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julio 28, 2026

EL GAÑÁN

 


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Escritor colombiano

 

Cuento corto e incorrecto, inspirado en cierto personaje que sube videos en calzoncillos mientras lanza billetes al aire para bañarse en popularidad y mal gusto.

 

En el barrio donde vive mi madre habita un gañán, de los clásicos. Ha estado preso varias veces por hurto, lesiones personales y microtráfico.

Debe tener cerca de 50 años y, como suelen decir los ancianos, "aún no sienta cabeza". Lo distingo desde la época de mi juventud, cuando su ímpetu desbocado lideraba la patota de energúmenos del sector que se aglomeraban en una temida pandilla llamada "Los Pelechos".

"El Piojo", como le han llamado desde siempre, vive con su madre, una adorable anciana que sobrevive con los subsidios del Estado y alguna que otra moneda que una hija que migró a México le envía sacramente.

Hoy, cuando pasé a visitar a mi madre, "El Piojo" se acercó y me pidió un cigarrillo. Le dije que hace años dejé de fumar. Entonces me pidió la liga. Busqué en mi cartera y le pasé cinco mil pesos, más por miedo que por caridad.

—Gracias, profe —me dijo—, usted es un bacán.

Antes de irse, me sorprendió con una pregunta que nunca esperé de este gañán curtido en el arte de la vagancia:

- Profe, ¿no sabe de algún trabajito para mí?

— No, nada, mi viejo —le respondí ipso facto, sin abrir más espacio a inútiles explicaciones.

Entonces, sin decir más nada, se fue rumbo a la tienda de la esquina, batiendo al aire el billete de cinco mil.

Mientras tocaba en la puerta de la casa de mi madre, pensé: “Debí decirle que enviara la hoja de vida al nuevo gobierno; con ese prontuario que tiene, de seguro algo de altura le consiguen”.

abril 27, 2026

VICKY DÁVILA: UNA LECCIÓN PARA EL PERIODISMO

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

Uno escucha a la actual Vicky Dávila y ya no sabe cuál voz escucha.

Ella empezó siendo una periodista referente en Colombia, admirada por un sector que la consideró como la imagen de una mujer independiente y exitosa en su campo.

Luego, con el pasar (y el pesar) de los años, terminó en Revista Semana siendo una voz panfletaria contra el gobierno de Petro. Hay quienes afirman que se debió a que ya la periodista había desaparecido y estaba incubándose la candidata del Grupo Gilinski, y claro, su periodismo ya no buscaba la imparcialidad, sino la construcción de su plataforma política.

Después, como se evidenciaba a pesar de sus negacionismos, se lanzó de lleno como candidata presidencial, con un prometedor inicio en su popularidad, pero sin la experiencia mínima en el sector público, ni en la política del mundo real, en donde no se perdona nada.

Con el tiempo se fue desinflando, hasta caer en esa amplia coalición que no era más que la plataforma que Álvaro Uribe diseñó para poder tener un protagonismo que de entrada no poseía. Por eso traicionó a Cabal y su esposo; debía imponer una candidata que pareciera de centro, así actuara en la rancia derecha, es decir, Paloma. Así Vicky Dávila terminó siendo la reina del “me divierte”, el único premio que cosechó de todo ese tiempo de embrujo.

Al perder estrepitosamente en aquella consulta, quedando con un déficit económico, político y profesional muy alto, le tocó reversar e intentar volver al periodismo, solo que la reversa no funciona como ella cree. Ahora carga el estigma de una voz demasiado parcializada, con deudas políticas, sin un lugar en el periodismo medio serio de este país y jugando a ser política, periodista y oposición, todo al mismo tiempo.

Por eso al escuchar a Vicky Dávila hoy, uno siente que está de frente a Gerión, aquel monstruo mitológico griego de tres cabezas y un solo cuerpo, el cual se desplaza penosamente, pues todo el tiempo recibe órdenes sensoriales contrarias e incoherentes. Sirva este trasegar de Vicky Dávila para entender cómo alguien se puede perder en los laberintos en los cuales se confunden fama, liderazgo, política y ambigüedad. Sirva también de ejemplo para quienes desean ejercer un periodismo ético; mejor espejo de lo que no se debe hacer no van a encontrar.

 


abril 10, 2026

SERVICIO MILITAR EN COLOMBIA, UNA RADIOGRAFÍA DEL CAMBIO

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

En Colombia, durante la guerra de los mil días, se hizo cotidiano el reclutamiento forzoso de jóvenes para su incorporación al ejército. Esta práctica se mantuvo vigente hasta la actualidad, con algunas flexibilizaciones parciales en diversos momentos de la historia. Lo cierto es que siempre fueron los pobres quienes engrosaron las filas del ejército legal, así como los grupos ilegales en Colombia.

Los más privilegiados, que en Colombia han sido los ricos y la gente del común con amigos influyentes, siempre evadieron el servicio militar; por lo tanto, nunca fue "obligatorio", como se predicaba comúnmente, aunque para los pobres sí. Al contrario, la objeción de conciencia rara vez era respetada, y miles de casos de maltratos, acoso, suicidio y evasiones se daban en el ejército, con una silenciosa aceptación social, porque siempre se promulgó el valor y la importancia de “servir a la patria”.

Incluso la Constitución Política de 1991 continuó asumiendo el servicio militar como un deber sagrado del ciudadano colombiano, eso sí, del ciudadano de a pie, porque nunca vimos a los hijos de los millonarios en Tolemaida, a no ser para dar un paseo en los helicópteros, acompañados del general amigo de turno.

Hoy las fuerzas militares parecen modernizarse (por fin) en este aspecto. Desde 2017, con la Ley 1861, se empezaron a flexibilizar las incorporaciones al servicio militar, se abrió paso al respeto (aunque no del todo) de la objeción de conciencia, y se empezó a generar una actitud diferente a la figura de "remiso", esa marca cainezca de quien por alguna circunstancia evadía el servicio militar. En el año 2025, mediante el Decreto 1075, se ahondó en esta flexibilización, avanzando también en el mejoramiento de las condiciones generales de la prestación del servicio, así como el aumento del salario para el soldado raso.

No obstante, es hasta ahora, (la noticia se emitió en marzo de 2026), que se anuncia que el servicio militar deja de ser obligatorio, se tornará 100% voluntario, tendrá una remuneración digna y los jóvenes ya no serán cazados en las esquinas de los barrios más pobres del país para ser reclutados. Este cambio se debe a que, con el mejoramiento de las condiciones del servicio militar, muchos jóvenes han optado por asumir este servicio de manera consciente y como una salida a las pocas oportunidades de subsistencia que existen para ellos.

