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abril 27, 2026

VICKY DÁVILA: UNA LECCIÓN PARA EL PERIODISMO

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

Uno escucha a la actual Vicky Dávila y ya no sabe cuál voz escucha.

Ella empezó siendo una periodista referente en Colombia, admirada por un sector que la consideró como la imagen de una mujer independiente y exitosa en su campo.

Luego, con el pasar (y el pesar) de los años, terminó en Revista Semana siendo una voz panfletaria contra el gobierno de Petro. Hay quienes afirman que se debió a que ya la periodista había desaparecido y estaba incubándose la candidata del Grupo Gilinski, y claro, su periodismo ya no buscaba la imparcialidad, sino la construcción de su plataforma política.

Después, como se evidenciaba a pesar de sus negacionismos, se lanzó de lleno como candidata presidencial, con un prometedor inicio en su popularidad, pero sin la experiencia mínima en el sector público, ni en la política del mundo real, en donde no se perdona nada.

Con el tiempo se fue desinflando, hasta caer en esa amplia coalición que no era más que la plataforma que Álvaro Uribe diseñó para poder tener un protagonismo que de entrada no poseía. Por eso traicionó a Cabal y su esposo; debía imponer una candidata que pareciera de centro, así actuara en la rancia derecha, es decir, Paloma. Así Vicky Dávila terminó siendo la reina del “me divierte”, el único premio que cosechó de todo ese tiempo de embrujo.

Al perder estrepitosamente en aquella consulta, quedando con un déficit económico, político y profesional muy alto, le tocó reversar e intentar volver al periodismo, solo que la reversa no funciona como ella cree. Ahora carga el estigma de una voz demasiado parcializada, con deudas políticas, sin un lugar en el periodismo medio serio de este país y jugando a ser política, periodista y oposición, todo al mismo tiempo.

Por eso al escuchar a Vicky Dávila hoy, uno siente que está de frente a Gerión, aquel monstruo mitológico griego de tres cabezas y un solo cuerpo, el cual se desplaza penosamente, pues todo el tiempo recibe órdenes sensoriales contrarias e incoherentes. Sirva este trasegar de Vicky Dávila para entender cómo alguien se puede perder en los laberintos en los cuales se confunden fama, liderazgo, política y ambigüedad. Sirva también de ejemplo para quienes desean ejercer un periodismo ético; mejor espejo de lo que no se debe hacer no van a encontrar.

 


marzo 13, 2026

¿SUMAR VOTOS O MANTENER LA COHERENCIA POLÍTICA?

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

En el juego político hay quienes optan por mantenerse coherentes a unas ideas aunque tarden en alcanzar los escenarios de poder. Otros, en cambio, mutan constantemente, acción que desde Lampedusa se ha llamado gatopardismo. Las ideas cambian de piel, pero en el fondo siguen siendo lo que son.

Este fenómeno es evidente en acciones como las de Abelardo de la Espriella, quien se volvió ultrarreligioso en un par de meses, solo porque en el toldo de los religiosos hay un buen caudal de votos. Uribe prefirió a Paloma, incluso traicionó a Cabal, Lafaurie y a la extrema extrema, porque él sabe que la única opción que le queda es hacerse pasar por una mansa oveja de la derecha menos radical; en eso es en lo que quiere convertir a Paloma. Pero en el fondo, Cabal, Paloma y Abelardo son papas del mismo costal, con algunos gradientes diferenciales.

Ahora con Oviedo se da el mismo fenómeno. Él pudo optar por tratar de darle vida a un centro que solo existe en el imaginario transitorio porque se compone de fragmentos de izquierda y derecha, más un grupo de indecisos; es decir, es una fuerza que se caracteriza por su ambivalencia, factor que siempre los termina dejando a la deriva; de ahí la metáfora realista en la que siempre terminan “huyendo a ver las ballenas”. Oviedo no se traicionó, decidió reafirmarse en lo que es, un técnico de derecha no radical, que por cuestiones del momento terminó copando un escenario político polarizado en el cual él pareciera ser de centro. Pero no olviden que de esos políticos transitorios hay mil ejemplos; me acuerdo ahora de Lucho el embolador o Angelino Garzón. Como surgen, se olvidan, precisamente por su ambigüedad.

Por el otro lado, está la política que se hace basada en la coherencia de las ideas, y ahí se sitúa la fórmula presidencial de Iván Cepeda, quien pudo optar por un personaje que lo acercara a la derecha moderada, como un empresario de esos que cultivan un enfoque social y que creen que la riqueza se debe redistribuir. Aunque no parezca, de esos también existen varios y buenos. Pero Cepeda prefirió quedarse con la base social; eso es Aida Quilcué, un símbolo de los escenarios de lucha y transformación de base. Cepeda, prefiero sumar coherencia y no solo votos, al menos en esta fase de la contienda.

Veremos cómo el país votante valora cada acción, porque esto no se trata de sumar personas y creer que ellas se vuelven votos de manera utilitaria; la política no es así de simple. Muchos van a las urnas movidos por símbolos sujetos al cambio. Por ejemplo, los votantes que vociferan odio hacia lo que denominan “ideología de género”, los machistas que abundan en la ultraderecha, aquellos que todo lo que ven diferente a lo que son lo convierten en comunismo, quienes creen que el homosexualismo es una aberración excremental, los que piensan que los pobres son pobres porque quieren y mil prejuiciosos más: ¿terminarán votando en contra de su opinión o cambiarán de opinión por la coyuntura política?

Recuerdo que cierta vez sectores alternativos votaron por Juan Manuel Santos por un punto de honor: La paz. En otro momento, muchos votaron en contra de la paz para respaldar a un líder (Uribe) que no creía en la paz, o más bien no le convenía esa paz, porque lo ponía en riesgo ante la justicia, como al final sucedió.

Así es la política, vive en movimiento, está sujeta a los ires y venires y a veces lo olvidamos. Por eso, el 31 de mayo tendremos una radiografía más cercana a la realidad y entonces veremos qué resultados arrojó cada estrategia y qué nuevas estrategias se plantearán camino a la Casa de Nariño, porque aún hay muchos elementos que pueden alterar la percepción ciudadana, que, aunque no parezca, cada vez se cualifica más.

noviembre 14, 2025

Nunca me sirvió ningún sombrero: breve reseña

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Cada vez son más los escritores que cultivan la minificción, aunque pocos llegan a dominar el arte del minicuento. La escritura breve requiere la sencillez de la concreción y la profundidad de una historia concisa pero bien contada. En un minirelato debe pervivir el arte de saber contar, de impactar, de permitirle al lector que se haga partícipe de la onda posterior a la lectura, eso que algunos llaman interpretación. Recuerdo lo anterior para resaltar el trabajo de la escritora bogotana María del Rosario Laverde, en el libro titulado Nunca me sirvió ningún sombrero, publicado por la editorial Cuadernos Negros, en el año 2024.

En este compendio de cincuenta minificciones, María del Rosario nos pasea por sucesos cotidianos de la vida moderna, con reflexiones acertadas sobre el amor, las relaciones de pareja, el trabajo y la ciudad. Estos son aspectos que la autora convierte en materia prima para dejarnos, en la mayoría de los casos, sucintos y bien logrados minicuentos.

La mayoría de estos textos pocas veces superan las 100 palabras; curiosamente, pierden potencia cuando sobrepasan dicha extensión. En general, María del Rosario deja entrever un trabajo juicioso y decantado que permite a un texto no convertirse en simple chiste, o una frase de superación, o quizás un pensamiento suelto, algo que muchas veces se confunde con el microrrelato.

Para mayor ilustración, veamos algunos ejemplos de su escritura en este libro, que sobra decir que recomiendo para una cuidada biblioteca sobre minificción:

Mal de ojo

Ese desconocido que pasa sin quitarme los ojos de encima, es el mismo que me decía en otra vida que nunca se iría de mi lado.

