noviembre 04, 2011

LA CONSTITUYENTE UNIVERSITARIA: UNA IDEA DISRUPTIVA DEL SABER Y LA POTENCIA

Jorge Gantiva Silva
Profesor Universidad del Tolima

“…solo hay conocimientos a modo de relámpagos.”
“…hacer saltar del continuo del curso
de la historia... es una exigencia”.
Walter Benjamin


El nuevo tiempo, incipiente y tormentoso, viene cargado todavía con la pesadez del pasado y las secuelas del gatopartismo de “cambiar para seguir en lo mismo”. Su encanto reside en su fuerza utópica de construir otra universidad. Sus atisbos y aproximaciones muestran la resistencia de lo viejo como refractario, recalcitrante y agresivo; los y las que ahora hablan no habían tenido voz, ni poder, ni reconocimiento. Su legitimidad se forjó en poderosas movilizaciones y en una pluralidad de la participación que supera la cantidad de 30.000 personas, récord histórico en Ibagué, en más de cuatro (4) grandes marchas hacia el centro de la ciudad, en decenas de asambleas generales de facultades y de programas.
Como era de esperase, el poder constituido reclamaba cínicamente la legitimidad, justamente para intentar desvirtuarla y someterla a la lógica de la democracia liberal procedimental. La potencia desplegada tiene la virtud de carecer del “formato” preestablecido o del “glosario hoja de ruta” para someter la fuerza autonómica y creadora de la propuesta. Los procesos constituyentes tienen la magia de superar los esquematismos y la “normalidad” de la sumisión. La voz, la palabra y la potencia han resurgido del alma de los jóvenes, de centenares de mujeres y expresiones de docentes que hastiados del “orden natural” de la simulación y la servidumbre han tomado la senda de discontinuidad del tiempo histórico y han abierto un horizonte de cambio ante la crisis de la Universidad del Tolima, sustentando su proyecto en el poder constituyente, a sabiendas de los rigores del contexto, de los límites y la descalificación destructiva del régimen clientelar y de sus agentes oficiosos.
Grandes razones y poderosos hechos contundentes demuestran el cansancio, el hastío y el agotamiento que ha producido una política centrada en los parámetros neoliberales de extensión de la cobertura en detrimento de la calidad y de los derechos de los catedráticos y tutores, de políticas que han profundizado la privatización desde tiempo atrás y con planes de rendimiento y control mediante los estándares, las competencias y los lineamientos curriculares bajo la férula de la “calidad de la educación”. Ninguna oposición, ni siquiera una sola objeción, ha sido presentada por parte de la administración ante el poder pragmático y simulador de la gestión, autofinanciación y mercantilización de la política neoliberal. Por el contrario, una permanente obsecuencia y encubrimiento se ha extendido mediante esta “ideología” de la “calidad de la educación”, la “excelencia”, la “investigación” y la “formación avanzada” que extienden una “cortina de humo” ante la actual corrupción y clientelismo. La crisis agotó el proyecto clientelar de la “universidad regional” y, desde esta perspectiva, la Constituyente Universitaria ha asediado el tiempo “natural” de la fosilización para irrumpir como fuerza creadora en la espacialidad emancipadora de la comunidad universitaria y ciudadana.
Sujetos, lenguajes y verdades
Este nuevo tiempo ha repensado la construcción de una nueva subjetividad que busca superar los estrechos marcos de la universidad y trascender hacia la ciudadanía, las organizaciones sociales y populares y reconstruir una nueva relación con la sociedad, el entorno geopolítico y el país. El sueño, a todas luces, es utópico. No de otra forma puede superarse el “actual estado de cosas” y encarar una propuesta de transformación democrática de la universidad pública.
El planteamiento inicial se sitúa en la politización de lo social, la apertura hacia la comunidad y la ciudadanía. La Constituyente afirma que su reto es desafiar el poder constituido; por eso, busca trascender los límites de la participación de los “estamentos universitario”, los saberes sometidos y las prácticas fetichizadas del “sentido común” pragmático-cosificado. Su Idea se perfila en torno a la construcción del Poder Constituyente asentado en la fuerza de la comunidad educativa y popular que despliegue la participación, deliberación y decisión de padres, madres de familias, instituciones educativas de la región, movimientos sociales y ciudadanos. La formación de esta subjetividad múltiple reconfigura otra política, otras formas de organización y otras visiones y prácticas de la educación y de la cultura. Se proyecta entonces como la posibilidad para potenciar el lenguaje, el habla, la voz y las miradas de esta multitud que despierta a la actividad pública, democrática y de pensamiento. En esta dirección, la Constituyente abre un espacio social para “producir una verdad” construida colectivamente sobre la Universidad Pública, su sentido, sus campos, sus relaciones de saber y de poder.
La Constituyente Universitaria es una propuesta que incorpora el “Programa Mínimo” de los estudiantes, organizados en la Mesa Amplia Nacional Estudiantil”, MANE, y lo articula con la idea de construir una propuesta alternativa de educación superior. En este sentido, se hermanan las distintas iniciativas nacionales y regionales para enfrentar la reforma de la ley 30. Previo a la convocatoria del paro nacional universitario del 12 y 13 de octubre, la propuesta de Constituyente Universitaria desafió la verdad constituida y asumió la tarea de construir un derrotero ante la profunda crisis interna que vive la universidad y asumió los retos ante la política neoliberal del gobierno nacional y regional. El vigoroso movimiento contó con la amplia participación y procesos de deliberación mediante una pluralidad de acciones colectivas y asambleas generales que definieron líneas de pensamiento y movilización que conectaron con la convocatoria del paro nacional universitario.
El proceso surgió desde abajo, desde ámbitos no estamentales que reclamaban un “empoderamiento” de una subjetividad desconocida que empezaba a reconocerse como voz rebelde y creativa desde su sencillez humana. No había sabihondos, ni “formatos”; solo los adversarios reclamaban “hojas de ruta”, “reglas” y “justificaciones jurídicas”. En su sabiduría la Junta Constituyente admitió que esta problemática sería abordada sobre la base de la politización del proceso, el reconocimiento de los autoaprendizajes formativos y organizativos de la subjetivización creadora. Los reparos cayeron ante la supuesta “ignorancia”, el desconocimiento de la “ciencia jurídica” y la ausencia de las bendiciones del poder constituido. El rumbo fue otro: los sin voz empezaron a hablar, los desde abajo encontraron espacios de intersubjetividad crítica y no esperaron que llegara la “cartilla” o la voz salvadora. Desde su autonomía dibujaron su camino y sus argumentos. En este triángulo amoroso -sujetos, lenguaje y verdad- se ha ido potenciando esta Idea que articula las tareas nacionales de lucha y resistencia, y desafía el tiempo histórico. Su formulación inicial apunta a responder a la pregunta: ¿Qué universidad queremos construir?
La Causa de la democracia profunda
La esclerosis duerme la fatalidad del tiempo. La fiesta de los pueblos despierta la fuerza de la vida, del saber, de la potencia creadora. El consuelo de los acomodados y de los cooptados se refugia en la simulación y en la “servidumbre voluntaria”. La historia que despliega la disrupción del tiempo y la “anormalidad” de la vida, viene cargada de la fuerza utópica que “mueve montañas” y asume que “la idea es poder material tan pronto se apodera de las masas”. Esta Idea de la Constituyente Universitaria tiene el fuego juvenil y el encanto de la potencia contra el hastío de la democracia representativa, formal, cínica y vacía. La que empieza a abrirse paso, con sus propias limitaciones, es la democracia profunda que el pensamiento crítico ha dibujado a lo largo de la experiencia histórica de la resistencia y de la emancipación. Profunda, porque va al fondo de los problemas; por la consistencia de su pensamiento; por sus razones y alcances; por su horizonte de sentido y por su fuerza ética y creadora, por las fuerzas telúricas que la mueven.
Esta nueva Idea -que despierta entusiasmo y compromiso en amplios sectores universitarios y tanta oposición en los poderes establecidos- cuenta con simpatía y comprensión en varias universidades en Colombia y tiene ricas experiencias nacionales e internacionales. Repensar la Universidad Pública plantea confrontar las visiones esclerotizadas del saber sumiso y permite cimentar las verdades de la nueva subjetividad, incipiente, “humilde” y rebelde, pese a sus limitaciones, con la fuerza telúrica de imaginar otro “destino”, otro sentido, otra “razón de ser”. Sin lugar a dudas, “Ningún pueblo esespera y aunque se vea obligado a esperar por obtusidad, llegará un día, después de muchos años, que en un alarde de repentina inteligencia, llevará a cabo sus más levados deseos” (Karl Marx). El encanto de la democracia profunda radica en la reinvención de esta nueva experiencia de la subjetividad crítica y plural entendida como interrupción, esto es, como tiempo disruptivo contra el “tiempo muerto” del capital y del sistema. La Constituyente Universitaria tiene el propósito de suscitar la máxima potencia creadora de soñar una nueva universidad, sin los remilgos de la democracia liberal-procedimental y de la lógica del capital. Edificar una propuesta alternativa de educación superior compromete la reinvención de la democracia, el protagonismo de los “simples”, de los sin voz, de la subjetividad “ignorante” que desafía el saber y el poder constituidos.

