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noviembre 25, 2025

BREVES LECCIONES SOBRE LA LITERATURA

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

I

La expresión "verdadera literatura" es una estratagema; cuando se enuncia, se hace para esconder una pedantería.


II

La función primordial de la literatura es contrarrestar el olvido, del yo en primera instancia y luego de las comunidades en donde habita el escritor, sean estas reales o ficticias.


III

El asombro y el juego han sido los insumos básicos para la construcción de toda la historia de la literatura.


IV

La literatura surge de la mezcla entre experiencia de vida, sensibilidad y necesidad de contar. Todos los humanos estamos en capacidad de acceder a ella, solo que la mayoría no sabe qué hacer con su experiencia, carecen de la sensibilidad estética o no saben cómo contar lo que quieren decir.


V

Vivir de la literatura es distinto a vivir para la literatura. Lo primero es una extrañeza otorgada a unos pocos avivatos. Lo segundo ha dado origen a obras inmortales.


VI

La literatura morirá el día que el último ser humano expire y nadie pueda narrarlo.

octubre 10, 2025

Ed Gein, el monstruo desdibujado

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

La tercera temporada de Monstruos (2022-2025), la serie de Netflix ahora centrada en la vida de Ed Gein, generaba muchas expectativas para su estreno. Las dos apuestas anteriores se basaron en las historias criminales de Jeffrey Dahmer, en la primera temporada, y los hermanos Meléndez en la segunda, logrando elevadas audiencias por la cercanía de las series con las atormentadas vidas y larga lista de aberraciones de los personajes.

En esta entrega del 2025 apostaron por uno de los asesinos seriales más enigmáticos de la cultura estadounidense, país plagado de personajes enfermos y amantes de la sangre y el crimen: Edward Theodore Gein, quien llevó la sevicia a extremos inhumanos. Sus crímenes y comportamientos han sido objeto de cientos de estudios, películas y documentales; su nombre se incluyó en la cultura moderna como un arquetipo de enfermedad mental, apetito desbordado por la necrofilia y el profundo misterio comportamental de sus actuaciones.

Precisamente ahí es donde la serie Monstruo: La historia de Ed Gein (2025) pierde su rumbo. Escoger un personaje tan conocido para ahondar en su historia criminal trae sus problemas y los creadores, Ian Brennan y Ryan Murphy, pierden el control de la historia. Su apuesta, a diferencia de las temporadas anteriores, es irse por las ramas de las intertextualidades cinematográficas que ha generado el nombre y la vida atroz de Ed Gein; por lo tanto, abandonan el personaje central y evitan profundizar en los hechos particulares del asesino, su mentalidad, sus causas y traumas. Si bien le dan una pequeña pincelada a estos aspectos, se queda en lo superficial, nada que no hubiera abordado Alfred Hitchcock en su famosa película Psicosis (1960). Además, cuando se revisan los archivos históricos, encontramos una distancia abismal entre los hechos reales y lo contado en la serie. Es decir, se pierde verosimilitud y no se afianza la ficción; así la serie queda entre dos aguas, flotando a la deriva.

En esencia, la historia de Ed Gein se ha deformado aún más en esta apuesta, tanto así que aparecen personajes como la supuesta novia Adeline Watkins con un rol central en la vida del asesino, rol que en la vida real nunca tuvo; así mismo, la serie le atribuye asesinatos a Ed, crímenes que nunca fueron probados, como el de su hermano Henry. Lo que sí es de destacar es la actuación de Charlie Hunnam, quien es capaz de personificar la mente atormentada y desociada del carnicero de Wisconsin. La ambientación y la fotografía son otros elementos que hacen de la serie un producto audiovisual destacado.

La metodología de cruzar la vida de Ed Gein con sus aportes a la criminalidad y a la cultura cinematográfica es una buena idea; el problema es encasillar esa idea al formato que hasta ahora nos venía presentando la serie Monstruos. A veces la forma hace fracasar el contenido, porque, al menos en mi caso, me he quedado con las ganas de entender con más detalle una mente criminal tan sui géneris, cuyas acciones hacen palidecer a los más atroces asesinos.

agosto 30, 2025

Cuando se trata de educar niños, hasta los libertarios se vuelven godos

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Esta reflexión la hago a partir de un hecho noticioso. La noticia que se divulgó por redes el 21 de agosto de 2025 anunciaba lo siguiente: “El Salvador impone nuevo reglamento escolar. Saludo obligatorio, uniforme impecable y corte de cabello adecuado”. La nota parecía extraída de un viejo manual educativo digno del siglo XIX, con una visión bastante retrógrada de lo que debe ser un modelo educativo para el siglo XXI. Desconozco la reglamentación general aprobada que contiene estos elementos, por lo cual no comentaré nada al respecto; lo que sí me causó gran inquietud como educador que soy es ver la cantidad de comentarios favorables en torno a los aspectos mencionados.

Muchos usuarios de la red avalaban, casi con histeria, la acción de imponer el saludo obligatorio, el uniforme y el corte de cabello adecuado, como fundamental para la educación de una generación que, en palabras de ellos, se está perdiendo por falta de valores, lo que está destruyendo la sociedad. Y es ahí donde quiero resaltar algunos aspectos.

Primero toca recordar que “imponer” no es educar, al menos en el diccionario de una pedagogía que busca la construcción de un mejor sujeto, para un mejor mundo. Imponer implica desconocer el deseo del otro, su individualidad, su particularidad. El sujeto, sujetado por unas reglas como imperativo educativo, desconoce el yo para construir una sociedad uniforme en la cual todos piensen lo mismo y actúen igual. Es la arcaica idea de la educación como fábrica, decantada en aquella imagen que hizo famosa la agrupación Pink Floyd en su video “Another brick inthe wall”.

