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junio 21, 2025

Y DESPUÉS DE PETRO ¿QUÉ?

 


Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

La petrofobia[1] y la pretroeuforia[2] son dos extremos que emergen producto de la inmadurez política de un país que por vez primera se enfrentó a la posibilidad de ser gobernado desde una óptica distinta a las propuestas de liberales y conservadores (así bauticen sus partidos con otros nombres); que en esencia ha sido la misma: gobernar para unas élites en detrimento de las mayorías pobres. Eso lo dijo nuestro Nobel de literatura muy jocosamente: “La diferencia entre liberales y conservadores es que los liberales van a misa de cinco y los conservadores van a misa de ocho”.[3]

Pero, si hacemos el esfuerzo en evitar esos extremos que reducen el pensamiento político, podemos decantar y valorar el resultado de este primer intento por romper la hegemonía del poder en Colombia, que no se ha roto, pero que ya presenta unas grietas que deben ser aprovechadas por un posible sucesor o sucesora en la línea del actual presidente.

Vivimos en medio de una marcada polarización entre un colectivo que está aprendiendo a ser poder y a gobernar, y otro que da tumbos experimentando cómo se hace oposición sin caer en el ridículo y la mezquindad. En medio de ese maremágnum, el país avanza en unos temas y se estanca en otros.

Ahora bien, está claro que ninguna de las seudoprofecías de quienes asustaban al electorado con el coco del comunismo, del castrochavismo, de la expropiación, de la entrega del país a la guerrilla, del dólar a 10 mil pesos y tantas otras mentiras, se hicieron realidad. El incumplimiento de estas falsas predicciones ha generado un gran detrimento político para sus anunciadores, que en esencia son la derecha y la extrema derecha que no se juntan en un solo partido, sino que están dispersos entre Conservadores, Centro Democrático, Liberales, Cambio Radical, Alianza Verde y, por supuesto, en el mismo partido del Pacto Histórico.

Con unos marcados avances en la política de distribución de tierras, la consolidación de la gratuidad educativa, el crecimiento de la economía y el repunte en sectores como el turismo y la agricultura, el aumento del salario mínimo, la disminución del desempleo, la lucha abierta y eficaz contra el narcotráfico y, recientemente, la aprobación de la reforma laboral; entre otras acciones que benefician a los menos favorecidos, el gobierno de Petro terminará por dejar una gran lección: es posible gobernar a Colombia sin mezquindad de clase y con un enfoque social. Es posible una política de Estado que desmonte los privilegios de los de siempre y le apueste por la equidad, germen de una paz real y duradera.

Así, quienes vengan después de Petro en el relevo del poder, van a recibir un país más informado, más consciente y con una base popular más preparada para hacer valer sus derechos. Deseamos que el próximo gobierno sea de corte social para que se genere el verdadero bucle del cambio, el cual no puede darse en uno o dos periodos presidenciales. El cambio es un proyecto constante, y para que se consolide la idea se requiere de una apuesta colectiva de por lo menos dos décadas seguidas en el poder.

Los problemas estructurales del país no se solucionan con discursos, sino con acciones, de ahí el bloqueo que los petrofóbicos han realizado, ya que en el fondo lo que querían era impedir que esa nueva visión de país arrojara buenos resultados. Para ellos, el fracaso total del gobierno actual era su triunfo, y ya no lo lograron. En eso la versión de Petro 2025 ha sabido apostarse entero a la idea de que el cambio es posible y eso solo se puede hacer jugándose los restos políticos, como lo hizo con la idea de la Consulta Popular y ahora con la Constituyente.

Así las cosas, le queda al presidente Petro esta cuarta parte de su periodo para seguir dejando semillas de cambio; ojalá los pretroeufóricos lo entiendan de este modo y se dediquen a trabajar con ahínco en este propósito y no derrochen la posibilidad política de unirse en la tentativa de ser un relevo responsable para el país. Querámoslo o no, lo compartamos o nos opongamos a esta idea, el país político después del gobierno de Petro será muy distinto, porque ha empezado a gestarse un giro inevitable de pasar de ser una república bananera dependiente casi en su totalidad de las disposiciones de EE.UU. a ser una república autónoma que habla y que establece relaciones con el mundo y con los principales problemas universales que lo aquejan.

Después de Petro, muchos entenderán mejor lo que este gobierno significó para la historia política de Colombia. La derecha deberá reconfigurarse y moderar su avaricia si quiere volver al poder, porque ya no le funcionarán sus viejas artimañas. Por su parte, las fuerzas alternativas deben comprender que sí se puede ser poder y que transformar un país construido bajo los designios de la desigualdad y la guerra requiere tiempo, voluntad y honestidad. Después de Petro no viene la hecatombe, como temen algunos; así como con Petro el país no se hundió, como se propagó por los medios del poder. Después de Petro queda una esperanza de seguir en la ruta de la reconstrucción; depende del pueblo y de sus líderes que esa semilla de esperanza que ya germinó crezca y dé mejores frutos.