octubre 26, 2011

VIDEOS SOBRE LA CRISIS DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA

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octubre 23, 2011

OPORTUNISMO VS SOLIDARIDAD

Por: Carlos Arturo Gamboa
El oportunismo campea en el mundo del siglo XXI. Léase por oportunista la persona que sobrepone su proyecto individual por encima de lo común; por lo tanto el oportunismo es enemigo acérrimo de la solidaridad, aunque muchos sean oportunistas al confundir los dos conceptos. Esta forma de vida ha impregnado todo, en los discursos pedagógicos lo llaman “competencias”, en política alianzas, en economía oportunidades, etc.
La necesidad de un mundo trasfigurado por la seudo-ideología del bienestar capitalista, suele pensar, e invitar a que se piense, que el esfuerzo del individuo lo lleva a posicionarse como un sujeto exitoso, pero sin importar los métodos que use para ello. Por lo tanto, el bienestar egoísta que pocos construyen, tienen un extremo que no se desea reconocer: hay miles de miserables a cambio de “algunos” exitosos. Por eso llaman líderes a aquellos que son capaces de depredar al Otro y ascender los peldaños de esa barbarie.
Esta lógica ha impregnado al sujeto, lo moldea, se ha convertido en la forma predilecta de la alienación moderna. Ya no necesitamos ser obligados a pertenecer al sistema capitalista, nosotros mismos lo deseamos. Una fuerza interna nos conduce a creer que nuestro esfuerzo debe estar dirigido al proyecto de individuo, sin importar que con ello neguemos el proyecto de sociedad; a eso algunos “mercachifles” lo han llamado actitud positiva. ¿Puedo acaso tener actitud positiva frente a la vida cuando mi beneficio se construye a consta de la miseria del otro?
Lo anterior no se contrapone al deseo humano de tener una existencia digna, pero si a la anómala forma de construir la indignidad de los vencedores. No puedo llamar desarrollado, exitoso, digno, competente o civilizado, a quien (o quienes) anteponen la avaricia como signo de vida, a la posibilidad de la solidaridad como otra forma de organizar el mundo. Como tampoco puedo llamar fracasado, incivilizado, indigno o pre-desarrollado, a quien (o quienes) por exclusión o sometimiento han sido condenados al otro extremo de la existencia.
Esa forma de actuar oportunista provocará que cada vez la línea abismal de la inequidad crezca. El puente, creo, está en la solidaridad. Sólo así se podría derrotar la idea perversa de que la pobreza es culpa de los pobres. La solidaridad puede permitir abonar el terreno de lo común, algo que hoy, para no ir muy lejos, se necesita urgente en la sociedad colombiana. Ojalá hoy, cuando las movilizaciones sociales crecen aceleradas por la crisis de un modelo oportunista, no aparezcan los líderes, los exitosos, los dignos o los competentes a decirnos que aquí estamos frente a un momento histórico en donde tenemos que actuar de acuerdo al “costo de oportunidad”. Espero más bien que la solidaridad florezca y que el oportunismo decline su deseo de poder.

octubre 17, 2011

INDÍGNESE PERO ACTÚE

Por: Carlos Arturo Gamboa
Hay muchos indignados. Multitudes indignadas por la avaricia de los ricos que visten con piel de oso polar, por la mafia bancaria que cuenta con milimitría las monedas mientras los indigentes buscan en la basura cajas usadas de Mc Donalds, por la iglesia que promete paraísos en el más allá, mientras en el más acá observa tras sus bordados de oro a la mayoría vivir en un dantesco sueño, por las multinacionales que extraen el oro de las entrañas de la madre tierra para poder subastar la naturaleza en las bolsas de valores, por los que se niegan a construir otro mundo y sostienen sus anclas en el barco del poder. Miles de indignados porque no tienen casa, educación, trabajo. Indignados ante el conservadurismo mundial para quienes el capital está por encima de la vida. Existen hasta indignados porque la gente se indigna.
Los indignados pululan en los recovecos del mundo, saben que la desmedida carrera del capitalismo hará del planeta un lugar inhabitable. Los puedes ver en las busetas atestadas, en los andenes de las monstruosas ciudades, en las oficinas tras la pantalla de su resignación laboral, en los cafetines embriagaos bajo el influjo de un tiempo que ya había previsto Baudelaire, en los parques humedecidos de desolación, en las aulas de clase. Indignarse parece ser el signo de nuestro tiempo. ¿Pero se puede hacer algo más que indignarse?
El desencanto ante la derrota de los sueños, que el capital trasmitió on line, hizo que muchos se adaptaran de manera cínica a las movilidades del mercado. Para ello el miedo se convirtió en el mejor lenitivo, miedo a perder el empleo, miedo a ser tildado de comunista, miedo a ser observado con recelo por la familia, miedo al mismo miedo; pero sobre todo miedo al golpe del sistema que te saca en los cubos de la basura o te etiqueta como terrorista para poder eliminar tu pensamiento. Y el miedo impide actuar, por eso es mejor indignarse.
Ante tanta indignación es el momento de la construcción de la política, porque lo que el sintomático actuar del mundo demuestra es que hemos alcanzado la cima de la civilización y la más atroz de las profundas desigualdades. La avaricia de los pocos amos del mundo no les permitirá recular, por eso sólo queda que ante tanta indignación surja un movimiento que confronte el poder vigente. Por eso celebro que te indignes, pero actúa.

