septiembre 03, 2014

TRANSCURRIR UT (SEPTIEMBRE 3 DE 2014)

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
I
Como reza el Talmud, es mejor figurar entre los perseguidos que entre los perseguidores.
II
¿Cuál es el destino de la Universidad del Tolima sumida en el ardoroso fervor de su silencio? Si hay algo nocivo para una comunidad es decretar que “todo marcha bien”, sobre todo cuando la realidad muestra su crudo rostro. Crecen los presupuestos, crecen las edificaciones, crece el número de empleados, crecen las licitaciones, pero no crece la academia porque el proyecto de universidad sigue embolatado en los archivos de los indicadores. En ese panorama quien denuncia, dice, grita, enuncia, es sujeto de disciplina, debe ser amoldado, al fin y al cabo esta es una institución formativa y debe hacer honor a su legado. Así lo recordaba la frase de la exposición del profesor Cardozo: “Vigilar el cuerpo, para controlar el alma”.
III
En una carta el profesor Herman Muñoz, rector de la Universidad del Tolima (toca recodar quién es el rector porque a veces las personas se tornan invisibles tras el manto del poder), le informa al profesor Germán Llanos que “… a ningún directivo he dado instrucciones para ejercer persecución a la diferencia, igualmente ese tipo de acciones no están contempladas en el ideario universitario que caracteriza mi administración”. El problema es que no solo se persigue cuando se ordena perseguir, sino cuando siendo el poder, se permite perseguir. No se puede declarar inocente el dueño de los perros cancerberos que acosan la liebre en la madriguera.
IV
Es tal el delirio tremens por ejecutar la persecución contra el diferente que en un Consejo Académico el rector encargado, el otro brazo derecho del rector Herman, solicita se emprendan medidas legales para cerrar el bar Libro y Son, del cual es propietario el profesor Germán Llanos. Solo tengo dos maneras de explicar tal desatino de un órgano que tiene mil asuntos por resolver más allá de vigilar y castigar el goce del cuerpo: ¿Será que el Vicerrector Académico David Benítez debe una cuenta muy alta en el bar mencionado, o definitivamente no acepta la diferencia y la quiere erradicar?  El suceso es de no creer, pero si quieren verificarlo revisen las actas del Consejo Académico, allí aparece esta y otras alusiones que hablan de la altura de nuestros debates académicos.
V
Hace meses un decano, de cuyo nombre aun creo acordarme, trató al rector de #”$%##%$, como era de esperarse sigue orondo en el campus, porque él fue puesto allí con el legado de la Vicerrectoría Académica, es decir con la voluntad del rector y su caudal electoral. Hace algunos meses el profesor Alexander Martínez escribió un sesudo texto argumentando por qué en la Universidad del Tolima sigue primando la mentalidad señorial y hacendataria, y sobre él se ha desatado la tormenta. ¿Qué podemos esperar de una comunidad que desprecia el conocimiento nacido en la diferencia y protege el insulto por ser de las entrañas del poder?
VI
Contra el profesor Alexander Martínez se ha dispuesto la maquinaria del odio y la persecución. Esto no tiene otro nombre. ¿Cómo justificar que la Universidad del Tolima contrate servicios externos de abogados solo con el fin de quitarle el fuero sindical al profesor? ¿No hay otras prioridades en la comunidad que usar sus recursos para perseguir un docente sindicalista? Según se rumora frente al Palacio de Justicia, el abogado Ramiro Ospina es un experto en casos contra los trabajadores, ha construido su fama en ello, y se supone es el elegido de la administración para atacar al miembro de la Junta Directiva de ASPU. Ni en los tiempos en que la derecha recalcitrante estaba en el poder se veía tal desmesura ¿O será que esta es la derecha recalcitrante? Por qué con ese dinero, que debe ser una suma considerable, no se realizó una inversión en la academia, por ejemplo, construir una rampa o un ascensor para discapacitados en el edificio del IDEAD.
VII
La política de persecución tiene un aliado: la ambigua norma. Por eso a los jefes de departamento se le citó para “conminarlos” a que regulen, controlen, vigilen y castiguen los docentes que no cumplan con la “carga laboral”, que en ese sentido haría alusión correcta a su nombre. Deberíamos preguntarnos ¿quién regula los administrativos? No hay informe de sus actividades, salen y pasean por el mundo sin ninguna talanquera, mientras el docente debe hacer un trámite como de exiliado. Casi le toca demostrar que existe, y eso si es profesor de planta, porque si es catedrático (y no es amigo de la administración) debe realizar ofrenda a los dioses. No hay equilibrio y en donde no lo hay es imposible que la democracia y la justicia asomen sus narices.
VIII

