diciembre 04, 2012

TRANSCURRIR UT (Diciembre 4 de 2012)


Por: Carlos Arturo Gamboa B.[1]
1.      El 3 de diciembre estuvo William Ospina en la Universidad del Tolima disertando, (no “dictando” como lo anunciaba la invitación) sobre variados temas de sus hondas preocupaciones. Como siempre su cuidado lenguaje, sus metáforas adecuadas y su aguda inteligencia, nos recuerdan el drama del hombre sitiado en un momento en donde los seres humanos hemos volcados nuestros esfuerzos hacia la depredación del planeta, en medio de un delirio consumista. Al final el auditorio, quizás acatando la invitación al debate en torno a la educación, quiso, desde sus reflexiones y preguntas, ahondar en el tema del papel de la escuela  y el compromiso de la Universidad frente a la defensa de la vida y el pensamiento crítico, sin encontrar, a mi parecer, una respuesta concreta por parte del ensayistas tolimense, tal vez porque no le competía a él alentar tal discusión ( o tal vez si, cuando consideramos que estamos frente a una de las voces más reconocidas del contexto nacional). Lo cierto es que, al final, quedan en el aire aquellas palabras de Ospina pronunciadas en su libro La escuela de la noche: “¿Qué pasaría si, aún admitiendo que la educación es la solución de muchos problemas, tuviéramos que aceptar que la educación, cierta educación, es también el problema? ¡Qué apasionante desafío para la inteligencia, no limitarnos a celebrar la educación en abstracto, sino exigirnos una nueva idea sobre lo que la educación debería ser!” (2008, p. 192). Ojalá este hubiese sido el centro del debate.

2.      La idea de abrir espacios de discusión, argumentación y vida académica siempre será celebrada como una iniciativa propia de la universidad, más cuando ostenta el carácter de «pública». Traer expertos en ciertos temas ayuda a evitar caer en esas posiciones endógenas y abren la posibilidad de entablar diálogos más allá de nuestro reflejo en el espejo. Hasta ahí de acuerdo. Lo que si toca construir es una metodología en donde los sin voz puedan hablar, en donde el “no ilustrado” pueda celebrar su opinión, de lo contrario estaremos abonando el terreno para otro tipo de exclusión. No podemos limitarnos a escuchar a los expertos “dictar” sus sentencias y a oír tres o cuatro intervenciones de “los de siempre”, - bueno los que aún hablan, porque ya hay muchos bajo el efecto del  auto-silenciamiento-, y luego marcharnos todos a “hacer” lo que siempre hemos hecho. La reconstrucción de una comunidad académica se debe dar in situ, sólo así podremos girar el timón hacia otras aguas.

3.      El Vicerrector Académico en el discurso de apertura a la conferencia de William Ospina, habló sobre los ejes centrales que está administración viene proponiendo a la comunidad: Universidad del Tolima como territorio de paz, universidad verde, anti-minera y ambiental; universidad para el debate, universidad eminentemente académica, entre otros aspectos. Lo nuevo de su discurso es que anuncia la iniciativa de construcción de una “Constituyente Universitaria verdadera”, y aquí el adjetivo, como diría Huidobro, cuando no da vida, mata. ¿La otra es de mentiras porque nació de los sectores críticos y radicales que pedimos democracia profunda en la Universidad del Tolima? ¿La verdad está en el eje del poder y la de mentira en los intersticios del mismo? Cuando el actual rector Herman Muñoz, junto a los demás candidatos, asistieron al Foro Constituyente, en el marco del escaso debate universitario que precedió estas elecciones a rectoría, aceptó como un mecanismo democrático válido la idea de la Constituyente Universitaria, mecanismo que puede ayudar a superar la crisis de nuestra Universidad y que además tiene ecos importantes en otras universidades públicas a nivel nacional. Por eso extraña la presunción de verdad que se le da a esa otra constituyente, sobre la cual no se sabe nada más a parte de que es la verdadera. Aquí, como en las matemáticas, más por menos,  da menos.

