán cazados en las esquinas de los barrios más pobres del país para ser reclutados. Este cambio se debe a que, con el mejoramiento de las condiciones del servicio militar, muchos jóvenes han optado por asumir este servicio de manera consciente y como una salida a las pocas oportunidades de subsistencia que existen para ellos.

Este nuevo enfoque traerá un cambio real y simbólico para las fuerzas militares, porque nada digno se construye con seres no dignificados. Esperemos que a futuro, sin importar la línea ideológica del gobierno de turno, esta idea se siga manteniendo y no volvamos a la manía que se tuvo de incentivar la guerra con jóvenes pobres, mal alimentados, mal remunerados y sin la libertad de decisión.

marzo 17, 2026

LA MASACRE DE LA RUBIERA, UN DOLOR QUE PERVIVE

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente universitario

 

La historia colombiana está llena de atrocidades, muchas de ellas condenadas al olvido, lo cual nos hace más atroces. Una de estas dolorosas realidades ocurrió un 27 de diciembre de 1967 en el hato La Rubiera, ubicado en el departamento de Arauca, en límites entre Colombia y Venezuela.

Los hechos narran que varios colonos, con el fin de apropiarse de las tierras de la comunidad de la etnia Sikuani, elaboraron una celada digna de los libros de los horrores humanos. Invitaron a los indígenas a un agasajo, con el pretexto de establecer lazos de amistad. Una vez allí, procedieron a matarlos a sangre fría con pistolas, machetes y garrotes. El saldo: 16 indígenas masacrados, entre ellos mujeres y niños. Al parecer, dos de ellos que sobrevivieron fueron quienes dieron a conocer el resultado de aquella barbarie.

Es increíble pensar que esto sucedió dos años antes de que los humanos fuéramos a la luna, un hecho que refleja nuestra agónica lucha entre civilización y barbarie. Pero es más aterrador aún recordar la defensa que establecieron los abogados de los victimarios que dio origen a aquella sentencia que, no más de escucharla, hiela la sangre: “Yo no sabía que era malo matar indios”. Al final, debido a la tenacidad de la comunidad indígena, los culpables recibieron condena, aunque no tan ejemplar como debió ser.

Uno de los ensañamientos contra los indígenas (aunque también contra los campesinos) ha sido la posesión de la tierra. Esa guerra por el despojo ha sido una constante en nuestra historia de violencias; de ahí surge el desplazamiento, la desaparición y los múltiples vejámenes que sus efectos producen. Estos fenómenos también han producido nichos de resistencia, defensa de los territorios y, por supuesto, han sido caldo de cultivo para nuevas violencias.

No obstante, aún pervive en la población colombiana un resquemor hacia los indígenas, afortunadamente cada vez menor, pero en la cultura subyace ese racismo disfrazado que surge en momentos como el de la actual coyuntura política. Hace unos meses aparecieron carteles amenazantes y bloques de energúmenos promoviendo la agresión contra la Minga indígena en los alrededores de la Universidad Nacional en Bogotá.   No pocas personas, con formación universitaria, he escuchado expresarse verbalmente y en escritos en redes, tildando a los indígenas de viciosos, zánganos y mil cosas más.   Calificativos que evidencian que aún estamos lejos de aceptar que somos un país pluriétnico, como lo dictamina nuestra Constitución Política. Hay que recordar hasta la saciedad que, por muy blanquitos o españolizados que nos sintamos, somos aborígenes.

Recordar la masacre de la Rubiera como un hecho atroz y real es avivar nuestra memoria y pensar que aún necesitamos afirmarnos como nación, porque si el dolor pasado y el actual de nuestras etnias no nos conmueven, algo sigue muy dañado en el seno de nuestra sociedad.

Posdata: El cantautor llanero Nelson Morales compuso una elegía popular que narra aquella masacre. Pueden escucharla en este link: https://www.youtube.com/watch?v=44g8avUO5Ug&list=RD44g8avUO5Ug&start_radio=1

marzo 13, 2026

¿SUMAR VOTOS O MANTENER LA COHERENCIA POLÍTICA?

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

En el juego político hay quienes optan por mantenerse coherentes a unas ideas aunque tarden en alcanzar los escenarios de poder. Otros, en cambio, mutan constantemente, acción que desde Lampedusa se ha llamado gatopardismo. Las ideas cambian de piel, pero en el fondo siguen siendo lo que son.

Este fenómeno es evidente en acciones como las de Abelardo de la Espriella, quien se volvió ultrarreligioso en un par de meses, solo porque en el toldo de los religiosos hay un buen caudal de votos. Uribe prefirió a Paloma, incluso traicionó a Cabal, Lafaurie y a la extrema extrema, porque él sabe que la única opción que le queda es hacerse pasar por una mansa oveja de la derecha menos radical; en eso es en lo que quiere convertir a Paloma. Pero en el fondo, Cabal, Paloma y Abelardo son papas del mismo costal, con algunos gradientes diferenciales.

Ahora con Oviedo se da el mismo fenómeno. Él pudo optar por tratar de darle vida a un centro que solo existe en el imaginario transitorio porque se compone de fragmentos de izquierda y derecha, más un grupo de indecisos; es decir, es una fuerza que se caracteriza por su ambivalencia, factor que siempre los termina dejando a la deriva; de ahí la metáfora realista en la que siempre terminan “huyendo a ver las ballenas”. Oviedo no se traicionó, decidió reafirmarse en lo que es, un técnico de derecha no radical, que por cuestiones del momento terminó copando un escenario político polarizado en el cual él pareciera ser de centro. Pero no olviden que de esos políticos transitorios hay mil ejemplos; me acuerdo ahora de Lucho el embolador o Angelino Garzón. Como surgen, se olvidan, precisamente por su ambigüedad.

Por el otro lado, está la política que se hace basada en la coherencia de las ideas, y ahí se sitúa la fórmula presidencial de Iván Cepeda, quien pudo optar por un personaje que lo acercara a la derecha moderada, como un empresario de esos que cultivan un enfoque social y que creen que la riqueza se debe redistribuir. Aunque no parezca, de esos también existen varios y buenos. Pero Cepeda prefirió quedarse con la base social; eso es Aida Quilcué, un símbolo de los escenarios de lucha y transformación de base. Cepeda, prefiero sumar coherencia y no solo votos, al menos en esta fase de la contienda.

