julio 07, 2016

LA PUERTA

Por:  Carlos Arturo Gamboa B.

Cuento publicado en la desfinanciada y virtual revista El Salmón No 26

Nadie sabe a ciencia cierta quién propuso construir la puerta, lo único certero en esta historia es que hubo tiempo en que la entrada estuvo libre de ese obstáculo para los transeúntes.  Como suele suceder con las cosas o fenómenos que trastocan nuestra existencia, una mañana la puerta estaba ahí. Los primeros en advertirlo fueron los vigilantes, quienes se vieron supeditados a cuidar un lugar que ninguno reverenciaba. Si a nadie le preguntan sobre la conveniencia de una puerta, nadie la respetará, aunque todos sabemos que desde niños el sistema nos enseña a obedecer a todo, menos a las puertas. Las puertas sirven para entrar, pero también para huir, en ambos casos deben estar abiertas.
La primera puerta era de metalistería rudimentaria. Salió de algún taller sin haber sido favorecida por la pintura, aunque pasaba inadvertida para la mayoría. Fue un lunes lluvioso cuando tomamos conciencia de la puerta como un lugar de referencia. Tres muchachos con cara desleída y cabellos largos la habían bloqueado con cadenas y candados, a cambio de abrirla pedían tres balones de voleibol y una malla. La puerta duró bloqueada medio día.
Mucho tiempo después la puerta empezó a usarse como medio de comunicación. Sobre sus columnas oxidadas se pegaban carteles invitando a una fiesta, a un evento o a cualquier tipo de acto que estuviese destinado a hacerse de puertas adentro. Después supimos de la puerta porque una noche un anarco-funcionario borracho la franqueó ante la negativa de los vigilantes, entonces comprendimos que las puertas no solo se abren y se cierran, sino que también se saltan.
Para un 8 de junio la vieja puerta llegó a su fin. Una tanqueta de la policía la hirió de muerte, mientras por sus fisuras corrían despavoridos muchachos en busca de refugio. Sus escombros quedaron a la deriva de las miradas durante días. Con nostalgia recordamos que parados en esa puerta algunos muchachos consiguieron recursos para ir a conocer el mar, otros lograron tapar las goteras de sus dormitorios, las damas ganaron una falsa promesa de futuro y muchos otros elaboraron sus listas y peticiones, mientras extendían cadenas y candados en su estructura.
Un mes después la nueva puerta dominaba el paisaje. Esta vez el forjador de hierros había invertido mayor esfuerzo en su tallaje. La pintura que cubría su resplandor era de un negro sólido, como las columnas que sostenían los anclajes. Pero el negro fue reemplazado por el color de los hombres de verde que la asaltaron el lunes siguiente. A los quinces días fue pintada de rojo por los hombres del mismo tono. Un mes después se tornó amarilla y al mes siguiente fue pintada de blanco por un grupo de mujeres que exigían apoyo para un proceso de paz; y así, de mes en mes, de quincena en quincena, la puerta se fue pintando de mil colores, hasta que ya no le importaba a nadie. Los transeúntes solo se limitaban a mirar de lejos el color de la semana, suspiraban profundo y luego se devolvían, sabían con certeza que esa puerta garantizaba siempre un ilusorio triunfo para sus ocupantes.
Hace un par de meses la cálida mañana nos sorprendió con la noticia: la puerta no estaba. Nadie supo qué pasó. Nadie sabe de su paradero. Lo cierto es que desde entonces ninguno volvió a protestar. No hay lugar para la disidencia y los transeúntes habituales ya no distinguen si están entrando o están saliendo. La mayoría parece feliz en medio de un paraje sin colores. Anoche, el anarco-funcionario borracho llegó con el ánimo de franquearla, al no encontrar obstáculo alguno se devolvió. En su cara se dibujaba una tristeza.
Mirando la puerta de la Universidad del Tolima
Ibagué, Febrero 18 de 2016.