4.      En un comunicado a la Agencia Estudiantil de Prensa y demás organizaciones estudiantiles, emitido por la rectoría, el Dr. Herman Muñoz; se hace alusión a que el proceso mediante el cual fue designado como rector, “…tuvo una amplia participación de todos los sectores y estamentos de la comunidad universitaria…”, afirmación que no se corresponde con la realidad y que de entrada desconoce la crisis de democracia por la que a traviesa la Universidad del Tolima. No podemos olvidar que cerca de 1500 catedráticos fuimos excluidos del proceso, que los índices de participación en las urnas no alcanzó el 15% de la población universitaria, que los debates fueron escasos y que al final la inercia de un sistema democrático obsoleto decidió la suerte. Esto permite inferir que necesitamos de manera urgente repensarnos esos mecanismos de participación, la últimas elecciones de representación estudiantil al Consejo Superior lo demuestran, la democracia en la Universidad del Tolima hizo agua, y como se afirma en ese mismo comunicado, “En este contexto, ningún tema es vedado ni es planteado a espaldas de los actores vitales de la construcción de la nueva universidad”.



[1] Nota: Esta columna saldrá periódicamente con el fin de alimentar el debate argumentando sobre la idea de Universidad.

noviembre 26, 2012

¿QUIÉN RECUERDA A LOS MAESTROS?



 Por: Armando Villegas
Publicado en Confabulación No 257.
Nota: Uno de los gigantes de la plástica latinoamericana, fiel confabulado, con su característico rigor, impugna otra de las falacias instauradas por esta civilización que ha perdido su horizonte. 
Los pueblos ancestrales, que tenían una relación fundamental con la Tierra y sus raíces culturales, creían que la figura del Maestro era necesaria y postulaban los designios de la sabiduría como uno de sus objetivos; pero contrariamente esta época que pretende la abolición de la memoria y que anima formas fugaces en el arte, ha decretado el fin de la tradición y por eso mismo la extinción de los Maestros.
Puede parecer evidente: pero para que exista un Maestro deben existir discípulos, y los discípulos por definición deben al menos respetar a sus maestros, no desconocerlos. Lo cual exige algo casi imposible en este vínculo: la humildad de las dos partes. Es importante “reflexionar” al respecto, verbo que tampoco se ejercita en este tiempo que sólo impulsa lo superficial, los libros fáciles, las pinturas obvias, las películas ligeras. Vivimos en un mundo donde la educación se ha extendido a zonas antes inconcebibles, es indudable, pues ahora en las universidades y en las empresas de nada sirven los títulos de pregrado, se exige que la persona tenga especializaciones, doctorados, pero todos sabemos que por más que los candidatos obtengan sus diplomas, producto casi siempre de investigaciones innecesarias, estos seres protegidos por los poderosos sistemas académicos e imbuidos de arrogancia, están muy lejos de llamarse Maestros, pues lo que durante siglos era inherente a esa alta condición intelectual y humana, no sólo involucraba una veneración del alumno que ya no existe, sino que implicaba algo esencial que comienza a desaparecer del mundo, me refiero a la sabiduría. Tenemos doctores, especialistas, postdoctores, pero nunca Maestros. Nuestra civilización se enfrenta a una generación indolente, que arrasa con todos los cargos pero que no tiene formación reflexiva, cultural ni humanística.
No es un buen tiempo el que vivimos.

noviembre 22, 2012

¿TRANSFORMAR O REFORMAR? HE AHÍ EL DILEMA. Ideas sobre la Universidad del Tolima 2012-2015



