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septiembre 09, 2025

La política tiene un lugar en el deporte

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Por estos días se corre la Vuelta a España, uno de los eventos ciclísticos más importantes del año y, como aficionado que soy del deporte de las bielas, he estado al tanto de los equipos, los corredores, las etapas y el acontecer diario de las mismas. Solo que esta vez el ciclismo ha pasado a un segundo plano porque las protestas de miles de ciudadanos han desbordado el entorno mediático del ciclismo para darle un lugar a la política.

Esto se preveía, ya que las acciones barbáricas de Benjamín Netanyahu y su ejército depredador han venido generando un efecto de tsunami mediático, lo cual ha construido una gran ola de rechazo al genocidio que allí se lleva a cabo contra el pueblo de Gaza. En ese sentido, la Vuelta a España se convirtió en caja de resonancia de quienes reclaman medidas planetarias que detengan al gobierno del primer ministro israelí y sus cómplices por acción u omisión.

Desde la antesala de la Vuelta a España se avizoraba el conflicto en cuestión, especialmente debido a la inclusión del equipo Israel Premier Tech, que se encuentra activo desde el año 2015 y que desde el año 2020 hace parte de la máxima categoría en este deporte, el denominado World Tour. Por pertenecer a esta última categoría, el equipo tiene un cupo asegurado en todas las carreras del calendario bajo esa etiqueta, entre ellas la Vuelta Ciclística a España.

Ahora bien, si las protestas arreciaban en varias partes del mundo, era muy predecible que en este evento deportivo seguirían creciendo, más teniendo en cuenta que el equipo corría con la bandera israelí en su indumentaria, y agregando a ello que la península ibérica es un epicentro activo de concientización en torno a los actos bárbaros ocurridos en suelo de Palestina.

Inicialmente, la dirección de la Vuelta, en cabeza de su director, Javier Guillén, escudado en el reglamento de la Unión Ciclística Internacional (UCI), restó importancia a los primeros brotes de inconformismo de la ciudadanía en torno a la participación del equipo en cuestión, lo cual fue alimentando la ola de indignación. Fue así como, desde el 23 de agosto, cuando la carrera dio inicio en Torino (Italia), ya se sentía el palpitar de una protesta que crecería cuando la Vuelta llegara a territorio español, y así fue.

Carteles de solidaridad con Gaza, banderas palestinas, abucheos al equipo en los cruces de los pueblos, rechiflas en las llegadas y muchos otros actos pacíficos fueron aumentando la indignación que creció ante el silencio de la organización en general. La estrategia de «hacerse el de la vista gorda» no hizo que el problema desapareciera; al contrario, avivó el desconcierto. El director del equipo Israel Premier Tech, el canadiense y abiertamente sionista Sylvan Adams, se negó a retirar el equipo, aun sabiendo que su presencia en tierras ibéricas generaba un alto grado de confrontación y se constituía en una ofensa a las oleadas de propalestinos. Su accionar se hizo equivalente a ondear una bandera con la cruz esvástica en Tel Aviv.

Por su parte, los organizadores de la Vuelta a España siguieron escudando su actuar con la disculpa de que no podían desvincular el equipo de la carrera, lo cual no es del todo cierto, pues ya existen antecedentes con la expulsión de un equipo ruso del World Tour debido a la guerra en Ucrania. ¿Por qué no se siguió la misma ruta en este caso? Uno sospecha que es por el alto poder económico que posee la comunidad sionista en Europa y en todo el mundo. En Colombia ya vimos cómo la derecha se arrodilla ante Netanyahu, ignorando las atrocidades cometidas en la franja de Gaza, mientras clama democracia y justicia por Venezuela. La doble moral está en todo, en este caso hasta en el deporte.

Muchos alegaron infructuosamente que el deporte debe estar aislado de la geopolítica, argumentando que lo que ocurre en ciclismo no debe ser afectado por lo que pasa en Palestina, lo cual puede ser síntoma de dos cosas: una alta ignorancia de lo que implica la política o un cinismo extremo adobado con hipocresía. En primer lugar, el deporte es político, tanto así que en los grandes eventos deportivos las banderas ondean, los himnos nacionales suenan y las confrontaciones entre países alimentan la pasión de los espectadores y los competidores. Nada más político que los trasnochados nacionalismos que, bajo las banderas del deporte, se edulcoran haciéndonos creer que quienes allí compiten son asexuados políticos. Deporte, poder y política están tan imbricados que desde la antigua Grecia los Juegos Olímpicos se erigieron bajo esa primicia.

