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junio 04, 2024

DESPEDIDA

 




Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

La gente buena no se entierra

Se siembra

Pedro Capó


Es la ley inevitable de la vida, todos debemos detenernos un instante y hacernos ausencia. Esta vez le tocó a Gabriel Arturo Castro, un ser cuya grandeza en vida labrará una mayor al no estar con nosotros. Hombre de letras rigurosas y fino humor fue un gran cultor y sembrador de la palabra. Como crítico fue protagonista de la separación de la obra de la alabanza fatua y el amiguismo ramplón; aunque admiró y exaltó a muchos escritores juiciosos y fue amigo como pocos. Siempre certero en sus apreciaciones y consumado lector.

Un tres de junio estaba destinado como día declarado para su partida. La muerte de alguien cercano siempre nos genera una profunda tristeza y si ese ser querido ha sido ejemplo digno de imitar, la tristeza se triplica. Casi siempre se muere para ser olvidado, pocas veces al morir se empieza a trascender, este último es el caso de Gabriel Arturo.

Su obra es prolífera. No más en septiembre de 2023 pudimos asistir en la Universidad del Tolima, a la presentación de su libro titulado La literatura, el límite y la extrañeza. Summa Ensayistica 1986-2022. Aquella noche, en el evento organizado por el Centro Cultural de la UT, pudimos conversar con Gabriel Arturo y escuchar sus punzantes apreciaciones sobre literatura colombiana y regional.  Con esta última siempre sostuvo una férrea discusión y su mirada no fue condescendiente con muchos autores y muchas obras debido a la ligereza literaria de ambos. No obstante, a muchos escritores jóvenes impulsó con sus consejos, correcciones y lecturas sinceras de sus escritos. Gran parte de su buen nombre lo construyó como un certero crítico y comentarista de libros desde los ya lejanos años del Magazín Dominical del periódico El Espectador.

Como poeta su obra es de calidad y consistencia, ganador de varios premios nacionales de poesía, entre ellos el premio nacional de Porfirio Barba Jacob (2009) con el poemario Tras los versos de Job, en mi opinión una rareza de libro por su lenguaje hermético y cuidado. Ese mismo año su mano generosa escribía el prólogo para mi único libro de cuentos publicado: Sueño imperfecto. Recuerdo que en la lectura previa del proyecto redujo mi propuesta inicial de 45 textos a sólo 22, ese era el tamaño de su rigor.

Como ensayista su valor radica en las pesquisas y valoraciones pertinentes de muchos libros y autores. La Universidad el Tolima, en su sello editorial, le publicaría el texto Ceniza inconclusa (2012) el cual fue presentado en la 25 Feria Internacional del libro en Bogotá y de la cual tuve el placer de hacer una breve reseña en la cual destacaba:

 

(…) encontramos entre estos ensayos y reflexiones, miradas que invitan a renovar la lectura de autores como Horacio Quiroga, Aurelio Arturo, García Lorca, Kafka, Rojas Herazo y otros más cuya dimensión estética los convierte en referente de infinitas interpretaciones. Así mismo, a manera de pinceladas decantadas, encontramos breves escritos en donde el autor nos provoca con reflexiones sobre el sentido del arte, de la imagen, de la estética, la palabra, como si quisiese adobarnos un inventario para el que se atreva a deambular por el complejo mundo de la creación.[1]

 

Y es que Gabriel Arturo fue un provocador de la palabra, un conocedor de la estética refinada y el trabajo escritural. En la reciente FILBO 2024 Domingo Atrasado Editores, había presentado el libro Alegoría del buen escriba. Poesía completa, 1990-2019. Su obra reunida quizás ya era presagio de su pronta partida.

Como docente su calidez, exigencia y enseñanzas son conocidas de sobra. Muchos años fue catedrático de la Universidad del Tolima, en donde sus innumerables exalumnos son testigos de su dedicación. Quienes compartimos con él más de cerca, pudimos constatar su ironía constante, su calidez y su punzante lenguaje. Durante los años que fuimos compañeros de estudio en la Maestría en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira, descubrimos la pasión por la escritura y la lectura, pero también su humor fino y alegría constante.

Al irse nos deja muchas palabras y conversaciones pendientes, enseñanzas que se truncaron en ese diálogo que practicaba como herramienta pedagógica. Pero nos queda su obra, sus poemas, sus ensayos, sus notas y reseñas, pero sobre todo su recuerdo y esa gran lección de vida de que se puede ser un escritor sencillo y completo, aún en estos tiempos de altivez y facilismo.

Adiós poeta, escritor y amigo Gabriel Arturo Castro, sólo estas breves palabras puedo dejar ahora como homenaje de quien usted llamaba, -siempre sonriendo-, Charles Artur Gambó, otro «maldito poeta», que, -solía hacer énfasis- no es lo mismo que un «poeta malito». Extrañaré tu calidez y tu ironía.