Hermoso acto de homenaje al maestro Estanislao Zuleta rindió el Centro Cultural con la presencia de su hijo José Zuleta. Además de dedicar el número 26 de la revista Aquelarre a rescatar el pensamiento de un hombre necesario, nos ofreció la reedición del libro Universidad, ciencia e ideología, el cual había sido impreso hace 40 años por la Universidad del Tolima. Igual mención cabe realizar al lanzamiento de una nueva edición de la revista Palabra realizada, resultado del taller de creación literaria. Al menos quedan oasis donde abrevar.

septiembre 01, 2014

LAS FALACIAS DE LAS POLÍTICAS DE INVESTIGACIÓN

El estado de la ciencia en el Planeta F345. (Una parábola sobre las “burbujas científicas” y el asalto neoliberal a la investigación científica básica y aplicada)

Por: John P. A. Ioannidis[1]

El Planeta F345 en la galaxia Andrómeda está habitado por una especie humanoide muy similar al Homo sapiens sapiens. He aquí la situación de la ciencia en ese planeta en el año 3.045.268.
Aun cuando hay un crecimiento y una diversificación considerables de los campos científicos, la parte del león de la empresa investigadora se desarrolla en un número relativamente limitado de campos muy populares, cada uno de los cuales atraen los esfuerzos de decenas de miles de investigadores y arroja centenares de miles de papers. Fundados en lo que sabemos de otras civilizaciones en otras galaxias, puede decirse que la mayoría de esos campos yermos arrojan resultado nulo: es decir, son campos en los que se ha mostrado empíricamente que apenas hay –si es que hay alguno— efectos no-nulos por descubrir, de modo que cualquier pretensión de descubrimiento que se de en ellos suele ser meramente resultado del error aleatorio, del sesgo o de ambas cosas. Los supuestos descubrimientos generados no son otra cosa que la estimación del sesgo neto operante en cada uno de esos campos yermos de resultado nulo. Ejemplos señalados de esos campos yermos son la epidemiología nutrifalsaria, la pompomeconomía, la psicojunkología social y toda la dispar patulea de disciplinas de investigación cucarachil, en las que se supone que las cucarachas pardas suministran modelos adecuados proyectables a los humanoides. Desgraciadamente, los científicos de F345 no saben que esos son campos de resultado nulo, y ni siquiera sospechan que estén desperdiciando sus esfuerzos y sus vidas en esas burbujas científicas.
A los investigadores jóvenes se les enseña desde el principio que la única cosa que cuenta son los descubrimientos nuevos y hallar resultados estadísticamente significativos cueste lo que cueste. En un equipo de investigación típico de cualquier universidad prestigiosa típica de F345, docenas de doctorandos y de recién doctorados andan día y noche clavados ante sus potentes COMPUTADORAS en una sala común en perpetua labor de filtrado de información de enormes bases de datos. Cuando alguno se topa con un valor omega lo suficientemente extraordinario –un número derivado de algún tipo de proceso de selección estadística—, se va corriendo al despacho del investigador principal para proponerle escribir un manuscrito  sometible a evaluación por pares. El investigador principal pasa revista a todos esos resultados llamativos, pero sólo deja que prosperen los manuscritos que expongan los resultados más extravagantes. Las revistas académicas más prestigiosas hacen lo mismo. Las entidades suministradoras de recursos, lo mismo. Las universidades están dirigidas en la práctica por gestores financieros que no saben nada de ciencia (y les importa un higo), pero que son muy buenos en punto a maximizar los beneficios financieros. El grueso de los Rectores, Vicerrectores y Decanos son meras marionetas que no valen para otra cosa que no sea ofrecer discursos inaugurales y otras aburridas ceremonias y prodigarse en entusiastas afirmaciones sobre la novedad de algunos descubrimientos de ese tipo realizados en sus instituciones. El grueso de los gestores financieros de las instituciones de investigación habrán sido reclutados luego de exitosas carreras como agentes inmobiliarios, ejecutivos de cadenas de supermercados o directivos de otras estructuras gran-empresariales, puestos de trabajo en los que habrán acreditado suficientemente ser capaces de recortar costos y hacer ganar más dinero a sus empresas. Los investigadores progresan, si son capaces de avanzar las más extravagantes y aun extremistas conjeturas y, consiguientemente, publicar chocantes resultados, lo cual proporciona más financiación por mucho que casi todos esos resultados se revelen falsos.
Nadie está interesado en replicar nada en F345. La replicación de resultados se considera un ejercicio despreciable, apropiado sólo para idiotas que no son capaces más que de imitar: definitivamente, replicar y contrastar no sería ciencia seria. Los miembros de las Academias Reales y Nacionales de las distintas ciencias son los más exitosos y prolíficos a la hora de producir resultados falsos. Varios tipos de investigación los desarrolla a veces la industria, y en algunos campos, como la medicina clínica, casi siempre. El motivo principal aquí también es la obtención de resultados extravagantes, a fin de obtener licencias para nuevos tratamientos médicos, experimentos y otras tecnologías y ganar más dinero, a sabiendas de que esos tratamientos no funcionen realmente. Los estudios se diseñan con el objetivo de garantizar que producirán resultados con valores omega suficientemente buenos, o estudios, cuando menos, pasibles de manipulación para que parezca que arrojan valores omega.
Los ciudadanos de a pie son diariamente bombardeados por los medios de comunicación de masas con anuncios de nuevos descubrimientos, aun cuando hace ahora muchos años que no se ha hecho ningún descubrimiento serio en F345. El pensamiento crítico y opositor está generalmente desacreditado en la mayoría de países de F345. En algún momento de su historia, los mercados libres destruyeron a los países con constituciones democráticas y libertad de pensamiento, porque se entendió que el pensamiento libre y crítico era un estorbo. Como resultado de lo cual, por ejemplo, las remuneraciones más altas para científicos, así como las infraestructuras de investigación más sofisticadas, se hallan en países totalitarios tan carentes de libertad de expresión como rebosantes de desigualdades sociales. (Una de las desigualdades más comunes es de género, en discriminación de los varones: está prohibido a los hombres conducir un automóvil, y cuando se muestran en público, no pueden hacerlo a cuerpo gentil, ni siquiera sus cabezas; están obligados a cubrirse con gruesa ropa de abrigo de color rosa.) La ciencia sólo florece allí donde la libertad de pensamiento y de crítica están rigurosamente restringidas, porque la libertad de pensamiento y de crítica (incluidos, huelga decirlo, los esfuerzos para replicar y contrastar empíricamente los pretendidos descubrimientos) se consideran anatema para la buena ciencia en F345.




