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junio 25, 2023

CICLISMO Y FILOSOFÍA: PENSANDO Y SUDANDO

 

Guillaume Martin ciclista profesional y autor del libro.

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Los libros sobre ciclismo profesional tienden a tener una gran franja para exaltar, en su gran mayoría, a protagonistas mundiales y nacionales quienes han construido la leyenda de este mítico deporte. Otros se dedican a mostrar elementos técnicos y metodologías de entrenamiento, aspectos claves para el buen desempleo en la bicicleta que son procesos fundamentales del deporte del siglo XXI, época de grandes saltos tecnológicos y novedosos métodos de entrenamiento.

No obstante, en el libro que hablaré a continuación se aborda la relación entre ciclismo y filosofía, algo que no había encontrado en textos precedentes. Se trata de “Sócrates en bicicleta. El Tour de Francia de los filósofos”, del francés Guillaume Martín. El autor, siendo ciclista profesional de alto rendimiento y además Máster en Filosofía, nos ofrece una obra única en donde combina elementos propios de sus experiencias en esos “dos mundos” que parecieran opuestos, pero, que él se empeña en demostrar que guardan una estrecha relación. En mi concepto lo logra con gran pericia narrativa.

Con base en anécdotas, experiencias y apostándole a una trama de narrativa ficcional bien hilada, Guillaume Martin nos lleva pedalazo a pedalazo por los recovecos, descensos y pendientes del mundo del ciclismo y el pensamiento. Sus rutinas ciclísticas quedan plasmadas en una especie de bitácora del corredor del pelotón moderno. Las reflexiones que hace sobre deporte en general enriquecen la mirada del lector experto y el aficionado que se atrevan a sus páginas. Su fino humor ayuda a tejer una trama en la cual filósofos se preparan y disputan la mayor carrera de ciclismo del mundo “El Tour de Francia”. ¿Por qué este giro que propone el autor?, pues el mismo lo dice: “La filosofía, a pesar de sus aires austeros, es también una forma de juego. Lo mismo que este libro[1]. Escribir como lúdica, montar bicicleta como activador de pensamiento, me gusta mucho esa idea.

Los ciclósofos, como denomina a esta nueva especie de seres dedicados a pensar las cosas y los fenómenos de la existencia y, al mismo tiempo, pedalear por grandes avenidas, caminos escarpados o llenos de adoquines, son capaces de entender que el esfuerzo físico y las ideas no riñen, como erróneamente creía Platón. Madrugan a entrenar, luchan contra las adversidades climáticas y compiten sin abandonar sus reflexiones fundamentales. Por eso en el pelotón de ciclósofos podemos encontrar al rebelde de Nietzsche atacando desaforadamente, a Marx tratando de organizar los competidores para transformar el sistema ciclístico, a Freud disertando sobre el placer de montar en bicicleta o a Sartre luchando contra la realidad y el pesimismo de la profesión. Todos suman esfuerzo físico e intelectual, todos demuestran que no hay distancia entre pedalear y pensar.

En definitiva, el autor logra su propósito, hilar dos mundos de la vida distantes pero cuya relación simbiótica nos permite descubrir cómo todo lo existente en el mundo posee relaciones intrínsecas. Estas disertaciones permiten valorar con mayor ahínco los deportistas y romper algunos mitos modernos que han convertido los atletas en meros elementos de espectáculo y consumo, para regresarnos a esa concepción helénica de los atletas como sujetos vitales para la construcción de mundo ideal, porque: “Aunque pueda parecer algo totalmente primitivo, el entrenamiento atlético está, de hecho, movido por una auténtica sabiduría

Pero como G. Martin es un estudioso de la filosofía, nos propone una tesis que ayuda a recuperar, o mejor diríamos liberar, al deporte moderno del puro mecanismo de consumo en lo que lo ha convertido en modelo de vida actual, por eso nos invita a reflexionar: “Cosificado demasiado a menudo, el deportista merece recuperar un estatus más honorable, el de un actor del deporte, el de un artista del cuerpo”. La propuesta que estructura el libro sigue esta lógica.

Es así que, más allá de la rutina, del entrenamiento, del coraje necesario para vencer las adversidades de la vida y de la competencia, el ciclista se torna en un sujeto cuya acción no está condicionada por el triunfo o la mera banalidad de ser tratado como estrella del deporte. La apuesta del autor va más lejos, es la de hacer entender que: “El deporte se transforma, entonces, en arte. La actividad física, deviene actuación estética

En ese sentido, la lectura se torna amena e ilustrativa, sirve como lección de filosofía para repasar algunos de los más importantes postulados filosóficos desde la antigua Grecia (filosofía clásica), hasta el siglo XX (Filosofía moderna). Estos postulados siempre son articulados al mundo del ciclismo o el deporte en general. Si hay algo que reprocharle a G. Martín es no incluir mujeres pensadoras como Hipatía de Alejandría, Rosa de Luxemburgo, Simone de Beauvoir, Hannah Arendt o Judith Butler, entre tantas más, hubiesen alimentado esa caravana del reflexionar y pedalear. Igualmente, en el libro no aparecen referencias de pensadores de América, al parecer en el canon formativo del autor no se incluye este amplio panorama, nada de extraño en las universidades europeas.  

Para finalizar, es importante recordar que el texto fue publicado inicialmente en su idioma original (francés) en el año 2020. Un año después la editorial Libros de Ruta Ediciones, lo traduce al castellano. Como lo indica el autor en el epílogo: “Escribir un libro sobre ciclistas con una dimensión filosófica buscaba mostrar que nada es definitivo, que debemos dar un paso atrás de la tentación natural de eternizar nuestro estado inmediato. La bicicleta es un ciclo. Una temporada pasa. Y la vida es un eterno…retorno”, por lo cual y apelando a esa invitación, también invito dejarse imbuir en este libro que no sólo divierte, sino que también ayuda a pensar.