 

Circense

Ahora tengo una vida común y corriente, cada noche duermo en la misma cama y voy al trabajo de ocho a cinco. Pero no me importa. Alimentar a los leones nunca me divirtió y jamás pude caminar por la cuerda floja, tampoco me recuperé de la infidelidad del payaso, y me harté de empacar y desempacar. De vez en cuando sueño con que soy una estrella...

 

Fijación

No olvido el día que se fue de casa. Empaqué sus maletas, le ayudé a ponerse su abrigo, aunque todavía no comenzaba el invierno. Y lo vi alejarse desde la ventana. Desde entonces, todos los días son ese día.

 

octubre 30, 2025

Homenaje a la historia de los libros

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Hay libros que hablan de libros, y por lo tanto son metalibros, como este que les voy a reseñar. Se trata de El infinito en un junco, de la escritora española Irene Vallejo. Aunque Irene no solo nos pasea por los recovecos atemporales por donde ha circulado el libro desde su invención, sino que también usa ese hilo de Ariadna para recrearnos bellos y trágicos episodios de la invención de la escritura, del nacimiento de la lectura y de la evolución de eso que hoy conocemos como cultura letrada.

Usando un acervo de información muy completa sobre las culturas griegas y romanas, la autora nos va paseando por los caminos que tejió la leyenda de Alejandro el Grande como excusa para depositarnos en el epicentro de la metáfora más propicia para el hábitat de los libros: la biblioteca de Alejandría. Y desde allí, y con sobresaliente destreza narrativa, dosificación de datos y habilidad poética, nos ofrece una extensa panorámica de esa fascinante historia.

Hablar de los libros es hablar de la humanidad, sus sueños, derrotas y utopías; de eso da fe cada página de este libro, por eso a través de cada subcapítulo vamos obteniendo una herramienta más para guardar en la alforja de la expedición a la que la autora nos invita. Mesopotamia, Roma, África, Europa, Asía, cada lugar palpita en los relatos de la transformación de esos rústicos trazos de las cuevas en tablillas, en pergaminos, en rollos, en papiros, en bibliotecas, en guerras, en nombres de emperadores letrados y gobernantes ignorantes. En navíos que llevan por el mundo el naciente invento que se encargará de guardar la memoria de los pueblos, sin que los emisarios sepan lo vital de aquella empresa para el futuro de la humanidad.

Anécdotas y ficciones, datos y testimonios extraídos de los libros son las herramientas predilectas de la autora para engancharnos a su apuesta, para llevarnos plácidamente por esta extensa, pero entretenida ruta. El saber enciclopédico de Irene Vallejo, así como sus pesquisas investigativas, hacen que El infinito en un junco sea un compendio elaborado de relatos que no se queda en un discurso, sino que se abre a la imagen poética, a la argumentación histórica, al relato académico y, por supuesto, a la forma ensayística, como bastión de su engranaje.

Este es un libro de esos que te exige un ritmo sosegado; la idea no es llegar rápido al final, más bien se trata de degustar en cada recodo del camino las mieles que ofrece. Un libro que hace amar los libros, y a quienes ya los amamos, nos reafirma en ese propósito. Un libro que nos recuerda que los libros no dejarán de existir porque es uno de los mejores inventos del ser humano, porque garantizan la memoria de la misma humanidad. Como la autora lo afirma varias veces, también es un homenaje a los miles y miles de hombres y mujeres que durante siglos de oscuridad protegieron el saber de los libros, aun a costa de su propia vida.

Hoy, cuando escuchamos que otro imperio en decadencia vuelve al constante delirio dictatorial de satanizar los libros (me refiero a la noticia de Trump en EE. UU., prohibiendo la obra de Gabriel García Márquez en las escuelas, junto a cerca de 4500 títulos más), El infinito en un junco nos recuerda que muchas ruinas de imperios han resguardado los textos de la humanidad. De eso son testigo los libros que perduraron bajo los escombros de Pompeya y Herculano, quienes con el paso de los siglos se erigen como vestigio de aquella catástrofe. Los seres de esos tiempos ya no están, pero el recuerdo de ellos vive en los papiros, porque, como concluye la autora: “La invención de los libros ha sido tal vez el mayor triunfo en nuestra tenaz lucha contra la destrucción”.

octubre 25, 2025

Respuestas necesarias para un debate con altura

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Este texto reflexivo lo escribo como respuesta a algunos conocidos, amigos o internautas que suelen pasar por el muro de Facebook que lleva mi nombre (no digo mi muro porque eso es Mark Zuckerberg); también a otros que comentan en mi blog (Vórtice Virtual) y responden a mi WhatsApp. Algunos de ellos suelen preguntar: ¿por qué “soy petrista”?, ¿“por qué apoyo este gobierno”? y ¿“cuáles son los logros de Petro”?, entre otros interrogantes. Como me guía un espíritu pedagógico, no me gusta dejar preguntas en el limbo, porque, por lo general, cuando no se responde, el emisor llena ese vacío con cualquier discurso. Por eso intentaré, de manera muy concisa, dejar mis reflexiones sobre estos temas:

1.      Aclaro de entrada que no avalo el insulto, la amenaza y la violencia discursiva que a veces se generan como respuesta a algunas de mis publicaciones, sobre todo en esos falsos debates entre los lectores. En general, esas “respuestas” sin argumentos, carentes de valor de diálogo, son inocuas para mí, y deben serlo para todos.

2.      No soy comunista, ni guerrillero, ni petrista estúpido, ni todas esas ligerezas que se dicen de alguien cuando no se comparte el lugar de enunciación. Toca aclararlo; muchos navegantes de la inmensa red viven de poner calificativos.

3.      Aclaro que no soy petrista porque no sigo ciegamente a Petro; nunca he seguido así a nadie, ni a hombres sobre la tierra, ni a dioses en el firmamento. Solo comparto y adhiero a algunas líneas de trabajo que este gobierno, en cabeza de Petro, ha venido desarrollando.

4.      Sobre los logros que este gobierno ha alcanzado, empiezo por aclarar que nunca esperé que en cuatro años de gobierno un país de 200 años de injusticias, corrupción, violencia e inequidades se transformara 100%. Como no soy creyente, tampoco soy ingenuo. De ahí que valore algunos avances y logros que marcan una nueva manera de gobernar en el país, que aún posee vicios anteriores, que no todo es color de rosa, pero que a mi parecer, y de muchas más personas en Colombia, han generado un quiebre y que debe mantenerse para algún día ver cambios más profundos. Estos logros por resaltar son:

a) Gobernar con un enfoque más social, es decir, implementando políticas pensando en los más necesitados, no en los pocos eternos dueños del poder.

b) Aumento del salario mínimo a unos montos significativos, lo cual genera mayores ingresos a los asalariados, que son la mayoría de la fuerza laboral del país. Muchos de quienes critican furibundamente a Petro han sido favorecidos con esta política.

c) Recuperación de pagos de horas nocturnas, dominicales y otros derechos antes vulnerados.

d) Entrega de tierras a los campesinos. Nunca un gobierno le devolvió tanta tierra a quienes la trabajan; al contrario, antes se las quitaban con mil argucias y formas de violencia. El número de hectáreas entregadas ronda las 100 mil.

e) Reactivación de los tranvías. No hay países desarrollados sin vías férreas para carga y transporte modernizados. En Colombia los cerraron para darles campo a los consorcios de carreteras y peajes.

f) Fortalecimiento de la gratuidad educativa. La educación pública jamás volverá a ser un bien privado.

g) Aumento de transferencias para las universidades públicas y el sistema educativo en general. Soy un convencido de que la educación es un campo necesario para alcanzar el cambio cultural de un país; por lo tanto, me parece vital esa inversión.