Este nuevo enfoque traerá un cambio real y simbólico para las fuerzas militares, porque nada digno se construye con seres no dignificados. Esperemos que a futuro, sin importar la línea ideológica del gobierno de turno, esta idea se siga manteniendo y no volvamos a la manía que se tuvo de incentivar la guerra con jóvenes pobres, mal alimentados, mal remunerados y sin la libertad de decisión.

marzo 24, 2026

Las redes sociales: el pozo de los deseos esquizofrénicos

 


Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universitario

Desde su aparición, las redes sociales se fortalecieron rápidamente como escenarios comunicativos y, en parte, esto se debió a la sensación de libertad que se tejió en ellas. Decir lo que el hablante desea decir, sin grandes restricciones, era el sueño que la «sociedad de opinión» no esperaba cumplir tan pronto. Pero se dio, y este fenómeno desató el delirio colectivo comunicativo que hoy vivimos y padecemos.

Y si el panorama ya era preocupante para la posibilidad de construir relatos veraces, ahora aparece en escena la inteligencia artificial como herramienta propicia para darle forma a los delirios. Si deseas que alguien muera, tienes una herramienta digital y un clic disponibles para que tu deseo se haga noticia falsa con encubrimiento verdadero, porque sabemos que "una imagen vale más que mil palabras". ¿Y si la imagen es falsa? Pues parece que no importa, mientras y cuando el deseo individual o colectivo sea satisfecho.

De esa manera, las denominadas redes sociales se van tornando en antisociales, porque el objetivo de comunicar con veracidad se desplaza para mentir, para satisfacer el oscuro pozo de los deseos. Ya no se trata solo de luchas ideológicas, se trata del sacrificio de la veracidad a cambio de la concretización de los perversos deseos que habitan en la conciencia social.

Por eso abundan (y son consumidas) millones de noticias falsas que en el fondo satisfacen el deseo de quienes las producen y quienes las difunden.   ¿Quieres matar al tirano que odias? ¿Deseas ver prisionera a una mujer que está por fuera de tu gama de valores? ¿Añoras ver un ídolo caer en desgracia? ¿Quieres ver triunfar al político que admiras? Es muy fácil, todos esos deseos están a tu alcance; haces clic y la imagen construye el muerto, la prisionera, el ídolo caído, el político triunfante. Hoy los humanos actuamos de co-creadores de falsedades, como si fuésemos hijos de Loki, el dios mitológico nórdico de la mentira.

Hoy todos nuestros deseos, individuales y colectivos, se pueden escenificar en el teatro virtual; el problema es que ya muy pocos somos conscientes de la ficción y sus implicaciones; ahora todo parece ser real y verdadero. De seguro, con esta manía desbordada, estamos fortaleciendo una sociedad esquizofrénica. 

La verdad yace enterrada y ni siquiera tenemos certeza de dónde está su tumba, para ir a visitarla.

marzo 17, 2026

LA MASACRE DE LA RUBIERA, UN DOLOR QUE PERVIVE

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente universitario

 

La historia colombiana está llena de atrocidades, muchas de ellas condenadas al olvido, lo cual nos hace más atroces. Una de estas dolorosas realidades ocurrió un 27 de diciembre de 1967 en el hato La Rubiera, ubicado en el departamento de Arauca, en límites entre Colombia y Venezuela.

Los hechos narran que varios colonos, con el fin de apropiarse de las tierras de la comunidad de la etnia Sikuani, elaboraron una celada digna de los libros de los horrores humanos. Invitaron a los indígenas a un agasajo, con el pretexto de establecer lazos de amistad. Una vez allí, procedieron a matarlos a sangre fría con pistolas, machetes y garrotes. El saldo: 16 indígenas masacrados, entre ellos mujeres y niños. Al parecer, dos de ellos que sobrevivieron fueron quienes dieron a conocer el resultado de aquella barbarie.

Es increíble pensar que esto sucedió dos años antes de que los humanos fuéramos a la luna, un hecho que refleja nuestra agónica lucha entre civilización y barbarie. Pero es más aterrador aún recordar la defensa que establecieron los abogados de los victimarios que dio origen a aquella sentencia que, no más de escucharla, hiela la sangre: “Yo no sabía que era malo matar indios”. Al final, debido a la tenacidad de la comunidad indígena, los culpables recibieron condena, aunque no tan ejemplar como debió ser.

Uno de los ensañamientos contra los indígenas (aunque también contra los campesinos) ha sido la posesión de la tierra. Esa guerra por el despojo ha sido una constante en nuestra historia de violencias; de ahí surge el desplazamiento, la desaparición y los múltiples vejámenes que sus efectos producen. Estos fenómenos también han producido nichos de resistencia, defensa de los territorios y, por supuesto, han sido caldo de cultivo para nuevas violencias.

No obstante, aún pervive en la población colombiana un resquemor hacia los indígenas, afortunadamente cada vez menor, pero en la cultura subyace ese racismo disfrazado que surge en momentos como el de la actual coyuntura política. Hace unos meses aparecieron carteles amenazantes y bloques de energúmenos promoviendo la agresión contra la Minga indígena en los alrededores de la Universidad Nacional en Bogotá.   No pocas personas, con formación universitaria, he escuchado expresarse verbalmente y en escritos en redes, tildando a los indígenas de viciosos, zánganos y mil cosas más.   Calificativos que evidencian que aún estamos lejos de aceptar que somos un país pluriétnico, como lo dictamina nuestra Constitución Política. Hay que recordar hasta la saciedad que, por muy blanquitos o españolizados que nos sintamos, somos aborígenes.

Recordar la masacre de la Rubiera como un hecho atroz y real es avivar nuestra memoria y pensar que aún necesitamos afirmarnos como nación, porque si el dolor pasado y el actual de nuestras etnias no nos conmueven, algo sigue muy dañado en el seno de nuestra sociedad.

Posdata: El cantautor llanero Nelson Morales compuso una elegía popular que narra aquella masacre. Pueden escucharla en este link: https://www.youtube.com/watch?v=44g8avUO5Ug&list=RD44g8avUO5Ug&start_radio=1

marzo 13, 2026

¿SUMAR VOTOS O MANTENER LA COHERENCIA POLÍTICA?

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

En el juego político hay quienes optan por mantenerse coherentes a unas ideas aunque tarden en alcanzar los escenarios de poder. Otros, en cambio, mutan constantemente, acción que desde Lampedusa se ha llamado gatopardismo. Las ideas cambian de piel, pero en el fondo siguen siendo lo que son.

