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julio 28, 2026

EL GAÑÁN

 


Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Escritor colombiano

 

Cuento corto e incorrecto, inspirado en cierto personaje que sube videos en calzoncillos mientras lanza billetes al aire para bañarse en popularidad y mal gusto.

 

En el barrio donde vive mi madre habita un gañán, de los clásicos. Ha estado preso varias veces por hurto, lesiones personales y microtráfico.

Debe tener cerca de 50 años y, como suelen decir los ancianos, "aún no sienta cabeza". Lo distingo desde la época de mi juventud, cuando su ímpetu desbocado lideraba la patota de energúmenos del sector que se aglomeraban en una temida pandilla llamada "Los Pelechos".

"El Piojo", como le han llamado desde siempre, vive con su madre, una adorable anciana que sobrevive con los subsidios del Estado y alguna que otra moneda que una hija que migró a México le envía sacramente.

Hoy, cuando pasé a visitar a mi madre, "El Piojo" se acercó y me pidió un cigarrillo. Le dije que hace años dejé de fumar. Entonces me pidió la liga. Busqué en mi cartera y le pasé cinco mil pesos, más por miedo que por caridad.

—Gracias, profe —me dijo—, usted es un bacán.

Antes de irse, me sorprendió con una pregunta que nunca esperé de este gañán curtido en el arte de la vagancia:

- Profe, ¿no sabe de algún trabajito para mí?

— No, nada, mi viejo —le respondí ipso facto, sin abrir más espacio a inútiles explicaciones.

Entonces, sin decir más nada, se fue rumbo a la tienda de la esquina, batiendo al aire el billete de cinco mil.

Mientras tocaba en la puerta de la casa de mi madre, pensé: “Debí decirle que enviara la hoja de vida al nuevo gobierno; con ese prontuario que tiene, de seguro algo de altura le consiguen”.

noviembre 12, 2025

Sede sur de la Universidad del Tolima: tradición y nuevos retos

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

"Hace años se venía gestando un sueño, el de abrir la Universidad del Tolima a las regiones", dijo alguien en medios a propósito de la noticia de la reactivación del plan de apertura de la sede sur. La grata noticia engalana el cumpleaños número ochenta de la Universidad del Tolima.

No obstante, toca recordar que hace más de 40 años la Universidad del Tolima tiene ascendencia en varias de nuestras regiones. Especialmente a través del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD), cuya presencia ha sido histórica en casi todos los municipios del departamento del Tolima, y muchos más de Colombia.

Siendo así, la apertura de la licitación para la construcción de la sede sur de la Universidad del Tolima se instala en una tradición que desde los años setenta, con el plan de extramuros, se ha interiorizado en el ADN del principal claustro académico de educación superior del Tolima: ir a las regiones con propuestas de formación superior. No más basta recordar que el actual plan de gestión del Instituto se titula “IDEAD en los territorios”.

Por citar algunas de las zonas de impacto de esta nueva apuesta, hay que recordar que en Chaparral (1987), Rioblanco (1989) y Planadas (1995) se han ofertado programas de formación superior hace más de tres décadas, lo cual es tierra abonada para esta nueva fase en la que no solamente se podrán llevar programas en la modalidad a distancia, virtuales u oferta de Educación Continuada, como lo ha venido haciendo el IDEAD, sino que además se podrán aperturar programas bajo la modalidad presencial. En esto último es donde está el gran avance de tener una sede propia en el sur (Chaparral), así como se proyecta una sede en el norte (Marquita).

Esta nueva ruta de impacto beneficiará en gran medida la cobertura de educación superior en el Tolima y debe marcar un hito en la transformación de las prácticas de una universidad regional que hace rato dejó de serlo y que, por su presencia en el país, presenta las condiciones e impactos de un claustro del orden nacional. De seguro a esta nueva sede llegarán estudiantes de muchas otras regiones, como ocurre actualmente en los programas ofertados en la sede presencial de Ibagué, porque en este momento la educación y sus múltiples modalidades han borrado las fronteras territoriales y, paradójicamente, es cuando más debemos hacer presencia en las regiones.

Aspectos como la gestión docente y administrativa agrupadas en el campus de Santa Helena o los programas de investigación localizados deberán ser replanteados, rompiendo la lógica centralizada en la ciudad capital, lo cual hasta ahora ha primado en la visión directiva de privilegiar el centro sobre las periferias. Es necesario replantear esa visión para avanzar en la consolidación de un Alma Mater que en su totalidad hable, construya y piense desde las regiones, papel que le había sido delegado, a regañadientes y muchas veces sin los soportes adecuados, al Instituto de Educación a Distancia.

Si tanto la sede sur como la sede norte se consolidan en el corto plazo, deben acompañarse de nuevos programas, enfocados en las líneas de desarrollo de futuro, con formación tecnológica y posgradual de alto impacto. Ampliar el eje de acción implica ensanchar la visión institucional. Vienen muchos desafíos, retos que necesariamente deben oxigenar la octogenaria universidad que se ha visto beneficiada por los impactos de las políticas educativas del gobierno nacional actual y las exigencias de un tiempo cambiante.

Será bebiendo de la tradición y evaluando el presente que las nuevas sedes de la Universidad del Tolima consolidarán el futuro de un Tolima más abierto y presto a la formación superior. Esto se hará con programas pertinentes, calidad en contexto y escenarios de equidad para la construcción del conocimiento y la recuperación de los saberes de nuestros territorios, que deben coadyuvar a la solución de sus múltiples problemáticas.

septiembre 24, 2024

¡MISERABLES!

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

Afiliado ASPU – Tolima

 

Puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo.