 Junio 4 de 2024.



[1] Disponible en: Revista Aquelarre. Universidad del Tolima. No 22, años 2012. Pp. 225- 231

septiembre 16, 2022

¿Qué nos enseña la tristeza?

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

La muerte o su alusión

convierte en preciosos y patéticos

a los hombres. J. L. Borges

 

A veces olvidamos lo efímero que somos. Nos dedicamos de lleno a vivir de la manera que el tiempo nos obliga a vivir y entonces relegamos a la vida misma. Olvidamos que somos finitos, que el tiempo que nos ha sido otorgado es apenas una bocanada de aire.

Por estos días, en nuestro pequeño y gran mundo llamado Universidad del Tolima, hemos sido estremecidos por el dolor. Una compañera ha decidido darle fin a su existencia en un acto misterioso y sublime. Un acto que hace parte de la historia misma de lo humano, un acto consumado que nos recuerda lo frágiles que somos.

Su partida nos conmueve, su decisión estremece las bases de las creencias individuales y colectivas. Algunos la conocieron muy de cerca, quizás lo suficiente para entender sus miedos, sus sueños, sus deseos. Otros quizás apenas cruzamos con ella una mirada, un saludo, una actividad cotidiana de muchas realizadas en esos trece años que habitó sus días laborales junto a nosotros.

Otros quizás llegaron a enterarse que existía, justo ahora. Pero de muy cerca o de lejos todos fuimos tocados por su decisión. Y en nuestras cabezas las preguntas rondan. Somos el resultado de la relación con los otros, somos nos-otros, y como institución que enseña, su principal objetivo es aprender de las experiencias, por dolorosas que estas sean.

Escuchar lo que se dice en momentos como éste puede ser esclarecedor para la comunidad, porque el lenguaje siempre deja una huella. Pero también debemos ser capaces de preguntarnos a nosotros mismos sobre el territorio de lo profundamente humano: ¿lo estamos transitando?

Padecemos un tiempo, somos sobrevivientes pasajeros de una pandemia que aún no termina, pues sus efectos seguirán dando cuenta de ella. Como sociedad fuimos escindidos, encerrados, removidos de nuestras cotidianidades durante dos eternos años y ahora no podemos retornar a ese viejo lugar confortable que habitábamos antes, ¡cómo si nada hubiese sucedido! Hemos mutado. Nuestras emociones fueron puestas a prueba y los resultados están por verse.

Cuando se sobrevive quedan huellas profundas de la experiencia transitada, y como estábamos encerrados debemos readaptarnos, reaprender a vivir juntos. Son estos los tiempos de volver a pensarnos en colectivo, con nuestras diferencias a cuestas, pero juntos.

Hay algo inevitable y bello en la existencia, es la certeza que todos tenemos de que un día la muerte saltará sobre nosotros o nosotros saltaremos a ella. Por eso cada minuto, cada día, cada mes o año que tengamos a favor debemos apreciarlos y dotarlos de las maravillas de la existencia. 

Debemos vivir asombrados de la vida. Es lo que nos debe enseñar, o recordar, esta tristeza.

In memoriam de Claudia Sánchez

Ibagué septiembre 16-2022

mayo 09, 2021

ESTUDIAR ES UN DERECHO PARA TODOS, NO SÓLO PARA LOS JÓVENES

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima (IDEAD)

 

A las 7:59 de la noche del 5 de mayo de 2021, ingresó al Hospital Universitario San Jorge de Pereira, Lucas Villa Vásquez, estudiante de la Universidad Tecnológica de Pereira. Tiene 37 años, está cursando Ciencias del Deporte y Recreación. Mientras escribo esta nota trato de obtener las últimas noticias respecto de su estado de salud, sólo se sabe que sigue siendo crítico, pero hay esperanzas de que le haga, con su alegría, un quite a la muerte dictaminada por quienes siembran horrores.[1]

Lucas Villa Vásquez ha estado a punto de sumarse a los más de 30 muertos en apenas 8 días de protesta, movilización que se desató con el detonante de una infame reforma tributaria en medio de una de las mayores crisis económicas y sociales de los últimos tiempos, aunque hablar de crisis en Colombia es casi un pleonasmo.

Alrededor de este vil atentado mucho se ha dicho, pero hubo algo que en particular me pareció atroz. En algunas redes, por supuesto proclives a la defensa del presidente Duque y sus acciones secundadas por el Centro Democrático (es increíble saber que aún hay un puñado de crédulos que se niega a ver la realidad), se mofaban porque Lucas con 37 años aún estaba cursando un pregrado en la Universidad. He ahí una mirada obtusa, limitada y mezquina de la educación en este país de desigualdades.