Ahora, cuando nos encontramos en la última semana de la Vuelta a España, las protestas han tomado tal fuerza que la muchedumbre es incontrolable. Ya en Bilbao, durante el desarrollo de la jornada once, la etapa fue suspendida porque en la meta programada la gente traspasó las barreras de protección y con arengas y banderas reclamaba la salida del equipo israelí y llamaba a la solidaridad con Palestina. Y el día nueve de septiembre la etapa tuvo que ser recortada porque cientos de manifestantes cerraron la carretera camino a Castro de Herville, impidiendo la culminación de la jornada como estaba programada. Faltan más etapas por correrse; hay una crono individual en Valladolid durante la cual es imposible garantizar seguridad a cada uno de los 154 corredores que siguen en la Vuelta, mucho menos a los siete (7) integrantes del equipo centro de la gran controversia.

Ya es imposible seguir argumentando que deporte y política no se mezclan; esos son mensajes en los cuales la ciudadanía del siglo XXI no cree. En este siglo todo es político porque todo determina la existencia del ser humano en el planeta; así como dijo Eisenhower, “la política es la profesión a tiempo parcial de todo ciudadano”. El ciclismo no puede ser ajeno a la barbarie desatada en Gaza; algunos ciclistas ya lo han enunciado entre dientes, los grandes medios deportivos lo saben y lo callan por miedo a la polarización en un mundo que ya no puede seguir siendo neutral.

Javier Guillén insiste en que la Vuelta terminará en Madrid como está programado, poniendo en riesgo la caravana ciclística y asumiendo una hipócrita neutralidad. Los aficionados estamos divididos, pero la mayoría es consciente de que la política tiene un lugar en el deporte, porque como humanos, sin importar nuestra profesión, el dolor, la barbarie y los estragos de la guerra nos deben conmover. Permanecer neutral es el peor camino; los judíos lo saben por su historia, pero hoy parecen olvidarlo cuando pasaron de víctimas a victimarios.   El silencio no puede ser la forma de contrarrestar el horrible detonar de las bombas en Gaza. 

junio 25, 2023

CICLISMO Y FILOSOFÍA: PENSANDO Y SUDANDO

 

Guillaume Martin ciclista profesional y autor del libro.

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Los libros sobre ciclismo profesional tienden a tener una gran franja para exaltar, en su gran mayoría, a protagonistas mundiales y nacionales quienes han construido la leyenda de este mítico deporte. Otros se dedican a mostrar elementos técnicos y metodologías de entrenamiento, aspectos claves para el buen desempleo en la bicicleta que son procesos fundamentales del deporte del siglo XXI, época de grandes saltos tecnológicos y novedosos métodos de entrenamiento.

No obstante, en el libro que hablaré a continuación se aborda la relación entre ciclismo y filosofía, algo que no había encontrado en textos precedentes. Se trata de “Sócrates en bicicleta. El Tour de Francia de los filósofos”, del francés Guillaume Martín. El autor, siendo ciclista profesional de alto rendimiento y además Máster en Filosofía, nos ofrece una obra única en donde combina elementos propios de sus experiencias en esos “dos mundos” que parecieran opuestos, pero, que él se empeña en demostrar que guardan una estrecha relación. En mi concepto lo logra con gran pericia narrativa.

Con base en anécdotas, experiencias y apostándole a una trama de narrativa ficcional bien hilada, Guillaume Martin nos lleva pedalazo a pedalazo por los recovecos, descensos y pendientes del mundo del ciclismo y el pensamiento. Sus rutinas ciclísticas quedan plasmadas en una especie de bitácora del corredor del pelotón moderno. Las reflexiones que hace sobre deporte en general enriquecen la mirada del lector experto y el aficionado que se atrevan a sus páginas. Su fino humor ayuda a tejer una trama en la cual filósofos se preparan y disputan la mayor carrera de ciclismo del mundo “El Tour de Francia”. ¿Por qué este giro que propone el autor?, pues el mismo lo dice: “La filosofía, a pesar de sus aires austeros, es también una forma de juego. Lo mismo que este libro[1]. Escribir como lúdica, montar bicicleta como activador de pensamiento, me gusta mucho esa idea.