Este fenómeno es evidente en acciones como las de Abelardo de la Espriella, quien se volvió ultrarreligioso en un par de meses, solo porque en el toldo de los religiosos hay un buen caudal de votos. Uribe prefirió a Paloma, incluso traicionó a Cabal, Lafaurie y a la extrema extrema, porque él sabe que la única opción que le queda es hacerse pasar por una mansa oveja de la derecha menos radical; en eso es en lo que quiere convertir a Paloma. Pero en el fondo, Cabal, Paloma y Abelardo son papas del mismo costal, con algunos gradientes diferenciales.

Ahora con Oviedo se da el mismo fenómeno. Él pudo optar por tratar de darle vida a un centro que solo existe en el imaginario transitorio porque se compone de fragmentos de izquierda y derecha, más un grupo de indecisos; es decir, es una fuerza que se caracteriza por su ambivalencia, factor que siempre los termina dejando a la deriva; de ahí la metáfora realista en la que siempre terminan “huyendo a ver las ballenas”. Oviedo no se traicionó, decidió reafirmarse en lo que es, un técnico de derecha no radical, que por cuestiones del momento terminó copando un escenario político polarizado en el cual él pareciera ser de centro. Pero no olviden que de esos políticos transitorios hay mil ejemplos; me acuerdo ahora de Lucho el embolador o Angelino Garzón. Como surgen, se olvidan, precisamente por su ambigüedad.

Por el otro lado, está la política que se hace basada en la coherencia de las ideas, y ahí se sitúa la fórmula presidencial de Iván Cepeda, quien pudo optar por un personaje que lo acercara a la derecha moderada, como un empresario de esos que cultivan un enfoque social y que creen que la riqueza se debe redistribuir. Aunque no parezca, de esos también existen varios y buenos. Pero Cepeda prefirió quedarse con la base social; eso es Aida Quilcué, un símbolo de los escenarios de lucha y transformación de base. Cepeda, prefiero sumar coherencia y no solo votos, al menos en esta fase de la contienda.

Veremos cómo el país votante valora cada acción, porque esto no se trata de sumar personas y creer que ellas se vuelven votos de manera utilitaria; la política no es así de simple. Muchos van a las urnas movidos por símbolos sujetos al cambio. Por ejemplo, los votantes que vociferan odio hacia lo que denominan “ideología de género”, los machistas que abundan en la ultraderecha, aquellos que todo lo que ven diferente a lo que son lo convierten en comunismo, quienes creen que el homosexualismo es una aberración excremental, los que piensan que los pobres son pobres porque quieren y mil prejuiciosos más: ¿terminarán votando en contra de su opinión o cambiarán de opinión por la coyuntura política?

Recuerdo que cierta vez sectores alternativos votaron por Juan Manuel Santos por un punto de honor: La paz. En otro momento, muchos votaron en contra de la paz para respaldar a un líder (Uribe) que no creía en la paz, o más bien no le convenía esa paz, porque lo ponía en riesgo ante la justicia, como al final sucedió.

Así es la política, vive en movimiento, está sujeta a los ires y venires y a veces lo olvidamos. Por eso, el 31 de mayo tendremos una radiografía más cercana a la realidad y entonces veremos qué resultados arrojó cada estrategia y qué nuevas estrategias se plantearán camino a la Casa de Nariño, porque aún hay muchos elementos que pueden alterar la percepción ciudadana, que, aunque no parezca, cada vez se cualifica más.

febrero 11, 2026

La adolescencia como autodestrucción

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Escritor colombiano / Docente Universidad del Tolima.

 

A veces en los anaqueles duermen los mejores libros sin ser abiertos; igual pasa con ciertas películas o series televisivas que no alcanzan un gran rating en el momento de su estreno, pero quedan alojadas en las plataformas y de vez en cuando algún curioso espectador da cuenta de ellas. Es lo que sucedió en este caso cuando encontré, en Netflix, la serie de dos temporadas y 16 capítulos titulada “The End of the F***ing World”, que data de los años 2017-2019.

La serie presenta la historia de dos adolescentes (James y Alyssa), quienes se encuentran palpitando en esa edad en la cual el mundo parece no contener los elementos mínimos para albergar la inquietud de esa esplendorosa y terrible etapa de la vida. Se encuentran para atraerse y rechazarse, pero no es simple encuentro hormonal; es la coincidencia de dos temperamentos guiados por la autodestrucción, el nihilismo y la búsqueda de un lugar fijo en el mundo. Lo que viene después de ese encuentro es cine puro, aunque sea una serie.

Huidas, preguntas, crímenes, dudas, fugas y todos esos elementos dramáticos de la historia convierten a los despabilados jóvenes en una reencarnación más letrada de Bonnie y Clyde, con un lenguaje más obsceno pero, por lo mismo, más sincero; con una búsqueda más desesperada y con la esperanza de hallar algo que aún no se sabe qué es. “The End of the F***ing World” nos muestra ese mundo actual en el cual los sueños juveniles poseen un destino claro y prefijado, pero cuya ruta no configura los deseos de los jóvenes. Las familias colapsadas son el síntoma de un tiempo en el cual se sobrevive, pero no se vive, atados a las demandas de una sociedad que pareciera estar dispuesta a que nadie sea feliz y que, en una especie de venganza colectiva, nos quiere conducir a todos al mismo pantano de la cotidianidad.

El humor negro y la ironía son los escenarios predilectos para contar la historia, acompañada de una banda sonora pulcra a cargo de Graham Coxon, quien fuera guitarrista de Blur. La fotografía también destaca, aportando unos tonos secos que van con la sensación de tristeza y pérdida constante que transmite la trama. Todo esto dirigido por Jonathan Entwistle y Lucy Tcherniak, quienes aciertan ordenando cada uno de los elementos.

La serie da vida a la novela gráfica del mismo nombre, de la autoría de Charles Forsman (1982), un dibujante estadounidense, quien es autor de otros trabajos llevados a la pantalla como “Esta mierda me supera”. Los actores principales que dan vida a los dos adolescentes hacen un trabajo superlativo y, en parte, gracias a ellos logramos conectarnos con ese mundo que nos proponen los directores y el autor; se trata de Jessica Barden y Alex Lawther.

En definitiva, “The End of the F***ing World” es una joya que da vueltas por ahí en el mundo algorítmico de las plataformas actuales en espera de que espectadores ansiosos de buenas historias y buenos montajes la saquen de su famoso anonimato.

enero 12, 2026

LA CASA LIBERADA (Un cuento geopolíticamente incorrecto)

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Escritor colombiano / Docente Universidad del Tolima

En casa teníamos todo para ser felices, pero no lo éramos. Nuestra madre había heredado una jugosa cantidad de dinero representado en propiedades de toda índole, más una solvente cuenta bancaria. Era hija única de aquel matrimonio entre abuelos petroleros. Aun así, como dije al comienzo, no éramos felices.