En el Sistema de Educación Superior de Colombia, según cifras del MEN en agosto del 2015, “sólo el 41,2 % de los estudiantes de colegios oficiales y el 56,4 % de no oficiales, para una tasa de 48,5 %, aparecen en los registros de absorción a la educación superior”; [2] pero también sabemos que a partir del 2018 la cobertura ha venido reduciéndose y desde que la pandemia empezó a hacer estragos, este indicador se agravó aún más.

Muchos jóvenes deben renunciar al sueño de sus estudios universitarios, otros aplazan dicho deseo. Apenas cerca de 2.5 millones[3] de personas forman parte del sistema de formación universitaria en Colombia, tanto en instituciones públicas, como privadas. Y no todos son jóvenes. Afortunadamente existen proyectos de formación alternativos que le permite a muchos, quienes postergaron el sueño universitario, poder lograrlo sin importar la edad.

Resalto el caso de la Modalidad de Educación a Distancia, que desde el año 1982, viene generando posibilidades de formación a esa población “doblemente excluida”, que por múltiples razones no pudieron ingresar a la Universidad una vez culminado el ciclo de formación media. Algunos no obtuvieron los puntajes suficientes para ingresar a escasos cupos de la educación pública presencial, otros no contaron con el dinero suficiente para el valor de la matrícula en la Universidad Privada, otros debieron darles prioridad a los compromisos laborales para la manutención de sus familias, entre muchos aspectos más.

En el caso del Instituto del Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, hemos abierto las posibilidades de formación a hombres trabajadores, madres cabeza de familia, padres adultos, comunidades indígenas, población sorda y, por supuesto, miles de jóvenes, a quienes les favoreció nuestra lógica y compromiso de inclusión. Ellos no tuvieron que ir a la universidad, la universidad fue a ellos, y con un gran esfuerzo de cooperación Inter-Institucional el último año lo han podido hacer de manera gratuita.

En nuestras aulas es fácil encontrar un chico de 17 años conformando un grupo de trabajo con una señora cuyos hijos superan la edad de su compañero de clases. O un padre y su hijo estudiando al mismo tiempo, un hermano mayor y un hermano menor, una pareja cursando un pregrado con hijos que van al colegio, una madre que estudia distancia mientras su hijo estudia presencial, la variedad etaria es lo de menos.

Esto se debe a que, como modelo alternativo, incluyente y pertinente, el modelo del IDEAD-UT, sabe que la formación no tiene edad, que mientras haya deseos y oportunidades, debemos hacer de la educación superior un camino de ascenso, aprendizaje y crecimiento sociales.

Quienes se mofan de la edad de Lucas, son más que miopes para no ver la alegría que desbordaba y que ha quedado testimoniada en las redes; la alegría de alguien que se sabía protagonista de su proceso de formación, pero además que poseía la conciencia política y el valor ciudadano para ser actor de transformación.

Le dispararon vilmente, 8 veces acertaron, pero de seguro no han logrado matar el sueño del derecho de la educación, en un país en donde miles de adultos se forman, a la par de la fogosa juventud, mientras otros miles aún esperan contar con esa posibilidad.

Hoy todos juntos nos movemos a defender ese derecho, que sólo será posible cuando se instaure la Educación Gratuita para todos. Esta debe ser una consigna más de esta gran movilización por un país mejor.

septiembre 10, 2011

LO QUE NO CONTÓ LA TV SOBREL EL 9-11


Para manipular eficazmente a la gente, es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula

John Kenneth Galbraith

noviembre 14, 2010

LLUVIA DE NOVIEMBRE


Por: Carlos Arturo Gamboa

Sigue noviembre y sigue lloviendo, como en el poema de Mutis “ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima, que crece las acequias y comienza a henchir los ríos, que gime con su nocturna carga de lodos vegetales”. Pareciera que el cielo llorará un duelo interminable, un duelo de tiempos y de cuerpos mutilados por la historia. Llueve en noviembre y los cuerpos petrificados en el lodo armerita siguen fríos. Llueve en noviembre y los cuerpos mutilados en el palacio de justicia esperan en silencio. Llueve en noviembre y un país hecho de tumbas, de sueños frustrados y de olvidos, se deshace ante el furioso gotear de las montañas. 

Cuando llueve los hombres se encojen, se refugian en sus sacos, se adornan de sombrillas. Las luces de las ciudades enmudecen el asfalto, los vegetales de los campos se aferran a la tierra. Cuando llueve la madre tierra se despierta y empieza a tejer sus convulsiones. Sigue lloviendo y la tierra se derrite, los árboles se desploman bajo el traquetear de avalanchas, los cauces crecen y desbordan sus caminos. Llueve en noviembre y la historia se repite, las tierras anegadas de miseria, olvidadas por los dueños del destino, crujen, se lamentan, se oxidan, se olvidan. Los hombres en sus altos rascacielos olvidan que llueve en noviembre, olvidan que los campos producen su riqueza, sólo sueñan con sus cuentas en Miami.

