junio 01, 2021

La meta de la movilización es la transformación social y la transformación es lenta

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

Cuando se opta por la movilización social, como ejercicio político, se plantean dos objetivos esenciales: 1. Sumar cada vez más sujetos al movimiento. 2. Usar la fuerza de la movilización para transformar la realidad que indigna y agobia.

Ambas acciones quedan sujetas a la capacidad del movimiento para saber tensar la cuerda y lograrlas. Si el movimiento pierde la empatía de las masas, entra en desgaste, y si no se logran ganancias en las tempranas negociaciones, se pierde el empuje social. ¿Cómo leemos estos fenómenos en el momento histórico que vive Colombia en este turbulento 2021?

Hay que empezar por recordar que el gran movimiento de indignación nacional que se ha gestado hoy, es el acumulado de muchas décadas de desidia institucional y de malas prácticas de los estamentos gubernamentales. Sumado, por supuesto, a la falta de conciencia política de las mayorías que han terminado entregándole el poder, mediante el sufragio o la ausencia en las urnas, a las élites de siempre.

No todos los males de un país se pueden solucionar mediante una movilización, aunque con el entusiasmo de las masas en movimiento terminemos por creer que sí. Los problemas estructurales de Colombia son tan grandes que necesitaremos un buen tiempo para darle un giro hacia el bienestar de sus habitantes. Para ello debemos cambiar las prácticas políticas que han sumido el país en manos de las mafias (corrupción, narcotráfico, negociantes de la guerra, depredación del ambiente, concentración de la tierra, entrega de lo público a la banca, desconocimiento del diferente, entre otros males más).

Al tener una movilización que se prolonga en el tiempo, se corre el riesgo de caer en la ausencia de una organización efectiva. Aunque los males no aquejan a todos los excluidos por igual, las soluciones se deben plantear en consenso, algo que es muy difícil de construir, sobre todo en una sociedad con una escasa tradición democrática y con baja participación real en las decisiones estructurales del país.

En ese escenario, aparecen las “vanguardias” que ven el momento propicio para imponer su agenda o aquellos que buscan “cambiar el sistema global” con un movimiento local. En ese sentido, consolidar una agenda común es clave para “mantener viva la movilización” e impedir que caiga en el caos de múltiples agendas, (incluso algunas contradictorias entre sí).

Igual se puede generar un efecto sociológico contrario a los intereses que gestaron la movilización, esto puede suceder al destruir la empatía con la ciudadanía mediante acciones lesivas como saqueos a los pobladores, agresiones a la gente del común, inmovilización social y agresión ideológica del otro. Contar con los otros es fundamental, ya que ese sujeto es necesario para activar una transformación real.

Lamentablemente este gran movimiento, que va más allá del paro nacional y que se caracteriza por un despertar de conciencia social sumando una variedad de sujetos en las calles, ha ido cayendo en estas sin salidas. Jóvenes, taxistas, indígenas, camioneros, estudiantes, profesores, trabajadores de lo público y gente del común, los de a pie, han generado una acción propicia para el cambio ¿cómo lograr el cambio? Tener una agenda que dé respuesta a esa es la pregunta garantiza la vida del movimiento.

El Estado, conocedor de estas formas y acciones de la movilización, ha retardado la consolidación de la mesa de negociación, ha dilatado la agenda y, por otro lado, ha contribuido a aceitar la agresión estatal a los actores. Ese actuar ha impregnado y activado la cultura paramilitar, la cual esta vez ha actuado sin máscaras en las ciudades, respaldada por las fuerzas oficiales del gobierno, algo que viene haciendo hace décadas en lo rural.  Incluso, ha logrado mover un sentir en sujetos que, preocupados en esencia por “la propiedad privada”, se convierte en motor de contra-movimiento, generando enfrentamientos ciudadanos y pérdida de respaldo en algunos sectores. Todo ese panorama favorece al Estado e impide avances contundentes en la construcción de una agenda de transformación.

Así, la movilización se debate entre la radicalización, con las futuras consecuencias de incumplir sus objetivos debido a la pérdida de respaldo de las mayorías y a la imposibilidad de mostrar logros concretos que animen el mismo movimiento. Igual le pasa a la otra opción, la de la negociación, sujeta a la dilación del gobierno y la dificultad para construir un derrotero que unifique el movimiento e impida que se fragmente y diluya. Por eso el tiempo de las decisiones apremia.

Para el momento que vivimos, creo que lo mejor sería concretar una agenda nacional incluyente, que dé cuenta de los temas esenciales que gestaron la indignación colectiva. Esa agenda debe estar pactada y firmada por el presidente y debe contar con un cronograma de trabajo acompañado de la movilización periódica, con la veeduría masiva del pueblo. En términos concretos se negocia en la mesa, se pacta con la movilización y se hace seguimiento y veeduría en las calles.

Mientras tanto, hay que darle aire a la masa que se moviliza, propiciar formas organizativas y generar la consolidación de nuevos liderazgos individuales y colectivos que constituyan un grupo cualificado que se apreste a ganar espacio en las formas democráticas de gobernanza. Creo que el movimiento más reciente de Chile nos da un buen ejemplo en esa dirección.

Esperemos que la efervescencia del momento no se constituya en la trampa que nos devora a nosotros mismos e impida avanzar en la transformación de un presente social que agobia cualquier idea de futuro. Ese panorama ya lo hemos vivido antes y no sólo en Colombia.

mayo 26, 2021

Un gobierno en crisis que pone en marcha la guerra a través de Twitter

 


Por Nelson Romero Guzmán

Profesor Universidad del Tolima –IDEAD-


La crisis de gobernabilidad que vive Colombia está más que demostrada en los 28 días de paro y movilizaciones contados hasta hoy. El gobierno comandado por Uribe-Duque, con su política policiva y de militarización como vía de poder ejercido a través de la fuerza, es una prueba de su ineficacia ejecutiva y de su incapacidad política para resolver los problemas coyunturales y los cambios hacia el futuro del país en beneficio de todos los ciudadanos, principalmente los jóvenes ávidos de oportunidades. El presidente Iván Duque es el único llamado constitucionalmente a resolverlos, pues fue elegido por una mayoría en un escenario electoral que se supone lo legitimó para gobernar al país en el periodo 2018-2022. Pero casi a un año de cumplirse el mandato, el Centro Democrático, por el afán de mantenerse en el poder a costa de lo que sea frente a una inoperancia que se pone a la vista de cualquier ciudadano del país, recurrió a crear culpables para querer persuadir a la opinión pública de que son quienes tienen a Colombia “al borde de la quiebra”. A otros —y no a ellos mismos— pretenden achacar dicha inoperancia, dichos abusos y desafueros gubernamentales. Este truco de señalar a otros cuenta con estrategias que se han venido diseñando en el mismo Centro Democrático en cabeza del expresidente Álvaro Uribe, en la medida que avanza el paro. Las estrategias son bastante pervertidas y de todo tipo, principalmente a través del uso de los medios de comunicación, especialmente la prensa escrita como la revista Semana y los noticieros de televisión Caracol y RCN.

