abril 09, 2011

Y DESPUÉS DE CAMINAR, ¿QUÉ?


Por: Carlos Arturo Gamboa

Alienta ver los ciudadanos transitando asfalto, defendiendo los escasos derechos que aún no han sido devorados por la máquina del capital. Alienta el sentido mismo de la vida, los colores, las consignas, los sueños de la juventud. Al final, cuando todos han regresado a sus lugares, el silencio ulterior a la protesta nos hace preguntarnos: Y después, ¿qué?
En Ibagué caminaron los estudiantes de la Universidad del Tolima, algunos profesores (quizás los que no han sido encantados por las sirenas del seudo-mundo académico), los estudiantes de los colegios que añoran algún día ingresar a la universidad, pero que saben muchos fracasarán en sus intentos. También caminaron algunos transportadores denunciando la precarización laboral a la que son sometidos y los habitantes del barrio Castilla a quienes el gobierno local les incumplen, los pensionados con sus dramas y los desprevenidos. La ciudad camina, se desplaza, va a los centros de poder, vitaliza el ritmo de sus sueños y en masa exige respuestas. El problema es que el poder es sordo, no es interlocutor del pueblo, duerme bajo el influjo de su insensatez. Y después, ¿qué?
Los noticieros hacen sus balances superfluos, confunden protesta con terrorismo, a las víctimas con los victimarios, a los sueños de cambio como obstáculos al desarrollo. Los policías llegan sudorosos a sus casas porque lograron contener los “revoltosos”, sin entender que muchos de sus hijos necesitan la universidad que ellos no entienden. Los ESMAD blanden orgullosamente sus maquinitas de represión. El mundo girará igual. Y después, ¿qué?
Después pensar, para volver a caminar. Los cuerpos que se mueven alteran el ritmo del mundo de la vida, le impregnan otra sinfonía al derrocado planeta de los sin rostro, de los sin voz, de los sin parte. Pero el pensar deber ser paralelo al caminar, quien camina a la deriva es un zombi, quien camina bajo el influjo del pensamiento, es un ser que transforma sus pisadas y le propone al mundo otras posibilidades.

abril 07, 2011

INNOVAR PLAGIANDO, INVESTIGAR MENDIGANDO: MENTIRAS, SIMULACROS Y TRUQUITOS

Por: Carlos Arturo Gamboa
¿Qué balance puede hacer un participante al foro internacional de educación superior, realizado los días 5 y 6 de abril en Bogotá? Más allá de cifras que ocultan discursos, de discursos que esconden cifras, de modelos que invitan a la innovación y apenas logran ser copias borrosas de un paradigma macro que se duplica en el mundo, de los mismo viejos problemas de la educación superior que se pretenden solucionar desde el escritorio de algún burócrata viejo o un nuevo tecnócrata; más allá de ese gigantesco lugar común, parece existir sólo un vacío, que debe ser llenado por el mundo del saber, pero que ahora está copado por el mundo del mercado.
Una propuesta de reforma ambigua, como sus diseñadores, se pretende vender al mejor estilo de tele-marketing, usando personajes impostados, traídos de lejanas tierras, porque creen que a los colombianos aún nos sorprenden sus espejos de colores. Muchos discursos y un solo dios verdadero, el mundo del gran consumo, ahora con ganas de penetrar las profundidades del saber, para extraerle la esencia y convertirlo en bonos transables en la bolsa, eso es todo; lo demás formas paródicas de lo mismo. Y esos personajes, puestos en la escena exótica de un país por donde circulan Volkswagen y zorras tiradas por famélicos caballos por el mismo carril de la autopista, apenas pueden medio inferir que lo hecho es parte de la venta de sus servicios educativos, su gran contribución desde la sociedad del conocimiento al desarrollo tercermundista. Luego abordarán sus vuelos y apenas recordarán que existe un lugar del mundo llamado Colombia, en donde los dueños del mundo quieren seguir cosechando sus larvas.
Mentiras en subasta, simulacros alejados de nuestras realidades, truquitos del mercado, diapositivas en serie, unas tras otras, mostrando el mundo ideal de una reforma, que no es tal, sino un cambio profundo de la concepción de universidad, que en muchas partes ya es un hecho y que busca legalizar el concubinato de universidad y mercado, porque a la pobre universidad pública ya se le nota mucho la preñez. Mentiras, dicen que la universidad con ánimo de lucro no es privatización, ahora resulta que el mundo económico descubrió nuevas formas de capital, porque a estas empresas privadas que entrarán al mundo de la universidad no les interesa la rentabilidad, no subirán precio del “servicio educativo”, (ni para qué recordar que era un derecho), no afilarán los currículos para su beneficio privado, sólo serán unos señores altruistas, sin rostro y donantes de desarrollo. ¿Alguien quiere voltear su mirada hacia lo que antes era la salud pública y descubrir la misma lógica? Simulacros, que el Estado entiende la importancia de la educación superior, pero la pobre viejecita no tiene para invertir en la potencia del desarrollo de un país, entonces toca llamar a los hermanos de la caridad del gran capital para que hagan ese esfuerzo; y ¿de dónde entonces salen los dineros para sostener la política de la guerra y de la corrupción? Truquitos del mercado, que las multinacionales que llegarán a invertir en investigación son los prohombres del futuro, que aportarán a los índices de desarrollo de la región, que harán que nuestras universidades ingresen al ranking mundial; pero olvidan contarnos que ellos están socavando nuestra riqueza, depredan nuestros recursos y además ahora nos van a comprar en cómodas cuotas nuestro saber.
Y así, entre cuenteros coreanos, deslucidas parisinas, despistados colombianos y paquetes chilenos, la función deja una lección: que no hay peor ciego que los que no quieren ver. La llamada reforma es un embeleco que no puede ser creída ni por la Ministra María Fernanda Campo, cuyo cyborg-discurso es siempre el mismo, así las preguntas y los escenarios cambien. Detrás de este nuevo intento por sodomizar la universidad pública, no hay más que la continuación de un proyecto de país pensado desde los cafetines de Miami, otra imitación histórica y otra negación a construir desde nuestras realidades, nuestros sueños, necesidades y fortalezas. La muletilla es la misma, la de la Ministra durante sus casi dos horas de diapositivas, “por último pero no menos importante…” Si, por último la estocada final al bravo toro de la educación pública.
Foro abierto a puertas cerradas e imposibilidad de confrontación, cada vez que alguien rompía el protocolo, la policía ingresaba lenta y sigilosamente, como cualquier estrategia de mercado, y se hacía al lado del “sospechoso” participante, es decir alguien que no se tragaba los cuenticos chinos. ¿Esa será la lógica del debate nacional? Quizás por eso Nyet Ngo Lee, (UNESCO) no se atrevió a desarrollar esas críticas que dejó en punta sobre la responsabilidad social de la educación, el acceso democrático y la equidad, pero es que uno viniendo de Malasia, no puede arriesgarse a ser rodeado por un pintoresco grupo de uniformados quienes tienen claro, igual que muchos señores del gobierno, que la educación superior lo que necesita es más control y poca inversión.
Al final un panel en donde los participantes intentaron desnudar lo ladino de la propuesta, pero que sólo servirá para anunciar que la comunidad académica ya fue escuchada, el cinismo en sus apogeos. Innovar plagiando, investigar mendigando, bienvenidos al futuro, decía otro presidente que hoy es recordado como unos de los primeros en entender que la soberanía es una marquilla comercial. Afortunadamente los universitarios de verdad (no los gestores del capital) entendemos que una nueva argumentación es posible y que las fórmulas del capital no alientan nuestras profundas enfermedades, a ellos sólo les interesa el copago que les pueda generar la educación.

