noviembre 10, 2011

CRUCIGRAMA CONTRA LA REFORMA EDUCATIVA

CRUCI-RESISTENCIA EDUCATIVA

Por: Carlos Arturo Gamboa


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F












G












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HORIZONTALES

A.      A. Nombre del presidente que quiere acabar la Universidad Pública.
B.      B. Lo es el TLC, que ya entregó el país a la economía gringa.
C.      C. Un virus enorme, como el de la privatización. Presos de la economía del mercado.
D.      D. Nombre de presidente suramericano que no le come cuento a las trasnacionales. Huye del ESMAD.
E.       E. Nación Revolucionaria Popular. Ojo sin nariz, como el de la ministra.
F.       F. Nombre de poeta inglés que habló de esta “Tierra baldía”. Respondieron los estudiantes cuando preguntaron: ¿Paro?
G.     G. Huir en chino, ante tanto bárbaro. Lo hacen multinacionales con nuestros recursos (INV).
H.      H. Daniel Demetrio Luna, un estudiante cualquiera que se quedará sin educación. Orden que le dan los generales a sus perros de guerra (INV).
I.        I. Gritan los estudiantes. Le mandarán uno al proyecto de reforma cuando muera (INV)
J.        J. Sudar sin vocales, como un niño analfabeto por culpa del gobierno. Nado y nado contra la corriente del mercado (INV)

VERTICALES

1.       1. Ellas son las que más claman por sus derechos en este tiempo aciago.
2.       2. De lo que se quiere apropiar la Ministra para volverla lucrativa.
3.       3. Verbo preferido de las cuadrillas del ESMAD.
4.       4. Narciso Rodríguez Ortiz, otro estudiante por fuera de la universidad. Un gol sin inicio, como el que nos quiere meter la burguesía educativa. 
1.       5. La mesa coordinadora de los estudiantes. Un aborigen, sin tierra por culpa de los terratenientes.
2.       6. Grita el profesor Jirafales indignado por tanta mediocridad (INV). Onomatopeya para frenar mulas como las que nos gobiernan.
3.       7. Calificativo para los discursos que los politiqueros le echan al pueblo para drogarlo.
4.       8. Universidad militarizada. Ni para eso sirve la Ministra.
5.       9. Emilio Ocampo Ocampo Palacios, uno más sin educación. Inundan el congreso (INV)
6.       10. Se ponen así “las ministras” cuando los estudiantes no se comen el cuento (INV)

noviembre 04, 2011

LA CONSTITUYENTE UNIVERSITARIA: UNA IDEA DISRUPTIVA DEL SABER Y LA POTENCIA

Jorge Gantiva Silva
Profesor Universidad del Tolima

“…solo hay conocimientos a modo de relámpagos.”
“…hacer saltar del continuo del curso
de la historia... es una exigencia”.
Walter Benjamin