Veremos cómo el país votante valora cada acción, porque esto no se trata de sumar personas y creer que ellas se vuelven votos de manera utilitaria; la política no es así de simple. Muchos van a las urnas movidos por símbolos sujetos al cambio. Por ejemplo, los votantes que vociferan odio hacia lo que denominan “ideología de género”, los machistas que abundan en la ultraderecha, aquellos que todo lo que ven diferente a lo que son lo convierten en comunismo, quienes creen que el homosexualismo es una aberración excremental, los que piensan que los pobres son pobres porque quieren y mil prejuiciosos más: ¿terminarán votando en contra de su opinión o cambiarán de opinión por la coyuntura política?

Recuerdo que cierta vez sectores alternativos votaron por Juan Manuel Santos por un punto de honor: La paz. En otro momento, muchos votaron en contra de la paz para respaldar a un líder (Uribe) que no creía en la paz, o más bien no le convenía esa paz, porque lo ponía en riesgo ante la justicia, como al final sucedió.

Así es la política, vive en movimiento, está sujeta a los ires y venires y a veces lo olvidamos. Por eso, el 31 de mayo tendremos una radiografía más cercana a la realidad y entonces veremos qué resultados arrojó cada estrategia y qué nuevas estrategias se plantearán camino a la Casa de Nariño, porque aún hay muchos elementos que pueden alterar la percepción ciudadana, que, aunque no parezca, cada vez se cualifica más.

enero 12, 2026

LA CASA LIBERADA (Un cuento geopolíticamente incorrecto)

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Escritor colombiano / Docente Universidad del Tolima

En casa teníamos todo para ser felices, pero no lo éramos. Nuestra madre había heredado una jugosa cantidad de dinero representado en propiedades de toda índole, más una solvente cuenta bancaria. Era hija única de aquel matrimonio entre abuelos petroleros. Aun así, como dije al comienzo, no éramos felices.

Mi hermano había huido de casa antes de cumplir la mayoría de edad, hacía ya más de 10 años, cuando las cosas empezaron a enrarecerse. Mi padre, quien se había mostrado proclive al diálogo familiar, de pronto se tornó déspota. Fue por esa misma época cuando quedó a cargo de toda la fortuna de mamá, debido a un giro legal. Mamá aceptó sin pelear, pues confiaba en él y en sus buenos propósitos para toda la familia. Por entonces yo no había nacido, pero los relatos de esa época siempre tienen un tinte feliz. Entonces todo empezó a cambiar. Mi padre se hizo adicto a los lujos y al alcohol. Descuidó los negocios y se dedicaba a despilfarrar los ahorros con sus amigos, mientras en casa pasábamos necesidades. Fue por esa época que Venezio huyó.

Madre soportaba estoicamente los malos tratos de papá y el desbarajuste de todo lo que se había construido en los orígenes de aquel idilio; aún soñaba que quizás un día mi padre entendería la ruta trazada en los inicios y retornaríamos al proyecto familiar feliz. Mi padre no pensaba igual, solo se dedicaba al derroche y empezó a hacer enemigos por todos lados. «Cuando hay dinero de por medio no hay lealtades», solía decir mi abuelo; lo sé porque mamá repetía sus historias en la mesa, cuando aún en casa se podía hablar. «El abuelo Vezcha sí que sabía liderar esta familia», solía decir, «lástima que muriese tan joven». Él confiaba en tu padre, vio en él ese talante que necesita un proyecto familiar como el nuestro. Por esa época de las historias en la mesa, hubo un apaciguamiento pasajero; mi padre pareció retornar el rumbo y vivimos en calma una pequeña temporada. Madre habla de esa época como la de la reconciliación.

Al poco tiempo nací yo, «para colmo de males», dijo años después mi madre. Mi padre volvió a la bebida, y le dio por coleccionar coches de lujo. Tiempo después, un vecino, hombre avaro y bullicioso, empezó a acecharnos, porque, según él, mi padre le había quitado un negocio que tenían en común, y, como decía el abuelo, «en cuestiones de dinero, la amistad es un delgado hilo que se tensa con pérdidas y ganancias».

La enemistad creció hasta el punto de que los antiguos socios se declararon la guerra, aunque solo era una contienda verbal en sus inicios. La disputa generó más infelicidad en casa, las cosas empezaron a escasear y pasamos días muy duros. Mi madre resistía junto a mi hermana y yo, quien crecía en medio de lágrimas y deseos de que todo volviera a la normalidad. Mi hermano mayor de vez en cuando llamaba y terminaba insultando a mamá, pidiéndole que hiciera algo, que papá se había vuelto un tirano. Siempre la discusión telefónica terminaba generando más enemistad familiar.

Hace un par de días la discusión con el vecino avaro escaló a tal punto que mi padre llegó a casa y nos dio instrucciones en las que debíamos prepararnos para una batalla. Dijo que vendrían por nuestra riqueza, instruyó a mi hermana para que se dispusiera a pelear por la familia. Mi madre no decía nada; a ella le tocaba redoblar esfuerzos y vigilar de noche. Yo, apenas una niña, debía encargarme de estar pendiente de una campana de alerta, para avisar cualquier intromisión en nuestras propiedades. Nadie entendía nada, excepto mi padre, que iba de aquí para allá, insultando al aire y tomando grandes copas de coñac.

Esta madrugada oímos una explosión. La puerta cayó y, tras la dispersión del humo y en medio del olor a pólvora, el hombre avaro, el vecino gruñón que tanto odia a papá, ingresó con varios escoltas. Tomaron la casa por asalto, abrieron una gran caja fuerte y empacaron todo lo que allí había y lo sacaron junto a papá. Cuando el estruendo del asalto pasó, el hombre fortachón nos reunió y nos dijo —a mamá, a mi hermana y a mí— que estuviéramos tranquilas, que él era el nuevo dueño de esta casa, que nuestro padre no nos haría más daño. Mi madre sacó algo de su escasa valentía para preguntarle por qué se llevaban el dinero y las pertenencias familiares, a lo que el avaro respondió: "«Ya le dije que ahora soy el patrón de esta casa», luego se fue sin antes dejar a sus sabuesos cuidando el desbarajuste causado.

