octubre 14, 2026

DESINFORMAR, ACUSAR Y MENTIR ENTRE DIENTES

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Babadilla

Docente Universidad del Tolima

 

Varias personas me escribieron el martes 13 (aclaro que no soy supersticioso) para contarme que en las redes andaba rodando una “noticia” sobre unas “denuncias” por manejos inadecuados en mis funciones públicas cuando fui director del IDEAD. El titular y el texto elaborado con inteligencia artificial se titulaba: ESCÁNDALO EN LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA! DE LA POESÍA A LOS CONTRATOS MILLONARIOS.

El texto empezó a compartirse por Facebook con el morbo recurrente que a menudo acompaña este tipo de escrituras destinadas a conseguir un like a costa de desprestigiar alguna figura pública con algo de reconocimiento social en lo local. Lo leí aprisa, pues andaba en ocupaciones cotidianas, y al pasar el día, y viendo que recibía mensajes de solidaridad e incluso de rabia, decidí leerlo con mayor detenimiento, intentando encontrar el “mensaje oculto” de quien hizo el prompt para darle instrucciones a la IA. Luego de pensarlo un poco, decidí gastar un tiempo de mi agenda en escribir este texto que haré circular por varios espacios, con el fin de generar algún tipo de reflexión (si eso aún es posible en estos tiempos de redes atafagadas de falsedades) y, sobre todo, con el ánimo pedagógico que nunca me abandona. Para ello usaré fragmentos del texto en cuestión.

La falsa denuncia (para ir poniéndole una categoría de entrada) se publica en un espacio digital que se hace llamar “Entre dientes noticias”, lo que, por el contenido de la publicación, debo reconocer que posee un nombre adecuado, ya que, siguiendo el diccionario de la Real Academia Española, viene significando algo así como:

"Articular palabras de modo poco perceptible" (hablar en voz muy baja, murmurar o farfullar).

Solo alguien que sabe que no le asiste la verdad se atreve a hablar entre dientes y disfrazar dichas enunciaciones como ejercicio periodístico. Y es que las personas que se esconden tras esta página han llevado el oficio de mentir a un nivel Pro-Max; quizás por eso escriben sin nombre, solo arropados con una etiqueta que los disfraza de “un medio de comunicación”. Ahora bien, hay que decir que existen muchos medios locales dedicados a este oficio de la difamación y poco le presto atención a sus estrategias; si Martín-Barbero viviera, quizás estaría pensando en publicar un nuevo libro titulado “De los medios a las difamaciones”.

Pero es que el oficio de desinformar ahora tiene más réditos que el periodismo de verdad. De entrada, le usurpan el lugar al periodismo; no pretenden la verdad; es más, les vale hongo la veracidad; buscan likes a cambio de interacciones, lo cual se logra con titulares estrambóticos y mentiras que ya no buscan ocultar el amarillismo; el amarillismo ahora es su reino. Decir “DE LA POESÍA A LOS CONTRATOS MILLONARIOS” vende de entrada, así nunca se muestre una mínima evidencia de dichos contratos, mucho menos de la poesía, porque la IA es más prosaica que quien le ordena escribir este tipo de textos. Y se debe poner así en mayúscula; es la norma del marketing que atrae deditos en señal de like.

Luego se balbucea la información de la siguiente manera:

Lo que comenzó como una trayectoria ligada a la poesía y la academia hoy está en el centro de un debate que promete levantar ampolla en el Tolima.

Si esto no se escribiera con IA, sino que fuera parte de un debate oral, lo único que alcanzaría a levantar sería una ampolla, pero en la boca de quien pronunciase semejante enunciado, como si estuviese hablando del Odebrecht del Tolima. Aquí otro síntoma de este ejercicio banal de seudo-periodismo, agrandar la enunciación, usar la hipérbole desinformativa, generar expectativa entre el público que pasa por las redes buscando cadáveres noticiosos para alimentarse.

La fórmula se debe repetir, un párrafo corto y otro titular en mayúscula, para que el lector no alcance a procesar nada, solo que vaya emocionándose como si estuviese ante un gran hallazgo, porque muchos conocerán el personaje en cuestión y quieren hacer parte de la muchedumbre que atice la hoguera en la cual será quemado, sin saberse por qué. No se debe dar espacio para argumentar porque la argumentación requiere de algo ajeno a estos nuevos arquitectos de la mentira: indagar, profundizar, confrontar fuentes, comparar datos, hacer pesquisas documentales, coleccionar testimonios; en fin, requiere hacer periodismo. Al revisar en su totalidad este tipo de textos, se puede concluir fácilmente que tiene más rigor un chismorreo de esquina. Estos entornos comunicativos se mueven por esa lógica popular del viejo cuento en el cual una vecina se acerca a otra en la tienda y le grita, para que todos se enteren:

¡Doña Matilde, vengo a decirle que usted es una infame, aunque no tenga cómo demostrárselo!