Los ciclósofos, como denomina a esta nueva especie de seres dedicados a pensar las cosas y los fenómenos de la existencia y, al mismo tiempo, pedalear por grandes avenidas, caminos escarpados o llenos de adoquines, son capaces de entender que el esfuerzo físico y las ideas no riñen, como erróneamente creía Platón. Madrugan a entrenar, luchan contra las adversidades climáticas y compiten sin abandonar sus reflexiones fundamentales. Por eso en el pelotón de ciclósofos podemos encontrar al rebelde de Nietzsche atacando desaforadamente, a Marx tratando de organizar los competidores para transformar el sistema ciclístico, a Freud disertando sobre el placer de montar en bicicleta o a Sartre luchando contra la realidad y el pesimismo de la profesión. Todos suman esfuerzo físico e intelectual, todos demuestran que no hay distancia entre pedalear y pensar.

En definitiva, el autor logra su propósito, hilar dos mundos de la vida distantes pero cuya relación simbiótica nos permite descubrir cómo todo lo existente en el mundo posee relaciones intrínsecas. Estas disertaciones permiten valorar con mayor ahínco los deportistas y romper algunos mitos modernos que han convertido los atletas en meros elementos de espectáculo y consumo, para regresarnos a esa concepción helénica de los atletas como sujetos vitales para la construcción de mundo ideal, porque: “Aunque pueda parecer algo totalmente primitivo, el entrenamiento atlético está, de hecho, movido por una auténtica sabiduría

Pero como G. Martin es un estudioso de la filosofía, nos propone una tesis que ayuda a recuperar, o mejor diríamos liberar, al deporte moderno del puro mecanismo de consumo en lo que lo ha convertido en modelo de vida actual, por eso nos invita a reflexionar: “Cosificado demasiado a menudo, el deportista merece recuperar un estatus más honorable, el de un actor del deporte, el de un artista del cuerpo”. La propuesta que estructura el libro sigue esta lógica.

Es así que, más allá de la rutina, del entrenamiento, del coraje necesario para vencer las adversidades de la vida y de la competencia, el ciclista se torna en un sujeto cuya acción no está condicionada por el triunfo o la mera banalidad de ser tratado como estrella del deporte. La apuesta del autor va más lejos, es la de hacer entender que: “El deporte se transforma, entonces, en arte. La actividad física, deviene actuación estética

En ese sentido, la lectura se torna amena e ilustrativa, sirve como lección de filosofía para repasar algunos de los más importantes postulados filosóficos desde la antigua Grecia (filosofía clásica), hasta el siglo XX (Filosofía moderna). Estos postulados siempre son articulados al mundo del ciclismo o el deporte en general. Si hay algo que reprocharle a G. Martín es no incluir mujeres pensadoras como Hipatía de Alejandría, Rosa de Luxemburgo, Simone de Beauvoir, Hannah Arendt o Judith Butler, entre tantas más, hubiesen alimentado esa caravana del reflexionar y pedalear. Igualmente, en el libro no aparecen referencias de pensadores de América, al parecer en el canon formativo del autor no se incluye este amplio panorama, nada de extraño en las universidades europeas.  

Para finalizar, es importante recordar que el texto fue publicado inicialmente en su idioma original (francés) en el año 2020. Un año después la editorial Libros de Ruta Ediciones, lo traduce al castellano. Como lo indica el autor en el epílogo: “Escribir un libro sobre ciclistas con una dimensión filosófica buscaba mostrar que nada es definitivo, que debemos dar un paso atrás de la tentación natural de eternizar nuestro estado inmediato. La bicicleta es un ciclo. Una temporada pasa. Y la vida es un eterno…retorno”, por lo cual y apelando a esa invitación, también invito dejarse imbuir en este libro que no sólo divierte, sino que también ayuda a pensar.



[1] Todas las citas de: MARTIN, Guillaume. (2021). Sócrates en bicicleta. El Tour de Francia de los filósofos. Libros de Ruta Ediciones. Barcelona (España).

mayo 24, 2023

Ciclismo colombiano, memoria y realidad

 

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

En Colombia es ciclismo es mucho más que un deporte, es un entramado cultura con un profundo arraigo en su idiosincrasia, ya había escrito sobre eso por allá en el 2016, cuando reseñé el libro Reyes de las montañas. De cómo los héroes del ciclismo colombiano incidieron en la historiadel país, del periodista británico Matt Rendell. Muchos pedalazos se han dado desde entonces, incluso Colombia logró por vez primera tener un ganador del mayor evento mundial de ciclismo, el Tour de Francia, y lo hizo en las piernas de Egan Bernal.