h) Aumento del pago para los soldados rasos.

i) Disminución del desempleo.

j) Mantenimiento a la baja de la inflación, aspecto que podría ser aún más positivo si el Banco de la República bajara las tasas de interés.

k) Disminución de la tasa de la pobreza (del 41% al 31%). Esto significa que muchos colombianos, cientos de miles, tienen un poco más de ingresos para vivir.

l) Finalización de la tercerización para las madres comunitarias; eso se traduce en estabilidad y dignificación del trabajo.

m) Implementación de salario para los aprendices del SENA.

n) Aumento del crédito bancario a bajos intereses para pequeños propietarios de tierras, no como el famoso Agroingreso, que fueron subsidios para los terratenientes.

o) Incremento exponencial de las divisas por turismo, lo cual significa que la imagen de Colombia ha mejorado en el exterior.

p) Récord en exportaciones agrícolas, lo cual habla de la reactivación del campo.

q) Récord, con números muy destacables, sobre la incautación de drogas y lucha contra el narcotráfico. Ronda el número en 2.500 toneladas de cocaína, sin contar otras drogas.

r) Inicio de cambio de política de elementos altamente contaminantes como el carbón y el petróleo. El mundo entero va hacia allá.

s) Apoyo real a regiones olvidadas como Guajira y Chocó, con agua potable, energía, obras de infraestructura y salud. Destacables los puestos de salud flotantes en el Pacífico y la planta de energía en La Guajira.

t) Avance en la relación con otros países del mundo para romper la econo-dependencia de EEUU. Latinoamérica va hacia allá, excepto los países aún arrodillados a Trump.

u) Reducción de la deforestación, esto debido a una política que combate la tala para ganadería, extracción de madera y minería ilegal. Cifras de disminución superiores al 50%; a futuro, esto es mucho oxígeno para el mundo.

v) Liderazgos internacionales en la agenda de cambios planetarios (transición energética, redefinición de la lucha antidrogas, derechos humanos, entre otros).

w) Reducción de la mortalidad materna; las cifras superan el 50%.

x) Retorno de la mesada 14 para miembros de la Fuerza Pública y próximamente para los docentes del Magisterio.

y) Aumento de recursos para las regiones, un hecho real del cual, en las regiones que son gobernadas por opositores, no se habla.

z) Insistencia, terca, desagradecida y contra viento y marea, en los procesos de PAZ. Todos quienes estemos hastiados de tanta violencia debemos agradecer cada esfuerzo que se haga en pro de la PAZ.

Se me acabó el alfabeto en esta enumeración de aspectos concretos que son avances en una concepción de gobierno centrada en los más necesitados. Estos logros se han hecho a pesar de tener en contra las mayorías del Congreso que han detenido las reformas de fondo, con los ataques a diario de los medios de las élites (que son propiedad de los más ricos del país), con una estrategia de desprestigio en redes, con un ataque internacional encabezado por Trump y los secuaces de la derecha y ultraderecha colombiana, con las tensiones de su equipo de trabajo que muchas veces responde a una agenda particular y no a una idea de cambio. Y por supuesto, a las fallas de Petro, de sus directrices, de sus salidas en falso y su tono pendenciero e incendiario en muchas ocasiones.

Posdata uno: Los datos acá compilados están en los informes presentados por el gobierno, en los medios de comunicación, incluso en los medios con tendencia a la oposición, como El Tiempo, El Espectador, RCN y Caracol. También en la prensa y medios televisivos internacionales y en la crítica de analistas de toda índole ideológica.

Posdata dos: Invito siempre al debate con argumentos, sobre todo a quienes hacemos parte de la academia, de los entornos pedagógicos y a quienes compartimos el sueño de un día tener un mejor país, no solo para unos, para todos. Debatir no nos hace enemigos, nos hace diferentes, muchas veces con más puntos de encuentro que diferencias reales.

 

septiembre 09, 2025

La política tiene un lugar en el deporte

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Por estos días se corre la Vuelta a España, uno de los eventos ciclísticos más importantes del año y, como aficionado que soy del deporte de las bielas, he estado al tanto de los equipos, los corredores, las etapas y el acontecer diario de las mismas. Solo que esta vez el ciclismo ha pasado a un segundo plano porque las protestas de miles de ciudadanos han desbordado el entorno mediático del ciclismo para darle un lugar a la política.

Esto se preveía, ya que las acciones barbáricas de Benjamín Netanyahu y su ejército depredador han venido generando un efecto de tsunami mediático, lo cual ha construido una gran ola de rechazo al genocidio que allí se lleva a cabo contra el pueblo de Gaza. En ese sentido, la Vuelta a España se convirtió en caja de resonancia de quienes reclaman medidas planetarias que detengan al gobierno del primer ministro israelí y sus cómplices por acción u omisión.

Desde la antesala de la Vuelta a España se avizoraba el conflicto en cuestión, especialmente debido a la inclusión del equipo Israel Premier Tech, que se encuentra activo desde el año 2015 y que desde el año 2020 hace parte de la máxima categoría en este deporte, el denominado World Tour. Por pertenecer a esta última categoría, el equipo tiene un cupo asegurado en todas las carreras del calendario bajo esa etiqueta, entre ellas la Vuelta Ciclística a España.

Ahora bien, si las protestas arreciaban en varias partes del mundo, era muy predecible que en este evento deportivo seguirían creciendo, más teniendo en cuenta que el equipo corría con la bandera israelí en su indumentaria, y agregando a ello que la península ibérica es un epicentro activo de concientización en torno a los actos bárbaros ocurridos en suelo de Palestina.

Inicialmente, la dirección de la Vuelta, en cabeza de su director, Javier Guillén, escudado en el reglamento de la Unión Ciclística Internacional (UCI), restó importancia a los primeros brotes de inconformismo de la ciudadanía en torno a la participación del equipo en cuestión, lo cual fue alimentando la ola de indignación. Fue así como, desde el 23 de agosto, cuando la carrera dio inicio en Torino (Italia), ya se sentía el palpitar de una protesta que crecería cuando la Vuelta llegara a territorio español, y así fue.

Carteles de solidaridad con Gaza, banderas palestinas, abucheos al equipo en los cruces de los pueblos, rechiflas en las llegadas y muchos otros actos pacíficos fueron aumentando la indignación que creció ante el silencio de la organización en general. La estrategia de «hacerse el de la vista gorda» no hizo que el problema desapareciera; al contrario, avivó el desconcierto. El director del equipo Israel Premier Tech, el canadiense y abiertamente sionista Sylvan Adams, se negó a retirar el equipo, aun sabiendo que su presencia en tierras ibéricas generaba un alto grado de confrontación y se constituía en una ofensa a las oleadas de propalestinos. Su accionar se hizo equivalente a ondear una bandera con la cruz esvástica en Tel Aviv.

Por su parte, los organizadores de la Vuelta a España siguieron escudando su actuar con la disculpa de que no podían desvincular el equipo de la carrera, lo cual no es del todo cierto, pues ya existen antecedentes con la expulsión de un equipo ruso del World Tour debido a la guerra en Ucrania. ¿Por qué no se siguió la misma ruta en este caso? Uno sospecha que es por el alto poder económico que posee la comunidad sionista en Europa y en todo el mundo. En Colombia ya vimos cómo la derecha se arrodilla ante Netanyahu, ignorando las atrocidades cometidas en la franja de Gaza, mientras clama democracia y justicia por Venezuela. La doble moral está en todo, en este caso hasta en el deporte.