Mi madre, mi hermana y yo seguimos naufragando en el asombro; no sabemos qué ha pasado. Todo fue tan rápido. Lo cierto es que ahora estamos peor que antes, sin papá, sin dinero y con un nuevo amo. En medio de la incertidumbre escuchamos sonar el teléfono; es mi hermano. Mamá pone la función de altavoz y lo escuchamos gritando alborozado:

—Gracias a Dios, por fin nos han liberado.

Madre nos abraza y mira hacia el cielo; sabe que no hay nada que celebrar.

Enero de 2026

noviembre 25, 2025

BREVES LECCIONES SOBRE LA LITERATURA

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

I

La expresión "verdadera literatura" es una estratagema; cuando se enuncia, se hace para esconder una pedantería.


II

La función primordial de la literatura es contrarrestar el olvido, del yo en primera instancia y luego de las comunidades en donde habita el escritor, sean estas reales o ficticias.


III

El asombro y el juego han sido los insumos básicos para la construcción de toda la historia de la literatura.


IV

La literatura surge de la mezcla entre experiencia de vida, sensibilidad y necesidad de contar. Todos los humanos estamos en capacidad de acceder a ella, solo que la mayoría no sabe qué hacer con su experiencia, carecen de la sensibilidad estética o no saben cómo contar lo que quieren decir.


V

Vivir de la literatura es distinto a vivir para la literatura. Lo primero es una extrañeza otorgada a unos pocos avivatos. Lo segundo ha dado origen a obras inmortales.


VI

La literatura morirá el día que el último ser humano expire y nadie pueda narrarlo.

noviembre 18, 2025

BREVES LECCIONES SOBRE LA UNIVERSIDAD

 


 Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

I

En este momento de la historia, el primer deber de la universidad es sobrevivir.

II

Desde el movimiento de Córdoba, -más de cien años después-, se sigue añorando la libertad de cátedra. Nunca estuvo tan ausente; debe ser porque ahora muy pocos docentes la desean.

III

En un mundo repleto de incertidumbres, las universidades siguen emitiendo verdades; sospecho que ese es su grave error. El principal objetivo de un claustro educativo debería ser dudar.

IV

No hay aprendizaje sin desacato a la ignorancia, que casi siempre se refleja en lo establecido. ¿Es factible aprender a volar temiendo las alturas? ¿Será posible cultivar el conocimiento en una universidad sumisa?

V

Pululan tantas teorías pedagógicas y didácticas que la implementación de las mismas puede fácilmente hacer inviable la universidad.

VI

La universidad y los sujetos vivimos tiempos distintos. Las instituciones son del siglo XIX, los docentes enseñan para el siglo XX y los estudiantes están sumergidos en el siglo XXI. La atemporalidad es nuestro drama.

noviembre 14, 2025

Nunca me sirvió ningún sombrero: breve reseña

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Cada vez son más los escritores que cultivan la minificción, aunque pocos llegan a dominar el arte del minicuento. La escritura breve requiere la sencillez de la concreción y la profundidad de una historia concisa pero bien contada. En un minirelato debe pervivir el arte de saber contar, de impactar, de permitirle al lector que se haga partícipe de la onda posterior a la lectura, eso que algunos llaman interpretación. Recuerdo lo anterior para resaltar el trabajo de la escritora bogotana María del Rosario Laverde, en el libro titulado Nunca me sirvió ningún sombrero, publicado por la editorial Cuadernos Negros, en el año 2024.

En este compendio de cincuenta minificciones, María del Rosario nos pasea por sucesos cotidianos de la vida moderna, con reflexiones acertadas sobre el amor, las relaciones de pareja, el trabajo y la ciudad. Estos son aspectos que la autora convierte en materia prima para dejarnos, en la mayoría de los casos, sucintos y bien logrados minicuentos.

La mayoría de estos textos pocas veces superan las 100 palabras; curiosamente, pierden potencia cuando sobrepasan dicha extensión. En general, María del Rosario deja entrever un trabajo juicioso y decantado que permite a un texto no convertirse en simple chiste, o una frase de superación, o quizás un pensamiento suelto, algo que muchas veces se confunde con el microrrelato.

Para mayor ilustración, veamos algunos ejemplos de su escritura en este libro, que sobra decir que recomiendo para una cuidada biblioteca sobre minificción:

Mal de ojo

Ese desconocido que pasa sin quitarme los ojos de encima, es el mismo que me decía en otra vida que nunca se iría de mi lado.

 

Circense

Ahora tengo una vida común y corriente, cada noche duermo en la misma cama y voy al trabajo de ocho a cinco. Pero no me importa. Alimentar a los leones nunca me divirtió y jamás pude caminar por la cuerda floja, tampoco me recuperé de la infidelidad del payaso, y me harté de empacar y desempacar. De vez en cuando sueño con que soy una estrella...

 

Fijación

No olvido el día que se fue de casa. Empaqué sus maletas, le ayudé a ponerse su abrigo, aunque todavía no comenzaba el invierno. Y lo vi alejarse desde la ventana. Desde entonces, todos los días son ese día.

 

noviembre 12, 2025

Sede sur de la Universidad del Tolima: tradición y nuevos retos

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

"Hace años se venía gestando un sueño, el de abrir la Universidad del Tolima a las regiones", dijo alguien en medios a propósito de la noticia de la reactivación del plan de apertura de la sede sur. La grata noticia engalana el cumpleaños número ochenta de la Universidad del Tolima.

No obstante, toca recordar que hace más de 40 años la Universidad del Tolima tiene ascendencia en varias de nuestras regiones. Especialmente a través del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD), cuya presencia ha sido histórica en casi todos los municipios del departamento del Tolima, y muchos más de Colombia.

Siendo así, la apertura de la licitación para la construcción de la sede sur de la Universidad del Tolima se instala en una tradición que desde los años setenta, con el plan de extramuros, se ha interiorizado en el ADN del principal claustro académico de educación superior del Tolima: ir a las regiones con propuestas de formación superior. No más basta recordar que el actual plan de gestión del Instituto se titula “IDEAD en los territorios”.

