mayo 27, 2020

La Universidad del Tolima al servicio de los más necesitados


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Es muy reconfortante escuchar que la Universidad del Tolima no es noticia porque sus dineros se usaron para hacer una enorme fiesta para los egresados, en donde hasta orquesta de vallenato hubo. O porque, con su erario, se compraron miles de helados para un desfile. O porque su déficit creció, de la noche a la mañana, hasta presentar un hueco de cerca de 24 mil millones y cesaron los pagos a docentes y trabajadores. Esos eran los aciagos años de 2014, 2015 y 2016. Y siempre toca recordarlo, porque al parecer algunos que padecieron esos tiempos, hoy ya lo han olvidado.
Ahora, en medio de la incertidumbre de un virus que ha desbarajustado el mundo, las noticias que produce la UT son de otro talante. Iniciando en el año 2020 se informó que el déficit era cosa del pasado, habíamos logrado superarlo. Se consiguió en sólo 3 años, con esfuerzos de la comunidad y un buen plan de manejo de sus finanzas. Lo anterior es prueba de que las entidades públicas pueden ser bien orientadas financieramente, en medio de sus carencias.
En enero de este año los planes eran otros, como lo eran los de la humanidad entera. Con la aparición de Covid-19 en escena, las universidades públicas del país debieron emprender nuevas rutas de acción. El lema central de la Universidad del Tolima fue mantener viva la universidad, garantizando el derecho de la educación. Y a fe que lo ha logrado.
Empezó avalando la contratación a sus catedráticos, acto que significó un esfuerzo financiero pero que permitió salvaguardar de cerca de 1500 familias en todo el país. Hay que recordar que hacemos presencia en 8 departamentos a través del Instituto de Educación a Distancia. Pero, además, destinó el pago de 10 horas adicionales por curso, para que se dispusieran los esfuerzos académicos para adoptar y adaptar el uso de mediaciones. Todos sabemos, con certeza, lo que implica usar las herramientas digitales en las acciones pedagógicas, siempre demanda más tiempo de dedicación.
Luego gestionó un programa especial de Bienestar Universitario, el cual radicó y fue aprobado en el Consejo Superior, con el que se garantizó un monto cercano a los 1.000 millones de pesos para becas por calamidad, aprovisionamiento de tabletas para los estudiantes y planes de conectividad. Miles de estudiantes se beneficiaron con estas ayudas y ahora se gestiona una nueva fase de beneficios en esos aspectos.
Pero a medida que el confinamiento avanza, la economía se deteriora, las familias de escasos, recursos que es la mayor población que envía sus hijos a nuestras aulas, ven disminuidos sus ingresos. Los estudiantes que trabajan para pagar sus estudios, muchos de ellos en la modalidad a distancia, se encuentran desempleados. El empleo informal cae abruptamente, fuente de ingresos de muchos de quienes aspiran a iniciar una carrera universitaria. Entonces las Directivas de la UT empiezan a pensar en las posibilidades reales de un semestre académico B de 2020.
Las altas tasas de deserción académica, del sistema universitario colombiano, amenazan con duplicarse, creando un colapso mayor. Por eso, desde el mismo Ministerio de Educación Nacional las alarmas están encendidas y se han dispuesto recursos cercanos a los 97 mil millones para ayudas a estratos 1 y 2. Parece una gran suma, pero al observar las condiciones de los estudiantes del país, esta cifra resulta insuficiente, más aún con los modelos desiguales de distribución entre universidades nacionales y regionales. En la Universidad del Tolima el 81 % de ellos pertenecen a estos estratos, es decir, cerca de 13.900 estudiantes en las dos modalidades.
 Y si mantener la continuidad de los estudiantes ya es un enorme reto, lo es más aún pensar en nuevos estudiantes. Muchos aplazarán sus deseos y sueños de una carrera universitaria, ahora la prioridad es la salud, la sobrevivencia y el retorno al mundo productivo para subsanar la ausencia de ingresos que ya completa casi 70 días.
Por tal motivo, el plan de ayudas financieras que diseñó las Directivas de la Universidad del Tolima, en cabeza del profesor y rector Omar Mejía, demuestra una vez más que cuando una institución de verdad se asume pública piensa en lo público, es decir, piensa en el beneficio de los más necesitados. La Universidad del Tolima durante sus tres últimos años se dedicó a sanear sus finanzas y hoy puede poner este logro al servicio de sus estudiantes actuales y los futuros. Nada más plausible.
Fue así como, el día 25 de mayo, en horas de la noche, el Consejo Superior, por unanimidad, aprobó el plan de ayudas financieras, que incluye el no cobro de valor de inscripción para estudiantes nuevos de pregrado y posgrado para el semestre B de 2020. Así mismo, el descuento de un 20 % para matrículas en estudiantes de pregrado, que sumado al 10 % de votación hará que el costo para el semestre B se reduzca en un 30 %.
Es de recordar que, los estudiantes de posgrados quienes son egresados de la Universidad del Tolima, siempre han tenido un apoyo significativo para la continuidad de sus estudios. Y con las nuevas ayudas tendrán un descuento acumulado del 40 % en pago de matrículas para el semestre B de 2020. Para aquellos estudiantes que son egresados de universidades distintas a la nuestra, se aprobó una ayuda acumulada del 30 %.
En definitiva, estamos ante un gran plan de apoyo económico para estudiantes antiguos y nuevos. Quizás el mejor plan de ayudas diseñado por alguna Universidad de corte regional en el país. Todo esto, sumado a los programas y políticas de bienestar, apoyo y soporte académico, hace que el sentido de lo público resalte, justo en este momento cuando el mundo entiende que el modelo económico imperante ha sacrificado lo esencial para los humanos.
¡Qué buen ejemplo de lo público está dando la Universidad del Tolima!, como para levantarse y aplaudir.