[1] Todas las citas de: MARTIN, Guillaume. (2021). Sócrates en bicicleta. El Tour de Francia de los filósofos. Libros de Ruta Ediciones. Barcelona (España).

marzo 07, 2017

Reír para no quedar atrapado en las vanguardias

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
No es extraño encontrarnos de plano enredados en la disputa del valor del arte contemporáneo: ¿Ha decaído el arte? ¿Se ha desdibujado la estética? ¿Son tantas las expresiones del arte actual que es imposible de encasillar? Estos y otros interrogantes pululan en las academias y en los círculos artísticos y estas preguntas, al parecer, llevaron a Enrique Vila-Matas a construir su divertida novela Kassel no invita a la lógica.
La historia es sencilla en su relato: un escritor catalán (el mismo Vila—Matas quizás) es invitado al festival de arte vanguardista Documenta 13, festival que se celebra cada 5 años en la ciudad de Kassel (Alemania). Hasta ahí todos los elementos son reales, existe el escritor, el festival y la ciudad, pero no debemos olvidar que estamos en manos de un narrador que altera la realidad, eso es novelar.
El papel que debe cumplir el escritor consiste en sentarse en un restaurante chino a «escribir», permitiendo que los asistentes (al festival y/o al restaurante) lo contemplen e interactúen como si fuese una instalación. Ante muchas dudas termina por aceptar, viendo en ello la posibilidad de adentrarse en lo desconocido y en explorar el real valor del arte de vanguardia; para lo cual también solicita que le sea permitido dar una charla a la que titula: “La conferencia sin nadie”. Ya entonces el fino humor que construye la ironía se abre como gran agregado de la historia.
La ciudad de Kassel se nos dibuja, entonces, como el epicentro universal de la vanguardia, que durante cien días acoge a los artistas más novedosos del planeta con el único fin de renovar el arte, de abrirle nuevas posibilidades a las interpretaciones; eso lo va entendiendo el escritor a manera que des-anda la ciudad como si estuviese intentando descifrar las reglas de un nuevo juego, porque “era perfecto jugar a algo tan ilógico en una ciudad como Kassel, que no invita a la lógica porque no estaba relacionada con ella, pues exigía a los creadores invitados moverse por los parámetros vanguardistas de una locura de altura” (Vila-Matas, 2014, p. 250). Día a días, rehuyendo su oficio de instalación y apostándole más por convertirse en visitante de este gran museo-ciudad-instalación, el narrador-personaje nos involucra en sus propias divagaciones sobre el arte, sobre el sentido del arte en la sociedad y sobre el valor de lo artístico en un planeta en declive. Él también duda, como dudamos los lectores, sobre la real “calidad estética” de los juegos que múltiples autores instalan en la ciudad, pero de alguna manera va descubriendo la forma irónica que el arte usa para burlase o autorrepresentarse. Es como si cada obra necesitase un marco teórico para existir, o como, siguiendo los intereses posmodernos, el arte solo existiera si existe un sujeto que valora el “objeto” como arte. Veamos un ejemplo, -muchos que abundan en el texto-, que construyen la trama decorativa de esa búsqueda por el significado del arte, en donde aparentemente no hay arte; o la reivindicación psicótica del arte en donde indudablemente no existe:
(…) estaba empeñada en hablarme de una obra ya antigua de Ceal Floyer que le había gustado mucho; la había visto hacía tres años en Berlín y se titulaba, si no recordaba mal, Overgrowth, y era un bonsái fotografiado desde abajo y proyectando una diapositiva que aumentaba la imagen al tamaño de un árbol, como queriendo situar al espectador por debajo, o bien al bonsái por encima, o ambas cosas. Le pareció, dijo Boston, una forma maravillosa de desmontar el acto estúpido de haber manipulado un árbol para que permaneciera enano. La obra de Ceal Floyer le restauraba el tamaño al tiempo que alertaba de la cantidad de gente siniestra que en la vida nos salía al paso para tratar de pulverizar, fueran las que fueran, todas nuestras aspiraciones. (p. 281)
¿Estamos ante una obra que amplía su significado desde lo cotidiano o simplemente estamos ante una especulación del tamaño del Titanic? Ese es el juego al que invita la novela, la cual, a manera de intertexto, combina en cada página citas de obras, autores, dialogando constantemente con la tradición, para descubrir que quizás “cuanto más de vanguardia es un autor, menos puede permitirse caer bajo ese calificativo”. (p. 9)
Y así, entre elucubraciones que a veces se tornan pastosas, citas que pueden saturar el texto, narraciones demasiadas al detalle de las obras de arte y repeticiones narrativas, Vila-Matas lo que busca es hacernos reír, quizás porque él sabe que todos esos debates sobre el arte son tan infructíferos como los que en siglos anteriores ha dado la humanidad sobre el tema. Por eso, la novela Kassel no invita a la lógica, se me antoja como una gran carcajada con referentes epistemológicos, porque “La risa no nace nunca sino de la percepción repentina de la incongruencia entre un concepto y los objetos reales que en algún respecto se habían pensado con él, y ella misma es la simple expresión de la incongruencia”. (Schopenhauer, 2004, p. 109)
Y la risa final llega con el surgimiento de la ironía, esa risa que nos frunce el ceño y llama a seria reflexión; es cuando entonces entendemos que sin importar a lo que nombremos arte, sigue, “eso nombrado”, siendo esencial para lo humano:
¿Quién había dicho que el arte contemporáneo estaba de capa caída? Sólo los intelectuales de países incultos y deprimidos como el mío podrían llegar a pensar este tipo de barbaridades. Europa había muerto, quizás tenía razón la joven Kassel en su riguroso luto, pero el arte del mundo estaba muy vivo, era la única ventana abierta que les quedaba a los que todavía buscaban la salvación del espíritu. (Vila-Matas, 2014, p. 273)
Seguro que la novela tendrá muchas aristas para ser estudiadas, su complejidad y simbolismo así lo permiten, pero me quedo con la risa que provoca, con la invitación a no ser tan serios al momento de valorar el arte, porque quizás estemos negando el valor lúdico que es la esencia primigenia del artista: nada se puede crear sin atreverse al juego y a la risa, solo de esa manera podemos no quedar atrapados en la búsqueda infructuosa de la vanguardia.

