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enero 22, 2020

UNIVERSIDAD DEL TOLIMA: CUATRO AÑOS DESPUÉS (I)


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
Docente Universidad del Tolima

Parece que hace mucho tiempo se vivió una crisis en el Alma Mater de los tolimenses. Eran tiempo de cierres, debates, derechos de peticiones, tutelas, demandas, marchas, arengas y huelgas. Tiempo de cesación de pagos a docentes de planta, catedráticos y trabajadores. Tiempos en los cuales se suspendieron todos los derechos sindicales. Tiempos de persecución y procesos disciplinarios. Tiempos de largos cierres del campus. Tiempos de sobrecontratación de personal, de fiestas y agasajos con dineros públicos. Tiempo de obras frustradas, elefantes blancos dignos del zoológico de lo público.
Parece un tiempo distante, pero en verdad es reciente. Transcurrían los años entre 2015-2016. El gobernador del Tolima, Delgado Peñón, amigo de la administración de turno de la UT (Herman Muñoz), terminó por pasarle una cuenta de cobro por 30 mil millones a la UT. Menos mal era “amigo”. El ciclo se cerró con un déficit que bordeaba los 24 mil millones.  
Fue un tiempo en que vimos el Ministerio de Educación Nacional afilar sus garras para intervenir la UT. Afortunadamente los estamentos se unieron y lo impidieron, aunque la apuesta de los directivos de entonces era la aplicación de la Ley 550. Hoy muchos de esos antiguos directivos se pasean por el campus y se dicen defensores de la Universidad Pública. Las máscaras también son cómplices del olvido.
Oscar Wilde solía decir que: “Si nunca se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido”, por eso quiero volver a recordar. Quiero volver a hablar. No solo los hechos de esos tiempos idos, los cuales muchos relegan por comodidad y complicidad, otros porque ya no están (muchos estudiantes graduados) y otros porque no estaban (estudiantes nuevos).
Quiero hablar de cómo la Universidad del Tolima cruzó el largo túnel de la crisis y hoy se asoma a la luz de nuevos retos. Quiero hablar de esos logros, de esas luchas, de esas apuestas, de los aciertos y los desaciertos, de lo que nos depara el presente, que ya sabe a futuro.
En estos cortos textos que difundiré periódicamente, haré el ejercicio de la memoria. Para inventariar el pasado reciente se necesita la palabra y a eso me dispongo. La Universidad del Tolima está hecha de crisis, desde su parto mismo, como lo recuerda la profesora Beatriz Jaime en su libro: Fragmentos de memoria. Luchas, tragedias y vidas que forjaron la Universidad del Tolima.
Ignorar el pasado es como viajar en una barca a la deriva. En tiempos cuando la información es artefacto de engaño, ocultar la verdad es una estrategia que moviliza la estupidez y el oportunismo. Debemos recordar, alertar la memoria para no caer en los engaños y poder dibujar una ruta para la Universidad del Tolima, que contenga el germen de las luchas pasadas, las luchas presentes y las luchas por venir.

noviembre 24, 2019

UNA HORDA DE SALVAJES… ESTÁ GOBERNANDO


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

El miedo es su estrategia. Llevan años pulimentándola. Uribe construyó su imperio a punto de miedo, se hizo experto en ello, con él, el miedo, llegó a su máxima expresión. Diseñó las Convivir para que unos jóvenes pobres, armados hasta los dientes, defendieran a sus patrones, finqueros que soñaban apoderarse de la hacienda Colombia, y lo consiguieron.
Con miedo les hicieron creer a muchos que el gran problema de Colombia eran las FARC, mientras ellos y sus amigos mataban, desplazaban y se apoderaban de las tierras a punta de motosierras y atrocidades.
Prometieron que ahora podían regresar a sus fincas de recreo y muchos le creyeron, la mayoría de ellos jamás en la vida habían ido a una, pero tenían miedo de que sus patrones no pudieran pasear los fines de semana en sus camperos, alardeando sus sombreros finos y sus esposas operadas.
Miedo usaron para negar el cierre exitoso de un proceso de paz, imperfecto como todo intento de buscar salidas por métodos distintos a las balas. Era mucho más fácil inculcar miedo, armar los corazones y convocar a la barbarie. Dijeron que el Castrochavismo se tomaría el país, que nuestros hijos se volvieran maricas y que Santos le entregaría el trono a Timochenko.
Por eso muchos salieron con miedo a las urnas, emputecidos, delirantes a defender los intereses de unos pocos. Le dijeron no a la paz mientras tanto ellos seguían saqueando el país mediante la mejor estrategia diseñada: la corrupción. Miedo y corrupción, el binomio que tiene desolado el país, la forma predilecta del gobierno de turno.
La manera más sencilla de crear miedo es generar angustia ante algo real o imaginario. Uribe y su séquito lo saben a la perfección. Los paramilitares crearon una leyenda de miedo real en los campos, la barbarie de su proceder está arraigada en los genes sociales. Similares estragos realizaron las distintas guerrillas, por eso somos producto de los miedos, no en vano el negocio de la religión es tan lucrativo en Colombia, un negocio basado en el miedo. ¿Y si el miedo es superado?
Cuando no hay salida el miedo pasa a un segundo plano. El ser humano puesto en situación de abismo pierde el miedo. Cuando no se tiene nada que perder el ropaje de miedo cae y surge la valentía. La conciencia es el motor que activa los genes de la transformación y disipa los miedos.
Por eso ya no es posible decirles a las mayorías la misma mentira, aunque no desistan en hacerlo. Pero hoy las mayorías no tienen la venda en sus ojos, han mirado más allá de los discursos añejos y se han ido a las calles a cumplirle un compromiso a la historia. Ahora los que tienen miedo son otros, ese puñado de privilegiados que se han repartido el país y sus riquezas, dando cabida al festín de la desigualdad.
Seguirán intentando cosechar miedo, por eso envían cadenas de WhatsApp alertando a los ciudadanos, miles de ellos pobres, sobre hordas de salvajes que vendrán a robarse sus empresas y muchos aún lo creen. Seguirán contratando vándalos e infiltrarán mercenarios para que siembren miedo en las ciudades, el mismo miedo que cosecharon con gran éxito en el campo.
Ahora la valentía y la esperanza debe convocarnos. No podemos claudicar ante los generadores de miedo, debemos actuar en responsabilidad con nuestros sueños, porque es verdad que allá afuera hay una horda de salvajes que lo devora todo, pero es la horda que hace muchos años viene gobernando.