abril 04, 2011

UN ESTADO CANALLA MUY SANTO


Por: Jorge Gantiva Silva
Editorial de la Revista Izquierda. No. 10 (abril 2011).
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A diferencia de quienes simulan una paz nacional, un nuevo estilo y un nuevo ambiente por parte del gobierno del presidente Santos, hoy el país no parece recuperarse de la horrible noche a la que ha sido sometida por la violencia y la corrupción. Más allá de la maquinación santista, el desangre entre los colombianos continúa; la filtración y el control de las mafias, de la parapolítica y de los carteles de la corrupción convierten a Colombia en un estado canalla que ha socavado profundamente el ya precario Estado social de derecho, y sigue postergando la posibilidad del bienestar y la prosperidad, el respeto de los derechos fundamentales y la dignidad de los colombianos. Al Estado colombiano no le fueron suficientes sus victorias militares; sino que ahora se empeña en completar su estrategia eliminando derechos, conquistas sociales, territorios ancestrales, privatizando el agua, los recursos naturales, la educación pública; acompañada de una nueva ola de violencia contra comunidades, líderes sociales, jueces, periodistas, defensores de derechos humanos, víctimas de los crímenes de estado. Este ambiente santista no deja de sorprender al mundo democrático, pese a la “santurronería angelical” de querer pasar gato por liebre con la simulación de la conciliación y el consenso nacional. Este mes que acaba de terminar ha sido particularmente tenebroso. El asesinato de la jueza en Saravena, Gloria Gaona, es un crimen que avergüenza a Colombia ante el mundo; el asesinato y la violación de niñas y niños; la desaparición de varios líderes sociales, la eliminación física de dirigentes de las Comunidades de Paz, la muerte de campesinos que reclamaban la devolución de sus tierras, el ataque sistemático al movimiento de las víctimas de los crímenes de Estado, son manifestaciones reales y concretas del estado de excepción permanente en el cual vive Colombia. El país sigue ocupando el nada honroso primer lugar del mundo por el desplazamiento forzado, que supera la cifra de 5.000.000; el asesinato, las amenazas y el destierro de sindicalistas alcanza también la cima del ranking mundial. El informe de la Fiscalía General de la Nación reporta que en los últimos lustros se registraron unos173.000 asesinatos por parte de fuerzas (para)militares. La ONU acaba de señalar el incremento de las masacres cometidas por grupos criminales, comprobándose la participación de miembros de las fuerzas armadas del Estado que pasaron de 27 en 2009 a 38 en 2010. En las dos décadas de la Constitución de 1991, la cifra de desaparecidos sobrepasa los 250.000. A la fecha se han encontrado unas 300 fosas con restos de personas asesinadas por paramilitares y fuerzas armadas; la situación de violación de los derechos humanos y la cantidad de presos políticos en Colombia que alcanzan los 7.500, evidencian el carácter demofascista de la democracia colombiana.

El Estado canalla cuenta además con una cualidad particular: la corrupción. Solo en el gobierno de Uribe, la corrupción alcanzó topes inimaginables en instituciones como Agro Ingreso Seguro, las empresas prestadoras de salud, el Banco Agrario, la DIAN, el Incoder, el departamento de estupefacientes, la Superintendencia de Notariado y Registro. Son solo algunas manifestaciones del gran carrusel de la corrupción, el robo de los dineros públicos, sin contar el crimen de cuello blanco en los gobiernos regionales, el reparto de las regalías, el abuso y robo en varias universidades e institutos gubernamentales. Según la encuesta de Gallup, 63 de cada 100 colombianos piensan que en materia de corrupción el país va muy mal. De acuerdo con The Economist, Colombia quedó como el segundo, de un total de ocho países, en materia de fraude; e indicó que el 88 por ciento de los ejecutivos encuestados manifiestan que sus empresas están expuestas al incremento del fraude. Colombia que pretende celebrar los 20 años de la Constitución, dista mucho para merecer el calificativo de democracia viable y respetable. Se mantiene en pie en virtud del apoyo financiero y militar del Imperio, de las jugosas ganancias de las empresas transnacionales y del poder plutocrático que juegan con el destino de un pueblo que se resiste ante el oprobio y la indignidad, que lucha por la vida y sus derechos, defiende la vida y el patrimonio público de la nación, de la salud, de las empresas estatales fundamentales para el bienestar de los colombianos, los territorios, la educación y la universidad pública.

marzo 23, 2011

NUEVO DICCIONARIO UNIVERSITARIO









Por: Carlos Arturo Gamboa
ACADEMIA                                        Antigua forma del saber, desaparecida por inanición.
BARES ALEDAÑOS                           Lugares en donde más se habla de universidad.
CATEDRÁTICO                                  Persona que trabaja en lo que DANE llama el sub-empleo.
CERTIFICACIÓN                                Diploma que le dan a las universidades por saber mentir cuando llegan las visitas de los pares.
CLASE                                                   Tedioso espacio que sucede entre tintos.
CONACES                                           Grupo de personas a quienes les pagan por condicionar las universidades a un estándar, mientras olvidan los problemas reales.
CONOCIMIENTO                             ¿Conocí?,  miento…
CURRÍCULO                                      Acumulación de dudas, mentiras y falacias, que sirve para diplomar expertos en lo mismo.
DECANO                                             Alguien designado para que maneje la facultad durante un decenio.
DIPLOMA                                           1. Papel de cartón que le dan a un estudiante por haber cancelado en cómodas cuotas su derecho a la mediocridad. 2. Elemento de bisutería que normalmente se cuelga para aparentar un saber.
DOCENCIA                                         1. Oficio que realiza un soñador. 2. Oficio que se confunde cotidianamente con trasmisión.
ESTÁNDAR                                         Medida de acumulación de conocimiento para cerebros menores.
ESTUDIANTE DISTANCIA             Extraño personaje que trascurre su tiempo adolescente tratando de evitar su doloroso presente laboral.
ESTUDIANTE PRESENCIAL           Extraño personaje que trascurre su tiempo adolescente tratando de evitar su doloroso futuro laboral.
FACULTAD                                         Sumatoria de muchos estudiantes, pocos profesores y varios programas.
GRADUACIÓN                                  Acto simbólico en donde te entregan un papel y te aplauden por haber dejado mucho dinero a cambio de algo banal.
INVESTIGAR                                      Llenar complicados formatos mientras observas pasar el saber frente a tus narices.
LIBRO                                                   Artefacto antiguo usado por los habitantes originarios de la universidad. Se tienen datos arqueológicos de su existencia en un yacimiento llamado biblioteca.
PARES                                                  Por lo general dos personajes que visitan la universidad para conocerla durante dos días y que obligan a los anfitriones a mentir tanto que se van apenados.
PROFESOR DE PLANTA                  Especie en vía de extinción. El último fue visto en los noventas.
PRUEBAS DE ESTADO                    Pruebas del día después cuando el embarazo ya es inevitable.
RECTOR                                               1. Figura que se asemeja a Dios, todos saben de su existencia, pero nadie lo ha visto. 2. Personaje habilidoso que se encarga de hacerle los mandados al MEN.             
UNIVERSIDAD                                  Edificio en concreto. Según sus constructores es inteligente y según quienes lo manejan, está habitado por brutos.
VIDEO PROYECTOR                         1. cyborg académico que normalmente usa el profesor para reemplazar su falta de conocimiento. 2. Único sobreviviente de la tecnología educativa.

marzo 21, 2011

AUSCHWITZ LA UNIVERSIDAD DEL MIEDO

Por: Ck

Fui un fiel testigo pues le acompañé por cada uno de los rincones del ghetto; era uno de esos días en donde sentimos que la lluvia caer al revés y que los pies se nos duermen desde la punta de la uña del dedo gordo hasta un poco más arriba de las rodillas. Todo me imaginé menos que encontraría a Oskar observando firmemente el edificio que habían construido como símbolo del poder de la palanca. El hombre no había cambiado mucho, en su mirada se reflejaba ese aguardiente mil batallas y su aliento aún hedía a todos tenemos derecho a la igualdad de condiciones mezclado con cigarro de diez minutos antes; me saludó con una sonrisa más amarilla que el mismo sol. Schindler me contó lo que estaba sucediendo, así que alisté mi grabadora, mi cámara, la pluma que me regaló mamá el día de mi graduación y la libreta nueva que me había obsequiado mi novia la semana anterior después de hacerle el amor de manera bestial, en donde cuatro orgasmos seguidos fueron mi carta de agradecimiento por el detalle aquel; toda una locura, pero debo confesar que en esta época, si tienes la oportunidad de hacer el amor con la mujer que amas, es mejor que no desperdicies tu tiempo, pues en cualquier momento te reclutan y ya no la vuelves a ver, en fin. Estaba y estuve dispuesto a ayudar a mi amigo en su propósito, las firmas, ¡Vaya! ¿Cuáles firmas? Si no más tantito lo vieron entrar por la puerta más chica del mundo, pues por ella pasan a diario los pequeños cobardes, con unas letras de protesta y un papel en blanco en busca de firmas, todos en el recinto salieron despavoridos como gallinas en gallinero. Fue algo extraño ver el miedo en sus ojos, bueno, no era para menos, se trataba de mi primer experiencia como periodista del MEAT el periódico más leído por los analfabetas de la ciudad.

