junio 06, 2015

REINVENTAR EL IDEAD




Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Egresado y docente del IDEAD[1]

Con más de 3 décadas, el proyecto educativo del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD) de la Universidad del Tolima, ha ingresado en una etapa crítica de retos y redefiniciones. Las nuevas disposiciones del orden nacional y las tensiones regionales y locales, no solo empiezan a cuestionar su papel frente al proyecto formativo, sino que lo conminan a redireccionarse. En este panorama, surgen los Departamentos de Estudios Interdisciplinarios y Pedagogía y mediaciones, que ya albergan, en cerca de dos años, 20 docentes de planta; creando un hito en la historia del IDEAD, que de alguna manera irrumpe en la cotidianidad organizacional, empieza a cuestionar lo establecido y propone nuevas rutas hacia su transformación. De la misma manera, por primera vez en la historia del IDEAD, se avanza hacia un proceso democrático para la elección de un Director en propiedad, lo cual constituye un desafío para la participación de la comunidad, la trasparencia, el derrocamiento de la burocracia y, sobre todo, para reafirmar el concepto de autonomía que tanto se pondera en su modelo pedagógico.
Estos aspectos se convierten en luchas para la comunidad de estudiantes, docentes (catedráticos y de planta), egresados y funcionarios, estos últimos quienes soportan el entramado administrativo. A continuación una mirada sobre esos retos:
Políticas académicas para el IDEAD
Hablar de calidad o excelencia académica, entendidos estos conceptos como la necesidad de ofrecer una mejor educación pública, es casi imperativo hoy para las instituciones educativas, y la brecha entre discurso y realidad es inmensa. Para el IDEAD este es uno de los mayores retos, debido a que tradicionalmente se ha visto como una modalidad poco exigente, por lo cual los actores que allí concurren (docentes, administrativos, estudiantes) deben unirse con el fin de derrotar esa visión. En este sentido, varios de los siguientes aspectos son fundamentales para el cambio de rumbo de esta unidad académica.
En primera medida, el Instituto hoy debe privilegiar y empoderar la academia por encima de lo administrativo, debe romper con esa malsana costumbre que agobia las organizaciones educativas. Es necesario construir comunidades académicas que lideren, vigilen y propongan líneas estratégicas de desarrollo académico, de investigación e interacción social. La construcción real de estas comunidades académicas permitirá bloquear la cultura de la “seudo-innovación” como ideología compulsiva de las administraciones de turno, el voluntarismo, la improvisación y la carrera por la supervivencia cotidiana en la que ha vivido el Instituto; factores que han negado sistemáticamente la construcción de una tradición, porque cuando se recurre a la memoria académica todos creen estar empezando de cero, desconociendo las múltiples experiencias de un trasegar de más de 30 años.
Igualmente, deben repensarse los lineamientos pedagógicos para la modalidad, porque debido al tiempo y al desgaste discursivo, hoy no tenemos claridad en los fundamentos, principios y aspectos filosóficos que nos deben guiar. No hay claridad en la misión y la visión, aunque estén escritas; no identificamos claramente cuáles son las particularidades de los programas ofertados en la modalidad y cuáles son los aportes del IDEAD a la transformación de los entornos locales y nacionales; igual, no se saben a ciencia cierta las metodologías, procesos y actividades que propician esos objetivos. Todo esto es posible de esclarecer si se redefinen los lineamientos académicos, en concordancia con los planteados por la Universidad del Tolima, pero sin olvidar la idea de que la modalidad a distancia posee unas particularidades en enfoques, metodologías y evaluaciones: no podemos caer entonces en la tensión de presencializar distancia.
Al redelinear estos aspectos, se puede dar cuenta de un sistema de investigación adecuado para el Instituto, de unas políticas de publicaciones, de los aspectos centrales a discutir por los colectivos académicos, los cuales deben ser reactivados desde los Comités Curriculares, porque hoy aún se encuentran, en su mayor parte, sumidos en actividades operativas sin prestarle mayor atención a lo académico, que constituye su razón de ser.