Por citar algunas de las zonas de impacto de esta nueva apuesta, hay que recordar que en Chaparral (1987), Rioblanco (1989) y Planadas (1995) se han ofertado programas de formación superior hace más de tres décadas, lo cual es tierra abonada para esta nueva fase en la que no solamente se podrán llevar programas en la modalidad a distancia, virtuales u oferta de Educación Continuada, como lo ha venido haciendo el IDEAD, sino que además se podrán aperturar programas bajo la modalidad presencial. En esto último es donde está el gran avance de tener una sede propia en el sur (Chaparral), así como se proyecta una sede en el norte (Marquita).

Esta nueva ruta de impacto beneficiará en gran medida la cobertura de educación superior en el Tolima y debe marcar un hito en la transformación de las prácticas de una universidad regional que hace rato dejó de serlo y que, por su presencia en el país, presenta las condiciones e impactos de un claustro del orden nacional. De seguro a esta nueva sede llegarán estudiantes de muchas otras regiones, como ocurre actualmente en los programas ofertados en la sede presencial de Ibagué, porque en este momento la educación y sus múltiples modalidades han borrado las fronteras territoriales y, paradójicamente, es cuando más debemos hacer presencia en las regiones.

Aspectos como la gestión docente y administrativa agrupadas en el campus de Santa Helena o los programas de investigación localizados deberán ser replanteados, rompiendo la lógica centralizada en la ciudad capital, lo cual hasta ahora ha primado en la visión directiva de privilegiar el centro sobre las periferias. Es necesario replantear esa visión para avanzar en la consolidación de un Alma Mater que en su totalidad hable, construya y piense desde las regiones, papel que le había sido delegado, a regañadientes y muchas veces sin los soportes adecuados, al Instituto de Educación a Distancia.

Si tanto la sede sur como la sede norte se consolidan en el corto plazo, deben acompañarse de nuevos programas, enfocados en las líneas de desarrollo de futuro, con formación tecnológica y posgradual de alto impacto. Ampliar el eje de acción implica ensanchar la visión institucional. Vienen muchos desafíos, retos que necesariamente deben oxigenar la octogenaria universidad que se ha visto beneficiada por los impactos de las políticas educativas del gobierno nacional actual y las exigencias de un tiempo cambiante.

Será bebiendo de la tradición y evaluando el presente que las nuevas sedes de la Universidad del Tolima consolidarán el futuro de un Tolima más abierto y presto a la formación superior. Esto se hará con programas pertinentes, calidad en contexto y escenarios de equidad para la construcción del conocimiento y la recuperación de los saberes de nuestros territorios, que deben coadyuvar a la solución de sus múltiples problemáticas.

octubre 25, 2025

Respuestas necesarias para un debate con altura

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Este texto reflexivo lo escribo como respuesta a algunos conocidos, amigos o internautas que suelen pasar por el muro de Facebook que lleva mi nombre (no digo mi muro porque eso es Mark Zuckerberg); también a otros que comentan en mi blog (Vórtice Virtual) y responden a mi WhatsApp. Algunos de ellos suelen preguntar: ¿por qué “soy petrista”?, ¿“por qué apoyo este gobierno”? y ¿“cuáles son los logros de Petro”?, entre otros interrogantes. Como me guía un espíritu pedagógico, no me gusta dejar preguntas en el limbo, porque, por lo general, cuando no se responde, el emisor llena ese vacío con cualquier discurso. Por eso intentaré, de manera muy concisa, dejar mis reflexiones sobre estos temas:

1.      Aclaro de entrada que no avalo el insulto, la amenaza y la violencia discursiva que a veces se generan como respuesta a algunas de mis publicaciones, sobre todo en esos falsos debates entre los lectores. En general, esas “respuestas” sin argumentos, carentes de valor de diálogo, son inocuas para mí, y deben serlo para todos.

2.      No soy comunista, ni guerrillero, ni petrista estúpido, ni todas esas ligerezas que se dicen de alguien cuando no se comparte el lugar de enunciación. Toca aclararlo; muchos navegantes de la inmensa red viven de poner calificativos.

3.      Aclaro que no soy petrista porque no sigo ciegamente a Petro; nunca he seguido así a nadie, ni a hombres sobre la tierra, ni a dioses en el firmamento. Solo comparto y adhiero a algunas líneas de trabajo que este gobierno, en cabeza de Petro, ha venido desarrollando.

4.      Sobre los logros que este gobierno ha alcanzado, empiezo por aclarar que nunca esperé que en cuatro años de gobierno un país de 200 años de injusticias, corrupción, violencia e inequidades se transformara 100%. Como no soy creyente, tampoco soy ingenuo. De ahí que valore algunos avances y logros que marcan una nueva manera de gobernar en el país, que aún posee vicios anteriores, que no todo es color de rosa, pero que a mi parecer, y de muchas más personas en Colombia, han generado un quiebre y que debe mantenerse para algún día ver cambios más profundos. Estos logros por resaltar son:

a) Gobernar con un enfoque más social, es decir, implementando políticas pensando en los más necesitados, no en los pocos eternos dueños del poder.

b) Aumento del salario mínimo a unos montos significativos, lo cual genera mayores ingresos a los asalariados, que son la mayoría de la fuerza laboral del país. Muchos de quienes critican furibundamente a Petro han sido favorecidos con esta política.

c) Recuperación de pagos de horas nocturnas, dominicales y otros derechos antes vulnerados.

d) Entrega de tierras a los campesinos. Nunca un gobierno le devolvió tanta tierra a quienes la trabajan; al contrario, antes se las quitaban con mil argucias y formas de violencia. El número de hectáreas entregadas ronda las 100 mil.

e) Reactivación de los tranvías. No hay países desarrollados sin vías férreas para carga y transporte modernizados. En Colombia los cerraron para darles campo a los consorcios de carreteras y peajes.

f) Fortalecimiento de la gratuidad educativa. La educación pública jamás volverá a ser un bien privado.

g) Aumento de transferencias para las universidades públicas y el sistema educativo en general. Soy un convencido de que la educación es un campo necesario para alcanzar el cambio cultural de un país; por lo tanto, me parece vital esa inversión.