Mi hermano había huido de casa antes de cumplir la mayoría de edad, hacía ya más de 10 años, cuando las cosas empezaron a enrarecerse. Mi padre, quien se había mostrado proclive al diálogo familiar, de pronto se tornó déspota. Fue por esa misma época cuando quedó a cargo de toda la fortuna de mamá, debido a un giro legal. Mamá aceptó sin pelear, pues confiaba en él y en sus buenos propósitos para toda la familia. Por entonces yo no había nacido, pero los relatos de esa época siempre tienen un tinte feliz. Entonces todo empezó a cambiar. Mi padre se hizo adicto a los lujos y al alcohol. Descuidó los negocios y se dedicaba a despilfarrar los ahorros con sus amigos, mientras en casa pasábamos necesidades. Fue por esa época que Venezio huyó.

Madre soportaba estoicamente los malos tratos de papá y el desbarajuste de todo lo que se había construido en los orígenes de aquel idilio; aún soñaba que quizás un día mi padre entendería la ruta trazada en los inicios y retornaríamos al proyecto familiar feliz. Mi padre no pensaba igual, solo se dedicaba al derroche y empezó a hacer enemigos por todos lados. «Cuando hay dinero de por medio no hay lealtades», solía decir mi abuelo; lo sé porque mamá repetía sus historias en la mesa, cuando aún en casa se podía hablar. «El abuelo Vezcha sí que sabía liderar esta familia», solía decir, «lástima que muriese tan joven». Él confiaba en tu padre, vio en él ese talante que necesita un proyecto familiar como el nuestro. Por esa época de las historias en la mesa, hubo un apaciguamiento pasajero; mi padre pareció retornar el rumbo y vivimos en calma una pequeña temporada. Madre habla de esa época como la de la reconciliación.

Al poco tiempo nací yo, «para colmo de males», dijo años después mi madre. Mi padre volvió a la bebida, y le dio por coleccionar coches de lujo. Tiempo después, un vecino, hombre avaro y bullicioso, empezó a acecharnos, porque, según él, mi padre le había quitado un negocio que tenían en común, y, como decía el abuelo, «en cuestiones de dinero, la amistad es un delgado hilo que se tensa con pérdidas y ganancias».

La enemistad creció hasta el punto de que los antiguos socios se declararon la guerra, aunque solo era una contienda verbal en sus inicios. La disputa generó más infelicidad en casa, las cosas empezaron a escasear y pasamos días muy duros. Mi madre resistía junto a mi hermana y yo, quien crecía en medio de lágrimas y deseos de que todo volviera a la normalidad. Mi hermano mayor de vez en cuando llamaba y terminaba insultando a mamá, pidiéndole que hiciera algo, que papá se había vuelto un tirano. Siempre la discusión telefónica terminaba generando más enemistad familiar.

Hace un par de días la discusión con el vecino avaro escaló a tal punto que mi padre llegó a casa y nos dio instrucciones en las que debíamos prepararnos para una batalla. Dijo que vendrían por nuestra riqueza, instruyó a mi hermana para que se dispusiera a pelear por la familia. Mi madre no decía nada; a ella le tocaba redoblar esfuerzos y vigilar de noche. Yo, apenas una niña, debía encargarme de estar pendiente de una campana de alerta, para avisar cualquier intromisión en nuestras propiedades. Nadie entendía nada, excepto mi padre, que iba de aquí para allá, insultando al aire y tomando grandes copas de coñac.

Esta madrugada oímos una explosión. La puerta cayó y, tras la dispersión del humo y en medio del olor a pólvora, el hombre avaro, el vecino gruñón que tanto odia a papá, ingresó con varios escoltas. Tomaron la casa por asalto, abrieron una gran caja fuerte y empacaron todo lo que allí había y lo sacaron junto a papá. Cuando el estruendo del asalto pasó, el hombre fortachón nos reunió y nos dijo —a mamá, a mi hermana y a mí— que estuviéramos tranquilas, que él era el nuevo dueño de esta casa, que nuestro padre no nos haría más daño. Mi madre sacó algo de su escasa valentía para preguntarle por qué se llevaban el dinero y las pertenencias familiares, a lo que el avaro respondió: "«Ya le dije que ahora soy el patrón de esta casa», luego se fue sin antes dejar a sus sabuesos cuidando el desbarajuste causado.

Mi madre, mi hermana y yo seguimos naufragando en el asombro; no sabemos qué ha pasado. Todo fue tan rápido. Lo cierto es que ahora estamos peor que antes, sin papá, sin dinero y con un nuevo amo. En medio de la incertidumbre escuchamos sonar el teléfono; es mi hermano. Mamá pone la función de altavoz y lo escuchamos gritando alborozado:

—Gracias a Dios, por fin nos han liberado.

Madre nos abraza y mira hacia el cielo; sabe que no hay nada que celebrar.

Enero de 2026

noviembre 25, 2025

BREVES LECCIONES SOBRE LA LITERATURA

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

I

La expresión "verdadera literatura" es una estratagema; cuando se enuncia, se hace para esconder una pedantería.


II

La función primordial de la literatura es contrarrestar el olvido, del yo en primera instancia y luego de las comunidades en donde habita el escritor, sean estas reales o ficticias.


III

El asombro y el juego han sido los insumos básicos para la construcción de toda la historia de la literatura.


IV

La literatura surge de la mezcla entre experiencia de vida, sensibilidad y necesidad de contar. Todos los humanos estamos en capacidad de acceder a ella, solo que la mayoría no sabe qué hacer con su experiencia, carecen de la sensibilidad estética o no saben cómo contar lo que quieren decir.


V

Vivir de la literatura es distinto a vivir para la literatura. Lo primero es una extrañeza otorgada a unos pocos avivatos. Lo segundo ha dado origen a obras inmortales.


VI

La literatura morirá el día que el último ser humano expire y nadie pueda narrarlo.

noviembre 18, 2025

BREVES LECCIONES SOBRE LA UNIVERSIDAD

 


 Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

I

En este momento de la historia, el primer deber de la universidad es sobrevivir.

II

Desde el movimiento de Córdoba, -más de cien años después-, se sigue añorando la libertad de cátedra. Nunca estuvo tan ausente; debe ser porque ahora muy pocos docentes la desean.

III

En un mundo repleto de incertidumbres, las universidades siguen emitiendo verdades; sospecho que ese es su grave error. El principal objetivo de un claustro educativo debería ser dudar.