El nuevo tiempo, incipiente y tormentoso, viene cargado todavía con la pesadez del pasado y las secuelas del gatopartismo de “cambiar para seguir en lo mismo”. Su encanto reside en su fuerza utópica de construir otra universidad. Sus atisbos y aproximaciones muestran la resistencia de lo viejo como refractario, recalcitrante y agresivo; los y las que ahora hablan no habían tenido voz, ni poder, ni reconocimiento. Su legitimidad se forjó en poderosas movilizaciones y en una pluralidad de la participación que supera la cantidad de 30.000 personas, récord histórico en Ibagué, en más de cuatro (4) grandes marchas hacia el centro de la ciudad, en decenas de asambleas generales de facultades y de programas.
Como era de esperase, el poder constituido reclamaba cínicamente la legitimidad, justamente para intentar desvirtuarla y someterla a la lógica de la democracia liberal procedimental. La potencia desplegada tiene la virtud de carecer del “formato” preestablecido o del “glosario hoja de ruta” para someter la fuerza autonómica y creadora de la propuesta. Los procesos constituyentes tienen la magia de superar los esquematismos y la “normalidad” de la sumisión. La voz, la palabra y la potencia han resurgido del alma de los jóvenes, de centenares de mujeres y expresiones de docentes que hastiados del “orden natural” de la simulación y la servidumbre han tomado la senda de discontinuidad del tiempo histórico y han abierto un horizonte de cambio ante la crisis de la Universidad del Tolima, sustentando su proyecto en el poder constituyente, a sabiendas de los rigores del contexto, de los límites y la descalificación destructiva del régimen clientelar y de sus agentes oficiosos.
Grandes razones y poderosos hechos contundentes demuestran el cansancio, el hastío y el agotamiento que ha producido una política centrada en los parámetros neoliberales de extensión de la cobertura en detrimento de la calidad y de los derechos de los catedráticos y tutores, de políticas que han profundizado la privatización desde tiempo atrás y con planes de rendimiento y control mediante los estándares, las competencias y los lineamientos curriculares bajo la férula de la “calidad de la educación”. Ninguna oposición, ni siquiera una sola objeción, ha sido presentada por parte de la administración ante el poder pragmático y simulador de la gestión, autofinanciación y mercantilización de la política neoliberal. Por el contrario, una permanente obsecuencia y encubrimiento se ha extendido mediante esta “ideología” de la “calidad de la educación”, la “excelencia”, la “investigación” y la “formación avanzada” que extienden una “cortina de humo” ante la actual corrupción y clientelismo. La crisis agotó el proyecto clientelar de la “universidad regional” y, desde esta perspectiva, la Constituyente Universitaria ha asediado el tiempo “natural” de la fosilización para irrumpir como fuerza creadora en la espacialidad emancipadora de la comunidad universitaria y ciudadana.
Sujetos, lenguajes y verdades
Este nuevo tiempo ha repensado la construcción de una nueva subjetividad que busca superar los estrechos marcos de la universidad y trascender hacia la ciudadanía, las organizaciones sociales y populares y reconstruir una nueva relación con la sociedad, el entorno geopolítico y el país. El sueño, a todas luces, es utópico. No de otra forma puede superarse el “actual estado de cosas” y encarar una propuesta de transformación democrática de la universidad pública.
El planteamiento inicial se sitúa en la politización de lo social, la apertura hacia la comunidad y la ciudadanía. La Constituyente afirma que su reto es desafiar el poder constituido; por eso, busca trascender los límites de la participación de los “estamentos universitario”, los saberes sometidos y las prácticas fetichizadas del “sentido común” pragmático-cosificado. Su Idea se perfila en torno a la construcción del Poder Constituyente asentado en la fuerza de la comunidad educativa y popular que despliegue la participación, deliberación y decisión de padres, madres de familias, instituciones educativas de la región, movimientos sociales y ciudadanos. La formación de esta subjetividad múltiple reconfigura otra política, otras formas de organización y otras visiones y prácticas de la educación y de la cultura. Se proyecta entonces como la posibilidad para potenciar el lenguaje, el habla, la voz y las miradas de esta multitud que despierta a la actividad pública, democrática y de pensamiento. En esta dirección, la Constituyente abre un espacio social para “producir una verdad” construida colectivamente sobre la Universidad Pública, su sentido, sus campos, sus relaciones de saber y de poder.