Pero no son ingenuos quienes viven de engatusar con estos ejercicios; saben que deben blindarse ante demandas por calumnias o injurias, para lo cual hábilmente usan expresiones como “presuntas”, y lanzan este tipo de perlas de quien tira la piedra y esconde la mano:

¡Ojo! Estas cifras corresponden a procesos identificados y no significan, por sí solas, que todos hayan sido adjudicados o ejecutados, ni que exista una irregularidad demostrada.

Si el lector es juicioso y no prejuicioso, en este momento se enterará de que está frente a un artificio del engaño, que por allí nada de periodismo ronda. Lamentablemente, pocos leen esos apartes; se van de titular en titular, esperando llegar al reino donde habitan el escándalo y la acusación sin fundamento. A ese tipo de artimañas le llaman con ínfulas epistémicas “cuestionamientos periodísticos”, una rimbombante forma de decir chismes.

Lo que hasta acá he ido mostrando para demostrar, es que este tipo de artimañas han construido una macroestructura idónea, que atrae morbo-lectores y desinformadores. ¿Quién o quiénes estarán detrás de esta “jugadita” que busca enlodar a una persona y una institución? Siempre que haya quien pague por matar, habrá sicarios, y viceversa. La mayoría de estas páginas se disfrazan de medios de comunicación, pero detrás solo existen emprendimientos que saben que en la actualidad la desinformación es el negocio. No sé si este sea el caso de los murmuradores de entre dientes, pero si suena como pato y camina como pato…

Ahora falta el ingrediente final, relacionar el personaje con una situación amorosa, porque las novelas turcas y la Virgen de Guadalupe demostraron que eso atrae mentes livianas, y tras ellas vienen los likes que monetizan y la viralización necesaria para que el negocio crezca (creo que en ese sentido con esa nota difamatoria les está yendo bien). De ahí que la imagen final de este texto sea una foto alterada en la cual, sin el mínimo asomo de ética, ni que decir vergüenza, se acusa, juzga y condena a la pareja del personaje (en este caso, mi esposa). Y final, final, no da más. Ahí tiene el chisme viral del día, sin que acá exista el mínimo juego creativo que proporciona el humor, la ironía del meme o la parodia. Acá todo es banalidad y mentiras, terreno infértil para el periodismo.

Ya quisiera uno que el oficio de estas plataformas mediáticas se encargara de vigilar los recursos públicos, investigar a fondo las actuaciones de los funcionarios, de ahondar en las fuentes y verificar que las instituciones del Estado cumplan su misión… Pero no, se trata de vender información, o alquilar el espacio para vendettas o difamaciones enmascaradas, porque siempre aparecerá una oferta atractiva. Por eso los medios de este tipo terminan sirviendo de caja de resonancia a pobres entramados politiqueros, que los alimentan y los fagocitan.

Podría continuar develando con datos, informaciones y cifras verídicas que casi todo lo puesto en esa falsa nota periodística es mentira; y digo casi todo, porque es verdad que me llamo Carlos Arturo Gamboa, que fui director del IDEAD, que fui ordenador del gasto y que ejecuté recursos. Es decir, que tuve un cargo público al que fui designado por consulta de la comunidad, que el proyecto que lideré, junto con muchas personas que construyen la educación pública del Tolima y el país, tuvo gestiones dignas de ser mostradas, y que los entes de control y los sistemas de verificación que poseen las instituciones han evidenciado resultados totalmente distintos a los que me pretenden indilgar un portal desinformador y una acuciosa IA. En el fondo no se trata solo de atacarme con injurias, se trata de poner en entredicho el proyecto educativo del Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, de lo cual en otro momento pondré cartas sobre la mesa para que la ciudadanía vaya sabiendo lo que se oculta detrás de este ataque.

Posdata 1: La imagen que acompaña el difamador texto y cuya única relación con el falso contenido es acusar a mi esposa de ser mi esposa, será tratada por ella con las normas jurídicas que la protegen. Ella, siendo comunicadora social-periodista de la Universidad del Tolima, conoce bien cuáles fueron los límites acá desbordados. En la defensa de su buen nombre la acompañaré, ya no con propósitos pedagógicos.