IV

No hay aprendizaje sin desacato a la ignorancia, que casi siempre se refleja en lo establecido. ¿Es factible aprender a volar temiendo las alturas? ¿Será posible cultivar el conocimiento en una universidad sumisa?

V

Pululan tantas teorías pedagógicas y didácticas que la implementación de las mismas puede fácilmente hacer inviable la universidad.

VI

La universidad y los sujetos vivimos tiempos distintos. Las instituciones son del siglo XIX, los docentes enseñan para el siglo XX y los estudiantes están sumergidos en el siglo XXI. La atemporalidad es nuestro drama.

noviembre 14, 2025

Nunca me sirvió ningún sombrero: breve reseña

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Cada vez son más los escritores que cultivan la minificción, aunque pocos llegan a dominar el arte del minicuento. La escritura breve requiere la sencillez de la concreción y la profundidad de una historia concisa pero bien contada. En un minirelato debe pervivir el arte de saber contar, de impactar, de permitirle al lector que se haga partícipe de la onda posterior a la lectura, eso que algunos llaman interpretación. Recuerdo lo anterior para resaltar el trabajo de la escritora bogotana María del Rosario Laverde, en el libro titulado Nunca me sirvió ningún sombrero, publicado por la editorial Cuadernos Negros, en el año 2024.

En este compendio de cincuenta minificciones, María del Rosario nos pasea por sucesos cotidianos de la vida moderna, con reflexiones acertadas sobre el amor, las relaciones de pareja, el trabajo y la ciudad. Estos son aspectos que la autora convierte en materia prima para dejarnos, en la mayoría de los casos, sucintos y bien logrados minicuentos.

La mayoría de estos textos pocas veces superan las 100 palabras; curiosamente, pierden potencia cuando sobrepasan dicha extensión. En general, María del Rosario deja entrever un trabajo juicioso y decantado que permite a un texto no convertirse en simple chiste, o una frase de superación, o quizás un pensamiento suelto, algo que muchas veces se confunde con el microrrelato.

Para mayor ilustración, veamos algunos ejemplos de su escritura en este libro, que sobra decir que recomiendo para una cuidada biblioteca sobre minificción:

Mal de ojo

Ese desconocido que pasa sin quitarme los ojos de encima, es el mismo que me decía en otra vida que nunca se iría de mi lado.

 

Circense

Ahora tengo una vida común y corriente, cada noche duermo en la misma cama y voy al trabajo de ocho a cinco. Pero no me importa. Alimentar a los leones nunca me divirtió y jamás pude caminar por la cuerda floja, tampoco me recuperé de la infidelidad del payaso, y me harté de empacar y desempacar. De vez en cuando sueño con que soy una estrella...

 

Fijación

No olvido el día que se fue de casa. Empaqué sus maletas, le ayudé a ponerse su abrigo, aunque todavía no comenzaba el invierno. Y lo vi alejarse desde la ventana. Desde entonces, todos los días son ese día.

 

noviembre 11, 2025

BREVES LECCIONES SOBRE EL PODER

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima.

I

Si deseas obtener poder, ocupar un cargo de poder, tienes que conocer lo que la gente necesita y decir lo que la gente quiere oír. Conectarte con el pueblo, con las mayorías, ganar su voluntad. La masa es una fuerza creadora y dinamizadora constante de escenarios de poder.

II

Si ya estás en el poder y deseas mantenerte en él, debes hacer lo contrario a lo que la masa quiere, porque el poder busca un beneficio para sí mismo, conformando una clase elitista. El poder se alimenta de sí mismo y de esa manera crece ilimitadamente. El poder por el poder es la máxima aspiración de ese ciclo.

III

Si lo que quieres es transformar desde el poder, debes escuchar a la masa, actuar en consonancia con sus necesidades y hacer los cambios requeridos. Para lograr ese objetivo político real, debes renunciar a seguir en el poder. El precio de ejercer el poder y transformar es negar, desde el poder, el beneficio individual del poder. La única manera de romper el ciclo caníbal del poder es destruirlo, en beneficio de la real política que se manifiesta en los cambios que la masa reclama.

IV

Siempre será más sencillo llegar al poder que transformar desde el poder.

octubre 30, 2025

Homenaje a la historia de los libros

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Hay libros que hablan de libros, y por lo tanto son metalibros, como este que les voy a reseñar. Se trata de El infinito en un junco, de la escritora española Irene Vallejo. Aunque Irene no solo nos pasea por los recovecos atemporales por donde ha circulado el libro desde su invención, sino que también usa ese hilo de Ariadna para recrearnos bellos y trágicos episodios de la invención de la escritura, del nacimiento de la lectura y de la evolución de eso que hoy conocemos como cultura letrada.

Usando un acervo de información muy completa sobre las culturas griegas y romanas, la autora nos va paseando por los caminos que tejió la leyenda de Alejandro el Grande como excusa para depositarnos en el epicentro de la metáfora más propicia para el hábitat de los libros: la biblioteca de Alejandría. Y desde allí, y con sobresaliente destreza narrativa, dosificación de datos y habilidad poética, nos ofrece una extensa panorámica de esa fascinante historia.

Hablar de los libros es hablar de la humanidad, sus sueños, derrotas y utopías; de eso da fe cada página de este libro, por eso a través de cada subcapítulo vamos obteniendo una herramienta más para guardar en la alforja de la expedición a la que la autora nos invita. Mesopotamia, Roma, África, Europa, Asía, cada lugar palpita en los relatos de la transformación de esos rústicos trazos de las cuevas en tablillas, en pergaminos, en rollos, en papiros, en bibliotecas, en guerras, en nombres de emperadores letrados y gobernantes ignorantes. En navíos que llevan por el mundo el naciente invento que se encargará de guardar la memoria de los pueblos, sin que los emisarios sepan lo vital de aquella empresa para el futuro de la humanidad.

Anécdotas y ficciones, datos y testimonios extraídos de los libros son las herramientas predilectas de la autora para engancharnos a su apuesta, para llevarnos plácidamente por esta extensa, pero entretenida ruta. El saber enciclopédico de Irene Vallejo, así como sus pesquisas investigativas, hacen que El infinito en un junco sea un compendio elaborado de relatos que no se queda en un discurso, sino que se abre a la imagen poética, a la argumentación histórica, al relato académico y, por supuesto, a la forma ensayística, como bastión de su engranaje.

Este es un libro de esos que te exige un ritmo sosegado; la idea no es llegar rápido al final, más bien se trata de degustar en cada recodo del camino las mieles que ofrece. Un libro que hace amar los libros, y a quienes ya los amamos, nos reafirma en ese propósito. Un libro que nos recuerda que los libros no dejarán de existir porque es uno de los mejores inventos del ser humano, porque garantizan la memoria de la misma humanidad. Como la autora lo afirma varias veces, también es un homenaje a los miles y miles de hombres y mujeres que durante siglos de oscuridad protegieron el saber de los libros, aun a costa de su propia vida.