La Constituyente Universitaria es una propuesta que incorpora el “Programa Mínimo” de los estudiantes, organizados en la Mesa Amplia Nacional Estudiantil”, MANE, y lo articula con la idea de construir una propuesta alternativa de educación superior. En este sentido, se hermanan las distintas iniciativas nacionales y regionales para enfrentar la reforma de la ley 30. Previo a la convocatoria del paro nacional universitario del 12 y 13 de octubre, la propuesta de Constituyente Universitaria desafió la verdad constituida y asumió la tarea de construir un derrotero ante la profunda crisis interna que vive la universidad y asumió los retos ante la política neoliberal del gobierno nacional y regional. El vigoroso movimiento contó con la amplia participación y procesos de deliberación mediante una pluralidad de acciones colectivas y asambleas generales que definieron líneas de pensamiento y movilización que conectaron con la convocatoria del paro nacional universitario.
El proceso surgió desde abajo, desde ámbitos no estamentales que reclamaban un “empoderamiento” de una subjetividad desconocida que empezaba a reconocerse como voz rebelde y creativa desde su sencillez humana. No había sabihondos, ni “formatos”; solo los adversarios reclamaban “hojas de ruta”, “reglas” y “justificaciones jurídicas”. En su sabiduría la Junta Constituyente admitió que esta problemática sería abordada sobre la base de la politización del proceso, el reconocimiento de los autoaprendizajes formativos y organizativos de la subjetivización creadora. Los reparos cayeron ante la supuesta “ignorancia”, el desconocimiento de la “ciencia jurídica” y la ausencia de las bendiciones del poder constituido. El rumbo fue otro: los sin voz empezaron a hablar, los desde abajo encontraron espacios de intersubjetividad crítica y no esperaron que llegara la “cartilla” o la voz salvadora. Desde su autonomía dibujaron su camino y sus argumentos. En este triángulo amoroso -sujetos, lenguaje y verdad- se ha ido potenciando esta Idea que articula las tareas nacionales de lucha y resistencia, y desafía el tiempo histórico. Su formulación inicial apunta a responder a la pregunta: ¿Qué universidad queremos construir?
La Causa de la democracia profunda
La esclerosis duerme la fatalidad del tiempo. La fiesta de los pueblos despierta la fuerza de la vida, del saber, de la potencia creadora. El consuelo de los acomodados y de los cooptados se refugia en la simulación y en la “servidumbre voluntaria”. La historia que despliega la disrupción del tiempo y la “anormalidad” de la vida, viene cargada de la fuerza utópica que “mueve montañas” y asume que “la idea es poder material tan pronto se apodera de las masas”. Esta Idea de la Constituyente Universitaria tiene el fuego juvenil y el encanto de la potencia contra el hastío de la democracia representativa, formal, cínica y vacía. La que empieza a abrirse paso, con sus propias limitaciones, es la democracia profunda que el pensamiento crítico ha dibujado a lo largo de la experiencia histórica de la resistencia y de la emancipación. Profunda, porque va al fondo de los problemas; por la consistencia de su pensamiento; por sus razones y alcances; por su horizonte de sentido y por su fuerza ética y creadora, por las fuerzas telúricas que la mueven.
Esta nueva Idea -que despierta entusiasmo y compromiso en amplios sectores universitarios y tanta oposición en los poderes establecidos- cuenta con simpatía y comprensión en varias universidades en Colombia y tiene ricas experiencias nacionales e internacionales. Repensar la Universidad Pública plantea confrontar las visiones esclerotizadas del saber sumiso y permite cimentar las verdades de la nueva subjetividad, incipiente, “humilde” y rebelde, pese a sus limitaciones, con la fuerza telúrica de imaginar otro “destino”, otro sentido, otra “razón de ser”. Sin lugar a dudas, “Ningún pueblo esespera y aunque se vea obligado a esperar por obtusidad, llegará un día, después de muchos años, que en un alarde de repentina inteligencia, llevará a cabo sus más levados deseos” (Karl Marx). El encanto de la democracia profunda radica en la reinvención de esta nueva experiencia de la subjetividad crítica y plural entendida como interrupción, esto es, como tiempo disruptivo contra el “tiempo muerto” del capital y del sistema. La Constituyente Universitaria tiene el propósito de suscitar la máxima potencia creadora de soñar una nueva universidad, sin los remilgos de la democracia liberal-procedimental y de la lógica del capital. Edificar una propuesta alternativa de educación superior compromete la reinvención de la democracia, el protagonismo de los “simples”, de los sin voz, de la subjetividad “ignorante” que desafía el saber y el poder constituidos.