Igual suerte debe correr el plan de formación docente, debido a que el IDEAD cuenta con cerca de 1000 tutores, muchos de los cuales no tienen claridad o participación real frente a estos aspectos planteados, por lo cual no se trabaja coordinadamente. Se deben redefinir las estructuras tutoriales, el tiempo de los cursos, las horas de pago a los tutores, la inversión en material pedagógico, en laboratorios, en equipos, en redes de información, entre otros aspectos que impacten directamente en el factor de “calidad”. Cualificar y respetar la labor docente siempre es una variable que afecta directamente la denominada excelencia académica, pero durante décadas la administración central y las administraciones de turno del IDEAD, en concordancia con las políticas del Ministerio de Educación, han birlado este imperativo.
Finalmente, la creación de los Departamento ha provocado un movimiento de irrupción institucional, generando oleajes que afectan la cultura organizacional, que genera expectativas y miedos, que puede unir las brechas o ampliarlas. Lo cierto es que, de la capacidad de transformación del IDEAD y sus colectivos, depende el futuro de miles de personas que se forman al amparo de este modelo; debe ser ese el faro que nos guie y nos permita reinventarnos, porque son esos sujetos que sueñan con formarse en nuestros programas, nuestra mayor responsabilidad como universidad pública.
Gestión estratégica del IDEAD
Las organizaciones no pueden permanecer estólidas ante el paso de los años, y menos ante las dinámicas cambiantes del contexto; como tampoco pueden estar a la deriva, al vaivén de las administraciones de turno y tampoco pueden perder su memoria histórica. En ese sentido, el IDEAD requiere de un proyecto del largo aliento que le permita dar cuenta de unos objetivos sólidos, pero al mismo tiempo flexibles, es decir que posea una hoja de ruta, aunque los caminos para llegar a las metas puedan ser diversos.
Ahora bien, uno de los cambios urgentes que se debe enfrentar es la reestructuración o rediseño de la estructura organizativa del IDEAD y el flujo de procesos y procedimientos. Cada día la comunidad se enfrenta a procesos disimiles, repetidos, desgastantes. No hay claridad en ellos, las rutas críticas de los mismos no son expeditas, existen ideas y conceptos encontrados sobre lo que se debe hacer en términos prácticos y no hay respuesta eficiente al día a día. Igual sucede con la toma de decisiones, porque nadie sabe exactamente a quién le compete solventar ciertos aspectos, lo que alarga los procesos. En ese sentido, es urgente reagrupar procesos, decantar las funciones, al parecer algunas se repiten en distintos colectivos, redefinir responsabilidades y campos de acción, con lo cual la toma de decisiones se esclarece; por ejemplo: no hay coherencia discursiva y procedimental entre la Secretaria Académica, los Comités Curriculares, las Direcciones de Programa, los Departamentos, la Oficina de Mediaciones y  la Dirección del IDEAD, lo cual crea una mixtura de discursos y un maremágnum de ideas que tardan demasiado en convertirse en acciones reales para la trasformación institucional.
Otro de los grandes temas a abordar, tiene que ver con la construcción de un sistema integral de información y comunicación que responda a las dimensiones organizacionales del IDEAD, entendiendo que somos una institución de cobertura nacional. La pérdida constante de memoria institucional, la falta de mecanismos para la protección de la información (administrativa y académica) y la ausencia de un archivo histórico, entre otros aspectos, convierten la búsqueda de información en un caos rutinario. La elaboración de un sistema integral de información permitiría dar salida a estos problemas, porque un sistema eficiente, efectivo y eficaz garantizaría que exista claridad en  los procesos y estos fluirían de manera adecuada.
De igual manera, se hace necesario repensar los mecanismos y criterios que se establecen para la creación de nuevos programas y  apertura de centros tutoríales, así como para la decisión de ofertar programas en las distintas sedes del IDEAD. Si no existe una relación directa entre las intencionalidades formativas de los programas y los problemas del contexto, el propósito formativo se diluye en una simple cuantificación por cobertura. Se deben, por lo tanto, establecer reglas claras para estos fines, usando diagnósticos de contexto, estudios de viabilidad e impacto, así como propuestas de sostenibilidad económica y sustento de factores de calidad de los programas que se abren u