La escuela hace años experimentó esa idea retrógrada que acá se celebra como gran novedad. No más recordemos la advertencia que hacía Hannah Arendt en “La banalidad del mal” sobre cómo se construyeron las personalidades de los administradores de los campos de concentración nazis: Bien educados, bien peluqueados, bien hablados, bien instrumentalizados en función del mal. En el modelo que muchos celebran, se cree que un niño que saluda es mejor que uno que no lo hace, que llevar el pelo distinto al corte impuesto es una falta y que el uniforme determina al sujeto.

Más allá de la discusión pedagógica, que se puede solventar invitando a leer tantas páginas de discusión en torno al verdadero valor de educar; lo que más alerta es ver cómo la democracia sigue siendo asediada por discursos mesiánicos, totalitarios y dictatoriales. La historia nos muestra cómo restringir la educación ha sido el sueño de todo totalitarismo para imponer la “escuela del pensamiento único”, como lo devela George Orwell en su aclamada novela “1984”, en un mundo en el cual el Ministerio de la Verdad y la Policía del Pensamiento velan por ese ideal.

Pero lo que más me sorprendió en el seguimiento que hice en redes de esta noticia es que muchos educadores estaban de acuerdo con las tres sentencias: saludo respetuoso, uniforme limpio y corte adecuado. Es como si esos docentes añoraran el viejo manual de urbanidad que calificaba a los sujetos según el cumplimiento de sus líneas, sin importar su personalidad. Decía los viejos: «Lo importante es la fachada, no ser, sino aparentar». ¿Cuántos asesinos bien vestidos, bien hablados, bien educados ha visto desfilar la historia?

Ahora bien, la noticia se logra entender a profundidad cuando descubrimos que la ministra de Educación de El Salvador es una militar, quien tiene la misión de “fortalecer la disciplina y los valores cívicos”. ¿Para qué privilegiar el conocimiento en las escuelas públicas? Con que los niños se sepan comportar y obedecer, el futuro del régimen está garantizado. A los profesores obnubilados por estas medidas les recomiendo leer algunos textos como “Pedagogía del oprimido” o “La educación como práctica de la libertad” de Paulo Freire, aunque, si no se quieren sentir muy extraños leyendo libros de gente sospechosamente de izquierda, pueden leer “Lecciones de los maestros” de George Steiner, o “Mal de escuela” de Daniel Pennac.  Y si gusta poco de la lectura, al menos vean una película como “La lengua de las mariposas”, “La ola” o “El último vagón del tren”, para que logren entender que educar es todo lo contrario a encasillar en un uniforme, en un corte de cabello o en un saludo.

Por mi parte, lo que noto en esta medida de Bukele es el advenimiento de una dictadura light impuesta por un sujeto cuya melomanía y creencias religiosas ha proyectado la imagen de un país creado a su semejanza. Bukele, más allá de tener contentos a muchos habitantes de El Salvador, ahora se considera un mesías capaz de cambiar la conducta de los niños para crear la sociedad del futuro. Ojalá los adoradores de este sujeto, que por ahora abundan, se puedan ver la serie “El cuento de la criada” antes de que Bukele, mediante otro decreto, empiece a prohibir este tipo de relatos por contradecir su visión de mundo.

No olvidemos que el deseo de un dictador es que todos se parezcan a lo que él cree, empezando por su aspecto físico, de ahí la idea de limpieza del uniforme y del corte de cabello adecuado. El "otro" debe ser una prolongación de sus deseos, una copia. Si no lo logra con modelos educativos llamativos ante el amplio público, lo hará más tarde con la imposición de otras fuerzas más represivas. Y el día lejos no está; ya logró un cambio en la Constitución para perpetuarse en el poder; ahora quiere modelarlo todo a su antojo, contando con el beneplácito de muchos sujetos en cuyo espíritu no hay cabida para la libertad humana. Ver que muchos aplauden esta medida me hizo acordar del adagio que reza: “Cuando se trata de educar niños, hasta los libertarios se vuelven godos”.

julio 25, 2025

CUATRO MIRADAS SOBRE LA NUEVA LITERATURA COLOMBIANA

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Durante el siglo XXI, la literatura producida en el contexto colombiano ha continuado generando una multiplicidad de voces en los diferentes géneros. Más allá del Premio Nobel de Gabo, las letras colombianas han consolidado un corpus rico en nuevas temáticas, aunque la violencia sigue presente como leitmotiv en muchas obras. Pero ahora tiene cabida en la narrativa, poesía y teatro temáticas como las angustias de la posmodernidad, la ciudad, las relaciones en un siglo intercomunicado, la mirada feminista, entre muchas otras más. No obstante, falta ahondar más en el estudio y la crítica a dichas producciones, para que de esa manera se consoliden los autores y sus obras y, además, estos estudios sirvan como referentes a los lectores.

En esa línea, recientemente ha sido publicado el libro titulado “Cuatro miradas sobre la nueva literatura colombiana”, el cual se desprende de la investigación “Múltiples miradas críticas a la literatura colombiana del siglo XXI (2000-2015)”, liderado por el Grupo de Investigación Argonautas del Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima. Este nuevo libro se constituye en un compendio de cuatro apartados, los cuales son resultantes de la construcción de textos críticos por parte de los investigadores, ejercicio previsto en la última fase de la investigación señalada. Sobre esa base, cada uno de los textos da cuenta de una problemática específica de la literatura colombiana estudiada, aspecto que justifica la unidad estructural del libro en su diversidad.