octubre 26, 2011

VIDEOS SOBRE LA CRISIS DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA

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octubre 23, 2011

OPORTUNISMO VS SOLIDARIDAD

Por: Carlos Arturo Gamboa
El oportunismo campea en el mundo del siglo XXI. Léase por oportunista la persona que sobrepone su proyecto individual por encima de lo común; por lo tanto el oportunismo es enemigo acérrimo de la solidaridad, aunque muchos sean oportunistas al confundir los dos conceptos. Esta forma de vida ha impregnado todo, en los discursos pedagógicos lo llaman “competencias”, en política alianzas, en economía oportunidades, etc.
La necesidad de un mundo trasfigurado por la seudo-ideología del bienestar capitalista, suele pensar, e invitar a que se piense, que el esfuerzo del individuo lo lleva a posicionarse como un sujeto exitoso, pero sin importar los métodos que use para ello. Por lo tanto, el bienestar egoísta que pocos construyen, tienen un extremo que no se desea reconocer: hay miles de miserables a cambio de “algunos” exitosos. Por eso llaman líderes a aquellos que son capaces de depredar al Otro y ascender los peldaños de esa barbarie.
Esta lógica ha impregnado al sujeto, lo moldea, se ha convertido en la forma predilecta de la alienación moderna. Ya no necesitamos ser obligados a pertenecer al sistema capitalista, nosotros mismos lo deseamos. Una fuerza interna nos conduce a creer que nuestro esfuerzo debe estar dirigido al proyecto de individuo, sin importar que con ello neguemos el proyecto de sociedad; a eso algunos “mercachifles” lo han llamado actitud positiva. ¿Puedo acaso tener actitud positiva frente a la vida cuando mi beneficio se construye a consta de la miseria del otro?
Lo anterior no se contrapone al deseo humano de tener una existencia digna, pero si a la anómala forma de construir la indignidad de los vencedores. No puedo llamar desarrollado, exitoso, digno, competente o civilizado, a quien (o quienes) anteponen la avaricia como signo de vida, a la posibilidad de la solidaridad como otra forma de organizar el mundo. Como tampoco puedo llamar fracasado, incivilizado, indigno o pre-desarrollado, a quien (o quienes) por exclusión o sometimiento han sido condenados al otro extremo de la existencia.
Esa forma de actuar oportunista provocará que cada vez la línea abismal de la inequidad crezca. El puente, creo, está en la solidaridad. Sólo así se podría derrotar la idea perversa de que la pobreza es culpa de los pobres. La solidaridad puede permitir abonar el terreno de lo común, algo que hoy, para no ir muy lejos, se necesita urgente en la sociedad colombiana. Ojalá hoy, cuando las movilizaciones sociales crecen aceleradas por la crisis de un modelo oportunista, no aparezcan los líderes, los exitosos, los dignos o los competentes a decirnos que aquí estamos frente a un momento histórico en donde tenemos que actuar de acuerdo al “costo de oportunidad”. Espero más bien que la solidaridad florezca y que el oportunismo decline su deseo de poder.

octubre 17, 2011

INDÍGNESE PERO ACTÚE

Por: Carlos Arturo Gamboa
Hay muchos indignados. Multitudes indignadas por la avaricia de los ricos que visten con piel de oso polar, por la mafia bancaria que cuenta con milimitría las monedas mientras los indigentes buscan en la basura cajas usadas de Mc Donalds, por la iglesia que promete paraísos en el más allá, mientras en el más acá observa tras sus bordados de oro a la mayoría vivir en un dantesco sueño, por las multinacionales que extraen el oro de las entrañas de la madre tierra para poder subastar la naturaleza en las bolsas de valores, por los que se niegan a construir otro mundo y sostienen sus anclas en el barco del poder. Miles de indignados porque no tienen casa, educación, trabajo. Indignados ante el conservadurismo mundial para quienes el capital está por encima de la vida. Existen hasta indignados porque la gente se indigna.
Los indignados pululan en los recovecos del mundo, saben que la desmedida carrera del capitalismo hará del planeta un lugar inhabitable. Los puedes ver en las busetas atestadas, en los andenes de las monstruosas ciudades, en las oficinas tras la pantalla de su resignación laboral, en los cafetines embriagaos bajo el influjo de un tiempo que ya había previsto Baudelaire, en los parques humedecidos de desolación, en las aulas de clase. Indignarse parece ser el signo de nuestro tiempo. ¿Pero se puede hacer algo más que indignarse?
El desencanto ante la derrota de los sueños, que el capital trasmitió on line, hizo que muchos se adaptaran de manera cínica a las movilidades del mercado. Para ello el miedo se convirtió en el mejor lenitivo, miedo a perder el empleo, miedo a ser tildado de comunista, miedo a ser observado con recelo por la familia, miedo al mismo miedo; pero sobre todo miedo al golpe del sistema que te saca en los cubos de la basura o te etiqueta como terrorista para poder eliminar tu pensamiento. Y el miedo impide actuar, por eso es mejor indignarse.
Ante tanta indignación es el momento de la construcción de la política, porque lo que el sintomático actuar del mundo demuestra es que hemos alcanzado la cima de la civilización y la más atroz de las profundas desigualdades. La avaricia de los pocos amos del mundo no les permitirá recular, por eso sólo queda que ante tanta indignación surja un movimiento que confronte el poder vigente. Por eso celebro que te indignes, pero actúa.