El Twitter, como red social, ha sido otro de los medios masivos utilizados por el gobierno para lavar su imagen ya bastante sucia y atacar a una supuesta izquierda que no es la que gobierna, pero sí quiere hacer creer a los incautos que es la causante de todos los males que aquejan al país. Fue así como el pasado 3 de mayo, cuando ya el pueblo inconforme representado especialmente por jóvenes, se movilizaba en ciudades y poblaciones haciendo que las marchas crecieran como bola de nieve, el exmandatario Álvaro Uribe lanzó el siguiente Twitter:

Sin más ni menos, el Twitter va escalando un mensaje tras otro, pero es sobre el último en orden descendente el que sostiene toda la pirámide. Todo el Twitter en su lectura piramidal de abajo hacia arriba o de arriba hacia abajo, resume la esencia y el veneno del proyecto uribista de gobierno desde sus inicios. Inicialmente voy a recomponer la lectura del mensaje y su sentido de abajo hacia arriba, para comprender todo su enunciado: frente a la crisis de gobernabilidad que dio origen al estallido social de la movilización, el uribismo se propone Resistir a través de una Revolución Molecular Disipada, como lo único que impide normalidad, escala y copa de los grupos que se movilizan, de ahí que también sea urgente acelerar lo social, reconocer el Terrorismo más grande de lo imaginado y es así como de debe fortalecer las Fuerzas Armadas (FFAA), que están debilitadas al ser igualadas al terrorismo del proceso de paz en la Habana que creó la JEP; por lo mismo, se requiere de una narrativa y así anular ese accionar legítimo. La estrategia es contundente y responde a una metodología precisa, en cadena, punto por punto.

Cada enunciado del Twitter está dado como un mandato, como una orden del twittero Uribe que tiene que cumplirse (que además se ha cumplido a la letra). Pero ese acto comunicativo, ¿a quién va dirigido?, ¿a un anónimo? No, en este caso son varios y uno solo los destinatarios: Al mismo Álvaro Uribe, al presidente Iván Duque, al gobierno en el poder con todos sus implicados, especialmente militares y policías y al Partido Centro Democrático que los aglutina en uno solo. Es una orden del centro y sus poderes en escala, hacia las márgenes, con el objetivo de mantener una Seguridad Democrática basada en el fortalecimiento de las FFAA.

Cada palabra del Twitter son cargas explosivas peligrosas que buscan dinamitar, eliminar y anular todo lo que no se acomode a los requerimientos del proyecto uribista que pretende continuar heredando el poder. Esa retórica del mensaje debe desenmarañarse y quitarle a Uribe la máscara exhibida en Twitter, para verle el rostro real al Partido Centro Democrático representado por la dupla Uribe-Duque y las élites políticas y económicas en el proyecto de gobierno defiende a toda costa, en detrimento de todos los demás sujetos de derecho, que es la misma población mayoritaria que lo eligió.

Ahora paso a hacer la lectura del Twitter de manera descendente. Empiezo con los puntos 1 y 2, por encontrarse entrelazados en una continuidad de su lectura del terrorismo.

 1.   Fortalecer FFAA, debilitadas al igualarlas con terroristas, La Habana y JEP. Y con narrativa para anular su accionar legítimo

2.  Reconocer: Terrorismo más grande de lo imaginado;

 El llamado más urgente del twittero Uribe es Fortalecer las Fuerzas Armadas para enfrentar a los terroristas y al “terrorismo más grande de lo imaginado”. Este “terrorismo más grande de lo imaginado” en Colombia, en la cabeza de Uribe superaría los delirios de poder de los exterminios más grandes que se han dado en la historia de la humanidad (Santa Inquisición, nazismo) y el mensaje está dirigido a causar miedo a la población, sin explicitar el causante del terror, pero inclinando la balanza a suponer en los lectores del Twitter que se trata del partido de izquierda que, aunque este sujeto está ausente en el mensaje, quien lo lee da por descontado de quiénes se trata. Uribe delira con un “terrorismo más grande de lo imaginado” y por eso justifica fortalecer con más armas al ejército y a la policía, a quienes presenta o hace ver como los debilitados, como las víctimas de ese terror, donde explicita que de esos terroristas son parte quienes legitimaron los Acuerdos de Paz en la Habana y crearon la JEP (Justicia Especial para la Paz). Para Uribe, lo que los Acuerdos de la Habana dieron como legítimo fue el terror, el cual debe anularse con el uso de dos acciones gubernamentales: fortaleciendo también una narrativa de Estado estratégica a través de los medios masivos y acelerando lo social. Las dos propuestas vienen funcionando hace tiempo, pero el uribismo las ha intensificado y hecho más visibles durante estos días de paro. La primera, o sea, la narrativa para anular, se viene dando a través de distintos medios de comunicación: la narrativa televisiva, la narrativa de la radio, la narrativa de la prensa escrita, el Twitter y la publicidad. Esa narrativa de poder, porque es el poder de turno el dueño de los medios, ha pretendido anular, sin lograrlo, la fuerza del paro, la resistencia de los jóvenes y las exigencias en la mesa de negociación de los representantes no gubernamentales del paro.