julio 03, 2016

LAS SALIDAS DE LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA

Por: Carlos Arturo Gambo Bobadilla
En la Universidad del Tolima se ha interiorizado, como en el país, la idea de que quien crítica a la Administración, es un “enemigo” de la Institución. Con ese artilugio se terminan protegiendo los malos gobiernos y se veta toda posibilidad de trasformación, porque para las mayorías es mejor que las Instituciones sigan en su estado de postración al clientelismo y la politiquería, porque muchos están allí producto de esos fenómenos.
Para el caso de la Universidad del Tolima hay múltiples salidas, pero todas implican una transformación, y ahí está el punto de la discusión. Muchos aun, ingenua o sagazmente, creen que la UT podrá seguir su rumbo sin reformarse, lo cual es imposible. Hoy la universidad de los tolimenses se ve abocada a convertirse en una Institución que sea ejemplo del cuidado de lo público, moderna, eficiente y meritocrática; existen varias formas de hacerlo:
Renuncia del rector actual: Quienes protegen el nombre de José Herman Muñoz y consideran que la UT puede salir avante con él a su cabeza, olvidan que lleva 4 años como rector y ya tuvo su tiempo. En siete meses de reelección aumentó el déficit en cerca de un 50%. Pierde gobernabilidad cada día y no posee un equipo idóneo para tramitar una crisis. Algo si es cierto, si él se va la crisis no se arregla de iso facto, empieza el proceso; por el contrario, si se queda la crisis crece. ¿Qué preferimos como universitarios?
Gobierno de transición concertado: No hay hombres ideales para enfrentar las crisis; las instituciones cuando naufragan necesitan de esfuerzos colectivos. Si el gobernador Oscar Barreto quiere imponer un nombre para hacer de la UT una extensión de su partido, el desastre será total. Hoy la universidad requiere ideas antes que sujetos, si las ideas de un plan de recuperación están claras, las personas que lo encarnen deben ser múltiples. Hoy no puede ser un sector, un grupo de poder o un partido quienes definan el rumbo, hoy estamos supeditados a un esfuerzo general en donde los sectores que quieran aportar posean un espacio para hacerlo desde el mismo gobierno universitario.
Recorte urgente en los gastos fijos: Si no reducen los gastos, solo la inyección de nuevos recursos podría salvar la UT y, para ser sincero, no veo de dónde puedan llegar recursos a corto plazo. Los gastos variables ya fueron estrangulados, pero las nóminas burocráticas no. Lo único que se muestra como ahorro fijo es el dinero que se dejó de pagar por docentes y funcionarios que se han ido. Si los ingresos por matrículas descienden y los gastos siguen fijos (en realidad crecen por aumento de salarios y demás factores laborales), la quiebra será insalvable. Incluso, después de realizar los recortes respectivos y de tener una cifra más ajustada de las necesidades financieras, es posible pensar en un préstamo de menor cuantía (hoy se piden 19 mil millones), que no ponga en riesgo el patrimonio público y que con los gastos reducidos se garantice un colchón financiero para cancelarlo en no más de 5 años.
Reforma por vía de la Asamblea Universitaria: La Universidad del Tolima presenta los síntomas de una Institución tomada por las actos politiqueros de la región, la forma en que se eligen las autoridades, las construcciones de amiguismo, la clientela que pervive a diario en el campus y la obsoleta manera organizativa develan la estructura añeja que debe ser removida. La Asamblea Universitaria debe convertirse en el centro de la reforma de todas las obsolescencias, debe ser el espacio para volver a recuperar la idea del sujeto universitario como protagonista de la Institución. Si algo puede airear la UT es la instalación de la Asamblea en donde los delegatarios lleguen a pensar en el futuro de la Universidad, no a defender sus intereses particulares. El Estatuto General, El Estatuto Estudiantil, El Estatuto Profesoral y la actualización de todas las formas éticas de hacer universidad son prioridades para la Asamblea, para después pensar en un Plan de Desarrollo, un PEI y otros dispositivos construidos de manera participativa que se conviertan en los mojones del futuro de la Universidad del Tolima. Solo aquello que se construye de manera participativa, se activa de manera participativa.
Movilización y lucha por la deuda de la gobernación y nuevas transferencias: La Gobernación del Tolima tiene una deuda social y económica muy grande con la Universidad del Tolima, y necesitamos activar todos los dispositivos para hacerla valer. De igual manera, el Ministerio de Educación Nacional debe tener como prioridad para la inversión en el posconflicto, el fortalecimiento de la educación superior, más en la región Tolima cuyo epicentro de miles de desigualdades generó la activación de la violencia que hoy se aspira a terminar. Para lograr los dos objetivos anteriores, es clave la movilización social, la activación de equipos jurídicos pro-UT, la participación responsable de los sectores políticos, no para pedir cuotas, sino para generar proyectos de Ley que le garanticen el futuro formativo de miles de jóvenes tolimenses y colombianos.
Construcción de un pacto social por la Universidad del Tolima: La idea de que sea la Universidad un punto de encuentro para todos, más allá de las ideologías o las disciplinas, parece ser una utopía. Sin embargo, ante la crisis es factible pensar que a las mayorías nos mueve el bien común, ya seamos trabajadores, estudiantes o docentes; y que esa convicción nos debe permitir tejer elementos de unidad con principios. Se debe entonces empezar a construir ese gran pacto social, al que ojalá los agentes externos se sumen, no para sacar réditos individuales, sino para garantizar la formación de miles de jóvenes que solo pueden acceder a lo público.  
En general, si existen salidas pero si seguimos aferrados al viejo poder que se derrumba será imposible verlas. Si seguimos anclados a los grupúsculos que resguardan sus pequeños intereses, no lo lograremos. Hoy el bien máximo debe ser defendido por quienes no lo tenemos de botín, y ese bien se llama UNIVERSIDAD DEL TOLIMA. 