ofertan cada semestre. Igualmente, la idea de acreditar de alta calidad los programas debe ser una decisión responsable, atendiendo a un análisis riguroso del estado actual de éstos. La ruta es pensar primero en los procesos de autoevaluación y reestructuración curricular de los programas, elaboración de los PIC, elaboración de los portafolios, y luego si pensar en la acreditación, algo que en la actualidad se está haciendo al contrario. A mi parecer, es más vital la acreditación social que la acreditación ante los organismos del Estado, pues la realidad muestra que muchas universidades, facultades y programas gozan de acreditación, pero la realidad en donde operan no es transformada, convirtiendo estos procesos en simples simulacros del añejo sistema educativo nacional. “Acreditación social para la acreditación institucional”, debería ser el lema.
Todo lo anterior, define el tipo de Unidad Académica que se debe implementar para que exista la redefinición administrativa. ¿El IDEAD debe asumirse totalmente como una Facultad? ¿Existen otras formas organizativas que respondan a estas necesidades de transformación? Lo único cierto es que la actual estructura debe cambiarse, porque no se adapta a los retos de la región, y menos del país en donde muchas sedes operan. Algo se ha trasegado en esta dirección, pero la redefiniciones han sido lentas y los cambios son urgentes.
Clamor y miedo por la democracia
Quienes tenemos la fortuna de ser egresados del IDEAD, y ser co-participes del ethos y el campus de este proyecto, sabemos que la lucha por la democracia en el Instituto ha sido un clamor de años. Muchos representantes estudiantiles han “pelechado” votos en el IDEAD para ocupar esas vacías representaciones que ofrecen la limitada “democracia representativa”, pero luego de las elecciones su ausentismo es similar al vacío. En la anterior elección a rector, muchos de los votos con los que se legitimó la administración actual, fueron depositados en las urnas de los Centros Regionales, pero ahora, tres años después, uno retorna a ellos y ve que poco ha cambiado y, en algunos casos, lo que ha avanzado son los problemas. Solo queda el rumor y la desesperanza que generan las incumplidas promesas.
¿Cómo construir un sistema incluyente en el IDEAD? Se debe empezar por descentralizar el Instituto, porque la monotonía administrativa que opera desde la sede de Ibagué ofrece pírricas dinámicas para construir lo colectivo. No hay diálogo real con los Coordinadores de Centros Regionales, los Comités Curriculares no tienen presencia de catedráticos o estudiantes de las regiones, los estudiantes están desconectados y apenas reciben mensajes brumosos de sus derechos; es decir, tenemos un modelo obsoleto de democracia universitaria, más obsoleto aún que el de la modalidad presencial, lo cual es mucho decir.
Por ese motivo, en la actual coyuntura de apertura hacia procesos de elección por voto, debemos blindar el IDEAD de las viejas mañas politiqueras de consumir promesas y halagos, para tranzar votos. Debemos asumirnos como reales sujetos autónomos, debemos firmar pactos públicos de compromisos con los aspirantes, entre ellos el de la “revocatoria del mandato” si no cumple con los mínimos que requiere el IDEAD para reformularse y potenciarse como proyecto educativo nacional.
Finalmente, es necesario dejar algunos interrogantes para la discusión que se avecina, la cual es deber de todos asumir con la responsabilidad que nos otorga el llamarnos Universitarios:
·         ¿Por qué si somos una sola universidad, en Distancia se paga mayor costo de matrícula que en presencial?
·         ¿Cuáles son los reales elementos del bienestar universitario en los Centros Regionales?
·         ¿Cómo crear mecanismos de participación real entre la sede de Ibagué y las distintas sedes regionales en todo el país?
·         ¿Cómo garantizar mayor eficiencia en los procesos administrativos y lograr que ellos se active en dirección de la academia?
·         ¿Qué programas académicos cumplieron su ciclo y cuáles nuevas oportunidades se deben propiciar?
·         ¿Cómo construir un plan de formación docente para catedráticos y garantizar sus derechos de manera adecuada?
Las preguntas pueden ser muchas más, cada sujeto puede intentar respuestas a ellas o ampliar los interrogantes. Lo cierto es que nadie que se aprecie de estar inmerso en esta Unidad Académica, puede ser agente pasivo ante esta necesidad de REINVENTAR EL IDEAD.


