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septiembre 15, 2025

Un poeta (en estado crudo), la reciente película colombiana de Simón Mesa Soto

 


Por: Nelson Romero Guzmán

Profesor Universidad del Tolima, IDEAD

 El título de la película es escueto: Un poeta, como si desde ya nos anunciara su retrato. Y precisamente, uno de los logros del cortometraje es la verosimilitud del protagonista Óscar Restrepo con el estereotipo del poeta fracasado en vida y obra. Por su parte, el acierto del actor Ubeimar Ríos, pareciera coincidir de manera física y existencial con la realidad y la fábula del personaje que encarna. Además, el realismo de las escenas se muestra en la ambientación del marco de la Medellín marginal de sus zonas urbanas con sus nichos de bajo mundo. De esta manera, el director colombiano Simón Mesa Soto crea un personaje poeta que no encaja en la familia, en la sociedad ni en la poesía misma. Con la aparente sencillez de un poeta crudo, que se mueve en escenarios callejeros lánguidos y una narración sarcástica punzada por el humor burlesco, Simón Mesa logra llevarse el premio de la Sección Un Certain Regard del Festival de Cine de Cannes.

 Una de las grandes apuestas del director de la película, fue haber optado por la construcción precisa del prototipo del poeta visto como el artista fracasado, al que Óscar Restrepo encarna de manera perfecta: un ser crudo, feo, grotesco, bufón, contrahecho, pero fascinante,  venido como anillo al dedo para mostrar la imagen social desgarradora del poeta que nos heredó el siglo XIX, configurado por Rimbaud como "el gran maldito, el que se siembra verrugas en el rostro" o como “el Gran Criminal”, que se vale del método visionario de la autodestrucción, pero que, en el caso de Óscar, contrario al genio de Rimbaud, a sus 54 años vive vaciado de la Musa, proscrito de la poesía y mantenido por su anciana madre, su único refugio de comprensión y ternura. De ahí que su papel sea el de exponerse permanentemente al rechazo social, a la burla, a la expulsión del cenáculo literario, a la explotación de los avivatos de los festivales de poesía, al veto de la familia, hundido en el alcoholismo y hasta soportando la violencia física y el señalamiento de mal poeta. Se trata de una película donde todos los actores sufren al poeta y nadie se ríe; solo reímos los espectadores una risa cómplice, cortada de repente por escenas truculentas que provocan la conmiseración y la repulsión por el personaje.

 Lo que por otra parte enriquece al protagonista de Un poeta (porque la mayor fuerza de la película es su personaje protagónico), es la atmósfera melodramática del humor negro, la estética del grotesco y la extravagancia, acentuados estos rasgos por el manejo del primer y primerísimo plano de las fotografías que hacen ver el alma turbada del poeta a través de la exageración de sus más mínimas expresiones: la mirada profunda y desencantada detrás los lentes de sus gafas, sus gestos de frustración, su barba descuidada, sus ademanes de aflicción, su dentadura irregular, su figura maltrecha, su indumentaria descuidada, su caminar caricaturesco y la intemperie de cuerpo y espíritu, en fin, su profunda soledad y rechazo, como apuesta visual de los valores más decadentes de un poeta, tal como aparece en la representación de la sociedad misma que lo juzga y rechaza. Los bares, el alcohol, la noche y los andenes son sus hábitats naturales.

 El hecho principal que desencadena los componentes de la trama, ocurre cuando Óscar llega a ser contratado en la Escuela de Poesía donde es profesor de un taller, en la temporada en que se organiza un Festival de Poesía. Es justamente en dicha escuela donde conoce a la adolescente Yurlady, estudiante de bachillerato que también asiste a las secciones de los talleres. Aquí vale la pena preguntarse: ¿es un rodaje sobre el poeta sin poesía en una “sociedad de poetas”? La cinta intriga fuertemente a este despropósito. Yurlady, la antagonista de Óscar, es una muchacha talentosa para escribir poesía, pero a su vez manifiesta abiertamente que sus rumbos en la vida son otros. Sin embargo, Yurlady se convierte para Óscar en una obsesión, ya que él transfiere en ella la conquista de sus ideales, al pretender transparentarse y verse en el talento de su estudiante como un poeta verdadero, donde por fin cree encontrar alivio a sus frustraciones literarias. Óscar, entonces, viene a ser el perfecto poeta sin poesía; Yurlady, por su parte, es la otra cara: la poesía sin poeta. Al final ella renuncia a ser la media naranja poética de Óscar. Aquí el director Simón Mesa construye un juego cautivador y una crítica oculta demoledora, poco perceptible, sobre el destino del poeta. El sacrificio de Óscar por Yurlady lo lleva a ponerla por encima del bienestar material y afectivo de su propia hija Alisson, quien vive con su madre en estrechez económica, pero Óscar prefiere convertirse en protector de Yurdaly al descubrir su talento poético y concentra sus esfuerzos materiales para que la muchacha pueda tener momentos holgados que le permitan dedicarse a la poesía, lo que al final resulta siendo otro de sus sueños frustrados. Así que la gesta de este antihéroe del cine es vivir la poesía como una hazaña superior a su propia vida, sacrificando los valores de su familia, aunque en lo más profundo llega a descubrir que no representa los ideales de la poesía, porque sus versos son bastante pobres, como se muestran en la película. Así, Óscar resulta siendo el sacrificado por la poesía, el gran fracasado que encuentra en Yurlady el talento que él mismo no tiene y lo hace por momentos suyo como rey en cuerpo ajeno. Pero los sueños de la adolescente están en otra orilla, ya que para ella son más importantes los proyectos materialmente vitales que los artísticos. La poesía, entonces, para citar al poeta Hölderlin, reencarna en Yurlady el más inocente de todos los bienes y, por el contrario, en Óscar, el más peligroso. Moraleja: No vale la pena sacrificarse, entregar su vida por la poesía. Si bien la poesía anda errante por el mundo, la morada de su ser está definitivamente en el lenguaje, como lo escribió Heidegger, y es allí donde hay que ir tras su encuentro; su sacrificio impone la sencillez y el silencio, solo así el poeta podrá convertirse en la casa de su ser. Por eso Óscar es más el bufón del arte que el poeta auténtico; encarna el escándalo del poeta y no el silencio de la poesía, en fin, resulta engañado por la poesía y pasa a ser un espejismo del poeta, su cascarón vacío. 

 Pues bien, esta parte de la trama de la película Un poeta nos lleva a pensar que el protagonista Óscar, es un poeta con carencia de poesía, aunque la sienta en lo profundo de su alma y la viva de una manera tragicómica. Pero si aceptamos que funge de poeta, con todo, es un poeta sincero, porque al menos reconoce no tiene talento. El anverso de Óscar en esta “sociedad de poetas” es el poeta burócrata, que al igual carece de poesía, aunque viva aplaudido y coronado de banquetes; el artista burócrata, que el ojo del espectador no ve, pero lo atisba o se le revela muy en su interior, es quien vive de las mieles del poder, sabe ocultar su fracaso y se escuda en la higiene, en los buenos modales, pasa por decente, aplica las reglas de glamour en sus relaciones sociales, es respetado y hasta admirado por los incautos. Este poeta burócrata es el rescate de Óscar al menos en su apariencia física. Generalmente es excelente para fundar Festivales y Escuelas. Encaja perfectamente en la sociedad, se le cree y además vive de la producción comercial de la poesía. Este poeta burócrata (oculto detrás de Óscar), es el que Simón Mesa Soto deja entrever y denuncia en su película a través de sus personajes secundarios que lo sugieren. Fíjese que, en la película, el protagonista los expone, pues ellos ven en el mismo Óscar la mancha de la Escuela de Poesía como institución. Esto ocurre cuando en la Fiesta del Festival de poesía, Yurdaly termina borracha por su propia cuenta, pero culpan al poeta de la embriaguez de la joven, además de ser golpeado por los mismos dueños del festival, quienes ofrecen dinero a los padres de la adolescente para no ser denunciados ante la ley. Óscar defiende su inocencia y se opone a la entrega del dinero, sometiéndose a la verdad, pues es claro que defiende la poesía, poniendo así la inocencia del poeta por encima de los peligros del poeta burócrata quien, a través de la promoción de la poesía, busca su propia riqueza económica.