junio 14, 2016

LA UNIVERSIDAD ZOMBIE: CARTA AL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA



Por: Félix Raúl Martínez-Cleves

Nada hay más pobre que una verdad expresada tal y como se pensó.” 
Walter Benjamin

“Luego dirigiré mis pasos hacia las regiones
infernales y haré que suban los muertos,
que devoren a los vivos, multiplicaré el
 número de muertos a expensas de los vivos.”
Epopeya de Gilgamesh
13 de junio de 2016

Profesor
José Herman Muñoz Ñungo
Universidad del Tolima

Profesor Muñoz,
La Universidad del Tolima se ha convertido durante su “rectoría” en una universidad zombi y nosotros -el profesorado- en muertos vivientes.
En libros y películas, el escenario zombi está habitualmente caracterizado por una ciudad en destrucción, en donde sus antiguos pobladores se arrastran deambulando repetitivamente. En la Universidad del Tolima, esa desolación se sintetiza en el bloque de salones marcados con el número 19, el cual comúnmente maltrecho acabó por deteriorarse gracias al fuego en una de sus esquinas. Diferente a lo que supone el informe de la Oficina de Desarrollo Institucional, las condiciones materiales del recinto universitario no tienen como excepción aquella zona. 
En cambio, pupitres dañados, paredes sucias, tableros manchados, mesas oxidadas y rotas, ausencias de luz artificial, se combinan con nubes de zancudos, olores nauseabundos y entornos ruidosos. Como si el panorama de destrucción fuese poco, las denominadas “ayudas tecnológicas”, más parecen un conjunto de elementos que amenazan a los habitantes de tan terrorífico lugar. La metonimia de la Universidad del Tolima es el bloque 19: huele mal, se ve mal, se escucha mal.
Pero un ambiente zombi no se reduce a las condiciones materiales en donde un conjunto de no-vivos se arrastran sin sentido. El centro de ello está justamente en estos últimos -no-vivos— quienes, al igual que nosotros los “profesores”, repetimos recorridos, sin saber nuestros destinos. Ausentes de todo deseo, estos cuerpos nuestros,  gobernados por los olvidos, dejamos llegar el semestre académico a su instancia de no-retorno, tal y como si no pasara nada. Seguramente, también somos responsables de esta inmundicia, gracias a nuestro silencio y permisividad respecto de los experimentos que se han hecho con nosotros desde antes de que Usted llegara a la “dirección” universitaria, “profesor” Muñoz.
En efecto, los zombis no recuerdan qué sucedió, cuál fue el virus que los atacó y mucho menos, les interesa el mañana. Caminamos arrastrándonos, llevando enterrado en nuestros cuerpos una inmensa cantidad de objetos, hasta el punto que ciertos francotiradores dispuestos en lo alto de un punto cero, generalmente llamado “rectoría”, nos disparan y todavía así, buscamos balbucir fonemas inútiles sin emitir una mínima expresión de dolor. Ya decía Jorge Martínez Lucena y Jorge Fernández Gonzalo, que estos cadavéricos seres sufren su propio narcisismo.
Esta horda de zombis se jacta con un poco de carne que es lanzada desde aquel punto cero, en donde se ha planeado una trampa para dispararles con mayor puntería en la cabeza. Cada cierto mes, aparece en nuestras cuentas bancarias un poco de esas tripas arrojadas desde lo más alto, con el propósito de que nos comamos entre nosotros, ahorrándole balas a quienes se han asignado la condición de “sobre-vivientes” y habitan en la “administración” universitaria.
Así, al igual que en dichos artefactos culturales, la infección parece no tocar a sus creadores, mientras tantos los individuos hechos zombis degradan cada vez más su existencia, hasta el punto paradójico de que el creador de tal peste se presenta ahora como la única opción para “salvar” a las pútridas criaturas. Créditos, reformas y comunicados de prensa, se exponen como el antídoto, solamente brindado a quienes de forma dócil se acerquen al punto cero. Mientras tanto, la plaga sigue en aumento, sin avizorarse algún horizonte.
“Profesor” Muñoz, esperemos que a diferencia de los libros y películas de zombis, haya escapatoria, aunque Usted, como gestor de semejante pandemia se ha vanagloriado de triunfo cada vez que dispara o arroja podredumbre. 
Desde un sepulcral lugar, se suscribe de Usted, un zombi más en medio de un arrebato de sanidad.
Félix Raúl Martínez-Cleves
Profesor de Planta
Facultad de Ciencias Humanas y Artes
Universidad del Tolima