Pero de manera concreta ¿quiénes vienen siendo los otros terroristas que señala Uribe? El mensaje no los dice, pero en las prácticas de terror del uribismo sí. Por lo que se ha podido constatar en las marchas de protesta contra las reformas de pauperización del pueblo, esos otros terroristas no son más que los jóvenes, el futuro del país: muchos de los asesinados por las FFAA eran jóvenes que marchaban en paz, muchachos de clase media, que protestaban a través del baile como Lukas Villa en Pereira o que simplemente se dirigían a casa luego de visitar a su novia, como el caso de Santiago Murillo en Ibagué, porque en ese delirio los terroristas no tienen nombre propio, ni pertenecer a un gueto, sino que son todos los jóvenes del país. En Colombia es un peligro ser joven, quedó más que demostrado. Ser joven de clase media o baja o de clase pobre, es ser terrorista. A ellos hay que matarlos, torturarlos, violarlos, desmembrarlos, echarlos por los caños, desaparecerlos. ¿Quiénes fueron los culpables de estos desmanes? Las debilitadas FFAA a quienes se les dio la orden de disparar para sentirse fortalecidas, de acuerdo con el primero punto del mensaje del Twitter de Uribe. De nuevo, ¿Quiénes son los terroristas según el mensaje de Uribe?, ¿quiénes eliminan a líderes sociales?, ¿quiénes vandalizan las Arcas del estado con la complicidad de quiénes?, ¿quiénes son los culpables de la muerte de los niños por desnutrición? Muchos de estos interrogantes llenarían páginas.

Luego de esta horrible noche del crimen que no ha terminado, se busca a un culpable de la manera más cínica:

                                              Portada de revista semana

La narrativa de prensa, en este caso la revista Semana, como los demás medios de perturbación que recibieron no ahora si no desde hace rato, la orden de anular, pusieron en la portada esta foto del candidato de la Colombia Humana Gustavo Petro. La imagen es diciente, la intención es crear una lectura negativa rápida, distópica, llamando la atención sobre la parte del rostro de la izquierda del candidato como el terrorista, protagonista del paro a quien se le hace este llamado en tipos grandes de imprenta: PETRO, ¡BASTA YA!, debajo de la foto aparece una leyenda alusiva que amplía el mensaje de la mayúscula. En ella le acusa a Petro, además, de la violencia, de la crisis económica, de la transición anárquica, de alguien que no piensa en Colombia y quiere conquistar a la fuerza la presidencia de la República. Sin embargo, la portada presenta una lectura de doble filo. La lectura literal es para los que consumen fácil, para los que leen sin interpretar o se hacen los tontos, como los que vuelven y vuelven a votar por el uribismo que ya creo la gran mayoría de este potencial de votantes cambió de planes según recientes encuestas. La otra lectura es la de un uribismo que busca salidas a su propia crisis y descréditos, acosado por rendir cuentas de su demostrada incapacidad para gobernar con equidad, busca cargar sobre un tercero la culpa de la “Colombia, al borde de la quiebra”, como aparece en el subtítulo de la portada de la revista Semana. Es el caso patético de oportunismo mediático, además de que esta narrativa busca calar en la conciencia ciudadana y de esa manera pretender anular al candidato Petro.

Otra narrativa pretende anular las marchas y los reclamos de los jóvenes de Colombia, es la narrativa televisiva de los noticieros. Son muchas las estrategias que se desvelaron y se siguen desvelando en este paro: desacreditar los reclamos justos, la mayoría pacíficos, no presentando los conflictos reales, pues en este caso la cámara del periodista y su discurso de primicia, se centra en la imagen del bloqueo, la afectación de la economía, pone en “cuidados intensivos” a los industriales, pone por encima el “asesinato” del policía, para quitarle fuerza a la brutalidad del “fallecimiento” de los jóvenes ciudadanos, desacreditando el paro presentándolo como vandalismo y el exmandatario Uribe refuerza sus Twitter con texto más imagen, como el aquí pego sobre la “muerte avícola” del 8 de mayo:

Los contenidos de estos mensajes se reproducen de diferentes formas en los Twitter de Uribe y los noticieros de TV, distorsionando las causas justas del paro, justificando el “terrorismo más grande de lo imaginado”, que es el que atenta contra los industriales, no contra el pueblo, queda claro; desde esos mensajes toca los sentimientos de la gente, mostrando quiénes son los causantes del mal. Aquí, los culpables del hambre son los que tienen hambre y no la reforma tributaria que pretendían crear más hambre. En el mensaje del Twittero aparece la palabra AUTORIDAD con mayúscula, la cual se lee con otra mayúscula: FFAA. La fórmula es matemática: AUTORIDAD igual FFAA.

 4. Acelerar lo social;

 La orden del punto 4 del twittero de “acelerar lo social”, es un poco ambiguo: O las marchas masivas son las que aceleran lo social, es decir, se expanden y fortalecen al paso de los días, o es lo mismo que se lee en Twitter de la “la muerte avícola” como “soluciones sociales”, no son otra cosa que sofismas de distracción y eufemismos que viene usando el gobierno a través de su Programa de Ingreso Solidario, que hace parte de su Agenda de Transformación Social Sostenible, que incluye acciones: reforma Tributaria acelerada que se hundió, el Fondo de Solidaridad Educativa, el Programa de Apoyo al Empleo Formal y demás bañitos de agua tibia que no solucionan de raíz los problemas, sino que los aísla en pequeños sectores para demostrar su accionar benevolente para enmascarar la crisis de gobernabilidad. Justamente, estos programas se han visto acelerando.

 “Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y copa”

 Algo que no supo disimular el Twitter de Uribe, y ahí si el mandatario perdió su cabeza, dejó ver el cobre y lo puso al desnudo, fue el enunciado último de su Twitter. Pienso que, si hubiera vuelto a leer de primera mano el libro “La revolución molecular” del filósofo francés Félix Gauttari y no la interpretación manipulada y al servicio del fascismo del militar chileno Alexis López, más bien se hubiera quedado callado, pero el inconsciente lo traicionó y dejó al descubierto lo más oscuro de su alma, de que definitivamente es un hombre al servicio del mal que él mismo endilga a otros buscando lavar sus culpas y disipar la Historia. Este enunciado define de fondo la posición ética y política del uribismo o Partido Centro Democrático o gobierno Duque. Si Gauttari leyera este enunciado, diría con sus propias palabras: “Esta es una fórmula fascista”. Esas fórmulas, dice el filósofo, son las que no hay que dejar pasar “sin importar la escala a la que se manifieste” (p.65). Justamente, la palabra “disipada” no es de Gauttari, la impuso a la fuerza el militar chileno Alexis López para deslegitimar la propuesta de “Revolución molecular” del filósofo francés y fortalecer las FFAA al servicio de la dictadura de Pinochet en su tiempo. En el entendido de López/Uribe, hay que disipar (palabra de uso castrense) los grupos que marchan con justos reclamos, a través de la resistencia mediante el uso de la fuerza (las armas), porque impiden la normalidad. Dicha normalidad en el contexto uribista de los reclamos, era el proyecto tributario, de salud y otras reformas en menoscabo de la población colombiana. En los hechos, este quinto mandato del uribismo se ha cumplido a la perfección y los ejemplos sobran: jóvenes muertos o mutilados más guerra verbal a través de los medios de comunicación.