Referencias bibliográficas

MARTÍN, Jorge. (2011). El humor y la ironía en La Risa de Henry Bergson. En: Revista Filosofía UIS. Volumen 10. No 1, pp. 143-159.

SCHOPENHAUER, Arthur. (2004). El mundo como voluntad y representación I. Madrid: Editorial Trotta.

VILA-MATAS, Enrique. (2014). Kassel no invita a la lógica. Barcelona: Seix Barral. Biblioteca breve.

julio 24, 2012

LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA: MODO SILENCIO


Por: Carlos Arturo Gamboa
A finales de enero del 2012, escribí, pensando en la finalización de un periodo de más de 10 años de la administración de Ramón Rivera en la Universidad del Tolima, y en los nuevos destinos: “El reto está en poder tejer el hilo de la transición de una institución mercantilizada y tecnocrática hacia esa Universidad Pública que deseamos, si estas rupturas no se gestan estaremos entonces condenados a la extensa noche del continuismo.” Pocos días después, el 1 de febrero, el Rector encargado, Héctor Villaraga, leía en acto público, de frente a la comunidad académica lo que muchos consideraron, entonces, un documento que esbozaba el cambio de ruta en los destinos de la única universidad pública en miles de kilómetros a la redonda. Hoy seis meses después, es hora de un balance.
El primer punto de aquel documento expuesto por el todavía hoy encargado rector, hacía referencia al debate en torno a la construcción de una Ley Alternativa de Educación Superior, reconociendo los problemas estructurales de la Universidad Pública y ofreciendo garantías a la MANE y La Constituyente Universitaria, como expresiones legítimas para el debate y la construcción de escenarios alternativos de transformación. Hoy, tanto la MANE capítulo Tolima, como La Constituyente Universitaria, no han contado con las garantías para desarrollar sus derroteros, los calendarios académicos elaborados atentaron de entrada contra toda lógica de accionar el movimiento hacia la reflexión, muchos de los actores de la Constituyente Universitaria fueron blancos de persecuciones soterradas, las comunicaciones que se enviaron a la administración y al Consejo Superior nunca fueron respondidos, el silencio siguió siendo la mejor coartada para impedir el movimiento de transformación de la Universidad del Tolima. Si, el silencio.
El segundo punto planteaba la evaluación y la construcción de un Plan de Desarrollo, aspectos que aún no se han realizado, esencialmente porque la estructura de continuismo no ha sido objeto de contradicciones, sino que las políticas académicas y administrativas siguen el mismo curso que durante la última década, es decir, a la deriva y en silencio.
El punto cuarto asumía una revisión de los procesos de egresados, estudiantes, decanos y rector; procesos que nunca han sido sometidos a la crítica desde un enfoque de democracia real, por el contrario, el egresado al Superior fue elegido bajo un esquema anti-democrático en el cual diez votos decidieron por una población de miles, y de nuevo el llamado al Superior y al rector por parte de sectores de la Constituyente Universitaria, fue desconocido. Otro silencio más.
El representante de profesores al Superior fue elegido amparado en una asociación a-sindical sacada del sombrero de los magos de la administración y sus adeptos, incluso contó con la venia de uno de los hoy candidatos a rector, Herman Muñoz, y cuya única opción de transformación para la Universidad del Tolima, consistió en satanizar y señalar de manera cínica y peligrosa el debate argumentado de la Asociación Sindical de Profesores (ASPU) y su posición de Abstención Activa frente a lo que consideró una artimaña para que la estructura del poder se perpetuara. Dicho y hecho.
 Los estudiantes, por su parte, no pudieron contar que las garantías democráticas “reales” para llevar a cabo su proceso de elección al Superior, esto debido en gran parte a que el modelo imperante es excluyente, no se basa en las realidades que vive la Universidad del Tolima y no permite la discusión sobre las necesidades estudiantiles cuando cerca del 70% de la población se encuentra por fuera del campus, en el denominado modelo de Educación a Distancia. El proceso quedó truncado y repleto de silencios.
Próximamente se elegirán decanos, contando con el mismo viejo esquema antidemocrático, excluyendo de facto a los Catedráticos que conforman cerca del 80% de población docente, dejando claro que a los adalides de la Universidad del Tolima las palabras igualdad, derechos, equidad y ética, le son extrañas, así las enuncien en sus discursos. La mayoría de los decanos, que conformarán el Consejo Académico, se parecen cada día más a los Congresistas que legislan a su favor, se hacen relegir desde sus cargos y manipulan la comunidad con pequeñas prebendas que reparten entre su cofradía; los que disientan serán denominados “bochinchosos” y excluidos de cualquier posibilidad de debate. A ese ritmo la elección del rector será una parodia más, porque para la adormecida comunidad universitaria, el nombre ya se sabe, por eso muchos sectores ya han corrido a llevar sus ofrendas a nuevo adalid de la fábrica de los silencios. En todo este escenario del espectáculo burlesco, la gran ausente ha sido la democracia, los elegidos a las representaciones y cargos jamás propiciaron un debate, presentaron un plan de trabajo de cara a las grandes necesidades de la Universidad y la región. La Universidad del Tolima como el departamento, está tomada por caudillos que saben que la estrategia del “tamal electoral” garantizará su continuidad.
El punto nueve del documento rectoral anunciaba que era, “necesario recomponer la relación entre la academia y la administración. Ésta última no puede ser un fin en sí misma, ni el factor real de poder que determine la orientación de la Universidad…”, enunciado que contó, y seguirá contando, con apoyo de todos aquellos que hayan transitado por los procesos académicos de la Universidad del Tolima, y que padecen las múltiples leguleyadas que someten la academia a un trámite sin fin, y que además han posicionado el administrador de los recursos por encima del intelectual, de la producción de investigación, de la construcción de saber; que han hecho del Alma Mater un espacio macondiano en donde es más importante tramitar un CDP que escribir un libro. En este campo, señor rector encargado, tampoco hemos avanzado nada.
El punto diez y once abordaban en problema del marcado desbalance de profesores de planta frente a los retos académicos de la universidad, así mismo se enunciaba la necesidad de, “crear un plan para dignificar el pago de los servicios por hora cátedra”. Pues ha de saber la comunidad que no ha habido nuevas convocatorias de docentes de planta, que cada vez son más los que saltan a cargos administrativos dejando un vacío en los proceso de formación de pregrado, que a los catedráticos nunca les reconocieron las horas adeudas por el paro del semestre II de 2011, que se concertó una mesa jurídica para tratar el tema de los catedráticos y fue cancelada por la administración de manera unilateral, que los catedráticos están mal pagos, que se anunció un reajuste de la hora cátedra pero nunca se hizo efectivo, que los que forman las futuras generaciones de este departamento son los más excluidos en la academia. Que nadie les da la cara a los catedráticos. Aquí el silencio se hace más profundo.
En el ítem 12, se planteaba que era“…necesario concertar reglas claras de selección, permanencia, formación y desvinculación del personal administrativo, reglamentar el régimen de carrera y un plan para resolver la situación de la abrumadora contratación de personal supernumerario o transitorio”, situación no menos crítica que las ya enunciadas, y que ha convertido la Universidad en un teatro del absurdo, pues conocemos cientos de casos de personas que han laborado durante años y son despedidos sin ninguna justificación, sólo porque el gamonal de turno necesitaba el puesto para su recomendado, y otros que llegan y son nombrados “provisionales” sin ningún reparo. La Universidad carece de un plan humano laboral y eso no se soluciona haciendo promesas electoreras de que todos “serán nombrados de planta” o nivelados. Se requiere equidad y justicia laboral. Se requiere replantearnos la Universidad como centro del saber, no como un “trabajadero más”, por eso ASPU esbozó un debate en torno a dicha reforma y nunca el Superior respondió, al contrario, los sectores proclives a decir siempre si sin sopesar argumentos, salieron a  atacar a quienes pedimos transparencia en el proceso, menos demagogia y más reglas claras. ¿En dónde estarán los vendedores de ilusiones en estos momentos? Quizás refugiados en sus bastiones burocráticos. Mucho silencio.
He dejado el punto cinco, sobre el Instituto de Educación a Distancia, para enunciar que en algo se ha avanzado. Las políticas de ajuste académico realizados en el IDEAD demuestran que cuando hay convicción académica y voluntad política, se puede transformar; sólo que allí se cuenta con una estructura que debe ser objeto de mayor compromiso de las directivas y del Consejo Superior Universitario, porque la realidad hoy es que la Universidad del Tolima es a distancia, con el 30% de estudiantes en el modelo presencial. Por lo tanto se debe avanzar hacia la consolidación de una educación de calidad, hacia la democratización de sus escenarios, hacia una inversión directamente proporcional al impacto social, hacia la cualificación y mejoramiento laboral de sus funcionarios, hacia el nombramiento de docentes de planta que garanticen proceso de continuidad en investigación y formación. Lo realizado en el IDEAD puede valorarse como un buen síntoma, pero si no se constituye una comunidad académica que rodee el proyecto, si no se generan cambios normativos que garanticen la continuidad de ideas, al cabo de unos meses, cuando cambie el escenario electorero, nos enfrentaremos de nuevo a la gran drama de esta Unidad Académica, todo el que llega cree que la historia empieza con él.
De la misma manera que pensé hace seis meses que la transición era posible, hoy considero que la Universidad del Tolima sigue adormecida, sin cambios reales que permitan concluir que los discursos se hicieron realidades; la buena voluntad de quienes gobiernan debe reflejarse en sus acciones; y mientras la academia duerme la sociedad sigue sumida en sus dramas, reclamando que esa élite del saber le proporcione rutas de transformación, pero como decía mi abuelo: “como ayudar a la vecina a componer su casa, cuando la nuestra está patas-arriba”. Guardo silencio, por ahora…