Mientras las llanuras se ahítan de acuosidad, las ciudades se desbordan de corrupción. Llueve a cántaros y las voces cansadas de denuncias no alcanzan a dibujar tanta ignorancia. Ellos lo han gastado todo, han transado con la dignidad de nuestras tierras, han carcomido las entrañas de la tierra. Los corruptos, lo que con extensos días en los puestos se han apoderado de lo que era nuestro y ahora lo reparten entre los secuaces, siguen sentados en sus sillas, mientras los ilusos aclaman sus hazañas.

Lluvia de noviembre, que arrecia sobre las cumbres de un país hecho de olvido, sigue azotando el fugaz delirio de los árboles, sigue aumentando el cauce de los ríos, sigue de día y de noche aumentando el caudal de tus misterios. Lluvia de noviembre, despertad a la madre tierra y conducidla con su avalancha de lodo a los enormes rascacielos, entrad por sus ventanas y ahogad los tiranos que alegres se reparten el pan de nuestros hijos.

agosto 30, 2010

GOOD BYE PORTELINSKI


Por: Carlos Arturo Gamboa


Debajo del puente, del río hay un mundo de gente”, lo sabías de memoria amigo Portelinski, siempre lo repetías cuando la noche nos sorprendía en algún bar bajo el influjo de un tiempo descorazonado, o en esas horas cuando te quedabas pensativo mirando un punto en la distancia como si a través de un espacio inalcanzado pudiésemos darle algún molde real a nuestros sueños.

Hoy ya no estás, pero quedan los momentos, el sonido de las canciones, la idea de viajar a Argentina, las discusiones políticas, las amigas, Cerati (con quien pronto te encontrarás), Calamaro y sus ráfagas de desaliento para el corazón, Crímenes Perfectos, la noche, el vino, los cigarros y el país revuelto en las conversas, en los delirios: “me parece que soy de la quinta que vio el mundo 78, me tocó crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor”

Una vuelta por el parque Ducuara, en donde florecen almas y mueren cuerpos. Tus comentarios ácidos sobre los amigos, sobre la universidad a la que amabas, y por eso te dolía. “Despiértame cuando pase el temblor” Las discusiones serias, pero también la risa. La Cigarra Supernumeraria, esa ironía virtual que tantos días alimentaste.

Tus desamores y tus sueños, juntos en el coctel aniquilante de los días, porque “Es tan fácil romper un corazón”, pero seguías y tu rostro nunca reflejaba tu profunda lucha, tu soledad acompañada, tu transitar con Sabina, “por el bulevar de los sueños rotos”, durante “19 días y quinientas noches”, que cosa tan seria trip, trip, trip; buscando la Maga cual alucinante Oliveira provinciano. Y a veces llegabas cargado de días cinéfilos, escarbando bajo el celuloide de la existencia y conversabas con fuerza porque debajo de tu cuerpo débil siempre habitó un alma insuperable que enviaba mensajes en las botellas virtuales, poemas para las encantadas damiselas de la cibersoledad, cortometrajes, noticias, ironías cariñosas, críticas mordaces porque nunca evitaste a la libertad, esa que alcanzaste en días cálidos cuando hablabas de cultura, cuando abrazabas una chica, cuando te encontraba en los cafés ibaguereños degustando un capuchino al lado de una mujer embelesada con tus palabras, cuando a pesar de no poder imbuirte en los brazos de Baco nos acompañabas hasta que la mañana hería nuestros ojos, cuando tarariabas melodías de Silvio. Esa libertad pequeña, emancipación de la cotidianidad bajo las luctuosas letras de “Draco” Rosa, que repetía con profundo misterio que “Morir es olvidar, ser olvidado, refugiarse desnudo en el discreto calor de Dios”.

Tu sabías que debajo del puente se refugiaban los desposeídos, por eso Pedro Guerra era tu baluarte, por eso gritaste en contra de la injusticia muchas veces y no pocas fuiste mordaz con los que creíamos que cambiaríamos el mundo porque nos decías: “Ustedes no son capaces de pasar ni de la cuarta estadio” Amigo Portelinski, siempre fuiste “un hombre condenado a morir por amar demasiado”, pero ahora eres alguien condenado a vivir en nuestros recuerdos, a partir de esa noche en que “la moneda cayó por el lado de la soledad”. Buen viaje, próxima parada Estación Esperanza. Gracias por el tiempo, porque estuviste ahí cuando el dolor se hizo Mayúsculo y la sonrisa carcajada.

Agosto 26-2010
EJERICICIO HIPERTEXTUAL AQUÌ