mayo 25, 2020

EL MENTIROSO


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima

Todos conocemos la fábula del pastorcito mentiroso y por eso no la repetiré. La historia que contaré también tiene un mentiroso, compulsivo diría un psicólogo, es decir, alguien que engaña para sentirse importante. O más bien un mentiroso instrumental, quien miente para obtener réditos individuales, así los disfrace mediante argucias de colectividad. Quizás posea las dos características.
Lo cierto es que este personaje miente y miente sin importar el tamaño de su mentira. Uno suele verlo, hace muchos años, en el campus de Santa Helena de la Universidad del Tolima, revoloteando por todas partes, pegado de su celular y auto vociferando engaños. Busca orejas desesperadamente, eso les encanta a los mentirosos. Una mentira sin oreja es igual inofensiva un celular sin plan de datos.
Francis Bacon solía decir: “Calumniad con audacia, algo siempre quedará”, y esto lo tiene claro el protagonista de esta parábola real. Por eso no se avergüenza de mentir, es más, ha hecho de la mentira su forma de vida. Mentir le ha permitido deambular entre oficinas, atraer incautos y hasta ocupar cargos de representación. Engañar es un arte y engañar electores, un arte calificado.
“De todas las formas de engañar a los demás, la pose de seriedad es la que hace más estragos”, escribió Santiago Rusiñol, por eso el mentiroso se asume como «intelectual», se siente conocedor de los secretos institucionales, se declara ávido y defensor de las causas nobles, sabe camuflarse. Pero algo sí es seguro, y Abraham Lincoln hace años lo advirtió: “Nadie tiene la memoria suficiente para mentir siempre con éxito”.
Por esta razón, el mentiroso de esta historia suele siempre buscar nuevos nichos, sujetos neófitos para engendrar en ellos su larva de apariencia inofensiva. Incautos siempre ha habido, incautos siempre habrá. Pero no importa, la mentira tiene su talón de Aquiles: es la verdad. Y como dijo el señor Félix, pero Lope de Vega por supuesto: “No hay tan diestra mentira, que no se venga a saber.”
¿Y por qué la mentira tiene asidero en el mundo universitario? Pues es que muchas de las supuestas verdades que construyen el saber, son falacias. Lamento desencantarlos, la verdad es la primera víctima de las pasiones, los intereses particulares y alguna que otra tesis doctoral.  La academia también está plagada de mentiras, como las plazas de mercado, las alcaldías, las cantinas o los noticieros.
Hay un viejo proverbio que reza: “Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver”, el problema es que el viaje del mentiroso tiene una ventaja, cada vez encuentra nuevos lugares donde acampar. Y uno que otro fruto cosecha quien riega semillas de odio a la vera del camino.
El mentiroso también intimida, nada más requiere de una estrategia de miedo que la mentira. La mentira siempre va acompañada de amenazas, en este caso las más frecuentes son: “te voy a demandar”, “me están persiguiendo”, “me quieren acallar”. En el mundo universitario estos enunciados son letales amenazas, porque como lo dijera Séneca: “El que recibe lo que no puede pagar, engaña.”
Yo quisiera regalarle a este mentiroso, que no es pastorcito ni hace parte de un cuento maravilloso, esa frase de Alfred De Vigny que dice: “La vida es demasiado corta como para perder una parte preciosa fingiendo”. Por eso, ya pare de engañar, los que ahora le creen por ingenuidad luego lo olvidarán, como ya lo olvidaron los que algún día le creyeron. Los que ahora se acomodan a sus mentiras tratando de configurar un complot, luego lo rechazarán.  Mire hacia atrás, el reguero de mentiras que ha dejado desaparece cada vez que ingresa al bosque de la verdad. Luego no tendrá a dónde regresar.
A los ingenuos los invito a aproximarse a la verdad. Dejen que sus llamas los calienten. Es placentero ser parte de esa institución que se hace llamar universidad, pero no olviden que en ella siempre se procura la certeza. No seamos la paja en donde la mentira anida, no olviden a C.C. Coton y su sentencia: “El mayor amigo de la verdad es el tiempo; su más encarnizado enemigo, el prejuicio; y su constante compañera, la humildad”.

mayo 23, 2020

El fin de la pandemia es la muerte de Dios


Por: Luis Fernando Abello
Egresado Universidad del Tolima - IDEAD

¿Ya tenemos elementos de distancia en esta cuarentena para declarar la muerte de Dios? Antes de Nietzsche, Hegel había tomado el rumbo de esclarecer la idea deicida como un asunto estrictamente de la conciencia. La sustancia planteada en el filósofo de Stuttgart crea una dialéctica como naturaleza eterna e infinita, por lo cual es inalcanzable. La sustancia paralela la hemos cristalizado, desde el confinamiento, como el miedo a la muerte. En otras palabras, la totalidad de la pandemia es una materialización de Dios; su vacuna será dialéctica también.
Tomar conciencia de la muerte se ha constituido en nuestra propia sustancia desventurada. La autorrealización de nuestras potencialidades se ha considerado opacas a representarse bajo el anhelo de extrañar el mundo dejado antes de la pandemia.
Con lo anterior, Hegel considera a nuestro espíritu extrañado, es decir, alejado y alienado, considerando la relación entre el individuo y su naturaleza social. Es entonces donde el acontecimiento nostálgico de nuestro mundo toma fuerza de una melancolía formal y con ella concebir el presente como una conjetura necesariamente intermedia entre la mortalidad y Dios.
Es así que, dispuestos a considerar la muerte de la especie humana antes que la de Dios, los discursos religiosos se han visto obligados a producir otros temores nunca antes vistos: La muerte metafísica. Dicha muerte, tomando las palabras de Schopenhauer, evidencia lo miserable de sus vidas que nada pierden. Dado el valor tomado bajo el estigma divino, quedan huellas imborrables que no dejan asumir la realidad, y, bajo una idea divina, se ha transformado en testimonio de asumir el fallecimiento por pandemia para mostrar lo inalcanzable de Dios.
De ello que la representación religiosa toma medidas mundanas para ver la cara divina. Su culpabilidad se ve reflejada en asumir las consecuencias de la pandemia a través de intuiciones complementarias de la subjetividad. Es decir, asumen lo invisible como visible (virus) para darle estocada a lo invisible (Dios).  En consecuencia, cuando se ha asumido lo absoluto de nuestros miedos, se ha tomado lo absoluto de nuestros pensamientos. Al hacerlo, le robamos la totalidad a Dios.
Por lo tanto, asumir el no-ser como negación lógica griega, reitera, no sólo la negación humana y su toma de conciencia, sino también una preparación para un Dios asumido bajo un carácter utilitario. Lo que lo convierte a Dios en un sustantivo que muere cuando la razón y la imaginación regresen del encierro, pues nada esperamos de su propia inexistencia.

mayo 22, 2020

Literatura y pandemia: contamos historias para vivir

Por: Nidia Méndez Hidalgo
Docente IDEAD – CAT Kennedy-

¡Oh feliz posteridad que no conocerá tan abismal dolor!
¡Y que considerará nuestro testimonio como fábula!
 Francesco Petrarca

