febrero 12, 2015

CARTA DE PABLO MONTOYA AL RECTOR DE LA UdeA




Debido a lo puntual, sagaz y contundente de esta misiva es primordial que le demos alas. Comparto las ideas aquí propuestas por el escritor Pablo Montoya y aplaudo su escritura que pone en evidencia uno de los grandes males del sector educativo de Colombia: las ansias de eternizarse en el poder de ciertos sectores hegemónicos de las Universidades Públicas, por no mencionar las privadas en donde ha sido tradición. Ojalá el profesorado en general y sobre todo aquellos que se asumen como intelectuales podamos unirnos en torno a tragedias como esta, y como Colciencias, como el MEN y demás arbitrariedades que impiden la construcción de un sistema educativo nacional que nos permita respirar futuro (Carlos Arturo Gamboa).


Medellín, 10 de febrero de 2015

Doctor Alberto Uribe Correa
Rector Universidad de Antioquia

Le escribo estas líneas, no representando a nadie, sino a mí mismo. Pero como usted es el rector de la Universidad de Antioquia y yo soy uno de sus miles de profesores, lo que a continuación digo será, sin duda, asimilado al conjunto de protestas silenciosas o bulliciosas que ha generado su nueva participación, como candidato, en las elecciones de la rectoría de la universidad por el período 2015-2018.

Su actitud, en primer lugar, me genera rechazo y me produce una profunda fatiga y una inevitable sensación de impotencia. Con su deseo de querer perpetuarse en el poder, veo un comportamiento inapropiado que ha sido constante en la vida política colombiana y latinoamericana desde que estas naciones existen. Con su actitud, aparece una vez más la evidente presencia de una pesada y fantasmal maquinaria política que lo ha respaldado y quizás lo instalará nuevamente en el cargo de rector de la Universidad de Antioquia.

No quiero tocar las causas que lo han llevado a querer ser por cuarta vez el máximo dirigente de nuestra institución. Solo quiero manifestarle algunas consideraciones, más personales que otra cosa, para que, al menos en la soledad de su conciencia, las tenga en cuenta. No piense que su candidatura me ha provocado la impresión de que usted es un hombre infatigable e invencible y digno de admiración. Al contrario, lo que concluyo de usted es que es un político con suficiente sed de poder como para que impida que surja el humanista transformador, y no el científico tecnócrata, que la universidad urge para enfrentar estos difíciles tiempos actuales.

¿No le basta con haber dirigido la universidad durante nueve años? ¿No cree que ya es tiempo que usted descanse y nos permita a nosotros la posibilidad de otra opción? ¿No cree que la universidad es un espacio comunitario en el que es fundamental que las nuevas generaciones tomen las riendas de su administración? La universidad es un ser vivo que quiere sentir que respira nuevos vientos. Pero usted, con su permanencia en el poder, le niega esa sensata esperanza. Por lo demás, no tengo nada que reprochar a la vejez, aunque sí creo que los hombres de su edad, en los ámbitos universitarios, deben retirarse del ruedo en el momento indicado y dejar que las nuevas generaciones tengan su espacio para intervenir. De cualquier manera, usted con su actitud no representa la sabia y respetable vejez, sino el cansancio de lo ya hecho y la continuidad de un sistema en cierta medida caduco. ¿En verdad no lo asalta por un instante la idea de que ya es hora de que la universidad cambie de faz y se proyecte al presente con un rostro más dinámico y una mentalidad más diferente y audaz?

Sin duda usted ha hecho cosas positivas por la Universidad de Antioquia, pero no soy de aquellos que andan pregonando las virtudes de los poderes políticos y académicos. Ese es un papel que nunca me ha correspondido ejecutarlo, ni como profesor, ni como escritor, ni como intelectual. Más bien, ante las supuestas virtudes del poder político y académico que usted y los suyos representan, levanto los hombros con incredulidad. La educación colombiana, la de América Latina y la del mundo de ahora me despiertan una profunda desconfianza porque ella, entre otras cosas, se ha entregado sin pudor a las ambiciones voraces de un mundo empresarial que en vez de aliviar nuestras atmósferas y empujarlas hacia una suerte de enriquecimiento cognitivo los ha enrumbado hacia una competitividad desoladora y aplastante.