Lo cierto es que ahí estaba, Oskar con una parsimonia que me aterraba, le pedía a todo el que encontraba a su paso que le regalara una firma, explicándoles que mañana podrían ser ellos los que abordaran el tren, podrían ser ellos y sus familias los que iniciaran ese viaje que no tiene retorno, llevados a los campos del desempleo, incinerados por las deudas o simplemente utilizados como experimento para mejor la raza económica que tiene gobernada a la población mundial. Por más que Schindler intentó convencerlos ellos parecían no entender y preferían morir en Auschwitz, pues nada les garantizaba que la guerra del contratito de dos meses terminaría, así que tenían que conservar el puestito pues a diario llegaban los camiones atiborrados de hojas de vida, amigos de los amigos, hermanos de los sobrinos, familiares del primo y novios de la hija del jefe, de hecho, hasta la amante descarada de la SS merodeaba en las oficinas con ese aire de perra fina.


Ocurrió entonces que Oskar habían acabado con todos sus baúles repletos de dinero y no podía pagar la libertad de unos cuantos Judidos, la raza impura que ahora estaba a punto de desaparecer; aunque parezca increíble no encontré ningún Judío en la maravillosa Cracovia universitaria; por tal razón no le quedaba más remedio que intentar salvar a través de firmas a los Judidos de la universidad del miedo. Mientras caminábamos por los pasillos que alguna vez para mí estuvieron en rima, una mujer que limpiaba las manchas de barro que habían dejado los de la SS se me acercó muy tímida y casi como un susurro me preguntó - ¿Es usted el señor Itzhak Stern? Para mi gran sorpresa la mujer tenía pegado el estómago a la columna vertebral, ella también cuidaba su puestito como a su propia vida pues no tenía, según la anciana, otra oportunidad, - No, me está confundiendo, le respondí – La verdad es que no sé nada de economía y aunque supiera, Oskar se ha bebido todo su capital, por eso no los puede comprar a ustedes los Judidos.


Nos alejamos del sitio y la mujer se quedó inmóvil mirándonos con esa cara de esperanza, como diciendo en ustedes confío, luego levantó su mano e hizo esa señal que suelen hacer las madres cuando sus hijos salen de la casa; Oskar reaccionó y me pidió que caminara más rápido, que pasara lo que pasara no me devolviera, antes que la mujer terminara con su señal la llamaron a la oficina de Goeth y nunca más volvió a salir. Algunos dicen que el coronel la llegó a desear más que a cualquier otra mujer en el mundo, pero era tanto su repudio por la clase obrera que prefería golpearla antes de amarla.
La noche comenzó a caer y nos sentamos en la oficina de Oskar, me ofreció un trago y le dije que no – ¡Maldición Stern! Recíbame un sólo trago, me gritó el profesor con algunas lágrimas en sus ojos, - No soy Stern, Oskar, me está usted confundiendo, un frío de muerto recorrió mi espina dorsal. Schindler sonrió una vez más, esta vez su sonrisa dorada me golpeó los ojos - ¿Está seguro qué no es usted Itzhak Stern? Stern ¿A caso ya olvidó aquella tarde que lo saqué del tren de la mediocridad y de los que tragan entero? Venga Stern, ya sabe en donde está la máquina, así que tómela y comencemos a escribir la lista, la lista que el mundo entero debe conocer, porque como lo escuchamos por primera vez usted y yo al lado de Spielberg “Quien salva a una vida, salva al mundo entero”…
Me levanté de la silla y fui directo a un rincón de la oficina de Oskar, me puse en cuclillas, moví una tabla y del fondo del suelo saqué una empolvada máquina de escribir en vuelta en unos trapos viejos. Estaba anonadado ¿Cómo era posible que yo supiera en dónde estaba la máquina? aún así no refuté nada – Itzhak ¿Tiene el papel listo? Preguntó Oskar – Si señor, respondí como un robot intentando descubrir qué pasaba –Entonces comience a escribir Stern…
1. Nomás Mediokridad
2. Igualkdad dekondicionest
3. Biennesktar Akademirko
4. Bienesktar Universitaryok
5. Kalidad Akademirka
6. Suelosk Etconomikos
7. --------------------------------

marzo 16, 2011

Túnez/Egipto La chispa que incendia la llanura

Revista Ñ, Buenos Aires, 8-3-11
(http://www.revistaenie.clarin.com/)