 El director de Un poeta nos arrastra a reconstruir la imagen del artista en el contexto social de la gran ironía del capitalismo, esto es, el poeta instrumentalizado, mercantilizado, pese a que el verdadero artista no es un mercader. De ahí que en la película se deslicen de manera sutil, planos de personajes icónicos de la literatura colombiana convertidos en estampas de billetes: el poeta José Asunción Silva y el novelista Gabriel García Márquez, de los que Óscar es devoto, principalmente de Silva, de quien aspira ser su réplica y por eso en una escena aparece dibujándose el corazón en su pecho. Pero vuelvo a la gran ironía que es la del poeta captado por el capitalismo: Silva, suicidado por la insolvencia económica mientras agonizaba el siglo XIX, ahora puesto a circular en el mundo del mercado como un valor de cambio: el billete de $5.000; por su parte, Gabo, arruinado económicamente mientras escribía Cien años de soledad, es rescatado con su sonrisa de costeño satisfecho en el billete de $50.000, siendo estas las formas socarronas del homenaje, a través de las cuales el capitalismo explota la figura del artista, creando a su vez una plusvalía simbólica del capital. Así es como el capitalismo voraz copta el espíritu del artista sufrido y, al poner su estampa en el billete, le devuelve al arte su falsa recompensa. 

 Al haberse logrado en la película la puesta en sociedad del estereotipo del artista fracasado, con los tintes de humor y tragedia a través de un personaje que lo encarna con fuerza, como tomado directamente de la realidad, sin maquillajes, ¿es permitido preguntarse, ya en las afueras del cinema, si en la película de Simón Mesa Soto ganó el cine, pero perdió la poesía? Pues sí y no. Es indudable que la poesía del cine está presente en la película de diferentes maneras: la semiótica de planos en movimiento, piezas musicales intercaladas a la narración, el recaudo fotográfico de los primeros planos del protagonista convertidos en poesía visual que emana emociones, entre otros recursos. Más bien la ausencia de la poesía está muy a propósito en el poeta protagonista, que es otra cosa. Entonces la poesía no es el fracaso, es su liberación, y esto lo logra el cineasta Simón Mesa a través de sus personajes Óscar, el poeta, y de Yurdali, su aprendiz, que son a su vez contradicciones y complementos de la trama.

diciembre 14, 2020

Crisis global, educación e incertidumbre: a propósito de una conversación con J.C Mèlich

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad de Tolima - IDEAD

 

Vivíamos en un mundo demasiado luminoso. Desmedidas verdades controlaban la existencia, el trabajo, el comercio, las relaciones humanas, las formas de habitar el planeta…

De un momento a otro “algo” (lo inesperado) alteró nuestro confort, modificó las cotidianidades, fuimos conscientes de que los seres morían, de que también nosotros podríamos morir.

Como no estábamos conscientes de la finitud de la existencia, vivíamos, o creíamos vivir, en una burbuja de inmortalidad, lo que equivale a decir que no vivíamos, estábamos atrapados en un sistema absoluto. Dice Mèlich:

Los humanos somos seres que conocemos nuestro propio fin pero también que rechazamos la idea de la muerte. Vamos a morir pero no sabemos cómo ni cuándo moriremos. Vivir consiste en enfrentarnos a lo que no somos capaces de afrontar. Por ello no tenemos más remedio que construir «máscaras», espacios para protegernos del tiempo. (Ética de la compasión)

Esa forma de vida ha sido reproducida por “La Escuela”, en cuyo seno las certezas están a la orden el día. “La Escuela” ama las respuestas, más si son las respuestas adecuadas, y por lo tanto rehúye las preguntas. Los profesores vamos por ahí sembrando verdades, abonando paradigmas, cosechando dogmas.

Me gusta pensar en la profesión docente desde esa vieja parábola del sembrador. Él riega semillas indiscriminadamente, algunas germinan otras no. Pero la culpa siempre es del terreno, no del sembrador ni de la semilla. En esa lectura instituida quedan por fuera preguntas como: ¿y si el sembrador escogió mal la semilla? ¿Y si no era tiempo de la siembra? ¿Y si la semilla no estaba buena? Los profesores, y las instituciones educativas, casi nunca formulan esas otras preguntas, siguen instalados en un relato inmodificable. Hay una fe ciega en lo que se sabe y por eso no se le hacen preguntas al oficio.

Occidente nos heredó una mirada dual del mundo y los fenómenos, con ello quiso suprimir el espacio para la incertidumbre, pero entre el bien y el mal, por ejemplo, concurren muchos grises, la existencia es claro-oscura.

Hemos leído el mundo y la existencia como se leen los textos sagrados, desde una visión dogmática y quizás, en clave de los que nos propone Mèlich, debemos leer el presente y atrever el futuro desde lo incierto, como se asume la lectura de un texto venerable, perdiéndonos en él para asumir un lugar real que genere mutación.

De manera global asistimos a un momento de transformación porque lo que estamos viviendo ocurrió de manera “inesperada”, aunque continuamos usando toda nuestra fuerza colectiva para volver a ese estado de total luminosidad, no queremos habitar la incertidumbre, deseamos que nos devuelvan nuestras certezas, no importa que sean falsedades.

¿Acaso sea necesario volver a la caverna platónica y degustar las sombras, sentir el vacío de no saberlo todo, ser conscientes de nuestra finitud y empezar a vivir realmente? Las certezas están en crisis y por ende lo humano.

mayo 23, 2020

El fin de la pandemia es la muerte de Dios


Por: Luis Fernando Abello
Egresado Universidad del Tolima - IDEAD

¿Ya tenemos elementos de distancia en esta cuarentena para declarar la muerte de Dios? Antes de Nietzsche, Hegel había tomado el rumbo de esclarecer la idea deicida como un asunto estrictamente de la conciencia. La sustancia planteada en el filósofo de Stuttgart crea una dialéctica como naturaleza eterna e infinita, por lo cual es inalcanzable. La sustancia paralela la hemos cristalizado, desde el confinamiento, como el miedo a la muerte. En otras palabras, la totalidad de la pandemia es una materialización de Dios; su vacuna será dialéctica también.
Tomar conciencia de la muerte se ha constituido en nuestra propia sustancia desventurada. La autorrealización de nuestras potencialidades se ha considerado opacas a representarse bajo el anhelo de extrañar el mundo dejado antes de la pandemia.
Con lo anterior, Hegel considera a nuestro espíritu extrañado, es decir, alejado y alienado, considerando la relación entre el individuo y su naturaleza social. Es entonces donde el acontecimiento nostálgico de nuestro mundo toma fuerza de una melancolía formal y con ella concebir el presente como una conjetura necesariamente intermedia entre la mortalidad y Dios.
Es así que, dispuestos a considerar la muerte de la especie humana antes que la de Dios, los discursos religiosos se han visto obligados a producir otros temores nunca antes vistos: La muerte metafísica. Dicha muerte, tomando las palabras de Schopenhauer, evidencia lo miserable de sus vidas que nada pierden. Dado el valor tomado bajo el estigma divino, quedan huellas imborrables que no dejan asumir la realidad, y, bajo una idea divina, se ha transformado en testimonio de asumir el fallecimiento por pandemia para mostrar lo inalcanzable de Dios.
De ello que la representación religiosa toma medidas mundanas para ver la cara divina. Su culpabilidad se ve reflejada en asumir las consecuencias de la pandemia a través de intuiciones complementarias de la subjetividad. Es decir, asumen lo invisible como visible (virus) para darle estocada a lo invisible (Dios).  En consecuencia, cuando se ha asumido lo absoluto de nuestros miedos, se ha tomado lo absoluto de nuestros pensamientos. Al hacerlo, le robamos la totalidad a Dios.
Por lo tanto, asumir el no-ser como negación lógica griega, reitera, no sólo la negación humana y su toma de conciencia, sino también una preparación para un Dios asumido bajo un carácter utilitario. Lo que lo convierte a Dios en un sustantivo que muere cuando la razón y la imaginación regresen del encierro, pues nada esperamos de su propia inexistencia.