Muchos alegaron infructuosamente que el deporte debe estar aislado de la geopolítica, argumentando que lo que ocurre en ciclismo no debe ser afectado por lo que pasa en Palestina, lo cual puede ser síntoma de dos cosas: una alta ignorancia de lo que implica la política o un cinismo extremo adobado con hipocresía. En primer lugar, el deporte es político, tanto así que en los grandes eventos deportivos las banderas ondean, los himnos nacionales suenan y las confrontaciones entre países alimentan la pasión de los espectadores y los competidores. Nada más político que los trasnochados nacionalismos que, bajo las banderas del deporte, se edulcoran haciéndonos creer que quienes allí compiten son asexuados políticos. Deporte, poder y política están tan imbricados que desde la antigua Grecia los Juegos Olímpicos se erigieron bajo esa primicia.

Ahora, cuando nos encontramos en la última semana de la Vuelta a España, las protestas han tomado tal fuerza que la muchedumbre es incontrolable. Ya en Bilbao, durante el desarrollo de la jornada once, la etapa fue suspendida porque en la meta programada la gente traspasó las barreras de protección y con arengas y banderas reclamaba la salida del equipo israelí y llamaba a la solidaridad con Palestina. Y el día nueve de septiembre la etapa tuvo que ser recortada porque cientos de manifestantes cerraron la carretera camino a Castro de Herville, impidiendo la culminación de la jornada como estaba programada. Faltan más etapas por correrse; hay una crono individual en Valladolid durante la cual es imposible garantizar seguridad a cada uno de los 154 corredores que siguen en la Vuelta, mucho menos a los siete (7) integrantes del equipo centro de la gran controversia.

Ya es imposible seguir argumentando que deporte y política no se mezclan; esos son mensajes en los cuales la ciudadanía del siglo XXI no cree. En este siglo todo es político porque todo determina la existencia del ser humano en el planeta; así como dijo Eisenhower, “la política es la profesión a tiempo parcial de todo ciudadano”. El ciclismo no puede ser ajeno a la barbarie desatada en Gaza; algunos ciclistas ya lo han enunciado entre dientes, los grandes medios deportivos lo saben y lo callan por miedo a la polarización en un mundo que ya no puede seguir siendo neutral.

Javier Guillén insiste en que la Vuelta terminará en Madrid como está programado, poniendo en riesgo la caravana ciclística y asumiendo una hipócrita neutralidad. Los aficionados estamos divididos, pero la mayoría es consciente de que la política tiene un lugar en el deporte, porque como humanos, sin importar nuestra profesión, el dolor, la barbarie y los estragos de la guerra nos deben conmover. Permanecer neutral es el peor camino; los judíos lo saben por su historia, pero hoy parecen olvidarlo cuando pasaron de víctimas a victimarios.   El silencio no puede ser la forma de contrarrestar el horrible detonar de las bombas en Gaza. 

agosto 30, 2025

Cuando se trata de educar niños, hasta los libertarios se vuelven godos

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Esta reflexión la hago a partir de un hecho noticioso. La noticia que se divulgó por redes el 21 de agosto de 2025 anunciaba lo siguiente: “El Salvador impone nuevo reglamento escolar. Saludo obligatorio, uniforme impecable y corte de cabello adecuado”. La nota parecía extraída de un viejo manual educativo digno del siglo XIX, con una visión bastante retrógrada de lo que debe ser un modelo educativo para el siglo XXI. Desconozco la reglamentación general aprobada que contiene estos elementos, por lo cual no comentaré nada al respecto; lo que sí me causó gran inquietud como educador que soy es ver la cantidad de comentarios favorables en torno a los aspectos mencionados.

Muchos usuarios de la red avalaban, casi con histeria, la acción de imponer el saludo obligatorio, el uniforme y el corte de cabello adecuado, como fundamental para la educación de una generación que, en palabras de ellos, se está perdiendo por falta de valores, lo que está destruyendo la sociedad. Y es ahí donde quiero resaltar algunos aspectos.

Primero toca recordar que “imponer” no es educar, al menos en el diccionario de una pedagogía que busca la construcción de un mejor sujeto, para un mejor mundo. Imponer implica desconocer el deseo del otro, su individualidad, su particularidad. El sujeto, sujetado por unas reglas como imperativo educativo, desconoce el yo para construir una sociedad uniforme en la cual todos piensen lo mismo y actúen igual. Es la arcaica idea de la educación como fábrica, decantada en aquella imagen que hizo famosa la agrupación Pink Floyd en su video “Another brick inthe wall”.

La escuela hace años experimentó esa idea retrógrada que acá se celebra como gran novedad. No más recordemos la advertencia que hacía Hannah Arendt en “La banalidad del mal” sobre cómo se construyeron las personalidades de los administradores de los campos de concentración nazis: Bien educados, bien peluqueados, bien hablados, bien instrumentalizados en función del mal. En el modelo que muchos celebran, se cree que un niño que saluda es mejor que uno que no lo hace, que llevar el pelo distinto al corte impuesto es una falta y que el uniforme determina al sujeto.

Más allá de la discusión pedagógica, que se puede solventar invitando a leer tantas páginas de discusión en torno al verdadero valor de educar; lo que más alerta es ver cómo la democracia sigue siendo asediada por discursos mesiánicos, totalitarios y dictatoriales. La historia nos muestra cómo restringir la educación ha sido el sueño de todo totalitarismo para imponer la “escuela del pensamiento único”, como lo devela George Orwell en su aclamada novela “1984”, en un mundo en el cual el Ministerio de la Verdad y la Policía del Pensamiento velan por ese ideal.

Pero lo que más me sorprendió en el seguimiento que hice en redes de esta noticia es que muchos educadores estaban de acuerdo con las tres sentencias: saludo respetuoso, uniforme limpio y corte adecuado. Es como si esos docentes añoraran el viejo manual de urbanidad que calificaba a los sujetos según el cumplimiento de sus líneas, sin importar su personalidad. Decía los viejos: «Lo importante es la fachada, no ser, sino aparentar». ¿Cuántos asesinos bien vestidos, bien hablados, bien educados ha visto desfilar la historia?

Ahora bien, la noticia se logra entender a profundidad cuando descubrimos que la ministra de Educación de El Salvador es una militar, quien tiene la misión de “fortalecer la disciplina y los valores cívicos”. ¿Para qué privilegiar el conocimiento en las escuelas públicas? Con que los niños se sepan comportar y obedecer, el futuro del régimen está garantizado. A los profesores obnubilados por estas medidas les recomiendo leer algunos textos como “Pedagogía del oprimido” o “La educación como práctica de la libertad” de Paulo Freire, aunque, si no se quieren sentir muy extraños leyendo libros de gente sospechosamente de izquierda, pueden leer “Lecciones de los maestros” de George Steiner, o “Mal de escuela” de Daniel Pennac.  Y si gusta poco de la lectura, al menos vean una película como “La lengua de las mariposas”, “La ola” o “El último vagón del tren”, para que logren entender que educar es todo lo contrario a encasillar en un uniforme, en un corte de cabello o en un saludo.

Por mi parte, lo que noto en esta medida de Bukele es el advenimiento de una dictadura light impuesta por un sujeto cuya melomanía y creencias religiosas ha proyectado la imagen de un país creado a su semejanza. Bukele, más allá de tener contentos a muchos habitantes de El Salvador, ahora se considera un mesías capaz de cambiar la conducta de los niños para crear la sociedad del futuro. Ojalá los adoradores de este sujeto, que por ahora abundan, se puedan ver la serie “El cuento de la criada” antes de que Bukele, mediante otro decreto, empiece a prohibir este tipo de relatos por contradecir su visión de mundo.