Abraham Lincoln


No encontré otra forma de titular esta columna, esa fue la palabra que retumbó varias veces en mi cabeza después de leer y releer la Carta de Renuncia motivada, irrevocable e inmediata que presenta (y hace pública el 19 de septiembre) Saray Moreno, hasta entonces secretaria de la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (ASPU) de la Universidad del Tolima. En esas once (11) páginas se comprimen todo el dolor, la angustia y el desamparo a la que fue sometida esta joven mujer, cabeza de familia y madre soltera. 

 Conocí a Saray Moreno como estudiante del programa de Comunicación Social-Periodismo de la UT, fui testigo de su talento para la escritura y la música, en especial para el canto. Siempre se mostró proclive y sensible ante las causas sociales y ante la infamia social de la cual sería presa en carne propia. Después de muchos avatares que la obligaron a retornar a su querida Santa Isabel, regresó a Ibagué y obtuvo un empleo como Secretaria Administrativa de la Asociación Sindical. ¿Qué mejor lugar podría tener para curarse de las heridas machistas y continuar la forja de sus sueños?, podría uno pensar.

 Un sindicato de profesores universitarios debe ser un espacio en cuyo seno reposan altos valores para la defensa de la dignidad humana, valores que se derrumban de un sólo golpe al leer los improperios, vejámenes y argucias a la que fue sometida por una Junta Directiva indolente. Porque toca aclarar de entrada, se trata de una acción ejecutada (según las evidencias que aporta Saray) en gran medida por la presidenta actual, la profesora Clara Pradilla; pero con anuencia cómplice de los demás integrantes. No se trata acciones propias de los y las afiliados quienes desconocíamos de fondo estos atroces hechos, aunque en el ambiente rondaban sospechas que fueron rápidamente “desmentidas” por diferentes miembros de la Junta en Asambleas y conversaciones propias del chat de afiliados. Insisto: La complicidad o silencio cómplice de la Junta queda al descubierto cuando uno escudriña las múltiples pruebas aportadas por Saray en un archivo que hizo público en su cuenta X (Twitter). Pruebas que dan muestra de la felonía a la que estaba siendo sometida.

 No puedo dejar de imaginar la mano temblorosa de Saray escribiendo cada una de aquellas palabras, porque ellas evocan momentos de angustia, de zozobra, de ignominia vividos durante casi dos años. Creo que en este caso la infamia subió un escalón más. Saray denuncia acoso laboral, maltrato psicológico, amenaza de despido, acusaciones de traición, entre algunas otras que un lector juicioso, y con más conocimientos jurídicos que yo, podrá recabar.

 Hace unos de días la presidenta de la Junta Directiva de ASPU, Clara Pradilla, a propósito de los recientes hechos de violencia y agresión dentro del campus universitario, escribió esto en el chat de afiliados:


Hola grupo. Como presidente de esta asociación sindical rechazo enfáticamente la violencia física, simbólica, al patrimonio público, la mediática y la laboral. Ellas no contribuyen a la construcción de un diálogo constructivo ni a la resolución de conflictos en comunidad.

Un abrazo fraterno.


Hoy uno puede erigir estas líneas como monumento a la doble moral, pues de la lectura de los cientos de líneas que Saray nos entrega, es la profesora Pradilla la mayor responsable de los hechos denunciados. También, como afiliado y defensor del sindicalismo, expreso un dolor inevitable por las acciones que enlodan a ASPU-Tolima, un Sindicato con alta trayectoria en la defensa de la Universidad Pública, siempre respetuoso de la dignidad humana, incluso en los momentos de mayor crisis. Hoy su nombre también ha sido mancillado.

 Llamo a todos los conocidos y conocidas de Saray Moreno a construir un cinturón de solidaridad con ella y su hija; a la comunidad universitaria a blindar su ejercicio de denuncia; a la Universidad del Tolima, mediante sus órganos pertinentes a acoger a Saray Moreno y brindarle la protección, la asesoría y los apoyos necesarios para que su valentía sea ejemplo de que ya las cosas no son cómo antes, que una nueva cultura está en construcción y en ella no debe existir espacio para el acoso, el ultraje y la infamia.

 A los afiliados de ASPU – Tolima los convoco a llamar a cuentas a esta Junta Directiva, ellos deben renunciar, han traicionado los principios básicos del sindicalismo y del espíritu universitario.A los integrantes de ASPU Nacional, de quienes se colige por las pruebas que aporta Saray, conocían de este caso, deben actuar inmediatamente, el buen nombre de este gran colectivo nacional está en la picota pública. 

 A los perpetradores y cómplices de este terrible episodio sólo les puedo decir: ¡Miserables, mil veces miserables!

 Posdata 1:

Escribe Saray en uno de los apartes de su carta:


El 7 de junio del presente año, publiqué en mi red social privada de Facebook el siguiente mensaje: “Yo debo ser la única administrativa trabajando en estos momentos en la Universidad del Tolima porque mi empleador no me permite asistir a la Marcha Carnaval”. Este comentario fue capturado mediante un pantallazo y compartido por uno de los afiliados del sindicato en el grupo de WhatsApp de afiliados (Ver Anexo 12). La publicación generó malestar entre varios miembros del sindicato, especialmente en la profesora Clara Lucía Pradilla Torres, quien posteriormente envió un correo a ASPU Nacional solicitando la suspensión de mi contrato, alegando que la Junta Directiva había decidido no recomendar mi continuidad laboral. Además, se me acusó falsamente de compartir información confidencial de la junta directiva con personas externas, una afirmación que carece de cualquier fundamento o prueba…

 

Ese afiliado del cual habla Saray fui yo, Carlos Arturo Gamboa, quién con pantallazos de la publicación pedí explicaciones a la Junta. A cambio obtuve descalificaciones y señalamientos. El mismo Fiscal, profesor Alexander Rivillas escribió esto ese día:


Si tiene pruebas de acoso laborales en el sindicato debe exponerlas de inmediato, o deberá retractarse profesor. Acabo de mencionar que en mi calidad de fiscal de asputol revisaré los hechos, espero que usted tenga otros como pruebas. Pronto daré un informe.  