octubre 14, 2011

LOS MODELOS DE UNIVERSIDAD EN EL PROCESO HISTÓRICO DE LA SOCIEDAD COLOMBIANA


Por: Antonio García Nossa
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El método de análisis adoptado -de naturaleza dialéctica- ha centrado el enfoque y la caracterización de los modelos en una estricta delimitación de los ciclos históricos: en consecuencia, un modelo de educación o de universidad no se toma como simple formulación de un cierto esquema teórico e ideológico, sino -fundamentalmente- como expresión de la manera como funciona la práctica histórica y como ésta define los rasgos esenciales, las formas de operación, los marcos ideológicos e institucionales de un cierto aparato educacional. Desde esta perspectiva dialéctica y totalista, se han establecido diversos modelos de universidad correspondientes a seis grandes ciclos históricos de la sociedad colombiana, desde la época de dominación hispano-colonial hasta el ciclo de conformación definitiva de un cierto modelo específico de capitalismo dependiente. El proceso histórico de la sociedad colombiana -al vertebrarse en el juego dialéctico de los ciclos históricos con un sentido reformista o revolucionario o con una dirección conservadora o                   contra-revolucionaria- permite definir la naturaleza, el papel y los alcances de los modelos de universidad y de educación superior.
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Estos seis grandes ciclos de la dialéctica histórica, pueden enunciarse así:
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1.      Ciclo de la dominación hispano-colonial, en el que el modelo de universidad medieval de estilo eclesiástico tiende a transformarse, a finales del siglo XVIII, en un modelo europeo de tendencia racionalista y pragmática;
2.      Ciclo posterior a las guerras de Independencia -el correspondiente a la Primera República Liberal- de organización nacional y de establecimiento de relaciones directas con el mercado mundial, en el que se implanta un modelo liberal europeo de universidad -en la primera República- y posteriormente se tiende hacia un modelo liberal de educación superior desescolarizada, en la medida en que se radicaliza la formulación de la democracia política (abolición del ejército permanente, ampliación del voto universal, extinción legal de las relaciones esclavistas y serviles, reducción de las facultades del gobierno central, reforzamiento de las autonomías locales, desamortización de bienes de manos muertas, etc.).
3.      Ciclo de la contra-reforma, del aniquilamiento de los fundamentos mismos de la República Liberal de restauración de los patrones culturales y eclesiásticos de la Colonia Española y de configuración de un modelo de universidad tradicional, elitista y escolástica.
4.      Ciclo de la moderna apertura capitalista a partir de la Primera post-guerra mundial, de integración física del país (vías carreteables y ferrocarrileras), de configuración de un sistema nacional de mercado y de instauración de la Segunda República Liberal y de un modelo de universidad democrática y profesionalista.
5.      Ciclo de la contra-revolución oligárquica y del desmantelamiento de las reformas liberales, en el proceso de aguda concentración del poder económico y político, de internalización de las corporaciones transnacionales como vértebras del mercado interno, y de instauración de las formas modernas de absolutismo político y de transfiguración cesarista del estado de derecho.
6.      Ciclo final de la modernización capitalista a través de la plena definición histórica de un sistema urbano-industrial, de la adopción de los patrones norteamericanos de sociedad de consumo, de la instauración de una hegemonía oligárquica compartida sobre la totalidad de aparatos del Estado   -por medio de dos partidos oficiales, políticamente conservadores y económicamente liberales- de la expansión de las formas del absolutismo político y de plena articulación del modelo específico de capitalismo dependiente: dentro de estos marcos históricos -correspondientes a las décadas de los años sesenta y setenta o sea, en las que es decisiva la influencia de la Alianza para el Progreso y de la ofensiva ideológica de la Guerra Fría- se implantó, llegó a su apogeo e hizo crisis el modelo de universidad tecnocrática-desarrollista o más exactamente, el modelo desarrollista educacional.
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Si bien cada uno de estos modelos de universidad y de educación superior resultan comprensibles en la medida en que los relaciona con un cierto contexto estructural, sería posible registrar algunas constantes de esos modelos, en cuanto a la sociedad colombiana ha estado sometida, a lo largo de su historia, a diversos patrones de dominación colonial o imperialista: una de esas constantes históricas es la de que siempre se ha pretendido implantar un modelo extranjero de universidad tomando como arquetipo el medieval-castellano, el europeo occidental, el alemán y, finalmente, el norteamericano. Sin embargo sólo durante el ciclo de la dominación colonial española o en el moderno ciclo de dominación norteamericana, podría hablarse de la existencia de un modelo educacional completamente estructurado y de propagación colonialista de las formas de pensamiento, de técnicas, de unas artes y de una ideología.
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En los ciclos contemporáneos de apertura burguesa y de modernización capitalista, sería posible enunciar, a grandes rasgos, unas ciertas constantes históricas:
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a). Naturaleza elitista de la universidad, orientada hacia la formación de cuadros profesionales de acuerdo con una cierta evaluación global de las tendencias de la economía de mercado y con la pretensión de formar una élite tecnocrática o partidarista reclutada de las clases medias y de la oligarquía burguesa y terrateniente;
b). Dependencia ideológica de los grupos contralores del gobierno -en los ciclos de hegemonía de un solo partido o de condominio bipartidista sobre los aparatos del Estado- en cuanto a la manera de comprender, específicamente, problemas y conceptos como los de comunidad universitaria, autonomía, representación, libertades de investigación y de cátedra, selección académica de estudiantado y profesorado, etc.;
c). Carencia real de investigación científica, artística y técnica -en cuanto a su rango como categoría académica, en cuanto a sus posibles vinculaciones con la docencia y en cuanto a su escala y programación- como efecto de las condiciones coloniales de importación de ciencia y tecnología y de las formas de operación del modelo de industrialización dependiente y de modernización capitalista de la agricultura;
d). Decisiva intervención de corporaciones extra-universitarias -eclesiásticas, militares, gremiales, académicas, capitalistas- en la administración y gobierno de la universidad pública;
e). Preservación de las facultades de orientación ideológica, de control y de veto, otorgadas por el Concordato de 1887 a la Iglesia Católica, en relación con la educación colombiana en general y en particular con la universidad pública;
f). Expansión lineal, desordenada e incoherente de la universidad colombiana, en respuesta a las presiones crecientes de la población joven y a las exigencias específicas del modelo de desarrollo capitalista[1];
g). Bloqueamiento a las posibilidades de integración de un sistema nacional de universidades del Estado como núcleo central de un sistema universitario capaz de desbordar el esquema desarrollista de educación superior, de modificar las estructuras de poder y de replantear el desarrollo desde una perspectiva de transformación global de las condiciones históricas de vida de la sociedad colombiana, en los planos de la economía, la cultura, la organización política y las relaciones sociales;
h). Manipulación política del presupuesto educacional del Estado, utilizándose la estrechez financiera y el déficit crónico que se registra en la totalidad de universidades públicas[2], como un método de control y de instrumentación del modelo desarrollista;
i). Tendencia hacia el desmantelamiento de las formas organizativas de los estamentos universitarios (profesores, investigadores, trabajadores, estudiantes) con el objeto de bloquear las vías de formación de una estructura democrática de poder y de anular las demandas de participación en el gobierno de la Universidad;
j). Constante reducción del ámbito y niveles de la autonomía de la universidad, en los campos académicos, financiero, administrativo y político, en la medida en que se consolida el modelo colombiano de absolutismo político y en que la institucionalización del estado de sitio y el deterioro del Congreso alimentan la tendencia histórica hacia el cesarismo presidencial[3];
k). Prevalencia de una línea orientada hacia la privatización de la educación superior, no sólo en el sentido de transformación de la universidad privada en paradigma del sistema, sino en los de asimilación de los patrones comerciales de empresa privada y de rentabilidad, de inevitable subordinación del aparato educacional a las demandas y condiciones globales de la economía capitalista de mercado y de aceptación, implícita, de que la educación superior no es un derecho sino un privilegio, no es un servicio auténtico sino una mercancía.
1). Y creciente transformación de la universidad -como componente del modelo desarrollista de educación superior estructurado para la capacitación de los recursos humanos que requiere el funcionamiento de la economía capitalista de mercado, a nivel nacional y transnacional- en un tecnológico superior, incapaz de manejar críticamente la ciencia que importa o de transformar la tecnología que se transfiere desde los centros motores de la Metrópoli.
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Tomado del libro La crisis de la Universidad. Plaza y Janes Editores Ltda. Primera edición; febrero 1985. Bogotá. Colombia. Páginas 35-40


