septiembre 15, 2016

LAS TAREAS DE LA UT (I): LA ASAMBLEA UNIVERSITARIA



Por: Carlos Arturo Gamboa B.

“La crisis es como una vigorizante ducha fría.
Una oportunidad para despertar”
Jordi Pigem.

La crisis de la Universidad del Tolima no ha cesado. No se puede reparar el daño realizado durante tantos años en apenas el primer intento. Las tareas son varias. La primera de ellas consiste en recuperar la esencia de la vida universitaria: el debate, el argumento, el conocimiento y la diferencia. Todos estos principios tienen cabida en la Asamblea Universitaria.

Para quienes llevamos una buena sumatoria de años habitando en la cotidianidad de la Universidad del Tolima, las asambleas han formado parte de la existencia. Como asistentes mudos, como sujetos activos o como simple espectadores que observan desde lejos, las asambleas han sido puntos de referencia; pero cayeron en letargo de la inacción, se vieron de pronto sometidas al grito, a la bullaranga de turno, a la manipulación de los grupos de poder para legitimar esta o aquella posición. Muchas reuniones asamblearias terminaron siendo parodias de la participación, montajes teatrales de la seudo-democracia, escenarios para las confrontaciones verbales sin sentido y hasta cuadriláteros predispuestos para la agresión. No olvido la imagen de una asamblea en donde un estudiante hizo el “show”, pataleó, corrió por el coliseo, alguien lo agredió y al final la asamblea se disolvió entre gritos y manotazos. A los 20 minutos, vi a un alto funcionario de la administración de turno felicitarlo y quizás (acá especulo) prometerle una dádiva. Se había logrado un objetivo que siempre es bueno para el poder de turno, que las asambleas no funcionen, no lleguen a ningún lado, no decidan nada, se desgasten y desanimen la participación.

La Asamblea que necesitamos hoy debe ser distinta, no podemos continuar en la misma lógica, ese camino se transitó y fracasó. La Asamblea Universitaria pendiente debe ser un espacio para el debate sobre los puntos centrales que hoy deben proveer a la Universidad del Tolima de instrumentos suficientes para su transformación, pero un debate con argumentos y, sobre todo, con la generación de productos concretos en el lenguaje de la academia: la escritura.  Si seguimos discursando sin concretar las ideas en documentos y acciones, pasarán muchos años para dar cuenta de las transformaciones que hoy se necesitan; diagnósticos se tienen a la mano, y podrán surgir más, pero hoy estamos impelidos a generar acciones de cambio.

La Asamblea Universitaria está pensada y convocada para que algunos actores lleguen como delegatarios, pero eso no implica que la democracia se reduzca a lo que ellos decidan. Los asamblearios deben trabajar por comisiones, deben abordar temas puntuales para no terminar hablando de todo y de nada, deben presentar productos concretos en tiempos definidos y deben construir metodologías para consultar a la comunidad en la toma final de las decisiones. En ese sentido, ser Asambleario implica asumirse como sujeto universitario, académico y político cuya responsabilidad va más allá de ser un transeúnte común del campus universitario, debe ser capaz de entender y activar su capacidad de articular las realidades y de coadyuvar a las transformaciones; de su accionar depende en gran medida el futuro de la Universidad de los tolimenses.

La potencia de la Asamblea Universitaria está atravesada por los momentos históricos que se viven en el país y la región: la búsqueda de otros espacios sociales generados a través del proceso de paz y la autodeterminación de los territorios a través de las consultas populares. Ojalá la comunidad de la Universidad del Tolima no sea inferior al reto de autodefinirse y autorregularse, porque caso contrario le dará la razón a quienes acechan con el fin de arrebatarnos los últimos estertores de la autonomía. Tendremos palos en la rueda, quizás de nuevo aparezcan los vendedores de humo y los títeres del poder que deseen convertir el espacio en una nueva arena para las batallas infructíferas que tienen hoy la UT en la cuerda floja. Solo basta desear que prime la inteligencia universitaria por encima de los intereses particulares, si eso es factible haremos historia.


septiembre 07, 2016

CICLISMO Y CONSTRUCCIÓN DE NACIÓN

Por: Carlos Arturo Gamboa

En Colombia aprendí lo que significa la palabra coraje
José Beyaert
Francés Campeón de la 2ª Vuelta a Colombia (1952)