Pero este no es el espacio para que entremos en este tipo de discusiones. Yo tan solo me he acomodado en estas breves líneas para pedirle el favor de que recapacite y tome la sana y lúcida decisión de retirarse. Trate de descansar un poco, que bien merecido se lo tiene, y déjenos respirar, aunque sea ilusoriamente, la posibilidad de que la rectoría albergará a alguien diferente a su nombre, a su apellido y a su comportamiento político y académico.

Cordialmente,

Pablo Montoya Campuzano
Escritor -Profesor titular de literatura
Facultad de Comunicaciones
Universidad de Antioquia

febrero 04, 2015

SER PILLO PAGA



Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Cansados de las políticas populistas del gobierno de Santos, un nutrido grupo de notables colombianos ha decidido implementar el programa “Ser pillo paga”; esto con el fin de contrarrestar esa seudopropaganda que invita a los colombianos más pobres a estudiar mediante becas, que quizás no sean becas, pues si se retiran podrían quedar sin título y endeudados hasta la médula. ¿Se imaginan ustedes lo que le puede suceder a un provinciano regresando a su tierrita después de cuatro semestres en Bogotá? ¿Cuántos años durará pagando su deuda? Esto podría convertirse en el UPAC de la educación, teniendo en cuenta que los índices de deserción alcanzan el 42 %, y crece…
Por eso debemos apostarle a lo que mejor sabemos hacer: ser pillos. La historia de Colombia demuestra hasta la saciedad que el mejor camino es delinquir, por eso la corrupción es la carrera predilecta para el ascenso social. Ya “Uribito” Arias demostró que se pueden dar becas como las de Agroingreso Seguro para los latifundistas amigos y la inversión ser ve reflejada a corto plazo en las urnas. No toca esperar cinco o más años para que los egresados salgan a montar un café internet o a manejar taxi.
Igual que los estudiantes de ese otro programa populistas, nuestros participantes se inscribirán en las Universidades acreditadas, o ¿creen que Uribe, los Nule, Samuel Moreno, Sabas Pretelt, Londoño y los demás cientos de prohombres se hicieron en las Universidades de provincia? NO, ellos se formaron en las mejores universidades del país, y hasta se posgraduaron en el exterior, ahí está la evidencia de la necesidad de estar acreditados. Además, muchos hicieron pasantías en los Concejos Municipales, en la Cámara de Representantes y en el Senado, espacio propicio para unir teoría y práctica.
Claro está que toca estar prevenido ante las deserciones, porque si en las universidades el porcentaje crece, en nuestro programa puede ser letal. Las últimas estadísticas muestran que muchos desertan cuando vienen las “pruebas finales”, y huyen a Panamá, EE.UU, o cualquier lugar del mundo a donde la “justicia pedagógica” no los alcance. A este ritmo tendremos deserción del 99 %, solo quedará en el programa un abogado de esos que se formaron en las universidades “acreditadas” y presta su honorable servicio a los “pillos”.
Ante la iniciativa, ya se han inscrito varios “maestros” insignes de Colombia a orientar cursos, seminarios y programas dentro de la propuesta “ser pillo paga”, entre esos tenemos:
Seminario “El derecho a la impostura”, orientado por Luis Carlos Restrepo
Diplomado “Las obras civiles, una oportunidad de negocio”, dirigido por Samuel Moreno
Programa “Ciencias Agropecuarias aplicadas al campo de los amigos”, dirigido por Andrés Felipe Arias.
Maestría “Ciencias ocultas”, acreditada por el asesor espiritual de Zuluaga, Luis Alfonso Hoyos.
Seminario “Cómo desbordar la inteligencia”, orientado por María del Pilar Hurtado.
Cátedra “Michel Foucault, el poder deber ser eterno”, diseñada y dirigido por Álvaro Uribe Vélez
Diplomado a dos voces “Matar, rematar y contramatar”, a cargo de Mancuso y El Alemán.
Cátedra “La importancia de ser honesto”, creada por Fernando Londoño.
Seminario de nivelación “El Twitter y otras formas de la política”, liderado por el egregio Uribe.
Curso vacacional “Un temporada en Melgar”, ofertada por el Ejército Nacional.
Con esta nutrida oferta de-formación, el futuro del país está garantizado, eso sí toca aprender inglés para poder entender las órdenes que llegan del norte. Inscríbase ya, porque en Colombia, SER PILLO PAGA.