[1] “Educación Universitaria y Movilidad Social”. Germán Rama, Bogotá, Revista EGO, No. XX, 1969, pg. 46-92.
[2] “La Universidad Colombiana en la búsqueda de sí misma”, Bogotá, Universidad Nacional, Encuentro de Rectores de Universidades de Venezuela y Colombia, 1976.
[3] Sobre el concepto de cesarismo presidencial, ver “Dialéctica de la democracia”, A. García, Bogotá, Edit. Cruz del Sur, 1973.

octubre 11, 2011

¿EXISTE LA FAUNA DOCENTE UNIVERSITARIA?



Una constante de la precarización laboral que campea en las Universidades Públicas, son las formas de contratación, tanto de profesores y catedráticos, como de los llamados "personal supernumerario". Muchos hacen ojos ciegos a esta lamentable situación, casi siempre bajo la ley del proverbio "Ojos que no ven". La siguiente columna da cuenta de esa fauna, que puede ser ampliada desde nuestras Universidades.
 Por: Edison Marulanda Peña
 Por estos días de calma tensa en el campus de la Universidad Tecnológica de Pereira, de expedición de resoluciones, batalla de comunicados y declaraciones, suspensión de contratos, queda tiempo para la ‹‹observación participante›› de los miembros de la academia.
 En un diálogo de sobremesa con Pablo, un colega que por su actitud desenfadada y su apariencia joven se confunde entre los estudiantes, encontramos curiosos rasgos para intentar una caracterización de la fauna  docente. Sin querer invadir el área de los especialistas en medicina veterinaria, voy a compartir las descripciones de tres especímenes que conviven en la universidad de las cinco décadas.
 El profesor de planta –categorías asistente, asociado o titular– en lo que atañe a la recreación y el cultivo físico-espiritual hace pilates, yoga o Tai chi con instructor privado en el conjunto residencial; el docente transitorio practica el  spinning o la elíptica tres veces por semana; el catedrático participa de los aeróbicos y juega banquitas en el barrio (por esto no le cobran).
 No menos importante es la figura. El índice de masa corporal del profesor de planta es notoria, sugiere un ser saludable, con medicina prepagada y esos carbohidratos que retiene son una señal inequívoca de prosperidad (solo un envidioso diría que es obesidad); al transitorio no le sobra ni le falta masa corporal, vive ilusionado en que su estatus social –estrato es una trampa para suprimir clases– puede mejorar el próximo año, evita las harinas en las noches para no tener que hacer dietas molestas y lo atiende una EPS; el catedrático, nombre científico “austerus pobresoris”, presenta una masa corporal directamente proporcional con la duración de su contrato: ocho meses del año dividido en dos periodos de cuatro y se prepara, cual hormiga previsora, para los cuatro meses de sequía en que no recibirá salario. 
 Las formas de ahorro. El rozagante espécimen de planta ahorra en títulos valores de Ecopetrol o el grupo AVAL, construye en el lote del  condominio y la sección del telenoticiero que más interesa es la económica; el transitorio tiene cuenta de ahorros y compra el baloto para encontrar un atajo y la parte del telenoticiero que sigue con  atención son  las cuñas de vehículos en promoción; el catedrático tiene un marrano-alcancía con monedas de $500 para romper en diciembre y la sección que no se pierde es “lo que indican los indicadores”.  
 La participación en eventos académicos no puede ignorarse. El de planta va a representar a la universidad en congresos o a dar un seminario como profesor invitado con viáticos según su escalafón, sufre de estrés cuando viaja a Sao Paulo, Barcelona, Buenos Aires o Madrid. El transitorio presenta una ponencia en un congreso en Bogotá, Medellín o Cali y se estresa porque los viáticos no le alcanzan para un hotel de 3 estrellas. El catedrático viaja a Sevilla, Valle del Cauca, Armenia o Manizales a un foro regional y él paga su transporte.  
 Medios de locomoción. El catedrático siempre anda de afán, tiene un comportamiento presuroso por que labora en dos universidades –nunca está seguro de que sea llamado el semestre siguiente– para cuadrar los ingresos, y sabe mucho de las bondades del transporte público; el transitorio se desplaza con movimientos seguros y llega en moto a la U; el profe de planta parquea el carro último modelo comprado con el sudor de sus neuronas, camina sereno y saluda con una sonrisa  a las estudiantes (ninguna fuente confirma si es diseño de sonrisa).
 De planta, transitorio y catedrático, tres figuras contractuales distintas. Pero todos son profesores con igual dignidad humana. La administración de la universidad debería recordarlo, cuando se autoevalúa para preservar la acreditación institucional de alta calidad.
*Columna para La Tarde, 9 de octubre de 2011.

octubre 09, 2011

BISBISEOS SOBRE LA CONSTITUYENTE UNIVERSITARIA

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
En Ibagué rondan enunciaciones sobre una Constituyente Universitaria que ha decidido emprender la Universidad del Tolima, Constituyente que pretende ponerle fin a una crisis extensa por la que atraviesa el único espacio de educación pública superior del departamento, pero que igual se vislumbra como una gran salida de la Universidad Pública colombiana frente a los asedios de una nueva reforma que empeora el panorama que ya la Ley 30 había implantado, y que como velo trasparente oculta el germen de los males que hoy son grandes moles.
Con los ánimos candentes de algunos sectores, por fin parece ser que la Universidad del Tolima está recuperando sus escenarios de debate, tan ausentes hoy en el mundo autista de las universidades del mercado, en donde todo se “hace” sin preguntar, en donde el indicador prima sobre la argumentación. Este escenario es quizás el primer gran aporte de la idea constituyente, pues ella requiere que todos acometan el ejercicio de repensar lo constituido; revalorar los esquemas seudo-participativos, estrangular los discursos impuestos, que por efecto de la petrificación ya no dicen nada, y sobre todo, remover las fibras sociales de unos actores internos de la Universidad del Tolima que parecen hace mucho olvidaron ser parte de una Universidad, no de una cadena de almacenes.
Ante una nueva idea, un nuevo reto. La incertidumbre, fundamento de lo que tiene que ser re-creado, a veces adormece los sentidos y terminamos por refugiarnos en nuestra “comodidad crítica”, avizorando tras los ventanales de la cotidianidad a los “otros” que activan un suceso, prestos a detectar los rumores que ahogan las palabras; por lo cual asumirse constituyente no es estar de acuerdo con una idea predeterminada, es ayudar a construir la idea. Por lo tanto, quienes al acecho observan los primeros desplazamientos de la Constituyente Universitaria, tienen variadas opiniones hibridizadas entre sus deseos de transformación y su letargo; por eso se suelen escuchar preguntas como: ¿Qué es eso de Constituyente Universitaria? ¿Qué es lo que buscan? ¿Dónde está la maqueta de lo que van a construir? ¿Quiénes son los Constituyentes?, y muchas más, a veces recubiertas de cizaña; y por supuesto otros más conformes con el modelo constituido, no conjeturan, sólo afirman que la Constituyente Universitaria es sólo un complot de unos pocos resentidos.
Quién de cerca observe el proceso o se sumerja en la posibilidades de enfrentarse sin miedo a los abismos, descubrirá que el propósito va más allá de los “susurros” cotidianos, que si se reclama una democracia profunda no es para apostarle a la retórica degastada de los aparatos de poder y de contra poder que ya han demostrado históricamente su ineficacia para entender la movilización social, sino que se reclama una democracia que recupere el concepto mismo de democracia, no es el escenario para aplicar un modelo pensado desde un escritorio, sino para que la mayoría de los todos, lo construyan.
Ante las dudas, las preguntas y las interpretaciones aisladas, sólo es posible una respuesta: Constitúyase constituyente; y para quienes afirman que la idea de Constituyente Universitaria es válida, pero que no creen en “esa constituyente”, sólo podría recordarles aquella frase atribuida a El Talmud: “No límites a tus hijos a tu propio aprendizaje, porque han nacido en otro tiempo”.