Posdata 2: Al final del día otro portal, cuya estructura es casi idéntica a la que describí, replica la falsa noticia, solo que “ellos” quienes ya han sido demandados por falsedad y uso indebido de imágenes, se “cuidan” de hacerlo. En esencia es lo mismo, señalamientos sin fundamentos, tan graves como el siguiente: “Se trata de exigirle a Carlos Arturo Gamboa que revele sus contratos y sus nexos mafiosos”, es decir, el tribunal de la inquisición seudo-informativa de Cambio-in ya me ha condenado a la hoguera de los improperios de la red, sin una prueba, solo por intento de sospecha. ¿Lo de in será de in-nocuos? Creo que el largo y repetitivo texto lleno de preguntas retóricas pudo ser uno de los tantos derechos de petición que respondí en mi época de director del IDEAD. ¿Por qué hacerlas hoy con más de tres años de desfase? ¿Quiénes estarán detrás de esto? Piensa mal y acertarás…!!! Ya iremos develando las intenciones.

Posdata 3: Si usted, lector, llegó hasta estas líneas finales, le felicito; ahora usted puede sentirse más informado y asumir un juicio más cercano a la realidad de lo comentado.

Posdata 4: Agradezco las voces de aliento ante la infamia, ya sabemos en qué país habitamos y de qué son capaces algunos mercenarios digitales con tal de silenciar una voz crítica. Si les parece adecuado replicar el texto, así como se viralizó la falsa noticia, bienvenida la solidaridad y el debate con rostro y argumentos.


julio 28, 2026

EL GAÑÁN

 


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Escritor colombiano

 

Cuento corto e incorrecto, inspirado en cierto personaje que sube videos en calzoncillos mientras lanza billetes al aire para bañarse en popularidad y mal gusto.

 

En el barrio donde vive mi madre habita un gañán, de los clásicos. Ha estado preso varias veces por hurto, lesiones personales y microtráfico.

Debe tener cerca de 50 años y, como suelen decir los ancianos, "aún no sienta cabeza". Lo distingo desde la época de mi juventud, cuando su ímpetu desbocado lideraba la patota de energúmenos del sector que se aglomeraban en una temida pandilla llamada "Los Pelechos".

"El Piojo", como le han llamado desde siempre, vive con su madre, una adorable anciana que sobrevive con los subsidios del Estado y alguna que otra moneda que una hija que migró a México le envía sacramente.

Hoy, cuando pasé a visitar a mi madre, "El Piojo" se acercó y me pidió un cigarrillo. Le dije que hace años dejé de fumar. Entonces me pidió la liga. Busqué en mi cartera y le pasé cinco mil pesos, más por miedo que por caridad.

—Gracias, profe —me dijo—, usted es un bacán.

Antes de irse, me sorprendió con una pregunta que nunca esperé de este gañán curtido en el arte de la vagancia:

- Profe, ¿no sabe de algún trabajito para mí?

— No, nada, mi viejo —le respondí ipso facto, sin abrir más espacio a inútiles explicaciones.

Entonces, sin decir más nada, se fue rumbo a la tienda de la esquina, batiendo al aire el billete de cinco mil.

Mientras tocaba en la puerta de la casa de mi madre, pensé: “Debí decirle que enviara la hoja de vida al nuevo gobierno; con ese prontuario que tiene, de seguro algo de altura le consiguen”.

abril 27, 2026

VICKY DÁVILA: UNA LECCIÓN PARA EL PERIODISMO

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

Uno escucha a la actual Vicky Dávila y ya no sabe cuál voz escucha.

Ella empezó siendo una periodista referente en Colombia, admirada por un sector que la consideró como la imagen de una mujer independiente y exitosa en su campo.

Luego, con el pasar (y el pesar) de los años, terminó en Revista Semana siendo una voz panfletaria contra el gobierno de Petro. Hay quienes afirman que se debió a que ya la periodista había desaparecido y estaba incubándose la candidata del Grupo Gilinski, y claro, su periodismo ya no buscaba la imparcialidad, sino la construcción de su plataforma política.

Después, como se evidenciaba a pesar de sus negacionismos, se lanzó de lleno como candidata presidencial, con un prometedor inicio en su popularidad, pero sin la experiencia mínima en el sector público, ni en la política del mundo real, en donde no se perdona nada.