[1] IDEAD (Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima). Muchas de estas ideas han sido debatidas en el IDEAD, durante mucho tiempo y por diferentes colectivos, pero la responsabilidad de la sistematización y de lo que aquí se plantea, corresponden a mi interpretación desde el ejercicio de la libre escritura.

junio 02, 2015

COMBATE POR LA VIDA: EL LEÓN DORMIDO CONTRA EL LEÓN BANDIDO




Por: Carlos Arturo Gamboa B.

De niño escuché unas coplas populares que los radios trasmitieron durante mucho tiempo y que se quedaron incrustadas en mi memoria. Eran las sonoras notas de un personaje mítico en el campo: el profesor Yarumo. Algunos apartes de esa melodía siguen rondando las montañas:
Allá arriba en aquel alto
Donde nace la quebrada
Había un monte muy bonito
Y el agua nunca faltaba.
Vino un hombre irresponsable
Tumbó el monte y lo quemó
No había pájaros ni leña
La quebrada se secó.

En aquel tiempo de mi infancia la fiebre del oro era cosa del pasado y los abuelos narraban historias heredadas de la tradición oral. Nos decían que hubo una época de tranquilidad, la cual fue interrumpida por los colonizadores que atraídos por el oro llegaron a Colombia y depredaron el territorio. En el Tolima, la fiebre del oro arrasó con miles de vidas indígenas, muchos de ellos fueron torturados para que confesaran en dónde quedaba El Dorado. Ellos nunca dijeron que el oro era la sangre dorada de la tierra y que las cordilleras era su escondite; aunque de nada les hubiese servido a los hampones barbudos saberlo, pues en ese entonces no tenían forma de extraerlo. El Nevado del Tolima, el gran León Dormido, siempre fue testigo de estos sucesos, y en sus cumbres duerme el secreto.

Ahora han transcurrido algunos años. Los viejos que contaban estas historias son parte de la tierra a donde fueron a descomponerse sus restos, pero una nueva fiebre del oro se ha desatado sobre estas cordilleras. El León Dormido, quien presenta grietas en su rostro, desde lejos observa el avance de esa nueva forma de depredación que algunos incautos llaman desarrollo. Sobre las cordilleras se escucha el rumor de que los depredadores amparados en un eslogan bursátil han desembarcado de nuevo en estas tierras, ellos son los herederos del León Bandido. La batalla debe empezar, sobre las tierras antiguas en donde ardieron nuestros antepasados debido a la avaricia de los españoles, hoy se debe librar otra batalla: Los hijos del León Dormido deben enfrentar los depredadores del León Bandido.

Si el León Bandido vence, en un tiempo futuro se escucharán estos versos sobre la desolada montaña, notas de sedientas gargantas:
En tierras de Cajamarca
En donde el agua abundaba
Llegaron depredadores
Y secaron la cañada,
Se llevaron todo el oro
Dejándonos un desierto
Y donde nacía la vida
Ahora todo está muerto.

Pero si los hijos del León Dormido, los herederos del gran Caupolicán, los hijos de Yulima y los nietos del Cacique Ibagué defienden su territorio, la historia nos premiará con este canto:
Allá en las altas montañas
Donde florece la vida
El agua entona su canto
De abundancia de comida.
Al fondo, el Gran Nevado
Del territorio Tolima,
Celebra que el aire canta
Y la vida se respira.


Hoy es el tiempo del nuevo despertar de los herederos del León Dormido, para defender la vida. ¡Despierta tú también!