junio 11, 2019

Soluciones mágicas a problemas reales: la mentira del statu quo


Por: Carlos Arturo Gamboa
Docente Universidad del Tolima

Cuando vi la noticia a la que hará referencia este breve artículo, pensé que, como diría Gabriel García Márquez, nos estaban mamando gallo de lo lindo. El lugar: Buenaventura, Colombia. La acción: monseñor Darío Jaramillo Montoya sobrevolará la ciudad en un helicóptero para rociar agua bendita y con ello devolvernos “… la tranquilidad que ha perdido la ciudad con tantos crímenes, hechos de corrupción con tanta maldad y narcotráfico que invaden nuestro puerto”. [i]
¡Cielos, por qué no se nos había ocurrido antes! La cura de todos los males, el brebaje sagrado, el agua mágica que ya habían narrado los hermanos Grimm en sus cuentos. Un potaje curativo contra la maldad del siglo XXI, traído desde los relatos fantásticos de la edad media, cuando los problemas se le dejaban a Dios, mientras el hombre sufría e imploraba perdón y veía a sus reyes y arzobispos morir de llenura y ebriedad.
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El helicóptero es un aparato construido en el siglo XX, cuyo pionero es el argentino Raúl Pateras (1920) con su idea de palas de rotación, pero se afirma que el primer vuelo real de este tipo de aeronaves se produjo solo hasta 1942. Claro está que Leonardo da Vinci ya lo había soñado hacia el año 1490.
Por su parte el agua bendita es una elaboración mística formulada por el papa San Alejandro VI en el año 106 de nuestra era, pero que ya existía en múltiples relatos propios de la tradición simbólica de las diversas culturas. El agua bendita que se instauró por la iglesia católica, es simple agua a la cual se tenía que agregar sal y bendecir mediante un rezo. Algo así como el agua de mar, esa que abunda en Buenaventura, pero que no es potable. Solo que ningún rezo hará que el puerto más grande de Colombia tenga agua saludable para sus cerca de 450.000 habitantes.
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Buenaventura está ubicada sobre el océano Pacífico y desde allí se mueve más del 50 % del comercio internacional del país, pero su territorio no ha sido beneficiado por el auge comercial. Azotada por cientos de problemas, siendo el narcotráfico el mayor de ellos, la población ve por su puerto pasar la riqueza, sin detenerse en sus plazas.
Ante la desidia gubernamental los bonaverenses han tenido que vivir en el oscurantismo. Ya son famosas mundialmente sus casas de pique, en donde hordas salvajes ajustician a sus enemigos. El paramilitarismo controla el puerto y cientos de bandas criminales imponen sus leyes en un territorio fragmentado y cubierto en su mayor parte de una miseria de tiempos antiguos.
La solución a estos problemas, según el prelado es rociar agua con sal sobre los 6000 kilómetros del puerto, agua bendecida por su mano sagrada (ojalá no pederasta) y con ello espantar el diablo que se ha apoderado de las almas de sus habitantes. Si no le funciona esto, le recomiendo al alcalde de Buenaventura que busque las siete esferas del dragón y pida un deseo.
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Problemas reales como la pobreza y la violencia, artefactos modernos como el helicóptero y discursos medievales como la religión y sus pócimas, hacen de este relato un digno argumento para una parodia. El problema es que mientras el statu quo sigue engañando con sus pócimas mágicas, la gente sufre, la gente muere…
Pueden usar ese y muchos otros helicópteros para llevar agua potable a la población y, si el monseñor del cuento lo permite, hasta logren usar sus enormes ahorros de miles de años de ofrendas y ayudar a curar la pobreza, la mamá de muchos de los males que aquejan la ciudad. Seguro que no lo harán, sale más barato y mediático rociar agua con sal.
No dejo de pensar entonces que mientras el desconocimiento sea la base con la crecen nuestros niños, el engaño será la forma predilecta de su dominación adulta.

abril 30, 2019

LOS ADORADORES DE LA GUERRA



Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universitario

El día martes treinta de abril empezó con la noticia de la gestación de un golpe de Estado en Venezuela. Miembros de las fuerzas armadas habían liberado a Leopoldo López y junto a Guaidó encabezaban un llamado al pueblo para que se agolpará y derrocará el gobierno de Nicolás Maduro. Las noticias se daban de esa manera en la mayoría de los medios oficiales colombianos.
Lo primero que pensé se resume en esta pregunta: ¿Qué dirían los medios colombianos si el ejército nuestro liberara un preso, se juntará a alguien de la oposición e invitara a los ciudadanos del país a marchar hacia la Casa de Nariño para derrocar a Iván Duque? Solo imaginen la magnitud del escándalo: “traidores”, “conspiradores”, “terroristas” y por qué no “sicarios”, le gritarían los medios oficiales. “Un atentado contra la democracia”, titularían los principales periódicos y las emisoras abrirían sus espacios con llantos y lamentos colectivos, juzgando a los golpistas de apátridas.
Es que los medios colombianos, y su amplia audiencia, ven de esa manera los problemas del vecino país (y de muchos otros lugares del planeta). Los medios porque hace tiempo (en su mayoría) perdieron la función social que algún día el periodismo les encomendó, y ahora solo son fortines dispuestos para un fin, hacer parte del poder. La audiencia porque en su mayoría es acrítica, cree firmemente lo que dicen esos medios, para muchos la verdad sale de ellos y solo se atreven a ratificar: “palabra de dios, te adoramos señor”.
Estaba sintiendo pena y angustia por estos aspectos cuando de repente un tuit del presidente ponía la vara un poco más alta en la medición de la ignominia, este decía: “Hacemos llamado a militares y al pueblo de #Venezuela para que se ubiquen del lado correcto de la historia, rechazando dictadura y usurpación de Maduro; uniéndose en búsqueda de libertad, democracia y reconstrucción institucional, en cabeza de @AsambleaVE y el Presidente @jguaido”.