febrero 29, 2012

TRES AUSENCIAS

Por. Carlos Arturo Gamboa
I
¿En dónde están los docentes? Esos profesores de libros gordos y pipas humeantes. Esas profesoras ocultas en sus gafas, sentadas tras sus escritorios que evocaban versos cada vez que abrían la boca. Esos robustos maestros del combate de la ideología que provocaban el debate constante para cimbronear el aula. ¿En dónde están los docentes?
¿Se fueron a estudiar al extranjero? ¿Andan ocupados escaneando sus diplomas? ¿Luchan incasablemente para que una revista parodie sus angustias? ¿Olvidaron que ser docente es ser docens?
El docente está vía de extinción. Su ausencia es dolorosa.

II
Suena la balada del intelectual. Sus notas agudas rompen el silencio de la madrugada. Abre sus ojos, enciende su lámpara traída de un viaje por esas extrañas culturas orientales. Se levanta y camina hasta su paquete de Malboro. Enciende su Hewlett-Packard. Va de laberinto en laberinto, se fuga por unos instantes en los recovecos de la red. Luego se dispone a trabajar, el aire fresco del amanecer alienta las ideas.
Suena la balada del intelectual. Sus libros se vendieron a buen precio. Sus conferencias tienen marca registrada. El intelectual inc. está en furor, viajará por el mundo con su nuevo evangelio.
Suena la balada del intelectual. Réquiem por su despojos. Las cuentas bancarias a su nombre confirman su deceso.