junio 01, 2016

PROFESORES DE LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA A DECIDIR EN LAS URNAS


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

El jueves y viernes 2 y 3 de junio, los profesores de la Universidad del Tolima vuelven a las urnas, en medio de una crisis a la cual la administración, en cabeza de Herman Muñoz y el Consejo Superior Universitario, aún no le ha puesto el “tate quieto”.
El 2 de junio, la Asociación Sindical de Profesores (ASPU) se citó para la elección de nueva Junta Directiva de la Seccional Tolima. Con más de cuarenta años de tradición, esta agremiación de profesores se ve hoy enfrentada al reto de ayudar a la reconstrucción de la Universidad del Tolima y a reafirmar nuevas maneras de actuar en el campo sindical.
ASPU, a nivel nacional, cuenta con más de 5000 afiliados en todas las universidades y en la seccional de la Universidad del Tolima son más de 150 docentes quienes podrán votar para designación de su Junta Directiva. La Asociación ha desempeñado un papel fundamental en la visibilización de la crisis, la misma que negó el rector hasta después de su reelección, a finales de 2015. La Asociación denunció a través de diferentes medios, comunicados ofíciales y protestas, en el campus y fuera de él, hechos que serían claves para destapar “los malos manejos” y el desbarajuste financiero y académico que hoy tienen la UT en una sin salida. Por estas denuncias, el rector actual y su equipo de coequiperos y abogados, emprendieron procesos disciplinarios contra algunos de los miembros de la Junta Directiva, quienes hoy están, como era de esperarse, exonerados de dichas acusaciones. Ese el riesgo que corre un sindicato serio, autónomo y que no le apuesta a la cooptación o al silencio por prebendas; su función es hacer control político, denunciar las irregularidades y proponer otras formas de administrar lo público; así mismo aportar propuestas de transformación como lo requiere urgentemente hoy la universidad de los tolimenses.
De otra parte, el viernes 3 de junio los profesores también podrán designar los docentes que formarán parte de las diferentes instancias del Gobierno Universitario; entre ellas se elegirán los representantes profesorales al Consejo Superior, Consejo Académico, Comité Interno de Asignación y Reconocimiento de Puntajes (CIARP); así como representaciones a las diferentes Unidades Académicas.
La importancia de estas designaciones es que se dan en el marco de una gran coyuntura universitaria y, por lo tanto, los profesores deberían acudir masivamente a las urnas a definir sus voceros en estos espacios. En años anteriores la participación ha sido escasa en estas elecciones, pero hoy es inconcebible la abstención, ya que las representaciones pueden generar renovación en los estamentos profesorales y hacer que sus discusiones y propuestas lleguen a los escenarios claves en donde se toman decisiones institucionales.
Es normal que exista apatía y desencanto ante estos ejercicios del orden democrático universitario, pero lo que si podemos intuir es que, precisamente por ausencia de un real control político del profesorado, por carecer de autonomía como estamento y por delegar al rector, su equipo y sus amigos, toda la Gobernanza de la Universidad, hoy nos vemos al borde del abismo.
Los profesores de la Universidad del Tolima somos conocedores de lo que se ha hecho mal; algunos fueron víctimas del engaño del rector y sus amigos quienes ocultaron la crisis en periodo de reelección y llamaron a una falsa unidad, aún a costa de la misma universidad. Hoy no podemos llamarnos a engaños, la formación superior de miles de jóvenes está en riesgo, el proyecto de vida de los docentes y trabajadores se ha visto fracturado por malas decisiones, sin que hasta hoy los culpables hayan asumido la falta. Los recortes realizados han afectado la academia, las garantías para una buena docencia y la mayoría de ellas han recaído sobre el sector profesoral.
Hoy más que nunca necesitamos recuperar la autonomía del profesorado, su capacidad crítica y su saber para potenciar propuestas que ayuden a sacar a flote la universidad. El profesorado debe acudir a la elección de representantes profesorales de manera consciente, sin la coacción que antes condujo a equívocos, debemos empezar dando un mensaje diferente en las instancias del Gobierno Universitario si de verdad queremos una universidad diferente. No podemos elegir las ideas del actual rector que llevaron la UT a este abismo de incertidumbre, o a los “amigos” de él, que vienen siendo casi lo mismo.
Las mayorías queremos transformaciones reales, ¡que se note en las urnas!