No podía dar crédito a lo que leía. Verifiqué si se trataba de un falso perfil. No. Quizás era una falsa noticia, también abundan desde perfiles verdaderos. Tampoco. Era real, el presidente de Colombia estaba invitando a que el golpe de Estado en Venezuela tomara mayor vigor, a que los militares desobedecieran el mandato constitucional del pueblo hermano y, de paso, a que se gestara una guerra civil interna. De esa dimensión era su ignominia.
Luego pensé que a pesar de lo atroz de ese tuit nada nuevo había en ello. Duque, su amo Uribe y la mayoría de los seguidores de esta secta, son adoradores de la guerra. No contentos con emprender miles de triquiñuelas para hacer trizas el proceso de paz que puso fin a más de sesenta años de conflicto armado con las FARC, estos señores y señoras adoran las armas y lo que ellas provocan. Son fervientes fieles del golpe, de la bofetada, de la amenaza, de la tortura, de la vejación, del disparo certero, del desplazamiento… siempre y cuando sea contra el distinto, no contra ellos mismos. Si alguien toca uno de los suyos claman al cielo gritando “terrorista”, “sicario” y de paso activan toda su maquinaria de persecución y exterminio.
Me asusta la complicidad de los medios, quizás porque ingenuamente creo que es una de las profesiones que puede contribuir al equilibrio de poderes. No obstante, hace rato se corrompieron. Me aterran los ciegos seguidores de los “adoradores de la guerra”, porque no han entendido que si algo debe ser sagrado en este tiempo apocalíptico, debe ser la vida mía y la del otro, así el otro sea mi némesis. Pero hay tanta ignorancia campeando.
Le respondí el tuit al señor Duque, ese ser pueril que se sienta en la silla presidencial de un país condenado al odio por él, su mentor y sus seguidores: ¿No le es suficiente con atizar la guerra en Colombia y ahora le arroja gasolina a la guerra de un país hermano? No espero respuesta.
Deseo que Venezuela encuentre un camino, una salida a su tragedia interna, que en nada se parece a la tragedia mediática con la que los medios en Colombia venden pauta y se enriquecen. Ojalá Venezuela halle rápido esa paz que se le está embotando y no tenga que pasar, como Colombia, más de seis décadas gobernada por los adoradores de la guerra. Sería para ellos un porvenir atroz, como nuestro presente.

marzo 26, 2019

Nosotros los encargados de destruirnos a nosotros mismos


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Nada existe allá afuera que nos
 ayude a salvarnos de nosotros mismos.
Carl Sagan


Hay un mundo ahí debajo de nosotros. Está habitado por Nos-Otros, nuestras sombras. Se alimentan de lo que pueden, sobreviven como pueden, no están en capacidad de tomar ninguna decisión sobre sus vidas y van acumulando un odio descomunal por los de arriba. Su único anhelo es subir y cobrar venganza.
Los de arriba, los otros (nosotros), viven ignorando sus sombras. Compran, viajan, consumen sus días a la velocidad que el sistema les dice. Van de aquí a allá, acumulando bienes materiales, depredando el plantea e ignorando que hay otros, parte del Nos, que necesitan incluso lo que desechamos.
Las anteriores líneas componen un resumen del correlato de la última película de Jordan Peele titulada, así no más, “Nosotros”. No me detendré a analizar la historia (guión) que se plantea y se desarrolla teniendo como base una familia negra norteamericana, quienes han logrado alcanzar un nivel de vida cómodo e ignoran (excepto la madre) que hay un mundo allá abajo en donde las cosas no son tan placenteras.
La idea no es nueva, ya muchos relatos han construido su atmósfera con base en la imagen del doble, el doppelgangers o gemelo fantasmagórico. Lo que logra Jordan Peele es involucrar esa idea en la trama de un mundo pre-apocalíptico, al que curiosamente sitúa como inicio en la década de los ochenta.
La pobreza y el suburbio son el caldo de cultivo perfecto para que la desigualdad tome el mando. En la película los dobles son producto de la clonación y fueron abandonados a su destino por los humanos-dioses creadores de vida. La rebeldía futura de los de abajo se construirá con base en el odio que genera ser excluidos. El hombre jugó a ser Dios, creó unas criaturas que ahora saldrán para vengarse. Afirma Mullor al respecto:
 (…) unos tienen que sufrir para que otros puedan vivir cómodamente. Unos tienen que vivir en la sombra para que otros puedan disfrutar de la luz. ¿No es esa la definición perfecta del capitalismo? La revolución de los doppelgangers se siente como una lucha contra unos privilegios de los que han carecido siempre. Son parecidos a los humanos, pero no exactamente iguales. En esta ocasión, Peele va más allá del discurso racial y mete en el saco a todas las comunidades que hacen la vista gorda al sufrimiento ajeno -y a la memoria del sufrimiento histórico- sólo para vivir un poco más tranquilos. (2019)
El correlato de la película narra los días previos a la gran revolución. Los de abajo han decidido, organizados por una antigua humana que fue intercambiada, subir y tomar las riendas de un mundo que los ignoró. Igual que en Batman. El caballero de la noche asciende, desde los subterráneos de la ciudad moderna la furiosa masa de inconformes solo desea ver morir a sus victimarios. No hay tiempo para la piedad.
Un guante en sus manos derechas, unas tijeras y un vestido rojo identifica a la horda que asciende. Estos tres elementos constituyen un backup de símbolos de la rebeldía. La mano unificada que castiga, las tijeras con las que se cortará la historia de la inequidad y el vestido rojo, el cual no requiere mayores explicaciones. Es casi que la traslación de la hoz y el martillo sobre la flamante bandera roja.
Así, el mundo cómodo, con sus calles relucientes, sus vitrinas llenas, sus edificios deslumbrantes, sus yates y sus casas de veraneo, un día amanecen sometidas al riesgo de los diferentes, esa plaga que no habla nuestro idioma, no comprende nuestro modus vivendi y por eso amenaza destruirnos para ocupar este plácido lugar que hemos construido.
Como en el mundo real, la película no ofrece un final único y verdadero, deja al espectador mirando en lontananza esa larga fila de seres unidos en una cadena infra-humana, que se dirige en busca de algo que no aún no sabemos. Lo que si intuimos es que el final no será feliz, porque desde las cloacas las sombras han emergido para recobrar su lugar en el mundo.
Ellos son productos de nosotros, somos nosotros los principales enemigos de la especie, somos nosotros los encargados de destruirnos a nosotros mismos.
Referentes bibliográficos
MULLOR, Mireia. (2019). Guía para entender ‘nosotros’, la nueva película de terror de Jordan Peele. Disponible en: https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a26921100/nosotros-pelicula-jordan-peele-explicacion/
PEELE, Jordán. (2019). Nosotros. Universal Pictures International Spain: EE. UU.
SAGAN, Carl. (2015). Cosmos. Ediciones Gustavo Aguilera: España.
ZORRILA, Mikel. (2019). “Nosotros” es aún mejor que '”Déjame salir”': una gran película de terror donde sobresale Lupita Nyong’o. Disponible en: https://www.espinof.com/criticas/nosotros-mejor-que-dejame-salir-gran-pelicula-terror-donde-sobresale-lupita-nyong