octubre 02, 2011

SE LLAMA POESÍA TODO AQUELLO QUE CIERRA LA PUERTA A LOS IMBÉCILES


Por: Aldo Pellegrini
La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.
Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.
Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder de los banqueros, hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.
Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.
La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.
Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.
La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.

La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.

septiembre 27, 2011

LA CONSTITUYENTE UNIVERSITARIA: EL TIEMPO ES AHORA, EL RETO ES YA


Por: El Salmón
La Universidad está en crisis y sólo su condición real de saberse pensar le permitirá diseñar una salida. El mundo entero vive en convulsión porque las viejas formas de gobierno están en entre dicho. La democracia, si no es de todos no sirve, sino representa la voluntad de las mayorías, es argucia. Hoy la Universidad del Tolima es el reflejo de una Ley 30 que llevó a la universidad pública a desdibujar su razón de ser, y ahora se enfrenta a un nuevo coletazo del capitalismo. Los que tienen esta Universidad al borde del colapso son los que sumisamente han acatado todas las disposiciones de un gobierno central, a quien no le interesa el desarrollo de una región y un país para las mayorías. Ellos son cómplices.
La Constituyente Universitaria es una salida, la más inteligente, la más osada, la más participativa, la que puede permitir el cambió real de nuestra Universidad. La Constituyente es legítima porque tiene base en la Autonomía Universitaria y despliega su fuerza para devolverles el poder a las mayorías, para concertar mediante el diálogo, el debate y la argumentación, la idea de la Universidad que queremos; muy distinta a la impuesta, a la pre-diseñada y aceptada sin discusión. La Constituyente permite darle forma al sueño de la Nueva Universidad.
Sus actores somos todos, no unos pocos, no los de siempre, no las burdas representaciones democráticas de un gobierno universitario desdibujado y sin compromiso. Su proceder es la democracia profunda, la participación y el respecto a la diferencia.
Apostarle a la Constituyente Universitaria es asumir el reto histórico de frenar el acabose de la Universidad Pública, es hacerle frente a las reformas que le quieren imponer una agenda, es asumir el derecho de la defensa de la Educación Pública Superior; pero es también tomar las riendas de la Universidad del Tolima sumida en el desgobierno, la corrupción, la persecución, el silencio del rector y su séquito de seguidores incondicionales, las políticas de privatización que se pasean por nuestras aulas, la desatención a la calidad académica y el caos administrativo; pero sobre todo, apostarle a la Constituyente, es darle cuerpo a las exigencias de un movimiento estudiantil que ha demostrado tener el arrojo de enfrentar grandes retos.
Quienes quieren deslegitimar la Constituyente Universitaria son aquellos que no desean perder el poder o sus migajas, son los que inventan historias sobre un complot con la gobernación, cuando en realidad la Constituyente parte por desconocer el Consejo Superior presidido por el gobernador neo-uribista-santista y le devuelve el poder a la comunidad universitaria, e invoca a un periodo de transición pre-constituyente que puede ser asumido por una junta ampliada o por una personalidad nacionalidad, en los dos casos, ambos sujetos a las decisiones de las mayorías.
El tiempo es ahora, el reto ya. O somos capaces de enviarle un mensaje al país y al mundo que sí es posible otra universidad, o dejamos que los de siempre continúen en su letargo de años, destruyendo nuestro presente, y el futuro de miles. Porque somos los jóvenes los dispuestos a defender la Universidad, la Constituyente Universitaria es nuestra opción, AHORA Y YA.

UT, Ibagué, mes de las transformaciones

septiembre 22, 2011

LA ESTRATEGIA DE LA TORRE DE BABEL VERSIÓN UT

Por: Carlos Arturo Gamboa
Cuenta el mito bíblico que alguna vez los hombres hablaban el mismo idioma y empezaron a realizar una construcción con el fin de mostrar que el poder del colectivo era superior al poder impuesto; y cuando el poder se vio amenazado  dijo: “He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua. Nada les impedirá que lleven a cabo todo lo que se propongan”. Entonces el poder decidió confundir sus lenguas.
Esa parece ser la apuesta de los dueños del poder frente a la actual crisis de la Universidad del Tolima, quienes creyeron inicialmente que usando su estrategia de siempre: guardar silencio, lograrían que el movimiento universitario desistiese por cansancio. Pero han pasado cuatro semanas y los colectivos siguen seguros de que la educación pública, y la UT, requieren cambios profundos.
En la asamblea de profesores un catedrático de esos que nadan contra la corriente dijo que la pregunta no es si hay crisis o no, sino, ¿cuál es el tamaño de esa crisis?, por eso no-si entendemos por qué algunos profesores de vieja data y otros nuevos o desinformados, creen que los problemas de la Universidad del Tolima son proyecciones esquizoides de la “oposición”. La verdad es que afuera hay crisis y adentro peor, porque el afuera está adentro. La nueva reforma de educación superior no es más que la última fase de un proyecto que la burguesía ladina colombiana empezó hace décadas, ahora encarnada en el cuerpo del poco Santo-s presidente; y que en la UT se ha llevado a cabo con tal eficiencia que es el modelo nacional para mostrar.
La Universidad del Tolima vive una crisis profunda, real, porque está sumida en una total ingobernabilidad, empezando por el presidente del Consejo Superior, el gobernador del Tolima, quien se ha negado a entregarle a la universidad los dineros que son de la universidad y con ello le imposibilita la educación superior a muchos jóvenes del departamento; pero también por el vacío de dirección de un Consejo Superior incapaz de enfrentar la crisis, perdido en el anonimato o jugando al acomodamiento electoral de la coyuntura. La ingobernabilidad también se personifica en un Consejo Académico incapaz de entender la academia y unos Decanos empotrados en el poder, mudos e incoherentes que no balbucean respuestas, y toda esta jauría alrededor de un rector que desde la retaguardia dedica sus esfuerzos a evitar su propio naufragio, dejando que la Universidad se hunda, con cerca de 45 mil estudiantes, sin garantías académicas, muchos de ellos bajo la sombra de “Alma Mater” o almamonster.
Por eso el poder lanza su último mensaje, aquí no hay crisis, todo es un montaje, un complot de los huérfanos del poder; y ya son pocos quienes lo creen. Sin embargo siguen enviando sus profetas a confundir las lenguas, a decir que debemos actuar con cautela, a desempolvar sus añejos discursos que un día les garantizaron una oportunidad de cambio, pero que se negaron a accionar. Hay profetas en todos los frentes, en la asamblea de profesores los pudimos ver, tratando de convencernos de que toca cambiar la universidad sin cambiar o evaluar sus dirigentes; entre los estudiantes afloraron con chiflidos, característica babeliana por excelencia, y entre los empleados andan amenazando con apocalipsis laborales. Profetas mayores convencidos de la sombra del poder y profetas menores temerosos de perder las migajas. 
Pero no olvidemos que los profetas tienen claros objetivos: engañar al pueblo, aplacarlo, desmovilizarlo, dividirlo y todo con el fin de sostener la estructura de poder vigente.