h) Aumento del pago para los soldados rasos.

i) Disminución del desempleo.

j) Mantenimiento a la baja de la inflación, aspecto que podría ser aún más positivo si el Banco de la República bajara las tasas de interés.

k) Disminución de la tasa de la pobreza (del 41% al 31%). Esto significa que muchos colombianos, cientos de miles, tienen un poco más de ingresos para vivir.

l) Finalización de la tercerización para las madres comunitarias; eso se traduce en estabilidad y dignificación del trabajo.

m) Implementación de salario para los aprendices del SENA.

n) Aumento del crédito bancario a bajos intereses para pequeños propietarios de tierras, no como el famoso Agroingreso, que fueron subsidios para los terratenientes.

o) Incremento exponencial de las divisas por turismo, lo cual significa que la imagen de Colombia ha mejorado en el exterior.

p) Récord en exportaciones agrícolas, lo cual habla de la reactivación del campo.

q) Récord, con números muy destacables, sobre la incautación de drogas y lucha contra el narcotráfico. Ronda el número en 2.500 toneladas de cocaína, sin contar otras drogas.

r) Inicio de cambio de política de elementos altamente contaminantes como el carbón y el petróleo. El mundo entero va hacia allá.

s) Apoyo real a regiones olvidadas como Guajira y Chocó, con agua potable, energía, obras de infraestructura y salud. Destacables los puestos de salud flotantes en el Pacífico y la planta de energía en La Guajira.

t) Avance en la relación con otros países del mundo para romper la econo-dependencia de EEUU. Latinoamérica va hacia allá, excepto los países aún arrodillados a Trump.

u) Reducción de la deforestación, esto debido a una política que combate la tala para ganadería, extracción de madera y minería ilegal. Cifras de disminución superiores al 50%; a futuro, esto es mucho oxígeno para el mundo.

v) Liderazgos internacionales en la agenda de cambios planetarios (transición energética, redefinición de la lucha antidrogas, derechos humanos, entre otros).

w) Reducción de la mortalidad materna; las cifras superan el 50%.

x) Retorno de la mesada 14 para miembros de la Fuerza Pública y próximamente para los docentes del Magisterio.

y) Aumento de recursos para las regiones, un hecho real del cual, en las regiones que son gobernadas por opositores, no se habla.

z) Insistencia, terca, desagradecida y contra viento y marea, en los procesos de PAZ. Todos quienes estemos hastiados de tanta violencia debemos agradecer cada esfuerzo que se haga en pro de la PAZ.

Se me acabó el alfabeto en esta enumeración de aspectos concretos que son avances en una concepción de gobierno centrada en los más necesitados. Estos logros se han hecho a pesar de tener en contra las mayorías del Congreso que han detenido las reformas de fondo, con los ataques a diario de los medios de las élites (que son propiedad de los más ricos del país), con una estrategia de desprestigio en redes, con un ataque internacional encabezado por Trump y los secuaces de la derecha y ultraderecha colombiana, con las tensiones de su equipo de trabajo que muchas veces responde a una agenda particular y no a una idea de cambio. Y por supuesto, a las fallas de Petro, de sus directrices, de sus salidas en falso y su tono pendenciero e incendiario en muchas ocasiones.

Posdata uno: Los datos acá compilados están en los informes presentados por el gobierno, en los medios de comunicación, incluso en los medios con tendencia a la oposición, como El Tiempo, El Espectador, RCN y Caracol. También en la prensa y medios televisivos internacionales y en la crítica de analistas de toda índole ideológica.

Posdata dos: Invito siempre al debate con argumentos, sobre todo a quienes hacemos parte de la academia, de los entornos pedagógicos y a quienes compartimos el sueño de un día tener un mejor país, no solo para unos, para todos. Debatir no nos hace enemigos, nos hace diferentes, muchas veces con más puntos de encuentro que diferencias reales.

 

octubre 05, 2025

Un poeta: la radiografía del malditismo poético en el cine

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Los llamados poetas malditos franceses (siglo XIX) se dieron a la tarea de la destrucción de todos los sentidos y con el zumo de sus escombros hicieron poesía. Rimbaud, quizás el mayor de sus exponentes, fue el más eficiente en ese oficio. Su legado quedó en la historia de las letras y su método se propagó por el mundo, generando imitadores a diestra y siniestra. En Colombia, esta semilla encontró buena tierra para su lamentable y pintoresco desarrollo.  A la par de los poetas malditos nacionales, se malformaron sujetos poéticos bastante sui géneris: los poetas malitos.

Ellos, ebrios en todos los sentidos, nocturnales hasta la médula, tocados por una extraña musa de la autodestrucción en busca de la metáfora perfecta, hacen parte de un enorme inventario de vidas arruinadas, y más bien pocos poemas destacados. Los nadaístas fueron parte de esa cosecha, quizás los más notorios. En mi opinión, el mejor y más coherente de ellos fue Darío Lemos, porque el bardo antioqueño fue capaz de llegar al límite del arrojo para terminar solicitando, al final de su trágica vida, que alguien le cambiara su obra por una silla de ruedas. Su autodestrucción estaba por encima de su producción poética: “Mi vida es mi obra, lo demás son papelitos”, dijo orgulloso mientras su pierna gangrenosa se amputaba.

Aún en este siglo pervive ese malditismo, no solo entre poetas, también entre pintores, escritores de todos los géneros y los desgéneros, artistas del trampolín de la vida y de las artes. Parece que el malditismo es una agria etapa de quienes aspiran a hacer sangrar las musas del arte. Algunos se quedan toda su existencia habitando aquella oscura noche, otros huyen a los brazos de la religión -porque el camino a las iglesias está empedrado de vicios-; pocos, muy pocos alcanzan el fulgor de la palabra.

Esta reflexión la escribo como emoción posterior a mi encuentro con la película "Un poeta" (2025), la cual se erige como artefacto estético que encumbra ese personaje estereotipado. Este es un filme hecho con fragmentos de mil vidas que se le asemejan y, como un espejo, refleja la angustia, la desolación y la agonía de sentirse poeta en un mundo sin poesía, pero con enormes toneladas de material para hacerla brotar si los poros dejaran de supurar tristeza.