La lectura de literatura es un lugar predilecto para los amantes de las narraciones.  Y es en las narraciones donde encontramos historias sobre diversos acontecimientos, entre otros, sobre el amor, la enfermedad, la vida y la muerte.  Las pandemias han sido el hilo conductor de narraciones, algunas de ellas serán brevemente expuestas aquí, para recordarlas como un homenaje a la literatura por su particular y maravillosa forma de narrarlas y por su papel en el devenir histórico de la humanidad. También nos reconocemos como protagonistas desde diversos lugares, en estos momentos en que el planeta se debate entre sobrevivir o perecer, testigos de la enfermedad Covid-19, que será pretexto para grandes narraciones con polifonías y estilos diversos. Son los escritores de hoy o del futuro quienes tendrán la tarea de contar estas circunstancias en cómo nos correspondió vivir.
Las ficciones narradas con arte literario, como La historia de dos ciudades de Charles Dickens, atrapan al lector por el contenido y belleza de la prosa:
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.
Su lenguaje cautivo al lector, quien se adentra en la descripción de acontecimientos particulares de Inglaterra y de Francia. Hacen parte de una época determinada, fabulada por la mente prodigiosa del escritor, ceñido a datos que él conocía y a otros que imaginaba con la magia de la literatura, así conjuga la poética de la palabra con el mundo de la historia.  
Revisando la literatura griega el dramaturgo Sófocles en su obra Edipo Rey representa una epidemia de peste, y se cree que es un castigo de los dioses. En ese mismo orden, nos encontramos con la belleza de la literatura erótica de El Decamerón, con sus cien cuentos que son narrados por tres hombres y siete mujeres que huyen de Florencia hacia una alejada quinta en el campo, para salvaguardarse de la peste que alcanzó a Italia con la misma fuerza que a los demás países europeos (Ojeda Ortiz, 2010). Narraciones que sumergen al lector en las líneas que descifran la condición humana, con situaciones unas veces ridículas, otras contradictorias, llenas de pasiones y de humanidad propias de la espacie. Cada libro compendia y se inspira en los anteriores relatos. Daniel Defoe publicó, en 1772, Diario del gran año de la peste, el autor tenía cinco años cuando sucedió la peste y en la novela-reportaje hace evocación de ese tiempo.
El libro La peste de Albert Camus, narración que transporta a la historia fabulada de una epidemia, ocurrida en Orán-Argelia, muestra personajes solidarios y otros inmersos en los afanes de la sociedad del momento, descuella la figura del médico Bernard Rieux, como héroe de la novela.  El gran talento de Edgar Allan Poe, evidente siempre en su prosa, con el cuento La máscara roja, narra la cuarentena que mantiene al príncipe Próspero con un grupo de nobles en un palacio para preservarse de la peste, sin embargo, el final es trágico.
En este grupo de literatura clásica la obra de nuestro Nobel, García Márquez, El amor en los tiempos del cólera, es referenciada como literatura de tiempos de confinamiento, aunque no muestra los estragos del Cólera, si permite conocer personajes con enfermedades en el ocaso de sus vidas. Las narraciones abren la atención sobre los sucesos, cada personaje es un relato, y cada relato abre un tiempo con acontecimientos, en los que hombres y mujeres logran sobrevivir o perecer víctimas de los contagios. Estas vicisitudes, nos ponen de cara con la muerte, tan temida- aunque esperada- porque se nace para morir.
Cuando la ciencia ficción es el vector creativo de la imaginación en la literatura, se convierte en puerta de acceso a distopías narrativas, a escenarios inverosímiles y personajes en otra dimensión, para sus lectores esta pandemia no sorprendió a todos por igual. Algunos lectores de los libros de Stephen King o Connie Willis, vislumbraron premonitoriamente las circunstancias actuales como lo concerniente al encasillamiento político, propio de los confinamientos que coinciden con este momento distópico. Aunque la crítica y autores literarios han soslayado la producción de Stephen King, por ser un autor muy comercial, ha sido aceptado entre los lectores de este género. Una de sus obras, escrita hace más de 40 años, narra con lente premonitorio cómo una gripa, denominada el Capitán Trotamundos, consume con su expansión a un alto porcentaje de la humanidad. Se titula Apocalipsis.
En esta línea la escritora Connie Willis, ha seducido a sus lectores con sus narraciones, inverosímiles o no, pero, que no superan la realidad de nuestro presente, en sus relatos retrata personajes de diversas tendencias ideológicas que, como los de hoy eluden la gravedad del asunto y mercantilizan el ser y el hacer de las vidas humanas. El libro del día del juicio final, es una narración que presenta una analogía, según su prologuista, entre La peste negra de la Edad Media con la amenaza del SIDA, que puede ser un referente con cualquier enfermedad letal y en consecuencia con el inmanente miedo a la muerte. Los dos referentes en toda pandemia, enfermedad y muerte, que son atemporales se cruzan con los sentimientos de sus protagonistas, estos sentimientos son atemporales, los sienten y perciben los seres humanos en cualquier etapa de la historia y son narrados desde la ficcionalidad del escritor en tiempos pasados y presentes.
Así, leer literatura de tiempos de pandemia, es una oportunidad para comprender lo sucedido, para conocer a los personajes y sus maneras de comprender y asumir los retos del momento como también para comprendernos hoy, dentro de esta situación de contingencia. Porque el arte y la literatura, desde siempre están presentes, como afirma Daniel Foster Wallace: “En épocas oscuras, el arte aceptable sería aquel que localiza y efectúa una reanimación cardiopulmonar sobre aquellos elementos mágicos y humanos todavía vivos y resplandecientes a pesar de la oscuridad de los tiempos.”
En este sentido, nos preguntamos sobre el rol que la literatura, como arte narrativo y simbólico de la palabra, desempeña en nuestras vidas y en nuestros contextos. La literatura ofrece orientación en tiempos de desconcierto, como la obra de Camus y otras obras que si bien, no son narraciones de historias de confinamientos, sí develan la complejidad del ser humano y nos ayudan, a decir de Kundera “a descifrar el enigma que somos”. Por eso la lectura como refugio, como compañía y como experiencia personal, es esencial para nuestro ser en una relación organística. Como nos refiere la profesora Teresa Colomer, la lectura de literatura, es la experiencia personal del diálogo entre la narrativa del texto y el lector que puede descubrir, redescubrir o interpretar el mundo, a otro ser humano, o a sí mismo, por ser sustancia estética de conocimientos orientada al goce, al placer. 
La lectura literaria personal y colectiva, hace algo en nosotros. Somos habitados por voces ajenas, por voces de narraciones desde cualquier lugar, que nos visitan, posibilitando nuestras propias narraciones o rencontrándonos en ellas. Es importante para el ámbito de las letras literarias y la pedagogía de la literatura, reconfigurar el ineludible papel de la literatura en la vida del lector. En ese sentido, Jorge Larrosa se interroga y nos interroga ¿Qué puede hacer por nosotros la literatura? ¿Con nuestras palabras? ¿con nuestras ideas? ¿con nuestra forma de decir y de pensar?  
Los lectores de literatura, profesores y promotores de lectura, que están participando en Zoom o Meet, para alentar a los estudiantes a la lectura o para recrear sus propias narrativas, siempre con referencias de los grandes narradores de historias, son maestros que nos reconfortan en estas horas de aislamiento y de encuentro consigo mismos, con los otros y con la lectura, y se han convertido en mediadores entre los sentimientos, y lo que traen los libros. Como escribe William Ospina: “Leer es abrir las puertas de la imaginación y es permitir que esos mundos soñados por los escritores nos entreguen sus secretos”.
En este contexto de escenarios virtuales, el Instituto de Educación a Distancia, a partir del equipo de la Maestría Pedagogía de la Literatura, ha entregado literatura a los inscritos, a los estudiantes de pregrado y a la comunidad académica. En esta puesta de virtualidad, se ha estado compartiendo la lectura de fragmentos o relatos literarios, el disfrute de la palabra poética en la voz de maestros y poetas, como también tertulias poético-musicales, con canciones que permiten, además, conocer el ser compositor y el sentido de sus obras. Todo alrededor de la palabra, la palabra literaria que hace historia, que hace historia de universidad.  Joan Didion, sostiene, y tiene razón al decirlo, que nos contamos historias para vivir.

