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junio 13, 2025

LA TIRANÍA DEL SEÑALAMIENTO Y LA AUSENCIA DEL DEBIDO PROCESO

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

En uno de sus apartes, el Artículo 29 de la Constitución Política de Colombia afirma tajantemente que: “Toda persona se presume inocente mientras no se la haya declarado judicialmente culpable”. Este enunciado tiene mucho sentido en un mundo moderno regido por principios democráticos que abolió la culpabilidad a priori de cualquier ciudadano, sin distingo de credo o raza. Pero una cosa dicen las leyes y otra la cultura imperante.

En la cotidianidad, ahora superinfluenciados por el impacto comunicativo de las redes sociales, parece ser que ya la presunción de inocencia ha desaparecido del panorama, siendo reemplazada por la presunción de culpabilidad. Esto equivale a decir que, como sujetos, estamos desprotegidos ante la muchedumbre y podemos ser apaleados antes de ser juzgados. De entrada, eres culpable y debes demostrar tu inocencia, si te dejan, antes del linchamiento simbólico e incluso real, como ocurre en muchos casos.[1]

Estas nuevas formas societales tienen un gran impacto en la construcción de las subjetividades actuales porque han constituido una patente de corso para que cualquier persona vocifere, ante el tribunal de las masas, que el “otro” es culpable de tal o cual delito sin allegar una evidencia, prueba o testimonio de la contravención que se le acusa. En ese sentido, la otredad es la que está puesta en mayor riesgo, pues se puede desconocer y condenar sin que ella tenga posibilidades de defensa.  

En el idioma castellano existe la expresión “¡Al ladrón, al ladrón!”, que se utiliza popularmente para alertar sobre un robo y al mismo tiempo convocar a la muchedumbre a que capture al culpable señalado. Curiosamente, esta expresión es aprovechada por ladrones reales para distraer la turba y poder huir. Mientras gritan “¡al ladrón, al ladrón!” y la gente se amotina para buscar al culpable del hurto, el verdadero ladrón huye en sentido contrario aprovechando la confusión. Este ejemplo nos permite entender la importancia del debido proceso. Primero, porque ser señalado de un delito no significa que se sea culpable del mismo, al no ser que se esté bajo el imperio de un poder tiránico y dictatorial. Segundo, porque para ser declarado culpable de un delito debe existir una secuencia de pasos y motivos que son garantes de la justicia.

En ese orden de ideas, el primer derecho es el de ser informado de unos supuestos cargos que a futuro te podrían hacer merecedor de un castigo. Si grito “¡al ladrón!” señalando a alguien que corre en medio del gentío, ya lo declaré culpable; ahora solo falta ejecutar una sentencia sobre él. Pero si primero el posible infractor es informado, él tendrá posibilidades de construir una argumentación a su favor o, en caso dado, contratar un abogado para elaborar su defensa. El posible infractor deberá ser juzgado a la luz de unas normas establecidas en torno al hecho que se plantea y quienes lo juzguen deberán poseer las competencias (conocimientos y experiencia) en el campo de acción, y, además, deberán actuar de manera imparcial frente al caso, para lo cual deben recabar pruebas y escuchar las diferentes partes en conflicto. Esto es el debido proceso.

Lo anterior es de vital importancia en la construcción democrática de cualquier entorno moderno, de cualquier institución y, por supuesto, de un Estado democrático. De no ser así, estaríamos en el escenario de un poder omnímodo que juzga con la mirada y ordena castigos de acuerdo con las subjetividades de quien abandona el terreno de la justicia para adentrarse en el mundo de la barbarie. No obstante, el debido proceso, tan fundamental para el soporte cultural de la democracia, ha venido desapareciendo de la acción cultural de una manera acelerada, amenazando con instaurar la «tiranía del señalamiento».

Basta gritar “¡Al ladrón, al ladrón!”, para que una horda, desprovista de cualquier tipo de raciocinio moderno, actúe como un enjambre de hormigas asesinas hambrientas que se lanzan sobre el “supuesto infractor” para devorarlo. Damos por hecho que, si alguien es señalado como “ladrón”, lo es; si se le tilda de “corrupto”, es porque ha corrompido una norma establecida; si es señalado, ya es culpable. Vamos por el mundo explorando las estrellas de los múltiples universos, pero en cuestiones de justicia parecemos seres de las cavernas.