diciembre 05, 2018

CARTA ABIERTA: CONTEXTO SOCIO ECONÓMICO DEL PROBLEMA DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS

A continuación reproducimos la carta del profesor y amigo Julio Sabogal Tamayo, quien le escribe al mundo desde la Universidad de Nariño.

Nos encontramos ante una antinomia, ante dos derechos encontrados, sancionados y acuñados ambos por la ley que rige el cambio de mercancías. Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza (K. Marx).  

Amigos universitarios:
En esta oportunidad, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el contexto general del mundo y, por lo tanto de Colombia, en el cual se encuentra el actual problema de desfinanciación de la educación superior pública.  La información que ha circulado hasta el momento de parte de los universitarios es verdadera, pero, en primer lugar, es básicamente cuantitativa y, en segundo lugar, no está inmersa en el ámbito neoliberal del mundo.  Por lo tanto, lo que voy a plantear a continuación puede ser de alguna utilidad.
 Después de Los treinta años gloriosos –nombre que suelen darle al crecimiento continuo que disfrutó la economía capitalista después de la Segunda Guerra Mundial, hasta la crisis de los años setenta– al regresar la crisis, como era de esperar, el capital empezó a sufrir la caída de la tasa de ganancia.  El capital –su personificación la burguesía– decidió tomarse aquellos sectores que hasta entonces no había explotado: la educación, la salud, las comunicaciones, etc., a fin de recuperar la tasa de ganancia.  Eso pudo hacerlo fácilmente porque el poder político, más que antes, estaba a su servicio. 
En la era neoliberal se acaba la dicotomía Estado-mercado, predicada por Keynes, y el Estado pasa a ser un sirviente del capital.  Piénsese en el gobierno de Pinochet, presidente de Chile, el primer país neoliberal del mundo, o en los gobiernos de Margaret Tatcher, primera ministra británica,  y Ronald Reagan presidente de Estados Unidos.  La Tatcher solía repetir: La sociedad no existe. Sólo existen hombres y mujeres individuales que compiten libremente en el mercado.  Esto lo había aprendido de su maestro, Friedrich Hayek, el padre del pensamiento neoliberal y, en general, de la economía ortodoxa que enseñan actualmente en todas las universidades del mundo.  El pensamiento crítico fue desterrado de los programas de Economía, desde la década de los años noventa.
A la apropiación de estos nuevos sectores por el capital es lo que el economista marxista David Harvey llama acumulación por desposeción; lo que se está apropiando el capital no es una nueva plusvalía creada en un proceso productivo sino un valor que ya existía y el gobierno se lo entrega a un precio inferior a su valor.
Esto fue lo que sucedió en Colombia desde el gobierno de Virgilio Barco y se intensificó con el gobierno de César Gaviria.  Algunas empresas fueron puestas en venta, como fue el caso de Telecom, pero una universidad pública no puede ser puesta en venta, sino que se privatiza en forma indirecta.  El mecanismo utilizado es la restricción del presupuesto para obligarla a salir parcialmente al mercado.  La universidad se ve obligada a vender posgrados, asesorías e investigaciones y a precarizar el salario de los docentes, a través de la contratación de profesores hora cátedra y OPS.  En el caso de Colombia, se puso en práctica la estrategia de privatización indirecta con la Ley 30 de 1992.  Téngase en cuenta que se acababa de aprobar una Constitución híbrida, medio neoliberal y medio democrática; no se olvide que los líderes de la Constituyente de 1991 eran unos de derecha dura y otros de derecha blanda.
El otro camino consiste en financiar la demanda y no la oferta.  El gobierno no entrega los recursos financieros a las universidades sino a los estudiantes, de esta manera logra que dineros públicos vayan a la universidad privada –es decir al capital– o pone a las familias pobres a pagar créditos a la banca.  Esto no es solo en nuestro país.  Veamos lo que sucede en Estados Unidos: En Harvard, según informa Emmanuel Jaffelin en Le Monde del 28 de mayo de 2012, las relaciones entre profesores y estudiantes parecen fundarse sustancialmente en una suerte de clientelismo: “Dado que paga muy cara la matrícula en Harvard, el estudiante no sólo espera de su profesor que sea docto, competente y eficaz: espera que sea sumiso, porque el clien­te siempre tiene razón”. En otros términos: las deudas con­traídas por los alumnos estadounidenses para financiar sus estudios, cercanas a los mil millardos de dólares, los obligan a ir “más a la búsqueda de ingresos que de saber”.[1]  Por eso aquellas teorías que enseñan a pensar van desapareciendo y su lugar es ocupado por disciplinas “practicas”.
Al negociar con el gobierno nacional no hay que olvidar que este no toma decisiones libres, porque forma parte de un entramado mundial –dirigido por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional– además de que esos funcionarios han interiorizado el pensamiento único neoliberal, hasta estar convencidos de que es la única verdad posible.
Aquí hay dos fuerzas enfrentadas, de un lado la búsqueda de plusvalía que es un derecho económico del sistema imperante, a cuyo servicio están los gobiernos, y, de otro, los universitarios que nos empeñamos en defender la educación como derecho.  Y, Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza.  La fuerza de los universitarios, en este momento, es la organización, la movilización y la solidaridad de la población independiente.
Pero no basta con la sola movilización, debemos fortalecernos con el arma del pensamiento crítico, este pensamiento hay que recuperarlo.  Si los estudiantes y los docentes no nos armamos de la teoría antineoliberal, nos puede pasar lo siguiente:
Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encon­traron por casualidad con un pez más viejo que nadaba en direc­ción contraria; el pez más viejo los saludó con la cabeza y les dijo: “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces jóve­nes siguieron nadando un trecho; por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: “¿Qué demonios es el agua?”[2]
Pasto, 30 de noviembre de 2018
Cordialmente,

Julián Sabogal Tamayo
Profesor Titular de Economía, Universidad de Nariño




[1] ORDINE, Nuccio (2013) La utilidad de lo inútil, Barcelona: Acantilado, pág. 79.
[2] Ibídem, pág. 29.

octubre 05, 2017

¿NUEVA CRISIS O DEJÁ VU?