mayo 21, 2020

DE LA UNIVERSIDAD DE PAPEL A LA UNIVERSIDAD EN RED


Por: Carlos Gamboa Bobadilla
Docente Universidad del Tolima

El 8 de mayo de 1945, Alemania se rendía definitivamente ante el ejército aliado, dando paso al comienzo del fin de la Segunda Guerra Mundial. 13 días después, a miles de kilómetros de allí también se daba fin a una batalla, más generosa y humana: la creación de la Universidad del Tolima.  El 21 de mayo, la Asamblea Departamental del Tolima firmaba la Ordenanza que constituía, al menos en el papel, el Alma máter de los tolimenses.
Ese lejano lunes, sin saber quizá la trascendencia de lo que allí se rubricaba, el esfuerzo del diputado conservador Lucio Huertas Rengifo se hacía realidad entre los folios que permanecerían traspapelados durante una década. Harían falta la iniciativa popular y la voluntad política de un militar, el gobernador César Cuéllar Velandia, para que aquella Ordenanza volviera a ver la luz, justo en 1955[1]. Un parto largo, dirían las abuelas, el que tuvo la Universidad del Tolima.
Veinte años no es nada, cantaba Gardel, pero el tiempo de la nostalgia no es el mismo que el de la necesidad de educación. Una década perdida entre escritorios y archivos duró la Universidad del Tolima. Como si al nacer estuviese poseída por un extraño designio, propio de los cuentos de los hermanos Grimm, su nombre deambuló a la deriva de la desidia burocrática, ese mal tan antiguo del cual no tenemos fecha inaugural. Una institución de papel, solo con un nombre, errante y sin un lugar fijo donde abrevar, sin programas, sin el bullicio de los estudiantes a la hora de la salida, sin docentes, sin tertulias, sin protestas, sin trabajadores. Diez años de olvido.
La Universidad de papel era un sueño escrito en un pergamino, pero al fin y al cabo un sueño. Ya sabemos que mientras los deseos sean encarnados por alguien, algún día encontrarán el humus necesario para germinar. Por eso en 1955, en el mes de marzo, se daba apertura a los estudios superiores con la Facultad de Agronomía. La espera había dado un buen fruto.
Hoy, 75 años después, la Universidad del Tolima enfrenta otra batalla, una de las tantas que ha tenido que lidiar en su existencia. Esta vez el enemigo es universal, se hace llamar Covid-19 y muchos afirman que llegó para quedarse. Este virus ha logrado lo que no pudieron hacer los militares, los malos gobiernos, los largos paros, las desfinanciaciones y otros trastornos que han inoculado la vida universitaria: logró que todos abandonáramos el campus de Santa Helena, no sabemos por cuánto tiempo.
Un día normal la noticia se hizo masiva… todos deberíamos resguardarnos en nuestras casas. Los estudiantes dejaron vacío el parque Ducuara, las cafeterías aledañas, las fotocopiadoras y los bares. Los profesores no estarían más conversando entre clases, o degustando un buen tinto a la entrada de la Universidad. Los trabajadores tuvieron que marcharse con cientos de folios debajo de sus brazos a realizar «trabajo remoto» desde sus casas-oficinas.
Todo sucedió de repente, y como dice Silvio Rodríguez aprendimos que: “Lo más terrible se aprende enseguida / Y lo hermoso nos cuesta la vida” … entonces, nos tocó empezar a reinventar la Universidad en la Red. Los acrílicos se volvieron tabletas, los escritorios se trasformaron en PC. Las bibliotecas mudaron a la web, las conversaciones al chat. Tuvimos que aprender a encontrarnos en los espacios virtuales, esos mismos en los cuales quizás estuvo atrapada la Ordenanza de creación durante 10 años.
Desempolvamos los teclados y nos conectamos al gusano digital del mundo. Muchos con miedo, prevención y asombro. Otros con desencanto. Otros creyendo que eso sería pasajero, cuestión de un par de días. Pero todos atónitos, la Universidad, sus árboles frondosos, sus sedes lejanas con esos actores que nunca vimos, sus egresados diseminados por el mundo entero, sus producciones, sus investigaciones, sus conflictos y afujías, su gente, todo había sido trasladado, como por un acto de magia, al no lugar: La red.
75 años después del nacimiento nos vemos obligados a nacer de nuevo. Reinventar los currículos, las prácticas, las interacciones, las formas de encontrarnos, las formas de hacer arte y hacer ciencia. Todo es antiguo, pero tiene que hacerse de otra forma, lo cual necesariamente conducirá a lo nuevo: programas, pedagogías, normatividades, todo parece tener que ser readecuado.
Quizás ya no podamos visitar las tiendas universitarias, hacernos debajo de un árbol a leer, jugar microfútbol en el Coliseo, atragantarnos de calor en los “galpones”, estrujarnos en la fila del restaurante, pasearnos por el silencio de la biblioteca Rafael Parga Cortés, mirar el nuevo grafiti que ha inundado las paredes o encontrarnos un rato en cualquier esquina a conversar.
No sabemos cuándo podamos viajar a uno de los tantos Centros de Atención Tutorial que tiene la Universidad del Tolima en todo el país, o la Graja de Armero, o al bajo Calima. No tenemos certeza de casi nada, solo de que debemos conservar la idea de Universidad Pública, su alto designio, la de formar y abrir sus escenarios para los más desfavorecidos, esos mismos que clamaron hace años para que la revivieran de esa muerte transitoria en un papel. Quizás todo deba ser reconstruido en el espacio de la red. Lo único seguro, y esto sí es una certeza, es que el Ethos de la Universidad del Tolima, hoy 75 años después, sigue vivo.



[1] Fuente: Jaime, Beatriz. Fragmentos de memoria. Luchas, tragedia y vidas que forjaron la Universidad del Tolima. 2018.

mayo 19, 2020

Prácticas inclusivas en lengua de señas: una experiencia en tiempos de Covid-19


Por: Camila Andrea Hernández Castillo
                   Docente Universidad del Tolima IDEAD - CAT KENNEDY

Quienes creemos que la escuela sigue siendo un espacio imprescindible para la formación de las nuevas generaciones, estamos preocupados porque la sociedad no está preparada para administrar procesos pedagógicos masivos por fuera de ella.
Alejandro Álvarez Gallego