Por estos días en Colombia se vive una euforia ciclística no vista desde los años ochenta cuando Lucho Herrera y Fabio Parra aglomeraban transeúntes con sus hazañas.  Colombia y ciclismo parecen sinónimos, hay algo arraigado en el genotipo colombiano que se corresponde al relieve montañoso y que fue construyendo una leyenda en nuestro imaginario y en las páginas mundiales. No obstante, el ciclismo no ha contado, al menos en las dos últimas décadas, con el patrocinio, las escuelas de formación y la difusión mediática necesaria, por eso muchos hasta ahora empiezan a entender la relación que se teje entre ciclismo y país.
Movido por una afición ciclística de años, y a la par de las hazañas de Nairo Quintana en la actual Vuelta a España, he comenzado a recorrer las páginas del libro Reyes de las montañas. De cómo los héroes del ciclismo colombiano incidieron en la historia del país, del periodista británico Matt Rendell. El libro fue escrito inicialmente en inglés (Kings of the Mountains: How Colombia's Cycling Heroes Changed Their Nation's History) y este año (2016) aparece una traducción ampliada de Juan Manuel Pombo, publicada por Semana Libros. Estas 342 páginas contienen una amplia visión de dos relatos que sorprenden: ciclismo Vs construcción de nación colombiana.
En ese sentido, el autor nos pasea magistralmente por los hechos ciclísticos más importantes de los colombianos pero conectados a sucesos históricos, a la violencia, al narcotráfico, al fenómeno de las guerrillas, a las realidades tan nuestras como el ciclismo. Hablando de la Vuelta a Colombia, que inicia en 1951, tres años después del bogotazo, se da entender que nace pensada para convertirse en un río de pasiones porque “La vuelta a Colombia sana heridas de la psiquis nacional” (Rendell, 2016, p. 103), pero también en una especie de acercamiento al denominado progreso, porque los impulsores del ciclismo soñaban tener competencias como el Tour de Francia, porque “El ciclismo logra convertir ese movimiento circular (la historia) en progreso lineal” (p. 102).
Y en la medida que se nos narran las gestas de Efraín “El Zipa” Forero, Ramón Hoyos Vallejo, Hernán Medina Calderón, Roberto Buitrago, Álvaro Pachón, Rafael Antonio Niño, Cochise Rodríguez, Patrocinio Jiménez, entre cientos de figuras más, se nos va relatando ese mundo que intenta ser cosmopolita pero que se cruza con montañas indomables y con problemas fundamentales que aun hoy intentamos resolver: “(…) el único tráfico que en verdad quedó al margen del conflicto fue el de los ciclistas. «En los valles-me dijo el Zipa-, nos saludábamos con los generales y en las montañas veíamos a las guerrillas a la vera del camino» (p. 110); la dimensión de la violencia en sus más fervorosos gérmenes no estaba aislada de la construcción de una tradición ciclística en Colombia: “La salida de la tercera etapa de la Vuelta de 1962 se retuvo durante tres horas tras detectar tropas de Tirofijo en las laderas de la Línea” (p. 112); sin embargo, como lo recuerda Ruskin “En la cabeza de la gente, la Vuelta tenía más peso que la violencia”.
Y así se nos va narrado, o más bien recordando, la historia de Colombia, mientras las bielas tragan el polvo de un país subdesarrollado, mientras Lucho Herrera gana en Alpe d'Huez y la apoteosis nos embarga en una década plagada de narcotráfico, bombas y aplausos a Fabio Parra devorando las cumbres de Francia, para lograr el primer podio en la más grande de las vueltas: El Tour, nuestro eterno sueño de gloria. Más adelante, en los años noventa se profundiza la crisis cafetera, lo cual conlleva a la desaparición del equipo insigne Café de Colombia y además, “con los narcos ahora impedidos para hacer despliegues públicos de generosidad, también el dinero de la droga dejó de circular. El ciclismo que siempre había ofrecido metáforas curativas, ahora se veía en la angustiosa urgencia de fondo”. (p. 240)
La delicadeza del lenguaje con el que Rendell va contando, va trayendo datos, va reconstruyendo anécdotas, nos hace placentero el tránsito por las páginas. En algún momento recordamos que Roberto “el osito” Escobar era ciclista en las épocas en que su hermano Pablo construía el más grande imperio delincuencial en el país, imperio que aun doblega la justicia y la institucionalidad; vemos como el auge de los escaladores construyó una leyenda de caballitos de acero, de comentaristas quienes a través de la radio crearon paraísos ciclísticos, de patrocinadores que entregaron hasta su último centavo con tal de ver surgir sus pupilos, de trampas, de dopaje, de sueños, de llantos y risas. La historia del ciclismo, en la visión de Rendell, es la historia de un país que hoy vuelve a tener su momento de gloria, aunque “(…) hoy son muy distintos los retos que enfrenta Colombia, sus instituciones y sus ciclistas”. (p. 286).
Reyes de la montaña es un libro esencial para los amantes del ciclismo, para los amantes de la historia e incluso para el desprevenido espectador que vibra viendo la sonrisa de Chaves mientras devora pavimento, la impavidez de Nairo subiendo cumbres y el arrojo de Urán, Atapuma, Henao, Pantano, López y cientos de ciclistas quienes con sus actuaciones corajudas han resignificado el nombre de este territorio llamado Colombia. Espero los antoje de su lectura, bien vale la pena saber que tenemos un pasado corajudo y un presente esperanzador, para el ciclismo y para el país.


agosto 17, 2016

La realidad del periodismo en Colombia en la novela "Suicídame" de Andrés Arias




Por: Carlos Arturo Gamboa B.