El director, Simón Mesa, logra construir una ópera que nos conduce a los senderos de la lástima, la desesperación, la risa y la solidaridad con el personaje central Óscar Restrepo, quien se erige como la reencarnación de todos los poetas malditos y malitos de estas latitudes. Como espectadores sabemos de su tragedia, pero nos declaramos impedidos para extender una mano solidaria que lo ayude a brotar de su mísera cotidianidad. Eso sí, guardamos la esperanza de que la poesía lo asista en cualquier momento, porque la película también funciona como metáfora de la creación, del trance del artista entre la realidad y la obra. Para encontrar las palabras adecuadas se debe bucear en lo profundo y no siempre las aguas son claras; por lo general permanecen putrefactas.

De "Un poeta" se han escrito ya una buena cantidad de reseñas, análisis, elogios, todos ellos merecidos; ahondar más en esas visiones es redundar. Va a convertirse en una producción de esas que cada tiempo surgen en Colombia para recordarnos que la mejor materia prima para el arte es la introspección de la mirada para recrear la realidad. Por ello, esta película será premiada y recordada, porque es un homenaje transparente a quienes siguen buscando las palabras para hacer un poema, en medio de las urbes atestadas de dramas humanos que cada vez repelen más la poesía y naufragan en la triste prosa de los días.

septiembre 15, 2025

Un poeta (en estado crudo), la reciente película colombiana de Simón Mesa Soto

 


Por: Nelson Romero Guzmán

Profesor Universidad del Tolima, IDEAD

 El título de la película es escueto: Un poeta, como si desde ya nos anunciara su retrato. Y precisamente, uno de los logros del cortometraje es la verosimilitud del protagonista Óscar Restrepo con el estereotipo del poeta fracasado en vida y obra. Por su parte, el acierto del actor Ubeimar Ríos, pareciera coincidir de manera física y existencial con la realidad y la fábula del personaje que encarna. Además, el realismo de las escenas se muestra en la ambientación del marco de la Medellín marginal de sus zonas urbanas con sus nichos de bajo mundo. De esta manera, el director colombiano Simón Mesa Soto crea un personaje poeta que no encaja en la familia, en la sociedad ni en la poesía misma. Con la aparente sencillez de un poeta crudo, que se mueve en escenarios callejeros lánguidos y una narración sarcástica punzada por el humor burlesco, Simón Mesa logra llevarse el premio de la Sección Un Certain Regard del Festival de Cine de Cannes.

 Una de las grandes apuestas del director de la película, fue haber optado por la construcción precisa del prototipo del poeta visto como el artista fracasado, al que Óscar Restrepo encarna de manera perfecta: un ser crudo, feo, grotesco, bufón, contrahecho, pero fascinante,  venido como anillo al dedo para mostrar la imagen social desgarradora del poeta que nos heredó el siglo XIX, configurado por Rimbaud como "el gran maldito, el que se siembra verrugas en el rostro" o como “el Gran Criminal”, que se vale del método visionario de la autodestrucción, pero que, en el caso de Óscar, contrario al genio de Rimbaud, a sus 54 años vive vaciado de la Musa, proscrito de la poesía y mantenido por su anciana madre, su único refugio de comprensión y ternura. De ahí que su papel sea el de exponerse permanentemente al rechazo social, a la burla, a la expulsión del cenáculo literario, a la explotación de los avivatos de los festivales de poesía, al veto de la familia, hundido en el alcoholismo y hasta soportando la violencia física y el señalamiento de mal poeta. Se trata de una película donde todos los actores sufren al poeta y nadie se ríe; solo reímos los espectadores una risa cómplice, cortada de repente por escenas truculentas que provocan la conmiseración y la repulsión por el personaje.

 Lo que por otra parte enriquece al protagonista de Un poeta (porque la mayor fuerza de la película es su personaje protagónico), es la atmósfera melodramática del humor negro, la estética del grotesco y la extravagancia, acentuados estos rasgos por el manejo del primer y primerísimo plano de las fotografías que hacen ver el alma turbada del poeta a través de la exageración de sus más mínimas expresiones: la mirada profunda y desencantada detrás los lentes de sus gafas, sus gestos de frustración, su barba descuidada, sus ademanes de aflicción, su dentadura irregular, su figura maltrecha, su indumentaria descuidada, su caminar caricaturesco y la intemperie de cuerpo y espíritu, en fin, su profunda soledad y rechazo, como apuesta visual de los valores más decadentes de un poeta, tal como aparece en la representación de la sociedad misma que lo juzga y rechaza. Los bares, el alcohol, la noche y los andenes son sus hábitats naturales.