 

En ese mismo sentido, el profesore Ever Edrey, miembro de la Junta, acotó:


Doy fe de que se ha dado buen trato a todas las personas vinculadas desde ASPU Nacional como es el caso de la secretaria…

 

Con esos enunciados “concluyeron” que los pantallazos que yo envié no se correspondían con la verdad y que se constituían en una calumnia. Horas después la Junta Directiva emitió un comunicado en mi contra en donde calificaban mi actuar de tendencioso sólo por solicitar aclaración, aclaración que también pidieron otros afiliados. ¿Con estas irrefutables evidencias el profesor Ever Edrey seguirá dando fe de que esta ignominia no ocurrió? Casi cuatro (4) meses después el Fiscal sigue guardando silencio. Al parecer aún no ha visto nada, o se ha hecho el ciego, o la política del odio que ahora determina sus acciones lo han convertido en alguien que sólo ve la paja en el ojo ajeno e ignora la viga en su propio ojo. Mal que, al parecer, padecen todos los miembros de la Junta actual, todos ellos y ellas, profesores universitarios.

Posdata 2: Ver anexos en los links y las imágenes que aporto.

Posdata 3.¿Por qué tanto silencio? ¿Miedo, complicidad o cálculo político ? ¿Y los medios?






junio 04, 2024

DESPEDIDA

 




Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

La gente buena no se entierra

Se siembra

Pedro Capó


Es la ley inevitable de la vida, todos debemos detenernos un instante y hacernos ausencia. Esta vez le tocó a Gabriel Arturo Castro, un ser cuya grandeza en vida labrará una mayor al no estar con nosotros. Hombre de letras rigurosas y fino humor fue un gran cultor y sembrador de la palabra. Como crítico fue protagonista de la separación de la obra de la alabanza fatua y el amiguismo ramplón; aunque admiró y exaltó a muchos escritores juiciosos y fue amigo como pocos. Siempre certero en sus apreciaciones y consumado lector.

Un tres de junio estaba destinado como día declarado para su partida. La muerte de alguien cercano siempre nos genera una profunda tristeza y si ese ser querido ha sido ejemplo digno de imitar, la tristeza se triplica. Casi siempre se muere para ser olvidado, pocas veces al morir se empieza a trascender, este último es el caso de Gabriel Arturo.

Su obra es prolífera. No más en septiembre de 2023 pudimos asistir en la Universidad del Tolima, a la presentación de su libro titulado La literatura, el límite y la extrañeza. Summa Ensayistica 1986-2022. Aquella noche, en el evento organizado por el Centro Cultural de la UT, pudimos conversar con Gabriel Arturo y escuchar sus punzantes apreciaciones sobre literatura colombiana y regional.  Con esta última siempre sostuvo una férrea discusión y su mirada no fue condescendiente con muchos autores y muchas obras debido a la ligereza literaria de ambos. No obstante, a muchos escritores jóvenes impulsó con sus consejos, correcciones y lecturas sinceras de sus escritos. Gran parte de su buen nombre lo construyó como un certero crítico y comentarista de libros desde los ya lejanos años del Magazín Dominical del periódico El Espectador.

Como poeta su obra es de calidad y consistencia, ganador de varios premios nacionales de poesía, entre ellos el premio nacional de Porfirio Barba Jacob (2009) con el poemario Tras los versos de Job, en mi opinión una rareza de libro por su lenguaje hermético y cuidado. Ese mismo año su mano generosa escribía el prólogo para mi único libro de cuentos publicado: Sueño imperfecto. Recuerdo que en la lectura previa del proyecto redujo mi propuesta inicial de 45 textos a sólo 22, ese era el tamaño de su rigor.

Como ensayista su valor radica en las pesquisas y valoraciones pertinentes de muchos libros y autores. La Universidad el Tolima, en su sello editorial, le publicaría el texto Ceniza inconclusa (2012) el cual fue presentado en la 25 Feria Internacional del libro en Bogotá y de la cual tuve el placer de hacer una breve reseña en la cual destacaba:

 

(…) encontramos entre estos ensayos y reflexiones, miradas que invitan a renovar la lectura de autores como Horacio Quiroga, Aurelio Arturo, García Lorca, Kafka, Rojas Herazo y otros más cuya dimensión estética los convierte en referente de infinitas interpretaciones. Así mismo, a manera de pinceladas decantadas, encontramos breves escritos en donde el autor nos provoca con reflexiones sobre el sentido del arte, de la imagen, de la estética, la palabra, como si quisiese adobarnos un inventario para el que se atreva a deambular por el complejo mundo de la creación.[1]

 

Y es que Gabriel Arturo fue un provocador de la palabra, un conocedor de la estética refinada y el trabajo escritural. En la reciente FILBO 2024 Domingo Atrasado Editores, había presentado el libro Alegoría del buen escriba. Poesía completa, 1990-2019. Su obra reunida quizás ya era presagio de su pronta partida.

Como docente su calidez, exigencia y enseñanzas son conocidas de sobra. Muchos años fue catedrático de la Universidad del Tolima, en donde sus innumerables exalumnos son testigos de su dedicación. Quienes compartimos con él más de cerca, pudimos constatar su ironía constante, su calidez y su punzante lenguaje. Durante los años que fuimos compañeros de estudio en la Maestría en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira, descubrimos la pasión por la escritura y la lectura, pero también su humor fino y alegría constante.

Al irse nos deja muchas palabras y conversaciones pendientes, enseñanzas que se truncaron en ese diálogo que practicaba como herramienta pedagógica. Pero nos queda su obra, sus poemas, sus ensayos, sus notas y reseñas, pero sobre todo su recuerdo y esa gran lección de vida de que se puede ser un escritor sencillo y completo, aún en estos tiempos de altivez y facilismo.