Precisamente, es Egan Bernal quien de entrada motiva la escritura de Guy Roger, periodista francés, quien en el año 2020 publica el libro titulado Bernal, et files de la cordillére y que es traducido al español (2021) con el nombre de Egan Bernal y los hijos de la cordillera. Viaje al país de los escarabajos. ¿Qué nuevo aporta Guy a la leyenda del ciclismo colombiano?

De entrada, Guy Roger actualiza el panorama, ya que el año 2019, un nuevo corredor apodado “el joven maravilla” oriundo de Zipaquirá, ganaba por primera vez el Tour de Francia, cerrando así un ciclo histórico que empezó con las primeras exploraciones de “Cochise” Rodríguez al viejo continente. Lucho Herrera y Nairo Quintana ya habían logrado vencer en las otras dos grandes vueltas (Italia y España), pero el Tour seguía siendo esquivo con apenas podios de Parra, Mejía, Nairo y Urán.

El triunfo de Egan y su imagen en los Campos Elíseos inauguraba, para Colombia y Latinoamérica, una nueva ruta de triunfos, le había sido permitido, a esta raza de escarabajos, pararse en el Olimpo de los dioses del pedal. Por eso el libro inicia rastreando la corta vida de ese joven genio, quien igual que miles de ciclistas, vivió una infancia de apuros y una adolescencia de tenacidad para llegar a cumplir sus sueños de deportista.

Colombia no ha logrado construir un entramado deportivo que soporte la variedad de talentos en los diversos deportes, y aún menos en el ciclismo, cuyo apogeo de los años 80 quedó como hito en la historia, sin que hasta el momento se haya logrado dibujar un panorama similar. Aun así, los corredores siguen emergiendo en los pueblos, en las faldas de las cordilleras, en las carreteras empolvadas, allá donde el olvido estatal ha puesto sus huevos.

Después de recrearnos la saga de Bernal, Guy continúa con una serie de relatos en donde tienen invitación grandes leyendas que estarán en nuestra memoria por sus hazañas: Lucho Herrera, Cochise, Fabio Parra, Álvaro Mejía, Botero y muchos más que transitaron entre los años de la gran bonanza ciclística y la sequía de los noventa e inicio del siglo XXI.

Con reseñas, anécdotas, entrevistas, fragmentos de prensa y recuerdos, el periodista francés construye un itinerario ameno que aporta a la construcción de esa memoria necesaria de un deporte en el cual se cruza el país con sus sueños, deseos y miseria, empezando por allá en los años cincuenta y sus protagonistas, todos ellos héroes del panorama local.

Así mismo, el autor se pregunta por el futuro del ciclismo y nos hace un breve panorama de los nuevos talentos que hoy recorren el mundo, en especial Europa, llevando la insignia histórica del país de los escarabajos. Hace poco Rigoberto Urán, con ese lenguaje desparpajado que lo caracteriza, dijo: “¿Cuál es la realidad? Que no tenemos ningún ciclista bueno en Colombia, no hay nada”, refiriéndose a la falta de procesos en escuelas de ciclismo, en apoyo de patrocinadores y en la ausencia de un calendario de carreras a la altura del mundo moderno.

Razón no le falta al de Urrao para su pesimismo, porque en esta década estamos contemplando el advenimiento de una camada de corredores europeos fuera de serie (Pogacar, Remco, Vingegaard, Van Der Poel, Van Aert o Ayuso, entre muchos más), mientras en Colombia Nairo sigue sin equipo, Superman López corriendo en Latinoamérica y Egan Bernal en recuperación.

Aún así, en medio de ese álgido paraje, sabemos que ciclistas seguirán apareciendo y continuarán construyendo esa memoria de hazañas, triunfos y derrotas que ayudan mantener ese talante de coraje tan propio de nuestros pedalistas, pero cada vez la tarea es más ardua para las nuevas generaciones. Mientras los niños de otras latitudes empiezan sus ciclos formativos con altos desarrollos tecnológicos y guianza especializada, en nuestro medio seguimos apostándole a los talentos de manera muy artesanal.  