octubre 14, 2011

LOS MODELOS DE UNIVERSIDAD EN EL PROCESO HISTÓRICO DE LA SOCIEDAD COLOMBIANA


Por: Antonio García Nossa
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El método de análisis adoptado -de naturaleza dialéctica- ha centrado el enfoque y la caracterización de los modelos en una estricta delimitación de los ciclos históricos: en consecuencia, un modelo de educación o de universidad no se toma como simple formulación de un cierto esquema teórico e ideológico, sino -fundamentalmente- como expresión de la manera como funciona la práctica histórica y como ésta define los rasgos esenciales, las formas de operación, los marcos ideológicos e institucionales de un cierto aparato educacional. Desde esta perspectiva dialéctica y totalista, se han establecido diversos modelos de universidad correspondientes a seis grandes ciclos históricos de la sociedad colombiana, desde la época de dominación hispano-colonial hasta el ciclo de conformación definitiva de un cierto modelo específico de capitalismo dependiente. El proceso histórico de la sociedad colombiana -al vertebrarse en el juego dialéctico de los ciclos históricos con un sentido reformista o revolucionario o con una dirección conservadora o                   contra-revolucionaria- permite definir la naturaleza, el papel y los alcances de los modelos de universidad y de educación superior.
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Estos seis grandes ciclos de la dialéctica histórica, pueden enunciarse así:
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1.      Ciclo de la dominación hispano-colonial, en el que el modelo de universidad medieval de estilo eclesiástico tiende a transformarse, a finales del siglo XVIII, en un modelo europeo de tendencia racionalista y pragmática;
2.      Ciclo posterior a las guerras de Independencia -el correspondiente a la Primera República Liberal- de organización nacional y de establecimiento de relaciones directas con el mercado mundial, en el que se implanta un modelo liberal europeo de universidad -en la primera República- y posteriormente se tiende hacia un modelo liberal de educación superior desescolarizada, en la medida en que se radicaliza la formulación de la democracia política (abolición del ejército permanente, ampliación del voto universal, extinción legal de las relaciones esclavistas y serviles, reducción de las facultades del gobierno central, reforzamiento de las autonomías locales, desamortización de bienes de manos muertas, etc.).
3.      Ciclo de la contra-reforma, del aniquilamiento de los fundamentos mismos de la República Liberal de restauración de los patrones culturales y eclesiásticos de la Colonia Española y de configuración de un modelo de universidad tradicional, elitista y escolástica.
4.      Ciclo de la moderna apertura capitalista a partir de la Primera post-guerra mundial, de integración física del país (vías carreteables y ferrocarrileras), de configuración de un sistema nacional de mercado y de instauración de la Segunda República Liberal y de un modelo de universidad democrática y profesionalista.
5.      Ciclo de la contra-revolución oligárquica y del desmantelamiento de las reformas liberales, en el proceso de aguda concentración del poder económico y político, de internalización de las corporaciones transnacionales como vértebras del mercado interno, y de instauración de las formas modernas de absolutismo político y de transfiguración cesarista del estado de derecho.
6.      Ciclo final de la modernización capitalista a través de la plena definición histórica de un sistema urbano-industrial, de la adopción de los patrones norteamericanos de sociedad de consumo, de la instauración de una hegemonía oligárquica compartida sobre la totalidad de aparatos del Estado   -por medio de dos partidos oficiales, políticamente conservadores y económicamente liberales- de la expansión de las formas del absolutismo político y de plena articulación del modelo específico de capitalismo dependiente: dentro de estos marcos históricos -correspondientes a las décadas de los años sesenta y setenta o sea, en las que es decisiva la influencia de la Alianza para el Progreso y de la ofensiva ideológica de la Guerra Fría- se implantó, llegó a su apogeo e hizo crisis el modelo de universidad tecnocrática-desarrollista o más exactamente, el modelo desarrollista educacional.
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Si bien cada uno de estos modelos de universidad y de educación superior resultan comprensibles en la medida en que los relaciona con un cierto contexto estructural, sería posible registrar algunas constantes de esos modelos, en cuanto a la sociedad colombiana ha estado sometida, a lo largo de su historia, a diversos patrones de dominación colonial o imperialista: una de esas constantes históricas es la de que siempre se ha pretendido implantar un modelo extranjero de universidad tomando como arquetipo el medieval-castellano, el europeo occidental, el alemán y, finalmente, el norteamericano. Sin embargo sólo durante el ciclo de la dominación colonial española o en el moderno ciclo de dominación norteamericana, podría hablarse de la existencia de un modelo educacional completamente estructurado y de propagación colonialista de las formas de pensamiento, de técnicas, de unas artes y de una ideología.
