julio 12, 2021

Pensar y actuar en contexto: El papel de la universidad en la movilización social

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

Educación, realidad y contexto

Cuando se habla de las dimensiones del currículo se suelen recordar con frecuencia dos conceptos: pertinencia y contextualización. El primero de ellos tiene que ver con la respuesta que desde los contendidos se da a las demandas del entorno, por lo cual se infiere que ningún currículo es fijo, que debe estar en constante transformación, ya que los entornos reclaman esa misma dinámica. El segundo concepto, el de contextualización, hace énfasis en los procesos, estrategias y metodologías que permiten la articulación al entorno antes mencionado.

Según múltiples postulados, dichas dimensiones son esenciales cuando se piensa en la educación como un factor de transformación social, cultural, económica y científica de una sociedad. Esta es la ruta fundamental del proyecto educativo moderno, que en términos de Durkheim consiste en avanzar en la formación de un mejor ser humano, quien, a su vez, contribuye a la formación de una mejor sociedad.

Ahora bien, estos postulados no siempre se cumplen. La educación está determinada por múltiples aspectos que condicionan el currículo a otros intereses que se decantan en indicadores, rankings. Mediciones y determinantes casi siempre ajenos al entorno y, por supuesto, descontextualizados. Cuando, por ejemplo, el MEN aprueba la apertura de un programa, este queda sujeto a una serie de condicionantes de “calidad” que, en muchos casos, riñen con los entornos en donde el programa va a operar. Se pide el cumplimiento de unos indicadores que por sí solos no generan un impacto transformador en la realidad. La mayoría de los indicadores son enunciados, no realidades.

¿Por qué esta discusión? En el escenario del estallido y la movilización social acaecidos en Colombia durante el año 2021, que es un acumulado de muchas décadas de ausencias de políticas que de verdad impacten positivamente la realidad, estos aspectos toman profunda importancia. Han surgido de nuevo esas preguntas antiguas: ¿para qué la universidad? ¿Qué es lo se debe enseñar? ¿Cómo se debe articular la educación con la realidad?

De algún modo estas preguntas han estado siempre en los entornos educativos y muchas veces las respuestas han sido suplantadas por los tecnócratas de los indicadores, quienes, aunque parezca increíble, tienen grandes aliados en la universidad pública y viven “midiendo” la importancia de la institución a través de los puestos que ocupe en esos listados. Lo que poco se “mide” es precisamente la pertinencia y la contextualización, quizás porque transformar la realidad no les interesa tanto a los actores, es mejor exhibir galardones, primeros puestos, diplomas, indicadores de gestión, buenas notas, certificados y un largo etcétera de artilugios. 

Ahora, cuando la mayoría de universidades públicas han quedado atrapadas en el mutismo propio de la sin salida del momento actual, mucho se discute si volver a la actividad académica o seguir en paro permanente. Para responder a esta disyuntiva habrá entonces que repreguntar: ¿De qué manera se cumple la función social de la universidad, estando en paro o estando activa? Intuyo que la respuesta es unánime. Pero entonces ¿Cómo responder a las necesidades del entorno? ¿Cómo articular la universidad colombiana del siglo XXI para que de una vez por todas se vuelque a contribuir con todos sus esfuerzos a la reconstrucción del país? Volver a pensar estas dos dimensiones del currículo es una de las tantas posibilidades.

La propuesta

El Instituto de Educación a Distancia (IDEAD) de la Universidad del Tolima, igual que casi todo el sistema educativo colombiano, suspendió actividades académicas después del 28 de abril de 2021. Ese día se concretó la hora cero que generó la reacción en cadena del tsunami de indignación de millones de habitantes, ciudadanos, campesinos, estudiantes, jóvenes, hombres, mujeres y diversos azotados por la precariedad que se profundizó por los efectos del Covid-19.

Después de un mes de paro y sabiendo que las soluciones a las demandas del mismo tardarían en llegar, empezó la discusión sobre el retorno o no. Para algunos el retorno a clases era una traición, para otros, era necesario garantizar el derecho a la educación aún en medio de la crisis, no en vano la educación siempre ha pervivido en medio de una sociedad en permanente convulsión. Desde el Consejo Directivo del IDEAD se realizaron varias sesiones de trabajo debatiendo los pro y contras de cada medida, se procedió a diseñar un sondeo de opinión para los estudiantes y profesores de posgrado obteniendo una marcada tendencia a retornar, (73% en estudiantes y 83% en profesores), pero bajo unas condiciones distintas a las que se realizaban en un periodo de “normalidad”.

Uno de los aspectos resaltados en la Circular No 1, expresaba tajantemente que el retorno se haría: “Retomando los principios propios del modelo pedagógico de flexibilidad, pertinencia y coherencia, los docentes deben dialogar con los estudiantes sobre la coyuntura del momento y generar acuerdos que permitan armonizar las tutorías de cara al importante movimiento social que vive el país”. (Consejo Directivo IDEAD, mayo 26 de 2021). Este llamado fue la clave para construir el proyecto que acá se comenta.

