Mostrando las entradas con la etiqueta REVISTAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta REVISTAS. Mostrar todas las entradas

enero 31, 2024

Humboldt: un puente de diálogo entre Europa y América

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla[1]

 

Ese tejido de montañas y selvas, de flores y pájaros que Humboldt mostraba, era una prueba que la naturaleza tenía cosas nuevas que decir a los humanos, de que la vieja Europa perdida en sus laberintos de sangre y de fuego podían encontrar rostros distintos con quienes dialogar, mentes distintas con las cuales examinar la historia.

 

 William Ospina

William Ospina se ha convertido en uno de los autores colombianos, del siglo XXI, más exitosos. Sus libros abarcan una serie de cuestiones que pasan por la reflexión profunda de este tiempo convulsionado, su mirada retrospectiva que incluye el bucle de la historia del continente americano y un repaso a la realidad de colombiana, sus causas y consecuencias. Su más reciente libro titulado “Pondré mi oído en la piedra hasta que hable”, publicado por Penguin Random House Grupo Editorial, será el objeto de las siguientes líneas.

Lo primero por decir es que me sorprendió la variedad lingüística del libro, esa capacidad para ir a la época del relato y describir con nombres propios los utensilios, labores, modismos y entornos allí narrados. Lo primero que un lector puede intuir es un enorme trabajo archivístico detrás de ese resultado. Al basarse en la vida de Alexander von Humboldt (1769-1859), debe retrotraer su relato y jugarse a la construcción de una narrativa en contexto, de lo contrario se haría poco verosímil, contradiciendo una de las leyes intrínsecas de la literatura de ficción. Se puede inventar lo que se desee, pero el relato debe ser creíble y, para ello, el lenguaje debe ser soporte de la acción.

De seguro haber leído los diarios de Humboldt, sus libros y muchos relatos de la época, -los cuales han estructurado otras de sus apuestas narrativas-, ha ido convirtiendo a Ospina en un experto en los usos lingüísticos de aquellos tiempos, cuestión que en este caso pone en juego con total apropiación. Esto apunta a favor del libro, más aún en este momento de la historia narrativa llamada postmoderna, en la cual la fugacidad se ha entronizado en la realidad y el lenguaje con que se narra este tiempo tiende a ser ligero, carente de esfuerzos y dado a enumerar lo apenas visible.

Ahora bien, “Pondré mi oído en la piedra hasta que hable”, no es un libro clasificable dentro de los géneros canónicos de la literatura, se escapa a los ornamentos de la forma, eso es agradable para el lector. Aunque en su contra carátula se anuncie como una novela, lo cierto es que su estructura es maleable, vas desde la prosa poética a la novela histórica; pasa por la crónica y se bifurca en la ficción; es relato de viajes y testimonio. Su riqueza y variedad, que ponen en función de la construcción de la visión de mundo de una época, de una ideología y de un personaje, se compagina con esa apuesta “desgenerada[2]. Incluso logra emerger la sensación de estar frente a un documento histórico verídico, -si eso es posible de escribirse-, llevando al lector acucioso a verificar las fuentes que soportan el relato. Y es ahí en donde toca aclarar que evidentemente echa mano de los diarios de Humboldt, de Carlos Montúfar, de crónicas de aquellos tiempos y de relatos históricos, pero permitiéndose las licencias propias de quien asume la narrativa desde un juego que busca recrear el pasado, sin limitarlo al pasado.

A la par de la narración del viaje demencial y maravilloso que emprende Alexander von Humboldt en busca de las aventuras que sacien su deseo de saber, Ospina se detiene en algunos episodios propios de la historia de ese nuevo mundo que para entonces (y en parte aún), era un misterio para esa Europa que se debatía entre revoluciones sociales e ideológicas. En ese sentido, el libro articula hechos históricos del viejo continente que tienen pequeñas réplicas en el mundo nuevo y acciones del mundo nuevo que dialogan o ponen en tensión el orden del viejo mundo. La Ilustración, las luchas por las independencias de las naciones de América, la reafirmación de los pueblos ya descubiertos, pero aún ignotos, el inventario de una realidad que emergía con asombro ante los ojos auscultadores de los europeos y la desconfianza de las mitologías y cosmovisiones de ese nuevo continente que reñían con la agonía de una Edad Media que aún se negaba a morir, sobre todo en España.