La novela realista cumple una función vital para entender el espíritu del tiempo en que se realiza y en la que habita el autor, pero no siempre logra, sin sacrificar la estética, combinar ficción y realidad. La novela Suicídame de Andrés Arias es un buen ejemplo de que se puede lograr equilibrio entre denuncia social y literatura, tal vez rememorando los postulados que Jean-Paul Sartre nos hacía sobre la necesidad de establecer una mirada de crítica en la literatura y desde allí establecer interpretaciones artísticas del fenómeno social, porque:
La literatura está penetrada de socialidad. Los materiales que utiliza provienen esencialmente de la sociedad, de la historia de la sociedad. Resulta inconcebible escribir el texto más mínimo sin que por él, de un modo u otro, pase la historia y, desde luego, la sociedad, con sus divisiones, sus conflictos, sus problemas (Citado por Hombravella, 1973, p. 16).
Ahora bien, Andrés Arias es comunicador social y literato, con una vasta experiencia en los medios de comunicación en Colombia, lo que dota la historia de una verosimilitud absoluta, pero sin ser copia total de la realidad; acá la narrativa como representación se regodea con la realidad y le permite al lector, por momentos, pensar que está leyendo un testimonio del tiempo aciago en que habitamos, pero no podemos olvidar que la literatura vas más allá de ser simple copia o duplicado de la realidad.
Divida en 18 capítulos, Suicídame plantea la historia de un periodista veterano, subsumido en los poco honestos entramados de los medios de información, atrapado entre sus sueños pasados de realizar un buen oficio: “Durante casi veinte años trabajé en La Libertad. Cuando me fui hastiado de tanta sangre, ya llevaba mis buenos años como editor de la sección judicial” (Arias, 2010, p. 16), nos dice el personaje central, Antonio Fandiño, no más despunta la novela. Ese tono pesimista sobre el oficio del periodista cruzará totalmente la novela. Ese hombre cansado de ver la realidad opacada en los medios, la manipulación de las noticias, los medios al servicio obsecuente del poder y la desmitificación del oficio, se encuentra de pronto obnubilado por la valentía de una joven practicante que llega a la revista Vistazos. Ella es Margarita, quien le dará vueltas al mundo de confort que construye un medio sometido a los caprichos de un gobierno corrupto hasta la médula y que le recuerda a Fandiño la razón de ser del oficio: “Soy periodista, los periodista investigamos y escribimos” (p. 50), algo que no sucedía en la revista Vistazos.
Por lo tanto, en ese encuentro se gesta la trama, las historias están frente a los ojos de los todos, pero ellos, en su mayoría, son medios de Palacio, dedicados a contar lo que el poder de turno desea que se cuente y a ocultar lo innombrable; la realidad se ignora porque “…es mil veces más compleja que la ficción, y por lo tanto escribirla también lo es” (p. 62). Entonces, el viejo periodista ve aparecer ante sus ojos las visiones de un pasado militante, crítico, soñador y deseoso de cambio, pasado que llega para confrontar ese mundo que de comodidad y alienación que construyó. Margarita aparece para recordarle que algún día fue distinto y ahora solo es un espíritu domado por el establecimiento y sus métodos, “era el mejor de los empleados porque era incapaz de desobedecer” (p. 135).
Como era de suponerse, el espíritu inquieto de Margarita la lleva a escribir un artículo en contra del establecimiento, en contra del mismo presidente de la república, alguien que está en el poder reelegido, alguien que está cuestionado por los métodos violentos que usa contra la oposición, alguien que manipula todo desde el Palacio, alguien que logra adormilar a todo un pueblo, lo cual conlleva a preguntar al narrador:
¿Por qué la gente no lo notará? ¿Por qué seguirán comprando felices la revista y leyéndola fascinados de comienzo a fin sin reparar en que lo que se tragan como periodismo no es más que el directo mensaje subliminal de la gente de Venero… como olvidarán también al que ha tenido que huir, al desaparecido y al silenciado? (p. 148)
Y Margarita entonces desaparece luego de la publicación, Fandiño es despedido por actuar como cómplice de aquel artículo y empieza un periplo por establecer la verdad de todo. En un país de miles de desaparecidos, Margarita es apenas un número más, alguien que quizás huyó, renunció o se fue del país; sin embargo, sabemos que fue desaparecida porque “… la muchachita se atrevió a publicar lo impublicable” (p. 185).
Ahora bien, la novela sigue su curso en una fatal coincidencia con la realidad del país, la desaparición de la practicante solo le interesa a su familia, su círculo cercano de amigos y a Fandiño, quien se obsesiona con saber la verdad que ya sospecha, aunque: “Las noticias parecían las mismas de siempre, como si el mundo no hubiera cambiado…La mismas guerras, las mismas masacres, los mismos muertos, los mismos robos, la misma publicidad encubierta, las mismas mentiras. La misma basura” (p. 204). Y sin la verdad queda la certeza de la realidad, así lo reconoce el viejo periodista: “Ahora que lo pienso, a Margarita no la mató meterse en el bajo mundo; lo que la mató fue hacer público lo que había de bajo en el más alto de los mundos: el del poder” (p. 231).
Para finalizar, basta decir que la novela juega de manera magistral con la realidad, nos transporta a nuestro presente como si él fuera un tiempo ido, nos recuerda la miseria de país que han construido unos pocos y que padecemos las mayorías, nos enfrenta a la manipulación de la que somos objeto y nos conduce por los laberintos de nuestra cotidianidad. Si existe un lector que desee ver nuestra terrible realidad novelada, Andrés Arias nos regala este agradable espejo. Toca leerla, en otro tiempo no muy lejano hubiese sido prohibida, o su autor hubiera corrido el mismo destino que la protagonista.
Referencias bibliográficas
ARIAS, Andrés. (2010). Suicídame. Bogotá: Ediciones B Colombia. S.A.
HOMBRAVELLA, Francisco J. (1973) Qué es la literatura. Barcelona: Biblioteca Salvat Grandes Temas.