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

De nuevo se agitan las aguas en las Universidades Públicas. La alarma fue activada por un viejo problema, que como un tumor convive con el Sistema de Educación Estatal desde inicios de los años noventa, la desfinanciación.
Lentamente las universidades públicas han ido deteriorándose. Física y académicamente. Mientras el sistema mundo, la sociedad y los gobiernos de turno le reclaman mayor impacto, más calidad, mayor cobertura y mejores indicadores, las universidades pasan afujías para cumplir con lo básico del día a día: el pago de sus nóminas administrativas, el salario de los docentes y una poca inversión en infraestructura e investigación.
Las transferencias cada vez son menores, de parte del gobierno central y de parte de los gobiernos locales en el caso de las universidades de corte regional. Por eso muchas andan en el rebusque, sin aumentar el costo el de matrículas, porque allí se forma la población menos favorecida, cerca de 600.000 colombianos.
Poco tiempo para pensar la academia tienen hoy los directivos académicos de las universidades, deben estar hurgando aquí o allá para obtener recursos. El Estado parece desatendido de esta complejidad problemática. ¿Ignora acaso la importancia de un saludable sistema educativo para la reconstrucción del país? Queremos ser un país de punta con una educación de retaguardia. Eso es imposible. Miremos el mundo y obtendremos evidencias.
Hemos sobrevivido durante décadas en un tira y afloje entre las comunidades universitarias y los gobiernos de turno para que asuman la responsabilidad de la educación con todos sus bemoles. Paros, marchas, ceses de actividades, cierres temporales, desmanes, atropellos, muertos, detenidos, desapariciones y mil acontecimientos más hacen parte del inventario de una lucha por sostener la educación de los más pobres. Jamás hemos recibido del Estado lo merecido, siempre hemos trabajado con las uñas. La educación en Colombia ha vivido 200 años de soledad.
Y si al problema de la desfinanciación de la universidad le sumamos los otros: la corrupción, la politiquería, la mercantilización, la desvalorización del saber, la primacía del capital sobre el conocimiento, la cosificación de la formación y muchos otros, llegaremos a la conclusión que la universidad apenas sobrevive y su condición es la crisis permanente.
Por eso hoy cuando nos convocamos de nuevo a defender la Universidad Pública, sentimos que esta crisis ya la hemos vivido. Esto es un dejá vu.

marzo 07, 2017

EL FRACASO DE LA POLÍTICA EN EL TOLIMA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

El Gobernador Conservador, Oscar Barreto, dice estar tranquilo, aunque le quedan siete (7) procesos en su contra. Todo un prontuario por resolver en los estrados. ¿Le seguirá favoreciendo el panorama político nacional?
Los liberales (en cabeza de Mauricio Jaramillo) estaban esperando el canazo de Barreto para celebrar, pero enmudecen ante la noticia de que Osorio, un liberal de pura cepa, queda en detención domiciliaria.
Un abogado, del círculo fraterno de los delincuentes con diplomas, Arciniegas, es condenado a 36 años por robarse (junto a otros pícaros aún no judicializados) los juegos nacionales y los escenarios deportivos de Ibagué.
Luis H, otro liberal desteñidito y tirando a azul, aliado con casi toda la clase política de la región (que ahora le da la espalda), sigue esperando el turno para ingresar a la celda.
El Polo Tolima (versión chiquita y exprimida), se agarra de las mechas entre sí para ubicarse en la próxima contienda electoral, su única apuesta de futuro.
El Centro Democrático en su tarea de siempre, inventando mentiras y escándalos para engañar incautos, como lo hace Milton Restrepo en Cajamarca, apoyando los devoradores de tierras de la Anglo Gold y llevando el santificado y virulento mensaje del senador Uribe.
El Moir, es decir, Robledo y los robledistas del Tolima, la república independiente de la izquierda, le dan la espalda a la paz y no le ofrece al país la posibilidad de superar la violencia, esa que tanto criticaron cuando hablaban de estar en contra de todas las formas de lucha, pero no de locha.
Jaramillo, el otro, Guillermo el alcalde, es interrogado por la Fiscalía ante un sonado caso de unas ya famosas escrituras. El menos enconchinado… por ahora, diría el tendero.
Muchos otros, encerrados en sus cafetines y oficinas haciendo “cálculos políticos” para caer en la senda del triunfo en las próximas elecciones. Ninguno pensando en que el Tolima se hunde como un barco viejo, oxidado y devorado por la desidia.
Y detrás de todos los antes nombrados una gran recua de aduladores, activistas, tutumeros, contratistas, leguleyos, periodistas y ciudadanos de a pie, mendigando presupuesto público y armando proyectos electoreros de urnas mentirosas que en nada cambiarán nuestra angustiosa realidad.

Con razón decía Louis Dumur que: “La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”.