No olvidemos que el deseo de un dictador es que todos se parezcan a lo que él cree, empezando por su aspecto físico, de ahí la idea de limpieza del uniforme y del corte de cabello adecuado. El "otro" debe ser una prolongación de sus deseos, una copia. Si no lo logra con modelos educativos llamativos ante el amplio público, lo hará más tarde con la imposición de otras fuerzas más represivas. Y el día lejos no está; ya logró un cambio en la Constitución para perpetuarse en el poder; ahora quiere modelarlo todo a su antojo, contando con el beneplácito de muchos sujetos en cuyo espíritu no hay cabida para la libertad humana. Ver que muchos aplauden esta medida me hizo acordar del adagio que reza: “Cuando se trata de educar niños, hasta los libertarios se vuelven godos”.

agosto 27, 2025

Drogas ilícitas: guerras perdidas y excusas perfectas

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Por estos días vuelve a los medios el discurso sobre certificación en la lucha contra las drogas, y viene acompañado de la pretensión de Trump de intervenir a Venezuela bajo la acusación de promover el narcotráfico. Es decir, las drogas ilícitas siguen estando en el centro del debate geopolítico, como ocurre desde el año 1971, cuando Richard Nixon introdujo el tema en la agenda internacional.

A estas alturas del siglo XXI, todos sabemos que las drogas ilícitas son un gran negocio y los carteles son multinacionales muy rentables. Pero lo que muchos olvidan es que estas empresas ilegales son la representación más contundente del capitalismo. Generan un producto que posee alta demanda y se comportan como una estructura transnacional. Existen, dentro del negocio, los obreros rasos que reciben la menor parte de la plusvalía, mientras que los intermediarios y, sobre todo, los dueños del macrobusiness son quienes se enriquecen de verdad. Si el tráfico de drogas ilegales se parece tanto a las empresas legales, ¿por qué están prohibidas?

Hay múltiples razones que siempre se arguyen, como que este tipo de drogas son dañinas para la salud; pero la Coca-Cola también, y los alimentos procesados, y el azúcar y mil productos más que circulan libremente por el mundo. También se suele decir que los consumidores de drogas se ponen locos, igual que hacen los defensores de caudillos religiosos o líderes políticos, y cada día estos abundan más y nadie los prohíbe.

También se afirma que las drogas ilícitas hacen que las personas caigan en un estado de enajenación, como pasa con el exagerado consumo de las redes sociales o los adoradores ciegos de guías charlatanes, sin importar la ideología que vendan. Y para enajenados tenemos millones de espectadores que siguen los más banales realities frente a las pantallas que adormecen.

Muchos, desde el punto de vista jurídico, afirman que las drogas terminan generando un entramado que multiplica los problemas legales, aunque no superior a los impactos legales de la política, esa otra droga peligrosa y adictiva. Hay quienes afirman que las drogas ilícitas bajan la productividad laboral, desconociendo que en entornos laborales como Wall Street se presentan los más altos consumos de cocaína y nadie puede decir que WS no es productivo. Y si la excusa es que el consumo de drogas produce problemas mentales, no se han detenido a ver lo angustioso y enfermizo que resulta vivir en pleno siglo XXI.

Así pues, la actitud frente a las drogas ilícitas pasa por la mayor hipocresía construida en estos siglos. Sí, hacen daño, como el alcohol y el cigarrillo. Sí, producen muertes, como las grasas saturadas. ¿Prohibiremos entonces todos estos productos? ¿Meteremos a la cárcel a alguien por atragantarse de papas fritas, hamburguesas y Coca-Cola, las causantes en gran parte de los problemas de obesidad crónica? Hay algo en esta supuesta lucha que no cuadra. ¿Qué se esconde entonces detrás de tan cacareada y poco efectiva lucha contra las drogas ilícitas?

Es muy conocida aquella afirmación de John Ehrlichman, antiguo asesor de Nixon, quien dijo sin sonrojarse, por allá por el año de 1994, que “La guerra contra las drogas en sí misma fue diseñada para atacar a los negros y a los hippies”, es decir, fue una estrategia encubierta con fines distintos a los mostrados al gran público. Esa es la razón de ser de que, después de 54 años y de un total fracaso en el balance global, la llamada lucha contra las drogas siga siendo un eje central de la geopolítica de EE. UU. contra países, especialmente de Latinoamérica. Este eslogan cubierto de una falsa moralidad sirve como escudo de guerra para intervenir en otros países, sobre todo si esos países poseen bienes materiales necesarios para alimentar la gran máquina de fabricar dinero en el Norte y pobreza en el Sur.

Hoy en día, la variedad de drogas sintéticas inunda el mercado, muchas de ellas producidas en laboratorios que funcionan en suelo estadounidense; por eso las drogas clásicas como la marihuana y la cocaína son apenas el génesis de un negocio soportado por la cultura del consumo de productos malsanos que agobia el mundo. El tabaco, por ejemplo, reportó alrededor de 8 millones de muertos en el año 2024, mientras que cerca de 11 millones de personas murieron por consumo de comida chatarra en el mundo ese mismo año. De los cerca de 300 millones de consumidores de droga que existen actualmente en el mundo, cerca de unos 3 millones mueren por causas directas como sobredosis o enfermedades concomitantes, pero incluyendo el alcohol entre las drogas causantes.

En donde sí se presentan aumentos de muertes por causas de las drogas ilícitas es en el campo directo del tráfico; es decir, en las diferentes subdivisiones de la gran empresa. La lucha entre carteles, el asesinato de policías, la muerte de cultivadores, de transportadores, de distribuidores, entre muchos actores, marca una tendencia al aumento, que claramente se corresponde con el aumento del consumo. Es un hecho real: el consumo recreativo crece de manera regulada, mientras que el consumo prohibido se dispara de manera incontrolada. Al no existir una regulación, el mercado crece a sus anchas y el neoliberalismo es feliz con estas divisas que penetran infinidad de negocios, campañas políticas, jueces y organizaciones encargadas de su control.

En el fondo, si el Informe Mundial sobre las Drogas 2024 de las Naciones Unidas muestra un crecimiento de población consumidora y de producción de drogas ilícitas, se está ratificando lo que muchos sabemos: esta es una guerra perdida, pero que sirve como cortina para otros intereses. Solo basta ver el tablero geopolítico para entenderlo más claramente.   El futuro de las drogas en el mundo pasa por la regulación y la legalización, como ocurrió con el alcohol, el cigarrillo y, más recientemente, la marihuana en muchos lugares del planeta. Solo que mantener el eslogan de “lucha contra las drogas” sirve a otros intereses y cuenta con la falsa moralidad de quienes aún las conciben como un símbolo de maldad, no como parte de la cultura de consumo; más en un tiempo esquizoide en el cual muchos requieren estar narcotizados para soportar la realidad.

agosto 15, 2025

Cobertura de programas universitarios en los territorios, la apuesta de futuro para el Tolima

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Recién se ha dado a conocer la noticia de un significativo avance en la ampliación de cobertura para el año 2025 de programas académicos de la Universidad del Tolima, en lo que corresponde a la oferta del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD). La noticia no es menor teniendo en cuenta el impacto contundente de estos programas para mejorar los indicadores de acceso a la educación superior del departamento del Tolima, porque, como es conocido, los porcentajes se encuentran por debajo de la media nacional. Esto indica que los tolimenses que desean acceder a un programa de formación en educación superior tienen menos opciones que en otros departamentos, solo un poco por encima de La Guajira y El Chocó.

Durante años, la Universidad del Tolima ha procurado políticas buscando estrechar estas brechas, pero es esencialmente a través del Instituto de Educación a Distancia que se está haciendo realidad. Lo anterior se debe a que, a pesar de que actualmente el sistema público goza de gratuidad en la matrícula, muchos aspirantes aún no pueden acceder a la oferta debido a que deben desplazarse a la sede de la Universidad del Tolima en Ibagué, lo cual es costoso por temas como pagos de arriendo y manutención, la cual no puede ser cubierta por la mayoría de las familias, sobre todo por la población rural. Igualmente, la competencia de pruebas de Estado para el ingreso impide que la diáspora educativa acceda a estos programas y ocurre, como en Medicina, que los cupos se quedan en su mayoría en manos de población estudiantil procedente de otros departamentos.