Hoy, cuando escuchamos que otro imperio en decadencia vuelve al constante delirio dictatorial de satanizar los libros (me refiero a la noticia de Trump en EE. UU., prohibiendo la obra de Gabriel García Márquez en las escuelas, junto a cerca de 4500 títulos más), El infinito en un junco nos recuerda que muchas ruinas de imperios han resguardado los textos de la humanidad. De eso son testigo los libros que perduraron bajo los escombros de Pompeya y Herculano, quienes con el paso de los siglos se erigen como vestigio de aquella catástrofe. Los seres de esos tiempos ya no están, pero el recuerdo de ellos vive en los papiros, porque, como concluye la autora: “La invención de los libros ha sido tal vez el mayor triunfo en nuestra tenaz lucha contra la destrucción”.

octubre 10, 2025

Ed Gein, el monstruo desdibujado

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

La tercera temporada de Monstruos (2022-2025), la serie de Netflix ahora centrada en la vida de Ed Gein, generaba muchas expectativas para su estreno. Las dos apuestas anteriores se basaron en las historias criminales de Jeffrey Dahmer, en la primera temporada, y los hermanos Meléndez en la segunda, logrando elevadas audiencias por la cercanía de las series con las atormentadas vidas y larga lista de aberraciones de los personajes.

En esta entrega del 2025 apostaron por uno de los asesinos seriales más enigmáticos de la cultura estadounidense, país plagado de personajes enfermos y amantes de la sangre y el crimen: Edward Theodore Gein, quien llevó la sevicia a extremos inhumanos. Sus crímenes y comportamientos han sido objeto de cientos de estudios, películas y documentales; su nombre se incluyó en la cultura moderna como un arquetipo de enfermedad mental, apetito desbordado por la necrofilia y el profundo misterio comportamental de sus actuaciones.

Precisamente ahí es donde la serie Monstruo: La historia de Ed Gein (2025) pierde su rumbo. Escoger un personaje tan conocido para ahondar en su historia criminal trae sus problemas y los creadores, Ian Brennan y Ryan Murphy, pierden el control de la historia. Su apuesta, a diferencia de las temporadas anteriores, es irse por las ramas de las intertextualidades cinematográficas que ha generado el nombre y la vida atroz de Ed Gein; por lo tanto, abandonan el personaje central y evitan profundizar en los hechos particulares del asesino, su mentalidad, sus causas y traumas. Si bien le dan una pequeña pincelada a estos aspectos, se queda en lo superficial, nada que no hubiera abordado Alfred Hitchcock en su famosa película Psicosis (1960). Además, cuando se revisan los archivos históricos, encontramos una distancia abismal entre los hechos reales y lo contado en la serie. Es decir, se pierde verosimilitud y no se afianza la ficción; así la serie queda entre dos aguas, flotando a la deriva.

En esencia, la historia de Ed Gein se ha deformado aún más en esta apuesta, tanto así que aparecen personajes como la supuesta novia Adeline Watkins con un rol central en la vida del asesino, rol que en la vida real nunca tuvo; así mismo, la serie le atribuye asesinatos a Ed, crímenes que nunca fueron probados, como el de su hermano Henry. Lo que sí es de destacar es la actuación de Charlie Hunnam, quien es capaz de personificar la mente atormentada y desociada del carnicero de Wisconsin. La ambientación y la fotografía son otros elementos que hacen de la serie un producto audiovisual destacado.

La metodología de cruzar la vida de Ed Gein con sus aportes a la criminalidad y a la cultura cinematográfica es una buena idea; el problema es encasillar esa idea al formato que hasta ahora nos venía presentando la serie Monstruos. A veces la forma hace fracasar el contenido, porque, al menos en mi caso, me he quedado con las ganas de entender con más detalle una mente criminal tan sui géneris, cuyas acciones hacen palidecer a los más atroces asesinos.

octubre 05, 2025

Un poeta: la radiografía del malditismo poético en el cine

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Los llamados poetas malditos franceses (siglo XIX) se dieron a la tarea de la destrucción de todos los sentidos y con el zumo de sus escombros hicieron poesía. Rimbaud, quizás el mayor de sus exponentes, fue el más eficiente en ese oficio. Su legado quedó en la historia de las letras y su método se propagó por el mundo, generando imitadores a diestra y siniestra. En Colombia, esta semilla encontró buena tierra para su lamentable y pintoresco desarrollo.  A la par de los poetas malditos nacionales, se malformaron sujetos poéticos bastante sui géneris: los poetas malitos.

Ellos, ebrios en todos los sentidos, nocturnales hasta la médula, tocados por una extraña musa de la autodestrucción en busca de la metáfora perfecta, hacen parte de un enorme inventario de vidas arruinadas, y más bien pocos poemas destacados. Los nadaístas fueron parte de esa cosecha, quizás los más notorios. En mi opinión, el mejor y más coherente de ellos fue Darío Lemos, porque el bardo antioqueño fue capaz de llegar al límite del arrojo para terminar solicitando, al final de su trágica vida, que alguien le cambiara su obra por una silla de ruedas. Su autodestrucción estaba por encima de su producción poética: “Mi vida es mi obra, lo demás son papelitos”, dijo orgulloso mientras su pierna gangrenosa se amputaba.

Aún en este siglo pervive ese malditismo, no solo entre poetas, también entre pintores, escritores de todos los géneros y los desgéneros, artistas del trampolín de la vida y de las artes. Parece que el malditismo es una agria etapa de quienes aspiran a hacer sangrar las musas del arte. Algunos se quedan toda su existencia habitando aquella oscura noche, otros huyen a los brazos de la religión -porque el camino a las iglesias está empedrado de vicios-; pocos, muy pocos alcanzan el fulgor de la palabra.

Esta reflexión la escribo como emoción posterior a mi encuentro con la película "Un poeta" (2025), la cual se erige como artefacto estético que encumbra ese personaje estereotipado. Este es un filme hecho con fragmentos de mil vidas que se le asemejan y, como un espejo, refleja la angustia, la desolación y la agonía de sentirse poeta en un mundo sin poesía, pero con enormes toneladas de material para hacerla brotar si los poros dejaran de supurar tristeza.