III
El vacío incendió las palabras y degastó su esencia. Fueron despojadas de su investidura y ahora deambulan sudorosas entre pitos y bramidos. Sobre el asfalto ya no se reflejan sus rostros. Los bárbaros asediaron los aposentos y lanzaron las palabras al vacío, suplantaron los significados por imágenes concretas, letales formas de la vaguedad.
De noche es fácil ver a las palabras deambulando por los bares. Despojadas de su encanto, arrojadas al silencio de las copas. Sus argumentaciones ahora sólo son sinfonías clandestinas. En el reino de lo efímero las palabras han sido erradicadas y han erigido un monumento a la ofensa en donde ellas un  día levantaron su voz.
Estamos en el tiempo de la mudez. El tirano sólo requiere de ademanes para dominar sus títeres. Han saqueado los libros y las imprentas reproducen páginas en blanco.
La ausencia de la grafía ha potenciado los autómatas.

febrero 15, 2012

HÁBLAME Y TE CONOCERÉ

Por: Carlos Arturo Gamboa
Si hacemos caso a la sentencia de André Bretón, quien dijo que “pensamiento y palabra son sinónimos”, debemos alarmarnos con el pensamiento que cotidianamente difundimos los colombianos, y que permanece como marca inevitable en nuestros discursos. ¿Hablamos como pensamos o no pensamos para hablar?, suelen preguntar los adultos de avanzada edad y casi siempre avanzada sabiduría.
Y en esa difusión de discursos los medios de comunicación, diletantes formas de la vaguedad, potencial herramienta del sistema que se preocupa más por cautivar audiencia (y ganar dinero), olvida que sus mensajes ayudan a construir cultura, o más bien, a imponer un discurso que casi siempre es superfluo y evita que los receptores penetren las capas subyacentes de la realidad; y una sociedad que no se piensa, no se interpela y no se interpreta, es apenas remedo de sí misma.
Por eso es necesario repensar por qué ante la avalancha de «adobadas estupideces» los consumidores de información apenas sonríen y no re-significan. Por qué una sociedad acepta y avala expresiones como la de Miguel Nule: “La corrupción es inherente a la naturaleza humana”, como si acabase de escuchar a Platón en diálogo con Aristóteles. Esa sentencia, totalizante mensaje para el receptor, invita a la corrupción y a la humanización de ella, para terminar por hacernos creer que por esa vía seremos el país más humano. La sentencia quizás debió ser: La corrupción es inherente a los Nule.
Otros personajes, cuya mano detrás de las decisiones atroces apenas se logra dilucidar, de vez en cuando hablan, como el señor José Obdulio Gaviria, para decir que: “En política el engaño es una virtud”, y con esa simple sentencia derrumba la construcción ética de la humanidad ante el impávido silencio metafísico de Baruch Spinoza. En realidad lo que el poco conspicuo JOG quería decir es que él y todo el gabinete de Uribe eran unos virtuosos del engaño, y el verbo está bien conjugado: eran.
En la misma línea el discurso futbolístico produce enunciados dignos de las antologías de las grandes estupideces humanas, como aquella sentencia maturaniana de “perder es ganar un poco”, y que se hizo ley, porque a ese ritmo el pueblo colombiano se convirtió en un ganador nato, así sus ganancias sean pérdidas. Su alumno favorito, el Bolillo Gómez aprehendió la lección con tal maestría que ya no puede “echar reversa pa tras”, y recientemente el presidente de la Difútbol, el aventajado Álvaro González, se dejó venir con una disertación que facilonamente pudo haber sido pronunciada por el medieval papa Sergio II: “Yo puedo decir que no hay nada con más posibilidades de contagiarse, no hay peor enfermedad, si se puede llamar así, con el respeto del que la sufra, que el homosexualismo
La lista, si de manera juiciosa rastreáramos prensa, radio y televisión, sería inagotable. Construiríamos el libro infinito de la sandez hecha palabra. Pero como no se dispone de tanto tiempo, sólo podemos recordar a Séneca diciendo: “Háblame y te conoceré

febrero 09, 2012

RESPUESTA A LOS CUENTOS DE UN CUENTERO


Por: Carlos Arturo Gamboa.

Señor hacedor de agracejos, después de leer su columna y de enterarme que usted es catedrático de la Universidad del Tolima, de un programa cuyo ejercicio consiste en formar “profesionales  con una sólida fundamentación”, no puedo evitar algunas conjeturas acerca de los sucesos que intentó describir. Amigo cuenta-cuentos empecemos con lo más sencillo, los hechos: ¿cuántos pupitres y escritorios ardieron bajo su mirada indignada?  ¿Qué es un “lenguaje tono ñeril? La verdad no vi arder nada más allá que su pluma, que arde de falta de objetividad, y el tono ñeril debe ser un modelo de escritura periodística que usas frecuentemente. Sigamos en los hechos. Vi estudiantes encapuchados y sin capucha, vi muchos mirones (me imagino que por ahí andaba su fuente) y vi funcionarios que confrontaron a los estudiantes encapuchados ante un acto que no compartían. Vi a muchos enojados y enojarse es un acto humano, no un acto terrorista.

Pasando a los juicios debo preguntar: ¿tiene usted certeza de la “falla testicular de más de 5.000 estudiantes, docentes y administrativos”’, porque a mí no me hiciste la prueba de fortaleza testicular; además creo que es un poco exagerado comparar estudiantes que protestan con árabes secuestradores de aviones, le repito, me parece una comparación un poco exagerada, algo así como compararlo a usted con Kapuscinski, ¿sabes quién es?, si el mismo, ese gran periodista que escribió Los cínicos no sirven para este oficio.

Continuemos con las opiniones. No creo que la Universidad del Tolima esté secuestrada, más bien creo que está algo acorralada por acciones y sujetos que ignoran qué es la academia, pero está viva, hoy más que nunca, respira, lucha, se enfrenta a las lógicas del capital, se resiste; aunque creo que para usted eso debe ser cuestión de tipos con nombres como Trotsky y Lenin, pero no se equivoque, también nos interesa a los Carlos, Marianas, Beatrices, Josés… En lo que si estoy de acuerdo con usted es en aquello de que «los “procesos universitarios” se han vuelto tan laxos», porque ahora se puede ser docente sin poseer el saber, acaso los títulos, se puede ser administrativo sólo si cuentas con espacio burocrático o palancas políticas y muchos estudiantes parecen teletubbies adormecidos bajo el influjo de este tiempo que adormece. Sí, la universidad pública se ha vuelto laxa, ahora se parece más a la privada.