[1] “Petrofobia” se usa como expresión para demarcar a aquellos quienes son incapaces de ver los aspectos positivos del gobierno de Gustavo Petro.

[2] “Pretroeuforia” se usa como expresión para demarcar a aquellos quienes son incapaces de ver los aspectos negativos del gobierno de Gustavo Petro.

[3] Gabriel García Márquez en “Cien años de soledad”.

abril 12, 2020

LA VENTANA AL REVÉS


Por: Carlos Vicente Sánchez H.
Docente Universidad del Tolima CAT Pereira
Director del Bibliobús Trazasueños Pereira

Uno podría empezar este artículo con la estrofa de la canción de Fito Páez “Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón” Pero a riesgo de caer en un lugar común, peor aún; en un sacrificio reiterativo que suele hacer el docente, diré que, en estos días de peste y cuarentena, es precisamente el corazón lo que no se puede dejar guardado.
Ante la avalancha de bits, megas, redes sociales, mentiras y actividades que se sobrevino con el Covid 19, también surgieron los retos, y uno de ellos es el de saber cómo aprovechar la coyuntura para replantear nuestras existencias y de paso nuestro devenir pedagógico. Es decir, que esta crisis nos empujó de manera brusca e inevitable a un futuro tecnológico que estábamos tratando de evitar a toda costa y para el cual no estábamos preparados.
Con la pandemia se evidenciaron dos cosas que no son menores: La terrible desigualdad social que padecemos en nuestras aulas y universidades. Lo segundo ha sido la presión que ha recaído sobre el cuerpo docente del país, que ante la emergencia han tenido que soportar una carga laboral repentina y no prevista que los ha puesto frente a la ventana negra, tratando de cerrar los huecos dejados.
De cara a lo primero, hay mucho qué decir y todo tiene que ver con la corrupción. Pero, quizás lo más complicado es abrir los ojos y descubrir que durante años no fuimos capaces de construir una sociedad equitativa, gracias a… bueno ya saben a quiénes.  Pero, alguien podría decir que estamos mejor que hace dos décadas atrás. Quizás tenga razón y debamos asentir con una insoportable resignación. ¿Si estamos mejor? Se preguntará un profesor que debe transitar los senderos rurales por horas para ver el colegio abandonado. U otro que no solo debió soportar el miedo de la violencia por décadas, sino ahora el de un virus invisible que terminó por ahuyentar a sus estudiantes.
Frente a este tema de inequidad y desolación, surge la necesidad de brotar de entre el fango, no bajo los criterios del coaching, que tanto quiere imponer un ministerio de educación y un mercado monstruoso, sino del superviviente que solo anhela mantenerse de pie, con un soplo de vida, sin un plan claro. Lo paradójico es que en este momento todos quisieran estar lejos, en el campo, pero es en el campo en donde precisamente no están todos. Es decir, ese “todos” que son como fantasmas, voces, bits, pixeles que se hacen y deshacen en una nube lejana que orbita sobre nosotros, esa piel de fantasma que llamamos red. Y ese, es precisamente el terreno a conquistar, no importa lo efímero, falso, inconsistente que pueda ser. Un lugar de arenas movedizas en el cuál deberemos intentar sembrar, ante todo, un nuevo ser. Bauman debe estar revolcándose de risa en su tumba líquida.
Pero, la corrupción, porque no fue otra cosa, no solo impidió que nuestros avances tecnológicos, representados en computadores para la gente, zonas wifi, tablets, bibliotecas virtuales, tan propios del sector urbano, no llegaran a las periferias ni a las zonas rurales en las proporciones requeridas, sino que nos dimos cuenta que estábamos parados sobre cifras falsas de los prodigiosos alcances de unos gobiernos que hacían fiesta con sus inflados programas virtuales. Ahora lo tecnológico resultó ser la medida de una brecha social que dejamos abrir con nuestra falta de educación ciudadana, democrática y ética.
Alguien dirá que, (siempre alguien dice) en las comunidades hay niños y jóvenes con más celulares y televisores, en vez de comida. Y pude ser verdad. Pero, también es cierto que durante años nos olvidamos de darle un buen uso pedagógico a semejante herramienta, (preferimos exigir que no ingresaran con esos aparatos a clase, en vez de hacer provecho de ellos para el aprendizaje, los satanizamos) y tampoco el Estado hizo mucho para dejar un escenario posible, como consecuencia perdimos años de avance y ahora nos enfrentamos a un hecho inédito, en el que cualquier uso tecnológico podría ser útil. Pero también es cierto que el reto debe ser una apuesta pedagógica sin precedentes en la cual lo último que podemos perder es la libertad, como invita los postulados de Freire y Foucault.