El director, Simón Mesa, logra construir una ópera que nos conduce a los senderos de la lástima, la desesperación, la risa y la solidaridad con el personaje central Óscar Restrepo, quien se erige como la reencarnación de todos los poetas malditos y malitos de estas latitudes. Como espectadores sabemos de su tragedia, pero nos declaramos impedidos para extender una mano solidaria que lo ayude a brotar de su mísera cotidianidad. Eso sí, guardamos la esperanza de que la poesía lo asista en cualquier momento, porque la película también funciona como metáfora de la creación, del trance del artista entre la realidad y la obra. Para encontrar las palabras adecuadas se debe bucear en lo profundo y no siempre las aguas son claras; por lo general permanecen putrefactas.

De "Un poeta" se han escrito ya una buena cantidad de reseñas, análisis, elogios, todos ellos merecidos; ahondar más en esas visiones es redundar. Va a convertirse en una producción de esas que cada tiempo surgen en Colombia para recordarnos que la mejor materia prima para el arte es la introspección de la mirada para recrear la realidad. Por ello, esta película será premiada y recordada, porque es un homenaje transparente a quienes siguen buscando las palabras para hacer un poema, en medio de las urbes atestadas de dramas humanos que cada vez repelen más la poesía y naufragan en la triste prosa de los días.

septiembre 09, 2025

La política tiene un lugar en el deporte

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Por estos días se corre la Vuelta a España, uno de los eventos ciclísticos más importantes del año y, como aficionado que soy del deporte de las bielas, he estado al tanto de los equipos, los corredores, las etapas y el acontecer diario de las mismas. Solo que esta vez el ciclismo ha pasado a un segundo plano porque las protestas de miles de ciudadanos han desbordado el entorno mediático del ciclismo para darle un lugar a la política.

Esto se preveía, ya que las acciones barbáricas de Benjamín Netanyahu y su ejército depredador han venido generando un efecto de tsunami mediático, lo cual ha construido una gran ola de rechazo al genocidio que allí se lleva a cabo contra el pueblo de Gaza. En ese sentido, la Vuelta a España se convirtió en caja de resonancia de quienes reclaman medidas planetarias que detengan al gobierno del primer ministro israelí y sus cómplices por acción u omisión.

Desde la antesala de la Vuelta a España se avizoraba el conflicto en cuestión, especialmente debido a la inclusión del equipo Israel Premier Tech, que se encuentra activo desde el año 2015 y que desde el año 2020 hace parte de la máxima categoría en este deporte, el denominado World Tour. Por pertenecer a esta última categoría, el equipo tiene un cupo asegurado en todas las carreras del calendario bajo esa etiqueta, entre ellas la Vuelta Ciclística a España.

Ahora bien, si las protestas arreciaban en varias partes del mundo, era muy predecible que en este evento deportivo seguirían creciendo, más teniendo en cuenta que el equipo corría con la bandera israelí en su indumentaria, y agregando a ello que la península ibérica es un epicentro activo de concientización en torno a los actos bárbaros ocurridos en suelo de Palestina.

Inicialmente, la dirección de la Vuelta, en cabeza de su director, Javier Guillén, escudado en el reglamento de la Unión Ciclística Internacional (UCI), restó importancia a los primeros brotes de inconformismo de la ciudadanía en torno a la participación del equipo en cuestión, lo cual fue alimentando la ola de indignación. Fue así como, desde el 23 de agosto, cuando la carrera dio inicio en Torino (Italia), ya se sentía el palpitar de una protesta que crecería cuando la Vuelta llegara a territorio español, y así fue.

Carteles de solidaridad con Gaza, banderas palestinas, abucheos al equipo en los cruces de los pueblos, rechiflas en las llegadas y muchos otros actos pacíficos fueron aumentando la indignación que creció ante el silencio de la organización en general. La estrategia de «hacerse el de la vista gorda» no hizo que el problema desapareciera; al contrario, avivó el desconcierto. El director del equipo Israel Premier Tech, el canadiense y abiertamente sionista Sylvan Adams, se negó a retirar el equipo, aun sabiendo que su presencia en tierras ibéricas generaba un alto grado de confrontación y se constituía en una ofensa a las oleadas de propalestinos. Su accionar se hizo equivalente a ondear una bandera con la cruz esvástica en Tel Aviv.

Por su parte, los organizadores de la Vuelta a España siguieron escudando su actuar con la disculpa de que no podían desvincular el equipo de la carrera, lo cual no es del todo cierto, pues ya existen antecedentes con la expulsión de un equipo ruso del World Tour debido a la guerra en Ucrania. ¿Por qué no se siguió la misma ruta en este caso? Uno sospecha que es por el alto poder económico que posee la comunidad sionista en Europa y en todo el mundo. En Colombia ya vimos cómo la derecha se arrodilla ante Netanyahu, ignorando las atrocidades cometidas en la franja de Gaza, mientras clama democracia y justicia por Venezuela. La doble moral está en todo, en este caso hasta en el deporte.

Muchos alegaron infructuosamente que el deporte debe estar aislado de la geopolítica, argumentando que lo que ocurre en ciclismo no debe ser afectado por lo que pasa en Palestina, lo cual puede ser síntoma de dos cosas: una alta ignorancia de lo que implica la política o un cinismo extremo adobado con hipocresía. En primer lugar, el deporte es político, tanto así que en los grandes eventos deportivos las banderas ondean, los himnos nacionales suenan y las confrontaciones entre países alimentan la pasión de los espectadores y los competidores. Nada más político que los trasnochados nacionalismos que, bajo las banderas del deporte, se edulcoran haciéndonos creer que quienes allí compiten son asexuados políticos. Deporte, poder y política están tan imbricados que desde la antigua Grecia los Juegos Olímpicos se erigieron bajo esa primicia.

Ahora, cuando nos encontramos en la última semana de la Vuelta a España, las protestas han tomado tal fuerza que la muchedumbre es incontrolable. Ya en Bilbao, durante el desarrollo de la jornada once, la etapa fue suspendida porque en la meta programada la gente traspasó las barreras de protección y con arengas y banderas reclamaba la salida del equipo israelí y llamaba a la solidaridad con Palestina. Y el día nueve de septiembre la etapa tuvo que ser recortada porque cientos de manifestantes cerraron la carretera camino a Castro de Herville, impidiendo la culminación de la jornada como estaba programada. Faltan más etapas por correrse; hay una crono individual en Valladolid durante la cual es imposible garantizar seguridad a cada uno de los 154 corredores que siguen en la Vuelta, mucho menos a los siete (7) integrantes del equipo centro de la gran controversia.