 El hecho principal que desencadena los componentes de la trama, ocurre cuando Óscar llega a ser contratado en la Escuela de Poesía donde es profesor de un taller, en la temporada en que se organiza un Festival de Poesía. Es justamente en dicha escuela donde conoce a la adolescente Yurlady, estudiante de bachillerato que también asiste a las secciones de los talleres. Aquí vale la pena preguntarse: ¿es un rodaje sobre el poeta sin poesía en una “sociedad de poetas”? La cinta intriga fuertemente a este despropósito. Yurlady, la antagonista de Óscar, es una muchacha talentosa para escribir poesía, pero a su vez manifiesta abiertamente que sus rumbos en la vida son otros. Sin embargo, Yurlady se convierte para Óscar en una obsesión, ya que él transfiere en ella la conquista de sus ideales, al pretender transparentarse y verse en el talento de su estudiante como un poeta verdadero, donde por fin cree encontrar alivio a sus frustraciones literarias. Óscar, entonces, viene a ser el perfecto poeta sin poesía; Yurlady, por su parte, es la otra cara: la poesía sin poeta. Al final ella renuncia a ser la media naranja poética de Óscar. Aquí el director Simón Mesa construye un juego cautivador y una crítica oculta demoledora, poco perceptible, sobre el destino del poeta. El sacrificio de Óscar por Yurlady lo lleva a ponerla por encima del bienestar material y afectivo de su propia hija Alisson, quien vive con su madre en estrechez económica, pero Óscar prefiere convertirse en protector de Yurdaly al descubrir su talento poético y concentra sus esfuerzos materiales para que la muchacha pueda tener momentos holgados que le permitan dedicarse a la poesía, lo que al final resulta siendo otro de sus sueños frustrados. Así que la gesta de este antihéroe del cine es vivir la poesía como una hazaña superior a su propia vida, sacrificando los valores de su familia, aunque en lo más profundo llega a descubrir que no representa los ideales de la poesía, porque sus versos son bastante pobres, como se muestran en la película. Así, Óscar resulta siendo el sacrificado por la poesía, el gran fracasado que encuentra en Yurlady el talento que él mismo no tiene y lo hace por momentos suyo como rey en cuerpo ajeno. Pero los sueños de la adolescente están en otra orilla, ya que para ella son más importantes los proyectos materialmente vitales que los artísticos. La poesía, entonces, para citar al poeta Hölderlin, reencarna en Yurlady el más inocente de todos los bienes y, por el contrario, en Óscar, el más peligroso. Moraleja: No vale la pena sacrificarse, entregar su vida por la poesía. Si bien la poesía anda errante por el mundo, la morada de su ser está definitivamente en el lenguaje, como lo escribió Heidegger, y es allí donde hay que ir tras su encuentro; su sacrificio impone la sencillez y el silencio, solo así el poeta podrá convertirse en la casa de su ser. Por eso Óscar es más el bufón del arte que el poeta auténtico; encarna el escándalo del poeta y no el silencio de la poesía, en fin, resulta engañado por la poesía y pasa a ser un espejismo del poeta, su cascarón vacío. 

 Pues bien, esta parte de la trama de la película Un poeta nos lleva a pensar que el protagonista Óscar, es un poeta con carencia de poesía, aunque la sienta en lo profundo de su alma y la viva de una manera tragicómica. Pero si aceptamos que funge de poeta, con todo, es un poeta sincero, porque al menos reconoce no tiene talento. El anverso de Óscar en esta “sociedad de poetas” es el poeta burócrata, que al igual carece de poesía, aunque viva aplaudido y coronado de banquetes; el artista burócrata, que el ojo del espectador no ve, pero lo atisba o se le revela muy en su interior, es quien vive de las mieles del poder, sabe ocultar su fracaso y se escuda en la higiene, en los buenos modales, pasa por decente, aplica las reglas de glamour en sus relaciones sociales, es respetado y hasta admirado por los incautos. Este poeta burócrata es el rescate de Óscar al menos en su apariencia física. Generalmente es excelente para fundar Festivales y Escuelas. Encaja perfectamente en la sociedad, se le cree y además vive de la producción comercial de la poesía. Este poeta burócrata (oculto detrás de Óscar), es el que Simón Mesa Soto deja entrever y denuncia en su película a través de sus personajes secundarios que lo sugieren. Fíjese que, en la película, el protagonista los expone, pues ellos ven en el mismo Óscar la mancha de la Escuela de Poesía como institución. Esto ocurre cuando en la Fiesta del Festival de poesía, Yurdaly termina borracha por su propia cuenta, pero culpan al poeta de la embriaguez de la joven, además de ser golpeado por los mismos dueños del festival, quienes ofrecen dinero a los padres de la adolescente para no ser denunciados ante la ley. Óscar defiende su inocencia y se opone a la entrega del dinero, sometiéndose a la verdad, pues es claro que defiende la poesía, poniendo así la inocencia del poeta por encima de los peligros del poeta burócrata quien, a través de la promoción de la poesía, busca su propia riqueza económica.

 El director de Un poeta nos arrastra a reconstruir la imagen del artista en el contexto social de la gran ironía del capitalismo, esto es, el poeta instrumentalizado, mercantilizado, pese a que el verdadero artista no es un mercader. De ahí que en la película se deslicen de manera sutil, planos de personajes icónicos de la literatura colombiana convertidos en estampas de billetes: el poeta José Asunción Silva y el novelista Gabriel García Márquez, de los que Óscar es devoto, principalmente de Silva, de quien aspira ser su réplica y por eso en una escena aparece dibujándose el corazón en su pecho. Pero vuelvo a la gran ironía que es la del poeta captado por el capitalismo: Silva, suicidado por la insolvencia económica mientras agonizaba el siglo XIX, ahora puesto a circular en el mundo del mercado como un valor de cambio: el billete de $5.000; por su parte, Gabo, arruinado económicamente mientras escribía Cien años de soledad, es rescatado con su sonrisa de costeño satisfecho en el billete de $50.000, siendo estas las formas socarronas del homenaje, a través de las cuales el capitalismo explota la figura del artista, creando a su vez una plusvalía simbólica del capital. Así es como el capitalismo voraz copta el espíritu del artista sufrido y, al poner su estampa en el billete, le devuelve al arte su falsa recompensa. 

 Al haberse logrado en la película la puesta en sociedad del estereotipo del artista fracasado, con los tintes de humor y tragedia a través de un personaje que lo encarna con fuerza, como tomado directamente de la realidad, sin maquillajes, ¿es permitido preguntarse, ya en las afueras del cinema, si en la película de Simón Mesa Soto ganó el cine, pero perdió la poesía? Pues sí y no. Es indudable que la poesía del cine está presente en la película de diferentes maneras: la semiótica de planos en movimiento, piezas musicales intercaladas a la narración, el recaudo fotográfico de los primeros planos del protagonista convertidos en poesía visual que emana emociones, entre otros recursos. Más bien la ausencia de la poesía está muy a propósito en el poeta protagonista, que es otra cosa. Entonces la poesía no es el fracaso, es su liberación, y esto lo logra el cineasta Simón Mesa a través de sus personajes Óscar, el poeta, y de Yurdali, su aprendiz, que son a su vez contradicciones y complementos de la trama.

septiembre 09, 2025

La política tiene un lugar en el deporte

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Por estos días se corre la Vuelta a España, uno de los eventos ciclísticos más importantes del año y, como aficionado que soy del deporte de las bielas, he estado al tanto de los equipos, los corredores, las etapas y el acontecer diario de las mismas. Solo que esta vez el ciclismo ha pasado a un segundo plano porque las protestas de miles de ciudadanos han desbordado el entorno mediático del ciclismo para darle un lugar a la política.