[1] John P. A. Ioannidis es profesor de investigación y políticas de salud en la Stanford School of Medicine y codirector,  junto con Steven Goodman, del Meta-Research Innovation Center en Stanford. Se hizo particularmente célebre por un estudio, publicado en 2005, provocativamente intitulado: “Por qué el grueso de los descubrimientos científicos publicados son falsos”.

agosto 11, 2014

TRANSCURRIR UT (AGOSTO 12 DE 2014)



Por: Carlos Arturo Gamboa B.

I

Inicia el segundo semestre académico en la Universidad del Tolima. Ya llegaron los primíparos al “territorio de paz", cuyo único síntoma que avala tal remoquete es el silencio sepulcral que habita en el campus. En paz descansan los catedráticos a quienes les quitaron sus cursos sin ni siquiera enviarles una cartica de agradecimiento. En paz descansan los estudiantes que alguna vez pelearon por una educación mejor, pero a cambió recibieron un “puestico” mientras se gradúan. En paz descansa el profesorado de planta a quienes la administración no les quiso reconocer los 15 punticos de aumento y los cinco días de vacaciones, sin importar que el rector firmó, con visto bueno de su amplio staff de asesores jurídicos, el Acuerdo con la Asociación Sindical de Profesores (ASPU) y por lo tanto se convirtió en compromiso inevitable. Todo aparenta estar en paz, parece que interiorizamos el viejo refrán: “Lo que se promete en la tormenta, se olvida en la calma”.