mayo 22, 2020

Literatura y pandemia: contamos historias para vivir

Por: Nidia Méndez Hidalgo
Docente IDEAD – CAT Kennedy-

¡Oh feliz posteridad que no conocerá tan abismal dolor!
¡Y que considerará nuestro testimonio como fábula!
 Francesco Petrarca

La lectura de literatura es un lugar predilecto para los amantes de las narraciones.  Y es en las narraciones donde encontramos historias sobre diversos acontecimientos, entre otros, sobre el amor, la enfermedad, la vida y la muerte.  Las pandemias han sido el hilo conductor de narraciones, algunas de ellas serán brevemente expuestas aquí, para recordarlas como un homenaje a la literatura por su particular y maravillosa forma de narrarlas y por su papel en el devenir histórico de la humanidad. También nos reconocemos como protagonistas desde diversos lugares, en estos momentos en que el planeta se debate entre sobrevivir o perecer, testigos de la enfermedad Covid-19, que será pretexto para grandes narraciones con polifonías y estilos diversos. Son los escritores de hoy o del futuro quienes tendrán la tarea de contar estas circunstancias en cómo nos correspondió vivir.
Las ficciones narradas con arte literario, como La historia de dos ciudades de Charles Dickens, atrapan al lector por el contenido y belleza de la prosa:
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.
Su lenguaje cautivo al lector, quien se adentra en la descripción de acontecimientos particulares de Inglaterra y de Francia. Hacen parte de una época determinada, fabulada por la mente prodigiosa del escritor, ceñido a datos que él conocía y a otros que imaginaba con la magia de la literatura, así conjuga la poética de la palabra con el mundo de la historia.  
Revisando la literatura griega el dramaturgo Sófocles en su obra Edipo Rey representa una epidemia de peste, y se cree que es un castigo de los dioses. En ese mismo orden, nos encontramos con la belleza de la literatura erótica de El Decamerón, con sus cien cuentos que son narrados por tres hombres y siete mujeres que huyen de Florencia hacia una alejada quinta en el campo, para salvaguardarse de la peste que alcanzó a Italia con la misma fuerza que a los demás países europeos (Ojeda Ortiz, 2010). Narraciones que sumergen al lector en las líneas que descifran la condición humana, con situaciones unas veces ridículas, otras contradictorias, llenas de pasiones y de humanidad propias de la espacie. Cada libro compendia y se inspira en los anteriores relatos. Daniel Defoe publicó, en 1772, Diario del gran año de la peste, el autor tenía cinco años cuando sucedió la peste y en la novela-reportaje hace evocación de ese tiempo.
El libro La peste de Albert Camus, narración que transporta a la historia fabulada de una epidemia, ocurrida en Orán-Argelia, muestra personajes solidarios y otros inmersos en los afanes de la sociedad del momento, descuella la figura del médico Bernard Rieux, como héroe de la novela.  El gran talento de Edgar Allan Poe, evidente siempre en su prosa, con el cuento La máscara roja, narra la cuarentena que mantiene al príncipe Próspero con un grupo de nobles en un palacio para preservarse de la peste, sin embargo, el final es trágico.
En este grupo de literatura clásica la obra de nuestro Nobel, García Márquez, El amor en los tiempos del cólera, es referenciada como literatura de tiempos de confinamiento, aunque no muestra los estragos del Cólera, si permite conocer personajes con enfermedades en el ocaso de sus vidas. Las narraciones abren la atención sobre los sucesos, cada personaje es un relato, y cada relato abre un tiempo con acontecimientos, en los que hombres y mujeres logran sobrevivir o perecer víctimas de los contagios. Estas vicisitudes, nos ponen de cara con la muerte, tan temida- aunque esperada- porque se nace para morir.
Cuando la ciencia ficción es el vector creativo de la imaginación en la literatura, se convierte en puerta de acceso a distopías narrativas, a escenarios inverosímiles y personajes en otra dimensión, para sus lectores esta pandemia no sorprendió a todos por igual. Algunos lectores de los libros de Stephen King o Connie Willis, vislumbraron premonitoriamente las circunstancias actuales como lo concerniente al encasillamiento político, propio de los confinamientos que coinciden con este momento distópico. Aunque la crítica y autores literarios han soslayado la producción de Stephen King, por ser un autor muy comercial, ha sido aceptado entre los lectores de este género. Una de sus obras, escrita hace más de 40 años, narra con lente premonitorio cómo una gripa, denominada el Capitán Trotamundos, consume con su expansión a un alto porcentaje de la humanidad. Se titula Apocalipsis.
En esta línea la escritora Connie Willis, ha seducido a sus lectores con sus narraciones, inverosímiles o no, pero, que no superan la realidad de nuestro presente, en sus relatos retrata personajes de diversas tendencias ideológicas que, como los de hoy eluden la gravedad del asunto y mercantilizan el ser y el hacer de las vidas humanas. El libro del día del juicio final, es una narración que presenta una analogía, según su prologuista, entre La peste negra de la Edad Media con la amenaza del SIDA, que puede ser un referente con cualquier enfermedad letal y en consecuencia con el inmanente miedo a la muerte. Los dos referentes en toda pandemia, enfermedad y muerte, que son atemporales se cruzan con los sentimientos de sus protagonistas, estos sentimientos son atemporales, los sienten y perciben los seres humanos en cualquier etapa de la historia y son narrados desde la ficcionalidad del escritor en tiempos pasados y presentes.
Así, leer literatura de tiempos de pandemia, es una oportunidad para comprender lo sucedido, para conocer a los personajes y sus maneras de comprender y asumir los retos del momento como también para comprendernos hoy, dentro de esta situación de contingencia. Porque el arte y la literatura, desde siempre están presentes, como afirma Daniel Foster Wallace: “En épocas oscuras, el arte aceptable sería aquel que localiza y efectúa una reanimación cardiopulmonar sobre aquellos elementos mágicos y humanos todavía vivos y resplandecientes a pesar de la oscuridad de los tiempos.”
En este sentido, nos preguntamos sobre el rol que la literatura, como arte narrativo y simbólico de la palabra, desempeña en nuestras vidas y en nuestros contextos. La literatura ofrece orientación en tiempos de desconcierto, como la obra de Camus y otras obras que si bien, no son narraciones de historias de confinamientos, sí develan la complejidad del ser humano y nos ayudan, a decir de Kundera “a descifrar el enigma que somos”. Por eso la lectura como refugio, como compañía y como experiencia personal, es esencial para nuestro ser en una relación organística. Como nos refiere la profesora Teresa Colomer, la lectura de literatura, es la experiencia personal del diálogo entre la narrativa del texto y el lector que puede descubrir, redescubrir o interpretar el mundo, a otro ser humano, o a sí mismo, por ser sustancia estética de conocimientos orientada al goce, al placer. 
La lectura literaria personal y colectiva, hace algo en nosotros. Somos habitados por voces ajenas, por voces de narraciones desde cualquier lugar, que nos visitan, posibilitando nuestras propias narraciones o rencontrándonos en ellas. Es importante para el ámbito de las letras literarias y la pedagogía de la literatura, reconfigurar el ineludible papel de la literatura en la vida del lector. En ese sentido, Jorge Larrosa se interroga y nos interroga ¿Qué puede hacer por nosotros la literatura? ¿Con nuestras palabras? ¿con nuestras ideas? ¿con nuestra forma de decir y de pensar?  
Los lectores de literatura, profesores y promotores de lectura, que están participando en Zoom o Meet, para alentar a los estudiantes a la lectura o para recrear sus propias narrativas, siempre con referencias de los grandes narradores de historias, son maestros que nos reconfortan en estas horas de aislamiento y de encuentro consigo mismos, con los otros y con la lectura, y se han convertido en mediadores entre los sentimientos, y lo que traen los libros. Como escribe William Ospina: “Leer es abrir las puertas de la imaginación y es permitir que esos mundos soñados por los escritores nos entreguen sus secretos”.
En este contexto de escenarios virtuales, el Instituto de Educación a Distancia, a partir del equipo de la Maestría Pedagogía de la Literatura, ha entregado literatura a los inscritos, a los estudiantes de pregrado y a la comunidad académica. En esta puesta de virtualidad, se ha estado compartiendo la lectura de fragmentos o relatos literarios, el disfrute de la palabra poética en la voz de maestros y poetas, como también tertulias poético-musicales, con canciones que permiten, además, conocer el ser compositor y el sentido de sus obras. Todo alrededor de la palabra, la palabra literaria que hace historia, que hace historia de universidad.  Joan Didion, sostiene, y tiene razón al decirlo, que nos contamos historias para vivir.