Traducción de Elisa Carnelli

El viento del este prevalece sobre el viento del oeste. ¿Hasta cuándo el Occidente ocioso y crepuscular, la “comunidad internacional” de quienes se creen todavía los amos del mundo, va a seguir dando lecciones de buena gestión y buena conducta a todo el planeta?
¿No es ridículo ver a algunos intelectuales de turno, soldados derrotados del capitalismo-parlamentarismo que sirve de paraíso apolillado, entregar su vida a los magníficos pueblos tunecino y egipcio, con el fin de enseñar a esos pueblos salvajes el abc de la “democracia”?
¡¿Qué preocupante persistencia de la arrogancia colonial! En la situación de miseria política en la que estamos desde hace tres décadas, ¿no es obvio que somos nosotros los que tenemos todo que aprender de las sublevaciones populares de esta hora?
¿Acaso no debemos examinar minuciosamente con toda urgencia todo lo que allá ha hecho posible, por la acción colectiva, el derrocamiento de gobiernos oligárquicos, corruptos, y además –y quizás sobre todo– en situación de vasallaje humillante con respecto a los estados occidentales?
Sí, debemos ser los alumnos de estos movimientos y no sus estúpidos profesores. Porque son ellos los que dan vida, con el espíritu propio de sus descubrimientos, a algunos principios de la política de cuya obsolescencia intentamos convencernos desde hace mucho. Y, sobre todo, al principio que Marat no se cansaba de recordar: en cuestiones de libertad, igualdad y emancipación, le debemos todo a los levantamientos populares. Tenemos derecho a rebelarnos. Así como, en la política, nuestros estados y aquellos que sacan provecho de ella (partidos, sindicatos e intelectuales serviles) prefieren la administración; en la rebelión, prefieren la reivindicación, y en toda ruptura, la “transición ordenada”, lo que los pueblos de Túnez y Egipto nos recuerdan es que la única acción que corresponde a un sentido compartido de ocupación escandalosa del poder del Estado es el levantamiento en masa. Y en este caso, la única consigna que puede unir a los elementos dispares de la multitud es: “Tú que estás allí, vete”. En este caso, la importancia excepcional de la revuelta, su poder decisivo, es que la consigna repetida por millones de personas, da la medida de lo que será, indudable e irreversiblemente, la primera victoria: la huida del hombre así señalado. Pase lo que pase después, este triunfo de la acción popular, ilegal por naturaleza, habrá sido para siempre victorioso.
Que una rebelión contra el poder del Estado pueda ser absolutamente victoriosa es una enseñanza de alcance universal. Esta victoria señala el horizonte sobre el cual se destaca toda acción colectiva que se sustrae a la acción de la ley, aquello que Marx denominó “la decadencia del Estado”. A saber, que un día, libremente asociados en el despliegue de la potencia creadora que poseen, los pueblos podrán arreglárselas sin la funesta coerción del Estado. Es por esto, por esta idea última, que en todo el mundo un levantamiento que echa abajo una autoridad instalada provoca un entusiasmo sin límites.
Resonancias
Una chispa puede incendiar la llanura. Todo comienza con la inmolación por el fuego de un hombre reducido al desempleo, a quien se le quiere prohibir el miserable comercio que le permite sobrevivir y a quien una mujer policía abofetea para hacerle entender aquello que en ese bajo mundo es real. En días, en semanas, ese gesto se extiende a millones de personas que gritan su alegría en una plaza lejana y reclaman la partida apresurada de poderosos potentados.
¿De dónde viene esta fabulosa expansión? ¿Es la propagación de una epidemia de libertad? No. Como dice poéticamente Jean-Marie Gleize, “un movimiento revolucionario no se extiende por contagio sino por resonancia. Algo que se forma aquí resuena con la onda de choque emitida por algo que se forma allá”. A esta resonancia llamémosla “acontecimiento”.
El acontecimiento es la brusca creación, no de una nueva realidad, sino de un sinnúmero de posibilidades. Ninguna de ellas es la repetición de lo ya conocido. Por eso, es oscurantista decir que “este movimiento reclama democracia” (se sobreentiende que es aquella de la que gozamos en Occidente) o “este movimiento reclama mejoras sociales” (se sobreentiende que es la prosperidad promedio del pequeño burgués occidental). Salido prácticamente de la nada, el levantamiento popular resuena por todos lados y crea para todo el mundo posibilidades desconocidas. La palabra “democracia” casi no se pronuncia en Egipto. Se habla de un “nuevo Egipto”, de un “verdadero pueblo egipcio”, de asamblea constituyente, de cambio total de vida, de posibilidades inauditas y antes desconocidas. Se trata de la “nueva llanura” que llegará allí donde ya no está aquella a la que la chispa del levantamiento finalmente prendió fuego.
Esta llanura que vendrá se encuentra entre la declaración de una inversión de las fuerzas y la de un hacerse cargo de nuevas tareas. Entre lo que dijo un joven tunecino: “Nosotros, hijos de obreros y campesinos, somos más fuertes que los criminales”; y lo que dijo un joven egipcio: “A partir de hoy, 25 de enero, me hago cargo de los asuntos de mi país”.
El pueblo, sólo el pueblo, es el creador de la historia universal. Es sumamente sorprendente que en nuestro Occidente los gobiernos y los medios de comunicación consideren que los revoltosos de una plaza de El Cairo son “el pueblo egipcio”. ¿Cómo es esto? Para ellos, el pueblo, el único pueblo razonable y legal, ¿no se reduce en general a la mayoría de una encuesta o a la de una elección? ¿Cómo es que de repente cientos de miles de revoltosos son representativos de un pueblo de ochenta millones de personas? Esta es una lección para no olvidar, que no olvidaremos. Pasado cierto nivel de decisión, obstinación y coraje, el pueblo puede concentrar su existencia en una plaza, una avenida, unas fábricas, una universidad… El Mundo entero será testigo de ese coraje, y sobre todo de las sorprendentes creaciones que lo acompañan. Esas creaciones serán la prueba de que un pueblo se mantiene allí. Como dijo un manifestante egipcio: “Antes yo miraba la televisión, ahora es la televisión la que me mira a mí”.
Sin ayuda del Estado
En el arranque de un acontecimiento, el pueblo se compone de aquellos que saben cómo resolver los problemas que el acontecimiento les plantea. Como en la ocupación de una plaza: alimento, lugar para dormir, vigilancia, pancartas, plegarias, combates defensivos, de tal forma que el lugar donde sucede todo, el lugar que se convierte en símbolo, quede reservado al pueblo a cualquier precio. Problemas que, con centenares de miles de personas venidas de todas partes, parecen insolubles, y tanto más cuanto que el Estado ha desaparecido.
Resolver sin ayuda del Estado problemas insolubles es el destino de un acontecimiento. Y es esto lo que hace que un pueblo, de repente y por un tiempo indeterminado, exista allí donde decidió unirse. Sin movimiento comunista, no hay comunismo. El levantamiento popular del que hablamos manifiestamente no tiene partido ni organización hegemónica ni dirigente reconocido. Ya habrá tiempo de evaluar si esta característica es una fortaleza o una debilidad. En cualquier caso, es esto lo que hace que, en una forma muy pura, sin duda la más pura desde la Comuna de París, tenga todos los rasgos de lo que es necesario denominar un comunismo de movimiento. “Comunismo” quiere decir aquí: creación en común del destino colectivo. Este “común” tiene dos rasgos particulares.
Primero, es genérico, porque representa, en un lugar, a toda la humanidad. En ese lugar, están todas las clases de personas de las que se compone un pueblo, todas las voces son escuchadas, toda propuesta analizada, toda dificultad tratada por lo que es.
Segundo, supera todas las grandes contradicciones que, según el Estado, él es el único capaz de manejar, sin llegar nunca a dejarlas atrás: entre intelectuales y trabajadores manuales, entre hombres y mujeres, entre pobres y ricos, entre musulmanes y coptos, entre los habitantes de las provincias y los habitantes de la capital … Miles de nuevas posibilidades, relacionadas con estas contradicciones, surgen en todo momento, posibilidades a las que el Estado, todo Estado, es completamente ciego. Vemos a jóvenes médicas, venidas de las provincias para curar a los heridos, dormir en medio de un círculo de jóvenes violentos, y están más tranquilas de lo que han estado jamás. Saben que nadie les tocará un pelo. Vemos también una organización de ingenieros dirigirse a los jóvenes de los suburbios para pedirles que defiendan la plaza, que protejan el movimiento con energía en el combate. Vemos a una fila de cristianos hacer guardia de pie para cuidar a los musulmanes inclinados para orar. Vemos a los comerciantes alimentar a los desempleados y a los pobres. Vemos a todos hablando con vecinos desconocidos. Leemos miles de pancartas donde la vida de cada uno se mezcla sin fisuras con la gran historia de todos. El conjunto de estas situaciones, de estos descubrimientos, constituye el comunismo de movimiento. Hace dos siglos que el único problema político es este: ¿cómo instaurar de manera duradera los descubrimientos del comunismo de movimiento? Y el único enunciado reaccionario sigue siendo: “Eso es imposible, incluso dañino. Confiemos en el Estado”.
Gloria a los pueblos de Túnez y Egipto, que nos recuerdan el verdadero y único deber político: frente al Estado, la fidelidad organizada al comunismo de movimiento. No queremos la guerra, pero no le tenemos miedo. Se ha hablado en todas partes de la calma pacífica de las manifestaciones gigantescas y se ha relacionado esa calma con el ideal de democracia electiva que le atribuíamos al movimiento. Comprobamos, sin embargo, que hubo centenares de muertos y que todavía los hay cada día. En muchos casos, estos muertos fueron combatientes y mártires de la iniciativa del movimiento y luego de su protección. Los lugares políticos y simbólicos del levantamiento tuvieron que ser protegidos al precio de feroces combates contra los milicianos y la policía de los regímenes amenazados. ¿Y quién pagó con su vida sino los jóvenes salidos de las poblaciones más pobres? Que las “clases medias”, de las que nuestra inesperada Michele Alliot-Marie dijo que el resultado democrático de los hechos en curso dependía de ellas y sólo de ellas, recuerden que en el momento crucial la continuidad del levantamiento sólo estuvo garantizada por el compromiso sin restricciones de los destacamentos populares. La violencia defensiva es inevitable. Además, continúa en condiciones difíciles en Túnez, después de que se enviara de regreso a la miseria a los jóvenes activistas provincianos.
¿Puede alguien pensar que este sinnúmero de iniciativas y estos sacrificios crueles sólo tienen por objetivo fundamental conducir al pueblo a “elegir” entre Suleiman y ElBaradei, así como en nuestro país nos resignamos lastimosamente a elegir entre Sarkozy y Strauss-Khan? ¿Esa es la única lección de este esplendido episodio? ¡No, mil veces no! Los pueblos de Túnez y Egipto nos dicen: sublevarse, construir el espacio público del comunismo de movimiento, defenderlo por todos los medios, imaginando las etapas sucesivas de la acción, eso es lo real de la política popular de emancipación. Por cierto, los Estados de los países árabes no son los únicos que son antipopulares y, en el fondo, ilegítimos, con o sin elecciones. Pase lo que pase, los levantamientos de Túnez y Egipto tienen una significación universal. Crean posibilidades nuevas cuyo valor es internacional.
* Alain Badiou (Rabat, Marruecos, 1937), uno de los más prestigiosos filosofos de izquierda en Francia, autor entre otras obras, de “El ser y el acontecimiento”, y el “Manifiesto por la filosofía”.