mayo 23, 2016

ENTREVISTA A LOS POLLOS DE LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Después de muchos años intentando averiguar, en vano, ¿por qué el pollo cruzó la carretera?, hemos decidido preguntarle a los pollos de la Universidad del Tolima, ¿cuáles son los motivos de la crisis por la que atraviesa el Alma Máter de los tolimenes? Acá están algunas de las respuestas:

Un pollo rector: Aquí no hay crisis y tampoco hay flujo de caja

Un pollo despistado: ¿De cuál universidad me habla?

Un pollo pensionado: ¿Acaso con mi pensión no se redujeron los gastos?

Un pollo del IDEAD: Hace mucho que no voy la UT, fui solo a matricularme y recibo clases en la escuela donde hice la primaria

Un pollo marxista-leninista línea Pekín: La Universidad del Tolima no está en crisis, están en crisis ustedes, por eso deben ser reeducados

Un pollo neo-religioso: Dios nos libre de caer en manos de ese satanás del Gobernador.

Un pollo ultra-optimista: Frescos, la crisis es la madre de todas las soluciones

Un pollo anarko: La única crisis que brilla, es la que arde

Un pollo matemático: La crisis se puede expresar en la siguiente ecuación: X.2X+Y=0 pesos en las cuentas

Un pollo asado: Yo no sé nada de crisis, llevo mucho tiempo dando vueltas y estoy chamuscado

Un pollo amigo del rector: La crisis no existía hasta que ASPU la destapó, por eso la crisis es culpa de ASPU

Un pollo ecologista ciego: La crisis es global y estamos ante el fin de la civilización, lo de la UT es secundario

Un pollo activista del marxismo cósmico: La crisis de la UT es culpa del sistema neoliberal interplanetario

Un pollo re-loco: La crisis es culpa de todos ustedes porque no hacen lo que yo les digo, loquitos

Un pollo seudo-solidario: La crisis es culpa de todos y si la culpa es de todos, no es de nadie

Un pollo aficionado: La crisis ya la superó Perkeman con los triunfos de la selección Colombia

Un pollo shakesperiano: Crisis o no crisis, he ahí el dilema

Un pollo nietzscheano: ¿Dos mil años y ni una crisis nueva?

Un pollo darwiniano: La crisis es el resultado de la selección natural de los ineptos que han logrado evolucionar hasta obtener la crisis perfecta que tenemos hoy

Un pollo maquiavélico: El fin de la crisis justifica los medios, para perpetuarla

Un pollo neoliberal: Les dije que la universidad debía ser liquidada, eso no da punto de equilibrio, y lo que no es rentable, no sirve

Un pollo fumao: ¿Crisis parce? Crisis la que me va dar más rato cuando se acerque el bajón

Un pollo del MEN: Tranquilos, ser pillo paga

Un pollo neo-pedagogo: Eso es culpa del modelo pedagógico de la UT que no ha incorporado el uso de las TIC.