La experiencia

Bajo esos parámetros establecidos por el Consejo Académico y ratificados por el Consejo Directivo, se dio la reactivación académica de todos los posgrados del IDEAD (4 especializaciones y 2 maestrías). Y bajo esas mismas condiciones se dio el aprestamiento del seminario “Narrativas Literarias Digitales”, perteneciente al plan de estudio de la Maestría en Pedagogía de la Literatura, en el cual se encontraban matriculados 14 estudiantes.

Se empezó por plantear un Acuerdo Pedagógico encaminado a articular la realidad social, los ejes del seminario (literatura, medios digitales y pedagogía) y desde esa unión plantear la posibilidad de dar trámite al seminario sin abandonar la movilización, por el contrario, priorizando los elementos del entorno como componentes fundamentales de la actividad curricular. Después de una fructífera discusión colectiva, se llegó a la conclusión que era posible y que, en esencia el proyecto final del seminario, debía dar cuenta de estos aspectos propuestos, con lo cual necesariamente se adecuaron los tiempos, la evolución, la secuencia y otros temas esenciales para el nuevo rumbo adquirido.

Describir los pormenores de cada sesión, los profundos debates sobre la realidad que vivían los otros, los estudiantes y la sociedad en general, así como el seguimiento al proceso, haría muy extenso este artículo; lo que sí nos permite evidenciar y valorar los alcances son las producciones finales del seminario.

La primicia que sirvió como derrotero consistía en articular los proyectos finales usando como referentes algunos de los múltiples aspectos presentes en la movilización social, la categoría de literatura y por supuesto el de narrativas digitales, todo esto propendiendo por un enfoque pedagógico, es decir que dichos insumos o artefactos, se constituyeran en insumos para otros contextos educativos formales o informales. De ahí que sea necesario la divulgación de los mismos que a continuación se realiza.

Los productos

Cada uno de los proyectos elaborados en el marco del seminario “Narrativas literarias digitales”, contaba con los insumos epistemológicos provistos a través de las lecturas básicas propuestas en el microcurrículo. Se dio la opción que fuesen pensados, diseñados y elaborados por parejas de estudiantes o de manera individual, se contó con un procedimiento constante de asesoría y verificación durante el transcurso de los encuentros mediados por TIC, además de las asesorías extracurriculares. Estos son los resultados:

MAESTRÍA EN PEDAGOGÍA DE LA LITERATURA

Seminario: Narrativas literarias digitales

Docente: Carlos Arturo Gamboa B.

Autores y proyectos

Descripción

 

Karen Natalia Arias / Pedro Giraldo:

 

Resignificación: pasajes literarios de protestas

A través de un video documental se recrean textos de trasfondo religioso para darles una resignificación en el marco de la movilización social. Combinan creación literaria, imágenes y música, para hacer un homenaje a los procesos de resistencia en Villahermosa (Tolima)

 

Edna Salazar / Camila Páramo:

 

Mini-crónicas: Relatos de resistencia

Las autoras crean una miniserie a través de Instagram, en la cual, amanera de crónica, dan cuenta de 5 momentos fundamentales de la movilización social en Colombia. En “Relatos de  resistencia” se plantea la memoria como eje pedagógico de la formación crítica.

 

Cynthia Torres:

 

Concursando por los sesos del ero guro de Colombia

Usando el comic y en particular la propuesta de Shintaro Kago, la autora presenta una obra cercana al realismo sucio y a partir de esas imágenes construye mini-relatos que tienen un alto contenido social, totalmente articulado a los aspectos del actual estallido social en Colombia. Nos da a conocer una obra y la articula con la realidad de nuestro momento de estallido social por medio de la creación literaria.

 

Ana María Homez / Elizabeth Homez.

 

Mamás en la resistencia desde la primera línea: Crear, moldear y capturar historias

Rescatar el significado de las madres de la primera línea, a través de testimonios, imágenes, música y usando la técnica del stop motion, es la apuesta de este sensible trabajo que muestra con precisión las expresiones legítimas de la resistencia.

 

Vanessa Delgado:

 

Ensayo-blog: lenguajes de la resistencia

Usar el blog como un artefacto dinámico es la apuesta de este proyecto, retomando de base el ensayo académico, aborda la caricatura (Matador) como expresión crítica que constituye un discurso en la movilización social. Al final nos presenta un blog interactivo que da cuenta de las diversas expresiones mediadas en conjunto.

 

Vicky Alejandra:

 

Despertando sueños Literarios a partir del uso de la Biblioteca digital

Este proyecto asume la construcción de un reservorio de diversos textos literarios, usando las herramientas digitales que permiten enlazar diversas formas de lecturas. Además presenta una estrategia didáctica mediada para que los niños puedan construir sus propio comic sobre la movilización social.

 

Viviana Torres / Viviana Mendoza:

 

Diccionario literario infantil para entender la movilización social.

El diccionario es una apuesta por reconstruir los significados de las palabras para que ellas actúen como testimonio de la construcción cultural de la crisis social. Recrea el uso de las palabras preguntándole a los niños sus significados, lo cual permite rastrear la apropiación infantil del momento actual. Usa diversas mediaciones para hacerlo dinámico y navegable y muy pedagógico.