septiembre 16, 2011

EL CONCUBINATO DE LA REFORMA EDUCATIVA SUPERIOR

Por: Carlos Arturo Gamboa.

La pretendida reforma a la Ley 30 que rige la educación superior, no es más que la legalización de un concubinato que ha venido procreando monstruos en la Universidad Pública. Basta una breve mirada al panorama actual de las Universidades para darnos cuenta que el 80% de las propuestas de la nueva ley ya son práctica cotidiana, sobre todo lideradas por el enfoque tecnocrático de quienes, desde los cargos administrativos-académicos, han pervertido la razón de ser la educación pública para lo público, bajo engañosos slogans de eficiencia y eficacia. Estos slogans lo que esconden es una perversa sobredosis de educar para el mercado y de hacer de la formación superior una mercancía.
Dentro de las nuevas lógicas del capitalismo, el conocimiento es un indicador en la bolsa de valores, por eso es tan apetecido ese “nuevo mercado” que los exploradores del marketing han detectado y copado. El profesor Andrew Higginbotton, en una conferencia reciente en el marco de la cátedra libre en la Universidad del Tolima, nos ofreció una cifra aterradora, en Inglaterra cerca del 60% de los jóvenes estudiantes no pueden acceder a la educación superior, debido al crecimiento de los costos. ¿Imaginémonos el impacto en una sociedad como la nuestra cuyos índices de pobreza y miseria crecen en la misma proporción que el saqueo de las multinacionales? Esa idea de Universidad que quieren legalizar es como limón para una herida. 
La Universidad Pública debe ser reformada, pero por la comunidad universitaria en diálogo con la sociedad, y aquellos quienes han sido los emisarios de la precarización de la academia deben pagar el precio de sus acciones.