Y en ese camino de exploraciones nos muestra la grandeza de Mutis, el acartonamiento de Caldas, las ilusiones de Bolívar y las tiranías del régimen colonizador manteniendo la esclavitud de negros e indígenas, negando el protagonismo de esa América mestiza que empezaba con fuerza a reclamar su lugar en el mundo. Pero, sobre todo, lo que más estremece es el relato de ese encuentro mágico con Carlos Montúfar, ese prócer criollo sin gran protagonismo en la historia de las valentías latinoamericanas, pero cuyo encuentro con el sabio alemán generó una serie de sucesos que demarcaron la historia de la lucha de independencia como si fuera un capítulo digno del realismo mágico. Ese encuentro extasiado de dos genios, de dos mundos, de dos cosmologías, resumen la intención de Ospina por hacer dialogar a Europa con América, cada uno con un destino, pero abocados al abrazo que provocó la historia.

Ahora bien, la descripción constante con un detalle minucioso, -como si Ospina estuviese reescribiendo un diario y las imágenes poéticas que usa constantemente-, convierten la lectura en un viaje de ensoñación. Como lectores vamos de la mano del narrador, prestos a dejarnos sorprender por vistosidad de una Guacamaya o la certeza de una metáfora colgando de los riscos inmensos de la geografía americana. Para oídos finos, imágenes bien talladas.

Aun así, debo resaltar algunos factores disonantes del libro, entre ellos que me sorprende que tomando como base ese viaje demencial y telúrico de Alexander von Humboldt, no se narren con mayor ahínco sus angustias humanas, esos tropiezos enormes que debió tener al enfrentar una empresa de tal magnitud. Ese descuido -u omisión voluntaria- da la idea de que estamos ante un ser semidiós, casi un híbrido griego hijo de la ciencia y la aventura, una progenie de Atenea y Apolo. Esto le da un aire mítico al libro, pero sacrifica el relato de las penurias de andar en un continente agreste, en un tiempo de muchas limitaciones para los viajeros, para los exploradores y, sobre todo, para una mente tan abierta y arriesgada como la de Alexander.

El cierre también me parece apresurado, quizás ya se habían escrito muchas páginas y las editoriales modernas también prefieren obras no tan extensas para estos tiempos. Pero Ospina no se detiene mucho en narrar con más aliento ese retorno a Europa y el impacto de la monumental obra que Humboldt presentaba a la humanidad. Apenas le dedica unas breves descripciones de ese otro periplo de quien retorna después de muchos años a su terruño y debe readaptarse. Un hombre con tantas experiencias vividas debió resultar fascinante para la sociedad europea y las historias surgidas de esos momentos pudieron ser múltiples. Empero, me agradó sobremanera descubrir la relación entre Humboldt y Edgar Allan Poe, Ospina me provocó la lectura de Eureka, ese extraño ensayo del genio del terror (aunque qué no era extraño en Poe); y esa ganancia de lectura es propia de los libros que quedan resonando en el lector una vez agotada su página final.

A manera de cierre, debo decir que William Ospina nos deja un nuevo libro que enriquece la biblioteca colombiana y americana, de paso les brinda a otros entornos la posibilidad de asistir a la narración de esa América que tanto desearon narrar Andrés Bello, Simón Rodríguez, Mutis, Bolívar, Yupanqui, y cientos de miles de pobladores de este continente cuyas vidas aún tienen muchas mitologías por recuperar.

Referencias bibliográficas

Lopera, Jaime. (2023). Humboldt en Herveo. (sobre Pondré mi oído en la piedra hasta que hable, de William Ospina). Disponible en: https://letralia.com/lecturas/2023/07/28/pondre-mi-oido-en-la-piedra-hasta-que-hable-de-william-ospina/

 

Ospina, William. (2023). Pondré mi oído en la piedra hasta que hable. Penguin Random House Grupo Editorial. Bogotá: Colombia.



[1] Docente de planta de la Universidad del Tolima, adscrito al departamento de Estudios Interdisciplinarios del Instituto de Educación a Distancia. Magister en Literatura Universidad Tecnológica de Pereira. Director del Grupo de Investigación Argonautas. Sus libros más recientes como coautor son: Memorias pedagógicas del IDEAD (2023) y El ensayo: cuatro modelos para su composición (2023).

[2] Expresión usada para caracterizar un texto cuya construcción formal desborda los límites clásicos impuesto para los géneros literarios.

febrero 02, 2023

LA RECTORA TRONCHATORO DEL HUILA

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

En el siglo de las redes sociales muchos se hacen virales por hacer o decir pendejadas, y una rectora de colegio no puede ser la excepción. Claro está que un colegio llamado Misael Pastrana Borrero puede genera ceguera constitucional y el fantasma de dicho señor, que se debe pasear por las azuladas aulas, perpetrará los murmullos de una sociedad pacata, goda, llena de prejuicios y presta a imponer las normas obsoletas de siglos pasados.