mayo 25, 2015

LA UNIVERSIDAD DE NARIÑO, UN AVANCE DEMOCRÁTICO QUE SE DEBE DEFENDER

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
La democracia en la comunidad universitaria es una especie de mito, dicen que existe pero nadie la ha visto. Al menos eso pensaba antes de visitar la Universidad de Nariño. Nada extraño tiene su campus porque al pasearse por él se encuentran edificios de aulas, auditorios, cafeterías, escenarios deportivos y muchas zonas verdes, esto último si se puede tildar como particular, porque los modelos de construcción basados en la soledad del concreto se han ido tomando las universidades.
Sin embargo, el panorama mental si se trastoca cuando se escucha decir al rector, Carlos Eugenio Solarte, que prefiere la democracia real que impulsa el proceso de la Reforma Universitaria, a la imposición de la pretendida Acreditación de Alta Calidad; y lo prefiere porque la reforma está instalada en la participación mediante procesos asamblearios en los cuales se discute y reconstruye  el estatuto de la universidad, mientras que el seudo-sueño de la acreditación, y esta es mi opinión, no es más que un embeleco instituido para hacernos creer que obteniendo la medallita seremos mejores, y de paso olvidamos el verdadero camino que debe transitar la universidad pública.
Luego uno se va sorprendiendo más cuando empieza a constatar que es cierto que en la Universidad de Nariño el rector es elegido por la comunidad y “designado” por el Consejo Superior, tradición de años que en nada contradice la Ley 30, el escudito anti-democrático que en las otras universidad, las fuerzas de poder, exhiben como prohibitorio. Pero también se escucha y constata de que lograron construir mediante proceso asambleario el Plan de Desarrollo 2008-2020 y en el 2013 construyeron el Proyecto Educativo Institucional (documento que requiere un análisis más detallado, debido a su propuesta incluyente y transformadora). Este en una de las páginas iniciales dice, considerando:
“Que la Comisión Académica de Reforma Universitaria elaboró la propuesta del Proyecto Educativo Institucional – PEI- ampliamente estudiada por las Facultades, Departamentos y Programas, discutida y aprobada por la Asamblea Universitaria”
Es así de real, está en los documentos institucionales como es el caso del PEI firmado por el Presidente del Consejo Superior, hay evidencias concretas de democracia; por lo cual la participación real deja de ser un mito y se torna tangible; y lo puedes comprobar en el campus, el ethos y en los documentos institucionales de la Universidad de Nariño.
Ahora bien, rumbo a San Juan de Pasto y cuando el avión está aterrizando sobre una hermosa meseta en el municipio de Chachagüí, se experimenta un ligero temblor de turbinas provocando la palidez propia de las turbulencias, entonces sabes que has llegado. Luego tus ojos disfrutan el verde paisaje que se enciende a la distancia, entre montañas que traen tonadas de historias milenarias, de culturas que reposan en las cumbres y que están siendo vigiladas por el volcán Galeras, la fiera dormida como algunos le dicen. La ciudad y su clima frío te ofrecen hermosas edificaciones elaboradas por manos antiguas que aun conservan su belleza y son testigos de otros tiempos, puedes saborear el cuy, calmar el frío de la noche con una jarra de hervido o atreverte a más y terminar chumado en algún tranquilo parque.
Para llegar a Pasto debes vencer el miedo a la turbulencia, de la misma manera que para apostarle a la democracia real, debes vencer el miedo que engendra la heteronomía institucional, debes comprender el verdadero papel de la Universidad Pública en nuestro contexto, debes entender que de esa manera se puede transitar por el camino de la potenciación del Sur. En la Universidad de Nariño se le apuesta a la democracia real, nada allí es ilegal, más aún, creo que es allí en donde  la Constitución Política Colombiana y su espíritu incluyente más se respeta. Por eso estaremos prontos a defender, profundizar e imitar esta idea de proceso democrático, porque cuando uno ve las bondades de estas apuestas, deja de tenerle miedo a las turbulencias y duerme tranquilo a la sombra del vigilante Galeras.


La Universidad de Nariño es ejemplo para las demás universidades públicas de Colombia, todos debemos a mirar hacia el Sur y entender que estamos en un tiempo en el cual nuestros mitos deben hacerse reales, la democracia universitaria es uno de ellos.