julio 28, 2016

PREGUNTAS PARA EL AUN RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Huelguista de Hambre – UT-
Presidente Asociación Sindical de Profesores

Si algo enseña la academia es el valor de la pregunta y durante lo que va del 2016 muchas voces vienen interrogándose acerca de la crisis de la Universidad del Tolima. A continuación, recopilaré algunas que son vox populi y que se le hacen al aun rector José Herman Muñoz:

¿Por qué se niega a aceptar, a pesar de todas las evidencias, que fue un proyecto fallido del liberalismo para convertirse en un cuadro político regional? ¿Es verdad que sus amigos lo tenían proyectado como parlamentario o futuro gobernador del Tolima?
¿Por qué el exgobernador Delgado Peñón, amigo personal y aliado político suyo, terminó siendo el peor enemigo de la UT?
¿Cuáles fueron las alianzas politiqueras que estableció con los dirigentes de la región como Guillermo Santo Marín, Samig Mereg, Ángel María Gaitán, entre otros?
¿A qué se reunió, hace apenas un mes, con el senador Álvaro Uribe Vélez?
¿Por qué si la UT le brindó todos los espacios para su formación hoy se empecina en llevar la institución a su agonía total?
Si lleva casi cuatro años como rector ¿por qué no realizó los ajustes en la planta de personal que hoy anuncia como el principal problema de la UT? ¿Nunca los vio? ¿Había alianza con los exrectores? ¿Por qué hasta ahora le funciona el retrovisor?
Si la culpa es de la histórica política nacional de desfinanciación de la UT, ¿por qué durante años anteriores la institución no llegó a estos niveles de zozobra financiera?
¿Por qué si conocía la dimensión de la crisis de la universidad le mintió a la comunidad en el proceso de su reelección en octubre de 2015?
¿Por qué si tenía aprobado desde el 2015 un crédito por 10 mil millones de pesos nunca lo tramitó? ¿Fue ineficiente esa gestión?
¿Por qué si en enero de 2016 necesitaba 10 mil millones, en junio del mismo año, se incrementó el posible valor del préstamo a 20 mil millones? ¿Se puede hablar de eficiencia administrativa en la UT?
Usted ha aceptado en varias asambleas que se cometieron errores por acción y omisión ¿por qué nunca los evidenció junto a sus responsables? ¿Por qué los protege?
¿Por qué ahora sale a medios a decir que su promesa de renuncia fue producto de un chantaje? ¿Acaso lo obligaron a firmar el acta de compromiso? Si así fue ¿por qué no lo denunció en su momento? ¿Lo han obligado a firmar actos administrativos en la UT en lo que lleva como funcionario público?
¿Por qué le mintió a la Ministra de Trabajo, doctora Clara López, diciéndole que si la huelga se levantaba usted renunciaba?
¿Por qué le mintió al alcalde de Ibagué Guillermo Alfonso Jaramillo, diciéndole que quería una salida digna y que estaba dispuesto a llegar a un acuerdo público con los huelguistas de hambre?
¿Por qué le mintió a Monseñor Flavio Calle Zapata para que él nos trasmitiera a los huelguistas una supuesta buena voluntad de negociación que ahora niega y llama coacción?
¿Ignora acaso que incluso algunos amigos cercanos suyos que se agrupan en MUSA han dicho públicamente que su gestión es indefendible y que usted debería renunciar?
Si un acuerdo del acta de negociación con los huelguistas de hambre es el llamado al respeto mutuo y a la no agresión, ¿por qué ahora se declara chantajeado?
¿Por qué se aferra al poder en la UT? ¿Tiene algo mayor que ocultar? ¿A quiénes quiere proteger?
¿Conoce usted el valor de la palabra que nos enseñaron los tolimenses de antaño?
¿Cuánto hace que usted, profesor, no orienta un curso en la Universidad del Tolima?
Si de verdad ama la institución ¿Por qué no toma cuatro (4) cursos el semestre entrante y empieza a devolverle a la UT lo que ella ha hecho por usted?
Hay un viejo adagio que dice que las personas pasan y las instituciones quedan, pero muchos nombres hacen parte del inventario de las instituciones por su grandeza o por su mezquindad ¿cómo quiere ser recordado?
¿Está usted, profesor, bien mentalmente?


Posdata: por el respeto que como colega universitario le debo, no trascribo aquí otras preguntas personales que se hacen en el campus y fuera de él, pero debe saber que se hacen.

julio 16, 2016

¿Y DESPUÉS DE LA HUELGA QUÉ?