No obstante, es curioso ver que el derecho al debido proceso que reposa en casi todas las Constituciones modernas y que la muchedumbre pasa por alto cuando instaura sus tribunales dictatoriales, es reclamado con urgencia cuando el supuesto infractor no es el “otro”, sino el “yo”. Entonces se acude de inmediato a todos los elementos garantes previstos en la ley para defenderse, legítimamente, de las acusaciones del caso.

En ese sentido, obviar el debido proceso y la presunción de inocencia es una marca simbólica y real de una cultura que opera bajo la tiranía del “yo”, en la cual el “otro” es de entrada culpable de ser y existir. El “otro” es culpable porque así lo determinaron unos “yoes” masificados, sin importar si el “otro” ha trasgredido o no las normas. Por ende, bien nos vale reflexionar antes de gritar “al ladrón, al ladrón”, porque quizás estamos evidenciando la fuerza enunciatoria de un tirano en potencia, y, además, mañana podremos ser nosotros los señalados, ya que en una tiranía nadie está exento de sospecha.

Hoy más que nunca, subsumidos en un mundo de mentiras que ahogan la posibilidad de la verdad, debemos reclamar y hacer uso del debido proceso, porque sin él apenas seremos, como lo dijo el poeta Vallejo, “bárbaros atilas”.

[1] Un ejemplo de ello se da cuando una turba detiene a un supuesto delincuente y procede a lincharlo sin ningún tipo de miramiento.

septiembre 24, 2024

¡MISERABLES!

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

Afiliado ASPU – Tolima

 

Puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo.

Abraham Lincoln


No encontré otra forma de titular esta columna, esa fue la palabra que retumbó varias veces en mi cabeza después de leer y releer la Carta de Renuncia motivada, irrevocable e inmediata que presenta (y hace pública el 19 de septiembre) Saray Moreno, hasta entonces secretaria de la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (ASPU) de la Universidad del Tolima. En esas once (11) páginas se comprimen todo el dolor, la angustia y el desamparo a la que fue sometida esta joven mujer, cabeza de familia y madre soltera. 

 Conocí a Saray Moreno como estudiante del programa de Comunicación Social-Periodismo de la UT, fui testigo de su talento para la escritura y la música, en especial para el canto. Siempre se mostró proclive y sensible ante las causas sociales y ante la infamia social de la cual sería presa en carne propia. Después de muchos avatares que la obligaron a retornar a su querida Santa Isabel, regresó a Ibagué y obtuvo un empleo como Secretaria Administrativa de la Asociación Sindical. ¿Qué mejor lugar podría tener para curarse de las heridas machistas y continuar la forja de sus sueños?, podría uno pensar.

 Un sindicato de profesores universitarios debe ser un espacio en cuyo seno reposan altos valores para la defensa de la dignidad humana, valores que se derrumban de un sólo golpe al leer los improperios, vejámenes y argucias a la que fue sometida por una Junta Directiva indolente. Porque toca aclarar de entrada, se trata de una acción ejecutada (según las evidencias que aporta Saray) en gran medida por la presidenta actual, la profesora Clara Pradilla; pero con anuencia cómplice de los demás integrantes. No se trata acciones propias de los y las afiliados quienes desconocíamos de fondo estos atroces hechos, aunque en el ambiente rondaban sospechas que fueron rápidamente “desmentidas” por diferentes miembros de la Junta en Asambleas y conversaciones propias del chat de afiliados. Insisto: La complicidad o silencio cómplice de la Junta queda al descubierto cuando uno escudriña las múltiples pruebas aportadas por Saray en un archivo que hizo público en su cuenta X (Twitter). Pruebas que dan muestra de la felonía a la que estaba siendo sometida.

 No puedo dejar de imaginar la mano temblorosa de Saray escribiendo cada una de aquellas palabras, porque ellas evocan momentos de angustia, de zozobra, de ignominia vividos durante casi dos años. Creo que en este caso la infamia subió un escalón más. Saray denuncia acoso laboral, maltrato psicológico, amenaza de despido, acusaciones de traición, entre algunas otras que un lector juicioso, y con más conocimientos jurídicos que yo, podrá recabar.