 

Hernán Ruiz / Laura Zamudio:

 

El color de la palabra

En palabras de sus autores: “La movilización establece distintos espacios de expresión desde el arte y la palabra, es entonces en este proyecto que se analiza el grafiti como una manera de denuncia hechos atroces y violación de derechos humanos. El uso del cuerpo, la palabra, la imagen y el baile genera nuevas perspectivas y condensa los elementos en favor de la protesta”.

 

De esta manera se genera una apuesta sonora y visual que impacta y recrea las estéticas de las resistencias.

 Finalmente, dejando la invitación para que visiten cada uno de los espacios, se puede concluir que mediante este ejercicio se recuperaron esas dos dimensiones curriculares que poseen todos los programas académicos (pertinencia y contextualización) y al hacerlo, encontramos una manera de mantener vivos los espacios de los encuentros tutoriales sin desconectarnos de la realidad. En otras palabras, cumplimos con los fines de la educación que plantean la construcción de conocimiento para entender la vida, las cosas y los fenómenos, y de esa manera aportar al individuo y a la transformación social.

Por tal razón, retornar a las actividades académicas tiene sentido cuando desde las disciplinas pensamos y actuamos en consonancia con el tiempo y las crisis que padecemos. Esperamos que de estas iniciativas surjan muchas más, en otras disciplinas y bajo variadas ópticas.

Colectivo Seminario Narrativas Literarias Digitales


junio 15, 2021

Movilización social y disputa simbólica

                                                                             


                                                                                                            Por: Carlos Arturo Gamboa B. 

Docente Universidad del Tolima – IDEAD- 

 

La historia de las movilizaciones sociales está acompañada de múltiples expresiones que las dotan de unas características que trascienden más allá del movimiento y se convierten en sellos culturales. Por eso vivirá en la memoria colectiva la expresión «prohibido prohibir» que inundó las calles en los años 60, primero en Francia y luego en miles de urbes más. Estos símbolos se arraigan en la cultura durante un tiempo, pero pueden mutar, cambian, están en constante disputa. 


Cuando los «Panteras Negras» gritaban por las calles de Filadelfia “Todo el poder para el pueblo”, estaban abrevando de la vieja propuesta de la Revolución Rusa “Todo el poder a los soviets”, dos tiempos comunicados por una consigna. Sin embargo, no siempre los símbolos perviven con sus significados primarios, a veces pierden su legado original. 


Un caso típico es el de la cruz esvástica, cuyo nombre proviene del sánscrito y significa “buena fortuna” o “bienestar”, algo muy distinto a lo que encumbró Hitler y el fascismo en su discurso de masas. El símbolo era usado en Eurasia y tenía una clara relación con el movimiento del sol. En muchas otras culturas ese tipo de cruz tiene fuertes connotaciones religiosas. No obstante, el movimiento völkisch la asumió como símbolo de la supremacía Aria, con las consecuencias que hoy la cultura asume de la misma. 


Algo parecido ha venido pasando en el contexto colombiano, entendiendo que el cambio de significado tarda un poco, pero se va haciendo efectivo en la memoria cultural. La bandera blanca, cuya connotación esencial hace alusión a la paz, fue usada por los guerreristas liderados por Uribe para posicionar un mensaje de “retoma del país”, frente al entonces enemigo único encarnado en las Farc. Ese giro ha ido haciendo mella en la cultura. 


Hoy vemos como los denominados “ciudadanos de bien”, asumen dicho color como su estandarte, para desde allí convocar a un “orden social”, que supuestamente es el estatuido. Si el color blanco es asumido por el “bien”, al mal le queda el color negro, vieja concepción religiosa que sigue imperando en el entramado cultural. Si quienes ostentan el color blanco agreden, hay permisividad en ese acto, puesto que está defendiendo el orden social y moral establecido como imaginario. Si el color negro lo hace, sus portadores deben ser juzgados con todo el peso de la ley, porque están trasgrediendo el orden establecido. 


El mismo concepto de “ciudadano” ha sido estrangulado para darle un nuevo significado. En él no caben los campesinos, los indígenas, mucho menos los desheredados de la tierra; en su deformación terminó haciendo referencia a una clase media en ascenso, con unos rasgos clasista bien definidos, amantes acérrimos de la propiedad privada como fin único de sus existencias. Nada que ver con la tradición de ciudadanía que desde los griegos se ha venido construyendo y que tiene que ver con la coexistencia de sujetos con derechos y deberes colectivos que conforman un proyecto de sociedad. 


Por ese mismo camino transita el término “vandalismo”, veamos un poco de su historia. En el año 455 Roma es saqueada por los Vándalos, un pueblo Germano con antepasados vikingos, cuyas tradiciones de poder se soportaban en el despojo de lo que encontraban en su camino. Durante la revolución francesa se estableció una política nacional para proteger las obras de arte de los actos vandálicos, según el edicto, muchos de ellos realizados al furor del movimiento revolucionario debido al escaso conocimiento sobre el valor de las obras. En el mundo moderno, el vandalismo tuvo expresiones estéticas trascendentales en movimientos denominados iconoclastas, cuyas afectaciones se hacían en el concepto y en la intervención de obras artística consideradas acartonadas. En Colombia aún son recordadas ciertas acciones de los Nadaístas. 