Saltamos repentinamente de un pensamiento binario, en el que éramos sujeto y significado, a un pensamiento unario, en el que somos sujeto y espejo, atados a una ventana en donde me simulo, y el Covid-19, esa cosa orgánica descifrable solo por científicos, terminó siendo un bucle que nos adelantó el vacío. Ahora todos deben estar conectados y el papel del docente deberá ser el de impedir que se pierda la humanidad frente a esta realidad, el maestro deberá lograr por encima de cualquier cosa, formar sujetos sensibles que sepan trabajar, estudiar, interactuar en red, no imbuirse en ella para terminar esclavos a los intereses de algo o alguien. Es decir, deberá ejercer un papel revolucionario, no reproductor.
Hay pruebas de la manera cómo viven los esclavos de Japón, jóvenes encerrados en pequeños cubículos de enormes edificios de cajones y cuyo único asomo es una pantalla de computador que hace las veces de ventana, pero al revés. Esclavos asalariados a los que no les interesa vestir de manera diferente y que, en caso de crisis, pueden asistir al bosque de los suicidios y liberarse. Dicen que hay maquilas flotantes en el mar, en enormes barcos adecuados para ser fábricas de dinero, ocupadas por miles de chinos obreros que en caso de rebeldía terminan arrojados al mar, como en los viejos tiempos. Marx tenía razón.
En Colombia no distamos mucho de esa realidad que nos sobreviene, pero, paradójicamente nuestro atraso, es nuestra posible ruta de escape. Sin embargo, esta no se puede trazar sino logramos configurar un escenario pedagógico diferente, basado en la lectura y la mediación consiente, y ante todo en un postulado de libertad y ética que se logra a través de la solidaridad. Es necesario que la presión de las reivindicaciones sociales también le apueste a la consolidación de una red, representada no solo en una interconectividad, sino en dimensionar el concepto de red que será el que va a regir el futuro social de nuestras comunidades.
El docente, por su lado, ya no puede ser un foco de poder, deberá bajarse del pedestal y convertirse en un inspirador de conocimiento, no un coaching, ni un depositario de conocimiento (ya google nos sobrepasó), sino un mediador entre la red y el sujeto, un guía que ayude a traspasar semejante mar y salir airosos y transformados. Margarita Maass habla de la red como una capa neuronal en la que una idea poderosa estimula otras neuronas, activándose así una transformación social y cultural. En ese sentido, el docente debe convertirse en parte de esas neuronas, no en la gran neurona, Nigromante ciber punk portador de poder, al servicio de esa Inteligencia Artificial que se convierte en un monstruo, porque sufrirá del rechazo y no encenderá la capa. Esa red es humana, física, con sentido. Pero, el problema para alcanzar una revolución cultural de estas dimensiones radica en la lectura.
Ong (2011) clasifica la oralidad en dos momentos, dos oralidades, la primera cuando traspasábamos el conocimiento voz a voz, a través del ritual del encuentro, una oralidad propia de las tribus primitivas y civilizaciones que aún mantienen apartadas del mundo. La otra devino con la invención de la imprenta, que exigió la decodificación de las palabras, la congelación de las mismas a través del texto impreso, para que el conocimiento pudiera permanecer en el tiempo y traspasar a través de los siglos el conocimiento. Pero, Havelock (2008) plantea que hemos llegado a una tercera oralidad y los dispositivos ya no son los libros. Todo inició con la radio, según Havelock, luego la tele, los computadores, la red… ahora, los twitteres, el youtube, el Facebook, etc. Nuestra historia de la educación a distancia ha hecho uso de estas herramientas con cuestionables alcances, uso inadecuado de las mismas, aburridísimas apuestas pedagógicas, etc.; pero que ha funcionado para sostener a medias una modalidad que ahora exige lo que en más de cincuenta años no se ha logrado alcanzar. El problema en nuestro país es que parece que saltamos de la primera a la tercera oralidad sin mediar o traspasar el libro de manera exitosa, con serios vacíos en la comprensión lectora que no es otra cosa que la comprensión del mundo, y esto nos deja en serios aprietos, más ahora, en medio de una pandemia que exige al docente leer (cuestión que no ha sido fácil) en todas las dimensiones que el joven ahora lee.
No es cierto, dijo el chileno Cristian Celedón experto en educación digital, que esta sea una generación nativa digital, esta es una generación nativa de redes sociales. Pero poco aportan en la construcción o lectura de un sistema de conocimiento en red. Sin embargo, se mueven en ella con gran habilidad. Pueden ser convocados de manera clandestina a conciertos de rap en un parque, encuentro de combos, juegos online y hasta marchas de protesta. De alguna manera están interconectados, han construido sus propios sistemas de comunicación. El profesor, por el contrario, no, y peor aún, está proscrito de esos sistemas, porque su figura de poder le impide imbuirse en ella y comprender los parámetros bajo los que se mueven culturalmente en las comunidades.
Esta situación global ha puesto a los docentes en actitud nerviosa, aun así, considero que surgen grandes ventajas que no pueden ser desaprovechadas.