mayo 19, 2020

Prácticas inclusivas en lengua de señas: una experiencia en tiempos de Covid-19


Por: Camila Andrea Hernández Castillo
                   Docente Universidad del Tolima IDEAD - CAT KENNEDY

Quienes creemos que la escuela sigue siendo un espacio imprescindible para la formación de las nuevas generaciones, estamos preocupados porque la sociedad no está preparada para administrar procesos pedagógicos masivos por fuera de ella.
Alejandro Álvarez Gallego

A propósito de la situación de salud pública por la que está atravesando nuestro país y el mundo entero, es posible identificar cambios y transformaciones en los diferentes contextos, no sólo desde sus dinámicas, sino también en la manera en que se relacionan los sujetos y cómo se dan las prácticas en su interior. Este tema no es ajeno a la educación, ni a sus diferentes modalidades, que sin lugar a dudas hoy le están apostando a un cambio.
En ese sentido, desde la Universidad del Tolima, el Instituto de Educación a Distancia y sus respectivos Centros de Atención Tutorial, estamos asumiendo unos nuevos retos. Lo anterior implica, no sólo la búsqueda de diversas estrategias para cumplir con los objetivos trazados, sino también, nuevos roles, modos de ser y reconstrucción de subjetividades que hoy emergen a partir de esta situación. Así las cosas, tensiones como esta se han convertido en el detonante creativo para el diseño, virtualización y flexibilización de dicho ejercicio. En ese escenario se repiensan las prácticas inclusivas, específicamente aquellas propias de la comunidad de sordos del Centro de Atención Tutorial de Kennedy. El momento logra que se generen una serie de reflexiones para la puesta en marcha de propuestas, desde los diferentes cursos, que faciliten la comprensión, participación y la igualdad, respondiendo al propósito pedagógico de los mismos.
Ante este panorama, el papel del maestro sugiere transformar sus discursos y prácticas desde su saber hacia un ejercicio mediador entre el estudiante, el proceso de enseñanza y las barreras para el aprendizaje, entenadas como “los obstáculos que dificultan o limitan el aprendizaje, la participación y la convivencia en condiciones de equidad” (López, 2011, p. 42). Es por ello por lo que, son los maestros de las licenciaturas en Pedagogía Infantil, así como Educación Artística, quienes, desde los cursos relacionados con investigación formativa, retoman aspectos que en la contingencia emergen como puntos de partida para la creación de estrategias que refuerzan lo desarrollado en los encuentros tutoriales.
Una de estas es el primer taller de Lengua de Señas Colombiana (LSC), orientado para dicho fin a estudiantes de noveno semestre matriculadas al curso Investigación y práctica IX Necesidades Educativas Especiales. En dicho curso participa la estudiante sorda Katherine Fernández y después de varios diálogos, surgió el interés por el aprendizaje de la lengua de señas. Este espacio fue asumido como la materialización de un espacio (diferente al de la tutoría) para desarrollar un taller de L.S.C. Al taller asistieron todas las estudiantes, reafirmando el compromiso de IDEAD y la Universidad del Tolima con la Educación Inclusiva en un espacio que propicia, no sólo el acercamiento de la comunidad universitaria a las prácticas inclusivas, sino también una oportunidad para que los estudiantes sordos se involucren en ejercicios reales de enseñanza a través de las TIC.
De otro lado, la Licenciatura en Educación Artística ha venido desarrollando el ejercicio de investigación formativa con los estudiantes sordos junto con el equipo de intérpretes, esto articulado con las prácticas pedagógicas y la virtualidad. Esto se logra promoviendo acciones tendientes a la proyección de la intervención en los sitios de práctica y la preparación de todo lo que este ejercicio implica, tema que se desarrolla en espacios de asesoría personalizada, propiciando ejercicios que vinculan la lengua de señas y la escritura en castellano con los ajustes pertinentes que así se requieran, dando prioridad al proceso argumentativo en su lengua.
 De esta manera, la apuesta por la inclusión desde el IDEAD, se convierte en una oportunidad de formación y constitución de ciudadanos tendientes a transformar la sociedad, reflejado esto en docentes, estudiantes y demás miembros de la comunidad universitaria, asumiendo la inclusión como proceso permanente, con acciones que promueven la construcción de prácticas, culturas y políticas, tal como lo aseguran Booth & Ainscow (2011), que garanticen el convivir con la diferencia y la eliminación de todos aquellos obstáculos que impiden el poder aprender y participar de manera equitativa en las aulas en igualdad de condiciones.
Para finalizar, acciones como estas continúan consolidando la idea de universidad en el territorio, su compromiso con el cambio y la transformación, enfocados en seguir haciendo realidad un lema de trabajo que ya es parte del quehacer de la comunidad del IDEAD: la Cobertura con responsabilidad.

Referentes bibliográficos

Álvarez, A. (23 de abril - mayo de 2020). La Emergencia Pedagógica. El Solidario.

López, M. (2011). Barreras que impiden la Escuela Inclusiva y algunas estrategias para construir una Escuela sin Exclusiones. Innovación Educativa.

Tony Booth y Mel Ainscow. (2011). Guía para la Educación Inclusiva. Desarrollando el aprendizaje y la participación en los centros escolares. España: OEI- FUHEM.

mayo 16, 2020

Consecuencias de la captura corporativa y sus efectos durante la pandemia


Por: Martha Devia Grisales
Catedrática Universidad del Tolima

Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo nuestro entusiasmo, organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.
Antonio Gramsci.