 Matar a Gauttari

 Matar el pensamiento, la herencia de la filosofía o, por lo menos, querer suspenderlo o disfrazarlo a cambio de imponer los intereses económicos de una minoría, es lo que en últimas importa a un estado neoliberal al servicio de las élites de la banca, las grandes industrias o los terratenientes, los que justifica la fuerza para despojar a las personas de todo, no solo de la vida, sino también de su pensamiento, que es la riqueza más peligrosa que poseen los jóvenes en camino de renovar su lugar en el mundo. No está mal que a propósito leamos una cita de Gauttari: 

La idea de una micropolítica del deseo implica, por tanto, poner en cuestión de forma radical los movimientos de masas que se deciden de forma centralizada y que movilizan en serie a los individuos. Lo más importante es que van a conectarse una multiplicidad de deseos moleculares, una conexión que puede implicar efectos de tipo «bola de nieve» y demostraciones de fuerza a gran escala. Eso es lo que pasó cuando comenzó del movimiento de Mayo del 68: la manifestación local y singular del deseo de pequeños grupos se puso en sintonía con una multiplicidad de deseos reprimidos, aislados los unos de los otros, oprimidos por las formas de expresión y de representación dominantes. En una situación como ésta ya no estamos ante una unidad ideal que representa y mediatiza intereses múltiples, sino ante una multiplicidad equivoca de deseos que en el proceso genera sus propios sistemas de localización y control. Esta multiplicidad de máquinas desecantes no está compuesta por sistemas estandarizados y ordenados que puedan ser disciplinados y jerarquizados en función de un único objetivo. Por el contrario, se encuentra estratificada a partir de grupos sociales diferentes, de clasificaciones en función de la edad, el sexo, el origen geográfico, la cualificación profesional, las prácticas sexuales, etc. No produce una unidad totalizadora. Es la univocidad del deseo de las masas, y no su agolpamiento en torno a objetivos estandarizados, lo que fundamenta la unidad de su lucha. La unificación aquí ya no es más el antagonista de la multiplicidad de deseos, como sí lo era cuando eran «tratadas» por la máquina totalitaria-totalizante de un partido representativo. (p.58-59)

 La fórmula de Uribe busca desviar este pasaje —que tal vez él no leyó—sin lograrlo, sin argumentos filosóficos, sino con el uso de las FFAA, este pasaje del filósofo francés, queriendo despojarlo de su propia vida filosófica y ponerlo al servicio de la muerte con el nombre de “Revolución molecular disipada”. El mismo Gauttari habla del uso de las teorías, pero nunca lo piensa en este sentido perverso.

La anterior cita de Gauttari, alrededor de su propuesta de “Una multiplicidad de deseos moleculares”, respaldado en su concepto de “micropolítica del deseo” que aborda lo que él llama “Revolución molecular”, fue lo que ocurrió en Colombia con el estallido social que vivimos. La culpa no es de los jóvenes, sino de las condiciones precarias creadas por el Estado para su sobrevivencia y para proyectarse un futuro a que tienen derecho, como lo tuvieron ellos. La “Revolución molecular” de Gautari no es la del uso de las armas, es una acción política sin teorías que emprenden esos pequeños grupos de jóvenes que son como moléculas que se van conectando en diferentes lugares, presionados por el Estado que reprime sus deseos. Así, estos “deseos moleculares”, que es todo un flujo, una fuerza positiva de los jóvenes, son esos deseos los que explotaron en ellos y los llevan a reclamar lo justo, pues están amenazados por un presente que los excluye y por un futuro incierto.  Estos “deseos moleculares” no están centralizados en ningún partido o jefe o protagonista, Gauttari dice que se van congregando y conectando, pues no buscan “objetivos estandarizados” de un programa, de ser así no hubieran estallado y se disolverían en un gremio o gremios con intereses propios. Es así como “esta acumulación de luchas parciales” se desencadenan en luchas colectivas de gran envergadura (la copa que menciona Uribe). Detener esa “Revolución molecular” es lo que se propone del Centro democrático al demonizar en la práctica la propuesta del filósofo con “Revolución molecular anticipada”, detrás de lo cual no hay ningún pensamiento.

Torcer, invertir, ha sido el accionar del uribismo. Por un lado, torcer el proceso de paz; por el otro, invertir los valores filosóficos de una democracia participativa, donde son válidos los reclamos sin el uso de la fuerza.

mayo 13, 2021

MENSAJE A LOS ANGUSTIADOS

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente universitario IDEAD - UT

 

Por estos días de convulsión social las emociones estallan generando angustia en las mentes, sin importar la edad, el género o la condición social. Estamos asistiendo a un momento en que la humanidad pareciera estar en un callejón sin salida, atrapada en un sistema que ha colapsado dejando a la deriva las promesas de prosperidad y felicidad que se vendieron bajo preceptos hoy en decadencia.

Después de un inicio de siglo en el cual la tecnología irrumpió en cada rincón del planeta trayendo una nueva promesa de confort, hoy asistimos, como a través de una enorme pantalla, al desvanecer de los sueños. Pobreza, egoísmo, depredación de la naturaleza, enfermedades, brechas sociales inmensas entre unos pocos que lo tienen todo y una muchedumbre que deambula buscando opciones y mejores condiciones, son los escenarios que moldean la inconformidad.