Ya desde el punto de vista judicial, existe una amplia tipología de vandalismos que va desde el saqueo y el hurto menor, hasta el vandalismo ideológico, pasando por el ideológico y táctico.  Es decir, el vandalismo se configura como un delito que incluso se ha desplazado al mundo cibernético de la red. Por eso aceptar que quien protesta es un “vándalo” es aceptar que se está cometiendo un crimen al hacerlo, algo que de esa manera se convierte en símbolo equivalente. Pueda que algunos sujetos realicen actos  vandálicos como expresiones propias de su frustración social, o simplemente aprovechan la efervescencia para actuar en ese sentido, pero no se puede generalizar a todo un movimiento social bajo esta primicia. 


Algunos jóvenes y figuras públicas, en especial en las redes sociales, han decidido asumir el discurso de aceptación de “ser vándalo”, como un juego de palabras de contra-asociación, no obstante, considero un error seguir este camino. Es como si ante un juez alguien acusado de matar un hombre dijera, yo lo maté, pero no soy asesino. 


Los símbolos contienen un enorme poder cultural, la disputa de ellos es parte de la reconstrucción del mundo de la vida, por ello, debemos entender que más allá de la euforia, la indignación, el calor del movimiento, la provocación, el constante ataque de las fuerzas estatales, la satanización de la protesta y mil hechos más, debemos encarnar la idea de que somos distintos a lo que queremos cambiar.  


Asumir como derroteros la paz, el derecho a la diferencia, la búsqueda de la equidad y el respeto por el otro, son discursos que reconstruyen un símbolo que nos conduce a ser diferentes y desde allí es posible mover a las mayorías hacia un nuevo constructo de país. De lo contrario sólo seríamos una horda más que sobrevive en donde otra horada fue derrotada. 

 

Posdata 1: El tema de la confrontación de los símbolos traslapados en los monumentos derribados y por derribar, es un amplio campo de análisis en esta misma línea, que bien merece una disertación aparte. 


Posdata 2: El comunicado del levantamiento del bloqueo de la Comuna 20 en Cali, es un documento digno de estudio de la acción política, muy alejado de los pobres pronunciamientos que ruedan sin futuro por la red. Invito a que lo lean. 





junio 01, 2021

La meta de la movilización es la transformación social y la transformación es lenta

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Cuando se opta por la movilización social, como ejercicio político, se plantean dos objetivos esenciales: 1. Sumar cada vez más sujetos al movimiento. 2. Usar la fuerza de la movilización para transformar la realidad que indigna y agobia.

Ambas acciones quedan sujetas a la capacidad del movimiento para saber tensar la cuerda y lograrlas. Si el movimiento pierde la empatía de las masas, entra en desgaste, y si no se logran ganancias en las tempranas negociaciones, se pierde el empuje social. ¿Cómo leemos estos fenómenos en el momento histórico que vive Colombia en este turbulento 2021?

Hay que empezar por recordar que el gran movimiento de indignación nacional que se ha gestado hoy, es el acumulado de muchas décadas de desidia institucional y de malas prácticas de los estamentos gubernamentales. Sumado, por supuesto, a la falta de conciencia política de las mayorías que han terminado entregándole el poder, mediante el sufragio o la ausencia en las urnas, a las élites de siempre.

No todos los males de un país se pueden solucionar mediante una movilización, aunque con el entusiasmo de las masas en movimiento terminemos por creer que sí. Los problemas estructurales de Colombia son tan grandes que necesitaremos un buen tiempo para darle un giro hacia el bienestar de sus habitantes. Para ello debemos cambiar las prácticas políticas que han sumido el país en manos de las mafias (corrupción, narcotráfico, negociantes de la guerra, depredación del ambiente, concentración de la tierra, entrega de lo público a la banca, desconocimiento del diferente, entre otros males más).

Al tener una movilización que se prolonga en el tiempo, se corre el riesgo de caer en la ausencia de una organización efectiva. Aunque los males no aquejan a todos los excluidos por igual, las soluciones se deben plantear en consenso, algo que es muy difícil de construir, sobre todo en una sociedad con una escasa tradición democrática y con baja participación real en las decisiones estructurales del país.

En ese escenario, aparecen las “vanguardias” que ven el momento propicio para imponer su agenda o aquellos que buscan “cambiar el sistema global” con un movimiento local. En ese sentido, consolidar una agenda común es clave para “mantener viva la movilización” e impedir que caiga en el caos de múltiples agendas, (incluso algunas contradictorias entre sí).

Igual se puede generar un efecto sociológico contrario a los intereses que gestaron la movilización, esto puede suceder al destruir la empatía con la ciudadanía mediante acciones lesivas como saqueos a los pobladores, agresiones a la gente del común, inmovilización social y agresión ideológica del otro. Contar con los otros es fundamental, ya que ese sujeto es necesario para activar una transformación real.

Lamentablemente este gran movimiento, que va más allá del paro nacional y que se caracteriza por un despertar de conciencia social sumando una variedad de sujetos en las calles, ha ido cayendo en estas sin salidas. Jóvenes, taxistas, indígenas, camioneros, estudiantes, profesores, trabajadores de lo público y gente del común, los de a pie, han generado una acción propicia para el cambio ¿cómo lograr el cambio? Tener una agenda que dé respuesta a esa es la pregunta garantiza la vida del movimiento.