Al respecto, se debe considerar que cada texto es autónomo, toda vez que ha surgido de la reflexión y la crítica de sus autores, quienes han contado con la decisión propia para la escogencia de la temática, la estructura textual y la expresión estilística. Cada uno se convierte en un capítulo y estos son:

• Una mirada a la poesía colombiana escrita por mujeres en lo corrido del siglo XXI.

• Reflexiones en torno al devenir literario de la poesía colombiana del siglo XXI.

• El reflejo de la realidad social en la narrativa colombiana del siglo XXI.

• La literatura en la escuela y la escuela en la literatura: un diálogo posible.

El libro que fue ganador de la Convocatoria 09-2023 para publicación promovida por la Vicerrectoría de Investigación-Creación, Innovación, Extensión y Proyección Social, (UT) ya se encuentra disponible en el repositorio en línea del Sello Editorial de la Universidad del Tolima. Los invitamos a su lectura, estudio y uso pedagógico. Pueden acceder a la descarga gratuita en el siguiente link: https://repository.ut.edu.co/entities/publication/3f6d6c3d-ebdb-414a-844b-5cbce383168d

enero 31, 2024

Humboldt: un puente de diálogo entre Europa y América

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla[1]

 

Ese tejido de montañas y selvas, de flores y pájaros que Humboldt mostraba, era una prueba que la naturaleza tenía cosas nuevas que decir a los humanos, de que la vieja Europa perdida en sus laberintos de sangre y de fuego podían encontrar rostros distintos con quienes dialogar, mentes distintas con las cuales examinar la historia.

 

 William Ospina

William Ospina se ha convertido en uno de los autores colombianos, del siglo XXI, más exitosos. Sus libros abarcan una serie de cuestiones que pasan por la reflexión profunda de este tiempo convulsionado, su mirada retrospectiva que incluye el bucle de la historia del continente americano y un repaso a la realidad de colombiana, sus causas y consecuencias. Su más reciente libro titulado “Pondré mi oído en la piedra hasta que hable”, publicado por Penguin Random House Grupo Editorial, será el objeto de las siguientes líneas.

Lo primero por decir es que me sorprendió la variedad lingüística del libro, esa capacidad para ir a la época del relato y describir con nombres propios los utensilios, labores, modismos y entornos allí narrados. Lo primero que un lector puede intuir es un enorme trabajo archivístico detrás de ese resultado. Al basarse en la vida de Alexander von Humboldt (1769-1859), debe retrotraer su relato y jugarse a la construcción de una narrativa en contexto, de lo contrario se haría poco verosímil, contradiciendo una de las leyes intrínsecas de la literatura de ficción. Se puede inventar lo que se desee, pero el relato debe ser creíble y, para ello, el lenguaje debe ser soporte de la acción.

De seguro haber leído los diarios de Humboldt, sus libros y muchos relatos de la época, -los cuales han estructurado otras de sus apuestas narrativas-, ha ido convirtiendo a Ospina en un experto en los usos lingüísticos de aquellos tiempos, cuestión que en este caso pone en juego con total apropiación. Esto apunta a favor del libro, más aún en este momento de la historia narrativa llamada postmoderna, en la cual la fugacidad se ha entronizado en la realidad y el lenguaje con que se narra este tiempo tiende a ser ligero, carente de esfuerzos y dado a enumerar lo apenas visible.

Ahora bien, “Pondré mi oído en la piedra hasta que hable”, no es un libro clasificable dentro de los géneros canónicos de la literatura, se escapa a los ornamentos de la forma, eso es agradable para el lector. Aunque en su contra carátula se anuncie como una novela, lo cierto es que su estructura es maleable, vas desde la prosa poética a la novela histórica; pasa por la crónica y se bifurca en la ficción; es relato de viajes y testimonio. Su riqueza y variedad, que ponen en función de la construcción de la visión de mundo de una época, de una ideología y de un personaje, se compagina con esa apuesta “desgenerada[2]. Incluso logra emerger la sensación de estar frente a un documento histórico verídico, -si eso es posible de escribirse-, llevando al lector acucioso a verificar las fuentes que soportan el relato. Y es ahí en donde toca aclarar que evidentemente echa mano de los diarios de Humboldt, de Carlos Montúfar, de crónicas de aquellos tiempos y de relatos históricos, pero permitiéndose las licencias propias de quien asume la narrativa desde un juego que busca recrear el pasado, sin limitarlo al pasado.

A la par de la narración del viaje demencial y maravilloso que emprende Alexander von Humboldt en busca de las aventuras que sacien su deseo de saber, Ospina se detiene en algunos episodios propios de la historia de ese nuevo mundo que para entonces (y en parte aún), era un misterio para esa Europa que se debatía entre revoluciones sociales e ideológicas. En ese sentido, el libro articula hechos históricos del viejo continente que tienen pequeñas réplicas en el mundo nuevo y acciones del mundo nuevo que dialogan o ponen en tensión el orden del viejo mundo. La Ilustración, las luchas por las independencias de las naciones de América, la reafirmación de los pueblos ya descubiertos, pero aún ignotos, el inventario de una realidad que emergía con asombro ante los ojos auscultadores de los europeos y la desconfianza de las mitologías y cosmovisiones de ese nuevo continente que reñían con la agonía de una Edad Media que aún se negaba a morir, sobre todo en España.

Y en ese camino de exploraciones nos muestra la grandeza de Mutis, el acartonamiento de Caldas, las ilusiones de Bolívar y las tiranías del régimen colonizador manteniendo la esclavitud de negros e indígenas, negando el protagonismo de esa América mestiza que empezaba con fuerza a reclamar su lugar en el mundo. Pero, sobre todo, lo que más estremece es el relato de ese encuentro mágico con Carlos Montúfar, ese prócer criollo sin gran protagonismo en la historia de las valentías latinoamericanas, pero cuyo encuentro con el sabio alemán generó una serie de sucesos que demarcaron la historia de la lucha de independencia como si fuera un capítulo digno del realismo mágico. Ese encuentro extasiado de dos genios, de dos mundos, de dos cosmologías, resumen la intención de Ospina por hacer dialogar a Europa con América, cada uno con un destino, pero abocados al abrazo que provocó la historia.

