marzo 24, 2026

Las redes sociales: el pozo de los deseos esquizofrénicos

 


Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universitario

Desde su aparición, las redes sociales se fortalecieron rápidamente como escenarios comunicativos y, en parte, esto se debió a la sensación de libertad que se tejió en ellas. Decir lo que el hablante desea decir, sin grandes restricciones, era el sueño que la «sociedad de opinión» no esperaba cumplir tan pronto. Pero se dio, y este fenómeno desató el delirio colectivo comunicativo que hoy vivimos y padecemos.

Y si el panorama ya era preocupante para la posibilidad de construir relatos veraces, ahora aparece en escena la inteligencia artificial como herramienta propicia para darle forma a los delirios. Si deseas que alguien muera, tienes una herramienta digital y un clic disponibles para que tu deseo se haga noticia falsa con encubrimiento verdadero, porque sabemos que "una imagen vale más que mil palabras". ¿Y si la imagen es falsa? Pues parece que no importa, mientras y cuando el deseo individual o colectivo sea satisfecho.

De esa manera, las denominadas redes sociales se van tornando en antisociales, porque el objetivo de comunicar con veracidad se desplaza para mentir, para satisfacer el oscuro pozo de los deseos. Ya no se trata solo de luchas ideológicas, se trata del sacrificio de la veracidad a cambio de la concretización de los perversos deseos que habitan en la conciencia social.

Por eso abundan (y son consumidas) millones de noticias falsas que en el fondo satisfacen el deseo de quienes las producen y quienes las difunden.   ¿Quieres matar al tirano que odias? ¿Deseas ver prisionera a una mujer que está por fuera de tu gama de valores? ¿Añoras ver un ídolo caer en desgracia? ¿Quieres ver triunfar al político que admiras? Es muy fácil, todos esos deseos están a tu alcance; haces clic y la imagen construye el muerto, la prisionera, el ídolo caído, el político triunfante. Hoy los humanos actuamos de co-creadores de falsedades, como si fuésemos hijos de Loki, el dios mitológico nórdico de la mentira.

Hoy todos nuestros deseos, individuales y colectivos, se pueden escenificar en el teatro virtual; el problema es que ya muy pocos somos conscientes de la ficción y sus implicaciones; ahora todo parece ser real y verdadero. De seguro, con esta manía desbordada, estamos fortaleciendo una sociedad esquizofrénica. 

La verdad yace enterrada y ni siquiera tenemos certeza de dónde está su tumba, para ir a visitarla.