Con el tiempo se fue desinflando, hasta caer en esa amplia coalición que no era más que la plataforma que Álvaro Uribe diseñó para poder tener un protagonismo que de entrada no poseía. Por eso traicionó a Cabal y su esposo; debía imponer una candidata que pareciera de centro, así actuara en la rancia derecha, es decir, Paloma. Así Vicky Dávila terminó siendo la reina del “me divierte”, el único premio que cosechó de todo ese tiempo de embrujo.

Al perder estrepitosamente en aquella consulta, quedando con un déficit económico, político y profesional muy alto, le tocó reversar e intentar volver al periodismo, solo que la reversa no funciona como ella cree. Ahora carga el estigma de una voz demasiado parcializada, con deudas políticas, sin un lugar en el periodismo medio serio de este país y jugando a ser política, periodista y oposición, todo al mismo tiempo.

Por eso al escuchar a Vicky Dávila hoy, uno siente que está de frente a Gerión, aquel monstruo mitológico griego de tres cabezas y un solo cuerpo, el cual se desplaza penosamente, pues todo el tiempo recibe órdenes sensoriales contrarias e incoherentes. Sirva este trasegar de Vicky Dávila para entender cómo alguien se puede perder en los laberintos en los cuales se confunden fama, liderazgo, política y ambigüedad. Sirva también de ejemplo para quienes desean ejercer un periodismo ético; mejor espejo de lo que no se debe hacer no van a encontrar.

 


abril 10, 2026

SERVICIO MILITAR EN COLOMBIA, UNA RADIOGRAFÍA DEL CAMBIO

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

En Colombia, durante la guerra de los mil días, se hizo cotidiano el reclutamiento forzoso de jóvenes para su incorporación al ejército. Esta práctica se mantuvo vigente hasta la actualidad, con algunas flexibilizaciones parciales en diversos momentos de la historia. Lo cierto es que siempre fueron los pobres quienes engrosaron las filas del ejército legal, así como los grupos ilegales en Colombia.

Los más privilegiados, que en Colombia han sido los ricos y la gente del común con amigos influyentes, siempre evadieron el servicio militar; por lo tanto, nunca fue "obligatorio", como se predicaba comúnmente, aunque para los pobres sí. Al contrario, la objeción de conciencia rara vez era respetada, y miles de casos de maltratos, acoso, suicidio y evasiones se daban en el ejército, con una silenciosa aceptación social, porque siempre se promulgó el valor y la importancia de “servir a la patria”.

Incluso la Constitución Política de 1991 continuó asumiendo el servicio militar como un deber sagrado del ciudadano colombiano, eso sí, del ciudadano de a pie, porque nunca vimos a los hijos de los millonarios en Tolemaida, a no ser para dar un paseo en los helicópteros, acompañados del general amigo de turno.

Hoy las fuerzas militares parecen modernizarse (por fin) en este aspecto. Desde 2017, con la Ley 1861, se empezaron a flexibilizar las incorporaciones al servicio militar, se abrió paso al respeto (aunque no del todo) de la objeción de conciencia, y se empezó a generar una actitud diferente a la figura de "remiso", esa marca cainezca de quien por alguna circunstancia evadía el servicio militar. En el año 2025, mediante el Decreto 1075, se ahondó en esta flexibilización, avanzando también en el mejoramiento de las condiciones generales de la prestación del servicio, así como el aumento del salario para el soldado raso.

No obstante, es hasta ahora, (la noticia se emitió en marzo de 2026), que se anuncia que el servicio militar deja de ser obligatorio, se tornará 100% voluntario, tendrá una remuneración digna y los jóvenes ya no serán cazados en las esquinas de los barrios más pobres del país para ser reclutados. Este cambio se debe a que, con el mejoramiento de las condiciones del servicio militar, muchos jóvenes han optado por asumir este servicio de manera consciente y como una salida a las pocas oportunidades de subsistencia que existen para ellos.

Este nuevo enfoque traerá un cambio real y simbólico para las fuerzas militares, porque nada digno se construye con seres no dignificados. Esperemos que a futuro, sin importar la línea ideológica del gobierno de turno, esta idea se siga manteniendo y no volvamos a la manía que se tuvo de incentivar la guerra con jóvenes pobres, mal alimentados, mal remunerados y sin la libertad de decisión.

marzo 24, 2026

Las redes sociales: el pozo de los deseos esquizofrénicos

 


Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universitario

Desde su aparición, las redes sociales se fortalecieron rápidamente como escenarios comunicativos y, en parte, esto se debió a la sensación de libertad que se tejió en ellas. Decir lo que el hablante desea decir, sin grandes restricciones, era el sueño que la «sociedad de opinión» no esperaba cumplir tan pronto. Pero se dio, y este fenómeno desató el delirio colectivo comunicativo que hoy vivimos y padecemos.