Por: Carlos Arturo Gamboa

1.
El Instituto de Educación a Distancia cumplirá 30 años el próximo 30 de diciembre. Hoy es el más grande proyecto académico de la Universidad del Tolima, pero quizás el más descuidado. Sometido siempre a las seudo-políticas de la burocracia interna y externa, no ha podido construir un derrotero sólido como opción de formación para el departamento del Tolima. Por su dirección han vegetado desde tecnócratas hasta bufones del poder, sin que hasta el momento se dilucide una verdadera apuesta académica. Sin desconocer su importancia, sin limitar sus alcances, sin minimizar su capacidad de entregarle a las clases menos favorecidas las posibilidad de acceder a la Educación Superior, el IDEAD es apenas un fantasma académico que le responde a las lógicas instrumentales de mucha cobertura y escasa excelencia. El Ministerio de Educción estará feliz.
2.
La facultad de Educación de la Universidad del Tolima ha formado tantos docentes que uno termina por preguntarse: Si están bien formados, ¿por qué la realidad educativa del contexto no cambia? Escuelas sin pedagogía, colegios sin dirección académica, políticas pedagógicas retrógradas, esos son los principios que como tsunamis arrasan la educación. Los diagnósticos son los mismos de hace 20 años. ¿Si la realidad no cambia para qué tanta teoría? Tocará revisar el currículo, las prácticas docentes, la función social del docente y mil cosas más, pero lo esencial consiste en mirarnos a la cara y asumir nuestra ir-responsabilidad. No sólo aquí, en todas las Universidades las facultades de educación terminaron por ser expenderos de cartones. El Ministerio de Educación estará feliz.
3.
¿Para qué las humanidades en tiempos in-humanos? ¿Es productivo pensar? Sometidos al nuevo régimen de la sociedad del conocimiento, la mayoría transita las avenidas del saber en busca de diplomas, indexaciones, indicadores, posgrados, índices de gestión y malabarismos de la simulación, todos ellos conforman el trancón de la estupidez. Hoy el pensar críticamente está devaluado, debes acomodarte urgentemente, el sistema de la comodidad, sobre el cual hubiese trasbocado Nietzsche, es el faro que guía. Da pena asomarse en los intersticios de las humanidades para contemplar extraños ancianos, con rostros jóvenes, que claman por la muerte de la idea, mientras erigen el becerro de oro del pensamiento único. El Ministerio de Educación estará feliz.
4.
Es mejor no luchar, es mejor cobrar. Este debe ser el lema de tanto docente acomodado al mundo universitario. Clases sin contenido pero llenas de formatos, currículos bastardos que haría  llorar a Pablov, aulas desoladas sin la opción de la magia del saber, pupitres atestados de insolentes para aprender e idiotas para obedecer, y edificios inteligentes llenos de seres marcados para la desolación. Los profesores aúllan en sus cuevas y obedecen en la pradera, sometidos a la desolación del cambio se refugian en sus autos, sus cuentas y sus fincas. Nada más triste que mirar el horizonte para contemplar a los profesores pastando en el desierto. El Ministerio de Educación estará feliz.
5.
La horda camina en la dirección que marca el río, los demás ansían cambiar el curso. Los demás son pocos pero testarudos, aprendieron de la historia que los testarudos hacen la otra historia, así los historiadores la desconozcan. Los pocos, los que renunciaron a esa sutil forma de la simulación en donde todos están de acuerdo para no cambiar nada, se someten al escarnio de los días, caminan sobre las calles asfaltadas añorando el verde vegetal de sus esperanzas, pero empecinados a no resignarse. Los pocos, ellos, que quizás un día sean los muchos, mantienen la viva la universidad, mientras la mayoría los mira con recelo porque saben que ellos no surgirán en sus sueños, si no en sus pesadillas. El Ministerio de Educación ahora ha perdido su risa de tranquilidad. 

noviembre 20, 2012

PISANDO LOS CALLOS DEL PATRIOTISMO TRASNOCHADO



Por: Carlos Arturo Gamboa
Colombia suele indignarse de vez en vez, casi siempre cuando un árbitro nos pita un penalti en contra, o “nos roban” la corona de Miss Universo; sin embargo le importa poco que las multinacionales se llevan nuestro oro y nos dejen su contaminación, que los gringos tengan bases militares en nuestro territorio o que los banqueros se queden con el dinero de la mayoría. Creo que todo esto se debe a la formación de un patriotismo trasnochado, heredado de la antigua gesta poética de don Miguel Antonio Caro, quien nos insta con el siguiente cuarteto:
¡Patria! Te adoro en mi silencio mudo,
y temo profanar tu nombre santo.
Por ti he gozado y padecido tanto
cuanto lengua mortal decir no pudo.