II

En Chaparral se abrirá una sede universitaria regional, esfuerzo válido si queremos dejar de sufrir el enanismo que nos has marcado históricamente, pero llamar esa sede la “universidad del posconflicto” es desconocer la realidad del territorio. El conflicto sigue vivo, si no me creen lean los periódicos o vean las noticias, así sean los medios oficiales. En Colombia el conflicto está presente cada hora de nuestra existencia y lo hará durante años, hasta que logremos consolidar un proceso de paz más allá de la entrega de los fusiles. Creer en la alborada del posconflicto demuestra que estamos alineados al 100 % con los discursos oficiales; aunque ese dato no es nuevo, es la verificación de una constante.

III

El Instituto de Educación a Distancia (IDEAD) ha emprendido un ejercicio laudable, ha venido contratando profesores de planta para darle soporte a un espacio académico de vital importancia para le región. Ahora debe reformar su estructura obsoleta, empezando por el Consejo Directivo. Por ejemplo, ¿qué hace el rector, los vicerrectores académico y administrativo, los decanos de tecnologías y ciencias administrativas y el director de la ODI formando parte de dicho Consejo? ¿En cuál otro Consejo de Facultad hace presencia tanta intervención externa? Ellos conforman la mayoría porque son seis (6) de nueve (9) convocados para decidir. A ellos deberíamos pedirles cuentas por el proyecto, son ellos quienes a la larga han decidido lo que somos. En ese sentido, el IDEAD se rige con una mirada de afuera y así es imposible consolidar un proyecto académico autónomo. ¿Será que el director del IDEAD podrá asistir a cualquiera de las otras Facultades a decidir sus derroteros? El Acuerdo que rige dicha estructura es el 042 de 1985, cuando el proyecto apenas gateaba y ahora ya tiene barba, a pesar de muchos intentos burocráticos por acabarlo.
Por lo tanto, El IDEAD como ya consolidó sus departamentos, debe tener un Consejo de Facultad en donde haga presencia los profesores catedráticos o tutores que son mayoría y nadie habla por ellos, los profesores de planta, los directores de programa, los directores de los Centros Regionales, el representante de los estudiantes (ojalá bajo la figura de una junta de estudiantes), un representante de los egresados (democráticamente elegido), y las directivas del IDEAD. De esa manera empezaremos a autodefinirnos realmente, y cuando tengamos problemas que nos desborden acudiremos al Consejo Académico o al Consejo Superior, como lo hacen las demás Facultades.

Esta transformación es urgente, ojalá el poder burocrático que extiende sus alas sobre el IDEAD no se empeñe en solidificar esa desgastada e ineficiente estructura.

IV

¿Será que la amenaza educativa reformista que se gesta en el panorama colombiano volverá mover a los estudiantes? Espero que así sea, pero no quiero otra MANE liderada desde los centros de poder, porque al final sus “líderes” demostraron el afán por consolidar grupúsculos y jugarse a lo electoral. En ambos escenarios fracasaron, esperemos hayan aprendido la lección, aunque dicen por ahí que “loro viejo no aprende a hablar”.

julio 15, 2014

LA COLOSA: UNA MUERTE ANUNCIADA



Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Acaba de pasar por imprenta el libro titulado La colosa: una muerte anunciada, cuyo subtítulo nos aclara de lleno la intencionalidad de un debate y una denuncia: Informe alternativo del proyecto de Minería de Oro de AngloGold Ashanti en Cajamarca, Tolima, Colombia. Este texto, elaborado desde una mirada académico-científica, pone al descubierto el plan bursátil más grande del país que dejará dividendos en la bolsa de valores, pero que a los tolimenses, y por extensión a los colombianos, solo nos dejará una que otra migaja repartida entre los politiqueros de turno y los avivatos de la región; mezquina fortuna cuando ponemos en riesgo nuestras reservas alimenticias y el agua tan necesaria para un siglo de sequías.

Compuesto por once capítulos, estas 174 páginas se me antojan necesarias para que los tolimenses tengamos bases suficientes para desmentir las supuestas bondades del proyecto, y desenmascarar las intenciones mercantilistas de una empresa que ya ha sido nefasta en Sudáfrica, en donde tiene a su haber demandas multimillonarias por incumplimiento a sus trabajadores y por daños colaterales causados por la minería a cielo abierto.