Y si el panorama ya era preocupante para la posibilidad de construir relatos veraces, ahora aparece en escena la inteligencia artificial como herramienta propicia para darle forma a los delirios. Si deseas que alguien muera, tienes una herramienta digital y un clic disponibles para que tu deseo se haga noticia falsa con encubrimiento verdadero, porque sabemos que "una imagen vale más que mil palabras". ¿Y si la imagen es falsa? Pues parece que no importa, mientras y cuando el deseo individual o colectivo sea satisfecho.

De esa manera, las denominadas redes sociales se van tornando en antisociales, porque el objetivo de comunicar con veracidad se desplaza para mentir, para satisfacer el oscuro pozo de los deseos. Ya no se trata solo de luchas ideológicas, se trata del sacrificio de la veracidad a cambio de la concretización de los perversos deseos que habitan en la conciencia social.

Por eso abundan (y son consumidas) millones de noticias falsas que en el fondo satisfacen el deseo de quienes las producen y quienes las difunden.   ¿Quieres matar al tirano que odias? ¿Deseas ver prisionera a una mujer que está por fuera de tu gama de valores? ¿Añoras ver un ídolo caer en desgracia? ¿Quieres ver triunfar al político que admiras? Es muy fácil, todos esos deseos están a tu alcance; haces clic y la imagen construye el muerto, la prisionera, el ídolo caído, el político triunfante. Hoy los humanos actuamos de co-creadores de falsedades, como si fuésemos hijos de Loki, el dios mitológico nórdico de la mentira.

Hoy todos nuestros deseos, individuales y colectivos, se pueden escenificar en el teatro virtual; el problema es que ya muy pocos somos conscientes de la ficción y sus implicaciones; ahora todo parece ser real y verdadero. De seguro, con esta manía desbordada, estamos fortaleciendo una sociedad esquizofrénica. 

La verdad yace enterrada y ni siquiera tenemos certeza de dónde está su tumba, para ir a visitarla.

marzo 17, 2026

LA MASACRE DE LA RUBIERA, UN DOLOR QUE PERVIVE

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente universitario

 

La historia colombiana está llena de atrocidades, muchas de ellas condenadas al olvido, lo cual nos hace más atroces. Una de estas dolorosas realidades ocurrió un 27 de diciembre de 1967 en el hato La Rubiera, ubicado en el departamento de Arauca, en límites entre Colombia y Venezuela.

Los hechos narran que varios colonos, con el fin de apropiarse de las tierras de la comunidad de la etnia Sikuani, elaboraron una celada digna de los libros de los horrores humanos. Invitaron a los indígenas a un agasajo, con el pretexto de establecer lazos de amistad. Una vez allí, procedieron a matarlos a sangre fría con pistolas, machetes y garrotes. El saldo: 16 indígenas masacrados, entre ellos mujeres y niños. Al parecer, dos de ellos que sobrevivieron fueron quienes dieron a conocer el resultado de aquella barbarie.

Es increíble pensar que esto sucedió dos años antes de que los humanos fuéramos a la luna, un hecho que refleja nuestra agónica lucha entre civilización y barbarie. Pero es más aterrador aún recordar la defensa que establecieron los abogados de los victimarios que dio origen a aquella sentencia que, no más de escucharla, hiela la sangre: “Yo no sabía que era malo matar indios”. Al final, debido a la tenacidad de la comunidad indígena, los culpables recibieron condena, aunque no tan ejemplar como debió ser.

Uno de los ensañamientos contra los indígenas (aunque también contra los campesinos) ha sido la posesión de la tierra. Esa guerra por el despojo ha sido una constante en nuestra historia de violencias; de ahí surge el desplazamiento, la desaparición y los múltiples vejámenes que sus efectos producen. Estos fenómenos también han producido nichos de resistencia, defensa de los territorios y, por supuesto, han sido caldo de cultivo para nuevas violencias.