enero 29, 2015

EL FRANCOTIRADOR: ODA AL ENFERMIZO HÉROE NORTEAMERICANO

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
William Munny, el personaje que interpretó Clint Eastwood en ese clásico del Western que se tradujo al español como Los imperdonables, (The unforgiven) es un asesino atormentado que carga el peso de sus disparos, y en uno de sus momentos estelares nos suelta esta reflexión: “Matar a un hombre es algo muy duro, le quitas todo lo que tiene y lo que puede tener". Esa conciencia de quien arrebata una vida es la que nunca aparece en la película El francotirador (American Sniper), basada en libro autobiográfico de Christopher Scott Kyle, un soldado norteamericano que posee el horrendo record de ser el culpable de 255 muertes, aunque algunos se lamenten de que el Pentágono solo le reconozca 160. Esta película fue dirigida por Clint Eastwood y ha sido un éxito taquillero de inicio de año.
La película no se asoma ni por un instante en cuestionar la guerra de fondo, que no es otra que la cruzada que emprendió Bush en Irak, después de los atentados del 9-11. Lo que el director nos muestra es un exacerbado patriotismo que lleva a un hombre a sentir que matar enemigos es proteger sus tierras, su familia, su orden establecido. Para ese soldado los otros no son seres humanos, el mismo Kyle en vida real dijo en una entrevista: “La primera vez ni siquiera estás seguro de que puedas hacerlo (matar). Pero yo no estaba allí mirando a esas personas como personas. No me preguntaba si tenían familia”. Estas afirmaciones y otras más polémicas que se acumularon luego de su retiro no aparecen en la película, solo se le da campo a su hazaña la cual incluye matar un niño y una mujer, escena que se une magistralmente a una toma de su infancia cazando venados; con ello se resume la idea de la película, porque para Kyle cazar enemigos (árabes) no es más que un acto de una mente obediente que responde a la idea del orden que jamás será cuestionado. Matar es su oficio, y él lo hace a la perfección. Además habita un mundo en donde será premiado por ello.
Clint construye una oda a ese patriotismo enfermo estadounidense que tantas vidas le ha costado a la humanidad, una oda llena de rifles y banderas, sin discursos, sin remordimientos, sin pestañeos de ética. Esta película reconstruye el héroe americano y solo una sociedad en donde se idolatran las armas puede elegir como héroe a un hombre cuya gran virtud es haber acabado con tantas vidas humanas; y luego se aterran de los árabes y los llaman fundamentalistas.