mayo 11, 2015

CUANDO ESTÁ ABIERTO EL CAJÓN, EL MÁS HONRADO PIERDE

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Mayo 2015. Otra vez la Universidad del Tolima está en crisis. Pero, ¿cuál es la real dimensión de esta crisis? Ese puñado de funcionarios que está al frente de la administración actual empezaron vociferando en los medios (sospechosamente) que la crisis es financiera. El panorama se fue agitando y algunos sectores empezaron a decir que la crisis es de movilidad, otros que de convivencia, otros que de clientelismo y así poco a poco la crisis fue creciendo al tamaño de la ballena que se tragó a Jonás. A mi parecer, en todas estás enunciaciones existe una mirada parcial de verdad y mucho de encubrimiento. Empecemos, le dijo  la tortuga a la libre.
Hace años que la Universidad del Tolima no enfrenta los problemas cotidianos y estructurales con el ánimo de solucionarlos, y no solo me refiero a los rectores y sus equipos, sino a las mayorías que viven y sobreviven en el campus; menos querrán hacerlo esos (no pocos) que depredan la universidad. Es verdad que tenemos una planta administrativa que sigue creciendo sin control y culparlos a ellos es un distractor, el problema es de ausencia de planeación administrativa y de las cuotas burocráticas de los politiqueros regionales que hace rato habitan la universidad. Deberíamos tener claro cuántas personas deben componer la planta administrativa y entre todos impedir que esa cifra siga creciendo; pero además deberíamos garantizar la eficiencia de los procesos y construir una alianza academia/administración para enrumbar la universidad hacía procesos expeditos. Entonces la cuestión es de ética, planeación del gasto público y eficiencia administrativa. No de peleas entre sectores de la parte más baja del organigrama. Un funcionario honesto debería ayudar a blindar a la universidad de la politiquería, no ser funcional a ella.
Esa debe ser la misma lógica para enfrentar problemas tan sencillos de solucionar como el tema de restaurante, en donde cada día cientos de estudiantes se agarran de las mechas para almorzar, mientras otros hacen colas ordenadas para calmar el hambre burocrática. Igual sucede con el tema de movilidad, fácil de solucionar entre nosotros, pero tan complicado cuando le dejamos la solución a las directivas. A estos problemas de la cotidianidad sumemos consumo de psicoactivos, capuchos, tropeles, chazas y otras minucias que teledirigen la mirada a los bordes de los conflictos, no al centro. Quienes están y han estado en la dirección de la universidad nunca atendieron, ni les interesa atender estos problemas, porque la existencia de ellos les garantiza la cortina de humo que cubre los problemas estructurales. Por eso muchos de los que crean conflictos en estos temas, o se creen adalides, los verá uno después asimilados por la administración, porque son funcionales a su intencionalidad. Fíjense bien estos días y hablamos luego de las elecciones.
Y mientras todas esas cosas cotidianas pasan, los problemas de orden mayúsculo no se solucionan. Siguen las normas obsoletas atafagadas con nuevas normas que cada día emergen en la eterna maraña de los papeles universitarios. Falsos discursos académicos que hablan de excelencia pero transitan los caminos de la mediocridad: sin profesores de planta, con miles de catedráticos, la mayoría de ellos ajenos al mundo universitario, oficinas que con cientos de procedimientos bloquean los sueños de hacer una mejor universidad, proceso lentos, organismos directivos que se reúnen cada ocho días pero nunca solucionan nada, falsos liderazgos que encubren proyectos individuales de poder y acomodamiento, intrigas, derroche en lo innecesario, escases para lo fundamental, entre otros problemas que agobian, matan el espíritu y terminan adormeciendo la comunidad.
Entonces nos encontramos frente a una crisis real de identidad de la comunidad. Hace mucho olvidamos lo que significa ser “Universitario”, porque sin importar cuál sea la función, quien la realice debe entender que está en el campus de la Universidad del Tolima. El vigilante, la aseadora, el contador, la secretaria, el auxiliar, el rector o los miembros del desprestigiado Consejo Superior, deben ser personas que no solo posean unas funciones, deben ser sujetos universitarios. Igual sucede con los estudiantes y maestros, muchos de los cuales tampoco han entendido o interiorizado la importancia de asumirse como sujetos de la universidad pública. Debemos entender que el centro de nuestras preocupaciones es Ella, la Universidad del Tolima quien necesita garantizarle educación superior a la región, pero no cualquier educación, sino una conectada con la realidad y sus problemas que sea capaz de activar el chip social de la transformación.
Si lo pensáramos e hiciéramos  así, erradicaríamos esos grupúsculos de poder que tras falsos discursos de cambio se alimentan como rémoras de la Universidad del Tolima, personajes cuyo interés real son ellos mismos, sus fincas, sus bienes, sus enormes carros, sus ahorros, los puestos para sus amigos, sus mezquinas vidas, sus amantes, sus mirada retrógrada o sus proyectos seudo-revolucionarios.  Recuperar el concepto de universidad pública como centro de la reflexión y la acción evitaría que nos destrocemos entre nosotros, mientras los que han dirigido la universidad en toda su historia siguen alimentando esa enorme ballena que se traga nuestras mejores intenciones y les hace creer a muchos que es imposible transformarnos. Todos ellos son monstruos devoradores de sueños.
Al contrario, reconstruir el ethos universitario es la mejor apuesta hoy para la Universidad del Tolima. Apostar por la democracia real para hallarle un “sur” a nuestros problemas cotidianos y enrumbar la universidad hacia un proceso de transformación  estructural, es el mejor camino para superar el grito, la amenaza, la percusión vedada, la corrupción disfrazada, la dádiva que corrompe, el silencio miedoso y medroso, el falso discurso de los revolucionarios burocráticos, el despilfarro, la ineficiencia, la angustia de la cotidianidad, la rabia y el desconsuelo. Pero sobre todo, recuperarnos como sujetos universitarios es volver la mirada sobre nosotros mismos y sobre nuestras responsabilidades frente a la región y el futuro educativo de nuestra lastimera historia departamental.
De lo contrario, si le seguimos apostando a la trásfuga, a los intereses del enquistado poder, a la mezquindad y el odio, seguiremos en la lógica que ha mantenido sumida la Universidad del Tolima a una especie de oscurantismo medieval en donde, como decía Antonio Aguilar: “cuando está abierto el cajón, el más honrado pierde”. Creo que este es el tiempo de todo lo contrario, de los honrados. Espero que seamos muchos…