 Hace unos de días la presidenta de la Junta Directiva de ASPU, Clara Pradilla, a propósito de los recientes hechos de violencia y agresión dentro del campus universitario, escribió esto en el chat de afiliados:


Hola grupo. Como presidente de esta asociación sindical rechazo enfáticamente la violencia física, simbólica, al patrimonio público, la mediática y la laboral. Ellas no contribuyen a la construcción de un diálogo constructivo ni a la resolución de conflictos en comunidad.

Un abrazo fraterno.


Hoy uno puede erigir estas líneas como monumento a la doble moral, pues de la lectura de los cientos de líneas que Saray nos entrega, es la profesora Pradilla la mayor responsable de los hechos denunciados. También, como afiliado y defensor del sindicalismo, expreso un dolor inevitable por las acciones que enlodan a ASPU-Tolima, un Sindicato con alta trayectoria en la defensa de la Universidad Pública, siempre respetuoso de la dignidad humana, incluso en los momentos de mayor crisis. Hoy su nombre también ha sido mancillado.

 Llamo a todos los conocidos y conocidas de Saray Moreno a construir un cinturón de solidaridad con ella y su hija; a la comunidad universitaria a blindar su ejercicio de denuncia; a la Universidad del Tolima, mediante sus órganos pertinentes a acoger a Saray Moreno y brindarle la protección, la asesoría y los apoyos necesarios para que su valentía sea ejemplo de que ya las cosas no son cómo antes, que una nueva cultura está en construcción y en ella no debe existir espacio para el acoso, el ultraje y la infamia.

 A los afiliados de ASPU – Tolima los convoco a llamar a cuentas a esta Junta Directiva, ellos deben renunciar, han traicionado los principios básicos del sindicalismo y del espíritu universitario.A los integrantes de ASPU Nacional, de quienes se colige por las pruebas que aporta Saray, conocían de este caso, deben actuar inmediatamente, el buen nombre de este gran colectivo nacional está en la picota pública. 

 A los perpetradores y cómplices de este terrible episodio sólo les puedo decir: ¡Miserables, mil veces miserables!

 Posdata 1:

Escribe Saray en uno de los apartes de su carta:


El 7 de junio del presente año, publiqué en mi red social privada de Facebook el siguiente mensaje: “Yo debo ser la única administrativa trabajando en estos momentos en la Universidad del Tolima porque mi empleador no me permite asistir a la Marcha Carnaval”. Este comentario fue capturado mediante un pantallazo y compartido por uno de los afiliados del sindicato en el grupo de WhatsApp de afiliados (Ver Anexo 12). La publicación generó malestar entre varios miembros del sindicato, especialmente en la profesora Clara Lucía Pradilla Torres, quien posteriormente envió un correo a ASPU Nacional solicitando la suspensión de mi contrato, alegando que la Junta Directiva había decidido no recomendar mi continuidad laboral. Además, se me acusó falsamente de compartir información confidencial de la junta directiva con personas externas, una afirmación que carece de cualquier fundamento o prueba…

 

Ese afiliado del cual habla Saray fui yo, Carlos Arturo Gamboa, quién con pantallazos de la publicación pedí explicaciones a la Junta. A cambio obtuve descalificaciones y señalamientos. El mismo Fiscal, profesor Alexander Rivillas escribió esto ese día:


Si tiene pruebas de acoso laborales en el sindicato debe exponerlas de inmediato, o deberá retractarse profesor. Acabo de mencionar que en mi calidad de fiscal de asputol revisaré los hechos, espero que usted tenga otros como pruebas. Pronto daré un informe.  

 

En ese mismo sentido, el profesore Ever Edrey, miembro de la Junta, acotó:


Doy fe de que se ha dado buen trato a todas las personas vinculadas desde ASPU Nacional como es el caso de la secretaria…

 

Con esos enunciados “concluyeron” que los pantallazos que yo envié no se correspondían con la verdad y que se constituían en una calumnia. Horas después la Junta Directiva emitió un comunicado en mi contra en donde calificaban mi actuar de tendencioso sólo por solicitar aclaración, aclaración que también pidieron otros afiliados. ¿Con estas irrefutables evidencias el profesor Ever Edrey seguirá dando fe de que esta ignominia no ocurrió? Casi cuatro (4) meses después el Fiscal sigue guardando silencio. Al parecer aún no ha visto nada, o se ha hecho el ciego, o la política del odio que ahora determina sus acciones lo han convertido en alguien que sólo ve la paja en el ojo ajeno e ignora la viga en su propio ojo. Mal que, al parecer, padecen todos los miembros de la Junta actual, todos ellos y ellas, profesores universitarios.