enero 08, 2017

UN PARAÍSO EN CRISIS O LA TIRANÍA DE LOS PROBLEMAS

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Leer a Žižek siempre es una aventura, porque desde que formuló su propuesta de «visión de paralaje» nos ha ido a acostumbrando a abordar el mismo objeto desde otra óptica, un igual fenómeno desde otra mirada o a releer la historia para hallar en ella otras interpretaciones, incluso unas “aberrantes” como las clasificara alguna vez Umberto Eco. También en Žižek encontramos la proliferación de elementos de la cultura popular, de la sociedad de masas y un sinfín de anécdotas que se producen en un mundo cada vez más interconectado por los problemas globales, elementos muchas veces despreciados por la alta cultura que considera que el vulgo no produce, o reproduce, nada de valor conceptual para entender el mundo.
Son estos mismos elementos los que aparecen en el texto titulado Problemas en el paraíso. Del fin de la historia al fin del capitalismo, en donde nos invita a revisar varios temas que forman parte de lo que se considera el paquete de la crisis global que la humanidad enfrenta. De ese modo, nos encontramos analizando, junto al filósofo esloveno, el ascenso del populismo de derecha que el año 2016 marcó un hito con el advenimiento de Trump; el fenómeno del crecimiento desaforado y la construcción de un nuevo capitalismo en Corea del Sur y en China, lo cual más que fortalecer la idea de un mundo unificado nos enseña que en medio de ese paraíso deseado por el libre mercado, lo que hallamos es la más cruenta pesadilla de la especie humana que se enfrenta al espejo de su autodestrucción. Temas como un balance del fracaso de los movimientos de la Primavera Árabe, los Occupy Wall Street, el avance del anti-eurocentrismo, la crítica constante al papel de la izquierda en todo el mundo, la propuesta decolonial y muchos otros temas se sostienen en la tesis fundante que solo es posible un cambio en el sistema, si el cambio es radical porque: “Pueda que esto suene utópico, pero la verdadera utopía es la idea de que podemos sobrevivir con pequeños cambios cosméticos” (2016, p. 44).
Ante la tormenta de sucesos que no dan tiempo siquiera para ser interpretados, porque se superponen a nuevos hechos, el mundo pareciera estar llegando a un momento de alto pragmatismo y cinismo político, cubriéndose de un velo democrático que se ampara en la falsedad de lo que elige, como se pudo constatar en la elección de Trump o en la derrota del plebiscito de la paz en Colombia; quizás como lo expone Žižek se deba a que: “(…) la mayoría de la gente no está cualificada para decidir: lo único que quiere es mantener sus privilegios intactos, sin darse cuenta de las consecuencias catastróficas que se producirían si sus exigencias se cumplieran” (p. 50), en concordancia exclama de nuevo el autor: “No basta con liberarse del tirano; la sociedad que dio origen al tirano debe transformarse por completo”. (p. 125)
Un constante reclamo que Žižek hace, no solo en este libro sino en casi toda su obra, es acerca del papel de la izquierda, si es que aún es posible agrupar ideas y personas alrededor de este adjetivo. Por el planeta entero deambulan-mos seres aferrados a movimientos y/o consignas que parecen revolucionarias, pero que, según el esloveno, lo que hacen es enmascarar la impotencia de hacer una revolución de verdad, es decir, son revolucionarios sin revolución: ecologistas, defensores de los animales, vegetarianos, feministas y demás islas ideológicas que buscan cambiar el mundo dejando intacto el sistema. Frente a esta postura uno puede estar en desacuerdo con Žižek, aunque sus sólidos argumentos son también una invitación a revisar los derroteros que guían el quehacer político de los movimientos que se hacen llamar “alternativos”, que a la luz de los hechos se convierten en parte del sistema y avalan el cinismo de la democracia actual que domina el planeta, por eso la pregunta a resolver es la siguiente: “¿Cómo podemos pasar, entonces, del globalismo de las mercancías a un globalismo político más radical?” (p. 188).
Así, entre análisis de películas, anécdotas, citas eruditas clásicas, alusiones a discursos de la cultura de masas y referentes filosóficos de la cultura popular y de la tradición letrada, Žižek nos regala de nuevo una sonata para intentar entender un tiempo caótico que se cierne a una velocidad descomunal sobre nuestro presente. El reto siempre sigue siendo el mismo pero con otro contenido debido a que “Hoy el comunismo no es el nombre de una solución, sino el nombre de un problema, el problema del bien común en todas sus dimensiones: el bien común de la naturaleza como sustancia de nuestras vidas, el problema del bien común de nuestra biogenética, el problema de nuestros bienes comunes culturales («La propiedad intelectual»), y por último, pero no menos importante, el bien común como espacio universal de la humanidad del que nadie debería ser excluido” (p. 250).
Ojalá nos quede tiempo para ahondar en su lectura y en el debate de sus propuestas. Hoy más que nunca la izquierda, y sobre todo la colombiana, debe hacer un alto en su máquina repetitiva de los viejos manuales y detenerse a interpretar los actuales signos de la historia presente, ya no basta con seguir aferrados a los postulados pensados para otros tiempos, postulados que muchos ni leyeron de sus fuentes primigenias y menos confrontaron con las realidades de los contextos. Hoy más que nunca debemos entender los problemas que derriten esos paraísos que buscamos afanosamente, nosotros que siempre anduvimos errantes, expulsados de un lugar que deseamos pero que quizás solo es otro infierno disfrazado de democracia, globalización, libre mercado y capitalismo.

Posdata: Un caluroso saludo de año nuevo a todos los lectores de este blog.

octubre 31, 2016

TRANSCURRIR UT (Octubre 31- 2016)