marzo 11, 2011

AQUE PAJARILLO PARDO


Las nuevas épocas, con sus antiguas crisis, requieren de nuevos discursos. Reiventar los símbolos de resistencia es una necesidad urgente, los jóvenes así lo entienden, por eso sus miradas superan los viejos slogans y proponen otras posibilidades a las voces que enfrentan el cinismo de un época en donde la mentira viste su traje de verdad y sale a pregonar su ideología. La siguiente crónica pertenece a esos nuevos discursos que oxigenan la sensación de otras posibilidades y con un lenguaje creador reinventa el escenario de la Universidad Pública.
AQUEL PAJARILLO PARDO 
Por: July Lizeth Bolívar R.
Estudiante Comunicación Social Y Periodismo. UT

Los resuellos de la capa grisácea de la cumbre se oyen con motivo desconocido. El escenario, un centro de aprendizaje para el eterno ensayo de una obra sin estrenar, tan inasible pero vivificador, tan libre pero a la vez virulento: la Universidad del Tolima, con sus frondosos árboles que abrazan las identidades perdidas de las promesas del cambio, con la mirada del Che subyacente y los relatos de una juventud que teme perderse en la muchedumbre o que busca hacerlo para denegar el pensamiento a sus devenires incomprensibles. Sus curvos caminos, hoy con el aroma de las cenizas del viento,  que cercan las villas desconocidas de los que viven inmersos en el universo asimétrico del caos, besarán en poco tiempo el cuero del calzado desgastado de las voces que no callan pero si lloran. La pujanza en sus esquinas, el pavimento intransitable y  los motivos de estar allí: escasos.
En ese dieciocho de febrero del dos mil once vuela un pajarillo pardo, tan tácito, inquieto y endeble que traza una línea imaginaria en lo que sería la congregación de lo que se creía imposible; su agitar de plumas se desnuda al compás del rebotar de las gotas de invierno sobre los hombros de los transeúntes. Tres y treinta y cinco de la tarde, el Coliseo, lugar acordado para levantar el brazo, agitar las manos de un lado a otro y decir con ánimo extasiado: ¡hola camarada! El designio: mostrar que los rostros no son armónicos y que el conocimiento se agarra a los bordes pidiendo auxilio. En los charcos en que flotaban colillas, naturaleza muerta o algún insecto desventurado, se hundirían con entereza los pasos sin sombra de los estudiantes de Comunicación Social y Periodismo carentes de garantías, ansiosos de salvarse del monstruo aglutinante de la modernidad. Gargantas dispuestas a la emisión del verbo embelesado, piernas petrificadas por el olvido de chamarras, todos se preparan para caminar, unos cuantos metros, caminar hacia un resultado desconocido. Eran aproximadamente cuarenta cuerpos que reflejaban la viveza de su alma, bajo el techo metálico y con el sonido predecible de la nostalgia congelada. Qué importaba que el sol se escudriñara en la luna, que los muchos no fueran tantos, que la aurora quisiera fulgurar la vista de los que miraban más allá del horizonte. Bailaba la pesadumbre, pero con mochila terciada y tez pálida por el frío, los fuertes voceros del cuerpo estudiantil guiaban la oscura y anónima sensatez de esas almas no muertas.
Alrededor de las cuatro y dos minutos, se inició el andar uniforme pero variopinto de todos en uno. En la carretera, las rocas se ocultaban, porque sabían que la grandeza inspiradora de los portavoces de la verdad se acercaba; las líneas de vigilancia y orden corrían despavoridas por las huellas compactas de cada ojo guiándose a sí mismo, invitando al espectador inmóvil, adornando un andén que aguardaba la resaca de la imparable llovizna que cobijaba las brasas tan fulgurantes y suyas de esos jóvenes devoradores de sueños y atizadores de derrotas.
La consigna: “sin docentes no aguanta, exigimos los de planta”. Unos dirían: qué bella magnificación de lo efímero y otros tratarían de insolente el acto que se abría ante su mirada. Los temibles eran aquellos que se quedarían cómodos en su desventura, mutilados en el despertar de una pantera en reposo. Bloque a bloque pasaban, ventana a ventana fijaban su mano empuñada al cielo, ese azulino extraviado que los revestía y animaba. Recorren pie con pie por el asfalto el Centro de Idiomas, las oficinas de administración y los prados húmedos, que los esperaba y mordían las rosas de la ansiedad. Su destino: la Facultad de Ciencias Humanas y Artes, con sujetos de corbata, ademanes distinguidos y claro discurso preparado.
Las puertas antes abiertas son cerradas como si un viento intempestivo se hubiera enmarañado en las rejas haciendo erizar los silencios. De inmediato, y luego de una introducción acompasada al movimiento de los labios, arribaba el decano elegido en el mes de diciembre del año anterior: Miguel Espinosa, con su camisa azul celeste y su pantalón de tela oscuro, divisando desde su perspectiva la maravilla que se abría ante sí. Se dirige a los grandes espíritus, otorga esperanzas de organización y garantiza soluciones casi inmediatas a las problemáticas que esa tarde, a las cuatro y cuarenta y tres de la tarde desplegaban con soporte argumental aquellos párvulos en experiencia: falta de profesores de planta y calidad académica, además de otros cuestionamientos para los cuales aún no había espacio, pues ello se trataba de un aviso, de una señal de la inexistencia de una masa, de la presencia de un conglomerado provisto de diplomacia y aura de grandeza. Los altos mandos hacen de aquel canto esgrimido una futilidad, una serie de graznidos corrientes, esperados. Refutaciones y debates de los voceros de intereses colectivos con el director del programa Rafael Gonzales no cesaban, al igual que los paraguas que le impedían ese cielo que los acompaña divisar lo que ocurría. Las directivas reiteraban el hecho de haber abiertos convocatorias a docentes para evitar su ausencia, pero al contar infortunios impredecibles se registraron atrasos. No habría un acuerdo definitivo, puesto que ni siquiera se estaba discutiendo formalmente con condiciones establecidas o con la presencia de todos los implicados. Ni triunfos ni neutralizaciones. Queda labrar el camino y esperar conseguir lo estipulado unánimemente el día anterior por la mayoría de alumnos del programa. He aquí algo irrenunciable: lo bello de la diferencia, en los términos del arte de la palabra, del libre albedrío conservando la dignidad, de la conservación del respeto al otro y sus expresiones.
Con un revés del dorso y marcha cantada finalizó el hecho por ese día, bajo los lagrimeos de un pincel sin dedos que agolpaba en las frentes de ambiciosos por aprender. Retornan al punto inicial: el Parque Ducuara, esa tarde solitario con el ambiente perdido en el humo de los habanos criollos de algunos y el hervir crispado del café de otros. Todos, desorbitados, parecían sumidos en esas paredes que escudan suspiros inconclusos, pero que a veces operan lacerantes escupiendo arcilla y asolando intentos fallidos en búsqueda del nirvana. No hay final escrito, de hecho no hay final; los acontecimientos siguen su curso y a las seis menos cuarenta minutos, alguien se pregunta por aquel pajarillo pardo, tan tácito, inquieto y endeble, que ese dieciocho de febrero del dos mil once, algunas horas atrás, hacía su vuelo y trazaba una línea imaginaria en lo que fue la congregación de lo que se hizo posible; su agitar de plumas se desnudaba al compas del rebotar de las gotas de invierno sobre los hombros de los transeúntes ahora refugiados contra los muros coloridos, solitarios y mudos que veían deslizar los alientos congelados de la divinidad.               