Ahora bien, la descripción constante con un detalle minucioso, -como si Ospina estuviese reescribiendo un diario y las imágenes poéticas que usa constantemente-, convierten la lectura en un viaje de ensoñación. Como lectores vamos de la mano del narrador, prestos a dejarnos sorprender por vistosidad de una Guacamaya o la certeza de una metáfora colgando de los riscos inmensos de la geografía americana. Para oídos finos, imágenes bien talladas.

Aun así, debo resaltar algunos factores disonantes del libro, entre ellos que me sorprende que tomando como base ese viaje demencial y telúrico de Alexander von Humboldt, no se narren con mayor ahínco sus angustias humanas, esos tropiezos enormes que debió tener al enfrentar una empresa de tal magnitud. Ese descuido -u omisión voluntaria- da la idea de que estamos ante un ser semidiós, casi un híbrido griego hijo de la ciencia y la aventura, una progenie de Atenea y Apolo. Esto le da un aire mítico al libro, pero sacrifica el relato de las penurias de andar en un continente agreste, en un tiempo de muchas limitaciones para los viajeros, para los exploradores y, sobre todo, para una mente tan abierta y arriesgada como la de Alexander.

El cierre también me parece apresurado, quizás ya se habían escrito muchas páginas y las editoriales modernas también prefieren obras no tan extensas para estos tiempos. Pero Ospina no se detiene mucho en narrar con más aliento ese retorno a Europa y el impacto de la monumental obra que Humboldt presentaba a la humanidad. Apenas le dedica unas breves descripciones de ese otro periplo de quien retorna después de muchos años a su terruño y debe readaptarse. Un hombre con tantas experiencias vividas debió resultar fascinante para la sociedad europea y las historias surgidas de esos momentos pudieron ser múltiples. Empero, me agradó sobremanera descubrir la relación entre Humboldt y Edgar Allan Poe, Ospina me provocó la lectura de Eureka, ese extraño ensayo del genio del terror (aunque qué no era extraño en Poe); y esa ganancia de lectura es propia de los libros que quedan resonando en el lector una vez agotada su página final.

A manera de cierre, debo decir que William Ospina nos deja un nuevo libro que enriquece la biblioteca colombiana y americana, de paso les brinda a otros entornos la posibilidad de asistir a la narración de esa América que tanto desearon narrar Andrés Bello, Simón Rodríguez, Mutis, Bolívar, Yupanqui, y cientos de miles de pobladores de este continente cuyas vidas aún tienen muchas mitologías por recuperar.

Referencias bibliográficas

Lopera, Jaime. (2023). Humboldt en Herveo. (sobre Pondré mi oído en la piedra hasta que hable, de William Ospina). Disponible en: https://letralia.com/lecturas/2023/07/28/pondre-mi-oido-en-la-piedra-hasta-que-hable-de-william-ospina/

 

Ospina, William. (2023). Pondré mi oído en la piedra hasta que hable. Penguin Random House Grupo Editorial. Bogotá: Colombia.



[1] Docente de planta de la Universidad del Tolima, adscrito al departamento de Estudios Interdisciplinarios del Instituto de Educación a Distancia. Magister en Literatura Universidad Tecnológica de Pereira. Director del Grupo de Investigación Argonautas. Sus libros más recientes como coautor son: Memorias pedagógicas del IDEAD (2023) y El ensayo: cuatro modelos para su composición (2023).

[2] Expresión usada para caracterizar un texto cuya construcción formal desborda los límites clásicos impuesto para los géneros literarios.

septiembre 25, 2023

La protesta es un derecho constitucional, aunque en CORHUILA se desconozca

                                Por: Carlos Arturo Gamboa B.

                Docente Universidad del Tolima


Las Universidades deben ser los lugares primigenios en donde los derechos sean el portento de las decisiones. Le compete a las Instituciones del saber dar la pauta social de comportamientos éticos y ser ejemplo del respeto de las normas superiores, sobre todo de aquellas que han trazado una línea constitucional.

No obstante, son múltiples los casos en los cuales las Universidades se tornan en territorios propicios para la vulneración de los derechos, lo cual conlleva al recrudecimiento de conflictos que pudieron solucionarse usando el sentido común y las normas superiores estatuidas.

Este parece ser el ámbito del caso de Brenda Yurani, estudiante de Medicina Veterinaria y Zootecnia en la CORHUILA. A simple vista se nota que la ausencia de mediación institucional ha convertido una justa protesta en un hecho de posible persecución y violación de varios derechos a la estudiante, entre ellos el derecho a la justa y pacífica protesta, como lo reza el Artículo 37 de nuestra Constitución Política: 


Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente. Sólo la ley podrá establecer de manera expresa los casos en los cuales se podrá limitar el ejercicio de este derecho.

Ante este caso, del cual se tuvo noticias hace más de seis (6) meses y sobre el cual recientemente ha circulado un video de Tik-Tok en el cual la estudiante anuncia que CORHUILA se niega a reconocer sus derechos y sigue insistiendo en una sanción de dos semestres (imagínense la dimensión de tal injusticia, dos semestres por protestar de manera pacífica como lo ampara la Ley), hemos decidido contactar a la estudiante desde Vórtice Virtual, con el ánimo de conocer más de cerca su drama y convocar a la solidaridad nacional y la intervención de los entes reguladores del Estado. Acá les dejamos la entrevista:

¿Quién es Brenda Yurani Calderón?