El Estado, conocedor de estas formas y acciones de la movilización, ha retardado la consolidación de la mesa de negociación, ha dilatado la agenda y, por otro lado, ha contribuido a aceitar la agresión estatal a los actores. Ese actuar ha impregnado y activado la cultura paramilitar, la cual esta vez ha actuado sin máscaras en las ciudades, respaldada por las fuerzas oficiales del gobierno, algo que viene haciendo hace décadas en lo rural.  Incluso, ha logrado mover un sentir en sujetos que, preocupados en esencia por “la propiedad privada”, se convierte en motor de contra-movimiento, generando enfrentamientos ciudadanos y pérdida de respaldo en algunos sectores. Todo ese panorama favorece al Estado e impide avances contundentes en la construcción de una agenda de transformación.

Así, la movilización se debate entre la radicalización, con las futuras consecuencias de incumplir sus objetivos debido a la pérdida de respaldo de las mayorías y a la imposibilidad de mostrar logros concretos que animen el mismo movimiento. Igual le pasa a la otra opción, la de la negociación, sujeta a la dilación del gobierno y la dificultad para construir un derrotero que unifique el movimiento e impida que se fragmente y diluya. Por eso el tiempo de las decisiones apremia.

Para el momento que vivimos, creo que lo mejor sería concretar una agenda nacional incluyente, que dé cuenta de los temas esenciales que gestaron la indignación colectiva. Esa agenda debe estar pactada y firmada por el presidente y debe contar con un cronograma de trabajo acompañado de la movilización periódica, con la veeduría masiva del pueblo. En términos concretos se negocia en la mesa, se pacta con la movilización y se hace seguimiento y veeduría en las calles.

Mientras tanto, hay que darle aire a la masa que se moviliza, propiciar formas organizativas y generar la consolidación de nuevos liderazgos individuales y colectivos que constituyan un grupo cualificado que se apreste a ganar espacio en las formas democráticas de gobernanza. Creo que el movimiento más reciente de Chile nos da un buen ejemplo en esa dirección.

Esperemos que la efervescencia del momento no se constituya en la trampa que nos devora a nosotros mismos e impida avanzar en la transformación de un presente social que agobia cualquier idea de futuro. Ese panorama ya lo hemos vivido antes y no sólo en Colombia.

mayo 26, 2021

Un gobierno en crisis que pone en marcha la guerra a través de Twitter

 


Por Nelson Romero Guzmán

Profesor Universidad del Tolima –IDEAD-


La crisis de gobernabilidad que vive Colombia está más que demostrada en los 28 días de paro y movilizaciones contados hasta hoy. El gobierno comandado por Uribe-Duque, con su política policiva y de militarización como vía de poder ejercido a través de la fuerza, es una prueba de su ineficacia ejecutiva y de su incapacidad política para resolver los problemas coyunturales y los cambios hacia el futuro del país en beneficio de todos los ciudadanos, principalmente los jóvenes ávidos de oportunidades. El presidente Iván Duque es el único llamado constitucionalmente a resolverlos, pues fue elegido por una mayoría en un escenario electoral que se supone lo legitimó para gobernar al país en el periodo 2018-2022. Pero casi a un año de cumplirse el mandato, el Centro Democrático, por el afán de mantenerse en el poder a costa de lo que sea frente a una inoperancia que se pone a la vista de cualquier ciudadano del país, recurrió a crear culpables para querer persuadir a la opinión pública de que son quienes tienen a Colombia “al borde de la quiebra”. A otros —y no a ellos mismos— pretenden achacar dicha inoperancia, dichos abusos y desafueros gubernamentales. Este truco de señalar a otros cuenta con estrategias que se han venido diseñando en el mismo Centro Democrático en cabeza del expresidente Álvaro Uribe, en la medida que avanza el paro. Las estrategias son bastante pervertidas y de todo tipo, principalmente a través del uso de los medios de comunicación, especialmente la prensa escrita como la revista Semana y los noticieros de televisión Caracol y RCN.

El Twitter, como red social, ha sido otro de los medios masivos utilizados por el gobierno para lavar su imagen ya bastante sucia y atacar a una supuesta izquierda que no es la que gobierna, pero sí quiere hacer creer a los incautos que es la causante de todos los males que aquejan al país. Fue así como el pasado 3 de mayo, cuando ya el pueblo inconforme representado especialmente por jóvenes, se movilizaba en ciudades y poblaciones haciendo que las marchas crecieran como bola de nieve, el exmandatario Álvaro Uribe lanzó el siguiente Twitter:

Sin más ni menos, el Twitter va escalando un mensaje tras otro, pero es sobre el último en orden descendente el que sostiene toda la pirámide. Todo el Twitter en su lectura piramidal de abajo hacia arriba o de arriba hacia abajo, resume la esencia y el veneno del proyecto uribista de gobierno desde sus inicios. Inicialmente voy a recomponer la lectura del mensaje y su sentido de abajo hacia arriba, para comprender todo su enunciado: frente a la crisis de gobernabilidad que dio origen al estallido social de la movilización, el uribismo se propone Resistir a través de una Revolución Molecular Disipada, como lo único que impide normalidad, escala y copa de los grupos que se movilizan, de ahí que también sea urgente acelerar lo social, reconocer el Terrorismo más grande de lo imaginado y es así como de debe fortalecer las Fuerzas Armadas (FFAA), que están debilitadas al ser igualadas al terrorismo del proceso de paz en la Habana que creó la JEP; por lo mismo, se requiere de una narrativa y así anular ese accionar legítimo. La estrategia es contundente y responde a una metodología precisa, en cadena, punto por punto.