Y así, desde finales del siglo XIX, seguimos en un silencio mudo, sin reclamar mientras los gringos se llevaron el canal de Panamá y después el carbón, el níquel, el uranio, el café, la marimba y la cocaína. Ahora, en una nueva cruzada por el desarrollo del país, se llevan nuestros minerales y seguimos “en modo de silencio mudo”. Pero la delimitación de aguas territoriales con Nicaragua desató ese patriotismo barato, ahora sentimos que nos han robado nuestro mar y desde los medios de comunicación se propaga el virus del patriotismo, y vuelve Caro a repetir:
No te pido el amparo de tu escudo,
sino la dulce sombra de tu manto:
quiero en tu seno derramar mi llanto,
vivir, morir en ti pobre y desnudo.

De ese patriotismo estoy cansado, de aquel que nos hace derramar el llanto y morir pobres y desnudos, mientras los dueños de la verdadera patria ríen a carcajadas, viven a lo millonario y sólo se desnudan en sus bacanales. Esa patria que ellos desean que nos duela sólo les interesa cuando aumenta el índice productivo de sus arcas. Por lo demás la patria mía es más parecida a la que describe Serrat en Vagabundear:
No me siento extranjero en ningún lugar,
donde haya lumbre y vino tengo mi hogar,
y para no olvidarme de lo que fui,
mi patria y mi guitarra las llevo en mí,
una es fuerte y es fiel, la otra un papel.

Y mientras en los grandes medios, en el Congreso y en las redes sociales los colombianos se rasgan las vestiduras por perder unos kilómetros de mar, que quizás si les pertenecían a los nicaragüenses; ciento de tracto-mulas se llevan el país para empacarlo en los conteiner que parten de la costa Caribe, mientras una parranda vallenata canta “que bonita es esta vida, aunque a veces duela tanto”, y como no pertenezco a los herederos del masoquismo patriótico, prefiero repetir con Iván Tabau:
Nací
En un tiempo y en un triste país:
Abjuro para siempre
Jamás de aquella patria
Donde un millón de muertos velaban el cadáver
De los supervivientes.

Luego de esto mejor me callo, no vaya ser que esta horda de patriotas me obligue a huir para sobrevivir en uno de esos lejanos cayos.