Posdata 2: Ver anexos en los links y las imágenes que aporto.

Posdata 3.¿Por qué tanto silencio? ¿Miedo, complicidad o cálculo político ? ¿Y los medios?






enero 25, 2024

Corredor Turístico del Norte de Ibagué, radiografía de un abandono

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

En Ibagué, hace más o menos cinco años, se ha venido desarrollando un nuevo espacio para el turismo, los proyectos productivos con enfoque agroecológico y el emprendimiento en diversos campos autosostenibles. Se trata del denominado Eje Turístico del Norte de Ibagué, que se traza desde los límites del barrio El Salado, específicamente del denominado punto “El país”, que toma dos vertientes, por la derecha hacia San Bernardo con puntos clave como la vereda La Helena y La Flor; y hacia la izquierda hacia la mina y la vereda Carrizales.

Durante los últimos años, y en especial en pandemia y postpandemia, han aumentado considerablemente los negocios y emprendimientos de corte turístico en dicho corredor. Fincas agroturísticas, miradores, restaurantes, balnearios naturales, glampings entre muchas otras apuestas productivas han venido impactado positivamente en este sector. Este tipo de apuestas de desarrollo traen consigo muchos dividendos para los sectores involucrados, cualificación de los empleos, mejora de los ingresos de las comunidades, apuestas de sostenibilidad ecológica, redes de economía solidaria, por mencionar sólo algunos.

Además, y viendo la saturación de ejes turísticos como el Cañón del Combeima, el Corredor Norte se presenta como una opción nueva y con gran variedad de puntos de entretenimiento y turismo para los habitantes de Ibagué y visitantes de otras regiones del país que llegan día a día buscando alternativas de esparcimiento.


No obstante, el empuje de la zona sufre de un estancamiento debido a factores deficitarios que deben hacer parte de las políticas municipales y departamentales quienes necesitan promover y coadyuvar al sostenimiento de estos proyectos. Todos sabemos que, con la llegada de turistas y visitantes, se deben fortalecer aspectos de infraestructura, de seguridad y de cuidado del ambiente para que se pueda ejercer un turismo responsable y que garantice la supervivencia en el tiempo. 

Es así que a finales de 2023 y en lo corrido del presente año, la comunidad se ha venido quejando constantemente del abandono en temas como el mantenimiento preventivo de las redes eléctricas, lo cual genera cortes constantes en la energía sin respuesta adecuada por parte de Celsia. Así mismo, factores de inseguridad que alejan los visitantes y afectan los residentes de la zona, sin contar con el apoyo decidido de la policía metropolitana, quienes informan que ellos no cubren el sector verdal, en especial del Salado a San Bernardo. Esta zona no cuenta con gas domiciliario, sin que hasta ahora las promesas de instalación que se hicieron en la alcaldía anterior hayan tomando un curso eficiente.

Del mismo modo, el manejo de basuras es altamente deficiente, ya que la recolección de residuos a tiempo es clave para el equilibrio ecológico y el manejo de alimentos. El mantenimiento de la red vial no existe, son los pobladores quienes periódicamente hacen mingas para podar, limpiar y cubrir la ausencia del municipio en estas labores. Incluso existen tramos de la carretera que están a punto de colapsar sin que los clamores de los usuarios sean escuchados. Así mismo, la señal de internet y el servicio de telefonía es precario, factores claves para el turismo del siglo XXI. El transporte público, aunque existe una ruta de buses, no es constante y esto limita la visita de personas que no poseen vehículos.



En fin, son muchos los aspectos que dependen de la gestión municipal y departamental para que este corredor rico en flora, fauna, paisajes, apuestas sostenibles y gente emprendedora logre consolidarse. Sería muy lamentable que muchos terminen, por falta de apoyo gubernamental, abandonando el sueño de consolidar el Corredor Turístico del Norte de Ibagué en un bastión del desarrollo y en una ventana para mostrar la ciudad, la cultura, su gastronomía y sus paisajes.