Muchos pedalazos se han dado desde la aparición del libro Egan Bernal y los hijos de la cordillera. Viaje al país de los escarabajos; pero en sus páginas poseemos un buen repositorio de viejas historias que siguen alentando el ciclismo colombiano, ese escenario épico que nos pone a vibrar cada vez que un nuevo escarabajo se tremola sobre el sillín, mientras los narradores agotan la saliva en elogios. Luego la trasmisión termina y volvemos a la realidad.

septiembre 06, 2021

Los colombianos y el síndrome del victimismo deportivo internacional

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

El sábado tres de septiembre, mientras transcurría la etapa 20 de la Vuelta a España, Miguel Ángel López, reconocido con el alias de Superman, protagonizó un hecho sin antecedentes en el ciclismo mundial de élite, abandonó la carrera estando en buenas condiciones físicas y encontrándose aún entre los mejores. El motivo nunca lo sabremos del todo, porque pertenece a ese mundo secreto de los entornos competitivos que pocas veces se filtra a totalidad.

El acto en sí tendrá muchas repercusiones mediáticas, más en este mundo hiperconectado, pero más allá del abandonó de Superman y las consecuencias en su vida de deportista profesional, me interesa escribir sobre un tema que he venido observando en la cultura colombiana aficionada y que me atreveré a llamar el síndrome del “victimismo deportivo internacional”.

En la década de los 80 se construyó un relato sobre que Fabio Parra había perdido la Vuelta a España porque Pedro Perico delgado le había pagado al ruso Ivanov para que lo llevara a rueda durante una etapa. Recuerdo, siendo un adolescente, que “todos nos indignamos”, incluso los periodistas colombianos, cuyo amarillismo deportivo ha hecho escuela, hablaban de haber visto a Perico Delgado entregando una bolsa con billetes al corredor comprado. Para los que saben de ciclismo, en las carreras hay aliados, equipos que comparten intereses y muchas veces nuestros ciclistas también se han visto beneficiado con ello.

El caso de Superman López desató la furia de miles de internautas que sin tener conocimiento de los sucesos (algo muy propio de los internautas), no dudaron en expresar sus “libres opiniones” y he aquí el tema de mi asunto. Una idea que proliferó bastante consiste en creer que lo que le sucedió al ciclista boyacense fue un complot de su equipo Movistar para que perdiera el podio a favor de Enric Más, el otro líder, de nacionalidad española como el equipo. De nuevo el “victimismo deportivo internacional” surgió como teoría explicativa del suceso.

Después de varios capítulos del novelón que se ha armado, digno de lloriqueos a lo Betty la fea, la gente sigue profundizando en la conspiración contra Superman, muy a pesar de que él mismo ya aceptó que cometió un error de estrategia en carrera y un error deportivo al abandonar la competencia. Entonces tuve que recordar otros antecedentes, incluido el ya mencionado de Fabio Parra.

James Rodríguez en el Real Madrid y la supuesta persecución por parte de Zidane. O el caso Nairo, en el mismo equipo de Movistar, conjunto que supuestamente contrata colombianos con un salario alto para después no dejarlos ganar, imagino la cara de los ejecutivos de Telefónica escuchando esto. O el famoso “fue gol de Yepes” que nos impidió, según la experta opinión futbolera de cafetín, ser campeones mundiales en Brasil.

En todas partes hay seres horribles que están impidiendo que los colombianos triunfemos, porque nosotros somos mejores en todo. El boxeador chino que en complicidad con los jueces dieron perdedor a Yuberjen Martínez impidiendo una olímpica medalla de oro, es un ejemplo de ello. Parece que olvidamos que, en el deporte, como en toda competencia, lo más factible es perder. De los 176 ciclista que iniciaron la Vuelta a España 2021, sólo uno ganó y no se debió a ningún complot, fue el mejor, a él le salieron las cosas mejor y fue quien contó con ese pequeño ingrediente de suerte que da triunfos, como el de Egan Bernal en el Tour 2019.

Pero nuestra paranoia colombianista es desmedida, vemos enemigos en todas partes, sacamos la bandera tricolor y nos llenamos de odio porque a Sebastián Villa no lo ponen de titular por indisciplinado o porque todos los que nos ganan están dopados, favorecidos por los jueces o han comprado sus triunfos. Como excelentes víctimas que somos, no somos mejores porque no nos dejan.