Adiós poeta, escritor y amigo Gabriel Arturo Castro, sólo estas breves palabras puedo dejar ahora como homenaje de quien usted llamaba, -siempre sonriendo-, Charles Artur Gambó, otro «maldito poeta», que, -solía hacer énfasis- no es lo mismo que un «poeta malito». Extrañaré tu calidez y tu ironía.

 Junio 4 de 2024.



[1] Disponible en: Revista Aquelarre. Universidad del Tolima. No 22, años 2012. Pp. 225- 231

enero 25, 2024

Corredor Turístico del Norte de Ibagué, radiografía de un abandono

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

En Ibagué, hace más o menos cinco años, se ha venido desarrollando un nuevo espacio para el turismo, los proyectos productivos con enfoque agroecológico y el emprendimiento en diversos campos autosostenibles. Se trata del denominado Eje Turístico del Norte de Ibagué, que se traza desde los límites del barrio El Salado, específicamente del denominado punto “El país”, que toma dos vertientes, por la derecha hacia San Bernardo con puntos clave como la vereda La Helena y La Flor; y hacia la izquierda hacia la mina y la vereda Carrizales.

Durante los últimos años, y en especial en pandemia y postpandemia, han aumentado considerablemente los negocios y emprendimientos de corte turístico en dicho corredor. Fincas agroturísticas, miradores, restaurantes, balnearios naturales, glampings entre muchas otras apuestas productivas han venido impactado positivamente en este sector. Este tipo de apuestas de desarrollo traen consigo muchos dividendos para los sectores involucrados, cualificación de los empleos, mejora de los ingresos de las comunidades, apuestas de sostenibilidad ecológica, redes de economía solidaria, por mencionar sólo algunos.

Además, y viendo la saturación de ejes turísticos como el Cañón del Combeima, el Corredor Norte se presenta como una opción nueva y con gran variedad de puntos de entretenimiento y turismo para los habitantes de Ibagué y visitantes de otras regiones del país que llegan día a día buscando alternativas de esparcimiento.


No obstante, el empuje de la zona sufre de un estancamiento debido a factores deficitarios que deben hacer parte de las políticas municipales y departamentales quienes necesitan promover y coadyuvar al sostenimiento de estos proyectos. Todos sabemos que, con la llegada de turistas y visitantes, se deben fortalecer aspectos de infraestructura, de seguridad y de cuidado del ambiente para que se pueda ejercer un turismo responsable y que garantice la supervivencia en el tiempo. 

Es así que a finales de 2023 y en lo corrido del presente año, la comunidad se ha venido quejando constantemente del abandono en temas como el mantenimiento preventivo de las redes eléctricas, lo cual genera cortes constantes en la energía sin respuesta adecuada por parte de Celsia. Así mismo, factores de inseguridad que alejan los visitantes y afectan los residentes de la zona, sin contar con el apoyo decidido de la policía metropolitana, quienes informan que ellos no cubren el sector verdal, en especial del Salado a San Bernardo. Esta zona no cuenta con gas domiciliario, sin que hasta ahora las promesas de instalación que se hicieron en la alcaldía anterior hayan tomando un curso eficiente.

Del mismo modo, el manejo de basuras es altamente deficiente, ya que la recolección de residuos a tiempo es clave para el equilibrio ecológico y el manejo de alimentos. El mantenimiento de la red vial no existe, son los pobladores quienes periódicamente hacen mingas para podar, limpiar y cubrir la ausencia del municipio en estas labores. Incluso existen tramos de la carretera que están a punto de colapsar sin que los clamores de los usuarios sean escuchados. Así mismo, la señal de internet y el servicio de telefonía es precario, factores claves para el turismo del siglo XXI. El transporte público, aunque existe una ruta de buses, no es constante y esto limita la visita de personas que no poseen vehículos.



En fin, son muchos los aspectos que dependen de la gestión municipal y departamental para que este corredor rico en flora, fauna, paisajes, apuestas sostenibles y gente emprendedora logre consolidarse. Sería muy lamentable que muchos terminen, por falta de apoyo gubernamental, abandonando el sueño de consolidar el Corredor Turístico del Norte de Ibagué en un bastión del desarrollo y en una ventana para mostrar la ciudad, la cultura, su gastronomía y sus paisajes.

Esperamos que el clamor sea escuchado y los nuevos funcionarios municipales y departamentales entiendan que invirtiendo y apoyando proyectos de la franja turística se contribuye a generar una dinámica de desarrollo vital para aumentar los alarmantes índices de desempleo y las opciones comunitarias de trabajo en el marco de una región que clama por mejorar sus condiciones de vida.



febrero 02, 2023

LA RECTORA TRONCHATORO DEL HUILA

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

En el siglo de las redes sociales muchos se hacen virales por hacer o decir pendejadas, y una rectora de colegio no puede ser la excepción. Claro está que un colegio llamado Misael Pastrana Borrero puede genera ceguera constitucional y el fantasma de dicho señor, que se debe pasear por las azuladas aulas, perpetrará los murmullos de una sociedad pacata, goda, llena de prejuicios y presta a imponer las normas obsoletas de siglos pasados.

La rectora, cuyo nombre podría ser “Tronchatoro”, pero que fue bautizada como Olga Narváez, sin ningún asomo de habitar el siglo XXI y sin vestigios de conocer la Carta Constitucional de 1991, se atreve a predicar, como si fuese una guardiana del campo de concentración educativo, que:

“Queda totalmente prohibida la pérdida del año, el encuentro de amoríos, noviazgo […] traer cualquier tipo de (implemento) tecnológico, ningún celular. No se aceptan estudiantes con cachucha (gorras), con suéteres de todos los colores, con pelo largo ni de todos los colores, ni con piercings, ni con joyas finas”.