No obstante, aún pervive en la población colombiana un resquemor hacia los indígenas, afortunadamente cada vez menor, pero en la cultura subyace ese racismo disfrazado que surge en momentos como el de la actual coyuntura política. Hace unos meses aparecieron carteles amenazantes y bloques de energúmenos promoviendo la agresión contra la Minga indígena en los alrededores de la Universidad Nacional en Bogotá.   No pocas personas, con formación universitaria, he escuchado expresarse verbalmente y en escritos en redes, tildando a los indígenas de viciosos, zánganos y mil cosas más.   Calificativos que evidencian que aún estamos lejos de aceptar que somos un país pluriétnico, como lo dictamina nuestra Constitución Política. Hay que recordar hasta la saciedad que, por muy blanquitos o españolizados que nos sintamos, somos aborígenes.

Recordar la masacre de la Rubiera como un hecho atroz y real es avivar nuestra memoria y pensar que aún necesitamos afirmarnos como nación, porque si el dolor pasado y el actual de nuestras etnias no nos conmueven, algo sigue muy dañado en el seno de nuestra sociedad.

Posdata: El cantautor llanero Nelson Morales compuso una elegía popular que narra aquella masacre. Pueden escucharla en este link: https://www.youtube.com/watch?v=44g8avUO5Ug&list=RD44g8avUO5Ug&start_radio=1

marzo 13, 2026

¿SUMAR VOTOS O MANTENER LA COHERENCIA POLÍTICA?

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

En el juego político hay quienes optan por mantenerse coherentes a unas ideas aunque tarden en alcanzar los escenarios de poder. Otros, en cambio, mutan constantemente, acción que desde Lampedusa se ha llamado gatopardismo. Las ideas cambian de piel, pero en el fondo siguen siendo lo que son.

Este fenómeno es evidente en acciones como las de Abelardo de la Espriella, quien se volvió ultrarreligioso en un par de meses, solo porque en el toldo de los religiosos hay un buen caudal de votos. Uribe prefirió a Paloma, incluso traicionó a Cabal, Lafaurie y a la extrema extrema, porque él sabe que la única opción que le queda es hacerse pasar por una mansa oveja de la derecha menos radical; en eso es en lo que quiere convertir a Paloma. Pero en el fondo, Cabal, Paloma y Abelardo son papas del mismo costal, con algunos gradientes diferenciales.

Ahora con Oviedo se da el mismo fenómeno. Él pudo optar por tratar de darle vida a un centro que solo existe en el imaginario transitorio porque se compone de fragmentos de izquierda y derecha, más un grupo de indecisos; es decir, es una fuerza que se caracteriza por su ambivalencia, factor que siempre los termina dejando a la deriva; de ahí la metáfora realista en la que siempre terminan “huyendo a ver las ballenas”. Oviedo no se traicionó, decidió reafirmarse en lo que es, un técnico de derecha no radical, que por cuestiones del momento terminó copando un escenario político polarizado en el cual él pareciera ser de centro. Pero no olviden que de esos políticos transitorios hay mil ejemplos; me acuerdo ahora de Lucho el embolador o Angelino Garzón. Como surgen, se olvidan, precisamente por su ambigüedad.

Por el otro lado, está la política que se hace basada en la coherencia de las ideas, y ahí se sitúa la fórmula presidencial de Iván Cepeda, quien pudo optar por un personaje que lo acercara a la derecha moderada, como un empresario de esos que cultivan un enfoque social y que creen que la riqueza se debe redistribuir. Aunque no parezca, de esos también existen varios y buenos. Pero Cepeda prefirió quedarse con la base social; eso es Aida Quilcué, un símbolo de los escenarios de lucha y transformación de base. Cepeda, prefiero sumar coherencia y no solo votos, al menos en esta fase de la contienda.

Veremos cómo el país votante valora cada acción, porque esto no se trata de sumar personas y creer que ellas se vuelven votos de manera utilitaria; la política no es así de simple. Muchos van a las urnas movidos por símbolos sujetos al cambio. Por ejemplo, los votantes que vociferan odio hacia lo que denominan “ideología de género”, los machistas que abundan en la ultraderecha, aquellos que todo lo que ven diferente a lo que son lo convierten en comunismo, quienes creen que el homosexualismo es una aberración excremental, los que piensan que los pobres son pobres porque quieren y mil prejuiciosos más: ¿terminarán votando en contra de su opinión o cambiarán de opinión por la coyuntura política?

Recuerdo que cierta vez sectores alternativos votaron por Juan Manuel Santos por un punto de honor: La paz. En otro momento, muchos votaron en contra de la paz para respaldar a un líder (Uribe) que no creía en la paz, o más bien no le convenía esa paz, porque lo ponía en riesgo ante la justicia, como al final sucedió.