noviembre 15, 2012

DE HUECOS, TRUHANES Y OTRAS BELLEZURAS



Por: Carlos Arturo Gamboa
Las sociedades cuya formación política ha estado opacada por las prácticas de coacción y la esclavitud a idearios, no construyen alternativas de soluciones a sus problemas. Partícipes del viejo sofisma que “somos una de las democracias más antiguas del continente”, los colombianos hemos visto desde nuestras ventanas pasar la historia arrastrando su pesada cola de injusticias sociales. A este parco estado de idiotez y estupor no han escapado siquiera aquellos partidos de izquierda y centro democráticos que pretendieron erigirse como alternativas, porque no lograron construir una dinámica distinta de hacer la política, o mejor, nunca hemos sabido hacer la verdadera política, aquella cuyo fundamento está en la construcción de lo común para la comunidad. Al contrario la política se ha convertido en el refugio de truhanes, egoísta, capitalistas a medias y de cuerpo entero. Predominan los oportunistas cuya única vocación consiste en planear detalladamente su ascenso social a costa de promesas y apoyo de incautos, y ellos cabalgan sobre la ausencia de una cultura política y la indiferencia, dos factores que sostienen el sistema de injusticias. El pueblo, esa comunidad que todo político quiere cooptar en épocas electorales, no construye alternativas debido a la ausencia de una formación  política crítica, que va desde los entramados familiares, pasando por la escuela y las universidades, aunque como sabemos la educación sigue siendo un privilegio de pocos. Los demás, la gran mayoría, está supeditada a ver el trascurso de su existencia al margen de las decisiones sociales y termina por creerle a cada mesías político que aparece en tiempos electorales, o se refugia en el individualismo de la búsqueda de beneficio personal, o espera impaciente la época de elecciones para poner un precio a su voto y los de sus familiares, o simplemente lanza madrazos y escupitajos renegando de tanto pillo suelto. El modelo de seudo-democracia que nos rige es un potro mecánico de corrupción y la ausencia de educación, formación política y verdaderos líderes, garantizan que siga cabalgando.
Ese es el drama de Colombia, y ni qué decir del Tolima, en donde la politiquería parece haber mutado a una forma cultural de idiotez que hace que la gente idolatre truhanes cuyo mejor paradigma siguen siendo los santofimios y los gomézgallos, al parecer hábiles para la trampa, la corrupción y el engaño; y héroes de las multitudes. Sólo desde ese sopor social se puede entender por qué, como dicen los más ancianos, “aguantamos tanto”, sólo así se puede entender por qué las mayorías fruncen el ceño cuando algunos protestamos y nos tildan de “anti-desarrollistas”, cuando no de guerrilleros; sólo así es factible comprender por qué los gobernantes depredan el dinero público  y algunos dice: “pero al menos hizo algo”; sólo así podríamos intentar esclarecer por qué los pro-hombres del departamento del Tolima son viejos cacrecos de corbata con grandes haciendas y muchos hijos en muchos puestos públicos; sólo así explicaríamos por qué el periodismo y la televisión local se pone al servicio de las políticas depredadores sin inmutarse (muchos menos emputarse) y, sólo así, quizás se pueda entender por qué en Ibagué existe “Un inspector de huecos” y nos bañamos con totuma.

 ¿Qué estarán pensando los formadores de las juventudes, los programas de periodismo, de ciencia política, de educación? ¿Será que sólo quieren producir una nueva generación de santofimillos y gomezgallitos? ¿O sus jóvenes serán presentadores, protagonistas de realities o paparazzis de cara bonita y cerebro de pollo? ¿O saldrán desesperados a ponerse en cuatro (literalmente) ante los dueños de los medios o a presentar proyecticos a las multinacionales para que los incluyan en sus nóminas? ¿Los profesores nuevos se resignarán a ganarse unos pocos pesos mientras repite las estupideces que algún día su profesor les repitió?
Ojalá quienes se encuentran al frente de estos escenarios de formación entiendan que este departamento necesita de una generación que frene la cadena de la anomalía y por unos años detengamos el tren de tanta espuria educación, para poder darle una opción al Tolima de recuperar los vestigios de su grandeza refundida en la historia. Caso contrario, si seguimos promoviendo programas de periodismo light, ciencias políticas para neceser  y licenciaturas para la simulación, nos tocará ver transitar durante muchas décadas al “Inspector de huecos” en busca de un orificio embolatado y terminaremos por acostumbrarnos a no bañarnos, como hace décadas nos acostumbramos a obedecer y no pensar.