En Colombia, un país que se erige en la esquina de Suramérica de ese territorio que, como cantaran Los Prisioneros, queda “al sur de EE. UU.”, arde en indignación. Después del frustrado proceso de paz el cual, en vez de unir a los ciudadanos, fue usado como estrategia para ahondar los odios; la desesperanza y la lógica de la barbarie parecen reinstalarse, pero esta vez no sólo en las zonas rurales, ahora la brutalidad de la violencia ha llegado con toda intensidad a las ciudades.

La ola de inconformidad que retuvo algún tiempo el COVID-19 y la estrategia de miedo que construyeron a su alrededor, volvió a salir a flote. Esta vez ni el virus, ni la represión, ni el miedo pudieron detener el descontento. Esta vez las calles se inundaron de personas la mayoría de ellas jóvenes, que se niegan a ver los estertores de un país en manos de la indolencia hecha gobierno. Un país cuyo fortín de las armas ha impedido el cambio, un país cuyas dos últimas décadas ha estado en manos de finqueros millonarios, políticos corruptos y banqueros, mientras los demás asistimos a la parodia del bienestar.

Y en el fondo de ese escenario, la salud mental se diluye ante el alud de sucesos que rompen toda lógica. La avaricia de unos pocos consumiendo el bienestar de todos, la desfachatez de un gobierno que protege las mafias y abandona a los pobres, el manido egocentrismo de un patriarca en decadencia que se niega a soltar el poder a toda costa, un grupo de enceguecidos propietarios que compran armas para defender sus feudos sin ser capaces de entender el drama de los menos favorecidos y la terquedad de un gobierno que le apuesta más a la represión que el diálogo franco, son hechos que hacen crecer la indignación.

Miles de familias están atrapadas en medio de los sucesos, no saben cómo actuar, comprenden que algo anda muy mal, pero los años pesimistas las conducen a la sin salida de siempre y entonces la angustia se anida como un pájaro negro depositando huevos de negativismo en sus cabezas. Ven desde sus ventanas el presente oscuro y no puede imaginar un futuro claro.

A todos los angustiados quienes ven que sus labores se han detenido, que sus estudios están pendientes debido al paro, que sus pequeños negocios aumentan las pérdidas, que sus hijos salen a marchar y no saben si en la noche volverán, que afirman que todo será inútil porque este país no lo cambia nadie; a todos los angustiados va este mensaje: sólo hoy podremos dar cuenta de un futuro distinto, sólo hoy podremos contribuir a desmontar el más aberrante sistema de corrupción, odio y barbarie que conduce este barco llamado Colombia y lo podremos conducir a mejores aguas.

La angustia no va a desaparecer mientras vivamos en medio de tanta inequidad, mientras veamos millones clamando por una vida digna mientras unos pocos devoran todo, mientras estemos unos pocos conformes con lo que hemos luchado por construir, pero haya miles desabastecidos de los recursos mínimos para vivir con dignidad. La angustia es válida, porque como dijo Jiddu Krishnamurti “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

A todos los angustiados de hoy les invito a pensar en el bienestar del otro, en los más desprotegidos, en los que sufren y hoy ven una luz de esperanza en esta gran movilización de cuerpos y mentes cansadas de padecer la ignominia de la casta gobernante. La angustia estará ahí, pero de seguro se hará más llevadera si nos despojamos del egoísmo y entendemos, como lo dijo Platón, que: “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”.

mayo 09, 2021

ESTUDIAR ES UN DERECHO PARA TODOS, NO SÓLO PARA LOS JÓVENES

 


Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla

Docente Universidad del Tolima (IDEAD)

 

A las 7:59 de la noche del 5 de mayo de 2021, ingresó al Hospital Universitario San Jorge de Pereira, Lucas Villa Vásquez, estudiante de la Universidad Tecnológica de Pereira. Tiene 37 años, está cursando Ciencias del Deporte y Recreación. Mientras escribo esta nota trato de obtener las últimas noticias respecto de su estado de salud, sólo se sabe que sigue siendo crítico, pero hay esperanzas de que le haga, con su alegría, un quite a la muerte dictaminada por quienes siembran horrores.[1]

Lucas Villa Vásquez ha estado a punto de sumarse a los más de 30 muertos en apenas 8 días de protesta, movilización que se desató con el detonante de una infame reforma tributaria en medio de una de las mayores crisis económicas y sociales de los últimos tiempos, aunque hablar de crisis en Colombia es casi un pleonasmo.

Alrededor de este vil atentado mucho se ha dicho, pero hubo algo que en particular me pareció atroz. En algunas redes, por supuesto proclives a la defensa del presidente Duque y sus acciones secundadas por el Centro Democrático (es increíble saber que aún hay un puñado de crédulos que se niega a ver la realidad), se mofaban porque Lucas con 37 años aún estaba cursando un pregrado en la Universidad. He ahí una mirada obtusa, limitada y mezquina de la educación en este país de desigualdades.

En el Sistema de Educación Superior de Colombia, según cifras del MEN en agosto del 2015, “sólo el 41,2 % de los estudiantes de colegios oficiales y el 56,4 % de no oficiales, para una tasa de 48,5 %, aparecen en los registros de absorción a la educación superior”; [2] pero también sabemos que a partir del 2018 la cobertura ha venido reduciéndose y desde que la pandemia empezó a hacer estragos, este indicador se agravó aún más.

Muchos jóvenes deben renunciar al sueño de sus estudios universitarios, otros aplazan dicho deseo. Apenas cerca de 2.5 millones[3] de personas forman parte del sistema de formación universitaria en Colombia, tanto en instituciones públicas, como privadas. Y no todos son jóvenes. Afortunadamente existen proyectos de formación alternativos que le permite a muchos, quienes postergaron el sueño universitario, poder lograrlo sin importar la edad.

Resalto el caso de la Modalidad de Educación a Distancia, que desde el año 1982, viene generando posibilidades de formación a esa población “doblemente excluida”, que por múltiples razones no pudieron ingresar a la Universidad una vez culminado el ciclo de formación media. Algunos no obtuvieron los puntajes suficientes para ingresar a escasos cupos de la educación pública presencial, otros no contaron con el dinero suficiente para el valor de la matrícula en la Universidad Privada, otros debieron darles prioridad a los compromisos laborales para la manutención de sus familias, entre muchos aspectos más.