Si bien el IDEAD, bajo la premisa de que no se debe esperar que el estudiante vaya a la universidad, sino que debe ser la universidad la que vaya a donde está el estudiante, ha logrado llevar programas a varios municipios del Tolima, el impacto aún no es suficiente. Esto se debe en parte al modelo de cobertura que se ha estado implementando, las exigencias del MEN para abrir programas y la falta de apoyo institucional de los territorios. Si entendemos que la educación es un derecho y, por lo tanto, un compromiso de todos, se deben aunar esfuerzos con tal propósito. A continuación vemos la nueva oferta del IDEAD:

Tabla: ampliación de cobertura IDEAD, 2025. 

Es así como, en la nueva oferta que presenta el IDEAD-UT, se encuentra la génesis de ese nuevo modelo que ayudará a reducir las brechas, yendo a los territorios en donde más se requiere la presencia de la universidad y ofreciendo programas pertinentes que impacten el desarrollo de las regiones. El caso más contundente se da en Icononzo, municipio en el que se tendrán dos programas de alto impacto: Ingeniería de Sistemas e Ingeniería en Agroecología, ambos apalancados por el programa nacional Educación Superior en Tu Colegio, con la convergencia de la alcaldía municipal, el departamento del Tolima y, por supuesto, el esfuerzo del IDEAD y la Universidad del Tolima. En ese modelo, el IDEAD garantiza la presencia de los programas con toda la logística académica y administrativa que esto demanda; el Ministerio de Educación genera una partida, distinta a las transferencias de ley, es decir, nuevos recursos que apalancan estos nuevos cupos; y el municipio, en este caso, paga la inscripción de cincuenta aspirantes de Icononzo. Con los cupos ofertados (ver tabla), la Universidad del Tolima recibe cerca de 1900 millones de pesos, que ingresan a hacer base en el presupuesto general.

En este modelo de convergencia educativa encontramos la clave para superar los índices de exclusión de formación superior de nuestro departamento, porque dejarle la tarea solamente a la universidad o al IDEAD es no comprender las variables del momento y las necesidades educativas en contexto. Si la universidad diseña y oferta programas pertinentes para el desarrollo de las regiones, bienvenidos sean los esfuerzos del gobierno nacional, departamental y municipal en esa misión. Esperamos que las alcaldías de Planadas, Purificación y Chaparral emulen el buen ejemplo de Icononzo y no dejen solo al IDEAD y sus estudiantes en estos proyectos. Las necesidades son múltiples, como interconexión, apoyo psicosocial y bienestar.

Bajo estas premisas, muchos municipios cuyos indicadores de población que ingresa a estudios superiores son muy bajos pueden articular y activar este modelo, no solo para tener un Centro de Atención Tutorial (CAT) en su municipio, sino también para preparar a sus estudiantes para acceder a los cupos en el CAT más cercano, para subsidiar transporte y alimentación, para ofrecer una línea de apoyo institucional que garantice programas con manifiesto impacto en el desarrollo social, cultural y económico para sus territorios. Además, acercando la universidad a los contextos de los estudiantes, se minimiza la fuga de talentos y de profesionales formados. Igual, la normatividad de la universidad debe pensar maneras de priorizar los cupos para personas de esos territorios; lo que implica modificar el sistema de acceso.

Por ello, siendo el Sur y el Oriente del Tolima, y en particular Icononzo, el punto de avanzada de este modelo, justo en unas zonas cuyo historial de exclusiones condujo a la proliferación de violencias y que gracias al acuerdo de paz se generaron nuevas oportunidades, el impacto de esta propuesta es más que pertinente. Solo resta felicitar al IDEAD, en cabeza de su directora Marien Gil y su equipo de trabajo, al alcalde de Icononzo, Hugo Nelson Jiménez, al programa del gobierno nacional y a la Universidad del Tolima en su conjunto, por entender el panorama actual y apostar por una cobertura distinta, con enfoque territorial y equitativa.

No lejos estará el día en que los profesores de planta de la Universidad del Tolima, replicando el ejemplo del accionar de catedráticos durante más de 40 años, desborden el encierro de la sede de Santa Helena y vayan a los territorios a contribuir a estos procesos de formación tan urgentes, como otrora lo hiciera con el programa Extramuros. Para ello es necesario actualizar las normatividades internas, casi siempre estancadas frente a los cambios de la realidad. Quizás también con apuestas innovadoras se puedan replantear algunos programas de la modalidad presencial y, avanzando con la modalidad híbrida, llevarlos a dichos territorios. Esta es una manera efectiva de darle respuesta a las necesidades del momento, del entorno y de los nuevos modelos que deben delinear la universidad del futuro, pero del futuro inmediato.


julio 31, 2025

UT-ÓXICA

 


Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Hace un buen tiempo he venido reflexionando sobre la calidad de vida emocional de quienes hacemos parte de la Universidad del Tolima, esto debido a varias situaciones que, a mi parecer, han convertido los espacios universitarios en un escenario tóxico para la estabilidad emocional. Es cierto que no es un fenómeno nuevo, pues las universidades públicas siempre han sido territorios de disputas que, más allá de ser meramente académicas o políticas, se tornan personales y, por lo tanto, mediadas por las emociones.

No obstante, después del periodo de hacinamiento debido a la pandemia, la salud mental ha venido en picada, causando silenciosos pero agudos problemas entre los actores de la vida universitaria. Casos de estrés agudo, ansiedad, depresión y hasta suicidios hacen parte de este lamentable inventario. ¿Las causas? Muchas, y corresponde a los expertos darnos luces sobre el tema, pero se hace necesario dejar en evidencia algunas ideas en torno a este fenómeno, que de alguna manera hemos normalizado y, por lo tanto, se torna más peligroso.

La noticia más reciente al respecto sobre este tema llegó a mi correo, cuyo remitente es el profesor Robinson Ruiz Lozano, quien en una sentida carta de renuncia a la representación profesoral ante el Consejo Superior nos informa que:

(…) he decidido dar por terminada mi representación profesoral. Esta decisión responde a una necesidad personal: priorizar mi estabilidad emocional y procurar una vida tranquila, alejada de ambientes marcados por el conflicto, el odio y el rencor que, lamentablemente, se han hecho presentes en algunos espacios académicos.

Si bien en la vida universitaria, y en un país tan polarizado como el nuestro, es muy difícil conseguir una vida tranquila, es cierto que el entorno afectivo y académico en la Universidad del Tolima parece más un escenario de riesgo constante que un ethos. Y comparto con el profesor Robinson que, más allá de tramitar los problemas por la vía del diálogo, el argumento y el consenso, los actores universitarios hemos privilegiado la agresión, el grito y el irrespeto del Otro, devastando los principios de una comunidad cuya razón de ser está en la construcción del conocimiento, la solución de problemas y la apuesta por la transformación social.

Ante la incapacidad del argumento, solo queda transitar el territorio de la destrucción del Otro y para ello contamos con muchas herramientas: El viejo pasquín que atenta contra la dignidad de los actores, panfleto sin rostro que abunda en la academia, ese territorio que se jacta de construir pensamiento científico. El señalamiento sin pruebas, otra de las formas predilectas de agresión, mediante el cual pongo en duda los valores del Otro, solo basado en mi opinión sin fundamentos. Ocultarse tras un membrete para despotricar de los demás es un ejercicio vano, pero lamentablemente genera simpatías; es que el morbo vende. Las redes sociales, territorio propicio para el anonimato y la opinión irresponsable. Y últimamente los mismos medios de comunicación, que carentes de todo rigor periodístico se convierten en altoparlantes de “denuncias anónimas” cuya finalidad es la destrucción de alguien, no de informar o investigar un asunto. Algo reciente al respecto se vio con cierta “noticia” divulgada en donde enlodaban el nombre de una colega, la profesora Martha Núñez, sin aportar pruebas, solo opiniones de un juez sin rostro que ya daba por culpable a la docente.