La cinta ha recibido críticas a favor y en contra. Los conservadores de la línea dura republicana deben estar muy satisfechos con Clint Eastwood por volver a poner la imagen del gran patriota en la pantalla y avivar el deseo de guerra que siempre les habita. Por su parte personas como el director Michael Moore han salido en su contra porque no admiten que se glorifique el nombre de alguien tan controvertido. En la redes sociales se ha banalizado el tema de la película y se ha centrado más en “evidenciar” que en algunas tomas aparecen bebés de plástico. La cinta que está nominada al Oscar como mejor director y mejor actor principal (Bradley Cooper), es un película que debe ser vista para entender un poco más por qué los norteamericanos aman la guerra y se glorifican cuando lanzan bombas, aunque al verla debamos soportar con estremecimiento la ausencia de humanidad de ese soldado texano, quien coleccionaba cadáveres en Ramadi y Bagdad para que luego el gobierno a cambio le diera medallas. 

enero 27, 2015

CONVOCATORIA: #elsalmonsomostodos

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
La revista contra-cultural El Salmón Urbano es una publicación surgida de distintos escenarios del pensamiento crítico en campos tan diversos como los movimientos estudiantiles, la cultura, las artes, la política y la vida académica. Durante cerca de dos décadas le ha aportado, inicialmente al contexto de la vida de la Universidad del Tolima y la ciudad de Ibagué y luego al país, reflexiones en torno a un sentir de los diversos, los del común, los de abajo, los que no tienen voz, los acallados, los sin techo, los sin pluma, los que escriben en los bordes de las paredes de la ciudad, los que navegan en la dirección distinta del sistema; pero sobre todo los que tienen algo que decir para la construcción de otro país.
Así mismo, la revista El Salmón Urbano en sus 23 números impresos, en sus múltiples actividades culturales, en sus publicaciones virtuales y en sus espacios de reflexión, ha contado con la participación de distintos sujetos: estudiantes, campesinos, músicos, artistas, académicos reconocidos, escritores, intelectuales, líderes de movimientos sociales, entre muchos más. Por ese motivo, hoy cuando en Colombia se habla de “desacelerar el conflicto”, grupos de extrema derecha, reunidos bajo el mote de Águilas Negras, han decidido “acelerar sus acciones” y pretenden acallar este espacio alternativo surgido en las mismas entrañas de la Universidad del Tolima, pero que hoy dialoga con el país en la búsqueda de la paz, la igualdad social y la transformación cultural, educativa y económica.

Por esta razón, y sabiendo que en estos largos años son muchos los intelectuales, académicos y artistas que hemos expresado nuestras ideas en la revista, estamos convocado a que nos unamos a la convocatoria #elsalmonsomostodos, la cual consiste en participar en la próxima edición impresa de El Salmón, cuyo tema central es “La guerra y la paz en Colombia”. La idea es muy sencilla pero profundamente solidaria: escribiremos una o dos cuartillas sobre el tema y sus concomitantes, lo remitimos antes del 15 de febrero al correo: elsalmonurbano@gmail.com. Los textos serán publicados en el número 24 de la revista y con esto enviamos un mensaje a quienes mediante las amenazas y la muerte quieren impedir nuestro sueño colectivo y multitudinario de una Colombia distinta, porque cuando nos quieren acallar es necesario gritar que EL SALMÓN SOMOS TODOS.