Reflexiones de un convaleciente

Por: Carlos Arturo Gamboa
… todo lo que debe ser transformado está empezando a transformarse. La Universidad del Tolima debe ser nuestro principal objetivo.
Debemos evitar caer en la depredación por el poder. Este momento no es para buscar nombres, sino para construir un proyecto colectivo. Los nombres son secundarios y saldrán, pero si hay ideas claras esos nombres deben corresponderse a las ideas. Ojalá sean muchos los nombres éticos y universitarios, ojalá algunos de ellos estén dispuestos a gobernar en consenso.
Debemos apostar por el reencuentro de los sectores para elaborar un vademécum que contenga los principios esenciales para un periodo de gobierno en transición. No se le puede entregar la universidad a un sector, ese ha sido nuestro gran error como comunidad.
No busquemos un patriarca o un amo. El último “prócer” feneció en su soberbia, aun se escucha el ruido de las cosas al caer.
No esperemos un mesías, no existen seres perfectos, las crisis deben afrontarse entre los que quieran solucionarlas. Muchos querrán que todo siga igual, tocará superarlos.
Salgamos del confort, abandonemos la baldosa. Es muy fácil opinar si no te juegas el pellejo por tus ideas. Si esperas que alguien piense y haga por ti, seguro lo encontrarás.
Aceptemos que las cosas no van bien. Mirémonos al espejo. Seguir defendiendo viejas estructuras, viejos modelos institucionales y añejas cotidianidades, es negarse a avanzar. La UT está habitada por seres capaces de emprender un proyecto sensato, desde el más humilde trabajador hasta el más altivo docente, o viceversa.
Evaluemos la real dimensión de nuestra universidad, no tratemos de imitar modelos impuestos o copiados, la sed de ranking nos ha hecho mucho daño; los falsos postulados de calidad y acreditación son simulacros y tras ellos hemos perdido el objetivo de educar el pueblo.
Desaferrémonos del puesto de trabajo, eso no es todo lo que ofrece la universidad. Juguémonos por un proyecto social de formación para la inclusión. Reflexionemos, muchas de las cosas permanecen estáticas porque no las queremos cambiar.
No guardemos silencio ante lo que se hace mal, alertemos sobre ello. Al final la honestidad resplandece más.
Dejemos de tenerle miedo al poder, los poderosos se alimentan de nuestro miedo. No le rindamos pleitesía a la mediocridad. El conformismo es tan agobiante como la ineficiencia pública. Creo que son parientes.
Rescatemos espacios universitarios como las asambleas, los foros, los debates y los conversatorios. En los últimos meses se han venido convirtiendo en un lugar para volver a darle vida a la política.
Ordenemos la casa, luego pensemos en la del vecino. ¿A usted le gusta el paisaje visual de la UT? A mí no. Transformémoslo.
Hagamos bien lo que a cada quien le toca. Una sumatoria de buenos oficios es pilar de una moderna organización. Si todos trabajáramos como las compañeras de oficios generales, la universidad sería ejemplo de eficiencia.
En tiempos cuando se habla de la construcción de la paz, como universitarios debemos procurar ser coherentes; pero la paz no se hace de abrazos, la paz es diferencia y defensa de lo diferente. Donde todos piensan igual no hay paz, hay estupidez colectiva.
Volvamos a sentirnos universitarios, este no es un trabajadero, es una institución de formación superior para lo superior. Asumámoslo.
Procuremos ser ejemplo de lo que deseamos. No somos perfectos, pero el ejemplo es pegamento entre las acciones y las ideas.
Expresémonos. El silencio, en estos casos, causa frustración.


julio 13, 2016

RESISTIR ES EL ÚNICO CAMINO

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Lo único peor que un dictador, es su soberbia.
J. C. Escobar

No se puede obligar a nadie a luchar, solo daré ejemplo luchando.
Carlos A. Gamboa