Ahora bien, sobre jíbaros, distribución legal, protección financiada y precios de alucinógenos, su discurso parece de alguien que considera que la universidad debe preocuparse sólo por “asuntillos de disciplina”, no por problemas sociales reales; por lo tanto no tenemos mucho que discutir; y el ambiente que describe parece más extraído de sus ganas de ficcionar que de la realidad, le recomiendo deje de ver por un tiempo Los Soprano, puede aprovechar ese lapso para que lea el alucinante libro Plantas de los Dioses. Orígenes del uso de los alucinógenos de Albert Hofmann y Richard Evans Schultes.

Finalmente, como usted lo repite la historia es tragedia y es comedia, y se repite, como su discurso de ministro de defensa, porque algunas veces me ha hecho carcajear con sus agracejos, pero después de leer su columna me dieron ganas de llorar, y no precisamente de la risa.

noviembre 15, 2011

EN DÓNDE TERMINAN LAS MOVILIZACIONES SOCIALES

Por: Carlos Arturo Gamboa
Cuando se ha tenido la edad suficiente para ver los sueños extendidos en el asfalto, se hace necesario preguntar: ¿por qué se desbaratan los movimientos sociales? Como no vivimos en una democracia, sino en la falacia de los discursos de igualdad, Colombia no ha podido consolidar un movimiento que le exija a la burguesía las transformaciones sociales tan caras para nuestro proyecto de país. 
Somos sucesiones de fracasos y escasas reivindicaciones y sin embargo muchos creen que esos nimios logros son avances significativos en la lucha. Pero los fracasos de la movilización social no son producto de una variable, sino de muchas acciones que aún no desbordan el escenario del aprendizaje colectivo, sino que por el contrario, impiden colectivizar la lucha por las reclamaciones. Traiciones de líderes acomodaticios, privilegios de partidos, negociaciones a espaldas de las necesidades, ausencia de claridad en los objetivos o amañamiento, sacrificio de lo necesario por lo estratégico y burocratización de los movimientos, en fin, son muchas las causas por las que el movimiento popular termina desgastado, sin concreciones reales y por supuesto, a merced de los mecanismos de poder y de las represiones de Estado.
Es necesario tocar este tema, de frente y sin ruborizarse, porque hoy cuando el movimiento social en Colombia está en auge no se pueden repetir los errores históricos. Ya difícil fue levantar un movimiento social después de una década de adormilamiento por parte de los discursos mesiánicos de un uribismo corrupto, que mientras dormía el pueblo saqueaba sus despensas, y más aún cuando los pocos que se atrevieron a enfrentar al señor latifundista como mínimo quedaba en los registros de la adjetivación terrorista, cuando no en las fosas comunes de los falsos nunca positivos.
Pero como los problemas engendran necesidades y la necesidad se hace rabia, los pueblos se mueven, se levantan, reclaman. Por eso vemos a los campesinos en sus luchas continuas, a los indígenas, a los afro-descendientes, pero ahora acompañados de los ciudadanos de a pie quienes observaron cómo les vendieron el derecho a la salud pública, bajo un discurso de tecnócratas de la salud que prometían mejor servicio y sólo nos dieron altos costos; pero también los médicos, quienes terminaron de “vendedores ambulantes” de la salud. Igual sucede de aquella población que desde los diversos rincones del país se levantan contra los megaproyectos de la perversa locomotora burguesa del santísimo y su unidad nacional; y por supuesto de la gran movilización educativa alrededor de una reforma lesiva y una ley cuya perversión se evidencia en la cotidianidad de las universidades públicas.
¿Estamos ante un fervor de movilización social? Sí, pero debemos evitar las trampas de una lógica impuesta sobe la cual los mecanismo leguleyos del Estado viven preparados, y sobre todo entender, que en este país lo que no se soluciona con trampa, se hace con la fuerza de Estado. El principal estigma de la movilización social es su correlación con grupos ilegales, discurso que le fascina al Estado porque con ello mata dos pájaros de un solo tiro (el verbo matar es usado literalmente). Pero también el movimiento social asume otros riesgos, el de la burocratización y la traición, ya lo demostraron históricamente proyectos como el Polo Democrático, el Partido Verde y el mismo petrismo, que no son más que ilusas representaciones de las necesidades, que luego muestran su verdadero rostro, es decir, su vocación de poder individualizado, desconociendo el poder popular, el poder de la movilización social, las necesidades de transformación.
Por eso ahora cuando las necesidades obligan a los cuerpos a moverse, empiezan a aparecer mesías de vieja y nueva data, líderes reencauchados, viejas formas obsoletas de acomodamiento, disfraces burgueses, aparatos herrumbrosos, todos al mismo son de una sinfonía. No se trata desde luego de desconocer el aporte histórico de la resistencia, pero sí de invitar a la reflexión, para que cuando pase el oleaje y alguien haga el balance de la movilización social del 2011 y el 2012, no digamos que lo único que nos quedan son tres o cuatro parlamentarios, que desde la “ciudad letrada” se asumen como los adalides de la resistencia. Ojalá mejor podamos decir que echamos abajo la Ley 100, que transformamos la educación pública, que logramos una verdadera reforma de tierras, que hicimos respetar los resguardos indígenas, que no permitimos saquear nuestras cordilleras por los nuevos colonos trasnacionales, que pudimos al menos hacerle un agujero al costal de los burgueses en donde guardan lo que al pueblo le pertenece por herencia.