Del mismo modo, el libro nos ofrece datos sobre lo que denomina “El cartel de la minería”, proyecto que sin reparo alguno ha violado los Principios Constitucionales del cuidado del territorio, ha violentado las normas con el fin de favorecer el tráfico de licencias ambientales y ha contribuido a seguir corrompiendo un Estado proclive al despilfarro público. Así mismo, nos presenta un panorama documentado sobre los negativos impactos económicos, sociales y culturales que el proyecto “La colosa” nos heredará cuando levante vuelo con nuestro oro, dejando un enorme cráter que la historia no olvidará. Finalmente, el informe nos ofrece un paisaje sobre los movimientos de resistencia por defensa del territorio, del agua, de los recursos, en una sola palabra: LA VIDA.

Aunque el panorama de lucha es desigual, por la cantidad de dinero que se está usando para comprar medios de comunicación locales y nacionales, para corromper la conciencia hasta el punto de negociar LA VIDA por unas míseras monedas, es de resaltar que cada vez son más los habitantes, que viven a la sombra del gran Nevado de Tolima, quienes asumen la responsabilidad de impedir que el desastre que nos venden como desarrollo deprede nuestro mundo.

Bienvenido este libro producto del informe elaborado por BM Colombia Solidarity Compaign, y publicado por el Sello Editorial de la Universidad del Tolima, y enhorabuena dedicado a la memoria de César García, un campesino asesinado en las laderas de su territorio, quien logró trasmitirnos el amor por la tierra, valor tan alto en un mundo en decadencia.

El libro será lanzado el próximo viernes 18 de julio en el Concejo Municipal de Ibagué. Esperamos se convierta en documento de referencia para la argumentación de quienes defendemos la vida, y de lectura obligada para aquellos pocos que se dejan enamorar con espejitos de colores traídos por los nuevos colonizadores del siglo XXI.

julio 07, 2014

¿QUÉ SE GANÓ EN BRASIL 2014?

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Como muchos de los colombianos jugué los últimos días a ser hincha de la selección. Y digo jugué porque hay mil maneras lúdicas y esquizofrénicas de ser un aficionado. Desde sentarse con los amigos a “especular” sobre los resultados de los partidos, las alineaciones y los cambios, hasta emborracharse y salir con el palo de la bandera a golpear a otros eufóricos colombianos de vuvuzelas estridentes, botella guaro en mano y paquete de harina. En fin, muy pocos colombianos estuvieron ajenos a la selección durante el último mes y contrario a las elecciones, en cuestiones de fútbol todos queremos meter las narices, opinar y no quedarnos en la abstención.
Ahora bien, en la resaca de la euforia cabe preguntarnos: ¿qué ganamos en Brasil? Claro que primero deberíamos caminar hacia atrás para preguntarnos ¿por qué antes no fuimos capaces de llegar a cuartos de final en un mundial? Siempre hemos tenido buenos futbolistas, gambeteros, ágiles, correlones, pero dados a lo individual, facilistas a la hora de construir retos y como buenos colombianos, propensos a buscar atajos. Eso es lo primero que se ganó en Brasil, la capacidad de construir un equipo, no una sumatoria de jugadores como casi siempre pasaba en otras épocas, y se formó un conjunto porque se abandonó la manía colombiana de la rosca escudada en una seudo-meritocracia. Necesitamos de un extranjero para que nos quitara el resabio de escoger los jugadores por amiguismo, negocio o recomendaciones y convocáramos a los mejores y necesarios (desde la mirada objetiva del técnico); esa es una de las grandes enseñanzas de Pekerman. Por fin eliminamos las paranoias regionales, esto debido en gran parte a que la mayoría de los jugadores juegan en equipos internacionales; y de paso se evitó que surgieran miles de contradicciones y tropeles por colores de camisetas de equipos de tinte localista. En estos días no se mataron entre hinchas de Nacional, Millonarios, Tolima, Santa Fe…No, en estos días se mataron entre eufóricos hinchas de la selección.
También ganamos en aprendizaje colectivo porque nos dimos cuenta que los colombianos, si sumamos alcohol, fútbol y una que otra victoria, somos capaces de hacer arder las ciudades. No imagino el día en que seamos campeones mundiales, sería algo así como el apocalipsis latinoamericano. Pero esa imagen desoladora de la celebración puso a pensar a más de uno en ese discurso de la violencia que siempre le achacamos al “otro”, pero que nos negamos a ver en el “nosotros”. Eso también es un aprendizaje, si queremos la paz debemos de dejar de ver la guerra como algo extrínseco, para asumirlo desde el yo.
Colombia también ganó porque descubrió cómo nuestro periodismo (en este caso el deportivo) se encuentra a años luz de una verdadera profesión. Gritones, aulladores, coleccionistas de adjetivos arcaicos y habladores de macumba, quedaron al descubierto; las facultades de comunicación deben hacer balance de ello y proponer. Algunos que se hacen llamar periodistas en otras franjas también quedaron muy mal parados, porque no pudieron evitar que un balón les cambiara la agenda, a pesar del mundial el mundo sigue, pero en los medios colombianos no. También aprendimos que el apellido Vélez (en política y en comunicación), tiende al desprestigio, no por el apellido si no lamentablemente por esas tres figuras mediáticas que lo ostentan. En Colombia la política y el periodismo están en el abismo, y eso es parte de lo que tenemos que transformar.
Después de Brasil 2014 los colombianos podemos seguir ganando, más allá de ser la estadística de un equipo entre los ocho mejores del mundo, lo que a la larga será poco en el próximo mundial porque a esa selección le pediremos más. Los colombianos debemos aprender de que somos creativos, talentosos, capaces de construir objetivos en equipo, que debemos reconocer al otro en la diferencia porque esa diferencia aporta, que no somos superiores a nadie, que se puede celebrar sin romperle la madre al vecino, que propendemos históricamente por la violencia y debemos curarnos, que tenemos un trazo social de corrupción heredado de los narcos que debemos superar. Esa es para mí la verdadera ganancia de estos días, lo demás es una anécdota deportiva, digna de exaltar y recordar con alta emoción, pero las anécdotas no cambian la sociedad sino la actitud y el aprendizaje de los sujetos que la conforman. Es la verdad, el fútbol no cambia la realidad, de lo contrario Brasil tierra de Pelé, Sócrates, Zico, Ronaldinho, Ronaldo, Romario, Neymar y demás talentosos, sería el paraíso, y como lo pudimos ver, no por los canales colombianos, sino a través de los medios alternativos, no lo es.
Lo que se ganó en Brasil no se puede cuantificar hoy, pero si entendemos el reto de futuro que nos depara el ser colombianos, lo podremos valorar dentro de unos años. Aunque todo esto lo podemos olvidar y quedarnos naufragando en el nacionalismo trasnochado, y el problema es que no conozco ningún nacionalismo que sea benéfico, ni siquiera en el fútbol.