septiembre 14, 2011

POLÉMICA Y CRÍTICA

Por: Rafael Gutiérrez-Girardot 
Aunque en el libro de Indalecio Liévano Aguirre, Grandes conflictos de nuestra historia se desenmascara la hipocresía de la “alta clase” social de los voceros de nuestra independencia, de un Camilo Torres y de quienes, después de su triunfo, abjuraron de los principios igualitarios que invocaron para justificar la posesión de los cargos de los españoles; y aunque en el “cuadro de costumbres” Las tres tazas de José María Vergara y Vergara se ironizó la simulación que había acunado el “patriciado” colombiano, con su correspondiente fervor servil por los extranjeros; y aunque Jaime Jaramillo Uribe recuerda, en uno de sus ensayos sobre Historia social de Colombia que el Marqués de San Jorge perdió su título -comprado, sin duda- porque no pagó los derechos correspondientes; y aunque la historia colombiana ha puesto en la picota esa “aristocracia” hasta el punto de que hoy es anacrónico ocuparse con su terca agonía: pese a eso, cuando se critica a esa clase, la réplica a la crítica es un depravado argumentum ad hominem: el que la hace, es un “resentido”
No es nuevo el argumento. Parece provenir del reinado sociofilosófico de Germán Arciniegas, del más severo crítico de Hegel, a quien nunca leyó en su lengua madre y de su anticomunismo gringo. Para sus epígonos, la crítica a esa clase “sin clase” está, además, imbuida de marxismo. No es improbable que los feligreses de ese reinado anacrónico ignoren el nombre de Max Weber, del fundador de la moderna sociología comprensiva que se nutrió de la lectura crítica de Marx. No sería improbable que cuando lean una de sus obras como el famoso trabajo La ética protestante y el espíritu del capitalismo y perciban su acerada crítica al capitalismo, lo declaren comunista y “resentido”.
¿Qué significa esa argumentación, por así llamarla, pomposamente vacía y mendicante? ¿Defiende -o pretende defender- un estado social y político que ha llevado a Colombia al borde de su paulatina desintegración? ¿Quién lo defiende ha cerrado los ojos y los oídos para no ver y oír el largo proceso iniciado ya a comienzos del siglo XX y agudizado en 1948? ¿Y quienes eso hacen, no quieren tener en cuenta que en todo Estado y Nación hay una clase que dirige o maldirige a su sociedad? ¿Y creen, quizá, que de nuestros males es culpable la mayoría de la población, de los humillados y empobrecidos y no de la tal clase? Es indudablemente seguro que los epígonos del máximo crítico de la filosofía del idealismo alemán (su pecado mortal: haber conducido a Marx) todavía no saben que determinados conceptos cambian y que para usarlos con la necesaria precisión y honradez intelectual es indispensable conocer esos matices y usos. Una empleada del servicio, un camarero, chofer de taxi, una ministra de educación y hasta un rimbombante diplomático pueden y, sin duda, suelen utilizar el vocablo “resentido” y “resentimiento” en su acepción vulgar. Pero un intelectual, con majestuosa formación filosófica, tiene que atenerse a la significación que tiene en la ética y en la sociología, y que después de Nietzsche y Max Scheler ocupa a esas ciencias. El filósofo Strawson, por ejemplo, encuentra que el resentimiento es una “permanente sensación e indignación sobre una herida moral”. Y explicita: “Así, el resentimiento es una reacción contra la injuria y la indiferencia”. La injuria que ha hecho por indiferencia la llamada clase alta a Colombia tiene la inevitable y justa respuesta: el “resentimiento”.
En Colombia se ha extendido una actitud anticrítica, cobardemente neutral. ¿Significa esto que los crímenes con los que se castiga a los periodistas por sus informaciones y críticas y a los políticos heroicamente disconformes se han convertido en una permanente manera de sofocación, que afecta los demás ámbitos de la vida cultural? La crítica literaria ha tenido en Colombia pocas figuras destacadas. Como en casi todo el mundo hispánico, la crítica bibliográfica es, en gran parte, apología de clanes. Cuando pretende ser independiente, suele reducirse a expresar la opinión o la ocurrencia del crítico sobre conceptos e interpretaciones que no concuerdan con sus preferencias, pero sin haberlos comprendido cabalmente y sin fundamentar esas ocurrencias. Como en la vida intelectual, se recurre a corrientes y teorías -en el mejor de los casos- que no se han sometido a la crítica de la razón, que no se han asimilado. Esta recepción no es creadora sino remedo. De ese modo, no se orienta ni se discierne, sino se transmite un estilo dogmático de pensamiento. Algunas veces, el dogmatismo encubre una acumulación de aversiones personales -envidias- que se satisfacen con el efecto de lo que Ortega y Gasset -copiándolo, como siempre, de Max Scheler- llama el “rencor” español y Unamuno “el mal nacional español: la envidia”. Sobre ese mal nacional, el rencor, dice Ortega: “El rencor es una emanación de la conciencia de inferioridad. Es la supresión imaginaria de quien no podemos con nuestras propias fuerzas suprimir. Lleva en nuestra fantasía aquel por quien sentimos rencor, el aspecto lívido de un cadáver: lo hemos matado, aniquilado con la intención. Y luego, al hallarlo en la realidad firme y tranquilo, nos parece un muerto indócil...” Es evidente que en el ámbito de la crítica bibliográfica es preciso distinguir entre las “reseñas” y las “valoraciones” de intención crítica. En término medio, las reseñas de libros de historia por historiadores son informativas, correctivas, cuando es el caso, profesionalmente fundadas. El objeto no facilita la expresión envidiosa o la del que se esfuerza en su afán de figuración. Las reseñas con intención de valoración crítica de este tipo se caracterizan por la abundancia, objetivamente innecesaria, de referencias traídas por los pelos aumentadas con un aparato de notas a pie de página, que pretenden certificar erudición. Fomenta lo que un crítico peruano ejemplar llamó “terrorismo bibliográfico”, que es una manera de equilibrar aparentemente el vacío intelectual. La causa de estas inmensas lagunas se encuentra, de manera inmediata, en la maleducación universitaria. La enseñanza de la literatura en las universidades tropieza en las mejores, no en las universidades-garaje, con varios problemas: los principiantes no han sido adecuadamente formados en el bachillerato; la Universidad comienza con un minus; la Universidad no tiene la infraestructura como hemerotecas con revistas internacionales y de literatura comparada, bibliotecas con obras clásicas en sus lenguas de las corrientes actuales de la historia literaria. Desconocimiento ya desde el bachillerato de las lenguas europeas y, para la facultad de Filosofía, de las lenguas clásicas. Ausencia de interdisciplinariedad (con filosofía, sociología, ciencia política). El horizonte de la investigación, fundamento de la formación, queda reducido muy considerablemente. El nivel de la enseñanza es poco más alto que el del bachillerato. Sin estos presupuestos, la creación de instrumentos para interpretar fructíferamente nuestras letras, se satisface con la aceptación acrítica de las teorías de moda, casi siempre las antepenúltimas en traducciones defectuosas. El conocimiento y significación de la literatura para comprender a los ancestros, a sus aspiraciones y saber situar el presente es un desideratum que, al no ser satisfecho, obstaculiza una de las misiones de la educación literaria, en particular: saber formar un juicio propio, ser individuo y por lo tanto saber ser libre.
Esta desolación influye negativamente en dos ámbitos de la ciencia y vida literarias: la polémica y la historia literaria. La polémica es, según el concepto griego del que desciende, esto es, polemos, guerra. Guerra literaria o intelectual que se diferencia de la guerra política, en la que se ataca la persona que representa determinados intereses, disfrazados de programa. En la polémica intelectual, ésta es homónima de la refutación. “La verdadera refutación -escribió Hegel en su Lógica- debe atender y entrar en la fuerza del contrincante y situarse en el ámbito de su fortaleza. Atacarlo fuera de él y mantener razón donde él no está, no fomenta el asunto.” En Colombia, la polémica se entiende como un ataque con las únicas reglas de la envidia. No se atiende al contrincante ni se lo sabe o quiere comprender. Es el cadáver indócil del que se cortan retazos para demostrar su incompetencia. Incapaces, por deformación escolar, de comprender contextos, su historia de la literatura se compone de ídolos intocables. Es un museo, no una voz y testimonio del pasado, que, al desmitologizarlo, nos permite descifrar los vacíos y simulaciones que se han continuado. Es comprensible que para esa concepción pétrea de la vida intelectual, la desmitologización de quienes la nutren y fomentan es una blasfemia imperdonable. Poner en tela de juicio a Estanislao Zuleta, quien pontificó sobre Nietzsche, Marx y Freud, sin saber alemán, es un acto que despierta indignación. La interpretación de la tragedia griega de Octavio Paz, mal copiada de Alfonso Reyes y de Werner Jaeger, la interpretación del romanticismo alemán, del mismo Paz, fundada en un texto francés para el estudio de bachillerato, la de “la época de la imagen del mundo” de Heidegger, copiada de su traducción española sin indicación del autor, por el mismo Paz; la permanente anunciación de un próximo libro definitivo sobre diversos temas que nunca apareció, la exposición de un pensamiento de Aristóteles, robada de una obra clásica sobre el Estagirita, pero desconocida en España, que Ortega cita de manera tácticamente imprecisa. Todo esto produce indignación porque por su prestigio consagran la carencia de honradez intelectual como medio de figuración, y transmiten este engaño como la norma del trabajo intelectual. A quienes se enfurecen y enfurecieron por los cuestionamientos críticos a estos ídolos, cabe preguntar ¿si obedecen a una tendencia de la política cultural y universitaria de Colombia, que consiste en mantener el status quo mediocre, gracias al que reinan y por tanto condenar todo lo que pueda suscitar una transformación necesaria, para dar a la juventud los medios de su progreso personal y de Colombia, es decir, de lograr que el país desarrolle todas sus inmensas riquezas humanas y se ponga en capacidad de dialogar de tú a tú con el complejo mundo contemporáneo?
Jaime Jaramillo-Uribe aseguró que la nota característica de Colombia es la “aurea mediocritas”. Con mayor acierto es “mediocritas” solamente. Eso fue, sin duda, el país gobernado por simuladores. No tiene por qué seguir siéndolo. El mundo se ha introducido en Colombia. El extranjero y sus ventajas universitarias son accesibles a estudiantes, el conocimiento de idiomas se normaliza, y es de esperar que cuando regresen a nuestro país no les cierren las puertas y los obliguen a engrosar la vergonzosa huida de cerebros que los pertinaces mantenedores del status quo mediocre, y ya delincuente, hacen pagar con millones de dólares (eso cuesta la huida) al sangrante país, al campamento de la cizaña, de las envidias, de la consecuente mala fe que esos mediocres guardan con fanático celo.
 Bonn, mayo del 2005

septiembre 10, 2011

LO QUE NO CONTÓ LA TV SOBREL EL 9-11


Para manipular eficazmente a la gente, es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula

John Kenneth Galbraith

septiembre 06, 2011

PRESENTACIÓN DEL LIBRO: "LITERATURA Y ESCUELA. UNA APROXIMACIÓN AL CANON LITERARIO Y SUS PEDAGOGÍAS"

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Es placentero mostrar a la comunidad universitaria y en especial a los docentes del área de lengua castellana del país, el texto titulado LITERATURA Y ESCUELA. UNA APROXIMACIÓN AL CANON LITERARIO FORMATIVO Y SUS PEDAGOGÍA…El presente trabajo corresponde a un esfuerzo de muchos que unidos bajo pretextos de espacios y tiempos congruentes supieron correlacionar sus fuerzas y deseos de cambio de los entramados educativos. La escuela siempre será objeto de estudio, desde sí y a través de sí misma; y en ella la literatura ocupa un lugar simbólico que desde su presencia o ausencia, activa las diferentes formas del saber y de la condición humana.
Aquí hallarán las primeras sistematizaciones del proyecto: Caracterización y perspectivas pedagógicas del canon literario, que ha dado origen a múltiples lugares de enunciación para la renovación del canon literario formativo y sus pedagogías. Mientras este texto circula, cientos de estudiantes de la Universidad del Tolima- IDEAD, se encuentran en las instituciones educativas elaborando sus prácticas pedagógicas que responden a los planes de impacto nacidos del proyecto, y se requerirá otro esfuerzo con el fin de valorar los mismos.
Según el docente Carlos Alberto Castrillón, reconocido investigador en el campo de la literatura:

En este trabajo hay un deseo evidente de exponer de modo creativo las reflexiones y los datos producto de la investigación. Esto es un valor agregado en todo proyecto de investigación, pues el estilo orientado al lector promueve la apropiación de los conceptos y los resultados. En todo el texto es notable el trabajo sobre el estilo de exposición, algo que generalmente se olvida por la pretensión de objetividad que acompaña todo ejercicio investigativo.