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente UT
1.
Celebramos que las brujas siguen vivas sin entender por qué querían quemarlas. Olvidamos que la iglesia condenó sus cuerpos a la hoguera porque se salieron de la horma de su doctrina. Y en la Universidad del Tolima la edad media sigue vigente, con todo y dogmas, con todo y oscurantismo, no parece una academia, parece un monasterio. Lo que alumbra, que debe ser el conocimiento, se apaga tristemente ante el embate continuo de los monjes del poder.
2.
Hablar de Universidad del Tolima y crisis parece un pleonasmo. Pero hay que entender que no se derrota una tradición de clientelismo y corrupción con solo buenas voluntades. La pelea es larga, el compromiso debe ser cotidiano y las voluntades férreas. Quienes de verdad deseamos “otra universidad”, peleamos y nos aferramos a la idea de que es posible. Muchos pelean por ser parte del grupo de poder que gobierna, otros pelean por un lugar en el organigrama, otros pelean porque se sienten huérfanos de poder, pero el verdadero sentido debe estar ubicado en la necesidad de hacer de la Universidad del Tolima un centro del saber, a la altura del tiempo y sus retos.
3.
Mientras giren a las cuentas bancarias de los empleados y docentes, las aguas siguen quietas. Los rumores van y vienen, pero para la mayoría la palabra crisis tiene una relación semántica directa con nómina. Muchos se tranzan con monedas o usan sus disfraces para obtener los dulces que siempre reparte, en sus primeros días, el poder de turno. No hay peor escenario para una institución pública que saberse prisionera de una tradición mediocre y mezquina que considera que todo es “comprable”. Mantener las vestiduras limpias es la mejor carta de presentación de quien reclama coherencia, y por el campus caminan muchos “luchadores” impregnados del tufo del poder de esta administración de Omar Mejía, de la Herman Muñoz, la de Villarraga y hasta la de Rivera Bulla, el pasado está ahí para recordarlo. Muchos gritan, no por un proyecto de universidad digno, sino porque perdieron esos privilegios que otorga la universidad del amiguismo, el clientelismo, el nepotismo y otros ismos, practicado siempre por los mismos: Por este gobernador y el anterior, la diferencia es el color, no el proceder.
4.
La Universidad del Tolima no debe estar habitada por ángeles, sino por humanos éticos, no queremos disfraces con alas blancas cubriendo cuerpos demoniacos. No nos llamemos a engaños, muchos quienes hoy ven el desastre, la hecatombe y otros males (que son reales), hace dos meses veían solo tranquilos paraísos, es que el opio de los contratos, las prebendas, los amiguismo y las repartijas, crean visiones pertinentes y obligan a la lengua a callar.
5.
Quienes deseamos otra universidad estaremos siempre dispuestos a su construcción, desde nuestros discursos y desde nuestras acciones. Se pelea también dando ejemplo. Ahí nos encontramos, con honestidad y desprendimiento por salvaguardar lo público, ese último bastión de lo que quizás podemos defender como común, pero que hace rato está en manos de las élites y sus apetitos. Pero dejen de usar mascaritas de Halloween, desnuden sus intereses, no intenten santificar demonios burocráticos con el cuento de que el pasado fue mejor. La UT aún tiene posibilidades de ser una institución pública ejemplar, pero eso no se construye de la noche a la mañana, la pelea es larga, de frente y con honestidad. Si no es así, usted no busca salvar la universidad, busca es salvarse, aferrarse a su puestico, conservar el de su pariente o continuar con sus gabelas. Entonces mejor siga con su mascarita, alguien siempre te ofrecerá un dulce si cantas lo que se te pide cantar.

septiembre 23, 2016

LA CULTURA EN LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA: OTRA HUÉRFANA MÁS

Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD
I
Las diversas expresiones culturales que se generen al interior de una comunidad reflejan la madurez de la sociedad. La eliminación de las mismas demuestra el camino a hacia los totalitarismos. Cuando el arte es acallado, el mundo ensombrece. ¿Quién quería suprimir el arte en tiempos de crisis? Los idiotas.
II
Freud alguna vez expresó que: "La función del arte en la sociedad es edificar, reconstruirnos cuando estamos en peligro de derrumbe". En la Universidad del Tolima parece que no han leído a Freud, ni esta administración, ni las anteriores. Las expresiones culturales han sobrevivido a la intemperie, sorteando el agua y el sol de las vicisitudes, cosa contraria a la burocracia que ha sido resguardada pulcramente por los señores del poder. Por eso hay más burócratas que artistas, aunque la sociedad necesita más a los últimos.
III
Expresiones como las revistas literarias, las revistas políticas, las publicaciones críticas, los talleres de escritura, los cine-foros, los ciclos de cine alternativo, las expresiones musicales de contracultura, los artistas plásticos, los poetas, la danza contemporánea, los talleres de pintura, el teatro, los zancos, los títeres y muchas expresiones más, han sido siempre relegadas al cuarto oscuro del olvido en la Universidad del Tolima. No es sino recordar las luchas por mantener viva la revista El Salmón, quizás la expresión crítica que más se ha intentado acallar en la UT, en la que han sido portada los más “idiotas” del poder (y seguirán siendo algunos, porque la lista es larga).
 IV
Tiempo crisis ¿qué hacer? Casi todos corren donde sus padrinos politiqueros a pedir protección de sus pequeñas baldosas. La cultura no tiene a dónde ir. Primero porque no debe correr a suplicar. Segundo porque los artistas no pueden ser emuladores de los males sociales. Entonces los proyectos culturales quedan a la deriva y son arrasados por los tsunamis que recortan sueños.
V
De esos males padece la Universidad del Tolima hace muchos años. Hablaré de algunos nombres, para evitar que el olvido nos carcoma: La administración de Ramón Rivera intentó bloquear muchas veces la revista El Salmón. En el IDEAD, por esa época, cerraron revistas como La Tertulia Circular y Universidad Abierta, el argumento era que no había recursos. Cuando Rivera por fin salió y Héctor Villarraga fue encargado por nueves meses, se hizo una reforma laboral y los únicos funcionarios no promovidos ni estabilizados laboralmente fueron los del Centro Cultural, incluso muchos que llevaban años aportándole a la construcción cultural de la UT. Eso sí, cada vez que hay que mostrar “resultados”, todos deben salir a escena y “hacer quedar bien la cultura en la UT”. Con la anterior administración de Herman Muñoz se intentó incluso hasta indexar la revista Aquelarre, lo cual era casi similar a solicitar que la dirigiera Ordoñez. Nada cambió, los talleristas siguieron siendo contratados por tres o cuatro meses, sin estabilidad laboral, las tensiones siguieron y los proyectos se financiaban de acuerdo con el estado de ánimo de los Vicerrectores de Desarrollo Humano y de las temperamentales disparadas del Director del Centro Cultural. Pocos dijeron algo, quizás creyeron que estas migajas eran eternas, pero hasta las migajas nos las pueden arrebatar.
VI
Ahora resulta que la “nueva” administración de Omar Mejía decide, en vez de recuperar la cultura, continuar acabando lo poco que queda. ¿Y El festival de teatro? Ya no se puede hacer. ¿Y el festival de danza contemporánea? Ya no se puede hacer. ¿La revista El Salmón? No se puede imprimir. ¿La revista Candilejas? No se podrá financiar. ¿La Revista Aquelarre? No tiene editor y quizás no se imprimirá. ¿Los talleres de apreciación cinematográfica? No tendrá quien los dirija. Argumentos: No hay plata, pero la contratación de burocracia no cesa.
VII

Acá no ha cambiado mucho, seguimos en la tradición de subvalorar lo importante que debe hacerse en una Universidad Pública, y los proyectos culturales son fundamentales en tiempo en que soñamos reconstruir el tejido social. No podemos resignarnos, seguiremos luchando desde los bordes, claro está que si no han leído Freud, mucho menos sabrán que André Malraux sentenció: “La cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida”.