La primera, y quizás la más importante, ha sido la exigencia de la sistematización del conocimiento que el docente debe alcanzar bajo esta modalidad. Es decir, sus métodos de impartir conocimiento que poco se han escrito. Escribir ha sido una necesidad a la cual le hemos dado aplazamientos irresponsables. No es lo mismo el método que utiliza un maestro de una comunidad periférica de la costa para impartir conocimiento que el que usa uno del centro de Bogotá, pero, no conocemos dichos contextos metodológicos, sus secuencias, sus conclusiones, porque tanto leer como escribir, ha sido una apuesta en deuda por parte de varios, no todos, los docentes colombianos y Latino americanos, tan acostumbrados a la primera oralidad, como forma enseñanza. Ahora, con el apogeo de la internet en tiempos del Covid-19, nos vemos obligados a planear, escribir, bajar de google el conocimiento y luego ponerlo en contexto a través de un sin número de apoyos tecnológicos; videos, fichas, textos, exposiciones, etc… para que el niño y el joven puedan comprender y ante todo acceder. El conocimiento queda al fin consignado, sistematizado, expuesto a la reflexión, crítica, y por qué no a la construcción colectiva. Ya se es parte de una red de conocimiento compartido, ya el aula no es un laboratorio secreto para el sometimiento de poder. Ahora cualquier docente puede delatarse. El panóptico de Foucault está más vigente que nunca, pero esta vez la ventana se pone al revés.
En esa medida, también el estudiante se verá en la obligación de hacer argumentaciones más precisas, de escribir, de hacer uso de todas las técnicas, juegos y búsquedas posibles para expresar lo aprendido. Escribirá, sin duda alguna, incluso para oponerse, para mostrar su inconformidad, otros modos de ver el mundo, con terrible o buena ortografía. Y en ese ejercicio todos; profesores, padres, estudiantes, deberán aprender a ser asertivos en la comunicación, porque la red no lee ironías, solo memes, ni tiene matices grises de doble intencionalidad, las suele censurar, y las susceptibilidades flotan a flor de esa piel del fantasma.  Los afectos entonces se verán en riesgo. Habrá que ser cuidadosos en extremo. El docente ya no será impartidor del conocimiento, ni de sus propias apreciaciones políticas de la vida, sino un guía que navegará entre ambos mundos para tratar de construir un saber conjunto, reformular viejas creencias, establecer nuevas transformaciones, pero, ante todo, generar un sentido de Autodeterminación en el otro, para mantener viva la llama de la humanidad desde los preceptos de libertad, no de post verdad. Un docente capaz de tener criterio para ayudar a definir cuando una cuestión es verdad o no, cuando un saber es el correcto.
Esto hará más exigente el quehacer docente y los horarios establecidos no serán suficientes, incluso el celular se convertirá en un aparato invasivo en el que se deberá atender a padres y estudiantes sin posibilidad de escape. Entonces se desatarán nuevas exigencias dentro de los pliegos, nuevas reivindicaciones económicas que alerten sobre la inmediatez. Los gastos de grandes infraestructuras educativas, mega colegios, deberán replantearse para una infraestructura de redes. Cambia el paradigma.
El otro reto será el de educar sin el excesivo afán de contenidos, una educación diferente, adecuada a los tiempos, una formación amparada en el ser, no en el tener. Eso es una ruptura que dejo abierta a múltiples opciones.
La ventana se ha puesto al revés, ahora es un paisaje al interior de nosotros mismos, una mirada introspectiva e íntima que va a cuestionar nuestra vocación, que va a exigir mayor humanismo y criterio ético que nunca, porque de lo contrario esa cosa llamada Inteligencia Artificial nos vencerá y la pandemia será peor, arrojará esclavos sin ton ni son que perderán en primera instancia, su propia autonomía.  
Es ahora, más que nunca, ahora que se funda un nuevo universo pedagógico, atravesado por lo tecnológico en todas sus dimensiones, en el que se debe poner el corazón, es decir que ese monstruo de microchips llamado red, deberá tener alma, y en ella está un docente humano, intenso, activo, precioso, capaz de darle un impulso a esta humanidad que exige mayor sensibilidad y sentido en vez de extraños mercados, con sus campanas, guerras, violencia y destrozos. El mundo ya habló y pide que nos miremos a través de esa ventana al revés.
Referentes bibliográficos
Bauman, Z. (2013). La cultura en el mundo de la modernidad líquida. México, Buenos Aires: Fondo de cultura económica.
Maass, M. (2006). Gestión cultural, comunicación y desarrollo. México.
Foucault, M. (1999). Los intelectuales y el poder. En Estrategias de poder. Obras esenciales. Volumen II (págs. 106-115). Barcelona: Paidós
Havelock, Eric A. (2011) La musa aprende a escribir
Ong, Walter J. (1997) Oralidad y escritura, tecnologías de la palabra.
Havelock, Eric A. (2011) La musa aprende a escribir.