Estas formas mercenarias de tramitar los conflictos solo generan silencio, ausencia de debate real y encaminan la vida universitaria hacia la judicialización permanente, lo cual amputa la argumentación como fuente de construcción del saber y la posibilidad del consenso como ruta para el cumplimiento de la misión universitaria y de la solución a los problemas que nos aquejan como comunidad. A este ritmo, para asistir a una asamblea, un comité o un consejo, tocará llevar abogado.

De esa forma, la salud mental también se va deteriorando, no solo la de los involucrados directos en estos hechos, sino la de toda la comunidad que se pregunta en silencio (porque expresarse sobre estos temas también se volvió un riesgo) si esta situación se corresponde con el ambiente que debe cohabitar en una universidad. ¿Y de quién es la culpa? Pues de algo estoy seguro: es que la salud mental es un bien colectivo y nos corresponde a todos velar por ella.

Estudiantes, docentes, funcionarios y, por supuesto, los directivos, todos debemos entender que la mejor manera de cuidar mi salud mental es cuidar la del Otro, evitar hacerle al Otro lo que no deseo que me hagan a mí, evitar el ambiente Twitter en donde el respeto está en vía de extinción y el insulto es el rey de la pradera. No se trata de evadir la discusión de los problemas propios de la vida universitaria o de construir un documento más que dormite en los anaqueles. Se trata de recuperar el espíritu universitario dándole cabida a la crítica con fundamento, a la discusión con pruebas y a la argumentación con rostro, como elementos para tramitar los conflictos y consensuar soluciones. No es fácil, pero debemos luchar contra esa nueva imposición cultural; al fin y al cabo, somos una universidad y de ella deben surgir propuestas transformadoras.

Postada: Al profesor Robinson Ruiz, mi solidaridad en su decisión; la vida tranquila es un alto valor.

julio 29, 2025

UNA JUSTA LECCIÓN DE JUSTICIA

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima.

 “Puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo”.

Frase atribuida a Abraham Lincoln

Más allá de la polarización que genera la condena de Álvaro Uribe Vélez, la rabia de sus seguidores o la celebración popular de sus detractores, hay un buen síntoma que debe trascender: el de la recuperación de la legitimidad de la justicia.

En un país con una larga lista de impunidades como Colombia, es bueno asistir a la experiencia real de aquella sentencia que reza: “Nadie está por encima de la justicia”. Ese enunciado siempre nos pareció una mentira, y la frase que se imponía era otra: “La justicia en Colombia es para los de ruana”.

Millones de colombianos observamos cómo, durante años, la impunidad paseaba campante por los recintos del poder. Quedaban impunes los desfalcadores del Estado, los narco gobernantes, las guerrillas que hicieron de la revolución un negocio sangriento, las estructuras paramilitares y sus motosierras, los delincuentes de cuello blanco y muchos más. Ver tanta impunidad campante generó un negativismo social y alentó a otros a delinquir. Como dice la canción: “Cuando el cajón está abierto, el más honrado pierde”.

Pero hoy, alcaldes, gobernadores, expresidentes, estafadores de oficio, congresistas, vividores de la política, evasores de impuestos, patrocinadores de la guerra y ciudadanos del común, debieron amanecer un poquito preocupados sabiendo que "El gran impune" ha recibido una pequeña dosis de justicia y ese es un mensaje que se propagará por los rincones del país como una oleada de esperanza.

Pocos creían que este caso llegaría a sentar un precedente tan importante para el país, porque en Colombia el sistema de justicia también ha estado tomado por los delincuentes de todo tipo y, como dice otro dicho: "Quien tiene el poder hace las leyes".

Pero también, con el impecable actuar de la jueza Sandra Heredia, se recupera la idea de que "La justicia cojea, pero llega", y quienes hoy delinquen deberán estar asustados sabiendo que eso puede ser real. Ojalá este suceso sirva para depurar la justicia en Colombia y que los ciudadanos volvamos a tener la certeza de que lo que desde allí se dicta se corresponde con la misión de cuidar el bien público y el accionar de los buenos, no de favorecer a los malos que tienen el poder.

Ojalá recuperemos la esperanza de que es posible tener una Institución que vele por la ética, la honra y el bien común, porque entonces millones y millones de colombianos podrán volver a sentir que no es un buen negocio delinquir y habremos aprendido la mejor lección para el futuro.

junio 21, 2025

Y DESPUÉS DE PETRO ¿QUÉ?

 


Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

La petrofobia[1] y la pretroeuforia[2] son dos extremos que emergen producto de la inmadurez política de un país que por vez primera se enfrentó a la posibilidad de ser gobernado desde una óptica distinta a las propuestas de liberales y conservadores (así bauticen sus partidos con otros nombres); que en esencia ha sido la misma: gobernar para unas élites en detrimento de las mayorías pobres. Eso lo dijo nuestro Nobel de literatura muy jocosamente: “La diferencia entre liberales y conservadores es que los liberales van a misa de cinco y los conservadores van a misa de ocho”.[3]

Pero, si hacemos el esfuerzo en evitar esos extremos que reducen el pensamiento político, podemos decantar y valorar el resultado de este primer intento por romper la hegemonía del poder en Colombia, que no se ha roto, pero que ya presenta unas grietas que deben ser aprovechadas por un posible sucesor o sucesora en la línea del actual presidente.

Vivimos en medio de una marcada polarización entre un colectivo que está aprendiendo a ser poder y a gobernar, y otro que da tumbos experimentando cómo se hace oposición sin caer en el ridículo y la mezquindad. En medio de ese maremágnum, el país avanza en unos temas y se estanca en otros.

Ahora bien, está claro que ninguna de las seudoprofecías de quienes asustaban al electorado con el coco del comunismo, del castrochavismo, de la expropiación, de la entrega del país a la guerrilla, del dólar a 10 mil pesos y tantas otras mentiras, se hicieron realidad. El incumplimiento de estas falsas predicciones ha generado un gran detrimento político para sus anunciadores, que en esencia son la derecha y la extrema derecha que no se juntan en un solo partido, sino que están dispersos entre Conservadores, Centro Democrático, Liberales, Cambio Radical, Alianza Verde y, por supuesto, en el mismo partido del Pacto Histórico.

Con unos marcados avances en la política de distribución de tierras, la consolidación de la gratuidad educativa, el crecimiento de la economía y el repunte en sectores como el turismo y la agricultura, el aumento del salario mínimo, la disminución del desempleo, la lucha abierta y eficaz contra el narcotráfico y, recientemente, la aprobación de la reforma laboral; entre otras acciones que benefician a los menos favorecidos, el gobierno de Petro terminará por dejar una gran lección: es posible gobernar a Colombia sin mezquindad de clase y con un enfoque social. Es posible una política de Estado que desmonte los privilegios de los de siempre y le apueste por la equidad, germen de una paz real y duradera.

Así, quienes vengan después de Petro en el relevo del poder, van a recibir un país más informado, más consciente y con una base popular más preparada para hacer valer sus derechos. Deseamos que el próximo gobierno sea de corte social para que se genere el verdadero bucle del cambio, el cual no puede darse en uno o dos periodos presidenciales. El cambio es un proyecto constante, y para que se consolide la idea se requiere de una apuesta colectiva de por lo menos dos décadas seguidas en el poder.