La sociedad, como ha sido concebida y configurada, ha naturalizado una serie de regímenes que nos obligan y conducen a comportarnos, pensar y aceptar sus dinámicas en beneficio de un sistema que se ha adueñado de todo y ha mercantilizado la vida misma de los seres humanos. Ese orden biopolítico de la sociedad no corresponde a las demandas justas por las que todo un planeta, en especial desde las periferias, hoy apela. Debemos ser beligerantes en la búsqueda colectiva de nuevas formas de vida, que se desarrollen bajo una “estructura” distinta, en la cual la equidad, los derechos humanos, el respeto por los territorios y por la naturaleza, sean una prioridad.
En ese sentido, este texto pretende evidenciar cómo la captura corporativa es uno de los aparatos neoliberales más nocivos que atentan contra la soberanía y la democracia de los pueblos. El mecanismo de captura corporativa se ha convertido en el ave de rapiña que devora a los pueblos sin compasión, con déspotas y enraizadas convicciones de acaparar y adueñarse de la desprevenida e incauta vida del hombre de la modernidad. El letargo social resulta abrumador y nos ha sumergido en una mecanicidad humana que vela la mirada crítica y real del orden mundial, en el cual no caben las subjetividades, sino que por el contrario se socavan sus derechos por doquier.
¿Qué es la captura corporativa?
Mónica Vargas (TNI – España) lo denomina también «acaparamiento empresarial» o interferencia corporativa. Por su parte, el ambientalista Renzo García presenta la captura corporativa como “Las acciones e influencias indebidas que implementan empresas nacionales o extranjeras sobre las instituciones y funcionarios que conforman los Estados Nación para beneficio propio, en detrimento de la realización de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las comunidades.”
Me parece fundamental mencionar que la situación de los países cooptados está fuertemente ligada a la actitud política de sus habitantes. En Colombia, por ejemplo, hemos dejado en manos de tiranías la gobernanza de nuestros pueblos, quienes se ubican a disposición de las transnacionales poniendo en riesgo la soberanía propia, la estabilidad y equilibrio de los territorios.
En este contexto, se entienden mejor las demandas de Gramsci, de instruirnos para comprender lo que sucede, de agitarnos para movilizar, contagiar o arrastrar, si es necesario, a los otros. De organizarnos colectivamente para hacer oposición a esas medidas en detrimento de la justicia social en las que, eficientemente los gobernantes, han maquinado y envuelto el país.
¿Cómo contrarrestar esta situación? Para muchos analíticos, la captura corporativa, al igual que muchas otras determinaciones que atentan contra la estabilidad social, tienen que ver con la apatía política. La actitud negligente, indiferente, analfabeta y descuidada ha sido nefasta para la edificación de una estructura social equilibrada y justa, condenándonos por décadas a esta detestable cotidianidad corrupta de todo el sistema. Es hora trasnochada de asumir la corresponsabilidad de defensa territorial porque, muy a pesar del asedio y de las distintas amenazas de corrupción que nos vuelve escépticos, el sistema democrático de abajo hacia arriba puede funcionar.
La captura corporativa es tan delicada para los países que muchos defensores, organizaciones nacionales e internacionales, están buscando diferentes alternativas que nos permitan, uno comprender esta situación y, dos, buscar estrategias para empezar a bloquear y / o debilitar este contexto.
En esa dinámica, en Bogotá durante el 20 y 21 de febrero de 2020, se llevó a cabo el Seminario Internacional ¿Qué es la captura corporativa del Estado? organizado por el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (CAJAR). Contó con la participación de diversas delegaciones de comunidades afectadas por proyectos extractivos, organizaciones sindicales y populares, así como miembros de ONGs y asistentes internacionales, entre ellos Mónica Vargas (TNI - España), Daniela Gómez Rivas (Fundación Paz y Reconciliación) y Gonzalo Berrón (TNI - Argentina).
Un plan para tomarse el Estado
Por tanto, es necesario recordar que después de la guerra fría el sistema internacional empieza a transformarse para la liberación de las economías de Estado, esta circunstancia histórica convierte a los Estados Unidos en la potencia económica hegemónica, su poder ha logrado flanquear otros comercios, ejemplo de ello, los tratados de libre comercio internacional en detrimento de los derechos humanos. Los Estados capturados son financiados por diferentes organizaciones que regulan sus políticas públicas, ejercen presión para que se aprueben normas nacionales hechas en beneficio de los grandes inversionistas y envuelven a los pueblos en un proceso de decadencia moral. Esta problemática va fuertemente ligada al genocidio ambiental, al grado de destrucción del tejido social, del medioambiente, de la salud de la población, el aumento de la desigualdad, el desplazamiento y la pobreza en general.
Desde otra óptica, Daniela Gómez Rivas (Fundación Paz y Reconciliación), afirma que en Colombia se viene dando una coaptación del Estado y de la democracia desde finales de los años setenta.  Dese entonces las mafias colombianas trascienden de unas élites económicas que luego de la legalización de dineros producto de narcotráfico y del financiamiento de campañas políticas, migran hasta la formación de clases políticas y de autoritarismos competitivos constituidos por clanes que se aseguran en las regiones. El panorama nacional nos muestra, actualmente, este mapa con sus actores.
Es así que, se ha generado una suerte de arquitectura de la impunidad a través de cooptación de los reguladores y /o generadores de normas y leyes. En otras palabras, ha sido inevitable la captura mafiosa de los recursos públicos del Estado colombiano en beneficio de unas élites y de unos organismos privados, auspiciados por la impunidad con la que se movilizan las actividades corporativas o empresariales. Lo anterior, no sólo conspira contra el desarrollo sustentable, sino que atenta contra la legitimación de las democracias que tiene la apariencia de gobernar desde los pueblos, pero que en realidad está gobernada por élites políticas.
Cooptación y pandemia en Colombia
Ahora bien, la cooptación del Estado colombiano en estas circunstancias de pandemia ha evidenciado la realidad de distintas comunidades; un ejemplo de este panorama, lo viven los indígenas Wayúu, quienes se han visto fuertemente afectados por la Minería de carbón en el Cerrejón de la Guajira. Neris López Pushaina, miembro del Resguardo 4 de noviembre del Municipio de Albania, e integrante del Movimiento de Mujeres Wayúu, afirma que:
El Cerrejón se ha adueñado de gran parte de su territorio, privatizando y desapareciendo las fuentes hídricas primordiales para la subsistencia de su pueblo. Acabaron con 19 fuentes hídricas; entre arroyos, ríos y ojos de agua. Esta pérdida no sólo los ha puesto en alto riesgo por las exigencias de higiene que no pueden asumir en estos tiempos de pandemia, sino también porque les han imposibilitado el desarrollo de sus costumbres y rituales espirituales generados por el impacto ambiental. Para la comunidad Wayúu el territorio es sagrado y la tierra es la madre de la cual todos se benefician. En la actualidad el pueblo Wayuu sigue en la lucha de defensa del arroyo Bruno que es el único que les ha quedado en la región.
Por otra parte, el Covid-19 ha permitido que el gobierno intente aprobar regulaciones que debilitan los derechos de participación ciudadana. A través de la Directiva Presidencial No. 02 del 12 de marzo de 2020, se establecieron las medidas para atender la contingencia generada por el Covid -19 y se suspendieron las visitas de verificación y reunión de consulta previa, así como la agenda de reuniones de instalación de consulta previa desarrolladas por la Dirección de la autoridad Nacional de Consulta.
Esta acción gubernamental dio lugar a que el pasado 27 de marzo, el Ministerio del Interior publicara una circular en la que se determinaba que los procesos de consulta previa, durante la emergencia del Covid-19, se realizarían virtualmente. La determinación fue rechazada por los indígenas porque se considera un atentado contra las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. Como se puede observar, nuestras comunidades no sólo son atacadas por la pandemia si no, también por el propio Estado. La situación tiende a empeorar con la visión del gobierno nacional de potenciar la inversión extranjera directa en el país y con el constreñimiento legal de los derechos participativos de las comunidades y de los pueblos ancestrales.
Finalmente, exhorto, no desde una voz de autoridad letrada en el asunto, si no desde la voz de alguien que se detuvo un poco a pensar, a que transformemos la actitud hacia una más instruida, para organizarnos y luchar, desde y con democracia, contra este sistema de corrupción y de dominio de lo que no le pertenece. Es decir, desde una posición gramsciana.