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En los ciclos contemporáneos de apertura burguesa y de modernización capitalista, sería posible enunciar, a grandes rasgos, unas ciertas constantes históricas:
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a). Naturaleza elitista de la universidad, orientada hacia la formación de cuadros profesionales de acuerdo con una cierta evaluación global de las tendencias de la economía de mercado y con la pretensión de formar una élite tecnocrática o partidarista reclutada de las clases medias y de la oligarquía burguesa y terrateniente;
b). Dependencia ideológica de los grupos contralores del gobierno -en los ciclos de hegemonía de un solo partido o de condominio bipartidista sobre los aparatos del Estado- en cuanto a la manera de comprender, específicamente, problemas y conceptos como los de comunidad universitaria, autonomía, representación, libertades de investigación y de cátedra, selección académica de estudiantado y profesorado, etc.;
c). Carencia real de investigación científica, artística y técnica -en cuanto a su rango como categoría académica, en cuanto a sus posibles vinculaciones con la docencia y en cuanto a su escala y programación- como efecto de las condiciones coloniales de importación de ciencia y tecnología y de las formas de operación del modelo de industrialización dependiente y de modernización capitalista de la agricultura;
d). Decisiva intervención de corporaciones extra-universitarias -eclesiásticas, militares, gremiales, académicas, capitalistas- en la administración y gobierno de la universidad pública;
e). Preservación de las facultades de orientación ideológica, de control y de veto, otorgadas por el Concordato de 1887 a la Iglesia Católica, en relación con la educación colombiana en general y en particular con la universidad pública;
f). Expansión lineal, desordenada e incoherente de la universidad colombiana, en respuesta a las presiones crecientes de la población joven y a las exigencias específicas del modelo de desarrollo capitalista[1];
g). Bloqueamiento a las posibilidades de integración de un sistema nacional de universidades del Estado como núcleo central de un sistema universitario capaz de desbordar el esquema desarrollista de educación superior, de modificar las estructuras de poder y de replantear el desarrollo desde una perspectiva de transformación global de las condiciones históricas de vida de la sociedad colombiana, en los planos de la economía, la cultura, la organización política y las relaciones sociales;
h). Manipulación política del presupuesto educacional del Estado, utilizándose la estrechez financiera y el déficit crónico que se registra en la totalidad de universidades públicas[2], como un método de control y de instrumentación del modelo desarrollista;
i). Tendencia hacia el desmantelamiento de las formas organizativas de los estamentos universitarios (profesores, investigadores, trabajadores, estudiantes) con el objeto de bloquear las vías de formación de una estructura democrática de poder y de anular las demandas de participación en el gobierno de la Universidad;
j). Constante reducción del ámbito y niveles de la autonomía de la universidad, en los campos académicos, financiero, administrativo y político, en la medida en que se consolida el modelo colombiano de absolutismo político y en que la institucionalización del estado de sitio y el deterioro del Congreso alimentan la tendencia histórica hacia el cesarismo presidencial[3];
k). Prevalencia de una línea orientada hacia la privatización de la educación superior, no sólo en el sentido de transformación de la universidad privada en paradigma del sistema, sino en los de asimilación de los patrones comerciales de empresa privada y de rentabilidad, de inevitable subordinación del aparato educacional a las demandas y condiciones globales de la economía capitalista de mercado y de aceptación, implícita, de que la educación superior no es un derecho sino un privilegio, no es un servicio auténtico sino una mercancía.
1). Y creciente transformación de la universidad -como componente del modelo desarrollista de educación superior estructurado para la capacitación de los recursos humanos que requiere el funcionamiento de la economía capitalista de mercado, a nivel nacional y transnacional- en un tecnológico superior, incapaz de manejar críticamente la ciencia que importa o de transformar la tecnología que se transfiere desde los centros motores de la Metrópoli.
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Tomado del libro La crisis de la Universidad. Plaza y Janes Editores Ltda. Primera edición; febrero 1985. Bogotá. Colombia. Páginas 35-40