enero 25, 2015

DEUX JOURS, UN NUIT: BONOS DE INSOLIDARIDAD

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Richard Senett acuñó una expresión para esa ausencia de criterio y autonomía laboral tan propios del trabajador esclavo del capitalismo actual: “corrosión del carácter” lo llama. Nos más había visto unos 15 minutos de la película Dos días y una noche (“Deux Jours, un nuit”) cuando ya ese concepto de Sennett rondaba mi cabeza. Es que los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne nos presentan un drama cotidiano de la vida laboral de occidente, tan cercanos a los nuestros que por momentos nos sentimos involucrados hasta la médula en el film.
La historia es sencilla: Sandra debe convencer a sus compañeros de trabajo que al lunes siguiente voten a favor de que ella se quede en el empleo; la otra opción es que ellos reciban un bono laboral por valor de 1000 euros. La película empieza con la escena en donde la protagonista contesta la llamada de una compañera quien le informa que la decisión ya fue tomada y, por mayoría, decidieron recibir el bono. Solo dos compañeros sacrificaron el dinero para impedir el despido de Sandra, una mujer con un hogar típico de clase media cuyo equilibrio económico dependen exclusivamente del ingreso laboral. Sin embargo, debido a una presión del supervisor, algunos compañeros votaron en contra, por eso el jefe accede a repetir la votación. Sandra tiene dos días y una noche para convencer a los demás empleados de que es más importante la solidaridad que el dinero; pero también es el tiempo para emprender una lucha consigo misma y así poder superar una depresión que la atenaza y por momentos le hace sentir culpable de todo, como si ella fuese la única responsable de todo el desequilibrio del sistema.
De esa manera, la protagonista realiza un breve periplo que nos muestra al mismo tiempo su desesperación por no perder el empleo, la mezquindad de un mundo laboral que arroja a los sujetos a la ignominia del consumo, la búsqueda de la solidaridad y la vergüenza del mundo actual en donde los sujetos econo-dependientes se debaten entre asumir un comportamiento ético o jugar en el mercado de la supervivencia.
Al final el sistema queda intacto, aunque es altamente cuestionado. A pesar de los dramas que suscita el hecho de la pérdida de un empleo, la empresa debe sostener la productividad, debe reducir puestos y los sujetos solo son marionetas de esa letal forma de administrar el esfuerzo humano. Nos queda entonces la idea de que esas pequeñas luchas solo son escenarios propicios para recordar que, aunque no parezca, existe una dimensión llamada “ética”, que la solidaridad también nos ha sido arrebatada y debemos salir a recuperarla, y que luchar contra ese mundo sometido en donde todo es mercancía, es apenas una apuesta realizable desde los márgenes, porque el espacio de lo humano ha sido ocupado por el dinero.

No está demás decir que la actitud solidaria final de la protagonista, es apenas un aleteo esperanzador en medio de la crueldad cotidiana del mundo laboral capitalista, que por ser cotidiano no deja de ser bárbaro. Invito a ver esta bien elaborada película y sobre todo a reflexionar sobre las posibilidades de la solidaridad, un valor imposible de comprar con bonos laborales.

enero 14, 2015

TODO ESTÁ EN CONVULSIÓN

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Todo está en convulsión, la temperatura sigue en aumento y es imposible dormir. Y mientras te regodeas en la cama el mundo avanza hacia su colapso. El planeta es como un cubo de azúcar que naufraga en un gran plato de agua, mientras encima de él, millones de hormigas nos disputamos sus pedazos. Todo parece indicar que el siglo XXI ya necesita una guerra de dimensiones desastrosas, como hace cien años cuando germinaba la primera. Es que cada inicio de siglo trae su angustia por la supremacía y Scorpions nos engañó, aquí en los noventas no empezó a soplar ningún wind of change.
De todas partes llegan noticias. Balas teledirigidas asesinan a varios caricaturistas por burlarse de los dioses, esos mismos que Nietzsche dio muerte y de los cuales Hawking busca pruebas científicas de su deceso. Pero aún por el planeta rondan hombres haciéndose llamar mensajeros o representantes de esos dioses, y van por los pueblos como posmodernos Melquiades vendiendo cachivaches esotéricos. Estampitas de Alá, Buda, Jehová, Mahoma y demás invenciones humanas siguen siendo las mercancías preferidas ante el fracaso de la humanización. Y en medio del delirio y el dolor todos se hacen llamar Charlie Hebdo. El transeúnte desprevenido, el periodista liberal y el negociante de pautas, el asesino de cuello blanco, el francotirador a sueldo, el académico encerrado en su biblioteca, el fabricante de bombas, el traficante de uranio, el proxeneta de niñas, el escultor de barrio, el presidente de la nación, el ladrón del suburbio, todos son uno solo ante la barbarie, todos se acongojan y señalan a un culpable, olvidando el aporte individual a esa orgía que consume el mundo. Parece ser que lo único que nos hace iguales es la contribución individual a la decadencia del mundo.
Mientras tanto los hacedores de dioses siguen tranzando con la vida e inventando nuevas formas de adoración a las cuales dieron en llamar “bolsa de valores”, “mercado”, “acciones”. Estos nuevos dioses sin rostro esclavizan almas para construir imperios, igual que en la antigüedad. Y en medio de esas vociferaciones Piketty nos recuerda lo que Marx hace muchos años nos dijo: la desigualdad crece, la lucha de clases está viva. Por eso el petróleo y el oro son objetos preciados y la vida humana no cotiza bien. Se pueden bombardear naciones con el fin de fortalecer las arcas de una nación, ese es el gran proyecto humano por lo cual todos deberíamos ser tildados de fundamentalistas del capital. La polarización del mundo crece y pronto será menos angustioso ser un cadáver que un sobreviviente.
La temperatura aumenta un grado más. Un oso polar gime a lo lejos. Siguen llegando noticias, pero inevitablemente no podemos dormir porque lo único cierto es que el planeta es como un cubo de azúcar que naufraga en un gran plato de agua, mientras encima de él, millones de hormigas nos disputamos sus pedazos. Todo se deshace lentamente…