Así es la política, vive en movimiento, está sujeta a los ires y venires y a veces lo olvidamos. Por eso, el 31 de mayo tendremos una radiografía más cercana a la realidad y entonces veremos qué resultados arrojó cada estrategia y qué nuevas estrategias se plantearán camino a la Casa de Nariño, porque aún hay muchos elementos que pueden alterar la percepción ciudadana, que, aunque no parezca, cada vez se cualifica más.

febrero 11, 2026

La adolescencia como autodestrucción

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Escritor colombiano / Docente Universidad del Tolima.

 

A veces en los anaqueles duermen los mejores libros sin ser abiertos; igual pasa con ciertas películas o series televisivas que no alcanzan un gran rating en el momento de su estreno, pero quedan alojadas en las plataformas y de vez en cuando algún curioso espectador da cuenta de ellas. Es lo que sucedió en este caso cuando encontré, en Netflix, la serie de dos temporadas y 16 capítulos titulada “The End of the F***ing World”, que data de los años 2017-2019.

La serie presenta la historia de dos adolescentes (James y Alyssa), quienes se encuentran palpitando en esa edad en la cual el mundo parece no contener los elementos mínimos para albergar la inquietud de esa esplendorosa y terrible etapa de la vida. Se encuentran para atraerse y rechazarse, pero no es simple encuentro hormonal; es la coincidencia de dos temperamentos guiados por la autodestrucción, el nihilismo y la búsqueda de un lugar fijo en el mundo. Lo que viene después de ese encuentro es cine puro, aunque sea una serie.

Huidas, preguntas, crímenes, dudas, fugas y todos esos elementos dramáticos de la historia convierten a los despabilados jóvenes en una reencarnación más letrada de Bonnie y Clyde, con un lenguaje más obsceno pero, por lo mismo, más sincero; con una búsqueda más desesperada y con la esperanza de hallar algo que aún no se sabe qué es. “The End of the F***ing World” nos muestra ese mundo actual en el cual los sueños juveniles poseen un destino claro y prefijado, pero cuya ruta no configura los deseos de los jóvenes. Las familias colapsadas son el síntoma de un tiempo en el cual se sobrevive, pero no se vive, atados a las demandas de una sociedad que pareciera estar dispuesta a que nadie sea feliz y que, en una especie de venganza colectiva, nos quiere conducir a todos al mismo pantano de la cotidianidad.

El humor negro y la ironía son los escenarios predilectos para contar la historia, acompañada de una banda sonora pulcra a cargo de Graham Coxon, quien fuera guitarrista de Blur. La fotografía también destaca, aportando unos tonos secos que van con la sensación de tristeza y pérdida constante que transmite la trama. Todo esto dirigido por Jonathan Entwistle y Lucy Tcherniak, quienes aciertan ordenando cada uno de los elementos.

La serie da vida a la novela gráfica del mismo nombre, de la autoría de Charles Forsman (1982), un dibujante estadounidense, quien es autor de otros trabajos llevados a la pantalla como “Esta mierda me supera”. Los actores principales que dan vida a los dos adolescentes hacen un trabajo superlativo y, en parte, gracias a ellos logramos conectarnos con ese mundo que nos proponen los directores y el autor; se trata de Jessica Barden y Alex Lawther.

En definitiva, “The End of the F***ing World” es una joya que da vueltas por ahí en el mundo algorítmico de las plataformas actuales en espera de que espectadores ansiosos de buenas historias y buenos montajes la saquen de su famoso anonimato.

enero 12, 2026

LA CASA LIBERADA (Un cuento geopolíticamente incorrecto)

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Escritor colombiano / Docente Universidad del Tolima

En casa teníamos todo para ser felices, pero no lo éramos. Nuestra madre había heredado una jugosa cantidad de dinero representado en propiedades de toda índole, más una solvente cuenta bancaria. Era hija única de aquel matrimonio entre abuelos petroleros. Aun así, como dije al comienzo, no éramos felices.

Mi hermano había huido de casa antes de cumplir la mayoría de edad, hacía ya más de 10 años, cuando las cosas empezaron a enrarecerse. Mi padre, quien se había mostrado proclive al diálogo familiar, de pronto se tornó déspota. Fue por esa misma época cuando quedó a cargo de toda la fortuna de mamá, debido a un giro legal. Mamá aceptó sin pelear, pues confiaba en él y en sus buenos propósitos para toda la familia. Por entonces yo no había nacido, pero los relatos de esa época siempre tienen un tinte feliz. Entonces todo empezó a cambiar. Mi padre se hizo adicto a los lujos y al alcohol. Descuidó los negocios y se dedicaba a despilfarrar los ahorros con sus amigos, mientras en casa pasábamos necesidades. Fue por esa época que Venezio huyó.