A propósito de la situación de salud pública por la que está atravesando nuestro país y el mundo entero, es posible identificar cambios y transformaciones en los diferentes contextos, no sólo desde sus dinámicas, sino también en la manera en que se relacionan los sujetos y cómo se dan las prácticas en su interior. Este tema no es ajeno a la educación, ni a sus diferentes modalidades, que sin lugar a dudas hoy le están apostando a un cambio.
En ese sentido, desde la Universidad del Tolima, el Instituto de Educación a Distancia y sus respectivos Centros de Atención Tutorial, estamos asumiendo unos nuevos retos. Lo anterior implica, no sólo la búsqueda de diversas estrategias para cumplir con los objetivos trazados, sino también, nuevos roles, modos de ser y reconstrucción de subjetividades que hoy emergen a partir de esta situación. Así las cosas, tensiones como esta se han convertido en el detonante creativo para el diseño, virtualización y flexibilización de dicho ejercicio. En ese escenario se repiensan las prácticas inclusivas, específicamente aquellas propias de la comunidad de sordos del Centro de Atención Tutorial de Kennedy. El momento logra que se generen una serie de reflexiones para la puesta en marcha de propuestas, desde los diferentes cursos, que faciliten la comprensión, participación y la igualdad, respondiendo al propósito pedagógico de los mismos.
Ante este panorama, el papel del maestro sugiere transformar sus discursos y prácticas desde su saber hacia un ejercicio mediador entre el estudiante, el proceso de enseñanza y las barreras para el aprendizaje, entenadas como “los obstáculos que dificultan o limitan el aprendizaje, la participación y la convivencia en condiciones de equidad” (López, 2011, p. 42). Es por ello por lo que, son los maestros de las licenciaturas en Pedagogía Infantil, así como Educación Artística, quienes, desde los cursos relacionados con investigación formativa, retoman aspectos que en la contingencia emergen como puntos de partida para la creación de estrategias que refuerzan lo desarrollado en los encuentros tutoriales.
Una de estas es el primer taller de Lengua de Señas Colombiana (LSC), orientado para dicho fin a estudiantes de noveno semestre matriculadas al curso Investigación y práctica IX Necesidades Educativas Especiales. En dicho curso participa la estudiante sorda Katherine Fernández y después de varios diálogos, surgió el interés por el aprendizaje de la lengua de señas. Este espacio fue asumido como la materialización de un espacio (diferente al de la tutoría) para desarrollar un taller de L.S.C. Al taller asistieron todas las estudiantes, reafirmando el compromiso de IDEAD y la Universidad del Tolima con la Educación Inclusiva en un espacio que propicia, no sólo el acercamiento de la comunidad universitaria a las prácticas inclusivas, sino también una oportunidad para que los estudiantes sordos se involucren en ejercicios reales de enseñanza a través de las TIC.
De otro lado, la Licenciatura en Educación Artística ha venido desarrollando el ejercicio de investigación formativa con los estudiantes sordos junto con el equipo de intérpretes, esto articulado con las prácticas pedagógicas y la virtualidad. Esto se logra promoviendo acciones tendientes a la proyección de la intervención en los sitios de práctica y la preparación de todo lo que este ejercicio implica, tema que se desarrolla en espacios de asesoría personalizada, propiciando ejercicios que vinculan la lengua de señas y la escritura en castellano con los ajustes pertinentes que así se requieran, dando prioridad al proceso argumentativo en su lengua.
 De esta manera, la apuesta por la inclusión desde el IDEAD, se convierte en una oportunidad de formación y constitución de ciudadanos tendientes a transformar la sociedad, reflejado esto en docentes, estudiantes y demás miembros de la comunidad universitaria, asumiendo la inclusión como proceso permanente, con acciones que promueven la construcción de prácticas, culturas y políticas, tal como lo aseguran Booth & Ainscow (2011), que garanticen el convivir con la diferencia y la eliminación de todos aquellos obstáculos que impiden el poder aprender y participar de manera equitativa en las aulas en igualdad de condiciones.
Para finalizar, acciones como estas continúan consolidando la idea de universidad en el territorio, su compromiso con el cambio y la transformación, enfocados en seguir haciendo realidad un lema de trabajo que ya es parte del quehacer de la comunidad del IDEAD: la Cobertura con responsabilidad.

Referentes bibliográficos

Álvarez, A. (23 de abril - mayo de 2020). La Emergencia Pedagógica. El Solidario.

López, M. (2011). Barreras que impiden la Escuela Inclusiva y algunas estrategias para construir una Escuela sin Exclusiones. Innovación Educativa.

Tony Booth y Mel Ainscow. (2011). Guía para la Educación Inclusiva. Desarrollando el aprendizaje y la participación en los centros escolares. España: OEI- FUHEM.

mayo 16, 2020

Consecuencias de la captura corporativa y sus efectos durante la pandemia


Por: Martha Devia Grisales
Catedrática Universidad del Tolima

Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo nuestro entusiasmo, organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.
Antonio Gramsci.