En el caso del Instituto del Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, hemos abierto las posibilidades de formación a hombres trabajadores, madres cabeza de familia, padres adultos, comunidades indígenas, población sorda y, por supuesto, miles de jóvenes, a quienes les favoreció nuestra lógica y compromiso de inclusión. Ellos no tuvieron que ir a la universidad, la universidad fue a ellos, y con un gran esfuerzo de cooperación Inter-Institucional el último año lo han podido hacer de manera gratuita.

En nuestras aulas es fácil encontrar un chico de 17 años conformando un grupo de trabajo con una señora cuyos hijos superan la edad de su compañero de clases. O un padre y su hijo estudiando al mismo tiempo, un hermano mayor y un hermano menor, una pareja cursando un pregrado con hijos que van al colegio, una madre que estudia distancia mientras su hijo estudia presencial, la variedad etaria es lo de menos.

Esto se debe a que, como modelo alternativo, incluyente y pertinente, el modelo del IDEAD-UT, sabe que la formación no tiene edad, que mientras haya deseos y oportunidades, debemos hacer de la educación superior un camino de ascenso, aprendizaje y crecimiento sociales.

Quienes se mofan de la edad de Lucas, son más que miopes para no ver la alegría que desbordaba y que ha quedado testimoniada en las redes; la alegría de alguien que se sabía protagonista de su proceso de formación, pero además que poseía la conciencia política y el valor ciudadano para ser actor de transformación.

Le dispararon vilmente, 8 veces acertaron, pero de seguro no han logrado matar el sueño del derecho de la educación, en un país en donde miles de adultos se forman, a la par de la fogosa juventud, mientras otros miles aún esperan contar con esa posibilidad.

Hoy todos juntos nos movemos a defender ese derecho, que sólo será posible cuando se instaure la Educación Gratuita para todos. Esta debe ser una consigna más de esta gran movilización por un país mejor.

abril 24, 2021

BREVE TRATADO SOBRE LA INFELICIDAD

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universitario

La mayoría de los seres humanos no son felices porque lo que buscan no es la felicidad.

Algunos desean tener muchos bienes, viajar por el mundo y sonreír frente a las cámaras. Otros desean ser famosos, despertar cada mañana siendo la necesidad de alguien en la distancia. Conozco muchos que desean ser extrañados, ser abrazados, ser besados. Miles buscan ser aceptados por sus familiares, por sus amigos, por sus parejas. Muchos aman, desesperadamente, proyectarse en los otros y buscan ser amados por sus proyecciones. Millones corren tras un puesto importante y sueñan con tener sueldos que les permitan obtener lo que tanto necesitan, así no sepan con claridad cuál es su necesidad.

La mayoría de los seres humanos se aferran desesperadamente a un cuerpo, ese otro bastión de lo que se añora, y sacrifican en la transacción todas sus energías. Y como los cuerpos siempre se van, muchos siguen tras ese cuerpo o tras otros, de una manera cíclica, repitiendo siempre los mismos errores, auscultando siempre en las mismas ausencias. Es por esto que casi todos confunden el amor con la felicidad.

La mayoría de los seres humanos han labrado su desgracia tras la felicidad, y es sencillo de encontrar el punto de su equivocación: han llamado felicidad a sus deseos primarios.


marzo 03, 2021

Para avanzar, primero hay que recordar

 


Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universitario

 

El Wéstern es uno de mis géneros cinematográficos preferidos, creo que alrededor de estas historias de caballos, pistolas, llanuras polvorientas, indios, trenes y disparos se ha logrado trasmutar el relato de la lucha de los seres humanos por domar lo indomable, por desentrañar la condición humana.

Después de muchos años es difícil contar algo que no haya sido narrado a través de este género, pero afortunadamente las mixturas generan nuevos productos de calidad como la película “Noticias del gran mundo”, del cineasta Paul Greengrass y con una actuación especial de Tom Hanks, de quien no recuerdo otra participación en este género.

La historia está basada en la novela de la escritora Paulette Jiles, con la que fue finalista en el 2016 en los National Book Awards. Trata de un viejo capitán (Kidd) quien debe vivir los terribles desencantos y secuelas de la posguerra, para lo cual se dedica a recorrer los polvorientos pueblos contando noticias de otros lares, las cuales son recibidas con beneplácito por los curtidos habitantes de estos perdidos pueblos.

Un día Kidd encuentra una niña abandonada que había sido raptada por los indios y criada por ellos. De origen alemán, Johanna debe padecer una doble pérdida familiar pues sus padres indios también fueron asesinados en esa lucha sin cuartel que siempre se relata en el oeste. Kidd decide llevar a aquella niña desprotegida de regreso los vestigios de un hogar lejano a cientos de kilómetros y en ese camino de regreso vemos, como a través de un calidoscopio, transcurrir la miseria y la ternura de un mundo que debe ser reconstruido.

 La película gira entre balazos bien dosificados y lentas travesías, para hacernos ver a través de los ojos de la niña el dolor y las consecuencias del desarraigo, la pérdida del entramado familiar y el cruce de culturas, logrando activar las fibras temblorosas en el relato, cuestión que siempre logra el cine bien elaborado.

Mención especial merece la actuación de Helena Zengel, la precoz actriz que logra condensar el dolor de la violencia y la ternura de la edad y que, con pocas palabras, más bien usando los ojos, la mirada y las expresiones corporales, nos regala una actuación digna de aplausos, y quizás hasta de premios. A su lado un curtido Tom Hanks no desentona y nos regala un sobrio papel de hombre en busca de historias para seguir narrando historias.

Relatar las noticias, contar historias, ese es el leitmotiv de la película. Y a fe que logra hacerlo, llevándonos de regreso a la imposibilidad del mundo arrebatado a Johanna, pero que consigue recrearse a través del universo de las palabras, las nuevas historias que siempre la vida, a pesar de las dificultades, nos depara.  Ella le permite al viejo capitán volver a narrarse a sí mismo y crear un nuevo escenario para darle las posibilidades a las historias que faltan por contar, porque como dice uno de sus diálogos: “para poder avanzar, primero hay que recordar”.