Las horas pasan, los minutos se hacen pesados. Las rodillas empiezan a tambalearse. El mareo sube hasta la cabeza como una oleada tibia, como un cosquilleo que roba energía. Debes respirar profundo, concentrarte.
Las mañanas son tranquilas, el aire frío del amanecer tranquiliza la piel. He tenido sueños recurrentes de paisajes, de montañas, de ríos que humedecen mi rostro. Al despertar en las madrugadas, en mi carpa, he creído estar acampando en alguna ladera del Combeima, cerca al Nevado del Tolima, luego el cerebro se resetea y escucho el lento gemir de mis compañeros de huelga.
De día las personas llegan como una oleada de abejas que transportan energía. Nos abrazan, nos cuentan sus preocupaciones, nos traen noticias del campus de la universidad; estar tanto tiempo en un mismo lugar me hace pensar que para morir es suficiente un metro cuadrado ¿no entiendo por qué la gente necesita tantas cosas?
Los mensajes para alimentar la fortaleza llegan de cada rincón. Por lo correos, por las redes sociales, por el celular. La tecnología sirve para extender la solidaridad, los mensajeros binarios llegan por miles; no hay muchas fuerzas para devolverlos cargados de agradecimientos.
Me he quedado mucho tiempo mirando los rostros. Los de mis cercanos, los de mis amigos, los de aquellos compañeros de trabajo que quizás apenas un día saludé. Sus rostros dicen lo que sus bocas callan. Hay mucha angustia en las miradas, muchos deseos de que no claudiquemos, mucha preocupación por nuestros cuerpos que musitan una melodía lenta al desplazarse.
He podido explorar más a fondo la mezquindad humana; algunos, apenas un puñado de alfileres en la pradera, se han burlado de nosotros, han convertido sus miedos en mofas que hieren el corazón del luchador, han antepuesto el interés pusilánime del tiempo ante la vida misma que dicen amar y celebrar. Los excuso pero no los comprendo, no cambiaría la vida de nadie por un imperio.
Las horas siguen su lento transcurrir, se hacen más lentas, se arrastran por las baldosas, se escurren por las paredes. Las enfermeras vienen y van, sus sonrisas alimentan el palpitar de los osciloscopios, sus agujas parecen avispones en la piel. Me siento más chuzado que el telefono de Piedad Córdoba.
Mis compañeros de huelga se han convertido en una cofradía de anécdotas. La mayoría de ellos antes eran rostros en el campus, quizás hasta rostros nunca vistos, pero me hacen recordar aquello de que “cada hombre es una historia”. Su generosidad, arrojo y desprendimiento es un tesoro para esta universidad, para este territorio, para este mundo.
Mis amigos, constantemente, me hacen llamados a que no me mueva tanto, a que no escriba. Entonces suelo escabullirme de madrugada a ordenar palabras, como un campesino que de noche salta el broche y va a la ciudad en busca de placeres. Creo que nunca podré hacer huelga de palabras, no he nacido para ser sumo sacerdote del silencio.
Un nuevo día empieza a descender desde las montañas. Consumo otro trago de suero comercial. Froto mis manos mientras pienso que en la distancia alguien padece nuestra osadía, pero muchos celebran nuestro rito acuoso de resistencia. Ayer mi hijo Jhon Alex, quien apenas tiene catorce limpios años, me envío un mensaje pidiendo permiso para unirse a la huelga como respaldo, su arrojo es bofetadas para tantas cobardías.
El inventario es muy extenso, mis dedos padecen cansancio de teclado. Son cerca de 170 horas de huelga de hambre. Aún no logramos derribar el dique de la indolencia, parece que el poder está recubierto con una capa de insensible plomo. Entonces vuelvo a recordar lo que dicen los miles de rostros que nos han venido a saludar: No se puede claudicar. Es inevitable, resistir es el único camino.
Teatrino Parque Ducuara
Universidad del Tolima
Julio 13. 4:00 AM

julio 09, 2016

CON HAMBRE Y SED DE JUSTICIA UNIVERSITARIA

Por: Carlos Arturo Gamboa
Quizás el hambre sea lo más humano que exista, porque recuerda nuestra finitud.  Nos permite reafirmar nuestro parentezco natural, nuestro origen animal. Nos aproxima a los seres que agonizan y nos aleja de la prepotencia de los dioses.  Dejar de comer es aceptar tajantemente que somos iguales a una oruga, un camello o una salamandra. Un día no estaremos aquí, seremos alimento de lo que antes devoramos.
Por eso la huelga de hambre es quizás el mayor signo de desprendimiento de un sujeto, es la muestra de su compromiso consigo mismo y con lo “otro”.
Cuando decidí declararme en huelga de hambre no me sumé a un acto desesperado, lo hice convencido de las ideas que defiendo, en este caso decantadas en la Universidad del Tolima, un lugar físico, pero también una idea, en donde convergen muchas de las convicciones que me han formado.
Durante estas 64 horas que llevó en esta protesta pacífica, he recibido bastante aliento de amigos, conocidos y parientes, pero también muchas preguntas; entre estas últimas la más repetitiva ha sido: ¿vale la pena este sacrificio? He pensado en ella y este texto es el resultado de dichas divagaciones.
El mundo actual, en el cual crecí, nos ha enseñado que lo más importante es el individuo, sus cosas y su bienestar, los demás poco importa; los otros, acaso, son un punto de referencia, no una acción. Poner en riesgo el Yo parece una locura para un mundo en donde el Yo es el amo. La individualización a la que nos condujo el sistema se refleja en casi todo: las formas en que nos dicen que debemos educar (competencias), las formas en que debemos vivir (producir) y las formas en que debemos amar (reproducir).
Estamos en el tiempo de lo individual, es decir, la negación de lo colectivo. Estamos en el tiempos egoístas, es decir, la negación de lo común.
Hoy, asumir un discurso que defienda la ética, lo público y lo común de una Institución como la Universidad del Tolima, parece estar fuera de tiempo; pero, a mi modo de ver, es reafirmar lo colectivo, es una apuesta por un espacio y una idea, la de las posibilidades del saber, la de un lugar para todos con los riesgos que implica estar todos juntos.
No tengo ninguna duda, la Universidad del Tolima es apenas un nombre que puede ser dotado de significado por quien lo pronuncia, y para mi, y creo que para quienes están conmigo en esta huelga, es el espacio de los sueños de nosotros y los otros.
En tal sentido, dejar de comer, asumir el riesgo de deteriorarnos hasta llegar al estado primigenio de la evolución, es la negación total de todo egoísmo y la posibilidad de rescatar lo colectivo.
Por eso, mientras los minutos pasan la ideas por las cuales me declaré en huelga de hambre se reafirman, mientras aumenta mi hambre y mi sed, pero de justicia universitaria.
Teatrino Parque Ducuara
Universidad del Tolima
Julio 9 de 2016. 6:00 am.

julio 07, 2016

LA PUERTA

Por:  Carlos Arturo Gamboa B.