Alguna vez Maturana dijo que “perder era ganar un poco”, aludiendo que en el deporte no siempre se gana y que saber perder pasa por reconocer que hay otros mejores y que se deben pulir los procesos para algún día, si es posible, ganar. No somos las víctimas de una gran confabulación mundial para opacarnos, es que otros tienen mejores procesos deportivos, invierten más en deporte, forman mejor sus niños y jóvenes para ser deportistas de alto rendimiento.  Enseñan a ganar y a perder en las escuelas deportivas, para que manejen la frustración o él éxito cuando llegue el día. Muchos deportistas han arruinado su vida después de ser ganadores, ahí tenemos otro problema.

El caso de Superman López dará mucho de qué hablar en los entramados amarillistas, lo cierto es que este tipo de hechos no son ajenos en el deporte de alto rendimiento y quizás él, un talento salido de las entrañas campesinas, hubiese reaccionado de otra forma si hubiese tenido esa formación que dan las escuelas deportivas. No es que haya fuerzas oscuras en el planeta impidiendo que los colombianos seamos mejores, para ser mejores debemos prepararnos mejor, no sólo en el deporte, en todos los campos. No debemos olvidar que, como dijo Séneca: “Es imposible ganar sin que otro pierda”.

noviembre 22, 2020

Del desencanto futbolero a la emoción ciclística

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Hace apenas unos días el país futbolero se lamentaba de las desastrosas presentaciones en las eliminatorias al mundial de Catar. Incluso muchos aficionados parecían más indignados por el papel de la Selección Colombia que por un país que marcha al garete por el desgobierno y la falta de un proyecto claro de nación.

Es que el fútbol, desde los años 80, cuando los carteles compraron varios equipos del rentado nacional, empezó a ser un proyecto de espectáculo que refleja en gran parte la colombianidad.  Los futbolistas se han endiosado, como en casi todo el planeta, y a esos dioses nuevos se le ha pedido que respondan por el destino de nuestra felicidad. Los equipos han permitido el lavado de dinero y la explotación de los mismos futbolistas, sin garantías laborales, pero deseosos de alcanzar el altar de la fama; luego de estar allí todo es ganancia.

Mientras el futbol produce innumerables ganancias por la venta de derechos de televisión, por las transferencias en un mercado que constantemente está al alza y por el marketing que rodea a los protagonistas, existe otro deporte en Colombia que parece habitar el lado oscuro de la luna deportiva: el ciclismo.

Este año se celebró la edición número 70 de la Vuelta a Colombia, un evento que ha estado a la altura de los mejores eventos ciclísticos europeos, pero que también ha tenido sus momentos de decadencia. Mientras al fútbol se le invierte millones y millones en patrocinios, el ciclismo vive del esfuerzo de las medianas empresas. Pocas veces ha tenido la fortuna de contar con el apoyo total y cuando lo ha tenido los resultados han sido históricos. Cómo no recordar el equipo Colombia Pilas Varta, el Café de Colombia o Postobón Ryalcao.

En términos concretos, los momentos de felicidad colectiva otorgados por el fútbol son breves chispazos en la historia deportiva del país comparado con las grandes gestas de los escarabajos colombianos en los cinco continentes. ¿Imaginemos que el ciclismo contara con el mismo apoyo estatal y empresarial? Seríamos algo así como el Brasil del ciclismo.

Como dijimos antes, la Vuelta a Colombia, una de las tantas carreras del país con una larga historia en la cual se han forjado atletas de dimensiones internacionales, este año celebró su edición 70, y cuando uno ve la premiación siente que está atrapado en la ficción de Macondo: ganador clasificación general: 31 millones de pesos; subcampeón general: 17 millones de pesos y tercero en la general: 11 millones de pesos.

Esto para 10 días de competencia, recorriendo medio país con los gastos que implica una carrera de este nivel. Pregunten cuánto gana un jugador de primer nivel en la liga colombiana por partido y hagan las cuentas. Ahora piensen en la inversión que se le hace a la Selección Colombiana de Fútbol. Nada qué decir. El ciclismo con menos da más, el futbol se ha vuelto la mejor muestra de nuestra parafernalia.

Y una vez más, este año el ganador de la Vuelta ha sido un joven humilde campesino, esta vez de Boyacá. Joven que tuvo la fortuna de contar con el apoyo del equipo Colombia Tierra de Atletas, un proyecto que busca consolidarse como semillero de deportistas, y a fe que con Diego Andrés Camargo ya está recibiendo excelentes resultados.