Esperamos que el clamor sea escuchado y los nuevos funcionarios municipales y departamentales entiendan que invirtiendo y apoyando proyectos de la franja turística se contribuye a generar una dinámica de desarrollo vital para aumentar los alarmantes índices de desempleo y las opciones comunitarias de trabajo en el marco de una región que clama por mejorar sus condiciones de vida.



septiembre 25, 2023

La protesta es un derecho constitucional, aunque en CORHUILA se desconozca

                                Por: Carlos Arturo Gamboa B.

                Docente Universidad del Tolima


Las Universidades deben ser los lugares primigenios en donde los derechos sean el portento de las decisiones. Le compete a las Instituciones del saber dar la pauta social de comportamientos éticos y ser ejemplo del respeto de las normas superiores, sobre todo de aquellas que han trazado una línea constitucional.

No obstante, son múltiples los casos en los cuales las Universidades se tornan en territorios propicios para la vulneración de los derechos, lo cual conlleva al recrudecimiento de conflictos que pudieron solucionarse usando el sentido común y las normas superiores estatuidas.

Este parece ser el ámbito del caso de Brenda Yurani, estudiante de Medicina Veterinaria y Zootecnia en la CORHUILA. A simple vista se nota que la ausencia de mediación institucional ha convertido una justa protesta en un hecho de posible persecución y violación de varios derechos a la estudiante, entre ellos el derecho a la justa y pacífica protesta, como lo reza el Artículo 37 de nuestra Constitución Política: 


Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente. Sólo la ley podrá establecer de manera expresa los casos en los cuales se podrá limitar el ejercicio de este derecho.

Ante este caso, del cual se tuvo noticias hace más de seis (6) meses y sobre el cual recientemente ha circulado un video de Tik-Tok en el cual la estudiante anuncia que CORHUILA se niega a reconocer sus derechos y sigue insistiendo en una sanción de dos semestres (imagínense la dimensión de tal injusticia, dos semestres por protestar de manera pacífica como lo ampara la Ley), hemos decidido contactar a la estudiante desde Vórtice Virtual, con el ánimo de conocer más de cerca su drama y convocar a la solidaridad nacional y la intervención de los entes reguladores del Estado. Acá les dejamos la entrevista:

¿Quién es Brenda Yurani Calderón?

 


Soy hija de una familia campesina. Nací en la vereda La Cañada, perteneciente al municipio de Garzón (Huila). Graduada de una escuela rural. Vine a Neiva para estudiar Medicina Veterinaria y Zootecnia en la CORHUILA. Para mantenerme estudiando, adquirí un crédito con el ICETEX, además de que he trabajado como empleada de servicio doméstico, de niñera y también en mi finca en La Cañada.

He liderado un Semillero de Investigación en Fauna Silvestre que se llama “KINKAJOU”; mi proyecto de investigación fue elegido como uno de los mejores del departamento del Huila y gracias a eso me seleccionaron para asistir al Encuentro Nacional de Semilleros de Investigación que se va a realizar en Cartagena.

Hace meses sabemos de su protesta ¿a qué se debe?

El 17 de marzo del 2023 hubo una protesta pacífica en las instalaciones de la CORHUILA. Yo participé en ella cuando había un plantón en las dependencias administrativas; allí, expresé mis inconformidades a través del micrófono y posteriormente en una reunión que se tuvo con el Rector Óscar Chávarro.

Mi principal inconformidad siempre ha sido por una serie de vacíos académicos que a mi consideración existe en mi carrera: por ejemplo, muchos tenemos vacíos en materias tan importantes como morfofisiología, fisiología o farmacología; siempre he pedido que tengamos más tiempo para ver esas materias, ya que solamente las vemos un semestre, lo cual no alcanza para aprehender todos los conocimientos necesarios para hacer un ejercicio óptimo de la profesión de médico veterinario y zootecnista.

A raíz de esos hechos, la CORHUILA me abrió, a mí y a otros siete compañeros, un proceso disciplinario, donde nos acusaban de faltas gravísimas contra el Reglamento Estudiantil. Presentaron como pruebas los videos de las cámaras de seguridad; y, sin embargo, lo que se ve allí es que la protesta fue pacífica y que la acusación que me hacen de que yo obstruí las entradas de la universidad es falsa.