abril 07, 2020

Todo lo que los microbios saben de nosotros



Por: Nelson Romero Guzmán
Profesor Universidad del Tolima –IDEAD-

Super-ciencia
Por medio de los microscopios
los microbios
observan a los sabios.

Luis Vidales

Este poema-flash, titulado Super-ciencia y escrito por el poeta colombiano Luis Vidales (los microbios mirando por la lente del microscopio a los sabios), contiene una imagen impactante, más que suficiente en estos días de pandemia, bastante sugerente, sarcástica, irónica y risible, que a su vez nos proyecta a la imagen de un mundo al revés. Quizá los microbios hayan necesitado de un microscopio provisto de una lente superpotente para podernos ver. Puede ser que, a los ojos de los microbios, el tamaño de un sabio quede reducido casi a la nada. Y como esta vez los microorganismos logran vernos, decidieron experimentar con nosotros, poniendo a toda prueba el poder de su sabiduría y toda la fuerza posible de su frágil membrana para remover los cimientos de esta “frágil maquinaria del mundo”, como escribió Shakespeare.
Curiosamente, los microbios descubrieron que somos millones de veces más pequeños que ellos (pues manejan otras escalas de proporciones del tamaño de las cosas) y esto es muy peligroso, nos pone a temblar, nunca nada nos había hecho temblar tanto. En el mundo de los humanos, es normal y ventajoso que existan hombres más pequeños que otros, lo cual trae consigo muchos progresos y ventajas políticas y económicas. En una de las novelas de viajes del siglo XVIII, Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, el personaje Gulliver se pierde en una isla donde sus habitantes, con relación a su tamaño, resultan pareciendo muy pequeños; luego el personaje se ve perdido en otra isla donde ahora es visto como un grano de nuez frente al exagerado gigantismo de estos nuevos habitantes; Gulliver, fácilmente, podría vivir con holgura en la punta de la nariz de un monarca. Esta novela nos proporciona –a manera de lentes de un microscopio del mayor sarcasmo contra el hombre de la Ilustración- estas imágenes monstruosamente invertidas de lo pequeño aumentado a lo más grandes, y a su turno lo grande reducido a lo más pequeño, tal como ha ocurrido con los imperios o con algunas acciones humanas.
Por estos días no solo los sabios de este planeta, sino todos los hombres, estamos siendo observados por los microbios para quienes somos puntos casi invisibles. Ven solas las calles de las ciudades, como si de repente hubiéramos desocupado el asfalto a causa de un error macabro; ven cerradas las empresas, las industrias, los centros comerciales, los aeropuertos, los bancos… como si todos estos talleres y vertederos de la humanidad se hubieran convertido en cementerios del progreso; por el microscopio ven nuestros hogares adaptados a celdas de confinamiento, huyendo de un enemigo invisible al que no podemos dispersar ni atacar con bombas lacrimógenas, ejércitos terribles, misiles de alta destrucción, bombas nucleares o biológicas.
El poder, entonces, quedó convertido en una tela de aire que puede ser atravesada y rota por un simple corpúsculo. Los microbios están observando todo esto, y ellos no se arrepienten, es más, creo que se burlan. Dirán estas frases: “Les hicimos cerrar sus bancos, sus iglesias, sus tabernas, sus prostíbulos, sus casas de Ley, sus agendas, sus escuelas, sus campus universitarios”. Se ríen al considerarnos lo absurdo del universo.
Ser observados por los microbios a través de un microscopio nos proporciona muchos motivos de reflexión. Una reflexión desde otro lugar, pues ellos nos han hecho pensar ahora con otro cerebro. Un cerebro que los hombres no habíamos estrenado aun, pero que ha estado siempre ahí, esperando estos momentos.
Debo decir que los microbios no son crueles ni vengativos. Y creo, más bien, que nos quieren proteger. La muerte, para ellos, no es un asunto de egoísmo, como la pensamos nosotros; pueden morir en un instante y en otro multiplicarse; los microbios no necesitan leer las Cartas a Lucilo de Séneca para buscar consuelo en la filosofía, porque aceptan la vida como es. La muerte es un asunto de risa para los microbios.
La risa es una de sus mayores facultades y su única posibilidad de pensamiento. La sola razón no debiera serlo todo para los humanos, según piensan los microbios, que igual son seres pensantes, pero con un cerebro nada cruel. Yo me pasaría con todo gusto y agradecimiento a ese mundo, pero estar allá no es fácil y es todo un privilegio: se requiere una virtud especial, una bondad especial, una justicia especial, en fin, facultades especiales que nosotros solo creemos poseer y que no hemos podido pasar del papel a la realidad.