mayo 11, 2020

EL BARCO INCOMUNICADO


Por:  Yenny Fernanda Urrego Pereira
Profesora Universidad del Tolima

Por estos días, posiblemente, todos estamos experimentando diversos sentimientos desde que amanece y anoche sin salir de nuestras casas y seguramente, nuestras comidas diarias se acompañan con las noticias que giran en torno a la pandemia del COVID-19 y sus efectos directos sobre la salud física y psicológica de las personas. De esta manera, nuestras pantallas están constantemente representándonos los estragos del COVI-19 sobre la economía y todas las posibles dinámicas sociales a escala global. En medio de ese mar de emociones, en esas pantallas, desarrollamos el teletrabajo, que muchas veces se solapa con las tareas del hogar y las actividades personales que antes eran tan diferenciadas y que ahora se tornan difusas en medio del trascurrir del tiempo.
Toda esa presión, probablemente se aliviana cuando recodamos que aún no hemos contraído el virus, o que posiblemente seremos asintomáticos o que presentaremos síntomas leves, o que nuestras familias están y estarán bien, o que tenemos trabajo y un sustento para nuestros hogares y también, por momentos, vuelve la luz de esperanza y comenzamos a hacer planes sobre qué hacer cuando nos volvamos a ver o cuando todo esto pase. Pero luego, vuelve a extenderse la cuarentena y vuelven las noticias de víctimas fatales y sigue apareciendo el teletrabajo y el trabajo de hogar y esto se repite de manera cíclica como si estuviéramos dominados por un virus, también informático que está generando este tipo de bucles en nuestras vidas.
Después de hacernos una radiografía de la situación generada por la pandemia, se pierden las escalas jerárquicas territoriales que usamos al hablar de lo local, lo regional, lo nacional, lo internacional; ya que la mayoría de personas en el planeta están confinadas en sus hogares y paralelamente, se enferman personas de todas las clases sociales, edades y condiciones físicas. Esa igualdad con la que nos trata esta pandemia, nos podría estar diciendo que siempre hemos estado conectados, pero por grupos pequeños, o en otras palabras, tal vez nos afectábamos de manera significativa si le ocurría algo malo a uno de “los nuestros pero, ahora, esa relación de grupos pequeños ha cambiado, ya que el uso de las mismas mediaciones tecnológicas para podernos comunicar, nos convierten en usuarios que están conectados en serie y a pesar de estar encerrados físicamente, mantenemos navegando libremente en internet y fácilmente podemos convertirnos en parte de un todo virtual, generando así una transformación de ese “los nuestros” en nosotros”.
En ese contraste entre encierro físico y libertad virtual, vuelve a surgir la necesidad de organizarnos socialmente y aparecen nuevos protocolos para atender el estudio, el trabajo, la alimentación, el descanso, la diversión, etc. Por lo tanto, antes, durante y después de implementar esos protocolos, se genera información constante de cada persona ahora vista como un objeto virtual, que puede ser categorizada en cualquiera de los tipos de poblaciones de un sistema virtual, el cual estaría determinando las medidas a implementar para conseguir la reactivación de la economía y las diferentes actividades antrópicas. Por ejemplo, hoy en día, cada vez que realizamos una llamada, nuestro celular nos recomienda instalar la aplicación CoronApp, la cual, si se instala, permitirá que el gobierno conozca su ubicación y si está o ha estado enfermo o su familia, con el fin de localizar focos de contagio. También, el CoronApp le haría una consulta médica de diagnosis inicial de manera virtual o le diría cuales son los centros de atención cercano y le haría más recomendaciones de prevención y manejo de la enfermedad.
Como se puede inferir, CoronApp ha despertado un debate o más bien un dilema, entre la privacidad y la seguridad nacional, ya que la finalidad -según lo anunciado por la misma web- es la detección de núcleos de contagio para prevenir la expansión de la enfermedad, sin embargo, el medio de la estrategia responde al panóptico “foucaultiano”. A consecuencia, muchas personas han descartado instalar la aplicación, lo cual dificulta la detección rápida de focos de contagio y esto, sumado a las falencias en la cobertura de aplicación de pruebas de contagio del virus y la lenta respuesta de resultados a nivel nacional, genera incertidumbre sobre los mismos reportes oficiales del avance de la infección.
Esta dicotomía entre el orden y la libertad genera múltiples interpretaciones al momento de implementar estrategias de evaluación. Por esta razón, es fundamental que se fortalezca el canal de comunicación entre la tripulación y los pasajeros, que de manera análoga sería entre el gobierno y el pueblo y llevado a nuestra escala universitaria, sería la información entre los profesores que ocupamos cargos directivos y los otros profesores, funcionarios y estudiantes. Debemos reflexionar que ambos grupos, somos usuarios del mismo barco La Universidad del Tolima− y que de manera rotativa seremos tripulación o pasajeros, por tal motivo, es fundamental el reconocimiento de cada labor y la renovación constante de roles profesorales.
Fortalecer la comunicación entre nosotros no es una utopía, pero es una tarea difícil debido al encierro, que ahora es físico y que antes era de tipo académico, de cada quien trabajando e investigando en su propia “parcela” de conocimiento, mientras que otro grupo de profesores quedaba absorto por la carga del trabajo administrativo. En el presente, ambos grupos de profesores y profesoras, los que ocupan cargos administrativos y los que se dedican más a la docencia y la investigación, estamos sometidos a la misma presión y tenemos las mismas necesidades, por lo tanto, ese reconocimiento de la labor ajena sería un bálsamo para todos, en especial, a los que están en la tripulación a cargo de un viaje que nunca habíamos emprendido. A fin de cuentas, vamos en el mismo barco y ese viaje puede ser corto para algunos o tan largo como el proyecto de vida de la mayoría del resto.
En mi caso, como miembro de una tripulación, seguiré dirigiendo un departamento en el cual soy la única mujer, y sí pediré información y me piden más información y entre todo ese trabajo, de alguna manera, con el aporte de cada persona, hemos podido iniciar este atípico semestre 2020A. Afortunadamente, en medio de tantos datos, vamos tejiendo lazos académicos, de respeto y reconocimiento de cada talento y conocimiento. Si esto se repite, en serie, como un antivirus, esta comunidad universitaria podrá transformar la idea represiva que tiene el dar cuentas, en informar para ejercer la solidaridad y así, darle el toque humano a lo virtual.
Desde antes de la pandemia A.P., la finalidad del reporte continuo de la información, por ejemplo, el informe sistemático de la jornada laboral docente, entre otros documentos que informan qué hacemos, ha sido alimentar sistemas de decisión que también son vigilados por nuestros estudiantes, egresados y por los órganos de control gubernamental. Este estado de información virtual parece otro estado de la materia que alimenta un sistema, y no estaremos ajenos a ello, ni viviendo en la luna. Por esta razón, estamos usando mucha información virtual y como sociedad, cada vez que usamos algo todos/as y al mismo tiempo, se genera sobrecarga del sistema. Esta sobrecarga es percibida por sus mismos usuarios y de manera colectiva, se empieza a reclamar el uso racional de la información, así como clamamos por el uso racional de los recursos naturales, una vez los vemos degradados.
Al percibir los efectos de la sobrecarga de información, es muy probable que estemos pensando en la cura a esa saturación. La solución podría ser humana y podría radicar en ponerse en los zapatos de los demás, en cambiar el “no me gusta” por “pensemos cuál sería la mejor manera” y en un acto de solidaridad con los colegas, levantar la mano virtualmente, para proponer, conversar, crear, debatir y construir. Una vez pensemos bien entre todos, el sistema ejecutará el resto.
Es tiempo de mejorar la comunicación antes que el mismo sistema virtual nos organice y es hora de construir universidad más allá del crecimiento de la parcela presencial de conocimiento. Este tipo de reflexiones han sido suscitadas desde tiempo atrás trabajando en la tripulación de la UT, y ahora tal vez como muchas personas, me pregunto desde la proa ¿Cuándo íbamos a imaginar que los delfines bailarían por las costas y bahías, como si celebraran nuestro encierro a escala global?