En otras palabras, ella quiere una escuela sin niñas y niños, sin jóvenes y jovencitas o la menos sin los del siglo XXI. Ella, al parecer desea ser una profesora del Monasterio de las Monjas de Torquemada. Nada de los postulados educativos le importa a Narváez, que por supuesto jamás tuvo que haber leído a Freire a quien quizás confunda con una marca de freidoras.

Mientras miles de escuelas en el país se rasgan los cabellos en agonía, tratando de motivar a los niños y jóvenes para que retornen a las escuelas y colegios, la rectora exclama sin rubor en su rechoncho rostro que:

“El estudiante que no acepte la institución, simplemente no le sirve, no matricule a su hijo si no quiso cortarse el pelo, la institución no le sirve.”

No faltaba más, iguazos, a estudiar en las instituciones de la ralea, que esto es para gente de bien. Como el señor John Poulos, bien peinados, bien vestidos, con la camisa por dentro, pelo corto y con los zapatos brillantes. Tocará proponer al Magisterio colombiano que cree el premio Olga Narváez para otorgar a las instituciones que ayuden a combatir con ahínco la deserción estudiantil.

Qué diría el poeta José Eustasio Rivera, nacido en San Mateo, en lo que hoy es el municipio de Rivera (Huila), en donde habita y gobierna esta reencarnación de la Santa Inquisición. Quizás se podría parar en mitad del patio del vetusto colegio y mirando a las señoras que aplauden los dislates de Narváez, volver a exclamar aquel bello poema:

Loco gasté mi juventud lozana

En subir a la cumbre prometida

Y hoy que llego diviso la salida

Del sol, en otra cumbre más lejana.

Aquí donde la gloria se engalana

Hallo sólo una bruma desteñida;

Y me siento a llorar porque mi vida

Ni del pasado fue… ni del mañana.

Luego, de nuevo, huiría morir en Nueva York.

agosto 09, 2022

CEGUERAS

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Que alguien le diga al alcalde de Ibagué, Andrés Fabián Hurtado Barrera, que la Universidad del Tolima existe. Que su sede principal está en la ciudad que regenta, pero que además hace presencia en 25 sedes más, dando cobertura a 9 departamentos de Colombia y acogiendo cerca de 25 mil estudiantes en programas de pregrado y posgrado, en sus modalidades de presencialidad y distancia.

Que alguien también le diga que durante su gobierno (o deberíamos decir desgobierno) la comunidad, desde varios frentes, ha estado reclamándole mayor articulación con la Universidad Pública de la región. Que le informen que en la sede Central de Santa Helena y en cerca de seis sedes que operan en instituciones educativas de la ciudad, se educan miles de ibaguereños, es decir, ciudadanos que reclaman su gestión de gobierno.

 Hay que recordarle también que durante lo más crudo de la pandemia vimos actuar la gobernación en línea de responder a los retos de la comunidad educativa, mientras que por su parte Hurtado fue incapaz de responder adecuadamente ante éste y muchos otros retos.

Ahora, ante la propuesta del gobierno de Petro, en términos educativos, es factible entender que se busca loablemente mayor cobertura para ofrecerles formación superior a miles de jóvenes y adultos, sobre todo en zonas rurales. Lo cierto es que esto no se logra solamente creando nuevas universidades, si no, sobre todo apoyando los proyectos regionales educativos de las universidades públicas existentes y, como en el caso de la Universidad del Tolima, apuntalando sus ejercicios en la región Tolima y en todo el país a través del Instituto de Educación a Distancia que lleva haciendo esta labor durante 40 años.

Por lo tanto, considero que el anuncio del alcalde, en el cual afirma su disponibilidad para construir la universidad pública más grande de Colombia en un lote de 70 hectáreas que tenemos en zona de expansión[1], es otro de sus alardes de populismo, alejado de la realidad y más bien evidenciando el desconocimiento de los esfuerzos educativos para la formación superior que se hace en la ciudad, el departamento y la nación.

Lo que si queda claro es que Hurtado siempre tuvo un tesoro frente a sus ojos, pero, como en el cuento de hadas, por su ceguera lo ignoró.

Que alguien le hable al alcalde Andrés Hurtado de la realidad a ver si de algo se entera; y a la población  ibaguereña que se prepare adecuadamente para elegir un nuevo alcalde, que de verdad conozca la ciudad y sus necesidades, que se ponga a tono con el proyecto de país que hoy nos llena de optimismo a los colombianos y que recupere la gobernabilidad en una ciudad que padece las consecuencias de sus malas decisiones. ¡Ya estuvo bien de cegueras!



[1] Noticia en :https://www.elolfato.com/ibague/una-nueva-universidad-publica-para-ibague-y-el-centro-del-pais-la-peticion-de-hurtado-en-la?fbclid=IwAR316P3UB63XAZXUBsrqXGGANaFaoUkZwLmqa12ziqk6SyhwQYvn4ypSk9U&fs=e&s=cl

octubre 24, 2021

¿Qué está pasando en Galilea?

 

Bosque Galilea -Foto tomada de la red-

Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

El Bosque de Galilea cuenta con alrededor de 33 mil hectáreas, de las cuales, la Universidad del Tolima posee cerca de cuatro mil. La cifra exacta no la conocemos, precisamente por el hermetismo con el que distintas administraciones han manejado el tema: “(…) ubicado al oriente del Tolima, es un corredor natural que conecta con el páramo más grande del mundo, Sumapaz, y ahora es ahora una zona de reserva y parque natural regional”.[1]

La Universidad del Tolima hace años viene teniendo relación directa con el desarrollo de este proyecto, y hoy, tiene mucho que explicar a la región sobre su presencia en el Bosque de Galilea, declarado recientemente por Cortolima como zona protegida. De eso es importante hablar, saber qué está pasando y esa es la razón de esta columna.