julio 09, 2016

CON HAMBRE Y SED DE JUSTICIA UNIVERSITARIA

Por: Carlos Arturo Gamboa
Quizás el hambre sea lo más humano que exista, porque recuerda nuestra finitud.  Nos permite reafirmar nuestro parentezco natural, nuestro origen animal. Nos aproxima a los seres que agonizan y nos aleja de la prepotencia de los dioses.  Dejar de comer es aceptar tajantemente que somos iguales a una oruga, un camello o una salamandra. Un día no estaremos aquí, seremos alimento de lo que antes devoramos.
Por eso la huelga de hambre es quizás el mayor signo de desprendimiento de un sujeto, es la muestra de su compromiso consigo mismo y con lo “otro”.
Cuando decidí declararme en huelga de hambre no me sumé a un acto desesperado, lo hice convencido de las ideas que defiendo, en este caso decantadas en la Universidad del Tolima, un lugar físico, pero también una idea, en donde convergen muchas de las convicciones que me han formado.
Durante estas 64 horas que llevó en esta protesta pacífica, he recibido bastante aliento de amigos, conocidos y parientes, pero también muchas preguntas; entre estas últimas la más repetitiva ha sido: ¿vale la pena este sacrificio? He pensado en ella y este texto es el resultado de dichas divagaciones.
El mundo actual, en el cual crecí, nos ha enseñado que lo más importante es el individuo, sus cosas y su bienestar, los demás poco importa; los otros, acaso, son un punto de referencia, no una acción. Poner en riesgo el Yo parece una locura para un mundo en donde el Yo es el amo. La individualización a la que nos condujo el sistema se refleja en casi todo: las formas en que nos dicen que debemos educar (competencias), las formas en que debemos vivir (producir) y las formas en que debemos amar (reproducir).
Estamos en el tiempo de lo individual, es decir, la negación de lo colectivo. Estamos en el tiempos egoístas, es decir, la negación de lo común.
Hoy, asumir un discurso que defienda la ética, lo público y lo común de una Institución como la Universidad del Tolima, parece estar fuera de tiempo; pero, a mi modo de ver, es reafirmar lo colectivo, es una apuesta por un espacio y una idea, la de las posibilidades del saber, la de un lugar para todos con los riesgos que implica estar todos juntos.
No tengo ninguna duda, la Universidad del Tolima es apenas un nombre que puede ser dotado de significado por quien lo pronuncia, y para mi, y creo que para quienes están conmigo en esta huelga, es el espacio de los sueños de nosotros y los otros.
En tal sentido, dejar de comer, asumir el riesgo de deteriorarnos hasta llegar al estado primigenio de la evolución, es la negación total de todo egoísmo y la posibilidad de rescatar lo colectivo.
Por eso, mientras los minutos pasan la ideas por las cuales me declaré en huelga de hambre se reafirman, mientras aumenta mi hambre y mi sed, pero de justicia universitaria.
Teatrino Parque Ducuara
Universidad del Tolima
Julio 9 de 2016. 6:00 am.

mayo 23, 2016

ENTREVISTA A LOS POLLOS DE LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Después de muchos años intentando averiguar, en vano, ¿por qué el pollo cruzó la carretera?, hemos decidido preguntarle a los pollos de la Universidad del Tolima, ¿cuáles son los motivos de la crisis por la que atraviesa el Alma Máter de los tolimenes? Acá están algunas de las respuestas:

Un pollo rector: Aquí no hay crisis y tampoco hay flujo de caja

Un pollo despistado: ¿De cuál universidad me habla?

Un pollo pensionado: ¿Acaso con mi pensión no se redujeron los gastos?

Un pollo del IDEAD: Hace mucho que no voy la UT, fui solo a matricularme y recibo clases en la escuela donde hice la primaria

Un pollo marxista-leninista línea Pekín: La Universidad del Tolima no está en crisis, están en crisis ustedes, por eso deben ser reeducados

Un pollo neo-religioso: Dios nos libre de caer en manos de ese satanás del Gobernador.

Un pollo ultra-optimista: Frescos, la crisis es la madre de todas las soluciones

Un pollo anarko: La única crisis que brilla, es la que arde

Un pollo matemático: La crisis se puede expresar en la siguiente ecuación: X.2X+Y=0 pesos en las cuentas

Un pollo asado: Yo no sé nada de crisis, llevo mucho tiempo dando vueltas y estoy chamuscado

Un pollo amigo del rector: La crisis no existía hasta que ASPU la destapó, por eso la crisis es culpa de ASPU

Un pollo ecologista ciego: La crisis es global y estamos ante el fin de la civilización, lo de la UT es secundario

Un pollo activista del marxismo cósmico: La crisis de la UT es culpa del sistema neoliberal interplanetario

Un pollo re-loco: La crisis es culpa de todos ustedes porque no hacen lo que yo les digo, loquitos

Un pollo seudo-solidario: La crisis es culpa de todos y si la culpa es de todos, no es de nadie

Un pollo aficionado: La crisis ya la superó Perkeman con los triunfos de la selección Colombia

Un pollo shakesperiano: Crisis o no crisis, he ahí el dilema

Un pollo nietzscheano: ¿Dos mil años y ni una crisis nueva?

Un pollo darwiniano: La crisis es el resultado de la selección natural de los ineptos que han logrado evolucionar hasta obtener la crisis perfecta que tenemos hoy

Un pollo maquiavélico: El fin de la crisis justifica los medios, para perpetuarla

Un pollo neoliberal: Les dije que la universidad debía ser liquidada, eso no da punto de equilibrio, y lo que no es rentable, no sirve

Un pollo fumao: ¿Crisis parce? Crisis la que me va dar más rato cuando se acerque el bajón

Un pollo del MEN: Tranquilos, ser pillo paga

Un pollo neo-pedagogo: Eso es culpa del modelo pedagógico de la UT que no ha incorporado el uso de las TIC.

Un pollo heracliteano: Nadie se sumerge dos veces en la misma crisis, excepto el rector

Un pollo hegeliano: La crisis es producto de una relación dialéctica entre el rector y la crisis

Un pollo freudiano: Si te preocupa mucho la crisis se debe a una carencia sexual

Un pollo ex vicerrector: La crisis es una invención de los sobrios.
                  – ¿Entonces pio? –
                  Pia, que yo pago