Aun así, tanto el Consejo de Facultad como el Consejo Académico decidieron expulsarme, lo cual es una decisión injusta y arbitraria, y que muestra que el objetivo de las Directivas de CORHUILA es acallar a las voces críticas que existen en la comunidad universitaria.

¿Qué derechos se te están vulnerando?

El derecho a la igualdad, porque a pesar de que hubo alrededor de 50 participantes en la protesta, solamente procesaron y sancionaron a 8. Es decir: por unos mismos hechos, se aplicó sanciones diferentes.

El derecho a la protesta pacífica, porque la protesta en ningún momento vulneró ninguna ley.

El derecho a la libertad de expresión, porque lo único que hice fue expresar públicamente mis inconformidades.

El derecho al debido proceso, porque en el proceso se utilizaron pruebas amañadas, porque jamás hubo presunción de inocencia, porque se desconoció el principio de in dubio pro reo, porque la sanción carecía de fundamentación fáctica y jurídica y porque, además, es una sanción absolutamente desproporcionada e inconstitucional.

Y, por último, me están vulnerando el derecho a la educación, pues me están sancionando injustamente, al no haber habido garantías procesales en esa actuación administrativa.

¿A qué instancias has acudido y cuál ha sido la respuesta?

El 27 de julio de este año recibí la notificación de la sanción. Ese mismo día, radiqué ante la Subdirección de Inspección y Vigilancia del Ministerio de Educación Nacional una queja donde ponía en conocimiento este caso.

Asimismo, el 1 de agosto radiqué una tutela contra al CORHUILA donde, además, vinculé al Ministerio de Educación. El resultado de la tutela fue agridulce: declararon la nulidad de los fallos sancionatorios en mi contra en primera y segunda instancia por parte de la CORHUILA; por lo tanto, ordenaron que la universidad volviera a emitir un fallo en primera instancia donde se acogieran a criterios de motivación, fundamentación, razonabilidad y proporcionalidad.

Es decir, sólo tutelaron mis derechos a la educación y al debido proceso; pero el Juzgado negó el derecho a la igualdad y, además, no se pronunció en la resolución del Fallo acerca del derecho a la protesta pacífica y a la libertad de expresión, a pesar de que en las consideraciones expresó argumentos tendientes a ampararlos.

Ante esto, la CORHUILA volvió a emitir un fallo en primera instancia, donde me sancionaban con una suspensión por dos semestres. Yo respondí con el recurso de reposición y en subsidio apelación, donde respondí con lujo de detalles las inconsistencias probatorias de la universidad y los vacíos argumentativos a nivel fáctico y jurídico que habían usado para sancionarme.

Sin embargo, la respuesta del Consejo de Facultad no pudo ser más lamentable: rechazaron mis argumentos supuestamente porque la etapa procesal para presentarlos ya había pasado; sin embargo, la reposición y apelación es esa etapa procesal, si no, ¿entonces para qué existe?

Actualmente, estoy a la espera del fallo en segunda instancia que, con toda seguridad, va a mantener la misma suspensión por dos semestres, a pesar de que no tengan argumentos para hacerlo.

¿El Ministerio de Educación tiene conocimiento de este caso? ¿Qué ha actuado?

Como dije anteriormente, yo radiqué una queja ante el Ministerio el mismo día que me sancionaron. No recibí ninguna respuesta. Pero mi mayor decepción fue la respuesta de la Oficina Jurídica del Ministerio ante la tutela: le mintieron al Juzgado para que los desvincularan del proceso, pues afirmaron que yo no presenté queja alguna y que ellos no tenían conocimiento de ese caso.

Esta es la hora, y ellos no han hecho absolutamente nada; hablé con un funcionario, y me dijo que iban a emitir un pronunciamiento el vienes 15 de septiembre, pero lamentablemente tal pronunciamiento nunca llegó. Fíjese que no le estoy pidiendo al Ministerio algo imposible: le pido que sean guardianes de los derechos constitucionales que me asisten; y más en este gobierno, que se hizo elegir con votos de la juventud y especialmente de los estudiantes, con una promesa de cambio.


Si esto hubiera pasado en el gobierno anterior, no me habría sorprendido; pero que pase en éste, ha sido toda una decepción.