enero 01, 2015

UNO SABE QUE ESTÁ EN IBAGUÉ PORQUE

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Para los turistas que por estos días nos visitan o para quienes la nostalgia o los familiares los traen de vuelta a la tierrita, quiero hacerles una breve lista de chequeo para que no se pierdan en la Ciudad Musical. Uno sabe que está en Ibagué porque:
Encuentras una fila de taxis en el terminal de transporte, pero cuando vas a abordar uno el chofer le dice: “mijo yo no tengo bodega pa esas maletas”, y así recorres toda la fila sin que nadie te lleve.
En la esquina ves un parche de adolescentes aindiados, comiendo lechona y con camisetas de nacional, hablando a lo mero ñeri-paisa, como nunca lo hacen los verdaderos hinchas del verdolaga.
Te topas con un policía bachiller whasapiando y cuando le preguntas algo sobre la ciudad, te piden papeles.
Vas en una buseta que para en todas partes a recoger pasajeros, pero cuando timbras para bajarte te deja donde a él se le da la gana.
Cada tres pasos encuentras un arrume de basura, un perro escarbando y un chulo mirando.
El número de huecos en las calles es proporcional al número de políticos corruptos, con el agravante que los primeros se podrán reparar algún día, los segundos parecen eternos.
Son más decentes los indigentes que los transeúntes de la tercera.
Si te acercas demasiado a una señora encopetada a preguntarle algo, te pude dar con el bolso en la trompa, sobre todo si tienes pinta de jipi.
Si vas a las plazas de mercado podrás degustar la mejor comida típica, aunque con el siempre indeseado desorden y malos olores de los desechos.
Si saludas a un anciano en la calle, él te responderá.
Podrás encontrar asaderos de pollo por todas partes, pareciera que el plato típico del Tolima fuese “pollo asado”.
Habrá muchos lugares a dónde ir, pero nadie sabrá cómo. La mayoría de los habitantes ni siquiera saben que tenemos lugares turísticos.
Si quieres perderte lo mejor es preguntarle a un policía o a un taxista.
Tendrás que bañarte con totuma en el patio de la casa porque el agua la cortan si llueve mucho o si hace mucho verano; es decir: siempre.
Te dirán que estás en la Ciudad Musical, pero si quiere escuchar música en vivo (de cualquier género) tendrás muy pocas opciones; casi ninguna.
Podrás visitar un hermoso parque llamado Centenario, el orinal más grande del planeta.
Escucharás a menudo un mito urbano sobre la existencia de un alcalde bueno para la ciudad, eso pertenece al tiempo histórico, quizás precolonial.