Los microbios que por esta época nos observan a todos a través de sus microscopios, le están haciendo un chip a nuestros cerebros dormidos, el que casi nunca usamos, lo despierta y se ríen mirándonos actuar, mirándome escribir estas líneas. Ese cerebro que no usamos es todo lo contrario al que ponemos a funcionar a diario, con el que hemos fabricado tanta cosa inútil y tantas parejas monstruosas: David y Goliat, el rey y el esclavo, el Demonio y el Ángel, la mejilla y la bofetada.
Este es el cerebro que los microbios me han permitido usar para hacer estos cuestionamientos: “¡caramba!, ¿por qué antes no habíamos pensado todos en protegernos a todos y se hubieran evitado guerras y hambrunas, discriminaciones, vejámenes, humillaciones e insomnios?, ¿por qué ante una posible amenaza de guerra, de invasión, de explotación, no entramos en cuarentena, no nos encerremos a conjurar esos peligros, por qué no nos rebelamos frente a lo que todos los días nos destruye como individuos y como comunidad?, ¿por qué entendemos hasta ahora que el otro vale tanto como yo, que un pueblo vale tanto como el otro, que no somos diferentes, o todo esto no es más que una máscara terrible en el escenario de la tragedia de Eurípides donde la madre descuartiza al hijo y después trata de recomponer inútilmente sus pedazos?, ¿será que en esta tragedia que protagonizamos a diario nos comportamos como actores de teatro donde el estadista se pone la máscara del Estado, el cura la máscara de la Religión, el juez la máscara de la Justicia, el pedagogo la máscara de la Educación, el amante la máscara del Amor y así sucesivamente actuamos en un macabro juego de máscaras? ¿por qué ahora nos estamos protegiendo unos a otros?,¿es que el otro no valía antes de que los microbios nos observaran?, ¿y de dónde vino a aparecer tanto respeto por la vida en todos los lugares de este planeta?, ¿será que un microbio tiene el poder de rompernos la máscara y mostrarnos ahora tan frágiles y tan desnudos en este escenario del mundo?
Y nosotros, legión de microbios, sin tanto alboroto, por un momento hemos atravesado un palo a la rueda, para que la humanidad se detenga un poco, y en ese detenerse pueda desarmar su carro y cambiar piezas, moverlas o detectar sus fallas, pues los habitantes de la tierra parecen no saber de abismos. ¡Caramba! ¿Y por qué todos se protegen como si fueran a desaparecer del planeta en un mismo instante?, ¿cuál es el miedo si se han venido matando sin tregua unos a otros? Según estamos viendo por el microscopio moverse a los hombres, hemos podido entender que para ellos la muerte es un lujo, un logro perfecto, celebran el matar, se ríen del matar cuando lo hacen ellos mismos contra ellos mismos, la muerte enriquece según parece, qué raros sus comportamientos. ¡Cobardes son los hombres! Tienen purificadores para la crueldad, vino con sangre, copas… Pero ahora todos buscan salvarse. ¿Y será que una vez dejemos de observarlos dejarán de protegerse y volverán a sus andanzas?”. Los virus callan su risa, pero no dejan de observar a los sabios y a los demás hombres por el microscopio.
De la manera que sigue nos piensa un microbio, que en pocos días han estudiado nuestra estructura cerebral: En esta cuarentena han descubierto que realmente los humanos tenemos dos cerebros: uno con el que funcionamos a diario y a lo largo de toda la historia, y otro dormido, que no activamos, más pequeño que el primero, pero más poderoso y efectivo. Nos están dando la oportunidad de que con la pandemia nos pasemos a ese otro cerebro, con el que muchos están pensando y actuando en estos momentos, que es el verdadero cerebro humano. Este otro cerebro es como una luz al final del túnel.
Desgraciadamente, será desconectado de nuestras vidas una vez pase la pandemia, porque tenemos asuntos serios que resolver con el cerebro verdadero. Ese cerebro maravilloso, que funciona perfectamente en comunidad, nos protege ante cualquier peligro, funciona como una red a la que todos los individuos estamos conectados, y lo que pueda pasar aquí, pasa allá. Este cerebro está enlazado directamente con el corazón y uno no puede funcionar sin el otro. Es con ese cerebro que actúan los microbios que están experimentando con la humanidad, quieren saber si realmente somos capaces de pasarnos al otro cerebro.
¡Ojalá así fuera! No creo.
-Otra fábula, dirán los Graciosos, que ya empiezan a abandonar sus confinamientos y se dirigen a sus cómodas oficinas a retomar las lógicas de sus manuales, mientras ordenan cruzar fronteras, se apoderan, humillan y destruyen, dejando a su paso más muertes que las causadas por el coronavirus.
Les dejo a manera de Pos escríptum, este cuento de Franz Kafka.