Esto se preveía, ya que las acciones barbáricas de Benjamín Netanyahu y su ejército depredador han venido generando un efecto de tsunami mediático, lo cual ha construido una gran ola de rechazo al genocidio que allí se lleva a cabo contra el pueblo de Gaza. En ese sentido, la Vuelta a España se convirtió en caja de resonancia de quienes reclaman medidas planetarias que detengan al gobierno del primer ministro israelí y sus cómplices por acción u omisión.

Desde la antesala de la Vuelta a España se avizoraba el conflicto en cuestión, especialmente debido a la inclusión del equipo Israel Premier Tech, que se encuentra activo desde el año 2015 y que desde el año 2020 hace parte de la máxima categoría en este deporte, el denominado World Tour. Por pertenecer a esta última categoría, el equipo tiene un cupo asegurado en todas las carreras del calendario bajo esa etiqueta, entre ellas la Vuelta Ciclística a España.

Ahora bien, si las protestas arreciaban en varias partes del mundo, era muy predecible que en este evento deportivo seguirían creciendo, más teniendo en cuenta que el equipo corría con la bandera israelí en su indumentaria, y agregando a ello que la península ibérica es un epicentro activo de concientización en torno a los actos bárbaros ocurridos en suelo de Palestina.

Inicialmente, la dirección de la Vuelta, en cabeza de su director, Javier Guillén, escudado en el reglamento de la Unión Ciclística Internacional (UCI), restó importancia a los primeros brotes de inconformismo de la ciudadanía en torno a la participación del equipo en cuestión, lo cual fue alimentando la ola de indignación. Fue así como, desde el 23 de agosto, cuando la carrera dio inicio en Torino (Italia), ya se sentía el palpitar de una protesta que crecería cuando la Vuelta llegara a territorio español, y así fue.

Carteles de solidaridad con Gaza, banderas palestinas, abucheos al equipo en los cruces de los pueblos, rechiflas en las llegadas y muchos otros actos pacíficos fueron aumentando la indignación que creció ante el silencio de la organización en general. La estrategia de «hacerse el de la vista gorda» no hizo que el problema desapareciera; al contrario, avivó el desconcierto. El director del equipo Israel Premier Tech, el canadiense y abiertamente sionista Sylvan Adams, se negó a retirar el equipo, aun sabiendo que su presencia en tierras ibéricas generaba un alto grado de confrontación y se constituía en una ofensa a las oleadas de propalestinos. Su accionar se hizo equivalente a ondear una bandera con la cruz esvástica en Tel Aviv.

Por su parte, los organizadores de la Vuelta a España siguieron escudando su actuar con la disculpa de que no podían desvincular el equipo de la carrera, lo cual no es del todo cierto, pues ya existen antecedentes con la expulsión de un equipo ruso del World Tour debido a la guerra en Ucrania. ¿Por qué no se siguió la misma ruta en este caso? Uno sospecha que es por el alto poder económico que posee la comunidad sionista en Europa y en todo el mundo. En Colombia ya vimos cómo la derecha se arrodilla ante Netanyahu, ignorando las atrocidades cometidas en la franja de Gaza, mientras clama democracia y justicia por Venezuela. La doble moral está en todo, en este caso hasta en el deporte.

Muchos alegaron infructuosamente que el deporte debe estar aislado de la geopolítica, argumentando que lo que ocurre en ciclismo no debe ser afectado por lo que pasa en Palestina, lo cual puede ser síntoma de dos cosas: una alta ignorancia de lo que implica la política o un cinismo extremo adobado con hipocresía. En primer lugar, el deporte es político, tanto así que en los grandes eventos deportivos las banderas ondean, los himnos nacionales suenan y las confrontaciones entre países alimentan la pasión de los espectadores y los competidores. Nada más político que los trasnochados nacionalismos que, bajo las banderas del deporte, se edulcoran haciéndonos creer que quienes allí compiten son asexuados políticos. Deporte, poder y política están tan imbricados que desde la antigua Grecia los Juegos Olímpicos se erigieron bajo esa primicia.

Ahora, cuando nos encontramos en la última semana de la Vuelta a España, las protestas han tomado tal fuerza que la muchedumbre es incontrolable. Ya en Bilbao, durante el desarrollo de la jornada once, la etapa fue suspendida porque en la meta programada la gente traspasó las barreras de protección y con arengas y banderas reclamaba la salida del equipo israelí y llamaba a la solidaridad con Palestina. Y el día nueve de septiembre la etapa tuvo que ser recortada porque cientos de manifestantes cerraron la carretera camino a Castro de Herville, impidiendo la culminación de la jornada como estaba programada. Faltan más etapas por correrse; hay una crono individual en Valladolid durante la cual es imposible garantizar seguridad a cada uno de los 154 corredores que siguen en la Vuelta, mucho menos a los siete (7) integrantes del equipo centro de la gran controversia.

Ya es imposible seguir argumentando que deporte y política no se mezclan; esos son mensajes en los cuales la ciudadanía del siglo XXI no cree. En este siglo todo es político porque todo determina la existencia del ser humano en el planeta; así como dijo Eisenhower, “la política es la profesión a tiempo parcial de todo ciudadano”. El ciclismo no puede ser ajeno a la barbarie desatada en Gaza; algunos ciclistas ya lo han enunciado entre dientes, los grandes medios deportivos lo saben y lo callan por miedo a la polarización en un mundo que ya no puede seguir siendo neutral.

Javier Guillén insiste en que la Vuelta terminará en Madrid como está programado, poniendo en riesgo la caravana ciclística y asumiendo una hipócrita neutralidad. Los aficionados estamos divididos, pero la mayoría es consciente de que la política tiene un lugar en el deporte, porque como humanos, sin importar nuestra profesión, el dolor, la barbarie y los estragos de la guerra nos deben conmover. Permanecer neutral es el peor camino; los judíos lo saben por su historia, pero hoy parecen olvidarlo cuando pasaron de víctimas a victimarios.   El silencio no puede ser la forma de contrarrestar el horrible detonar de las bombas en Gaza.