Diego Andrés Camargo - Campeón Vuelta a Colombia 2020-

Diego Andrés Camargo, con apenas 22 años, ha repetido por tercera vez la gesta del ser el ganador de la Vuelta a la Juventud y la Vuelta a Colombia en el mismo año. Un super talento que se ha hecho con el apoyo de mecenas de su región, las precarias ligas de ciclismo y pequeñas empresas que como tercos soñadores siguen impulsando el ciclismo en sus municipios. Ojalá este logro sirva para que se potencien los semilleros, se fortalezcan los equipos, las carreras ganen en dimensión y así retornen al lugar de la historia de los grandes hitos. De seguro Camargo podrá disfrutar el año entrante en contrato sólido en un equipo de Word Tour, pero miles de Diegos estarán montando hoy sus “caballitos de acero”, soñando tener al menos una posibilidad de mostrar sus talentos.

Ya es hora de dejar de sufrir colectivamente por los desencantos del fútbol, sus parafernalias y sus expectativas desmedidas. La cantera es el ciclismo, allí habitan los sueños y las emociones de un país de múltiples geografías.

julio 23, 2017

EL CICLISMO OTRA VEZ

Nairo, Urán, Pantano, Atapuma, Chaves, Henao y Betancur finalizando el Tour de Francia 2017

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Difícil buscar entre los anaqueles de la historia de las alegrías colombianas y no encontrar allí el ciclismo. Aunque ha estado supeditado a los vaivenes bipolares de muchos aficionados, siempre cuenta con una base sólida de verdaderos mecenas de provincia, por eso el ciclismo en Colombia es, sin lugar a dudas, el deporte nacional, el del pueblo.
Ser ciclista en Colombia no es nada fácil, las academias no abundan, las escuelas de formación son más bien agrupaciones de padres testarudos y ciclistas retirados que ponen todo su empeño en construir un espacio para los cientos de niños y jóvenes que sueñan cabalgar en las montañas del mundo. Los patrocinadores van y vienen, sobre todo se van cuando los resultados no son los esperados, como se van los medios escritos, radiales y televisivos; excepto, en este caso también, ese grupo de verdaderos amantes del ciclismo que de manera casi estoica han permanecido trayendo noticias de los sufrimientos de estos corajudos colombianos desde cualquier carretera del mundo en donde se inscriban.
Una muestra de la escasa importancia que se le otorga al ciclismo se evidencia en la Vuelta a Colombia, la cual es apenas un remedo de la calidad del ciclismo que exponen los nuestros por el planeta. Carreras con menos años de tradición como el Tour de San Luis, en Argentina, está mejor posicionada que nuestra Vuelta cuya primera edición se corrió en 1951. Además, muchos solo esperan que los ciclistas desfallezcan para catalogarlos de cobardes, acomodados o poco profesionales. El ejemplo más reciente son los desacomedidos adjetivos en contra de Nairo, aun siendo subcampeón en Giro de Italia.
Por eso en estos días, cuando al calor fulgurante de la mejor carrera del mundo, las noticias del coraje, la lucha y los triunfos de nuestros corredores se vuelven a tomar las pantallas, los periódicos y, ahora, las redes sociales; vale la pena recordar que es urgente corresponder a esas alegrías desde los patrocinios, el fortalecimiento de las ligas de ciclismo y la inversión. Y si se necesitan cifras para atraer financiadores, las siguientes pueden ser bien reveladoras: En las últimas cinco grandes vueltas de ciclismo en carretera, Colombia ha obtenido seis escalones en el podio (efectividad del 40%, el mejor por países en los últimos años), eso sin contar otras de las modalidades ciclísticas como el bicicrós y el ciclo montañismo, que aportan triunfos en todos sus niveles.
Pensando en esto celebremos una vez más, hoy domingo 23 de julio de 2017, porque otro ciclista colombiano se paró en el podio del Tour de Francia. Otro ciclista que tuvo que salir del país en busca de oportunidades, otro ciclista que a pesar de vivir muchos años en Europa sigue aferrado a esta tierra de tantas contradicciones y alegrías. Hoy fue Rigoberto Urán, antes fue Nairo y Esteban y cientos de corajudos que, como dice Carlos Vives, en su tema “El orgullo de mi patria”:
No se queda en su cama se le notan las ganas
y aunque no ha amanecido muy tempranita sale a entrenar
es un noble guerrero, un halcón montañero
que sube ligero y en las montañas suele reinar.