En buena hora a Tom y Greengrass se les ocurrió juntarse para llevar al cine esta novela. Los invito a encantarse dejando que, a los sentidos, penetre una bien contada historia.

febrero 05, 2021

LA GRATUIDAD UNIVERSITARIA, UN RETO DE PAÍS

 














Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Docente Universidad del Tolima

 

La gratuidad educativa está hace décadas en la agenda pendiente del país, a pesar de los grandes movimientos universitarios ha sido imposible concretar la misma debido a la falta de voluntad política de la clase gobernante. Sólo cuando se entienda la potencia que la educación tiene en el desarrollo social, económico, cultural y científico de una nación, se podrá entender la gratuidad como la mejor inversión en su futuro.

 El año 2021 inicia con un coletazo profundo en la vida económica y social de Colombia, los cerca de 2.5 millones de estudiantes de Educación Superior están pendientes de los planes de bienestar y permanencia estudiantil que las Universidades le puedan brindar, no sólo las públicas, también las privadas, las cuales albergan más del 50 % de la población.

 El Ministerio de Educación Nacional anuncia ayudas para la IES en “un total de $98.800 millones para subsidiar el pago de la matrícula del primer semestre académico de los estudiantes con mayores condiciones de vulnerabilidad de las 63 instituciones públicas del país”[1]. Esto, a simple vista, resulta insuficiente si los gobiernos municipales y departamentales no concurren en una bolsa común que garantice la permanencia estudiantil y el ingreso de nuevos prospectos.

 Frente a ese panorama se teje una realidad que sólo puede ser intervenida mediante la transformación del sistema educativo y la forma de financiación del mismo, de lo contrario estaremos asistiendo a una de las mayores pérdidas de cobertura de la historia reciente, ya que las IES no podrían sobrevivir al panorama. Para ello debemos trabajar sobre las siguientes ideas fuerza:

 ·        Las universidades públicas no pueden cumplir por sí solas el derecho constitucional de la educación, es el Estado el responsable de garantizarlo, las Universidades son el medio.

 ·        La pandemia desnuda, una vez más, un sistema educativo inequitativo y le plantea al país el reto de construir una verdadera política educativa para el siglo XXI.

 ·        La gratuidad en los pregrados universitarios debe ir acompañada de una estrategia de exigencia educativa que asuma el reto del aprendizaje como una constante superlativa, o surtirá el efecto contrario, es decir, hará decaer el compromiso con el saber.

 ·        No se puede continuar construyendo un sistema federal para la educación y su financiamiento, estaríamos generando la imposibilidad de la construcción de una visión de nación. La responsabilidad de los departamentos y municipios debe continuar, pero es el Gobierno Central el encargado de generar las políticas y su financiamiento.

 ·        Hoy nos enfrentamos a un Frankenstein compuesto por Generación E, jóvenes en acción, becas estatales, ICETEX, aportes especiales procoyuntura y demás fondos, lo que genera una engorrosa tramitomanía de recursos y una lenta respuesta burocrática. Por lo tanto, se debe unificar una política educativa y su financiamiento.

 ·        Algunas universidades de corte regional tienen un alto impacto nacional, aportan significativamente en la consolidación del derecho a la educación, pero no se refleja dicho impacto en las transferencias de corte nacional que reciben.

 ·        El sistema es inequitativo al privilegiar mayores montos para las universidades de las grandes capitales en comparación con otras denominadas «menores». Este actuar amplía la brecha y no genera igualdad de oportunidades para la formación de los menos favorecidos.

·        Se debe hacer una fuerte inversión tecnológica en el campo de la enseñanza y garantizar la gratuidad de conectividad para fines educativos. En ese mismo sentido, la brecha tecnológica hace que tengamos poblaciones en el siglo XXI y otras en el XIX.

 ·        Las modalidades a distancia y virtuales se erigen como alternativas reales para avanzar en cobertura y garantizar el acceso a educación superior, pero el sistema debe adaptarse, reinventarse y revisar una serie de las normas que están más enfocadas en la presencialidad tradicional. 

 ·        Se deben establecer políticas de bienestar para el profesorado, el sistema actual salarial, los mecanismos de evaluación y promoción y los escenarios de capacitación/ formación no han dado los frutos que se requieren para soportar un sistema educativo en el siglo XXI.

enero 17, 2021

MATRÍCULA CERO 2021: PANORAMA INICIAL



                                                                                        Por: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla
                                                                                                Docente Universidad del Tolima 

La realidad

La pandemia sigue, sus efectos crecen. Lejos se dibujan los panoramas de solución para el coronavirus en el territorio colombiano, basta con revisar las medidas que se han implementado en los pocos días de este 2021, para observar que se sigue actuando casi a la ciega.

El Sistema Educativo Público ha logrado sobrevivir con mil afugias[1]. El año 2020 puso sobre el tintero nuevos retos educativos que las Instituciones (en todos sus niveles) lograron ir sorteando para garantizar el derecho a la educación. Los docentes asumieron tareas de actualización y apuestas pedagógicas con el fin de responder al reto de educar remotamente. Los estudiantes asumieron la necesidad de continuar en el nuevo modelo. Muchas instituciones ofrecieron planes de bienestar universitario que incluyeron conectividad y herramientas tecnológicas (tabletas, pc). El gobierno hizo algunas apuestas de ayudas que en algo contribuyeron, pero, como siempre fueron escasas frente a las enormes necesidades. Mientras tanto el gasto militar continuó como si nada, igual el derroche en burocracia y en lavado de imagen presidencial.

Llegado el año nuevo sólo hay silencio frente a las necesidades educativas que se aproximan. Desde el Ministerio le apostaron al retorno con alternancia, estrategia que se ha venido derrumbando frente a la dura realidad del crecimiento del número de contagiados y el precario sistema de salud que en poco se ha visto robustecido en un año de pandemia. Los hogares cada vez pierden más poder adquisitivo y la educación no forma parte de la canasta básica de los hogares, por el contrario, es un servicio suntuoso.

El panorama universitario

Ante la ausencia de una política estatal vigorosa que respalde el sistema publico educativo del país, las universidades tuvieron que zozobrar la tormenta. Muchas lograron solventar sus finanzas en una apuesta de corto plazo (semestres A y B de 2020). Realizaron descuentos en matrículas, dieron subsidios, aumentaron impactos de becas, financiaron semestres, entre otras estrategias. Pero el crecimiento de la desfinanciación del sistema que viene en constante aumento desde la expedición de la Ley 30, genera que las universidades no pueden sostener una crisis que se desplaza en el tiempo y crece de manera exponencial.