La sociedad, como ha sido concebida y configurada, ha naturalizado una serie de regímenes que nos obligan y conducen a comportarnos, pensar y aceptar sus dinámicas en beneficio de un sistema que se ha adueñado de todo y ha mercantilizado la vida misma de los seres humanos. Ese orden biopolítico de la sociedad no corresponde a las demandas justas por las que todo un planeta, en especial desde las periferias, hoy apela. Debemos ser beligerantes en la búsqueda colectiva de nuevas formas de vida, que se desarrollen bajo una “estructura” distinta, en la cual la equidad, los derechos humanos, el respeto por los territorios y por la naturaleza, sean una prioridad.
En ese sentido, este texto pretende evidenciar cómo la captura corporativa es uno de los aparatos neoliberales más nocivos que atentan contra la soberanía y la democracia de los pueblos. El mecanismo de captura corporativa se ha convertido en el ave de rapiña que devora a los pueblos sin compasión, con déspotas y enraizadas convicciones de acaparar y adueñarse de la desprevenida e incauta vida del hombre de la modernidad. El letargo social resulta abrumador y nos ha sumergido en una mecanicidad humana que vela la mirada crítica y real del orden mundial, en el cual no caben las subjetividades, sino que por el contrario se socavan sus derechos por doquier.
¿Qué es la captura corporativa?
Mónica Vargas (TNI – España) lo denomina también «acaparamiento empresarial» o interferencia corporativa. Por su parte, el ambientalista Renzo García presenta la captura corporativa como “Las acciones e influencias indebidas que implementan empresas nacionales o extranjeras sobre las instituciones y funcionarios que conforman los Estados Nación para beneficio propio, en detrimento de la realización de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las comunidades.”
Me parece fundamental mencionar que la situación de los países cooptados está fuertemente ligada a la actitud política de sus habitantes. En Colombia, por ejemplo, hemos dejado en manos de tiranías la gobernanza de nuestros pueblos, quienes se ubican a disposición de las transnacionales poniendo en riesgo la soberanía propia, la estabilidad y equilibrio de los territorios.
En este contexto, se entienden mejor las demandas de Gramsci, de instruirnos para comprender lo que sucede, de agitarnos para movilizar, contagiar o arrastrar, si es necesario, a los otros. De organizarnos colectivamente para hacer oposición a esas medidas en detrimento de la justicia social en las que, eficientemente los gobernantes, han maquinado y envuelto el país.
¿Cómo contrarrestar esta situación? Para muchos analíticos, la captura corporativa, al igual que muchas otras determinaciones que atentan contra la estabilidad social, tienen que ver con la apatía política. La actitud negligente, indiferente, analfabeta y descuidada ha sido nefasta para la edificación de una estructura social equilibrada y justa, condenándonos por décadas a esta detestable cotidianidad corrupta de todo el sistema. Es hora trasnochada de asumir la corresponsabilidad de defensa territorial porque, muy a pesar del asedio y de las distintas amenazas de corrupción que nos vuelve escépticos, el sistema democrático de abajo hacia arriba puede funcionar.
La captura corporativa es tan delicada para los países que muchos defensores, organizaciones nacionales e internacionales, están buscando diferentes alternativas que nos permitan, uno comprender esta situación y, dos, buscar estrategias para empezar a bloquear y / o debilitar este contexto.
En esa dinámica, en Bogotá durante el 20 y 21 de febrero de 2020, se llevó a cabo el Seminario Internacional ¿Qué es la captura corporativa del Estado? organizado por el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (CAJAR). Contó con la participación de diversas delegaciones de comunidades afectadas por proyectos extractivos, organizaciones sindicales y populares, así como miembros de ONGs y asistentes internacionales, entre ellos Mónica Vargas (TNI - España), Daniela Gómez Rivas (Fundación Paz y Reconciliación) y Gonzalo Berrón (TNI - Argentina).
Un plan para tomarse el Estado
Por tanto, es necesario recordar que después de la guerra fría el sistema internacional empieza a transformarse para la liberación de las economías de Estado, esta circunstancia histórica convierte a los Estados Unidos en la potencia económica hegemónica, su poder ha logrado flanquear otros comercios, ejemplo de ello, los tratados de libre comercio internacional en detrimento de los derechos humanos. Los Estados capturados son financiados por diferentes organizaciones que regulan sus políticas públicas, ejercen presión para que se aprueben normas nacionales hechas en beneficio de los grandes inversionistas y envuelven a los pueblos en un proceso de decadencia moral. Esta problemática va fuertemente ligada al genocidio ambiental, al grado de destrucción del tejido social, del medioambiente, de la salud de la población, el aumento de la desigualdad, el desplazamiento y la pobreza en general.
Desde otra óptica, Daniela Gómez Rivas (Fundación Paz y Reconciliación), afirma que en Colombia se viene dando una coaptación del Estado y de la democracia desde finales de los años setenta.  Dese entonces las mafias colombianas trascienden de unas élites económicas que luego de la legalización de dineros producto de narcotráfico y del financiamiento de campañas políticas, migran hasta la formación de clases políticas y de autoritarismos competitivos constituidos por clanes que se aseguran en las regiones. El panorama nacional nos muestra, actualmente, este mapa con sus actores.
Es así que, se ha generado una suerte de arquitectura de la impunidad a través de cooptación de los reguladores y /o generadores de normas y leyes. En otras palabras, ha sido inevitable la captura mafiosa de los recursos públicos del Estado colombiano en beneficio de unas élites y de unos organismos privados, auspiciados por la impunidad con la que se movilizan las actividades corporativas o empresariales. Lo anterior, no sólo conspira contra el desarrollo sustentable, sino que atenta contra la legitimación de las democracias que tiene la apariencia de gobernar desde los pueblos, pero que en realidad está gobernada por élites políticas.
Cooptación y pandemia en Colombia
Ahora bien, la cooptación del Estado colombiano en estas circunstancias de pandemia ha evidenciado la realidad de distintas comunidades; un ejemplo de este panorama, lo viven los indígenas Wayúu, quienes se han visto fuertemente afectados por la Minería de carbón en el Cerrejón de la Guajira. Neris López Pushaina, miembro del Resguardo 4 de noviembre del Municipio de Albania, e integrante del Movimiento de Mujeres Wayúu, afirma que:
El Cerrejón se ha adueñado de gran parte de su territorio, privatizando y desapareciendo las fuentes hídricas primordiales para la subsistencia de su pueblo. Acabaron con 19 fuentes hídricas; entre arroyos, ríos y ojos de agua. Esta pérdida no sólo los ha puesto en alto riesgo por las exigencias de higiene que no pueden asumir en estos tiempos de pandemia, sino también porque les han imposibilitado el desarrollo de sus costumbres y rituales espirituales generados por el impacto ambiental. Para la comunidad Wayúu el territorio es sagrado y la tierra es la madre de la cual todos se benefician. En la actualidad el pueblo Wayuu sigue en la lucha de defensa del arroyo Bruno que es el único que les ha quedado en la región.
Por otra parte, el Covid-19 ha permitido que el gobierno intente aprobar regulaciones que debilitan los derechos de participación ciudadana. A través de la Directiva Presidencial No. 02 del 12 de marzo de 2020, se establecieron las medidas para atender la contingencia generada por el Covid -19 y se suspendieron las visitas de verificación y reunión de consulta previa, así como la agenda de reuniones de instalación de consulta previa desarrolladas por la Dirección de la autoridad Nacional de Consulta.
Esta acción gubernamental dio lugar a que el pasado 27 de marzo, el Ministerio del Interior publicara una circular en la que se determinaba que los procesos de consulta previa, durante la emergencia del Covid-19, se realizarían virtualmente. La determinación fue rechazada por los indígenas porque se considera un atentado contra las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. Como se puede observar, nuestras comunidades no sólo son atacadas por la pandemia si no, también por el propio Estado. La situación tiende a empeorar con la visión del gobierno nacional de potenciar la inversión extranjera directa en el país y con el constreñimiento legal de los derechos participativos de las comunidades y de los pueblos ancestrales.
Finalmente, exhorto, no desde una voz de autoridad letrada en el asunto, si no desde la voz de alguien que se detuvo un poco a pensar, a que transformemos la actitud hacia una más instruida, para organizarnos y luchar, desde y con democracia, contra este sistema de corrupción y de dominio de lo que no le pertenece. Es decir, desde una posición gramsciana.