La rectora, cuyo nombre podría ser “Tronchatoro”, pero que fue bautizada como Olga Narváez, sin ningún asomo de habitar el siglo XXI y sin vestigios de conocer la Carta Constitucional de 1991, se atreve a predicar, como si fuese una guardiana del campo de concentración educativo, que:

“Queda totalmente prohibida la pérdida del año, el encuentro de amoríos, noviazgo […] traer cualquier tipo de (implemento) tecnológico, ningún celular. No se aceptan estudiantes con cachucha (gorras), con suéteres de todos los colores, con pelo largo ni de todos los colores, ni con piercings, ni con joyas finas”.

En otras palabras, ella quiere una escuela sin niñas y niños, sin jóvenes y jovencitas o la menos sin los del siglo XXI. Ella, al parecer desea ser una profesora del Monasterio de las Monjas de Torquemada. Nada de los postulados educativos le importa a Narváez, que por supuesto jamás tuvo que haber leído a Freire a quien quizás confunda con una marca de freidoras.

Mientras miles de escuelas en el país se rasgan los cabellos en agonía, tratando de motivar a los niños y jóvenes para que retornen a las escuelas y colegios, la rectora exclama sin rubor en su rechoncho rostro que:

“El estudiante que no acepte la institución, simplemente no le sirve, no matricule a su hijo si no quiso cortarse el pelo, la institución no le sirve.”

No faltaba más, iguazos, a estudiar en las instituciones de la ralea, que esto es para gente de bien. Como el señor John Poulos, bien peinados, bien vestidos, con la camisa por dentro, pelo corto y con los zapatos brillantes. Tocará proponer al Magisterio colombiano que cree el premio Olga Narváez para otorgar a las instituciones que ayuden a combatir con ahínco la deserción estudiantil.

Qué diría el poeta José Eustasio Rivera, nacido en San Mateo, en lo que hoy es el municipio de Rivera (Huila), en donde habita y gobierna esta reencarnación de la Santa Inquisición. Quizás se podría parar en mitad del patio del vetusto colegio y mirando a las señoras que aplauden los dislates de Narváez, volver a exclamar aquel bello poema:

Loco gasté mi juventud lozana

En subir a la cumbre prometida

Y hoy que llego diviso la salida

Del sol, en otra cumbre más lejana.

Aquí donde la gloria se engalana

Hallo sólo una bruma desteñida;

Y me siento a llorar porque mi vida

Ni del pasado fue… ni del mañana.

Luego, de nuevo, huiría morir en Nueva York.

noviembre 27, 2021

Grupo de investigación Argonautas del IDEAD-UT, presenta Revista dedicada a la recuperación escritural


El grupo de investigación Argonautas del Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, presenta la Revista Ústelee, hojas para reciclar No. 8. Esta publicación está dedicada a recuperar trabajos que los estudiantes realizan en el marco de sus espacios de formación universitaria y que, casi siempre, se desechan después de cumplir su misión de actividad de curso. Recuperar textos y evitar que terminen en los archivos del olvido o en las bandejas de reciclaje es una oportunidad para acrecentar el trabajo sobre la escritura. Dejamos acá la Editorial y el archivo en pdf para que pueda ser descargado.














Bitácora de los recolectores

 

Hemos tardado un poco en volver a escena, pero hemos estado por ahí tratando de sobrevenir a la pandemia, al caos social y a la pérdida de rumbo.

Durante el año 2021, luego de haber recibido un buen número de textos para esta edición, debimos frenar el proceso debido a que el antiguo equipo de redacción también entró en reciclaje.

La Revista Ústelee, hojas para reciclar, es un proyecto que nació en los ejercicios de clase de «Escritura creativa» en el programa de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad del Tolima. Luego, con el ánimo de sobrevivir, se trasladó al Instituto de Educación a Distancia y finalmente, fue apadrinada por el grupo de Investigación Argonautas.

Desde allí y alimentada especialmente por estudiantes del programa de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana, así como por la Maestría en Pedagogía de la Literatura, el proyecto debe adquirir nuevos aíres.

Por esta razón, y como parte integral del lanzamiento de la edición No. 8, queremos extender una abierta invitación a los estudiantes que deseen hacer parte de este proyecto, para que se inscriban y formen parte del Comité Editorial. Allí, como desde el génesis de esta revista, el objetivo es formar nuevos editores, productores textuales y amantes de las letras.  

Reciclar los textos que dormitan en las gavetas del olvido, sigue siendo nuestro derrotero. En eso estamos, por ahí nos vemos y seguiremos insistiendo porque estamos convencidos de que Ústelee. 

LEER EN LÍNEA O DESCARGAR AQUÍ