Los problemas estructurales del país no se solucionan con discursos, sino con acciones, de ahí el bloqueo que los petrofóbicos han realizado, ya que en el fondo lo que querían era impedir que esa nueva visión de país arrojara buenos resultados. Para ellos, el fracaso total del gobierno actual era su triunfo, y ya no lo lograron. En eso la versión de Petro 2025 ha sabido apostarse entero a la idea de que el cambio es posible y eso solo se puede hacer jugándose los restos políticos, como lo hizo con la idea de la Consulta Popular y ahora con la Constituyente.

Así las cosas, le queda al presidente Petro esta cuarta parte de su periodo para seguir dejando semillas de cambio; ojalá los pretroeufóricos lo entiendan de este modo y se dediquen a trabajar con ahínco en este propósito y no derrochen la posibilidad política de unirse en la tentativa de ser un relevo responsable para el país. Querámoslo o no, lo compartamos o nos opongamos a esta idea, el país político después del gobierno de Petro será muy distinto, porque ha empezado a gestarse un giro inevitable de pasar de ser una república bananera dependiente casi en su totalidad de las disposiciones de EE.UU. a ser una república autónoma que habla y que establece relaciones con el mundo y con los principales problemas universales que lo aquejan.

Después de Petro, muchos entenderán mejor lo que este gobierno significó para la historia política de Colombia. La derecha deberá reconfigurarse y moderar su avaricia si quiere volver al poder, porque ya no le funcionarán sus viejas artimañas. Por su parte, las fuerzas alternativas deben comprender que sí se puede ser poder y que transformar un país construido bajo los designios de la desigualdad y la guerra requiere tiempo, voluntad y honestidad. Después de Petro no viene la hecatombe, como temen algunos; así como con Petro el país no se hundió, como se propagó por los medios del poder. Después de Petro queda una esperanza de seguir en la ruta de la reconstrucción; depende del pueblo y de sus líderes que esa semilla de esperanza que ya germinó crezca y dé mejores frutos.

[1] “Petrofobia” se usa como expresión para demarcar a aquellos quienes son incapaces de ver los aspectos positivos del gobierno de Gustavo Petro.

[2] “Pretroeuforia” se usa como expresión para demarcar a aquellos quienes son incapaces de ver los aspectos negativos del gobierno de Gustavo Petro.

[3] Gabriel García Márquez en “Cien años de soledad”.

junio 13, 2025

LA TIRANÍA DEL SEÑALAMIENTO Y LA AUSENCIA DEL DEBIDO PROCESO

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

En uno de sus apartes, el Artículo 29 de la Constitución Política de Colombia afirma tajantemente que: “Toda persona se presume inocente mientras no se la haya declarado judicialmente culpable”. Este enunciado tiene mucho sentido en un mundo moderno regido por principios democráticos que abolió la culpabilidad a priori de cualquier ciudadano, sin distingo de credo o raza. Pero una cosa dicen las leyes y otra la cultura imperante.

En la cotidianidad, ahora superinfluenciados por el impacto comunicativo de las redes sociales, parece ser que ya la presunción de inocencia ha desaparecido del panorama, siendo reemplazada por la presunción de culpabilidad. Esto equivale a decir que, como sujetos, estamos desprotegidos ante la muchedumbre y podemos ser apaleados antes de ser juzgados. De entrada, eres culpable y debes demostrar tu inocencia, si te dejan, antes del linchamiento simbólico e incluso real, como ocurre en muchos casos.[1]

Estas nuevas formas societales tienen un gran impacto en la construcción de las subjetividades actuales porque han constituido una patente de corso para que cualquier persona vocifere, ante el tribunal de las masas, que el “otro” es culpable de tal o cual delito sin allegar una evidencia, prueba o testimonio de la contravención que se le acusa. En ese sentido, la otredad es la que está puesta en mayor riesgo, pues se puede desconocer y condenar sin que ella tenga posibilidades de defensa.  

En el idioma castellano existe la expresión “¡Al ladrón, al ladrón!”, que se utiliza popularmente para alertar sobre un robo y al mismo tiempo convocar a la muchedumbre a que capture al culpable señalado. Curiosamente, esta expresión es aprovechada por ladrones reales para distraer la turba y poder huir. Mientras gritan “¡al ladrón, al ladrón!” y la gente se amotina para buscar al culpable del hurto, el verdadero ladrón huye en sentido contrario aprovechando la confusión. Este ejemplo nos permite entender la importancia del debido proceso. Primero, porque ser señalado de un delito no significa que se sea culpable del mismo, al no ser que se esté bajo el imperio de un poder tiránico y dictatorial. Segundo, porque para ser declarado culpable de un delito debe existir una secuencia de pasos y motivos que son garantes de la justicia.

En ese orden de ideas, el primer derecho es el de ser informado de unos supuestos cargos que a futuro te podrían hacer merecedor de un castigo. Si grito “¡al ladrón!” señalando a alguien que corre en medio del gentío, ya lo declaré culpable; ahora solo falta ejecutar una sentencia sobre él. Pero si primero el posible infractor es informado, él tendrá posibilidades de construir una argumentación a su favor o, en caso dado, contratar un abogado para elaborar su defensa. El posible infractor deberá ser juzgado a la luz de unas normas establecidas en torno al hecho que se plantea y quienes lo juzguen deberán poseer las competencias (conocimientos y experiencia) en el campo de acción, y, además, deberán actuar de manera imparcial frente al caso, para lo cual deben recabar pruebas y escuchar las diferentes partes en conflicto. Esto es el debido proceso.

Lo anterior es de vital importancia en la construcción democrática de cualquier entorno moderno, de cualquier institución y, por supuesto, de un Estado democrático. De no ser así, estaríamos en el escenario de un poder omnímodo que juzga con la mirada y ordena castigos de acuerdo con las subjetividades de quien abandona el terreno de la justicia para adentrarse en el mundo de la barbarie. No obstante, el debido proceso, tan fundamental para el soporte cultural de la democracia, ha venido desapareciendo de la acción cultural de una manera acelerada, amenazando con instaurar la «tiranía del señalamiento».

Basta gritar “¡Al ladrón, al ladrón!”, para que una horda, desprovista de cualquier tipo de raciocinio moderno, actúe como un enjambre de hormigas asesinas hambrientas que se lanzan sobre el “supuesto infractor” para devorarlo. Damos por hecho que, si alguien es señalado como “ladrón”, lo es; si se le tilda de “corrupto”, es porque ha corrompido una norma establecida; si es señalado, ya es culpable. Vamos por el mundo explorando las estrellas de los múltiples universos, pero en cuestiones de justicia parecemos seres de las cavernas.

No obstante, es curioso ver que el derecho al debido proceso que reposa en casi todas las Constituciones modernas y que la muchedumbre pasa por alto cuando instaura sus tribunales dictatoriales, es reclamado con urgencia cuando el supuesto infractor no es el “otro”, sino el “yo”. Entonces se acude de inmediato a todos los elementos garantes previstos en la ley para defenderse, legítimamente, de las acusaciones del caso.

En ese sentido, obviar el debido proceso y la presunción de inocencia es una marca simbólica y real de una cultura que opera bajo la tiranía del “yo”, en la cual el “otro” es de entrada culpable de ser y existir. El “otro” es culpable porque así lo determinaron unos “yoes” masificados, sin importar si el “otro” ha trasgredido o no las normas. Por ende, bien nos vale reflexionar antes de gritar “al ladrón, al ladrón”, porque quizás estamos evidenciando la fuerza enunciatoria de un tirano en potencia, y, además, mañana podremos ser nosotros los señalados, ya que en una tiranía nadie está exento de sospecha.

Hoy más que nunca, subsumidos en un mundo de mentiras que ahogan la posibilidad de la verdad, debemos reclamar y hacer uso del debido proceso, porque sin él apenas seremos, como lo dijo el poeta Vallejo, “bárbaros atilas”.

[1] Un ejemplo de ello se da cuando una turba detiene a un supuesto delincuente y procede a lincharlo sin ningún tipo de miramiento.