El Parque Natural Regional Bosque de Galilea - denominado así por la Corporación – tiene más de 26 mil hectáreas. Eso quiere decir que la zona protegida es menor que la extensión toral del territorio, y deja por fuera su zona de amortiguación biológica y social, según lo determinado por investigadores de la UT, desde la Facultad de Ingeniería Forestal.

Según informes recientes, la comunidad en esas veredas no está conforme con el manejo que le están dando al proyecto, las razones no son del todo claras, pero es necesario indagar. Cortolima se lava las manos y la universidad no puede asumir el síndrome de Shakira: ciega, sorda y muda.

Las hectáreas de las que es “dueña” la UT están dentro del área protegida del Bosque, cuyo Plan de Manejo Ambiental es adelantado actualmente por la Universidad Tecnológica de Pereira a través de un convenio con Cortolima. Pero en esa zona protegida no sólo “tiene tierras la UT”, sino otras organizaciones privadas, cooperativas y viven un número indeterminado de colonos campesinos que, por supuesto, no cuentan con títulos de propiedad sobre las mismas y que tampoco lograron iniciar procesos legales de pertenencia.

Haciendo pesquisas, se puede determinar que la historia de las tierras de la UT en el Bosque se remonta a 2003, cuando algunas empresas más grandes del país se las donaron para mitigar (¿evadir?) impuestos ante la DIAN. Es decir, la UT, su administración para la época, se prestó para que empresas como Hyundai, Mayagüez, entre otras, rebajarán ostensiblemente sus impuestos de renta argumentando que le estaban donando a la ciencia. Es la lógica del capital, destruir el planeta y hacer pequeñas donaciones de arrepentimiento.

Hasta 2021 es realmente poco lo que la ciencia ha avanzado en Galilea, no hemos conocido sus esperados impactos, pero los ahorros en impuestos merecen un balance serio. Ahora, por cuenta del loable discurso de la conservación, resulta que esas tierras están sirviéndole a unos pocos para un negocio multimillonario: la venta de bonos de carbono, o, lo que, en jerga pseudocientífica, los negociantes del medioambiente denominan: compensación de gases de efecto invernadero, o negocios/mercados verdes, una de las últimas panaceas del capitalismo.

La protagonista de ese negocio es la Fundación AMÉ, o FUNDAME, como aparece en los papeles, que, según voces autorizadas, administra a través de una fiducia en España (lejos del ridículo control fiscal de la DIAN) cerca de $20.000 millones, en el marco del proyecto RED++. Al igual que la adquisición de las tierras por parte de la universidad en Galilea, FUNDAME también arrastra un pecado original: el de la puerta giratoria. Al parecer, Rafael Vargas, decano de la Facultad de Ingeniería Forestal para la época en que se realizó la donación de las tierras, fue miembro fundador y el primer representante legal de la Fundación Amé. Dice un viejo refrán, que algunos achacan a Maquiavelo: piensa mal y acertarás.

Detrás de todo hay muchas cosas que aclarar, para ello se requiere tener acceso a la información. Información a la que, al día hoy, no posee la ciudadanía, ni la comunidad universitaria ni siquiera quien escribe, en calidad de miembro del Consejo Superior. Todo parece indicar que los negocios de FUNDAME y la Universidad del Tolima, en nombre de la ciencia, es el privilegio de algunos pocos. ¿Por qué? ¿Acaso qué se esconde?

En hechos más recientes, el Director del CERE, Andrés Tafur, hizo llegar al CSU una misiva en donde brindaba un informe de su participación en la Mesa comunitaria e interinstitucional para la formulación del plan de manejo ambiental del PNR Bosque de Galilea. Lee uno allí entre líneas, que la comunidad está siendo desconocida, vulnerada y quizás, hasta timada, el viejo código colonialista. Ya ha sido enviada la agenda del CSU del 29 de octubre y la discusión brilla por su ausencia.

De igual manera, el pasado 11 de octubre, la comunidad organizada que quiere participación en el marco de la construcción del Plan de Manejo Ambiental de la zona protegida del Bosque, invitó a la Universidad a participar de una mesa interinstitucional y comunitaria el próximo 30 de octubre, y a su vez, le solicitó información a la Universidad acerca de sus relaciones con la FUNDAME. La respuesta, 11 días después y firmada por el actual decano de la Facultad de Ingeniería Forestal, genera varias preocupaciones:

Primero, porque no confirma su participación en la mesa, y segundo, porque solicita 30 días más de plazo para responder a la petición. Ante esta clara dilación, me uno a la petición y a las preocupaciones todavía no resueltas de la comunidad, y dejo los siguientes interrogantes:

¿Quién o quiénes son los responsables directos de la relación Universidad del Tolima - FUNDAME? ¿Existen convenios y/o contratos en la Universidad del Tolima y FUNDAME? La camioneta que dicha Fundación le donó a la Universidad ¿es parte de esos convenios? ¿Qué recursos reciben la universidad por parte de FUNDAME aparte de apoyos para la “ciencia”? ¿Qué trabajos, obras y actividades ha llevado a cabo la Universidad con las comunidades que habitan en el Bosque y su área de influencia? ¿Con qué recurso se paga un contratista quien, según las comunidades, lleva 14 meses en el territorio (vereda La Colonia) haciendo talleres de empoderamiento comunitario a nombre de la Universidad del Tolima? ¿Qué viene haciendo el Centro de Estudios Regionales y el Observatorio de Paz y Derechos Humanos en esta zona?

Espero que den respuesta a estos y otros interrogantes que viene haciendo la comunidad. La protección de los ecosistemas es de vital importancia para el futuro de la humanidad, pero con esa manía de todo volverlo negocio quizás lo que menos importa es la vida. No hay que olvidar que las comunidades también forman parte del ecosistema y si las grandes empresas contaminantes del mundo desean pagar por sus pecados, que las limosnas no vayan al bolsillo de los curas.