marzo 10, 2011

LA SERVIDUMBRE SIMBÓLICA DE LA UNIVERSIDAD

Por: Pedro Baquero M.
Tomado de: Con-fabulación. No 172


La servidumbre simbólica, una de las tantas manifestaciones del autoritarismo, que de manera tan aguda devela el ensayista y poeta Carlos Fajardo en  una  de las lúcidas columnas publicadas en este medio y recogidas en el libro de ensayos “Los rostros del autoritarismo”, tiene expresiones tan dolorosas como invisibles a los ojos de muchos de nuestros confabuladores. Una de ellas se manifiesta en la Universidad, en la que discurre, de manera solapada, la lógica implacable del mercado y sus correlatos discursivos con los que se enmascara, en la retórica de un humanismo trastocado y en la aparente precisión del lenguaje técnico-científico, el adoctrinamiento exquisito, la servidumbre simbólica de la Universidad a los fines del neoliberalismo.
De la misma manera como se manipula el concepto de democracia para someter a los pueblos a las leyes del mercado e instaurar regímenes que les sean fieles, se usa el concepto de calidad como el caballito de batalla para adherir la voluntad de académicos, administradores y estudiantes-clientes de las Universidades a los mecanismos de control, censura, homogenización y estandarización de los  saberes  y de los procesos académicos  que requiere el floreciente mercado de la educación. 
El dispositivo es sutil, pero poderoso. ¿Quién puede atreverse a dudar de la calidad como un bien deseable, como búsqueda permanente de perfeccionamiento, de prestigio y reconocimiento social,  como criterio de supervivencia, vinculado, por demás, a  la historia misma de la humanidad? La calidad, en efecto, es expresión  del deseo de perfectibilidad humana. ¿Cómo  resistirse al embrujo avasallante de ese bien supremo? Y esa es justamente la estrategia. Ganado ya el consenso desde  el sentido común, lo que sigue es sólo asunto de diseño, de adoctrinamiento exquisito. Los gurús  de la calidad, pontífices del bussines administration, debidamente instalados en las Universidades, constriñen entonces el concepto, lo acotan, lo precisan, lo pulen, lo embellecen y lo instauran como la única verdad posible. En adelante  será sólo una la idea de calidad, heredera de la “administración científica” del trabajo, que en su largo recorrido de la fábrica a la Universidad, redujo la vocación formadora del Alma Mater a los criterios de eficacia, eficiencia,   efectividad;  a la medición como evidencia y a la aplicación de estándares, indicadores y logros como  aparataje técnico y discursivo de la Acreditación y de la Certificación con las que se asegura su legitimación en el universo social.
Y la Universidad, que no es ajena a esa realidad social, parece capitular ante semejante forma  de fundamentalismo. La Acreditación de Alta Calidad, un terreno cenagoso de exigencias y contra exigencias, convertida en credo, en religión  de la excelencia, fascina, atrapa la voluntad, posterga el debate y la crítica y  naturaliza esa suerte de sumisión consentida, de resignación cómplice, de obediencia debida  con la que académicos y administrativos se entregan a la febril tarea de asegurar la calidad.
Surgen por todas partes las oficinas de acreditación, los comités de acreditación, los consejos de Acreditación sin otro horizonte que satisfacer la demanda evaluadora de la Calidad. Los colegas académicos saltan del aula al Comité de Acreditación, se los empodera  y ahora van por las oficinas de las facultades, por los pasillos, por las aulas, recogen evidencias de investigación, hacen inventarios  de las publicaciones de los docentes, actualizan sus hojas de vida, acopian evidencias de flexibilidad curricular,  calculan los créditos académicos que definen la formación de un profesional según un número limitado de horas de docencia, revisan los resultados de los exámenes ECAES (hoy remozados  con el nuevo nombre de SABER PRO) y los publican, orgullosos, como evidencia contundente de la Calidad; hacen cuadros, llenan casillas, responden uno a uno los  factores, acopian los trescientos y tantos indicadores de gestión de la Calidad para asegurar que no habrá fisuras, que el organismo censor de la calidad, el Consejo Nacional de Acreditación, CNA otorgará, en consecuencia la ansiada certificación.
Convertida en ideología, la Acreditación de Alta Calidad ha puesto a soñar a la universidad periférica en que, por obra y gracia de la competitividad del mercado, nuestros estudiantes y profesores se movilizarán  por las universidades extranjeras a proponer de igual a igual los destinos de la ciencia y a contribuir sin diferencias ni de uso, ni de creación, ni de fronteras, los bienes simbólicos, técnicos y científicos que produce o promueve la Universidad. Una internacionalización sospechosa que abre el mercado educativo y se lanza a la captura de clientes que sueñan con la doble titulación en Colombia y en Oxford o en Paris y que no se preguntan por la otra calidad, la de pensar las realidades y dimensiones geopolíticas del conocimiento. 

El reconocimiento internacional, parece ser el bocadillo, el señuelo de esa idea de calidad  que promueve, en últimas, el mercado de la educación y  la justificación misma  de la Acreditación de Alta Calidad. La estrategia  es la misma  que en otros sectores de la escala productiva propone abrir las fronteras a la libre circulación de mercancías, bienes y servicios, bajo el eslogan de que el mercado, sus lógicas de competitividad y sus estrategias para alentar  el consumo (pues se pueden adquirir tantos títulos como pueda comprar el cliente) son suficientes para garantizar la distribución social  del conocimiento, la igualdad de oportunidades,  la justicia social  y el desarrollo humano  y autónomo de los  pueblos.
Entretanto, se posterga el debate entorno a la formación superior, la Universidad se desdibuja en el entrenamiento técnico,  se  asienta la experticia como única dimensión de la formación profesional,  mientras la crítica, el disenso, la formación política y social se destierran  del currículo o se convierten en una suerte de retiro ignaciano para fin de mes, es decir,  para los claustros de comienzo y finalización de cada semestre académico o para las conferencias ocasionales que como agua fresca  salpican el escenario cada vez más árido del aula y de las prácticas pedagógicas compelidas a rendir tributo a la eficacia. Esa Universidad sin condición que propone Derrida parece  en  palabras mismas del filósofo, “una ciudadela expuesta (…) simplemente ocupada, tomada, vendida, dispuesta a convertirse en la sucursal de consorcios y de firmas internacionales”.
El sometimiento elegante que denuncia Ignacio Ramonet se instaura, la calidad de la educación es ahora como el CNA nos dice que es. No hay otra calidad posible. Estamos voluntariamente “Acreditados”. Nadie nos obliga. Porque la Acreditación de Alta Calidad es voluntaria. Sólo que mientras la “Comunidad Académica Internacional” (léase el mercado educativo) exija “asegurar la calidad”, mientras las alianzas estratégicas que ofrecen, por ejemplo, la doble titulación, se fortalezcan, la Acreditación de Alta Calidad, será un requisito, que “de manera voluntaria” habrá que cumplir para no quedarse por fuera, para que  quienes hacen bien la tarea de acreditarse no terminen eliminando a los que se resisten. Ese es el  cinismo de la hegemonía. 