La temática de trabajo es de gran importancia, de mucha actualidad y alto impacto. La reflexión sobre el canon literario en la Escuela deriva de la discusión más general sobre dos problemas: El canon literario en sí mismo, concepto bastante complejo y polémico, y la didáctica de la literatura, uno de los baluartes para la defensa de la literatura como arte y como discurso.

La metodología, los instrumentos y los criterios de verificación del papel del canon en la Escuela son adecuados al propósito, así como el soporte conceptual y la bibliografía que lo avala. Además, como es común en este tipo de investigaciones, el equipo de trabajo es amplio y diverso. Para mayor claridad de lo que se quiso indagar, la investigación apela a metodologías múltiples, como la estadística, el testimonio, la hermenéutica y el estudio de casos, lo cual provee al lector de un conjunto diverso de perspectivas.

En el estudio se aborda la tensión entre la lectura por placer y la lectura por deber en el contexto escolar actual, que por lo general dedica más energía a la administración de los protocolos educativos que al desarrollo de procesos cognitivos y de proyección artística y humanística. En ese sentido, se logra mostrar un panorama inquietante, con muchos altibajos, que es útil para investigaciones similares en otras regiones del país.

Es necesario recordar, que lo emprendido se dinamizó en el año 2008 desde el Programa de Licenciatura con énfasis en lengua castellana, del Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, encabezado por un grupo de tutores investigadores que le apostaron al modelo de investigación formativa, pero quienes contaron con el respaldo institucional del Comité Central de Investigaciones, de los estudiantes inscritos en el programa y de un colectivo de tutores, actores sin los cuales este proyecto hubiese sido sólo un deseo. Igual importancia ocupan las Instituciones Educativas de Cundinamarca y Tolima que le abrieron sus puertas a la posibilidad de una dialéctica formativa, que permitió desentrañar los lugares reales de la praxis pedagógica de la literatura y de esa manera atrever nuevas lecturas, nuevos caminos y nuevas maneras de acercar la literatura al aula. A todos ellos, que desde los centros y los bordes trabajaron y siguen activos en el desarrollo de este proyecto, mil gracias. Esperamos vean reflejados sus esfuerzos en la presente publicación.
Deseamos que el libro circule y forme parte de los quehaceres cotidianos de la praxis pedagógica, que genere preguntas y anime nuevas investigaciones, por lo tanto la invitación es a que sea leído, en el sentido que lo afirma Larrosa cuando nos recuerda que: 
Se lee para sentirse leer, para sentirse leyendo, para sentirse vivo leyendo. Se lee para tocar, por un instante y como una sorpresa, el centro vivo de la vida, o su afuera imposible. Y para escribirlo. Se escribe por fidelidad a esas palabras de nadie que nos hicieron sentir vivos, gratuita y sorprendentemente vivos.

agosto 26, 2011

JUEGO DE JUECES

Por: Carlos Arturo Gamboa
El proyecto de Acuerdo, mediante el cual se “pretende” expedir el estatuto disciplinario para los estudiantes de la Universidad del Tolima, hace sentir que el manual de la seguridad democrática es el libro que guía los quehaceres académicos de quienes lo hayan ideado.
Usando el lenguaje propio de la sociedad que ha interiorizado el miedo en los cuerpos para lograr inmovilizarlos y teledirigirlos, enuncia en el artículo 30, sobre las sanciones que, las faltas leves producen amonestaciones privada, pública o sanción pedagógica; las faltas graves pueden llevar a la suspensión de estudios en la universidad o matrícula condicional; y las faltas gravísimas generan expulsión de la universidad. Veamos algunas elaboraciones de la alta justicia,  (el comentario en color es mío, lo otro está contemplado en el proyecto de acuerdo) que puede llevar a exclamar: Ave César….!!!
FALTAS LEVES
FALTAS GRAVES
FALTAS GRAVÍSIMAS
Alterar el orden en la hora de clase (Olvidense de navegar por facebook cuando el docente provoca bostezos)
Impedir el libre acceso a la Universidad. (¿Suspenderán al ministerio de educación quien es el quien más impedimentos de ingresos a la universidad pública provoca?) Qué tiemble Santos…
Presentar documentos falsos.
(¿Cómo registros de alta calidad en dónde no hay calidad?)
Salir o ingresar al salón sin la autorización correspondiente durante una evaluación. (prohibidas las diarreas)
Reincidir en faltas leves. (Dos salidas de clases por diarrea te da matrícula condicional)
Consumir licor o drogas dentro de la Universidad. (¿Incluyendo la dosis mínima de insulina?)
Prestar el carnet a otra persona para que ingrese a la Universidad. (¿y los cientos de estudiantes sin carnet que ya lo cancelaron y nunca se lo entregaron? Será que como el anticristo implantarán la marca del 666)
No asistir como testigo a las audiencias disciplinarias.
(El cartel de los sapos, versión UT)
Realizar plagio
(Se los advertí, pilas que hasta en el proyecto los hay…!!!)

Establecer comunicación no autorizada con otra persona durante una prueba. (Nada de 50 y 50, llamada al amigo o miradita a la pierna de la amiga que escribió la chiva con labial)
Atentar contra el buen nombre de la Universidad. (léase la muerte del pensamiento crítico)


Reincidir en faltas graves.
(Por dos veces que no seas sapo te expulsamos)


Copiar total o parcialmente en exámenes o tareas.
(Chiva = Guillotina)


Usar ayudas no autorizadas durante exámenes.
(Y quién autoriza?


Usar citas o referencias falsas.
(Pobre Borges, será expulsado de la UT, él que tanto jugaba creando citas falsas)


Firmar por otro en la lista.
(esto es para mejorar la escritura)


Mentir acerca de la entrega de un trabajo. (se acabaron las disculpas)


Incurrir en tentativa de copia.
(Tentativa, como en un cuento mío, ahora serán culpables por intento de sospecha)


Portar armas dentro de la Universidad.
(Qué estudio epistemológico tan profundo sobre el logos, portar armas igual a usar citas falsas, claro está que con esta ley, portar un libro será llevar un arma)

Como dicen por ahí, No hay derecho, en todo el sentido de la expresión. ¿En dónde andarán los académicos, los expertos en currículo, los que fueron por allá a otros lados a doctorarse en nuevas pedagogías? ¿O serán ellos los impulsores de Esto? Definitivamente esta universidad está Grave, Gravísima… uyyy, noooo, puede ser expulsada…!!!