julio 03, 2014

SOBRE LA CRÍTICA EN LA EDUCACIÓN











Por: Carlos Arturo Gamboa B.

Hace algunos años en una reunión institucional en la cual se trabajaba sobre el tema de la cultura organizacional, quien lideraba el ejercicio  preguntó sobre los fines y principios de la educación. La mayoría de los asistentes expresamos nuestras ideas las cuales fueron listadas de manera tal que al final teníamos un tablero lleno de adjetivos. Luego fueron agrupadas por categorías, puesto que muchas eran sinónimas entre sí. La palabra que más apareció fue: «crítica». Dicha palabra fue incluida posteriormente en un ejemplo de misión que esbozamos entre los asistentes. En medio de la discusión de cierre realicé una observación sobre cómo los discursos educativos se llenan de conceptos que a veces no comprendemos del todo. La mayoría de los asistentes me miraron desconcertados, estaban felices con el ejercicio, pero nadie me contradijo. Más adelante levanté de nuevo la mano, noté que esta vez los asistentes, incluyendo a quien lideraban el supuesto “debate”, expresaban en sus rostros una amarga inconformidad: “Tranquilos, le dije, si quieren no pregunto, pero entonces sugiero saquemos la palabra “crítica” del texto de la misión”.

La anécdota aún me sigue rondando y cuando veo mis estudiantes sumisos ante las supuestas verdades que emitimos los docentes, me atormenta más y se vuelve pregunta: ¿por qué somos incapaces de cuestionar o aceptar que cuestionen las figuras paternas del conocimiento? No creo que exista una ciencia, disciplina o saber que no haya develado un error sobre el cual se sostenían ciertos aspectos de su formulación, dicho en otras palabras, no se puede avanzar en un conocimiento si no se cuestionan los existentes. En las denominadas ciencias exactas esto puede ser fácil de entender, pero no ocurre lo mismo cuando cuestionamos enunciados del mundo de la vida, de las ciencias humanas y sociales, o simplemente cuando refutamos nuestra cotidianidad.