*Escritor y profesor universitario.

marzo 06, 2011

MUJER, MÁS QUE UN DÍA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

El mundo de las superficiales igualdades pretende hacernos creer que mediante celebraciones se pueden ocultar los dramas humanos, por eso se inventaron un día anual para izar las banderas de la mujer. Entonces los hombres iremos por ahí buscando regalos para exaltar la belleza, pretendiendo con ello ocultar la realidad. Los restaurantes venderán sus mejores platos, las floristerías harán su agosto, los centros comerciales agotarán su stock de bolsos, los moteles estarán a reventar; pero más allá de esas recetas modernas los sujetos excluidos siguen palpitando en sus ignominias. ¿Qué sentido tiene celebrar el día de la mujer, homogenizando con ello la idea de que la palabra “Mujer” indica un solo sujeto en conjunto? La mujer cuya presencia ha poblado la historia, sigue reclamando su lugar en la historia; por eso hablaré de las mujeres cuyos silencios ocultan un eterno llanto, para ello otearé sobre nuestro panorama, el de la mujer colombiana.
Quizás no exista un sujeto en esta dolorosa nación en cuyo epicentro se acumule tanta atrocidad; por eso es inevitable imaginar mujeres valientes abandonando poblados enteros, con sus hijos a cuesta, mientras al mirar hacia atrás el fuego de la barbarie consume sus hogares. Esa imagen es tan antigua en nuestro territorio que a veces parece ser parte de los anaqueles del mito. La misma imagen de las indígenas violadas por los colonizadores, la imagen de la mujer que prestó su cuerpo y mente a las revoluciones de libertad, que ahora se desdibujan en pírricos melodramas televisivos. Mujeres cuyo llanto dio origen a los torrentes acuosos en las montañas. Mujeres desplazadas, vilipendiadas, olvidadas, condenadas a la errancia por las calles asfaltadas. Mujeres que han protegido miles de generaciones de hijos agobiados por la barbarie del poder, mujeres invisibles para los ojos hambrientos de belleza superficial; por eso muchas terminaron siendo parte del comercio de los seres y quizás cuando se piensa en la mujer surge la idea de un cuerpo terso con medidas calculadas en el deseo, con senos trabajados bajo el pincel del consumo y esa mujer ya no es la imagen de la verdadera mujer, sino la idea que el hombre ha proyectado sobre ella.
Miles de mujeres no recibirán flores, ni regalos caros, ni siquiera un abrazo, pero estarán ahí forjando con su silencio y su tesón un país que los hombres hemos insistido en depredar, en destruir. Se levantarán cuando los ebrios retornan a sus guaridas y emprenderán la epopeya de sus días, cuidarán sus hijos, organizarán sus pertenencias y saldrán radiantes de energía antes de que el sol agobie con sus rayos. Caída la noche retornarán a velar por su descendencia. Otras irán por ahí clamando justicia, ante una sociedad sorda que muestra su peor rostro para ellas, pero que con la celebración de un día pretenderá ocultar su culpa de siglos; porque así se trate de encubrir con lisonjas, hace tiempo el hombre determinó el papel de la mujer en la sociedad. Por eso hoy debe retumbar esa frase melódica de Amparo Ochoa cuando canta: “Mujer si te han crecido las ideas, de ti van a decir cosas muy feas. Mujer semilla, fruto, flor, camino; pensar es altamente femenino”

febrero 25, 2011

HISTORIA DE EDUCACIÓN Y LA PEDAGOGÍA


Historia de la Educación y la Pedagogía en Colombia from Boletín UT on Vimeo.

He aquí un interesante documento sobre la historia de la pedagogía y la educación en Colombia, en donde encontramos posiciones distintas para alimentar el debate sobre el presente y el futuro de la Universidad Pública; en un momento de crisis nacional del sistema educativo más preocupado por cumplir las exigencias del mercado, que por reconstruir la sociedad. Quizás la educación ya no sea un Aparato Ideológico del Estado (AIE), sino de las multinacionales (AIM).

febrero 21, 2011

PERFECCIONANDO LA DEMOCRACIA


 Por: William Ospina
HAY TRES CLASES DE PAÍSES, LOS QUE tienen democracia, los que no la tienen y los que creen tenerla. Sospecho que nosotros pertenecemos al tercer grupo.
Nuestros dirigentes suelen reivindicar frente al mundo la más larga tradición democrática de América Latina: dos antiguos partidos políticos, la división de los poderes públicos, la prensa libre, el régimen de libertades, “el ejercicio de la propiedad privada y de los demás derechos adquiridos con justo título”. Cada cuatro años en el último siglo hemos tenido urnas electorales abiertas para los ciudadanos varones, y desde hace medio siglo también para las mujeres.
Sin embargo, una larga historia de frustraciones ha calado hondo en la conciencia de buena parte de los ciudadanos y los ha llevado a la decisión de no votar. El hecho de que los poderes conservadores, después de perder el poder en 1930, desataran con el apoyo del clero una campaña de exterminio contra los liberales; el hecho de que a partir de 1946 esa campaña se hubiera hecho desde el Estado, con la politización de la policía; el hecho de que los liberales, quizás al principio para defenderse, pero después por costumbre, hubieran alentado la lucha armada y el fratricidio; el hecho de que el seguro ganador de las elecciones de 1950 hubiera sido asesinado dos años antes; el hecho de que el pacto antidemocrático del Frente Nacional prohibiera durante 20 años todo pluralismo político y eternizara en el poder los vicios de los dos violentos partidos; el hecho de que en 1970, gracias a un fraude de última hora, se le hubiera arrebatado el triunfo a la oposición; el hecho de que durante los años 60 toda oposición crítica hubiera sido perseguida y acosada, hasta el punto de que un líder de reconocida nobleza y generosidad, un soñador de la democracia como Camilo Torres, hubiera terminado en su desesperación arrojándose en brazos de las guerrillas; el hecho de que en los años 80 la oposición legal, desarmada, de izquierda, fuera masacrada en las calles; el hecho de que hubiéramos llegado al extremo de permitir, hace apenas veinte años, que en una sola campaña electoral cuatro candidatos a la Presidencia de la República fueran asesinados; el hecho de que no se hubiera impedido a tiempo, con democracia y con espíritu patriótico, que muchos campesinos víctimas de la violencia se organizaran en guerrillas; el hecho de que no se hubiera impedido que esas guerrillas, que al comienzo, según creen muchos, tenían un ideario político, se pervirtieran y se degradaran hasta convertirse en terroristas y narcotraficantes; el hecho de que para combatir a esas guerrillas, convertidas en peste nacional, en lugar de recurrir a los instrumentos de la legalidad, muchos empresarios y dueños de tierra, aliados con el narcotráfico, hubieran preferido alentar la aventura escabrosa del paramilitarismo, con la culpable colaboración de muchos miembros de las Fuerzas Armadas; el hecho de que se haya permitido en los años 50 el holocausto de 300.000 personas; el hecho de que se haya permitido en los últimos veinte años el holocausto de otras 200.000; el hecho de que se haya permitido el robo de millones de hectáreas a los campesinos y se haya arrojado a las ciudades a sus dueños; el hecho de que la mitad de la población siga sumida en la pobreza y un porcentaje muy alto en la miseria; el hecho de que la corrupción haya alcanzado niveles pasmosos; el hecho de que la única solución de los gobiernos al problema endémico de la violencia hayan sido cíclicas campañas de aniquilación; el hecho de que no se hayan abierto camino en un siglo ni la reforma agraria ni la reforma urbana ni la revolución de infraestructura ni la revolución educativa que el país necesita; todas esas cosas han alentado en buena parte de la población un justo escepticismo que se traduce en abstención a la hora de las urnas, cuando los políticos vuelven con su rosario de soluciones que, sin el respaldo y la vigilancia de la ciudadanía, no pueden solucionar nada esencial.
Nuestra democracia es, por lo menos, harto imperfecta, y ya se sabe que para que la justicia obre con toda severidad sólo se necesita en Colombia una cosa: que el procesado sea pobre. Habría que añadir el estado pasmoso de la justicia, millares y millares de procesos represados que no sólo delatan la inoperancia del sistema, sino un caos social que quizá no pueden resolver los tribunales, que ya sólo se puede resolver con alta política.
¿Por qué extrañarnos de que los abstencionistas no voten? Están en su derecho, y a veces parecen los únicos cuerdos en este mar embravecido. Pero no: a pesar de todo, y aunque somos minoría, votamos. Votamos por unos partidos que intentan sostener la democracia, aunque a veces su preocupación sea apenas alcanzar el poder, no cambiar el país, ni hacerlo avanzar hacia una verdadera civilización. A veces, fallos como el de la Corte Constitucional rechazando la segunda reelección nos devuelven la fe en las posibilidades de la democracia colombiana. Pero, por supuesto, eso no basta para que la mitad del electorado se decida a hacer oír su voz.
Como Antonio Caballero, como Eduardo Posada Carbó, yo también me indigno ante la asombrosa iniciativa de borrar a quince millones de ciudadanos del censo electoral. ¿Será que alguien cree que esa política de ninguneo es el camino para que nuestra democracia funcione? ¿Estarán tratando de lograr que esos quince millones se indignen? En los tiempos de la caída de Mubarak, tal vez todo es posible.