 


Soy hija de una familia campesina. Nací en la vereda La Cañada, perteneciente al municipio de Garzón (Huila). Graduada de una escuela rural. Vine a Neiva para estudiar Medicina Veterinaria y Zootecnia en la CORHUILA. Para mantenerme estudiando, adquirí un crédito con el ICETEX, además de que he trabajado como empleada de servicio doméstico, de niñera y también en mi finca en La Cañada.

He liderado un Semillero de Investigación en Fauna Silvestre que se llama “KINKAJOU”; mi proyecto de investigación fue elegido como uno de los mejores del departamento del Huila y gracias a eso me seleccionaron para asistir al Encuentro Nacional de Semilleros de Investigación que se va a realizar en Cartagena.

Hace meses sabemos de su protesta ¿a qué se debe?

El 17 de marzo del 2023 hubo una protesta pacífica en las instalaciones de la CORHUILA. Yo participé en ella cuando había un plantón en las dependencias administrativas; allí, expresé mis inconformidades a través del micrófono y posteriormente en una reunión que se tuvo con el Rector Óscar Chávarro.

Mi principal inconformidad siempre ha sido por una serie de vacíos académicos que a mi consideración existe en mi carrera: por ejemplo, muchos tenemos vacíos en materias tan importantes como morfofisiología, fisiología o farmacología; siempre he pedido que tengamos más tiempo para ver esas materias, ya que solamente las vemos un semestre, lo cual no alcanza para aprehender todos los conocimientos necesarios para hacer un ejercicio óptimo de la profesión de médico veterinario y zootecnista.

A raíz de esos hechos, la CORHUILA me abrió, a mí y a otros siete compañeros, un proceso disciplinario, donde nos acusaban de faltas gravísimas contra el Reglamento Estudiantil. Presentaron como pruebas los videos de las cámaras de seguridad; y, sin embargo, lo que se ve allí es que la protesta fue pacífica y que la acusación que me hacen de que yo obstruí las entradas de la universidad es falsa.

Aun así, tanto el Consejo de Facultad como el Consejo Académico decidieron expulsarme, lo cual es una decisión injusta y arbitraria, y que muestra que el objetivo de las Directivas de CORHUILA es acallar a las voces críticas que existen en la comunidad universitaria.

¿Qué derechos se te están vulnerando?

El derecho a la igualdad, porque a pesar de que hubo alrededor de 50 participantes en la protesta, solamente procesaron y sancionaron a 8. Es decir: por unos mismos hechos, se aplicó sanciones diferentes.

El derecho a la protesta pacífica, porque la protesta en ningún momento vulneró ninguna ley.

El derecho a la libertad de expresión, porque lo único que hice fue expresar públicamente mis inconformidades.

El derecho al debido proceso, porque en el proceso se utilizaron pruebas amañadas, porque jamás hubo presunción de inocencia, porque se desconoció el principio de in dubio pro reo, porque la sanción carecía de fundamentación fáctica y jurídica y porque, además, es una sanción absolutamente desproporcionada e inconstitucional.

Y, por último, me están vulnerando el derecho a la educación, pues me están sancionando injustamente, al no haber habido garantías procesales en esa actuación administrativa.

¿A qué instancias has acudido y cuál ha sido la respuesta?

El 27 de julio de este año recibí la notificación de la sanción. Ese mismo día, radiqué ante la Subdirección de Inspección y Vigilancia del Ministerio de Educación Nacional una queja donde ponía en conocimiento este caso.

Asimismo, el 1 de agosto radiqué una tutela contra al CORHUILA donde, además, vinculé al Ministerio de Educación. El resultado de la tutela fue agridulce: declararon la nulidad de los fallos sancionatorios en mi contra en primera y segunda instancia por parte de la CORHUILA; por lo tanto, ordenaron que la universidad volviera a emitir un fallo en primera instancia donde se acogieran a criterios de motivación, fundamentación, razonabilidad y proporcionalidad.

Es decir, sólo tutelaron mis derechos a la educación y al debido proceso; pero el Juzgado negó el derecho a la igualdad y, además, no se pronunció en la resolución del Fallo acerca del derecho a la protesta pacífica y a la libertad de expresión, a pesar de que en las consideraciones expresó argumentos tendientes a ampararlos.

Ante esto, la CORHUILA volvió a emitir un fallo en primera instancia, donde me sancionaban con una suspensión por dos semestres. Yo respondí con el recurso de reposición y en subsidio apelación, donde respondí con lujo de detalles las inconsistencias probatorias de la universidad y los vacíos argumentativos a nivel fáctico y jurídico que habían usado para sancionarme.

Sin embargo, la respuesta del Consejo de Facultad no pudo ser más lamentable: rechazaron mis argumentos supuestamente porque la etapa procesal para presentarlos ya había pasado; sin embargo, la reposición y apelación es esa etapa procesal, si no, ¿entonces para qué existe?

Actualmente, estoy a la espera del fallo en segunda instancia que, con toda seguridad, va a mantener la misma suspensión por dos semestres, a pesar de que no tengan argumentos para hacerlo.

¿El Ministerio de Educación tiene conocimiento de este caso? ¿Qué ha actuado?

Como dije anteriormente, yo radiqué una queja ante el Ministerio el mismo día que me sancionaron. No recibí ninguna respuesta. Pero mi mayor decepción fue la respuesta de la Oficina Jurídica del Ministerio ante la tutela: le mintieron al Juzgado para que los desvincularan del proceso, pues afirmaron que yo no presenté queja alguna y que ellos no tenían conocimiento de ese caso.