octubre 23, 2011

OPORTUNISMO VS SOLIDARIDAD

Por: Carlos Arturo Gamboa
El oportunismo campea en el mundo del siglo XXI. Léase por oportunista la persona que sobrepone su proyecto individual por encima de lo común; por lo tanto el oportunismo es enemigo acérrimo de la solidaridad, aunque muchos sean oportunistas al confundir los dos conceptos. Esta forma de vida ha impregnado todo, en los discursos pedagógicos lo llaman “competencias”, en política alianzas, en economía oportunidades, etc.
La necesidad de un mundo trasfigurado por la seudo-ideología del bienestar capitalista, suele pensar, e invitar a que se piense, que el esfuerzo del individuo lo lleva a posicionarse como un sujeto exitoso, pero sin importar los métodos que use para ello. Por lo tanto, el bienestar egoísta que pocos construyen, tienen un extremo que no se desea reconocer: hay miles de miserables a cambio de “algunos” exitosos. Por eso llaman líderes a aquellos que son capaces de depredar al Otro y ascender los peldaños de esa barbarie.
Esta lógica ha impregnado al sujeto, lo moldea, se ha convertido en la forma predilecta de la alienación moderna. Ya no necesitamos ser obligados a pertenecer al sistema capitalista, nosotros mismos lo deseamos. Una fuerza interna nos conduce a creer que nuestro esfuerzo debe estar dirigido al proyecto de individuo, sin importar que con ello neguemos el proyecto de sociedad; a eso algunos “mercachifles” lo han llamado actitud positiva. ¿Puedo acaso tener actitud positiva frente a la vida cuando mi beneficio se construye a consta de la miseria del otro?
Lo anterior no se contrapone al deseo humano de tener una existencia digna, pero si a la anómala forma de construir la indignidad de los vencedores. No puedo llamar desarrollado, exitoso, digno, competente o civilizado, a quien (o quienes) anteponen la avaricia como signo de vida, a la posibilidad de la solidaridad como otra forma de organizar el mundo. Como tampoco puedo llamar fracasado, incivilizado, indigno o pre-desarrollado, a quien (o quienes) por exclusión o sometimiento han sido condenados al otro extremo de la existencia.
Esa forma de actuar oportunista provocará que cada vez la línea abismal de la inequidad crezca. El puente, creo, está en la solidaridad. Sólo así se podría derrotar la idea perversa de que la pobreza es culpa de los pobres. La solidaridad puede permitir abonar el terreno de lo común, algo que hoy, para no ir muy lejos, se necesita urgente en la sociedad colombiana. Ojalá hoy, cuando las movilizaciones sociales crecen aceleradas por la crisis de un modelo oportunista, no aparezcan los líderes, los exitosos, los dignos o los competentes a decirnos que aquí estamos frente a un momento histórico en donde tenemos que actuar de acuerdo al “costo de oportunidad”. Espero más bien que la solidaridad florezca y que el oportunismo decline su deseo de poder.