noviembre 09, 2012

ABERRACIONES DE LA ÉPOCA: COMPETENCIAS Y PERFILES



Por: Carlos Arturo Gamboa
1.
El reciente escándalo encarnado en Lance Armstrong, quien fue calificado en su momento como el extraterrestre del ciclismo, desnuda una seudo-filosofía del deporte mundial: “ganar a cualquier precio”; pero esa manera de asumir la existencia no es exclusiva del deporte, se ha impregnado en las venas de la especie humana desde que las teorías de las competencias empezaron a ser inoculadas en las escuelas. Y es que la crisis no radica en esa pequeña mirada que se suele hacer cuando el profesorado se refiere a competencias como “hacer en contexto”, radica en el significado profundo de la concepción del modelo al cual responde este enfoque de formación: el consumo, el éxito, ser el mejor a cualquier precio; y es que ahí está el epicentro del capitalismo actual, la ganancia “a costa de todo”. La escuela, sin querer queriendo, se ha convertido en el espacio de la enunciación constante de este postulado, y los docentes cuando privilegian “la tarea bien hecha” sobre el saber, apuestan a la misma lógica. Indicadores, eficiencia, premios para los mejores o más eficientes, son esquemas de la formación conductual del cerebro del niño, quien termina por creer y aceptar que el único camino es ser el mejor, no importa que para ello deba hacer trampa, plagiar, engañar, simular… Armstrong no es inocente, él sabía que si quería ser el mejor debía echar mano de los instrumentos avanzados del engaño: el doping. Y en esa red de engaños las multinacionales patrocinadoras del «ídolo de heno» también ganaron, porque ellas se mueven en la misma lógica, la obtención de ganancias “a costa de todo”, de la explotación del planeta, de la barbarie o de la desaparición de la especie humana, no importa, toca ser competentes, toca ser “los mejores”. El modelo muestra su lado oscuro, o más bien, su verdadera intención, la de forjar humanos dispuestos al sacrificio ante el nuevo dios del mundo; el capital. Imposible no observar que para un ciclista colombiano, alimentado con “aguadepanela” y con una tecnología apenas aceptable, le fuese imposible disputarle el podio a Lance, malformado para ganar a toda costa, con los desarrollos de última generación a su alcance, con las sustancias disponibles en su tráiler que lo hacían invulnerable, con la parafernalia del mercado a su disposición, mercado que hoy lo sacrifica a él, porque toca sostener las ganancias “a toda costa”. Imposible no establecer un paralelo educativo entre ese modelo aplicado en las potencias económicas y nuestros países, la brecha es inmensa; y mientras en los grandes centros educativos del mercado se preparan para ser los depredadores del plantea, los supuestos ganadores, los exitosos sin importar las consecuencias éticas de sus actuaciones, en nuestras escuelas y universidades seguimos dopando a los estudiantes y docentes con el virus de la dependencia, del engaño, que no es otra cosa que un doping de estupidez.
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2.
Los perfiles profesionales son el tamiz en donde se cuela la servidumbre, aunque suelen definirlos de otra manera: “Cada cargo exige que la persona que lo asume reúna ciertas características que contribuyen a que su desempeño sea eficiente y exitoso”. Engaño total. La única característica que debería tener alguien que realiza un oficio, es un saber sobre el oficio y una ética para su desarrollo. Eficientes y exitosos son los gobernantes que depredan los países, eficientes y exitosos son los banqueros que talan árboles y matan especies animales para convertirlos en lingotes de oro.  Eficientes son los asesinos que saben usar sus sierras eléctricas para aumentar los indicadores de dolor. Exitoso es el latifundista que mira en lontananza sus propiedades sin ver los miserables que mueren en sus contornos. De eficientes y exitosos se puebla el mundo de los depredadores, eficiencia y éxito que se alimenta de lo humano.
Pero el perfil no sólo garantiza la clonación o duplicación de seres autómatas que obedecen al ciego influjo de la época, sino que además se convierte en dique que detiene la posibilidad que “otras formas de concebir el mundo” se apoderen de los espacios y las herramientas para construirlo. El perfil garantiza que el profesor crítico no llegue a las aulas, que el empleado que no acepta la imposibilidad de cambio social sea despedido, que el estudiante que no cumple con los requisitos del éxito sea expulsado, que quien levanta su voz ante el Estado sea desaparecido. Vivimos en el tiempo de los perfiles, ellos se acomodan a los intereses de cada actor de poder y definen el entramado cultural de la vida actual. Es muy fácil encontrar en las escuelas y universidades a sujetos cuyo perfil incluye títulos, pero no conocimiento; referencias comerciales, pero no ética; actitud para el éxito, pero no compromiso social. Muchos van por ahí haciendo alarde de su perfil griego: en ruinas.