Al final querrás volver porque la gente del común es comprensiva, no anda por ahí repartiendo machetazos como alguien de afuera pensaría, si acaso te darán guaro hasta emborracharte y pintarte la cara con labial, y si te acuestas virgen amanecerás…bueno, amanecerás.

diciembre 05, 2014

NI EL OLVIDO NOS DETENDRÁ



Por: Carlos Arturo Gamboa B.
“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa; el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar”
 Horacio Verbitsky
Mientras el aparato militar estatal se resiste a construir escenarios de paz, pues la guerra siempre será más lucrativa, y el “uribismo recalcitrante” (expresión redundante) se va de gira por el mundo para conversar con los señores de guerra, en Colombia el proyecto paramilitar sigue vivo y creciendo…
Por su parte los medios de comunicación privados siguen plegados a los discursos oficiales, tapando muertos con farándula, haciendo eco de la economía depredadora, interesados más por lo que pasa en Venezuela que por las atrocidades diarias que azotan las mayorías en Colombia, viendo la paja en ojo ajeno y desconociendo la viga que los enceguece.
Pero los medios alternativos cada día toman más fuerza, porque dicen la verdad, muestran ese “realismo sucio” que nos agobia. Destapan las ollas podridas de la corrupción. Evidencia el crecimiento de la desigualdad. Denuncia las locomotoras depredadoras de la minería y los proyectos energéticos que consumen nuestros territorios. Se erigen como voces de lo común, de la mayoría, por eso se tornan peligrosos, por hacer periodismo de verdad.
Y Colombia sumida en la oscura noche de la sangrienta historia, se ve frenada a la transformación social por esa élite egoísta y mezquina, élite que aceita la maquinaria paramilitar, la cual nunca se desactivó, algo que el uribismo y sus “ciego seguidores” no quieren recordar.  Hoy deambulan por todas partes, el ruido de sus motosierras aún despierta las noches rurales, el tronar de sus fusiles horrorizan las calles de las ciudades, mientras el dinero de las multinacionales aceita su devenir. Colombianos a sueldo que se ensañan con otros colombianos quienes desean un futuro mejor para sus hijos. Hijos de Caín que siguen matando a Abel. Ciclo del horror.
Porque esa minoría del poder tiene miedo a que el país se transforme en uno más incluyente, más democrático, más equitativo, menos entregado a los depredadores del mundo, más educado, más justo y con mayor futuro, es que sigue alentando a los mezquinos de las sombras, derruidores de sueños.
Ahora han emprendido un plan de amenazas contra el pensamiento transformador, porque saben que su turno se termina, que el tiempo de la esperanza en Colombia se asoma en la esquina de la historia; por eso se ensañan contra todo el que desee “decir la verdad”. El denominado Bloque Capital “Águilas Negras” ha emprendido este “trabajo sucio” y mediante panfletos intimidan a los colectivos de comunicación alternativa, acusándolos de ser servidores de los grupos alzados en armas, vieja estrategia del terror que encarnó Uribe cuando gritaba a los cuatro vientos que todo aquel que pensara diferente era “terroristas de las far…”. No reproduciré las palabras de ese panfleto intimidatorio, porque hacen parte del inventario de horrores que debemos curar. Solo nos queda la solidaridad, la noche es oscura, pero no es eterna. Resistiremos y seremos la generación que por fin cambió la historia de barbarie.
A todos los colectivos amenazados el profundo abrazo solidario e invito a una campaña nacional para evitar que los buitres vuelan a poblar nuestras esquinas. Al colectivo cultural El Salmón, al colectivo Techotiba, a la Galería de laMemoria, al Periódico el Turbión, al Canal Capital, a Kinorama, MarchaPatriótica,  y a cada uno de los señalados por tener sueños distintos al del fracasado sistema, el aliento y la fuerza para resistir este nuevo embate. Este es el tiempo de la transformación, ya ni el olvido nos detendrá.