octubre 14, 2011

LOS MODELOS DE UNIVERSIDAD EN EL PROCESO HISTÓRICO DE LA SOCIEDAD COLOMBIANA


Por: Antonio García Nossa
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El método de análisis adoptado -de naturaleza dialéctica- ha centrado el enfoque y la caracterización de los modelos en una estricta delimitación de los ciclos históricos: en consecuencia, un modelo de educación o de universidad no se toma como simple formulación de un cierto esquema teórico e ideológico, sino -fundamentalmente- como expresión de la manera como funciona la práctica histórica y como ésta define los rasgos esenciales, las formas de operación, los marcos ideológicos e institucionales de un cierto aparato educacional. Desde esta perspectiva dialéctica y totalista, se han establecido diversos modelos de universidad correspondientes a seis grandes ciclos históricos de la sociedad colombiana, desde la época de dominación hispano-colonial hasta el ciclo de conformación definitiva de un cierto modelo específico de capitalismo dependiente. El proceso histórico de la sociedad colombiana -al vertebrarse en el juego dialéctico de los ciclos históricos con un sentido reformista o revolucionario o con una dirección conservadora o                   contra-revolucionaria- permite definir la naturaleza, el papel y los alcances de los modelos de universidad y de educación superior.
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Estos seis grandes ciclos de la dialéctica histórica, pueden enunciarse así:
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1.      Ciclo de la dominación hispano-colonial, en el que el modelo de universidad medieval de estilo eclesiástico tiende a transformarse, a finales del siglo XVIII, en un modelo europeo de tendencia racionalista y pragmática;
2.      Ciclo posterior a las guerras de Independencia -el correspondiente a la Primera República Liberal- de organización nacional y de establecimiento de relaciones directas con el mercado mundial, en el que se implanta un modelo liberal europeo de universidad -en la primera República- y posteriormente se tiende hacia un modelo liberal de educación superior desescolarizada, en la medida en que se radicaliza la formulación de la democracia política (abolición del ejército permanente, ampliación del voto universal, extinción legal de las relaciones esclavistas y serviles, reducción de las facultades del gobierno central, reforzamiento de las autonomías locales, desamortización de bienes de manos muertas, etc.).
3.      Ciclo de la contra-reforma, del aniquilamiento de los fundamentos mismos de la República Liberal de restauración de los patrones culturales y eclesiásticos de la Colonia Española y de configuración de un modelo de universidad tradicional, elitista y escolástica.
4.      Ciclo de la moderna apertura capitalista a partir de la Primera post-guerra mundial, de integración física del país (vías carreteables y ferrocarrileras), de configuración de un sistema nacional de mercado y de instauración de la Segunda República Liberal y de un modelo de universidad democrática y profesionalista.
5.      Ciclo de la contra-revolución oligárquica y del desmantelamiento de las reformas liberales, en el proceso de aguda concentración del poder económico y político, de internalización de las corporaciones transnacionales como vértebras del mercado interno, y de instauración de las formas modernas de absolutismo político y de transfiguración cesarista del estado de derecho.
6.      Ciclo final de la modernización capitalista a través de la plena definición histórica de un sistema urbano-industrial, de la adopción de los patrones norteamericanos de sociedad de consumo, de la instauración de una hegemonía oligárquica compartida sobre la totalidad de aparatos del Estado   -por medio de dos partidos oficiales, políticamente conservadores y económicamente liberales- de la expansión de las formas del absolutismo político y de plena articulación del modelo específico de capitalismo dependiente: dentro de estos marcos históricos -correspondientes a las décadas de los años sesenta y setenta o sea, en las que es decisiva la influencia de la Alianza para el Progreso y de la ofensiva ideológica de la Guerra Fría- se implantó, llegó a su apogeo e hizo crisis el modelo de universidad tecnocrática-desarrollista o más exactamente, el modelo desarrollista educacional.
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Si bien cada uno de estos modelos de universidad y de educación superior resultan comprensibles en la medida en que los relaciona con un cierto contexto estructural, sería posible registrar algunas constantes de esos modelos, en cuanto a la sociedad colombiana ha estado sometida, a lo largo de su historia, a diversos patrones de dominación colonial o imperialista: una de esas constantes históricas es la de que siempre se ha pretendido implantar un modelo extranjero de universidad tomando como arquetipo el medieval-castellano, el europeo occidental, el alemán y, finalmente, el norteamericano. Sin embargo sólo durante el ciclo de la dominación colonial española o en el moderno ciclo de dominación norteamericana, podría hablarse de la existencia de un modelo educacional completamente estructurado y de propagación colonialista de las formas de pensamiento, de técnicas, de unas artes y de una ideología.
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En los ciclos contemporáneos de apertura burguesa y de modernización capitalista, sería posible enunciar, a grandes rasgos, unas ciertas constantes históricas:
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a). Naturaleza elitista de la universidad, orientada hacia la formación de cuadros profesionales de acuerdo con una cierta evaluación global de las tendencias de la economía de mercado y con la pretensión de formar una élite tecnocrática o partidarista reclutada de las clases medias y de la oligarquía burguesa y terrateniente;
b). Dependencia ideológica de los grupos contralores del gobierno -en los ciclos de hegemonía de un solo partido o de condominio bipartidista sobre los aparatos del Estado- en cuanto a la manera de comprender, específicamente, problemas y conceptos como los de comunidad universitaria, autonomía, representación, libertades de investigación y de cátedra, selección académica de estudiantado y profesorado, etc.;
c). Carencia real de investigación científica, artística y técnica -en cuanto a su rango como categoría académica, en cuanto a sus posibles vinculaciones con la docencia y en cuanto a su escala y programación- como efecto de las condiciones coloniales de importación de ciencia y tecnología y de las formas de operación del modelo de industrialización dependiente y de modernización capitalista de la agricultura;
d). Decisiva intervención de corporaciones extra-universitarias -eclesiásticas, militares, gremiales, académicas, capitalistas- en la administración y gobierno de la universidad pública;
e). Preservación de las facultades de orientación ideológica, de control y de veto, otorgadas por el Concordato de 1887 a la Iglesia Católica, en relación con la educación colombiana en general y en particular con la universidad pública;
f). Expansión lineal, desordenada e incoherente de la universidad colombiana, en respuesta a las presiones crecientes de la población joven y a las exigencias específicas del modelo de desarrollo capitalista[1];
g). Bloqueamiento a las posibilidades de integración de un sistema nacional de universidades del Estado como núcleo central de un sistema universitario capaz de desbordar el esquema desarrollista de educación superior, de modificar las estructuras de poder y de replantear el desarrollo desde una perspectiva de transformación global de las condiciones históricas de vida de la sociedad colombiana, en los planos de la economía, la cultura, la organización política y las relaciones sociales;
h). Manipulación política del presupuesto educacional del Estado, utilizándose la estrechez financiera y el déficit crónico que se registra en la totalidad de universidades públicas[2], como un método de control y de instrumentación del modelo desarrollista;
i). Tendencia hacia el desmantelamiento de las formas organizativas de los estamentos universitarios (profesores, investigadores, trabajadores, estudiantes) con el objeto de bloquear las vías de formación de una estructura democrática de poder y de anular las demandas de participación en el gobierno de la Universidad;
j). Constante reducción del ámbito y niveles de la autonomía de la universidad, en los campos académicos, financiero, administrativo y político, en la medida en que se consolida el modelo colombiano de absolutismo político y en que la institucionalización del estado de sitio y el deterioro del Congreso alimentan la tendencia histórica hacia el cesarismo presidencial[3];
k). Prevalencia de una línea orientada hacia la privatización de la educación superior, no sólo en el sentido de transformación de la universidad privada en paradigma del sistema, sino en los de asimilación de los patrones comerciales de empresa privada y de rentabilidad, de inevitable subordinación del aparato educacional a las demandas y condiciones globales de la economía capitalista de mercado y de aceptación, implícita, de que la educación superior no es un derecho sino un privilegio, no es un servicio auténtico sino una mercancía.
1). Y creciente transformación de la universidad -como componente del modelo desarrollista de educación superior estructurado para la capacitación de los recursos humanos que requiere el funcionamiento de la economía capitalista de mercado, a nivel nacional y transnacional- en un tecnológico superior, incapaz de manejar críticamente la ciencia que importa o de transformar la tecnología que se transfiere desde los centros motores de la Metrópoli.
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Tomado del libro La crisis de la Universidad. Plaza y Janes Editores Ltda. Primera edición; febrero 1985. Bogotá. Colombia. Páginas 35-40


[1] “Educación Universitaria y Movilidad Social”. Germán Rama, Bogotá, Revista EGO, No. XX, 1969, pg. 46-92.
[2] “La Universidad Colombiana en la búsqueda de sí misma”, Bogotá, Universidad Nacional, Encuentro de Rectores de Universidades de Venezuela y Colombia, 1976.
[3] Sobre el concepto de cesarismo presidencial, ver “Dialéctica de la democracia”, A. García, Bogotá, Edit. Cruz del Sur, 1973.