Ya es imposible seguir argumentando que deporte y política no se mezclan; esos son mensajes en los cuales la ciudadanía del siglo XXI no cree. En este siglo todo es político porque todo determina la existencia del ser humano en el planeta; así como dijo Eisenhower, “la política es la profesión a tiempo parcial de todo ciudadano”. El ciclismo no puede ser ajeno a la barbarie desatada en Gaza; algunos ciclistas ya lo han enunciado entre dientes, los grandes medios deportivos lo saben y lo callan por miedo a la polarización en un mundo que ya no puede seguir siendo neutral.

Javier Guillén insiste en que la Vuelta terminará en Madrid como está programado, poniendo en riesgo la caravana ciclística y asumiendo una hipócrita neutralidad. Los aficionados estamos divididos, pero la mayoría es consciente de que la política tiene un lugar en el deporte, porque como humanos, sin importar nuestra profesión, el dolor, la barbarie y los estragos de la guerra nos deben conmover. Permanecer neutral es el peor camino; los judíos lo saben por su historia, pero hoy parecen olvidarlo cuando pasaron de víctimas a victimarios.   El silencio no puede ser la forma de contrarrestar el horrible detonar de las bombas en Gaza. 

agosto 30, 2025

Cuando se trata de educar niños, hasta los libertarios se vuelven godos

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Esta reflexión la hago a partir de un hecho noticioso. La noticia que se divulgó por redes el 21 de agosto de 2025 anunciaba lo siguiente: “El Salvador impone nuevo reglamento escolar. Saludo obligatorio, uniforme impecable y corte de cabello adecuado”. La nota parecía extraída de un viejo manual educativo digno del siglo XIX, con una visión bastante retrógrada de lo que debe ser un modelo educativo para el siglo XXI. Desconozco la reglamentación general aprobada que contiene estos elementos, por lo cual no comentaré nada al respecto; lo que sí me causó gran inquietud como educador que soy es ver la cantidad de comentarios favorables en torno a los aspectos mencionados.

Muchos usuarios de la red avalaban, casi con histeria, la acción de imponer el saludo obligatorio, el uniforme y el corte de cabello adecuado, como fundamental para la educación de una generación que, en palabras de ellos, se está perdiendo por falta de valores, lo que está destruyendo la sociedad. Y es ahí donde quiero resaltar algunos aspectos.

Primero toca recordar que “imponer” no es educar, al menos en el diccionario de una pedagogía que busca la construcción de un mejor sujeto, para un mejor mundo. Imponer implica desconocer el deseo del otro, su individualidad, su particularidad. El sujeto, sujetado por unas reglas como imperativo educativo, desconoce el yo para construir una sociedad uniforme en la cual todos piensen lo mismo y actúen igual. Es la arcaica idea de la educación como fábrica, decantada en aquella imagen que hizo famosa la agrupación Pink Floyd en su video “Another brick inthe wall”.

La escuela hace años experimentó esa idea retrógrada que acá se celebra como gran novedad. No más recordemos la advertencia que hacía Hannah Arendt en “La banalidad del mal” sobre cómo se construyeron las personalidades de los administradores de los campos de concentración nazis: Bien educados, bien peluqueados, bien hablados, bien instrumentalizados en función del mal. En el modelo que muchos celebran, se cree que un niño que saluda es mejor que uno que no lo hace, que llevar el pelo distinto al corte impuesto es una falta y que el uniforme determina al sujeto.

Más allá de la discusión pedagógica, que se puede solventar invitando a leer tantas páginas de discusión en torno al verdadero valor de educar; lo que más alerta es ver cómo la democracia sigue siendo asediada por discursos mesiánicos, totalitarios y dictatoriales. La historia nos muestra cómo restringir la educación ha sido el sueño de todo totalitarismo para imponer la “escuela del pensamiento único”, como lo devela George Orwell en su aclamada novela “1984”, en un mundo en el cual el Ministerio de la Verdad y la Policía del Pensamiento velan por ese ideal.

Pero lo que más me sorprendió en el seguimiento que hice en redes de esta noticia es que muchos educadores estaban de acuerdo con las tres sentencias: saludo respetuoso, uniforme limpio y corte adecuado. Es como si esos docentes añoraran el viejo manual de urbanidad que calificaba a los sujetos según el cumplimiento de sus líneas, sin importar su personalidad. Decía los viejos: «Lo importante es la fachada, no ser, sino aparentar». ¿Cuántos asesinos bien vestidos, bien hablados, bien educados ha visto desfilar la historia?

Ahora bien, la noticia se logra entender a profundidad cuando descubrimos que la ministra de Educación de El Salvador es una militar, quien tiene la misión de “fortalecer la disciplina y los valores cívicos”. ¿Para qué privilegiar el conocimiento en las escuelas públicas? Con que los niños se sepan comportar y obedecer, el futuro del régimen está garantizado. A los profesores obnubilados por estas medidas les recomiendo leer algunos textos como “Pedagogía del oprimido” o “La educación como práctica de la libertad” de Paulo Freire, aunque, si no se quieren sentir muy extraños leyendo libros de gente sospechosamente de izquierda, pueden leer “Lecciones de los maestros” de George Steiner, o “Mal de escuela” de Daniel Pennac.  Y si gusta poco de la lectura, al menos vean una película como “La lengua de las mariposas”, “La ola” o “El último vagón del tren”, para que logren entender que educar es todo lo contrario a encasillar en un uniforme, en un corte de cabello o en un saludo.

Por mi parte, lo que noto en esta medida de Bukele es el advenimiento de una dictadura light impuesta por un sujeto cuya melomanía y creencias religiosas ha proyectado la imagen de un país creado a su semejanza. Bukele, más allá de tener contentos a muchos habitantes de El Salvador, ahora se considera un mesías capaz de cambiar la conducta de los niños para crear la sociedad del futuro. Ojalá los adoradores de este sujeto, que por ahora abundan, se puedan ver la serie “El cuento de la criada” antes de que Bukele, mediante otro decreto, empiece a prohibir este tipo de relatos por contradecir su visión de mundo.

No olvidemos que el deseo de un dictador es que todos se parezcan a lo que él cree, empezando por su aspecto físico, de ahí la idea de limpieza del uniforme y del corte de cabello adecuado. El "otro" debe ser una prolongación de sus deseos, una copia. Si no lo logra con modelos educativos llamativos ante el amplio público, lo hará más tarde con la imposición de otras fuerzas más represivas. Y el día lejos no está; ya logró un cambio en la Constitución para perpetuarse en el poder; ahora quiere modelarlo todo a su antojo, contando con el beneplácito de muchos sujetos en cuyo espíritu no hay cabida para la libertad humana. Ver que muchos aplauden esta medida me hizo acordar del adagio que reza: “Cuando se trata de educar niños, hasta los libertarios se vuelven godos”.