Comunidad

Somos cinco amigos, hemos salido uno detrás del otro de una casa; el primero salió y se colocó junto a la puerta; luego salió el segundo, o mejor se deslizó tan ligero como una bolita de mercurio, y se situó fuera de la puerta y no muy lejos del primero; luego salió el tercero, el cuarto y, por último, el quinto. Al final formábamos una fila. La gente se fijó en nosotros, nos señalaron y dijeron: «Los cinco acaban de salir de esa casa». Desde aquella vez vivimos juntos. Sería una vida pacífica, si no se injiriera continuamente un sexto. No nos hace nada, pero nos molesta, lo que es suficiente. ¿Por qué quiere meterse donde nadie lo quiere? No lo conocemos y tampoco queremos acogerlo entre nosotros. Si bien es cierto que nosotros cinco tampoco nos conocíamos con anterioridad y, si se quiere, tampoco ahora, lo que es posible y tolerado entre cinco, no es posible ni tolerado en relación con un sexto. Además, somos cinco y no queremos ser seis. Y qué sentido tendría ese continuo estar juntos. Tampoco entre nosotros cinco tiene sentido, pero, bien, ya estamos juntos y así permanecemos, pero no queremos una nueva unión, y precisamente a causa de nuestras experiencias. ¿Cómo se le podría enseñar todo al sexto? Largas explicaciones significarían ya casi un a acogida tácita en el grupo. Así, preferimos no aclarar nada y no le acogemos. Si quiere abrir el pico, lo echarnos a codazos, pero si insistimos en echarlo, regresa.
                                                                 Franz Kafka, 1.920

julio 15, 2014

LA COLOSA: UNA MUERTE ANUNCIADA



Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Acaba de pasar por imprenta el libro titulado La colosa: una muerte anunciada, cuyo subtítulo nos aclara de lleno la intencionalidad de un debate y una denuncia: Informe alternativo del proyecto de Minería de Oro de AngloGold Ashanti en Cajamarca, Tolima, Colombia. Este texto, elaborado desde una mirada académico-científica, pone al descubierto el plan bursátil más grande del país que dejará dividendos en la bolsa de valores, pero que a los tolimenses, y por extensión a los colombianos, solo nos dejará una que otra migaja repartida entre los politiqueros de turno y los avivatos de la región; mezquina fortuna cuando ponemos en riesgo nuestras reservas alimenticias y el agua tan necesaria para un siglo de sequías.

Compuesto por once capítulos, estas 174 páginas se me antojan necesarias para que los tolimenses tengamos bases suficientes para desmentir las supuestas bondades del proyecto, y desenmascarar las intenciones mercantilistas de una empresa que ya ha sido nefasta en Sudáfrica, en donde tiene a su haber demandas multimillonarias por incumplimiento a sus trabajadores y por daños colaterales causados por la minería a cielo abierto.

Del mismo modo, el libro nos ofrece datos sobre lo que denomina “El cartel de la minería”, proyecto que sin reparo alguno ha violado los Principios Constitucionales del cuidado del territorio, ha violentado las normas con el fin de favorecer el tráfico de licencias ambientales y ha contribuido a seguir corrompiendo un Estado proclive al despilfarro público. Así mismo, nos presenta un panorama documentado sobre los negativos impactos económicos, sociales y culturales que el proyecto “La colosa” nos heredará cuando levante vuelo con nuestro oro, dejando un enorme cráter que la historia no olvidará. Finalmente, el informe nos ofrece un paisaje sobre los movimientos de resistencia por defensa del territorio, del agua, de los recursos, en una sola palabra: LA VIDA.

Aunque el panorama de lucha es desigual, por la cantidad de dinero que se está usando para comprar medios de comunicación locales y nacionales, para corromper la conciencia hasta el punto de negociar LA VIDA por unas míseras monedas, es de resaltar que cada vez son más los habitantes, que viven a la sombra del gran Nevado de Tolima, quienes asumen la responsabilidad de impedir que el desastre que nos venden como desarrollo deprede nuestro mundo.

Bienvenido este libro producto del informe elaborado por BM Colombia Solidarity Compaign, y publicado por el Sello Editorial de la Universidad del Tolima, y enhorabuena dedicado a la memoria de César García, un campesino asesinado en las laderas de su territorio, quien logró trasmitirnos el amor por la tierra, valor tan alto en un mundo en decadencia.