Si los indicadores de cobertura en educación superior lograron solventarse medianamente durante lo corrido de la pandemia, (desde el 2019 presentaban la mayor caída en 18 años),[2] lo que se avizora para este nuevo año es un descenso alarmante, sobre todo en el nivel de posgrados. Y esa responsabilidad no se le puede dejar solamente a las universidades, ya que ellas están en números negativo ante la ausencia de nuevos ingresos por venta de servicios y otras actividades, esto debido a que el “mercado de servicios educativos” también cayó abruptamente.

Es decir, estamos de cara una realidad contundente, o el gobierno y su Ministerio de Educación asumen la responsabilidad de financiar el sistema para mantener los estudiantes matriculados y recibir los nuevos, o las universidades tendrán que trasladar ese costo a las familias. Como lo último no es una opción, se tendrá que sacrificar la cobertura y con ello el derecho a la educación. Se acaba enero y no se ven propuestas para darle vida al primer semestre y el descontento crece al ritmo de las necesidades.

El caso de la Universidad del Tolima

Gracias al buen manejo de las finanzas internas que se ha venido dando en los últimos años, se inició el año 2020 con un mediano superávit y, a partir de allí, la Universidad del Tolima pudo crear un plan de choque que, conjuntamente con los aportes de la Gobernación y el MEN, permitió soportar inscripciones y matrícula gratuitas durante dos semestres. Esto favoreció a cerca de 20 mil estudiantes de pregrado con matrícula cero. Los más de mil estudiantes de posgrado también obtuvieron descuentos hasta del 40 %.

Es necesario aclarar que, junto al saneamiento financiero que permitió superar un déficit que arrastraba desde el 2015, también hubo austeridad del gasto durante todo el año. Además, se lograron redireccionar algunos dineros que por el nuevo método de trabajo (mediado) no podían ejecutar como gastos por servicio de restaurante, pago de algunas infraestructuras en arriendo, viáticos, salida a prácticas, participación académica nacional e internacional de docentes, entre otros rubros.

Por el otro lado, crecieron los rubros de gastos en bienestar para estudiantes, apoyos a los docentes en capacitación, adquisición de paquetes y soportes tecnológicos, becas y demás ayudas que garantizaran la matrícula cero. Un gran esfuerzo que se convirtió en ejemplo nacional. Siendo justos el gobierno departamental y el MEN concurrieron y de esa manera se pudo cumplir la labor misional de la UT.

La coyuntura del 2021

Hace varios meses el gobernador del Tolima, Ricardo Orozco, anunció que asumiría la matrícula cero hasta el año 2023 de la Universidad del Tolima y el ITFIP,[3] lo que ese titular no dejaba claro era el cómo. Luego se supo en detalle que esa propuesta cobijaría los estudiantes de estratos 1 y 2 solamente en el Tolima y hasta el momento no se sabe exactamente quiénes y cuántos serán los beneficiados. No creo que el problema actual sea de estratos, es un problema integral que necesita soluciones sistémicas, conduciendo a que la matrícula cero se convierta en política de Estado.

La apuesta política del gobernador, pareciendo loable, segmenta la Universidad del Tolima y de tajo genera un problema de inequidad, pues la UT cuenta con presencia de estudiantes en nueve departamentos del país, de los cuales ocho quedan por fuera de su propuesta. Igual el gobernador comete un error a no trabajar en conjunto con el MEN para darle la cobertura en bienestar a toda la población, lo cual genera un tinte populista en su propuesta, más allá del diseño de una solución integral y duradera. A la hora del desembolso veremos de cuánto se trata el nuevo aporte, que debe ser adicional y muy superior al que le corresponde por ley.

En ese sentido, considero que el Gobierno departamental no debe condicionar estos recursos a determinada población porque los estudiantes se matriculan en la Universidad del Tolima, no en la gobernación. En los otros departamentos los aportes han sido escasos, cuando no nulos. Recientemente el gobernador de Risaralda, en donde la UT tiene cerca de 500 estudiantes, anunció el apoyo para apenas el 10 % de ellos (48 cupos). Algunos municipios en donde hacemos presencia empiezan tímidamente a estudiar posibilidades de apoyo a los estudiantes, pero de ahí no avanzan. Se podría alegar que las apuestas en gasto público son prioridad para salud, prevención y ayudas económicas, aunque en muchos casos no se ven tampoco sus verdaderos impactos.

En ese sentido, nos encontramos ante una disyuntiva, debemos avanzar en la consolidación de la matrícula cero si queremos garantizar el derecho a la educación, pero la Universidad del Tolima ya no cuenta con los recursos propios para financiar más allá de las becas, la inscripción cero para pregrado y posgrado y los descuentos en posgrados, así como las políticas de bienestar que siguen creciendo. Si el gobierno nacional no asume la cifra restante nos encontraremos ante un panorama en el cual unos estudiantes no pagarán su matrícula y otros si, esto ocurriría en las dos modalidades; claro que el mayor impacto sería para los estudiantes del IDEAD, sobre todo para aquellos que están en las sedes por fuera del departamento del Tolima. En ese sentido, sería mejor que con los nuevos recursos prometidos por la gobernación se tramitara un descuento similar para todos y no caer en la estrategia inequitativa de unos en la cama y otros en el suelo.

No obstante, la verdadera y definitiva solución está en que, trabajando en conjunto el Gobierno Nacional y el Gobierno Departamental asuman el pago total de la matrícula cero durante el año 2021 y que la Universidad con sus esfuerzos financieros se encargue de suplir otros campos de los gastos. No se trata solamente de tener las posibilidades de ingresar a la universidad, sino que los docentes, estudiantes y personal administrativos deben contar con las herramientas, insumos y escenarios pedagógicos adecuados para desarrollar los procesos con excelencia, y para ello se necesita flujo de caja disponible.

El semestre está ad portas, los estudiantes ya reclaman justamente ayudas equitativas. Esperemos que la pandemia por fin haga entender a los gobiernos que la educación es prioritaria, más aún cuando vemos la gran fractura social y económica que se extiende angustiosamente sobre nuestros territorios.