Esta es la hora, y ellos no han hecho absolutamente nada; hablé con un funcionario, y me dijo que iban a emitir un pronunciamiento el vienes 15 de septiembre, pero lamentablemente tal pronunciamiento nunca llegó. Fíjese que no le estoy pidiendo al Ministerio algo imposible: le pido que sean guardianes de los derechos constitucionales que me asisten; y más en este gobierno, que se hizo elegir con votos de la juventud y especialmente de los estudiantes, con una promesa de cambio.


Si esto hubiera pasado en el gobierno anterior, no me habría sorprendido; pero que pase en éste, ha sido toda una decepción.

noviembre 08, 2022

Deterioro de la salud mental y vida universitaria

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

El deterioro de la salud mental es como un fantasma que se pasea por la ciudad, los centros comerciales, los parques, la universidad. Se instala en las mentes, corroe los cuerpos y asfixia la cotidianidad. Está ahí latente, sentimos su presencia, pero, en la mayoría de los casos, estamos impotentes ante sus consecuencias y ni siquiera conocemos sus causas.

Según Medical News Today: “El cuidado de la salud mental puede preservar la capacidad de una persona para disfrutar de la vida. Hacer esto implica alcanzar un equilibrio entre las actividades de la vida, las responsabilidades y los esfuerzos para lograr la estabilidad psicológica”. Y ese equilibrio precisamente es el que está en riesgo y el riesgo aumenta ante la inoperancia de las instituciones encargadas de generar acciones que preserven la salud mental comunitaria.

En países como el nuestro, el cuidado de las emociones no está en las priorizaciones de las mayorías de proyectos de vida, sólo un pequeño grupo es consciente que este aspecto es vital para un buen vivir. ¿Y qué afecciones ponen en riesgo el equilibrio emocional? Los más importantes son el estrés, la depresión y la ansiedad, un tridente de mucho cuidado.

Una vez terminado el periodo de cuarentena por efecto del coronavirus, todos empezamos a retornar a los espacios colectivos sin ni siquiera pensar qué tanto habíamos sido afectados por esos dos años de encierro, pantallas, teletrabajo, estudio mediado y disrupción de la vida cotidiana. Se puede decir que pasado el encierro asistimos a un estado de estrés postraumático, ya que este puede ocurrir “después de que una persona experimenta o es testigo de un evento profundamente estresante o traumático” (MNT). El pánico, el miedo generalizado, el temor a morir, el aislamiento y muerte de familiares o personas del entorno cercano, el vacío total de la incertidumbre y muchos aspectos más, hicieron que el periodo de cuarentena fuera traumático para millones de seres cuya realidad quedó encerrada en una pantalla de PC o TV.

Volver a los espacios abiertos, las oficinas, las calles, el mundo del habitad moderno, trajo consigo el aumento del deterioro de la salud mental. Durante el confinamiento circularon informaciones importantes para cuidar las emociones colectivas. Las familias encerradas se fueron adaptando a una nueva manera de ser y estar, descubriendo en gran medida que se podían continuar realizando las actividades propias de las mayorías de los oficios. No obstante, un día cualquiera, de nuevo fuimos llamados al retorno, como soldados que regresan de la guerra.

David Anderson, director del School and Community Program del Child Mind Institute, afirmaba, cuando empezamos el retorno a los espacios escolares, que es frecuente que los más jóvenes sientan un particular cansancio para retomar las actividades de la antigua normalidad, entre ellas, los horarios los compromisos presenciales y otras. El psicólogo analizaba la afectación en la población estudiantil, pero podemos extrapolar estos mismos síntomas, para nuestro caso, en los docentes y el personal administrativo de la Universidad del Tolima.

Un ejemplo claro de ello es que, durante el primer semestre de retorno a labores académicas con encuentros presenciales, en el Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, renunciaron a sus clases cerca de 130 docentes, más del 10 % de la población total de catedráticos.  Muchos afirmaron que ellos podían asumir los cursos si seguían mediados por TIC, pero que no querían retornar a los campus de manera presencial.

En esa misma línea, ya hace un año que Nubia Bautista, subdirectora de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud, advertía, refiriéndose al retorno, que:

Es posible que esto genere estrés en algunos trabajadores, ya que se trata de un nuevo proceso de adaptación, que incluye preocupación por el riesgo de contagio, incertidumbre por la efectividad de las vacunas. También es posible que algunas personas hayan adaptado su vida familiar al trabajo desde casa y ahora les resulte difícil cambiarlo. Algunos estarán ansiosos por volver a la presencialidad, otros tendrán mucha resistencia o les costará mucho hacerlo. (2021)

No obstante, son pocos los programas diseñados, sobre las bases de estas predicciones, para mitigar el estrés de los empleados; la mayoría de las Instituciones simplemente “ordenaron” el retorno sin reparar demasiado en las problemáticas de la readaptación.

Es por esa razón que estamos atravesando por un delicado momento en donde la salud mental de las comunidades está en constante deterioro. El estrés rutinario, el agravamiento de la crisis económica mundial, la falta de empatía generalizada y la ausencia de una atención contundente, ha generado un gran caldo de cultivo de mal vivir emocional.

En el caso de la Universidad del Tolima son varios los síntomas que claman medidas inmediatas para que podamos establecer un mejor bienestar emocional. Los tejidos colectivos se rompen cuando las cargas laborales se convierten en un agobio constante debido a la falta de un adecuado ambiente emocional. Claro está que la tarea es de todos y todas, no se trata simplemente de “pedir” o “exigir” acciones y actividades que conduzcan al mejoramiento del ambiente laboral, se trata de entender la salud mental como una obligación de la comunidad en general. Cuidar nuestras emociones es un deber colectivo. Eso sí, se espera que los líderes, directivos y especialistas sean quienes tomen la iniciativa, nada se soluciona metiendo la cabeza en la tierra para no ver el llamado contundente de la realidad.

junio 22, 2022

Petro y la educación ¿hacia dónde virar?