Cada enunciado del Twitter está dado como un mandato, como una orden del twittero Uribe que tiene que cumplirse (que además se ha cumplido a la letra). Pero ese acto comunicativo, ¿a quién va dirigido?, ¿a un anónimo? No, en este caso son varios y uno solo los destinatarios: Al mismo Álvaro Uribe, al presidente Iván Duque, al gobierno en el poder con todos sus implicados, especialmente militares y policías y al Partido Centro Democrático que los aglutina en uno solo. Es una orden del centro y sus poderes en escala, hacia las márgenes, con el objetivo de mantener una Seguridad Democrática basada en el fortalecimiento de las FFAA.

Cada palabra del Twitter son cargas explosivas peligrosas que buscan dinamitar, eliminar y anular todo lo que no se acomode a los requerimientos del proyecto uribista que pretende continuar heredando el poder. Esa retórica del mensaje debe desenmarañarse y quitarle a Uribe la máscara exhibida en Twitter, para verle el rostro real al Partido Centro Democrático representado por la dupla Uribe-Duque y las élites políticas y económicas en el proyecto de gobierno defiende a toda costa, en detrimento de todos los demás sujetos de derecho, que es la misma población mayoritaria que lo eligió.

Ahora paso a hacer la lectura del Twitter de manera descendente. Empiezo con los puntos 1 y 2, por encontrarse entrelazados en una continuidad de su lectura del terrorismo.

 1.   Fortalecer FFAA, debilitadas al igualarlas con terroristas, La Habana y JEP. Y con narrativa para anular su accionar legítimo

2.  Reconocer: Terrorismo más grande de lo imaginado;

 El llamado más urgente del twittero Uribe es Fortalecer las Fuerzas Armadas para enfrentar a los terroristas y al “terrorismo más grande de lo imaginado”. Este “terrorismo más grande de lo imaginado” en Colombia, en la cabeza de Uribe superaría los delirios de poder de los exterminios más grandes que se han dado en la historia de la humanidad (Santa Inquisición, nazismo) y el mensaje está dirigido a causar miedo a la población, sin explicitar el causante del terror, pero inclinando la balanza a suponer en los lectores del Twitter que se trata del partido de izquierda que, aunque este sujeto está ausente en el mensaje, quien lo lee da por descontado de quiénes se trata. Uribe delira con un “terrorismo más grande de lo imaginado” y por eso justifica fortalecer con más armas al ejército y a la policía, a quienes presenta o hace ver como los debilitados, como las víctimas de ese terror, donde explicita que de esos terroristas son parte quienes legitimaron los Acuerdos de Paz en la Habana y crearon la JEP (Justicia Especial para la Paz). Para Uribe, lo que los Acuerdos de la Habana dieron como legítimo fue el terror, el cual debe anularse con el uso de dos acciones gubernamentales: fortaleciendo también una narrativa de Estado estratégica a través de los medios masivos y acelerando lo social. Las dos propuestas vienen funcionando hace tiempo, pero el uribismo las ha intensificado y hecho más visibles durante estos días de paro. La primera, o sea, la narrativa para anular, se viene dando a través de distintos medios de comunicación: la narrativa televisiva, la narrativa de la radio, la narrativa de la prensa escrita, el Twitter y la publicidad. Esa narrativa de poder, porque es el poder de turno el dueño de los medios, ha pretendido anular, sin lograrlo, la fuerza del paro, la resistencia de los jóvenes y las exigencias en la mesa de negociación de los representantes no gubernamentales del paro.

Pero de manera concreta ¿quiénes vienen siendo los otros terroristas que señala Uribe? El mensaje no los dice, pero en las prácticas de terror del uribismo sí. Por lo que se ha podido constatar en las marchas de protesta contra las reformas de pauperización del pueblo, esos otros terroristas no son más que los jóvenes, el futuro del país: muchos de los asesinados por las FFAA eran jóvenes que marchaban en paz, muchachos de clase media, que protestaban a través del baile como Lukas Villa en Pereira o que simplemente se dirigían a casa luego de visitar a su novia, como el caso de Santiago Murillo en Ibagué, porque en ese delirio los terroristas no tienen nombre propio, ni pertenecer a un gueto, sino que son todos los jóvenes del país. En Colombia es un peligro ser joven, quedó más que demostrado. Ser joven de clase media o baja o de clase pobre, es ser terrorista. A ellos hay que matarlos, torturarlos, violarlos, desmembrarlos, echarlos por los caños, desaparecerlos. ¿Quiénes fueron los culpables de estos desmanes? Las debilitadas FFAA a quienes se les dio la orden de disparar para sentirse fortalecidas, de acuerdo con el primero punto del mensaje del Twitter de Uribe. De nuevo, ¿Quiénes son los terroristas según el mensaje de Uribe?, ¿quiénes eliminan a líderes sociales?, ¿quiénes vandalizan las Arcas del estado con la complicidad de quiénes?, ¿quiénes son los culpables de la muerte de los niños por desnutrición? Muchos de estos interrogantes llenarían páginas.