[1] https://canaltrece.com.co/noticias/parque-natural-bosque-galilea-ubicacion-cortolima-tolima/

septiembre 18, 2021

De la “izquierda barretista” y otros embustes

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

Si quieres descalificar el trabajo de alguien es muy fácil, habla mal de él masivamente. La gente no entrará a verificar si lo dicho es cierto, somos una sociedad del rumor. En la política el chisme, la habladuría y el rumor han sido trasmisores ideales para potenciar o desmeritar una figura pública. En el siglo XXI el coctel ideal se fortalece al agregarle el combustible de las redes sociales, lugar donde la opinión se confunde con la ignorancia.

Tendríamos miles de ejemplos extraídos de la cotidianidad colombiana de cómo mentiras o verdades a medias se han constituido en dogmas que la gente repite y dan por sentado como verdades absolutas. Acá no importa la tendencia política o ideológica del sujeto de la mentira, ni tampoco del enunciante de la misma. Cómo no recordar ese verso popular: “Miente el rico, miente el pobre, el de izquierda y el derecho, el de arriba y el de abajo, mienten todos, porque mentir es un decreto”.

Por esta razón, cada cuánto aparecen sentencias que se posicionan como verdades y la gente las va aceptando, muchos porque no tienen mirada crítica de los sucesos y otros porque esa mentira, vuelta verdad, es favorable a sus intereses. ¿Se acuerdan de ese majestuoso dogma de que nos íbamos a volver como Venezuela? Mejor ejemplo no hay.

Fue así como alguien dijo que, en el Tolima, y en particular en la Universidad del Tolima, había una corriente de “izquierda barretista” y desde entonces militantes, periodistas, replicadores de opinión y chismosos, repiten la frasecita dando por sentado su contenido. La adjetivación de por si es una antítesis, igual que el enunciado de “seguridad democrática”, porque sus dos partículas se anteponen, y forman parte de esa extensa lista de jeringonzas que construyen la seudocultura política de la región.

Recordemos las historias del Tolima con sus famosos santofimismo, gomezgallismo, jaramillismo y en estos últimos años el barretismo, descripciones arbitrarias que toman como punto de partida la figura del gamonal del momento, no hay que olvidar que los electores son adictos a las figuras gamonalescas. Acá tampoco importa el partido o ideología, gamonal es gamonal.

Decir “izquierda barretista” es sonoro para esos oídos de pasillos y redes, sobre todo para un grupo de fanáticos del odio que lo pregonan en bares, muros de Facebook y publicaciones de dudosa rigurosidad. Tal grupo sólo existe en esas pequeñas mentes delirantes, porque en la real realidad, el exgobernador Barreto no sostiene ninguna relación política con las personas que agrupan arbitrariamente en ese coloide paranoide.

¿Por qué lo hacen? Fácil, para intentar desprestigiar a un grupo de personas que hemos sido actores de transformación durante los últimos años en la Universidad del Tolima, sobre todo por aquello que perdieron sus prebendas y llevaron a la Alma Mater a tener un déficit de 24 mil millones y estar ad portas de ser intervenida por el Ministerio de Educación.

Los estudiantes y docentes nuevos poco conocen de las afujías de la UT en el año 2015, crisis profunda que llevó a una huelga de hambre de estudiantes, trabajadores y docentes y que desencadenó la salida del entonces rector Herman Muñoz y su grupo de poder. Muchos de ellos hoy son quienes pregonan el eslogan de “izquierda barretista”, eslogan que les sirve para tapar su pasado funesto frente a los destinos de la universidad de los tolimenses y, de paso, soñar con volver al poder.

Adenda 1:

El exgobernador Oscar Barreto, durante su primer periodo, gestionó de manera fatal la relación entre la gobernación y la Universidad del Tolima, en su segundo periodo cumplió con las funciones de presidente del Consejo Superior y generó mejores transferencias que coadyuvó a superar la crisis. Es la verdad innegable, alejado de las pasiones militantes, pero de ahí a decir que se ha aliado con la izquierda, hay mucho camino y mucho delirio. El exgobernador tendrá sus amigos en la UT, como los tienen los liberales, el Centro Democrático, la izquierda y los alternativos, todos ellos actores políticos de la región, lo demás son estrategias de desinformación y ocultamiento.

Adenda 2:

En el portal virtual El Cronista, apareció una nota en donde se afirma lo siguiente: “De otro lado, a la denominada 'izquierda barretista' sí le fue como se esperaba en las elecciones del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD). El director de los últimos años, Carlos Arturo Gamboa, fue el más votado, con una arrolladora mayoría de 3.184”.

Debido al fatal grado de desinformación allí planteado, es que decidí escribir esta columna, porque afirmar que un proyecto educativo como el IDEAD, que tiene presencia en 9 departamentos y 24 sedes, cerca de 20 mil estudiantes y 1.200 profesores, es liderado por un aliado del llamado barretismo, resulta más que insultante para su comunidad, cuyo despliegue académico, investigativo y cultural va más allá de las mezquindades de quienes lo afirman. En otros lares deben saber la verdad del asunto y, es mi deber como docente ayudar a superar la ignorancia, porque poco se puede hacer con la tozudez de los ignorantes.

Adenda 3:

En mi defensa, y como dato curioso, debo decir que tengo más amigos entre los que me acusan de ser parte de la “izquierda barretista”, que en el barretismo.

agosto 14, 2021

La política en el Tolima: entre la hegemonía de hoy y el desencanto de siempre

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima

 

Siguen retumbando en las acuosidades del gran Magdalena la pregunta del maestro Echandía: “¿El poder para qué?”. Tantos años soportando la ausencia de un proyecto de región nos han conducido a perder la fe en los gobernantes, las instituciones y la política. Para muchos decir «política» equivale a sentir las arcadas, ese malestar que precede al vómito.