mayo 14, 2020

El Instituto de Educación a Distancia: un camino de mil posibilidades educativas


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD – UT

Si le preguntamos a un integrante del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD) de la Universidad del Tolima, ¿cuál ha sido respuesta a la crisis académica generada por el Covid-19?, de seguro la respuesta estará en el campo semántico del siguiente enunciado: “en tiempos de pandemia seguimos transitando el camino de las posibilidades.”
Recordemos que el IDEAD nació, en el año de 1982, como una alternativa de formación para la población adulta que, por sus condiciones socioeconómicas, de contexto y falta de oportunidades, había aplazado el sueño de formación superior. Heredero del bachillerato por radio, los cursos por correspondencia y los programas de extensión de las universidades públicas, el modelo de educación a distancia se pensó bajo la premisa de acortar las distancias. El IDEAD, hoy en pleno siglo XXI, sigue la ruta de su génesis, procurando llegar a donde se presentan las mayores necesidades de educación superior.
Miles de personas, en Colombia, no pueden migrar a los centros de formación, es decir, hacia las capitales, para realizar una carrera. Otros no cuentan con los recursos económicos para pagar las altas matrículas de las universidades privadas. Algunos no alcanzan los puntajes necesarios para competir por un exiguo cupo en las universidades de élite, en esencia porque la educación básica que recibieron no les permite obtener un mayor puntaje en esos exámenes de Estado, elaborados más para la exclusión que para la verificación de conocimientos.
Por eso el IDEAD se ha venido consolidando como un proyecto de inclusión social para la formación superior. Desde su fundación estamos encaminados para llegar a los territorios más abandonados, a la población más vulnerable, a las comunidades que tienen el derecho de educación superior pero que no cuentan con muchas oportunidades para acceder a ella.
En tiempos de pandemia volvemos a ser protagonistas, esta vez visibilizados por las necesidades de la coyuntura. Durante muchos años la educación a distancia se miró por encima del hombro, se catalogó como “educación de segunda”, de baja calidad, como si la calidad fuese un mojón inamovible más allá de los indicadores del mercado. Como si llevar la educación a los lugares más inhóspitos y a los más necesitados no fuera per se una variable de «calidad», quizás la más vital, sin importar que quienes diseñan los indicadores le den poca o nula importancia.
Hoy los ojos viran de nuevo al IDEAD y encuentran una larga tradición de modelos flexibles, currículos capaces de adaptarse a los contextos con sus necesidades y alto aprestamiento para el uso de las mediaciones en los procesos de enseñanza/aprendizaje. Sus estudiantes son consecuentes y asimilan mejor los procesos de autoformación, son conscientes de que los viejos modelos de transmisión están en desuso porque fueron pensados para un mundo que hacer mucho mutó.
No obstante, con todas las potencias descritas, tenemos que aceptar que aún carecemos de una infraestructura tecnológica capaz de soportar el reto en su total dimensión y así poder acoger mayores poblaciones. La ausencia de inversión constante y programada nos sorprendió carentes de algunas herramientas necesarias para avanzar con mayor tranquilidad en el camino de los retos actuales. No obstante, nunca nos inmovilizó, la tradición del IDEAD es la de avanzar por encima de las dificultades, renovando, recreando, repensando…
En la década de los noventas usamos material instruccional, luego avanzamos al uso de módulos impresos como apoyo pedagógico/didáctico. Casetes, cartillas y guías formaron parte de nuestros inventarios para llegar con el conocimiento a zonas rurales, municipios lejanos, veredas, pueblos distantes de las mínimas comodidades del tradicional bienestar universitario de la presencialidad.
Más tarde, con el auge de los dispositivos digitales, usamos CD, material digitalizado, memorias USB. Posteriormente, emprendimos la construcción de Portafolios Pedagógicos, cuyo escenario de Ambiente Mediado nos preparó para que hoy le pudiésemos hacer frente a la necesidad que el Covid-19 nos impuso.
Ahora, en este atribulado 2020, enfrentados al futuro adelantado que tocó a nuestra puerta, le abrimos para garantizar que la idea de universidad pública incluyente siga viva. Necesitamos una vez más repensarnos, lo cual no es un escenario nuevo para el IDEAD, enseñado a autorreformarse. Necesitamos garantizar un «mínimo vital pedagógico» para nuestros estudiantes y docentes, para que los procesos académicos se instalen de lleno en las posibilidades de formación usando mediaciones TIC, sin detrimento de un futuro de encuentros cara a cara, lo cual dependen de cómo evolucione el virus y las posibilidades de combatirlo con nuevas formas de habitar los lugares.
Esperamos que el Ministerio de Educación Nacional, y los demás órganos que regulan la educación en Colombia, no sean inferiores a estos retos. Necesitamos que el MEN reconsidere su inversión en la educación a distancia, que ofrezca apoyos para el fortalecimiento del modelo, que, juntamente con el Ministerio del TIC, disponga de planes de equipamiento y conectividad para todos los estudiantes, sobre todo en las zonas rurales en donde el IDEAD es casi la única opción de formación superior, sin que los estudiantes tengan que emigrar a las zonas urbanas.
Igualmente, para la Universidad del Tolima, siendo del orden regional, es clave el apoyo de la Gobernación del Tolima, aún más para el IDEAD quien hace presencia en municipios como Chaparral, Rioblanco, Planadas, Melgar, Líbano, Honda, Cajamarca, Girardot - que recoge población del Tolima y Cundinamarca- y por supuesto Ibagué. Si queremos conservar los índices de impacto de educación superior en los municipios, es necesario que se plantee la financiación de estudiantes, tanto antiguos como nuevos, sin dejar de lado la formación posgradual.
Por supuesto, internamente, la Universidad del Tolima también debe aupar el proyecto del IDEAD, debido a la potencia que posee para enfrentar el escenario de futuro que el mundo, el país y la región nos plantean. Con una población cercana a 13 mil estudiantes y 900 docentes, el IDEAD es la Unidad Académica más robusta de la UT. Cuenta con 11 programas de pregrado, 3 especializaciones y 2 maestrías. Opera en 24 Sedes de Atención Tutorial y hace presencia en 8 departamentos. Bien vale la pena cuidar y apalancar este proyecto.
Es así que, casi siempre las crisis abren los senderos de las grandes transformaciones y el IDEAD ha estado ahí, al frente de los ojos de todos, a veces vituperado, a veces exaltado. Hoy como protagonista central del hecho pedagógico, en medio de la urgencia, reclamamos la consolidación institucional. Para ello todos estamos trabajando: los estudiantes desde sus diferentes lugares de acceso, en los ciudades, municipio y veredas. Los docentes aprendiendo cada vez más sobre el uso pedagógico de las herramientas digitales en los procesos de formación, confinados en sus casas, pero abiertos a la resignificación de los modelos educativos. Y los funcionarios y directivos, asumiendo trabajado remoto desde sus diversas regiones, explorando las opciones para darle trámite a los problemas que van surgiendo en la misma medida que el virus avanza en los territorios, dispuestos y moviendo las poleas para seguir haciendo real y posible esta idea de IDEAD.