Cuento publicado en la desfinanciada y virtual revista El Salmón No 26

Nadie sabe a ciencia cierta quién propuso construir la puerta, lo único certero en esta historia es que hubo tiempo en que la entrada estuvo libre de ese obstáculo para los transeúntes.  Como suele suceder con las cosas o fenómenos que trastocan nuestra existencia, una mañana la puerta estaba ahí. Los primeros en advertirlo fueron los vigilantes, quienes se vieron supeditados a cuidar un lugar que ninguno reverenciaba. Si a nadie le preguntan sobre la conveniencia de una puerta, nadie la respetará, aunque todos sabemos que desde niños el sistema nos enseña a obedecer a todo, menos a las puertas. Las puertas sirven para entrar, pero también para huir, en ambos casos deben estar abiertas.
La primera puerta era de metalistería rudimentaria. Salió de algún taller sin haber sido favorecida por la pintura, aunque pasaba inadvertida para la mayoría. Fue un lunes lluvioso cuando tomamos conciencia de la puerta como un lugar de referencia. Tres muchachos con cara desleída y cabellos largos la habían bloqueado con cadenas y candados, a cambio de abrirla pedían tres balones de voleibol y una malla. La puerta duró bloqueada medio día.
Mucho tiempo después la puerta empezó a usarse como medio de comunicación. Sobre sus columnas oxidadas se pegaban carteles invitando a una fiesta, a un evento o a cualquier tipo de acto que estuviese destinado a hacerse de puertas adentro. Después supimos de la puerta porque una noche un anarco-funcionario borracho la franqueó ante la negativa de los vigilantes, entonces comprendimos que las puertas no solo se abren y se cierran, sino que también se saltan.
Para un 8 de junio la vieja puerta llegó a su fin. Una tanqueta de la policía la hirió de muerte, mientras por sus fisuras corrían despavoridos muchachos en busca de refugio. Sus escombros quedaron a la deriva de las miradas durante días. Con nostalgia recordamos que parados en esa puerta algunos muchachos consiguieron recursos para ir a conocer el mar, otros lograron tapar las goteras de sus dormitorios, las damas ganaron una falsa promesa de futuro y muchos otros elaboraron sus listas y peticiones, mientras extendían cadenas y candados en su estructura.
Un mes después la nueva puerta dominaba el paisaje. Esta vez el forjador de hierros había invertido mayor esfuerzo en su tallaje. La pintura que cubría su resplandor era de un negro sólido, como las columnas que sostenían los anclajes. Pero el negro fue reemplazado por el color de los hombres de verde que la asaltaron el lunes siguiente. A los quinces días fue pintada de rojo por los hombres del mismo tono. Un mes después se tornó amarilla y al mes siguiente fue pintada de blanco por un grupo de mujeres que exigían apoyo para un proceso de paz; y así, de mes en mes, de quincena en quincena, la puerta se fue pintando de mil colores, hasta que ya no le importaba a nadie. Los transeúntes solo se limitaban a mirar de lejos el color de la semana, suspiraban profundo y luego se devolvían, sabían con certeza que esa puerta garantizaba siempre un ilusorio triunfo para sus ocupantes.
Hace un par de meses la cálida mañana nos sorprendió con la noticia: la puerta no estaba. Nadie supo qué pasó. Nadie sabe de su paradero. Lo cierto es que desde entonces ninguno volvió a protestar. No hay lugar para la disidencia y los transeúntes habituales ya no distinguen si están entrando o están saliendo. La mayoría parece feliz en medio de un paraje sin colores. Anoche, el anarco-funcionario borracho llegó con el ánimo de franquearla, al no encontrar obstáculo alguno se devolvió. En su cara se dibujaba una tristeza.
Mirando la puerta de la Universidad del Tolima
Ibagué, Febrero 18 de 2016.