Un pollo heracliteano: Nadie se sumerge dos veces en la misma crisis, excepto el rector

Un pollo hegeliano: La crisis es producto de una relación dialéctica entre el rector y la crisis

Un pollo freudiano: Si te preocupa mucho la crisis se debe a una carencia sexual

Un pollo ex vicerrector: La crisis es una invención de los sobrios.
                  – ¿Entonces pio? –
                  Pia, que yo pago

mayo 09, 2016

LA FAMILIA AHORRATIVA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Cuando las ideas no te dejan ver la realidad,
no son ideas, son mentiras.
Rafael Chirbes

Dedicado a la familia UT y su extraña concepción del ahorro
Cuando empezamos a sentir la escasez en casa, lo primero que pensé fue en huir. Veníamos de una racha de buenos ingresos y casi todos los miembros de la familia confiaban en mi buen criterio para manejarlos. Pero yo sabía la verdad, se acercaba una temporada de vacas flacas, pero ellos no se podían enterar.
Decidí entonces sentarme a revisar las cuentas con apremio. Nunca me habían interesado esas formas absurdas de colocar números en columnas, comparar gastos contra ingresos y demás métodos absurdos que reducen los deseos a realidades. Lo mío era soñar, gastar, comprar, contratar y sonreír. Claro está, lo más importante, firmar.
En medio de esta nueva situación recordé la vez que mi hija se acercó a pedirme un aumento de mesada porque, según ella, su “forma de vida” no estaba a la altura de sus amigas; o la vez que mi esposa exigió grito en garganta que debíamos remodelar la cocina porque esas baldosas llevaban más de dos años, y además esos colores ya no se usaban. Siempre les complací sus caprichos, si quieres tener el control de la situación y detentar el poder, lo mejor es tener a cada cual contento y para ello repartir dinero, dar prebendas, ofrecer regalos, efectuar dádivas, es el mejor método.
Al que nunca pude complacer fue a Jorgito, él andaba refunfuñando, casi todos los días, acerca de la forma desordenada de manejar el dinero en la casa. Trataba de influenciar a su mamá, pero ella orgullosa le mostraba su nueva cocina y le decía, deje de joder, mire estos logros. Su hermana un día lo llevó hasta el garaje y le mostró su auto nuevo, para tajantemente concluir: ¿usted cree que le voy a pelear a papá si me acaba de comprar carro? Jorgito tenía razón, pero la complacencia mata la crítica.
Ahora solo tenía una salida, recortar gastos o endeudarme. Si me endeudaba, ellos ni lo notarían, porque podría mantenerles su nivel de vida, un poco trastocado, pero seguro, aunque en el fondo todos sabemos que cuando uno está endeudado, endeudarse más es un oxímoron. Decidí aplazar el préstamo y empezar a recortar.
La primera acción consistió en reducirle a Jorgito su mesada y el dinero para sus taxis, le dije que en adelante debía volver a la buseta o pedirle a su hermana que los acercará al colegio en su lujoso auto. Luego puse bombillos ahorradores en las catorce lámparas de la casa.  Observé con gran preocupación que no necesitábamos empleada para planchar la ropa, por eso decidí no contratarla más y que Jorgito planchara. Peleó tanto que me tocó decirle a su hermana que ella también debería colaborar, pero ante su negativa, decidimos que desde entonces vestiríamos con la ropa arrugada. Jorgito alegó que mejor despidiera mi asesor de finanzas, quien me costaba un jurgo, pero él era quien firmaba, de vez en cuando, el aval de los gastos.
Como el ahorro no era suficiente, decidí cambiar los tapetes por uno más baratos, sacar la vajilla de la abuela y guardar la lujosa Corelle, usar luz de velas después de las ocho de la noche, reducir el tiempo de la ducha a cuarenta segundos, no usar crema dental, volver al frutiño - nunca más frutas para jugos-, cancelar la cuenta de internet y goterear Wi-Fi a los vecinos, entre otras medidas que han venido aceptando estoicamente. Solo Jorgito, de vez en cuando intenta hacer pataleta, pero nunca cuenta con la complicidad de los demás, ellos siguen confiando en mi buena virtud para manejar la casa.
Los fines de semana, mientras tomamos wiski con los amigos, suelen decirme:
 -Eres un genio, en mi casa ya todo estuviera incendiado, mi mujer se habría ido con otro y mis hijos me hubiesen demandado.
Sonrío tranquilo mientras embucho otro sorbo de Jack Daniels y les contesto:
- Después de este angustioso ahorro que recae sobre sus hombros, ellos vendrán a mí, inclusive el fastidioso de Jorgito, a suplicarme que haga un préstamo para superar esta grave situación; entonces les volveré a comprar crema dental, frutas para el jugo, sacaré la vajilla lujosa y reinstalaré internet. Me adorarán.
- ¿Y si debido al préstamo pierden todo?
- Diré que fue culpa de ellos, por sus caprichosos lujosos y su falta de ahorro. ¿No les parece genial?
- Si, genial. ¡Salud!