mayo 11, 2020

EL BARCO INCOMUNICADO


Por:  Yenny Fernanda Urrego Pereira
Profesora Universidad del Tolima

Por estos días, posiblemente, todos estamos experimentando diversos sentimientos desde que amanece y anoche sin salir de nuestras casas y seguramente, nuestras comidas diarias se acompañan con las noticias que giran en torno a la pandemia del COVID-19 y sus efectos directos sobre la salud física y psicológica de las personas. De esta manera, nuestras pantallas están constantemente representándonos los estragos del COVI-19 sobre la economía y todas las posibles dinámicas sociales a escala global. En medio de ese mar de emociones, en esas pantallas, desarrollamos el teletrabajo, que muchas veces se solapa con las tareas del hogar y las actividades personales que antes eran tan diferenciadas y que ahora se tornan difusas en medio del trascurrir del tiempo.
Toda esa presión, probablemente se aliviana cuando recodamos que aún no hemos contraído el virus, o que posiblemente seremos asintomáticos o que presentaremos síntomas leves, o que nuestras familias están y estarán bien, o que tenemos trabajo y un sustento para nuestros hogares y también, por momentos, vuelve la luz de esperanza y comenzamos a hacer planes sobre qué hacer cuando nos volvamos a ver o cuando todo esto pase. Pero luego, vuelve a extenderse la cuarentena y vuelven las noticias de víctimas fatales y sigue apareciendo el teletrabajo y el trabajo de hogar y esto se repite de manera cíclica como si estuviéramos dominados por un virus, también informático que está generando este tipo de bucles en nuestras vidas.
Después de hacernos una radiografía de la situación generada por la pandemia, se pierden las escalas jerárquicas territoriales que usamos al hablar de lo local, lo regional, lo nacional, lo internacional; ya que la mayoría de personas en el planeta están confinadas en sus hogares y paralelamente, se enferman personas de todas las clases sociales, edades y condiciones físicas. Esa igualdad con la que nos trata esta pandemia, nos podría estar diciendo que siempre hemos estado conectados, pero por grupos pequeños, o en otras palabras, tal vez nos afectábamos de manera significativa si le ocurría algo malo a uno de “los nuestros pero, ahora, esa relación de grupos pequeños ha cambiado, ya que el uso de las mismas mediaciones tecnológicas para podernos comunicar, nos convierten en usuarios que están conectados en serie y a pesar de estar encerrados físicamente, mantenemos navegando libremente en internet y fácilmente podemos convertirnos en parte de un todo virtual, generando así una transformación de ese “los nuestros” en nosotros”.
En ese contraste entre encierro físico y libertad virtual, vuelve a surgir la necesidad de organizarnos socialmente y aparecen nuevos protocolos para atender el estudio, el trabajo, la alimentación, el descanso, la diversión, etc. Por lo tanto, antes, durante y después de implementar esos protocolos, se genera información constante de cada persona ahora vista como un objeto virtual, que puede ser categorizada en cualquiera de los tipos de poblaciones de un sistema virtual, el cual estaría determinando las medidas a implementar para conseguir la reactivación de la economía y las diferentes actividades antrópicas. Por ejemplo, hoy en día, cada vez que realizamos una llamada, nuestro celular nos recomienda instalar la aplicación CoronApp, la cual, si se instala, permitirá que el gobierno conozca su ubicación y si está o ha estado enfermo o su familia, con el fin de localizar focos de contagio. También, el CoronApp le haría una consulta médica de diagnosis inicial de manera virtual o le diría cuales son los centros de atención cercano y le haría más recomendaciones de prevención y manejo de la enfermedad.
Como se puede inferir, CoronApp ha despertado un debate o más bien un dilema, entre la privacidad y la seguridad nacional, ya que la finalidad -según lo anunciado por la misma web- es la detección de núcleos de contagio para prevenir la expansión de la enfermedad, sin embargo, el medio de la estrategia responde al panóptico “foucaultiano”. A consecuencia, muchas personas han descartado instalar la aplicación, lo cual dificulta la detección rápida de focos de contagio y esto, sumado a las falencias en la cobertura de aplicación de pruebas de contagio del virus y la lenta respuesta de resultados a nivel nacional, genera incertidumbre sobre los mismos reportes oficiales del avance de la infección.
Esta dicotomía entre el orden y la libertad genera múltiples interpretaciones al momento de implementar estrategias de evaluación. Por esta razón, es fundamental que se fortalezca el canal de comunicación entre la tripulación y los pasajeros, que de manera análoga sería entre el gobierno y el pueblo y llevado a nuestra escala universitaria, sería la información entre los profesores que ocupamos cargos directivos y los otros profesores, funcionarios y estudiantes. Debemos reflexionar que ambos grupos, somos usuarios del mismo barco La Universidad del Tolima− y que de manera rotativa seremos tripulación o pasajeros, por tal motivo, es fundamental el reconocimiento de cada labor y la renovación constante de roles profesorales.
Fortalecer la comunicación entre nosotros no es una utopía, pero es una tarea difícil debido al encierro, que ahora es físico y que antes era de tipo académico, de cada quien trabajando e investigando en su propia “parcela” de conocimiento, mientras que otro grupo de profesores quedaba absorto por la carga del trabajo administrativo. En el presente, ambos grupos de profesores y profesoras, los que ocupan cargos administrativos y los que se dedican más a la docencia y la investigación, estamos sometidos a la misma presión y tenemos las mismas necesidades, por lo tanto, ese reconocimiento de la labor ajena sería un bálsamo para todos, en especial, a los que están en la tripulación a cargo de un viaje que nunca habíamos emprendido. A fin de cuentas, vamos en el mismo barco y ese viaje puede ser corto para algunos o tan largo como el proyecto de vida de la mayoría del resto.
En mi caso, como miembro de una tripulación, seguiré dirigiendo un departamento en el cual soy la única mujer, y sí pediré información y me piden más información y entre todo ese trabajo, de alguna manera, con el aporte de cada persona, hemos podido iniciar este atípico semestre 2020A. Afortunadamente, en medio de tantos datos, vamos tejiendo lazos académicos, de respeto y reconocimiento de cada talento y conocimiento. Si esto se repite, en serie, como un antivirus, esta comunidad universitaria podrá transformar la idea represiva que tiene el dar cuentas, en informar para ejercer la solidaridad y así, darle el toque humano a lo virtual.
Desde antes de la pandemia A.P., la finalidad del reporte continuo de la información, por ejemplo, el informe sistemático de la jornada laboral docente, entre otros documentos que informan qué hacemos, ha sido alimentar sistemas de decisión que también son vigilados por nuestros estudiantes, egresados y por los órganos de control gubernamental. Este estado de información virtual parece otro estado de la materia que alimenta un sistema, y no estaremos ajenos a ello, ni viviendo en la luna. Por esta razón, estamos usando mucha información virtual y como sociedad, cada vez que usamos algo todos/as y al mismo tiempo, se genera sobrecarga del sistema. Esta sobrecarga es percibida por sus mismos usuarios y de manera colectiva, se empieza a reclamar el uso racional de la información, así como clamamos por el uso racional de los recursos naturales, una vez los vemos degradados.
Al percibir los efectos de la sobrecarga de información, es muy probable que estemos pensando en la cura a esa saturación. La solución podría ser humana y podría radicar en ponerse en los zapatos de los demás, en cambiar el “no me gusta” por “pensemos cuál sería la mejor manera” y en un acto de solidaridad con los colegas, levantar la mano virtualmente, para proponer, conversar, crear, debatir y construir. Una vez pensemos bien entre todos, el sistema ejecutará el resto.
Es tiempo de mejorar la comunicación antes que el mismo sistema virtual nos organice y es hora de construir universidad más allá del crecimiento de la parcela presencial de conocimiento. Este tipo de reflexiones han sido suscitadas desde tiempo atrás trabajando en la tripulación de la UT, y ahora tal vez como muchas personas, me pregunto desde la proa ¿Cuándo íbamos a imaginar que los delfines bailarían por las costas y bahías, como si celebraran nuestro encierro a escala global?