julio 03, 2016

LAS SALIDAS DE LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA

Por: Carlos Arturo Gambo Bobadilla
En la Universidad del Tolima se ha interiorizado, como en el país, la idea de que quien crítica a la Administración, es un “enemigo” de la Institución. Con ese artilugio se terminan protegiendo los malos gobiernos y se veta toda posibilidad de trasformación, porque para las mayorías es mejor que las Instituciones sigan en su estado de postración al clientelismo y la politiquería, porque muchos están allí producto de esos fenómenos.
Para el caso de la Universidad del Tolima hay múltiples salidas, pero todas implican una transformación, y ahí está el punto de la discusión. Muchos aun, ingenua o sagazmente, creen que la UT podrá seguir su rumbo sin reformarse, lo cual es imposible. Hoy la universidad de los tolimenses se ve abocada a convertirse en una Institución que sea ejemplo del cuidado de lo público, moderna, eficiente y meritocrática; existen varias formas de hacerlo:
Renuncia del rector actual: Quienes protegen el nombre de José Herman Muñoz y consideran que la UT puede salir avante con él a su cabeza, olvidan que lleva 4 años como rector y ya tuvo su tiempo. En siete meses de reelección aumentó el déficit en cerca de un 50%. Pierde gobernabilidad cada día y no posee un equipo idóneo para tramitar una crisis. Algo si es cierto, si él se va la crisis no se arregla de iso facto, empieza el proceso; por el contrario, si se queda la crisis crece. ¿Qué preferimos como universitarios?
Gobierno de transición concertado: No hay hombres ideales para enfrentar las crisis; las instituciones cuando naufragan necesitan de esfuerzos colectivos. Si el gobernador Oscar Barreto quiere imponer un nombre para hacer de la UT una extensión de su partido, el desastre será total. Hoy la universidad requiere ideas antes que sujetos, si las ideas de un plan de recuperación están claras, las personas que lo encarnen deben ser múltiples. Hoy no puede ser un sector, un grupo de poder o un partido quienes definan el rumbo, hoy estamos supeditados a un esfuerzo general en donde los sectores que quieran aportar posean un espacio para hacerlo desde el mismo gobierno universitario.
Recorte urgente en los gastos fijos: Si no reducen los gastos, solo la inyección de nuevos recursos podría salvar la UT y, para ser sincero, no veo de dónde puedan llegar recursos a corto plazo. Los gastos variables ya fueron estrangulados, pero las nóminas burocráticas no. Lo único que se muestra como ahorro fijo es el dinero que se dejó de pagar por docentes y funcionarios que se han ido. Si los ingresos por matrículas descienden y los gastos siguen fijos (en realidad crecen por aumento de salarios y demás factores laborales), la quiebra será insalvable. Incluso, después de realizar los recortes respectivos y de tener una cifra más ajustada de las necesidades financieras, es posible pensar en un préstamo de menor cuantía (hoy se piden 19 mil millones), que no ponga en riesgo el patrimonio público y que con los gastos reducidos se garantice un colchón financiero para cancelarlo en no más de 5 años.
Reforma por vía de la Asamblea Universitaria: La Universidad del Tolima presenta los síntomas de una Institución tomada por las actos politiqueros de la región, la forma en que se eligen las autoridades, las construcciones de amiguismo, la clientela que pervive a diario en el campus y la obsoleta manera organizativa develan la estructura añeja que debe ser removida. La Asamblea Universitaria debe convertirse en el centro de la reforma de todas las obsolescencias, debe ser el espacio para volver a recuperar la idea del sujeto universitario como protagonista de la Institución. Si algo puede airear la UT es la instalación de la Asamblea en donde los delegatarios lleguen a pensar en el futuro de la Universidad, no a defender sus intereses particulares. El Estatuto General, El Estatuto Estudiantil, El Estatuto Profesoral y la actualización de todas las formas éticas de hacer universidad son prioridades para la Asamblea, para después pensar en un Plan de Desarrollo, un PEI y otros dispositivos construidos de manera participativa que se conviertan en los mojones del futuro de la Universidad del Tolima. Solo aquello que se construye de manera participativa, se activa de manera participativa.
Movilización y lucha por la deuda de la gobernación y nuevas transferencias: La Gobernación del Tolima tiene una deuda social y económica muy grande con la Universidad del Tolima, y necesitamos activar todos los dispositivos para hacerla valer. De igual manera, el Ministerio de Educación Nacional debe tener como prioridad para la inversión en el posconflicto, el fortalecimiento de la educación superior, más en la región Tolima cuyo epicentro de miles de desigualdades generó la activación de la violencia que hoy se aspira a terminar. Para lograr los dos objetivos anteriores, es clave la movilización social, la activación de equipos jurídicos pro-UT, la participación responsable de los sectores políticos, no para pedir cuotas, sino para generar proyectos de Ley que le garanticen el futuro formativo de miles de jóvenes tolimenses y colombianos.
Construcción de un pacto social por la Universidad del Tolima: La idea de que sea la Universidad un punto de encuentro para todos, más allá de las ideologías o las disciplinas, parece ser una utopía. Sin embargo, ante la crisis es factible pensar que a las mayorías nos mueve el bien común, ya seamos trabajadores, estudiantes o docentes; y que esa convicción nos debe permitir tejer elementos de unidad con principios. Se debe entonces empezar a construir ese gran pacto social, al que ojalá los agentes externos se sumen, no para sacar réditos individuales, sino para garantizar la formación de miles de jóvenes que solo pueden acceder a lo público.  
En general, si existen salidas pero si seguimos aferrados al viejo poder que se derrumba será imposible verlas. Si seguimos anclados a los grupúsculos que resguardan sus pequeños intereses, no lo lograremos. Hoy el bien máximo debe ser defendido por quienes no lo tenemos de botín, y ese bien se llama UNIVERSIDAD DEL TOLIMA.