La educación actual casi se trata solamente de trasmitir supuestas verdades que aceptan quienes las trasmiten, aún sin haberlas cuestionado; y de esa manera se hace cada vez más enorme la bola de nieve de nuestra conformidad a priori del mundo, sus fenómenos y las perspectivas del mismo. Conozco autores que construyen discursos “críticos” sobre la educación pero sus prácticas son de total sumisión, lo que en términos reales no vendría siendo una postura crítica, puesto que el enunciado requiere reafirmación en la acción.

La figura paterna del conocimiento es nociva para la construcción de un nuevo conocimiento. No contradecir al maestro, por el simple hecho de creer que porque ostenta un mayor grado académico tiene la verdad, es comparable a aceptar que la tierra es plana para no ser tildado de hereje. Las sumisiones del siglo XXI se premian con diplomas, las herejías se castigan con expulsiones de las cofradías del conocimiento. Lejos estamos de la construcción colectiva de una sociedad predispuesta al uso del pensamiento crítico, por eso aun miramos con recelo a quien levanta la mano para interrogar al poder, sea este simbolizado en el docente, en el dirigente político, en el científico, en el padre o en el jefe que dormita en la oficina al lado de sus verdades. En algún lado Piaget escribió que uno de los objetivos de la educación era “formar mentes capaces de ejercer la crítica, que puedan comprobar por sí mismas lo que se les presentan y no aceptarlo simplemente sin más”, estoy de acuerdo en ello, aunque muchas de sus otras posturas sean criticables y sus seguidores se incomoden.

Que buen ejercicio sería para la educación recuperar la conjetura, la pregunta, el acertijo, la inconformidad, para que cuando le diga a mis estudiantes:  «saquen una hojita y formulen cinco preguntas», no me miren como si estuviese loco. Debemos ejercer la crítica, sobre todo en educación, si queremos ayudar a reconstruir el pensamiento social, insumo básico para el cambio real.