Luego de esta horrible noche del crimen que no ha terminado, se busca a un culpable de la manera más cínica:

                                              Portada de revista semana

La narrativa de prensa, en este caso la revista Semana, como los demás medios de perturbación que recibieron no ahora si no desde hace rato, la orden de anular, pusieron en la portada esta foto del candidato de la Colombia Humana Gustavo Petro. La imagen es diciente, la intención es crear una lectura negativa rápida, distópica, llamando la atención sobre la parte del rostro de la izquierda del candidato como el terrorista, protagonista del paro a quien se le hace este llamado en tipos grandes de imprenta: PETRO, ¡BASTA YA!, debajo de la foto aparece una leyenda alusiva que amplía el mensaje de la mayúscula. En ella le acusa a Petro, además, de la violencia, de la crisis económica, de la transición anárquica, de alguien que no piensa en Colombia y quiere conquistar a la fuerza la presidencia de la República. Sin embargo, la portada presenta una lectura de doble filo. La lectura literal es para los que consumen fácil, para los que leen sin interpretar o se hacen los tontos, como los que vuelven y vuelven a votar por el uribismo que ya creo la gran mayoría de este potencial de votantes cambió de planes según recientes encuestas. La otra lectura es la de un uribismo que busca salidas a su propia crisis y descréditos, acosado por rendir cuentas de su demostrada incapacidad para gobernar con equidad, busca cargar sobre un tercero la culpa de la “Colombia, al borde de la quiebra”, como aparece en el subtítulo de la portada de la revista Semana. Es el caso patético de oportunismo mediático, además de que esta narrativa busca calar en la conciencia ciudadana y de esa manera pretender anular al candidato Petro.

Otra narrativa pretende anular las marchas y los reclamos de los jóvenes de Colombia, es la narrativa televisiva de los noticieros. Son muchas las estrategias que se desvelaron y se siguen desvelando en este paro: desacreditar los reclamos justos, la mayoría pacíficos, no presentando los conflictos reales, pues en este caso la cámara del periodista y su discurso de primicia, se centra en la imagen del bloqueo, la afectación de la economía, pone en “cuidados intensivos” a los industriales, pone por encima el “asesinato” del policía, para quitarle fuerza a la brutalidad del “fallecimiento” de los jóvenes ciudadanos, desacreditando el paro presentándolo como vandalismo y el exmandatario Uribe refuerza sus Twitter con texto más imagen, como el aquí pego sobre la “muerte avícola” del 8 de mayo:

Los contenidos de estos mensajes se reproducen de diferentes formas en los Twitter de Uribe y los noticieros de TV, distorsionando las causas justas del paro, justificando el “terrorismo más grande de lo imaginado”, que es el que atenta contra los industriales, no contra el pueblo, queda claro; desde esos mensajes toca los sentimientos de la gente, mostrando quiénes son los causantes del mal. Aquí, los culpables del hambre son los que tienen hambre y no la reforma tributaria que pretendían crear más hambre. En el mensaje del Twittero aparece la palabra AUTORIDAD con mayúscula, la cual se lee con otra mayúscula: FFAA. La fórmula es matemática: AUTORIDAD igual FFAA.

 4. Acelerar lo social;

 La orden del punto 4 del twittero de “acelerar lo social”, es un poco ambiguo: O las marchas masivas son las que aceleran lo social, es decir, se expanden y fortalecen al paso de los días, o es lo mismo que se lee en Twitter de la “la muerte avícola” como “soluciones sociales”, no son otra cosa que sofismas de distracción y eufemismos que viene usando el gobierno a través de su Programa de Ingreso Solidario, que hace parte de su Agenda de Transformación Social Sostenible, que incluye acciones: reforma Tributaria acelerada que se hundió, el Fondo de Solidaridad Educativa, el Programa de Apoyo al Empleo Formal y demás bañitos de agua tibia que no solucionan de raíz los problemas, sino que los aísla en pequeños sectores para demostrar su accionar benevolente para enmascarar la crisis de gobernabilidad. Justamente, estos programas se han visto acelerando.

 “Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y copa”

 Algo que no supo disimular el Twitter de Uribe, y ahí si el mandatario perdió su cabeza, dejó ver el cobre y lo puso al desnudo, fue el enunciado último de su Twitter. Pienso que, si hubiera vuelto a leer de primera mano el libro “La revolución molecular” del filósofo francés Félix Gauttari y no la interpretación manipulada y al servicio del fascismo del militar chileno Alexis López, más bien se hubiera quedado callado, pero el inconsciente lo traicionó y dejó al descubierto lo más oscuro de su alma, de que definitivamente es un hombre al servicio del mal que él mismo endilga a otros buscando lavar sus culpas y disipar la Historia. Este enunciado define de fondo la posición ética y política del uribismo o Partido Centro Democrático o gobierno Duque. Si Gauttari leyera este enunciado, diría con sus propias palabras: “Esta es una fórmula fascista”. Esas fórmulas, dice el filósofo, son las que no hay que dejar pasar “sin importar la escala a la que se manifieste” (p.65). Justamente, la palabra “disipada” no es de Gauttari, la impuso a la fuerza el militar chileno Alexis López para deslegitimar la propuesta de “Revolución molecular” del filósofo francés y fortalecer las FFAA al servicio de la dictadura de Pinochet en su tiempo. En el entendido de López/Uribe, hay que disipar (palabra de uso castrense) los grupos que marchan con justos reclamos, a través de la resistencia mediante el uso de la fuerza (las armas), porque impiden la normalidad. Dicha normalidad en el contexto uribista de los reclamos, era el proyecto tributario, de salud y otras reformas en menoscabo de la población colombiana. En los hechos, este quinto mandato del uribismo se ha cumplido a la perfección y los ejemplos sobran: jóvenes muertos o mutilados más guerra verbal a través de los medios de comunicación.