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Rápidamente se hizo viral un tuit de Gustavo Petro en donde invita a gobernadores y alcaldes a disponer de lotes saneados para construir sedes universitarias y así darle cabida a su propuesta de convertir a Colombia en una sociedad de conocimiento. Sin haber tomado posesión, Petro anuncia que las promesas de campaña se convertirán en políticas de Estado, algo fundamental para unir el país y derrotar definitivamente el discurso del miedo que la oficialidad se niega a soltar como banderita de batalla.

Lo que diré a continuación no es nada nuevo, son viejas discusiones en torno a la definición de hacia dónde se debe encaminar la educación pública en Colombia. Estos debates los hemos dado desde la década de los noventa, no más aprobada la Ley 30 que ya se avizoraba, en su primera infancia, como un remedio peor que la enfermedad. Se dio en movimientos posteriores como la recordada MANE, en el gran debate nacional de la Constituyente Universitaria, en las organizaciones estudiantiles, en cientos de Asambleas Universitarias, en el Seno de la Asociación Sindical de Profesores Universitarios, en fin, en mil eventos. Lo nuevo acá es el presidente y el enfoque que le va a dar a la educación del país ¿hacia dónde virar?

Construir nuevas universidades públicas en un país en donde el acceso total a la educación es una utopía, es más que plausible. Miles de jóvenes, pero también adultos, porque la formación superior debe recuperarse como derecho para todos, tienen aplazados sus sueños de educación universitaria. Pero ese proceso, que como se puede intuir de manera fácil es un plan a mediano plazo, debe ir acompañado de acciones inmediatas que oxigenen el sistema educativo y lo dispongan para contribuir a diseñar el devenir.

En el caso de las Universidades Públicas es urgente dar respuesta a las necesidades de inversión en infraestructura, dotación tecnológica y fortalecimiento de la labor docente. El mundo pospandémico nos ha generado una nuevas dinámicas y retos a los que se debe responder con audacia. La política de gratuidad educativa (lo que existe no es una política) debe ir acompañada de una considerable inversión en planes de permanencia estudiantil, en fortalecimiento del bien-estar de la población universitaria para que se pueda “estudiar sabroso”. Pero también toca invertir en tecnología de punta, laboratorios, escenarios culturales y deportivos, abriendo los campus a las nuevas formas de aprendizaje, con plataformas interactivas y simuladores en todas las disciplinas. Esto es urgente, porque la brecha del conocimiento se ensancha cuando no se reacciona de manera inmediata.

Otro tema urgente para las universidades tiene que ver con las políticas Ministeriales y sus organismos de control que tienen ahogadas a las universidades con indicadores, lineamientos y políticas obtusas, como los de acreditación, o el Decreto 1279 del régimen salarial de los profesores. Estas proliferaciones de normas no responden a la realidad colombiana, en su mayoría son importaciones deformadas de otros contextos, que buscan cumplir las exigencias internacionales pero que lejos están de atacar los males endémicos de nuestras necesidades educativas.

Lo que debe promover el MEN y demás organismos afines es la actualización de los programas de formación, la cualificación de los actores y la proliferación de programas pertinentes para el desarrollo nacional y regional. Para ello se deben motivar los nuevos enfoques de formación, programas pensados para la vida, la convivencia, el desarrollo sostenible, la producción rural y urbana, programas que permitan consolidar el país como un escenario para productividad solidaria.

Igualmente, en el campo de los posgrados, fortalecer “las investigaciones” con escenarios reales para que el conocimiento genere el impacto en la transformación de los territorios, las geografías y los problemas de la cotidianidad. Miles de estudiantes que lograron su formación en pregrado esperan oportunidad de avanzar en sus procesos formativos, la oferta del país es escasa, costosa y en muchos casos, poco pertinente para las necesidades urgentes. En esa misma línea, se debe promover y fortalecer los modelo de la educación a distancia, la educación virtual, la formación técnica y la educación continuada, así se construyen pilares de diversidad para que los ciudadanos puedan escoger sus propias líneas de formación.

 Un aspecto vital consiste en reformar la carrera docente, se hace necesario establecer un sistema que le permita a los niños y adolescentes tener la mejor educación posible, con infraestructuras adecuadas, pero con los mejores docentes. Dignificar y delinear la carrera docente permite que el profesor en Colombia deje de ser un profesional del rebusque, para convertirse en actor fundamental de la transformación política, cultural, científica y económica de la nación.

Quizás quedarán muchas otras líneas en el tintero, pero es urgente que los docentes, las universidades y sus actores, así como las Instituciones Educativas de toda índole, generen debates, propuestas y se activen en la dinámica de transformación educativa. El equipo que Gustavo Petro designe para liderar estos procesos debe tener claro este panorama, lo urgente y lo estructural, para dar respuesta a ese sentir colectivo de tener un país con mayores índices de formación en todos sus niveles.

Bien vale la pena recordar esa frase de Mandela que tantas veces hemos visto en las marchas de los jóvenes exigiéndoles a los gobiernos de turno: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”, pues hoy más que nunca, en Colombia, se debe dimensionar la potencia de su significado.

abril 03, 2022

EL DERECHO A DECIR Y DISENTIR

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima.

 

Resulta extraño, anómalo, incoherente y casi fuera de lugar tener que escribir sobre la necesidad e importancia de decir y disentir en el mundo universitario. Nada que se considere riguroso, científico o académico se construyó desde una sola mirada, al contrario, la pluridiversidad de voces son las que generan la posibilidad de trasformación, creación y cambio. Los relatos únicos de la realidad, los fenómenos o las cosas siempre terminan en totalitarismos discursivos, que impiden el diálogo con los demás, con el Otro.