Se añora el pasado “glorioso” del Tolima, que es casi decir un pasado de líderes decentes que antepusieron algunos de sus deseos en pro de colocar a la región “en el concierto nacional” y de solucionar los problemas concretos de la vida cotidiana. De eso poco queda. Ahora asistimos a las rencillas, al maridaje politiquero, a la componenda, a la comidilla de cafetín, a las alianzas programáticas para desfalcar el erario, a la pérdida de la política y el triunfo desorbitante de la politiquería.

Y en ese inventario desolado no importan los colores, ni los directorios, mucho menos las ideologías. Da igual, lo importante es la lucha desaforada por el poder; pero, volvamos a Echandía: ¿para qué? El fin de la política es la búsqueda del bien común, el consenso por la construcción de ciudadanía a través de la solidificación de lo público, el lugar de todos y de ninguno. Hoy asistimos a la era de la gran ausencia de políticos y la necesidad urgente de la política.

Veamos el momento actual del departamento del Tolima a la luz de las anteriores premisas. El llamado liberalismo, cada vez más alejado de las clásicas ideas y postulados liberales, arrastra una larga cola de desaciertos y errores. Sus “líderes” fueron incapaces de gestionar la ciudad y el departamento, las necesidades de hace cinco décadas siguen latentes: Brecha enorme entre lo rural y lo urbano, desorganización de la urbe, ausencia de servicios básicos, pobreza en el centro y miseria en los bordes, corrupción a todos los niveles; todos estos indivisos indicadores del fracaso.

Por su parte las denominadas fuerzas alternativas, que van desde un centro con vocación social hasta la izquierda- izquierda, se sumen en sus eternas luchas internas por imponer sus idearios. Expertos en identificar los males sociales son incapaces de generar un acuerdo para plantear las soluciones. Es muy fácil criticar el desfile desde el balcón, el problema es ponerse las alpargatas y bailar. Juntarse es algo impensado, son tan puristas algunos grupúsculos que, como dice el viejo chiste de cafetín, se reúnen cinco y salen seis vertientes distintas.

Su dispersión siempre ha sido favorable a los partidos tradicionales, a donde muchos terminan saltando con ánimo o esperanza de realizar alguna gestión. Casi siempre son devorados por el Leviatán de provincia. Ahí siguen, convocando, criticando, denunciando, todas ellas labores loables, pero sin un proyecto de poder claro y concreto, es decir, sin política.

Los conservadores, que se mixturaron con varias vertientes del orden nacional que depositaron sus huevos infestados en las regiones, lograron después de muchos años de alzar su cabeza hacia el Palacio del Mango, habitarlo con toda su artillería. Liberales desencantados, uribistas camuflados, seudo-independientes sin línea nacional y otros personajes pertenecientes a la fauna tropical que han engordado sus huestes. Con el trajinado modelo del caudillo de antaño hoy dominan el panorama departamental y sueñan avanzar en la construcción de un poder extraterritorial, tesis del siglo XIX que arrastran como un penoso legado.

Ahora, con el panorama despejado se enfrentan a la cruda realidad, deben gobernar, pero muchos de ellos no lo saben hacer, porque en el Tolima el arte de gobernar hace rato se quedó enterrado en su “pasado glorioso”. Ahora muchos saben hacer politiquería, firmar contratos, repartir puestos, generar tácticas para atrapar dineros, echar discursos, pero pocos, muy pocos saben gestionar las necesidades de la región. Esas mismas carencias que denuncian las fuerzas alternativas y que fueron incapaces de arreglar los liberales y que, de seguro, no subsanarán los conservadores.

La hegemonía de hoy será la fragmentación del mañana. Sumidos en una lucha interna por los botines del poder, ni cuenta se dan que la ciudad se torna caótica y el departamento sigue cuesta abajo en su rodar. Como apenas les interesa la burocracia en su esplendor, porque para ellos los puestos son sinónimos de poder, olvidan, como lo hicieron los liberales (incluidos los liberales alternativos que gobernaron recientemente la ciudad), que el fin de la política es el bien común y la consolidación de sí misma como expresión ciudadana, no de un gamonal o un trapito de cualquier color.

Y en medio de ese vaivén la inseguridad y el desempleo aumentan. Los crímenes de Estado se mezclan con los crímenes del narcotráfico, las bandas emergentes y los residuos rearmados del colapsado proceso de paz, moviendo la violenta región de antaño hacia un círculo vicioso de miseria y barbarie. El descontento general crece, que sumado a los efectos de la pandemia y los años de atraso en las políticas públicas están configurando un gran «coctel de malestar social», que explota cada cuando y que los gobernantes ven pasar desde las ventanas de sus oficinas, pero que no intervienen porque están pendientes por las disputas de las nóminas, los contratos y los convenios. Pensando en los puestos del mañana han olvidado los retos del presente.

Mientras tanto, el antiguo Tolima con aquellas melodías “de canciones viejas” sigue a la deriva, con sus sueños frustrados de región que nunca pasó de ser una maqueta. Sólo basta ver la desconfiguración de su triste capital para imaginar cómo están todos esos hermosos territorios olvidados que habitan bajo la sombra silenciosa de su nevado.

¿Hay una salida? En política siempre existe una posibilidad, sólo que ella pasa por juntar los restos del naufragio y, acudiendo al principio de necesidad compartida, vislumbrar un lugar para desde allí construir. Los impedimentos están a la vista: las viejas maquinarias de todos los colores, los egos de caudillos trasnochados y los odios infundados por las mezquindades del poder y heredados a los jóvenes militantes; pero, sobre todo, la desesperanza, porque pareciera que estamos atrapados en un remolino de incapacidades.

Volver a la política es entender que se puede construir con el otro, con el diferente, derrotar los odios y otear más allá de las limitantes que han construido nuestras miradas, eso sí, sobre los principios fundamentales del bien común. Cuando el reto es grande se necesitan seres grandes, lamentablemente estamos rodeados de pigmeos.