mayo 02, 2016

LA CULPA ES DE TODOS, LA NUEVA ARGUCIA EN LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA

Carlos Arturo Gamboa B.
¿La crisis ya no existe en la Universidad del Tolima? Creo que todos podrían contestar que sí, ¿entonces por qué no se concretan acciones que conlleven a solucionarla? Después de su reelección, en noviembre de 2015, por fin José Herman Muñoz aceptó la crisis financiera, no lo había hecho antes a pesar de tener ante sus ojos un iceberg de pruebas iguales a las que hundió el Titanic. Sin embargo, sus defensores siguieron jugando en la lógica de “esa tal crisis no existe”; hoy, seis meses después, lanzan un nuevo distractor, la crisis si existe “y la culpa es de todos”. Cuando empecé a escuchar ese enunciado en varios escenarios no pude evitar recordar el poeta italiano Antonio Porchia cuando dijo “Lleve cada uno su culpa y no habrá culpables”. Luego empecé a hacerme preguntas como las siguientes:
¿De qué es culpable el estudiante que se encuentra en el Centro Regional de Mocoa, en Putumayo?
¿Es acaso culpable el graduado que salió hace cinco años y que nunca fue consultado siquiera para elegir el representante de los egresados?
¿Qué culpa en esta crisis carga la señora de servicios generales que siempre nos mantiene aseadas las aulas?
¿De qué es culpable el vigilante que cuida el ingreso en la puerta de la Universidad del Tolima?
¿Es acaso culpable el jardinero que mantiene bien podados los jardines?
El estudiante que sobrevive al inclemente mal económico de la región, que va todos los días a pie a sus clases ¿es culpable de la crisis de su universidad?
Pues acá, como en todos los relatos de la falsedad que se construyen para evitar que los culpables paguen, se busca la ocultación porque con ella se protege al infractor. Los abuelos solían decir, sabiamente, que “a la culpa, sigue la disculpa”, pero si la culpa es de todos, ni siquiera disculpa existirá, menos los culpables; aunque la universidad siga a la deriva.
Ante ese sofisma lo que se busca es unirnos a todos para que ahora aceptemos la necesidad de un préstamo, de cerca de 20 mil millones, para tapar el agujero fiscal que crece como el roto de la capa de ozono, y como todos somos culpables, todos pagamos.
En esa misma línea ahora aparecen temas como que la culpa consiste en haber nombrado profesores de planta, como lo afirma Juan Carlos Ferrero, decano de la facultad de Ciencias de la Salud, cuando las cifras muestran que en los últimos 15 años el aumento de docentes es apenas de un 13 %, lo cual es muy poco si tenemos en cuenta el número alto de retiros por pensiones, que según cifras este año sigue creciendo. Mientras que aumentaron el número de programas y hasta el número de facultades, y tenemos casos como el IDEAD en donde la relación hoy es de 1 profesor de planta por cada 625 estudiantes. Es decir, que el viejo truco de repetir que “la culpa es de todos” parece ser la estrategia para presionar que clamemos por un préstamo para salvarnos todos (incluidos los verdaderos responsables), así sea a costa de hundir más la universidad.
No cabe duda, en todo este drama humano, financiero, académico y descuido de lo público hay unos culpables centrales, el rector José Herman Muñoz y su equipo, algunos de los cuales ya se fueron sin asumir ninguna responsabilidad; hay otros culpables en mandos medios y por supuesto culpables externos, pero eso es muy distinto a meternos a todos en la olla en donde se cuece el caldo de la impunidad.

Por eso, asumo lo que dijo Benavente: “como en las deudas, no cabe con las culpas otra honradez que pagarlas”, y si tan seguro está el rector y su puñado de amigos que la culpa es de todos, que se paren y griten “él que esté libre de pecado de la crisis de la UT que lance la primera piedra”, seguro que recibirán una sonora lluvia de rocas, incluso de las manos de algunos cercanos suyos.

Finalmente, solo me queda una pregunta: ¿De qué son culpables los amigos del rector que ahora salen a decir que todos somos culpables de la crisis?