[1] “Educación Universitaria y Movilidad Social”. Germán Rama, Bogotá, Revista EGO, No. XX, 1969, pg. 46-92.
[2] “La Universidad Colombiana en la búsqueda de sí misma”, Bogotá, Universidad Nacional, Encuentro de Rectores de Universidades de Venezuela y Colombia, 1976.
[3] Sobre el concepto de cesarismo presidencial, ver “Dialéctica de la democracia”, A. García, Bogotá, Edit. Cruz del Sur, 1973.

octubre 11, 2011

¿EXISTE LA FAUNA DOCENTE UNIVERSITARIA?



Una constante de la precarización laboral que campea en las Universidades Públicas, son las formas de contratación, tanto de profesores y catedráticos, como de los llamados "personal supernumerario". Muchos hacen ojos ciegos a esta lamentable situación, casi siempre bajo la ley del proverbio "Ojos que no ven". La siguiente columna da cuenta de esa fauna, que puede ser ampliada desde nuestras Universidades.
 Por: Edison Marulanda Peña
 Por estos días de calma tensa en el campus de la Universidad Tecnológica de Pereira, de expedición de resoluciones, batalla de comunicados y declaraciones, suspensión de contratos, queda tiempo para la ‹‹observación participante›› de los miembros de la academia.
 En un diálogo de sobremesa con Pablo, un colega que por su actitud desenfadada y su apariencia joven se confunde entre los estudiantes, encontramos curiosos rasgos para intentar una caracterización de la fauna  docente. Sin querer invadir el área de los especialistas en medicina veterinaria, voy a compartir las descripciones de tres especímenes que conviven en la universidad de las cinco décadas.
 El profesor de planta –categorías asistente, asociado o titular– en lo que atañe a la recreación y el cultivo físico-espiritual hace pilates, yoga o Tai chi con instructor privado en el conjunto residencial; el docente transitorio practica el  spinning o la elíptica tres veces por semana; el catedrático participa de los aeróbicos y juega banquitas en el barrio (por esto no le cobran).
 No menos importante es la figura. El índice de masa corporal del profesor de planta es notoria, sugiere un ser saludable, con medicina prepagada y esos carbohidratos que retiene son una señal inequívoca de prosperidad (solo un envidioso diría que es obesidad); al transitorio no le sobra ni le falta masa corporal, vive ilusionado en que su estatus social –estrato es una trampa para suprimir clases– puede mejorar el próximo año, evita las harinas en las noches para no tener que hacer dietas molestas y lo atiende una EPS; el catedrático, nombre científico “austerus pobresoris”, presenta una masa corporal directamente proporcional con la duración de su contrato: ocho meses del año dividido en dos periodos de cuatro y se prepara, cual hormiga previsora, para los cuatro meses de sequía en que no recibirá salario. 
 Las formas de ahorro. El rozagante espécimen de planta ahorra en títulos valores de Ecopetrol o el grupo AVAL, construye en el lote del  condominio y la sección del telenoticiero que más interesa es la económica; el transitorio tiene cuenta de ahorros y compra el baloto para encontrar un atajo y la parte del telenoticiero que sigue con  atención son  las cuñas de vehículos en promoción; el catedrático tiene un marrano-alcancía con monedas de $500 para romper en diciembre y la sección que no se pierde es “lo que indican los indicadores”.  
 La participación en eventos académicos no puede ignorarse. El de planta va a representar a la universidad en congresos o a dar un seminario como profesor invitado con viáticos según su escalafón, sufre de estrés cuando viaja a Sao Paulo, Barcelona, Buenos Aires o Madrid. El transitorio presenta una ponencia en un congreso en Bogotá, Medellín o Cali y se estresa porque los viáticos no le alcanzan para un hotel de 3 estrellas. El catedrático viaja a Sevilla, Valle del Cauca, Armenia o Manizales a un foro regional y él paga su transporte.  
 Medios de locomoción. El catedrático siempre anda de afán, tiene un comportamiento presuroso por que labora en dos universidades –nunca está seguro de que sea llamado el semestre siguiente– para cuadrar los ingresos, y sabe mucho de las bondades del transporte público; el transitorio se desplaza con movimientos seguros y llega en moto a la U; el profe de planta parquea el carro último modelo comprado con el sudor de sus neuronas, camina sereno y saluda con una sonrisa  a las estudiantes (ninguna fuente confirma si es diseño de sonrisa).
 De planta, transitorio y catedrático, tres figuras contractuales distintas. Pero todos son profesores con igual dignidad humana. La administración de la universidad debería recordarlo, cuando se autoevalúa para preservar la acreditación institucional de alta calidad.
*Columna para La Tarde, 9 de octubre de 2011.