No hay mayor riqueza en la interacción que cuando esta se hace con el distinto, porque el diálogo con uno mismo, en el espejo de nuestra propiedad, sólo genera un reflejo y este esconde lo que no queremos ver. Lanzarse al otro, como lo propone Mélich[1], implica tener la capacidad/posibilidad de desnudar la cara oculta de lo que pretendemos auscultar. Por eso, resulta casi antinómico tener que reclamar el derecho a disentir en la universidad.

En la acción cotidiana del mundo universitario, se han instalado unas formas de decir que construyen sus autónomas maneras de tramitar los conflictos, ya sean estos académicos, científicos o políticos. Figuras como las asambleas de los actores (estudiantes, profesores, trabajadores), organizaciones informales, colectivos, grupos de interés más allá de lo institucional, comunicaciones no-oficiales y otras formas de expresión, son válidas en la construcción de un proyecto público.

No obstante, estas “otras formas” son desconocidas en la mayoría de las veces por los entramados oficiales, quienes consideran que, si una comunicación, propuesta o proyecto no está en los “formatos” discursivos institucionales, no tienen validez. Por ello desautorizan y anulan constantemente esas otras formas de decir y, sobre todo, de disentir.

Un matemático que resuelva un teorema no se considerará enemigo de la junta de científicos, al contrario, se admirará como un aportante al desarrollo y consolidación de ese campo de la ciencia. Entonces ¿por qué un sujeto universitario que asume una posición distinta dentro de un debate político en la vida universitaria es, casi siempre, considerado un enemigo? Debería ser escuchado, contra-argumentado o derrotado en el campo de la discusión. Pero no es así, constantemente nos “volvemos enemigos” por decir y disentir.

Hay que tener la valentía, sobre todo desde las estructuras de poder y gobierno, de respetar y dialogar con esas otras formas válidas de hacer universidad. Por ejemplo, reconocer los espacios asamblearios como legítimas maneras de tramitar las diferencias, reconstruir los derroteros y poner en tensión el estado de las cosas. ¿Cómo pedirle, por ejemplo, a una asamblea profesoral que reconozca un “acto institucional”, si la institución ignora el trascurrir de la asamblea? En la diversidad está la ganancia, la posibilidad de consensos y la reafirmación de los disensos. El mundo no es sólo de una tonalidad, mucho menos de la tonalidad que quiere imponer el grupo de poder de turno.

Para que la Universidad conserve su esencia de centro de construcción del saber, la ciencia, la cultura y la formación de lo humano, debe prevenir el silenciamiento como estrategia y, en consecuencia, promover el decir, respetar el disentir. Hoy, en nuestra Alma mater, debemos reclamar ese derecho, para mí, para el otro, para el distinto e incluso para el oponente, de lo contrario estaremos asistiendo a la consolidación de la anti-universidad.

La historia cíclica y reciente de la Universidad del Tolima escenifica cuáles son los caminos que deparan la soberbia y el autismo. No más en los años 2014-2015 asistimos, muchos de quienes construimos universidad desde distintas miradas, a una crisis que no queremos repetir. Negar los avances y/o ocultar las enormes necesidades que aún tenemos por resolver, es abrir el camino que de nuevo nos conduzca al abismo. Salir de ahí es lo más difícil, evitar la caída es una propuesta.

Pero para que el diálogo fluya se deben aprestar los oídos. La sordera institucional impide que el otro pueda decir, y, sobre todo, disentir.



[1] Mélich, Joan-Carles. Del extraño al cómplice. La educación en la vida cotidiana.

noviembre 27, 2021

Grupo de investigación Argonautas del IDEAD-UT, presenta Revista dedicada a la recuperación escritural


El grupo de investigación Argonautas del Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, presenta la Revista Ústelee, hojas para reciclar No. 8. Esta publicación está dedicada a recuperar trabajos que los estudiantes realizan en el marco de sus espacios de formación universitaria y que, casi siempre, se desechan después de cumplir su misión de actividad de curso. Recuperar textos y evitar que terminen en los archivos del olvido o en las bandejas de reciclaje es una oportunidad para acrecentar el trabajo sobre la escritura. Dejamos acá la Editorial y el archivo en pdf para que pueda ser descargado.














Bitácora de los recolectores

 

Hemos tardado un poco en volver a escena, pero hemos estado por ahí tratando de sobrevenir a la pandemia, al caos social y a la pérdida de rumbo.

Durante el año 2021, luego de haber recibido un buen número de textos para esta edición, debimos frenar el proceso debido a que el antiguo equipo de redacción también entró en reciclaje.

La Revista Ústelee, hojas para reciclar, es un proyecto que nació en los ejercicios de clase de «Escritura creativa» en el programa de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad del Tolima. Luego, con el ánimo de sobrevivir, se trasladó al Instituto de Educación a Distancia y finalmente, fue apadrinada por el grupo de Investigación Argonautas.

Desde allí y alimentada especialmente por estudiantes del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana, así como por la Maestría en Pedagogía de la Literatura, el proyecto debe adquirir nuevos aíres.

Por esta razón, y como parte integral del lanzamiento de la edición No. 8, queremos extender una abierta invitación a los estudiantes que deseen hacer parte de este proyecto, para que se inscriban y formen parte del Comité Editorial. Allí, como desde el génesis de esta revista, el objetivo es formar nuevos editores, productores textuales y amantes de las letras.  

Reciclar los textos que dormitan en las gavetas del olvido, sigue siendo nuestro derrotero. En eso estamos, por ahí nos vemos y seguiremos insistiendo porque estamos convencidos de que Ústelee. 

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