mayo 09, 2020

Salud y libertad Vs pandemia

Por: Boris Edgardo Moreno
Ingeniero Forestal Universidad del Tolima

 «La lechuza de Minerva solo levanta el vuelo al anochecer», a decir de Hegel la teoría emerge después de la realidad cumplida y así se había mantenido hasta nuestros días. Empero, en la convulsión planetaria que vivimos a causa del Covid-19, llamado habitualmente coronavirus, los filósofos contemporáneos han invertido a Hegel y han dejado que las alas de la teoría se desplieguen a plena aurora. De esta forma, hemos visto desfilar, desde el ya acostumbrado pensador del momento Slavoj Zizek hasta Jean-Luc Nancy, pasando por Agámben, Espósito… todos ellos como dice Atilio Borón con la “(…) intención de dibujar los (difusos) contornos del tipo de sociedad y economía que resurgirán una vez que el flagelo haya sido controlado.”
Desde diferentes ópticas y con múltiples cajas de herramientas, cada uno de ellos apuesta un marco teórico del acontecer que nos deparará la pandemia, entendida y comprendida como un “hecho social total”; por ende, algunos autores se atreven hablar de un mundo postcapitalista, otros muy mesurados sólo hablan de un capitalismo postneoliberal y otros del incremento del autoritarismo estatal bajo la orientación oriental. Pero igual hay que decir, que todos los analistas convergen en afirmar, que nada volverá a la “normalidad”, que estamos ad portas de un conjunto de transformaciones, pero claramente divergiendo en el tipo, magnitud y sentido de los cambios que estructuran el mundo postpandemia.
Sin desconocer de manera alguna la inmensa importancia de los ámbitos políticos y económicos en el acontecer, se debe considerar que el síntoma estructurante de la realidad actual y, por ende, del sentido común que guía el accionar individual y colectivo, es indefectiblemente la pandemia, debido a que se posesiona en la médula del pensamiento y el conocimiento, es decir, de la relación dialéctica que existe entre la vida y la muerte, así como de los canales que se derivan de ella.
El volver a tener la presencia de la muerte, en el nudo puntual de la decisión, de cualquier tipo de decisión, se interpela por una nueva capacidad (potencia), que sepa dar significado a la decisión y que construya un sentido que no dependa de negar nuestra finitud (muerte) del marco de la decisión, eso sí sin darle “sentimiento de terror, reverencia o esperanza”, pero que tampoco dependa de la simple finitud humana. Esta finitud de lo vivo, nos obliga a introducir en nuestro sentido (que como se ha dicho es común) a todas las formas de vida existentes en el planeta y, por razones que saltan a la vista, el entorno que permite que sobrevivan cotidianamente.
En este orden de ideas, se desprenden dos tareas inmediatas en el horizonte del pensamiento, la primera de ellas es aceptar que el capitalismo hace rato llegó a su término final y que su agonía se escucha claramente en este último estertor. No podemos seguir atribuyendo al capitalismo una especie de infinitud, de inmortalidad, o de entidad muerta que continúa viviendo, de ahí que sea prioritario salir en multitud a darle su merecida sepultura. En segundo lugar, es fundamental comprender que la vida tal y como la conocemos y desconocemos hasta el presente, responde a un “equilibrio dinámico” en el que lo vivo, no es más que un accionar continuo de relaciones (el entorno) que deben ser parte del pensar que estructura la decisión política de los seres humanos.
Con esto no se quiere decir que el ente químico denominado virus, por sí mismo atacó y destruyó la forma de organización social existente, o que su sino sea, inexorablemente, venir a dar la gran estocada al orden establecido. Si se pretende plantear que la pandemia ha puesto, sobre la sien del intelecto general, un cuestionamiento agudo de la filigrana que sustenta el sistema social, percibido claramente en las decisiones cotidianas que se toman a nivel individual y colectivo (donde el aislamiento social vendría a ser la menos importante), por lo cual la decisión (independientemente de la que se tome), no proviene de forma directa de lo acostumbrado, no se llega a ella por el automatismo mental instalado, sino que pasa de nuevo por el filtro de la interrogación. En otras palabras, debido a la pandemia se ha puesto de nuevo en circulación universal la negatividad de lo dado, de lo establecido y, por consiguiente, hasta lo que queda por dar y restablecer por parte del capitalismo; realmente se pone en duda hoy sus capacidades y posibilidades de constructor de presente y futuro, en su propio lenguaje, se puede afirmar que la salud y/o condición del sistema social, es precaria.
Uno de los grandes cuestionamientos que están en el juego del intelecto general es la gestión de la salud, empezando por repensar, qué debemos entender por un cuerpo sano, por fuera de la dicotomía sano/enfermo, ya que ese cuerpo sano sólo podrá darse en una concatenación con un ambiente sano, complejizando de esta forma, los elementos que participan en la construcción de una idea de salubridad que no niegue la enfermedad, capaz de sobreponerse o convivir con ella.  Al hilvanar delicadamente el cuerpo y el ambiente (natural y/o construido), como se ha expuesto, se complejiza fuertemente su relación y con ella el concepto de salud y por razones que expondremos más adelante y, por efecto dominó, se revalúa de forma diametral el concepto de seguridad.
Lo complejo emerge debido a que la salud no será ubicada en el cuerpo o en su medio circundante, sino en la relación o interacción que se da entre ellos. En otras palabras, la señal sináptica que guía la relación del cuerpo con el ambiente es indefectiblemente el con-tacto que realiza el soma con su medio, por lo que los tipos y formas de interacción se convierten en el eje del pensamiento, el conocimiento y la acción.
La interacción no sólo es biunívoca, sino que construye una red de estructuras que en su conjunto podemos llamar hábitat (si se prefiere sistema), y que por separado se conocen como estructuras biológicas, culturales, emocionales y productivas, que interactúa cada una en su interior y entre ellas, generando un sin número de interacciones que permiten plantear, que lo realmente importante son las interacciones y ellas son las que construyen las estructuras.
En este sentido, las interacciones biológico-emocionales son las que edifican los procesos de resilencia, recuperación y reconstrucción, que en su conjunto conocemos como sistema inmunológico, el cual estará definido como lo plantea muy bien Gustavo Wilches, por una salud emocional, afectiva, corporal… dada por una equilibrada interacción con el entorno inmediato o más amplio al que estamos adscritos. Este tipo de interacciones, necesitan indiscutiblemente de otro tipo de patrón de comportamiento (individual/colectivo), una gestión diferente de las interacciones y por ello también, de otro tipo de organización político-social, debido a que la consolidación de un ambiente sano (natural y/o construido), como única fuente de edificación de un sistema inmunológico fuerte, choca con la visión de una salud focalizada, exclusivamente, en los órganos, olvidando la unidad del cuerpo y sus respectivas relaciones.
Bajo esa visión se levanta un sistema de gestión sanitaria que especula constantemente con el tipo de amenazas y que vive exclusivamente de la renta de la enfermedad, de tener siempre a la gente enferma o en la angustia de una posible enfermedad, lo importante para ellos es que todos estemos medicados; desde ningún lado se trabaja en perspectiva de una “ética del cuidado”, de la protección y la conservación… Por ello, ante la aparición de una pandemia la única “salida” que les queda es el aislamiento, convertir las casas en prisiones, y en amenaza potencial a cada individuo, destruyendo de paso la capacidad de respuestas colectiva, recuperación natural (anticuerpos) y reconstrucción del entorno.
Al perder la interacción con el entorno (todo a lo que nos adscribimos) o al construir relaciones incoherentes con el medio, se hace imposible construir una política de bienestar, porque ese estar y/o sentirse bien, sólo puede acontecer en la dinámica de lo individual a lo colectivo y de lo colectivo a lo comunitario, sólo puede emerger del con-tacto con el otro o lo otro, muy claro lo tenía Baruch Espinosa cuando decía que la tristeza y el pánico aislaban y la alegría y el valor agrupaban. En otras palabras, la alegría, manifestación máxima del bien/estar, se expresa y se consolida en lo común, se podría decir que la alegría es el bien común inmaterial más importante de la existencia humana y, por ende, debe ser la verdadera medida de valor.
De igual forma, la emergencia de la alegría es una expresión inequívoca de seguridad, de percibirse, estar y sentirse cómodo con el entorno y cada uno de sus componentes. Esta seguridad al igual que el bienestar proviene entonces de las relaciones e interacciones que establecemos en la construcción colectiva que diariamente realizamos, en términos clásicos es una seguridad que se da en el tejido social, en la confianza que el otro deposita en mí, y en la que yo deposito en todos.
En este sentido, por seguridad vamos a entender y practicar una seguridad humana, una que se sienta y manifiesta alegremente. La seguridad se debe centrar en la humanidad que busca el bienestar y no hay bienestar sin salud, alimento, vivienda y participación. Esta seguridad se preocupa por la forma en la que vive la gente y la vida de ellos y ellas con su entorno, la libertad con la cual se pueden generar diversas opciones, el acceso a los bienes necesarios para la vida, la distribución de las oportunidades, el trámite del conflicto y la construcción de la paz.
En resumen, la nueva seguridad que debe ser implementada, se relaciona con la salud y bienestar, es por ello por lo que se hace importante una seguridad que se entiende en relación con la vida y salud de los ecosistemas, una seguridad que es preventiva, no reactiva, ni coercitiva.
En este significado y sentido de seguridad, podemos ver con claridad, que uno de sus primeros elementos o componente es la alimentación, desde su producción soberana, como la producción sana de los alimentos, así como el tipo de alimentos que debemos consumir los seres vivos, en aras de consolidar una relación de armonía en el entorno. Ya lo han estudiado y demostrado los inmunólogos que una dieta alimenticia adecuada, balanceada y sana es la fuente primaria para fortalecer el sistema de defensas, además del respiratorio, digestivo y aunque no se crea, de las emociones. De ahí que, los llamados a fortalecer el campo y reorientar las formas de producción y el tipo de productos sean los más acertados para el momento político, es indiscutible necesitamos más tubérculos, hortalizas, especias… y menos, pero muchos menos, azúcar y bebidas azucaradas.
Bajo lo anteriormente mencionado, encontramos que una interacción equilibrada en el entorno, es el resultado de otra visión, conceptualización e integración de la salud, inmunología, seguridad y bienestar. En síntesis, urge una nueva apuesta en común, donde lo vivo sea lo realmente importante, donde el trabajo vivo tenga mayor valor que el trabajo muerto, sin lugar a dudas una política de-vida.
De la transformación que debe existir de lo individual a lo colectivo y de ahí a lo común de la comunidad, se podrá reconstruir el concepto y significado de la Política, debido a que, bajo la emergencia de las integraciones expuestas anteriormente, se podrán realizar los cambios necesarios que necesita urgentemente nuestra casa en común para seguir preservando la vida humana.
Esta nueva Política definirá nuevos valores y nuevas acciones, cambiando completamente su razón de ser; en primer lugar, se reemplazará el poder como su objeto de ser, para colocar la vida en común como su horizonte y fuente de producción. En segundo lugar, se les dará a los colectivos (barrios, veredas, asociaciones…) su potencia y capacidad decisoria, ya que el palpitar de esta Política se encuentra en las interacciones y serán estos colectivos los encargados, no sólo de su realización, sino de su necesaria transformación a lo comunitario.
Finalmente, la capacidad de acción ya no dependerá de la cohesión de un sector sobre el otro, sino de la capacidad conectora de los patrones de red que se construyan, de esta forma, lo común no emergerá de la adscripción identitaria, sino de compartir una diferencia complementaria, donde, como dice Esposito, no existe sujeto de derechos, si no sujeto de deberes.