octubre 09, 2011

BISBISEOS SOBRE LA CONSTITUYENTE UNIVERSITARIA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
En Ibagué rondan enunciaciones sobre una Constituyente Universitaria que ha decidido emprender la Universidad del Tolima, Constituyente que pretende ponerle fin a una crisis extensa por la que atraviesa el único espacio de educación pública superior del departamento, pero que igual se vislumbra como una gran salida de la Universidad Pública colombiana frente a los asedios de una nueva reforma que empeora el panorama que ya la Ley 30 había implantado, y que como velo trasparente oculta el germen de los males que hoy son grandes moles.
Con los ánimos candentes de algunos sectores, por fin parece ser que la Universidad del Tolima está recuperando sus escenarios de debate, tan ausentes hoy en el mundo autista de las universidades del mercado, en donde todo se “hace” sin preguntar, en donde el indicador prima sobre la argumentación. Este escenario es quizás el primer gran aporte de la idea constituyente, pues ella requiere que todos acometan el ejercicio de repensar lo constituido; revalorar los esquemas seudo-participativos, estrangular los discursos impuestos, que por efecto de la petrificación ya no dicen nada, y sobre todo, remover las fibras sociales de unos actores internos de la Universidad del Tolima que parecen hace mucho olvidaron ser parte de una Universidad, no de una cadena de almacenes.
Ante una nueva idea, un nuevo reto. La incertidumbre, fundamento de lo que tiene que ser re-creado, a veces adormece los sentidos y terminamos por refugiarnos en nuestra “comodidad crítica”, avizorando tras los ventanales de la cotidianidad a los “otros” que activan un suceso, prestos a detectar los rumores que ahogan las palabras; por lo cual asumirse constituyente no es estar de acuerdo con una idea predeterminada, es ayudar a construir la idea. Por lo tanto, quienes al acecho observan los primeros desplazamientos de la Constituyente Universitaria, tienen variadas opiniones hibridizadas entre sus deseos de transformación y su letargo; por eso se suelen escuchar preguntas como: ¿Qué es eso de Constituyente Universitaria? ¿Qué es lo que buscan? ¿Dónde está la maqueta de lo que van a construir? ¿Quiénes son los Constituyentes?, y muchas más, a veces recubiertas de cizaña; y por supuesto otros más conformes con el modelo constituido, no conjeturan, sólo afirman que la Constituyente Universitaria es sólo un complot de unos pocos resentidos.
Quién de cerca observe el proceso o se sumerja en la posibilidades de enfrentarse sin miedo a los abismos, descubrirá que el propósito va más allá de los “susurros” cotidianos, que si se reclama una democracia profunda no es para apostarle a la retórica degastada de los aparatos de poder y de contra poder que ya han demostrado históricamente su ineficacia para entender la movilización social, sino que se reclama una democracia que recupere el concepto mismo de democracia, no es el escenario para aplicar un modelo pensado desde un escritorio, sino para que la mayoría de los todos, lo construyan.
Ante las dudas, las preguntas y las interpretaciones aisladas, sólo es posible una respuesta: Constitúyase constituyente; y para quienes afirman que la idea de Constituyente Universitaria es válida, pero que no creen en “esa constituyente”, sólo podría recordarles aquella frase atribuida a El Talmud: “No límites a tus hijos a tu propio aprendizaje, porque han nacido en otro tiempo”.

octubre 02, 2011

SE LLAMA POESÍA TODO AQUELLO QUE CIERRA LA PUERTA A LOS IMBÉCILES


Por: Aldo Pellegrini
La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.
Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.
Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder de los banqueros, hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.
Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.
La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.
Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.
La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.

La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.