El libro será lanzado el próximo viernes 18 de julio en el Concejo Municipal de Ibagué. Esperamos se convierta en documento de referencia para la argumentación de quienes defendemos la vida, y de lectura obligada para aquellos pocos que se dejan enamorar con espejitos de colores traídos por los nuevos colonizadores del siglo XXI.

diciembre 10, 2013

APOYO NACIONAL A LOS PROFESORES DE ASPU TOLIMA




DECLARACIÓN PÚBLICA


LOS INTELECTUALES Y PERSONALIDADES DEMOCRÁTICAS

Ante la situación de persecución sindical, estigmatizaciones y señalamientos 
contra las diversas expresiones del pensamiento  crítico y el movimiento 
democrático en la Universidad del Tolima

EXPRESAN

Su apoyo a los profesores y estudiantes perseguidos y amenazados; en 
particular, respaldan la lucha democrática de la Asociación Sindical de 
Profesores Universitarios ASPU y exigen el respeto a los derechos 
fundamentales de los profesores JORGE GANTIVA SILVA y 
ALEXANDER MARTÍNEZ RIVILLAS, dirigentes sindicales y 
reconocidos intelectuales comprometidos en la defensa de la Universidad
Pública, el saber y la dignidad profesoral; 

HACEN UN LLAMADO

A la solidaridad, al respeto de los Derechos Humanos, a la dignidad profesoral 
y  a las libertades fundamentales.

Ibagué, 10 de diciembre de 2013

(Firmas):

Piedad Córdoba Ruiz. Presidenta Colombianas y colombianos por la paz. Ex Senadora de la República
Aida Abella. Candidata presidencial. Unión Patriótica
Feliciano Valencia. Dirigente de los pueblos indígenas de Colombia. Candidato presidencial. 
Iván Cepeda. Representante a la Cámara. Congreso de la República
Gloria Inés Ramírez. Senadora de la República                
Héctor Villarraga Sarmiento. Ex rector Universidad del Tolima
Renán Vega Cantor. Premio Libertador Simón Bolívar. Profesor Universidad Pedagógica Nacional
Miguel Ángel Beltrán. Profesor Universidad Nacional de Colombia 
Juan Carlos Yépez. Representante profesoral al Consejo Nacional de Educación Superior CESU
Carlos Lozano Guillén. Director Voz
Jaime Caicedo Turriago. Profesor Universidad Nacional de Colombia
Omer Calderón. Presidente nacional. Unión Patriótica
Daniel Libreros. Corriente eco-socialista. Profesor Universidad Nacional de Colombia
Jairo Rivera. Ex Senador de la República. Historiador. 
Jairo Estrada. Profesor Ciencia Política. Universidad Nacional de Colombia
Pedro Hernández. Presidente nacional. ASPU. Profesor Universidad Nacional de Colombia
Miller Dussán Calderón. Profesor. Universidad Surcolombiana. Asoquimbo. Huila  
Sergio de Zubiría. Profesor  Universidad de Los Andes 
Jairo Rivera. Secretario Nacional FEU
Gloria Arboleda. Secretaria General. ASPU nacional. Profesora Universidad del Cauca
Beatriz Martínez. Profesora. Universidad Nacional de Colombia
Fabián Acosta. Profesor Ciencia Política. Universidad Nacional de Colombia
Piedad Ortega. Representante profesoral al Consejo Superior Universitario. Universidad Pedagógica
Fabio Rivera. Abogado. Asesor ASPU
José Honorio Martínez. Profesor Universidad Nacional de Colombia
Renzo Alexander García. Ambientalista
Jhon Jairo Rincón. Investigador social.
Carlos Arturo Gamboa. Poeta. Profesor IDEAD-UT
Elsa Ortiz. Profesora Facultad de Educación-UT-
Andrés Tafur Villarreal. Profesor Facultad de Ciencias Humanas y Artes-UT-
Francisco Arias. Profesor Facultad de Ciencias Humanas y Artes-UT-
Beatriz Jaimes. Profesora. Departamento de Humanidades y Artes -UT-
Ramiro Mejía. Profesor. Universidad el Tolima
Rosa López. Becaria. Departamento de Humanidades y Artes-UT-
Ricardo Pérez. Profesor. Departamento de Humanidades y Artes –UT-
Pierre Edison Díaz. Profesor. Facultad de Ciencias Humanas y Artes-UT-
María Fernanda Botero. Profesora. Facultad de Ciencias Humanas y Artes-UT-
Fernando Fernández. Profesor Facultad de Forestal –UT-
Angelo Nieto. Profesor Facultad Forestal -UT-
Luis Rozo. Facultad de Ciencias Humanas y Artes –UT-
Andrea Pantoja. Facultad de Ciencias Humanas y Artes –UT-
Oscar Rodríguez. Profesor. Departamento de Matemáticas –UT-
Walter Cataño. Profesor Facultad de Ciencias Humanas y Artes –UT-
Junta Directiva Nacional. Seccionales. ASPU
Revista Cultural El Salmón
Proyecto V. Facultad de Ciencias Humanas y Artes Universidad del Tolima
Equipo de la Constituyente Universitaria
Constituyente Regional por la Paz
Cátedra Libre. Temas y problemas de nuestro tiempo   

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