Madre soportaba estoicamente los malos tratos de papá y el desbarajuste de todo lo que se había construido en los orígenes de aquel idilio; aún soñaba que quizás un día mi padre entendería la ruta trazada en los inicios y retornaríamos al proyecto familiar feliz. Mi padre no pensaba igual, solo se dedicaba al derroche y empezó a hacer enemigos por todos lados. «Cuando hay dinero de por medio no hay lealtades», solía decir mi abuelo; lo sé porque mamá repetía sus historias en la mesa, cuando aún en casa se podía hablar. «El abuelo Vezcha sí que sabía liderar esta familia», solía decir, «lástima que muriese tan joven». Él confiaba en tu padre, vio en él ese talante que necesita un proyecto familiar como el nuestro. Por esa época de las historias en la mesa, hubo un apaciguamiento pasajero; mi padre pareció retornar el rumbo y vivimos en calma una pequeña temporada. Madre habla de esa época como la de la reconciliación.

Al poco tiempo nací yo, «para colmo de males», dijo años después mi madre. Mi padre volvió a la bebida, y le dio por coleccionar coches de lujo. Tiempo después, un vecino, hombre avaro y bullicioso, empezó a acecharnos, porque, según él, mi padre le había quitado un negocio que tenían en común, y, como decía el abuelo, «en cuestiones de dinero, la amistad es un delgado hilo que se tensa con pérdidas y ganancias».

La enemistad creció hasta el punto de que los antiguos socios se declararon la guerra, aunque solo era una contienda verbal en sus inicios. La disputa generó más infelicidad en casa, las cosas empezaron a escasear y pasamos días muy duros. Mi madre resistía junto a mi hermana y yo, quien crecía en medio de lágrimas y deseos de que todo volviera a la normalidad. Mi hermano mayor de vez en cuando llamaba y terminaba insultando a mamá, pidiéndole que hiciera algo, que papá se había vuelto un tirano. Siempre la discusión telefónica terminaba generando más enemistad familiar.

Hace un par de días la discusión con el vecino avaro escaló a tal punto que mi padre llegó a casa y nos dio instrucciones en las que debíamos prepararnos para una batalla. Dijo que vendrían por nuestra riqueza, instruyó a mi hermana para que se dispusiera a pelear por la familia. Mi madre no decía nada; a ella le tocaba redoblar esfuerzos y vigilar de noche. Yo, apenas una niña, debía encargarme de estar pendiente de una campana de alerta, para avisar cualquier intromisión en nuestras propiedades. Nadie entendía nada, excepto mi padre, que iba de aquí para allá, insultando al aire y tomando grandes copas de coñac.

Esta madrugada oímos una explosión. La puerta cayó y, tras la dispersión del humo y en medio del olor a pólvora, el hombre avaro, el vecino gruñón que tanto odia a papá, ingresó con varios escoltas. Tomaron la casa por asalto, abrieron una gran caja fuerte y empacaron todo lo que allí había y lo sacaron junto a papá. Cuando el estruendo del asalto pasó, el hombre fortachón nos reunió y nos dijo —a mamá, a mi hermana y a mí— que estuviéramos tranquilas, que él era el nuevo dueño de esta casa, que nuestro padre no nos haría más daño. Mi madre sacó algo de su escasa valentía para preguntarle por qué se llevaban el dinero y las pertenencias familiares, a lo que el avaro respondió: "«Ya le dije que ahora soy el patrón de esta casa», luego se fue sin antes dejar a sus sabuesos cuidando el desbarajuste causado.

Mi madre, mi hermana y yo seguimos naufragando en el asombro; no sabemos qué ha pasado. Todo fue tan rápido. Lo cierto es que ahora estamos peor que antes, sin papá, sin dinero y con un nuevo amo. En medio de la incertidumbre escuchamos sonar el teléfono; es mi hermano. Mamá pone la función de altavoz y lo escuchamos gritando alborozado:

—Gracias a Dios, por fin nos han liberado.

Madre nos abraza y mira hacia el cielo; sabe que no hay nada que celebrar.

Enero de 2026