mayo 05, 2015

TRANSCURRIR UT (MAYO 5 DE 2015)



LOS 14 MACHETAZOS BAILABLES DE LA UT
Por: Carlos Arturo Gamboa B.
1
Las cuentas claras…la UT necesita tener las cuentas claras.
2
En bancarrota…la cuenta que nos debe la gobernación sigue sin fondos, pero ¿cómo cobrarla si entre amigos que votan en el Consejo Superior se deben cubrir las espaldas?
3
No basta…con indicadores bonitos, cifras y logros, los problemas que enuncian los sujetos de la comunidad universitaria siguen latentes. Por eso: “No basta porque cuando quiso hablar de un problema tú le dijiste niño: "será mañana es muy tarde, estoy cansado"”.
4
Ciega, sordomuda…la administración no parece importale la situación de precarización laboral de los 1700 catedráticos.
5
Ayúdame Freud…para poder entender tanta heteronomía en un espacio llamado universidad que está llamado a construir autonomía.
6
Me vale…lo que piensen y hablen de mí, parece ser la canción preferida de quienes al frente de la Institución se niegan a cambiar de rumbo y romper la lógica de la politiquería regional.
7
El Salmón…sigue cantando: “Siempre seguí la misma dirección la difícil...” ¿será que la platica de la revista también se la gastaron en cositas y tendremos que volver a poner la tutuma?
8
Ayer me dijo un ave…que los buses de la UT se los prestaron a Emilio Martínez, pero no hubo uno para que los estudiantes fueran a la Feria del Libro.
9
La chispa adecuada…o será ¿la chuspa adecuada? Sigue vigente el debate sobre consumo de psicoactivos en el campus, pero nadie lo quiere asumir.
10
Amor y control…la vieja fórmula de los campos de concentración, parece ser la solución que reclaman muchos, si esa fuera la salida las cárceles serían los lugares más seguros del mundo.
11
Gasolina…es lo que la UT necesita, más gasolina porque hace rato que hay más carros que profesores de planta.
12
Me gustan los estudiantes…bueno al menos ese puñado que no han sido asimilados y son capaces de enunciar las cosas sin ruborizarse ¿Habrá futuro con ellos? ¿Serán prontamente asimilados? De todas maneras me gustan los estudiantes.
13
El baile de los que sobran…seguirá siendo el ritmo de cientos de jóvenes que no pueden ingresar a la universidad pública, porque: “Nos dijeron cuando chicos jueguen a estudiar los hombres son hermanos y juntos deben trabajar”.
14
Y al final la vida sigue igual…no hay crisis, la cifras e indicadores de la administración son de una universidad perfecta en donde todo marcha bien. ¿Y los problemas cotidianos son acaso invención de la oposición?