mayo 01, 2020

Carta de cuarentena


Por: Karol Liseth Barrero
 Estudiante Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana
IDEAD –Universidad del Tolima
Apreciado extraño:

Hoy, desde lo más remoto de mi corazón he decidido escribirte unas líneas, sé que estos no son tiempos fáciles, todos estamos tratando de llevar nuestras cargas, a nuestra manera. Como humanidad huimos de un virus que, mientras nos mata, salva el planeta e irónicamente no resulta tan malo después de todo.  Ahora los pajaritos cantan libremente, las ballenas se muestran espléndidas ante la marea, la naturaleza reclama lo que es suyo.
Mientras tanto empezamos a conocernos a nosotros mismos. Extrañamos lo que hace unas semanas llamábamos rutina, pedíamos a gritos descanso de ella con la excusa de compartir en familia, esa misma familia que hoy, por el auge de las redes y el insomnio, en muchos casos ignoramos teniéndola al lado. Hemos descubierto que nuestro mayor temor es perder la vida y que mantener los abrazos ausentes se convirtió en el arma profunda de supervivencia, ante este recelo que, sin importar clase, raza o cultura, a todos inunda.
Hoy la vida con sus vueltas, casualidades o causalidades nos encierra. A ti en tu mundo y a mí, en el mío. Los días nos muestran frágiles y grises. Hoy extrañamos los detalles más simples que en su momento nos aturdían. Recuerdo que, en algún un momento nos burlábamos de los niños que con su manta huían a los monstruos de la noche, y ahora tuvimos que huir de la muerte y refugiarnos en casa, ella representa nuestra manta. ¿Acaso no somos hoy esos niños?
Con este gesto temerario que implica confinamiento total, estamos reviviendo lo más sincero y humano de cada uno. Hay quienes desatan sus monstruos internos y quienes los reprimen como de costumbre. Algunos aprovechan para sonreír y compartir en familia; otros, por su parte, comprenden que aquello que creían tener está lejos de ser una familia. Y así todos dibujamos y desdibujamos nuestros horizontes.
Las horas son eternas, las noticias dramáticas, los libros resultan ser nuestra única alternativa aventurera. Por ello querido extraño, te invito para que emprendas tu aventura y te des cuenta de que, en medio de este caos, leer reconforta la vida. Necesitamos hallarle sentido a este encierro, como si él fuera el suceso que nos dotará de sentido. Sentido por la vida, por el todo y por la nada.
Como diría Gabo: “Nadie debe conocer su sentido mientras no haya cumplido cien años”. Por eso ando en busca del mío, de mi existir y te invito a indagar el tuyo, porque sé que tú al igual aún no has recorrido esas diez décadas de vida.
Sin más ni menos, agradezco el tiempo que te has tomado para leerme, extraño. Y espero de verdad que tus días se llenen de color y alegrías, para que luego compartamos, no como extraños ya, sino como allegados o amigos. Un abrazo virtual desde la cercana distancia. Nos reencontraremos pronto.