junio 13, 2014

DÍGANLE A JULIO QUE LA GUERRA TERMINÓ



Carlos Arturo Gamboa B.
Mientras trataba de retomar el aliento iba pensando en la lejana posibilidad de encontrarlo esta vez. Ya eran muchos los intentos terminados en frustración, pero no se le ocurría desistir. Terminó de ascender entre riscos espinosos y luego tuvo que luchar contra un camino arenisco que le hacía perder el equilibrio. Miró hacia el cielo, como intentando establecer una señal de ubicuidad, pero parecía estar enmarañado por la vegetación. Supuso que aún estaba empezando la tarde porque el sol se colaba entre el herbaje. De repente, como si alguien lo hubiese presentido con ganas de claudicar, apareció frente a su mirada una especie de cambuche maltrecho. Frenó en seco y se enfrentó a la posibilidad del miedo.
-           Buenas tardes… ¿hay alguien aquí? Gritó lo más alto que pudo, exhalando de sus pulmones la última ración de oxígeno.
-           Buenas tardes… buenas tardes… ¿Hay alguien…?
-           Santo y seña. Patria o muerte. Contestó una voz desde algún lugar incierto de aquella choza.
-           Buenas tardes señor.
-           Santo y seña. Patria o muerte. ¿Qué busca el individuo?
-           Ando buscando a Julio Calarcá, mi hermano.
Hubo un silencio inquietante que Eustacio aprovechó para inspeccionar rápidamente el lugar. Estaba frente a una choza construida con hojas anchas que cubrían un soporte de troncos de arbustos, no muy gruesos.
-           ¿Y para qué lo busca el señor?
-           Para darle un mensaje
-           ¿De quién?
-           De nuestra madre
-           ¿Y cómo llama la señora en cuestión?
-           Dorotea Cuellar
-           Dígale a la señora que Julio está al servicio de la revolución.
Luego vino otro silencio más largo y mientras trataba de precisar sus siguientes palabras, por primera vez Eustacio pensó en la posibilidad de que aquella voz fuera la de Julio.
-           Señor, señor, ¿conoce usted a Julio?
-           Lo suficiente para informarle que él no se distraerá por mensajes proveniente del mundo esclavizado.
-           ¿Y no existe la posibilidad de que pueda hablar con él?
-           No señor, la revolución no da tregua, ya tendrán tiempo de hablar cuando la justicia se tome las ciudades.
-           La verdad me urge hablar con él. Esto último lo dijo un poco desconsolado, casi seguro que Julio eran un nombre perdido en aquella selva, carcomido por los jejenes, alterado por la pesadez de la clorofila.
-           Es mejor que se apee señor, allá en la esquina hay una vasija con agua, beba un poco, y debajo de esas ramas hay un atado de panela, coma también una ración, no mucha.
Eustacio obedeció al detalle, llevaba horas sin probar alimento diferente a frutos extraños que el hambre convertía en manjares.
-           ¿Cómo es que alguien de ciudad se interna en estos parajes? – Interrumpió de nuevo la voz un poco amenazante.
-           Ya le dije señor, busco a mi hermano Julio
-           ¿No será usted un hijueputa del gobierno?
-           Para nada señor, soy hermano de Julio, Eustacio Calarcá, y le traigo una razón de mamá.
-           No tiene usted pinta de hermano de Julio, mucho más bajito y debilucho y con esa cara de trabajar para algún empresario promotor del capitalismo salvaje. Usted tiene pinta de vasallo del sistema y por aquí esa gente no la pasamos
-           Lo siento señor, sólo busco a Julio, mi hermano
-           Julio nunca me dijo que tenía hermanos amanerados
Eustacio guardó silencio. Ahora se sentía prisionero de aquella conversación. No sabía qué decir, cualquier argumento sería inútil. ¿Qué podría saber de la realidad aquel hombre enclaustrado en la selva? Se sentía profundamente indefenso. Estaba a la merced de un fermentado revolucionario. Pero tenía que hallar a Julio.
-           Miré señor, retornó la voz desde la choza, es mejor que se marche, descanse un poco y devuélvase para la ciudad a cuidarle el capital a su patrono.
-           Lo siento señor, pero me es imperativo darle la razón de mamá a mi hermano.
-           No joda hombre, no entiende que para nosotros lo único imperativo es la revolución. Cuando uno se viene pa`l monte se compromete es a luchar, lo demás es una anécdota del pasado. Si uno estuviera pensando en lo otro no podría enfrentar al enemigo.
-           Pero…
-           Pero mejor no diga más, y devuélvase y dígale a la tal señora Dorotea que Julio está bien, que su sueño de libertad se hizo realidad y que pronto, cuando los defensores del pueblo se tomen las ciudades lo verá, y entonces la gente entenderá nuestra lucha.
Eustacio agachó la cabeza y su cuerpo tradujo el lenguaje de la derrota. Descargó la vasija en la que bebió agua, y juntó las sobras de la panela. Parecía hacerse de noche.
-           Señor, hágame un gran favor, si se ve con Julio dígale que su hermano vino a buscarlo, Eustacio Calarcá, y dígale que le traía un mensaje de mamá, Dorotea es el nombre.
-           Con gusto señor, pero no olvide usted que él anda muy ocupado con la revolución y tal vez ni le interese el dato.
-           Sólo dígale eso, tal vez se pueda comunicar conmigo, ¿si quiere le dejo la dirección?
-           ¿Y para qué hombre? Ya le dije que él  está comprometido con la justicia y la lucha, no se va a poner a pensar en su madre y su hermano cara de empresario…
-           De todas maneras dígaselo
-           ¿Y cuál es el mensaje de su madre?
-           Lo siento, eso sólo se lo puedo decir a él en persona
Entonces Eustacio vio un rostro poblado de barba que se asomaba entre los juncos que rodeaban la choza, un rostro curtido de selva, repleto de arrugas revolucionarias, un cuerpo cubierto por un traje camuflado por el barro y en cuya mano sostenía un fusil.
-           No dispare señor –imploró el visitante-
-           Tranquilo Eustacio, deme el mensaje para Julio, el mensaje de su mamá
-           Mi madre manda a decir: “Díganle a Julio que la guerra terminó”
-           ¿Y cómo está ella?
-           Muerta, llorada y sepultada. Hace ya cinco años.
Julio descargó el fusil sobre el tronco de un árbol. Miró a su hermano indefenso, como cualquier citadino extraviado en un parque, luego dio la vuelta y tomó un pequeño sendero detrás del rancho, como buscando la fosa común de sus recuerdos.

***
Cuento ganador del  7o Concurso Nacional de Cuento RCN - Ministerio de Educación Nacional de Colombia (2013). Modalidad Docentes.