 Matar a Gauttari

 Matar el pensamiento, la herencia de la filosofía o, por lo menos, querer suspenderlo o disfrazarlo a cambio de imponer los intereses económicos de una minoría, es lo que en últimas importa a un estado neoliberal al servicio de las élites de la banca, las grandes industrias o los terratenientes, los que justifica la fuerza para despojar a las personas de todo, no solo de la vida, sino también de su pensamiento, que es la riqueza más peligrosa que poseen los jóvenes en camino de renovar su lugar en el mundo. No está mal que a propósito leamos una cita de Gauttari: 

La idea de una micropolítica del deseo implica, por tanto, poner en cuestión de forma radical los movimientos de masas que se deciden de forma centralizada y que movilizan en serie a los individuos. Lo más importante es que van a conectarse una multiplicidad de deseos moleculares, una conexión que puede implicar efectos de tipo «bola de nieve» y demostraciones de fuerza a gran escala. Eso es lo que pasó cuando comenzó del movimiento de Mayo del 68: la manifestación local y singular del deseo de pequeños grupos se puso en sintonía con una multiplicidad de deseos reprimidos, aislados los unos de los otros, oprimidos por las formas de expresión y de representación dominantes. En una situación como ésta ya no estamos ante una unidad ideal que representa y mediatiza intereses múltiples, sino ante una multiplicidad equivoca de deseos que en el proceso genera sus propios sistemas de localización y control. Esta multiplicidad de máquinas desecantes no está compuesta por sistemas estandarizados y ordenados que puedan ser disciplinados y jerarquizados en función de un único objetivo. Por el contrario, se encuentra estratificada a partir de grupos sociales diferentes, de clasificaciones en función de la edad, el sexo, el origen geográfico, la cualificación profesional, las prácticas sexuales, etc. No produce una unidad totalizadora. Es la univocidad del deseo de las masas, y no su agolpamiento en torno a objetivos estandarizados, lo que fundamenta la unidad de su lucha. La unificación aquí ya no es más el antagonista de la multiplicidad de deseos, como sí lo era cuando eran «tratadas» por la máquina totalitaria-totalizante de un partido representativo. (p.58-59)

 La fórmula de Uribe busca desviar este pasaje —que tal vez él no leyó—sin lograrlo, sin argumentos filosóficos, sino con el uso de las FFAA, este pasaje del filósofo francés, queriendo despojarlo de su propia vida filosófica y ponerlo al servicio de la muerte con el nombre de “Revolución molecular disipada”. El mismo Gauttari habla del uso de las teorías, pero nunca lo piensa en este sentido perverso.

La anterior cita de Gauttari, alrededor de su propuesta de “Una multiplicidad de deseos moleculares”, respaldado en su concepto de “micropolítica del deseo” que aborda lo que él llama “Revolución molecular”, fue lo que ocurrió en Colombia con el estallido social que vivimos. La culpa no es de los jóvenes, sino de las condiciones precarias creadas por el Estado para su sobrevivencia y para proyectarse un futuro a que tienen derecho, como lo tuvieron ellos. La “Revolución molecular” de Gautari no es la del uso de las armas, es una acción política sin teorías que emprenden esos pequeños grupos de jóvenes que son como moléculas que se van conectando en diferentes lugares, presionados por el Estado que reprime sus deseos. Así, estos “deseos moleculares”, que es todo un flujo, una fuerza positiva de los jóvenes, son esos deseos los que explotaron en ellos y los llevan a reclamar lo justo, pues están amenazados por un presente que los excluye y por un futuro incierto.  Estos “deseos moleculares” no están centralizados en ningún partido o jefe o protagonista, Gauttari dice que se van congregando y conectando, pues no buscan “objetivos estandarizados” de un programa, de ser así no hubieran estallado y se disolverían en un gremio o gremios con intereses propios. Es así como “esta acumulación de luchas parciales” se desencadenan en luchas colectivas de gran envergadura (la copa que menciona Uribe). Detener esa “Revolución molecular” es lo que se propone del Centro democrático al demonizar en la práctica la propuesta del filósofo con “Revolución molecular anticipada”, detrás de lo cual no hay ningún pensamiento.

Torcer, invertir, ha sido el accionar del uribismo. Por un lado, torcer el proceso de paz; por el otro, invertir los valores filosóficos de una democracia participativa, donde son válidos los reclamos sin el uso de la fuerza.