febrero 06, 2011

UNA IDEA QUE ME DA VUELTAS

Por: Carlos Arturo Gamboa

La Universidad del Tolima atraviesa una crisis en su conjunto. Los actores actúan a la deriva de unos deseos y unas prácticas que no logran cohesionar unos mínimos que le permitan responder a las altas exigencias de una región, un país y un mundo en ebullición. Los estudiantes naufragan entre su apatía y la desconfianza; los docentes, en su mayoría parecieran estar indiferentes a los debates que deben liderar desde sus distintos escenarios de producción de saber: el aula, las prácticas pedagógicas y la investigación; los trabajadores apenas logran vislumbrar el accionar universitario, unos refugiados en la cotidianidad de hacer y no repensar sus acciones, otros apalancados en sus trincheras del “nada se puede remediar”. Los llamados líderes parecen moverse al ritmo del oleaje de lo coyuntural del día, sin tiempo para pensar en acciones de largo aliento que le devuelvan a la universidad su lugar social. Y todos, en medio de ese maremágnum de sucesos, van de arriba-abajo buscando culpables, no proponiendo acciones reales que oxigenen la vida universitaria.
Mientras tanto la Universidad se encuentra subsumida en retos que definirán su futuro, y los debates no avanzan, las medidas externas y sus propias dinámicas le impelen a redimensionar sus acciones. Aspectos cruciales para la vida universitaria requieren la atención inmediata, entre ellos la aproximación de una nueva reforma universitaria de orden nacional que debe esperarse como otro duro embate contra la educación pública; la construcción de un Plan de Desarrollo para la próxima década, el cual debe partir por una evaluación profunda de lo realizado durante los últimos diez años; la construcción de unos lineamientos académicos que vayan más allá de cumplir con los indicadores y competencias que el mundo del mercado exige y que de alguna manera desate el cuello de botella en que se encuentran algunos procesos académicos que hace tiempo se quedaron instalados en la categoría del hacer, sin avanzar en el pensar, en el ser y en el vivir juntos. Así mismo, se requiere de una reorganización administrativa que le permita responder a las lógicas cambiantes de su conformación, por ejemplo, el modelo de Educación a Distancia, que necesita de otros tiempos y espacios, con una población estudiantil cercana a los 30.000 estudiantes, la mayoría de ellos en áreas de impacto vitales para el desarrollo regional y que debido a la desactualización de los mecanismos de participación no influyen en los derroteros de la Universidad; y la reforma de participación democrática, que en medio de discusiones obtusas, dejan el sabor de que son muchos quienes desean que las cosas sigan como están.
De la misma manera, en el caso de la región, grandes retos requieren la atención de la comunidad académica en aspectos tan vitales como los proyectos de megaminería que no sólo amenazan la vida y el equilibrio alimentario, sino que no se remiten sólo al proyecto de la Colosa, sino a distintas zonas que terminarían por convertir la región en un foco de inestabilidad social. La política local, carente de unos lineamientos que retribuyan la confianza en la ciudadanía, debe ser campo de investigación que generen nuevas propuestas de gobernabilidad, sobre todo desde la facultad de Artes y Humanidades. Las estructuras y acciones económicas de la región también se tornan en aspectos que deben ser estudiados y ante las cuales la Universidad debe “decir algo”. En general, hoy más que nunca la región requiere de nuestro participación, pero debe ser un esfuerzo dialéctico con lo universal para poder plantear posibles respuestas, porque hace años que las acciones de lo local perdieron su autodeterminación y se vienen moviendo desde otros intereses que en nada solucionan nuestros problemas reales.
Basten sólo estas ideas para entender el gran reto de la Universidad del Tolima, cada vez más asediada por los intereses particulares, y cada vez más distante de su verdadera misión social. Quizás el único punto que se puede tejer, en estos momentos de profunda desconfianza, y que sirve como epicentro de acción de todos sus actores, debe ser el de preservar lo público por encima de las contrariedades, quizás ese sea el punto que pueda abrir un escenario real de discusión mediada por la argumentación. Por tal motivo sólo podría cerrar esta disertación con una idea que me da vueltas: Es el momento de proponer y liderar una Constituyente Universitaria.

febrero 03, 2011

LA IMPORTANCIA DE LA SOLIDARIDAD



Por: Carlos Arturo Gamboa
Solidario por predestinación y por oficio. Solidario por atavismo, por convencionalismo. Solidario a perpetuidad. Solidario de los insolidarios y solidario de mi propia solidaridad.
Oliverio Girondo

El mundo actual es profundamente individualista, los sujetos deambulan solitarios por el asfalto del desarrollo, buscando el bien personal sin voltear a mirar el panorama desolador de las multitudes excluidas. Si errabundos caminamos, solos moriremos. El día en que seamos prescindidos, otros mirarán y entonces no tendremos la dimensión ética de solicitar ayuda.
¿Quién o qué ha fulminado la solidaridad? Atreveré algunas ideas al respecto. Un sistema basado en el confort es altamente egoísta. Ya olvidamos que como humanos nuestro deber sería propender por la dignidad de todos, pero durante el siglo XX se creó la falsa imagen del hombre exitoso; aquel cuyo dormitorio está situado en los rascacielos; aquel cuya acumulación de dinero le hace dueño de bienes y de vidas; aquel que por estar imbuido en la cotidianidad productiva olvida a los demás. Como el protagonista de la película Ciudadano Kane la soledad terminará por carcomer su propia existencia, recordando con dolor el valor de las cosas verdaderamente importantes. La magia de la muerte consiste en que nos recuerda que somos profundamente humanos.
El miedo es otro factor que altera la movilidad. Habitamos en la época del miedo, ahora nos asustan con todo, con dietas, con virus, con memorandos, con ganancias y con pérdidas, con estigmatizaciones,  porque aquel que reclama justicia se hace sospechoso para la sociedad. Nuestros héroes terminan siendo aquellos que encarnan la injustica. Miles ejemplos demuestran que algunos que ofrecían nuestra salvación fueron los mayores tiranos, porque nadie nos salvará, nos preservaremos entre todos. El miedo del siglo XXI es un personaje encarnado en millones de seres. Ahora quienes reclamamos un mundo mejor, somos “el coco” con que aspavientan cualquier posibilidad de cambio.
La solidaridad puede ser definida, de manera muy cotidiana, como la colaboración recíproca entre seres humanos, (incluso los animales son solidarios) que se convierte en un sentimiento manteniendo a las personas unidas en todo momento, sobre todo cuando se enfrentan situaciones de las que no resulta fácil recuperarse. Esa solidaridad debe ser reconquistada y debe establecerse como un valor ético, no es suficiente con aterrarse de un mundo repleto de miseria, inequidad y horror, se hace necesario actuar para poder transformar esa realidad del otro, que es también mía. El miedo nos hace insolidarios y la insolidaridad nos deshumaniza. Como lo expresó Gioconda Belli: “La solidaridad es la ternura de los pueblos